viernes, 20 de septiembre de 2024

Viernes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario. Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban, dando un ambiente femenino necesario a la familia que es la Iglesia.

Viernes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario. Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban, dando un ambiente femenino necesario a la familia que es la Iglesia.

 

A. Lecturas:

   1. I Corintios (15,12-20): Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que lo muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho, si es verdad que los muertos no resucitan. Porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

   2. Salmo 16,1.6-7.8.15: Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.

   Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios

a quien se refugia a tu derecha.

   Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante.

   3. Lucas 8, 1-3: "En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él habla curado de malos espíritus y enfermedades: Maria la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes"

 

B. Comentario:

   1. Pablo parte hoy también de una pregunta: -"¿Cómo es posible que haya entre vosotros quienes dicen...?" mentes muy racionalistas tendían a pensar que la resurrección del «cuerpo» -enterrado, o incinerado... ¡descompuesto!- era imposible, filosóficamente hablando. Hoy también hay dificultades para creer la resurrección de la carne y muchos se "escapan" de la verdad con teorías de reencarnaciones.

   -"Proclamamos -gritamos- que Cristo ha resucitado de entre los muertos". Señor, ayúdame a que mi fe en tu resurrección sea auténtica, firme, que penetre hasta el hondón de mi alma. ¿Puedo decir que mi Fe compromete todo mi ser: intelecto, corazón, acción?

   -"Si Cristo no resucitó, vacío es nuestro mensaje, vacía también vuestra fe, sin objeto..." ¡La resurrección es la piedra angular, el punto esencial de la nueva religión! Si esto no fuera verdad, todo llegaría a ser «vacío», «nada»: tanto el mensaje de los apóstoles como la fe de los fieles, que es la respuesta al mensaje.

   La alegría pascual es la señal del «cristiano», su característica principal. ¿Se nota en mí que creo en ella? ¿Aparece a través de mi conducta, en mis relaciones humanas frente al sufrimiento, frente a la muerte? ¿Y en todas las dificultades que pesan sobre mí? ¡Gracias, Señor! Ayúdame a testimoniar contigo tu buena nueva.

   -"Si Cristo no ha resucitado somos convictos de falsos testigos de Dios...": o bien la resurrección existe, tal como Dios ha dicho... o bien habría que confesar la inexistencia de Dios... Y entonces llegamos a ser «falsos testigos», defendemos una causa que no tiene defensa, somos unos impostores hablando de Dios.

   -"Si Cristo no resucitó, estáis todavía en vuestros pecados... Por tanto, los que durmieron en Cristo... perecieron". Pero la resurrección es una «fuerza activa» que destruye el pecado y la muerte. Es un hecho real que pasó, y una realidad permanente en nosotros, pues la vida divina, que hizo surgir a Jesús de la muerte, continúa en todas partes sacando al hombre del pecado y de la muerte. ¿Es ésta mi fe? (Noel Quesson).

   2. Te doy gracias, Señor, con el salmista: "El cielo proclama la gloria de Dios, / el firmamento pregona la obra de sus manos: / el día al día le pasa el mensaje, / la noche a la noche se lo susurra".

   Por siempre me alcanza tu amor salvador, Señor, y quiero alabarte hoy y cada día; es preciosa la frase final del salmista dirigida a Dios: "al despertar me saciaré de tu semblante".

   3. –"Jesús iba caminando por pueblos y aldeas, proclamando la "Buena" Noticia". Es preciso, de vez en cuando, volver a meditar, sobre ese tema. "evangelio"... ¿"euaggelion", en griego? "buena noticia" en castellano. Así, ¡lo que Jesús proclama es algo bueno!

   -"Lo acompañaban los doce, y algunas mujeres..." El pasado martes vimos a Jesús hacer una resurrección en atención a una mujer, la viuda de Naím. Ayer Jesús rehabilitaba a una mujer, la pecadora, en casa de Simón. Lucas insiste en el papel de las mujeres: pensemos en la función esencial de María en los relatos de la infancia de Jesús... pensemos en el episodio de Marta y María (Lc 10, 38) que es él el único en relatarlo.

   -"Mujeres que Jesús había curado de malos espíritus y de enfermedades"... Jesús, liberas totalmente a la mujer: ni en tu mente ni en tus actitudes concretas haces diferencia alguna de dignidad entre el hombre y la mujer.

   Nunca un rabino admitía a mujeres en el grupo de sus discípulos. Jesús, tú . Eran mujeres a las que habías curado de alguna enfermedad o mal espíritu, y "le ayudaban con sus bienes". Lucas nos transmite el nombre de varias de ellas.

   ¡Cuántas veces aparecen las mujeres en el evangelio con una actitud positiva y admirable! Baste recordar las que estuvieron cerca de él en el momento más trágico, al pie de la cruz, junto con María, su madre. Y que luego fueron las primeras que tuvieron la alegría de ver al Resucitado y anunciarlo a los demás. Son un buen símbolo de las incontables mujeres que, a lo largo de los siglos, han dado en la Iglesia testimonio de una fe recia y generosa: religiosas, laicas, misioneras, catequistas, madres de familia, enfermeras, maestras... Que ayudaron a Jesús en vida y que colaboran eficazmente en la misión de la Iglesia, cada una desde su situación, entregando su tiempo, su trabajo y también su ayuda económica. La primera persona europea que creyó en Cristo, por la predicación de Pablo, fue una mujer: Lidia (Hch 16). A veces nos fijamos en que la Iglesia no se ve con capacidad de admitir mujeres al ministerio sacerdotal, pero lo principal es el amor, la santidad, y tenemos en común la fe y la misión evangelizadora.

