jueves, 7 de marzo de 2024

Cuaresma 3, viernes: el amor de Dios está por encima de todo; dejarnos amar por Él, dejar que brote de nuestro corazón, el amor a los demás

Cuaresma 3, viernes: el amor de Dios está por encima de todo; dejarnos amar por Él, dejar que brote de nuestro corazón, el amor a los demás

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías (7,23-28): Esto dice el Señor: «Esta fue la orden que di a mi pueblo: "Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien".

   Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.

   Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.

   Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:

   "Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».

   2. Salmo 94,1-2.6-7.8-9: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

   Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

   Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

   3. Marcos 12,28b-34: "En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos».

   Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas".

 

B. Comentario:

      1. Oseas fue un profeta muy maltratado por el sufrimiento, y se fue volviendo dulce hasta cantar el amor de Dios, que siempre es fiel, aunque los hombres no lo sean: "Israel, vuelve al Señor, tu Dios". Se nos invita a dejar los diosecillos, ídolos, para abrirnos a Dios. En cuanto decimos: "perdona" ya está todo arreglado… "este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y se le ha encontrado" (Lc 15,32). Quien no encuentra el camino de Dios, quien no se deja hallar como oveja perdida, pierde el sentido de la vida (F. Raurell).

   "Yo los curaré de su apostasía, los amaré de todo corazón", el Señor es como un jardinero que nos cuida: "Seré como el rocío para Israel; él florecerá como el lirio y echará sus raíces como el olmo. Sus ramas se extenderán lejos, hermosas como el ramaje del olivo, y su fragancia será como la del Líbano. Volverán a sentarse en mi sombra; cultivarán el trigo, florecerán como la viña y su renombre será como el del vino del Líbano… Yo lo atenderé y lo protegeré. Yo soy como un pino siempre verde; de mí procede todo fruto". Son una colección de gracias que nos vienen de Dios, cuando nos abrimos a su amor: Florecerán como la vid; su renombre será como el del vino del Líbano... imágenes de prosperidad y de felicidad. Frescor. Fecundidad. Belleza. Fragancia. Flores. Solidez. Hay que "saborear" cada una de las imágenes: el rocío... el lirio... el árbol frondoso... el vino... los perfumes... las frutas... (Noel Quesson).

   Estamos en la segunda parte de la cuaresma, si fuera un partido Deportivo de dos partes, estamos en la segunda, más cerca del final, y queremos aprovechar esos días para crecer interiormente, en esa apertura al amor de Dios, y en amor y servicio a los demás. No se es cristiano por un hacer cosas buenas (cumplir los mandamientos) o creer con la cabeza en ideas (unos dogmas fríos) sino por el encuentro con una Persona, Jesús, que provoca en nosotros un agradecimiento, de dejarnos querer por él, por el amor de Dios, y responder con una vida de amor: "Que el sabio comprenda estas cosas, que el inteligente las entienda, porque los caminos del Señor son rectos; por ellos caminarán los justos, mas los injustos tropezarán en ellos". Oseas era también el profeta y el poeta del amor. Ese amor es aún más hermoso. No es sólo un amor que promete la felicidad, si se es fiel. Es un amor que perdona y que pide «Volver». Nos dice: «¡Vuelve!». Como dos esposos que se perdonan. Como dos amigos que reemprenden su amistad después de una temporada de frialdad. He de escuchar esas palabras de ternura.

   2. La roca del agua en el desierto, y el camino de Dios son como el hilo de las lecturas de esta semana. Todo nos lleva a hacer la voluntad divina, vivir el mandamiento del amor. Además, Jesús, al hombre "espiritual, lo sació con miel, y no con agua, para que los que crean y reciban este alimento tengan la miel en su boca" (Orígenes), como hemos dicho con el salmo: "Oigo un lenguaje desconocido:… Clamaste en la aflicción, y te libré, te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente… ¡ojalá me escuchases Israel! No tendrás un dios extraño, …yo soy el Señor, Dios tuyo, que saqué del país de Egipto; abre la boca que te la llene… te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre". Siempre hay una referencia al desierto, porque fue una experiencia fuerte de desierto, de Dios.

   3. "Uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». La Ley de Cristo es el amor a Dios y al prójimo. San Bernardo dice que el amor no necesita que "sirva para nada", "su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para amar. Gran cosa es el amor", es como participar de Dios.  

   Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos»". Hoy Jesús nos hace una receta en la que une dos citas bíblicas, nos dice. «Ama al Señor, tu Dios» (Dt 6,5) y otro lugar del Levítico: «Ama a los otros» (Lev 19,18), Jesús nos da la receta de la nueva Ley, que "cocinada" a fuego lento, con el amor del Espíritu Santo, al "baño María" nos da la mejor comida, la más sabrosa, exquisita, la de que hace felices a los demás y de paso a nosotros, porque para ser feliz hay que darse. Amar, en lo del día a día: en detalles de espíritu de servicio, como bajar la basura o recoger la mesa, hacer la cama pero antes el trabajo bien hecho: escuchar en clase, hacer los deberes y estudiar y luego disfrutar con lo que nos gusta, cultivar aficiones de leer, escribir, música, y todo tipo de juegos… la conversación amable, la serenidad cuando los nervios asoman.

   "Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios»". Cuando nos conectamos al Señor, podemos cargar las pilas, y ningún momento mejor que el de la Acción de Gracias después de comulgar. Como sabes, cuando comemos algo, durante un rato sigue siendo lo que es, pero pasado un tiempo lo convertimos en nuestro cuerpo. Por eso, después de comulgar y por unos diez minutos, tenemos a Jesús dentro de nosotros, al mismo que nació de María Virgen, que convertía el agua en vino, que sanaba a ciegos y cojos, al mismo que murió clavado en la Cruz para perdonarnos de nuestros pecados. Por eso, ¿por qué no aprovechas al acabar la Misa para quedarte un rato sentado hablando tranquilamente con Él, que está físicamente dentro de ti? Es el mejor momento para darle gracias por todo lo que te ha dado en tu vida, para pedirle por tus familiares y amigos, para pedirle perdón por tus pecados y para pedirle que te ayude a sacar adelante aquellas cosas que necesitas. ¡Gracias, perdón y ayúdame más! Continúa hablándole a Dios con tus palabras (José Pedro Manglano).

   "Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas". «El alma no puede vivir sin amor, siempre quiere amar alguna cosa, porque está hecha de amor, que yo por amor la creé» (Santa Catalina de Siena), por eso o nos cargamos de amor de Dios o nos engancharemos a lo primero que nos ofrezcan en la tele o en otro sitio según las modas. Pero entre tantas cosas que hacemos, podemos no tener tiempo para Dios. Y así, nos falta todo porque nos falta el sentido de amar, lo fundamental. Y es que lo más importante no se ve con los ojos del cuerpo sino con los del corazón. Jesús ama al Padre como Dios verdadero nacido del Dios verdadero y, como Verbo hecho hombre, crea la nueva Humanidad de los hijos de Dios, hermanos que se aman con el amor del Hijo. Es la "buena nueva" que mi vida toda debería estar proclamando. ¿Amo yo, efectivamente? ¿A quién amo? ¿A quién dejo de amar? ¿Cómo se traduce este amor? ¿Quién es mi prójimo? "Como tú mismo... Como tú misma...", ¡no es decir poco! ¿Cómo me amo a mí mismo/a? ¿Qué deseo yo para mí? ¿Cuáles son mis aspiraciones profundas? ¿A qué cosas estoy más aferrado? ¿Qué es lo que más me falta? Y todo esto quererlo también para mi prójimo. No debo pasar muy rápidamente sobre todas estas cuestiones. Debo tomar, sobre ellas, una decisión en este tiempo de cuaresma.

   -"No estás lejos del reino de Dios." ¡Jesús felicitó a un escriba! "El Reino de Dios" = ¡amar!, ¡a Dios y a los hermanos! ¡Tantas veces se ha hecho el encontradizo! En la alegría y en el dolor. Como muestra de amor nos dejó los sacramentos, "canales de la misericordia divina". Nos perdona en la Confesión y se nos da en la Sagrada Eucaristía. Nos ha dado a su Madre por Madre nuestra. También nos ha dado un Ángel para que nos proteja. Y Él nos espera en el Cielo donde tendremos una felicidad sin límites y sin término. Pero amor con amor se paga. Y decimos con Francisca Javiera: "Mil vidas si las tuviera daría por poseerte, y mil... y mil... más yo diera... por amarte si pudiera... con ese amor puro y fuerte con que Tú siendo quien eres... nos amas continuamente".

