martes, 17 de septiembre de 2024

Martes de la semana 24 de tiempo ordinario (par): somos cuerpo de Cristo, y él nos cuida y nos salva

Martes de la semana 24 de tiempo ordinario (par): somos cuerpo de Cristo, y él nos cuida y nos salva

A. Lecturas:

   1. I Corintios (12,12-14.27-31a): Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mejores.

   2. Salmo 99: Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

   Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

   Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.

   «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.»

   3.   Lucas 7,11-17: «Sucedió, después, que marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: «Muchacho, a ti te digo, levántate». Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar; y se lo entregó a su madre. Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo». Esta fama acerca de él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.»

 

B. Comentario:

   1. Vamos viendo la división de los cristianos de Corinto… como los de nuestra época. Pablo desarrolla el tema del «Cuerpo de Cristo».

   -"Nuestro cuerpo forma un todo aunque tiene muchos miembros y todos los miembros, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo. Así también Cristo". A partir de la Eucaristía, vemos esta comunión en la Iglesia, pues aquí "Cristo" tiene este sentido de "Cristo total", la cabeza y su cuerpo que es la Iglesia: todos los que, por la Fe están unidos a El.

   En esta imagen del «cuerpo» se insiste sobre la unidad: Cristo es un «unificador», conduce a la unidad, nos hace llegar a ser «un solo cuerpo», el suyo.

   Gracias, Señor, por este misterio: los cristianos somos un solo Cuerpo contigo. Ayúdame a verlo así en aquellos de los que me aparto, a los que critico, a los que acuso, a los que hago sufrir... ¡son miembros de Cristo! Hago sufrir a un miembro de Cristo, al mismo Cristo.

   -"Todos, judíos o gentiles, esclavos o libres, hemos sido bautizados en el único Espíritu para formar un solo cuerpo". Esto es revolucionario. Sabemos que en aquel tiempo había mucho racismo, y que los esclavos eran como una cosa a disposición del amo, sin dignidad. Como tampoco la tenían los extranjeros y había muy poca consideración hacia las mujeres…

   Jesús, me gustaría ser como tú, como tantos hombres que han sido "destructores de fronteras" indignas, como la Madre Teresa de Calcuta o Martín Luter King y tantos otros, que antepongan la "fuerza de amar" a todo lo demás.

   -"Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo... Sois miembros de este cuerpo". Quisiera admirarme ante esta verdad: ¡soy el «cuerpo de Cristo»! Quisiera entender que dependo de ti, Señor, que me das vida, un influjo vital como en un organismo humano hay un influjo vital del cerebro que anima los miembros. Quisiera que este pensamiento dirigiera mi vida.

   ¿Qué suelo hacer regularmente para unirme vitalmente a Cristo: oración meditada de la Palabra de Jesús, sacramentos de la conversión y de la comunión?

   Quisiera que esta verdad, «ser cuerpo de Cristo», se viera en mi modo de actuar, Jesús: quisiera ser tu «rostro» ante el mundo en que vivo, tus «manos» en el trabajo, tu «corazón» en el amor. Que tú pudieras actuar en mi conducta, en el servicio a los demás, en la compasión de mi corazón.

   -"Cada uno por su parte... Apóstoles, profetas, maestros, médicos..." Después de hablarnos de unidad, me gustaría entender que no se opone a una riqueza, la «diversidad». Todos tenemos unos dones para enriquecer a los demás, con el servicio. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es un organismo complejo, con ministerios funcionales. Ayúdanos, Señor, a encontrar nuestro lugar propio y a respetar el lugar y la misión de los que no son parecidos a mí (Noel Quesson).

   2. Quiero darte gracias, Señor, con el Salmista: "Aclama al Señor, tierra entera, / servid al Señor con alegría, / entrad en su presencia con vítores". Darte gracias, y alabarte por el amor que nos tienes: "El Señor es bueno, / su misericordia es eterna, / su fidelidad por todas las edades."

   3. San Lucas es el único de los cuatro evangelistas que nos relata esa resurrección: -"Jesús se dirigía a una ciudad llamada Naím. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda." Un gentío considerable acompañaba a esa mujer.

   Su marido muerto... su hijo... habían tenido pues una muerte prematura. Con lo cual, había quedado esa mujer totalmente desprotegida, en una condición muy dura, por la falta de atención que había para ellas en aquellos tiempos.

   Muchas personas la acompañaban, con ese sentimiento de compasión.

   -"Al verla el Señor, sintió lástima de ella y le dijo: "¡No llores!"" Quisiera profundizar en ese titulo que suele usar Lucas para hablar de ti, Jesús. Eres "el Señor". Más grande de todos los profetas. Tienes una personalidad misteriosa. Creemos que Tú eres Hijo de Dios, igual al Padre. Eres también el más sencillo y el más normal de los hombres: delante de un gran sufrimiento, te emocionas, te compadeces. En esos momentos quiero contemplar la emoción que embarga tu corazón; y quiero escuchar las palabras que dices a esa madre: "¡No llores!" Delante de todos los muertos de la tierra tienes siempre los mismos sentimientos; y tu intención es siempre la misma: quieres resucitarles a todos... quieres suprimir todas las lágrimas (Apocalipsis 21, 4) porque tu opción es la vida, porque eres el Dios de los vivos y no el de los muertos.

   Todos avanzamos hacia nuestra propia muerte. Pero afianzados en tu promesa, la muerte no será el último acto, sino una transformación para una vida plena.