   Jesús dijo: "¿quién es mi madre y mis hermanos? El que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica". Y en eso las mujeres han sido, ya desde el principio (la Virgen Maria: "hágase en mi según tu palabra") las que más ejemplo nos han dado a toda la comunidad. No serán obispos ni párrocos, como tampoco las que acompañaban a Jesús fueron elegidas y enviadas como apóstoles, pero las mujeres cristianas, religiosas o laicas, siguen realizando una misión hermosísima y meritoria en la vida de la comunidad. Es interesante recordar que, en la lenta y progresiva valoración de la mujer por parte de la Iglesia, Pablo VI nombró a dos mujeres insignes "doctoras de la Iglesia", santa Teresa de Jesús y santa Catalina de Siena, y últimamente Juan Pablo II hizo lo mismo con santa Teresa del Niño Jesús y algunas más (J. Aldazábal).

   -"María, "Magdalena" de sobrenombre... -¡que había sido liberada de siete demonios!-, Juana, mujer de Kuza, el intendente de Herodes... Susana..." y muchas más... la mujer no contaba mucho, podían participar al culto de la sinagoga, pero no estaban obligadas a ello. La liturgia empezaba cuando, por lo menos, diez hombres estaban presentes, mientras que a las mujeres no se las contaba.

   -... "Que le ayudaban con sus bienes". Realismo del evangelio: se necesita dinero para poder anunciar el evangelio. Si los Doce y Jesús parecen tan libres, sin cuidados materiales, ¡es porque hay mujeres que cuidan de ellos! Trabajo capital que permite todo el resto. ¿Soy una acomplejada por mis tareas humildes? o bien ¿sé darles un valor divino? (Noel Quesson).

   Juan Pablo II trató del tema del papel de lo femenino en la Iglesia: "El Evangelio revela y permite entender precisamente este modo de ser de la persona humana. El Evangelio ayuda a cada mujer y a cada hombre a vivirlo y, de este modo, a realizarse. Existe, en efecto, una total igualdad respecto a los dones del Espíritu Santo y las "maravillas de Dios" (Act 2,11). Y no sólo esto. Precisamente ante las "maravillas de Dios" el Apóstol-hombre siente la necesidad de recurrir a lo que es por esencia femenino, para expresar la verdad sobre su propio servicio apostólico. Así se expresa Pablo de Tarso cuando se dirige a los Gálatas con estas palabras: "Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto" (Gal 4,19). En la primera Carta a los Corintios (7,38) el apóstol anuncia la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio -doctrina constante de la Iglesia según las palabras de Cristo, como leemos en el evangelio de San Mateo (19,10-12)-, pero sin ofuscar de ningún modo la importancia de la maternidad física y espiritual. En efecto, para ilustrar la misión fundamental de la Iglesia, el Apóstol no encuentra algo mejor que la referencia a la maternidad.

   Un reflejo de la misma analogía -y de la misma verdad- lo hallamos en la Constitución dogmática sobre la Iglesia. María es la "figura" de la Iglesia: "Pues en el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen, precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre (...) Engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre (...) a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf Rom 8,29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno". "La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios". Se trata de la maternidad "según el espíritu" en relación con los hijos y las hijas del género humano. Y tal maternidad -como ha se ha dicho- es también la "parte" de la mujer en la virginidad. La Iglesia "es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo". Esto se realiza plenamente en María. La Iglesia, por consiguiente, "a imitación de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera".

   El Concilio ha confirmado que si no se recurre a la Madre de Dios no es posible comprender el misterio de la Iglesia, su realidad, su vitalidad esencial. Indirectamente hallamos aquí la referencia al paradigma bíblico de la "mujer", como se delinea claramente ya en la descripción del "principio" (cf Gen 3,15) y a lo largo del camino que va de la creación -pasando por el pecado- hasta la redención. De este modo se confirma la profunda unión entre lo que es humano y lo que constituye la economía divina de la salvación en la historia del hombre. La Biblia nos persuade del hecho de que no se puede lograr una auténtica hermenéutica del hombre, es decir, de lo que es "humano", sin una adecuada referencia a lo que es "femenino". Así sucede, de modo análogo, en la economía salvífica de Dios; si queremos comprenderla plenamente en relación con toda la historia del hombre no podemos dejar de lado, desde la óptica de nuestra fe, el misterio de la "mujer": virgen-madre-esposa".

   Llucià Pou Sabaté

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Jueves de la 24ª semana. El perdón acompaña al amor: se nos perdonan los pecados si amamos, y amamos si acogemos el perdón

Jueves de la 24ª semana. El perdón acompaña al amor: se nos perdonan los pecados si amamos, y amamos si acogemos el perdón

A. Lecturas:

   1. I Corintios (15,1-11): Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

   2. Salmo 117,1-2.16ab-17.28: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

   «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.» No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.

   Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.

   3. Juan 7,36-50: "En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: -«Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. » Jesús tomó la palabra y le dijo: -«Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: -«Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: -«Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: -«Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: -«Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: -«¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: -«Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: -«¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: -«Tu fe te ha salvado, vete en paz».  

 

B. Comentario:

   1. Pablo nos habla de "la «buena nueva»... El evangelio... Lo habéis recibido, y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados si lo guardáis tal como os lo anuncié... Si no, habríais creído en vano..." El evangelio es una alegría, un gozo, es algo «bueno». No se inventa: se «recibe». No se deforma, se toma «tal cual es». Es «salvador», restaura al hombre, lo reconstruye.

   -"Os he transmitido lo que yo mismo he recibido". Profunda humildad del apóstol, es el primero en someterse al mensaje que ha de transmitir.

   -"Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras... Fue sepultado... Resucitó al tercer día según las Escrituras..." Es un acto de fe o uno de las primeras redacciones del Credo, basado en la muerte, la sepultura, la resurrección de Jesús, anunciados en todo tiempo por las «escrituras». La fórmula repetida, «conforme a las Escrituras» muestra que la muerte y la resurrección de Jesús eran unos hechos esenciales en el plan de Dios para la salvación del mundo, "por nuestros pecados"...

   -"Se apareció a Pedro, a los doce, luego a quinientos hermanos, y a mí el más pequeño de los apóstoles. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. He trabajado penosamente... Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo". Es la vida nueva en que cada uno "ha muerto a su pecado" y ha "resucitado", por así decir, con Cristo.

