jueves, 22 de agosto de 2024

22 de agosto, Santa María Reina del Universo y nuestra protectora

22 de agosto, Santa María Reina del Universo y nuestra protectora

A. Lecturas:

   1. Isaías 9, 1-6: El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.

   Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.

    Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego.

    Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz». Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

   2. Salmo 112,1-8: Alaben, servidores del Señor, alaben el Nombre del Señor Bendito sea el Nombre del Señor, desde ahora y para siempre.

   Desde la salida del sol hasta su ocaso sea alabado el Nombre del Señor. El Señor está sobre todas las naciones, su gloria se eleva sobre el cielo.

   ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas, y se inclina para contemplar el cielo y la tierra?

   Él levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria, para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo.

   3. Lucas 1,26-38: El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

    El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»

    Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

    Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»

    María dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»

    El ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»

    María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.» Y el ángel se alejó.

B. Comentario: La celebración de Santa María Reina nos invita a contemplar a María en su papel especial dentro del plan de Dios. María es Reina porque es la Madre del Rey de reyes, Jesucristo. En este contexto, las lecturas de hoy nos guían a entender mejor la realeza de Cristo y, en consecuencia, la de María.

1. La profecía de Isaías nos habla de una gran esperanza para un pueblo que vivía en tinieblas: "El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz". Este anuncio es profundamente mesiánico, hablando de la venida de un niño que traerá paz y justicia. Este niño, al que se le da títulos tan exaltados como "Consejero maravilloso", "Dios fuerte", y "Príncipe de la paz", es una clara referencia a Jesús.

María, como madre de este niño, participa de manera única en esta promesa. Ella es la "Nueva Eva" que, al decir "sí" al plan de Dios, permite que la Luz del mundo, Jesús, entre en la oscuridad de la humanidad. La soberanía de Cristo se extiende sobre todo, y María, por su íntima relación con Él, es también elevada a la dignidad de Reina.

2. El Salmo 112 es un himno de alabanza al Señor por su grandeza y misericordia. Nos recuerda que Dios eleva a los humildes y los pobres: "Él levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria, para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo."

Este salmo resuena profundamente con la vida de María, quien en su humildad fue exaltada por Dios. Su "Magnificat" (Lc 1,46-55) expresa una verdad similar: "El Señor ha hecho en mí maravillas". María, la humilde doncella de Nazaret, es elevada a la realeza porque Dios miró la pequeñez de su sierva y la colmó de gracia. En María, el Señor cumple su promesa de levantar a los humildes, haciéndola Reina del cielo y de la tierra.

3. El Evangelio narra la Anunciación, un momento clave no solo en la vida de María, sino en la historia de la salvación. El ángel Gabriel anuncia a María que será la madre del Hijo de Dios, quien "reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". Esta promesa del Reino eterno de Jesús es fundamental para entender la realeza de María.

María responde con un acto de fe total: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Esta aceptación plena y sin reservas del plan divino es lo que la convierte en la primera y más perfecta discípula de Cristo, y también en la Reina que siempre intercede por sus hijos.

Las palabras de Jesús en la cruz nos conceden la maternidad de María. El término "Mujer" que Jesús utiliza para referirse a su madre en la cruz, es una referencia importante que nos conecta con la profecía del Génesis y con la figura de María como la nueva Eva. En este contexto, la "Mujer" es la que aplasta la cabeza de la serpiente, y en la cruz, Jesús reafirma esta identidad de María, vinculándola a la promesa de redención que se cumplirá en Él. Esta "Mujer", que es tanto la madre de Cristo como la madre de todos los cristianos, es también la Reina que intercede por nosotros y que nos guía en nuestro camino de fe.

Las palabras de Cristo no son simples declaraciones, sino que tienen el poder de realizar lo que significan. Esto es crucial para comprender la profundidad de la declaración "He ahí a tu hijo" y "He ahí a tu madre". Estas palabras crean una nueva realidad: María se convierte en madre no solo de Juan, sino de toda la humanidad, y Juan representa a todos nosotros. Esta maternidad es, por lo tanto, una gracia que nos es dada por Cristo mismo, y que nos invita a identificarnos más profundamente con Él.

María, al ser proclamada Reina, lo es porque es madre de Cristo y, en Él, madre de todos los que forman parte de su cuerpo místico, la Iglesia. La reflexión señala que nuestra filiación con María depende de nuestra identificación con Cristo. Solo en la medida en que nos parezcamos a Cristo, en que vivamos como verdaderos discípulos amados, podemos ser considerados verdaderamente hijos de María. Esta relación filial implica una semejanza espiritual con nuestra Madre, que debe reflejarse en nuestra vida.

La presencia de María en la Eucaristía es también clave para nuestra vida. En cada Misa, el sacrificio de Cristo en el Calvario se hace presente, y con él, también se renueva el don de María como madre. Es una invitación a acoger a María en nuestras vidas, no solo de manera simbólica, sino de forma real y profunda, permitiendo que su intercesión y su ejemplo nos guíen en nuestro camino hacia la santidad.

La fiesta de Santa María Reina nos invita a meditar en la maternidad de María y en nuestra relación con ella como hijos en Cristo. Las lecturas nos muestran cómo María es parte integral del plan de salvación, y cómo su realeza no es un título vacío, sino una realidad profundamente vinculada a su papel como madre del Redentor y madre de la Iglesia. Las palabras de Jesús en la cruz son un acto de amor que nos invita a recibir a María en nuestras vidas y a vivir bajo su protección y guía, siendo cada vez más semejantes a Cristo, el verdadero Rey.

Celebrar a María como Reina es reconocer su papel singular en el Reino de Dios. Ella es Reina no por sus propios méritos, sino porque es la Madre de Cristo Rey. Su realeza es una realeza de servicio, de amor, y de intercesión constante por nosotros ante su Hijo.

