lunes, 5 de abril de 2010
Día 28º. MARTES CUARTO (16 de Marzo): Jesús es el agua que da vida; Él cura nuestra flojera, y nos hace sentirnos responsables de la curación de los demás.
da, corriente de agua milagrosa que mana del lado derecho del templo
(el lugar de la presencia de Dios y el centro del culto que le es
agradable), y todo lo inunda con su salud y fecundidad. En san Juan
este agua es el Espíritu que mana de Cristo glorificado. El agua que
da fertilidad a las aguas muertas simboliza Jesús y su Espíritu. El
río recuerda el paraíso, recuerdo de añoranza, al paraíso inicial de
la humanidad, regado por los cuatro brazos de agua, y, por otra, al
futuro mesiánico, que será como un nuevo paraíso: «Quien tenga sed,
que se acerque a mí y beba. Quien crea en mí, ríos de agua viva
brotarán de su entraña» (Jn 7,37-38). En Él se ha cumplido esta
profecía de Ezequiel; de Él nos viene la gran efusión del Espíritu que
simbolizaba el agua. Únicamente de Él nos puede venir la fecundidad,
la vida (J. Pedrós). Los santos Padres ven ahí las aguas bautismales,
las que brotan del costado abierto de Jesús en la Cruz: "esto
significa que nosotros bajamos al agua repletos de pecados e impureza
y subimos cargados de frutos en nuestro corazón, llevando en nuestro
espíritu el temor y la esperanza de Jesús" (Epístola de Bernabé).
La abundancia es imagen del cielo: la cosecha significa que Dios
reparte sus bienes… como un río que va creciendo, gracias que cada día
irrumpen en abundancia sobre la humanidad... sobre mí... "Sin cesar,
Dios vierte la abundancia de su vida en mí. ¿Qué atención presto?
¿Cómo respondo a ese don?
-¿Has visto, hijo de hombre? Efectivamente, a menudo no veo. Haz que
vea, Señor. HOY, trataré de ver ese río de gracia. En mi oración de la
noche, trataré de decir: «Gracias».
-Mira, a la orilla del torrente, a ambos lados, había gran cantidad de
árboles... toda clase de árboles frutales, cuyo follaje no se
marchitará. Todos los meses producirán frutos nuevos. Visión
maravillosa. Es el comenzar de nuevo del paraíso terrestre: el
desierto de Judá, al sur de Jerusalén se cubre «de árboles de la
vida». No dan solamente «una» cosecha, sino «doce» cosechas... ¡una
por mes! Decididamente, ¡no habrá hambre! Es un sueño.
¿Es realidad? Por contraste, no puedo dejar de pensar en los que
sufren, en los que no tienen agua, ni frutos, en los que pasan toda su
vida en la miseria. Realiza, Señor, tu promesa.
-Esta agua desemboca en el «Mar Muerto» cuyas aguas quedan
saneadas... así como las tierras en las que penetra, y la vida aparece
por dondequiera que pase el torrente.
Hay que haber visto el «Mar Muerto» y su paisaje desolado para captar
toda la metamorfosis prometida. Las aguas de este mar, verdaderamente
«muerto», tienen tal cantidad de sales, que ningún pez tiene vida en
ellas y en sus alrededores también reina la muerte.
He aquí pues un «agua nueva» que tiene como un poder de resurrección:
suscita seres vivos. Es un agua que da vida.
Su signo actual es el bautismo. En el fondo, ¿por qué no creeríamos en
esa fuerza divina? ¿Acaso no sería Dios capaz de transformar el
desierto de nuestros corazones en jardines florecientes de vida? ¡Oh
Dios, impregna nuestras vidas de tu vida! Mi bautismo es una fuente de
Vida. ¿Cómo la haría yo más abundante, más exultante, más llena de
vida? (Noel Quesson). La lectura profética nos ayuda a entender la
escena del evangelio: el agua que cura y salva, y por tanto, el
recuerdo de nuestro Bautismo, que nos prepara para la Vigilia Pascual.
"El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en
los peligros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las
montañas se desplomen hasta el fondo del mar"… lo que dice el salmo se
refiere a nuestra pequeña historia: «el correr de las acequias alegra
la ciudad de Dios... teniendo a Dios en medio, no vacila». El agua
salvadora de Dios es su palabra, su gracia, sus sacramentos, su
Eucaristía, la ayuda de los hermanos, la oración. "Los canales del Río
alegran la Ciudad de Dios… El Señor está en medio de ella… El Señor de
los ejércitos está con nosotros".
Esta agua que está en el cielo alegrando la ciudad de Dios, es también
tema del Evangelio: "Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén,
hay una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos.
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos,
paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. Había
allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al
verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús
le preguntó: "¿Quieres curarte?". El respondió: "Señor, no tengo a
nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse;
mientras yo voy, otro desciende antes". Jesús le dijo: "Levántate,
toma tu camilla y camina". En seguida el hombre se curó, tomó su
camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron
entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está
permitido llevar tu camilla". El les respondió: "El que me curó me
dijo: 'Toma tu camilla y camina'". Ellos le preguntaron: "¿Quién es
ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". Pero el enfermo
lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que
estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has
sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores
cosas todavía". El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el
que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas
en sábado".
Ya sabemos que Jesús puede hacer nuevas las leyes, porque es el nuevo
Moisés, el hijo de Dios, el Dios que había de venir... vemos también
el agua que necesitaba algo para curar, para el milagro, como el agua
de Caná y la del pozo de Jacob, también la de Betesda era estéril; no
podía curar al enfermo. Así era la ley de Moisés podía dar vida al
pecador: sólo podía acusar. Jesús pasó: "¿Quieres quedar sano?". Él
trae la libertad: como decía el profeta, la tierra es recreada; los
árboles, cuyas hojas no conocen ya los efectos del hielo, dan nuevos
frutos cada mes. Cuando Dios da el agua viva, el viejo mundo
desaparece.... Dios ha hecho que brotase del costado de su Amado
sangre y agua, río de vida que purifica todo cuanto penetra. Nuestra
vida reverdece cuando el Espíritu nos inunda. Hemos sido bautizados en
la muerte y resurrección de Jesús y pertenecemos a una tierra
liberada. Nos ha hecho atravesar el mar y nos ha sumergido en el río
de la vida. Pertenecemos al mundo nuevo. En la noche de Pascua, Cristo
enterrará nuestras obras estériles, y oiremos el grito de la victoria
(Sal Terrae).
Sobre el número 38, los años de enfermedad, San Agustín propone un
significado místico: cuarenta es el número de los días de Cuaresma que
nos traen la salud, cincuenta es el número de días ya de salud, que
siguen a Pascua, hasta Pentecostés, la paga de los trabajadores en la
viña, es la posesión de Dios. El pueblo está enfermo desde hace 38
años, le quedan dos cosas que le sanarán, dos mandamientos que la ley
de Moisés le había ya escrito en el corazón, y cuyo alcance profundo
consiguen con Cristo: "Amarás al Señor, tu Dios y al prójimo como a ti
mismo". El amor de Dios, hecho visible en la persona de Cristo, ha de
apoderarse del corazón del hombre, enfermo por el pecado, a fin de
inflamarlo y llevarlo por los caminos de la penitencia: "¡Levántate,
toma tu camilla y anda!". Es decir: "¡Levántate, recorre el camino de
la penitencia, el camino de la cruz, que lleva a Dios! Entonces serás
curado, te verás sano, tendrás la vida eterna. Entonces habrás dado el
primer paso para salir de tu enfermedad de treinta y ocho años, y al
momento, de un salto, te vas a poner no sólo en la salud de la
Cuaresma, sino también en la bendita Quincuagésima, el Pentecostés que
sigue a Pascua. Entonces vas ya a marchar sano por la tierra de Dios,
por la tierra de la verdadera vida, y tus apetitos desordenados, tus
pasiones, a los que antes estabas atado como a un lecho, quedarán
ahora dominados". Cristo desciende del cielo y como nuevo Adán toma la
"mochila" de nuestros pecados y la carga él. Remueve las aguas de
nuestro corazón, nos da su gracia en el sacramento de la
Reconciliación, fomenta en nosotros el deseo de perdón y el corazón
para perdonar. Y nos anima a nosotros a llevar este amor y este perdón
a otros, a hacer apostolado, a remover las aguas de otros corazones.
Apostolado. ¿Cuántos amigos has acercado a Dios este mes? ¿Y este año?
¿Y el año pasado? ¿Y en toda tu vida? Mucha gente se piensa que ayudar
a otras personas a ser mejores cristianos es tarea de sacerdotes y
religiosos. ¡Nada más falso! Antes de subir a los cielos, Jesús dijo
que debíamos ser testigos suyos hasta los últimos confines de la
tierra. Ser testigos suyos significa hablar de Dios a nuestros amigos,
invitarles a ir a Misa para recibir al Señor, preocuparnos y ocuparnos
de su salud espiritual, animarles a ser mejores cristianos en cosas
concretas, ayudarles a confesarse con frecuencia, rezar algo con
ellos, y un larguísimo etcétera. Puedes hablar ahora con Jesús de 3
amigos tuyos, pedirle por ellos, y ver qué puedes hacer por ayudarles
para que se acerquen a Dios (José Pedro Manglano).
Día 27º. LUNES CUARTO (15 de Marzo): las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor con nuestra fe hace maravillas, hace nuevas todas las cosas
una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a
la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo
que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a
su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a
causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni
alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que
no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al
que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y
las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos": en la película
"La Pasión" Jesús consuela a la Virgen diciéndole que en ese momento,
con su sufrimiento, hace nuevas todas las cosas. Con la muerte y
resurrección de Jesús ha comenzado ya la nueva creación, los «cielos
nuevos y la tierra nueva»; tal comienzo no se detendrá. La historia
humana sigue dominada, en gran parte, por el pecado, la corrupción y
la muerte; pero algo va cambiando. La convivencia del lobo y del
cordero significa que el odio y la hostilidad deben dar paso al amor;
la injusticia, al derecho. De hecho, los «cielos nuevos y la tierra
nueva» consisten en una nueva relación con Dios y en una nueva
justicia con los hombres. Esta existencia ha sido diseñada por el
mismo Jesús. Quien sigue sus pasos es una nueva criatura: «El que está
en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado; mirad, existe
algo nuevo» (2Cor 5,17). Significa el fin de la dependencia de poderes
mágicos. Dios es autor de esta creación, y Jesús Señor de la historia.