   La fórmula algo embarazosa de Pablo es muy reveladora: ni yo solo, ni Dios solo, sino Dios y yo... en una unión indivisible. Admirable expresión de la «gracia» que no trabaja sin nosotros pero con la cual hacemos mucho más de lo que lograríamos con nuestras solas fuerzas (Noel Quesson).

   2. Quiero entrar en la oración del salmista, Señor: "Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / Diga la casa de Israel: / eterna es su misericordia".

   Quiero alabarte, Señor, por el perdón y la misericordia que nos das con tu vida: "La diestra del Señor es poderosa, / la diestra del Señor es excelsa." / No he de morir, viviré / para contar las hazañas del Señor. // Tú eres mi Dios, te doy gracias; / Dios mío, yo te ensalzo."

   3. –"Un fariseo invitó a Jesús a comer con él"... Tres veces (Lc 7,36; 11,37; 14,1). Veo como aceptas la invitación, Señor.

   –"En esto una mujer, conocida como pecadora en la ciudad... llegó con un frasco lleno de perfume... se colocó detrás de Jesús junto a sus pies, llorando, y empezó a regarle los pies con sus lágrimas; se los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con perfume"... El fariseo era un "puro". La escena le choca profundamente: "Si este hombre fuera un profeta sabría quién es esa mujer que lo toca: ¡una pecadora!" Efectivamente, se trataba de una pecadora, y todo induce a creer que era una prostituta. Pecados, los que había acumulado... hasta el hastío de sí misma y de los demás. Seguro que sin vergüenza de acercarse a ti, Señor, ella pensó: "¡Si solamente él, el profeta Jesús, pudiera salvarme!" Y allí está, por el suelo, a los pies de Jesús. Cubre de besos los pies de Jesús y su perfume embriagador llena la sala del banquete. Señor, la escena es curiosa: ¿cuál es el mensaje importante que quieres transmitirnos? Pienso en mis propios pecados, y en la sucia marea de todos los pecados del mundo: Tú debes estar habituado, Señor, desde que hay hombres sobre la tierra; en tu genealogía las cuatro mujeres que aparecen están en una situación irregular, y una de ellas es prostituta.

   Lucas describe muy bien algunos detalles, como la diferente actitud de Simón, que ha invitado a Jesús a comer, y aquella mujer pecadora que sabe intuir detalles de amor hacia Jesús. Me gusta verte, Señor, anunciar el amor y perdón en casa de un fariseo. El argumento parece fluctuar en dos direcciones. Tanto se puede decir que se le perdona porque ha amado ("sus pecados están perdonados, porque tiene mucho amor"), como que ha amado porque se le ha perdonado ("amará más aquél a quien se le perdonó más"). Me gustaría saber ser como tú, Jesús, dar ánimos a los "pecadores", y no dedicarme a hundirlos más con rigideces. Ayúdame a ser como un padre, y no como el hermano mayor del hijo pródigo o como este Simón y los otros convidados, que no saben ser benévolos y amar. Quisiera tener tu corazón, Señor, para levantar a la mujer adúltera, acoger a Zaqueo el publicano, y tener esas palabras de ánimo para esta mujer que hoy entra en la sala del banquete y te unge los pies.

   ¿Dónde quedamos retratados, en los fariseos o en Jesús? No se trata de que lo aprobemos todo. Como Jesús no aprobaba el pecado y el mal. Sino de imitar su actitud de respeto y tolerancia. Con nuestra acogida humana, podemos ayudar a tantas personas -drogadictos, delincuentes, marginados de toda especie- a rehabilitarse, haciéndoles fácil el camino de la esperanza. Con nuestro rechazo justiciero les podemos quitar los pocos ánimos que tengan. Claro que, para ser benévolos en nuestros juicios con los demás, antes tendremos que ser conscientes de que Dios ha empleado misericordia con nosotros. Se nos ha perdonado mucho a nosotros y por tanto deberíamos ser más tolerantes con los demás, sin constituirnos en jueces prestos siempre a criticar y a condenar. Dios es rico en misericordia. Lo ha demostrado en Cristo Jesús. Y lo quiere seguir mostrando también a través de nosotros (J. Aldazábal).

   Jesús, quieres que aprendamos de tu enseñanza, por eso le dices al fariseo: -"Simón, tengo algo que decirte: Un acreedor tenía dos deudores... Uno le debía una gran suma, la deuda del otro era muy pequeña... Se las perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más?" Los acreedores humanos no se comportan de ese modo, habitualmente. ¡Pero Dios sí! Es El quien lo dice. Y nos pide que nos portemos también así: "perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Si te colocas sobre ese terreno, Señor, entonces es mejor ser Magdalena que Simón...

   -"¿Ves a esta mujer...? Y Jesús hace su elogio. Habla de ella con respeto, la valora. Subraya todo lo que ha hecho bien. Había sufrido mucho. Señor, ayúdame a ver a los pecadores con tu propia mirada llena de bondad y misericordia. Dame el don de saberlos rehabilitar a sus propios ojos. Que todas mis palabras y mis actitudes digan ¡cuán bueno eres, Señor!

   -"Quedan perdonados sus muchos pecados porque muestra un gran amor... A quien poco se le perdona poco amor muestra"... Esas dos frases contienen una de las mayores revelaciones sobre el "pecado":

   - el amor provoca el perdón: Tú le perdonas sus pecados porque ama...

   - el perdón provoca el amor: cuanto más perdonado se ha sido, tanto más se siente uno llevado a amar. ¡Gracias, Señor! El amor es la causa y la consecuencia del perdón. Quizá es por esto que, después de todo, Tú permites, Señor, nuestros pecados... ¡para que un día se transformen en amor! Cada uno de mis pecados, ¡qué misterio! podría llegar a ser una ocasión de amar más a Dios: instante este maravilloso en el que tomo conciencia de la misericordia... en el que adivino "hasta dónde" me ama Dios... Es el instante del perdón, el instante del mayor amor. ¿No vale la pena de celebrarlo en el sacramento de penitencia o reconciliación? (Noel Quesson).

