miércoles, 13 de marzo de 2024

Cuaresma 4, jueves: mirar a Cristo es encontrarse a Dios Padre, conocerle, sentir su amor y su perdón

Cuaresma 4, jueves: mirar a Cristo es encontrarse a Dios Padre, conocerle, sentir su amor y su perdón

 

A. Lecturas

   1. Isaías 49,8-15: Esto dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz". Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua.

   Convertiré mis montes en caminos,y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros de la tierra de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados». Sion decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado». ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré.

   2. Salmo 144,8-9.13cd-14.17-18: El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

   El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

   El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

   3. Juan 5,31-47: "«Si yo diera testimonio de mí mismo,  mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No  es que yo busque testimonio de un hombre,  sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz.

   Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz,  ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.

   Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés,  en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?»"

 

B. Comentario:

   1. "En aquellos días dijo el Señor a Moisés: Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo... Se han desviado del camino que yo les había señalado, y se han hecho un toro de metal, y se postran ante él, y le ofrecen sacrificios... Veo que es un pueblo de dura cerviz..." Qué tontería, adorar ídolos, cosas que no son Dios… como se adora el dinero y la fama, el éxito y el poder… "Jesús, está claro que no puedo amarte si primero no creo. La fe es muy importante, porque es el paso previo a la caridad, al amor. Por eso, he de fomentarla y cuidarla; no puedo jugar con la fe, ponerla en peligro. En otros tiempos se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; en nuestra época se enseña a los mismos a negar a Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo, ahora, presentándose con mansedumbre insinuante y rondando, difícilmente se le advierte" (San Agustín). En "El Señor de los Anillos" un protagonista, Gollum, tiene en su poder "el anillo" que da poderes, pero quien se lo pone corre un gran peligro, pues queda por él dominado. No es fácil sustraerse a esos poderes y a ese dominio, pues la codicia lleva a ponerse el anillo, hay una especial atracción en ello. Es entonces cuando el hombre, imagen de Dios, que es libre, se rebaja hasta convertirse en esclavo de los demás.

   Moisés en solidaridad con sus hermanos, rezando por los pecadores, es imagen de Jesús, que intercede por todos los pecadores... Cuaresma es un tiempo en el que la plegaria de los fieles tiene una oración específica por los pecadores, pues nosotros también nos identificamos con Jesús en este punto. En la Postcomunión pedimos: «Que esta comunión, Señor, nos purifique de todas nuestras culpas, para que se gocen en la plenitud de tu auxilio quienes están agobiados por el peso de su conciencia». ¿Cómo va el espíritu de reparación? ¿Desagravio a Dios por los que veo que se portan mal? ¿Intento ayudar a los demás, a salir de las esclavitudes en las que se encuentran? "Te ruego, Señor, en nombre de todos los hombres pecadores. Yo soy uno de ellos, me conozco. Sé también muy bien que muchos están como pegados, ligados a sus hábitos de injusticia, de egoísmo, de impureza, de orgullo, de desprecio, de violencia... ¡nuestros ídolos! y Tú, Señor, quieres liberarnos de todo esto, darnos la auténtica libertad: ¡de tal manera quieres el bien de la humanidad! Sé que Tú perdonas. Que esperas nuestras intercesiones, nuestras plegarias. Ten piedad de nosotros" (Noel Quesson).

   El diálogo entre Yahvé y Moisés es entrañable. Después del pecado del pueblo, que se ha hecho un becerro de oro y le adora como si fuera su dios (pecado que describe muy bien el salmo de hoy), Yahvé habla a Moisés, que intercede ante Dios en defensa de su pueblo. Es una llamada a hacer oración, a que nosotros también hablemos con Dios, como Moisés, que es imagen de Jesús, el único que conoce al Padre, que habla cara a cara con Él.

   2.   Dios nos ama como a la niña de sus ojos, una manera de decir que como se ama a él mismo. Y Jesús viene a darnos este mensaje de amor. "El Padre que me ha enviado es el que da testimonio de mí". En el desierto, los hombres se habían unido a dioses conformes a sus deseos. También en el desierto, Moisés erigió otra señal, un bastón coronado por una serpiente de bronce. Señal desconcertante e irrisoria. Sin embargo, dice la Escritura que los que la miraban eran salvados. Dios, por su parte, ha erigido en el universo la única señal en la que se reconoce: una cruz plantada en el corazón del mundo. Los que la miran quedan salvados (Sal Terrae).

   Te pedimos, Señor, que tu Palabra habite más en nosotros; "hacer habitar la Palabra" en nosotros al fijar la mente, la imaginación en una escena evangélica... Repetir, interiorizar una frase, dejar que fluya nuestra vida al compás de esos sentimientos, para iluminar esos hechos con el amor de Dios, considerar que Dios es amor y sacaremos bien de aquellas circunstancias de nuestra vida, nos ayudará a amar más. "Te lo ruego, Señor. Ayúdame a amarte. Haz que yo sea "amor" de pies a cabeza, para que pueda revelar algo de ti". Ante tanto ídolo, "uno se queda dando vueltas, siempre en lo humano, no hay modo de salir del cielo desesperante "producción-consumo"... producir para destruir... Haría falta que el hombre levantase un poco la cabeza y valorase en sí mismo sus aspiraciones al infinito, al absoluto... Encontrar a Dios. Escuchar a Dios. Contemplar a Dios" (Noel Quesson), buscar su rostro, como decimos en la antífona de entrada: «Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro» (Sal 104,3-4). Como pedimos en la Colecta: «Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar bien dispuestos a las fiestas de Pascua». San Gregorio Magno ensalza la misericordia divina: «¡Qué grande es la misericordia de nuestro Creador! No somos ni siquiera siervos dignos, pero Él nos llama amigos. ¡Qué grande es la dignidad del hombre que es amigo de Dios!» (Homilía 27 sobre los Evangelios). «La suprema misericordia no nos abandona, ni siquiera cuando la abandonamos» (Homilía 36 sobre los Evangelios).