Hoy, al meditar en estas lecturas, somos llamados a imitar la humildad y el servicio de María. Así como ella aceptó el plan de Dios con fe y entrega total, nosotros también somos invitados a decir "sí" a la voluntad de Dios en nuestras vidas. Que al celebrar esta fiesta, recordemos que María, nuestra Reina, siempre nos guía hacia su Hijo y nos invita a vivir en su luz y su paz, como verdaderos hijos del Rey.

 

Sábado de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El Señor nos pide sencillez para acoger su salvación

Sábado de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El Señor nos pide sencillez para acoger su salvación

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel 43, 1-7ª: El ángel me condujo al pórtico oriental. Vi la Gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se iluminó con su Gloria. Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando vino a destruir la ciudad, y como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar. Caí rostro en tierra. La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior. La Gloria del Señor llenaba el templo. Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado, y me decía: «Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde apoyo mis pies, y donde voy a residir para siempre en medio de los hijos de Israel».

   2. Salmo 84, 9abc y 10.11-12.13-14: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está cerca de los que le temen, y la gloria habitará en nuestra tierra.

   La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

   El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.

   3. Mateo 23,1-12: "En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: -«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».  

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel acaba su libro con una visión sobre el Israel del mañana: traza las líneas de un Templo imaginario y perfecto, da los nuevos ritos del culto venidero, entrevé el papel futuro de los sacerdotes del retorno del exilio.

   "-El enviado del Señor me condujo hacia el pórtico del nuevo templo, el pórtico que mira a oriente..." Por una de sus puertas entra el «sol naciente». Como las iglesias, con la ventana del ábside a oriente, por donde entra la luz del sol de la mañana para indicar en la misa que Jesús ha resucitado, y celebramos su Pascua.

   -"Y he ahí que la gloria de Dios llegaba de la parte de oriente, con un ruido como el de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria". Todo muestra la gloria de Dios, y estamos llamados a proclamarla con nuestras vidas.

   -"Entonces caí rostro en tierra". Concédenos, Señor, saber adoptar ante Ti las actitudes más convenientes para captar la Presencia. Ayúdanos a entrar en comunicación con lo invisible con todo nuestro ser, alma y cuerpo.

   -"La Gloria del Señor llegó al Templo por el pórtico que mira a oriente. El Espíritu me levantó y me introdujo en el atrio interior: he ahí que la Gloria del Señor llenaba el Templo!

   Y oí una voz que venía del Templo: «Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde se posan mis pies. Aquí habitaré, en medio de los hijos de Israel para siempre»." Hay altos lugares, privilegiados para la presencia divina. Señor, te pido entrar en tu lugar santo, tenerte ya en mi corazón (Noel Quesson).

   2. Cantamos con el Salmo 84: "la salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra". Habla de ti, Jesús, este salmo, de tu Encarnación.

   Contigo, Señor, con tu venida, "la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo"

   Quiero estar contigo, Jesús, te pido con confianza lo que nos prometes: "El Señor nos dará su lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos".

   3. Ayer los fariseos le preguntaban a Jesús, seguramente con no muy buena intención, cuál era el mandamiento principal. Hoy escuchan un ataque muy serio de Jesús sobre su conducta: «haced lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen».

   Los fariseos, personas deseosas de cumplir la ley, muestran en su conducta actitudes que Jesús desenmascara, probablemente refiriéndose no a todos los fariseos sino a los hipócritas. Su lista empieza hoy y sigue durante tres días de la semana próxima:

   - se presentan delante de Dios como los justos y cumplidores;

   - se creen superiores a los demás;

   - dan importancia a la apariencia, a la opinión que otros puedan tener de ellos, y no a lo interior;

   - les gustan los primeros lugares en todo;

   - y que les llamen «maestro», «padre» y «jefe»;

   - quedan bloqueados por detalles insignificantes y descuidan valores fundamentales en la vida;

   - son hipócritas: aparentan una cosa y son otra;

   - no cumplen lo que enseñan: -"Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas".

   -"Haced pues y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque "ellos dicen" y "no hacen"". Así comienzas hoy, Jesús, para enseñarnos algo totalmente diferente. Quiere que seamos árboles que no sólo presenten una apariencia hermosa, sino que demos frutos. Que no sólo «digamos», sino que «cumplamos la voluntad de Dios». Exactamente como él, que predicaba lo que ya cumplía. Así empieza el Libro de los Hechos: «El primer libro (el del evangelio) lo escribí sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio» (Hch 1,l). Hizo y enseñó. ¿Se podría decir lo mismo de nosotros, sobre todo si somos personas que enseñan a los demás y tratan de educarles o animarles en la fe cristiana? ¿Mereceríamos alguna de las acusaciones que Jesús dirige a los fariseos? Jesús, te refieres especialmente a los que tienen encargos de gobierno, los que tienen alguna autoridad… les pides que no se hagan llamar «maestros, padres, jefes»: que entiendan esa autoridad como servicio («el primero entre vosotros será vuestro servidor»), que no se dejen llevar del orgullo («el que se enaltece será humillado»). El mejor ejemplo nos lo diste tú mismo, Jesús, cuando, en la cena de despedida, te despojaste de tu manto, te ceñiste la toalla y empezaste a lavar los pies a tus discípulos: «si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros» (Jn 13,14). Tendremos que corregir lo que tengamos de fariseos en nuestras actitudes para con Dios y para con el prójimo (J. Aldazábal).

   La sencillez es la perfección, y hay que evitar toda manipulación mitificando a los gobernantes: "-Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar "Rabbi"... -Maestro- Ni llaméis a nadie "Padre"... Ni tampoco os dejéis llamar "Doctores"".... No es más el que se levanta engreído, que la persona sencilla que ama. Al contrario. La abuela ancianita que ha vivido toda su vida desvelándose por los demás y rezando sencillamente sus oraciones, sabe y tiene mejor conocimiento de Dios, que todos los doctores en teología, si ellos no hacen lo mismo.

   -"Vosotros sois todos hermanos y tenéis un solo Padre, el del cielo, y un solo Doctor, Cristo"... Sí, los mismos apóstoles no hacen más que transmitir "lo que han recibido".

