viernes, 16 de agosto de 2024

Sábado de la XIX semana, año par: los niños son modelo de sencillez de corazón y de ellos es el Reino de Dios

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Sábado de la XIX semana, año par: los niños son modelo de sencillez de corazón y de ellos es el Reino de Dios

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (18,1-10.13b.30-32): Me vino esta palabra del Señor: «¿Por qué andáis repitiendo este refrán en la tierra de Israel: «Los padres comieron agraces, y los hijos tuvieron dentera?» Por mi vida os juro –oráculo del Señor– que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel. Sabedlo: todas las vidas son mías; lo mismo que la vida del padre, es mía la vida del hijo; el que peca es el que morirá. El hombre que es justo, que observa el derecho y la justicia, que no come en los montes, levantando los ojos a los ídolos de Israel, que no profana a la mujer de su prójimo, ni se llega a la mujer en su regla, que no explota, sino que devuelve la prenda empeñada, que no roba, sino que da su pan al hambriento y viste al desnudo, que no presta con usura ni acumula intereses, que aparta la mano de la iniquidad y juzga imparcialmente los delitos, que camina según mis preceptos y guarda mis mandamientos, cumpliéndolos fielmente: ese hombre es justo, y ciertamente vivirá –oráculo del Señor–. Si éste engendra un hijo criminal y homicida, que quebranta alguna de estas prohibiciones ciertamente no vivirá; por haber cometido todas esas abominaciones, morirá ciertamente y será responsable de sus crímenes. Pues bien, casa de Israel, os juzgaré a cada uno según su proceder –oráculo del Señor–. Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos, y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpetrado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues no quiero la muerte de nadie –oráculo del Señor–. ¡Arrepentíos y viviréis!»

   2. Salmo 50,12-13.14-15.18-19: Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

   Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

   Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

   3. Mateo 19, 13-15: «Entonces le presentaron unos niños, para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Ante esto, Jesús, dijo: Dejad a los niños que vengan a mí, porque de éstos es el Reino de los Cielos. Y después de imponerles las manos, se marchó de allí».

B. Comentario:

   1. Ezequiel nos recuerda que cada uno es responsable de sus actos y que no nos refugiemos en un falso sentido de culpa colectiva. El refrán parecía, en cierto modo, justificado: «los padres comieron agraces y los hijos tuvieron dentera». La culpa de las generaciones anteriores sería, por tanto, la explicación de que tuvieran que estar sufriendo la afrenta del destierro.

   Pero el profeta les pone ante otro planteamiento: cada uno es responsable de lo que hace. Si todos fallan, y tú no, quedarás a salvo: el pecado de los demás no caerá sobre ti.

   «Yo juzgaré a cada uno según su proceder». En muchas ocasiones nos atribuimos las cosas buenas ("¡he aprobado este examen!") y excusamos las malas ("me han suspendido"). Aquí nos habla el profeta de responsabilidad personal.

   Te pido, Señor, por estas cosas que nos presenta el profeta a los creyentes: observar la justicia, no ir tras los ídolos, respetar a la mujer del prójimo, no explotar al necesitado, no robar, devolver lo recibido en préstamo, no prestar con usura, juzgar con imparcialidad, caminar según los mandatos de Dios...

   2. Pedimos a Dios fortaleza con el salmo de hoy: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme… no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti… un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias".

   3. -"Acercaron a Jesús unos niños, para que les impusiera las manos y rezara por ellos". Quizá eran madres que llevan a sus hijos pequeños... Jesús los acaricia... a la vez que ora por ellos... el niño sonríe. Jesús, tú amabas a los niños.

   Jesús atendía a todos, y con preferencia a los más débiles y marginados de la sociedad: los enfermos, los «pecadores». En esta ocasión, a los niños que le traen para que los bendiga.

   A los apóstoles se les acaba pronto la paciencia. -"Pero los discípulos les regañaron". Hasta los doce años que entra en la sinagoga, había poca consideración hacia los niños.

   Tu frase, Jesús, es toda una consigna. -"Jesús les dijo: "...Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí porque de los que son como éstos, es el reino de los cielos." ¿Pensaban tus apóstoles que era una pérdida de tiempo para el Maestro tener que atender a unos niños? Los primeros cristianos muy pronto interpretaron estas palabras como una toma de posición de Jesús en favor del bautismo de los niños pequeños. Algunos padres con poca fe dicen que si no se bautiza tan pequeño el niño tendrá libertad, pero es falso cuando se le impide participar en actos religiosos. Los primeros años son decisivos para toda la vida…

   Jesús, nos presentas a los niños como modelos: la sencillez, la limpieza de corazón, la convicción de nuestra debilidad, deben ser nuestras actitudes en la vida humana y cristiana. En aquellos tiempos, a los niños no se les tenía muy en cuenta. Parece que este pasaje («no impidáis a los niños acercarse a mí») nos habla del Bautismo de niños, que ya en el primer siglo se hacía en las familias cristianas.

   Evangelizar a los niños, transmitirles la fe y el amor a Dios, es parte importantísima de la Iglesia en colaboración con las familias: en el bautismo preparación de los padres y celebración, y en la Confirmación y Eucaristía además los niños participan más activamente en la catequesis y celebración (J. Aldazábal).

   Al igual que una buena madre da a sus hijos pequeños el mejor alimento, sin dejar que escojan, es lógico que les den también el mejor alimento espiritual, la puerta de toda gracia: el Bautismo. Así lo enseña la Iglesia: «Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios, a la que todos lo hombres están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijos de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento» (Código de Derecho Canónico 1250).