El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: ya nos
gustaría, pero no podemos ser hyppies, la cosa no funciona, el estado
primero de felicidad, equilibrio y armonía es más un paraíso interior,
que nos lleva al cielo que anhelamos, y en la medida que podamos
sembrar ese amor "porque el Reino de Dios está en medio de vosotros".
Rezamos en el salmo: "Yo te glorifico, Señor, porque tú me
libraste…Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre… si por la
noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría".
En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de
morir. Un funcionario le pidió: "Señor, baja antes que mi hijo se
muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre
creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le
anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había
sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le
respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le
había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a
Galilea.
Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los
tiempos». Victoria de Dios sobre el mal. Realización de la profecía de
Isaías. Otra cosa muy bonita es que Jesús no se excusó porque no
estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro. La distancia no es
ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale
del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín:
«Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para
dar»" (Octavio Sánchez). Es preciso compatibilizar nuestra misión
concreta, lo que nos toca, con la misión solidaria, ser parte de ese
"todo" que somos "todos", preocuparnos por ayudar a los que están
lejos y tienen necesidad. Y pedir con la fe de este hombre, como
recoge Josepedro Manglano esas palabras de la Madre Teresa de Calcuta,
que no aceptaba un "no": "En septiembre de 1980 estuve en el Berlín
Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo
gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que
debía quedarse allí para iniciar la labor. Habíamos solicitado el
correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía,
le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24
horas; son muy estrictos en eso... Así pues, nos pusimos a rezar
"Acordaos" a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no
había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo... Pero
como nunca aceptamos un "no" por respuesta, seguimos rezando y, al
octavo "Acordaos", volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo:
"Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse..." Le habían
concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al
día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la
Virgen". Madre mía, auméntame la fe y que me dé cuenta de que las
cosas que son para bien de Dios o de los demás, el "no" quiere decir
"sigue rezando". Tú siempre nos escuchas.
Día 26. DOMINGO CUARTO (14 de Marzo): la tierra prometida es el cielo, pero también cada vez que pedimos perdón, que nacemos de nuevo
imagen de la vida. Porque el Éxodo era una imagen de la Tierra
prometida, y nuestra Cuaresma es una preparación para la Pascua, pero
en realidad es como en miniatura una preparación de la vida que es una
preparación, camino para la Tierra Prometida de Verdad, que es el
Cielo. Pascua significa Paso, pasamos de este mundo a nuestra Casa del
Padre… Vamos a hacer los exámenes parciales bien este año, y así año a
año nos preparamos para el examen final, el gran examen, ya bien
preparados…
Cuando el pueblo de Israel llegó a la tierra prometida y comenzó a
poder comer de la comida normal, "el maná cesó desde el día siguiente,
en que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no
tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de los
productos de la tierra de Canaán". La historia de la salvación es
similar a la escalada a una montaña. Se empieza la subida y parece que
ya se toca la cima con las manos. Continúa la ascensión y van
apareciendo colinas y valles intermedios, que alejan la meta una y
otra vez. Son promesas, como etapas de una ginkana, como es nuestra
vida también, siempre hay nuevas metas que descubrir. Primero estaba
sólo Abraham; no había ni pueblo ni Ley ni tierra. Luego ya hubo
pueblo: en Egipto los clanes patriarcales se convirtieron en "pueblo
numeroso". Después, en el Sinaí, hubo Ley. Y ahora, con la entrada en
Canaán, hay tierra. Parecía que la historia había alcanzado la meta,
pero ¡no!, nosotros a treinta y dos siglos de distancia sabemos que la
gesta apenas ha hecho más que empezar. La fiesta continúa. Todo esto
es un signo de la entrada en la "tierra prometida" del cielo:
"Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra" (Mt 5,4;
edic. Marova).
Es un momento especial, como cuando suena una música solemne en las
películas, un comienzo parecido al del paso del Mar Rojo: la acción de
Dios seca las aguas, los hebreos pasan a pie sin mojarse, actúa el
brazo fuerte de Yahvé. Se nos muestra la potencia salvadora de Dios en
favor de su pueblo y la continuidad de la protección de Yahvé. La
presencia del arca delante del pueblo, símbolo de la presencia de
Dios, nos muestra cómo el Señor guía a su pueblo (al igual que la
columna de fuego o la nube, que precedía a los israelitas en el
desierto), y la superación de un obstáculo muy difícil indica la
eficacia de una fe que sabe confiar en Dios. Ya han llegado a la
tierra prometida, y lo mismo que la fiesta de la Pascua acompañó el
Éxodo, también ahora la celebran los israelitas al acampar en esa
tierra. La fiesta de la Pascua cierra y conmemora la salvación de
Yahvé en los días del desierto desde Egipto a Palestina. Se cierra
también el tiempo del maná; ahora cambia el estilo de vida: los frutos
de la tierra serán en adelante la riqueza y el alimento del pueblo en
la patria que Dios les ha dado. El paso del Jordán fue importante y
cuando Jesús sea allí bautizado será el gran paso de la pascua
definitiva, realizada por Cristo, representante del nuevo pueblo de
Dios, que lo hace llegar a la tierra prometida de la gloria. El
desierto representa para nosotros esta vida, con sus problemas, dudas,
debilidades y esperanzas; el Jordán es el paso pascual de la muerte y
de la resurrección del creyente incorporado a Cristo, y la tierra
prometida es nuestra última meta: la gloria y la felicidad eternas (J.
M. Vernet).
"Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!",
canta el salmo: "He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha
librado de todos mis temores... Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y
le salva de todas sus angustias". Los "pobres", los "desgraciados",
los "humildes", los "corazones que sufren", son proclamados
"dichosos", ¡en tanto que los ricos son tildados de "desprovistos"!
"Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los
Cielos", dirá Jesús… y María, en su oración "Magnificat", también dice
algo parecido. Otro día Jesús dirá: "Padre, te doy gracias porque
revelaste estas cosas a los pobres y humildes y las ocultaste a los
sabios y prudentes" (Lucas 10,21). San Juan cita este salmo cuando al
explicar que se atravesó el costado de Jesús en la cruz en lugar de
romperle las piernas como se hizo con los otros crucificados dice:
"esto sucedió para que se cumpliera la escritura que dice: no le
romperán ni uno solo de sus huesos" (Juan 19,36). ¡Jesús, el pobre por
excelencia, nos invita a escuchar su "acción de gracias" porque el
Padre "vela sobre El y guarda cada uno de sus huesos". La Biblia nos
invita a hacer una lectura más profunda. Hay que pensar en Jesús al
escuchar al salmista que dice, como la cosa más natural: "las pruebas
llueven sobre el justo, pero cada vez el Señor lo libra y vigila sobre
cada uno de sus huesos... Ni uno solo de ellos será roto". Tan sólo la
resurrección dará final cumplimiento a esta promesa (Noel Quesson).
"Un desgraciado gritó: Dios lo escucha".
"El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es
nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo
y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo
estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las
transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de
la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios
exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos:
¡reconciliaos con Dios! A quien no conoció pecado, le hizo pecado por
nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él". Las
barreras que dividen a los hombres y los clasifican ya no existen para
el que está en Cristo y es una criatura nueva. Al morir Cristo por
todos y en lugar de todos, es como si todos hubieran muerto en Cristo.
Al pagar con su sangre nuestro rescate, todos somos de Cristo. Se
acabó lo antiguo. Los que creen en Cristo y saben que ahora le
pertenecen experimentan en sí mismos la fuerza de la resurrección, la
nueva vida. Son criatura nueva. El principio de esta segunda creación,
el principio de esta nueva vida, es Cristo resucitado. Pablo dice que
Cristo se hizo "pecado" por nosotros, no que hiciera pecados. Esto es,
tomó sobre sí la culpa de todo el mundo. Contemplar el gran amor de
Jesús por mí puede servirnos para fomentar el dolor de amor, y evitar
los pecados.
-"¿Qué crimen tan brutal ha cometido este hombre, que ha tenido que
pagarlo con una muerte tan horrorosa?", preguntó un mahometano a un
sacerdote refiriéndose a un crucifijo que tenía en la mesa.
-"Él no cometió ningún crimen -respondió éste-; era completamente inocente".
-"Pues, ¿Quién lo clavó en este madero?"
-"Fuimos nosotros los hombres quienes lo hicimos con nuestros pecados"
-exclamó con tristeza el sacerdote.
-"Ahora comprendo -añadió lleno de compasión el mahometano- por qué
tienes siempre la imagen del crucificado".
¿Has pensado alguna vez que el pecado supone volver a crucificar al
Señor? El Señor espera, una vez que nos ha redimido, que le amemos con
obras. Y amar a Dios supone también decirle muchas veces: ¡lo siento!
Procura, cuando vayas a preparar tu confesión, pedir mucho perdón a
Jesús por los pecados, y también pídele que te dé dolor por ellos,
dolor de amor. Si tienes a mano un crucifijo ahora, puedes hablar con
Jesús en la Cruz comentando esto; Jesús, que no me acostumbre a verte
crucificado; cada vez que vea un crucifijo trataré de acordarme de
decirte: ¡Te amo! Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has
leído (José Pedro Manglano).
Leemos este domingo la parábola del hijo pródigo, que salió el día 18
(sábado de la 2ª semana). Puedes leerlo allí otra vez. Las
motivaciones del arrepentimiento del hijo menor no son particularmente
puras, y volvió ¿porque añoraba la casa del padre, o porque tenía
hambre? Es igual, el padre lo espera y lo perdona, se pone contento de
que vuelva, que es lo importante. Pero en el momento en que ese amor
alcanza su fiesta, entra en escena el hermano mayor, el cascarabias,
el aguafiestas. El padre tiene que intentar ahora reconciliar a los
hermanos entre sí, que es otro aspecto de la penitencia: perdón con
Dios y hacer las paces con los hermanos: el mayor, comido por la
envidia, rechaza esa mezcla con el pecador de la misma forma que los
escribas y los fariseos. El hermano mayor se comporta además con el
mismo orgullo que el fariseo en el Templo (el de ayer), con el mismo
desprecio hacia el otro (comparar "este hijo tuyo..." y "este
publicano"). En cuanto al hijo menor, su oración se parece a la del
publicano. Por tanto, esta parábola, lo mismo que la del publicano y
el fariseo, trata de justificar la benevolente acogida que Cristo
dispensa a todo los hombres, incluso a los pecadores.
Esta parábola del "padre bondadoso" sigue las otras que dice Jesús
sobre el perdón, y deja ir un grito de gozo: "¡Alegraos conmigo!".
