miércoles, 31 de enero de 2024

Jueves de la semana 4ª (par): David se despide dando como consejo seguir la palabra de Dios. Jesús, la Palabra encarnada, nos pide que anunciemos el Evangelio por todo el mundo

Jueves de la semana 4ª (par): David se despide dando como consejo seguir la palabra de Dios. Jesús, la Palabra encarnada, nos pide que anunciemos el Evangelio por todo el mundo

 

A. Lecturas

   1. I Reyes 2,1-4.10-12. Estando ya próximo a su muerte, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: "Yo me voy por el camino de todo el mundo. Sé fuerte y compórtate como un hombre. Observa las prescripciones del Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, sus mandamientos, sus leyes y sus instrucciones, según lo que está escrito en la Ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y en todo lo que emprendas, y el Señor mantendrá esta palabra que me ha dicho: Si tus hijos vigilan su conducta, caminando delante de mí con fidelidad, de todo corazón y con toda su alma, nunca te faltará un descendiente en el trono de Israel. David se fue a descansar con sus padres, y lo enterraron en la Ciudad de David. Cuarenta años duró su reinado sobre Israel: reinó siete años en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su realeza quedó firmemente afianzada.

   2. Salmo: 1 Crónicas 29,10-12. Después David bendijo al Señor en presencia de toda la asamblea, diciendo: "¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre!

   Tuya, Señor, es la grandeza, la fuerza, la gloria, el esplendor y la majestad; porque a ti pertenece todo lo que hay en el cielo y en la tierra. Tuyo, Señor, es el reino; tú te elevas por encima de todo.

   De ti proceden la riqueza y la gloria; tú lo gobiernas todo, en tu mano están el poder y la fuerza, es tu mano la que engrandece y afianza todas las cosas.

   3. Marcos 6,7-13: "Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo".

 

B. Comentario:

   1. Estando ya próximo a su muerte, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: "Yo me voy por el camino de todos". Es una preciosa despedida, parecida a otras de patriarcas; y así comienza el primer libro de los Reyes, que continúa la historia del pueblo a partir de la muerte de David. Leeremos ahora una parte, para seguir luego (semanas 10-12). El "camino de todos". Fórmula de humildad y de solidaridad con el conjunto de la humanidad. Tampoco yo me escaparé de ello. Un día tomaré ese camino por el que pasan todos los hombres. En silencio puedo detenerme considerando esto... Ayúdame, Señor, a morir en paz y a preparar ese momento durante toda mi vida.

   "Sé fuerte y compórtate como un hombre". -«Ten valor.» Consejo de valentía. No dejarse abatir. Permanecer de pie en la adversidad.

   -«Guarda las observaciones del Señor, tu Dios, yendo por su camino... observando sus preceptos... sus órdenes, sus leyes y sus instrucciones...» Fidelidad a Dios. Estar atento a Dios. Seguir sus caminos. Estar en comunión con la voluntad de Dios. ¿Estoy a su escucha? La oración cotidiana es un momento privilegiado de escuchar el querer de Dios... y de nuestras responsabilidades humanas. No vivir superficialmente. Vivir en profundidad. Encontrarnos con Dios que está ahí en el corazón de nuestra vida.

   -«Para que tengas éxito en cuanto hagas o emprendas...» Seguir la voluntad de Dios conduce a ese éxito de la vida. No será, quizá, un éxito brillante, aparente, externo. Pero es el único éxito esencial. El que corresponde a lo que Dios esperaba de nosotros: llegar al máximo de humanidad... llegar al máximo de amor... llegar al máximo de santidad... «La gloria de Dios es el hombre vivo.» La alegría de Dios es «un hombre logrado», «una vida lograda». Esto no se hace sin obstáculos y dificultades -como se ha visto en la vida de David-. Pero ese éxito sigue siendo el fin, la esperanza. ¿Me esfuerzo en ello? «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.» ¿Tengo sed de perfección? (Noel Quesson).

   2. «Tú eres Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza... tuyos son, Señor, la grandeza y el poder». Los valores que más les van a servir en la vida de las personas, por ejemplo lo que pueden transmitir unos padres a sus hijos, más que las riquezas o los títulos o las cualidades humanas, son los valores profundos humanos y cristianos. Valores que, en un tiempo de tanta corrupción y superficialidad, les darán consistencia humana y les atraerán la bendición de Dios y la de los hombres. David invita al pueblo a aportar lo que deseen para engrandecer el Templo que construirá su hijo Salomón. Y el pueblo se desborda en donativos… devolviendo al Señor lo que es suyo…

   3. Hoy vemos el envío de los apóstoles a una misión evangelizadora, de dos en dos: Jesús llama a los "doce" y, por primera vez, los "envía"... Esta es la primera vez que van a encontrarse solos, sin Jesús... lejos de Él. Es el "tiempo de la Iglesia" que empieza con este envío. Hemos visto estos días a "Jesús con sus discípulos"... y también que "Jesús estableció a doce para estar con Él y para enviarlos..." Es el movimiento del corazón: la sangre viene al corazón y de allí es enviada al organismo... Es el mismo movimiento del apostolado: vivir con Cristo, ir al mundo a llevarle este Cristo... intimidad con Dios, presencia en el mundo...

   -"Los envía de dos en dos"... Trabajo en equipo. El individualismo tiene formas sutiles, temibles… además, mejor ir acompañado.

   -"Dándoles poder sobre los espíritus impuros... Partieron, y predicaron que se arrepintiesen. Y echaron muchos demonios, y ungían a muchos enfermos con óleo y los curaban". Vemos aquí el carisma de la "palabra" que proclama la necesidad de un cambio de vida; el carisma de "echar los demonios", potencia de acción contra el mal; el carisma de "curar a los enfermos", mejorar la vida humana.

   -"Y les encargó que no tomasen para el camino nada más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinturón... y que se calzasen con sandalias y no llevasen túnica de recambio... Dondequiera que entréis en una casa quedaos en ella, hasta que salgáis de aquel lugar..." Ligeros de equipaje, sin bagajes embarazosos, siempre dispuestos a partir donde sea... caminantes, gentes disponibles, desprendidos. "Lo hemos dejado todo para seguirte: casa, hermanos, hermanas, madre, padre, niños, campos..." (Mc 10,29-30).

   -"Y si una localidad no os recibe ni os escucha, partid". Como Jesús, se encontrarán ante el rechazo, ante la incredulidad. La misión de la Iglesia es cosa difícil: Jesús les ha advertido (Noel Quesson).

   Es la Iglesia, o sea, los cristianos, los que continúan y visibilizan la obra salvadora de Cristo, como dice el último Concilio: «La vocación cristiana implica como tal la vocación al apostolado. Ningún miembro tiene una función pasiva. Por tanto, quien no se esforzara por el crecimiento del cuerpo sería, por ello mismo, inútil para toda la Iglesia como también para sí mismo».

   Como los doce apóstoles, que «estaban con Jesús», luego fueron a dar testimonio de Jesús, así nosotros, que celebramos con fe la Eucaristía, luego somos invitados a dar testimonio en la vida. También para nosotros vale la invitación a la pobreza evangélica, para que vayamos a la misión más ligeros de equipaje, sin gran preocupación por llevar repuestos, no apoyándonos demasiado en los medios humanos -que no habrá que descuidar, por otra parte- sino en la fe en Dios. Es Dios el que hace crecer, el que da vida a todo lo que hagamos nosotros. La austeridad y sencillez en hacer el bien es una buena manera de dar testimonio, viviendo esa misión de llevar el Reino de Dios en las vidas de los que nos rodean (J. Aldazábal).