   -"El reino de los cielos es de los que son como ellos..." Jesús, los pones como ejemplo a los mayores. Dirás en otro momento: "Bendito seas Padre... porque si has escondido estas cosas a los "sabios y entendidos" se las has revelado a los "pequeños"" (Mateo 11, 25). El niño espontáneamente concuerda con el misterio. Cuanto más técnico va siendo nuestro mundo matemático, científico y programático... la palabra de Jesús resulta tanto más actual: Cada vez será mas necesario conservar ¡un rincón de infancia en el corazón, un rincón de poesía, un rincón de ingenuidad y de frescor, un rincón de misterio. Danos, Señor, sin infantilismos, el verdadero espíritu de infancia (Noel Quesson).

   «Porque de éstos es el Reino de los Cielos.» Jesús, quieres que yo también sea pequeño, necesitado de tu ayuda, que confíe plenamente en Ti, que no me asuste ante las dificultades, que no me avergüence confesar mi fe y pedir perdón, que sepa amar con ternura, que me invada la seguridad, alegría y paz propia de saberme hijo pequeño de Dios (Pablo Cardona).

Llucià Pou Sabaté

 

Viernes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario. Dios renueva su Alianza y su misericordia a través de la historia, en cada tiempo, y podemos corresponder en el amor indiviso: un solo Dios y en el camino del matrimonio o celibato por el Reino de los cielos

Viernes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario. Dios renueva su Alianza y su misericordia a través de la historia, en cada tiempo, y podemos corresponder en el amor indiviso: un solo Dios y en el camino del matrimonio o celibato por el Reino de los cielos

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (16,1-15.60.63): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, denuncia a Jerusalén sus abominaciones, diciendo: «Así dice el Señor: ¡Jerusalén! Eres cananea de casta y de cuna: tu padre era amorreo y tu madre era hitita. Fue así tu alumbramiento: El día en que naciste, no te cortaron el ombligo, no te bañaron ni frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales. Nadie se apiadó de ti haciéndote uno de estos menesteres, por compasión, sino que te arrojaron a campo abierto, asqueados de ti, el día en que naciste. Pasando yo a tu lado, te vi chapoteando en tu propia sangre, y te dije mientras yacías en tu sangre: 'Sigue viviendo y crece como brote campestre.' Creciste y te hiciste moza, llegaste a la sazón; tus senos se afirmaron, y el vello te brotó, pero estabas desnuda y en cueros. Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí sobre ti mi manto para cubrir tu desnudez; te comprometí con juramento, hice alianza contigo –oráculo del Señor– y fuiste mía. Te bañé, te limpié la sangre, y te ungí con aceite. Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda. Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza. Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste más que una reina. Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas con que te atavié –oráculo del Señor–. Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba. Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras moza y haré contigo una alianza eterna, para que te acuerdes y te sonrojes y no vuelvas a abrir la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que hiciste.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo Is 12,2-3.4bcd.5-6: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

   Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.

   Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. »

   3. Mateo 19,3-12: «En esto, se acercaron a él unos fariseos y le preguntaron para tentarle: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo? Él respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra, y que dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne? Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Ellos le replicaron: ¿Por qué entonces Moisés mandó dar el libelo de repudio y despedirla? Él les respondió: Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así. Sin embargo yo os digo: cualquiera que repudie a su mujer -a no ser por fornicación- y se una con otra, comete adulterio. Dícenle sus discípulos: Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse. Él les respondió: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, hay eunucos que así nacieron del seno de su madre; también hay eunucos que así han quedado por obra de los hombres; y los hay que se han hecho tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender; que entienda.» 

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel entrevió la historia de Jerusalén como la de un «amor»... la historia de una jovencita abandonada, perdida, que alguien recoge y ama... después la historia pasa a ser la de la ingratitud y de la prostitución... pero todo ello acaba siendo la historia de la misericordia y del amor retornado...

   -"Por tu origen y tu nacimiento eres del país de Canaan. Cuando naciste no se te cortó el cordón, no se te bañó en agua para limpiarte, no se te frotó con sal ni se te envolvió en pañales. Nadie se apiadó de ti para cuidarte. Te echaron en pleno campo porque eras repugnante, el día de tu nacimiento". El colmo del desamparo para un inocente recién nacido.

   -"Pasé junto a ti y te vi". No olvidemos que es Dios quien habla.

   -"Te agitabas en tu sangre. Yo te dije: ¡"vive"!" Dios nos dice: «Vive». Dios quiere que vivamos.

   "Te hiciste cada día más hermosa y llegaste al esplendor de una reina". Inmensa aventura. Inmensa sarta de beneficios.

   Per luego viene el pecado, la ingratitud, la infidelidad. La herida de amor hecha a aquel por quien hemos sido colmados.

   -"Pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud". Dios nos ama hasta ser siempre fiel, incluso si no lo somos: -"Yo mismo restableceré mi alianza contigo, para que te acuerdes… cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho -palabra del Señor Dios". Señor, quiero «gustar» este Amor infinito que me cobija. Páginas como éstas son ya páginas de evangelio: percibimos a Jesús, que "por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo". Oímos por avanzado, las parábolas de la misericordia, de la oveja perdida, del hijo pródigo... Es la profecía ya expresada en la esposa perdida y hallada de nuevo, del amor extinguido cuya llama renace (Noel Quesson).

   2. El responsorio, tomado de Isaías 12, reza: "Él es mi Dios y Salvador: / confiaré y no temeré, / porque mi fuerza y mi poder es el Señor, / él fue mi salvación… Dad gracias al Señor, / invocad su nombre" y nos ponemos a cantar al mundo: "Qué grande es en medio de ti / el Santo de Israel."

   3. Jesús, nos dejas unas recomendaciones en tu camino a Jerusalén: hoy, la indisolubilidad del matrimonio. El divorcio era algo admitido. Como hoy, también entonces unos multiplicaban los motivos para que el marido pudiera pedir el divorcio (no aparece que lo pueda pedir la mujer), y otros eran más estrictos, sólo lo admitían en casos extremos, por ejemplo el adulterio. La excepción que admite Jesús («excepto en caso de porneia») no sabemos bien a qué se puede referir, podría referirse a "unión ilegal" (aquellos que vivían juntos sin estar casados, pueden separarse y casarse bien), pero desconocemos si se refería a la prostitución sagrada o cualquier otra cosa. En cualquier caso, el mensaje central es que Jesús reafirma la indisolubilidad del matrimonio, recordando el plan de Dios: «ya no son dos, sino una sola carne: así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre» (cf Gaudium et spes 48). Al mismo tiempo, negando el divorcio, restableces la dignidad de la mujer, que no puede ser tratada, como lo era en aquel tiempo, con esa visión tan machista e interesada.