   3. Jesús sigue hablando de su unión con el Padre. ¿Cómo va nuestra presencia de Dios? La madre que tiene el pequeño en la cuna, trabaja arreglando las cosas de la casa; plancha, limpia..., pero siempre está pendiente del hijo. Esta madre tiene presencia del hijo, no lo pierde de vista. Lo mismo que esa madre podemos hacer nosotros con el Señor. Mientras estudiamos, mientras hacemos deporte, cuando estamos en clase, cuando vamos por la calle, a la hora de comer, al meternos en la cama, y en todas las circunstancias en que nos podamos encontrar, son situaciones en las que si nos empeñamos podemos hablar con el Señor, decirle una jaculatoria, pedirle ayuda, etc...

   Podemos repetir durante el día unas palabras que hagan de oración corta (jaculatoria, como flecha encendida) para dirigir al Señor, como: ¡Jesús te amo!, ¡Señor, perdóname porque soy un pecador! Al ver un crucifijo, visitar sagrarios cuando pasas cerca de una iglesia, al hacer un sacrificio, cuando te vienen a la cabeza excusas para no mortificarte, cuando ves que actúas con la ley del gusto. Puedes hacer un poco de examen para ver cómo vas en eso. Señor, yo quiero acordarme y decirte muchas jaculatorias durante el día; recuérdamelo Tú. Y tú, ángel de mi guarda (José Pedro Manglano).

   Jesús, nos dices que Juan Bautista "era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz". Juan hablaba de ti, era testimonio que te señalaba como Cordero de Dios. "Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí". Jesús, estás para cumplir la Pasión, la gran obra, después de tantos milagros y obras buenas, ahora harás tu sacrificio por nosotros y por nuestra salvación. Serás el nuevo Moisés, que se sacrifica hasta el final por la humanidad, por nosotros pecadores.

   Hoy vemos que aceptarte a ti, Jesús, es tener parte en tu vida, para sentir como Tú la urgencia de la evangelización de nuestros hermanos de todo el mundo: "Padre, he venido a este mundo para glorificar tu nombre. He llevado a término tu obra; glorifícame". Hemos visto estos días cómo Tú eres la Luz que ilumina, da vida, refleja un Dios que es amor, que resucita y salva. En la cruz, como Enviado serás objeto de burla. Pues he aquí "la obra" que autentifica tu misión: una vida entregada hasta el final. La cruz derriba los pedestales de los falsos dioses. Los dioses de los justos, de los ricos, de los satisfechos; los dioses cuyas gracias se compran y cuyos favores hay que ganarse...; esos dioses sólo sirven para ser derribados, pues no son más que becerros de oro de pacotilla, imágenes deformadas de quienes las han fabricado. Dios tendrá para siempre el rostro de un crucificado, expulsado fuera de las murallas de la ciudad, ridiculizado, injustamente condenado.

Llucià Pou Sabaté

lunes, 11 de marzo de 2024

Cuaresma 4, martes: Jesús es el agua que da vida; Él cura nuestra parálisis, y nos hace sentirnos responsables de la curación de los demás.

Cuaresma 4, martes: Jesús es el agua que da vida; Él cura nuestra parálisis, y nos hace sentirnos responsables de la curación de los demás.

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (47,1-9.12): En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor. De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar. Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
   El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.
   Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?»,
   Después me condujo por la ribera del torrente.
   Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo: «Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
   2. Salmo 45,2-3.5-6.8-9: Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. Por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.  

   Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Teniendo a Dios en medio, no vacila; Dios la socorre al despuntar la aurora.

   El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Venid a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra.

   3. Juan 5,1-16: "Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina". En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla". El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'". Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado".

 

B. Comentario:

   1. El profeta Ezequiel utiliza la imagen del torrente, símbolo de la vida que Dios da, corriente de agua milagrosa que mana del lado derecho del templo (el lugar de la presencia de Dios y el centro del culto que le es agradable), y todo lo inunda con su salud y fecundidad: "vi que el agua fluía por el costado derecho". Dios ha hecho que brotase del costado de su Amado sangre y agua, río de vida que purifica todo cuanto penetra. Los santos Padres ven ahí las aguas bautismales, las que brotan del costado abierto de Jesús en la Cruz: "esto significa que nosotros bajamos al agua repletos de pecados e impureza y subimos cargados de frutos en nuestro corazón, llevando en nuestro espíritu el temor y la esperanza de Jesús" (Epístola de Bernabé). En san Juan este agua es el Espíritu que mana de Cristo glorificado, que mana del costado derecho de su cuerpo en la cruz.

   Después de ver el río de agua, lo va midiendo y se va cubriendo de agua: "…Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable". El agua que da fertilidad a las aguas muertas simboliza Jesús y su Espíritu. El río recuerda el paraíso, recuerdo de añoranza, el paraíso inicial de la humanidad, regado por los cuatro brazos de agua, y, por otra, al futuro mesiánico, que será como un nuevo paraíso: «Quien tenga sed, que se acerque a mí y beba. Quien crea en mí, ríos de agua viva brotarán de su entraña» (Jn 7,37-38). En Él se ha cumplido esta profecía de Ezequiel; de Él nos viene la gran efusión del Espíritu que simbolizaba el agua. Únicamente de Él nos puede venir la fecundidad, la vida (J. Pedrós).

   La abundancia es imagen del cielo: la cosecha significa que Dios reparte sus bienes… como un río que va creciendo, gracias que cada día irrumpen en abundancia sobre la humanidad... sobre mí... Sin cesar, Dios vierte la abundancia de su vida en mí. ¿Qué atención presto? ¿Cómo respondo a ese don?

   -"¿Has visto, hijo de hombre? Mira, a la orilla del torrente, a ambos lados, había gran cantidad de árboles... toda clase de árboles frutales, cuyo follaje no se marchitará. Todos los meses producirán frutos nuevos". Visión maravillosa: ¡haz que vea, Señor! Que vea el comenzar de nuevo del paraíso terrestre: ese desierto de Judá que al sur de Jerusalén se cubre «de árboles de la vida», que dan «doce» cosechas... ¡no habrá hambre!... Es un sueño que deseo se haga realidad, en los que sufren, en los que no tienen agua, ni frutos, en los que pasan toda su vida en la miseria. Realiza, Señor, tu promesa.