   -"El mayor entre vosotros sea vuestro servidor. El que se humille, será ensalzado. El que se ensalza, será humillado". ¿Cuándo haremos por fin caso de esas consignas repetidas de humildad y de servicio? Examinar detenidamente en mí todos mis instintos de superioridad... todos mis fariseísmos (Noel Quesson).

   Y es el amor el que transforma a la persona, como dice san Juan de la Cruz: «Cuanto un alma más ama, tanto es más perfecta en aquello que ama; de aquí es que esta alma que ya está perfecta, toda ella es amor y todas sus acciones son amor».

Llucià Pou Sabaté

Viernes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El corazón de Dios es de amor, y nos pide que vivamos a imagen suya: el principal mandamiento es amar a Dios y a los demás

Viernes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El corazón de Dios es de amor, y nos pide que vivamos a imagen suya: el principal mandamiento es amar a Dios y a los demás

 

A. Lecturas:

     1. Ezequiel (37,1-14): En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.

   Me preguntó: «Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»

   Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.»

   Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: «¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor.»»

   Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

   Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: «Así lo dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»»

   Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

   Y me dijo: «Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: «Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados.» Por eso, profetiza y diles: «Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo 106,2-3.4-5.6-7.8-9: Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente.

   Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida.

   Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a ciudad habitada.

   Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes.

   3. Mateo 22,34-40: "En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: -«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: -«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas»".  

 

B. Comentario:

 

   1. Ezequiel nos muestra hoy la más magistral de las profecías: -"La mano del Señor se posó sobre mí, su espíritu me arrebató y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos completamente secos, que cubrían todo el suelo; la mano del Señor me hizo pasar entre ellos". En Babilonia se echaban al osario los cadáveres de los deportados. Aún no se había inventado el horno crematorio. Los chacales y los buitres se encargaban de despedazar todo lo que era comestible; y el sol acababa de «secar» los huesos restantes. Todo parece terminado.

   Para contemplar este espectáculo, Dios invita a su profeta a «dar una vuelta». Símbolo de la desesperación y de la muerte: «estaban completamente secos...»

   -"El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?» Le contesté: «Señor Dios, Tú lo sabes»". Si algo es posible ante la muerte, ya no está en nuestro poder. Sólo está en tu mano, Señor.

   La muerte es ciertamente la cuestión radical a la que la humanidad no puede responder por sus propios medios...

   El símbolo radical de la finitud del ser creado, de todo lo que no es Dios. Señor, Tú sabes si podemos vivir.

   -"Me dijo entonces: «Profetiza sobre estos huesos... Yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros y viviréis... Sabréis entonces que Yo soy el Señor...». Así dice el Señor Dios: ¡Ven, espíritu de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan! Profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron, se incorporaron sobre sus pies, era un enorme, inmenso ejército".

   Incluso desde el punto de vista literario, se trata de una gran página de la literatura de todos los tiempos.

   Preferentemente hay que aplicarla a la Resurrección de Jesús y a nuestra fe en la resurrección de la carne... incluso si para el propio Ezequiel sólo representaba el renacimiento de su pueblo después del exilio.

   -"Decían: nuestros huesos están secos, nuestra esperanza está destruida, ¡estamos perdidos! Pues bien, les dirás: así habla el Señor: Yo abriré vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo a la tierra de Israel".

   Es pues normal que apliquemos esta promesa a nuestras situaciones humanas desesperadas... a nuestras incapacidades, a nuestros horizontes cerrados, a estos problemas, humanamente sin salida con los que nos enfrentamos...

   Es posible, al límite, que esta profecía no se realice totalmente jamás en este mundo. Pero sí que debemos empezar por dejarnos llevar por su dinamismo, ya desde aquí abajo y desde ahora, para revitalizar, para dar un nuevo arranque pascual a nuestras vidas. Pero es preciso también proyectar esta visión sobre nuestro futuro escatológico, sabiendo que la plenitud de esta promesa sólo se cumplirá en el más allá (Noel Quesson).

   -"Infundiré en vosotros mi espíritu y viviréis... Lo he dicho y lo haré. Palabra del Señor Dios".

   2. Rezamos con el Salmo 106: "Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunión de todos los países: norte y sur, oriente y occidente"… La salvación universal, para los que "erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida". Pero Dios es Padre que nos protege, cuando le pedimos: "pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a la ciudad habitada". Por eso damos "gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres".

   3. –"Los "fariseos" al enterarse de que Jesús había hecho callar a los "saduceos", se reunieron en grupo y uno de ellos "doctor en la Ley", le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba"... Se refiere al episodio de la resurrección, donde Jesús salió airoso como de otras trampas que le hicieron (el pago de los impuestos por ejemplo).

   -"Maestro, ¿cuál es el Mandamiento mayor de la Ley?" Es una pregunta típicamente farisaica: la fidelidad a la Ley era el gran problema debatido en sus grupos. Tenían múltiples obligaciones, numerosas prácticas a observar y cantidades de interdictos. Pero sabían que era preciso, sin embargo, hacer distinciones, y no ponerlo todo en el mismo plano: hay mandamientos más graves y otros menos graves. Es pues una verdadera cuestión la propuesta por ese doctor en la Ley. ¿Busco, yo también, lo que es esencial en todas mis obligaciones?

   Fue buena idea la de preguntar a Jesús cuál es el mandamiento principal. Porque los judíos contaban hasta 365 leyes negativas y 248 positivas, suficientes para desorientar a las personas de mejor voluntad, a la hora de centrarse en lo esencial. La respuesta de Jesús es clara: el mandamiento principal es amar. Amar a Dios (lo cita del libro del Deuteronomio: Dt 6) y amar al prójimo «como a ti mismo» (estaba ya en el Levítico: Lv 19). Lo que hace Jesús es unir los dos mandamientos y relacionarlos: «estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas».