   -"Jesús dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" Entonces el muerto se incorporó, se sentó y se puso a hablar". Le devuelves la vida, Señor, para alegría de su madre. Un día, volverá a morir. Pero es también este milagro profecía de la vida que no muere más, de la plenitud de tu amor. Quiero proclamar con fe viva: "Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable".

   -"Y Jesús se lo entregó a su madre". ¿Pensabas quizá en tu madre, Señor? Qué bonito es ver cómo valoras a "la mujer", tan fácilmente repudiada en el mundo antiguo. Qué bonito es ver cómo compartes nuestros dolores, para darle un contenido: «El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El cristiano sabe que, después del pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor; experimentar nuestra angustia, pasar por la agonía del espíritu y del desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad» (Juan Pablo II).

   -"Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios... La noticia del hecho se divulgó por todo el país judío y la comarca circundante". ¡La sorpresa... pero también la alabanza! ¿Vivo yo en acción de gracias? La eucaristía es una acción de gracias por la vida resucitada de Cristo. Jesús celebró la Cena, la víspera de su muerte, "dando gracias" (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

domingo, 15 de septiembre de 2024

Lunes de la semana 24 de tiempo ordinario: tu Palabra, Señor, nos trae la salvación y la Eucaristía y la caridad

Lunes de la semana 24 de tiempo ordinario: tu Palabra, Señor, nos trae la salvación y la Eucaristía y la caridad

A. Lecturas:

   1. I Corintios (11,17-26.33): Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.

   2. Salmo 39,7-8a.8b-9.10.17: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

   «Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

   He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

   Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación.

   3. Lucas 7,1-10: «Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un criado enfermo y moribundo a quien estimaba mucho. Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: «Merece que hagas esto, pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga». Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: «Señor no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti; pero di una palabra y mi criado quedará sano. Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados bajo mis órdenes: digo a éste: ve, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: «Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe». Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

B. Comentario:

   1. San Pablo sigue instruyéndonos, ahora en la unidad y comunión: -"Hermanos, no os felicito por vuestras asambleas porque son más para mal que para bien: Cuando os reunís, hay entre vosotros divisiones... Cada uno se apresura a comer su propia cena..." Los corintios celebraban la eucaristía durante una comida, llamada "ágape". Pablo les reprocha hacer de ella precisamente todo lo contrario de lo que ha de ser un encuentro familiar: que haya divisiones entre ellos, y que estas desigualdades chocantes se note en la comida de hermandad: pues las personas ricas se agrupaban en las mismas mesas y comían mejor mientras que los pobres tenían que contentarse con lo poco que podían meter en su cesta.

   Es un punto de examen para evitar nosotros el individualismo, el "cuerpo de Cristo" es comunión, en la vida corriente, también fuera de la misa.

   Ahora nos habla de "la cena del Señor": -"Os he transmitido lo que recibí de la tradición que viene del Señor". Este es el texto más antiguo sobre la institución de la eucaristía. No se inventa la eucaristía, esta carta se ha escrito muy pocos años después de que ellos, evangelizados, reciban de los apóstoles esa tradición que «viene del Señor». Y es lo que recuerda esta carta, de manera que saben que fue exactamente así como han recibido la Eucaristía de los apóstoles. Y que esto es estar «en comunión con el conjunto de la Iglesia», al estar en comunión con Cristo.

   -"La noche misma en que fue entregado, el Señor Jesús tomó pan... Esto es mi cuerpo entregado por vosotros... Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre... Cada vez que comáis de este pan y bebáis de esta copa proclamáis la muerte del Señor, hasta que venga". Lo esencial es la «Fe»: «Proclamaréis la muerte del Señor». Esto nos permite comprender mejor, cuán escandalosa era la conducta anticomunitaria de los corintios. Jesús se ha «entregado», «ha amado hasta el fin», ha llegado a «morir por nosotros»... y ¿podríamos vivir nosotros como unos «individualistas», y unos «egoístas»?

   -"Haced esto en memoria mía".  La eucaristía es una acción: «¡haced!». Es una acción simbólica, cargada de un «recuerdo», de un «memorial» (Noel Quesson).

   En el Padrenuestro nos hace decir lo de "perdónanos como nosotros perdonamos", a continuación nos invita a "darnos fraternalmente la paz", luego vemos cómo se parte el Pan en el que vamos a participar todos (un símbolo de unidad), y así vamos a comulgar en procesión, cantando, unos junto a otros, y participando posiblemente del mismo cáliz.

   Cada Eucaristía nos debe hacer crecer también en fraternidad. Como dice el Catecismo, "para recibir en verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos" (Catecismo 1397).

   2. Con el salmo te pido, Señor, celebrarte con amor, no con sacrificios externos: "Aquí estoy."" Quiero estar contigo, Jesús, para vivir como tú la obediencia al Padre: "para hacer tu voluntad."

   3. Jesús, hoy nos muestras tu diálogo con un hombre de fe: -"Jesús entró en Cafarnaúm. Un centurión del ejército romano tenía un siervo a quien estimaba mucho; éste estaba enfermo a punto de morir". Este oficial era un pagano... pues al hacer el milagro que le pedía, Jesús hizo notar "que no había encontrado una fe tal ni en Israel". Estamos ante una salvación universal… desde su fundación de Jesús, aunque luego no todos vivan ese espíritu…

   -"El centurión había oído hablar de Jesús, y le envió unos notables judíos para rogarle que fuera a curar a su siervo...": "Merece que se lo concedas porque quiere a nuestra nación y es él quien nos ha construido la sinagoga". Ese pagano es seguidor de Jesús sin saberlo, busca la verdad, y de su propio bolsillo había pagado la construcción de una sinagoga, que no era su religión romana. Quizá había superado el politeísmo. Entre los paganos y los incrédulos que me rodean ¿no los hay que se interrogan y que buscan la verdad?