   Así, en medio del mundo, de las estructuras temporales para vivificarlas y ordenarlas hacia el Creador, procuraremos «que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (san Agustín). El cristiano no puede huir de este mundo. Tal como escribía Bernanos: «Nos has lanzado en medio de la masa, en medio de la multitud como levadura; reconquistaremos, palmo a palmo, el universo que el pecado nos ha arrebatado; Señor, te lo devolveremos tal como lo recibimos aquella primera mañana de los días, en todo su orden y en toda su santidad».

   Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros.

Llucià Pou Sabaté

martes, 30 de enero de 2024

Miércoles de la semana 4ª (par): Jesús experimenta en su vida al ser rechazado, y en ese aparente fracaso nos salva. Así también en nuestra vida, las dificultades tienen un valor pedagógico

Miércoles de la semana 4ª (par): Jesús experimenta en su vida al ser rechazado, y en ese aparente fracaso nos salva. Así también en nuestra vida, las dificultades tienen un valor pedagógico

A. Lecturas:

1. II Samuel 24,2.9-17. El rey dijo a Joab, el jefe del ejército, que estaba con él: "Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba y hagan el censo del pueblo, para que yo sepa el número de la población". Joab presentó al rey las cifras del censo de la población, y resultó que en Israel había 800.000 hombres aptos para el servicio militar, y en Judá 500.000. Pero, después de esto, David sintió remordimiento de haber hecho el recuento de la población, y dijo al Señor: "He pecado gravemente al obrar así. Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio". A la mañana siguiente, cuando David se levantó, la palabra del Señor había llegado al profeta Gad, el vidente de David, en estos términos: "Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo". Gad se presentó a David y le llevó la noticia, diciendo: "¿Qué prefieres: soportar tres años de hambre en tu país, o huir tres meses ante la persecución de tu enemigo, o que haya tres días de peste en tu territorio? Piensa y mira bien ahora lo que debo responder al que me envió". David dijo a Gad: "¡Estoy en un grave aprieto! Caigamos más bien en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres". Entonces el Señor envió la peste a Israel, desde esa mañana hasta el tiempo señalado, y murieron setenta mil hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba. El Angel extendió la mano hacia Jerusalén para exterminarla, pero el Señor se arrepintió del mal que le infligía y dijo al Angel que exterminaba al pueblo: "¡Basta ya! ¡Retira tu mano!". El Angel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Y al ver al Angel que castigaba al pueblo, David dijo al Señor: "¡Yo soy el que he pecado! ¡Soy yo el culpable! Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre!".

2. Salmo 32,1-2.5-7. De David. Poema. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez!

Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!

Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos.

Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación.

3. Marcos 6,1-6: "Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente" .

B. Comentario:

1. David manda un censo y se interpreta como pecado de orgullo, no se apoya ya en Dios... Señor, también nosotros sentimos a menudo esa necesidad de seguridad. Quisiéramos poder contar con nuestros medios humanos. Es muy natural. Y sin embargo sabemos muy bien que Jesús nos ha lanzado a una aventura: «El que salve su vida, la perderá, y el que pierda su vida, la ganará»; y él nos enseñó a confiar en Dios sin buscar seguridades materiales: «El hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza». Nos enseñó a dejar de lado el ego: «Si alguien quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo.» Todas esas fórmulas son invitaciones a cortar las amarras y partir con una total confianza... ¡sin cálculo alguno!, ¡sin hacer el censo! Quiero ser aventurero de tus planes, Señor, no estar atado a mis seguridades…

David rezo: -«He cometido un gran pecado.» Efectivamente: "hizo cuentas", «calculó». Y rezó: "Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio". Una vez más la grandeza de David se manifiesta en el hecho de saber reconocer sus faltas. Pecador, pero fiel, que viene de "fides", tener fe, confiar en Dios. Concédenos, Señor, esa delicadeza de conciencia para que sepamos confesar enseguida nuestros errores. ¿Qué aspecto de la virtud de la penitencia es más habitual en mi vida: la virtud de la veracidad... de la transparencia ante Dios?

Con una mentalidad bastante primitiva, se nos habla de castigos divinos imaginando a Dios con los defectos de los hombres. Ahora sabemos que cuando a alguien le vienen desgracias no es por causa de pecado, pero entonces no lo sabían. Sí hay un misterio en la solidaridad, todos estamos interconexionados, de tal modo que la falta de uno es causa de la desgracia de todos... Gracias a Dios, también esto ocurre en positivo: la oración o la obediencia de uno repercute en bien de todos. Y esto nos interpela para dar lo mejor de nosotros mismos, con incondicionalidad.

El Libro de Samuel y la historia de David termina con el perdón de Dios y la compra del terreno donde se levantará pronto el Templo de Jerusalén. La lección que podemos sacar es simple: dejar actuar a Dios.

2. "¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez!" Esta bienaventuranza va seguida de la conversión del pecador, que ya no puede resistir; ha decidido confesar su culpa con una declaración valiente, que parece anticipar la del hijo pródigo de la parábola de Jesús: "Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos". "Dios es misericordioso y no escatima su perdón. (...) El cúmulo de tus pecados no superará la grandeza de la misericordia de Dios; la gravedad de tus heridas no superará la habilidad del supremo Médico, con tal de que te abandones a él con confianza. Manifiesta al Médico tu enfermedad, y háblale con las palabras que dijo David: "Reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado". Así obtendrás que se hagan realidad estas otras palabras: "Tú has perdonado la maldad de mi corazón"" (S. Cirilo de Jerusalén, Le catechesi, Roma 1993, pp. 52-53).

3. –"Jesús volvió a "su patria", siguiéndole los discípulos. Llegado el sábado se puso a enseñar en la sinagoga". He aquí pues a Jesús de nuevo en Nazaret. La costumbre quería que se invitase a un hombre a leer y comentar la Escritura. El jefe de la sinagoga confía este papel a Jesús. Marcos no nos dice de qué habló Jesús, pero señala el asombro y la incredulidad de los oyentes.

-"El numeroso auditorio se maravillaba diciendo: "¿De dónde le vienen a este tales cosas, y qué sabiduría es ésta que le ha sido dada, y cómo se hacen por su mano tales milagros? ¿No es acaso el carpintero? ¿El hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban de Él". Marcos da la lista de los primos y primas de Jesús, pues en Israel, como en otros pueblos que he visto de África, a esos parientes también se les llama "hermanos". Jesús vuelve a encontrarse pues en su medio ambiente y en su familia. Pero ya tiene una nueva familia: sus discípulos, los que escuchan la Palabra de Dios, los que tienen fe en El.

-"Jesús les decía "Ningún profeta es tenido en poco, sino en su patria y entre sus parientes y en su familia." Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos enfermos les impuso las manos y los curó". Esta imposibilidad de hacer milagros, no viene de que no tenga ya poder para ello... sino que se relaciona con la falta de Fe. El milagro supone la Fe, necesaria para comprenderlo, para recibirlo.

-"Y se admiraba de la "incredulidad" de aquellas gentes". Marcos en tres capítulos nos mostrará cómo reaccionan ante la persona de Jesús sus propios discípulos, después de haber visto la reacción de fariseos y pueblo. Tenemos a veces la impresión de que la incredulidad es un fenómeno moderno; o de que proviene de faltas de la Iglesia –marketing inadecuado, pecados de los cristianos, transmisión obsoleta del mensaje…- pero vemos a Jesús que también fracasa, no creen en él. Jesús ha tenido incrédulos en su propia familia. Esto puede ser un consuelo para padres que tienen dificultades con la fe de sus hijos.

Tu "admiración", tu extrañeza, Señor, me hacen bien: me manifiestan al menos que tú estás seguro, Señor, de lo que enseñas, de lo que Tú eres... (Noel Quesson). Te pido, Señor, esa fuerza de la fe.