   "-Esta agua desemboca en el «Mar Muerto» cuyas aguas quedan saneadas... así como las tierras en las que penetra, y la vida aparece por dondequiera que pase el torrente". Un «agua nueva» que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida. Su signo actual es el bautismo, que da a nuestros corazones vida (Noel Quesson).

   2. "El Señor es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. Por eso no tememos…" lo que dice el salmo se refiere a nuestra pequeña historia. El agua salvadora de Dios es su palabra, su gracia, sus sacramentos, su Eucaristía, la ayuda de los hermanos, la oración.

   3. El agua es signo del cielo alegrando la ciudad de Dios, y es tema del Evangelio del paralítico de la piscina de Betesda. "Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". Jesús pasó: "¿Quieres quedar sano?". Él trae la libertad: como dice hoy el profeta, la tierra es recreada; los árboles, cuyas hojas no conocen ya los efectos del hielo, dan nuevos frutos cada mes. Cuando Dios da el agua viva, el viejo mundo desaparece.... Nuestra vida reverdece cuando el Espíritu nos inunda. Hemos sido bautizados en la muerte y resurrección de Jesús y pertenecemos a una tierra liberada. Nos ha hecho atravesar el mar y nos ha sumergido en el río de la vida. Pertenecemos al mundo nuevo. En la noche de Pascua, Cristo enterrará nuestras obras estériles, y oiremos el grito de la victoria (Sal Terrae).

   "El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes"". Lleva 38 años de enfermedad, y nada… Jesús, te veo como nuevo Moisés, el hijo de Dios, el Dios que había de venir...  que haces nuevas las cosas, el agua será para curar, para el milagro, como el agua de Caná y la del pozo de Jacob; así como aquella agua de la piscina no podía curar al enfermo, la ley de Moisés no podía dar vida al pecador: sólo podía acusar. San Agustín propone un significado místico al numero: cuarenta es el número de los días de Cuaresma que nos traen la salud, cincuenta es el número de días ya de salud, que siguen a Pascua, hasta Pentecostés, la paga de los trabajadores en la viña, es la posesión de Dios. El pueblo está enfermo desde hace 38 años, le quedan dos cosas que le sanarán, dos mandamientos que la ley de Moisés le había ya escrito en el corazón, y cuyo alcance profundo consiguen con Cristo: "Amarás al Señor, tu Dios y al prójimo como a ti mismo".

   El amor de Dios, hecho visible en la persona de Cristo, ha de apoderarse del corazón del hombre, enfermo por el pecado, a fin de inflamarlo y llevarlo por los caminos de la penitencia: "¡Levántate, toma tu camilla y anda!". Es decir: recorre el camino de la vida tomando en lo de cada día su cruz, que te lleva que lleva a Dios. Entonces serás curado, y sano tendrás ya la vida eterna en tu interior. El primer paso para salir de tu enfermedad es acoger tu verdadero ser, que te muestra el nuevo Adán, que toma la "mochila" de nuestros pecados y la carga él. Remueve las aguas de nuestro corazón, nos da su gracia en su humanidad como sacramento de salvación, y nos da esa luz para iluminar y curar otros corazones.

   -"En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar". Era un sábado, y los judíos comenzaron a molestarle porque "No te está permitido llevar tu camilla". Él les habla de que quien le curó se lo dijo, pero Jesús lo encontró en el templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". Entonces "el hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado". Quien no quiere creer, todo lo ve mal. Ven mal nuestra bondad, y ponen la excusa de que el sábado es el «Israel eterno» donde vive la presencia de Yavhé. Vemos que en la antigua alianza hay muchos elementos del contexto histórico, que se supera con la evolución humana. Por eso Jesús nos dice que Él mismo la nueva Torá y el Templo ahora será su persona. Queda sustituido el sábado por el domingo, día de la Resurrección, con una función social con descanso de ciertas actividades. Y nosotros hemos de ir descubriendo qué diría Jesús hoy, para actualizar ese contexto de entonces y llevar su mensaje a nuestros días.

   Llucià Pou Sabaté

Cuaresma 4, lunes: las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor si tenemos fe hace maravillas, con su Palabra hace nuevas todas las cosas

Cuaresma 4, lunes: las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor si tenemos fe hace maravillas, con su Palabra hace nuevas todas las cosas

 

A. Lecturas:

   1. Isaías (65,17-21): ESTO dice el Señor: «Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.

   Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear: yo creo a Jerusalén "alegría", y a su pueblo, "júbilo".

   Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo, ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido; ya no habrá allí niño que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito.

   Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos».

   2. Salmo 29,2.4.5-6.11-12a.13b: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

   Tañed para el Señor, fieles suyos, celebrad el recuerdo de su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

   Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

   3. Juan 4,43-54: "Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea. Él mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía a su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: "Si no veis signos y prodigios, no creéis". El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea".

 

B. Comentario:

     1. Dice Dios en el libro de Isaías: "Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva". En la película "La Pasión" Jesús tiene un encuentro con su Madre en el camino de la cruz, y la consuela diciéndole que en ese momento, con su sufrimiento, hace nuevas todas las cosas. "Se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo". Jesús ha comenzado ya una nueva creación, los «cielos nuevos y la tierra nueva»; tal comienzo no se detendrá. La historia humana sigue dominada, en gran parte, por el pecado, la corrupción y la muerte; pero algo va cambiando.

   Y Dios dice que se alegra "a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos." Durante un tiempo se pensaba que la vida exitosa era la recompensa, pero sobre todo con la muerte y resurrección de Jesús, lo anunciado aquí es realidad, será en una Vida que va mucho más allá de esta existencia terrenal, como una vuelta al paraíso inicial: Dios quiere que el hombre y la sociedad vuelvan al estado primero de felicidad, equilibrio y armonía. El amor es la ley de esos «cielos nuevos y la tierra nueva» consisten en una nueva relación con Dios y en una nueva justicia con los hombres. Esta existencia ha sido diseñada por el mismo Jesús. Quien sigue sus pasos es una nueva criatura: «El que está en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado; mirad, existe algo nuevo» (2Cor 5,17). Significa el fin de la dependencia de poderes mágicos. Quizá los hyppies buscaban eso, pero la cosa no funciona en nuestra sociedad, el estado primero de felicidad, equilibrio y armonía es más un paraíso interior, que nos lleva al cielo que anhelamos, y en la medida que podamos sembrar ese amor "porque el Reino de Dios está en medio de vosotros". Dolor y alegría, penitencia y expansión, esperanza y resurrección...: «Si tenemos fija la mirada en las cosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias» (Casiano).