   -"Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, que yo no soy quién para que entres bajo mi techo. Por eso tampoco me atreví a ir en persona a encontrarte."" No quiere el pagano que Jesús se manche entrando en su casa, pero Jesús, para quien no hay esas impurezas legales, agradece esa atención y es respetuoso con el detalle de cortesía.

   -"No merezco que entres bajo mi techo". Como él, también nosotros nos encontramos indignos de estar en presencia de Dios: ¡es maravilloso pensar que la Iglesia no ha hallado fórmula mejor para poner en nuestros labios en el momento que nos acercamos a la eucaristía! Repito esa fórmula de humildad, de verdad. Rezo...

   -"Pero con una palabra tuya se curará mi criado". Jesús, sueles curar con gestos y palabras, y delante de la persona enferma. Aquí lo harás a distancia con el centurión, y solo con la palabra, como decimos en la misa: "pero di solamente una palabra y mi alma quedará salvada".

   Y el oficial subraya el poder de la palabra, por su propia experiencia del mando -"digo a mis subalternos: "ve" y "va""- y quiere decir que tu palabra, Jesús, es una palabra potente, que realiza siempre lo que decide. Jesús, di una palabra por lo que te pido… (lo que tengamos en el corazón ahora mismo): que se cure esa persona, que se arregle esta situación… si conviene, si es la voluntad de Dios… tu sola Palabra está presente para salvarnos. Auméntame la fe, Señor, para creer en esta Palabra, que opera nuestra salvación.

   -"Al oír esto Jesús se quedó admirado: No he encontrado tanta fe..."  La Fe... ese sexto sentido que nos permite percibir unas realidades nuevas, invisibles a los sentidos corporales. Dichosos ellos, paganos modernos o cristianos, que mantienen su corazón a la escucha de esas realidades misteriosas y que no aceptan estar solamente clavados a la materia... al tiempo... Lo eterno está aquí (Noel Quesson).

   Hoy vemos también intercesores, santos que nos ayudan a aumentar la fe: «Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Catecismo 956).

Llucià Pou Sabaté

Domingo de la 24ª semana (B):Jesús dio la vida por mí, y yo tengo que darla por Él y por amor los demás.

Domingo de la 24ª semana (B): Jesús dio la vida por mí, y yo tengo que darla por Él y por amor los demás.

A. Lecturas:

   1. Isaías 50, 5-9a. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

   2. Salmo 114,1-2.3-4.5-6.8-9: Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.

   Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida».

   El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó.

   Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

   3. Santiago 2,14-18. ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

   4. Marcos 8,27-35:  "«Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Ellos le respondieron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas». Entonces él les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondiendo Pedro, le dice: «Tú eres el Cristo». Y les ordenó que no hablasen a nadie sobre esto. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Hablaba de esto abiertamente. Pedro, tomándolo apane, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, increpó a Pedro y le dijo:

   «¡Apártate de mí, Satanás!, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres».

   Y llamando a la muchedumbre junto con sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que perdiera su vida por míy por el Evangelio, la salvará».

 

B. Comentario:

   1. Isaías cantaba un poema del siervo de Yahvé, imagen de Jesús, desterrado y azotado, escupido y abofeteado, que supo obedecer, supo aguantar como Jesús ante Pilato: "yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor… el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?" Así hemos de hacer cuando sentimos las violencias físicas, podemos completar lo que falta a la pasión de Cristo. Y en medio del sufrimiento el siervo experimenta la ayuda de Dios, que lo hace más fuerte que el dolor. Por eso practica la no resistencia a través del sufrimiento: confía sólo en Dios, que está con él. "...A quien te golpee la mejilla... ofrécele la otra..." como hizo Jesús, «siervo de Dios»: «porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».

   2. Hoy cantamos el Salmo que los judíos cantan al acabar la comida de Pascua, pues recuerda la liberación de la esclavitud de Egipto. Cómo Dios los ayudó a  escapar del grave peligro: Israel era prisionero en las redes del terrible faraón, sin ninguna libertad, se sentía muy "pequeño y débil" y "gritó". Y Dios lo escuchó y lo liberó a Israel, y lo hizo entrar en la "tierra del reposo", "la tierra de los vivos"... en que se vive a gusto: "Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida", pero podemos pensar que es el cielo, porque "Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco".

   Y así podemos rezar cuando nos vemos en peligro nosotros, Dios viene y nos saca del pozo: "Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida»". Y es que "El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída." Por eso me propongo desde hoy: "Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida".