Vemos hecho realidad lo de que «vino a los suyos y los suyos no le recibieron», o como lo expresa Jesús: «nadie es profeta en su tierra». El anciano Simeón lo había dicho a sus padres: que Jesús iba a ser piedra de escándalo y señal de contradicción.

Nosotros somos ahora «los de su casa», los más cercanos al Señor, los que celebramos incluso diariamente su Eucaristía y escuchamos su Palabra. Hay un tipo de rutina enemiga del amor, que nos impide reconocer la voz de Dios en los mil pequeños signos cotidianos de nuestro encuentro con los demás, del trabajo o contacto con la naturaleza, y podemos, ante un santo que nos habla, volver a decir: «¿pero no es éste el carpintero?», o las otras reacciones de falta de fe: «no está en sus cabales», «está en connivencia con el diablo», «es un fanático»...

La "normalidad" de Jesús, de la Virgen, en sus trabajos, confunde a los paisanos, que lo ven, que la ven, como uno más, como una más… esta vida de Jesús en Nazaret nos ayuda a aprender de él, de cómo haría su trabajo en Nazaret: con perfección humana, acabándolo en sus detalles, con competencia profesional. Es conocido como el artesano. Señor, te pido que me ayudes a trabajar a conciencia, haciendo rendir el tiempo; sin dejarme dominar por la pereza; mantener la ilusión por mejorar cada día en competencia profesional; cuidar los detalles; abrazar con amor la Cruz, la fatiga de cada día. El trabajo, cualquier trabajo noble hecho a conciencia, nos hace partícipes de la Creación y corredentores con Cristo. Los años de Nazaret son el libro abierto donde aprendemos a santificar lo de cada día, donde podemos ejercitar las virtudes sobrenaturales y las humanas.

Llucià Pou Sabaté

31 de enero SAN JUAN BOSCO, patrón de los educadores

31 de enero SAN JUAN BOSCO, patrón de los educadores

Don Bosco cuidó de los jóvenes en toda su vida; fundador de los salesianos y de una educación basada en la amabilidad y una piedad asentada en la alegría. Nació en 185 en un pueblo de Turín, hijo de campesinos italianos, y con 9 años un sueño marcará su vida: veía a algunos niños que decían palabrotas «y yo me lancé hacia ellos golpeándoles con mis puños». Entonces «apareció un personaje que me dijo: "No con puños, sino con amabilidad, vencerás a estos muchachos"». Más tarde, ya joven sacerdote, verá que muchos niños de la calle acababan en la cárcel, y comenzó a acoger a alguno, y cuando ya eran muchos puso esa obra en manos de un santo patrono que no era rigorista sino que tenía una espiritualidad amable y tierna, afín a su modo de orientar a los jóvenes: San Francisco de Sales; hoy son conocidos como los salesianos. Organizó talleres de sastrería, encuadernación, imprenta o zapatería, etc.

«Él le dio una vuelta al mundo de la educación incluyendo elementos de cultura popular, como el teatro, el deporte, los trucos de magia o la música», explica el salesiano Javier Valiente: y unió «una espiritualidad de lo cotidiano que engancha mucho a los jóvenes, un espíritu de familia, un sentido de alegría». Su discípulo santo Domingo Savio decía: «Hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres; eso «lo había mamado de Don Bosco e hizo que muchos discípulos de su escuela fueran después santos canonizados por la Iglesia».

Murió un 31 de enero, fecha en la que le recuerda la liturgia, diciendo a sus muchachos: «Quereos como hermanos, haced el bien a todos. Os espero en el Paraíso». En 1934 es canonizado por el Papa Pío XI.

El Papa Francisco decía en su fiesta cómo se preocupó de los jóvenes pobres: "estuvo cerca de ellos, con la vivacidad de ellos. Les hizo jugar, les formó un grupo, como hermanos, fue, caminó con ellos, sintió con ellos, vio con ellos, lloró con ellos y así les sacó adelante". Esto le ocasionó contrariedades, el chismorreo: "ese cura está en la calle con esos chicos maleducados que con el balón me rompen el cristal de la ventana". Don Bosco vivió todo con alegría. Vivió lo que predicó: "Uno solo es mi deseo: que sean felices en el tiempo y en la eternidad".

Fue la Madre de Dios, María Auxiliadora, que desde su primer sueño le indicó que mirara en dirección hacia donde estaban los muchachos. Juan volteó y lo que vio lo dejó atónito: ya no estaban los niños, sino un grupo numeroso de animales salvajes, pero que empezaban a transformarse paulatinamente en mansos corderitos. En ese preciso momento, la Virgen se le acercó y le susurró al oído: "A su tiempo lo comprenderás todo".

Continuó teniendo, al tiempo que educaba a los niños, frecuentes sueños y visiones, todo ello iba enfocándole en su misión, que puede resumirse en: religión y razón, paz y paciencia; amor y piedad; oración y recreo.

Una de esas visiones ocurrió en 1886 poco antes de su llegada en tren a Barcelona, oyó una voz que repetía "Tibi dabo", "Tibi dabo"..., durante su estancia en la ciudad, le piden que haga en la montaña "Tibidabo" un templo al Sagrado Corazón de Jesús, que domina la ciudad desde entonces. Fue una de sus últimas fundaciones.

En sus Cartas vemos su empeño: «los jóvenes fueron siempre el objeto de mi solicitud y mi trabajo». Pide a los educadores que "nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor". Y añade: "¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida,ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez (…) Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor".

Cómo se ve distinta a una persona que obra mal, si la miramos desde el juicio desconsiderado del "inquisidor", o desde el corazón de su madre: y así se comportó Jesús: "también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

Son hijos nuestros, y por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente", sigue diciendo don Bosco. Pide para ellos "comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos". Y para calmar el mal genio, aconseja: "en los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables".

Llucià Pou Sabaté

lunes, 29 de enero de 2024

Martes de la 4ª semana, ciclo II La misericordia de Dios protege a quien confía en Él: la fe en Jesús hace milagros, continúa haciéndolos con la Eucaristía. Y aunque el sabor de la cruz acompaña la vida del hombre… es camino para la gloria.

Martes de la 4ª semana, ciclo II

La misericordia de Dios protege a quien confía en Él: la fe en Jesús hace milagros, continúa haciéndolos con la Eucaristía. Y aunque el sabor de la cruz acompaña la vida del hombre… es camino para la gloria.

A. Lecturas

1. II Samuel (18,9-10.14b.24-25a.30–19,3): En aquellos dias, Absalón fue a dar en un destacamento de David. Iba montado en un mulo, y, al meterse el mulo bajo el ramaje de una encina copuda, se le enganchó a Absalón la cabeza en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que cabalgaba se le escapó.

   Lo vio uno y avisó a Joab: «¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!»

   Agarró Joab tres venablos y se los clavó en el corazón a Absalón. David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela subió al mirador, encima de la puerta, sobre la muralla, levantó la vista y miró: un hombre venía corriendo solo.

   El centinela gritó y avisó al rey. El rey dijo: «Retírate y espera ahí.» Se retiró y esperó allí.

   Y en aquel momento llegó el etíope y dijo: «¡Albricias, majestad! ¡El Señor te ha hecho hoy justicia de los que se habían rebelado contra ti!»

   El rey le preguntó: «¿Está bien mi hijo Absalón?»

   Respondió el etíope: «¡Acaben como él los enemigos de vuestra majestad y cuantos se rebelen contra ti!»

   Entonces el rey se estremeció, subió al mirador de encima de la puerta y se echó a llorar, diciendo mientras subía: «¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! iHijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!»

   A Joab le avisaron: «El rey está llorando y lamentándose por Absalón.»

   Así la victoria de aquel día fue duelo para el ejército, porque los soldados oyeron decir que el rey estaba afligido a causa de su hijo. Y el ejército entró aquel día en la ciudad a escondidas, como se esconden los soldados abochornados cuando han huido del combate.