   «Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que nosotros lleguemos  a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza que ha de convertirse luego en posesión» (san Agustín).

2. Rezamos en el salmo: "Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste… Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. De este modo, al descenso «a la fosa» se le opone la salida «del abismo»; a su «cólera» que «dura un instante» le sustituye «su bondad de por vida»; al «lloro» del atardecer le sigue el «júbilo» de la mañana; al «luto» le sigue la «danza», al «sayal» luctuoso el «vestido de fiesta».

"Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre… si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría".  Es un canto a alegría de la liberación. Ciertamente, el peligro que ha quedado atrás es grave y todavía provoca escalofríos; el recuerdo del sufrimiento pasado es todavía claro y vivo; hace muy poco tiempo que se ha enjugado el llanto de los ojos. Pero ya ha salido la aurora del nuevo día; a la muerte le ha seguido la perspectiva de la vida que continúa".

"Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor". Tú convertiste mi lamento en júbilo, me quitaste el luto y me vestiste de fiesta, para que mi corazón te cante sin cesar. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!" La aspiración a la victoria se ha mantenido siempre a pesar de todo y se convirtió al final en una esperanza de resurrección. Es la satisfacción de que esta aspiración poderosa ha sido plenamente asegurada con la resurrección de Cristo, por la que nunca daremos suficientemente gracias a Dios". A través de la revelación (libro de Daniel y Macabeos, Job y sapienciales, de forma más directa) se va preparando la esperanza cristiana y de redención.

  3. Las lecturas hasta ahora seguía unas líneas-fuerza, con los tres evangelistas sinópticos y pasajes del Antiguo Testamento correspondientes a unos temas. Ahora comenzamos hasta Pentecostés la lectura semicontinuada de San Juan. Nuestro camino de conversión hace ahora el camino de Jesús, con la creciente oposición de sus adversarios, que acabarán llevándole a la cruz.

   En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de morir. Un funcionario le pidió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. Lo mejor están siempre por llegar, el porvenir de la humanidad es "el gozo y la alegría". Tú lo has dicho. Enfermedades, pruebas, pecados... todo esto se acabará un día. El porvenir no está cerrado. ¡La creación de Dios triunfará! ¡Y que yo, contigo, trabaje en ella! Pero, da también, Señor, a todos los afligidos, ese consuelo. Que todos los que sufren sean reconfortados por la esperanza cierta de esa promesa de felicidad. Hiciste al hombre para la felicidad: ¡creo en la resurrección de la carne y en la vida perdurable! (Noel Quesson).

   "En este momento de mi propia vida, ¿qué "signos y prodigios" estoy tentado, humanamente, de pedir a Dios? Y es muy natural; y quizás hay que pedirlos... Pero, pensando siempre en la invitación de Jesús, que quiere purificar nuestra Fe.

   -Vete, tu hijo vive. Creyó el hombre en la palabra que le dijo Jesús y se fue... San Juan subraya que el hombre creyó en la palabra, sin poderla verificar... Se fue. No tenía ninguna prueba. Tenía solamente "la Palabra" de Jesús. Ante todas tus promesas, Señor, nos encontramos en la misma situación. Ante tu promesa esencial: la vida eterna, la redención total y definitiva, la victoria del amor, la supresión de todo llanto y de todo sufrimiento, la resurrección, la vida dichosa junto a Dios en la claridad... ante toda esta promesa ¡hay que creer en tu palabra! En la Fe, en el salto de la Fe, en la confianza ilimitada de la Fe. "A quién iremos, Señor, Tú tienes palabras de vida eterna".

   -"Reflexionó el padre, que le dejó la calentura a la hora misma que Jesús le dijo: "Tu hijo está bueno"; y así creyó él y toda su familia. Este fue el segundo milagro". Este hijo curado entre tantos otros que no lo serán... hay tan pocos milagros... éste no es sino el segundo- atestigua que el Reino de Dios ha empezado. Dios, creador de los cielos nuevos, una tierra nueva y una humanidad nueva, una vida sin muerte, está actuando. Desde ahora, Señor, quiero creer. Fuerte en esta Fe, ¿cómo puedo cooperar a esta obra de Dios? ¿Cuál será mi forma de luchar contra el mal... y para la vida?" (Noel Quesson).

   Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los tiempos». Victoria de Dios sobre el mal. Realización de la profecía de Isaías. Otra cosa muy bonita es que  Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro. También nosotros podemos ayudar a distancia, como Jesús, con nuestra generosidad; al Tercer Mundo colaborando económicamente con nuestros misioneros o con entidades católicas que están allí trabajando; con los necesitados de nuestro pueblo o ciudad con instituciones como Cáritas. El Señor puede hacer milagros, también con nuestra ayuda: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar»" (san Agustín). Es preciso compatibilizar nuestra misión concreta, lo que nos toca, con la misión solidaria, ser parte de ese "todo" que somos "todos".

   Es preciso compatibilizar nuestra misión concreta, lo que nos toca, con la misión solidaria, ser parte de ese "todo" que somos "todos", preocuparnos por ayudar a los que están lejos y tienen necesidad. Y pedir con la fe de este hombre, como la Madre Teresa de Calcuta contaba que se abandonaba en la providencia divina y encontraba visados en lugares comunistas como en 1980 en Berlín Oriental, gracias a la Virgen.

 

Llucià Pou Sabaté

«Jesús partió de Samaría para Galilea»

Hoy volvemos a encontrar a Jesús en Caná de Galilea, donde había realizado el conocido milagro de la conversión del agua en vino. Ahora, en esta ocasión, hace un nuevo milagro: la curación del hijo de un funcionario real. Aunque el primero fue espectacular, éste es —sin duda— más valioso, porque no es algo material lo que se soluciona con el milagro, sino que se trata de la vida de una persona.