Llucià Pou Sabaté

 

miércoles, 6 de marzo de 2024

Cuaresma 3, jueves: el camino a la felicidad es escuchar la voz de Dios, hacer su voluntad

Cuaresma 3, jueves: el camino a la felicidad es escuchar la voz de Dios, hacer su voluntad

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías 7,23-28: Esto dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
"Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien".
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
"Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca"».
   2. Salmo 94,1-2.6-7.8-9: Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

   Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
   Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

   3. Lucas 11,14-23: "En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Pues, si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama»".

 

B. Comentario:

   1. Jeremías proclama la voz del Señor: "Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo". Es una de las expresiones más perfectas de la Alianza. Una pertenencia recíproca: yo soy tuyo, tú eres mío. Marca el camino seguro, "a fin de que todo os vaya bien y seáis felices". Siempre el mismo lazo entre la «fidelidad» a Dios y la "alegría". No es para tomarlo en un sentido material, de tener éxito: «No te prometo hacerte feliz en este mundo», decía la Virgen a Bernardita Soubirous. A veces los que hacen cosas malas parece que se la pasan muy bien, y que gente buena se la pasan mal en la vida. Pero el que hace el bien, por dentro siente algo íntimo, como un calorcito parecido a la "felicidad", y es la alegría íntima que da el Señor a todos los que se esfuerzan en ser fieles. Dios espera «mi rostro»... cara a cara. Como los que se quieren.

   Y yo me aparto de Él. Como sigue el profeta: "Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante". Los profetas no fueron escuchados: "Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán". Como ellos, los que no te quieren, Señor. Me despisto… y te pido, Señor, que no me despiste, que me acuerde de mis citas contigo, de ir a verte, de rezar ahí donde esté y conectar contigo… para que no digas de mí lo que de aquellos: "-No me escucharon". Solo una cosa puede ponernos tristes: nuestros pecados. Cuando algo malo sucede me he de plantear: "¿es por mi culpa?" Si no, no he de aceptar ese decaimiento, pues ¡bendito sea Dios!, que permite aquello; pero si he pecado –el único mal de verdad- entonces he de rehacer aquello, arreglar la falta de amor con un acto de amor. Es esa conversión la que pide el profeta: -"No me escucharon".

   Tú no nos hablas sólo en la misa o en la oración. Debo escuchar en mi vida, en mi estudio y en mis clases, en mi casa y en mis responsabilidades, en mis amigos y en mis juegos. Pero, con frecuencia, no sé escucharte. Concédeme esa atención que me falta, Señor.

   1. El salmo de hoy nos anima a eso: «ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón». "¡Venga, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!" La roca es Cristo, así como la del desierto se abrió y manó agua, así del corazón de Cristo nos viene la salvación del bautismo.  Es un canto a tu realeza, Señor, y tu Reino está en el árbol de la cruz, tú reinas desde el árbol de la cruz, como dijeron ya los primeros cristianos, "Regnavit a ligno Deus". Como tú dijiste, Señor: "El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10, 43-45).

   Señor, quiero alabarte, y procurar obedecer tu voluntad: "Ojalá hoy escuchéis la voz del Señor"… siento que va por mí: «ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón». Es una continuación de lo que me ha dicho el profeta antes… es lo que rezamos cada día: «hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo», que santo Tomás relaciona al don de ciencia, la ciencia que nos enseña el Espíritu Santo: la de vivir bien, que es no hacer nuestra voluntad sino la de Dios. Por eso, por este don pedimos a Dios que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo. En semejante petición se pone de manifiesto el don de ciencia. Decimos a Dios: Hágase tu voluntad, esto es, que su voluntad se cumpla en nosotros. El corazón del hombre camina derecho cuando va de acuerdo con la voluntad divina, como Cristo: "He bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me ha enviado" (Jn 6,38). Y cuando decimos Hágase tu voluntad, estamos pidiendo cumplir los mandamientos de Dios, que son la voluntad de Dios, que al que ama le resulta placentera: "Ha salido la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón" (Sal 96,11).