   Lo principal para un cristiano sigue siendo amar. Tienen sentido cumplir y trabajar y rezar y ofrecer y ser fieles. Pero el amor es lo que da sentido a todo lo demás. Nos interesa, de cuando en cuando, volver a lo esencial. También nosotros tenemos, en el Código de Derecho Canónico, muchas normas, necesarias… y procura también recoger lo que Jesús nos enseña sobre lo principal y la raíz de lo demás; algunos puntos se refieren a que se apliquen las leyes siguiendo la caridad: «guardando la equidad canónica y teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia» (c. 1752). ¿Puedo decir, cuando me examino al final de cada jornada, que mi vida está movida por el amor?, ¿que, entre tantas cosas que hago, lo que me caracteriza más es el amor a Dios y al prójimo, o, al contrario, mi egoísmo y la falta de amor? San Pablo nos recomendó: «con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor, pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley... todos los demás preceptos se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Rm 13,8-9). Y Jesús nos advirtió que, al final de nuestra vida, seremos examinados precisamente de esto: si dimos agua al sediento y visitamos al enfermo... Seremos examinados del amor (S. Juan de la Cruz).

   -"Jesús contestó: Amarás..." Todo se resume en esta palabra. Es tan breve que tenemos el riesgo de pasarla por alto. Debo orar a partir de eso... y mirar mi vida a esa luz. –"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón-alma-mente". Este es el "mayor" y el "primer" Mandamiento: "con todo tu corazón, -con toda tu alma-, con toda tu mente". Los judíos rezan estos versículos con el texto dentro de unas cajitas de cuero, tefilim,  sujetas una de ellas a la frente ("con toda tu mente…") y otra a la parte superior del brazo izquierdo, a la altura del pecho ("con todo tu corazón…")

   -"El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas". Al conectar estos dos mandamientos, Jesús, les das una unidad, una síntesis sencilla a toda la Ley... (Noel Quesson).

   "Ninguno de estos dos amores puede ser perfecto si le falta el otro, porque no se puede amar de verdad a Dios sin amar al prójimo, ni se puede amar al prójimo sin amar a Dios (…) Sólo ésta es la verdadera y única prueba del amor de Dios, si procuramos estar solícitos del cuidado de nuestros hermanos y les ayudamos" (S. Beda). A veces nos preguntamos por métodos y sistemas… queremos "hacerlo bien"… "tú me preguntas por qué razón y con qué método o medida debe ser amado Dios. Yo contesto: la razón para amar a Dios es Dios; el método y medida es amarle sin método ni medida" (San Bernardo).

Llucià Pou Sabaté

Jueves de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El sacrificio y la fe no son nada, si no van unidos a la caridad, que es lo que de verdad constituye el centro de la religión

Jueves de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El sacrificio y la fe no son nada, si no van unidos a la caridad, que es lo que de verdad constituye el centro de la religión

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (36,23-28): Así dice el Señor: «Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»

   2. Salmo 50,12-13.14-15.18-19:  Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

   Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

   Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

   3. Mateo 22,1-14: "En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?' El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».  

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel recibe la misión de anunciar la santidad de Dios en medio de Babilonia, la capital del paganismo de entonces. Pensando en nuestra sociedad llena de materialismo, los creyentes hemos de proclamar, con nuestra vida y oración: "¡Santificado sea tu nombre!" El profeta proclama el retorno a la casa madre, al lugar de felicidad: -"Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra". La unidad, la reunión, la catolicidad, tienen que ver con el ecumenismo... con el amor.

   -"Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras impurezas. De todos vuestros ídolos os purificaré". Esta visión anticipada del bautismo nos muestra el revestimiento con Cristo, del que el Evangelio nos habla. «Habéis sido lavados, santificados por el nombre de Jesucristo y por el Espíritu de Dios» (1 Corintios 6,11) ¡Purifícanos, Señor! Renueva en nosotros la gracia vivificante de nuestro bautismo… para el perdón de mis pecados... para la destrucción de todo lo que me impide "vivir" de veras, de todo lo que me impide amar.

   -"Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo. Os quitaré vuestro corazón de piedra y os daré un corazón de carne". En conexión también con el Evangelio, se nos habla del cambio. Operación radical. Renovación total. Recreación de un ser nuevo. El primer día de la humanidad, Dios "insufló" su Espíritu en el rostro de Adán. El día de la resurrección Jesús "infundió" su espíritu en los apóstoles. Señor, yo quisiera ser más consciente de esta gran operación que no cesas de querer realizar en mí: cambiar mi corazón de piedra, mi duro corazón, que no sabe amar bastante... en un corazón de carne, un corazón vulnerable y sensible que sepa amar sin medida  (Noel Quesson).

   -"Os infundiré mi espíritu". Es la profecía de tu "Don", Jesús, cuando nos dices: "Voy a enviaros el Espíritu, Promesa de mi Padre" (Lucas 24, 49). El Espíritu de Dios ha sido derramado en nuestro espíritu (Romanos 5). "El Espíritu de Dios "habita" en vosotros" (Romanos 8,9)

   -"Entonces cumpliréis mis leyes, observaréis fielmente mis mandamientos. Vosotros seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios".

   2. Este deseo de conversión nos lleva a rezar con el salmo «Miserere»: «oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias». Así acogeremos por parte de Dios, el perdón: «os recogeré de entre las naciones... os infundiré mi espíritu... os purificaré de todas vuestras inmundicias». Y, de este modo, se renueva la Alianza: «vosotros seréis mi pueblo y yo será vuestro Dios».

   3. La parábola del "Festín de bodas", en el centro mismo de la ciudad de Jerusalén, semanas antes de la muerte de Jesús, tiene la intención clara de mostrar cómo el pueblo de Israel, el primer invitado, pueblo de la promesa y de la Alianza, dice que no, se resiste a reconocer en Jesús al Mesías, no sabe aprovechar la hora de la gracia.

   -"El Reino de los cielos es comparable a un Rey que celebra el banquete de bodas de su Hijo". Dios sueña en una fiesta universal para la humanidad... una verdadera fiesta de "boda"... con banquete, danzas, música, trajes, cantos, alegría, comunión. Dios casa a su Hijo... Conforme al querer del Padre la desposada a quien ama es: la humanidad, la Iglesia. Y el Padre es feliz de ese amor de su Hijo. Jesús enamorado de la humanidad. Esposo místico.