Lo que llama la atención de este nuevo milagro es que Jesús actúa a distancia, no acude a Cafarnaúm para curar directamente al enfermo, sino que sin moverse de Caná hace posible el restablecimiento: «Le dice el funcionario: 'Señor, baja antes que se muera mi hijo'. Jesús le dice: 'Vete, que tu hijo vive'» (Jn 4,49.50). Esto nos recuerda a todos nosotros que podemos hacer mucho bien a distancia, es decir, sin tener que hacernos presentes en el lugar donde se nos solicita nuestra generosidad.

Así, por ejemplo, ayudamos al Tercer Mundo colaborando económicamente con nuestros misioneros o con entidades católicas que están allí trabajando. Ayudamos a los pobres de barrios marginales de las grandes ciudades con nuestras aportaciones a instituciones como Cáritas, sin que debamos pisar sus calles. O, incluso, podemos dar una alegría a mucha gente que está muy distante de nosotros con una llamada de teléfono, una carta o un correo electrónico.

Muchas veces nos excusamos de hacer el bien porque no tenemos posibilidades de hacernos físicamente presentes en los lugares en los que hay necesidades urgentes. Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro.

 La distancia no es ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar».

 

Día 27º. LUNES CUARTO (15 de Marzo): las lágrimas se volverán alegría, porque el Señor con nuestra fe hace maravillas, hace nuevas todas las cosas

 

Dice Dios en el libro de Isaías: "Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos": en la película "La Pasión" Jesús consuela a la Virgen diciéndole que en ese momento, con su sufrimiento, hace nuevas todas las cosas. Con la muerte y resurrección de Jesús ha comenzado ya la nueva creación, los «cielos nuevos y la tierra nueva»; tal comienzo no se detendrá. La historia humana sigue dominada, en gran parte, por el pecado, la corrupción y la muerte; pero algo va cambiando. La convivencia del lobo y del cordero significa que el odio y la hostilidad deben dar paso al amor; la injusticia, al derecho. De hecho, los «cielos nuevos y la tierra nueva» consisten en una nueva relación con Dios y en una nueva justicia con los hombres. Esta existencia ha sido diseñada por el mismo Jesús. Quien sigue sus pasos es una nueva criatura: «El que está en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado; mirad, existe algo nuevo» (2Cor 5,17). Significa el fin de la dependencia de poderes mágicos. Dios es autor de esta creación, y Jesús Señor de la historia. El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: ya nos gustaría, pero no podemos ser hyppies, la cosa no funciona, el estado primero de felicidad, equilibrio y armonía es más un paraíso interior, que nos lleva al cielo que anhelamos, y en la medida que podamos sembrar ese amor "porque el Reino de Dios está en medio de vosotros".

Rezamos en el salmo: "Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste…Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.  

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre… si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría".  

En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de morir. Un funcionario le pidió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los tiempos». Victoria de Dios sobre el mal. Realización de la profecía de Isaías. Otra cosa muy bonita es que  Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro. La distancia no es ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar»" (Octavio Sánchez). Es preciso compatibilizar nuestra misión concreta, lo que nos toca, con la misión solidaria, ser parte de ese "todo" que somos "todos", preocuparnos por ayudar a los que están lejos y tienen necesidad. Y pedir con la fe de este hombre, como recoge Josepedro Manglano esas palabras de la Madre Teresa de Calcuta, que no aceptaba un "no": "En septiembre de 1980 estuve en el Berlín Oriental, donde íbamos a abrir nuestra primera casa en un país bajo gobierno comunista. Llegué de Berlín Occidental con una hermana que debía quedarse allí para iniciar la labor. Habíamos solicitado el correspondiente visado, pero como no nos lo habían concedido todavía, le dijeron que sólo podría permanecer en el Berlín Oriental durante 24 horas; son muy estrictos en eso... Así pues, nos pusimos a rezar "Acordaos" a la Virgen, y al cabo de un rato, sonó el teléfono; no había nada que hacer: la hermana tendría que volverse conmigo... Pero como nunca aceptamos un "no" por respuesta, seguimos rezando y, al octavo "Acordaos", volvió a sonar el teléfono, lo cogí y una voz dijo: "Enhorabuena. Le han concedido el visado. Puede quedarse..." Le habían concedido un visado de seis meses, lo mismo que a otras hermanas. Al día siguiente, regresé a Berlín Occidental, dándole gracias a la Virgen". Madre mía, auméntame la fe y que me dé cuenta de que las cosas que son para bien de Dios o de los demás, el "no" quiere decir "sigue rezando". Tú siempre nos escuchas.

 

 

sábado, 9 de marzo de 2024

Domingo 4º de Cuaresma (ciclo B). Jesús nos habla de la alegría de ser hijos de Dios, que nos hace libres en esta tierra comenzando a saber lo que será el cielo

Domingo 4º de Cuaresma (ciclo B). Jesús nos habla de la alegría de ser hijos de Dios, que nos hace libres en esta tierra comenzando a saber lo que será el cielo

 

A. Lecturas:

   1. II Crónicas 36,14-16. 19-23: En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la Casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén.

   El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.

   Incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del Profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, / descansará todos los días de la desolación, / hasta que se cumplan los setenta años.»

   En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la Palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: / El Señor, el Dios de los cielos, / me ha dado todos los reinos de la tierra. / Él me ha encargado / que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. / Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, / sea su Dios con él y suba!

   2. Salmo 136,1-2.3.4.5.6: Junto a los canales de Babilonia / nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; / en los sauces de sus orillas / colgábamos nuestras cítaras.

   Allí los que nos deportaron / nos invitaban a cantar, / nuestros opresores, a divertirlos: / «Cantadnos un cantar de Sión.»

   ¡Cómo cantar un cántico del Señor / en tierra extranjera! / Si me olvido de ti, Jerusalén, / que se me paralice la mano derecha.

   Que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti, / si no pongo a Jerusalén / en la cumbre de mis alegrías.

   3. Efesios 2,4-10: Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó: estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.

   Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

   Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos.

  3. Juan 3,14-21: "En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

   Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

   Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

   El que cree en Él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

   Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

   Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios".