   La voz divina penetra con la gracia nuestros corazones, y ya no es esfuerzo humano la lucha interior sino que –dice el Aquinate- en primer lugar se debe a la misericordia divina que no niega su ayuda a quien la pide y confía: «Tres cosas se han de esperar de Dios, puesto que tres hay en el hombre: entendimiento, voluntad y virtud operativa. Por tanto, Dios instruye el entendimiento, satisface la voluntad y fortalece la virtud. Referente a lo primero, dice: le dio la ley en el camino que eligió; es decir, el hombre que teme al Señor elige el camino, a saber, el camino de servir a Dios: "servid al Señor en el temor" (Sal 2,11); "éste es el camino, caminad en él" (Is 30, 21), y en éste instruye de qué manera ha de proceder el hombre. Jerónimo dice: "le enseñaba", y esto lo hace refiriéndose a la ley».

   El Espíritu es quien mueve el corazón en la obediencia a la voluntad de Dios, la piedad de hijo se demuestra por la obediencia a este instinto filial: "lo propio de los hijos es obedecer" (Ef 6,1-3). El cristiano es buen hijo de Dios cuando se une a Cristo para poder con Él decir: "mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y dar cumplimiento a su obra" (Jn 4,34), cumpliendo el consejo de María: "haced lo que él os diga" (Jn 2,5): en esto consiste la santidad cristiana, pues la perfecta santidad es obedecer a Cristo en todas las cosas. En esta obediencia está la felicidad del hombre, al meditar y obedecer la ley. Meditación que ha de ser activa, donde intervienen las potencias del alma.

   Hay muchos que viven esa escucha a Dios, son santos anónimos. "Soy consciente, rezaba Newman, de que a pesar de mis faltas, deseo vivir y morir para gloria de Dios. Deseo entregarme completamente a Él como instrumento suyo para la tarea que quiera y a costa de cualquier sacrificio personal". Hoy hago mía esta oración del converso inglés que tanto hizo por la Iglesia de su país: ¡Señor, aunque no valga nada, aquí estoy para hacer, por Ti, lo que quieras!

   B. Tierno hablaba de los héroes anónimos, que no los saben ni ellos: "Jamás pensé que estar en contacto con la enfermedad y el sufrimiento de los demás podría hacerme tanto bien. Estando de camillero en Lourdes, una señora, medio ciega y sin piernas, rezaba el rosario. Como advertí preocupación en su rostro, le pregunté qué le apenaba. Ella me respondió: "Me entristece este pobre hombre de la camilla de al lado". Se me hizo un nudo en la garganta y pensé, ¡Dios mío! Ella sí que está físicamente mal y, sin embargo, no piensa en sí misma.

   Esta aleccionadora experiencia me la contaba hace unos días en San Sebastián el propio protagonista, Luis, un hombre de mediana edad que, desde hace años, junto con su esposa, asiste como camillero voluntario a los enfermos que peregrinan a Lourdes. Tantas personas anónimas, la mayoría donantes de sangre, como Luis, que no desaprovechan la menor ocasión que se les presenta para ayudar según sus posibilidades, son héroes anónimos.

   Tú nos explicaste que lo que hacemos con los demás lo hacemos contigo. Por eso trataré de ser generoso, Jesús, con los demás. En concreto estos días de Cuaresma procuraré hacer muchos favores. Recuérdamelo, por favor, y que sepas que los haré por amor a ti y a ellos. ¡Cada día, al menos, un buen favor! (José Pedro Manglano).

   3. "Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron". Algunos decían que estaba endemoniado. Pero Jesús les responde que cómo va a ser del demonio quitar demonios, que ningún reino puede durar si está dividido. En cambio, "si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios", porque si él quita demonios es que es más fuerte que los demonios: "cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos" y nos anima a seguirle en su reino: "El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama". Jesús, nos hablas del Evangelio, de ese combate espiritual contra las fuerzas del mal... contigo. Señor, sálvame de mis demonios... líbranos del mal. Eres más fuerte que Batman, que Superman, que todos los héroes, eres mi Salvador. Ven Jesús a combatir conmigo en esta Cuaresma. Cuaresma = energía (Noel Quesson).

