sábado, 16 de febrero de 2013


Domingo de la semana 1 de Cuaresma (ciclo C): Las tentaciones de Jesús son el resumen de todos los males, y nos enseña cómo combatirlos y salir vencedores.

«En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: -«Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: -“Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: -“Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.” Jesús le contestó: -“Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús le contestó: -Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión» (Lucas 4,1-13).
1. Jesús, después del Bautismo, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
a) Entonces el diablo le dijo: -“Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Es la primera tentación: las cosas materiales, la concupiscencia de la carne, la ley del gusto. Si tenemos presentes los siete pecados capitales aquí cabrían tres: la lujuria, la gula y la pereza. El cuerpo se cuida y se viste, como hicieron Adán y Eva, y cuando ya crecen las personas se preparan para casarse. La tele o los amigos enseñan o hablan del sexo sin amor, pero sobre eso los hijos es mejor que pregunten sobre esto a los padres, ellos les ayudan a entender lo que sienten. Se trata de la moderación de las ansias de comerse un pastel, y educar esa necesidad de hacer nuestro capricho… y no dejarse llevar por la pereza, que es tristeza, y todo esto luego conlleva falta de entusiasmo, falta de alegría, falta de amor. La tristeza va unida al egoísmo muchas veces, es lo que queda tras haber quemado el fuego del egoísmo de pensar en uno mismo, cuanto no queda nada, la escoria, lo que más brilla.
Jesús contesta: “no solo de pan vive el hombre”. La solución para todas esas fuerzas, es la oración. Con la oración, recibimos las vitaminas, la fuerza de la fe.
b) Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: - «Te daré el poder y la gloria de todo eso… Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». La concupiscencia de los ojos, el tenerlo todo, el desear, esta especie de “cosa que veo, cosa que quiero”. Y ante esta concupiscencia, que serían los pecados de avaricia y de envidia, que es querer tener o desear el mundo del otro, o tener tristeza por el bien del otro..., es una cosa muy mala porque la persona tiene una especie de inquietud por el que tiene el otro. Vive más pensando en el otro que en un mismo y no tiene la libertad de vivir la vida propia; vive sólo por el otro, por hacerle daño o por llorar porque el otro tiene más. Es también lo que S. Juan llama el mundo: El mundo, el demonio y la carne. Jesús le contestó: - «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto".» No adorar cosas que no son Dios: la solución es la caridad, es darse, darse. Si antes vimos que la oración es la fe, aquí la virtud teologal que está reflejada es la caridad, tener detalles con los demás, que es la limosna, el segundo gran medio que Jesús nos dice para la cuaresma.
48456360ShowLetter3c) -La tercera tentación, es la más demoníaca, el orgullo: lo llevó a Jerusalén y lo puso en lo alto del templo y le dijo: - “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti"”… En las tres tentaciones, está en cuestión la interpretación de la palabra de Dios, que puede ser usada para fines humanos: la abundancia de cosas materiales en la primera, el sometimiento de la religión al interés personal en la segunda, y ahora le pone el demonio palabras de Dios para animarlo al ensalzamiento personal, hacer el chulo… la soberbia, sería el pecado o tendencia mala que nos falta junto con otra que es la ira: Jesús le contestó: - «Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios".» Es la gran tentación del orgullo, se debe vencer con la humildad, para no querer ser como dioses, sino obedecer, hacer sacrificios, el ayuno que es la tercera manera de vencer al mal, con la esperanza de que estos sacrificios y la cruz nos llevan al cielo. “Ayuno del yo”, con la esperanza del cielo, de una vida de amor, es la vitamina que necesitamos para vencer esta concupiscencia -la soberbia de la vida, donde se esconde el demonio-. No queremos ser Dios: es la tentación de pecado más grande.
Con las armas de la oración, sacrificios y amor a los demás, el demonio no puede nada, como un león atado, que si no nos acercamos no nos muerde… así nos entrenamos en esta cuaresma.
Los dos primeros domingos nos hablan de compartir la lucha y el triunfo de Cristo, los otros tres nos invitarán a la conversión y a la reconciliación: se trata de reconocer a Jesús y abrir nuestro corazón a su salvación, como hizo el buen ladrón, y Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". María, nuestra Madre Santísima, nos acompaña en este camino hacia la Pascua.

2. Dijo Moisés al pueblo: - «El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios”. Siguen consejos para que se ofrezcan a Dios todas las cosas. ¡Qué bonito empezar el día ofreciéndolo a Dios! Por ejemplo, persignándonos, mientras nos hacemos la señal de la cruz  en la frente y diciendo “todos los pensamientos” y luego en los labios” las palabras” y en el pecho “las obras todas de este día” y luego la señal de la cruz “yo te ofrezco este día, y la vida entera, por amor”. O cualquier otra oración. Abel, hijo de Adán y Eva, como era pastor, le ofrecía la mejor de sus ovejas, la más gorda y saludable. Caín, en cambio, era labrador, y le ofrecía lo peor de su cosecha: tomates podridos y manzanas picadas. Dios aceptaba la ofrenda de Abel, y por eso su humo subía derecho al Cielo, pero rechazaba la de Caín, cuyo humo se estancaba a ras de suelo.
Cain_Abel_altares-500En la Misa ponemos imaginariamente sobre el altar el fruto de nuestro trabajo; en la del Domingo, por ejemplo, ofrecemos a Dios el trabajo y el estudio y las tareas domésticas de toda la semana. Ahora bien, hay que trabajar bien, no podemos ofrecerle chapuzas. Y si hemos trabajado mal, al menos pediremos perdón con el propósito de rectificar. Oración: “Te ofrezco, Señor, mi trabajo / como ofrenda limpia y pura, / este esfuerzo de aquí abajo / hasta ti quiero que suba”.
Podemos seguir rezando con el salmo: “Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti.»
No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos.
Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra; caminarás sobre áspides y víboras, pisotearás leones y dragones”.
«Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré»”
3. Es una llamada a la esperanza la lectura de san Pablo: el que cree en él no quedará confundido, el que invoca el nombre del Señor se salvará: "si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó, te salvarás". Cristo ocupa el lugar salvífico que tenía la Ley en la Antigua Alianza.
- "Nadie que cree en él quedará defraudado". No queremos sentirnos salvados por nuestros méritos, sino por la misericordia divina. Fomentemos la esperanza, al paso que pedimos a Dios perdón de nuestros pecados, con dolor de amor. El pecado mortal es el mal de verdad, lo que mancha el mundo, lo que le duele a Dios, lo que nos hace daño. Pero así como el que tiene un grano y no pasa nada, pero si le aparecen cientos… queremos evitar todo mal.
[JES_S_ORANDO_EN_EL_DESIERTO.jpg]El Catecismo indica el sentido positivo de las tentaciones, para nuestro crecimiento, pues «el Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior en orden a una «virtud probada», y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. También debemos distinguir entre «ser tentado» y «consentir» en la tentación. Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es «bueno, seductor a la vista, deseable», mientras que, en realidad, su fruto es la muerte» (2847). En el Padrenuestro pedimos no caer en tentación, pues esa en sí no es mala, sino el poner la voluntad en lo malo. ¿Me duelen de verdad los pecados veniales? Quiero yo también profesar con mi vida que tú eres mi Señor, Jesús, proclamar tu perdón por tu Pasión y Resurrección, y sentirme en tus manos y protegerme con tus méritos, para entrar en tu vida divina, con la ayuda de la Virgen, Madre de Dios y Madre mía.
Llucià Pou Sabaté 

jueves, 14 de febrero de 2013


Día 3º. VIERNES DE CENIZA: el sacrificio, necesario para la vida cristiana
«Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia, y en cambio tus discípulos no ayunan? Jesús les respondió: ¿Acaso pueden estar de duelo los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; entonces ayunarán» (Mateo 9, 14-15).