   Muchos de los contemporáneos de Jesús querían alcanzar la salvación por medio del estricto cumplimiento de la ley. Por eso, evitaban todo contacto con las personas que eran consideradas impuras: extranjeros, enfermos y pecadores; llevaban rigurosamente el descanso del sábado: no cocinaban, no comerciaban, no caminaban. Esta manera de actuar les creaba la falsa seguridad de que ya estaban salvados. Jesús permanentemente cuestionaba esta forma de vivir la experiencia de Dios. Para él, lo más importante era el amor al hermano, al pecador e, incluso, al enemigo. Las verdaderas personas de Dios eran aquellas personas capaces de convertirse en fuente de vida para los demás.

   No sabemos de qué mujer se trata, y se ha confundido con la Magdalena. Lo que sí sabemos son los detalles que manifiestan que descubre en Jesús el amor de su vida y está dispuesta a dejarlo todo. Se desprende su cabello. Cubre de besos los pies de Jesús. Derrama sobre sus pies un frasco de perfume… Es una escena de un profundísimo y sorprendente amor. Jesús, acogido por esta mujer con un amor, que no había sido capaz de mostrarle su anfitrión, se hace hospitalidad que perdona, acoge y transforma. Hoy me sorprendo al ver que María de Betania, más tarde, imitará paso a paso los detalles de amor de esta pecadora... quién sabe qué pasaría por su corazón…

   La experiencia del vacío de la vida es -frecuentemente- la mejor condición para encontrar el sentido de la vida. Profundicemos en nuestro interior. Veamos cuántas cosas nos llenan de verdad, y cuántas nos defraudan, nos dejan insatisfechos. Busquemos el sentido y lo encontraremos. Jesús está resucitado. Sigue en medio de nosotros. Es posible encontrarlo. Mejor todavía, ¡nos sale al encuentro!

   También te pido, Señor, la virtud del agradecimiento, no así como el fariseo que está convencido de que se ha ganado a pulso la salvación. La seguridad personal que podemos tener en el mero cumplimiento es insegura, además de que impide experimentar plenamente la gratuidad de la salvación. La mujer pecadora, en cambio, que ha tocado fondo, tiene mucha más capacidad que el otro de percatarse de la novedad que comporta el mensaje de Jesús y de la nueva e incomparable libertad que ha experimentado al acogerlo. Vemos la actitud de acogida de la persona de Jesús por parte de la pecadora y cómo contrasta con las omisiones del fariseo.

   En un sermón sobre la preparación para recibir al Señor, exclama San Juan de Ávila: «¡Qué alegre se iría un hombre de este sermón si le dijesen: "El rey ha de venir mañana a tu casa a hacerte grandes mercedes"! Creo que no comería de gozo y de cuidado, ni dormiría en toda la noche, pensando: "El rey ha de venir a mi casa, ¿cómo le aparejaré posada?". Hermanos, os digo de parte del Señor que Dios quiere venir a vosotros y que trae un reino de paz». ¡Es una realidad muy grande! ¡Es una noticia para estar llenos de alegría!

   Cristo mismo, el que está glorioso en el Cielo, viene sacramentalmente al alma. «Con amor viene, recíbelo con amor». El amor supone deseos de purificación –acudiendo a la Confesión sacramental cuando sea necesario o incluso conveniente–, aspirando a estar el mayor tiempo posible con Él.

   Jesús desea estar con nosotros, y repite para cada uno aquellas memorables palabras de la Última Cena: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros... (Lc 22,15). «La posada que Él quiere es el ánima de cada uno; ahí quiere Él ser aposentado, y que la posada esté muy aderezada, muy limpia, desasida de todo lo de acá. No hay relicario, no hay custodia, por más rica que sea, por más piedras preciosas que tenga, que se iguale a esta posada para Jesucristo. Con amor viene a aposentarse en tu ánima, con amor quiere ser recibido» (San Juan de Ávila), y haremos como esta mujer, que cuida los detalles. Te pedimos, Señor, este sentido de lo sagrado: Señor Jesús, bondadoso pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero (Himno Adoro te devote).

 

Llucià Pou Sabaté

martes, 17 de septiembre de 2024

Miércoles de la 24ª semana de Tiempo Ordinario (par). Sentir el amor de Dios nos ayuda a corresponder con amor, que es lo que da sentido a la vida

Miércoles de la 24ª semana de Tiempo Ordinario (par). Sentir el amor de Dios nos ayuda a corresponder con amor, que es lo que da sentido a la vida

 

A. Lecturas:

   1. I Corintios (12,31–13,13): Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

   2. Salmo 32: Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

   Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

   Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

   3. Lucas 7,31-35: "En aquel tiempo, dijo el Señor: -«¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocarnos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis." Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenla un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores." Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón»".  

 

B. Comentario:

   1. Pablo trató de contestar a varias preguntas concretas que interesaban a esta comunidad de Corinto: celibato y el matrimonio, celebraciones litúrgicas, diversidad legítima y unidad en la Iglesia, carismas... ahora nos habla de lo importante, la «caridad», el amor-ágape! Y leemos escrito por su mano el más hermoso himno al amor que jamás haya sido escrito.

   -"Entre los dones de Dios, he ahí lo mejor... Una vía superior a todas las demás: la caridad, el amor". Sabemos que "eros" significaba el amor-deseo, el amor-placer que quiere gozar y poseer, como cuando decimos: al lobo le gustan los corderos; a mí también me gusta el cordero asado.

   «Agape» significaba el amor-don, el amor desinteresado, capaz de sacrificarse por otro, como cuando decimos «la madre ama a su hijo», o «Dios nos ama»...

   -"La caridad es paciente, no busca su interés. La caridad no se irrita, no es envidiosa. La caridad es servicial. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta..." Pablo piensa en Cristo, que ha realizado todo esto a la perfección.