   Tanto "el sacramento del Matrimonio y la virginidad por el Reino de Dios, vienen del Señor mismo. Es él quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad. La estima de la virginidad por el Reino y el sentido cristiano del Matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente:

   Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad... (S. Juan Crisóstomo" (Catecismo, 1620).

 

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: la amistad con Dios se rompe con el pecado, y la separación es como una muerte, pero tiene un sentido salvífico por la aceptación del dolor padecido y el perdón

Miércoles de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: la amistad con Dios se rompe con el pecado, y la separación es como una muerte, pero tiene un sentido salvífico por la aceptación del dolor padecido y el perdón

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (9,1-7;10,18-22): Oí al Señor llamar en voz alta: «Acercaos, verdugos de la ciudad, empuñando cada uno su arma mortal.»

   Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte, empuñando mazas. En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con los avios de escribano a la cintura. Al llegar, se detuvieron junto al altar de bronce. La gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, yendo a ponerse en el umbral del templo.

   Llamó al hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura, y le dijo el Señor: «Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén y marca en la frente a los que se lamentan afligidos por las abominaciones que en ella se cometen.»

   A los otros les dijo en mi presencia: «Recorred la ciudad detrás de él, hiriendo sin compasión y sin piedad. A viejos, mozos y muchachas, a niños y mujeres, matadlos, acabad con ellos; pero a ninguno de los marcados lo toquéis. Empezad por mi santuario.» Y empezaron por los ancianos que estaban frente al templo.

   Luego les dijo: «Profanad el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salid a matar por la ciudad.»

   Luego la gloria del Señor salió, levantándose del umbral del templo, y se colocó sobre los querubines. Vi a los querubines levantar las alas, remontarse del suelo, sin separarse de las ruedas, y salir. Y se detuvieron junto a la puerta oriental de la casa del Señor; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos. Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y me di cuenta de que eran querubines. Tenían cuatro rostros y cuatro alas cada uno, y una especie de brazos humanos debajo de las alas, y su fisonomía era la de los rostros que yo había contemplado a orillas del río Quebar. Caminaban de frente.

   2. Salmo 112,1-2.3-4.5-6: Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.

   De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo.

   ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?

   3. Mateo 18, 15-20: «Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no escucha, toma entonces contigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigos. Pero si no quiere escucharlos, díselo a la Iglesia. Si tampoco quiere escuchar a la Iglesia, tenlo por pagano y publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir; mi Padre que está en los Cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» 

B. Comentario:

   1. Ezequiel muestra los males que vendrán. Pascal tradujo en términos inolvidables la condición del hombre siempre amenazada, subrayando, la increíble ligereza de los que no quieren pensar en que se les pedirá cuenta, y siguen distraídos en sus desvaríos. San Juan, en su Apocalipsis usará esta imagen: «Esperad, no causéis daño a la tierra hasta que marquemos la frente de los servidores de nuestro Dios.» (Apocalipsis 7, 3), como también estaba en el Éxodo el día de la comida del cordero.

   2. El Salmo es un canto de alabanza al Señor, reconociendo su grandeza y majestad, de manera continua, a todas las horas del día, desde el amanecer hasta el anochecer, lo que simboliza la necesidad de honrar a Dios continuamente en cada momento de la vida. Destaca la trascendencia de Dios, su soberanía sobre todas las naciones y su gloria que supera los cielos. Al mismo tiempo, subraya su condescendencia y cuidado, ya que, a pesar de su grandeza, Dios se digna a mirar y preocuparse por la creación, tanto en el cielo como en la tierra.

   La grandeza de Dios, su poder soberano y su presencia continua en nuestras vidas, es una llamada a reconocer la inmensidad de Dios y alabarlo con devoción, sabiendo que, aunque es elevado sobre todo, también se ocupa de los más pequeños detalles de nuestra existencia.

   3. La corrección fraterna es una manifestación del amor, para las comunidades cristianas, formada por personas que no son perfectas. Coexisten el bien y el mal. Con el hermano que falta, Jesús, nos muestras un método gradual en la corrección fraterna: el diálogo personal, el diálogo con testigos y, luego, la separación, si es que el pecador se obstina en su fallo.

   No se juzga al pecador, se le perdona. La condena será medicinal, si se niega a vivir en el seno de esa comunidad acogedora (Maertens-Frisque).

   "Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano". La Iglesia no es una comunidad de "puros" –eso se pensaban los cátaros-. Pero nos señalas, Señor, el modo de corregir: "-Ve y házselo ver a solas". El que ve el mal, ha de dar el primer paso. ¿Somos nosotros delicados como lo fue Jesús... o bien nos apresuramos a publicar los defectos de los demás? ¿Corregimos en privado? ¿Nuestras intervenciones intentan "salvar", "ganar" a nuestros hermanos... o contribuyen a hundirles mas todavía?

   "Si no escucha, toma entonces contigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador". Vemos aquí los modos del Antiguo Testamento, y unas oportunidades de rehacerse: son modos de continuar, por otros medios, a querer salvar.

   Son modos sucesivos, por tanto esta corrección con testigos o reprobación pública van después de la privada. También el hecho de remitirse al juicio del conjunto de la comunidad, de la Iglesia, es una medida de prudencia y confianza en el don del Espíritu que ella tiene.

   Es muy bonito ver que hasta la reprensión final, una modo que llamaríamos hoy de "excomunión", también es medicinal, ayuda para la conversión.