   Jesús cantó la tarde del Jueves Santo este salmo al instituir la Eucaristía: "Amo al Señor... Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del Abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: `¡Señor, salva mi vida!'» y es que Jesús se preparaba a morir por mí… Me acerco a este salmo con profunda reverencia…

   3. Santiago dice: "¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?" Está claro,  es como al ver un perro que se mueve, sabemos que está vivo. "¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta" O sea que si yo no tengo amor a los demás mi fe es como si estuviera muerta… entiendo que si no me ocupo de un necesitado y digo que amo a Dios es que es todo de boquilla pero no de verdad... "Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»" Es aquello de que por sus frutos los conoceréis…

   4. En el Evangelio vemos a Jesús que hace una encuesta, "preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»", el enviado por Dios, el ungido, el que viene a salvarnos. Es una expresión hermosa de nuestra fe, la que hace Pedro. Pero todavía es débil. Lo que pasa es que pensaban entonces que quería decir un guerrero, por eso se inventa un nombre (el "hijo del Hombre") para que piensen que viniendo de Dios, era también el "siervo de Yavhé" sufriente, y les dice Jesús: "«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»"

   Les dice dos cosas: que era el Hijo de Dios de la profecía de Daniel (que venía del cielo) pero que tenía que sufrir, y esto provoca la protesta del jefe de filas: "Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»"

   -El Hijo del Hombre sufriente: Comienza una nueva revelación, que ha de morir en la cruz por nosotros, y que nosotros también hemos de tomar la cruz de cada día, pequeñas mortificaciones, no ser caprichosos, levantarnos puntuales, cosas que ayuden a los demás como hacer pequeños servicios o encargos en casa, obedecer a la primera, hacer los deberes o estudiar cuando toca, sonreír cuando nos cuesta, y ofrecer esas pequeñas cosas, como un sacrificio. A veces nos costará tener buen carácter, dejar los problemas del trabajo fuera de la casa, como aquel que se imaginaba que los colgaba de un árbol que tenía en el jardín, para estar con la familia con  buen humor. Hoy te pido, Señor, tener la mortificación de la sonrisa. Que no me enfade, o me desenfade enseguida, con la sencillez del niño, que olvida enseguida los enfados para volver a sus juegos, porque a veces me quedo como "encasquillado", primero me enfado y luego al darme cuenta de la tontería me enfado por haberme enfadado. Quiero arreglar las faltas de amor con actos de amor, sin darle vuelta a las cosas... Unidos al sacrificio de Jesús, eso tiene mucho valor, que podemos meter en el banco de la comunión de los santos, que es como un banco de sangre espiritual, para ayudar a los que están sufriendo en tantos lugares del mundo, o para interceder para que no haya guerras, o no mueran de hambre, o las almas del purgatorio vayan al cielo…

15 de septiembre, Nuestra Señora de los Dolores. María “estaba al pie de la cruz”, corredimía y ofrecía su consuelo, como sigue haciendo con nosotros

15 de septiembre, Nuestra Señora de los Dolores. María "estaba al pie de la cruz", corredimía y ofrecía su consuelo, como sigue haciendo con nosotros

 

A. Lecturas:

   1. Hebreos 5,7-9: Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

   2. Salmo 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20: A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí.

   Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame.

   Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.

   Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen.

   Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos.

   SECUENCIA: La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenia. ¡Oh cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena! Cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena. Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo, en tanto dolor? ¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor? Por los pecados del mundo, vio a Jesús en tan profundo tormento la dulce Madre. Vio morir al Hijo amado, que rindió desamparado el espíritu a su Padre. ¡ Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo. Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí. Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí. Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo; porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo.. ¡Virgen de vírgenes santas!, llore ya con ansias tantas, que el llanto dulce me sea; porque su pasión y muerte tenga en mi alma, de suerte que siempre sus penas vea. Haz que su cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio; porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio. Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén; porque, cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén.

   3. Juan 19,25-27. En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -«Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: -«Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

   O bien: Lucas 2,33-35: 33Su padre y su madre estaban sorprendidos por lo que se decía del niño. 34Simeón los bendijo y dijo a María su madre: -Mira, éste está puesto para que en Israel unos caigan y otros se levanten, y como bandera discutida 35-y a ti, tus anhelos te los truncará una espada-; así quedarán al descubierto las ideas de muchos.

 

B. Comentario: Cuando alguien sufre no valen los discursos, sino estar ahí, acompañando; esto hizo María: "estaba al pie de la cruz", triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena… y allí corredimía.

   1. La carta a los Hebreos nos dice que el Hijo de Dios, hecho hombre, compartió con nosotros todo, menos el pecado, pero sufrió más que nosotros; y en su dolor fue acogido y recibió la bendición del Padre, pero sin renunciar al camino de amargura en su fidelidad. María lo imitó. Jesús, sufriendo, aprendió a obedecer. Y también María. ¡Cómo rezaría el Padrenuestro, en los momentos duros, diciendo "hágase tu voluntad"! Y así como la obra de su hijo "se ha convertido en autor de salvación para todos", también ella se asoció íntimamente a esa obra.

   "Jesús, "aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia" (Hb 5, 8). ¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar nosotros, que hemos llegado a ser hijos de adopción en él! Procuramos hacer lo que agrada al Padre (cf Jn 8, 29): "Adheridos a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará tanto en la tierra como en el cielo" (Orígenes, or. 26).

   "Considerad cómo Jesucristo nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que nuestra virtud no depende sólo de nuestro esfuerzo sino de la gracia de Dios. El ordena a cada fiel que ora, que lo haga universalmente por toda la tierra. Porque no dice 'Que tu voluntad se haga' en mí o en vosotros 'sino en toda la tierra': para que el error sea desterrado de ella, que la verdad reine en ella, que el vicio sea destruido en ella, que la virtud vuelva a florecer en ella y que la tierra ya no sea diferente del cielo (San Juan Crisóstomo, hom. in Mt 19, 5)'" (Catecismo 2825).

   2. "Sálvame, Señor, por tu misericordia", rezamos con el salmista. Pedimos al Señor que sea "la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame". Que nos quite todo mal,  y nos abandonamos en Él: "Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen". Esta confianza nos sostiene, y está basada en el amor que Dios nos tiene: "Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos".