   2. Salmo 21,26b-27.28.30.31-32: Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

   Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.

   Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

   Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor. R/.

   3. Marcos 5,21-43: "En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

   Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: '¿Quién me ha tocado?'». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

   Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer".

B. Comentario:

    1. A la muerte de su hijo Absalón, David llora: «Hijo mío Absalón, ojalá hubiera muerto yo en vez de ti»; y se retira solo a su cuarto para llorar. Nuestro Padre celestial, aun cuando somos rebeldes y nos oponemos a Él, sigue amándonos. «Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva» (Ez 33,11) Si David ha comprendido tan bien el perdón hacia su hijo, es porque él mismo había experimentado el perdón de Dios. El contagio de la misericordia divina había comenzado en el corazón de David. Jesús recordará esta ley: «si no perdonáis vosotros, tampoco Dios os perdonará». ¿A quién tengo que perdonar, hoy?

   -"La victoria se troco en duelo aquel día para todo el ejército y el pueblo": «perdonar» es una victoria mayor que «vencer». ¿Cuál será mi victoria interior? (Noel Quesson). Mientras David llora por su hijo muerto, el ejército vencedor no se atreve a celebrar el triunfo y entra en la ciudad «a escondidas, como se esconden abochornados los soldados cuando han huido del combate». Como dice Valerio Máximo la más vergonzosa de las victorias es la obtenida en una guerra civil.

   2. "Oración de David. Inclina tu oído, Señor, respóndeme, porque soy pobre y miserable; protégeme, porque soy uno de tus fieles, salva a tu servidor que en ti confía". El salmo pone en labios de David una súplica muy sentida a Dios para que le ayude en este momento de dolor. El buen corazón de David nos recuerda la inmensidad del amor de Dios, manifestado de modo pleno en Cristo Jesús, siempre dispuesto a perdonar. "Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día; reconforta el ánimo de tu servidor, porque a ti, Señor, elevo mi alma. Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica!"

 

   3. Hoy te vemos, Jesús, ayudando a los necesitados con dos milagros: cuando vas camino de la casa de Jairo a sanar a su hija -que mientras tanto ya ha muerto- curas a la mujer que padece flujos de sangre. Veo que ha llegado el Reino prometido. Estás ya actuando con la fuerza de Dios, que a la vez fomentas la fe que tienen estas personas en ti. El jefe de la sinagoga te pide que cures a su hija. Mientras vas, la mujer enferma no se atreve a pedir: se acerca disimuladamente y te toca el borde del manto. Tú notaste "que había salido fuerza" de ti y la atendiste luego con unas palabras: en los dos casos apelas a la fe: «hija, tu fe te ha curado», «no temas, basta que tengas fe».

   Me gusta, Señor, ver cómo te enfrentas a la enfermedad y la muerte. Sobre todo cómo tienes compasión por nosotros. Te veo en la Iglesia y tus sacramentos, «como fuerzas que brotan del Cuerpo de Cristo siempre vivo y vivificante», presente en ellos a través del ministerio de la Iglesia. Son también acciones del Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia y «las obras maestras de Dios en la nueva y eterna Alianza» (CEC 1116).

   Todo dependerá de si tenemos fe. Tu acción salvadora, Señor, está siempre en acto. Pero no actúa mágica o automáticamente. También a nosotros nos dices: «No temas, basta que tengas fe». Tal vez nos falta esta fe de Jairo o de la mujer enferma para acercarnos a ti, Jesús, y pedirte humilde y confiadamente que nos cures de la enfermedad que es nuestra experiencia de debilidad, y del miedo de la muerte, gran interrogante que en ti cobra sentido profundo, al hacernos ver cómo Dios nos tiene destinados a la salud y a la vida: «El que cree en mí, aunque muera, vivirá; el que me come tiene vida eterna».

   La buena mujer que se acerca a Jesús nos hace ver que los sacramentos actúan por su propia fuerza divina, de modo infinito, pero se reciben según la capacidad del recipiente, de nuestra fe. Ella, que por padecer flujos de sangre es considerada «impura» y está marginada por la sociedad, sólo quiere una cosa: poder tocar tu manto, Jesús.

   En Cafarnaún, donde llegaste con el bote, esta mujer oye quizá la curación del leproso, y ve llegar al jefe de la sinagoga, que angustiado dice al Maestro: "maestro, mi hija se está muriendo, ven a imponerle las manos para que se ponga bien y no se muera", y se pusieron en camino. Entonces hace su plan: "si pudiera tocarle la ropa que trae, me pondré buena", y tan buen punto lo tocó, se le paró la hemorragia, y así el mal había desaparecido, sintió el cuerpo lleno de vida. Entonces fue cuando el Señor dice: "¿quien me ha tocado?" y ella, llena de vergüenza pero contenta y feliz, responde: "he sido yo, Señor", y dice Jesús: "tu fe te ha salvado, vete en paz".

   Cuenta un misionero en la India que estaba en adoración eucarística cuando uno de los asistentes, hindú, se acercó y tocó el copón, mientras él miraba asombrado pero optó –viendo el respeto con que lo hacía- por dejarle hacer. Luego volvió a donde estaban los otros y al cabo de un rato dijo que quería ver la Eucaristía que se escondía dentro del copón, y explicó que cuando se acercó al altar le pidió a Jesús que le curara de un tumor, en la cabeza, un bulto grande como una fruta, y que al tocarlo se había curado. Efectivamente, se fijó el sacerdote que ya no tenía el bulto. Luego pensó en la fe que teníamos los católicos en la Eucaristía, y en la que tenía aquel hindú... Nosotros podemos tocar Jesús, con los sacramentos, el manto de Cristo son los sacramentos, tocar quiere decir creer. La tímida audacia de la hemorroísa debe servirnos para tocar a Jesús, que está esperándonos en la Misa, y espera que nos acerquemos confiadamente.

   A veces la cosa está fatal, como cuando los criados de Jairo le dicen "no molestes al maestro, tu hija ha muerto". Pero Jesús le dice: «No temas, solamente ten fe». Jesús, contra toda esperanza: "no tengas miedo, basta que creas y ella vivirá", y luego ante ella manda: "talita cumi", levántate y anda, y cuando se alzó ante la sorpresa de todos, añade: "dadle de comer, que tiene hambre". Jesús nos dirá muchas veces: "si tuvierais un poco de fe…", haríais maravillas. La fe no va sola, va de la mano de la humildad. La Iglesia "es" en la Eucaristía, en Jesús. Ahí nos desligamos de las ataduras de espacio y tiempo y nos trasladamos a la cúspide del calvario.... donde ese amor que juega al escondite, que late bajo estas especies, nos da vida pues sin Él no tiene sentido la vida, sería anodina, sin trascendencia. Se descubre la presencia del Amado, que ya vino por el bautismo pero ahora se fusiona con nosotros. Ahí Jesús nos recibe, nos dice: "mira que estoy a la puerta y llamo"... "el que me coma vivirá por mí". El Apóstol lo expresa así: "No soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí".

   "Una sola gota de la Preciosa Sangre contenida en el cáliz podría bastar para obtenernos gracias cuya eficacia ni siquiera podemos sospechar; bastaría para salvar millones de mundos más culpables que el nuestro, y para hacer más santos que cuantos pueda poseer el paraíso" (Vandeur). "Todas las obras buenas juntas no pueden compararse con el sacrificio de la Misa, pues son obras de hombres, mientras que la Misa es obra de Dios" (Cura de Ars). La Eucaristía tiene un valor infinito, pero nuestra participación es según las posibilidades, las disposiciones: si vamos con un gran recipiente acogeremos más gracia de Dios, según la capacidad de nuestro corazón; como decía Santo Tomás: "pues en la satisfacción se mira más el afecto del que ofrece que el valor de la oblación -fue el Señor quien dijo de la viuda que echó dos céntimos que 'había echado más que ninguno-, aunque esta oblación sea suficiente de suyo para satisfacer por toda la pena, se satisface sólo por quienes se ofrece o por quienes la ofrecen en la medida de la devoción que tienen, y no por toda la pena".