   -"Envió a sus criados a "llamar" a la boda a los invitados... Venid a la boda". Dios invita, Dios llama, Dios propone. Es una de las mejores imágenes del destino del hombre. Hoy, muchas personas no saben ya cual es el objetivo de su vida: ¿a dónde vamos?, ¿por qué hemos nacido?, ¿qué sentido tiene nuestra vida? Jesús, tú nos dices que estamos hechos para la "unión con Dios" por ti. El objetivo del hombre, su desarrollo total, es la "relación con Dios": ¡amar, y ser amado! Dios os ama. Y cada uno está invitado a responder a ese amor. Y todos los amores verdaderos de la tierra son el anuncio, la imagen, la preparación y el signo de ese amor misterioso y, a la vez, portador de una mayor plenitud.

   -"Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron". ¿Cómo explicar que prefiramos el "trabajo" a la "fiesta"; que vayamos a nuestras tareas en lugar de ir a participar del "manjar de Dios"?, ¿que nos encerremos en nuestros límites, en nuestra condición humana tan pesada -y ¡tan absurda, según algunos intelectuales!- en lugar de ir a dar un paseo por el universo de Dios para respirar a fondo aires puros?

   -"El rey se indignó... dio muerte a aquellos homicidas... y prendió fuego a su ciudad..." Mateo escribía esto en los años en que Jerusalén fue incendiada por los romanos de la Legión de Tito, en el 70. Todo lo que "ocurre", todo lo que nos sucede no se debe al "azar". Conviene buscar y detectar en ello prudentemente el proyecto de Dios... las advertencias que, por la gracia, se encuentran allí escondidas. Como veremos más abajo en la lectura de Ezequiel, la ciudad santa es señal de la Iglesia, que a su vez es la Esposa aquí anunciada de Cristo: «La Iglesia que es llamada también «la Jerusalén de arriba» y «madre nuestra», se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado. Cristo la amó y se entregó por ella para santificaría; se unió a ella en alianza indisoluble, la alimenta y la cuida sin cesar» (Catecismo 757).

   -"Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, buenos y malos, invitadlos a la boda... y la sala de bodas se llenó de comensales". Es la Iglesia, comunidad abigarrada, mezcla de toda clase de razas y de condiciones sociales, pueblo de puros y de santos, pueblo de malos y de pecadores, cizaña y buen grano... ¡Dios quiere salvar a todos los hombres. Dios nos invita a todos!

   Pero no basta con entrar en la fiesta: se requiere una actitud coherente con la invitación. Hay que llevar el "traje de boda" para no ser echado a las tinieblas de fuera. El tema del "traje": para entrar en el Reino, hay que "revestirse de Cristo", dirá San Pablo, "revestirse del hombre nuevo". La salvación no es automática: hay que ir correspondiendo al don de Dios (Noel Quesson).

   Que no nos pase como cuando a cinco de las muchachas, invitadas como damas de honor de la novia, les faltó el aceite y no pudieron entrar. La Iglesia es un banquete de bodas. Jesús la compara con la fiesta y la boda y el banquete.

   Jesús, nos haces ver que el cristianismo es, ante todo, vida, amor, fiesta. El signo central que tú pensaste para la Eucaristía, no fue el ayuno, sino el «comer y beber», y no beber agua, la bebida normal entonces y ahora, sino una más festiva, el vino. También podemos recoger tu aviso sobre el vestido que se necesita para esta fiesta. No basta entrar en la Iglesia, o pertenecer a una familia cristiana o a una comunidad religiosa. Se requiere una conversión y una actitud de fe coherente con la invitación: Jesús, pides a los tuyos, no sólo palabras, sino obras, y una «justicia» mayor que la de los fariseos. Cuando tú alabas a los paganos en el evangelio, como al centurión o a la mujer cananea o al samaritano, es porque ves en ellos una fe mayor que la de los judíos: ése es el vestido para la fiesta. Y es que no hay nada más exigente que la gratuidad y la invitación a una fiesta. Todo don es también un compromiso. Los que somos invitados a la fiesta del banquete -a la hora primera o a la undécima, es igual- debemos «revestirnos de Cristo» (Ga 3,27), «despojarnos del hombre viejo, con sus obras, y revestirnos del hombre nuevo» (Col 3,10; J. Aldazábal).

   El tema del traje nupcial recuerda el del vestido y su significado simbólico en el orden de la salvación. El vestido humaniza el cuerpo, ayuda a situarse entre los semejantes, le saca a uno del anonimato. De ahí que sea con toda normalidad signo de la alianza entre Yahvé e Israel: cual un esposo, Dios extiende el paño de su manto sobre su esposa (Ez 16). Pero hemos visto estos días con los profetas que ésta es infiel. En la cruz, Jesús es despojado de sus vestidos como para asemejarse más a la humanidad pecadora frente a la muerte, que da al traste con todas las falsas seguridades y las apariencias. Pero muy pronto revestirá, en la resurrección, la gloria divina que vive en El. "Revestirse-de-Cristo" o "revestirse del hombre nuevo" (Ga 3, 27-28; Ef 4, 24; Col 3, 10-11), representa, pues, participar en ese orden de la salvación que engloba el desprendimiento y la resurrección de Jesús. Esta participación en plenitud está reservada a la escatología, cuando toda la humanidad se revestirá de la incorruptibilidad y estará engalanada para presentarse ante su Esposo eterno (Ap 21, 2). Pero hay que revestirse del atuendo nupcial antes de participar en el banquete eucarístico. O, dicho de otro modo: esa participación es una fuente de exigencias morales que el invitado debe honrar mediante los desprendimientos que se imponen (Maertens-Frisque).