 

   3. El evangelio de Juan nos dice que «junto a la cruz de Jesús estaba su madre», con una fidelidad hasta las últimas consecuencias. La virgen dolorosa es una madre valerosa, que se mantuvo firme de pie junto a la cruz, es decir, que no se dejó derrumbar por el dolor. Es un valor que está sustentado por la esperanza. Es luz para que en las penas pensemos en que está por amanecer un día nuevo, el día de la vida.

   "…Y a ti una espada te atravesará el corazón", podemos leer en san Lucas lo que escuchaste tiempo atrás, Virgen María, sobre este momento de la cruz que llegaría, como recuerda el Vaticano II: "Así también la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie, se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma, y, por fin, fue dada como Madre al discípulo por el mismo Cristo Jesús, moribundo en la Cruz con estas palabras: «¡Mujer, he ahí a tu hijo!»" (LG 58).

   La secuencia de hoy reza: "Haz que esa cruz me enamore y que en ella viva y more, / de mi fe y amor indicio, porque me inflame y encienda". Y también: "¡Oh dulce fuente de amor!, / hazme sentir tu dolor  para que llore contigo. / Haz que, por mi Cristo amado  / mi corazón abrasado más viva en Él que conmigo".

   A ti te pedimos, Nuestra Señora de los Dolores, también en algunos sitios se te llama Nuestra Señora de las Angustias, o Nuestra señora de los Siete Dolores, que esta fiesta nos una por ti a Jesús y nos dejemos contemplar por Él. Tú viste a Jesús rechazado por las autoridades del pueblo y amenazado de muerte. Cuando en el Via Crucis te encontraste con tu Hijo llevado para crucificar, quizá le dijiste "aguanta conmigo, Madre, que estoy haciendo nuevas todas las cosas"… y tu paciencia se consumó en el Calvario.

   De esta manera, María se convierte en figura y modelo para todo cristiano. Por haber estado estrechamente unida a la muerte de Cristo, también está unida a su resurrección. La perseverancia de María en el dolor, realizando la voluntad del Padre, le proporciona una nueva irradiación en bien de la Iglesia y de la Humanidad. María nos precede en el camino de la fe y del seguimiento de Cristo. Y el Espíritu Santo nos conduce a nosotros a participar con Ella en esta gran aventura (Josep M. Soler, Abad de Montserrat).

   María es al pie de la Cruz Madre de Cristo, Madre de los cristianos: "Entregándonos filialmente a María, el cristiano, como el Apóstol Juan, 'acoge entre sus cosas propias' a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su 'yo' humano y cristiano" (Juan Pablo II).

   Ella, corredentora, nos enseña la gallardía con que el cristiano debe sobrellevar el dolor. El dolor no es ya un maldito hijo del pecado que nos atormenta tontamente; es el precio del amor a los demás. No es el castigo de un Dios que se regocija en hacer sufrir a sus criaturas, es el momento en que podemos ofrecerlo por el bien espiritual de los demás, es la experiencia de la corredención, como María. Ella miró la cruz y a su Hijo y ofreció su dolor por todos nosotros.  ¿No podríamos hacer también lo mismo cuando sufrimos? Mirar la cruz. Salvar almas.

   El sufrimiento parece que se aficiona a algunas personas de un modo especial. La vida de la Santísima Virgen estuvo profundamente marcada por el dolor. Dios quiso probar a su Madre, nuestra Madre, en el crisol del sacrificio. Y la probó como a pocos. María padeció mucho. Pero fue capaz de hacerlo con entereza y con amor. Ella es para nosotros un precioso ejemplo también ante el dolor. Hoy repasamos el dolor ante las palabras de Simeón que anuncian la cruz, y el dolor de la cruz es también causa de salvación. El anciano profeta no le predijo grandes alegrías y consuelos a nivel humano. Al contrario: "este niño será puesto como signo de contradicción, -le aseguró-. Y a ti una espada de dolor te atravesará el alma". Semejantes presagios no le quitaron la paz y la confianza en Dios. Y en su interior volvería a resonar con fuerza y seguridad el fiat aquel lleno de amor de la anunciación.

    "La suave Madre -afirma Luis M. Grignion de Montfort- nos consuela, transforma nuestra tristeza en alegría y nos fortalece para llevar cruces aún más pesadas y amargas". María en la pasión y junto a la cruz de su Hijo se sintió crucificar con Él. Así describe Atilano Alaiz los sentimientos de la Madre ante el Hijo: "Los latigazos que se abatían chasqueando sobre el cuerpo del Hijo flagelado, flagelaban en el mismo instante el alma de la Madre; los clavos que penetraban cruelmente en los pies y en las manos del Hijo, atravesaban al mismo tiempo el corazón de la Madre; las espinas de la corona que se enterraban en las sienes del Hijo, se clavaban también agudamente en las entrañas de la Madre. Los salivazos, los sarcasmos, el vinagre y la hiel atormentaban simultáneamente al Hijo y a la Madre".

   El colmo del sacrificio está en ver morir a los seres amados. Lope de Vega decía con gran realismo: "Sin esposo, porque estaba José / de la muerte preso; / sin Padre, porque se esconde; / sin Hijo, porque está muerto; / sin luz, porque llora el sol; / sin voz, porque muere el Verbo; / sin alma, ausente la suya; / sin cuerpo, enterrado el cuerpo; / sin tierra, que todo es sangre; / sin aire, que todo es fuego; / sin fuego, que todo es agua; / sin agua, que todo es hielo..."  Creyendo, confiando y amando Ella supo esperar la mayor alegría de su vida: recuperar a su Jesús para siempre tras la resurrección. Aprendamos de María.