    "Cuando participamos de la Eucaristía -dice San Cirilo de Jerusalén- experimentamos la espiritualización deificante del Espíritu Santo, que no sólo nos conforma con Cristo, como sucede en el bautismo, sin que nos cristifica por entero, asociándonos a la plenitud de Cristo Jesús".

   Así como la hemorroísa percibió instantáneamente su curación con ocasión de tocar el borde del manto de Jesús, "gracias a la fuerza que había salido de Él"; y la Eucaristía es la fuente de esas gracias, incluso el deseo de comulgar –comunión espiritual- también fomenta la recepción de esas gracias.

Llucià Pou Sabaté

domingo, 28 de enero de 2024

Tiempo ordinario, 4ª semana, lunes (par): Jesús saca los demonios de un hombre, y es rechazado por los que no saben agradecer

Tiempo ordinario, 4ª semana, lunes (par): Jesús saca los demonios de un hombre, y es rechazado por los que no saben agradecer

 

A. Lecturas:

   1. II Samuel (15,13-14.30;16,5-13a): En aquellos días, uno llevó esta noticia a David: «Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.» Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: «¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población.»

   David subió la cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza, y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá, insultándolo según venía.

   Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos –toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey–, y le maldecía: «¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino.»

   Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: «Ese perro muerto ¿se pone a maldecir a mi señor? iDéjame ir allá, y le corto la cabeza!»

   Pero el rey dijo: «¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?»

   Luego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: «Ya veis. Un hijo mío, salido de mis entrañas, intenta matarme, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor. Quizá el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy.»

   David y los suyos siguieron su camino.

   2. Salmo 3,2-3.4-5.6-7: Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios.»

   Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito, invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo.

   Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.

   3. Marcos 5,1-20: "En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante Él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que Él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?». Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.

   Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.

   Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con Él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti». Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados".

 

B. Comentario:

   1. La historia de David se ensombrece. En el reino del Norte le siguen considerando un «usurpador» en contra de la familia de Saúl. Su propio hijo Absalón -quizá por haberse visto postergado por Salomón, el hijo de Betsabé-, se rebela contra su padre y se hace coronar rey, siguiéndole gran parte del pueblo. La escena es dramática. David descalzo, la cabeza cubierta, subiendo entre lágrimas por la cuesta de los Olivos, huyendo de su hijo para evitar más derramamiento de sangre. Soportando humildemente las maldiciones de Semeí, uno de los seguidores de la dinastía de Saúl, que aprovecha la ocasión para desahogarse y soltar en cara a David todos los agravios que lleva archivados contra él. Estos libros históricos interpretan siempre las desgracias y fracasos como consecuencia del pecado. Los fallos se pagan pronto o tarde. Ahora David se siente rodeado de enemigos -como expresa el salmo- pero él a su vez había sido protagonista activo de intrigas y violencias en años anteriores. El libro no ahorra, al hablar de grandes hombres como David, el relato de sus debilidades.

   2. "Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios»" La figura de David con todos en contra nos recuerda la del Huerto de los Olivos, con Jesús en aquellos momentos dramáticos ante la muerte.

   "Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito, invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo". ¿Sabemos reconocer nuestras debilidades y culpas, aceptando humildemente las críticas que nos puedan venir, aunque nos duelan, sabiéndonos acompañados por el Señor?

   "Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor". La grandeza de una persona, como aquí la de David, se ve sobre todo en el modo de reaccionar ante las adversidades y la contradicción. Lo que nunca hemos de perder es la confianza en Dios y la ilusión por el futuro. También a través de los fracasos humanos, y del pecado, sigue escribiendo Dios su historia de salvación y nos va ayudando a madurar.

   3. Un hombre "andaba siempre, día y noche, entre los sepulcros y por los montes, gritando e hiriéndose con piedras". Estaba poseído por un espíritu maligno. Los porqueros hacen una actividad pecaminosa: los rituales judíos prohíben comer cerdo. Jesús libera al hombre de los demonios. "Nadie se atrevía a transitar por aquel camino". Las fuerzas del mal nos atacan y desvían de la ruta normal. Satán es "aquél que impide al hombre pasar". Pero aquí hay muchos demonios, cuando le pregunta Jesús por su nombre responde: "Legión, porque somos muchos". Jesús misericordioso echa a los demonios para dejar libre a ese hombre, que es como un preludio de lo que hará Jesús en el juicio final, cuando todas las fuerzas del mal serán reducidas a la impotencia... ¡los demonios lo saben! Pero Jesús va a anticipar ese día para que todos tengamos confianza en esta victoria final y definitiva. Cuando Jesús anuncia su glorificación por la muerte en Jn 12. 31: "ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será echado abajo" y es que Satán dominaba el mundo.

   Los puercos caen al mar: no sabemos qué fue lo que pasó, pero se puede dar un sentido simbólico a los puercos, como con la parábola del hijo pródigo: el pecado abarca los dominios de la voluntad, la ofensa se ve por el abandono del Padre pero también en el agravio a su persona que es el dedicarse a guardar puercos. Lo acerca a ese estado animal cuando se hace bajo la vista y apetece lo que es tierra, haciéndose él mismo tierra, tal es la pérdida de aquella herencia que reciben los hijos de Dios, reflejada en la parábola (S. Tomás, Enarr. in ps. 18,2,13).

   Los porqueros ven su inversión perdida. Quizá hay un sentido escondido de que nos interesamos por lo nuestro sin ver el corazón de los demás. Jesús prioriza las personas, como nosotros hemos de ocuparnos del hambre en el tercer mundo y tantas guerras injustas. Helder Cámara decía: «El egoísmo es la fuente más infalible de infelicidad para uno mismo y para los que le rodean».

   Jesús, siento ver cómo te maltratan, cuando te piden que te vayas: "empezaron a suplicar a Jesús que se fuera de aquella región". El hombre oprimido y alienado no siempre quiere ser liberado de su alienación. Por eso, el Evangelio no puede ser impuesto a nadie, por muy liberador que se presente (edic. Marova). Jesús, tienes la cruz en tu camino, y seguirte es también acoger la cruz, y esas reacciones en contra. Pero sabemos que todo es para bien, por eso no queremos quejarnos ni siquiera con argumentos "piadosos" de "¡hay que ver cómo está el mundo!", no quiero ser de la "Cofradía del Santo Reproche", sino de los que se abandonan en lo que nos depare cada día: "Ésta es la diferencia entre nosotros y los que no conocen a Dios: éstos, en la adversidad, se quejan y murmuran; a nosotros las cosas adversas no nos apartan de la virtud, sino que nos afianzan en ella" (san Cipriano).

   Las contrariedades nos hacen más fuerte. A veces fuera o dentro de nosotros, aparecen. Y Dios parece que guarda silencio. Jesús nos pide que confiemos: hay que ver el aspecto positivo de las cosas. Lo que parece más tremendo no es tan negro, no es tan oscuro. Si se puntualiza, si se concretan puntos para mejorar, no se llega a conclusiones pesimistas. Como un buen médico no dice, al ver a un paciente, que todo él está podrido, hay que tener confianza en las personas, y en la providencia divina, que de todo saca bien, que al final pone las cosas en su sitio, que al final la verdad se abre paso... Es confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente: "Nada te turbe / Nada te espante /Todo se pasa / Dios no se muda /La paciencia todo lo alcanza / quien a Dios tiene / Nada le falta / Sólo Dios basta".

