martes, 2 de octubre de 2012


Martes 26 del tiempo ordinario: Jesús corrige a sus apóstoles para aceptar con paz las contrariedades, sabiendo que todo será para bien

“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo” (Lucas 9,51-56).

1. Jesús “envió mensajeros por delante; yendo de camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalén”. Empieza una larga sección en Lucas, sobre "el viaje a Jerusalén" (Lc 9-12), ya que el Evangelio está orientado hacia la subida de Jesús a la Ciudad santa, desde Galilea.
Jesús va hacia Jerusalén, cumpliendo las profecías de Elías, pues el término griego empleado por Lucas (literalmente "Cuando se iban a cumplir los días de su arrebatamiento") nos recuerda el arrebatamiento al cielo de Elías (4Re [2Re LXX] 2,9.10.11) que será realidad plena con la ascensión de Jesús al cielo (Hch 1,2.11.22). El Señor afronta su misión, literalmente dice que "también él (Jesús evidentemente) plantó cara a la situación encaminándose hacia Jerusalén". Ez también lo profetizó en 21,7: "Por eso profetiza, hijo de hombre, y planta cara a Jerusalén, fija la mirada contra su santuario y profetiza contra la tierra de Israel." (El original hebreo contiene algunas variantes: "Hijo de hombre, gira tu cara contra Jerusalén y haz gotear tu palabra contra el santuario y profetiza contra la tierra de Israel".) Señor, tú dirás: "Mi vida, nadie la toma, soy Yo quien la da." Contemplo ese instante decisivo en tu corazón. Señor, ayúdanos en las decisiones valientes que a veces hemos de tomar. “La Cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria (...) También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo” (S. Andrés de Creta).
Pasan por Samaria, donde no pueden ver a los judíos, sobre todo si van a Jerusalén. La reacción de Santiago y Juan es drástica: ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos? Se repite la reacción del profeta Elías, que hace bajar fuego del cielo contra los sacerdotes del dios Baal. Jesús, una vez más, les tiene que corregir, y duramente: "no sabéis de qué espíritu sois".
Cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien: ¿somos tan violentos como los "hijos del trueno", Santiago y Juan, que nada menos que quieren que baje un rayo del cielo y fulmine a los que no les han querido dar hospedaje?, ¿reaccionamos así cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra? La violencia no puede ser nuestra respuesta al mal. Jesús es mucho más tolerante. No quiere -según la parábola que él mismo les contó- arrancar ya la cizaña porque se haya atrevido a mezclarse con el trigo. El juicio lo deja para más tarde.
«Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió». Aquí veo referencias a Elías, cuando el rey Ocozías de Samaría le envió unos mensajeros y se habla de que "hizo bajar fuego del cielo" (4Re [2Re] 1,1-14 LXX).
"Los increpó" (literalmente "conminó", como si estuviesen endemoniados), "poseídos" por una ideología que les impide actuar como personas sensatas: están repletos de odio, de intolerancia religiosa y de exaltación nacionalista. Jesús "se vuelve": esto quiere decir que él no se había inmutado y que proseguía su camino, mientras los discípulos atrás esperaban la venganza. “El Señor hace admirablemente las cosas (...) Actúa así con el fin de enseñarnos que la virtud perfecta no guarda ningún deseo de venganza, y que donde está presente la verdadera caridad no tiene lugar la ira y, en fin, que la debilidad no debe ser tratada con dureza, sino que debe ser ayudada” (S. Ambrosio). "Y se marcharon a otra aldea".
Son defectos de los Apóstoles, que el Señor corrige. Cuenta la historia de un aguador de la India que, en los extremos de un palo que colgaba en sus espaldas, llevaba dos vasijas: una era perfecta y la otra estaba agrietada, y perdía agua. Ésta —triste— miraba a la otra tan perfecta, y avergonzada un día dijo al amo que se sentía miserable porque a causa de sus grietas le daba sólo la mitad del agua que podía ganar con su venta. El trajinante le contestó: —Cuando volvamos a casa mira las flores que crecen a lo largo del camino. Y se fijó: eran flores bellísimas, pero viendo que volvía a perder la mitad del agua, repitió: —No sirvo, lo hago todo mal. El cargador le respondió: —¿Te has fijado en que las flores sólo crecen a tu lado del camino? Yo ya conocía tus fisuras y quise sacar a relucir el lado positivo de ellas, sembrando semilla de flores por donde pasas y regándolas puedo recoger estas flores para el altar de la Virgen María. Si no fueses como eres, no habría sido posible crear esta belleza.
Todos, de alguna manera, somos vasijas agrietadas, pero Dios conoce bien a sus hijos y nos da la posibilidad de aprovechar las fisuras-defectos para alguna cosa buena. Y así el apóstol Juan —que hoy quiere destruir—, con la corrección del Señor se convierte en el apóstol del amor en sus cartas. No se desanimó con las correcciones, sino que aprovechó el lado positivo de su carácter fogoso —el apasionamiento— para ponerlo al servicio del amor. Que nosotros también sepamos aprovechar las correcciones, las contrariedades —sufrimiento, fracaso, limitaciones— para “comenzar y recomenzar”, tal como san Josemaría definía la santidad: dóciles al Espíritu Santo para convertirnos a Dios y ser instrumentos suyos.