"¡Alegraos, porque he hallado lo que había perdido!". En las otras,
Dios es el pastor que encuentra la oveja perdida, o la mujer que barre
su casa hasta encontrar la moneda perdida, aquí también el padre no
deja de buscar lo que es suyo (el padre salía todos los días a otear
el horizonte). Y cuando lo encuentra, explota la alegría. Y quiere que
todos se alegren con él. Está claro de qué habla Jesús: "¡Este perdona
los pecados!". Pero hay uno que no se entera.
El padre se encuentra -así la parábola- con que el hijo "fiel" no
entiende que ha llegado la hora del júbilo; no puede comprender por
qué su padre "ha tirado la casa por la ventana" cuando vuelve su
hermano perdido. Es llamativo el peculiar alarde sobre su propia
"fidelidad". Pero esa permanencia en la casa del padre no le había
llevado aún a la confianza y a la alegría con él y en él, sino a una
espera por recibir un buen sueldo de obrero. El padre le ruega, sin
embargo, que se reconozca como hijo, y lo abraza, y le dice que "todo
lo mío es tuyo". Y también que se reconozca hermano de ese "mi" hijo
que es "tu" hermano, el que ha vuelto de las miserias extrañas a
nosotros...
En segundo plano, el mayor aprende que no será amado por su Padre si,
a su vez, no recibe al pecador; es la condición del padrenuestro… el
padre amoroso espera que no se le limite en su misericordia, porque
para que nos pueda personar necesitamos abrir el corazón, y perdonar a
los demás. No es él quien excluye al mayor, sino que es éste quien se
excluye a sí mismo porque no ama a su hermano, es como si uno no
quiere jugar el partido: no puede meter goles.
La parábola del hijo pródigo constituye una excelente iniciación al
período de penitencia. Se precisa en primer término que los dos hijos
son pecadores: así es la condición humana. Pero uno lo sabe y monta su
actitud en función de ese conocimiento; el otro se niega a reconocerlo
y no modifica en nada su vida. Dios viene para el uno y para el otro:
sale al encuentro del más pequeño, pero también al encuentro del
mayor; Dios viene para todos los hombres, para los pecadores que saben
que lo son y para los que no lo saben; no viene solo para una
categoría de hombres.
En el pequeño que vuelve vemos que comienza con lo que se llama la
"contrición imperfecta" o "atrición": miedo a las penas del infierno…
el pequeño se convierte porque es desgraciado y porque, al fin de
cuentas, el ambiente de la casa paterna vale mucho más que criar
puercos. Hace examen-de-conciencia ("entrando en sí mismo") y prepara
incluso el texto de la confesión que hará a su padre. Pero el
descubrimiento del penitente que se lanza por el camino de retorno a
Dios es el advertir que Dios sale a su encuentro con una bondad tal
que el penitente pierde el hilo conductor de su discurso de confesión
y se distrae. Los papeles se han cambiado: ya no es la contrición del
penitente lo que cuenta y constituye lo esencial de la actitud
penitencial, sino el amor de Dios y su perdón. El sacerdote no hace
más que encaminar a alguien hacia la alegría del Padre
(Maertens-Frisque). Y entonces nos valoramos más, porque el hijo menor
se sentía indigno de llevar el nombre de "hijo", quería ser tratado
como un "jornalero". Pero el Padre-Madre no lo tolera. Cuando estamos
sin Dios no nos valoramos, nos descuidamos. Cuando alguien no se cuida
es que no le cuidan, no se siente querido. Y no se valora. Al sentirse
querido, deja de vestirse mal, redescubre, más que nunca, su condición
filial. Por eso, él también abraza y se conmueve y entra en Casa.
Deseo de hogar. Volver al niño que todos llevamos dentro, nacer de
nuevo...
Día 25º. SÁBADO TERCERO: la misericordia divina se vuelca en nuestro corazón, cuando nos dejamos querer por Dios y llenar de su misericordia
caminos de Dios, pero una conversión que esta vez vaya en serio, pues
el pueblo volvía una y otra vez a sus desvaríos. Una vez más se nos
dice en qué ha de consistir la conversión: no en ritos exteriores,
sino en la actitud interior de la misericordia, esa es la luz del
alma: «su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la
luz». Lo que Dios espera de nosotros es que le amemos. «Es amor lo que
quiero». Un amor que se transforme en misericordia, a imagen de Dios,
y que empape todos los actos de nuestras vidas. "¡Ea, volvamos al
Señor!... él nos curará… él nos vendará. En dos días nos sanará, el
tercero nos resucitará y viviremos delante de Él. Esforcémonos por
conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge
como la luz…" es la iluminación que Dios ha puesto en el corazón, y
que sigue diciendo que "quiero misericordia y no sacrificios,
conocimiento de Dios más que holocaustos".
El salmo 50, penitencial, es un canto del pecado y del perdón, del
"corazón nuevo" y del "Espíritu" de Dios infundido en el hombre
redimido. Vemos al señor oscuro, la región tenebrosa del pecado, pero
sobre todo vemos que si el hombre confiesa su pecado, Dios lo
purificar con su gracia. A través de la confesión de las culpas se
abre un horizonte de luz en el que Dios actúa. El Señor elimina el
pecado, y vuelve a crear la humanidad pecadora a través de su Espíritu
vivificante: infunde en el hombre un "corazón" nuevo y puro, es decir,
una conciencia renovada, y le abre la posibilidad de una fe límpida y
de un culto agradable a Dios. Orígenes habla de una terapia divina:
"Al igual que Dios predispuso los remedios para el cuerpo de las
hierbas terapéuticas sabiamente mezcladas, así también preparó para el
alma medicinas con las palabras infusas, esparciéndolas en las divinas
Escrituras... Dios otorgó también otra actividad médica de la que es
primer exponente el Salvador, quien dice de sí: "No tienen necesidad
de médico los sanos; sino los enfermos". Él es el médico por
excelencia capaz de curar toda debilidad, toda enfermedad". Dice así:
"Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra
mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado…
Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y
humillado Tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de
Jerusalén: entonces aceptaras los sacrificios rituales, ofrendas y
holocaustos". Lourdes, una madre que ya he citado más arriba, escribía
en el blog: "Alguien a quien queremos mucho dijo una vez "soñad y os
quedareis cortos". Es cierto, qué sabio consejo, en todos los sueños
que consiste en cumplir la voluntad de Dios siempre ha sido como un
breve anuncio para el bello largometraje que me tenian preparado desde
cielo.
Solo he encontrado un solo sueño que lo catalogo como "sueño
imposible" y es el de poder convercer al feo (Maligno) de que el Bueno
es muy Bueno y no entiendo por qué le tiene tanta manía a Él y a sus
asuntos.
Como en los tiempos que estamos las cosas están así porque Dios lo
permite, solo puedo hacerlo callar de una forma, y es yendo y llevando
gente a la confesión. Cuando penetra en el alma la gracia de la
confesión, hace palanca y ya los pecadores como yo solo nos tenemos
que enganchar en el otro extremo de la palanca para levantar el alma.
Mi gran pena es la siguiente. Este sacramento lo llamo el adormecido:
lo tratan de callar, de disimular y lo que me duele es que es callado
por quienes pueden realizarlo (evidentemente no todos los sacerdotes).
No se dan cuenta del poder que tienen, es un poder para ser
humildemente-soberbios.
Si por un momento pudieran entrar dentro de mis sentimientos y
vivieran mi incapacidad a la hora de hablar de Dios si no ha penetrado
la gracia de la confesión, se tomarían más en serio la difusión de
este sacramento (sacramento de Vida).
Mientras no ha penetrado la Gracia de Dios en el alma, cuando hablo a
mis amigas les tengo que hablar en otro idioma, pues no consigo nada,
pero una vez penetrada la Gracia de Dios comenzamos a soñar y nuestro
sueño es el de llevar nuestra alma a Dios PADRE, y como ya sabéis
"soñaréis y os quedareis cortos", al final terminamos llevando las
almas de nuestros maridos, la de nuestros hijos, la de las amigas de
nuestras amigas..."
El perdón divino "borra", "lava", "limpia" al pecador y llega incluso
a transformarlo en una nueva criatura de espíritu, lengua, labios,
corazón transfigurados. "Aunque nuestros pecados fueran negros como la
noche -afirmaba santa Faustina Kowalska-, la misericordia divina es
más fuerte que nuestra miseria. Sólo hace falta una cosa: que el
pecador abra al menos un poco la puerta de su corazón... el resto lo
hará Dios... Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia
termina".
"Jesús dijo a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los
demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno
fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de
esta manera:
-'¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres,
rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno
dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias'.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a
alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:
-'¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!'.
Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el
que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».
No basta la oración, sacrificios, la limosna, y no darnos cuenta de
que lo principal que se nos pide es algo interior: la misericordia, el
amor a los demás. Importa tener buen corazón, aunque hayan sido
grandes los fallos, como Dimas el buen ladrón, que sabe pedir perdón:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42), y con
una jaculatoria consigue el cielo, el Señor responde con un premio
"rápido": «En verdad te digo, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso»
(Lc 23,43). Jesús no tiene "memoria", no se acuerda de que hay
purgatorio… pienso que se lo adelantó por el sufrimiento en la cruz,
como un examen que se elimina con parciales. Estos días veremos otros
ejemplos: Magdalena, Zaqueo, Mateo…
El peligro del fariseísmo es estar en regla con Dios, sentirse seguro.
Y en cambio lo seguro es estar en manos de Dios, reconocer el pecado:
"Ten misericordia de mí que soy un pecador". Señor, ayúdame a saber
reconocer mis pecados, mis miserias. Devuelve el valor y el ánimo a
todos los desesperados. Que nadie dude de tu amor a pesar de todas las
apariencias contrarias. Jesús, revélate tal como eres, a todos
nosotros, pobres pecadores (Noel Quesson). Que sepa ir como el
publicano, y saludar Sagrarios. Muchos decían a santa Teresa que les
hubiese gustado vivir en los tiempos de Jesús. Ella les respondía que
no entendía bien por qué, pues poca o ninguna diferencia había entre
aquel Jesús y el Jesús que está en el Sagrario. Vamos a quedarnos con
esta alegría, de que Jesús esté ahí…
Dale gracias por haberse quedado. Pero dáselas con obras. Cada vez que
haces una genuflexión delante del Sagrario, que la hagas bien y
diciéndole por dentro: ¡te amo, Jesús; gracias! Que comulgues bien
preparado y muchas veces, siempre que te sea posible. Que le visites
todos los días...