 

B. Comentario:

   1. Las Crónicas dicen que los de Israel se burlaron de los mensajeros de Dios… se mofaron de sus profetas, y que Dios les encargó que hicieran un templo. Pero era un templo de piedra, donde no vivía el Señor sino el arca de la alianza con las imágenes de ángeles. Nada puede encerrar a Dios que es infinito, como una niña que en la playa hizo un agujero en la arena y a medida que sacaba agua en un cubo más agua entraba en el agujero… quería vaciar el agujero pero no podía porque el agua del mar se filtraba y no se podía sacar con un cubo la inmensidad del océano…

   Es el mismo Dios que nos dice que si le buscamos, ya le hemos encontrado. Para esto hemos de escucharle, estamos distraídos con ruidos y hemos de quitarnos los auriculares de la música del "yo" y "hacer" silencio y allí escuchar a Dios.

   Iba andando un niño con su padre, y éste le pregunta: -"Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?" El niño respondió: -"Estoy escuchando el ruido de una carreta". –"Eso es -dijo el padre- Es una carreta vacía". Preguntó el niño: -"¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?" Respondió el padre: -"Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, porque hace ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace". Cuando veamos a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de los demás de modo inoportuno o violento, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y superior a los otros, recordemos aquello de... "cuanto más vacía la carreta…" Por eso es bueno que aprendamos a rezar en silencio.

   Los últimos domingos vimos la amistad de Dios con Noé (el arco iris fue el pacto que hicieron para celebrar la belleza del paisaje del mundo creado), Abraham también fue amigo de Dios (el pacto de la vida, de formar un pueblo, a partir del hijo Isaac), luego viene Moisés y Dios le da una ley de libertad para que cada uno pueda vivir feliz y hacer felices a los demás. Este domingo nos dice el Señor que, aunque tengamos culpa de las cosas que hacemos mal, no nos castiga Dios, Él sigue siendo fiel a sus promesas. Que aunque tropecemos y nos hagamos daño, Él nos cura y saca algo bueno de aquello: No hay mal que por bien no venga… la fidelidad de Dios es más fuerte que nuestras faltas, y su amor supera todos nuestros egoísmos.

   Lo más importante que podemos saber es sabernos amados por Dios, que nos quiere con locura. Es como si nos tocara el Gordo de la lotería con muchos millones, y tenemos el billete ganador, pero hemos de conocerlo, para saber que nos ha tocado, si no podríamos tirarlo a la basura… y no sólo hemos de saber, sino sentir que somos hijos de Dios: sentir que pase lo que pase será lo mejor porque Él es nuestro Padre y nos llevará al mejor sitio.

   Dicen que en un barco en medio de la tormenta había un niño durmiendo tranquilo, cuando todos tenían miedo de que volcaran y morir ahogados, y le preguntaron al niño: "¿por qué no tienes miedo?¨" y él contestó: "mi padre es el capitán del barco y voy seguro". Así nosotros, siempre seguros porque Dios es el capitán del barco de la vida…

   2. Por eso el Salmo nos habla de acordarnos de Dios: que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti. Juan Pablo II recordaba: "El texto evoca la tragedia vivida por el pueblo judío durante la destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar en el año 586 a. C., y el sucesivo exilio en Babilonia. Nos encontramos ante un canto nacional de dolor, caracterizado por una seca nostalgia de lo que se perdió. Esta sentida invocación al Señor para que libere a sus fieles de la esclavitud de Babilonia expresa también sentimientos de esperanza y de espera en la salvación con los que hemos comenzado el camino"… ahora, de Cuaresma. Dios, que es el último árbitro de la historia, sabrá comprender y acoger, según su justicia, el grito de las víctimas, más allá de los tonos ásperos que a veces adquiere.

   San Agustín decía: "Si somos ciudadanos de Jerusalén… y tenemos que vivir en esta tierra, en la confusión del mundo presente, en la Babilonia presente, donde no vivimos como ciudadanos sino que somos prisioneros, es necesario que lo que dice el Salmo no sólo lo cantemos, sino que lo vivamos: esto se hace con una aspiración profunda del corazón, deseoso plena y religiosamente de la ciudad eterna".

   Los pobres judíos estaban desterrados, lejos del Señor también están los hombres de ahora con esta tristeza, tanto si están en Jerusalén como en las playas del Mediterráneo, por las avenidas de New York entre escaparates y rascacielos, o en cines y salas de fiesta, o jugando a la Play Station: Quieren vivir la vida y disfrutarla, pero las rosas sólo duran un momento y se llenan de espinas y de lágrimas. La libertad no está en ciertas diversiones que nos hacen daño como la droga, sino en el amor de verdad, no está en tener cosas sino en dar.

   Como aquel chico que llevaba un buen bocadillo y se dio cuenta de que su compañero se había olvidado en casa el bocata, y pensó: "si le doy, ¿qué me quedará para mí?" pero enseguida rectificó: "si me lo como, ¿qué quedará para él?" y al invitarle sintió la alegría de ver que era a Jesús a quien daba de comer. Y lo mismo al ayudar a un compañero que iba mal en matemáticas… y en lugar de enfadarse con otro, se puso a reír, diciéndole: "perdona, que estoy un poco tonto". Y en lugar de enfadarse con su madre, también sonrió y le dijo: "tengo mal humor porque he perdido en el fútbol… o no sé lo que me pasa hoy, debe ser el tiempo…" y tomándose a sí mismo en broma, no había forma de amargarse, como cuando antes se tomaba demasiado en serio.

   3. San Pablo nos habla de Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó. La llamada de Dios es algo parecido a lo que hace un director de cine que busca los actores para el guión de su película. "Está sentado frente a su mesa de trabajo, sobre la cual hay desplegadas docenas de fotografías facilitadas por los agentes cinematográficos. Al cabo de un rato, escoge una de ellas, la contempla detenidamente y dice a su secretaria: "Sí, éste es el tipo que necesito para hacer de protagonista de la película. Llámalo y que venga mañana"… es como si Dios hubiera proyectado el Universo como una peli y hubiera escogido a los protagonistas, y cuando pensó en ti pensó: "Éste hará de protagonista, le voy a dar las cualidades para que desarrolle un papel único, personal, y, luego, goce de mi presencia durante toda la eternidad" (L. Trese).