1. El Señor dice que no quiere sacrificios de gente que reza y luego maltrata a los demás, que quiere que la gente se quiera. No quiere que nos pongamos piedras en los zapatos sino el amor a los demás. Cuando le preguntan a Jesús por qué no ayunan los suyos, les contesta: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán». Habla de fiesta. Por eso, lo que decíamos ayer de pensar en sacrificios va unido a la alegría, que decía S. Josemaría que es un árbol “que tiene las raíces en forma de cruz”,  esta cruz que nos encontramos cada día unidos a la de Jesús.
Jesús aparece como el esposo que perfecciona el alma, preparándola para esta unión esponsal a través del amor. Y esto lleva consigo corresponder, a ejemplo de Jesús, seguir su vida que tiene entrega de cruz. "Jesús se entregó a Sí mismo, hecho holocausto por amor. Y tú, discípulo de Cristo; tú, hijo predilecto de Dios; tú también debes estar dispuesto a negarte a ti mismo. Por lo tanto, sean cuales fueren las circunstancias concretas por las que atravesemos, ni tú ni yo podemos llevar una conducta egoísta, aburguesada, cómoda, disipada..., -perdóname mi sinceridad- ¡necia! (...). Es necesario que te decidas voluntariamente a cargar con la cruz. Si no, dirás con la lengua que imitas a Cristo, pero tus hechos lo desmentirán; así no lograrás tratar con intimidad al Maestro, ni lo amarás de veras. Urge que los cristianos nos convenzamos bien de esta realidad: no marchamos cerca del Señor, cuando no sabemos privarnos espontáneamente de tantas cosas que reclaman el capricho, la vanidad, el regalo, el interés... No debe pasar una jornada sin que la hayas condimentado con la gracia y la sal de la mortificación. Y desecha esa idea de que estás, entonces, reducido a ser un desgraciado. Pobre felicidad será la tuya, si no aprendes a vencerte a ti mismo, si te dejas aplastar y dominar por tus pasiones y veleidades, en vez de tomar tu cruz gallardamente" (J. Escrivá, Amigos de Dios, n.129).
"Todos los fieles... son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad" (LG 40). Y ese amor, nos dice el Catecismo (n. 2015), ese "camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas: "El que asciende nunca cesa de ir de comienzo en comienzo mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce (S. Gregorio de Nisa)".

2. Hay una historia que une las tres armas que nos dice la Iglesia para estos días (oración, sacrificio, amor). Había una vez un ermitaño, que vivía solo en la montaña, en lo alto había una antigua iglesia con su casita donde vivía, trabajando, buscando alimento. Durante el día, bajaba al pueblo a vender sus productos, y luego subía otra vez hacia su ermita. Cuando hacía calor, al subir tenía muchísima sed y sudaba. Pasaba por una fuente y... no bebía, le ofrecía a la Virgen aquel sacrificio y proseguía su camino. Al anochecer, el ermitaño miraba al cielo y veía una estrella, regalo de la Virgen, en recompensa a su sacrificio...
Pero, un jovencito, al ver la vida del ermitaño, llegó a admirarlo y quiso ser como él. Entonces hacía lo que el ermitaño hacía... Cuando subían acalorados, con mucha sed, el ermitaño pensó que el chico tenía sed, y que si él no bebía, el muchacho tampoco lo haría. Pero, que si bebía, no tendría el lucero por la noche como premio, porque no habría hecho el sacrificio. Al final, venció el corazón y bebió, y también el chico. Pensó al subir que no había podido ofrecer a la Virgen su sacrificio, y quién sabe si tendría recompensa aquel día, si vería su estrella en el firmamento. Pero, al tener al jovencito a su lado estaba contento y pensó que valía la pena. Al anochecer miró al cielo con miedo y vio que no había una estrella… aquel día la Virgen le había hecho un regalo distinto… había dos estrellas en el firmamento. La Virgen estaba contenta de su atención hacia el muchacho.
¿Se encienden de verdad las estrellas?, No sé en el cielo, pero en nuestro corazón seguro que sí, el Señor enciende una luz mágica, como nos dicen las lecturas de hoy: “Entonces brotará tu luz como la aurora”, tendrás una fuerza especial, divina, serás hijo de Dios, y es lo que pedimos en la Misa de hoy: “Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que hemos empezado la Cuaresma
http://oldearth.files.wordpress.com/2008/10/cielo-estrellado.jpgDice el profeta: -“Pero mientras ayunáis sabéis buscar vuestro negocio, explotáis a vuestros trabajadores, continuáis las querellas, las disputas, los puñetazos”. Ayunar es bueno, dice Dios, pero no es lo esencial. Lo esencial es respetar al prójimo, no explotarle, no considerarlo como un objeto que ponemos a nuestro provecho. Ayúdanos, Señor, a no buscar con avidez nuestra ventaja y menos si hay detrimento para los demás. ¡Ayuda a cada hombre a no explotar a otro hombre! En nuestras vidas de familia, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, ayúdanos a no ser exigentes ni duros, ni atropelladores, ni tajantes; que renunciemos a las «disputas y a las querellas» y, como dice el Señor, que nuestro ayuno sea «desatar los lazos de maldad». Privarse de suscitar disputas y atropellos es más necesario que privarse de alimento o de golosinas. La Cuaresma que me agrada es: -Aflojar las cadenas injustas... -Liberar a los oprimidos... -Compartir el pan con el hambriento... -Dar acogida al desgraciado... -Cubrir al que veas sin vestido... -No esquivar a tu semejante... Esas frases deberían pasar sin comentario. Es preciso llevar a la oración esas palabras que nos queman como brasas. Eso es lo que Tú esperas de mí, Señor. ¡Ah, si todos los cristianos pudieran oír esas llamadas. Si tu pueblo aceptara dejarse interrogar sobre esas cuestiones, durante cuarenta días al año! ¡Cuál sería la renovación de la sociedad humana, con esa levadura! ¡Qué revolución sin violencia sería la Iglesia en medio del mundo! Pero, cuidado, no he de aplicar esas palabras a mis vecinos. Van dirigidas a mí. Concédeme, Señor, no andar soñando en sacrificios y en «ayunos» excepcionales; te pido saber aceptar francamente los que me imponen mis relaciones humanas, cotidianas. «¡Comparte!» «¡Acoge!» «¡Da!».
-“Un día agradable al Señor...” Lo significativo de ese día no es el «ayuno», sino el amor a los semejantes.
-“Entonces brotará tu luz como la aurora”. Entonces clamarás al Señor y te contestará: "Aquí estoy". Si la búsqueda de Dios, el deseo de su cercanía parece a menudo tan inoperante, es porque no ponemos los medios adecuados. El encuentro con Dios está condicionado por nuestras conductas humanas fraternas o no (Noel Quesson).

3. El amor es lo que da sentido al sacrificio, dirá Jesús llevando a plenitud esos textos de Isaías, y el salmo insiste: «los sacrificios no te satisfacen... mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias». Debería recorrer por ahí nuestra preparación para la Pascua. La liturgia nos insiste que son importantes las formas externas, pero más importantes son los contenidos del corazón. Los ayunos de Miércoles de Ceniza y Viernes Santo, y la abstinencia de esos días y los viernes de Cuaresma, ampliable a todos los viernes del año –esos otros viernes se puede sustituir por otro acto penitencial como la oración, mortificación o limosna-. Son un signo externo que conviene que vaya acompañado de un corazón también lleno de dolor de amor. La conciencia personal sincera va unida a una opción vital de conversión: "Tengo siempre presente mi pecado", "no tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados" (Sal 37,4)... y por la gracia de Dios nos llega la luz de la salvación, esperanza de la purificación, de la liberación y de la nueva creación, pues Dios nos salva "no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo, que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador" (Tt 3,5-6)”.
Te pedimos, Señor, tener “la sinceridad de corazón” de tu mano: «Señor, enséñame tus caminos e instrúyeme en tus sendas» (ant. de entrada).
[1181651643896.jpg]¿Dónde poner estos sacrificios? será al dejar cada cosa en su sitio; para un chico estudiante, estudiar y hacer los deberes puntualmente; estar atento a clase sin “de aventuras” con la imaginación, no escoger lo mejor en la comida, ceder el sitio…, obedecer, rezar por la mañana y noche aunque tenga sueño. Levantarme a la primera por la mañana –minuto heroico. Limpiarme los zapatos, bajar la basura, no decir motes que molestan a los demás, “ayunar” de tele sobre todo cuando no toca, sonreír cuando me cuesta. Dominar el mal humor cuando las cosas cuestan o no salen como esperaba. Dominar la curiosidad. Aprender a comer, quizá un poco más de lo que no me gusta… y así hacer como un “entrenamiento”… (Josep Maria Torras).
Nos puede ayudar el testimonio de los mártires. El cardenal Mindszenty de Hungría cuando entraron los comunistas lo metieron en la cárcel, donde pasó muchos años. Le daban carne los viernes para comer, y él decía: “los viernes no como carne”.
Llucià Pou Sabaté