   Aparecen las críticas, como los que hacen una actividad ilegal –cuidar puercos- y egoístas critican a Jesús que les ha echado a perder a los cerdos. "La hostilidad de los perversos suena como alabanza para nuestra vida, porque demuestra que tenemos al menos algo de rectitud en cuanto que resultamos molestos a los que no aman a Dios: nadie puede resultar grato a Dios y a los enemigos de Dios al mismo tiempo" (S. Gregorio). El desarrollo de la Iglesia se ha fundamentado en tantas contrariedades: "la sangre de los mártires es semilla de los cristianos". Como en el trigo, los golpes que lo esparcen a los cuatro vientos no suponen una pérdida, sino llegar a sitios más lejanos.

   Dentro del ambiente de desagradecimiento, vemos la alegría del hombre que había sido curado por Jesús, muestra gratitud hacia el Señor. Quiere seguir a Jesús, quien le indica lo que hace unos días vimos que le decía también al que curó de la parálisis: "vete a tu casa". A unos el Señor le pide un seguimiento que implica dejarlo todo, pero en muchos casos el consejo es: "Vete a casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti."

   Que la Virgen, Esperanza nuestra, nos lleve a puerto seguro, y nos ayude a sabernos siempre en manos de Dios.

  

Llucià Pou Sabaté

 

Santo Tomas de Aquino (28 de enero): un humanista medieval para todos los tiempos

Santo Tomas de Aquino (28 de enero): un humanista medieval para todos los tiempos

    "Lo hace hablar en medio del pueblo reunido, lo llena de sabiduría y de inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria" (Antífona de entrada: Ecli 15,5.), es el elogio que hace la misa de santo Tomás. En él se dio una gran unión entre doctrina y piedad. Rezaba horas frente al sagrario. Supo discernir elementos filosóficos del antiguo saber de los autores paganos y conjugarlos con los Santos Padres en síntesis armoniosa de razón y fe.

   Se cuenta que Jesús le habló un día: "Has escrito bien de Mí, Tomás: ¿qué recompensa quieres por tu trabajo?". Y él respondió: "Señor, no quiero otra cosa, sino a Ti" (Cfr. Fontes vitae Sancti Tomae, p. 108). Cuentan también que al experimentar el amor divino, no quiso volver a escribir más, y dejó inacabada su Suma Teológica. Y cuando le preguntaron sus colaboradores, respondió: "Después de lo que Dios se ha dignado de revelarme el día de San Nicolás, todo lo que he escrito en el transcurso de mi vida, me parece paja. Por eso no puedo escribir nunca más" (Bartomeu de Capua, en el Proceso napolitano de canonización, n.79; Fontes vitae Sancti Tomae, p. 377).

   Se le llama el Doctor Angélico porque estudió a fondo la misión de los ángeles, y es tan sólida su doctrina, que puede ayudarnos a poder transmitir la luz del evangelio en los nuevos campos de la cultura como son las nuevas tecnologías. Santa Teresa de Jesús decía que "a quien conoce a Dios, más fáciles se le hacen las obras" (Fundaciones, 3, 5), poder actuar con la libertad de saber manejarnos entre tinieblas, por conocer bien el camino. Porque si lo fundamental es esa "nariz católica" que nos hace intuir como navegar entre nieblas, también la ciencia ayuda: si "un hombre ignorante puede ser virtuoso, es igualmente evidente que la ignorancia no es una virtud" (F. J. Sheed, Teología para principiantes). La piedad exige doctrina. Es bonito ver como en el autógrafo de su Suma contra gentiles se encuentran las palabras del Ave María repartidas por los márgenes, como jaculatorias que ayudaban a Santo Tomás a mantener el corazón encendido mientras escribía. Y dijo que así como si hubiera un libro que contuviera toda la sabiduría, así nosotros sólo tenemos que buscar a Cristo, porque en Él, como dice San Pablo, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Comentario sobre la Epístola a los Tesalonisenses). Y es Jesús quien nos da su amor y con él, el conocimiento de la verdad (Comentario en el Evangelio de San Juan, 5, 6'), pues todo conduce a la caridad como a su fin (Ibidem 15, 2).    

   Tomás de Aquino es considerado fiel eco de la Tradición de los Patrística, y "la Iglesia ha hecho suya esta doctrina por estar más conforme que ninguna otra con las verdades reveladas, las enseñanzas de los Santos Padres y la recta razón" (Juan XXIII, 28-IX-60). Y el Concilio Vaticano II recomienda: "profundizar en los misterios de la fe y descubrir su mutua conexión... bajo el magisterio de Santo Tomás" (Optatam Totius, 16). 

  Nuestra formación doctrinal debe crecer con el tiempo, alimentarnos de las inquietudes y experiencias de nuestro tiempo, y beber de la seguridad que nos dan los clásicos, que en su contexto fueron genios, y que ahora podemos acomodar a nuestro contexto, con las aportaciones que ha habido desde entonces. Para esa formación doctrinal, para fortalecernos en la fe y en el Amor, las Escrituras y los Padres de la Iglesia son fundamentales. Y la enseñanza que algunos como Tomás de Aquino han construido, según el saber de su tiempo, son muy interesantes siempre que no nos quedemos en las palabras de aquel tiempo, por eso algunos se llaman "tomasianos" en lugar de "tomistas", pues hoy Tomás hubiera dicho cosas distintas, adecuadas a nuestro tiempo. Precisamente hoy nos planteamos algo delicado: ¿qué hubiera dicho Jesús a los problemas de nuestros días? Y para eso conviene conocer muy bien qué cosas son perennes en la doctrina, y cuáles son contextuales de otro tiempo, y por tanto una disciplina que puede irse actualizando con el tiempo.

Al igual que en otras materias, también la religión requiere estudio, un rato cada día es lo ideal: no dejar de aprender en toda la vida, pues "frecuentemente la ignorancia es hija de la pereza" (San Juan Crisóstomo: tenemos material maravilloso que aprovechamos poco. Leer, leer mucho, consultando, pero leer para formar la cabeza. Y por eso Santo Tomás de Aquino, es el patrono de los estudiantes.

Nacido en Aquino de noble familia, estudió en Montecasino y en Nápoles, donde se hizo fraile dominico. Esto no le hizo gracia a su madre, pues eran otros los planes de la altiva condesa, y lo encerró en el castillo. Sin convencerlo de que abandonara su idea, poco después lo vemos estudiando en Colonia y en París, como discípulo de San Alberto Magno. Fue un alumno modelo. Embebido en los estudios, no participaba en recreos ni discusiones. Por ello lo llamaban «el buey mudo». Sí, dijo su maestro, "pero sus mugidos resonarán en todo el mundo". Murió joven, mientras se dirigía al concilio de Lyon.

   De su Conferencia sobre el Credo son las palabras siguientes, sobre la cruz que es ejemplo de todas las virtudes: "¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

   Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

   La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

   Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

   Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia.

   Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

   Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Como por la desobediencia de un solo hombre -es decir, de Adán- todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

   Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría de la ciencia, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien, finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.

   No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se reparten mi ropa; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que entretejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre".

   Llucià Pou Sabaté

sábado, 27 de enero de 2024

Domingo 4 del tiempo ordinario (ciclo B) Jesús es el profeta que nos trae la Palabra de Dios, para poderla hacer vida en nosotros y participar de esta nueva Vida

Domingo de la semana 4 de tiempo ordinario; ciclo B


Domingo 4 del tiempo ordinario (ciclo B)

Jesús es el profeta que nos trae la Palabra de Dios, para poderla hacer vida en nosotros y participar de esta nueva Vida

A. Lecturas:

1. Deuteronomio 18,15-20: Habló Moisés al pueblo diciendo: El Señor, tu Dios, resuscitará un profeta como yo, de entre tus hermanos. A él le escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: «No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir.»El Señor me respondió: «Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, es reo de muerte..»

