sábado, 22 de diciembre de 2012


Domingo 4 de Adviento, ciclo C. María exulta de gozo porque lleva el Señor, y nos lo comunica
“En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel. oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito:
-¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lucas 1,39-45).


1. La figura de María tiene un lugar relevante en este domingo de Adviento, María se pone en camino y nos lleva al encuentro del Señor Jesús; se dirige a casa de su pariente Isabel donde escucharemos la magnifica alabanza a nuestra Madre «Dichosa tú que has creído. Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
La dicha que experimenta María está motivada por su «Sí» a Dios: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). De su «Sí» dependía no sólo su alegría si no la alegría de toda la humanidad.
Del mismo modo que el arca de la Alianza va desde Beth-Shemesh (en Galilea) hasta Jerusalén, así la Virgen María -la que porta y acoge a Dios en su seno, para manifestar su presencia y su gloria al mundo- la nueva arca de la Alianza, se pone en camino de Galilea hasta Jerusalén en donde se sellará de un modo definitivo y superabundante por la Sangre del Cordero la alianza de Dios con los hombres. Ella, disponible a la voz del ángel, sabe que su prima necesita ayuda, y acude. María se pone pues en camino y quiero imaginar que va en compañía de José. Las mujeres de Oriente no hacían nunca solas desplazamientos de importancia: eran unos cuatro días de marcha.
Juan el Bautista baila en el seno de su madre ante la nueva arca de la Alianza, como bailó David ante el arca de la alianza al entrar en Jerusalén. Comparada con el Arca de la Alianza y con las mujeres guerreras del Antiguo Testamento, María aparece, pues, aquí, como la mujer que asegura a su pueblo la victoria definitiva sobre el mal e inaugura la era mesiánica en la que el pecado y la desgracia serán abolidos. María es la verdadera morada de Dios entre los hombres. Lucas la ha presentado así comparándola con el Arca o con Sión. Dios no habita ya, pues, en un templo de piedras, sino en personas vivas. Al igual que María, cada cristiano es en el mundo signo de la presencia de Dios. Son las actitudes de su vida y sus compromisos, y no ya piedras sagradas, las que edifican la habitación divina sobre la tierra. Por profana que sea, la vida de un cristiano está ya ahora más cargada de presencia divina que un templo consagrado y que un Arca de la Alianza. La Eucaristía carga nuestras vidas de esa densidad (Maertens-Frisque).
Visitadora. La Virgen es la primera en ser dignificada por el advenimiento divino; por eso se convierte para el resto de la humanidad en la "Visitadora". Aun antes de que Dios aparezca en el mundo en forma visible, lo trae la Virgen a los hombres hecho ya hombre en su seno. Viene Dios a ella, y en ella visita a la humanidad. Se procura un hogar entre los hombres a fin de facilitarles el vivir ellos en la Divinidad. La puerta por donde entra sin necesidad de abrirla es la Virgen. Así como se apareció a los discípulos en la noche de Pascua, de la misma manera va hoy a casa de Isabel con las puertas cerradas. No quiere mostrarse del todo ni aparecer ya en pleno día; se limita a asomarse a través de la puerta cerrada: "Está ya detrás de nuestros muros, mirando por las ventanas, atisbando por entre las celosías" (Ct 2,9). Sin embargo, Isabel, inmediatamente lo reconoce: "¿De dónde a mí tanto bien, que llegue a mí la Madre de mi Señor?”, exclama Isabel, que “se sintió llena del Espíritu Santo, y, exclamando en alta voz, dijo: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre". A lo que responde María: "Mi alma canta la grandeza del Señor".
Se acerca la fiesta de Navidad: pedimos que sintamos "el deseo de celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo al acercarse la fiesta de Navidad" (poscomunión). Este deseo se convierte en súplica en la antífona de entrada (Is 45,8): "Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación". Esta salvación es la gracia del Emmanuel que la Iglesia pide en la oración colecta: "Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que hemos conocido por el anuncio del ángel (a María) la encarnación de tu Hijo"... El prefacio II proclama en este domingo: "El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza". La liturgia, como las lecturas, nos hacen vivir ese adviento al Señor que viene.
El IV domingo pone a María en conexión profunda con el Mesías que ella da a luz. La oración sobre las ofrendas reza: "El mismo Espíritu, que cubrió con su sombra y fecundó con su poder las entrañas de María, la Virgen Madre, santifique... estos dones que hemos colocado sobre tu altar". María es la tierra fecunda, que por la acción santificadora del Espíritu Santo, da a luz al mundo, al Dios- con-nosotros. María "esperó (a su Hijo) con inefable amor de Madre". María, portadora del Hijo de Dios, lo lleva a casa de Isabel. María es la "bendita... entre las mujeres" y lo que es porque ha "creído". Al final "se cumplirá... lo que... ha dicho el Señor" (evangelio).
También la Iglesia llegará a la Navidad siendo dichosa si acoge a Jesús como María, si cree lo que el Espíritu Santo le comunica en la Palabra y en los siglos de los tiempos, si es portadora de Dios (=evangelizadora) y lo comunica con fidelidad y en actitud de servicio.
2. "El tiempo en que la madre da a luz". El profeta Miqueas, ocho siglos antes anuncia el nacimiento del Mesías en la pequeña aldea de Belén de Efrata. Será "el jefe de Israel". Cuando "la madre dé a luz" todo cambiará para el pueblo elegido. Esa madre dibujada vagamente por Miqueas es María de Nazaret, la Virgen. La Madre del que "pastoreará con la fuerza del Señor", aquel cuyo "origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial", el Hijo eterno del Padre. Sus dones serán: la "tranquilidad" y la "paz". Este anuncio resuena con dulzura.
El momento histórico es penoso, pues el reino del Norte es deportado, y el del Sur paga tributo a los invasores de Asiria. Se ve que la salvación no vendrá de la poderosa ciudad de Jerusalén, sino de aquella pequeña aldea sin importancia, llamada Belén (pero sabemos que es otro tipo de salvación más profunda). -Ahora "con el cetro golpean en la mejilla al Juez de Israel"; pero en el futuro el Señor (sujeto en la frase) sacará de Belén "el que ha de ser jefe de Israel". "Su origen es antiguo": pertenece a la familia de aquel humilde pastor de Efrata, David, que se convirtió en el ser más glorioso de Israel. Este nuevo David llevará a cabo todas las promesas hechas a su padre; pastoreará o regirá a su pueblo en paz, y con su nacimiento se inaugurará una nueva etapa.
Al morir Raquel, fue sepultada "en el camino de Efrata, o sea en Belén" (Gn 35,19; cf. 48.7). Al casarse los bisabuelos de David, Booz y Rut, la gente del pueblo grita: "Que seas poderoso en Efrata, y famoso en Belén" (Rt 4,11). Js 15,59 habla de "Efrata, que es Belén", al hacer la lista de las ciudades de Judá.
En el Salmo 79 vemos la Oración de Cristo por la salvación de su viña. Primero se nos habla de unos querubines que le sugieren a Eusebio la visión de Ezequiel sobre el trono que contempla el profeta hay una imagen con apariencia como de hombre; esta figura es tipo del Verbo de Dios que ha asumido la naturaleza humana. El propiciatorio es figura del Verbo sentado sobre los querubines, motivo por el cual Pablo llama a Cristo propiciatorio: “a quien Dios destinó como propiciatorio por la fe en su Sangre”. El propiciatorio estaba en medio de los querubines colocado por encima de ellos, como un auriga. Este propiciatorio y estos querubines figurativos avanzaban por el desierto delante del pueblo peregrino, ante Efraín, Benjamín y Manasés. A la salida de Egipto, Judá, Isacar y Zabulón caminaban delante del arca y Efraín, Benjamín y Manasés la seguían; de este modo era como, efectivamente, el arca precedía a esas tres tribus.
Desde este valle de lágrimas, la Iglesia implora la visita de su Señor. Él la escucha, viene y se hace presente en su Liturgia: "Cristo está presente a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica ... No sólo en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los Sacramentos, sino también, con preferencia a los modos restantes, cuando se celebra la Liturgia de las Horas. En ella Cristo está presente en la asamblea congregada, en la Palabra de Dios que se proclama y cuando la Iglesia suplica y canta salmos, pues Él mismo prometió que: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.»"
La presencia de Cristo en la Liturgia es una presencia dinámica y eficaz, que hace de los actos litúrgicos acontecimientos de salvación. En la Eucaristía esta presencia es, además, substancial: "Tal presencia se llama 'real', no por exclusión, como si las otras no fueran 'reales', sino por antonomasia".
"Cristo es el Sacerdote universal del Padre" (Tertuliano). "Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña con abundantes ejemplos. 'El Libro de los Salmos es insustituible'. Hay que rezar con «gemidos inefables» para entrar en el 'ritmo de las súplicas del Espíritu mismo'. Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor (Hb 5,7). Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. 'La oración es siempre un «opus gloriae»'" (Juan Pablo II).
La tradición ha entendido siempre que esta viña de Dios es la Iglesia, que extiende sus pámpanos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río. El Señor es la verdadera vid, nosotros los sarmientos y su Padre el labrador. De las cepas de los Patriarcas y los Profetas, ha germinado Cristo, como un vástago prodigioso. La antigua viña infiel ha sido renovada por Él y de ella ha nacido la Iglesia, plenitud de Cristo mismo, que forma con Jesús una misma cosa y se extiende y dilata sobre toda la superficie de la tierra (Félix Aronena).
En esa esperanza en la gloria futura, el salmista se dirige a Dios una súplica apremiante para que vuelva a defender a las víctimas, rompiendo su silencio: "Dios de los Ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña". Dios seguirá siendo el protector del tronco vital de esta viña sobre la que se ha abatido una tempestad tan violenta, arrojando fuera a todos los que habían intentado talarla y quemarla.
"Que tu mano proteja a tu escogido, al hijo del hombre que tú fortaleciste", dice esperando al Mesías.
3. La voluntad de Dios es que el Hijo sea hombre y comparta el destino humano en todos los aspectos menos en el pecado personal: "me has preparado un cuerpo" (en Navidad) para realizar esa misión, el sacrificio del pobre, de acción de gracias, donde "se ofreció él mismo a Dios" o le ofreció un sacrificio "en su propia sangre". "Realizar el designio de Dios" y "ofrecerse a sí mismo" son la misma cosa; no en el sentido de que Dios quisiera la muerte de Jesús en la cruz sino en el sentido más radical de la entrega que Jesús hace de sí mismo al Padre con todas sus consecuencias, hasta la entrega cruenta de la propia vida. Se citan palabras del Sal 40 donde Jesucristo, «al entrar en el mundo, dice»: "Aquí estoy". ¡Bienvenido, Señor!
Llucià Pou Sabaté


viernes, 21 de diciembre de 2012


Adviento: 22 de Diciembre: contemplamos el canto de María como la esperanza de los sencillos que creen, y que son los preferidos de Dios
“En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa” (Lucas 1,46-56).

1. María, llena del Espíritu Santo, es portadora en su seno del Hijo de Dios, y  actúa con amor, en atención de servicio a su prima que la necesita por el modo; María sin saberlo la confirma en su misión. Las dos están gozosas, agradecidas con el don de Dios, cada una con un hijo y llevando dentro el deseo de ser fiel a su misión. Llenas de amor se encuentran. Si se ama, se comprenden los defectos, pero si por desidia o enfermedad de la relación se deja de amar, aparecen los mismos defectos como algo insufrible, insoportable, y se hace muy difícil vivir con el otro. En la Iglesia de Santa María de Moià (Barcelona) hay una bonita imagen románica de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel. Como se tocan las caras en el abrazo, el pintor quiso que el ojo por el que se están unidas sea único: miran con el mismo ojo, es decir miran con una misma mirada las cosas, la comunión hace que se vean las cosas con un mismo mirar. Pienso que esto se aplica a la vida en comunión: en la Iglesia, en la familia. Por ejemplo en el matrimonio, si hay amor, uno mira con la mirada del otro, se comparte el punto de mira, por esa comunión. En cambio, si no hay amor, aparecen puntos de vista distintos y comienzan los problemas. No es sólo la mirada lo que se comparte en esa pintura, pues están en arco alienados, aparte de los ojos, la comisura de los labios, etc. Hay un modo de hacer que crea intimidad, cercanía. Y si falta, hay no sólo disparidad, sino sensación de que se ha roto algo, se ponen de manifiesto lo alejado que se está uno del otro. Pienso que si de algo está necesitado nuestro mundo es de ternura, hecha a base de pequeños detalles, que son tan importantes.
María va hacia Jerusalén, y luego hacia la ciudad de Isabel, quizá va con San José, que la acompaña en todo, pues la quiere a ella y a sus cosas, y él se acomoda, que esto hace el amor que le tiene… en latín nos dice el texto que va “cum festinatione”, es decir “haciendo fiesta”, con alegría gozosa. Isabel está radiante, contenta: “¿De donde a mí este bien, que venga la madre de mi Señor?” Y salta el niño de gozo y se alegra su corazón y la luz divina ilumina su inteligencia para comprender. La visitación de la Virgen, portadora del Consolador, de algún modo continúa en visitaciones que hace a sus hijos. Al visitarla María, la llena el Espíritu Santo, el entusiasmo de Pentecostés se adelanta en su boca y en el gozo de su hijo aún no nacido. Sus palabras son un compendio de las misericordias que el Señor ha derramado a lo largo de la historia. Por eso se repiten sin cesar en la boca de los cristianos. Y también esos frutos se renuevan a lo largo de la historia en las atenciones maternales de María con nosotros. Visitaciones que siempre dejan algo suyo, algo maternal y nos traen a Jesús, la paz, el consuelo cuando estamos afligidos, fortaleza en la lucha, refrigerio en el cansancio, ayuda en la tentación.
María lleva a Dios las cosas que oye, los elogios que le hacen, aquel “bienaventurada tú que has creído”; y escucha, pues sabe escuchar al Espíritu Santo, a Dios que habla en las profecías, en las palabras de las personas que tenemos cerca. Contenta de llevar la alegría, entiende que “la unión con Dios, la vida sobrenatural, comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar e su prima, porque ‘lleva’ a Cristo” (San Josemaría Escrivá). María llevaría la mirada que refleja toda la gracia de su Hijo, que llevará luego la mirada de Jesús en sus ojos saliendo a su Madre pues de ella recibe todo su cuerpo, el alma la pone el Señor…
El canto del “Magnificat” en el que prorrumpe es como una fuente que recoge el agua tantas veces represada meditando los textos de la Escritura, la misericordia divina con su gente, la ternura del cielo: “magnifica mi alma al Señor…” es un canto a la humildad: “porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava”… “porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso”. Es un espejo perfecto de lo que revela Dios en su historia: “derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes”, es un canto a la esperanza, que nos anuncia que sus visitaciones nos acompañarán en lo que hacemos, pues sentimos la presencia de la mano amorosa de María que nos enseña la obediencia en la fe, aunque nos cueste, el amor perfecto, el amor no egoísta. Nos lleva a beber en la fuente de la felicidad, el árbol de la vida, el que nos abre las puertas de la eternidad, ya aquí en la tierra porque el cielo es vivir este Amor divino. Esta es la ciencia de María, la ciencia de la vida, el auténtico árbol de la ciencia, para poder comer del árbol de la vida: aprender a querer.
Visitaciones marianas, consuelos divinos que tanto nos ayudan… aunque lo importante, como santa María nos sugiere, es como decía alguien, que “no buscamos los consuelos de Dios, sino al Dios de los consuelos” y nos da aquellos frutos secretos que reserva para todos los que puedan acogerlos, es decir los pequeños, los que entienden las cosas de Dios, que quieren ser sus amigos íntimos. Y estos frutos son: serenidad pase lo que pase, gozo íntimo, certeza en la esperanza de alcanzar la meta, luz para la inteligencia y alegría en la Verdad.
«Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador», reza María mostrándonos los sentimientos de su corazón, cómo se alegraba, bendecía y daba gracias a Dios por todas sus bondades. “María se ha beneficiado de la gracia más extraordinaria que nunca ninguna otra mujer ha recibido y recibirá: ha sido elegida por Dios, entre todas las mujeres de la historia, para ser la Madre de aquel Mesías Redentor que la Humanidad estaba esperando desde hacía siglos. Es el honor más alto nunca concedido a una persona humana, y Ella lo recibe con una total sencillez y humildad, dándose cuenta de que todo es gracia, regalo, y que Ella es nada ante la inmensidad del poder y de la grandeza de Dios, que ha obrado maravillas en Ella (cf. Lc 1,49). Una gran lección de humildad para todos nosotros, hijos de Adán y herederos de una naturaleza humana marcada profundamente por aquel pecado original del que, día tras día, arrastramos las consecuencias” (Francesc Perarnau).
2. El cántico de Ana contiene los mismos temas que el «Magnificat» de María. La maternidad de esa mujer, hasta ahora, estéril, anuncia también las dos maternidades excepcionales de Isabel y de María. –“Yo soy esa mujer que estuvo aquí ante ti orando al Señor. Yo pedía este niño y el Señor me ha concedido la petición que le hice”. Muy próxima ya la Navidad, la liturgia se concentra en la contemplación de María; y rememoriza Ana la estéril. Suplicó a Dios que se dignara «mirar la aflicción de su sierva». Habiendo sido escuchada su oración, consagró a Dios a su hijo, el pequeño Samuel.
Misterio de la maternidad. Contemplo en silencio la alegría de María en esos días: ella espera y se prepara... –“Entonces Ana dijo esta oración: «Mi corazón exulta en el Señor...». «Mi alma exalta al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi salvador...»” Alegría, exultación. -«El arco de los fuertes se quiebra, pero los débiles recobran vigor...» «Los hartos se contratan por pan, los hambrientos dejan su trabajo...» «Derriba de su trono a los poderosos, ensalza a los humildes...» «A los hambrientos los colma de bienes, a los ricos los despide vacíos...» es profecía de María, la humilde.
-«Levanta del polvo al humilde y del estercolero alza al indigente.» «Acogió a Israel, su siervo; se acordó de su misericordia...» Dios ama a los pobres, se hace defensor de los débiles, de los que no tienen apoyo humano. Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El tema de la "alegría" y el de la "pobreza" están ligadas. ¡Concédenos, Señor, esa pobreza interior y, a la vez, esa alegría! Es Navidad, el pesebre (Noel Quesson).
3. “Portones, ¡alzad los dinteles! Que se alcen las puertas eternas, va a entrar el Rey de la gloria” (Antífona de entrada). Pedimos hoy que al conocer la Encarnación “merezcamos gozar también de su Redención” (colecta). Ana, la madre de Samuel, entrega a su hijo al Servicio de Dios, y entonces entona un cántico de alabanza al Señor quien exalta a los humildes: “La estéril da a luz siete veces, la de muchos hijos se marchita. Yahveh da muerte y vida, hace bajar al seol y retornar (…) Levanta del polvo al humilde, alza del muladar al indigente para hacerle sentar junto a los nobles, y darle en heredad trono de gloria, pues de Yahveh los pilares de la tierra y sobre ellos ha sentado el universo”. Nos recuerda a María que “rompe en la alegría del Magníficat -ese canto mariano, que nos ha transmitido el Espíritu Santo por la delicada fidelidad de San Lucas-, fruto del trato habitual de la virgen Santísima con Dios.
”Nuestra Madre ha meditado largamente las palabras de las mujeres y de los hombres santos del Antiguo Testamento, que esperaban al Salvador, y los sucesos de que han sido protagonistas. Ha admirado aquel cúmulo de prodigios, el derroche de la misericordia de Dios con su pueblo, tantas veces ingrato. Al considerar esta ternura del Cielo, incesantemente renovada, brota el afecto de su Corazón inmaculado: «mi alma glorifica al Señor y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava». Los hijos de esta Madre buena, los primeros cristianos, han aprendido de Ella, y también nosotros podemos y debemos aprender» (san Josemaría Escrivá). Madre, quiero aprender de tu oración: «La oración de la Virgen María, en su Fiat y en su Magníficat, se caracteriza por la ofrenda generosa de todo su ser en la fe» (Catecismo 2622).
Llucià Pou Sabaté

Adviento: 21 de Diciembre: María es modelo de cómo servir, con la alegría de tener al Señor

“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lucas 1,39-45).

1. El relato de la visitación sigue al de ayer, y vemos la llena de gracia, animada por el Espíritu Santo, atender a Isabel, pues partió enseguida (en latín dice el texto: “cum festinatione”, de modo festivo, alegre). Se puede aplicar a ella aquello de "qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz". No sabemos si san José la acompañó. Así llegó a aquella población de las montañas de Judea, Aín-Karim.
Isabel al recibirla nota a su hijo que salta de gozo en sus entrañas y, llena del Espíritu Santo, exclama “con gran voz”, es decir gritando en un éxtasis bendito: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". (Como respuesta, María pronunciará uno de los cánticos más bellos que jamás hayan sido pronunciados, el Magnificat.)
«Bienaventurada tú que has creído. Por su fe, María vino a ser la madre de todos los creyentes, gracias a la cual todas las naciones (le la tierra reciben a Aquel que es la bendición misma de Dios: Jesús, el fruto bendito de su vientre» (Catecismo 2676).
Hoy vemos a María, la mujer del “sí”, un “sí” no sólo pronunciado con la boca, sino con todo su ser, alma y cuerpo, en servicio a los demás. La presencia de Jesús en ella, la maternidad y el servicio le dan esa alegría: fe, obediencia plena a esta fe, y servicio, la mejor manifestación de la libertad. Lejos de abandonarse a quietud de la contemplación, estando tranquilamente en su casa de Nazaret, la caridad es imaginativa, tiene inventiva, y actúa según los medios que tengamos a mano: "La caridad es servicial, no busca sólo su propio interés, y lo soporta todo" (1Cor 13). San Bernardo dice que desde entonces María quedó constituida en "Canal inmenso" por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones.
Tomo de autor desconocido estas palabras: María, en la Visitación, se hace también "servidora del prójimo", "servicio de la caridad a domicilio", Nuestra Señora de los servicios domésticos. Nuestra Señora del delantal puesto, Nuestra Señora de los mandados, Nuestra Señora de la cocina y de la escoba. Es así modelo en su viaje, para los viajes de servicio que nosotros podamos también hacer. Podemos pensarlo cada vez que meditamos este misterio del Rosario.
“La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra” (Àngel Caldas).
«María proclama que la «llamarán bienaventurada todas las generaciones». Humanamente hablando, ¿en qué motivos se apoyaba esta esperanza? ¿Quién era Ella, para los hombres y mujeres de entonces? Las gran des heroínas del Viejo Testamento -Judit, Ester, Débora- consiguieron ya en la tierra una gloria humana, fueron aclamadas por el pueblo, ensalzadas. El trono de María, como el de su Hijo, es la Cruz. Y durante el resto de su existencia, hasta que subió en cuerpo y alma a los Cielos, es su callada presencia lo que nos impresiona. San Lucas, que la conocía bien, anota que está junto a los primeros discípulos, en oración. Así termina sus días terrenos, la que habría de ser alabada por las criaturas hasta la eternidad.
¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza. Porque nos falta fe: ‘¡bienaventurada tú, que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han declarado de parte del Señor’» (J. Escrivá). Quedan cuatro días para el nacimiento de tu Hijo. Jesús, vas camino de Belén, en el seno de tu madre. Yo también quiero hacer mi camino a Belén: con más oración, con más sacrificio, con más trabajo bien hecho (Pablo Cardona).
Es también un Evangelio de la vida: Juan Pablo II decía que la anticoncepción y el aborto «tienen sus raíces en una mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad y presuponen un concepto egoísta de la libertad, que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad». En cambio, la maternidad y la paternidad, entendida como vocación hecha vida en las familias y enfocada al servicio a los demás, a la apertura del don de sí, es siempre fuente de alegría. Estos años hay una cultura “de la muerte” y es importante recordar –como hace la Iglesia- que la familia es “santuario de la vida”. Y ver la vida enraizada en la vocación al servicio –don de sí- y alegría.
2. El cantar de los cantares es un canto para unas nupcias, canta el amor humano, completamente fascinado por su novedad. El joven pide a la muchacha que vaya a reunirse con él, y su deseo es tan ardiente y lozano como la primavera de Palestina. La naturaleza se hace cómplice. Es la estación de los amores: la tórtola hace oír su arrullo en el campo, mientras el sol madura los frutos.
-“Salta por las colinas, semejante a la gacela o a un joven cervatillo”. Efectivamente, Dios ha debido de salvar muchas distancias para llegar hasta nosotros. No solamente «montes y colinas», sino la distancia infinita de la divinidad a la humanidad. Nada es obstáculo para Dios. Salta, ligero y ágil. Viene.
-“Mi amado ha hablado y me ha dicho: «Levántate, amada mía, hermosa mía y vente»”. El amor es recíproco. Tenemos, ahora, la declaración de Dios. Ama y desea a la humanidad. Esta es tratada por Dios como la «amada» la «muy hermosa». Dios se hizo hombre porque ama a la humanidad, la ve hermosa. También debemos nosotros amar lo que Dios ama: nuestra vida humana es la obra maestra de su inteligencia y de su Amor. ¡El es quien ha creado esto! El Hijo de Dios es concebido en un seno materno de mujer, toma un cuerpo y un alma humanas, nace, toma «condición humana»... ¡todo eso prueba que lo encuentra hermoso!
-“Porque, mira, ha pasado el invierno... Aparecen las flores en el campo... el tiempo de las canciones ha llegado... Se oye el arrullo de la tórtola. Echa la higuera sus yemas, la viña en flor exhala su fragancia...” Son las «imágenes» tradicionales que en todos los pueblos son expresión del amor: primavera... flores... perfumes... canciones... felicidad. Esas expresiones poéticas, en los escritos proféticos, caracterizan siempre la era mesiánica. El mismo Jesús las repite también cuando, al anunciar su retorno al final de los tiempos, lo presenta como la llegada de la «primavera»: «cuando veis que la higuera echa sus yemas tiernas, sabéis que el verano está cerca, así también el reino de Dios está cerca...» (Mt 24, 32). La venida de Dios inaugura una era de felicidad. «Tranquilízanos, Señor, en las pruebas, en esta vida en que esperamos la felicidad que nos prometes, y el advenimiento de Jesucristo, nuestro Salvador.» Danos, Señor, desde ahora, ese gozo interior que viene de ti... y que resulta colmado en la eternidad.
-“Muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz. Porque tu voz es dulce y tu rostro, hermoso”. Nos lo dice Dios, que ama a la humanidad. ¿Soy digno de ello? (Noel Quesson). Es un ardiente y profundo amor, que místicamente representa el intenso amor de Dios al hombre, el amor humano es alegórico de otro divino, un Dios “enamorado” de la “enamorada” que es nuestra alma. Podemos ver ese amor divino Navideño leyendo a San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual.
3. “Celebrad al Señor con la lira, / acompañadle con el arpa en vuestros cantos, / dedicadle un cántico nuevo, / tocad acompañándole la aclamación”. Dios tiene un proyecto de salvación sobre todo lo creado: Él quiere salvarnos, hacernos hijos suyos y hacernos participar de su Gloria eternamente: “Los planes del Señor persisten, / mantén siempre los propósitos de su corazón. / Feliz la nación que tiene al Señor por Dios, / feliz el pueblo que él ha escogido por heredad”.
Por eso vino Jesús, y hemos de llenarnos de esperanza: “Tenemos puesta la esperanza en el Señor, / auxilio nuestro y escudo que nos protege. / Es la alegría de nuestro corazón, / y confiamos en la presencia de su nombre”.
Llucià Pou Sabaté

miércoles, 19 de diciembre de 2012


Feria de Adviento: 20 de diciembre: El sí de María nos trae el Emmanuel, Dios con nosotros, para nuestra salvación
“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,  a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.  Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»  Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.  El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;  vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.  El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;  reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»  María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»  El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.  Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,  porque ninguna cosa es imposible para Dios.»  Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue” (Lucas  1,26–38). 
1. La "anunciación" de Jesús es paralela a la de Juan Bautista que ayer leímos. Fue en Nazaret, en Galilea: poblado insignificante, desconocido del Antiguo Testamento, provincia despreciada por su mezcolanza de judíos y paganos. La simplicidad de la escena en casa de María contrasta con la solemnidad de la anunciación a Zacarías, en el marco sagrado del Templo, en Jerusalén, la capital. Se perfila la modestia de la Encarnación de Dios: "Se anonadó, dirá San Pablo, tomando la condición de esclavo".
-“Una joven desposada, cuyo nombre era María”: es una muchacha del pueblo muy sencilla, que nada la distingue de sus compañeras. –“Desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José”... Todos los textos insisten en esta ascendencia davídica de José. Este desposado con María es pues de raza real, pero desposeído de toda grandeza: es un artesano, un carpintero... ¡sin ninguna pretensión de ocupar un trono! Sin embargo a través de él se cumplirá la promesa hecha a David. María, una humilde muchacha de Nazaret, es la elegida por Dios para ser la madre del Esperado.
-"Alégrate, objeto del favor divino, el Señor es contigo." Es la traducción exacta, según el texto griego, de esta salutación angélica que todos los cristianos conocen. "Dios te salve María" = Alégrate; "llena de gracia" = objeto del favor divino; "el Señor es contigo"= el Señor es contigo. Es el "buenos días" que Dios dirige a esta joven. ¡Con cuánto respeto y amor le habla! Es como la fórmula que oímos en la misa: "El Señor esté con vosotros"... Emmanuel... "Dios con nosotros" ¿Me uno yo profundamente a este deseo? El ángel la llama «llena de gracia» o «agraciada», «bendita entre las mujeres», y le anuncia una maternidad que no viene de la sabiduría o de las fuerzas humanas, sino del Espíritu Santo, porque su Hijo será el Hijo de Dios.
-“Al oír tales palabras, la Virgen se turbó, y púsose a considerar qué significaría una tal salutación”. Las vocaciones excepcionales no son nunca fáciles de aceptar. De momento, Dios aparece como desconcertante.
Empieza a dibujarse así en las páginas del evangelio el mejor retrato de esta mujer, cuya actitud de disponibilidad para con Dios, «hágase en mí», no será sólo de este momento, sino de toda la vida, incluida su presencia dramática al pie de la Cruz. María aparece ya desde ahora como la mejor maestra de vida cristiana. El más acabado modelo de todos los que a lo largo de los siglos habían dicho «sí» a Dios ya en el A.T., y sobre todo de los que han creído en Cristo Jesús y le han seguido en los dos mil años de cristianismo. Nosotros estamos llamados a contestar también a Dios con nuestro «sí». El «hágase en mí según tu palabra» de María se ha continuado a lo largo de los siglos en la comunidad de Jesús. Y así se ha ido encarnando continuamente la salvación de Dios en cada generación, con la presencia siempre viva del Mesías, ahora el Señor Resucitado, que nos comunica por su Espíritu la vida de Dios. Cada uno de nosotros, hoy, escucha el mismo anuncio del ángel. Y es invitado a contestar que sí, que acogemos a Dios en nuestra vida, que vamos a celebrar la Navidad «según tu palabra», superando las visiones superficiales de nuestra sociedad para estos días.
-“Le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David”. Esta era la célebre profecía de Natán a David (I Samuel 7,11), que hemos leído en la primera lectura. No será un reino triunfal. Reinará en los corazones que de verdad querrán amarle.
-“¿Cómo ha de ser esto? Pues yo no conozco varón”. Es una fórmula griega muy conocida. Quiere decir que María no ha tenido relaciones conyugales. Y éste no es el único texto que afirma este misterio. María ha escogido deliberadamente permanecer virgen. Esta cuestión nos permite penetrar en el pensamiento y el corazón de María. Se había entregado a Dios en un amor místico, absoluto, exclusivo.
-“El Espíritu Santo descenderá sobre ti. El niño será "Santo". Será llamado "Hijo de Dios". Porque para Dios nada es imposible”. Es una afirmación del misterio de la personalidad de Jesús: es Dios (Noel Quesson).
Dios-con-nosotros: la perspectiva que da más esperanza a nuestra existencia. Es la invitación a la comunión de vida con él y ser hijos suyos. Dios-con-nosotros significa que todo lo que ansiamos tener nosotros de felicidad y amor y vida, se queda corto con lo que Dios nos quiere comunicar. Con tal que también respondamos con nuestra actitud de ser «nosotros-con-Dios». Eso nos llenará de alegría. Y cambiará el sentido de nuestra vida. Cristo nos aseguró: «donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo con ellos». Y es en la comunión de la misa donde se realiza la máxima comunión, si le acogemos con la misma humilde confianza que lo hizo María, nuestra Eucaristía será ciertamente fecunda en vida y en salvación.
O clavis David: «Oh Llave de David / y Cetro de la casa de Israel, / que abres y nadie puede cerrar, / cierras y nadie puede abrir: / ven y libra a los cautivos / que viven en tinieblas y en sombra de muerte»: es el Cordero digno de abrir los sellos del libro de la historia (Ap 5,1-9), y en general, «el que tiene la llave de David: si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir» (Ap 3,7). Para nosotros, invocar a Jesús como Llave es pedirle que abra la puerta de nuestra cárcel y nos libere de todo cautiverio, de la oscuridad, de la muerte (J. Aldazábal).
S. Bernardo comenta: “Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no era por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros (…) esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes (…) por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida... No tardes, Virgen María, da tu respuesta. Señora Nuestra, pronuncia esta palabra que la tierra, los abismos y los cielos esperan (…) Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna... Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta (…) Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento. ‘Aquí está la esclava del Señor, -dice la Virgen- hágase en mí según tu palabra.’ (Lc 1,38)”.
2. “Una virgen concebirá…” El rey Acaz, cercado por sus propios intereses políticos (Samaria le pide alianza contra Damasco, pero él se alía con éste para no caer en sus manos pensando que son más fuertes) y el profeta promete un "hijo" heredero del trono de David: «Dios-con-nosotros»... y su madre, la «virgen»... será un signo de Dios... –“Pues bien, el Señor mismo va a daros una "señal": He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz a un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, es decir, «Dios-con-nosotros»”. El término traducido aquí por la palabra «virgen» en hebreo es “halmah” que designa siempre «doncellas». Es el indicio muy claro de un nacimiento sorprendente. Ese texto ha sido aplicado siempre a María de una manera privilegiada. Ciertamente, va más allá de lo que en su tiempo podía decir eso, en realidad no se entiende la profecía sino en Cristo (Noel Quesson).
3. El único Santo, el Hombre perfecto, ha subido al monte del Señor para ofrecerse Él mismo en sacrificio agradable al Padre Dios, para el perdón de nuestros pecados. Finalmente Él ha entrado en el Santuario no construido por manos humanas, sino que es la Morada de Dios; y ahí se ha sentado para siempre como Hijo de Dios y como Rey nuestro.
Llucià Pou Sabaté

martes, 18 de diciembre de 2012


Adviento: 19 de Diciembre: cultivar el silencio creador… para escuchar la voz de Dios

“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad. Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto». Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres»”  (Lucas 1,5-25).

1. –“Zacarías... Isabel... Ambos eran justos a los ojos de Dios”. Leeremos la "anunciación" del nacimiento de Juan Bautista. La vocación de Juan Bautista, el que "caminará delante de Dios" está preparada en el corazón y la vida de sus padres que "eran justos a los ojos de Dios".
Responsabilidad de los padres y de las madres. En su modo de vivir, y antes del nacimiento y de la educación de sus hijos, ya están en juego otras vidas.
Te ruego, Señor, por todos los padres de la tierra. Que estén contentos de sus hijos y que sean conscientes de su tarea educativa que se enraíza ante todo en su modo de vida.
-“Isabel era estéril”... A Zacarías le cuesta creer en un posible nacimiento, duda. Humanamente, se comprende. "Soy un hombre viejo y mi mujer de edad muy avanzada". Normalmente ya no hay esperanza de fecundidad. Será pues un nacimiento excepcional como el de Jesús. Y San Lucas evoca algunos natalicios milagrosos del Antiguo Testamento: Isaac, nacido de Abraham de edad muy avanzada. Y de Sara, estéril... Samuel que viene al mundo como un "don de Dios" a una pobre madre sin hijos... y luego José, y Sansón, etc. Un tema bíblico que anuncia el de la maternidad virginal de María: "no hay nada imposible para Dios".
Ante lo “sobrenatural” del nacimiento de Juan el Bautista, Zacarías no manifiesta en el momento oportuno la visión sobrenatural de la fe: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad» (Lc 1,18). ¿Pone a prueba a Dios? ¿Le falta la docilidad confiada en los planes de Dios?, no sabemos, la cuestión es que habla cuando “no toca”, y ha de tener un “aprendizaje” para desempeñar mejor su misión. “Soy dueño de mi silencio y esclavo de mis palabras”, decía la canción del grupo “Héroes del silencio”. A veces hablar es no poner atención, estar “despistado”, es decir “fuera de la pista”, y hay que volver a la pista, dejar de estar “fuera de juego” y volver al juego. Es decir, estar preparados para la Navidad, mantener la presencia de Dios a lo largo del día, y para ello tener “el arte de callar”.
El silencio es necesario para escuchar a Dios, para oírle. "Si escuchas la voz de Dios, no endurezcas tu corazón”. Y dice también la Escritura: "Envía tu luz y tu salvación" (Salmo 34). Hemos de pedir luz para descubrir nuestra situación, sin preocuparnos mucho si nos equivocamos, pero aprendiendo de la experiencia, y si es necesario hacer “dieta” de hablar, “ayuno” de palabras, para mejorar en los planes y proyectos. Silencio, para considerar la Presencia, no la ausencia. ¿Para pensar? Sí, y aún mejor: para oír a Dios en mí. Establecer momentos en los que vamos a una isla desierta, para tener en ese oasis paz de ruidos, y encontrarnos a nosotros mismos con sinceridad, atrevernos a ello…
-“No temas, Isabel te dará un hijo que será para ti objeto de gozo y de júbilo y muchos se regocijarán en su nacimiento”. ¡La salvación comienza! Nos llenamos de alegría. Los evangelios de la infancia están inmersos en una atmósfera de alegría. Es el ambiente de Navidad y de Año Nuevo.
-“Caminará delante de Dios revestido del espíritu y de la virtud de Elías”. Recuerdo bíblico; Elías fue el primer profeta... el hombre celoso de la gloria de Dios... cuyo retorno se esperaba para preceder al "mesías". Juan Bautista, como sus padres, "caminará delante de Dios". ¿Camino yo en la presencia de Dios?
-“Para reunir los corazones de los padres con los de los hijos y conducir los incrédulos a la prudencia y fe de los hombres rectos a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto capaz de acogerle”. Maravillosa tarea: trabajar para Dios, preparar a los hombres para que sepan "acoger" a Dios. Recuerdo bíblico: el evangelista cita aquí una fórmula del profeta Malaquías (2, 6).
¿Trabajo yo también para Dios? En el mundo de hoy hay "preparaciones". Por medio de una contemplación optimista, busco, en las corrientes actuales de la historia, lo que en germen se está preparando. ¿Participo en ello? Señor, Venga a nosotros tu reino.
-“Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios, de quien he sido enviado a hablarte y a traerte esta feliz nueva”. "En la presencia de Dios", "Delante de Dios". La fórmula se repite sin parar en este comienzo del evangelio. Reflexiono en lo que esta fórmula puede significar para mí. "Estoy delante de ti, ante tu mirada... luego, no estoy nunca solo".
"Buena nueva". Lo que viene de Dios ¡es bueno! Me detengo a pensar en lo que me llega en este momento, y que debería ser una "buena nueva" si yo supiera ver más allá de las apariencias.
-“Y desde ahora quedarás mudo, por cuanto no has creído...” "¡He aquí lo que el Señor ha hecho en mí!" decíase Isabel. La duda de Zacarías lo condujo al silencio, hasta el día que cantará su "benedictus". Isabel, canta ya su acción de gracias en su corazón (Noel Quesson).
“O Radix Iesse”, reza la antífona solemne de hoy: «Oh Renuevo del tronco de Jesé, / que te alzas como un signo para los pueblos, / ante quien los reyes enmudecen / y cuyo auxilio imploran las naciones: / ven a librarnos, no tardes más».
Jesé fue el padre de David. Por tanto «la raíz o el renuevo de Jesé» es la descendencia de la familia de David. El padre de Jesús, José, era de la familia de David, como se había anunciado que seria el Mesías. Pablo ve en este anuncio la universalidad del reinado de Cristo: «Como dice Isaías (11,1.10), aparecerá el retoño de Jesé, el que se levanta para imperar sobre las naciones. En él pondrán los gentiles su esperanza» (Rm 15,12). Nosotros también deseamos que venga a liberarnos de nuestros males (J. Adazábal).
2. El anuncio del nacimiento de Sansón se relaciona con los de Juan y Jesús, y el anuncio del nacimiento de Isaac (Gén 18,9-15). Para Sansón, la debilidad está representada por la esterilidad de su madre, la avanzada edad de su padre y su propia repulsa de los medios normales de subsistencia. La fuerza que le domina aparece así como un don de Dios. Sansón morirá, precisamente, el día en que utilice esta fuerza en provecho propio, y no como un don de Dios, sino como un título de su gloria personal.
-“El ángel del Señor se apareció a la mujer de Manoa: «Bien sabes que eres estéril y que no has tenido hijos; pero tú concebirás y darás a luz un hijo... que será dedicado a Dios desde su concepción»”. La debilidad está representada por la fragilidad del recién nacido y la esterilidad de su madre. Lo que será de mayor es pues un don gratuito. Así, la vida humilde y sencilla que llevó Jesús en la tierra no fue un paréntesis excepcional en la vida eterna de un Dios todopoderoso, sino el más perfecto reflejo de lo que Dios tiene en mayor estima: ¡su amor! ¡Sánanos, Señor, de nuestros sueños de grandeza!
-“El comenzará a salvar a Israel”. Sansón fue un salvador temporal, un liberador que luchó contra los enemigos humanos de Israel, pero a través de esa salvación temporal, Dios ayudaba humanamente a su pueblo y le dejaba entrever otro tipo de «liberación». El verdadero salvador es Jesús. Su nombre, Jesús, en hebreo significa: «Dios salva». Señor, libéranos del pecado. ¡Líbranos del «mal»! Líbranos de todo mal.
-“En lo sucesivo, no bebas vino ni bebida fermentada”. Es un signo de vida austera, el signo del «nazir», del que ha renunciado a muchas cosas para consagrarse exclusivamente a Dios. Juan Bautista también será un nazir. Es el origen lejano de la vida monástica, consagrada. El niño creció, el Señor le bendijo, y el espíritu del Señor comenzó a conducirle. Sabemos por la historia de Sansón que éste no permaneció siempre digno de la misión que había recibido. Morirá precisamente el día que usará su fuerza sobrehumana en provecho personal..., como un título de gloria personal y no como un don de Dios. Ayúdanos, Señor, a ser siempre dóciles a la moción de tu Espíritu (Noel Quesson).
3. En el salmo reconocemos humildemente que Dios es nuestra roca y nuestro refugio, el que nos libra de las dificultades, el que ya desde el seno de nuestra madre nos conoce y nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Dios sale al encuentro del hombre, que ha sido dominado por el pecado, o azotado por la pobreza, por la enfermedad o por la injusticia, para librarlo de todo aquello que lo oprime, pues a Él no se le olvida que somos sus hijos. Aún antes de que fuésemos concebidos Él no sólo sabía nuestro nombre, sino que ya nos amaba entrañablemente (homiliacatolica.com).
Llucià Pou Sabaté

Adviento, 18 de Diciembre: la confianza de san José en Dios es modelo para nosotros… (como reacciona ante la “duda”)

“La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mateo 1,18-24).

1. En María y José encontramos un matrimonio ejemplar, modelo para todos nuestros hogares, pero muy singular pues Jesús viene de María y del Espíritu Santo. Ratzinger ha escrito un libro sobre la infancia de Jesús, donde cuenta que los "datos históricos" de base han elaborado una especie de "prólogo teológico" a la vida de Jesús (que contemplamos esos días antes de Navidad), algo así como un músico compone una "obertura" donde esboza los temas esenciales que luego desarrollará. Ahí se ve que se cumplen todas las palabras de Dios del Antiguo Testamento, en la Palabra encarnada. Mateo, por ejemplo, subraya todos los signos que muestran que Jesús "cumplió todas las promesas de Dios": él considera los relatos de la infancia de Jesús como un enlace entre el Antiguo y el Nuevo Testamento...  Jesús es verdaderamente aquel que Israel esperaba, el que fue prometido a Abraham y David, el nuevo Moisés. Lucas, por su parte, subraya que Jesús es el salvador universal, prometido también a los paganos, a los gentiles.
Estos "evangelios de la infancia" remiten a menudo a textos y situaciones de la Biblia. Con su apariencia ingenua e infantil, son textos ricos en doctrina, que deben leerse con Fe.
-“Y el nacimiento de Cristo fue de esta manera: María...” María es la que está en el centro de los relatos que leeremos hasta Navidad, y hoy vemos también a San José como foco de luz. –“María, su Madre, estando desposada con José, antes que hubiesen vivido juntos, se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo”. En esta frase tan sencilla hay dos niveles de profundidad. El acontecimiento humano, lleno de encanto, de dos jóvenes que se enamoran y se desposan, con su alegría. Pero ella espera un  hijo sin que hayan tenido relaciones. De manera virginal, pues Dios pudo hacerlo, pues si es Dios puede hacer milagros, como también hizo la resurrección del Señor: "ella concibió por obra del Espíritu Santo". Este niño no es un niño ordinario. De El, se dirá más tarde que es "hombre y Dios". Pero ya está sugerido aquí, en este prólogo del evangelio.
-“José, su esposo, siendo como era justo y no queriendo denunciarla...” De esta duda poco podemos hablar, aunque mucho se ha dicho, pero sin que podamos decir nada concluyente aparte de que el repudio privado era para no difamarla a ella. A mí se me ocurre decir que José pensó en quitarse del medio, viendo un misterio demasiado grande para él. Sabe de su pacto de virginidad, que habían acordado entre los dos. Ella, por vocación; él, seguramente por acompañarla pues la quería en la situación que ella dispusiera, respetando su compromiso con Dios, pues eso hace el amor.
¿María le dijo lo del ángel? Quizá sí, y José la acompañó a visitar y estar esas semanas o meses a su prima Isabel. Quizá se sintió entonces indigno de estar ahí por medio, que molestaba en un plan que no tenía nada que ver con él, como escribía mi amigo Antoni Carol: si les veían muy unidos iba a ser difícilmente creíble el misterio de la Encarnación virginal. Dios no dice nada; María ve a José pensar esas cosas, i ella intuye y sufre pero tampoco dice nada… José hace oración, y sigue sin tener luces. La Virgen intenta hacerse cargo del desconcierto de su esposo —que no se siente digno para acompañarla—.
La decisión de dejar a María era darle libertad, quedaba fuera del riesgo de pública infamia; y él aparecía como causante de la separación. Dios, al ver su docilidad, no le hace sufrir más e interviene en sueños por medio de un ángel. La caricia de Dios da vida otra vez a José, que así se va preparando más y más para su misión.
Hay quien piensa la otra posibilidad, que María sabe y calla, que no dice nada a José, quien al conocer su estado piensa dejarla –quedando él mal- y no discute ni se queja ni pide explicaciones convencido de que algo divino está ocurriendo, y que aquel asunto no es suyo. Cumpliendo la ley, debía dejarla, y la deja libre para no perjudicarla. No estaría ajeno a conocer lo que pasó con el nacimiento de Juan Bautista y los portentos –quedarse mudo Zacarías, etc.-.
Pero al poco, vio que sí estaba implicado, pues tiene también su "anunciación", con la aparición de un ángel, imposición de un nombre, según la función del que nace... y por último, un signo dado como prenda. Es un pasaje paralelo a las otras anunciaciones (de María, Juan Bautista).
-“José, hijo de David, no tengas recelo... Le pondrás por nombre "Jesús" que significa "El Señor salva", pues él es el que ha de salvar a su pueblo. Todo lo cual se hizo en cumplimiento de lo que preanunció el Señor por el profeta Isaías”. Filiación davídica; una promesa de Dios se realiza. Un salvador: una promesa de Dios. Una nueva Alianza: "Emmanuel" Dios-con-nosotros... aquí con el otro nombre, “Salvador”, Jesús. ¡Estaba prometido! Contemplo la delicadeza de José... este justo, capaz de entrar en los secretos de Dios. Dios necesita de los hombres. He aquí un matrimonio, marido y mujer que recibe una responsabilidad excepcional. ¿No soy yo también responsable de un cierto "nacimiento" de Dios, hoy? (Noel Quesson).
José la recibió en su casa y no la conoció hasta que dio a luz”. La acepta tal y como es. Respeto su virginidad, sin poner condiciones. A nivel espiritual, veo que estos pasajes nos enseñan a vivir las “dificultades” en positivo: transformarlas en “posibilidades”, de amar más, de ser más entregados, de tener más fe y perseverancia; así se refuerza el amor y la fidelidad. Las dificultades de “ordinaria administración” no aparecen en el Evangelio: problemas con clientes del taller, rumores de pueblo, estrecheces económicas propias de vivir al día… Se intuye que para ellos los nervios no degeneraban en discusiones; que cuando no podían solucionar una cosa hablando, optaban por el silencio (es una forma de diálogo, cuando se ama): meditar las cosas, el silencio de la oración… Los problemas que nos muestra el Evangelio no son los pequeños de cada día, sólo vemos los más graves… y vemos como actúan, en silencio, "aguantan en el dolor" y esperan el “dedo” de Dios…
José es el que permanece en segundo plano, oculto, escondido, con su sí permanente es el hombre fiel: de fe a prueba de fuego, dócil a la voz del Señor, aunque sea en sueños, como solía hablarle el ángel. Se acomoda a los planes divinos sin protestar. Es el hombre del santo encogimiento de hombros, que todo le está bien. Le veo con una fe que rezumaba paz: cuando una cosa iba como esperaba diría: “gracias a Dios!”, y cuando iba al revés, diría: “bendito sea Dios!”, de manera que siempre estaba entre dar gracias y bendecir a Dios.
Dios ilumina a José en sueños, y José es dócil: aprende a ir al paso de Dios, la idea está expresada en otros relatos como cuando se le indica que vaya a Egipto, que vuelva, etc. Desplazarse a Belén para empadronarse no sería nada fácil, José sabía que era inoportuno aquel viaje; pensaba que algún pariente en Belén les podría albergar, pero una vez más nada salió como ellos habían pensado: el viaje a Egipto muestra, como el episodio del Niño perdido y hallado en el Templo, su disponibilidad… aprenden a meditar las cosas, a ir al paso de Dios, para cumplir su voluntad. Todo esto es modelo para nosotros, les pedimos a José y María que nos ayuden a dejarnos llevar por Dios, a tener confianza y ver esa mano invisible que nos acompaña y nos guía a lo largo de la vida.
2. Mateo insistirá sobre el título "José, hijo de David", siguiendo la tradición de presentar al Mesías como de la familia de David. Así dice Jeremías:
-“Oráculo del Señor: Mirad que vienen días en que suscitaré a David un «Germen justo»”. Los reyes de Judá son nefastos en ese momento, la dinastía davídica está en plena decadencia, y suscita la cólera de Dios en un panorama es muy negro. «Ay de los pastores que dejan que perezca el rebaño de mi pastizal, ¡oráculo del Señor!» «Pero mirad, que vienen días en que nacerá un verdadero rey.» Reinará como verdadero rey, será inteligente y prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. Un «germen justo», de Dios, de David, el Mesías. La esperanza de todos es un esperar a Cristo, prudente, recto y justo, y a esa obra estamos llamados a cooperar.
-“En sus días estará a salvo el reino de Judá, e Israel vivirá en seguro. Y éste es el nombre que se le dará: «El Señor-justicia-nuestra”. Un rey-mesías cuyo nombre es simbólico. Los nombres tienen mucha importancia para la mentalidad semítica: caracterizan a la persona. Un hombre que no es por sí mismo su propia justicia. Un hombre investido de la misma justicia de Dios. Cuando trato de ser más justo, en realidad "es el Señor mi justicia".
-“Mirad que vienen días en que no se dirá más: «El Señor hizo... en el pasado,» sino: «El Señor hace... hoy»”. Los judíos, del tiempo de Jeremías, solían, como nosotros, referirse al pasado: antes se hacía esto... Una vez Dios hizo que los hijos de Israel salieran del país de Egipto... Jeremías reacciona. Nunca más se dirá esto. Porque, es HOY cuando Dios libera de la esclavitud a su pueblo; es HOY cuando Dios reúne a sus hijos dispersos y les instala en su propio pueblo. Efectivamente, el Señor vive, es un contemporáneo, su acción es actual; pero la mayoría de las veces no sabemos reconocer su obra. Ayúdanos, Señor, a reconocer lo que ahora estás haciendo por nosotros (Noel Quesson).
3. De nuevo el salmo 71 canta al rey ejemplar, que gobierna con justicia, que escucha los clamores de los pobres y oprimidos y sale en su defensa. Ningún rey del Antiguo Testamento cumplió estas promesas. Por eso, tanto el pasaje de Jeremías como el salmo se orientaron claramente hacia la espera de los tiempos mesiánicos. Nosotros, los cristianos, los vemos cumplidos plenamente en Cristo Jesús (J. Aldazábal). «Concédenos, Señor, a los que vivimos oprimidos por el pecado, vernos definitivamente libres por el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo» (oración): «Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, / que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente / y en el Sinaí le diste tu ley: / ven a librarnos con el poder de tu brazo».
Llucià Pou Sabaté

lunes, 17 de diciembre de 2012


Adviento, 17 de Diciembre: Dios nos ama en Jesús, a quien envía al mundo. Estamos interconexionados en este «libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham»

“Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá (…). Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a (…), Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones” (Mateo 1,1-17).

1. Para que nos preparemos de un modo más inmediato a Navidad, la Iglesia la hace preceder de una "octava", que comienza hoy con la genealogía de Jesús: en primer lugar, nos lleva a experimentar que nuestra grandeza no está en los méritos sino en el amor que Dios nos tiene. También, que estamos todos interconexionados, y lo que hacemos influye en los demás y en la historia. Estos dos puntos están muy vivos en el pesebre. Para entender la necesidad de profundizar en nuestra dignidad vino Jesús en Navidad, y para formar un pueblo renacido, como hijos de Dios.
En la genealogía de Jesús –decíaVan Thuân predicando al Papa y su Curia- hay un canto al amor de Dios, "su misericordia es eterna": "Levanta del polvo al indigente y de la inmundicia al pobre para que se siente entre los príncipes de su pueblo"». No hemos de portarnos bien para que Dios nos quiera, sino que Dios nos quiere de todos modos, y eso nos ayuda mucho a portarnos mejor: «No hemos sido escogidos a causa de nuestros méritos, sino sólo por su misericordia. "Te he amado con un amor eterno, dice el Señor". Esta es nuestra seguridad. Este es nuestro orgullo: la conciencia de ser llamados y escogidos por amor».
En ese contexto, es bonito ver que no se nos esconde que pecadores y prostitutas fueron antepasados de Jesús. El complejo problema del pecado y de la gracia está ahí reflejado: «Si consideramos los nombre de los reyes presentes en el libro de la genealogía de Jesús, podemos constatar que sólo dos de ellos fueron fieles a Dios: Ezequiel y Jeroboam. Los demás fueron idólatras, inmorales, asesinos... En David, el rey más famoso de los antepasados del Mesías, se entrecruzaba santidad y pecado: confiesa con amargas lágrimas en los salmos sus pecados de adulterio y de homicidio, especialmente en el Salmo 50, que hoy es una oración penitencial repetida por la Liturgia de la Iglesia. Las mujeres que Mateo nombra al inicio del Evangelio, como madres que transmiten la vida y la bendición de Dios en su seno, también suscitan conmoción. Todas se encontraban en una situación irregular: Tamar es una pecadora, Rajab una prostituta, Rut una extranjera, de la cuarta mujer no se atreve a decir ni siquiera el nombre. Sólo dice que había sido "mujer de Urías", se trata de Betsabé».
Tamar, por trampa, tiene un hijo de su propio suegro (Génesis 38, 1-30). ¡Qué historia mas sombría! Rahab, prostituta (Josué 2-6). Ruth, una pagana de tierra extranjera (Rut 4-12). Finalmente Betsabé, la mujer adúltera de David y madre de Salomón (II Samuel 11). Jesús viene a salvar a la humanidad, por gracia. Y todos los hombres están llamados a esta salvación universal. ¿Estoy convencido de este inverosímil amor gratuito y salvífico que Dios nos tiene? Este panorama no lleva al desánimo, sino que el pecado exalta la misericordia de Dios: «Y sin embargo -añadió el arzobispo vietnamita- el río de la historia, lleno de pecados y crímenes, se convierte en manantial de agua limpia en la medida en que nos acercamos a la plenitud de los tiempos: en María, la Madre, y en Jesús, el Mesías, todas las generaciones son rescatadas. Esta lista de nombres de pecadores y pecadoras que Mateo pone de manifiesto en la genealogía de Jesús no nos escandaliza. Exalta el misterio de la misericordia de Dios. También, en el Nuevo Testamento, Jesús escogió a Pedro, que lo renegó, y a Pablo, que lo persiguió. Y, sin embargo, son las columnas de la Iglesia. Cuando un pueblo escribe su historia oficial, habla de sus victorias, de sus héroes, de su grandeza. Es estupendo constatar que un pueblo, en su historia oficial, no esconde los pecados de sus antepasados», como sucede con el pueblo escogido.
No es Jesús como un extraterrestre o un ángel que llueve del cielo. Pertenece con pleno derecho, porque así lo ha querido, a la familia humana. Es hijo de hombres y mujeres que tienen una vida recomendable, y otros que no son nada modélicos. En el primer apartado de los patriarcas, la promesa mesiánica no arranca de Ismael, el hijo mayor de Abrahán, sino de Isaac. No del hijo mayor de Isaac, que era Esaú, sino del segundo, Jacob, que le arrancó con trampas su primogenitura. No del hijo preferido de Jacob, el justo José, sino de Judá, que había vendido a su hermano. En el apartado de los reyes, aparte de David, que es una mezcla de santo y pecador, aparece una lista de reyes claramente en declive hasta el destierro. Aparte tal vez de Ezequías y Josías, los demás son idólatras, asesinos y disolutos. Y después del destierro, apenas hay nadie que se distinga precisamente por sus valores humanos y religiosos. Hasta llegar a los dos últimos nombres, José y María.
Es una genealogía donde hay mujeres sencillas, pero no ve Ratzinger que haya en ellas pecado, es un pecado de los varones, no de las mujeres. Lo especial en estas mujeres estriba, en cambio, en que no eran judías y que justamente ellas, mujeres paganas, aparecen en los puntos de inflexión de la historia de Israel, de modo que con toda razón pueden considerarse en Israel como las verdaderas madres ancestrales del reino, tipo de la Iglesia de los gentiles, la Iglesia que se reúne a partir de la suciedad del paganismo y que, a pesar de ello, en su anhelo de la salvación abre la puerta a los enviados de Dios, los apóstoles, que no habían hallado morada en Israel. Así, la Iglesia de los gentiles permite que el mundo se convierta en tierra santa de la fe, la sucia taberna en la casa santa de la comunión con Jesucristo.
Hasta llegar a María, donde ya no se habla ya de «engendrar», sino que se dice: «Jacob engendró a Jóse, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo». Se instaura un nuevo comienzo, y este verdadero comienzo, del cual depende en definitiva todo, acontece por la fe, por el sí de María, por la fe de las madres, la fe de los extranjeros. Estamos todos intercomunicados, unidos a esa nueva generación por la fe que María inaugura. La Iglesia está anticipada en esa larga genealogía que anuncia la salvación que Dios ha querido traernos, formando un pueblo, una comunidad y sirviéndose de unos intermediarios (sacerdotes, profetas, reyes, jueces...). Todos participamos de la misión de la Iglesia, apoyados en la comunión de los santos: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere – no lo olvides– dependen muchas cosas grandes” (J. Escrivá).
La reacción ante esta responsabilidad histórica no puede ser asustarnos “«¡No tengáis miedo!». No tengáis miedo del misterio de Dios; no tengáis miedo de Su amor; ¡y no tengáis miedo de la debilidad del hombre ni de su grandeza! El hombre no deja de ser grande ni siquiera en su debilidad” (Juan Pablo II).
La genealogía se divide aquí en tres partes compuestas cada una de 14 nombres. El centro de la misma lo ocupa David. El número 14, por ser el doble de 7, indica perfección y plenitud, y por tanto los nombres se escogen en un sentido también simbólico. Significaría la providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia de salvación que culmina en Cristo.
-“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual fue engendrado Jesús, llamado Cristo o Mesías”. Jesús es el "mesías", el esperado por toda la historia de Israel, el "hijo de David" (Noel Quesson).
O Sapientia... «Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, / abarcando del uno al otro confín / y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: / ven y muéstranos el camino de la salvación», dice la primera antífona de estos días, que comienzan con “¡oh!”, en la liturgia de las horas, para despertar nuestra fe y esperanza. Lo es también para hablar de María, Virgen de la Esperanza, y de la intensidad con que debemos vivir el preludio de la Navidad, gran sinfonía de la recreación y salvación del mundo.
Lo sorprendente de esta cadena de generaciones es que precisamente en el último eslabón, cuando aparece José, hijo de Jacob y esposo de María, José queda excluido totalmente del origen de Jesús y con él toda la lista que le precede. Sóla María se convierte en fuente de Jesús. ¡Sin José! ¡Sola ella y el Espíritu Santo! (como proclamamos en el Credo). José es para Jesús un padre que le transmite la gran tradición del pueblo. La mujer adquiere un gran protagonismo (José Cristo Rey García Paredes).
2. Jacob imparte su bendición, que es su herencia. No es el primogénito Rubén, ni el segundo Simeón, ni el tercero Leví, quienes "heredarán de la promesa", sino el cuarto Judá. Jesús nacerá en la tribu de Judá en Judea, en Belén. Un descendiente de Judá reinará no sólo sobre las demás tribus del pueblo elegido, como David, sino sobre todas las naciones.
-“Jacob llamó a sus hijos: «Quiero anunciaros lo que os ha de acontecer en días venideros...»” Es el testamento de Jacob de cuya «genealogía» nos hablará el evangelio. Un pueblo en marcha y abierto al futuro. La humanidad posee un «porvenir».
-“Judá, tus hermanos te rendirán homenaje... Judá, mi hijo, es un león joven”... Dios es el que elige. «He ahí que el León de la tribu de Judá ha vencido». (Apocalipsis 5,5). Jesús nacerá en la "tribu de Judá", en Judea, en Belén, Dios ya piensa en ello. Haznos disponibles, Señor, a tus «designios» a los que Tú quieres hacer por medio de nuestras vidas, de nuestras responsabilidades.
-“La realeza no se irá de Judá, ni el bastón del mando se irá de su descendencia, hasta tanto que venga aquél a quien le está reservado el poder y a quién las naciones obedecerán”...: un descendiente de Judá reinará no sólo sobre las demás tribus del pueblo elegido, sino sobre todas las naciones (Noel Quesson).
3. “Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud”: el salmo 71, el salmo del rey justo y su programa de gobierno, canta lo que será el estilo del rey mesiánico: “Que los montes traigan paz, / y los collados justicia; / que él defienda a los humildes del pueblo, / socorra a los hijos del pobre”.
Que en sus días florezca la justicia / y la paz hasta que falte la luna; / que domine de mar a mar, / del Gran Río al confín de la tierra”. A través de los siglos, a través de las vicisitudes y de los fracasos de la historia se ha mantenido esa sorprendente esperanza: ¡un "salvador" nacerá de la familia de Judá!  “Que su nombre sea eterno, / y su fama dure como el sol; / que él sea la bendición de todos los pueblos, / y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra”.
Llucià Pou Sabaté

Lunes de la 3ª semana de Adviento. Jesús posee una autoridad divina, anunciada por los profetas, y últimamente por Juan Bautista, y nos da su gracia, que actúa junto a nuestra libertad que puede aceptarla.

“En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: -«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?» Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?» Ellos se pusieron a deliberar: -«Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído? Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta.» Y respondieron a Jesús: - «No sabemos.» Él, por su parte, les dijo: - «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto»” (Mateo 21,23-27).

1. –Cuando Jesús enseñaba en el templo, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él y le preguntaron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te ha dado tal potestad?" En Mateo, a esta pregunta precede la escena de Jesús expulsando a los vendedores en el templo. Fue algo muy fuerte, ante lo que no se quedaron indiferentes.
-Respondióles Jesús: “Yo también quiero haceros una pregunta”. Jesús, te veo enérgico, que no se deja intimidar: "El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?"
-“Mas ellos discurrían, diciendo: "Si respondemos "del cielo", nos dirá... "Si respondemos, "de los hombres", tenemos que temer al pueblo... Contestaron, pues, diciendo: ‘No lo sabemos’”. A menudo, también nosotros, contestamos huyendo las preguntas radicales de Dios. Hoy mismo, ¿cuál es la pregunta, la invitación, que yo siento que Dios me hace? ¿Cuál va a ser mi respuesta?
Jesús se enfrenta al judaísmo oficial y ahora no quiere dar testimonio explícito de sí mismo, pues la actitud incrédula y negativa de sus enemigos no lo hace conveniente. Pero en realidad sí les responde con la pregunta sobre la autoridad del Bautista que proyecta su luz sobre la autoridad de Jesús, porque Juan preparó los caminos a Jesús. Son perversos. Quieren fastidiar al Señor. Les falta fe. El tiempo de Adviento es el tiempo de preparación a la fe (Noel Quesson).
-"¿Por qué no le habéis creído?" La fe. Dios habla por Juan Bautista, y en cada persona y en cada acontecimiento… Quiero abrir mis ojos a tu luz, Señor, pues sobre todo habla en ti Dios, en tu humanidad santísima, en tus palabras:
-“Pues yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas”. Contemplo en tu corazón, Señor, la decepción de ver la falta de fe de esos dirigentes de Israel. La peor ceguera es la voluntaria. Aquí se cumple una vez más lo que decía Jesús: que los que se creen sabios no saben nada, y los sencillos y humildes son los que alcanzan la verdadera sabiduría.
¿Qué velos o intereses tapan nuestros ojos para impedirnos ver lo que Dios nos está queriendo decir a través del ejemplo de generoso sacrificio de un familiar nuestro, o de la fidelidad alegre de un miembro de nuestra comunidad?, ¿o es que queremos mantenernos cómodos con nuestra ceguera de corazón?
El Dios del ayer es el Dios del hoy y el Dios del mañana. El que vino, el que viene, el que vendrá. Cada día, no sólo en la Eucaristía, sino a lo largo de la jornada, en esos pequeños encuentros personales y acontecimientos, sucede una continuada venida de Dios a nuestra vida, si estamos despiertos y sabemos interpretar la historia (J. Aldazábal).
Tu sagacidad y autoridad, Jesús, me dejan pasmado. El modo de reconducir la trampa que tienden, con otra pregunta que les pone en dificultad y en el fondo les responde con la verdad: «El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» (Mt 21,25). Ellos no saben qué contestarte, Señor, y tú con una palabra has hecho caer la mentira, y has dado testimonio de la verdad. Nos invitas a vivir contigo esa defensa de la verdad, ante todas las formas de mentira de nuestra sociedad.
Los celos, la envidia, el amor propio, el deseo de ser estimado, tenido por alguien importante, del temor al «qué dirán, el brillar en un cierto nivel social, el ostentar un puesto de honra o poder son fuerzas que carcomen y matan el espíritu del evangelio en nosotros. Dios todopoderoso, que nació niño en una cueva, desmentirá esas creencias: «El que busca su vida, la perderá; el que la pierda por amor a mí, la hallará». En la película “The Damnet”, los malditos, traducida como “La caída de los dioses”, de Visconti, muestra como una familia de alemanes degenera como tanta gente, y se convierte en una manada de bestias donde unos matan a otros, y son manejados al antojo de los nazis, vendidos a esa moda nefasta de cultura de la muerte.
Recuerdo que un chico mejoró su posición social, y dejó a la novia amiga de toda la vida que ya no le “vestía”, por otra de más “nivel”. Le dije que estaba siendo egoísta. Salimos en coche y aún en el garaje ya me decía escandalizado: “¡el cinturón de seguridad!”: para él lo importante era ponérselo cuanto antes, pero no se preocupó por despreciar a la chica que le había ayudado tanto tiempo. Pensé que estábamos en una sociedad puritana…
Oración: Señor, dame la gracia de vivir con pureza de intención. Que mi obrar, pensar, sentir sea por Dios y delante de Dios. Actuar: Revisaré mi actuar para no dejar que la envidia y otros males se instalen en mi corazón.
2. Balaán tiene fama de vidente y el rey de Moab le encarga que maldiga al pueblo de Israel y sus campamentos. Pero Dios toca su corazón, y el adivino pagano se convierte en uno de los mejores profetas del futuro mesiánico. En sus poemas breves, llenos de admiración, en vez de maldecir, bendice el futuro de Israel. Ve su estrella y su cetro y anuncia la aparición de un héroe que dominará sobre todos los pueblos. Sorpresas de Dios, que no se deja manipular ni entra en nuestros cálculos. Somos nosotros los que debemos ver y oír lo que él quiere. Es una profecía que en un primer momento se interpretó como cumplida en el rey David, pero que luego los mismos israelitas dirigieron a la espera del Mesías.
Cada vez que Ballaán intentaba maldecir a Israel, el Señor le cambiaba la maldición en una bendición. A la cuarta vez, Balam pronuncia un oráculo que habla de un futuro rey que habrá de surgir de Israel. Este oráculo se refiere al rey David quien le da seguridad al reino, al liberarlo de sus enemigos. Pero David es sólo tipo del verdadero rey. Aunque no se lo cita expresamente en Nuevo Testamento, el episodio de la adoración de los magos ha sido inspirado en su presentación por el oráculo de Balam. Jesús es el que establecerá definitivamente el reino de Dios. También veo aquí como Dios interviene en la historia, como hizo en tiempos de Ester, o de Susana y Daniel… donde parece que vence el mal, subvierte todo y prevalece el bien…
-“Saldrá un héroe de la descendencia de Israel, dominará sobre pueblos numerosos. Su reino será mayor que el de”... La fe nos proyecta, a nosotros también, hacia el futuro del mundo. Nos hace ver, por adelantado, «lo que ha de venir». Cristo va creciendo hasta su advenimiento definitivo. En silencio, busco, en mí y a mi alrededor, los signos de ese crecimiento. Todo hombre que progresa, que va siendo mejor... es Cristo que está creciendo. Pero, todo ello no es algo deslumbrante. Son pequeños signos.
-“A ese héroe, lo veo... aunque no para ahora. Lo diviso, pero no de cerca. Un astro se levanta, un cetro se endereza”. El anuncio del Mesías viene jalonando toda la historia. Incluso entre los paganos de buena fe. En ese tiempo de Adviento hay que aguzar nuestra mirada (Noel Quesson). Balaán era de la parte del mal, pero luego se convierte a la verdad. Representa el fruto del cálculo de los hombres para que no se realicen los planes de Dios. Pero, al mismo tiempo, Balaam es el triunfo de Dios sobre los cálculos de los hombres, sobre el modo en el cual los seres humanos consideramos las cosas. Nos narra la Escritura que cuando Balaam maldice al pueblo de Israel, un ángel se le aparece, pero sólo el burro en el que él va montado lo puede ver. Y aunque el profeta intenta que el burro siga caminando, no lo logra pues el burro está muy asustado. De pronto Baalam también ve al ángel y dice: ¡Cómo es posible que un animal haya visto lo que yo no veía! Esto hace que él reflexione y cambie. Y en vez de hacer una profecía de maldición, hace una profecía de bendición: "Qué hermosas son tus tiendas, son como extensos valles, como jardines junto al río", y dice con toda claridad: «Yo no puedo quebrantar el mandamiento de Yahvé haciendo mal o bien por cuenta propia; lo que Yahvé me diga le diré». Balaán ve cómo se alza de Jacob una estrella un rey que dominará sobre todos los otros reyes. Jesús, descendiente de Jacob, es la estrella que Lucas, en el cántico del Benedictus, identifica con Dios, que nos visita de lo alto para iluminar a los que están sentados en tinieblas y sombras de muerte y enderezar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc 1,78s). O la luz verdadera que Juan nos presenta en lucha victoriosa con las tinieblas (Jn 1,9ss).
Que la profecía de Balaán nos ayude a profundizar en el misterio de Jesús, que en breve celebraremos, la lucha de la vida contra la muerte, de la luz contra nuestra oscuridad, y haga que en la impotencia de la caída, de la humillación, se abran nuestros ojos y podamos contemplar la luz de Cristo resucitado, nuestra auténtica Pascua. Esta es la buena palabra, el oráculo favorable, el evangelio de Dios que transforma nuestra vida (J.M. Aragonés).
En Jesús la procedencia o la descendencia queda totalmente relativizada; no es el vínculo de sangre lo que afilia a todos los hombres y mujeres con Dios como Padre Único, sino la actitud de cada uno de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.
3. Que Dios nos descubra sus caminos para que no sólo los conozcamos, sino para que los sigamos. Su amor y ternura son eternos, y al sentirlo le pedimos que escuchemos hoy su voz y no endurezcamos ante Él nuestro corazón.
El Señor es recto y bondadoso. Nosotros, frágiles y pecadores, acudimos a Él para que nos enseñe a caminar en el bien, deseando llegar a ser perfectos, como Él es perfecto. Es para nosotros Camino, Verdad y Vida. Su palabra va encarnándose en nosotros, dando fruto en sazón.
Llucià Pou Sabaté.