JUEVES DESPUÉS DE CENIZA: Jesús anuncia por primera vez a sus discípulos que ha de morir y resucitar… el camino de la cruz
«Y añadió: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea condenado por los ancianos, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día. Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; el que, en cambio, pierda su vida por mí, ése la salvará. Porque ¿qué adelanta el hombre si gana todo el mundo, pero se pierde a sí mismo, o sufre algún daño?». (Lucas 9, 22-25).
1. La cruz es el camino hacia la plenitud de la vida, y la condición indispensable para seguir a Jesús. –“Jesús decía a sus discípulos: "Es preciso que el Hijo del Hombre padezca mucho y que sea rechazado por los ancianos, y por los príncipes de los sacerdotes, y por los escribas y sea muerto y resucite al tercer día”. Desde el segundo día de cuaresma, la liturgia nos sitúa delante de lo esencial de la cuaresma: es una subida hacia la Pascua... una marcha hacia la vida en plenitud... una ascensión hacia las cumbres de la alegría, del gozo... Dios se propone que tengamos vida, felicidad... Pascua está al final del camino. Yo voy hacia la Pascua. Pero el camino es la cruz, es el sufrimiento y la renuncia. Un solo modelo, un solo principio, un solo esfuerzo cuaresmal: imitar a Jesús, seguir el camino que El siguió. De ahí la importancia primordial de la oración, de la meditación, para poner realmente a Cristo ante nuestros ojos, en nuestros corazones y en nuestras vidas.
Jesús, nos propones hoy el camino que tú vas a seguir, la Pascua completa: la muerte y la nueva vida. El camino que lleva a la salvación. Usas en verdad ejemplos paradójicos: el discípulo que quiera «salvar su vida» ya sabe qué tiene que hacer, «que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo». Mientras que si alguien se distrae por el camino con otras apetencias, «se pierde y se perjudica a sí mismo». «El que quiera salvar su vida, la perderá. El que pierda su vida por mi causa, la salvará». Hemos de abrazarnos a la cruz para encontrar la vida. De nada sirve ganar el mundo si uno se pierde. Únicamente muriendo a nosotros mismos tendremos la senda de la libertad y de la alegría verdaderas (Misa dominical 1990).
Si alguno quiere venir en pos de mí…” No eres masoquista, Señor, no te gusta el dolor, no propones la mortificación como fin en sí mismo. Juan Pablo II nos indicaba pistas para entender mejor el mensaje: “En realidad, «negarse a sí mismo» y «tomar la cruz» equivale a asumir hasta el fondo la propia responsabilidad ante Dios y el prójimo. El Hijo de Dios ha sido fiel a la misión que le confió el Padre hasta derramar su propia sangre por nuestra salvación. A sus seguidores, les pide que hagan lo mismo, entregándose sin reservas a Dios y a los hermanos. Al acoger estas palabras, descubrimos cómo la Cuaresma es un tiempo de fecunda profundización en la fe. La Cuaresma tiene un elevado valor educativo, de manera particular, para los jóvenes, llamados a orientar con claridad su vida. A cada uno, Cristo les repite: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame». Cristo es exigente: “Quienes se ponen a la escucha del divino Maestro abrazan con amor su Cruz, que conduce a la plenitud de la vida y de la felicidad”.
Lo que vale, cuesta. El amor supone renuncias. En el fondo, para nosotros Cristo mismo es el camino: «yo soy el camino y la verdad y la vida». Celebrar la Eucaristía es una de las mejores maneras, no sólo de expresar nuestra opción por Cristo Jesús, sino de alimentarnos para el camino que hemos elegido. La Eucaristía nos da fuerza para nuestra lucha contra el mal. Es auténtico «viático», alimento para el camino. Y nos recuerda continuamente cuál es la opción que hemos hecho y la meta a la que nos dirigimos (J. Aldazábal). «Que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras» (oración)… «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renúevame por dentro» (comunión).
No es posible seguir al Señor sin la Cruz. Unida al Señor, la mortificación voluntaria y las mortificaciones pasivas adquieren su más hondo sentido. No son algo dirigido a la propia perfección, o una manera de sobrellevar con paciencia las contrariedades de esta vida, sino participación en el misterio de la Redención. La mortificación puede parecer a algunos locura o necedad, y también puede ser signo de contradicción o piedra de escándalo para aquellos olvidados de Dios. Pero no nos debe extrañar, pues ni los mismos Apóstoles no siguen a Cristo hasta el Calvario, pues aún, por no haber recibido al Espíritu Santo, eran débiles.
Decía San Josemaría, después de experiencias duras, al meditarlas al cabo de los años: “Tener la Cruz es encontrar la felicidad, la alegría. Y la razón -lo veo con más claridad que nunca- es ésta: tener la Cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo, y, por eso, ser hijo de Dios (...). Vale la pena clavarse en la Cruz, porque es entrar en la Vida, embriagarse en la Vida de Cristo”. Y escribía en su epacta: “in laetitia, nulla dies sine cruce! –¡con alegría, ningún día sin cruz!”. Rezan unos versos: "Corazón de Jesús, que me iluminas, / hoy digo que mi Amor y mi Bien eres, / hoy me has dado tu Cruz y tus espinas / hoy digo que me quieres". Jesús bendice con su cruz, pero la ayuda a llevar: "Me has dicho: Padre, lo estoy pasando muy mal.  Y te he respondido al oído: toma sobre tus hombros una partecica de esa cruz, sólo una parte pequeña. Y si ni siquiera así puedes con ella... déjala toda entera sobre los hombros fuertes de Cristo. Y ya desde ahora, repite conmigo: Señor, Dios mío: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo pequeño y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno. Y quédate tranquilo".
Antes de cargar con nuestra “cruz”, lo primero, es seguir a Cristo. No se sufre y luego se sigue a Cristo... A Cristo se le sigue desde el Amor, y es desde ahí desde donde se comprende el sacrificio, la negación personal: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25). Escoger amar es muchas veces escoger sufrir… «En aquello que se ama, o no se sufre, o el mismo sufrimiento es amado» (San Agustín). Dios no quiere el mal, no es correcta la pregunta: «¿Por qué Dios me manda esto?», aunque muchas veces se dice así, que Dios envía eso o aquello. Dios sacará de “eso” algo bueno, si no, no lo permitiría.
Tomás Moro fue mártir por preferir la verdad, siguiendo su conciencia, a la adulación política (el rey Enrique VIII quiso el divorcio con su mujer Catalina de Aragón y nuevo matrimonio con Ana Bolena, y él no lo aceptó como tampoco la iglesia anglicana). Muchos eclesiásticos ingleses cedieron. La propia familia de Tomás Moro intentó persuadirle de que diera su consentimiento para salvar la vida. Moro, Lord Canciller de Inglaterra, intentó primero no opinar, pero su silencio era acusación para el rey… En la película “Un hombre para la eternidad” se relata bien la grandeza de su conciencia, que no se doblega ante ningún poder humano, siempre abierta a Dios. Los mártires, los buenos pastores de la Iglesia, nos enseñan a ser heraldos de la Verdad, a vivir lo que rezamos en la oración Colecta: «Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en Ti como en su fuente, y tienda siempre a Ti como a su fin». Esta presencia de Dios es la que nos lleva a esa coherencia, con la gracia que nos viene también por la Eucaristía, y que pedimos en la Postcomunión: «Favorecidos con el don del Cielo te pedimos, Dios Todopoderoso, que esta Eucaristía se haga viva realidad en nosotros y nos alcance la salvación».
La grandeza del hombre no consiste en trascender la finitud de la materia, subiendo hasta la altura del ser de lo divino (mística oriental) ni consiste en identificarnos sacramentalmente con las fuerzas de la vida que laten en la hondura radical del cosmos (religión de los misterios) ni es perfecto quien cumple la ley hasta el final (fariseísmo) ni el que pretende escaparse del abismo de miseria del mundo, en la esperanza de la meta que se acerca (apocalíptica)... Seguir a Jesús es nuestra religión, la del reino, adoptar su manera de ser en el ofrecer siempre el perdón, amar sin limitaciones, vivir abiertos al misterio de Dios y mantenerse fieles, aunque eso signifique un riesgo que nos pone en camino de la muerte. La ley de Jesús se puede traducir así: se gana en realidad aquello que se pierde, es decir, lo que se ofrece a los demás, aquello que se sacrifica en bien del otro. Por el contrario, todo aquello que los hombres retienen para sí de una manera cerrada y egoísta lo han perdido. La concreción de esta manera de vida es el "Calvario": resucita lo que ha muerto en bien del otro (Edic. Marova).