   En el ritual del Bautismo hay un gesto simbólico expresivo, el «effetá», «ábrete». El ministro toca los labios del bautizado para que se abran y sepa hablar. Y toca sus oídos para que aprenda a escuchar. Dios se ha quejado hoy de que su pueblo no le escucha. ¿Se podría quejar también de nosotros, bautizados y creyentes, de que somos sordos, de que no escuchamos lo que nos está queriendo decir en esta Cuaresma, de que no prestamos suficiente atención a su palabra? La Virgen María, maestra en esto, como en otras tantas cosas, de nuestra vida cristiana, nos ha dado la consigna que fue el programa de su vida: «hágase en mí según tu palabra» (J. Aldazábal).

 

Llucià Pou Sabaté

 

Cuaresma 3, miércoles: Alabemos a Dios que nos ha enviado a Jesús para darnos una ley nueva: la libertad y el amor de los hijos de Dios

Cuaresma 3, miércoles: Alabemos a Dios que nos ha enviado a Jesús para darnos una ley nueva: la libertad y el amor de los hijos de Dios

 

A. Lecturas:

   1. Deuteronomio 4,1.5-9: Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!". ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.

   2.

Salmo 147,12-13.15-16.19-20: ¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! / El reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti; / Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente; / reparte la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza. / Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: / a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. ¡Aleluya!

   3. Mateo 5,17-19: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

 

B. Comentario:

1. Los caminos que Dios enseña son justos y muy buenos, camino para la felicidad y la vida. Dios se dirige a los hombres como a una persona amada, por su nombre: «Escucha, Israel...» y nos va dando los mandamientos… En estos días de cuaresma trato de estar «a la escucha». «Para vivir» plenamente... Escuchar a Dios para vivir en plenitud. Ayúdame, Señor: que yo experimente, que tu Palabra escuchada sea «vida» para mí... como una respiración. Para así entrar en posesión de la tierra que Dios da. Que tu Palabra, Señor, sea mi "sabiduría", un alimento de mi espíritu. Que tus pensamientos lleguen a ser también mis pensamientos. Que tu manera de ver impregne mis modos de ver. Y todo ello en plena libertad. No como una coacción exterior obligatoria... sino como una fuente vivificante y profunda. No como algo mandado: "qué palo, hay que ir a misa…" sino quiero sentir como una necesidad interior aceptada de buen grado de quererte. Sin embargo, a veces dudamos: Tú te callas, pareces estar lejos de nosotros. Pero lo sé, estás ahí. Tú me miras en este mismo momento. Te interesas por mí y estás más cerca de mí que mi propio corazón (Noel Quesson).

   2. "¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! […] Envía su mensaje a la tierra… le dio a conocer sus mandamientos. ¡Aleluya!" Jerusalén se había derrumbado ante el asalto del ejército del rey Nabucodonosor (586 a. c.). Pero luego Nehemías restableció los muros de Jerusalén para que volviera a ser oasis de serenidad y paz. La paz, «shalom», es evocada inmediatamente, pues está contenida en el mismo nombre de Jerusalén, simbólicamente. Hay una confirmación de la elección divina del pueblo, de su misión única: «Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos». El salmo habla de las bendiciones como la "flor de harina", que Orígenes ve en clave eucarística: «Nuestro Señor es el grano de trigo que cae a tierra y se multiplicó por nosotros. Pero este grano de trigo es superlativamente copioso. La Palabra de Dios es superlativamente copiosa, recoge en sí misma todas las delicias. Todo lo que quieres, proviene de la Palabra de Dios, como narran los judíos: cuando comían el maná sentían en su boca el sabor de lo que cada quien deseaba. Lo mismo sucede con la carne de Cristo, palabra de la enseñanza, es decir, la comprensión de las santas Escrituras: cuanto más grande es nuestro deseo, más grande es el alimento que recibimos. Si eres santo, encuentras refrigerio; si eres pecador, tormento».