Si cuando realizas un viaje en coche, en metro, en autobús, te fijaras
en la cantidad de iglesias que dejas por el camino, te darías cuenta
de que el Señor está en muchos sagrarios que te pasan desapercibidos.
Pero no hace falta irse de viaje. Tenemos al Señor muy cerca de
nosotros: en el oratorio del colegio, en la iglesia que podamos tener
al lado de casa...
Te recomiendo un propósito: cada vez que pases cerca de una iglesia
dile al Señor en el sagrario: ¡Jesús, sé que estás ahí!; o le puedes
rezar una comunión espiritual: Yo quisiera, Señor, recibiros, con
aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra
Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos. Continúa
hablándole a Dios con tus palabras (José Pedro Manglano).
Y no nos preocupemos si no hacemos todo bien, si no estamos "en
regla". Aunque no correspondamos bien, Dios se mueve a base de
"misericordia" ("jésed" que significa también "lealtad", "fidelidad",
"piedad" y "gracia"...): "Indica la dulzura de un lenguaje común, algo
así como esa atmósfera de entendimiento en el amor que tienen quienes
comparten unas mismas convicciones, unos mismos afectos, es decir: los
que están en comunión. Cuando el Señor dice: "yo quiero jésed y no
sacrificios", está refiriéndose a esa relación entrañable de
proximidad y amor. Los "sacrificios" son un modo de establecer un
pacto con Dios, un modo de negociar con él. Y eso es detestable para
quien quiere que exista una atmósfera de amor y comunión. Por eso la
"jésed" va unida a la "da-aht", que suele ser traducida por
"conocimiento" de Dios". El amor no entiende de "te doy para que me
des" (""Da-aht" alude a "estar despierto", "ser consciente, abrir los
ojos, darse cuenta". El sacrifico y el holocausto tienen una lógica
que puede volverse ciega y mezquina en su repetición: hago esto y Dios
hará aquello. Es necesario tener "da-ath"; es preciso estar
conscientes, darse cuenta de Quién es el que nos llama y con Quién
estamos tratando. No es una ley anónima, no es una energía sin nombre,
no es destino ciego: es el Dios vivo y verdadero y hay que saber Quién
es él y qué quiere para agradarle y vivir la "jésed" que él espera de
nosotros").
El amor es lo que marca las distancias, los conceptos de lo cercano y
lo lejano. "El fariseo se creía cercano y estaba muy lejos; el
publicano parecía distante pero su oración, que era apenas un susurro,
alcanzó los oídos del Altísimo. Hemos de pedir misericordia para
todos: para el publicano que somos y para el fariseo que duerme en
nosotros (Fray Nelson).
El Señor se conmueve y derrocha sus gracias ante un corazón humilde.
La ayuda de la Virgen Santísima es nuestra mejor garantía para ir
adelante en este punto. Cuando contemplamos su humilde ejemplo,
podemos acabar nuestra oración con esta petición: "Señor, quita la
soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme
yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad
sea la identificación contigo" (San Josemaría Escrivá).
Día 24º. VIERNES TERCERO (12 de Marzo): el amor de Dios está por encima de todo; dejarnos amar por Él, dejar que brote de nuestro corazón, como una fuente, el amor a los demás
volviendo dulce hasta cantar el amor de Dios, que siempre es fiel,
aunque los hombres no lo sean: "Israel, vuelve al Señor, tu Dios…
Decidle: Perdona todas nuestras culpas para que recobremos la
felicidad y te ofrezcamos en sacrificio palabras de alabanza". Los
muchos juegos no nos pueden llenar el corazón, ni la wii, ni nada:
"Asiria no nos puede salvar; no montaremos ya en los caballos, y no
diremos más «dios nuestro» a la obra de nuestras manos, pues en Ti
encuentra compasión el huérfano". Y en cuanto decimos: "perdona" ya
está todo arreglado… "este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la
vida, se había perdido y se le ha encontrado" (Lc 15,32). Quien no
encuentra el camino de Dios, quien no se deja hallar como oveja
perdida, pierde el sentido de la vida (F. Raurell). "Yo los curaré de
su apostasía, los amaré de todo corazón", el Señor es como un
jardinero que nos cuida: "Seré como el rocío para Israel; él florecerá
como el lirio y echará sus raíces como el olmo. Sus ramas se
extenderán lejos, hermosas como el ramaje del olivo, y su fragancia
será como la del Líbano. Volverán a sentarse en mi sombra; cultivarán
el trigo, florecerán como la viña y su renombre será como el del vino
del Líbano… Yo lo atenderé y lo protegeré. Yo soy como un pino siempre
verde; de mí procede todo fruto". Florecerán como la vid; su renombre
será como el del vino del Líbano. Sorprendente acumulación de imágenes
de prosperidad y de felicidad. Frescor. Fecundidad. Belleza.
Fragancia. Flores. Solidez. Hay que "saborear" cada una de las
imágenes: el rocío... el lirio... el árbol frondoso... el vino... los
perfumes... las frutas... Y estamos en plena cuaresma, en medio de la
cuaresma. ¡Y Dios nos promete todas esas cosas!" (Noel Quesson). "Que
el sabio comprenda estas cosas, que el inteligente las entienda,
porque los caminos del Señor son rectos; por ellos caminarán los
justos, mas los injustos tropezarán en ellos". Oseas era también el
profeta y el poeta del amor. Ese amor es aún más hermoso. No es sólo
un amor que promete la felicidad, si se es fiel. Es un amor que
perdona y que pide «Volver». Nos dice: «¡Vuelve!». Como dos esposos
que se perdonan. Como dos amigos que reemprenden su amistad después de
una temporada de frialdad. He de escuchar esas palabras de ternura.
La roca del agua en el desierto, y el camino de Dios son como el hilo
de las lecturas de esta semana. Todo nos lleva a hacer la voluntad
divina, vivir el mandamiento del amor. Además, Jesús, al hombre
"espiritual, lo sació con miel, y no con agua, para que los que crean
y reciban este alimento tengan la miel en su boca" (Orígenes), como
hemos dicho con el salmo: "Oigo un lenguaje desconocido:… Clamaste en
la aflicción, y te libré, te respondí oculto entre los truenos, te
puse a prueba junto a la fuente… ¡ojalá me escuchases Israel! No
tendrás un dios extraño, …yo soy el Señor, Dios tuyo, que saqué del
país de Egipto; abre la boca que te la llene… te alimentaría con flor
de harina, te saciaría con miel silvestre". Siempre hay una referencia
al desierto, porque fue una experiencia fuerte de desierto, de Dios.
"Uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta
pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le
contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es
el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo
es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento
mayor que éstos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él
es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón,
con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo
como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y
Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás
lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle
preguntas".
La Ley de Cristo es el amor a Dios y al prójimo. San Bernardo dice que
el amor no necesita que "sirva para nada", "su mérito y su premio se
identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él
mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma
práctica. Amo porque amo, amo para amar. Gran cosa es el amor", es
como participar de Dios. Amar, en lo del día a día: en detalles de
espíritu de servicio, como bajar la basura o recoger la mesa, hacer la
cama pero antes el trabajo bien hecho: escuchar en clase, hacer los
deberes y estudiar y luego disfrutar con lo que nos gusta, cultivar
aficiones de leer, escribir, música, y todo tipo de juegos… la
conversación amable, la serenidad cuando los nervios asoman.
Cuando nos conectamos al Señor, podemos cargar las pilas, y ningún
momento mejor que el de la Acción de Gracias después de comulgar. Como
sabes, cuando comemos algo, durante un rato sigue siendo lo que es,
pero pasado un tiempo lo convertimos en nuestro cuerpo. Por eso,
después de comulgar y por unos diez minutos, tenemos a Jesús dentro de
nosotros, al mismo que nació de María Virgen, que convertía el agua en
vino, que sanaba a ciegos y cojos, al mismo que murió clavado en la
Cruz para perdonarnos de nuestros pecados. Por eso, ¿por qué no
aprovechas al acabar la Misa para quedarte un rato sentado hablando
tranquilamente con Él, que está físicamente dentro de ti? Es el mejor
momento para darle gracias por todo lo que te ha dado en tu vida, para
pedirle por tus familiares y amigos, para pedirle perdón por tus
pecados y para pedirle que te ayude a sacar adelante aquellas cosas
que necesitas. ¡Gracias, perdón y ayúdame más! Continúa hablándole a
Dios con tus palabras (José Pedro Manglano).
«El alma no puede vivir sin amor, siempre quiere amar alguna cosa,
porque está hecha de amor, que yo por amor la creé» (Santa Catalina de
Siena), por eso o nos cargamos de amor de Dios o nos engancharemos a
lo primero que nos ofrezcan en la tele, y hoy Jesús nos hace una
receta en la que une dos citas bíblicas, nos dice. «Ama al Señor, tu
Dios» (Dt 6,5) y otro lugar del Levítico: «Ama a los otros» (Lev
19,18), Jesús nos da la receta de la nueva Ley, que "cocinada" a fuego
lento, con el amor del Espíritu Santo, al "baño María" nos da la mejor
comida, la más sabrosa, exquisita, la de que hace felices a los demás
y de paso a nosotros, porque para ser feliz hay que darse. Jesús ama
al Padre como Dios verdadero nacido del Dios verdadero y, como Verbo
hecho hombre, crea la nueva Humanidad de los hijos de Dios, hermanos
que se aman con el amor del Hijo.
Es la "buena nueva" que mi vida toda debería estar proclamando. ¿Amo
yo, efectivamente? ¿A quién amo? ¿A quién dejo de amar? ¿Cómo se
traduce este amor? ¿Quién es mi prójimo? Como tú mismo... Como tú
misma...", ¡no es decir poco! ¿Cómo me amo a mí mismo/a? ¿Qué deseo yo
para mí? ¿Cuáles son mis aspiraciones profundas? ¿A qué cosas estoy
más aferrado? ¿Qué es lo que más me falta? Y todo esto quererlo
también para mi prójimo. No debo pasar muy rápidamente sobre todas
estas cuestiones. Debo tomar, sobre ellas, una decisión en este tiempo
de cuaresma.
-"No estás lejos del reino de Dios." ¡Jesús felicitó a un escriba! "El
Reino de Dios" = ¡amar!, ¡a Dios y a los hermanos! ¡Tantas veces se ha
hecho el encontradizo! En la alegría y en el dolor. Como muestra de
amor nos dejó los sacramentos, "canales de la misericordia divina".