 2. “Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor… si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá... Pero si tu corazón se desvía y no escuchas” lloverán desgracias: “yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob”. Te pido, Señor, seguir el camino de tus mandatos, y meditar hoy este resumen del discurso de Moisés a su pueblo, para acoger tu fuerza y tu salvación, no quedarme como mustio sino lleno de vida, pues tú me has dado vida para esa felicidad que me ofreces, que supone lucha pero que vale la pena: la coherencia con la ley que has puesto, Señor, en mi corazón, la Verdad.

3. El salmo lo dice de otra manera: «dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor, que no entra por la senda de los pecadores... será como árbol plantado al borde de la acequia», que tiene raíces que pueden beber, «no así los impíos, no así: serán paja que arrebata el viento; porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal».
Llucià Pou Sabaté

miércoles, 13 de febrero de 2013


cuaresma1Nota introductoria: La Cuaresma es como una novela, una historia que escribe Dios con nosotros, aquí tienes las pistas para escribirlas, las tienes en las lecturas de la Misa de estos días, en las oraciones de la Iglesia de este tiempo. ¿Cómo escribir esta historia que es la de mi vida? Al meditar estas cosas, piensa en Jesús y en tu vida, en la de los demás encontraré a Dios y en la de Dios la mía…

 “Cuaresma” quiere decir 40 días de Jesús en el desierto, antes de la vida pública; 40 años del pueblo de Israel caminando por el desierto, antes de poder entrar en la Tierra prometida; para nosotros, 40 días de preparación, que culminan en la Pascua, que quiere decir el paso de la muerte a la Vida, de las cosas viejas a las nuevas: la entrada a la Resurrección, simbolizada por la luz de la Vigilia pascual. Así como las ramas del almendro no puede contener la fuerza de la primavera, y brotan en un estallido de flores, también la fuerza contenida de la Cuaresma estalla en un vibrante Aleluya.

¿Qué es más importante, Navidad o Pascua? La tradición popular dice Navidad, con sus tradiciones; los teólogos que la Pascua: en el Libro del Amigo y del Amado, el Amor exploró la Sabiduría del Amigo y le preguntó: “-¿Es por la Encarnación o por la Redención como el Amado ha mostrado su amor?” Y el Amigo, perplejo, respondió: “-La Redención suprime la condenación y la Encarnación abre las puertas de la felicidad”. Pero esta respuesta lleva a una nueva pregunta: “-De estas pruebas de amor, cuál es la más grande?” En realidad, todo es el mismo amor divino. La Encarnación nos trae Dios, nos abre las puertas de la felicidad. La Pascua, con la Resurrección, nos lleva a Dios, es un amor que perdona y que olvida el pecado. Y por eso nos preparamos bien. Cuentan de una mujer que hablaba con Dios, y Dios hablaba con la mujer. Cada día la mujer hablaba con Dios, y Dios cada día hablaba con la mujer. Lo supo el obispo, y la mandó llamar: “-¿es verdad que hablas cada día con Dios?” –“Si, hablo con Dios”. Entonces el obispo le dijo: “-muy bien. Pues esta semana yo confesaré mis pecados a Dios, y después, cuando tú le hables haz el favor de pedirle que te explique mis pecados, y me vienes a contar qué te ha dicho, así sabré si es verdad o que no hablas con Dios”.

Al cabo de una semana, la buena mujer volvió a ver el obispo, y el obispo le preguntó: “-¿Has hablado con Dios?” –“Si”, contestó la mujer. “-¿Y le has pedido que te dijera mis pecados?” –“Si, se lo he pedido” –“¿Y qué te ha dicho Dios?” –“Que ya los había olvidado”.

La bondad y el amor de Dios permanecen para siempre... A veces miramos sólo las obligaciones y cosas desagradables, palabras muertas que no mueven: “¿Cuando llegará el momento que despreciaréis cualquier otro ritmo y no hablaréis sino con palabras vivas? Entonces seréis escuchados con entusiasmo y vuestras palabras misteriosas darán frutos de vida verdadera y desvelaréis entusiasmo” (Joan Maragall). Por esto debemos mirar este proceso extraordinario de mutua seducción entre Dios y el hombre, como recuerda el Papa en la carta de cuaresma (2010): es maravilloso lo que Jesús hace, por conquistar nuestro amor, puesto que “sólo el amor en el cual se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros”. Jesús se nos da totalmente, con aquella fuerza que “hace que los amantes no lo sean de si mismos, sino de aquellos a quienes aman”. Nosotros podemos corresponder y adentrarnos en esta dinámica del amor divino. Y no pensando sólo en el más allá, rechazando nuestra existencia actual, sino reavivándola con una verdadera pasión por la vida, es este amor divino que nos hace sentir y ver todo con una fuerza especial, con una “alegría de vivir” más auténtica.

MIÉRCOLES DE CENIZA: inauguramos un tiempo de entrenamiento para vencer contra las fuerzas del mal: con la capa de la caridad, la espada del sacrificio y la coraza de la oración
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará»  (Mt 6,1-6.16-18).