La actitud de Santiago y Juan sigue estando presente en muchas religiones del mundo. A lo largo de la historia han buscado la forma de acabar con los que piensan, actúan o viven de forma diferente. Esta intolerancia la hemos visto en la relación entre católicos y protestantes durante cuatro siglos (las famosas “guerras de religión” por ejemplo); o la relación entre cristianos y musulmanes. No podemos olvidar esta cruel historia de intolerancia y de irrespeto que hemos tenido unos con otros. Para la paz entre las religiones, primero debe haber diálogo entre las religiones, y, antes aún, debe haber un "intradiálogo" en cada religión (Josep Rius-Camps).
El espíritu de Jesús es un espíritu de no violencia, de misericordia. Jesús pide a sus discípulos que respeten los plazos de la conversión: el descubrimiento de la verdad es lento, muy lento, en el corazón del hombre. Jesús nos da aquí la verdadera imagen de Dios. El, que siendo Todopoderoso, no interviene como potentado para doblegar a los que le están sujetos o a sus enemigos, sino que, humildemente, pobremente, espera la conversión, a la manera de un padre o de una madre.
-"Y se marcharon a otra aldea." Como hacen los pobres cuando se les despide. Contemplo a Jesús marchándose hacia otra aldea... Señor, me interrogo sobre mis impaciencias... Ante mis propios pecados, mis propios fracasos, ante los rechazos de los demás, ante las lentitudes o los retrasos de la Iglesia... Danos, Señor, tu divina paciencia (Noel Quesson).
Pablo irá a otro sitio cuando le rechazaban en la sinagoga y se iba a los paganos, o cuando le apaleaban en una ciudad y se marchaba a otra. Si aquí no nos escuchan, vamos a otra parte y seguiremos evangelizando, allá donde podamos. Sin impaciencias. Sin ánimo justiciero ni fiscalizador. Sin dejarnos hundir por un fracaso. Evangelizando, no condenando: "porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder, sino a salvar" (J. Aldazábal).
Algunos manuscritos griegos, que fueron seguidos por la Vulgata, añaden al final del v 55: “diciendo: no sabéis a qué espíritu pertenecéis. El Hijo del hombre no ha venido a perder a los hombres sino a salvarlos”. Jesús nos dirá: Yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo; pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
2. Job en sus desgracias abrió la boca y maldijo su día: «¡Perezcan el día en que nací, y la noche que declaró: "Un varón ha sido concebido!" ¿Por qué no morí en el seno materno?» Después de la primera aceptación del sufrimiento que leímos ayer, ahora, el grito de dolor y de rebeldía: Job es aquí el eco, en todas las lenguas, de todos los hombres del mundo que sufren mucho y dicen: ¿para qué vivir?, ¿por qué he nacido? Desea la muerte. Maldice el día de su nacimiento. Pero no piensa contra Dios.
¿Sé yo escuchar las quejas y lamentos de los hombres muy probados? ¿Sé llevar a la oración mis propias pruebas? A Dios, no le asombran nuestros gritos. Los gritos de Job, como los de tantos salmos, forman parte de la Biblia, libro sagrado; son palabras divinas a través de expresiones humanas. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
-“En la muerte descansan los exhaustos. ¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que están amargados, a los que ansían la muerte que no llega y la buscan con avidez más que un tesoro?” «Buscar con avidez la muerte, como se busca un tesoro.» «La muerte, en la que descansan los exhaustos.» Es el sufrimiento de los incurables, de los que sufren larga enfermedad, de los hambrientos, de los abandonados... Señor, escucha este inmenso gemido que sube de la tierra y prolonga el lamento de Jesús en agonía «hasta el fin del mundo». Señor, que este sufrimiento, unido al de Cristo, sea un sufrimiento redentor: que germine con este amor que a veces surge de un corazón anonadado. Y... haz Señor, que muchos hombres se pongan generosamente al servicio de toda esa humanidad sufriente, para curar, consolar y amar: que el amor germine y crezca para con todos los afligidos.
-“¿Por qué dar vida a un hombre que ve cerrado su camino y a quien Dios tiene cercado?” Interrogar es propio del hombre reflexivo, y preguntar a Dios es creer en él… además de probar que la existencia no se reduce al mal. Jesucristo es la única respuesta de Dios a todos esos "por qué" (Noel Quesson).
3. Cuando nos toque vivir días tan oscuros como los de Job, hagamos nuestro el salmo de hoy: "Señor, Dios, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia, mi alma está colmada de desdichas, me has colocado en lo hondo de la fosa". El Sábado Santo fue todo oscuridad para Jesús. Pero amaneció la mañana de la resurrección.
¿Sabemos convertir en oración nuestra duda?, ¿sabemos fiarnos de Dios como hará en definitiva Job, y sobre todo Jesús, a pesar de que no entendamos el porqué de tantas cosas en la vida?
Llucià Pou Sabaté

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