   -"Aunque conociera toda la ciencia y todos los misterios, aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, ¡si no tengo caridad, nada soy!" El «valor» esencial de nuestra religión no es la «fe» en su aspecto «doctrinal», de «conocimiento intelectual», ¡es el «amor-caridad»! Una viejecita que amasa su pan con amor tiene un mayor grado de gracia que un gran teólogo de corazón enjuto, e incluso mayor que el que hiciera milagros, dice san Pablo. «¡Por este signo seréis reconocidos como discípulos míos, si amáis!» ¿Qué parte tiene en mi vida el amor-ágape?

   -"Actualmente tenemos una imagen oscura... Aquel día veremos a Dios cara a cara. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad; pero la mayor de estas tres es la caridad". Es la vida después de la muerte. En el cielo veremos a Dios «cara a cara»: la expresión es muy viva y penetrante. Dios es "amor", y entonces estaremos totalmente investidos de ese amor: Ayúdanos, Señor, ya desde hoy (Noel Quesson).

   2. Como glosó san Juan de la Cruz, "en el último día seremos examinados de amor". Al ver cómo nos quieres, Señor, me sale del alma cantarte con el salmista: "Dad gracias al Señor con la cítara, / tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; / cantadle un cántico nuevo, / acompañando los vítores con bordones".

   Es una suerte sentirse querido, y nos ayuda a corresponder: "Que la palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra".

   Sentirme querido por ti, Señor, sin merecérmelo, me da paz, y quiero abandonarme en ti con confianza: "Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, / el pueblo que él se escogió como heredad. / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti."

   3. –Después de haber hecho el elogio de Juan Bautista, Jesús, le decías a la gente: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? y ¿a quién se parecen?" Empleas esa expresión -"esa generación"- para recriminar la falta de fe.

   -"Se parecen a los chiquillos que, sentados en la plaza, se gritan unos a otros diciendo: "os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado...", "os hemos entonado endechas y no habéis llorado..."" Los chiquillos "obstinados", cabezotas... no quieren jugar con los demás. Esto pasa con los que no quieren la predicación de Juan Bautista, más bien austera... y la predicación de Jesús, más bien alegre... también encuentra obstáculos.

   -"En efecto, ha venido Juan Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene un demonio dentro..." Jesús, esto lo dices después de alabar a Juan Bautista y de lamentarte de que algunos, los fariseos y escribas, no te acepten. Hay siempre excusas para no dar crédito a su mensaje. Al uno le tildan de fanático. Al otro, de comilón y "amigo de pecadores". Aunque haya curado al criado del centurión y resucitado al hijo de la viuda de Naín, no le aceptan. Cuando no se quiere a una persona, se encuentran con facilidad excusas para no hacer caso de lo que nos propone.

   -"Ha venido el Hijo del hombre que come y bebe y decís: Ahí tenéis a un glotón y a un borracho, amigo de pecadores..." ¡Cuántas veces hay rechazo de unos a otros, desacreditándolos por cualquier motivo! Hay personas siempre críticas, como tú decías, Señor, que ni entran ni dejan entrar. En el fondo, lo que pasa es que resulta incómodo el testimonio de alguien y por eso se le persigue o se le ridiculiza. Cuando no nos interesa aceptar un mensaje, sacamos excusas -a veces ridículas o contradictorias- para justificar de alguna manera nuestra negativa a aceptarlo. Te pido, Señor, ser de los de corazón sencillo y humilde, los que no están llenos de sí mismos (J. Aldazábal).

   Me gusta, Jesús, tu estilo de predicar y de vivir: las comidas tenían gran importancia en tu vida, para estar con la gente: Anunciabas el Reino de Dios como un banquete mesiánico; y, si bien la penitencia y la exigencia divina no estaban ausentes de tu palabra, y me gusta ese título maravilloso que se te daba, Jesús: "amigo de los pecadores". Señor, Tú que quitas el pecado del mundo, te pido que quites el pecado de mi corazón. Pero sé que me amas tal como soy, pobre y pecador, para salvarme de mi mal. ¡Gracias! Haz que haga yo otro tanto, en ese "tratar bien a los pecadores":... la llamada del publicano Mateo, y la comida con sus colegas recaudadores... la defensa de la mujer adúltera... las parábolas de la misericordia... la oveja perdida y hallada... el hijo pródigo... el paralítico perdonado, aun antes de quedar curado... el ladrón introducido en el paraíso... la primera aparición a María...

   -"Pero la "Sabiduría" de Dios ha quedado justificada y acreditada por todos sus hijos". Jesús vuelve aquí a una de sus más caras ideas: "los pequeños", los "niños" ellos poseen la "sapiencia" por oposición a los escribas y a los sabios. "Yo te doy gracias, Padre por haber escondido esas cosas a los sabios y a los inteligentes, y haberlo revelado a los pequeñuelos" (Lucas 10,21). ¡Haznos disponibles, Señor! (Noel Quesson).

   El tiempo es demasiado lento para los que esperan; demasiado veloz para los que tienen miedo; demasiado largo para los que sufren; demasiado corto para los que disfrutan, pero para los que aman, el tiempo es la eternidad.

 

Llucià Pou Sabaté

Martes de la semana 24 de tiempo ordinario (par): somos cuerpo de Cristo, y él nos cuida y nos salva

Martes de la semana 24 de tiempo ordinario (par): somos cuerpo de Cristo, y él nos cuida y nos salva

A. Lecturas:

   1. I Corintios (12,12-14.27-31a): Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mejores.

   2. Salmo 99: Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

   Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

   Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.

   «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.»

   3.   Lucas 7,11-17: «Sucedió, después, que marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: «Muchacho, a ti te digo, levántate». Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar; y se lo entregó a su madre. Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo». Esta fama acerca de él se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.»

 

B. Comentario:

   1. Vamos viendo la división de los cristianos de Corinto… como los de nuestra época. Pablo desarrolla el tema del «Cuerpo de Cristo».