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1. ¿Qué es la cuaresma? Cuarenta días… ¿de qué? De Jesús en el desierto preparándose para su vida de predicar el Evangelio. “Ahora es tiempo favorable” para convertirnos, “ahora es día de salvación”. Jesús dijo que no hagamos las cosas “para ser vistos”, y nos habla de hacer limosna, rezar y ayunar. Jesús, enséñame esta ciencia de ayudar a los demás, de rezar y hacer sacrificios, sobre todo sacrificios que hagan felices a los demás: como sonreír, hacer las paces, pedir perdón… Mientras el mundo anda de Carnaval, con máscaras, la Iglesia nos anima a quitarnos la máscara del pecado y pedir perdón, y libres de toda culpa alabar a Dios con el corazón sincero.
Cuentan de un niño que se peleaba con una niña en una escuela de enseñanza infantil, y cuando la maestra le regañó se puso a llorar; entonces, ella le dijo: “no te preocupes, que no has sido tú sino el demonio quien te ha hecho hacer esto” y el niño, serio, contestó: “tirarle de la trenza quizá sí que ha sido el demonio pero escupirle a la cara ha sido idea mía”… reconocía sus faltas, era sincero.
La oración, sacrificio y limosna son las armas para vencer todas las fuerzas del mal, del demonio, como veremos el domingo con las tentaciones de Jesús que resumen todos los males. Con estas armas venceremos la batalla y cumpliremos la misión, como la Comunidad del Señor de los Anillos, aunque haya malicia en el mundo que quiera romper el mundo como en Avatar. Así pedimos a Dios "iniciar un camino de auténtica conversión para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el espíritu del mal".
Recibir la ceniza en nuestra cabeza, con la señal de la cruz, es quedar marcados, el otro día algún niño llevaba a bolígrafo marcas en la frente… no es un juego ni algo mágico, sino un signo religioso, de algo muy grande, de que Dios en nuestro interior nos ha dado el Espíritu Santo, y nos ha marcado como suyos, y escrito nuestros nombres en el libro de la Vida. Pero hemos de luchar con alegría para prepararnos para la Olimpiada en estos 40 días, para la Pascua. Por eso se nos dice: "Convertíos y creed el Evangelio" o también: "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Este día, los mayores de 14 años debemos hacer abstinencia de carne, como los demás viernes de cuaresma. Los que tenemos entre 18 y 59 años, ayuno. Es un día de penitencia, para que ayudemos a los demás (obras de misericordia) y para ello nos privemos de lo nuestro (por ejemplo dejando los juguetes o las cosas personales a los hermanos, sin tanto miedo a que nos las rompan). Como enseña San Josemaría Escrivá: “La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo..., es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos. Es atender con la mayor delicadeza a los que sufran, a los enfermos, a los que padecen. Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos... La penitencia consiste en soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada; en no abandonar la ocupación, aunque de momento se te haya pasado la ilusión con que la comenzaste; en comer con agradecimiento lo que te sirven, sin importunar con caprichos. Penitencia para los padres y, en general para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.”
Hemos de hacer “ayuno” sobre todo “del yo”. Si te fijas, los hombres estamos continuamente con el Yo en la boca: que si me han dicho, si siempre tengo que hacerlo yo, si me tienen manía, si era mío o para mí, que si yo he metido el gol, si yo le dije y entonces .... si me apetece a mí, qué pensarán de mí, ... y mil frases más que conjugan con distintos verbos el Yo, a Mí, Mío. Y hoy, miércoles de ceniza, la Iglesia nos recuerda: polvo eres y en polvo te convertirás. ¿Sabes qué quiere decir eso? Dios creó el cuerpo de Adán de la tierra, y nuestro cuerpo volverá a ser tierra con la muerte. Y nuestra alma volverá a Dios. La ceniza nos hace pensar en todo esto, y quitar las malas hierbas del egoísmo… la Virgen, la muy humilde, nos ayudará a concretar esas armas para la lucha.

2. El profeta Joel - después del exilio seguramente- cree llegado el momento de insistir en su llamamiento a la penitencia y a la conversión del corazón a través "del ayuno, llanto y luto". Lo que hay que rasgar son "los corazones y las vestiduras", por este orden. Nada nuevo añadirá el Nuevo Testamento a esta concepción de la penitencia. Jesús se hará eco de Joel cuando diga a sus discípulos: "Cuando ayunéis..."
El castigo de la plaga de langostas puede convertirse así en una bendición, palabra que incluye todo lo que el hombre puede desear, especialmente la vida y la abundancia de bienes: no faltará la lluvia en la siembra ni en primavera, época en que grana el trigo, «porque os dará la lluvia tardía con regularidad» testimonio de la fidelidad de Dios.
Cuando tuvimos la imposición de ceniza en el cole, los más pequeños querían que les “echara” agua bendita a ellos también. Eso dice el salmo: “limpia mi pecado. Rocíame con el hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír el gozo y la alegría… Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa». Hazme sentirme limpio. Hazme sentirme perdonado, aceptado, querido. Si mi pecado ha sido contra ti, mi reconciliación ha de venir de ti. Dame tu paz, tu pureza y tu firmeza. Dame tu Espíritu, que vea ante el espejo de la verdad. Mata, Dios mío, el gusano de mal que hay en mí; / haz de mí mariposa de tu agrado, / y que pueda volar con libertad / en nuevo paraíso. / Transforma, oh Dios, la fiera que hay en mí; / conviérteme en la persona que Tú sueñas: / sensible, generosa, solidaria, / lléna mi corazón de santo Espíritu... / y te cantaré mi amor (Caritas).
3. "Cristo murió por todos". La muerte de Cristo tenga ese carácter vicario y supletorio, y nos atrae a la salvación "aquel que por ellos murió y resucitó". Vencedor pionero de la muerte, pues "si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe estaría vacía" (1 Cor 15,14), nos invita a vivir lo nuevo: "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es". Es la novedad de la vida en Cristo: "Para el que está en Cristo aparece una creación nueva; se destruyen las cosas viejas, todas las cosas se renuevan".
Para ello, se nos invita a hacer el itinerario de la reconciliación, con Cristo, "que no conociendo pecado, Dios lo hizo pecado para que en él llegáramos nosotros a ser justicia de Dios".
Llucià Pou Sabaté