Nos perdona en la Confesión y se nos da en la Sagrada Eucaristía. Nos
ha dado a su Madre por Madre nuestra. También nos ha dado un Ángel
para que nos proteja. Y Él nos espera en el Cielo donde tendremos una
felicidad sin límites y sin término. Pero amor con amor se paga. Y
decimos con Francisca Javiera: "Mil vidas si las tuviera daría por
poseerte, y mil... y mil... más yo diera... por amarte si pudiera...
con ese amor puro y fuerte con que Tú siendo quien eres... nos amas
continuamente".
Día 23º. JUEVES TERCERO: Cuaresma 3, jueves: el camino a la felicidad es escuchar la voz de Dios, hacer su voluntad
seréis mi pueblo". Es una de las expresiones más perfectas de la
Alianza. Una pertenencia recíproca: yo soy tuyo, tú eres mío. Marca el
camino seguro, "a fin de que todo os vaya bien y seáis felices".
Siempre el mismo lazo entre la «fidelidad» a Dios y la "alegría". No
es para tomarlo en un sentido material, de tener éxito: «No te prometo
hacerte feliz en este mundo», decía la Virgen a Bernardita Soubirous.
A veces los que hacen cosas malas parece que se la pasan muy bien, y
que gente buena se la pasan mal en la vida. Pero el que hace el bien,
por dentro siente algo íntimo, como un calorcito parecido a la
"felicidad", y es la alegría íntima que da el Señor a todos los que se
esfuerzan en ser fieles. Dios espera «mi rostro»... cara a cara. Como
los que se quieren. Y yo me aparto de Él. Como los que no se quieren.
Me despisto… Señor, que no me despiste, que me acuerde de mis citas
contigo, de ir a verte, de rezar ahí donde esté y conectar contigo…
para que no digas de mí lo que de aquellos: "-No me escucharon". Tú no
nos hablas sólo en la misa o en la oración. Debo escuchar en mi vida,
en mi estudio y en mis clases, en mi casa y en mis responsabilidades,
en mis amigos y en mis juegos. Pero, con frecuencia, no sé escucharte.
Concédeme esa atención que me falta, Señor (Noel Quesson).
Rezo con el Salmo: "¡Venga, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a
la Roca que nos salva! ¡Vamos hasta Él dándole gracias, aclamemos con
música al Señor! ¡Entremos, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la
rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y
nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su
mano. Ojalá hoy escuchéis la voz del Señor"… siento que va por mí:
«ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón». Es una
continuación de lo que me ha dicho el profeta antes: «Escuchad mi voz,
caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien» (1ª
lectura).
Hay muchos que lo hacen, son santos anónimos. "Soy consciente, rezaba
Newman, de que a pesar de mis faltas, deseo vivir y morir para gloria
de Dios. Deseo entregarme completamente a Él como instrumento suyo
para la tarea que quiera y a costa de cualquier sacrificio personal".
Hoy hago mía esta oración del converso inglés que tanto hizo por la
Iglesia de su país: ¡Señor, aunque no valga nada, aquí estoy para
hacer, por Ti, lo que quieras!
B. Tierno hablaba de los héroes anónimos, que no los saben ni ellos:
"Jamás pensé que estar en contacto con la enfermedad y el sufrimiento
de los demás podría hacerme tanto bien. Estando de camillero en
Lourdes, una señora, medio ciega y sin piernas, rezaba el rosario.
Como advertí preocupación en su rostro, le pregunté qué le apenaba.
Ella me respondió: "Me entristece este pobre hombre de la camilla de
al lado". Se me hizo un nudo en la garganta y pensé, ¡Dios mío! Ella
sí que está físicamente mal y, sin embargo, no piensa en sí misma.
Esta aleccionadora experiencia me la contaba hace unos días en San
Sebastián el propio protagonista, Luis, un hombre de mediana edad que,
desde hace años, junto con su esposa, asiste como camillero voluntario
a los enfermos que peregrinan a Lourdes. Tantas personas anónimas, la
mayoría donantes de sangre, como Luis, que no desaprovechan la menor
ocasión que se les presenta para ayudar según sus posibilidades, son
héroes anónimos.
Tú nos explicaste que lo que hacemos con los demás lo hacemos contigo.
Por eso trataré de ser generoso, Jesús, con los demás. En concreto
estos días de Cuaresma procuraré hacer muchos favores. Recuérdamelo,
por favor, y que sepas que los haré por amor a ti y a ellos. ¡Cada
día, al menos, un buen favor! Continúa hablándole a Dios con tus
palabras (José Pedro Manglano).
"Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando
salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron".
Pero algunos decían que estaba endemoniado. Pero Jesús les responde
que cómo va a ser del demonio quitar demonios, que ningún reino puede
durar si está dividido,pero "si por el dedo de Dios expulso yo los
demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios", porque si él
quita demonios es que es más fuerte que los demonios: "Cuando uno
fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro;
pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en
las que estaba confiado y reparte sus despojos" y nos anima a seguirle
en su reino: "El que no está conmigo, está contra mí, y el que no
recoge conmigo, desparrama". Nos habla el Evangelio de ese combate
espiritual contra las fuerzas del mal... con Cristo. Señor, sálvame de
mis demonios... líbranos del mal. Eres más fuerte que Batman, que
Superman, que todos los héroes, eres mi Salvador. Ven Jesús a combatir
conmigo en esta Cuaresma. Cuaresma = energía (Noel Quesson).
Cuentan de una señora muy pobre telefoneó a un programa cristiano de
radio pidiendo ayuda, pues no tenía nada que comer.
- Un brujo dedicado al mal que por casualidad oía el programa
consiguió su dirección, llamó a sus secretarios y ordenó que compraran
alimentos y los llevaran hacia la mujer, con la siguiente instrucción:
- Cuando ella pregunte quien mandó estos alimentos, respondan que fue el DIABLO
- Cuando llegaron a la casa, la mujer los recibió con alegría y fue
inmediatamente guardando los alimentos que le llevaron los secretarios
del brujo. Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le preguntaron:
¿Señora no quiere saber quién le envió estas cosas? La mujer, en la
simplicidad de la fe, respondió:
- No, hijito... No es preciso.
- Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!
En el ritual del Bautismo hay un gesto simbólico expresivo, el
«effetá», «ábrete». El ministro toca los labios del bautizado para que
se abran y sepa hablar. Y toca sus oídos para que aprenda a escuchar.
Dios se ha quejado hoy de que su pueblo no le escucha. ¿Se podría
quejar también de nosotros, bautizados y creyentes, de que somos
sordos, de que no escuchamos lo que nos está queriendo decir en esta
Cuaresma, de que no prestamos suficiente atención a su palabra? La
Virgen María, maestra en esto, como en otras tantas cosas, de nuestra
vida cristiana, nos ha dado la consigna que fue el programa de su
vida: «hágase en mí según tu palabra» (J. Aldazábal).
Día 22º. MIÉRCOLES TERCERO (10 de Marzo) Cuaresma 3, miércoles: Alabemos a Jesús que nos ha enviado Dios para darnos la ley de la libertad de los hijos de Dios
felicidad y la vida. Dios se dirige a los hombres como a una persona
amada, por su nombre: «Escucha, Israel...» y sigue hablando de los
mandamientos… En estos días de cuaresma trato de estar «a la escucha».
«Para vivir» plenamente... Escuchar a Dios para vivir en plenitud.
Ayúdame, Señor: que yo experimente, que tu Palabra escuchada sea
«vida» para mí... como una respiración. Para así entrar en posesión de
la tierra que Dios da. Que tu Palabra, Señor, sea mi "sabiduría", un
alimento de mi espíritu. Que tus pensamientos lleguen a ser también
mis pensamientos. Que tu manera de ver impregne mis modos de ver. Y
todo ello en plena libertad. No como una coacción exterior
obligatoria... sino como una fuente vivificante y profunda. No como
algo mandado: "qué palo, hay que ir a misa…" sino quiero sentir como
una necesidad interior aceptada de buen grado de quererte. Sin
embargo, a veces dudamos: Tú te callas, pareces estar lejos de
nosotros. Pero lo sé, estás ahí. Tú me miras en este mismo momento. Te
interesas por mí y estás más cerca de mí que mi propio corazón (Noel
Quesson).
"¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! … Envía su
mensaje a la tierra… le dio a conocer sus mandamientos. ¡Aleluya!" La
paz, «shalom», es evocada inmediatamente, pues es contenida
simbólicamente en el mismo nombre de Jerusalén.
Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley
y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os
lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una
tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de
estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el
más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y
los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».
¿Qué son esos mandamientos tan importantes que hay que seguir? El
amor. El que da es rico. El que se queda con todo es pobre. El pobre
es el egoísta. Y hay una pobreza aún mayor: "Hay diversas clases de
pobreza -cuenta la madre Teresa de Calcuta-. En la India hay gente que
muere de hambre. Un puñado de arroz es precioso, valiosísimo. En los
países occidentales, sin embargo, no hay pobreza en ese sentido. Nadie
muere de hambre y ni siquiera abundan los pobres como en la India...
Pero existe otra clase de pobreza, la del espíritu que es mucho peor.
La gente no cree en Dios, no reza, no ama, va a lo suyo... Es una
pobreza del alma, una sequedad del corazón que resulta mucho más
difícil de "remediar". ¿Puedes tener tú esa pobreza? Pídeles a Jesús y
a María que nunca caigas en esa pobreza de espíritu; que te ayuden a
quererles cada día más y a acudir a ellos ante cualquier necesidad, y
que te ayuden a querer a los demás. ¡Jesús, María, que no olvide rezar
ni por la noche ni al levantarme! Que sea generoso: porque el
verdaderamente "pobre" es el egoísta. Continúa hablando a Dios con tus
palabras, pídele purificar este amor, con la forja donde se ponen los
sentimientos en el fuego y se quema lo malo y se esculpe la imagen de
Jesús en nosotros...
Cuentan que un obrero había encontrado un billete de mil dólares; no
le llamó mucho la atención porque en América los billetes son iguales
aunque tengan más valor y aquel papelito no le impresionó demasiado.
Se lo guardó en un bolsillo, varios días más tarde, al pasar por un
Banco, entró a preguntar cuánto valía. Casi se desmaya cuando se lo
dijeron, pues la suma equivalía a tres meses de su jornal...