   Explicaba S. Gregorio Magno: "¿qué debemos entender por el vestido de boda sino la caridad? De modo que entra a las bodas, pero no entra con vestido nupcial, quien, entrando en la Iglesia, tiene fe pero no tiene caridad". Es un amor que se manifiesta en las distintas virtudes, y los distintos personajes que aparecen en la parábola pueden ser imagen de los estados de nuestra alma, más o menos cercanos a ese camino nupcial de la fe, pero la misericordia divina va a buscarnos allí donde estemos.

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús es el buen pastor, que nos guía con su vida, nos busca en las circunstancias de cada día, para llevarnos a la gloria

Miércoles de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús es el buen pastor, que nos guía con su vida, nos busca en las circunstancias de cada día, para llevarnos a la gloria

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (34,1-11): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: «¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: '¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.»»

   2. Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

   Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

   Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

   Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

   3. Mateo (20,1-16): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿0 vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?' Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

 

B. Comentario:

   1. Jesús, tenías en mente lo            que hoy nos cuenta Ezequiel, cuando hablabas de los «malos pastores» y del «buen pastor» (Juan 10). Meditaste este pasaje…

   -¿No deben los pastores apacentar las ovejas? Los reyes de Israel ejercieron el poder en provecho propio en lugar de ejercerlo como un servicio al bien común. Y nos dices, Jesús: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos. No ha de ser así entre vosotros.» (Marcos 10,42-43)

   ¿Soy servidor de los demás? ¿Me aprovecho egoístamente, poniendo mi interés personal por delante del bien común e incluso en detrimento del bien de los demás? ¿De qué modo ejerzo mis propias responsabilidades?, ¿en mi profesión, en mi familia, en las asociaciones o grupos a los que pertenezco?

   -"No habéis fortalecido a la oveja débil, cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida. No habéis tornado a la descarriada ni buscado a la que estaba perdida". Nos muestras, Señor, la prioridad para con los pobres, los débiles, los que sufren (Lucas 15, Juan 10). No amas al rebaño en general, sino a cada una de nosotros.

   -"Mis ovejas se han dispersado por falta de pastor y son ahora presa de las fieras. Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados y nadie se ocupa de él, nadie sale a buscarlo". Las ovejas perdidas están en peligro, a merced de un accidente o de un animal salvaje... y tú Jesús nos invitas a acogerte como pastor bueno: «Tengo otras ovejas que no son de este redil, a las que tengo que conducir... y no habrá más que un solo rebaño» (Juan 10,16). Tú me guías, Jesús, hasta dar tu vida por mí: «Jesús moría no sólo por la nación, sino también para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Juan 11,52). Me quieres feliz en la Iglesia, en mi realización persona, familia, amistades, trabajo… como una red de relaciones interpersonales satisfactorias. Quieres para todos ese ideal de la empresa, de la familia, de la escuela, de la Iglesia... y de todos los grupos humanos.

   -"Porque los pastores no se ocupan de mi rebaño... Pues bien, les reclamaré mi rebaño... Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y cuidaré de ellas". Eres tú, Señor encarnado, que tomarás de nuevo en tu mano a tu pueblo. Cumplirás esta profecía al decir: «Yo soy el buen Pastor.» Dios se ocupa de mí como se ocupa de cada ser humano.

   Dios va a mi encuentro, como al de cada persona. Dios cuida de mí... como cuida de cada hombre.

   2. Se alegra el salmista: «el Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas». En estas cuatro estrofas breves, vemos el camino de la vida, acompañados cada uno de nosotros por Jesús, buen pastor, que nos guía. En esta primera, veo la tranquilidad de los buenos momentos de la vida…

   Luego, los momentos de dificultad, la cruz, que en la segunda estrofa se ve de maravilla, y cuando estoy contigo, Jesús, todo va bien: "Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan".  

   Llenos de esperanza, pasamos a lo que para mí es la Eucaristía, la Iglesia, los sacramentos, y el amor de Jesús que continúa con nosotros: "Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa."

   Por último, no eres un pastor que da buenos consejos y sigue su camino, sino que nos acompañas no sólo en esta vida, sino más allá, hasta darnos la gloria: "Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término".

   3. Hoy nos cuentas, Jesús, la parábola de los obreros de la "Undécima hora", que ha recogido solo Mateo. La "parábola" es un género literario en el que hay que buscar una lección central, y los detalles tienen significado en relación con ésta, y por tanto no hay que coger el rábano por las hojas…

   -"El Reino de Dios es semejante a un propietario que salió al amanecer a contratar jornales para "su viña""... No se trata de un propietario ordinario, pues no se va a contratar jornaleros tantas veces al día, incluso cuando sólo falta una hora para terminar la jornada de trabajo. Esta "viña"... ya anunciada por el Antiguo Testamento es la "viña" de Dios, el pueblo escogido, el lugar de la Alianza (Is 5,1-7). Sí, Tú quieres, Señor, introducirnos en tu hacienda, en tu gozo y en tu alegría.

   -"Les contrata... Al amanecer... A media mañana, sobre las nueve... Luego al mediodía... Luego a las tres... y a las cinco de la tarde" -"la hora Undécima"-. Adivinamos que es un patrón que se preocupa profundamente del drama de los sin trabajo: "¿Cómo estáis aquí el día entero sin trabajar?"

   -"Los últimos llegados cobraron "un denario"... como los primeros"... Es sorprendente, el amor del amo "favorece a los más pobres", para quien los "últimos son los primeros"... es Dios.

   -Y ¡se protesta! "Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno." Dios parece preocupado de que nadie se quede sin trabajo, sea cual sea la hora, pero la enseñanza no es solo la cuestión de los salarios ni la justicia social. La actuación de Dios es paradójica: une la justicia con la generosidad con los últimos, aunque hayan trabajado menos. Los primeros cristianos son asimilados a los que se van incorporando a la Iglesia. Vemos el amor gratuito de Dios con las "naciones paganas", las últimas invitadas a la Alianza, que son tratadas al igual con Israel, que se benefició más pronto de la Viña de Dios. Veinte veces, en el evangelio, Jesús valora así a los pobres, a los excluidos, a los "últimos".