   "Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra que dará desatado en el cielo". Jesús, repites aquí a la comunidad las palabras dichas a Pedro como primer creyente (16,19). El perdón es tarea de todos los miembros de la Iglesia: mostrar la misericordia con nuestras vidas.

   "Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos, estoy yo". Jesús, gracias por estar en tu Iglesia, por hacernos ver que todos somos corresponsables en la comunidad.

   La indiferencia no es cristiana, la actitud de Caín es falsa: «¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?». Un centinela tiene que avisar. Un padre no siempre tiene que callar, ni el maestro o el educador permitirlo todo, ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por mal camino, ni un obispo dejar de ejercer su cura pastoral en la diócesis. No es que nos vayamos a meter continuamente en los asuntos de otros, pero nos debemos sentir corresponsables de su bien. La pregunta de Dios a Caín nos la dirige también a nosotros: «¿qué has hecho con tu hermano?». Esta corrección no la ejercitamos desde la agresividad y la condena inmediata, con métodos de espionaje o policíacos, echando en cara y humillando. Nos tiene que guiar el amor, la comprensión, la búsqueda del bien del hermano: tender una mano, dirigir una palabra de ánimo, ayudar a rehabilitarse. La corrección fraterna es algo difícil, en la vida familiar como en la eclesial. Pero cuando se hace bien y a tiempo, es una suerte para todos: «has ganado a un hermano».

   "Las palabras atar y desatar significan: aquel a quien excluyáis de vuestra comunión, será excluido de la comunión con Dios; aquel a quien que recibáis de nuevo en vuestra comunión, Dios lo acogerá también en la suya. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios" (Catecismo 1445). Somos hermanos en la comunidad.

   Corrección fraterna entre amigos, entre esposos, en el ámbito familiar, en una comunidad religiosa, en la Iglesia. Y acompañada de la oración: rezar por el que ha fallado es una de las mejores maneras de ayudarle y, además, nos enseñará a adoptar el tono justo en nuestra palabra de exhortación, cuando tenga que decirse (J. Aldazábal).

   Jesús, tu modo de vivir el perdón lo subvierte todo: rezas y pides el perdón divino para tus verdugos (Lc 23,34); Esteban hace lo mismo ante los que le matan (Act 7,59-60), Pablo (1 Cor 4,12-13) y otros muchos siguen también tu ejemplo. Nos dices que si no juzgamos no tendremos juicio, y añades que Dios nos perdona cuando nosotros perdonemos a nuestros hermanos.

   El poder de atar y desatar indica también los modos de vivir el perdón en la Iglesia: "Toda la virtud de la penitencia reside en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda amistad. El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. En los que reciben el sacramento de la Penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, tiene como resultado la paz y la tranquilidad de conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual. En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera «resurrección espiritual», una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios» (Catecismo 1468).

   Señor, nos dices que "donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos": veo la importancia de rezar en familia, hacer la oración acompañado de otros, y de muchas costumbres en las que los cristianos se reúnen para rezar: procesiones, romerías, etc.

   Jesús, Tú estableciste que la reunión de cristianos por excelencia fuera la Santa Misa: «haced esto en memoria mía» (Lucas 22,19).

   En la Santa Misa, Tú estás en medio de nosotros de manera muy especial: te haces presente en la Eucaristía con tu cuerpo y sangre, alma y divinidad.

   Por eso, la Santa Misa es el mejor lugar para pedirte lo que necesito, y también para alabarte, darte gracias y pedirte perdón.

   Si esto es así, ¿no es raro que muchos cristianos se sientan urgidos para recortar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar?

   Jesús, lo que pasa es que me falta fe para descubrir tu presencia en la Misa.

   Auméntame mi fe.

   Precisamente la Misa es el mejor momento para pedirte que aumentes mi fe, especialmente en la Consagración y en la Comunión, pues la Eucaristía es el Sacramento de nuestra Fe (Pablo Cardona).

 

Martes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: El Reino de Dios es de los pequeños, que son la predilección del Señor

Martes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: El Reino de Dios es de los pequeños, que son la predilección del Señor

 A. Lecturas

   1. Ezequiel (2,8–3,4): Así dice el Señor: «Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.» Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

   Y me dijo: «Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel.» Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.» Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel. Y me dijo: «Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.»

   2. Salmo 118,14.24.72.103.111.131: Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.

   Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

   Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

   ¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca!

   Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón.

   Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.

   3. Mateo 18, 1-5.10.12-14: «En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo preso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos.

   ¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar a la que se ha perdido? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.»

 

B. Comentario:

   2. Ezequiel relata hoy su vocación. Tiene que "comer la Palabra" de Dios, hacerla propia, hacerse una sola cosa con ella, hasta el momento en que, al fin, esa Palabra nos arrastre del todo y nos moldee. -"El Señor me dijo: «Tú, hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte. No seas rebelde como esta casa de rebeldes»"

   -"Abre la boca y come lo que te voy a dar". Un momento al que jamás llegamos del todo y que hemos de perseguir constantemente: por eso la Palabra debe llegar sin cesar a nosotros para que aprendamos a vivir en ella.

   -"Vi una mano tendida hacia mí, que tenía un libro enrollado. Estaba escrito por ambas caras. Contenía cantos lúgubres, lamentaciones y gemidos. Me dijo: Hijo de hombre, come lo que se te ofrece, y ve luego a hablar a la casa de Israel". Este símbolo es claro: el profeta tendrá que transmitir la Palabra de Dios... su palabra humana tendrá un alcance divino, porque primero habrá tenido que asimilar el pensamiento de Dios, para luego ser su portavoz. Y porque se acerca el Exilio con su cortejo de sufrimientos, lo que tendrá que comer es muy amargo, es: «luto, lamentaciones, gemidos». Asumir mi existencia. Hacer frente a lo que se presente.