Llucià Pou Sabaté 

sábado, 14 de septiembre de 2024

14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz: la misericordia divina transforma el mal y el pecado en perdón y salvación, pero es preciso mirar la Cruz, dejarse amar por Jesús

14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz: la misericordia divina transforma el mal y el pecado en perdón y salvación, pero es preciso mirar la Cruz, dejarse amar por Jesús

 

A. Lecturas:

   1. Números 21,4-9: En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo rodeando el territorio de Edom.

   El pueblo estaba extenuado del camino y habló contra Dios y contra Moisés: -¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos pan ni agua y nos da náusea ese pan sin cuerpo. 

   El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés diciendo: -Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.

   Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: -Haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla. Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte; cuando una serpiente mordía a uno, miraba la serpiente de bronce y quedaba curado.

   2. Salmo 77,1-2. 34-35. 36-37. 38: Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; / inclinad el oído a las palabras de mi boca: / que voy a abrir mi boca a las sentencias, / para que broten los enigmas del pasado.

   Y cuando los hacía morir, los buscaban, / y madrugaban para volverse hacia Dios; / se acordaban de que Dios era su roca, / el Dios Altísimo, su redentor.

   Lo adulaban con sus bocas, / pero sus lenguas mentían: / su corazón no era sincero con él / ni eran fieles a su alianza.

   El, en cambio, sentía lástima, / perdonaba la culpa y no los destruía: / una y otra vez reprimió su cólera, / y no despertaba todo su furor.

   3. Filipenses 2,6-11: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo-, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

   4. Juan 3,13-17: "En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él".

 

B. Comentario:

   1. En el 630 Heraclio, emperador de Bizancio, tras derrotar al rey de Persia, Cosroes, recuperó la reliquia de la Santa Cruz que éste se había llevado de Jerusalén catorce años antes. Cuando iban a colocar de nuevo la reliquia de la Cruz en la basílica que Constantino había erigido en el Calvario, cuenta una tradición litúrgica que "Heraclio, revestido con ornamentos de oro y piedras preciosas, quiso cruzar la puerta que da al Calvario, pero no podía. Cuanto más se esforzaba por seguir, más se sentía como clavado en aquel lugar. Estupor general. Entonces el obispo Zacarías le hizo notar al emperador que tal vez aquellas ropas de triunfo no condecían con la humildad con que Jesucristo había cruzado aquel umbral llevando la cruz. Inmediatamente el emperador se despojó de sus lujosas vestiduras y, con los pies descalzos y vestido como un hombre cualquiera, recorrió sin la menor dificultad el resto del camino y llegó hasta el lugar donde había que colocar la cruz".

   De este episodio proviene remotamente el rito del Papa que se dirige sin ornamentos y con los pies descalzos, a besar la cruz. Nosotros también queremos, como el publicano (cf Lc 18,14), acercarnos con sencillez a la cruz y sentirnos perdonados, renovados como dice el profeta Isaías: "Será doblegado el orgullo del mortal, será humillada la arrogancia del hombre; sólo el Señor será ensalzado aquel día" (Is 2,17).

   En la Cruz, Señor, dijiste "todo está cumplido" (Jn 19,30). Te pido que hagas que ese día sea también hoy, que me meta en esas palabras de tu anonadamiento: "Cristo Jesús, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó a sí mismo" (Flp 2,6-8). Tú haces, Señor, que en tu carne el dolor sea convertido en gloria: "No tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas, ni aspecto que nos cautivase. Despreciado y evitado de la gente, al verlo se tapaban la cara; lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido" (Is 53,2-4). María, tú entiendes de ese dolor, te pido que con tu intercesión participe yo también de "la fuerza de la cruz" (cf 1 Co 1,18), de la debilidad convertida en gloria.

   El pueblo de Israel se queja por el desierto de la comida, añora el pescado y las cebollas de Egipto cuando unas serpientes muy peligrosas los atacaron, y la serpiente de bronce levantada por Moisés sobre un asta en medio del campamento pasa a ser profecía de Jesús, levantado sobre el madero de la cruz. Somos salvados también nosotros si «nos volvemos» hacia la cruz de Jesús, es decir, si nos convertimos. El pecado de la serpiente del Génesis, la seducción de la humanidad por el mal, queda aquí transformado en motivo de salvación.

   Nos dijiste también, Señor, que «cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. Decía esto para significar de qué muerte iba a morir» (Jn 12,32-33).  Moisés intercedió por el pueblo, y así tú, Señor, en oración eres el que nos lleva a la tierra prometida de tu Reino. Tú eres el Camino, la Verdad que en él encontramos, y la Vida que es compartir con nosotros la tuya.

   Así, te nos muestras en el salmo como el buen Pastor que nos busca para salvarnos: "Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; / inclinad el oído a las palabras de mi boca: / que voy a abrir mi boca a las sentencias, / para que broten los enigmas del pasado". Quiero aprender de tu providencia, Señor, para sentirme seguro en tus manos, en que me guías a lo largo de mi vida, de la historia como hiciste en la salida de Egipto de Israel, dándoles agua y comida en el desierto.