No es raro encontrarse con gente que no sabe lo que tiene; puede ser
un cuadro de un pintor famoso, un objeto antiguo, unas monedas raras,
unos sellos valiosísimos... Cuando nos enteramos, solemos sentir una
especie de envidia. No se nos ocurre pensar que nosotros también
tenemos un tesoro que quizá no apreciamos: El Sacramento de la
Penitencia es esa forja donde se realiza ese milagro. Tal vez al
recibirlo frecuentemente y sepamos que no sólo sirve para perdonar los
pecados graves, sino también los leves; que aumenta la gracia
santificante y nos proporciona una gracia especial para rechazar las
tentaciones... Sin embargo, a lo mejor nos parece que no nos aprovecha
demasiado, que no nos hace mejores; que nos acusamos una y otra vez de
los mismos pecados, inútilmente... Si eso pensamos, lo más probable es
que nuestras confesiones no sean buenas. La Penitencia es un
sacramento que Jesús pagó con su vida. Debemos cuidar todo lo que
tiene que ver con la confesión.
¿Hago bien el examen? ¿Pido perdón con dolor? ¿Digo los pecados en
concreto y también los veniales? ¿Hago propósito de no volver a
cometerlos? ¿Cumplo la penitencia? Continúa hablándole a Dios con tus
palabras.
Trataba de burlarse un individuo de las mujeres que van a confesarse, diciendo:
- Por cada hombre que se confiesa, se confiesan treinta mujeres.
Una señora que le oía le contestó al momento:
- Es verdad. Y, quizás por eso mismo, en las cárceles, por cada mujer
hay treinta hombres.
No suelen ser los que van a la cárcel quienes se confiesan con más
frecuencia. Quizás tengan algo que ver entre sí esas dos estadísticas.
El santo cura de Ars procuraba, con toda su alma, acercar a los fieles
a la recepción frecuente de los sacramentos de la Penitencia y de la
Eucaristía. Solía decir: "No todos los que se acercan son santos. Pero
los santos serán siempre escogidos entre aquellos que los reciben con
frecuencia". Y otro gran sacerdote decía: "un santo es un cristiano
que se confiesa".
La gracia de Dios que nos llega por esos dos sacramentos no circula en
vano por nuestra alma, algo hace en nosotros (Agustín Filgueiras
Pita).
Desagravio. ¡Señor perdónales porque no saben lo que hacen! Estas
fueron casi las últimas palabras que Jesús dijo antes de morir en la
Cruz. Dios perdona siempre que le pedimos perdón, pero
desafortunadamente no todos los hombres tienen la costumbre de pedir
perdón y de terminar con cosas o actitudes que ofendan al Señor. Ese
cine que proyecta películas desaconsejadas, una conversación salida de
tono, cuando se leen noticias en las que se informa de alguien que
asesina o secuestra, cuando te enteras de alguien que roba o engaña,
cuando pasas por delante de uno de esos sitios en los que se ofende a
Dios, ¿te acuerdas de pedir perdón por esa gente que no sabe lo que
hace? ¡Jesús perdónales porque no se dan cuenta! Coméntale a Dios con
tus palabras algo de o que has leído (José Pedro Manglano).
Huashan Pps L
Fotos Perfectes
sábado, 3 de abril de 2010
Día 21º. MARTES TERCERO (9 de Marzo): cuando perdonamos, nos hacemos dignos de la misericordia divina
diecinueve, que firmó la sentencia de muerte de 35.000 enemigos.
Cuando él estaba muriéndose, en 1886, le preguntó el sacerdote si
estaba dispuesto a perdonar a todos sus enemigos. Él contestó:
-"¿Enemigos? Padre, yo no tengo enemigos. Los he fusilado a todos".
La manera cristiana de no tener enemigos no es fusilarles. Si
supiésemos mirar a todos como amigos, no tendríamos enemigos. A las
personas, en buena manera, las convertimos en lo que vemos en ellas
cuando las miramos. Parafraseando el Evangelio: "Mira a los demás, a
cada uno, como quieres que ellos te miren a ti".
A veces no nos gusta algo de los demás: ¿y qué vamos a hacer,
matarlos? No: quererles como son. Fallar y equivocarse es propio de la
criatura. Pedir perdón es profundamente humano. Perdonar es lo más
divino. Cuando perdonamos, de verdad, es, quizás, cuando más nos
parecemos a Dios. Nos cuesta perdonar cualquier cosilla que nos hacen
o que creemos nos hacen. Y aún cuando perdonamos, no somos capaces de
olvidar. Impresiona que todo un Dios, incluso antes de que le
ofendamos, ya está inventando la manera de concedernos su perdón. Y,
además, de hacernos saber que estamos perdonados. Quiere perdonarnos y
que podamos quedar tranquilos. Eso es la confesión. Un buen hombre
desembarca en San Francisco y se va a confesar a la primera iglesia
que encuentra.
- "¿Cómo tarda usted dos años - le pregunta el cura- en venir a confesarse?"
-"Mire usted - explica el hombre- yo vivo en tal isla, que, como sabe,
está perdida en el Pacífico. Este es el puerto más cercano. Cuando
puedo, aprovecho para venir al continente con algún amigo pescador".
El cura recuerda que en esta isla hace escala semanalmente una mala
línea de aviones. Y le dice:
-"Comprendo. Pero todos los lunes tiene usted un servicio de avión".
-"También yo he pensado en eso.- replica el buen hombre- Pero póngase
en mi lugar: tomar ese avión por pecados veniales, es demasiado caro.
Y tomarlo con pecados mortales, es demasiado peligroso (Agustín
Filgueiras Pita).
Pues no: sabemos que con un acto de contrición tenemos la gracia de
Dios, aunque el sacramento nos da la seguridad del perdón. Porque
conviene enseguida pedir perdón a Dios, ya un solo día en pecado
mortal "es demasiado peligroso".
Hoy vemos a Daniel que no quiso adorar dioses falsos y fue echado al
horno con sus amigos, y el rey asombrado vio: "yo veo cuatro hombres
que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el
aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses". Daniel pedía a
Dios que dejaran de ser esclavos: -«Por el honor de tu nombre, no nos
desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros
tu misericordia. Por Abraham, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por
Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su
descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas
marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni
holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio
donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta
nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde... Que éste sea
hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque
los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo
corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor.
Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu
poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»
Qué bonito cuando ofrecemos a Dios nuestro corazón. La plegaria de
Daniel se apoya por entero en la «misericordia» de Dios. La época de
Daniel es un período de prueba, de mucha humillación. Los judíos han
sido deportados a Babilonia. Son perseguidos. No tienen templo «ni
jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio de
ofrenda, ni incienso, ni siquiera un lugar para rezar...»
Cuando Dios perdona, también olvida (algo que nosotros no podemos,
cuando nos han ofendido), lo que significa remisión completa y
absoluta. Podemos decir como oración personal nuestra -por ejemplo,
después de la comunión- el salmo de hoy: «Señor, recuerda tu
misericordia, enséñame tus caminos, haz que camine con lealtad... el
Señor es bueno y recto y enseña el camino a los pecadores...». La
penitencia va muy ligada a la alegría, pues la conversión atrae la
misericordia divina, y se vive la alegría de los hijos de Dios, como
decía S. Josemaría: "¡Qué capacidad tan extraña tiene el hombre para
olvidarse de las cosas más maravillosas, para acostumbrarse al
misterio! … La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio
consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual,
porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del
Cielo, y así colma de esperanza nuestra lucha interior, y nos da la
sencillez confiada de los hijos pequeños. Más aún: precisamente porque
somos hijos de Dios, esa realidad nos lleva también a contemplar con
amor y con admiración todas las cosas que han salido de las manos de
Dios Padre Creador. Y de este modo somos contemplativos en medio del
mundo, amando al mundo… El Señor nos llama para que nos acerquemos a
Él deseando ser como Él: sed imitadores de Dios, como hijos suyos muy
queridos, colaborando humildemente, pero fervorosamente, en el divino
propósito de unir lo que está roto, de salvar lo que está perdido, de
ordenar lo que ha desordenado el hombre pecador, de llevar a su fin lo
que se descamina, de restablecer la divina concordia de todo lo
creado", y después de considerar nuestras flaquezas añade: "La última
palabra la dice Dios, y es la palabra de su amor salvador y
misericordioso y, por tanto, la palabra de nuestra filiación divina.
Por eso os repito hoy con San Juan: ved qué amor hacia nosotros ha
tenido el Padre, queriendo que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos
en efecto. Hijos de Dios, hermanos del Verbo hecho carne, de Aquel de
quien fue dicho: en él estaba la vida, y la vida era la luz de los
hombres. Hijos de la Luz, hermanos de la luz: eso somos. Portadores de
la única llama capaz de encender los corazones hechos de carne". Es a
Cristo a quien buscamos con nuestros deseos de felicidad. Él nos
comprende, "permitió que le tentaran: para que así nos llenemos de
ánimo y estemos seguros de la victoria. Porque Él no pierde batallas
y, encontrándonos unidos a Él, nunca seremos vencidos, sino que
podremos llamarnos y ser en verdad vencedores: buenos hijos de Dios.
Que vivamos contentos. Yo estoy contento. No lo debiera estar, mirando
mi vida, haciendo ese examen de conciencia personal que nos pide este
tiempo litúrgico de la Cuaresma. Pero me siento contento, porque veo
que el Señor me busca una vez más, que el Señor sigue siendo mi Padre.
Sé que vosotros y yo, decididamente, con el resplandor y la ayuda de
la gracia, veremos qué cosas hay que quemar, y las quemaremos; qué
cosas hay que arrancar, y las arrancaremos; qué cosas hay que
entregar, y las entregaremos. La tarea no es fácil. Pero contamos con
una guía clara, con una realidad de la que no debemos ni podemos
prescindir: somos amados por Dios, y dejaremos que el Espíritu Santo
actúe en nosotros y nos purifique, para poder así abrazarnos al Hijo
de Dios en la Cruz, resucitando luego con Él, porque la alegría de la
Resurrección está enraizada en la Cruz. María, Madre nuestra, auxilium
christianorum, refugium peccatorum: intercede ante tu Hijo, para que
nos envíe al Espíritu Santo, que despierte en nuestros corazones la
decisión de caminar con paso firme y seguro, haciendo sonar en lo más
hondo de nuestra alma la llamada que llenó de paz el martirio de uno
de los primeros cristianos: veni ad Patrem, ven, vuelve a tu Padre que
te espera".
Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las
ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso
el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas
con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le
debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor
que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que
se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le
decía: 'Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré'. Movido a
compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó
la deuda.
Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros,
que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: 'Paga
lo que debes'. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: 'Ten
paciencia conmigo, que ya te pagaré'. Pero él no quiso, sino que fue y
le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus
compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a
su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le
dijo: 'Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me
lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del
mismo modo que yo me compadecí de ti?'. Y encolerizado su señor, lo
entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto
mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón
cada uno a vuestro hermano».
Está claro: hemos de saber vivir esta misericordia, para poder
recibirla: perdonar nosotros a los que nos hayan podido ofender.
«Perdónanos... como nosotros perdonamos», nos atrevemos a decir cada
día en el Padrenuestro. Para pedir perdón, debemos mostrar nuestra
voluntad de imitar la actitud del Dios perdonador. Se ve que esto del
perdón forma parte esencial del programa de Cuaresma, porque ya ha
aparecido varias veces en las lecturas. ¿Somos misericordiosos?
¿Cuánta paciencia y comprensión almacenamos en nuestro corazón? ¿Tanta
como Dios, que nos ha perdonado a nosotros diez mil talentos? ¿Podría
decirse de nosotros que luego no somos capaces de perdonar cuatro
euros al que nos los debe? ¿Somos capaces de pedir para los pueblos
del tercer mundo la condonación de sus deudas exteriores, mientras en
nuestro nivel doméstico no nos decidimos a perdonar esas pequeñas
deudas?
Cuaresma, tiempo de perdón. De reconciliación en todas las
direcciones, con Dios y con el prójimo. No echemos mano de excusas
para no perdonar: Dios nos ha perdonado sin tantas distinciones. Como
David perdonó a Saúl, y José a sus hermanos, y Esteban a los que lo
apedreaban, y Jesús a los que lo clavaban en la cruz. Es el colofón
del padrenuestro que hoy se vuelve a repetir de modos distintos, para
que nos quede bien grabado: "Perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Dios nos ha perdonado
mucho, y no debemos guardar rencor a nadie. Hemos de aprender a
disculpar con más generosidad, a perdonar con más prontitud. Perdón
sincero, profundo, de corazón. A veces nos sentimos heridos sin una
razón objetiva; sólo por susceptibilidad o por amor propio lastimado
por pequeñeces que carecen de verdadera entidad. Y si alguna vez se
tratara de una ofensa real y de importancia, ¿no hemos ofendido
nosotros mucho más a Dios? Él no acepta el sacrificio de quienes
fomentan la división.
Llucià Pou Sabaté
Día 20º. LUNES TERCERO (8 de Marzo) Cuaresma 3, lunes: Jesús nos da el agua viva que cura, que sacia la sed, que crece cuando se comunica con el amor
de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor,
porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este
hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel". Su
mujer tenía una esclava judía que le dijo a su patrona: "¡Ojalá mi
señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente,
él lo libraría de su enfermedad". Naamán fue y le contó a su señor:
"La niña del país de Israel ha dicho esto y esto". El rey de Arám
respondió: "Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel".
Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos
de oro y diez trajes de gala, y presentó al rey de Israel la carta que
decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi
servidor, para que lo libres de su enfermedad". Apenas el rey de
Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y se puso nervioso:
"Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí".
Pero Eliseo, el hombre de Dios, dijo al rey: "Que él venga a mí y
sabrá que hay un profeta en Israel". Naamán llegó y Eliseo mandó un
mensajero para que le dijera: "Ve a bañarte siete veces en el Jordán;
tu carne se restablecerá y quedarás limpio". Pero Naamán, muy
irritado, se fue diciendo: "Yo me había imaginado que saldría él
personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su
Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al
enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar,
no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en
ellos y quedar limpio?". Y dando media vuelta, se fue muy enojado.
Pero sus servidores se acercaron para decirle: "Padre, si el profeta
te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho?
¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!".
Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la
palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un
muchacho joven y quedó limpio. Luego volvió con toda su comitiva
adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él
y le dijo: "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no
ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor".
Estaba enfermo de lepra, era tozudo, pero al final obedeció y se hizo
el milagro. Los sirios tenían fama de poseer secretos mágicos para
curar las enfermedades. Los judíos, inferiores en sabiduría y en
ciencia profana, tienen el favor divino de curar. Cuando sufro por mis
pecados, cuando me siento impuro o egoísta, cuando veo que soy cobarde
ante mis responsabilidades... ¿acudo a Dios, a la gracia de mi
bautismo? Yo también he sido lavado por el agua que purifica por la
Fe. No saldré de mis debilidades con mis esfuerzos sino con tus
sacramentos, Señor: penitencia y eucaristía... Tú eres: "el que
salva", eres mi salvador" (Noel Quesson).
Ayer veíamos que Jesús era la roca de donde manaba agua viva. Es desde
la Cruz de donde saldrán esos ríos de agua y sangre redentora, los
sacramentos, que nos curarán. Su Cruz que explicarán mis cruces. La
cruz de Cristo no era sólo el lugar donde murió, el dolor de la
soledad, las injusticias que sufrió, los insultos que recibió... Los
de aquel momento y los de toda la historia. El dolor que siente por lo
que yo he hecho mal hoy contra otra persona, o contra mí mismo o
contra Él. Esa es su cruz, Él sufre cuando yo no me porto bien.
Y mi cruz de cada día, la que tengo que coger para seguirle, no es
ponerme piedras en los zapatos. Mi cruz es el dolor cuando me duele
algo, las injusticias que sufro, el cansancio de una clase larga,
luchar contra la pereza, el esfuerzo por ser generoso -porque me
cuesta dar mis cosas-. Mi cruz es trabajar bien cuando no me apetece.
Y saber obedecer cuando no quiero, y luchar contra esas debilidades
que me cuestan... todo esto es obedecer y así al hacer la voluntad de
Dios, amar a Dios y a los demás, más que mi voluntad. Durante esta
cuaresma, Señor, quiero coger mi cruz de cada día porque quiero
seguirte. ¡Que sea generoso, Dios mío! Continúa hablándole a Dios con
tus palabras.
Para esto nos ha dado una "poción mágica", un alimento más potente que
el de Asterix y la olla donde cayó Obelix, y es la fe y los
sacramentos, la santa Misa. Que no la desaprovechemos. Una historia: A
media tarde, Jorge entra en la cocina como un huracán y le dice a su
mujer:
"-Hola, cariño... Voy a cambiarme. Felipe y yo vamos a jugar un
partido de tenis antes de que se haga de noche".
-"¡Pero, Jorge! –se queja su mujer- es muy tarde y tenía preparada una
excelente cena: carne a la borgoñesa, y verduras, y una tarta de
limón."
"-Lo siento, cariño -responde Jorge- tomaré un bocadillo en un bar.
Tómatelo tú..."
A los cinco minutos, Jorge ya está en camino. Su mujer no puede
reprimir el llanto.
-"No me quiere", solloza contemplando la excelente cena que había
preparado a su marido. Cualquier mujer que lea esto simpatizará con la
esposa de Jorge y hasta muchos hombres le darán la razón, sin pensar
que casi todos somos culpables de una falta de consideración
semejante, cuando no vamos a este encuentro con nuestro Amigo Jesús.
Falta de consideración con Jesús. Desprecio del amor que ha derrochado
con nosotros. Indiferencia ante el Gran Banquete -la Eucaristía, la
Comunión- a que nos invita. ¿Vas a Misa siempre que puedes? ¿Adelantas
el estudio para poder ir a estar con tu Amigo acompañándole en la
Pasión, que eso es la Misa? Qué buen propósito: durante la Cuaresma ir
a Misa siempre que pueda, todos los días que me sea posible (José
Pedro Manglano).
Mira qué Salmo tan bonito: "Como la cierva sedienta busca las
corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?
Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu
santa Montaña, hasta el lugar donde habitas.
Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te
daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío".
«Ningún manjar es más sabroso para el alma que el conocimiento de la
verdad» (Lactancio); pedir luz para en estos días mirar a Dios,
mirarnos a nosotros mismos: considerar la vida del Señor, para
conocerle más, para tratarle más, para amarle más, para seguirle más.
Son momentos de agradecer esta oportunidad de una nueva conversión, de
fomentar la esperanza: Dios se vuelca con gracias muy especiales. Es
el de hoy un salmo de búsqueda… en nuestra vida aparecen preguntas,
dificultades: Si Dios existe, ¿por qué tanto mal en el mundo? ¿Por qué
el malo triunfa y el justo viene pisoteado? ¿La omnipotencia de Dios
no termina con aplastar nuestra libertad y responsabilidad? Este salmo
recoge las aspiraciones del alma: "Como anhela la cierva… así te
anhela mi alma… Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo
iré y veré la faz de Dios?" Esa aspiración es una necesidad del hombre
que no se puede ahogar, nos nace en el interior… Cuando no se
encuentra a Dios, esas palabras expresan nuestra sed de Él, la unión
con Dios: «Tu gracia vale más que la vida» (Salmo 62,4). Esta sed
queda saciada en Cristo crucificado y resucitado. Decía San Josemaría
Escrivá: "Los que se quieren, procuran verse. Los enamorados sólo
tienen ojos para su amor. ¿No es lógico que sea así? El corazón humano
siente esos imperativos. Mentiría si negase que me mueve tanto el afán
de contemplar la faz de Jesucristo… mi corazón está sediento de Dios,
del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y veré la faz de Dios?: verle,
contemplarlo, conversar con él. Lo podemos realizar ya ahora, lo
estamos tratando de vivir, es parte de nuestra existencia". También
aquel himno de vísperas:
"Esta es la hora para el buen amigo,
llena de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, el evocar la edad de la inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente".
Es además una sed que se quita compartiendo el agua que Dios nos da,
como leemos en santa Teresa: el amor crece cuando se sabe comunicar, y
en una pequeña historia que leí por Internet: En cierta ocasión, un
reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de
su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El
agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los
vecinos. - "¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus
vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?"
preguntó el reportero. - "Verá usted, señor," dijo el agricultor. -
"El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembrío a otro. Si
mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización
cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar
buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga". Lo mismo es
con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el
éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes
decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el
valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por
ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque
el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.
"Jesús dijo a los de Nazaret que «ningún profeta es bien recibido en
su patria... muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta
Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio». Y se
llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y
le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba
edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de
ellos, se marchó".