   -"Aliméntate y sáciate de este rollo que te doy". La Palabra de Dios hay que masticarla, alimentarse y saciarse de ella. Nos evoca el discurso de Jesús como «pan de vida»: «Trabajad no ya por el alimento perecedero sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna... El pan de Dios da la vida al mundo... Quien venga a Mí, no tendrá nunca hambre... Quien coma de este pan, vivirá eternamente...»

   ¿Me alimento suficientemente de la Palabra de Dios? ¿Transformo esta Palabra en mi propia carne, en mi propia vida? de tal manera que no quede todo en palabras, sino en comportamientos, en actos concretos (Noel Quesson).

   -"Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel. Me dijo entonces: «Hijo de hombre ¡levántate! Ve a la casa de Israel, y le hablarás con mis palabras»"

   2. El Salmo nos ayuda a estar unidos a la voluntad divina: "mi alegría es el camino de tus preceptos, / más que todas las riquezas".

   Esto nos da la felicidad: "Tus preceptos son mi delicia, / tus decretos son mis consejeros".

   Te pedimos, Señor, ser fieles a tu Palabra: "Más estimo yo los preceptos de tu boca / que miles de monedas de oro y plata".

   Quiero gustar tu bondad, Señor: "¡Qué dulce al paladar tu promesa: / más que miel en la boca!  / Tus preceptos son mi herencia perpetua, / la alegría de mi corazón". / Abro la boca y respiro, / ansiando tus mandamientos".

   3. Este es el cuarto de los cinco discursos de las enseñanzas de Jesús, sobre la vida de la comunidad, por eso se llama «discurso eclesial» o «comunitario». Es sorprendente que el más importante no va a ser ni el que más sabe ni el más dotado de cualidades humanas: «llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino». Lo pequeño, humilde… "si me preguntáis qué es lo más importante en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, lo segundo la humildad, y lo tercero la humildad" (S. Agustín). ¿Un niño el más importante?

   Jesús, te pido que la lección me aproveche, para no ir buscando los primeros lugares y creer que soy más importante con la ciencia o dotes de liderazgo o prestigio humano. Que sepa hacerme como un niño en su pequeñez, indefensión, apertura y confianza, porque necesita de los demás. Que cambie de actitud, me convierta, sea sencillo de corazón, abierto, no demasiado calculador, ni lleno de mí mismo, sino convencido de que no puedo nada por mis solas fuerzas y necesito de Dios.

   «Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños». Jesús vino como el Siervo, no como el Triunfador. No vino a ser servido, sino a servir. Nos enseñó a no buscar los primeros lugares en las comidas, sino a ser sencillos de corazón y humildes. Los orgullosos, los autosuficientes como el fariseo que subió al Templo, ni necesitan ni desean la salvación: por eso no la consiguen (J. Aldazábal).

   Un infantilismo malo sería reducir a Dios al papel de policía o de contable que castiga las faltas o sopesa los méritos. Reducir la religión a una acumulación de ritos y preceptos a los que es necesario ser fiel si se quiere "ganar el cielo" y "salvar el alma"; los sacramentos, los medios para procurarse la buena conciencia o estar en regla; y el pecado, la trasgresión de una ley que debe evitarse por temor al castigo que le seguirá (Colete Hovase).

    "Cualquiera que se haga tan "pequeño" como este chiquillo, ése es el más "grande"..." Es la primera regla de vida comunitaria: cuidar de los más pequeños... hacerse uno mismo pequeño...

   -"Y el que acoge a un chiquillo como éste por causa mía, me acoge a mí". ¡El que toca a un niño, toca a Jesús! San Pablo descubrirá esto en el camino de Damasco: "¡Yo soy Jesús, a quien tú persigues!"

   -"Cuidado con mostrar desprecio a un pequeño de esos, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial".

   Los pequeños son también los necesitados, desvalidos… Ayúdame, Jesús, a no ser intransigente con los demás, sino que aprenda de ti, Buen Pastor, que no esperas el arrepentimiento para amar al pecador sino que lo dejas todo para ir en su búsqueda. Me hace pensar en tu corazón ver a alguna madre, cuando se da por entero sin esperar correspondencia. Los pequeños son los indefensos… te pido, Jesús, que la Iglesia y sus instituciones seamos según tu corazón, y nunca demasiado severos con los pobres y pecadores (Maertens-Frisque). Así los hacían los primeros cristianos como cuenta San Ignacio de Antioquia: «Orad sin interrupción por los demás hombres. Hay en ellos esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios. Volveos hacia ellos, para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. Ante su cólera estad llenos de dulzura. Ante su jactancia tened sentimientos de humildad. Ante sus blasfemias, estad en oración. Ante sus errores, permaneced firmes en la fe. Ante sus violencias, sed pacíficos, sin imitarlos».

   -"Suponed que un hombre tiene cien ovejas y que una se le extravía; ¿no deja las noventa y nueve en el monte para ir en busca de la extraviada?" Cada oveja, por pequeña y pecadora que parezca, comparada con todo el rebaño, es preciosa a los ojos de Dios: él no quiere que se pierda ni una. Así decía S. Asterio de Amasea: "jamás desesperemos de los hombres ni los demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos remisos en ayudarlos, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de hacerlos volver al camino, nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente". Todos somos esa oveja al mismo tiempo, necesitados del Señor… oveja…

   -"Pues lo mismo es voluntad de vuestro Padre del cielo que no se pierda ni uno de esos "pequeños"". Los pequeños son los q ue amas, Jesús, por ellos estás dispuesto a ir hasta el final.

Llucià Pou Sabaté

 

15 deagosto: Solemnidad de la Asunción de la SantísimaVirgen: María es el Arca de la Alianza que nos ha traido el Cielo a la tierra ycuando Jesús ha ido al cielo ella ha ido con su hijo, donde nos espera y nosayuda como Madre

 

15 de agosto: Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen: María es el Arca de la Alianza que nos ha traido el Cielo a la tierra y cuando Jesús ha ido al cielo ella ha ido con su hijo, donde nos espera y nos ayuda como Madre

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis 11,19a;12,1-6a.10ab. Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se vio el Arca de la Alianza.