   -"Amigo, quiero darle a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no tengo derecho de disponer de mis bienes?, ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso?" No podemos entrar fácilmente en el amor de un Padre que ama a los hombres prioritariamente, y los ama y quiere introducirlos en su propia felicidad..., que reparte sus beneficios a todos y llama sin parar..., cuya generosidad y bondad no está "limitada" por nuestros méritos, sino que da con largueza, sin calcular..., que aparta a cualquiera que pretendiera tener derechos y privilegios impidiendo a los demás a aprovecharse... Esta parábola nos hace una revelación absolutamente esencial: la salvación que Dios nos da es totalmente gratuita y desproporcionada a nuestros pobres méritos humanos. ¿Qué podríamos esperar si contáramos con sólo nuestras fuerzas? Pero, Señor, nos has dicho que lo esperemos todo de tu "bondad". Gracias (Noel Quesson).

   Los caminos de Dios son sorprendentes. No siguen nuestra lógica. Él sigue llamando a su viña a jóvenes y mayores, a fuertes y a débiles, a hombres y mujeres, a religiosos y laicos. ¿Tendremos envidia de que Dios llame a otros «distintos», o que premie de la misma manera a quienes no tienen tantos méritos como creamos tener nosotros?; ¿nos duele que en la vida de la comunidad eclesial, los laicos tengan ahora más protagonismo que antes, o que haya más igualdad entre hombres y mujeres, o que las generaciones jóvenes vengan con ideas nuevas y con su estilo particular de actuación? Abrahán fue llamado a los setenta y cinco años. Samuel, cuando era un jovencito. Mateo, desde su mesa de recaudador. Pedro tuvo que abandonar su barca. Algunos de nosotros hemos sido llamados desde muy niños, porque las condiciones de una familia cristiana lo hicieron posible. Otros han escuchado la voz de Dios más tarde. El ladrón bueno ha sido considerado como el prototipo de quienes han recibido el premio del cielo, habiendo sido llamados en la hora undécima. Si nos sentimos demasiado «de primera hora», mirando por encima del hombro a quienes se han incorporado al trabajo a horas más tardías, estamos adoptando la actitud de los fariseos, que se creían superiores a los demás. Esto no es, naturalmente, una invitación a llegar tarde y trabajar lo menos posible; sino un aviso de que el premio que esperamos de Dios no es cuestión de derechos y méritos, sino de gratuidad libre y amorosa por su parte. La parábola parece una respuesta a la pregunta de Pedro, uno de los de la primera hora, que todavía no estaba purificado en sus intenciones al seguir al Mesías: «a nosotros ¿qué nos va a tocar?». Alabemos a Dios por su insondable generosidad, a la hora de darnos el jornal por nuestro trabajo (J. Aldazábal).

   La "lógica" divina va mucho más allá de la lógica meramente humana. Mientras que los hombres calculamos («Pensaron que cobrarían más»: Mt 20, 10), Dios —que es Padre entrañable—, simplemente, ama («¿Va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?»: Mt 20, 15). Y la medida del Amor es no tener medida.

   Pero esto no hace inútil la justicia: «Os daré lo que sea justo» (Mt 20, 4). Dios no es arbitrario y nos quiere tratar como hijos inteligentes: por esto es lógico que haga "tratos" con nosotros. De hecho, en otros momentos, las enseñanzas de Jesús dejan claro que a quien ha recibido más también se le exigirá más (recordemos la parábola de los talentos). En fin, Dios es justo, pero la caridad no se desentiende de la justicia; más bien la supera (cf. 1Co 13, 5).

   Un dicho popular afirma que «la justicia por la justicia es la peor de las injusticias». Afortunadamente para nosotros, la justicia de Dios —repitámoslo, desbordada por su Amor— supera nuestros esquemas. Si de mera y estricta justicia se tratara, nosotros todavía estaríamos pendientes de redención. Es más, no tendríamos ninguna esperanza de redención.

   En justicia estricta no merecíamos ninguna redención: simplemente, quedaríamos desposeídos de aquello que se nos había regalado en el momento de la creación y que rechazamos en el momento del pecado original. Examinémonos, por tanto, de cómo andamos de juicios, comparaciones y cálculos cuando tratamos con los demás.

Además, si de santidad hablamos, hemos de partir de la base de que todo es gracia. La muestra más clara es el caso de Dimas, el buen ladrón. Incluso, la posibilidad de merecer ante Dios es también una gracia (algo que se nos concede gratuitamente). Dios es el amo, nuestro «propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña» (Mt 20, 1). La viña (es decir, la vida, el cielo...) es de Él; a nosotros se nos invita, y no de cualquier manera: es un honor poder trabajar ahí y podernos "ganar" el cielo.

 

 

Llucià Pou Sabaté

Martes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. La llamada de Dios da fuerza para ser instrumentos suyos para grandes empresas, y Él es buen pagador para los que tienen esa libertad interior de seguirle

Martes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. La llamada de Dios da fuerza para ser instrumentos suyos para grandes empresas, y Él es buen pagador para los que tienen esa libertad interior de seguirle

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (28,1-10): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: «Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: 'Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar', tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: 'Soy Dios', delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo Dt 32,26-27ab.27cd-28.30.35cd-36ab: Yo pensaba: «Voy a dispersarlos y a borrar su memoria entre los hombres.» Pero no; que temo la jactancia del enemigo y la mala interpretación del adversario.

   Que diría: «Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien lo ha hecho.» Porque son una nación que ha perdido el juicio.

   ¿Cómo es que uno persigue a mil, y dos ponen en fuga a diez mil? ¿No es porque su Roca los ha vendido, porque el Señor los ha entregado?

   El día de su perdición se acerca, y su suerte se apresura. Porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos.

   3. Mateo 19,23-30: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.» Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.» Entonces le dijo Pedro: -«Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? » Jesús les dijo: -«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mi deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros»".

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel (28,1-10) nos cuenta: -"La palabra del Señor me fue dirigida: «Hijo de hombre, dirás al príncipe de Tiro...»"