lunes, 11 de febrero de 2013


5ª semana, martes (impar): el amor a los padres está relacionado con el amor creador y redentor de Dios, y la felicidad nuestra está en corresponder al amor con sinceridad
« (…) Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con las manos impuras? Él les respondió: Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está bien lejos de mí. En vano me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos. Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres. Y les decía: ¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldiga al padre o a la madre, sea reo de muerte. Vosotros, en cambio, decís: si dice un hombre al padre o a la madre, “lo que de mi parte pudieras recibir sea Corbán”, que significa ofrenda, ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre; con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas semejantes a éstas» (Marcos 7, 1-13).
1. Se reúnen junto a Jesús y le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?»
Él les llama hipócritas, por muchas razones… y les dijo con palabras de Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí... Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.» Les hace ver que no respetan a los padres con excusas religiosas. Aquellos fariseos buscaban tener las “manos limpias” pero Dios mira si tenemos las “manos llenas” de amor. Engañaban con excusas piadosas, incluso dejaban sin atender a sus padres porque habían ofrecido el dinero al templo: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!»
Te veo, Jesús, como intérprete auténtico de la Ley; por eso explicas el justo sentido del cuarto mandamiento, deshaciendo el lamentable error del fanatismo judío. «Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’»: el cuarto mandamiento recuerda a los hijos las responsabilidades que tienen con los padres. Tanto como puedan, les han de prestar ayuda material y moral durante los años de la vejez y durante las épocas de enfermedad, soledad o angustia. Tú, Jesús, recuerdas este deber de gratitud. El respeto hacia los padres (piedad filial) está hecho de la gratitud que les debemos por el don de la vida y por los trabajos que han realizado con esfuerzo hacia los hijos, para que éstos pudieran crecer en edad, sabiduría y gracia. «Honra a tu padre con todo el corazón, y no te olvides de los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido. ¿Qué les darás a cambio de lo que han hecho por ti?» (Sir 7,27-28). El Señor glorifica al padre en sus hijos, y en ellos confirma el derecho de la madre. Quien honra al padre expía los pecados; quien glorifica a la madre es como quien reúne un tesoro (cf. Sir 3,2-6). Todos estos y otros consejos son una luz clara para nuestra vida en relación con nuestros padres. Pidamos al Señor la gracia para que no nos falte nunca el verdadero amor que debemos a los padres y sepamos, con el ejemplo, transmitir al prójimo esta dulce “obligación” (Iñaki Ballbé).
Ya sabemos que no se puede devolver a los padres todo lo que hacen… con frecuencia, una madre puede sentir en su interior como un desencanto, al ver que ese amor hacia sus hijos no es suficientemente correspondido por ellos. Pues podemos aprovechar ese discernimiento, para devolver a nuestra madre ese amor, si la tenemos en la tierra, y en cualquier caso, cuando nos damos cuenta vemos que es algo que hay que devolverlo “hacia delante”, hacia los hijos, pasar el testigo…
2. La narración de la Creación está reelaborado en los ambientes sacerdotales del exilio en Babilonia (VI a.C.). La historia humana, no únicamente la de Israel, es conducida por Dios. El relato se desarrolla en pórticos llamados días, en forma de mito, sin embargo podemos ver una ilustración de la religión, o desmitologización: se nos revela que Dios no forma parte del mundo y éste está en sus manos.
Siguen hoy los días de la creación, con su ritmo en la creación de sus criaturas, hasta llegar al punto central de la antropología, la persona como imagen de Dios: -"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". El hombre tiene su lugar en la cima de la pirámide, pues recoge este capítulo las tradiciones de la época de los arquitectos y zigurats, se representa ascendiendo la obra divina, para culminar en la persona, creatura que está más cerca de Dios, con capacidad creadora, por ser él quien puede tomar conciencia de la presencia y de la acción de Dios y porque puede interpretar el mundo como obra suya y así elevar sacerdotalmente hacia él ese reconocimiento.
Y Dios vio que lo que había hecho era muy bueno, como la cumbre de la creación: todo lo demás -animales, plantas- estaba al servicio del hombre y la mujer. El día séptimo «descansó Dios de todo el trabajo que había hecho». En la semana judía, el sábado («sabbat» significa «descanso»). Todo procede de Dios y que todo lo ha pensado para bien de la raza humana. El salmo recuerda esa misión de adorar y bendecir el amor divino. Esta primera creación la completará con la nueva y definitiva creación en Cristo, en la que nos comunicará de modo más pleno todavía la participación en su vida divina. El “Sabbat” pasa a perpetuarse en nosotros con el “domingo”, “dies dominus”, día del Señor. La creación se realiza por la salvación de Dios en la historia. A la luz de esto, la creación no debe entenderse como obra realizada en un punto del tiempo, terminada, sino como obra en curso (Edic. Marova).
Al crearnos amorosamente, de alguna manera, Dios se ha puesto en nuestras manos. Un místico alemán decía: "Dios tiene tanta necesidad de mí como yo tengo necesidad de él". El que ama necesita a la persona amada. Los humanistas ateos dicen: si admitimos la existencia de Dios, el hombre no sería libre. Es al revés: si el hombre existe, Dios ya no es libre para dejar de amarlo. El hombre puede abandonar a Dios, pero Dios no abandona al hombre. Dios no crea para adueñarse de alguien, sino sólo para dar, para compartir y para esperar. Nos espera. Nos ama de tal manera que dio su vida por nosotros.
La Pascua no es condenación de la realidad humana, no es un esperar otro mundo despreciando éste; sino un redescubrir la voluntad de Dios que quiere vida para el hombre. El paso a la mayor vida que ofrece la Resurrección de Jesús no es negación de lo que llamamos lo "natural", sino valoración para ir más allá (Joaquín Gomis).
El hombre, imagen de Dios, no existe ya para sí mismo: así como Dios es amor y comunión, nosotros existimos para Dios y los demás. Somos buscados por Dios desde el principio, tiene sed de nosotros, que a su vez tenemos sed de amor y de Dios. Nos encontramos felices al sentirnos amados, nos encontramos a nosotros mismos cuando amamos, con el don sincero de sí a los demás. Los dos sexos los ha pensado Dios en relación con el amor y la familia, y de ahí la mutua atracción entre ellos. Hombre y mujer son uno para el otro, la mujer no sale del hombre, ni la maternidad no es una maldición sino la fecundidad misma de una pareja bendecida por Dios. Si los animales les bendice para "multiplicarse según su especie", la fecundidad humana se orienta hacia poblar el mundo y "sometedlo" (Maertens-Frisque).
Adán, salido de sus manos trémulas de amor, tiene ya ese rostro que Dios ama desde la eternidad, el de su Hijo único. Adán se llama ya Jesús. Dios podía mirar lo que había hecho y reconocerse en ello, había hecho una obra hermosa. "Esto es muy bueno”: éstas son las palabras maravillosas que cierran la creación. Y Dios añadió las primeras palabras de ternura susurradas al hombre, al que amaba apasionadamente: "La fuerza con que te amo no es distinta de la fuerza por la cual existes" (Paul Claudel, El zapato de raso).
Dios y Padre creador, bendito sea tu nombre; tú nos has hecho a tu imagen y nos has moldeado a semejanza tuya. Llevamos ya estos nombres gloriosos: hijos amados, hombres nacidos de una palabra de amor. Haz que nada desfigure nuestra belleza original, sino que ésta florezca esplendorosa,
sin mancha ni arruga, en la resurrección eterna (Dios cada día, Sal Terrae).
La creación nueva instaurada por Cristo se corresponde, punto por punto, con la primera creación. Todo tiene que ser instaurado en Cristo, los seres del cielo y los de la tierra (Ef 1,10), pues el designio de Dios es recapitular todas las cosas bajo una única cabeza. En medio de este mundo en trance de renovación se sitúa al hombre (Adrien Nocent). ¡Oh Dios!, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste, concédenos resistir a los atractivos del pecado, guiados por la sabiduría del Espíritu, para llegar a las alegrías del cielo.
3. Es precioso el salmo como respuesta a ese don divino: “Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú,  ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor; le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo, y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas”. Es un resumen de nuestros sentimientos de admiración y gratitud por la obra de la creación… Parecemos tan insignificantes ante la inmensidad del universo. Sin embargo todo está a nuestro servicio. Por desgracia muchas veces nos hemos dejado dominar por las cosas pasajeras. Y hay discordias entre nosotros. Envidias. Caminos de desamor… vamos a procurar los auténticos valores que distinguen a los hijos de Dios.
Llucià Pou Sabaté

domingo, 10 de febrero de 2013


Lunes de la semana 5ª del tiempo ordinario (impar): el poder de Jesús nos toca en lo más íntimo, nos cura y salva

“Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados” (Marcos 6,53-56).

1. Jesús, te veo hoy volcado en la atención a los enfermos, una de tus misiones preferidas. Nunca dejas de ayudar a los que ves sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curas y perdonas, liberando a la persona humana de todos sus males. En verdad es cierto cuando se dice de ti: «pasó haciendo el bien». Como se nos dice hoy, «los que lo tocaban se ponían sanos». Hoy día la Iglesia quiere seguir reflejando tu corazón, Señor, con la atención a los pobres y desamparados, por ejemplo a través de Caritas. Basta ver la ayuda generosa de muchos a través de Caritas, cuando hay un desastre en algún lugar del mundo: es muy superior a la de muchos gobiernos. De ti entendemos, Señor, que la evangelización, misión fundamental de la Iglesia, va ujnida a la atención a los ancianos, débiles, enfermos, marginados en la sociedad… Ayúdame, Jesús, a ver que estás al servicio de todos, «mi Cuerpo, entregado por vosotros», y por tanto, yo también tengo que estarlo, «entregado por los demás» (cf Catecismo, 1503-1505 donde se habla de «Cristo, médico», y 1506-1510 sobre «sanad a los enfermos»: J. Aldazábal).
-“Jesús y sus discípulos atravesaron el lago; llegaron a la playa en Genesaret y atracaron. En cuanto salieron de la barca las gentes le reconocieron y corrieron de toda aquella región; y comenzaron a traer en camillas a los enfermos donde se enteraban de que El estaba”. El milagro de la multiplicación de los panes, que acaba de producirse ha suscitado el entusiasmo popular. Da la impresión de que buscas descanso para los tuyos, Señor, pero que viendo a la gente necesitada, queda éste para más tarde.
-“Adonde quiera que llegaba, en las aldeas, ciudades o granjas, colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les permitiera tocar siquiera la orla de su vestido. Y cuantos le tocaban quedaban sanos”. La ciencia médica ha progresado mucho, lleva a la práctica ese deseo tuyo, Jesús. Entonces había una concepción muy religiosa de la salud, ahora bien poco. Te pedimos ayuda, Señor, para que en nuestro tiempo tengamos también esa salud “espiritual”, esa paz y fe tan necesarias, "don de Dios".
La enfermedad y los sufrimientos que la acompañan, sitúan al hombre en una terrible inseguridad: simbolizan la fragilidad de la condición humana, sometida a riesgos inesperados e imprevisibles. La enfermedad contradice el deseo de absoluto y de solidez, que todos tenemos: y es por ello que la enfermedad guarda siempre una significación religiosa, aun para el hombre moderno. De esta inseguridad radical, los médicos no pueden curarnos. Sólo Jesús puede hacerlo, por la fe, en cuanto esperamos la curación definitiva en el más allá (Noel Quesson).
Las almas se curan también con cariño, y al verte descubrir las necesidades de los demás, Señor, te pedimos que sepamos cuidar detalles como dar una palabra de aliento al compañero de trabajo; una sonrisa a quienes suben con nosotros en el ascensor; una atención y un recuerdo en la oración para quien nos pide ayuda por la calle. Detalles de alegría con el cónyuge y los hijos, a pesar de la tensión acumulada en el trabajo (Xavier Caballero).
San Gregorio Magno (Comentario al salmo 50) comenta que “Todos los que le tocaban quedaban curados”: “Imaginémonos en nuestro interior a un herido grave, de tal forma que está a punto de expirar. La herida del alma es el pecado del que la Escritura habla en los siguientes términos: ‘Todo son heridas, golpes, llagas en carne viva, que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite’ (Is 1,6) ¡Reconoce dentro de ti a tu médico, tú que estás herido, y descúbrele las heridas de tus pecados! ¡Que oiga los gemidos de tu corazón, él para quien todo pensamiento secreto queda manifiesto! ¡Que tus lágrimas le conmuevan! ¡Incluso insiste hasta la testarudez en tu petición! ¡Que le alcancen los suspiros más hondos de tu corazón! ¡Que lleguen tus dolores a conmoverle para que te diga también a ti: ‘El Señor ha perdonado tu pecado’ (2Sm 12,13). Grita con David, mira lo que dice: ‘Misericordia Dios mío... por tu inmensa compasión’ (Sal 50,3).
”Es como si dijera: estoy en peligro grave a causa de una terrible herida que ningún médico puede curar si no viene en mi ayuda el médico todopoderoso. Para este médico nada es incurable. Cuida gratuitamente. Con una sola palabra restituye la salud. Yo desesperaría de mi herida si no pusiera, de antemano, mi confianza en el Todopoderoso”.

