martes, 9 de febrero de 2010

Domingo 5º, ciclo C: el Señor nos llama porque Él es bueno, y aunque nos creamos que somos malos, Él nos pide que no tengamos miedo, ya se encarga de

Domingo 5º, ciclo C: el Señor nos llama porque Él es bueno, y aunque nos creamos que somos malos, Él nos pide que no tengamos miedo, ya se encarga de hacernos buenos, sólo nos pide buena voluntad.
1. Isaías dice: “vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro diciendo: -¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Una vez un niño me dijo: “yo he visto a mi ángel” y le contesté: “¡qué suerte tienes, porque yo no lo he visto nunca…” pues nuestro profeta se asustó: “estaba lleno de humo. Yo dije: -¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: -Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Y ya se animó a hacer de profeta, a ser amigo de Dios y ayudar a los demás: “Entonces escuché la voz del Señor, que decía: -¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: -Aquí estoy, mándame”. Este año de rezar por los sacerdotes hemos de pedir que muchos escuchen la voz de Dios, que digan “¡aquí estoy, mándame!”… cuando vamos a Misa, en la liturgia, la Iglesia de la tierra se une a la del cielo, y podemos conectar con nuestro verdadero Templo que es Jesús que está a la derecha del Padre hablando de nosotros que es lo que le gusta, y nosotros seguimos con miedos: "¡Ay de mí!", cuando lo que él quiere es que le pidamos cosas con el Padre nuestro, y que al cantar el "Santo" pensemos que estamos también ahí…
2. El Salmo reza: “delante de los ángeles tocaré para ti, Señor”. Es bueno tocar la guitarra o la flauta… y cantar al Señor, y saber que nos escuchan los ángeles. Sobre todo cuando vamos a rezar a la iglesia, tener el respeto de comportarnos con gran cuidado de estar para Dios y no para jugar o hablar con el de al lado: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste… canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande…” ¡La gloria del Padre! Es lo que rezaba Jesús, y también nosotros: "Santificado sea tu nombre, venga tu reino". "Que vuestra luz brille ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos". Adorar es muy importante, porque nos carga las pilas de amor, nos da vitaminas para luchar, de “buen rollo” y confianza: “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”. El Señor tiene unos planes muy buenos para cada uno, estamos en buenas manos: Tú me has dado deseos de cosas grandes; concédeme que esos deseos se hagan realidad. No me falles, Señor…
3. San Pablo cuenta su vocación, recuerda “que Cristo murió por nuestros pecados… resucitó” y es muy bonito ver cómo han vivido las apariciones de Jesús con cuerpo glorioso: “se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí”. Y “esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído”. Hoy también hay muchos que no creen, que piensan que no hay resurrección: qué pena, porque no tienen esperanza, no saben que después de la muerte está el cielo… hemos de hacer como S. Pablo, abrirnos al don de Jesús que nos llama en el camino de la vida, que está a nuestro lado, a pensar de que nos veamos poca cosa, lo importante es que Él nos ama.
4. Es lo que nos dicen las lecturas de hoy, también el Evangelio: nos cuenta que “la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios” y en el lago de Genesaret estaban lavando las redes Simón con otros, y subió y “desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar”. Como el mar era donde habitaban los miedos y cosas malas, significa que no tengamos miedo, porque con Jesús no nos pasará nada malo. “Simón contestó: -Maestro nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. Esto son las malas experiencias, y la fe nos lleva a volver a repetir las cosas sin desanimarnos, porque así nos volvemos fuertes.
Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes de que es Dios quien al final logra moverlas. Cuando todo parezca ir mal... sólo EMPUJA! Cuando estés agotado por el trabajo... sólo EMPUJA! Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería... sólo EMPUJA! Cuando la gente simplemente no te comprenda... sólo EMPUJA! Cuando te sientas agotado y sin fuerzas... sólo EMPUJA! Hay rocas imposibles de mover o de cambiar. Tal vez ESA no es nuestra misión.
Pedro y los demás, “puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. También nosotros podemos sentirnos pecadores, pero queremos amar a Jesús, que ha nacido para mí la noche de Navidad, ha muerto por mí en la Cruz, ha resucitado para mí en la Pascua, y me acompaña con el Espíritu Santo en los sacramentos, en la Iglesia, en los demás, y me quiere con Él para siempre en el cielo… y si me llama me da la fuerza, las vitaminas, los alimentos, para seguirle, aunque a veces me desanime, me entre miedo: “Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zedebeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: -No temas: desde ahora, serás pescador de hombres”. Jesús me dice que no tenga miedo, que hay sufrimiento, cruz, pero que la cosa acaba bien, que vale la pena responder como los apóstoles: “Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.  Y así podremos decir con la Virgen María: me llamarán feliz, pues ha hecho maravillas conmigo Aquél que es todopoderoso. Amén.
 
 
 

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