   Tiro es una ciudad de la costa mediterránea, que con Sidón y Biblos fue uno de los grandes puertos fenicios de donde éstos partieron para conquistar la cuenca del Mediterráneo. Al dirigirse al «príncipe de Tiro» la Palabra de Dios, se nos abre ya la mentalidad universal del mensaje de salvación.

   En el evangelio, Tiro es también el símbolo de la ciudad pagana. Jesús, nos cuentas tu milagro en favor de una mujer siro-fenicia (Marcos 7,24). Esta «ciudad que no ha oído el anuncio del evangelio», nos dices, es también amada por Dios: "habrá menos rigor para Tiro y para Sidón que para ti, Cafarnaúm" (Lc 10,13-15). Quiero rezarte hoy, Señor, por tantas personas, tantos pueblos que no te conocen, para que entren en este conocimiento de la salvación, para que sean más felices…

   Tiro era una isla, próxima a la costa. Su posición estratégica, «en medio del mar» le confería una situación de fuerza por lo que pensaba que era invencible hasta el día que Alejandro Magno mandó construir un dique que la unió al continente. El profeta se alza contra la pretensión orgullosa de esta ciudad. Nos parece oír, por adelantado, las invectivas de Jesús contra todas las ciudades -todos los poderes, y todos los hombres...- que se pasan de listos ante Dios: «Tú, Cafarnaúm, ¿crees que llegarás hasta el cielo? Serás precipitada a los infiernos.» (Mt 11,23).

   Quiero sentir esas palabras, Señor, como una advertencia, para que sea humilde.

   -"Con tu sabiduría y tu inteligencia has adquirido una fortuna, has amontonado oro y plata en tus tesoros. Por tu habilidad en el comercio has multiplicado tu fortuna y por tu fortuna se ha engreído tu corazón..." Quiero vivir la pobreza, Señor, como nos dices hoy, como nos dices tantas veces: «No amontonéis tesoros en la tierra» (Mateo 7,19). No quiero hacer como aquel inconsciente: «Recogeré mi cosecha en mis graneros» -"¡Insensato!, esta misma noche te reclamarán el alma" (Lucas 12,16-21). Palabras siempre actuales (Noel Quesson). Al rey de Tiro le reprocha Ezequiel: «te hiciste una fortuna, acumulaste oro y plata en sus tesoros»; pero ¿de qué le va a servir?

   Vemos que muchos personajes de la historia se quedan engreídos, llenos de poder, de riqueza o de sabiduría; a uno le parece que no necesita ya de nada, que nada le falta y entonces la tentación de prescindir no sólo de los demás hombres, sino incluso de Dios (J. Pedrós).

     2. Son lecciones que nunca acabamos de aprender, por más que la historia sea maestra de la vida. El salmo nos dice que la última palabra la tiene siempre Dios: «yo doy la muerte y la vida... el día de su perdición se acerca y su suerte se apresura, porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos». El Señor «enaltece a los humildes», como dijo la Virgen. Y Jesús lo reafirmó en el evangelio: «porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla, será ensalzado» (Lc 14,11; 18,14).

   3. Jesús, nos hablas del uso de riquezas. –"Luego que se marchó el joven, Jesús dijo a sus discípulos: "Os aseguro que con dificultad entrará un rico en el Reino de Dios."" Jesús está apenado. Propuso a un joven que lo siguiera, pero ¡este prefirió su "bolsa"! ¿Cómo podemos sentir tales preferencias? Entre Tú, Señor, y el "dinero"... ¿Cómo es posible preferir el dinero?

   "Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja, que no que entre un rico en el Reino de Dios." Lo del camello se ve que era un proverbio popular para indicar algo imposible. También se llamaba aguja a la puerta pequeña de la ciudad, abierta todo el día, donde pasaban las personas pero no los camellos, para los que había que abrir las puertas grandes. Las riquezas son buenas en sí, a no ser que se hayan acumulado injustamente. Las «posesiones» son para que las poseamos a fin de bien, no para que nos posean y nos quiten la capacidad del cielo: No se puede servir a Dios y a Mammón, al dinero, como nos dijo Jesús en el sermón de la montaña (Mt 6,24). Este aviso nos debe hacer pensar. Vale la pena estar libres de apegamientos, confiando en Dios, que nos ganará en generosidad (J. Aldazábal).

   -"Al oír aquello, los discípulos se quedaron enormemente desorientados y decían: "¿quién puede salvarse?" Jesús se los quedo mirando y les dijo: "Humanamente eso es imposible, pero para Dios todo es posible"". ¿Me salvaré? Es la pregunta de las cosas importantes... Ayúdame, Señor, a meterme en tu corazón y tu salvación.

   -"Intervino entonces Pedro: "Nosotros ya lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿qué nos va a tocar?" Nos gusta la seguridad, sobre todo la felicidad. Jesús, respondes a los apóstoles:

   -"Vosotros, los que me habéis seguido, cuando llegue el mundo nuevo, os sentaréis con el Hijo del hombre... Recibiréis el céntuplo de lo que habéis dejado... Y heredaréis vida eterna..." El porvenir que prometes a los tuyos, a los que te han seguido, venciendo todos los obstáculos... es un porvenir alegre, es una abundancia de vida, una plenitud, es una expansión, un crecimiento divino. Gracias, Señor. Condúceme hacia ese día (Noel Quesson).

   Nos dices también, Señor, que todo aquel que practique la renuncia de todo para seguir a Jesús obtiene la vida eterna. En los pasajes paralelos vemos que Jesús asegura a sus seguidores una bendición de Dios "en este mundo" (cf Mc 10,30) y relaciona el "céntuplo" con la vida eterna.

   Los apóstoles se sentarán sobre los doce tronos que se alzarán a la entrada del Reino y llevarán a cabo, con el Mesías, el juicio que permitirá o prohibirá el acceso a él (cf Is 3,14; Maertens-Frisque).

   Concede, Señor, a todos los apóstoles que no piensen ante todo en las cosas que hay que hacer, ni en las empresas apostólicas que conviene activar... sino en ti, y en seguirte.

Llucià Pou Sabaté