   3. Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento". Es una ley de libertad, la libertad interior que nadie puede arrebatarnos. Esto es medicina para no agobiarnos, para gozar de la auténtica felicidad. Hay cosas que nos harán sufrir, pero ninguna logrará hundimos ni agobiamos del todo. Se trata de tener un "oasis" en nuestro corazón; esto coloca en un papel decisivo en el desempeño de nuestro crecimiento interior la virtud de la esperanza: una virtud que sólo puede cultivarse unida a la pobreza de corazón, resumida en la primera bienaventuranza: "Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos". Para ser dóciles a esa maravillosa renovación interior que el Espíritu Santo quiere obrar en los corazones con el fin de hacemos acceder a la gloriosa libertad de los hijos de Dios –"donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad"-, es importante acudir a María: «Ofreceremos a Dios nuestra voluntad, nuestra razón, nuestra inteligencia, todo nuestro ser a través de las manos y el corazón de la Santísima Virgen. Entonces nuestro espíritu poseerá esta preciada libertad del alma, tan ajena a la ansiedad, a la tristeza, a la depresión, al encogimiento, a la pobreza de espíritu. Navegaremos en el abandono, liberándonos de nosotros mismos para atarnos a Él, el Infinito» (Madre Yvonne-Airnée de Malestroit).

   Jesús luchaba contra todo formalismo, contra toda estrechez de miras. Sin embargo, obrando así, pero no para destruir la Ley, sino para salvarla,  mejorarla para que cumpliera su fin. "Nada es pequeño delante de Dios, según el texto de la Sagrada Escritura. No hay "pequeños deberes" sobre lo que nos pide la Palabra de Dios.

   "Considerar las cosas pequeñas como grandes, a causa de Jesús que es quien las hace en nosotros" (B. Pascal). Jesús nos invita a no soñar con cosas grandes: lo que a diario hacemos es a menudo pequeño, minúsculo. Todo depende de lo que nuestro corazón pone en ello.

   Santa Teresa de Lisieux entró en el Carmelo a los quince años con todo el entusiasmo de su adolescencia. Lo que le esperaba fue: barrer los claustros, hacer la colada, acompañar al refectorio a una hermana vieja y enferma. Pequeñas cosas. La vida humilde, la dedicada a trabajos pesados y fáciles, es una obra de selección que requiere mucho amor.

   -"El que practicare y enseñare -esos mandamientos mínimos- será "grande" en el reino de los cielos". "Las obras deslumbrantes me están prohibidas. Para dar pruebas de mi amor no tengo otro medio que el de no dejar escapar ningún pequeño sacrificio, ninguna mirada, ninguna palabra; de aprovechar las más pequeñas acciones y hacerlas por amor.' (Santa Teresita) Lo que es "pequeño" a los ojos de los hombres, puede ser "grande" a los ojos de Dios, como decía san Teófilo de Antioquía: «Dios es visto por los que pueden verle; sólo necesitan tener abiertos los ojos del espíritu (...), pero algunos hombres los tienen empañados». Para poder purificar el corazón y poder ver, pedimos en la Colecta: «Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias y perseveremos unidos en la plegaria». Y también en la Postcomunión: «Santifícanos, Señor, con este pan del cielo que hemos recibido, para que, libres de nuestros errores, podamos alcanzar las promesas eternas».

   ¿Qué son esos mandamientos tan importantes que nos dice Jesús que hay que seguir? El amor. En la vida vamos pasando del "yo, me, mí, conmigo" a un "tú, te, ti, contigo", de un "quiero para mí" a una vocación de servicio. El amor es la vocación de la persona, el servicio es la misión que tenemos. El que da, es rico. El que se queda con todo es pobre. Hay gente tan pobre que solo tiene dinero. El pobre es el egoísta. Y hay una pobreza aún mayor: "Hay diversas clases de pobreza -cuenta la madre Teresa de Calcuta-. En la India hay gente que muere de hambre. Un puñado de arroz es precioso, valiosísimo. En los países occidentales, sin embargo, no hay pobreza en ese sentido. Nadie muere de hambre y ni siquiera abundan los pobres como en la India... Pero existe otra clase de pobreza, la del espíritu que es mucho peor. La gente no cree en Dios, no reza, no ama, va a lo suyo... Es una pobreza del alma, una sequedad del corazón que resulta mucho más difícil de "remediar". ¿Puedes tener tú esa pobreza? Pídeles a Jesús y a María que nunca caigas en esa pobreza de espíritu; que te ayuden a quererles cada día más y a acudir a ellos ante cualquier necesidad, y que te ayuden a querer a los demás. ¡Jesús, María, que no olvide rezar ni por la noche ni al levantarme! Que sea generoso: porque el verdaderamente "pobre" es el egoísta. Recemos: Señor, purifica mi amor, con la forja donde se ponen los sentimientos en el fuego y se quema lo malo y se esculpe la imagen de Jesús en nosotros...