   -"Nuestro cuerpo forma un todo aunque tiene muchos miembros y todos los miembros, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo. Así también Cristo". A partir de la Eucaristía, vemos esta comunión en la Iglesia, pues aquí "Cristo" tiene este sentido de "Cristo total", la cabeza y su cuerpo que es la Iglesia: todos los que, por la Fe están unidos a El.

   En esta imagen del «cuerpo» se insiste sobre la unidad: Cristo es un «unificador», conduce a la unidad, nos hace llegar a ser «un solo cuerpo», el suyo.

   Gracias, Señor, por este misterio: los cristianos somos un solo Cuerpo contigo. Ayúdame a verlo así en aquellos de los que me aparto, a los que critico, a los que acuso, a los que hago sufrir... ¡son miembros de Cristo! Hago sufrir a un miembro de Cristo, al mismo Cristo.

   -"Todos, judíos o gentiles, esclavos o libres, hemos sido bautizados en el único Espíritu para formar un solo cuerpo". Esto es revolucionario. Sabemos que en aquel tiempo había mucho racismo, y que los esclavos eran como una cosa a disposición del amo, sin dignidad. Como tampoco la tenían los extranjeros y había muy poca consideración hacia las mujeres…

   Jesús, me gustaría ser como tú, como tantos hombres que han sido "destructores de fronteras" indignas, como la Madre Teresa de Calcuta o Martín Luter King y tantos otros, que antepongan la "fuerza de amar" a todo lo demás.

   -"Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo... Sois miembros de este cuerpo". Quisiera admirarme ante esta verdad: ¡soy el «cuerpo de Cristo»! Quisiera entender que dependo de ti, Señor, que me das vida, un influjo vital como en un organismo humano hay un influjo vital del cerebro que anima los miembros. Quisiera que este pensamiento dirigiera mi vida.

   ¿Qué suelo hacer regularmente para unirme vitalmente a Cristo: oración meditada de la Palabra de Jesús, sacramentos de la conversión y de la comunión?

   Quisiera que esta verdad, «ser cuerpo de Cristo», se viera en mi modo de actuar, Jesús: quisiera ser tu «rostro» ante el mundo en que vivo, tus «manos» en el trabajo, tu «corazón» en el amor. Que tú pudieras actuar en mi conducta, en el servicio a los demás, en la compasión de mi corazón.

   -"Cada uno por su parte... Apóstoles, profetas, maestros, médicos..." Después de hablarnos de unidad, me gustaría entender que no se opone a una riqueza, la «diversidad». Todos tenemos unos dones para enriquecer a los demás, con el servicio. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es un organismo complejo, con ministerios funcionales. Ayúdanos, Señor, a encontrar nuestro lugar propio y a respetar el lugar y la misión de los que no son parecidos a mí (Noel Quesson).

   2. Quiero darte gracias, Señor, con el Salmista: "Aclama al Señor, tierra entera, / servid al Señor con alegría, / entrad en su presencia con vítores". Darte gracias, y alabarte por el amor que nos tienes: "El Señor es bueno, / su misericordia es eterna, / su fidelidad por todas las edades."

   3. San Lucas es el único de los cuatro evangelistas que nos relata esa resurrección: -"Jesús se dirigía a una ciudad llamada Naím. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda." Un gentío considerable acompañaba a esa mujer.

   Su marido muerto... su hijo... habían tenido pues una muerte prematura. Con lo cual, había quedado esa mujer totalmente desprotegida, en una condición muy dura, por la falta de atención que había para ellas en aquellos tiempos.

   Muchas personas la acompañaban, con ese sentimiento de compasión.

   -"Al verla el Señor, sintió lástima de ella y le dijo: "¡No llores!"" Quisiera profundizar en ese titulo que suele usar Lucas para hablar de ti, Jesús. Eres "el Señor". Más grande de todos los profetas. Tienes una personalidad misteriosa. Creemos que Tú eres Hijo de Dios, igual al Padre. Eres también el más sencillo y el más normal de los hombres: delante de un gran sufrimiento, te emocionas, te compadeces. En esos momentos quiero contemplar la emoción que embarga tu corazón; y quiero escuchar las palabras que dices a esa madre: "¡No llores!" Delante de todos los muertos de la tierra tienes siempre los mismos sentimientos; y tu intención es siempre la misma: quieres resucitarles a todos... quieres suprimir todas las lágrimas (Apocalipsis 21, 4) porque tu opción es la vida, porque eres el Dios de los vivos y no el de los muertos.

   Todos avanzamos hacia nuestra propia muerte. Pero afianzados en tu promesa, la muerte no será el último acto, sino una transformación para una vida plena.

   -"Jesús dijo: "¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!" Entonces el muerto se incorporó, se sentó y se puso a hablar". Le devuelves la vida, Señor, para alegría de su madre. Un día, volverá a morir. Pero es también este milagro profecía de la vida que no muere más, de la plenitud de tu amor. Quiero proclamar con fe viva: "Creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable".

   -"Y Jesús se lo entregó a su madre". ¿Pensabas quizá en tu madre, Señor? Qué bonito es ver cómo valoras a "la mujer", tan fácilmente repudiada en el mundo antiguo. Qué bonito es ver cómo compartes nuestros dolores, para darle un contenido: «El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pues bien, nosotros, cristianos, mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El cristiano sabe que, después del pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor; experimentar nuestra angustia, pasar por la agonía del espíritu y del desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para la eternidad» (Juan Pablo II).

   -"Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios... La noticia del hecho se divulgó por todo el país judío y la comarca circundante". ¡La sorpresa... pero también la alabanza! ¿Vivo yo en acción de gracias? La eucaristía es una acción de gracias por la vida resucitada de Cristo. Jesús celebró la Cena, la víspera de su muerte, "dando gracias" (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

domingo, 15 de septiembre de 2024

Lunes de la semana 24 de tiempo ordinario: tu Palabra, Señor, nos trae la salvación y la Eucaristía y la caridad

Lunes de la semana 24 de tiempo ordinario: tu Palabra, Señor, nos trae la salvación y la Eucaristía y la caridad

A. Lecturas:

   1. I Corintios (11,17-26.33): Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.

   2. Salmo 39,7-8a.8b-9.10.17: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

   «Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

   He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

   Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación.