  "Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó… nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él". Pero no hemos de sentirnos prepotentes por estar salvados, pues es siempre "en Cristo, con Cristo"; él es el Salvador, y por eso sigue el Apóstol hablándonos de ser humildes y abrirnos a la gracia del Señor: "Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

   Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos".

   Así comentaba S. Agustín: "Hermanos, si queréis eructar gracia, bebed gracia. ¿Qué significa «bebed gracia»? Conoced la gracia, comprendedla", pues por la gracia hemos sido salvados, "se trata de algo gratuito, tú nada aportaste, nada mereciste, porque si se dio algo en virtud de los méritos, es recompensa, no gracia". Podemos obrar el bien unidos a Dios: Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para las obras buenas a fin de que caminemos en ellas (Ef 2,10).

   Hoy, la liturgia nos ofrece un aroma anticipado de la alegría pascual. Los ornamentos del celebrante son rosados. Es el domingo "laetare" que nos invita a una serena alegría. «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis...», canta la antífona de entrada. Dios quiere que estemos contentos. La psicología más elemental nos dice que una persona que no vive contenta acaba enferma, de cuerpo y de espíritu. Ahora bien, nuestra alegría ha de estar bien fundamentada, ha de ser la expresión de la serenidad de vivir una vida con sentido pleno. De otro modo, la alegría degeneraría en superficialidad y majadería. Santa Teresa distinguía con acierto entre la "santa alegría" y la "loca alegría". Esta última es sólo exterior, dura poco y deja un regusto amargo. Podemos vivir siempre contentos porque Dios nos ama locamente, tanto que nos «dio a su Hijo único» (Jn 3,16). Pronto acompañaremos a este Hijo único en su camino de muerte y resurrección. Contemplaremos el amor de Aquel que tanto ama que se ha entregado por nosotros, por ti y por mí. Y nos llenaremos de amor y miraremos a Aquel que han traspasado, y crecerá en nosotros una alegría que nadie nos podrá quitar (J. Mateo).

   3. "En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna". Jesús, veo como explicas a Nicodemo que es necesaria tu pasión para nuestra salvación. "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna". Sé que estás siempre conmigo, Jesús, y quiero que me guíes, como cuando era pequeño tomaban el manillar de mi bicicleta, para que no cayera. Quiero que me lleves, especialmente cuando encuentro en la vida sitios más difíciles, porque cuando me entra el miedo al pasar por un sitio difícil, me caigo, en cambio si me encuentro seguro, ya no tengo miedo y paso bien. Y también quiero sentir tu presencia especialmente en las cuestas (cuando las cosas se me ponen cuesta arriba: estudiar cuando es difícil, estar atento en una clase, ser puntual al levantarme…). Tú me ofreces tu amor, y me das los medios para llegar, esas vitaminas (tu palabra, la Confesión, la Comunión) para que seas Tú quien le dé a los pedales, le da fuerza para subir…

   "Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él". Dios no condena, pero el que no sabe que Dios le ama se lo pierde, y si prefiere la oscuridad a la luz, se hace daño porque no ve. Es como si estuviéramos en una habitación a oscuras, nos vamos pegando con los muebles, enfadados porque tropezamos con todo, todo nos parece un obstáculo (un fracaso, algo que no me gusta del comportamiento de los demás… y digo que mi vida es un desastre…). Pero si encendemos la luz, vemos que está todo muy bien puesto. Incluso cuando hay dificultades y dolor, Dios nos da el remedio que vemos como signo en las farmacias: en el desierto las serpientes mordían a la gente y Moisés hizo la serpiente de bronce y quien la miraba quedaba curado. Así Jesús se sube a la cruz y cuando lo miramos nos curamos: el árbol de la vida que se perdió con el pecado ha vuelto a surgir con la cruz, el árbol de salvación. Propósito: rezar cada día (mirar a Jesús) y con Él hacerlo todo más fácil (y concretar cada día una cosa para mejorar esta cuaresma, ir ganando batallas).

Llucià Pou Sabaté

viernes, 8 de marzo de 2024

Cuaresma 3, sábado: la misericordia divina se vuelca en nuestro corazón, cuando nos dejamos querer por Dios y llenar de su misericordia

Cuaresma 3, sábado: la misericordia divina se vuelca en nuestro corazón, cuando nos dejamos querer por Dios y llenar de su misericordia


A. Lecturas:

1. Oseas 6, 1-6: "Esto dice el Señor a su pueblo, previendo cómo acudirá a Él en su aflicción: madrugarán para buscarme, y se dirán: ¡Ea, volvamos al Señor! Él nos desgarró, él nos curará; él nos hirió, él nos vendará. En dos días nos sanará, el tercero nos resucitará y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz…

Esto dice el Señor: Yo os herí por medio de profetas, y si os condené por las palabras de mi boca; y lo hice porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos"

2. Salmo 50, 3-4.18-19.20-21ab: Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado… / Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tu no lo desprecias. / Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptaras los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos.

  1. "En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: '¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!'. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado»" (Lucas 18,9-14).

B. Comentario:

1. Hoy también es el profeta Oseas el que nos invita a convertirnos a los caminos de Dios, pero una conversión que esta vez vaya en serio, pues el pueblo volvía una y otra vez a sus desvaríos. Una vez más se nos dice en qué ha de consistir la conversión: no en ritos exteriores, sino en la actitud interior de la misericordia, esa es la luz del alma: "Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz…" Lo que Dios espera de nosotros es que le amemos. «Es amor lo que quiero». Un amor que se transforme en misericordia, a imagen de Dios, y que empape todos los actos de nuestras vidas.