Esperaban ver cosas extraordinarias. No tienen fe, y Jesús no hizo
allí ningún milagro. Aquellas gentes sólo vieron en Él al hijo de
José, el que les hacía mesas y les arreglaba las puertas. No supieron
ver más allá. No descubrieron al Mesías que les visitaba. Nosotros,
para contemplar al Señor, también debemos purificar nuestra alma. La
Cuaresma es buena ocasión para intensificar nuestro amor con obras de
penitencia que disponen el alma a recibir las luces de Dios (Noel
Quesson). No te reconocen, Jesús. Tu infancia y juventud habían sido
tan normales que ahora no pueden aceptar tu divinidad y necesitan
milagros como prueba de que eres el Mesías. ¡Auméntanos la fe! «Señor,
purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua» (oración).
«Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen» (salmo), y queremos
también vivir este deseo: «Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis
vuestro corazón» (aclamación).
Esta apertura hacia la gracia supone ser dócil a las cosas pequeñas
que el Señor nos pide, a esa conversión, y si yo cambio se harán
realidad las grandes cosas, como señalan aquellas frases que corren
por internet: "Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me
sentiría seren@.
Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices.
Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos.
Si yo me aceptara tal como soy, quitándome mis defectos, cuánto
mejoraría mi familia, mi ambiente.
Si yo comprendiera plenamente mis errores, sería humilde.
Si yo encontrara lo positivo en todos, la vida sería digna de ser vivida.
Si yo amara al mundo, a mi país....lo cambiaría.
Si yo me diera cuenta de que al lastimar, el primer lastimad@ soy yo!
Si yo criticara menos y amara más....
Si yo cambiara... cambiaría el mundo".
viernes, 2 de abril de 2010
Día 19º. DOMINGO TERCERO (7 de Marzo): Dios se presenta a Moisés, y le explica su nombre y anuncia que vendrá al mundo más tarde…
Sinaí). Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta
Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yahveh se le apareció en forma
de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba
ardiendo, pero que la zarza no se consumía". Yahveh le habló:
«¡Moisés, Moisés!» Él respondió: «Heme aquí.» Le dijo: «No te acerques
aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es
tierra sagrada.» Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés no le vio el
rostro a Dios, Yahveh le prometió la libertad para el pueblo de
Israel, y que les llevaría a "una tierra buena y espaciosa; a una
tierra que mana leche y miel". Y Dios se presenta: nos preguntamos
¿cómo es Dios? Pues vamos a ver qué ha dicho Él, ya que nos gustaría
conocer más cosas de cómo es. Nos gustaría preguntarle: «¿Cómo te
llamas, Señor? Dime quién eres. Enséñame tu nombre». Moisés dialogará
más tarde con el Señor como con un amigo, que le concede lo que le
pide «pues has hallado gracia a mis ojos y yo te conozco por tu
nombre». Aquí, cuando se presentan, le dice que quiere conocer su
nombre: «Déjame ver por favor tu gloria». Nosotros también se lo
decimos: Quiero conocer tu misterio, lo que hay más dentro de ti, la
fuente última de tus acciones y sentimientos. Quiero saber cómo nos
miras y qué quieres de nosotros. ¿Qué somos nosotros para ti? ¿Qué
eres Tú para nosotros? Dios dará a conocer a su amigo sólo parte de lo
que pide. Conocer el nombre de una cosa o una persona equivalía casi a
poseerla y dominarla. Por eso le dirá: «pronunciaré delante de ti mi
nombre... Pero mi rostro no podrás verlo porque nadie puede ver a Dios
y seguir con vida». Me podrás ver como de paso, como una ráfaga.
Podrás llegar a ver, no mi cara, sino «mis espaldas». Habrá que
esperar mucho tiempo para poder ver el rostro de Dios, que se
manifestó en Jesucristo, el cual es: «Resplandor de su gloria»; «la
gloria de Dios que está en la faz de Cristo».
Pues Dios le dijo: soy "Yahveh", que significa "El que soy-el que
vendré", la palabra es difícil traducir, por eso también quiere decir
Emmanuel, Dios con nosotros, Jesús es Dios que viene. Cuando Jesús nos
dice "Yo os digo" está hablando como Dios, con ese Nombre. Así se da a
conocer Dios: "Yo soy el que me manifestaré ser en la obra que haga,
por la cual sabréis quien soy". Él es el que nos salva, Dios no tiene
otro nombre que su misma obra salvadora. La obra de Dios es la
revelación de su nombre Yahveh. El nombre de Dios se está siempre
descubriendo a quienes ven la obra de Dios, por eso decimos:
"santificado sea tu nombre…" el nombre de Dios no termina nunca de
revelarse, siempre renovado en su presencia activa a la fe de los
creyentes, que lo están conociendo siempre de nuevo en su acción
salvadora (edic. Marova).
Por eso le damos gracias y cantamos con el Salmo: "Bendice a Yahveh,
alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre, bendice a Yahveh, alma
mía, no olvides sus muchos beneficios. El, que todas tus culpas
perdona, que cura todas tus dolencias, rescata tu vida de la fosa, te
corona de amor y de ternura, Yahveh, el que hace obras de justicia, y
otorga el derecho a todos los oprimidos, manifestó sus caminos a
Moisés, a los hijos de Israel sus hazañas. Clemente y compasivo es
Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor; como se alzan los cielos
por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le
temen". Como un padre siente ternura por sus hijos siente el Señor
ternura por sus fieles. El salmo de hoy es el de la ternura de Dios,
como madre: como una madre consuela a su niño, así os consolaré yo,
dice el Señor. Esto nos hace dar gracias a Dios, la que más sabe es
la Virgen María con su Magníficat: "Proclama mi alma la grandeza del
Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador..." Queremos tener
mantener encendido el fuego divino de la liberación, del amor,
corresponderle. Señor, quiero hacer oración, tratarte como un amigo,
saber tu nombre, hablar contigo:
"Cuando estén afinadas, Maestro mío,
todas las cuerdas de mi vida,
cada vez que Tú las toques
cantarán amor" (R. Tagore).
Los israelitas en el desierto estuvieron protegidos del sol bajo la
nube (como un paraguas que les mandaba Dios) y todo esto eran símbolos
de lo que vendría: la nube la hemos visto en la transfiguración,
cuando pasaron el Mar Rojo era imagen del bautismo que tenemos, los
cristianos, dice S. Pablo, saboreaban más a Cristo en su corazón que
el maná que tomaban los israelitas en la boca, y la roca de la que
salía una fuente era Cristo era Cristo que de su Corazón abierto
nacerán ríos de agua viva. Todas aquellas cosas eran figuras de lo que
vendría, pero se hallaban oscuras, y hay que iluminarlo para verlo.
Como una castaña o nuez, hay que quitarles la corteza para saborearlo,
hincarle el diente.
Jesús dice que los que han sufrido unas desgracias no son más
pecadores que los demás, que la "mala suerte" no es porque "se lo
merecen". Y explica que hemos de pensar en dar fruto para la vida
eterna, con esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su
viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto
en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la
tierra?"
Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras
tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en
adelante; y si no da, la cortas."»
Es la "parábola de la paciencia", pero que hemos de procurar no
dormirnos. La idea es que todos tenemos necesidad de cambiar, no sólo
cuando nos sale mal algo. Es lógico que deba rectificar si actúo mal.
Pero si algo va bien tampoco tengo que estar tranquilo, puedo siempre
esforzarme más. No se tratar de ser más que los demás, sino de dar lo
mejor de mi mismo, como los artistas. Esta es la excelencia que se nos
pide. El Dios que Moisés llegó a conocer es un Dios cercano. No está
en las nubes o en el tercer cielo. Es un Dios que se deja encontrar en
lo de cada día. Es el Dios del encuentro. Llegará a poner la Tienda
del Encuentro, en medio de su pueblo. Jesús, el Emmanuel es el que
«acampó entre nosotros»! Está en mi clase, en mi casa, entre mis
amigos...
Quiere decir que Dios viene a nuestro encuentro: «He bajado». Se deja
encontrar por Moisés y se deja encontrar por todos los que le buscan.
Como se dejó encontrar por Magdalena. Se deja encontrar siempre en la
tienda del amor. Dios está con nosotros: «Yo estaré contigo», le dijo
a Moisés. No viene de visita, para ver cómo nos van las cosas. El se
queda y está con nosotros. El «Yo estoy contigo» es una de las frases
más repetidas en toda la historia de la salvación. No sólo contigo,
sino en ti. Su presencia es muy íntima. Está ahí, alentando nuestra
existencia. Es la fuente secreta de nuestra vida. Y quiere decir que
Dios está con nosotros especialmente cuando nos encontramos. Donde hay
unión, "buen rollo", allí está Dios: "donde hay verdad y amor allí
está Dios", dice la canción. La dispersión, la desunión, la discordia,
los muros y las fronteras, son el signo más claro de la ausencia de
Dios.
-Un Dios compasivo y misericordioso. Dios es sensible, entrañable,
benévolo. Le llegan nuestros problemas y le duelen nuestros
sufrimientos. ¡Que Dios no es impasible! ¡Que Dios no es un duro! ¡Que
Dios es capaz de llorar! ¿Cómo serán las lágrimas divinas? En la
conversación con Moisés se manifiesta como: El que ve: «Bien vista
tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto». Esta visión le conmueve,
le interpela y le hace tomar partido. Es una comprensión profunda y
compasiva. El que oye: «He escuchado su clamor. El clamor de los hijos
de Israel ha llegado hasta mí». No hace oídos sordos. Los tiene bien
abiertos, especialmente para los que sufren, para el clamor del pobre:
«Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo».
Es una revelación preciosa. Dios es el que mira con cariño, el que se
prodiga en caricias y gestos de ternura, el que nos sonríe y hace
gracia, el que se emociona con nuestras cosas. El que hace gracia,
favor, y el que hace gracias, alegrías y chirigotas con nosotros. El
que juega con nosotros. ¿Cómo serán sus juegos? El que nos dice
palabras y cosas bonitas. El que llega a bailar gozoso y "danzar"
emocionado con nosotros, «con gritos de júbilo» (Sof 3,17).
Decididamente, Dios es maternal y un pobre enamorado (Caritas).
A la Madre Teresa de Calcuta se atribuyen estos pensamientos: «La vida
es una oportunidad, aprovéchala. La vida es belleza, admírala. La vida
es un reto, afróntalo. La vida es un deber, cúmplelo. La vida es un
juego, juégalo. La vida es preciosa, cuídala. La vida es amor, gózalo.
La vida es un misterio, desvélalo. La vida es tristeza, supérala. La
vida es un combate, acéptalo. La vida es una tragedia, domínala. La
vida es una aventura, arrástrala. La vida es felicidad, merécela. La
vida es la vida, defiéndela.»