   3. Lucas 7,1-10: «Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un criado enfermo y moribundo a quien estimaba mucho. Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: «Merece que hagas esto, pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga». Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: «Señor no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti; pero di una palabra y mi criado quedará sano. Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados bajo mis órdenes: digo a éste: ve, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: «Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe». Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

B. Comentario:

   1. San Pablo sigue instruyéndonos, ahora en la unidad y comunión: -"Hermanos, no os felicito por vuestras asambleas porque son más para mal que para bien: Cuando os reunís, hay entre vosotros divisiones... Cada uno se apresura a comer su propia cena..." Los corintios celebraban la eucaristía durante una comida, llamada "ágape". Pablo les reprocha hacer de ella precisamente todo lo contrario de lo que ha de ser un encuentro familiar: que haya divisiones entre ellos, y que estas desigualdades chocantes se note en la comida de hermandad: pues las personas ricas se agrupaban en las mismas mesas y comían mejor mientras que los pobres tenían que contentarse con lo poco que podían meter en su cesta.

   Es un punto de examen para evitar nosotros el individualismo, el "cuerpo de Cristo" es comunión, en la vida corriente, también fuera de la misa.

   Ahora nos habla de "la cena del Señor": -"Os he transmitido lo que recibí de la tradición que viene del Señor". Este es el texto más antiguo sobre la institución de la eucaristía. No se inventa la eucaristía, esta carta se ha escrito muy pocos años después de que ellos, evangelizados, reciban de los apóstoles esa tradición que «viene del Señor». Y es lo que recuerda esta carta, de manera que saben que fue exactamente así como han recibido la Eucaristía de los apóstoles. Y que esto es estar «en comunión con el conjunto de la Iglesia», al estar en comunión con Cristo.

   -"La noche misma en que fue entregado, el Señor Jesús tomó pan... Esto es mi cuerpo entregado por vosotros... Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre... Cada vez que comáis de este pan y bebáis de esta copa proclamáis la muerte del Señor, hasta que venga". Lo esencial es la «Fe»: «Proclamaréis la muerte del Señor». Esto nos permite comprender mejor, cuán escandalosa era la conducta anticomunitaria de los corintios. Jesús se ha «entregado», «ha amado hasta el fin», ha llegado a «morir por nosotros»... y ¿podríamos vivir nosotros como unos «individualistas», y unos «egoístas»?

   -"Haced esto en memoria mía".  La eucaristía es una acción: «¡haced!». Es una acción simbólica, cargada de un «recuerdo», de un «memorial» (Noel Quesson).

   En el Padrenuestro nos hace decir lo de "perdónanos como nosotros perdonamos", a continuación nos invita a "darnos fraternalmente la paz", luego vemos cómo se parte el Pan en el que vamos a participar todos (un símbolo de unidad), y así vamos a comulgar en procesión, cantando, unos junto a otros, y participando posiblemente del mismo cáliz.

   Cada Eucaristía nos debe hacer crecer también en fraternidad. Como dice el Catecismo, "para recibir en verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos" (Catecismo 1397).

   2. Con el salmo te pido, Señor, celebrarte con amor, no con sacrificios externos: "Aquí estoy."" Quiero estar contigo, Jesús, para vivir como tú la obediencia al Padre: "para hacer tu voluntad."

   3. Jesús, hoy nos muestras tu diálogo con un hombre de fe: -"Jesús entró en Cafarnaúm. Un centurión del ejército romano tenía un siervo a quien estimaba mucho; éste estaba enfermo a punto de morir". Este oficial era un pagano... pues al hacer el milagro que le pedía, Jesús hizo notar "que no había encontrado una fe tal ni en Israel". Estamos ante una salvación universal… desde su fundación de Jesús, aunque luego no todos vivan ese espíritu…

   -"El centurión había oído hablar de Jesús, y le envió unos notables judíos para rogarle que fuera a curar a su siervo...": "Merece que se lo concedas porque quiere a nuestra nación y es él quien nos ha construido la sinagoga". Ese pagano es seguidor de Jesús sin saberlo, busca la verdad, y de su propio bolsillo había pagado la construcción de una sinagoga, que no era su religión romana. Quizá había superado el politeísmo. Entre los paganos y los incrédulos que me rodean ¿no los hay que se interrogan y que buscan la verdad?

   -"Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, que yo no soy quién para que entres bajo mi techo. Por eso tampoco me atreví a ir en persona a encontrarte."" No quiere el pagano que Jesús se manche entrando en su casa, pero Jesús, para quien no hay esas impurezas legales, agradece esa atención y es respetuoso con el detalle de cortesía.

   -"No merezco que entres bajo mi techo". Como él, también nosotros nos encontramos indignos de estar en presencia de Dios: ¡es maravilloso pensar que la Iglesia no ha hallado fórmula mejor para poner en nuestros labios en el momento que nos acercamos a la eucaristía! Repito esa fórmula de humildad, de verdad. Rezo...

   -"Pero con una palabra tuya se curará mi criado". Jesús, sueles curar con gestos y palabras, y delante de la persona enferma. Aquí lo harás a distancia con el centurión, y solo con la palabra, como decimos en la misa: "pero di solamente una palabra y mi alma quedará salvada".

   Y el oficial subraya el poder de la palabra, por su propia experiencia del mando -"digo a mis subalternos: "ve" y "va""- y quiere decir que tu palabra, Jesús, es una palabra potente, que realiza siempre lo que decide. Jesús, di una palabra por lo que te pido… (lo que tengamos en el corazón ahora mismo): que se cure esa persona, que se arregle esta situación… si conviene, si es la voluntad de Dios… tu sola Palabra está presente para salvarnos. Auméntame la fe, Señor, para creer en esta Palabra, que opera nuestra salvación.