   Hubo rayos y truenos y un terremoto: una tormenta formidable.

   Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, le llegó la hora, y gritaba entre los espasmos del parto.

   Apareció otro portento en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas.

   Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.

   El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera.

   Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos.

   Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto la mujer escapaba al desierto.

   Se oyó una gran voz en el cielo: «Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías».

   2. Salmo 44,11.12ab.16: Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna.

   Prendado está el rey de tu belleza; póstrate ante él, que él es tu señor.

   Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.

   3. I Corintios 15,20-26. Hermanos: Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto; primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

   Cristo tiene que reinar hasta que Dios «haga de sus enemigos estrado de sus pies».

   El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque dice la Escritura: «Dios ha sometido todo bajo sus pies».

   4. Lucas 1,39-56. En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

   María dijo: -Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.

   María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

 

B. Comentario: 

   1. Cada uno de los pasajes de la vida humilde de la Virgen María resaltan su fe y su humildad, pero puede ser la fiesta de hoy la gran fiesta que supera todas las demás fiestas de la Virgen María, porque hoy celebramos que va unirse al cielo en cuerpo y anima con su hijo amado, y ella que estuvo en vida tan unida a Jesús le siguió al cielo donde está completamente unida a su Hijo. Por eso resplandece como un signo de esperanza firme y de consuelo para todos nosotros, podemos decirle que ella que ha llegado arriba a la cima nos prepare un camino seguro para llegar nosotros también. Ella ya posee en plenitud lo que nosotros creyentes tenemos sólo en la esperanza, como dice la primera lectura de la Misa: "apareció en el cielo un gran prodigio: una mujer que tenía el sol por vestido, la luna bajo sus pies y llevaba en la cabeza una corona de doce estrellas..."

   Hoy celebramos la victoria final de la Virgen, entra en la gloria como Reina de los cielos y de la tierra y Mediadora universal entre Dios y los hombres. Desde siempre, los cristianos han creído en el misterio de la pascua de María, su traspaso. Nuestro pueblo siente profundamente esa solemnidad. Ya hace siglos que nuestras iglesias parroquiales tienen la litera de Nuestra Señora durmiendo, antes de su glorificación. En 1950 el Santo Padre Pío XII proclamó este dogma.

   El Apocalipsis es un libro que nos habla de simbologías misteriosas y un templo celeste con el Arca de la Alianza, de "una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas". El dragón quería luchar contra ella… el demonio que se llevó muchos ángeles con él, y quería hacer daño al niño, pero no pudo. Las 12 estrellas que rodean a la Virgen son las tribus de Israel, que simbolizan todo el mundo. Se inspiraron en esa imagen para hacer la bandera de la Unión Europea. Ella representa la gloria, con su vestido de sol. La luna representa el tiempo.

   María es el Arca de la Alianza que nos trae a Jesús. La celebramos este día en muchos pueblos y le dedicamos nuestros mejores regalos, para demostrarle nuestro cariño. Es un buen día para decirle a nuestra Madre que queremos estar junto a Jesús, en sus brazos. Que nos proteja, y nos guía al cielo donde ella está con su Hijo y con Dios Padre y el Espíritu Santo. Que le ofrecemos nuestro corazón para que esté con el suyo y nos enseñe a amar como ella ama, a perdonar y hacer las paces enseguida, a arreglar las cosas y desenfadarnos enseguida, a ser generosos con lo nuestro.

   Ella ha sido llevada al cielo para que desde allí sea la Madre de la Iglesia, de cada uno de nosotros, y nos guía como una estrella para que no equivoquemos el camino

   AVE es al revés de EVA, María arregla con el "sí" que le dijo al ángel cuando la saludó con AVE el estropicio del "no" que dijo EVA cuando la tentó el demonio. Ella vence al dragón rojo, que es la serpiente del primer pecado. La imagen del dragón con siete cabezas aparece ya en los textos mitológicos de Ugarit y significa la irrupción brutal y la superioridad aplastante con que aparece el mal. Se puede ver en el fondo de esta descripción una alusión a la lucha entre Satanás y los ángeles en el cielo; la serpiente y el hombre en el paraíso.

   2. El Salmo habla de "las nupcias del rey..." y "la esposa predilecta..." Jesús es un enamorado, "ama a su pueblo" y "el reino de Dios es semejante a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo".

   Con María comienza la Iglesia. Ella, que acompañó el nacimiento de la Iglesia católica, al igual que engendró a su Hijo también todos los cristianos somos hijos suyos, y Jesús lo dijo bien claro cuando proclama a su Madre: "he aquí a tu hijo" mirando a Juan y mirando a cada uno de nosotros.

  A veces nos preguntamos: ¿se encuentra aquí o allá la reliquia de este santo? La Iglesia ha dicho bien claro que no hace falta seguir buscando: María ha sido llevada al cielo. Lo dice así el último Concilio: "La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta a la gloria celestial en cuerpo y alma" (LG 59). Los ángeles se alegran. Es toda una Corte celestial que sale a recibir a su Reina, y que preguntan a corazón: "¿Quién es ésta que sube del desierto de la tierra, apoyada sobre su Amado. Y dicen que llevas a Dios Padre contestó: -Ésta es mi Hija predilecta, en la que el pecado no ha tenido ni la parte más pequeña: alabadla. Y que mientras los ángeles cantaban su gloria, contestó también a Dios hijo: -Esa es mi madre, la que fue digna de que tomara la humana carne de la que me revestí; y Dios Espíritu Santo contestó: -Esta es mi esposa, la que me ha hechizado con una mirada de sus ojos, con un pelo de su cabeza, y se ha convertido en habitación mía preferida, en la que he formado el cuerpo del hombre-Dios.