2. Salmo 94,1-2.6-7.8-9: Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores ala Roca que nos salva; / entremos en su presencia dándole gracias, / vitoreándole al son de instrumentos.

Entrad, postrémonos por tierra, / bendiciendo al Señor, creador nuestro. / Porque él es nuestro Dios / y nosotros su pueblo, / el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: / «No endurezcáis el corazón como en Meribá, /como el día de Masá en el desierto: / cuando vuestros padres me pusieron a prueba / y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»

3. I Corintios 7,32-35. Hermanos: Quiero queos ahorréis preocupaciones: el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo,buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma;en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

4. Marcos 1,21-28: «Entran en Cafarnaún; y, al llegar el sábado, fue a la sina­goga y enseñaba. Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escri­bas. Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú: el Santo de Dios! Y Jesús le conminó diciendo: Calla, y sal de él. Entonces, el espíritu inmundo, zarandeán­dolo y dando una gran voz, salió de él. Y se quedaron todos es­tupefactos, de modo que se preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Ese enseñar con autoridad es nuevo. Manda inclu­so a los espíritus inmundos y le obedecen. Y su fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea».

B. Comentario:

1. A la hora de la teofanía del Sinaí, ante los truenos, los relámpagos y el terrible incendio, el pueblo se asustó y dijo a Moisés: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios; no quiero morir". Moisés surge como el profeta que lleva al pueblo a Dios, a la tierra prometida, que le da la Ley… es imagen de Jesús, verdadero Guía que nos lleva al Padre.

2. El salmo recoge esta vuelta a Dios, en quien podemos tener nuestra esperanza, y que nos perdona de los pecados: "entremos en su presencia dándole gracias". Son los cantos y la música, que elevan nuestro espíritu a Jesús, el buen pastor, la roca que nos salva, pues nos da el agua viva, y fundamenta todo nuestro ser en su vida. De ahí la alegría de cantar la salvación…

Jesús vivirá esos 40 días de tentación, como los 40 años del desierto del Éxodo: "Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón...»  Como nos dice Jesús, el salmo nos invita a escuchar la palabra viva. El Concilio Vaticano II se hizo eco de esa necesidad: "En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo pero a la cual debe obedecer y, cuya voz, lo llama siempre que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal; cuando es necesario le dice claramente a los sentidos del alma: haz esto, evita aquello. En realidad el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón…"

Pedimos a la Virgen que sepamos ponernos a la escucha de la Palabra divina como ella hizo, un escuchar que es adherir enteramente, obedecer, adecuarse a lo que se nos dice. Es como dejarse tomar de la mano y hacerse guiar por Dios. Podemos confiarnos a Él como un niño que se abandona en los brazos de la madre y se deja llevar por ella. El cristiano es una persona guiada por el Espíritu Santo. "Ojalá escuchéis hoy su voz"…

3.  El hombre ha sido creado en cuerpo y espíritu con vistas al matrimonio (Gén 1,27.31). Pero muchos viven como Jesús, en celibato, «por amor al Reino de los Cielos» (Mt 19,12). Así, nos habla hoy san Pablo. La virginidad es mostrada hoy como un estado mejor que el matrimonio, porque este estado de vida expresa más claramente la entrega total al Señor. Sin embargo, no manda eso, sino lo aconseja Esto no es un mandato del Señor, dirá, sino un acto de libertad. Jesús será modelo de esta nueva familia que él comienza: sin trato conyugal, sin hijos de la carne, sino de la fe, una fraternidad viva, donde se participa de esa familia espiritualmente. María es icono de las dos cosas: la maternidad biológica y esa virginidad cristiana llena de fecundidad.

4. Jesús no enseñaba como los demás, "enseñaba con autoridad". Señor, me gusta ver que tienes la verdad, que cuando intento vivir lo que dices noto que es cierto, que eso es la verdad. Además, me gusta ver tus palabras vivas, sugerentes, y que no impones… «Si quieres...», sueles decir. La coherencia de tu vida avala tus palabras. Enseñabas con autoridad porque todo lo que decías lo vivías. Tu autoridad era tu amor incondicional, la entrega total y absoluta de tu vida. Nada te desautorizaba, porque lo que decías lo vivías, y la coherencia venía de tu unión con el Padre, de tu amor y comprensión con las personas.

«He ahí un hombre que lo que enseña lo vive y, sobre todo, que, antes de nada, enseña con su ejemplo de vida». ¡Qué distinto el mundo de tanto charlatán en que vivimos, de mediocridad…

Tu Palabra, Jesús, es Verdad liberadora del hombre, porque siendo hombre perfecto, manifiestas al hombre su verdadero ser, que es de Dios y para Dios: "yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por Mí". Eres maestro universal, criterio y norma de conducta.

La figura amable de Jesús nos enseña a vivir de una manera auténtica. Nuestro mundo se pregunta: ¿Qué es la verdad? ¿Hay una verdad, o se hace? la verdad que Él es, y fundamenta toda la restante verdad: en tu vida, Señor, encontramos la verdad ("yo soy... la verdad"). Nuestro modo de imitar al Modelo no es algo exterior, sino que se trata de conformarse a Él, como "meterse en su piel", pues conformar es hacerse a la forma, participar de su vida, de sus sentimientos. Es decir, estar motivado, en la medida posible a una criatura, a revivir la vida de Jesús y prolongarla en la propia, porque la gracia que él nos ganó es participación de la que inhabita en su alma: tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús (Filip 2, 5).

Tiene una personalidad tremenda, una honda concentración del alma, de una voluntad perfectamente libre, que está entera en la sagrada misión, una presencia gigantesca. Pero por detrás surge más, desde Dios, tan inmediatamente, que, por ejemplo, después de la pesca milagrosa, estando sentado en la barca, Pedro cae espantado a sus pies y grita: "Aléjate de mí, que soy un hombre pecador, Señor!" (Luc 5,8-9).

Las palabras de Jesús tocan el corazón allí donde no alcanza ninguna palabra humana. Apartan el engaño y ponen al hombre delante del Dios santo. Llaman a la conversión de todo, incluso del que es bueno y piadoso ante el mundo, hacia Dios, y dan la posibilidad de realizarla. Sus palabras no sólo son significados, sino fuerzas; fuerzas procedentes de Dios, fuerzas del Espíritu Santo.

Llucià Pou Sabaté



viernes, 26 de enero de 2024

Sábado de la semana 3ª (par): en medio de las dificultades el Señor se hace presente y nos ayuda. Pide de nosotros la fe, que nos da un sentido a todo

Sábado de la semana 3ª (par): en medio de las dificultades el Señor se hace presente y nos ayuda. Pide de nosotros la fe, que nos da un sentido a todo

 

A. Lecturas

   1. II Samuel 12,1-7.10-17. Entonces el Señor le envió al profeta Natán. El se presentó a David y le dijo: "Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita". David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: "¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión". Entonces Natán dijo a David: "¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita. Así habla el Señor: 'Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol'". David dijo a Natán: "¡He pecado contra el Señor!". Natán le respondió: "El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás. No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio". Y Natán se fue a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y él cayó gravemente enfermo. David recurrió a Dios en favor del niño: ayunó rigurosamente, y cuando se retiraba por la noche, se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.

   2. Salmo 51,12-17. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia! Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza.