   En tu cruz, Señor, Dios se vuelve contra sí mismo, hasta que gana tu misericordia frente a la infidelidad de tu pueblo. Es la historia de nuestra flaqueza y tu amor de Padre: «Ellos abusaron de la paciencia de Dios y se rebelaron contra él; no guardaron los preceptos del Altísimo; fueron desertores y traidores como sus padres, fallaron como un arco flojo. Provocaron su ira».

   2. Ten aún paciencia conmigo, Señor. Abre mis ojos para que vea tus obras y confíe en tu poder. Que las lecciones del pasado levanten mi confianza en el futuro. Refréscame la memoria…; que sepa sentir como el salmista: "se acordaban de que Dios era su roca, / el Dios Altísimo, su redentor".

   Déjame que reconozca el historial de tu misericordia, Señor: «El, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: / una y otra vez reprimió su cólera, / y no despertaba todo su furor".

   3. Jesús, aceptaste la humillación recordada por el himno, te haces esclavo y te vacías de tu divinidad para darme Vida eterna: "Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz". La cruz, señal del cristiano: "Es preciso pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios" (Hch 14, 22). Así lo han hecho los santos.

   Señor, te doy gracias pues tu humanidad exaltada hasta entrar en Dios hace que "toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre", como el centurión proclamó en tu cruz: "verdaderamente este hombre era hijo de Dios".

   Quisiera vivir tu consejo, Pablo: "tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús". El himno tiene una primera parte descendente por la humillación, y una segunda ascendente pues al descenso gradual en la humillación corresponde una ascensión triunfal en la gloria. Esto nos recuerda otro pasaje: "siendo él rico se hizo pobre por vosotros, para que os hicierais vosotros ricos por su pobreza" (2 Cor 8,9). Te anonadaste, Señor (te vaciaste de ti mismo, en contraposición al que se hincha con un honor aparente) hasta el límite: hasta la muerte y muerte de cruz. Pero desde el abismo de la cruz adonde descendió porque quiso, Dios lo ensalzó para darle un "nombre" que está por encima de todo nombre. El nombre es para los hebreos la expresión del propio ser, la proclamación de lo que uno es; al recibir Jesús el "nombre-sobre-todo-nombre" se expresa lo que él es por encima de toda criatura. Jesús es el Señor. El nombre significa también la misión que uno ha de cumplir en el mundo, la misión de Cristo es la más excelsa.

   4. "En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre". Señor, te das a ti mismo, en ti Dios se nos da del todo.

   -"Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna". En esta tu entrega, Señor, se nos recuerda el sacrificio que otro padre -Abraham- hizo también de su hijo único Jesús, como el Padre se entrega también en ti. Aquí nos hablas de cuando "Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte", aquel gesto salvador del desierto, y así "cuando una serpiente mordía a uno, éste miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado". Todo ello era una profecía de tu pasión en la cruz; el que te mira, el que cree, queda curado, salvado.

   La salvación nos viene por tu Pasión, Señor: "Cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí". Se salva el abismo que había abierto el pecado, eres Pontífice, creador de puentes, entre el cielo y la tierra, por el sacrificio de tu Persona divina y humana. Tu nombre, "Jesús", significa "Dios salva".

   El sentido de la cruz es misterioso, pues su exaltación con nos hace ver que nuestros sacrificios en bien de los demás nos identifica con el de Jesús, en las cosas grandes y también en las cosas pequeñas de cada día. Y cuando llega la cruz inesperada, podemos decir lo que una monja: "Corazón de Jesús, que me iluminas,/ hoy digo que mi Amor y mi Bien eres,/ hoy me has dado tu Cruz y tus espinas/ hoy digo que me quieres". Pues "El Señor, Sacerdote Eterno, bendice siempre con la Cruz", y si nos unimos a Él, participamos de la redención, nos hacemos corredentores.

   "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él", nos sigues diciendo, Señor, en tu afán de salvarnos a todos… ayúdame a abrirme a tu salvación, a que mucha gente la acoja en su corazón.

 

Llucià Pou Sabaté

Sábado de la semana 23 de tiempo ordinario; año par Jesús es la roca fuerte sobre la que edificar mi vida, ha venido al mundo para salvarme

Sábado de la semana 23 de tiempo ordinario; año par

Jesús es la roca fuerte sobre la que edificar mi vida, ha venido al mundo para salvarme

A. Lecturas:

   1. I Corintios (9,16-19.22b-27): El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.

   2. Salmo 83,3.4.5-6.12: Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

   Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

   Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.

   Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.

   3.  Lucas 6,43-49: "En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: -«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mi, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina»".  

B. Comentario:

   1. San Pablo, hoy nos animas a no caer en la fe falsa: -"Hermanos queridos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes". Señor, líbranos de nuestros ídolos. Señor, líbranos de nuestros falsos dioses: el dinero, el éxito, la fama, tanta superstición que sustituye la religión verdadera…

   En el fondo, apoyarse en un ídolo es hacerse vanas ilusiones: se nos quebrará en las manos. Relativizar las cosas relativas es, por el contrario, de "hombres prudentes". Sólo Dios es Dios.

   -"La copa que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?" Las cenas eucarísticas sí tienen un sentido pleno (y no las cenas paganas que hacían entonces). Tu "presencia", Señor, se hace viva cuando rezamos juntos, pero sobre todo cuando compartimos tu pan y vino consagrados: ¡tú estás aquí, Señor, entre nosotros! Y comulgamos con tu Presencia. Te pido ser más consciente de poder estar ya algo en el cielo, si no me distraigo…

   -"Porque, aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo". Es también muy bonito, Señor, que si estoy contigo estoy más con los demás: unido, pues tú eres Amor, y amar es participar de tu amor. Y con esa unión íntima con los demás, la alegría viene: en la pareja, las familias unidas, ambiente de trabajo...