  Y Jesucristo, Rey del cielo y la tierra, levanta a su Madre a lo más arriba por encima del corazón de los ángeles y de todos los espíritus celestiales hasta el mismo trono de la divinidad, el lugar que ocupa la Virgen María en el cielo. Bendita seas, hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo, ¡más que tú sólo Dios! María es la cima de la humanidad, la persona que recibe el mayor don divino, y que es la persona más importante después de Dios.

   3. Y acogió a Juan ya los primeros de la Iglesia como madre; y después dice la tradición que cuando fue llegado el momento de ir al cielo llamó a los Apóstoles, que la acompañaron en el traspaso, que fue un adormecimiento en éxtasis de amor, y así sin estremecimiento de su cuerpo, ni la más pequeña perturbación ni corrupción, habiendo seguido a Jesús en todo lo que hizo, le acompañó también como sierva en su ida al cielo, y también nosotros iremos después, como dice la segunda lectura: "Cristo el primero, después... quienes son de Cristo".

   El valor de la vida no depende de la realización de las grandes empresas que soñamos, sino de la aceptación fiel de la voluntad de Dios. Pidámosle hoy que nos ayude a seguir el camino que nos muestra, "que con la mirada fija en lo celestial, merecemos de tener parte en su gloria". Ella es nuestra Madre y tenemos derecho a pedir su ayuda, seguros de que no puede fallarnos, Jesús no puede decir que no a su Madre, y ella es intermedia de todas las gracias de Dios, todas las ha puesto a Dios en sus manos de madre, y ella es nuestro consuelo y esperanza.

  No debemos tener miedo a nuestra flaqueza, pues ella se compadece, es la Madre de la misericordia. Está en el cielo, nuestra guerra por la salvación está ganada, aunque perdamos alguna batalla. Su asunción es una anticipación de la nuestra. La fe nos dice que todo tiene un sentido divino, la historia es como un tapiz que se teje entre Dios y nosotros y que nunca vemos totalmente pues por el lado que se teje no se ve el diseño completo por los nudos y remiendos. Encomendémonos a ella con toda confianza y sentiremos cómo Ella nos acompaña por el camino de la vida hacia donde ella ya ha llegado, la felicidad del cielo.

  Cristo es la primicia de los resucitados. Es la primera gavilla de la gran cosecha que Dios recoge de la siembra en el mundo. La primera gavilla indica que la cosecha ha empezado. María es la segunda en subir al cielo. La primera totalmente humana, o sola mujer, que es la esperanza de que nosotros también estaremos con ella, nuestra madre. Es como si nos tuviera de la mano y nos lleva con ella hacia arriba con Jesús.

   4. En el Evangelio vemos qué tiene esta Señora, Princesa del mundo entero, qué hizo aquella doncella sencilla que fue a la montaña a ver a su prima Isabel, y la saludó como decimos al Ave María: "bendita entre todas las mujeres y bendito el fruto de tus entrañas". Esta pequeña oración del avemaría expresa nuestro amor filial. Ella conservaba en su corazón todas las cosas, las meditaba, y es modelo de interioridad para nosotros. María contestó a su prima: "mi alma magnifica al Señor ...porque ha mirado la pequeñez de su sirvienta. Desde ahora todas las generaciones me dirán bienaventurada, porque el Todopoderoso obra en mí maravillas... ensalza a los humildes". Ella alaba a Dios y se ve pequeña, esclava del Señor, tanto amó la voluntad de Dios que busca sólo cumplirla y esa humildad la hace feliz, bienaventurada.

   El canto que María hace, dando gracias a Dios, es como un resumen de tantas profecías sobre la fe, como proclama Isabel: "dichosa tu porque has creído".

   En la Misa de hoy pedimos a María que nos conceda "el premio de la gloria", que "lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo". Como la Virgen prorrumpió en el canto del Magnificat, así nosotros expresamos nuestra alegría y nuestra admiración por lo que Dios hace, en cantos, en aclamaciones y, sobre todo, en la Plegaria Eucarística. Es nuestra respuesta a la acción de Dios: nuestro "Magnificat" continuado según las palabras de Jesús: "quien come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá la vida eterna, y yo le resucitaré el último día".

Llucià Pou Sabaté

jueves, 15 de agosto de 2024

Martes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: El Reino de Dios es de los pequeños, que son la predilección del Señor

Martes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario: El Reino de Dios es de los pequeños, que son la predilección del Señor

 

A. Lecturas:

   1.   Ezequiel (2,8–3,4): Así dice el Señor: «Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.» Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes. Y me dijo: «Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel.» Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.» Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel. Y me dijo: «Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.»

   2. Salmo 118,14.24.72.103.111.131: Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas.

   Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros.

   Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

   ¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca!

   Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón.

   Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos.

   3. Mateo 18, 1-5.10.12-14: «En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo preso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos.

   ¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar a la que se ha perdido? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.» 

B. Comentario:

 

   1. Ezequiel relata hoy su vocación. Tiene que "comer la Palabra" de Dios, hacerla propia, hacerse una sola cosa con ella, hasta el momento en que, al fin, esa Palabra nos arrastre del todo y nos moldee. -"El Señor me dijo: «Tú, hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte. No seas rebelde como esta casa de rebeldes»"

   -"Abre la boca y come lo que te voy a dar". Un momento al que jamás llegamos del todo y que hemos de perseguir constantemente: por eso la Palabra debe llegar sin cesar a nosotros para que aprendamos a vivir en ella (Sal Terrae).

   -"Vi una mano tendida hacia mí, que tenía un libro enrollado. Estaba escrito por ambas caras. Contenía cantos lúgubres, lamentaciones y gemidos. Me dijo: Hijo de hombre, come lo que se te ofrece, y ve luego a hablar a la casa de Israel". Este símbolo es claro: el profeta tendrá que transmitir la Palabra de Dios... su palabra humana tendrá un alcance divino, porque primero habrá tenido que asimilar el pensamiento de Dios, para luego ser su portavoz. Y porque se acerca el Exilio con su cortejo de sufrimientos, lo que tendrá que comer es muy amargo, es: «luto, lamentaciones, gemidos». Asumir mi existencia. Hacer frente a lo que se presente.