   3. Marcos 4,35-41: "Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?". Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

 

B. Comentario:

   1. -"Envió el Señor a Natán donde David". El profeta Natán, que en otras ocasiones le transmite al rey palabras de bendición y promesas, ahora denuncia valientemente su pecado, pero no condena desde el exterior. Cuenta una parábola y conduce al rey a que tome conciencia por sí mismo y a que sea él mismo quien aporte un juicio sobre su pecado. Gracias, Señor. Ayúdanos a respetar siempre el lento caminar de las conciencias. Habla de un hombre malvado, que quita la única oveja de un pobre.

   -"Tú eres ese hombre". Cuando la conciencia de David se hubo despertado, el profeta sólo tuvo que constatar y autentificar. Después del pecado, viene el arrepentimiento sincero de David:

   -"He pecado contra el Señor", dice. Y no hay destitución del rey por otro: -"El Señor perdona tu falta". Sólo Dios cambia el corazón del pecador: pero ha sido necesaria la mediación de un diálogo, de una conversación con Natán, para que David "se entienda" y haga un juicio más objetivo sobre sí mismo. «Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos.» Ese tema del perdón se encuentra a todo lo largo de la Biblia: ¡es una revelación tuya, Señor! «Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores.» El verdadero sentido del pecado en la Biblia no es solamente un sentimiento de «culpabilidad» moral, no es tan solo la «transgresión de una ley». El pecado no se entiende de veras en su profundidad más que en el marco de las relaciones personales entre el pecador y Dios.

   A nosotros nos toca aprovechar el momento, cada momento, como si fuera el último pero sabiendo que en nuestra vida no hay "no momentos". Cada cosa que hagas, la más espectacular o la más rutinaria, la haces en la presencia de tu Padre Dios que te quiere en cada instante, que ama – como los padres que miran embelesados los primeros pasos de sus hijos- cada uno de tus pensamientos , de tus acciones, de tus sentimientos.

   Te parecerá que esto no es posible, que Dios no puede comprender el ajetreo de tu vida diaria, que estás en medio de un mar proceloso, de una tormenta en la que es imposible encontrarte con Dios, pero escúchale en el fondo de tu alma, el Señor dirá a tanta actividad desordenada: "Silencio, cállate!" y te vendrá una gran calma pues estarás con Jesús, como lo estuvo María, como lo han estado los santos.

   ¿Quién de nosotros puede sentirse libre de culpa? Dios conoce nuestras maldades, miserias y pecados. ¡Ojalá y con grandes penitencias hubiésemos logrado lavar nuestras culpas!

   2. El Salmo 50, «Miserere», es la oración modélica de un pecador que reconoce humildemente su culpa ante Dios y le pide un corazón nuevo. Resume los sentimientos de tantas personas que, en toda la historia de la humanidad, han experimentado la debilidad pero que se han vuelto confiadamente a la misericordia de Dios, como David, que por eso es llamado "fiel", porque se fía, tiene confianza en Dios, se acoge a su amor misericordioso. En la Eucaristía empezamos con un acto penitencial que quiere ser como un ejercicio sencillo de humildad ante la santidad infinita de Dios, mientras que nosotros somos tan imperfectos y débiles. En el Padrenuestro volvemos a pedir a Dios que perdone nuestras ofensas. Y sobre todo en el sacramento de la Reconciliación expresamos nuestra conversión a Dios, le pedimos perdón y nos dejamos comunicar con confianza el triunfo de Cristo en la Cruz sobre el pecado.

   "Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu": Sólo Dios puede crear en nosotros un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Él, el Dios misericordioso, nos dará su salvación y nos renovará para que caminemos ante Él con un corazón puro: "Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti". Queremos ser fieles, sabedores de que Dios cuenta con nosotros para llevar la salvación a otros muchos, proclamar el amor de Dios: "¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia! Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza".

   3. Después de la serie de parábolas, Marcos aborda una serie de milagros. Los cuatro milagros citados aquí por san Marcos no fueron hechos en presencia de la muchedumbre, sino sólo ante los discípulos... para ellos, para su educación. Es algo así como con las parábolas, de las que Marcos cuida varias veces de advertirnos de "que Jesús lo explicaba todo, en particular, a sus discípulos" (Mc 4,10; 4,34).

   -Jesús había hablado a la muchedumbre. Llegada ya la tarde dijo a sus discípulos: "Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la muchedumbre, le llevaron según estaba en la barca"... Instantes de intimidad más tranquilos, en los que Jesús está solo con sus amigos. Deja la Galilea, va a la región pagana de los Gerasenos, país nuevo donde la Palabra de Dios no ha sonado todavía, país de misión... donde viven nuevos creyentes en potencia y donde hay nuevas conversiones posibles. Va allá "con sus discípulos". Tendrán algo más de tiempo para hablar, con la mente reposada, tranquilamente, lejos de la gente. Señor, si lo quieres, sube a menudo a mi barca, salgamos juntos.

   -"Se levantó un fuerte vendaval. Las olas se echaban sobre la barca, de suerte que se llenaba de agua". ¡Sorpresa! La ráfaga que empuja la vela y, de repente, sin esperarlo, tumba la barca. El lago Tiberíades parece estar habituado a estos bruscos asaltos inesperados. Desconcertante. ¿Acepto yo dejarme conducir por Dios, hasta no saber adónde me va a llevar?

   -"Él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal". Para esto, se necesita: -Sea un equilibrio natural excepcional... -Sea una fatiga inmensa... Te contemplo, Jesús, durmiendo, tu cabeza sobre el cabezal, en la popa del barco.

   -Sus discípulos le despiertan y le gritan: "Maestro, ¿no te importa? Estamos perdidos". ¡Cuántas veces tenemos también nosotros esta impresión! Señor, ¿Tú duermes? ¡Despiértate, no me dejes solo con este problema! (Noel Quesson).

   Una tempestad es un buen símbolo de otras muchas crisis humanas, personales y sociales. El mar es sinónimo, en la Biblia, del peligro y del lugar del maligno. También nosotros experimentamos en nuestra vida borrascas pequeñas o no tan pequeñas. Tanto en la vida personal como en la comunitaria y eclesial, a veces nos toca remar contra fuertes corrientes y todo da la impresión de que la barca se va a hundir. Mientras Dios parece que duerme.

   -"Y despertando, mandó al viento y dijo al mar: "Calla, sosiégate". Y se aquietó el viento y se hizo completa calma". Sueño, Señor, con esa completa calma que siguió... recuerdo cuanto has dicho, de que estarás con nosotros cada día, hasta el final de los tiempos. Contigo, ¿cómo temeré?

   -"Jesús les dijo: "¿Por que teméis? ¿Aún no tenéis fe?" Y sobrecogidos de gran temor se decían unos a otros: "¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" El aviso va también para nosotros, por nuestra poca fe y nuestra cobardía. No acabamos de fiarnos de que Cristo Jesús esté presente en nuestra vida todos los días, como nos prometió, hasta el fin del mundo. No acabamos de creer que su Espíritu sea el animador de la Iglesia y de la historia. A los cristianos no se nos ha prometido una travesía apacible del mar de esta vida. Nuestra historia, como la de los demás, es muchas veces una historia de tempestades. Cuando Marcos escribe su evangelio, la comunidad cristiana sabe mucho de persecuciones y de fatigas. A veces son dudas, otras miedo, o dificultades de fuera, crisis y tempestades que nos zarandean. Pero a ese Jesús que parece dormir, sí le importa la suerte de la barca, sí le importa que cada uno de nosotros se hunda o no. No tendríamos que ceder a la tentación del miedo o del pesimismo. Cristo aparece como el vencedor del mal. Con él nos ha llegado la salvación de Dios. El pánico o el miedo no deberían tener cabida en nuestra vida. Como Pedro, en una situación similar, tendríamos que alargar nuestra mano asustada pero confiada hacia Cristo y decirle: «Sálvame, que me hundo» (J. Aldazábal).

 

Llucià Pou Sabaté