   -"Al oír esto Jesús se quedó admirado: No he encontrado tanta fe..."  La Fe... ese sexto sentido que nos permite percibir unas realidades nuevas, invisibles a los sentidos corporales. Dichosos ellos, paganos modernos o cristianos, que mantienen su corazón a la escucha de esas realidades misteriosas y que no aceptan estar solamente clavados a la materia... al tiempo... Lo eterno está aquí (Noel Quesson).

   Hoy vemos también intercesores, santos que nos ayudan a aumentar la fe: «Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad... no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Catecismo 956).

Llucià Pou Sabaté

Domingo de la 24ª semana (B):Jesús dio la vida por mí, y yo tengo que darla por Él y por amor los demás.

Domingo de la 24ª semana (B): Jesús dio la vida por mí, y yo tengo que darla por Él y por amor los demás.

A. Lecturas:

   1. Isaías 50, 5-9a. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

   2. Salmo 114,1-2.3-4.5-6.8-9: Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.

   Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida».

   El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó.

   Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

   3. Santiago 2,14-18. ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

   4. Marcos 8,27-35:  "«Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Ellos le respondieron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas». Entonces él les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondiendo Pedro, le dice: «Tú eres el Cristo». Y les ordenó que no hablasen a nadie sobre esto. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Hablaba de esto abiertamente. Pedro, tomándolo apane, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, increpó a Pedro y le dijo:

   «¡Apártate de mí, Satanás!, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres».

   Y llamando a la muchedumbre junto con sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que perdiera su vida por míy por el Evangelio, la salvará».

 

B. Comentario:

   1. Isaías cantaba un poema del siervo de Yahvé, imagen de Jesús, desterrado y azotado, escupido y abofeteado, que supo obedecer, supo aguantar como Jesús ante Pilato: "yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor… el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?" Así hemos de hacer cuando sentimos las violencias físicas, podemos completar lo que falta a la pasión de Cristo. Y en medio del sufrimiento el siervo experimenta la ayuda de Dios, que lo hace más fuerte que el dolor. Por eso practica la no resistencia a través del sufrimiento: confía sólo en Dios, que está con él. "...A quien te golpee la mejilla... ofrécele la otra..." como hizo Jesús, «siervo de Dios»: «porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».

   2. Hoy cantamos el Salmo que los judíos cantan al acabar la comida de Pascua, pues recuerda la liberación de la esclavitud de Egipto. Cómo Dios los ayudó a  escapar del grave peligro: Israel era prisionero en las redes del terrible faraón, sin ninguna libertad, se sentía muy "pequeño y débil" y "gritó". Y Dios lo escuchó y lo liberó a Israel, y lo hizo entrar en la "tierra del reposo", "la tierra de los vivos"... en que se vive a gusto: "Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida", pero podemos pensar que es el cielo, porque "Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco".

   Y así podemos rezar cuando nos vemos en peligro nosotros, Dios viene y nos saca del pozo: "Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida»". Y es que "El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó. Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída." Por eso me propongo desde hoy: "Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida".

   Jesús cantó la tarde del Jueves Santo este salmo al instituir la Eucaristía: "Amo al Señor... Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del Abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: `¡Señor, salva mi vida!'» y es que Jesús se preparaba a morir por mí… Me acerco a este salmo con profunda reverencia…

   3. Santiago dice: "¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?" Está claro,  es como al ver un perro que se mueve, sabemos que está vivo. "¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta" O sea que si yo no tengo amor a los demás mi fe es como si estuviera muerta… entiendo que si no me ocupo de un necesitado y digo que amo a Dios es que es todo de boquilla pero no de verdad... "Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»" Es aquello de que por sus frutos los conoceréis…

   4. En el Evangelio vemos a Jesús que hace una encuesta, "preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»", el enviado por Dios, el ungido, el que viene a salvarnos. Es una expresión hermosa de nuestra fe, la que hace Pedro. Pero todavía es débil. Lo que pasa es que pensaban entonces que quería decir un guerrero, por eso se inventa un nombre (el "hijo del Hombre") para que piensen que viniendo de Dios, era también el "siervo de Yavhé" sufriente, y les dice Jesús: "«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»"

   Les dice dos cosas: que era el Hijo de Dios de la profecía de Daniel (que venía del cielo) pero que tenía que sufrir, y esto provoca la protesta del jefe de filas: "Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»"

   -El Hijo del Hombre sufriente: Comienza una nueva revelación, que ha de morir en la cruz por nosotros, y que nosotros también hemos de tomar la cruz de cada día, pequeñas mortificaciones, no ser caprichosos, levantarnos puntuales, cosas que ayuden a los demás como hacer pequeños servicios o encargos en casa, obedecer a la primera, hacer los deberes o estudiar cuando toca, sonreír cuando nos cuesta, y ofrecer esas pequeñas cosas, como un sacrificio. A veces nos costará tener buen carácter, dejar los problemas del trabajo fuera de la casa, como aquel que se imaginaba que los colgaba de un árbol que tenía en el jardín, para estar con la familia con  buen humor. Hoy te pido, Señor, tener la mortificación de la sonrisa. Que no me enfade, o me desenfade enseguida, con la sencillez del niño, que olvida enseguida los enfados para volver a sus juegos, porque a veces me quedo como "encasquillado", primero me enfado y luego al darme cuenta de la tontería me enfado por haberme enfadado. Quiero arreglar las faltas de amor con actos de amor, sin darle vuelta a las cosas... Unidos al sacrificio de Jesús, eso tiene mucho valor, que podemos meter en el banco de la comunión de los santos, que es como un banco de sangre espiritual, para ayudar a los que están sufriendo en tantos lugares del mundo, o para interceder para que no haya guerras, o no mueran de hambre, o las almas del purgatorio vayan al cielo…