Es la iluminación que Dios ha puesto en el corazón, y que sigue diciendo que "quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos". Aunque no correspondamos bien, Dios se mueve a base de "misericordia" ("jésed" que significa también "lealtad", "fidelidad", "piedad" y "gracia"...): "Indica la dulzura de un lenguaje común, algo así como esa atmósfera de entendimiento en el amor que tienen quienes comparten unas mismas convicciones, unos mismos afectos, es decir: los que están en comunión. Cuando el Señor dice como en la primera lectura y el salmo: "yo quiero jésed y no sacrificios", está refiriéndose a esa relación entrañable de proximidad y amor. Los "sacrificios" son un modo de establecer un pacto con Dios, un modo de negociar con él. Y eso es detestable para quien quiere que exista una atmósfera de amor y comunión. Por eso la "jésed" va unida a la "da-aht", que suele ser traducida por "conocimiento" de Dios". El amor no entiende de "te doy para que me des" (""Da-aht" alude a "estar despierto", "ser consciente, abrir los ojos, darse cuenta".

El sacrifico y el holocausto tienen una lógica que puede volverse ciega y mezquina en su repetición: hago esto y Dios hará aquello. Es necesario tener "da-ath"; es preciso estar conscientes, darse cuenta de Quién es el que nos llama y con Quién estamos tratando. No es una ley anónima, no es una energía sin nombre, no es destino ciego: es el Dios vivo y verdadero y hay que saber Quién es él y qué quiere para agradarle y vivir la "jésed" que él espera de nosotros").

2. "Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado…" El salmo 50, penitencial, es un canto del pecado y del perdón, del "corazón nuevo" y del "Espíritu" de Dios infundido en el hombre redimido.

"Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado Tú no lo desprecias". Vemos al señor oscuro, la región tenebrosa del pecado, pero sobre todo vemos que si el hombre confiesa su pecado, Dios lo purifica con su gracia. A través de la confesión de las culpas se abre un horizonte de luz en el que Dios actúa. El Señor elimina el pecado, y vuelve a crear la humanidad a través de su Espíritu vivificante: infunde en el hombre un "corazón" nuevo y puro, es decir, una conciencia renovada, y le abre la posibilidad de una fe límpida y de un culto agradable a Dios.

"Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptaras los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos". Orígenes habla de una terapia divina: "Al igual que Dios predispuso los remedios para el cuerpo de las hierbas terapéuticas sabiamente mezcladas, así también preparó para el alma medicinas con las palabras infusas, esparciéndolas en las divinas Escrituras... Dios otorgó también otra actividad médica de la que es primer exponente el Salvador, quien dice de sí: 'No tienen necesidad de médico los sanos; sino los enfermos'. Él es el médico por excelencia capaz de curar toda debilidad, toda enfermedad".

Lo mejor está siempre por llegar, decimos a veces llenos de esperanza, pues el sueño del bello largometraje que proyectamos desde pequeños se irá realizando hasta el cielo. Podemos soñar como Dios, que "quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tes 4,3). Ayudamos a este sueño cuando vencemos el mal con el bien, el pecado con la confesión. El perdón hace palanca y con la gracia de Dios tiene tanta fuerza que levanta el alma del pecado y de todo mal. El perdón divino "borra", "lava", "limpia" al pecador y llega incluso a transformarlo en una nueva criatura de espíritu, lengua, labios, corazón transfigurados. "Aunque nuestros pecados fueran negros como la noche -afirmaba santa Faustina Kowalska-, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Sólo hace falta una cosa: que el pecador abra al menos un poco la puerta de su corazón... el resto lo harás tú, mi Dios... Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia termina".

3. "Jesús dijo a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano". No basta la oración, sacrificios, la limosna, y no darnos cuenta de que lo principal que se nos pide es algo interior: la misericordia, el amor a los demás. Importa tener buen corazón, aunque hayan sido grandes los fallos, como Dimas el buen ladrón, que sabe pedir perdón: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42), y con una jaculatoria consigue el cielo, el Señor responde con un premio "rápido": «En verdad te digo, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43). Jesús no tiene "memoria", no se acuerda de que hay purgatorio… pienso que se lo adelantó por el sufrimiento en la cruz, como un examen que se elimina con parciales. Estos días veremos otros ejemplos: Magdalena, Zaqueo, Mateo…

"El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: -'¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias'." El peligro del fariseísmo es estar en regla con Dios, sentirse seguro. Y en cambio lo seguro es estar en manos de Dios, reconocer el pecado: "Ten misericordia de mí que soy un pecador". Señor, ayúdame a saber reconocer mis pecados, mis miserias. Devuelve el valor y el ánimo a todos los desesperados. Que nadie dude de tu amor a pesar de todas las apariencias contrarias. Jesús, revélate tal como eres, a todos nosotros, pobres pecadores (Noel Quesson).

"En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: -'¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!'". Que sepa ir como el publicano, y saludar Sagrarios. Muchos decían a santa Teresa que les hubiese gustado vivir en los tiempos de Jesús. Ella les respondía que no entendía bien por qué, pues poca o ninguna diferencia había entre aquel Jesús y el Jesús que está en el Sagrario. Vamos a quedarnos con esta alegría, de que Jesús esté ahí…

Dale gracias por haberse quedado. Pero dáselas con obras. Cada vez que haces una genuflexión delante del Sagrario, que la hagas bien y diciéndole por dentro: ¡te amo, Jesús; gracias! Que comulgues bien preparado y muchas veces, siempre que te sea posible. Que le visites todos los días...

Si cuando realizas un viaje en coche, en metro, en autobús, te fijaras en la cantidad de iglesias que dejas por el camino, te darías cuenta de que el Señor está en muchos sagrarios que te pasan desapercibidos. Pero no hace falta irse de viaje. Tenemos al Señor muy cerca de nosotros: en el oratorio del colegio, en la iglesia que podamos tener al lado de casa...

Te recomiendo un propósito: cada vez que pases cerca de una iglesia dile al Señor en el sagrario: ¡Jesús, sé que estás ahí!; o le puedes rezar una comunión espiritual: Yo quisiera, Señor, recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos. Continúa hablándole a Dios con tus palabras (José Pedro Manglano).

"Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado». Y no nos preocupemos si no hacemos todo bien, si no estamos "en regla". El amor es lo que marca las distancias, los conceptos de lo cercano y lo lejano. "El fariseo se creía cercano y estaba muy lejos; el publicano parecía distante pero su oración, que era apenas un susurro, alcanzó los oídos del Altísimo. Hemos de pedir misericordia para todos: para el publicano que somos y para el fariseo que duerme en nosotros (Fray Nelson).