2. –“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Nos recuerda aquellas otras palabras: "En el principio ya existía la Palabra" (Jn 1,1).
-“La tierra era informe y vacía, las tinieblas cubrían el abismo y el Espíritu de Dios -como un viento- aleteaba por encima de las aguas”. El "caos" se transforma en orden.
-“¡Hágase la luz! Y la luz se hizo. Y Dios vio que la luz era buena.” La «luz» vence sobre las «tinieblas». Yo soy la luz del mundo, dirá Jesús. Vosotros sois la luz del mundo, dirá a los cristianos. Luego vienen las aguas...
El relato llamado “sacerdotal” con que se abre el libro del Génesis tiene una visión del cosmos según la cultura de la Antigüedad, con la tierra como centro cósmico y "hizo Dios una bóveda" celeste y están separadas las aguas que hay debajo de las aguas que hay encima. Pero ahí se nos revela la verdad sobre el origen del mundo y la existencia del hombre. Hoy día, como antiguamente, se mezcla al hombre con Dios, pero aquí vemos que Dios es distinto, Creador que con su Palabra hace todas las cosas, completando el mundo con luz y el mar y las fuentes y los ríos y así de "la tierra brotó hierba verde..." Las plantas con los árboles y las flores... Los astros con el sol y la luna y las estrellas...Todo es una maravilla.
Los niños preguntan, antes de los 11 años: “¿Cuándo nació Dios?, ¿qué había antes de Dios?”: y se nos dice que Dios crea el tiempo, para él no existe ni siquiera el “antes”, pues es obra suya. En Dios, todo es “ya”.
San Agustín nos dijo: "No se lee en el Evangelio que el Señor haya dicho; os mando el Paráclito que os enseñará cómo camina el sol y la luna. Pues quería hacer cristianos, no matemáticos". Y Galileo, comentando eso, añadió: "El Espíritu Santo en la Escritura no nos enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo".
Hay más enseñanzas: toda criatura, por ser obra de Dios es buena, ya que ha sido creada conforme a la idea ordenadora de la inteligencia divina; en el “Tapiz de la creación” que se custodia en la Catedral de Gerona se hace expresiva esa verdad, señalando que “todo era bueno”.
La persona, como obra más perfecta es “muy buena”. Tiene que cuidar de todo, y todo está a su disposición, pero su trabajo será custodiar la obra de Dios. Contemplar la creación y al Creador, como leemos en san Juan de la Cruz: “¡Oh bosques y espesuras, / plantadas por la mano del Amado! / ¡Oh prado de verduras / de flores esmaltado! / decid si por vosotros ha pasado.
”Mil gracias derramando, / pasó por estos sotos con presura. / Y, yéndolos mirando, / con sólo su figura, / vestidos los dejó de su hermosura” (Cántico espiritual). Y Fray Diego de Estella dice: "Todas tus criaturas me dicen, Señor, que te ame y en cada una de ellas veo una lengua que publica tu bondad y grandeza. La hermosura de los cielos, la claridad del sol y de la luna, la refulgencia de las estrellas, las corrientes de las aguas, las verduras de los campos, la diversidad de las flores, variedad de colores y todo cuanto tus divinas manos fabricaron, ¡oh Dios de mi corazón y esposo de mi alma! me dicen que te ame.
”Todo cuanto veo me convida con tu amor, y me reprende cuando no te amo. No puedo abrir mis ojos sin ver predicadores de tu muy alta sabiduría, ni puedo abrir mis oídos, sin oir pregoneros de tu bondad, porque todo lo que hiciste me dice, Señor, quién eres. Todas las cosas criadas, primero enseñan el amor del criador que el don".
-“Y vio Dios que todo era bueno”.

3. Por eso en el salmo cantamos: “Bendice, alma mía, al Señor, / ¡Dios mío, qué grande eres! / Te vistes de belleza y majestad, / la luz te envuelve como un manto”. Es la aventura de la creación, historia de Dios con el hombre:Asentaste la tierra sobre sus cimientos, / y no vacilará jamás; / la cubriste con el manto del océano, / y las aguas se posaron sobre las montañas”. «Hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones» (plegaria eucarística IV).
“De los manantiales sacas los ríos, / para que fluyan entre los montes; / junto a ellos habitan las aves del cielo, / y entre las frondas se oye su canto”. Y Dios lo hace bien, para que el hombre encuentre un mundo armónico, hermoso, capaz de darle felicidad: la luz, el agua, el día y la noche: “Cuántas son tus obras, Señor, / y todas las hiciste con sabiduría; / la tierra está llena de tus criaturas. / ¡Bendice, alma mía, al Señor!”
         Llucià Pou Sabaté

Lunes de la semana 5ª del tiempo ordinario (impar): el poder de Jesús nos toca en lo más íntimo, nos cura y salva

“Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados” (Marcos 6,53-56).