   -"Pues todos participamos de un solo pan". Misterio de amor: la Iglesia se construye en la Eucaristía, pero ahí está también el centro de mi vida, y de mi relación con los demás. El rito del pan «partido» y repartido es todo un símbolo: comulgamos del mismo pan para expresar que recibimos al mismo Cristo. No hay un Cristo para unos y otro para los demás (Noel Quesson).

   2. "Sálvame, Señor, por tu misericordia", te pido con palabras del Salmo: "A ti, Señor, me acojo: / no quede yo nunca defraudado; / tú, que eres justo, ponme a salvo, / inclina tu oído hacia mí". Porque con tu ayuda voy seguro, pero te pido que no me dejes, que me animes a buscarte siempre y abandonarme en ti: "Ven aprisa a librarme, / sé la roca de mi refugio, / un baluarte donde me salve, / tú que eres mi roca y mi baluarte; / por tu nombre dirígeme y guíame". Por último, que si caigo en mis despropósitos o me pierdo en cualquier extravío, me saques pronto de ahí:

   "Sácame de la red que me han tendido, / porque tú eres mi amparo. / A tus manos encomiendo mi espíritu: / tú, el Dios leal, me librarás". Aunque esté como falto de fuerzas, dame tu fortaleza: "Pero yo confío en ti, Señor, / te digo: "Tú eres mi Dios." / En tus manos están mis azares: / líbrame de los enemigos que me persiguen". Te doy gracias, Señor, por todo: "Qué bondad tan grande, Señor, / reservas para tus fieles, / y concedes a los que a ti se acogen / a la vista de todos".

   3. Nos hablas hoy, Jesús, de pureza de intención, y las obras dan a conocer el corazón de las personas: -"No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. No se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimia uva de los espinos". Quieres recordarnos que es el "fondo" del hombre lo que permite juzgar sus actos. La calidad del fruto depende de la calidad del árbol. El "corazón", es decir, "el interior profundo" del hombre es lo esencial. Es necesario que los gestos exteriores correspondan a una calidad de fondo.

   "-El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal". No somos aquello que decimos sino principalmente lo que hacemos, por nuestros frutos se nos conocerá. Luego, por las palabras, y quizá lo último es lo que pensamos. Lo que tenemos en el corazón es lo que sacamos al exterior, también en las palabras:

   -"Porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca". Jesús, no sé si hablabas aquí de los judíos, como que daban frutos malos porque no cuidaban el buen corazón, pero sin duda quieres también hablarme a mí, y te pido que cuides mi interior para que salga lo bueno fuera. Y al revés, también lo que hablamos influye en lo que hay en corazón y en cómo pasarán las cosas. A veces necesitamos hablar, pero tal como decimos las cosas también nos hacemos positivos o negativos. Un amigo me explicó algo doloroso y luego me dijo: "ya me he desahogado, ahora tengo que decir stop y dejar de hablar de eso, si no me configuraría negativamente". Me gustó, porque los pensamientos, y más las palabras, nos hacen modelar el carácter de un modo u otro. Se puede decir que la proyección de nuestro modo de pensar y hablar hace que la realidad, los hechos, sean según hemos construido antes, así si pensamos que con la ayuda de Dios algo irá bien, aquello tiene más posibilidades de que así sea.

   -"¿Por qué me invocáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que os digo?" Jesús, prefieres los actos buenos a las palabras vacías: -Todo el que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone en obra... nos hablas siempre de la escucha de la Palabra, y de las obras…

   -"Se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y asentó los cimientos sobre roca; vino una crecida, rompió el río contra aquella casa y no se tambaleó porque estaba bien construida". En la vida cristiana, la base eres tú, Jesús, y el don de nuestra filiación divina. Llevas a plenitud lo que es el hombre, que a la base tiene el amor, la lealtad y las otras virtudes humanas. «Cuando un alma se esfuerza por cultivar las virtudes humanas, su corazón está ya muy cerca de Cristo. Y el cristiano percibe que las virtudes teologales -la fe, la esperanza, la caridad-, y todas las otras que trae consigo la gracia de Dios, le impulsan a no descuidar nunca esas cualidades buenas que comparte con tantos hombres.

   "Las virtudes humanas  insisto  son el fundamento de las sobrenaturales; y éstas proporcionan siempre un nuevo empuje para desenvolverse con hombría de bien. Pero, en cualquier caso, no basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas. «Discite benefacere», aprended a hacer el bien. Hay que ejercitarse habitualmente en los actos correspondientes -hechos de sinceridad, de veracidad, de ecuanimidad, de serenidad, de paciencia-, porque obras son amores, y no cabe amar a Dios sólo de palabra, sino «con obras y de verdad»" (J. Escrivá, Amigos de Dios  91). Señor, te pido ser leal, afable, cortés, generoso, sincero…

   -"Por el contrario, el que las escucha y no las pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos. Rompió contra ella el río y en seguida se derrumbó, y la destrucción de aquella casa fue completa". Santa María, Madre mía, tú eres el mejor árbol, puesto que has dado el mejor fruto: «bendito es el fruto de tu vientre». Eres maestra de todas las virtudes. Ayúdame a ser humilde, pues sin humildad, no puedo adquirir ninguna virtud (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté