viernes, 2 de abril de 2010

Día 18º. SÁBADO SEGUNDO (6 de Marzo): la vida es un ir volviendo a la casa del Padre, con la conversión

Reza el profeta: "Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos
tus maravillas. ¿Qué dios es como Tú, que perdonas la falta y pasas
por alto la rebeldía…?" sigue diciendo que "ama la fidelidad. Él
volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú
arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados". Dios ha
salido a buscarnos como el pastor busca a la oveja perdida. Dejémonos
encontrar y salvar por Él... Dios nos ama; dejémonos amar por Él y nos
transforme de pecadores en justos y en hijos suyos. Las ovejas
alocadas, perdidas en el monte bajo, esperan que vaya el pastor a
liberarlas y conducirlas a los verdes pastizales. A veces veo que no
controlo, que estoy como loco, como una cabra, un potro salvaje, y me
da mucha paz pensar: existo, porque Dios se enamoró de mí. Me quiere
como soy. En mí todo es gracia: nací de un sueño de amor de Dios –que
está loco por mí- y me tiene un amor gratuito. Podemos decir: "¡Dios
me quiere como soy! No tengo que hacer nada para que me quiera... ¿no
es alucinante?" A una persona cuando se lo dijeron se le llenaron los
ojos de lágrimas y dijo: "-me han estafado. Me han engañado". Es que
le habían dicho que el amor de Dios hay que merecérselo y ganárselo a
base de méritos. Claro, como eso es imposible, nunca se había sentido
digna y, por tanto feliz. No conocía el significado de "dejarse amar
por Dios". Por eso nos decía Juan Pablo II: "¡abrid las puertas de
vuestro corazón a Cristo!" Porque en Cristo el corazón de Dios se
vuelca en mí como hijo, más allá de la realidad concreta de mis obras
buenas o malas. Cuántas angustias se han causado, por no explicar bien
cómo es Dios, mostrándolo como "justiciero"... toda justicia divina
hay que entenderla desde esa misericordia, todas las verdades de
doctrina, hasta el infierno: que no lo ha hecho Dios para nosotros,
sino que es la triste posibilidad de no amar, la autoexclusión de
quien no quiere amar a Dios y a los demás. ¿Es al mismo tiempo cierto
que las obras son meritorias? Sí, y pienso que sólo podemos captar la
Misericordia cuando abrimos el corazón, es como un chorro inmenso que
está siempre –el Amor que siempre está como cayendo del cielo- pero
del que sólo podemos llenarnos según nuestro recipiente, la medida de
nuestro corazón. Tomaremos más gracia según nuestro corazón: si tengo
un dedal, tomaré todo lo que me quepa: un dedal. Si tengo un pantano,
cabrá un pantano de cielo. ¿Cómo se ensancha el recipiente, el
corazón? Con el amor, cuando se da; y es algo que se retroalimenta: la
grandeza del amor se multiplica cuando se da: eso lleva a fijarse en
lo bueno, en lo positivo de los demás, en sus cualidades, virtudes,
acciones...
Hoy es iluminador este espíritu de Santa Teresita, que nos muestra un
Dios todo amor y misericordia, donde la justicia queda explicada con
la ternura. Escribe poco antes de su muerte: "dice el Evangelio que
Dios vendrá como un ladrón. A mí vendrá a robarme con gran delicadeza.
¡Como me gustaría ayudar al Ladrón!... no tengo ningún miedo del
Ladrón. Lo veo lejos y en vez de gritar: ¡al ladrón!, lo llamo
diciéndole: ¡por aquí, por aquí!" Este espíritu del Evangelio es útil
para impregnar todas las cosas de la vida: vida en familia, escuela,
compañerismo, trato con los vecinos, la educación... Mirando una
imagen de Jesús con dos niños, explica con inocencia profunda: "soy yo
este pequeñito que ha subido al regazo de Jesús, que alarga tan
graciosamente su piernecita, que levanta la cabeza y lo acaricia sin
temor. El otro pequeño no me gusta tanto; le han dicho algo..., sabe
que debe tratar con respeto a Jesús". Tantas veces la educación
–también la religiosa- ha sido cargada de un respeto que da miedo, y
lo que más ayuda al ambiente de nuestro tiempo, lleno de miedo e
inseguridad, es esa paz y esperanza de sentirnos queridos, pese a
nuestras equivocaciones e incertidumbres. Cuando se encuentra vacía de
obras buenas de cara al juicio que llega a su muerte, dice la Doctora
de la Iglesia que Jesús "no podrá pagarme –según mis obras-... Pues
bien, me pagará según las suyas".
Una oración humilde y confiada en Dios, es la que nos ofrece Miqueas
hoy; el Señor:
"- es como el pastor que irá recogiendo a las ovejas de Israel que
andan perdidas por la maleza;
- volverá a repetir lo que hizo entonces liberando a su pueblo de la
esclavitud de Egipto;
- y no los castigará: Dios es el que perdona; ésa es la experiencia de
toda la historia: «se complace en la misericordia», «volverá a
compadecerse», será «compasivo con Abrahán, como juraste a nuestros
padres en tiempos remotos»;
- «arrojará a lo hondo del mar nuestros delitos». Es una verdadera
amnistía la que se nos anuncia hoy.
Por eso cantamos en el Salmo: "bendice al Señor, alma mía, y nunca
olvides sus beneficios. El perdona todas tus culpas y cura todas tus
dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de
ternura… no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a
nuestras culpas… aparta de nosotros nuestros pecados".
Dejarse amar por Dios. Hoy vemos que se acercaban a Jesús todos los
publicanos y pecadores para oírle. Los fariseos y los escribas
murmuraban: "Este acoge a los pecadores y come con ellos." Y Jesús les
dijo entonces la parábola del hijo perdido y encontrado... por su
padre. La parábola del Padre que no desespera jamás de sus hijos. Es
el "padre", y no el hijo, el que constituye el centro de la parábola.
Un padre amoroso, respetuoso de la libertad y de la autonomía de sus
dos hijos. Con la muerte en el alma deja partir al menor; pero con la
esperanza de que será adulto algún día y comprenderá el amor de su
padre. Un hijo disconforme, que quiere vivir su vida, que rehúsa el
estar sometido, que cree que será más libre si está totalmente
independizado. Es una rebelión típica de nuestro tiempo y de todos los
tiempos: "el rechazo del padre"... el rechazo de Dios. Característica
del mundo moderno. Fenómeno global del ateísmo.
"Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre,
dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió
sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que
tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida
licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en
aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al
servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su
campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las
bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba".
El pecado siempre se presenta primero como agradable, atrayente,
seductor. El Maligno es suficientemente hábil para de momento,
disimular su "juego". Vivir su libertad, reivindicar su autonomía...
es positivo bajo un cierto aspecto. Eres Tú, Señor, quien nos has dado
esta sed de libertad. Haz que seamos más lúcidos, Señor.
"Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen
pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo
iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y
contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de
tus jornaleros'".
-Danos, Señor, este valor... saber reconocer nuestro mal y tomar la
postura eficaz para probar que es verdadera nuestra decisión.
"Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía
estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su
encuentro, lo abrazó y lo besó".
Es así como el padre acoge al hijo "rebelde". Incansablemente, leo y
vuelvo a leer estas palabras.
"El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no
merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores:
'Traed en seguida la mejor ropa y vestidlo, ponedle un anillo en el
dedo y sandalias en los pies. Traed el ternero engordado y matadlo.
Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la
vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta".
-Eres Tú, Jesús, quien ha inventado este relato. Eres Tú quien ha
acumulado todos esos detalles del retorno del hijo pródigo. Escucho tu
voz. Trato de imaginar las inflexiones de tu voz cuando decías esto
por primera vez. Querías darnos a entender algo muy importante. ¿Cómo
reaccionaron tus oyentes? ¿Qué hicieron después de haberlo oído?
¿Vinieron a confiarte sus pecados? ¿Oíste confesiones, Señor? ¿Qué
confidencias te hicieron? Los "hijos pródigos" de Dios comprendieron
delante de quién se encontraban, y ¡cuán grande era su suerte de tener
tal Padre!
"El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó
la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de
los sirvientes, le preguntó que significaba eso. El le respondió: 'Tu
hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado,
porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar.
Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace
tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de
tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis
amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado
tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo
mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano
estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido
encontrado'".
-Hijo mío, todo lo mío es tuyo. Fórmula de amor. Y el padre se ve
obligado a decirla también al hijo mayor quien, aparentemente, se
había quedado "en la casa", ¡pero que tampoco había comprendido gran
cosa del amor que su padre le tiene! El menor, precisamente a causa de
su pecado, y de su vida lejos del hogar... y a causa también del
perdón que acaba de recibir, comprenderá mejor ahora ¡cómo y cuánto es
amado! ¡Gracias! (Noel Quesson).
Comenta san Ambrosio: «No temamos haber despilfarrado el patrimonio de
la dignidad espiritual en placeres terrenales. Porque el Padre vuelve
a dar al hijo el tesoro que antes poseía, el tesoro de la fe, que
nunca disminuye; pues, aunque lo hubiese dado todo, el que no pierde
lo que da lo tiene todo. Y no temas que no te vaya a recibir, porque
Dios no se alegra de la perdición de los vivos. En verdad, saldrá
corriendo a tu encuentro y se arrojará a tu cuello, pues el Señor es
quien levanta los corazones, te dará un beso, señal de la ternura y
del amor, y mandará que te pongan el vestido, el anillo y las
sandalias. Tú todavía temes por la afrenta que le has causado, pero Él
te devuelve tu dignidad perdida; tú tienes miedo al castigo, y Él sin
embargo te besa; tú temes, en fin, el reproche, pero Él te agasaja con
un banquete».
Hoy vemos la misericordia, la nota distintiva de Dios Padre, en el
momento en que contemplamos una Humanidad "huérfana", porque
—desmemoriada— no sabe que es hija de Dios. Cronin habla de una hijo
que marchó de casa, malgastó dinero, salud, el honor de la familia...
cayó en la cárcel. Poco antes de salir en libertad, escribió a su
casa: si le perdonaban, que pusieran un pañuelo blanco en el manzano,
tocando la vía del tren. Si lo veía, volvería a casa; si no, ya no le
verían más. El día que salió, llegando, no se atrevía a mirar...
¿Habría pañuelo? «¡Abre tus ojos!... ¡mira!», le dice un compañero. Y
se quedó boquiabierto: en el manzano no había un solo pañuelo blanco,
sino centenares; estaba lleno de pañuelos blancos.
Nos recuerda aquel cuadro de Rembrandt en el que se ve cómo el hijo
que regresa, desvalido y hambriento, es abrazado por un anciano, con
dos manos diferentes: una de padre que le abraza fuerte; la otra de
madre, afectuosa y dulce, le acaricia. Dios es padre y madre...
«Padre, he pecado», queremos decir también nosotros, y sentir el
abrazo de Dios en el sacramento de la confesión, y participar en la
fiesta de la Eucaristía: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este
hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida». Así, ya que «Dios nos
espera —¡cada día— como aquel padre de la parábola esperaba a su hijo
pródigo» (San Josemaría), recorramos el camino con Jesús hacia el
encuentro con el Padre, donde todo se aclara: «El misterio del hombre
sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Concilio
Vaticano II).
El protagonista es siempre el Padre. Que el desierto de la Cuaresma
nos lleve a interiorizar esta llamada a participar en la misericordia
divina, ya que la vida es un ir regresando al Padre.
Todos somos hijos de Dios y, siendo hijos, somos también herederos. La
herencia es un conjunto de bienes incalculables y de felicidad sin
límites, que sólo en el Cielo alcanzará su plenitud y seguridad
completa. Hasta entonces tenemos la posibilidad de marcharnos lejos de
la casa paterna y malgastar los bienes de modo indigno a nuestra
condición de hijos de Dios. Cuando el hombre peca gravemente, se
pierde para Dios, y también para sí mismo, pues el pecado desorienta
su camino hacia el Cielo; es la mayor tragedia que puede sucederle a
un cristiano. Se aparta radicalmente del principio de vida, que es
Dios, por la pérdida de la gracia santificante; pierde los méritos que
ha logrado durante su vida, se incapacita para adquirir otros nuevos,
y queda de algún modo sujeto a la esclavitud del demonio. Fuera de
Dios es imposible la felicidad, incluso aunque durante un tiempo pueda
parecer otra cosa.
En el examen de conciencia se confronta nuestra vida con lo que Dios
esperaba, y espera de ella. En el examen, con la ayuda de la gracia,
nos conocemos como en realidad somos. Los santos se han reconocido
siempre pecadores porque, por su correspondencia a la gracia, han
abierto las ventanas de su conciencia, de par en par, a la luz de
Dios, y han podido conocer bien su alma. En el examen también
descubriremos las omisiones en el cumplimiento de nuestro compromiso
de amor a Dios y a los hombres, y nos preguntaremos: ¿a qué se deben
tantos descuidos? La soberbia también tratará de impedir que nos
veamos tal como somos: han cerrado sus oídos y tapado sus ojos, a fin
de no ver con ellos (Mateo 13, 15).
Todos nosotros, llamados a la santidad, somos también el hijo pródigo.
"La vida humana es, es cierto modo, un constante volver hacia la casa
de nuestro Padre. Volver mediante la contrición... Volver por medio de
ese sacramento del perdón en el que, al confesar nuestros pecados, nos
revestimos de Cristo y nos hacemos así hermanos suyos, miembros de la
familia de Dios" (San Josemaría). Hemos de acercarnos a la Confesión
sin desfigurar la falta ni justificarla. Con humildad, sencillez y
sinceridad. Con verdadero dolor por haber ofendido a nuestro Padre. El
Señor, por Su misericordia, nos devuelve en la Confesión lo que
habíamos perdido por el pecado: la gracia y la dignidad de hijos de
Dios. Y la vuelta acaba siempre en una fiesta llena de alegría
(Francisco Fernández Carvajal).
San Pedro Crisólogo (hacia 406-450) obispo de Rávena, doctor de la
Iglesia en sus Sermones hablaba de ese "Me pondré en camino, volveré a
casa de mi padre", que nos pasa a todos por la cabeza, y decía: "El
que pronuncia estas palabras estaba tirado por el suelo. Toma
conciencia de su caída, se da cuenta de su ruina, se ve sumido en el
pecado y exclama: "Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre."
¿De dónde le viene esta esperanza, esta seguridad, esta confianza? Le
viene por el hecho mismo que se trata de su padre. "He perdido mi
condición de hijo; pero el padre no ha perdido su condición de padre.
No hace falta que ningún extraño interceda cerca de un padre; el mismo
amor del padre intercede y suplica en lo más profundo de su corazón a
favor del hijo. Sus entrañas de padre se conmueven para engendrar de
nuevo a su hijo por el perdón. "Aunque culpable, yo iré donde mi
padre."
Y el padre, viendo a su hijo, disimula inmediatamente la falta de
éste. Se pone en el papel de padre en lugar del papel de juez.
Transforma al instante la sentencia en perdón, él que desea el retorno
del hijo y no su perdición... "Lo abrazó y lo cubrió de besos" (Lc
15,20). Así es como el padre juzga y corrige al hijo. Lo besa en lugar
de castigarlo. La fuerza del amor no tiene en cuenta el pecado, por
esto con un beso perdona el padre la culpa del hijo. Lo cubre con sus
abrazos. El padre no publica el pecado de su hijo, no lo abochorna,
cura sus heridas de manera que no dejan ninguna cicatriz, ninguna
deshonra". "Dichoso el que ve olvidada su culpa y perdonado su pecado"
(Sl 31,1)."
El hijo ha preparado un discurso, pero el padre no le permite
terminarlo, no se le gana en generosidad e iniciativa: no sólo -contra
las costumbres orientales- "corre" al encuentro del hijo al que ve de
lejos, sino que le devuelve la filiación que había "perdido": eso
significan el anillo (sello), las sandalias y el mejor vestido, digno
de un huésped de honor. La alegría del padre queda reflejada, además,
en la fiesta por "este hijo mío".
El hermano mayor, que viene de cumplir con sus responsabilidades de
hijo no quiere ingresar a la casa y participar de la fiesta.
Nuevamente el padre sale al encuentro de un hijo y debe escuchar los
reproches. El mayor se niega a reconocerlo como hermano ("ese hijo
tuyo") cosa que el padre le recuerda ("tu hermano"). El padre no le
niega razón a que el hijo mayor "jamás desobedeció una orden", es un
"siempre fiel", uno que "está siempre con el padre" y todo lo suyo le
pertenece, pero el padre quiere ir más allá de la justicia "a secas":
el menor "no merece", pero "es bueno" festejar. La misericordia supone
un salir hacia los otros, los pecadores que -por serlo- no merecen,
pero el amor es siempre gratuito y va más allá de los merecimientos,
mira al caído y lo hace grande. Vamos a pedir a la Virgen que nos
dejemos amar por el Señor, y transformar en lo que Él quiera.
Llucià Pou Sabaté

Día 17º. VIERNES SEGUNDO (5 de Marzo): el Señor saca bien hasta de las desgracias, si nos dejamos guiar por su providencia

"Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el
hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. Pero
sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio
que ni siquiera podían dirigirle el saludo. Un día, sus hermanos
habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. Entonces
Israel dijo a José: "Tus hermanos están con el rebaño en Siquém.
Quiero que vayas a verlos". "Está bien", respondió él. "Se han ido de
aquí, repuso el hombre, porque les oí decir: "Vamos a Dotán". José fue
entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. Ellos lo
divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían
confabulado para darle muerte. "Ahí viene ese soñador", se dijeron
unos a otros. "¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas
cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces
en qué terminan sus sueños!". Pero Rubén, al oír esto, trató de
salvarlo diciendo: "No atentemos contra su vida". Y agregó: "No
derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el
desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En realidad, su
intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y
salvo. Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo
despojaron de su túnica -la túnica de mangas largas que llevaba
puesta- , lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba
completamente vacía. Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la
vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad,
transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y
mirra, que llevaban a Egipto. Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué
ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? En lugar
de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es
nuestro hermano, nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de
acuerdo. Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por
allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los
ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto".
La historia de José es muy bonita, y le toca sufrir, pero Dios escribe
derecho en renglones torcidos. Todo sirve para nuestro bien, "vendido
como esclavo… El rey ordenó que lo soltaran… lo nombró señor de su
palacio y administrador de todos sus bienes".
Aquí José representa también a Jesús, que hoy habla de un «hijo»
enviado para cosechar los frutos de una viña, y que los viñadores
matan para desembarazarse de él. «Venid. Matémosle». Las mismas
palabras de la historia de José, que prefigura la de Jesús. Israel
amaba a José… "Este es mi hijo, mi bien amado, escuchadle...».
-Conspiraron contra él para matarle: «Venid, matémoslo»: otro
"anuncio" de la "Pasión de Jesús". Pero también tienen un valor actual
las palabras: cuando corre la sangre sobre un rostro, víctima de la
brutalidad humana, es el rostro ensangrentado de Jesús que aún sufre.
-"Le vendieron por veinte monedas de plata"... El dinero. Por dinero
se maltrata a los hombres. Perdón, Señor. Por dinero, Judas vendió a
Jesús a los sumos sacerdotes. Dios se sirve de acontecimientos
aparentemente contrarios a su proyecto (Noel Quesson).
Voy a procurar callar cuando me pasen cosas que no me gustan, no
quejarme, pensar en Jesús condenado injustamente, y Pilatos que ordena
que lo azoten. Dos soldados brutales descargan toda su fuerza sobre la
espalda de Jesús. Noventa golpes pueden contarse en la sábana santa.
Cada látigo tenía varias cuerdas y la punta de las cuerdas poseía
pequeños trozos de plomo sin pulir, con puntas y salientes que
hirieron todo el cuerpo de nuestro Dios. Jesús lo sufrió por ti y por
mí. Era tan doloroso que muchos de los condenados morían en la
flagelación. María, nuestra madre, lo ve todo y sufre, pero se calla,
porque quiere que Jesús nos salve y para ello debe morir.
Madre, haz que sepa callar; no contestar a mis padres, no protestar,
no decir siempre la última palabra. Aunque sea injusto, o tenga
motivos para protestar.. que me calle. También Tú podrías haber dicho
muchas cosas, y te callaste. Me cuesta pero ayúdame: que sepa callar
(José Pedro Manglano).
Continúa hablándole a Dios con tus palabras.

Día 16º. JUEVES SEGUNDO (4 de Marzo): al final de la vida seremos juzgados en el amor a los demás, ahí está el examen final, el “peso” del amor de nuestro corazón

Jeremías dice: "¡Maldito el hombre que… se aparta del Señor! Él es
como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en
la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el
hombre que confía en el Señor y en Él tiene puesta su confianza! Él es
como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces
hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se
mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de
dar fruto". El corazón humano es complicado, pero "Yo, el Señor,
sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su
conducta, según el fruto de sus acciones", de su corazón generoso.
¿Qué es generosidad? Es dar limosna a un niño de la calle, invertir
tiempo en obras de caridad, pero también escuchar al amigo que quiere
abrir su corazón. En definitiva, salir de uno mismo, dejar de estar
"en-si-mismado" (metido en sí mismo) y pasar a estar "en-tu-siasmado"
(volcado hacia el tú de los demás, salir de uno mismo). No mirarse al
espejo, sino descubrir qué necesitan los demás.
La generosidad es la expresión del amor, eso que no puede comprarse en
ningún centro comercial, pero que es la esencia de la vida, lo que de
verdad ilumina el mundo. Quizá aparentemente "no sirve de nada", pero
cuando falta no queda nada que sirva. Es virtud de las almas grandes,
una apertura del corazón que sabe amar, donde no se busca más
gratificación que dar y ayudar. Eso, en sí mismo, satisface. "Mejor es
dar que recibir". Con su ejercicio, se ensancha el corazón pues el
egoísmo empequeñece, y el aumento de la capacidad de amor da más
juventud al alma.
Generosidad es juzgar con comprensión; sonreír y hacer la vida
agradable a los demás, aunque tengamos un mal día o esa persona nos
caiga antipática; adelantarse en los pequeños servicios, "que no se
nos caigan los anillos" al hacer algo que está "por debajo" de nuestra
condición, pues para quien es generoso no hay arriba ni abajo, todo es
ocasión de servir: hablando bien de todos, escuchando atentamente, con
el don de la oportunidad y visión positiva, con fe… y haciendo
favores. Qué bonito es oír a un compañero que nos dice: "gracias a ti
aprobé las matemáticas". Facilitar la amistad a quien le cuesta coger
confianza, y acercarse prudentemente. Sobre todo, cuando tratamos a
los demás viendo a Jesús en ellos, oyendo cómo el Señor nos dice "lo
que hacéis con estos lo hacéis conmigo".
La generosidad lleva así al mejor de los sacrificios, que es la
misericordia, participar con los sentimientos de la miseria ajena para
hacerla propia; y así la limosna es algo natural, como el amor a los
pobres. Muchas veces son los más necesitados los que poseen ese don de
la misericordia; cuando servimos experimentamos lo que decía Tagore:
"dormía y soñaba que la vida era alegría. Desperté y ví que la vida
era servicio. Y al servir comprobé que el servicio era alegría".
Vivir no es transcurrir. La primera lectura de hoy nos pregunta por
eso: "¿Quién entenderá el corazón del hombre?".
Hace muchos años, a un hombre se le presentó la oportunidad de mejorar
su empleo, pero debía emigrar con su familia desde Nueva York hasta
Australia; y así lo hizo. Entre su numerosa familia tenía un apuesto
hijo que soñaba en convertirse en un gran actor. Mientras su sueño se
hacía realidad, trabajaba en los embarcaderos. Una noche, de regreso a
casa, fue atacado por un grupo de delincuentes, quienes además de
robarle, lo golpearon salvajemente, desfigurando su rostro y dejándolo
al borde de la muerte. Incluso la policía al encontrarlo lo llevó a la
morgue; sin embargo, al darse cuenta de que aún vivía, lo trasladó a
urgencias.
Al verle, una enfermera exclamó con horror: ¡Este joven no tiene
rostro! (me salto los detalles de la descripción, pueden verse en
Internet). Fue intervenido quirúrgicamente en numerosas ocasiones,
tiempo en que estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte. Su
recuperación fue lenta, aun y así producía asombro y hasta miedo y
rechazo... ya no era más aquel joven apuesto y soñador. Reintegrarse a
la vida social fue difícil; no lograba hacer amigos, no conseguía
trabajo, a excepción de ser atracción en un circo como "El hombre sin
rostro", pero aun ahí la gente no quería acercarse a él; sufría mucho,
hasta el grado de llegar a tener pensamientos suicidas.
Un día, en un templo, lloraba y suplicaba a Dios que tuviera compasión
de él; un sacerdote se impresionó tanto al verle y escuchar su relato
que le prometió hacer todo lo que estuviera a su alcance para que
fuera restaurado su rostro, su dignidad y su vida. Consiguió que un
cirujano plástico le atendiera, sin coste alguno. Él empezó a ver la
vida con alegría, esperanza y amor; la cirugía y la reconstrucción
dental fueron todo un éxito; comenzó a participar en actividades de la
iglesia, fue bendecido con una maravillosa esposa e hijos, alcanzó el
éxito en la carrera que soñaba: ser un gran actor y productor de cine,
con reconocimiento mundial; y debido a su experiencia conserva un alto
grado de sensibilidad solidaria ante las necesidades de quienes
sufren... Este joven es Mel Gibson, que está haciendo grandes
películas (La Pasión, Braveheat, El hombre que hacía milagros…) y su
vida inspiró el filme "Un hombre sin rostro", que él mismo produjo
(Cfr. "Les dejo mi Paz"). En ella muestra cómo este hombre a su vez
ayuda a un chico que tiene serios problemas, y necesita un referente
para crecer por dentro; así, será ayuda para los demás.
Nuestro corazón puede desfigurarse por el pecado, pero la confesión es
la cirugía que nos devuelve la belleza, aunque haya pasado la cosa más
traicionera y difícil de curar; se cura todo si hemos puesto nuestro
corazón en Jesús.
Entonces estamos seguros, como dice el Salmo: "¡Feliz el hombre que no
sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los
pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se
complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! Él es como
un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido
tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá
bien. No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva
el viento, porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el
camino de los malvados termina mal". Es el destino de los buenos y de
los malos. Los dos caminos, que Jesús nos cuenta con una parábola.
«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos
los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado
junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía
de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las
llagas.
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al
seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el
Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y
a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: 'Padre Abraham, ten compasión
de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y
refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama'. Pero
Abraham le dijo: 'Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu
vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí
consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se
interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a
vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros'.
Replicó: 'Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi
padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no
vengan también ellos a este lugar de tormento'. Díjole Abraham:
'Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan'. Él dijo: 'No, padre
Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se
convertirán'. Le contestó: 'Si no oyen a Moisés y a los profetas,
tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite'».
Al rico lo hemos llamado Epulón y el pobre sí que sabemos el nombre,
se llamaba Lázaro. San Agustín decía: «Ved a uno y a otro, al que vive
en el placer y al que vive en el dolor: el rico vivía entre placeres y
el pobre entre dolores; el primero banqueteaba, el segundo sufría;
aquél era tratado con respeto por la familia que lo rodeaba, éste era
lamido por los perros; aquél se volvía más duro en sus banquetes, éste
ni con las migajas podía alimentarse. / Pasó el placer, pasó la
necesidad; pasaron los bienes del rico y los males del pobre; al rico
le vinieron males y al pobre bienes. Lo pasado pasó para siempre; lo
que vino después nunca disminuyó. El rico ardía en los infiernos; el
pobre se alegraba en el seno de Abrahán. Primeramente había deseado
el pobre una migaja de la mesa del rico; luego deseó el rico una gota
del dedo del pobre. La penuria de éste acabó en la saciedad; el placer
de aquél terminó en el dolor sin fin». Con el tiempo, las cosas se
ponen en su sitio… El rico de la parábola no está en el infierno, pues
tenía ciertos sentimientos de preocupación por los de su familia, y en
el infierno no hay amor. Se está purificando…
La Madre Teresa de Calcuta nos decía que hay que amar "hasta que nos
duela". A veces nos toca repartir caramelos entre nuestros hermanos o
amigos y nos quedamos con muy pocos, y nos duele dar, pero estamos
contentos. Es la alegría del dar. Vamos a hablar con la Virgen: ¿en
qué me puedo dar más?

Día 15º. MIÉRCOLES SEGUNDO (3 de Marzo): Jesús anuncia su Pasión. Con su amor y humildad nos sirve de ejemplo, del camino a seguir.

Los malvados dijeron: "¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías…
inventemos alguna mentira contra él…". El pobre estaba desconcertado y
reza así: "¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado
una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en
favor de ellos, para apartar de ellos tu furor". Jeremías que se porta
bien y sufre los ataques de los demás que les fastidia el profeta es
una figura de Cristo, que precisamente hoy anuncia su Pasión. Jeremías
es un alma sensible, que sufre mucho cuando le atacan injustamente: Te
ruego, Señor, por todos los perseguidos, criticados, marginados a
causa de lo que hacen o de lo que dicen. Qué poder más grande el de la
lengua: puede hacer mucho bien o destruir a alguien. Es a veces mucho
peor que un puñetazo o una herida profunda. También ahora la Iglesia
estorba a los que quieren portarse mal, y el Papa es criticado porque
defiende la verdad de la vida, de la familia, de Dios. Dicen que
mientras Sócrates meditaba, un discípulo se acercó diciéndole:
"Maestro, quiero contarle algo, un amigo suyo habló de usted en mal
plan". El gran filósofo de Grecia lo interrumpe preguntando:
"-¿Ya hiciste pasar por las tres cribas lo que me vas a contar?"
"-¿Cuáles?" le responde el otro.
"-La primera, la verdad: ¿ya examinaste si lo que quieres decirme es
verdadero en todos sus puntos?"
El sorprendido discípulo contestó: "-No, lo he oído decir a unos vecinos".
Sócrates replicó: "-al menos habrás hecho pasar por la criba de la
bondad; lo que me quieres contar, ¿es bueno por lo menos?"
El discípulo dijo: "-No, en realidad es todo lo contrario".
-"Ahhh... -interrumpió Sócrates-. Entonces, vamos a la tercera criba:
-¿Es necesario que me cuentes eso?"
-"Para ser sincero no, necesario no es", dijo el intrigante.
Entonces Sócrates le respondió: "-Si no es verdadero, ni bueno, ni
necesario... no merece ser conocido por nadie, sepultémoslo en el
olvido".
¡Cuánto daño, por esparcir maledicencias! ¡Cuántos sufrimientos se
podrían evitar callando, o pensando un poco, antes de dejar ir aquello
en un momento de mal genio! Hay personas que primero hablan, sin
pensar lo que dicen y pierden amigos... A ver si entendemos qué
significa que "somos dueños de nuestro silencio, y esclavos de
nuestras palabras". Jesús en la Cruz pedirá por sus verdugos:
«Perdónalos, porque no saben lo que hacen».
No es fácil rezar por los que nos hacen daño… vamos a pedirlo al
Espíritu Santo, que transforme nuestro corazón… y que nos dé la fe que
reza el Salmo: "Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi
refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios
fiel. Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. Pero yo
confío en ti, Señor, y te digo: "Tú eres mi Dios, mi destino está en
tus manos". Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me
persiguen". Tranquilos, porque si Dios está de nuestra parte, ¿quién
se atreverá a ponerse en contra nuestra? La última palabra la tendrá
siempre la Vida. Confiemos nuestra vida en manos de Dios y Él nos
llevará consigo a la Gloria que les espera a los que viven siéndole
fieles. Jesús ha hecho primero el camino. Él ha dicho: "El buen pastor
da su vida por sus ovejas." Y su vida nueva surge de la muerte.
Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por
el camino: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será
entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y
le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y
crucificarle, y al tercer día resucitará».
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,
y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?».
Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu
derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis
lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». (La copa es
la amargura, el dolor) Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí
la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía
el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».
Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas
Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las
dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su
poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar
a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera
ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma
manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a
servir y a dar su vida como rescate por muchos». Van aprendiendo que
no quien sigue a Jesús no ha de seguir el poder, el prestigio, el
éxito y quedar bien. Cristo se entrega, es servidor de los demás, no
busca los puestos de honor, y es el modelo para nosotros: «No he
venido a ser servido, sino a servir, a dar mi vida por los demás».
Como decía la Madre Teresa de Calcuta: "El hombre que no vive para
servir no sirve para vivir". Y san Josemaría: "para servir, servir". Y
al Papa se le llama "el siervo de los siervos de Dios". Y a los que se
les reza porque podrían ser santos, "siervo de Dios".
Escribía J. Urteaga: "Ocurrió en un pueblo español. Intervienen como
protagonistas: un muchacho enfermo, su familia, una ermita dedicada a
Santa María y muchas súplicas.
El chico tiene 14 años, era alegre, dinámico, cicharachero, incapaz de
estarse quieto un instante, deportista...; en muy poco tiempo el
muchacho ha sufrido un cambio espectacular. Una parálisis progresiva
le tiene inmovilizado en un sillón de ruedas. Toda aquella alegría
contagiosa se ha transformado en un infierno, especialmente para la
familia; en lo humano es inútil, en lo espiritual un pequeño monstruo
egoísta. Todos deben servirle, cuidarle, atenderle, desvivirse por él.
Todo es poco.
Una luz se ha encendido en el alma de su madre. Le llevaran a la
ermita. Rezarán a la Virgen. Le pedirán su curación. Se hará el
milagro.
Llegó el día. Ante la reja hay una madre que habla en voz alta con la
Virgen, sin que le importe ni poco ni mucho que haya gente en su
entorno.
¡María, tienes que cuidar a mi hija! ¡Es mi pequeña! Cúrala María. Que
fallen los diagnósticos. ¡Qué no sea cáncer! Esta niña es todo lo que
tengo en mi vida. ¡Cómo te la vas a llevar! ¡María, que no sea cáncer!
Ella también te lo pide. Me ha dicho que venga a rezarte a la ermita.
¡Anda, María, que no sea cáncer!
Poco después, aquella madre angustiada, santiguándose, abandonó la
reja de la ermita.
Es ahora cuando la otra madre, la de nuestro muchacho, se acerca para
decirle, al tiempo, con miedo y con dulzura:
¡Hijo!, ¿ya has Pedido a la Virgen... ? Y se realiza el portento.
-Sí, mamá. He pedido la curación... He pedido a la Virgen que no sea cáncer".
Señor, a veces yo también soy un auténtico monstruo por el egoísmo. Si
ser cristiano es parecerse a Ti... me tienes que cambiar. ¡Qué piense
en los demás! ¡que haga más por los demás que por mi! ¡que ayude, que
haga favores, que me dé cuenta de lo que necesitan o de lo que podría
alegrarles! ¡Cúrame, Madre mía, y dame mi corazón generoso! Gracias
(cit. por José Pedro Manglano). Continúa hablándole a Dios con tus
palabras.

Día 14º. MARTES SEGUNDO (2 de Marzo): la pureza de corazón es el amor con que hacemos las cosas.

Isaías escucha estas palabras de Dios: "Aunque sus pecados sean como
la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos
como la púrpura, serán como la lana". Dios nos perdona siempre, pero
hemos de ir con cuidado porque la naturaleza no perdona y si me caigo
y me rompo la pierna esto no hay quien lo arregle. Pero para Dios todo
tiene arreglo, Él busca la conversión del corazón, he de ser sincero.
Cuentan de un hombre que murió y mientras iba al cielo le decía a su
ángel que sufría porque no sabía qué decirle al Señor, y el ángel le
contestó: "le dirás lo que todos los que le han querido, tranquilo"… y
él insistía, nervioso: "pero lo que más miedo me da es lo que me dirá
el Señor", y el ángel: "te dirá lo que a todos los que le han querido,
tranquilo". Cuando llegó a la presencia de Dios sólo se le ocurrió
decirle: "Gracias, Señor, por quererme tanto", y el ángel decía por lo
bajo: "¿ves? Lo que todos…" y Dios le respondio: "-Gracias a ti, por
pedirme perdón tantas veces", y el ángel otra vez: "¿ves? Lo que a
todos…" porque Dios está esperando que le pidamos perdón, para
podernos perdonar de todo corazón, y así puede limpiarnos más.
Un buen sacerdote contaba de un periodista que le preguntó a Dios en
una entrevista: "-tu que tienes tanto tiempo, ¿a qué te gusta dedicar
el tiempo libre?" y que le contestó: "-a perdonar, hijo mío, a
perdonar". Dios es capaz de «hacer aguas puras con aguas de desagüe»,
«almas puras con almas gastadas»... «almas blancas con almas
sucias»... –"Si aceptáis obedecer, comeréis lo bueno del país".
Promesa de felicidad (Ch. Péguy-Noel Quesson).
El Salmo nos anima a vivir la religión con el amor a los demás, con el
buen consejo, corregir, animar, perdonar, consolar… dice: "El que
ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad; y al que va por el
buen camino, le haré gustar la salvación de Dios". Así nuestra
Cuaresma será un éxito, como el que va a una fiesta con un vestido
espléndido. «No todo el que dice "Señor, señor", entrará en el reino
de los cielos»: «Te rogamos, Señor, que esta Eucaristía nos ayude a
vivir más santamente, y nos obtenga tu ayuda constantemente»
(Poscomunión).
El Evangelio nos habla de seguir a Cristo. "El mayor entre vosotros
será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el
que se humille, será ensalzado".
Vimos en Juan Pablo II un ejemplo de amar al enemigo. Perdonar todo y
siempre. El 13 de mayo de 1981, fiesta de la Virgen de Fátima, miles
de personas acuden a la plaza de San Pedro para ver a Juan Pablo II.
Una niña rubia con un globo azul levanta sus manitas al Papa, que la
toma en sus brazos y la levanta en alto sonriente. "Nada hacía
presentir -comenta el secretario del Papa, don Estanislao- lo que iba
a suceder. Cuando el Santo Padre daba la segunda vuelta a la plaza, el
turco Alí Agca disparó contra él... Yo estaba sentado como de
costumbre detrás de¡ Santo Padre, y la bala, a pesar de su fuerza,
cayó entre nosotros en el automóvil, a mis pies. La otra rozó el codo
derecho, quemó la piel y fue a herir a otras personas...".
"¿Qué pensé? Nadie creía que una cosa así fuera posible ...Vi que el
Santo Padre había sido alcanzado. Entonces le pregunté:
¿Dónde está herido?" Me respondió: "En el vientre". Todavía le
pregunté: "¿Es doloroso?". Y me respondió: "Sí"."
"El Santo Padre no nos miraba. Con los ojos cerrados, sufría mucho y
repetía breves plegarias exclamatorias. Si no recuerdo mal, eran sobre
todo: "¡María, Madre mía! ¡María, Madre mía!."
"Cuando llegamos al hospital todo era confusión. Una cosa era
prepararse para recibir a un Papa, y otra verle llegar exangüe e
inconsciente La operación duró cinco horas y veinte minutos, el pulso
era casi imperceptible. Todos temíamos lo peor. Le administré el
sacramento de la Unción, justo antes de la intervención. El Santo
Padre estaba inconsciente."
"La esperanza renació durante la operación gradualmente. Al principio
parecía que la muerte era inevitable: el Santo Padre había perdido las
tres cuartas partes de su sangre".
"Es extraordinario que la bala no destruyese en su trayectoria ningún
órgano esencial. Una bala de nueve milímetros es un proyectil de una
brutalidad inaudita. Para no causar daños irreparables en una parte
tan compleja del cuerpo, tuvo que seguir una trayectoria improbable.
Pasó a unos milímetros de la aorta. Si la hubiera alcanzado, habría
sido la muerte instantánea. No tocó la espina dorsal ni ningún punto
vital. Digamos, entre nosotros, milagrosamente. "
El Papa estuvo en serio peligro de muerte hasta el 15 de julio. Pero
en cuanto pudo, Juan Pablo II se desplazó hasta la cárcel donde estaba
prisionero Alí Agca, quien le disparó. Habló con él, a solas, durante
mucho tiempo. Le perdonó. Le ayudó. Continúa hablándole a Dios con tus
palabras (tomado de Juan Pablo II, Memoria e identidad; com. por José
Pedro Manglano). Señor, qué ejemplo para mí. Como Tú, que perdonaste
desde la Cruz a los que crucificaban: "Perdónales, Padre". iQue
perdone siempre! ¡Ayúdame! Como cristiano no puedo guardar rencor
nunca, me hagan lo que me hagan.
Llucià Pou Sabaté

Día 13º. LUNES SEGUNDO (1 de Marzo): ¿qué es la misericordia de Dios?

El profeta Daniel dice que hizo esta oración al Señor: "¡Ah, Señor,
Dios grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te
aman y observan tus mandamientos! Nosotros hemos pecado, hemos
cometido el mal, hemos sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos
apartado de tus mandamientos y de tus normas. No hemos escuchado a los
profetas, que en tu nombre hablaban a nuestros reyes, a nuestros
príncipes, a nuestros padres... A ti, Señor, la justicia; a nosotros
la vergüenza en el rostro... Y al Señor Dios nuestro, la piedad y el
perdón..." El hombre, muchas veces, prefiere irse por su cuenta y
Daniel siente la carga de pecado y la traición de los hombres de su
pueblo, y esto nos pasa cuando no escuchamos la voz de la conciencia,
de nuestro corazón, no obedecemos a los que nos hablan de parte de
Dios. Recuerdo un niño que se enfadó en su casa y no quería obedecer,
y dando un portazo se fue: "¡me voy de casa!", gritó. Fue por la
calle, a jugar con los amigos, a hacer "el burro", pero al pasar las
horas los amigos fueron a sus casas a merender, se hacía de noche… y
él sintió hambre, y frío… y pensó que qué iba a hacer, y se le pasó el
enfado, y volvió a pedir perdón, y su madre le abrazó, porque estaba
preocupada por él.
Cuando estamos enfadados vemos como con gafas negras, recuerdo que al
ir en coche en verano yo me ponía gafas de sol y luego al entrar en un
túnel no veía nada y pensaba "esto está muy oscuro, ¡qué raro!" hasta
que caía en la cuenta de que llevaba gafas oscuras y por esto lo veía
negro. Un ojo enfermo deforma la realidad, nos engaña. Vemos a los
demás con el color que los miramos… Una mujer llegó con su familia a
un piso nuevo, y veía por la ventana a la vecina tender la ropa y
pensaba "qué sucia tiene la ropa la vecina, habrá que decirle algo", y
así un día y otro, hasta que su marido limpió los cristales de la
ventana, y vio que la vecina tendía la ropa limpia, pero eran los
vidrios de la ventana desde donde miraba que estaban sucios, si
miramos mal las cosas las personas nos parecerán llenas de maldad. Hoy
le pedimos a Jesús luz para nuestra conciencia, para ir por el buen
camino: "Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en
el buen camino". Empezamos la segunda semana de la Cuaresma con una
oración de Daniel sincera: «hemos pecado… Dios grande, que guardas la
alianza y el amor a los que te aman... Al Señor Dios nuestro la piedad
y el perdón».
En el evangelio de hoy, Jesús nos pide que seamos «misericordiosos»,
como Él es «misericordioso» con nosotros: nos perdona, toma la miseria
y la comprende, la entiende, pero luego quiere que yo perdone a los
demás, los comprenda, sea compasivo, y así todo irá bien. Así siempre
tendremos "gracia de Dios", no seremos "desgraciados", porque el
pecado es la pérdida de la gracia. Y la pérdida de la gracia es la
auténtica des-gracia.
A veces nos engañamos, y nos vienen ganas de cosas que no nos
convienen, como decía desconsolada una buena mujer, que estaba un poco
desorientada y además tenía mucho hambre: "Yo no sé lo que me pasa.
Pero todo lo que gusta, o es pecado o engorda". No es verdad que las
cosas sean malas porque están prohibidas ("¡qué lástima, si no
estuviera prohibido lo haría!") sino que están prohibidas porque son
malas (como un veneno que dice "no comer" o un poste de alta tensión
de electricidad "no tocar, peligro de muerte" y ponen una calavera
para que quede más claro). Dios no ha puesto los mandamientos para
fastidiar, sino para que seamos felices. Hemos de preguntar…
A San Felipe Neri le preguntó una mujer bastante vanidosa:
- Padre Felipe, ¿es pecado ir con tacones demasiado altos?
-No, pero cuidado con no romperte la cabeza al caer- respondió el santo.
Unas chicas querían tomarle el pelo al cura, se acercan y dice una:
-Padre, mi amiga y yo íbamos discutiendo si es o no es pecado
pintarse. ¿Usted qué dice?
El cura, que se dio cuenta, se le ocurrió devolver la broma: -La moral
no dice que sea pecado. Ahora bien: las guapas no necesitan pintarse;
las feas deben pintarse. Vosotras, haced lo que queráis…
No se trata de inventar pecados: una "palabrota" es pecado si insultas
a alguien, si no es mala educación. Matar la vaca del vecino sí que es
pecado, porque ya no podrá tomar leche, por eso es pecado mortal,
porque es un daño gordo. Pero pelearte con el amigo, si no le haces
daño serio, será pecado venial. Si tú no sabes que tomar una cosa es
malo, no es pecado, pero cuidado, que te hace daño igual, porque si
tomas una seta venenosa creyendo que es buena, aunque no seas
responsable de tu muerte, no hay quien te resucite. Mejor preguntar,
formarse la conciencia. Y también ayudar a los de casa, devolverles un
poco de lo mucho que nos dan, porque podemos ayudarles, a veces con
pillería...
Un niño de unos nueve años, un domingo recuerda a su padre que hay que
ir a misa.
-Hoy no vamos - dice el padre-. Yo tengo otras cosas que hacer.
-Pero, papá, -insiste el niño- es que hoy tenemos obligación de ir. Lo
manda el tercer Mandamiento de la Ley de Dios.
-No te preocupes. Eso no tiene importancia. Ya iras otro día.
El pequeño se calla. Pero al poco rato interviene de nuevo:
-Oye papá, si el tercer Mandamiento no tiene importancia, el cuarto
aún debe importar menos (Agustín Filgueiras Pita).
Con el Salmo cantamos confiados: «Señor, no nos trates como merecen
nuestros pecados… que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos
agotados… nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos
gracias siempre, cantaremos siempre tus alabanzas».
Jesús dijo a sus discípulos: «Sed compasivos, como vuestro Padre es
compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis
condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida
buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros
vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá». Jesús nos
invita a saber perdonar a los demás: «sed compasivos... no juzguéis...
no condenéis... perdonad... dad». Hacer las cosas como Dios: «sed
compasivos como vuestro Padre es compasivo», y tal como hacemos se
hará con nosotros: «la medida que uséis, la usarán con vosotros». Es
lo que nos enseñó a pedir en el Padrenuestro: «perdónanos... como
nosotros perdonamos».
Me gustan mucho las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y Corazón
de María, y la Divina Misericordia que dijo el Señor a Santa Faustina,
que tan devoto era Juan Pablo II, también polaco como ella, y que el
día que murió iba a decir su discurso ya preparado recordando que
Jesús liberaba "a la humanidad, que a veces parece extraviada y
dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor
resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y vuelve a
abrir el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y
da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la
Divina Misericordia!". No se piden en esta devoción muchas cosas,
básicamente rezar aquella sencilla jaculatoria, resumen de la otra del
Sagrado Corazón ("Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío"): aquí es
simplemente: "Jesús, en ti confío": "Señor, que con tu muerte y
resurrección revelas el amor del Padre, nosotros creemos en ti y con
confianza te repetimos hoy: Jesús, confío en Ti, ten misericordia de
nosotros y del mundo entero". La mejor manera de participar de este
tesoro es desde el corazón de la Virgen: "contemplar con los ojos de
María, el inmenso misterio de este amor misericordioso que brota del
Corazón de Cristo."
Antes se decía "ojo por ojo", si me has dado una bofetada te doy otra,
pero Jesús nos enseña la "ley del talión al revés", devolver bien por
mal, "poner amor donde no hay amor para sacar amor", ya decía Gandhi
que el "ojo por ojo" nos dejaría a todos ciegos, y que la solución del
mundo es seguir la ley de Jesús. El perdón es lo más divino, es
parecerse a Dios. Ser bueno "sin medida", como Dios. –"Sed
misericordiosos..." Es una palabra difícil de explicar: -Compartid las
penas de los demás... -Sed indulgentes... -Dejaos conmover...
-Excusad... -Participad en las tribulaciones de vuestros hermanos...
-Olvidad las injurias… -Sed sensibles... -No guardéis rencor... -Tened
buen corazón... –"Así como también vuestro Padre es misericordioso."
"Dios es amor", "Dios es misericordia." Y hemos de ser "imagen de
Dios" para realizarnos, sentirnos felices: Tú esperas, Señor, que yo
me parezca a ti, que sea el representante de tu amor cerca de mis
hermanos. Ser el corazón de Dios, ser la mano de Dios... ser "como si"
estuviese Dios presente cerca de fulanito... Que Dios nos conceda, por
intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de
recibir con amor la Vida que Dios nos ofrece. María, madre de los
dolores, ayúdame a perdonar a los demás, que me duelan más las cosas
que hago a los demás y me duelan menos las que me hacen, llorar un
poco más mis pecados y menos los de los demás, "quererlos" un poco más
y "quererme" un poco menos.

martes, 16 de marzo de 2010

Cuaresma 4, miércoles: Dios, Señor de la historia, en Jesús nos muestra su misericordia, y nos da la Vida


Cuaresma 4, miércoles: Dios, Señor de la historia, en Jesús nos muestra su misericordia, y nos da la Vida

Libro de Isaías 49,8-15: Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas, para decir a los cautivos: "¡Salgan!", y a los que están en las tinieblas: "¡Manifiéstense!". Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas. No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua. De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados. Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním. ¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres! Sión decía: "El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí". ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

Salmo 145,8-9.13-14.17-18: El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; / el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. / Tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. / El Señor sostiene a los que caen y endereza a los que están encorvados. / El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; / está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.

Evangelio según San Juan 5,17-30: El les respondió: "Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo". Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere. Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.

Comentario: 1. En la primera lectura el profeta Isaías describe el retorno del Exilio -signo y prenda de la liberación mesiánica- con los temas y las imágenes renovados del antiguo éxodo de Egipto. El amor eterno del Señor por su pueblo, parecido al amor de una madre por sus hijos, se expresa de una manera concreta en toda su gratuidad y fidelidad indefectible (Misa dominical). Isaías prometía ya esos bienes mesiánicos, para la vuelta del exilio.
a) El amor de Dios es maternal. Nos dice por el profeta: -“En tiempo favorable, te escucharé, el día de la salvación, te asistiré”. Sabemos que el conjunto de la población judía, entre los años 587 al 538 antes de Jesucristo, fue deportada a Babilonia, lejos de su patria. Esa experiencia trágica fue objeto de numerosas reflexiones. Los profetas vieron en ella el símbolo del destino de la humanidad: somos, también nosotros, unos cautivos... el pecado es una especie de esclavitud... esperamos nuestra liberación. Es momento para detenerme, una vez más, en la experiencia de mis limitaciones, mis cadenas, mis constricciones, no para estar dándole vueltas y machacando inútilmente, sino para poder escuchar de veras el anuncio de mi liberación.
-“Yo te formé, para levantar el país..., para decir a los presos: «Salid». No tendrán más hambre ni sed, ni les dañará el bochorno ni el sol”. Anuncios del Reino de Dios «en el que no habrá llanto, ni grito, ni sufrimiento, ni muerte», como pedimos en el padrenuestro: ¡Señor! venga a nosotros tu Reino. Con la resurrección de Jesús, se repitió esas mismas promesas: "llega la hora en que muchos se levantarán de sus tumbas...".
-“¡Aclamad cielos y exulta tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría. Pues el Señor consuela a su pueblo, y de sus pobres se compadece”. ¿Cómo puedo yo estar en ese plan? En medio de todas mis pruebas, ¿cómo vivir en ese clima? Y en el contexto del mundo, tan frecuentemente trágico, ¿cómo permanecer alegre, sin dejarse envenenar por el ambiente de derrota y de morosidad? Comprometerme, en lo que está de mi parte, a que crezca la alegría del mundo. Dar «una» alegría a alguien... a muchos.
-“Sión decía: «El Señor me ha olvidado». ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque una llegase a olvidarlo, Yo, no te olvidaré. Palabra del Señor todopoderoso”. Hay que detenerse indefinidamente ante esas frases ardientes, que Jesús nos recordará, para darnos pistas de cómo entrar en el corazón de Dios, que nos ama con amor maternal. Dios no nos olvida nunca: gracias, Señor, porque Tú no me olvidas jamás (Noel Quesson).
b) Dios es Señor de la historia. El texto tiene dos partes; en la primera (48,12-21) se describe cómo el persa Ciro, que destruye los enemigos persas, es instrumento de Dios: «Yo mismo, yo he hablado, yo lo he llamado, lo he traído y he dado éxito a su empresa» (48,15). Pienso que no es que Dios quiera las cosas que están sometidas a la malicia humana, o que provoque cosas que dependen de la libertad de las personas, pero sí que –sabiendo lo que va a pasar- aprovecha el resultado para reconducirlo hacia el bien, como enseña san Pablo en Romanos 8.
En la segunda parte (49,9b-13), Dios se ve como pastor que guía su pueblo. La identidad de Israel reside en escuchar y seguir la palabra creadora de Dios, el factor más importante de la fe bíblica. Yahvé está a nuestro lado, en todo momento histórico. Esta es la base de la teología de la historia. A diferencia del movimiento cíclico e impersonal de los griegos, la historia de salvación tiene un comienzo, la alianza y la creación; un plan propuesto por Dios, y un fin; y Dios está inmanente a todo: «Desde el principio no os he hablado en secreto; cuando las cosas se hacían, allí estaba yo. Y ahora Yahvé me ha enviado...» (48,16b). No es simplemente historia, sino historia de salvación, porque Yahvé ha estado siempre presente. En la historia de Israel, como en la nuestra, podemos ver una serie de oportunidades desaprovechadas; pensamos que el pasado es irreversible, pero en realidad Yahvé siempre sale a nuestro encuentro para “reciclar” aquellas situaciones adversas, para que de lo malo salga lo bueno; el bien vence al mal: «Exulta, cielo, y alégrate; romped en exclamaciones, montañas, porque ha consolado Yahvé a su pueblo, ha tenido compasión de los desamparados» (49,13)” (F. Raurell).
c) Cristo, el Siervo de Yahvé. Este poema de Isaías, uno de los cuatro cánticos del Siervo de Yahvé, nos prepara para ver luego en Cristo al enviado de Dios. El amor misericordioso se realiza plenamente en la venida de Jesucristo; en estos días se expresa con la preparación al bautismo, y con la penitencia, como predica San Agustín: «La penitencia purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad». (Sermón 73).
2. Diremos en la Entrada: «Mi oración se dirige hacia ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude» (Sal 68,14). El salmo profundiza en este mensaje, central de hoy: «el Señor es clemente y misericordioso... el Señor es bueno con todos, es fiel a sus palabras, el Señor sostiene a los que van a caer». Con tal que sepamos acoger ese amor, como nos dirá Jesús: "el que escucha mi palabra tiene la vida eterna, no es juzgado, ha pasado de la muerte a la vida". La muerte ha sido vencida con su muerte, que conecta con lo que hemos leído: "los muertos oirán su voz...", y se refiere también a los muertos espiritualmente, que son vivificados por la palabra de Jesús (aquellos que escuchan su palabra y creen, tienen la vida eterna, y para ellos, la experiencia de la muerte y del juicio está superada), como expresa la Colecta (del misal anterior, y antes del Gelasiano y Gregoriano): «Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos, y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón». Esta idea sigue en la Comunión («Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él»: Jn 3,17) y en la Postcomunión: «No permitas, Señor, que estos sacramentos que hemos recibido sean causa de condenación para nosotros, pues los instituiste como auxilios de nuestra salvación».
Juan Pablo II comentaba que el Salmo 145 “es un «aleluya», el primero de los cinco Salmos que cierran el Salterio”. Nos muestra “una verdad consoladora: no estamos abandonados a nosotros mismos, las vicisitudes de nuestros días no están dominadas por el caos o el hado, los acontecimientos no representan una mera sucesión de actos sin sentido y meta”. Canta el amor y la bondad de Dios. “Dios es el creador del cielo y de la tierra, es el custodio fiel del pacto que lo une a su pueblo, es el que hace justicia a los oprimidos, da el pan a los hambrientos y libera a los cautivos. Abre los ojos a los ciegos, levanta a los caídos, ama a los justos, protege al extranjero, sustenta al huérfano y a la viuda. Trastorna el camino de los malvados y reina soberano sobre todos los seres y sobre todos los tiempos. Se trata de doce afirmaciones teológicas que -con su número perfecto- quieren expresar la plenitud y la perfección de la acción divina. El Señor no es un soberano alejado de sus criaturas, sino que queda involucrado en su historia, luchando por la justicia, poniéndose de parte de los últimos, de las víctimas, de los oprimidos, de los infelices…
Es necesario vivir en la adhesión a la voluntad divina, ofrecer el pan a los hambrientos, visitar a los prisioneros, apoyar y consolar a los enfermos, defender y acoger a los extranjeros, dedicarse a los pobres y míseros. En la práctica, es el mismo espíritu de las Bienaventuranzas: decidirse por esa propuesta de amor que nos salva ya en esta vida y que después será objeto de nuestro examen en el juicio final, que sellará la historia. Entonces seremos juzgados por la opción de servir a Cristo en el hambriento, en el sediento, en el forastero, en el desnudo, en el enfermo, en el encarcelado. «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mateo 25, 40), dirá entonces el Señor”.
3. El evangelio anuncia las maravillas de "vida" que marcan el Reino inaugurado: el Hijo da la vida a los muertos.
a) "Pero Jesús les dijo: Mi padre sigue trabajando y yo también trabajo". Era doctrina corriente en el judaísmo que Dios no podía haber interrumpido del todo su actividad el séptimo día, porque su actividad funda la del cualquier ser creado. “Jesús amplía esta concepción: El Padre no conoce sábado, no ha cesado de trabajar, porque mientras el hombre está oprimido por el pecado y privado de libertad, es decir, mientras no tenga plenitud de vida, no está realizado su proyecto creador. Dios sigue comunicando vida al hombre, su amor está siempre activo. Jesús actúa como el Padre, no acepta leyes que limiten su actividad en favor del hombre”. También la cultura de hoy debería abrirse a estas palabras, como decía Ratzinger: “Según el modelo de pensamiento dominante, Dios no podría entrar en la trama de nuestra vida cotidiana. En las palabras de Jesús: «Mi Padre trabaja siempre», está el desmentido. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios actúa siempre, y actúa hoy: debemos por lo tanto dejarlo entrar y dejarlo trabajar. Y es así como nacen las cosas que suscitan un acontecimiento y renuevan la Humanidad”.
b) "Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo violaba el sábado sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios" (v. 18). Jesús tiene una filiación divina peculiar, eminente y única. Y reclama una autoridad por la que "se hace igual a Dios". Se pone en peligro la Torá, como decía Ratzinger: “El tema cristológico (teológico) y el social están indisolublemente relacionados entre sí. Si Jesús es Dios, tiene el poder y el título para tratar la Torá como Él lo hace. Sólo en este caso puede reinterpretar el ordenamiento mosaico de los mandamientos de Dios de un modo tan radical, como sólo Dios mismo, el Legislador, puede hacerlo.
Pero entonces se plantea la pregunta: ¿Fue bueno y justo crear una nueva comunidad de discípulos fundada totalmente en El? ¿Era justo dejar de lado el orden social del «Israel eterno» que desde Abraham, Isaac y Jacob se funda sobre los lazos de la carne y existe gracias a ellos, declarándolo —como dirá Pablo— «el Israel según la carne»? ¿Qué sentido se podría reconocer en todo esto?
Ahora bien, si leemos la Torá junto con todo el canon del Antiguo Testamento, los Profetas, los Salmos y los Libros Sapienciales, resulta muy claro algo que objetivamente ya se anuncia en la Torá: Israel no existe simplemente para sí mismo, para vivir en las disposiciones «eternas» de la Ley, existe para ser luz de los pueblos: tanto en los Salmos como en los Libros proféticos oímos cada vez con mayor claridad la promesa de que la salvación de Dios llegará a todos los pueblos. Oímos cada vez más claramente que el Dios de Israel, que es el mismo único Dios, el verdadero Dios, el creador del cielo y de la tierra, el Dios de todos los pueblos y de todos los hombres, en cuyas manos está su destino, en definitiva que ese Dios no quiere abandonar a los pueblos a su suerte. Oímos que todos lo reconocerán, que Egipto y Babilonia —las dos potencias mundiales opuestas a Israel— tenderán la mano a Israel y con él adorarán a un solo Dios. Oímos que caerán las fronteras y que el Dios de Israel será reconocido y adorado por todos los pueblos como su Dios, como el único Dios”.
c) Luego Jesús va explicando su identidad con el Padre, y de cómo están en sintonía perfecta, incluso en resucitar muertos y dar. El relato acontece luego de levantar al inválido que leíamos ayer, dándole la salud y libertad; y no sólo tiene potestad sobre la vida y la muerte, la curación del cuerpo y del alma, sino también sobre el juicio final, que ya se anticipa en la toma de posición de cada uno frente a Jesús: "Os lo aseguro; quien escucha mi palabra y cree al que me envió, posee la vida eterna y no será condenado, porque ha pasado ya de la muerte a la vida" (v. 24), saliendo de ese estar muerto, que es "vivir sin Dios y sin esperanza en el mundo" (Ef 2, 12; cf. J. Aldazábal).
Así comentaba S. Agustín: «No se enfurecían porque dijera que Dios era su Padre, sino porque le decía Padre de manera muy distinta de como se lo dicen los hombres. Mirad cómo los judíos ven lo que los arrianos no quieren ver. Los arrianos dicen que el Hijo no es igual al Padre, y de aquí la herejía que aflige a la Iglesia.Ved cómo hasta los mismos ciegos y los mismos que mataron a Cristo entendieron el sentido de las palabras de Cristo. No vieron que Él era Cristo ni que era Hijo de Dios; sino que vieron en aquellas palabras que Hijo de Dios tenía que ser igual a Dios. No era Él quien se hacía igual a Dios. Era Dios quien lo había engendrado igual a Él. Si se hubiera hecho Él igual a Dios, esta usurpación le habría hecho caer; pues aquel que se quiso hacer igual a Dios, no siéndolo, cayó y de ángel se hizo diablo y dio a beber al hombre esta soberbia, que fue la que le derribó».
Jesús «obra» en nombre de Dios, su Padre. Igual que Dios da vida, Jesús ha venido a comunicar vida, a curar, a resucitar. Su voz, que es voz del Padre, será eficaz, y como ha curado al paralítico, seguirá curando a enfermos y hasta resucitando a muertos. Es una revelación cada vez más clara de su condición de enviado de Dios. Más aun, de su divinidad, como Hijo del Padre. Los que crean en Jesús y le acepten como al enviado de Dios son los que tendrán vida. Los que no, ellos mismos se van a ver excluidos. El regalo que Dios ha hecho a la humanidad en su Hijo es, a la vez, don y juicio (J. Aldazábal).

lunes, 15 de marzo de 2010

Día 28º. MARTES CUARTO (16 de Marzo): Jesús es el agua que da vida; Él cura nuestra flojera, y nos hace sentirnos responsables de la curación de los demás.

Día 28º. MARTES CUARTO (16 de Marzo): Jesús es el agua que da vida; Él cura nuestra flojera, y nos hace sentirnos responsables de la curación de los demás.

El profeta utiliza la imagen del torrente, símbolo de la vida que Dios da, corriente de agua milagrosa que mana del lado derecho del templo (el lugar de la presencia de Dios y el centro del culto que le es agradable), y todo lo inunda con su salud y fecundidad. En san Juan este agua es el Espíritu que mana de Cristo glorificado. El agua que da fertilidad a las aguas muertas simboliza Jesús y su Espíritu. El río recuerda el paraíso, recuerdo de añoranza, al paraíso inicial de la humanidad, regado por los cuatro brazos de agua, y, por otra, al futuro mesiánico, que será como un nuevo paraíso: «Quien tenga sed, que se acerque a mí y beba. Quien crea en mí, ríos de agua viva brotarán de su entraña» (Jn 7,37-38). En Él se ha cumplido esta profecía de Ezequiel; de Él nos viene la gran efusión del Espíritu que simbolizaba el agua. Únicamente de Él nos puede venir la fecundidad, la vida (J. Pedrós). Los santos Padres ven ahí las aguas bautismales, las que brotan del costado abierto de Jesús en la Cruz: "esto significa que nosotros bajamos al agua repletos de pecados e impureza y subimos cargados de frutos en nuestro corazón, llevando en nuestro espíritu el temor y la esperanza de Jesús" (Epístola de Bernabé).

La abundancia es imagen del cielo: la cosecha significa que Dios reparte sus bienes… como un río que va creciendo, gracias que cada día irrumpen en abundancia sobre la humanidad... sobre mí... "Sin cesar, Dios vierte la abundancia de su vida en mí. ¿Qué atención presto? ¿Cómo respondo a ese don?

-¿Has visto, hijo de hombre? Efectivamente, a menudo no veo. Haz que vea, Señor. HOY, trataré de ver ese río de gracia. En mi oración de la noche, trataré de decir: «Gracias».

-Mira, a la orilla del torrente, a ambos lados, había gran cantidad de árboles... toda clase de árboles frutales, cuyo follaje no se marchitará. Todos los meses producirán frutos nuevos. Visión maravillosa. Es el comenzar de nuevo del paraíso terrestre: el desierto de Judá, al sur de Jerusalén se cubre «de árboles de la vida». No dan solamente «una» cosecha, sino «doce» cosechas... ¡una por mes! Decididamente, ¡no habrá hambre! Es un sueño.

¿Es realidad? Por contraste, no puedo dejar de pensar en los que sufren, en los que no tienen agua, ni frutos, en los que pasan toda su vida en la miseria. Realiza, Señor, tu promesa.

 -Esta agua desemboca en el «Mar Muerto» cuyas aguas quedan saneadas... así como las tierras en las que penetra, y la vida aparece por dondequiera que pase el torrente.

 Hay que haber visto el «Mar Muerto» y su paisaje desolado para captar toda la metamorfosis prometida. Las aguas de este mar, verdaderamente «muerto», tienen tal cantidad de sales, que ningún pez tiene vida en ellas y en sus alrededores también reina la muerte.

He aquí pues un «agua nueva» que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida.

Su signo actual es el bautismo. En el fondo, ¿por qué no creeríamos en esa fuerza divina? ¿Acaso no sería Dios capaz de transformar el desierto de nuestros corazones en jardines florecientes de vida? ¡Oh Dios, impregna nuestras vidas de tu vida! Mi bautismo es una fuente de Vida. ¿Cómo la haría yo más abundante, más exultante, más llena de vida? (Noel Quesson). La lectura profética nos ayuda a entender la escena del evangelio: el agua que cura y salva, y por tanto, el recuerdo de nuestro Bautismo, que nos prepara para la Vigilia Pascual.

"El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar"… lo que dice el salmo se refiere a nuestra pequeña historia: «el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios... teniendo a Dios en medio, no vacila». El agua salvadora de Dios es su palabra, su gracia, sus sacramentos, su Eucaristía, la ayuda de los hermanos, la oración. "Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios… El Señor está en medio de ella… El Señor de los ejércitos está con nosotros".

Esta agua que está en el cielo alegrando la ciudad de Dios, es también tema del Evangelio: "Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina". En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla". El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'". Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado".

Ya sabemos que Jesús puede hacer nuevas las leyes, porque es el nuevo Moisés, el hijo de Dios, el Dios que había de venir...  vemos también el agua que necesitaba algo para curar, para el milagro, como el agua de Caná y la del pozo de Jacob, también la de Betesda era estéril; no podía curar al enfermo. Así era la ley de Moisés podía dar vida al pecador: sólo podía acusar. Jesús pasó: "¿Quieres quedar sano?". Él trae la libertad: como decía el profeta, la tierra es recreada; los árboles, cuyas hojas no conocen ya los efectos del hielo, dan nuevos frutos cada mes. Cuando Dios da el agua viva, el viejo mundo desaparece.... Dios ha hecho que brotase del costado de su Amado sangre y agua, río de vida que purifica todo cuanto penetra. Nuestra vida reverdece cuando el Espíritu nos inunda. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección de Jesús y pertenecemos a una tierra liberada. Nos ha hecho atravesar el mar y nos ha sumergido en el río de la vida. Pertenecemos al mundo nuevo. En la noche de Pascua, Cristo enterrará nuestras obras estériles, y oiremos el grito de la victoria (Sal Terrae).

Sobre el número 38, los años de enfermedad, San Agustín propone un significado místico: cuarenta es el número de los días de Cuaresma que nos traen la salud, cincuenta es el número de días ya de salud, que siguen a Pascua, hasta Pentecostés, la paga de los trabajadores en la viña, es la posesión de Dios. El pueblo está enfermo desde hace 38 años, le quedan dos cosas que le sanarán, dos mandamientos que la ley de Moisés le había ya escrito en el corazón, y cuyo alcance profundo consiguen con Cristo: "Amarás al Señor, tu Dios y al prójimo como a ti mismo". El amor de Dios, hecho visible en la persona de Cristo, ha de apoderarse del corazón del hombre, enfermo por el pecado, a fin de inflamarlo y llevarlo por los caminos de la penitencia: "¡Levántate, toma tu camilla y anda!". Es decir: "¡Levántate, recorre el camino de la penitencia, el camino de la cruz, que lleva a Dios! Entonces serás curado, te verás sano, tendrás la vida eterna. Entonces habrás dado el primer paso para salir de tu enfermedad de treinta y ocho años, y al momento, de un salto, te vas a poner no sólo en la salud de la Cuaresma, sino también en la bendita Quincuagésima, el Pentecostés que sigue a Pascua. Entonces vas ya a marchar sano por la tierra de Dios, por la tierra de la verdadera vida, y tus apetitos desordenados, tus pasiones, a los que antes estabas atado como a un lecho, quedarán ahora dominados". Cristo desciende del cielo y como nuevo Adán toma la "mochila" de nuestros pecados y la carga él. Remueve las aguas de nuestro corazón, nos da su gracia en el sacramento de la Reconciliación, fomenta en nosotros el deseo de perdón y el corazón para perdonar. Y nos anima a nosotros a llevar este amor y este perdón a otros, a hacer apostolado, a remover las aguas de otros corazones.

Apostolado. ¿Cuántos amigos has acercado a Dios este mes? ¿Y este año? ¿Y el año pasado? ¿Y en toda tu vida? Mucha gente se piensa que ayudar a otras personas a ser mejores cristianos es tarea de sacerdotes y religiosos. ¡Nada más falso! Antes de subir a los cielos, Jesús dijo que debíamos ser testigos suyos hasta los últimos confines de la tierra. Ser testigos suyos significa hablar de Dios a nuestros amigos, invitarles a ir a Misa para recibir al Señor, preocuparnos y ocuparnos de su salud espiritual, animarles a ser mejores cristianos en cosas concretas, ayudarles a confesarse con frecuencia, rezar algo con ellos, y un larguísimo etcétera. Puedes hablar ahora con Jesús de 3 amigos tuyos, pedirle por ellos, y ver qué puedes hacer por ayudarles para que se acerquen a Dios (José Pedro Manglano).

Día 27º. LUNES CUARTO (15 de Marzo): las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor con nuestra fe hace maravillas, hace nuevas todas las cosas

Día 27º. LUNES CUARTO (15 de Marzo): las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor con nuestra fe hace maravillas, hace nuevas todas las cosas

 

Dice Dios en el libro de Isaías: "Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos": en la película "La Pasión" Jesús consuela a la Virgen diciéndole que en ese momento, con su sufrimiento, hace nuevas todas las cosas. Con la muerte y resurrección de Jesús ha comenzado ya la nueva creación, los «cielos nuevos y la tierra nueva»; tal comienzo no se detendrá. La historia humana sigue dominada, en gran parte, por el pecado, la corrupción y la muerte; pero algo va cambiando. La convivencia del lobo y del cordero significa que el odio y la hostilidad deben dar paso al amor; la injusticia, al derecho. De hecho, los «cielos nuevos y la tierra nueva» consisten en una nueva relación con Dios y en una nueva justicia con los hombres. Esta existencia ha sido diseñada por el mismo Jesús. Quien sigue sus pasos es una nueva criatura: «El que está en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado; mirad, existe algo nuevo» (2Cor 5,17). Significa el fin de la dependencia de poderes mágicos. Dios es autor de esta creación, y Jesús Señor de la historia. El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: ya nos gustaría, pero no podemos ser hyppies, la cosa no funciona, el estado primero de felicidad, equilibrio y armonía es más un paraíso interior, que nos lleva al cielo que anhelamos, y en la medida que podamos sembrar ese amor "porque el Reino de Dios está en medio de vosotros".

Rezamos en el salmo: "Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste…Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre… si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría".  

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de morir. Un funcionario le pidió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los tiempos». Victoria de Dios sobre el mal. Realización de la profecía de Isaías. Otra cosa muy bonita es que  Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro. La distancia no es ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar»" (Octavio Sánchez). Es preciso compatibilizar nuestra misión concreta, lo que nos toca, con la misión solidaria, ser parte de ese "todo" que somos "todos", preocuparnos por ayudar a los que están lejos y tienen necesidad. Y pedir con la fe de este hombre, como recoge Josepedro Manglano esas palabras de la Madre Teresa de Calcuta, que no aceptaba un "no": "En septiembre de 1980 estuve en el Berlín Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que debía quedarse allí para iniciar la labor. Habíamos solicitado el correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía, le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24 horas; son muy estrictos en eso... Así pues, nos pusimos a rezar "Acordaos" a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo... Pero como nunca aceptamos un "no" por respuesta, seguimos rezando y, al octavo "Acordaos", volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo: "Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse..." Le habían concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la Virgen". Madre mía, auméntame la fe y que me dé cuenta de que las cosas que son para bien de Dios o de los demás, el "no" quiere decir "sigue rezando". Tú siempre nos escuchas.

 

sábado, 13 de marzo de 2010

Día 26. DOMINGO CUARTO (14 de Marzo): la tierra prometida es el cielo, pero también cada vez que pedimos perdón, que nacemos de nuevo


Día 26. DOMINGO CUARTO (14 de Marzo): la tierra prometida es el cielo, pero también cada vez que pedimos perdón, que nacemos de nuevo
Estos días estoy pensando que la Cuaresma es algo parecido a una imagen de la vida. Porque el Éxodo era una imagen de la Tierra prometida, y nuestra Cuaresma es una preparación para la Pascua, pero en realidad es como en miniatura una preparación de la vida que es una preparación, camino para la Tierra Prometida de Verdad, que es el Cielo. Pascua significa Paso, pasamos de este mundo a nuestra Casa del Padre… Vamos a hacer los exámenes parciales bien este año, y así año a año nos preparamos para el examen final, el gran examen, ya bien preparados…
Cuando el pueblo de Israel llegó a la tierra prometida y comenzó a poder comer de la comida normal, “el maná cesó desde el día siguiente, en que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de los productos de la tierra de Canaán”. La historia de la salvación es similar a la escalada a una montaña. Se empieza la subida y parece que ya se toca la cima con las manos. Continúa la ascensión y van apareciendo colinas y valles intermedios, que alejan la meta una y otra vez. Son promesas, como etapas de una ginkana, como es nuestra vida también, siempre hay nuevas metas que descubrir. Primero estaba sólo Abraham; no había ni pueblo ni Ley ni tierra. Luego ya hubo pueblo: en Egipto los clanes patriarcales se convirtieron en "pueblo numeroso". Después, en el Sinaí, hubo Ley. Y ahora, con la entrada en Canaán, hay tierra. Parecía que la historia había alcanzado la meta, pero ¡no!, nosotros a treinta y dos siglos de distancia sabemos que la gesta apenas ha hecho más que empezar. La fiesta continúa. Todo esto es un signo de la entrada en la “tierra prometida” del cielo: "Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra" (Mt 5,4; edic. Marova).
Es un momento especial, como cuando suena una música solemne en las películas, un comienzo parecido al del paso del Mar Rojo: la acción de Dios seca las aguas, los hebreos pasan a pie sin mojarse, actúa el brazo fuerte de Yahvé. Se nos muestra la potencia salvadora de Dios en favor de su pueblo y la continuidad de la protección de Yahvé. La presencia del arca delante del pueblo, símbolo de la presencia de Dios, nos muestra cómo el Señor guía a su pueblo (al igual que la columna de fuego o la nube, que precedía a los israelitas en el desierto), y la superación de un obstáculo muy difícil indica la eficacia de una fe que sabe confiar en Dios. Ya han llegado a la tierra prometida, y lo mismo que la fiesta de la Pascua acompañó el Éxodo, también ahora la celebran los israelitas al acampar en esa tierra. La fiesta de la Pascua cierra y conmemora la salvación de Yahvé en los días del desierto desde Egipto a Palestina. Se cierra también el tiempo del maná; ahora cambia el estilo de vida: los frutos de la tierra serán en adelante la riqueza y el alimento del pueblo en la patria que Dios les ha dado. El paso del Jordán fue importante y cuando Jesús sea allí bautizado será el gran paso de la pascua definitiva, realizada por Cristo, representante del nuevo pueblo de Dios, que lo hace llegar a la tierra prometida de la gloria. El desierto representa para nosotros esta vida, con sus problemas, dudas, debilidades y esperanzas; el Jordán es el paso pascual de la muerte y de la resurrección del creyente incorporado a Cristo, y la tierra prometida es nuestra última meta: la gloria y la felicidad eternas (J. M. Vernet).
“Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!”, canta el salmo: “He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores... Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias”. Los "pobres", los "desgraciados", los "humildes", los "corazones que sufren", son proclamados "dichosos", ¡en tanto que los ricos son tildados de "desprovistos"! "Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos", dirá Jesús… y María, en su oración "Magnificat", también dice algo parecido. Otro día Jesús dirá: "Padre, te doy gracias porque revelaste estas cosas a los pobres y humildes y las ocultaste a los sabios y prudentes" (Lucas 10,21). San Juan cita este salmo cuando al explicar que se atravesó el costado de Jesús en la cruz en lugar de romperle las piernas como se hizo con los otros crucificados dice: "esto sucedió para que se cumpliera la escritura que dice: no le romperán ni uno solo de sus huesos" (Juan 19,36). ¡Jesús, el pobre por excelencia, nos invita a escuchar su "acción de gracias" porque el Padre "vela sobre El y guarda cada uno de sus huesos". La Biblia nos invita a hacer una lectura más profunda. Hay que pensar en Jesús al escuchar al salmista que dice, como la cosa más natural: "las pruebas llueven sobre el justo, pero cada vez el Señor lo libra y vigila sobre cada uno de sus huesos... Ni uno solo de ellos será roto". Tan sólo la resurrección dará final cumplimiento a esta promesa (Noel Quesson). "Un desgraciado gritó: Dios lo escucha".
“El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios! A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él”. Las barreras que dividen a los hombres y los clasifican ya no existen para el que está en Cristo y es una criatura nueva. Al morir Cristo por todos y en lugar de todos, es como si todos hubieran muerto en Cristo. Al pagar con su sangre nuestro rescate, todos somos de Cristo. Se acabó lo antiguo. Los que creen en Cristo y saben que ahora le pertenecen experimentan en sí mismos la fuerza de la resurrección, la nueva vida. Son criatura nueva. El principio de esta segunda creación, el principio de esta nueva vida, es Cristo resucitado. Pablo dice que Cristo se hizo "pecado" por nosotros, no que hiciera pecados. Esto es, tomó sobre sí la culpa de todo el mundo. Contemplar el gran amor de Jesús por mí puede servirnos para fomentar el dolor de amor, y evitar los pecados.
-“¿Qué crimen tan brutal ha cometido este hombre, que ha tenido que pagarlo con una muerte tan horrorosa?”, preguntó un mahometano a un sacerdote refiriéndose a un crucifijo que tenía en la mesa.
-“Él no cometió ningún crimen -respondió éste-; era completamente inocente”.
-“Pues, ¿Quién lo clavó en este madero?”
-“Fuimos nosotros los hombres quienes lo hicimos con nuestros pecados” -exclamó con tristeza el sacerdote.
-“Ahora comprendo -añadió lleno de compasión el mahometano- por qué tienes siempre la imagen del crucificado”.
¿Has pensado alguna vez que el pecado supone volver a crucificar al Señor? El Señor espera, una vez que nos ha redimido, que le amemos con obras. Y amar a Dios supone también decirle muchas veces: ¡lo siento! Procura, cuando vayas a preparar tu confesión, pedir mucho perdón a Jesús por los pecados, y también pídele que te dé dolor por ellos, dolor de amor. Si tienes a mano un crucifijo ahora, puedes hablar con Jesús en la Cruz comentando esto; Jesús, que no me acostumbre a verte crucificado; cada vez que vea un crucifijo trataré de acordarme de decirte: ¡Te amo! Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído (José Pedro Manglano).
Leemos este domingo la parábola del hijo pródigo, que salió el día 18 (sábado de la 2ª semana). Puedes leerlo allí otra vez. Las motivaciones del arrepentimiento del hijo menor no son particularmente puras, y volvió ¿porque añoraba la casa del padre, o porque tenía hambre? Es igual, el padre lo espera y lo perdona, se pone contento de que vuelva, que es lo importante. Pero en el momento en que ese amor alcanza su fiesta, entra en escena el hermano mayor, el cascarabias, el aguafiestas. El padre tiene que intentar ahora reconciliar a los hermanos entre sí, que es otro aspecto de la penitencia: perdón con Dios y hacer las paces con los hermanos: el mayor, comido por la envidia, rechaza esa mezcla con el pecador de la misma forma que los escribas y los fariseos. El hermano mayor se comporta además con el mismo orgullo que el fariseo en el Templo (el de ayer), con el mismo desprecio hacia el otro (comparar "este hijo tuyo..." y "este publicano"). En cuanto al hijo menor, su oración se parece a la del publicano. Por tanto, esta parábola, lo mismo que la del publicano y el fariseo, trata de justificar la benevolente acogida que Cristo dispensa a todo los hombres, incluso a los pecadores.
Esta parábola del "padre bondadoso" sigue las otras que dice Jesús sobre el perdón, y deja ir un grito de gozo: "¡Alegraos conmigo!". "¡Alegraos, porque he hallado lo que había perdido!". En las otras, Dios es el pastor que encuentra la oveja perdida, o la mujer que barre su casa hasta encontrar la moneda perdida, aquí también el padre no deja de buscar lo que es suyo (el padre salía todos los días a otear el horizonte). Y cuando lo encuentra, explota la alegría. Y quiere que todos se alegren con él. Está claro de qué habla Jesús: "¡Este perdona los pecados!". Pero hay uno que no se entera.
El padre se encuentra -así la parábola- con que el hijo "fiel" no entiende que ha llegado la hora del júbilo; no puede comprender por qué su padre "ha tirado la casa por la ventana" cuando vuelve su hermano perdido. Es llamativo el peculiar alarde sobre su propia "fidelidad". Pero esa permanencia en la casa del padre no le había llevado aún a la confianza y a la alegría con él y en él, sino a una espera por recibir un buen sueldo de obrero. El padre le ruega, sin embargo, que se reconozca como hijo, y lo abraza, y le dice que "todo lo mío es tuyo". Y también que se reconozca hermano de ese "mi" hijo que es "tu" hermano, el que ha vuelto de las miserias extrañas a nosotros...
En segundo plano, el mayor aprende que no será amado por su Padre si, a su vez, no recibe al pecador; es la condición del padrenuestro… el padre amoroso espera que no se le limite en su misericordia, porque para que nos pueda personar necesitamos abrir el corazón, y perdonar a los demás. No es él quien excluye al mayor, sino que es éste quien se excluye a sí mismo porque no ama a su hermano, es como si uno no quiere jugar el partido: no puede meter goles.
La parábola del hijo pródigo constituye una excelente iniciación al período de penitencia. Se precisa en primer término que los dos hijos son pecadores: así es la condición humana. Pero uno lo sabe y monta su actitud en función de ese conocimiento; el otro se niega a reconocerlo y no modifica en nada su vida. Dios viene para el uno y para el otro: sale al encuentro del más pequeño, pero también al encuentro del mayor; Dios viene para todos los hombres, para los pecadores que saben que lo son y para los que no lo saben; no viene solo para una categoría de hombres.
En el pequeño que vuelve vemos que comienza con lo que se llama la "contrición imperfecta" o “atrición”: miedo a las penas del infierno… el pequeño se convierte porque es desgraciado y porque, al fin de cuentas, el ambiente de la casa paterna vale mucho más que criar puercos. Hace examen-de-conciencia ("entrando en sí mismo") y prepara incluso el texto de la confesión que hará a su padre. Pero el descubrimiento del penitente que se lanza por el camino de retorno a Dios es el advertir que Dios sale a su encuentro con una bondad tal que el penitente pierde el hilo conductor de su discurso de confesión y se distrae. Los papeles se han cambiado: ya no es la contrición del penitente lo que cuenta y constituye lo esencial de la actitud penitencial, sino el amor de Dios y su perdón. El sacerdote no hace más que encaminar a alguien hacia la alegría del Padre (Maertens-Frisque). Y entonces nos valoramos más, porque el hijo menor se sentía indigno de llevar el nombre de "hijo", quería ser tratado como un "jornalero". Pero el Padre-Madre no lo tolera. Cuando estamos sin Dios no nos valoramos, nos descuidamos. Cuando alguien no se cuida es que no le cuidan, no se siente querido. Y no se valora. Al sentirse querido, deja de vestirse mal, redescubre, más que nunca, su condición filial. Por eso, él también abraza y se conmueve y entra en Casa. Deseo de hogar. Volver al niño que todos llevamos dentro, nacer de nuevo...