1. Jesús, te veo hoy volcado en la atención a los enfermos, una de tus misiones preferidas. Nunca dejas de ayudar a los que ves sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curas y perdonas, liberando a la persona humana de todos sus males. En verdad es cierto cuando se dice de ti: «pasó haciendo el bien». Como se nos dice hoy, «los que lo tocaban se ponían sanos». Hoy día la Iglesia quiere seguir reflejando tu corazón, Señor, con la atención a los pobres y desamparados, por ejemplo a través de Caritas. Basta ver la ayuda generosa de muchos a través de Caritas, cuando hay un desastre en algún lugar del mundo: es muy superior a la de muchos gobiernos. De ti entendemos, Señor, que la evangelización, misión fundamental de la Iglesia, va ujnida a la atención a los ancianos, débiles, enfermos, marginados en la sociedad… Ayúdame, Jesús, a ver que estás al servicio de todos, «mi Cuerpo, entregado por vosotros», y por tanto, yo también tengo que estarlo, «entregado por los demás» (cf Catecismo, 1503-1505 donde se habla de «Cristo, médico», y 1506-1510 sobre «sanad a los enfermos»: J. Aldazábal).
-“Jesús y sus discípulos atravesaron el lago; llegaron a la playa en Genesaret y atracaron. En cuanto salieron de la barca las gentes le reconocieron y corrieron de toda aquella región; y comenzaron a traer en camillas a los enfermos donde se enteraban de que El estaba”. El milagro de la multiplicación de los panes, que acaba de producirse ha suscitado el entusiasmo popular. Da la impresión de que buscas descanso para los tuyos, Señor, pero que viendo a la gente necesitada, queda éste para más tarde.
-“Adonde quiera que llegaba, en las aldeas, ciudades o granjas, colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les permitiera tocar siquiera la orla de su vestido. Y cuantos le tocaban quedaban sanos”. La ciencia médica ha progresado mucho, lleva a la práctica ese deseo tuyo, Jesús. Entonces había una concepción muy religiosa de la salud, ahora bien poco. Te pedimos ayuda, Señor, para que en nuestro tiempo tengamos también esa salud “espiritual”, esa paz y fe tan necesarias, "don de Dios".
La enfermedad y los sufrimientos que la acompañan, sitúan al hombre en una terrible inseguridad: simbolizan la fragilidad de la condición humana, sometida a riesgos inesperados e imprevisibles. La enfermedad contradice el deseo de absoluto y de solidez, que todos tenemos: y es por ello que la enfermedad guarda siempre una significación religiosa, aun para el hombre moderno. De esta inseguridad radical, los médicos no pueden curarnos. Sólo Jesús puede hacerlo, por la fe, en cuanto esperamos la curación definitiva en el más allá (Noel Quesson).
Las almas se curan también con cariño, y al verte descubrir las necesidades de los demás, Señor, te pedimos que sepamos cuidar detalles como dar una palabra de aliento al compañero de trabajo; una sonrisa a quienes suben con nosotros en el ascensor; una atención y un recuerdo en la oración para quien nos pide ayuda por la calle. Detalles de alegría con el cónyuge y los hijos, a pesar de la tensión acumulada en el trabajo (Xavier Caballero).
San Gregorio Magno (Comentario al salmo 50) comenta que “Todos los que le tocaban quedaban curados”: “Imaginémonos en nuestro interior a un herido grave, de tal forma que está a punto de expirar. La herida del alma es el pecado del que la Escritura habla en los siguientes términos: ‘Todo son heridas, golpes, llagas en carne viva, que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite’ (Is 1,6) ¡Reconoce dentro de ti a tu médico, tú que estás herido, y descúbrele las heridas de tus pecados! ¡Que oiga los gemidos de tu corazón, él para quien todo pensamiento secreto queda manifiesto! ¡Que tus lágrimas le conmuevan! ¡Incluso insiste hasta la testarudez en tu petición! ¡Que le alcancen los suspiros más hondos de tu corazón! ¡Que lleguen tus dolores a conmoverle para que te diga también a ti: ‘El Señor ha perdonado tu pecado’ (2Sm 12,13). Grita con David, mira lo que dice: ‘Misericordia Dios mío... por tu inmensa compasión’ (Sal 50,3).
”Es como si dijera: estoy en peligro grave a causa de una terrible herida que ningún médico puede curar si no viene en mi ayuda el médico todopoderoso. Para este médico nada es incurable. Cuida gratuitamente. Con una sola palabra restituye la salud. Yo desesperaría de mi herida si no pusiera, de antemano, mi confianza en el Todopoderoso”.

2. –“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Nos recuerda aquellas otras palabras: "En el principio ya existía la Palabra" (Jn 1,1).
-“La tierra era informe y vacía, las tinieblas cubrían el abismo y el Espíritu de Dios -como un viento- aleteaba por encima de las aguas”. El "caos" se transforma en orden.
-“¡Hágase la luz! Y la luz se hizo. Y Dios vio que la luz era buena.” La «luz» vence sobre las «tinieblas». Yo soy la luz del mundo, dirá Jesús. Vosotros sois la luz del mundo, dirá a los cristianos. Luego vienen las aguas...
El relato llamado “sacerdotal” con que se abre el libro del Génesis tiene una visión del cosmos según la cultura de la Antigüedad, con la tierra como centro cósmico y "hizo Dios una bóveda" celeste y están separadas las aguas que hay debajo de las aguas que hay encima. Pero ahí se nos revela la verdad sobre el origen del mundo y la existencia del hombre. Hoy día, como antiguamente, se mezcla al hombre con Dios, pero aquí vemos que Dios es distinto, Creador que con su Palabra hace todas las cosas, completando el mundo con luz y el mar y las fuentes y los ríos y así de "la tierra brotó hierba verde..." Las plantas con los árboles y las flores... Los astros con el sol y la luna y las estrellas...Todo es una maravilla.
Los niños preguntan, antes de los 11 años: “¿Cuándo nació Dios?, ¿qué había antes de Dios?”: y se nos dice que Dios crea el tiempo, para él no existe ni siquiera el “antes”, pues es obra suya. En Dios, todo es “ya”.
San Agustín nos dijo: "No se lee en el Evangelio que el Señor haya dicho; os mando el Paráclito que os enseñará cómo camina el sol y la luna. Pues quería hacer cristianos, no matemáticos". Y Galileo, comentando eso, añadió: "El Espíritu Santo en la Escritura no nos enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo".
Hay más enseñanzas: toda criatura, por ser obra de Dios es buena, ya que ha sido creada conforme a la idea ordenadora de la inteligencia divina; en el “Tapiz de la creación” que se custodia en la Catedral de Gerona se hace expresiva esa verdad, señalando que “todo era bueno”.
La persona, como obra más perfecta es “muy buena”. Tiene que cuidar de todo, y todo está a su disposición, pero su trabajo será custodiar la obra de Dios. Contemplar la creación y al Creador, como leemos en san Juan de la Cruz: “¡Oh bosques y espesuras, / plantadas por la mano del Amado! / ¡Oh prado de verduras / de flores esmaltado! / decid si por vosotros ha pasado.
”Mil gracias derramando, / pasó por estos sotos con presura. / Y, yéndolos mirando, / con sólo su figura, / vestidos los dejó de su hermosura” (Cántico espiritual). Y Fray Diego de Estella dice: "Todas tus criaturas me dicen, Señor, que te ame y en cada una de ellas veo una lengua que publica tu bondad y grandeza. La hermosura de los cielos, la claridad del sol y de la luna, la refulgencia de las estrellas, las corrientes de las aguas, las verduras de los campos, la diversidad de las flores, variedad de colores y todo cuanto tus divinas manos fabricaron, ¡oh Dios de mi corazón y esposo de mi alma! me dicen que te ame.
”Todo cuanto veo me convida con tu amor, y me reprende cuando no te amo. No puedo abrir mis ojos sin ver predicadores de tu muy alta sabiduría, ni puedo abrir mis oídos, sin oir pregoneros de tu bondad, porque todo lo que hiciste me dice, Señor, quién eres. Todas las cosas criadas, primero enseñan el amor del criador que el don".
-“Y vio Dios que todo era bueno”.

3. Por eso en el salmo cantamos: “Bendice, alma mía, al Señor, / ¡Dios mío, qué grande eres! / Te vistes de belleza y majestad, / la luz te envuelve como un manto”. Es la aventura de la creación, historia de Dios con el hombre:Asentaste la tierra sobre sus cimientos, / y no vacilará jamás; / la cubriste con el manto del océano, / y las aguas se posaron sobre las montañas”. «Hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones» (plegaria eucarística IV).
“De los manantiales sacas los ríos, / para que fluyan entre los montes; / junto a ellos habitan las aves del cielo, / y entre las frondas se oye su canto”. Y Dios lo hace bien, para que el hombre encuentre un mundo armónico, hermoso, capaz de darle felicidad: la luz, el agua, el día y la noche: “Cuántas son tus obras, Señor, / y todas las hiciste con sabiduría; / la tierra está llena de tus criaturas. / ¡Bendice, alma mía, al Señor!”
         Llucià Pou Sabaté