   -"Aliméntate y sáciate de este rollo que te doy". La Palabra de Dios hay que masticarla, alimentarse y saciarse de ella. Nos evoca el discurso de Jesús como «pan de vida»: «Trabajad no ya por el alimento perecedero sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna... El pan de Dios da la vida al mundo... Quien venga a Mí, no tendrá nunca hambre... Quien coma de este pan, vivirá eternamente...»

   ¿Me alimento suficientemente de la Palabra de Dios? ¿Transformo esta Palabra en mi propia carne, en mi propia vida? de tal manera que no quede todo en palabras, sino en comportamientos, en actos concretos (Noel Quesson).

   -"Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel. Me dijo entonces: «Hijo de hombre ¡levántate! Ve a la casa de Israel, y le hablarás con mis palabras»"

   2. El Salmo nos ayuda a estar unidos a la voluntad divina: "mi alegría es el camino de tus preceptos, / más que todas las riquezas".

   Esto nos da la felicidad: "Tus preceptos son mi delicia, / tus decretos son mis consejeros".

   Te pedimos, Señor, ser fieles a tu Palabra: "Más estimo yo los preceptos de tu boca / que miles de monedas de oro y plata".

   Quiero gustar tu bondad, Señor: "¡Qué dulce al paladar tu promesa: / más que miel en la boca!  / Tus preceptos son mi herencia perpetua, / la alegría de mi corazón". / Abro la boca y respiro, / ansiando tus mandamientos".

   3. Este es el cuarto de los cinco discursos de las enseñanzas de Jesús, sobre la vida de la comunidad, por eso se llama «discurso eclesial» o «comunitario». Es sorprendente que el más importante no va a ser ni el que más sabe ni el más dotado de cualidades humanas: «llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino». Lo pequeño, humilde… "si me preguntáis qué es lo más importante en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, lo segundo la humildad, y lo tercero la humildad" (S. Agustín). ¿Un niño el más importante?

   Jesús, te pido que la lección me aproveche, para no ir buscando los primeros lugares y creer que soy más importante con la ciencia o dotes de liderazgo o prestigio humano. Que sepa hacerme como un niño en su pequeñez, indefensión, apertura y confianza, porque necesita de los demás. Que cambie de actitud, me convierta, sea sencillo de corazón, abierto, no demasiado calculador, ni lleno de mí mismo, sino convencido de que no puedo nada por mis solas fuerzas y necesito de Dios.

   «Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños». Jesús vino como el Siervo, no como el Triunfador. No vino a ser servido, sino a servir. Nos enseñó a no buscar los primeros lugares en las comidas, sino a ser sencillos de corazón y humildes. Los orgullosos, los autosuficientes como el fariseo que subió al Templo, ni necesitan ni desean la salvación: por eso no la consiguen (J. Aldazábal).

   Un infantilismo malo sería reducir a Dios al papel de policía o de contable que castiga las faltas o sopesa los méritos. Reducir la religión a una acumulación de ritos y preceptos a los que es necesario ser fiel si se quiere "ganar el cielo" y "salvar el alma"; los sacramentos, los medios para procurarse la buena conciencia o estar en regla; y el pecado, la trasgresión de una ley que debe evitarse por temor al castigo que le seguirá (Colete Hovase).

    "Cualquiera que se haga tan "pequeño" como este chiquillo, ése es el más "grande"..." Es la primera regla de vida comunitaria: cuidar de los más pequeños... hacerse uno mismo pequeño...

   -"Y el que acoge a un chiquillo como éste por causa mía, me acoge a mí". ¡El que toca a un niño, toca a Jesús! San Pablo descubrirá esto en el camino de Damasco: "¡Yo soy Jesús, a quien tú persigues!"

   -"Cuidado con mostrar desprecio a un pequeño de esos, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial".

   Los pequeños son también los necesitados, desvalidos… Ayúdame, Jesús, a no ser intransigente con los demás, sino que aprenda de ti, Buen Pastor, que no esperas el arrepentimiento para amar al pecador sino que lo dejas todo para ir en su búsqueda. Me hace pensar en tu corazón ver a alguna madre, cuando se da por entero sin esperar correspondencia. Los pequeños son los indefensos… te pido, Jesús, que la Iglesia y sus instituciones seamos según tu corazón, y nunca demasiado severos con los pobres y pecadores (Maertens-Frisque). Así los hacían los primeros cristianos como cuenta San Ignacio de Antioquia: «Orad sin interrupción por los demás hombres. Hay en ellos esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios. Volveos hacia ellos, para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. Ante su cólera estad llenos de dulzura. Ante su jactancia tened sentimientos de humildad. Ante sus blasfemias, estad en oración. Ante sus errores, permaneced firmes en la fe. Ante sus violencias, sed pacíficos, sin imitarlos».

   -"Suponed que un hombre tiene cien ovejas y que una se le extravía; ¿no deja las noventa y nueve en el monte para ir en busca de la extraviada?" Cada oveja, por pequeña y pecadora que parezca, comparada con todo el rebaño, es preciosa a los ojos de Dios: él no quiere que se pierda ni una. Así decía S. Asterio de Amasea: "jamás desesperemos de los hombres ni los demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos remisos en ayudarlos, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de hacerlos volver al camino, nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente". Todos somos esa oveja al mismo tiempo, necesitados del Señor… oveja…

   -"Pues lo mismo es voluntad de vuestro Padre del cielo que no se pierda ni uno de esos "pequeños"". Los pequeños son los q ue amas, Jesús, por ellos estás dispuesto a ir hasta el final.

Llucià Pou Sabaté