   Cuentan que un obrero había encontrado un billete de mil dólares; no le llamó mucho la atención porque en América los billetes son iguales aunque tengan más valor y aquel papelito no le impresionó demasiado. Se lo guardó en un bolsillo, varios días más tarde, al pasar por un Banco, entró a preguntar cuánto valía. Casi se desmaya cuando se lo dijeron, pues la suma equivalía a más de un mes de su jornal...

   No es raro encontrarse con gente que no sabe lo que tiene; puede ser un cuadro de un pintor famoso, un objeto antiguo, unas monedas raras, unos sellos valiosísimos... Cuando nos enteramos, solemos sentir una especie de envidia. No se nos ocurre pensar que nosotros también tenemos un tesoro que quizá no apreciamos: los Sacramentos, se realiza ese milagro de una presencia especial de Jesús. Viene a enriquecerlos, a iluminarlos para que los hombres conozcan el verdadero rostro de Dios y puedan entrar en intimidad con Él.

Llucià Pou Sabaté

 

martes, 5 de marzo de 2024

III Semana de Cuaresma, martes. Cuando perdonamos, nos hacemos dignos de la misericordia divina

III Semana de Cuaresma, martes. Cuando perdonamos, nos hacemos dignos de la misericordia divina

 

A. Lecturas:

   1. Libro de Daniel 3,25.34-43: El replicó: "Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses". - «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»

   2. Salmo 25,4-9: Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. / Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día. / Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. / No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: Por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad. / El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; / él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

   3. Mateo 18,21-35: En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

   Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: „Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré‟. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
   Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes‟. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré‟. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?‟. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

 

B. Comentario:

   1. Daniel y sus amigos prefirieron el suplicio que renegar de Dios. Qué bonito cuando ofrecemos a Dios nuestro corazón. La plegaria de Daniel se apoya por entero en la «misericordia» de Dios. Es un período de prueba, de mucha humillación. Los judíos han sido deportados a Babilonia. Son perseguidos.  Sigue orando a Dios, rico en misericordia: "porque los que en ti confían no quedan defraudados… Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro". ¿Qué significa misericordia? La alianza con Dios fue rota muchas veces. Israel fue infiel. Pero siempre Dios en lugar de castigar mostraba su misericordia, con imágenes como el amor de esposo que supera las traiciones. El Señor ve la miseria de su pueblo y quiere liberarlo. Ese amor y compasión demostrado por Dios, es fuente de seguridad y esperanza para Israel, sustenta a todos. "La misericordia se contrapone en cierto sentido a la justicia divina y se revela en multitud de casos no sólo más poderosa, sino también más profunda que ella", dice Juan Pablo II indicando que la justicia es servidora de la caridad: "La primacía y la superioridad del amor respecto a la justicia (lo cual es característico de toda la revelación) se manifiestan precisamente a través de la misericordia".

   2. Cuando Dios perdona, olvida nuestros pecados (algo que nosotros no podemos, cuando nos han ofendido), lo  que significa remisión completa y absoluta. Podemos decir como oración personal nuestra -por ejemplo, después de la comunión- el salmo de hoy: «Señor, recuerda tu misericordia, enséñame tus caminos, haz que camine con lealtad... el Señor es bueno y recto y enseña el camino a los pecadores...».

   3. Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". Y nos cuentas esta parábola del perdón de las deudas. Y quien no quiere, recibirá ya el castigo en esa falta de amor, "si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

   Está claro: hemos de saber vivir esta misericordia, para poder recibirla: perdonar nosotros a los que nos hayan podido ofender. «Perdónanos... como nosotros perdonamos», nos atrevemos a decir cada día en el Padrenuestro. Para pedir perdón, debemos mostrar nuestra voluntad de imitar la actitud del Dios perdonador. Se ve que esto del perdón forma parte esencial del programa de Cuaresma, porque ya ha aparecido varias veces en las lecturas. ¿Somos misericordiosos? ¿Cuánta paciencia y comprensión almacenamos en nuestro corazón? ¿Tanta como Dios, que nos ha perdonado a nosotros diez mil talentos? ¿Podría decirse de nosotros que luego no somos capaces de perdonar cuatro euros al que nos los debe? ¿Somos capaces de pedir para los pueblos del tercer mundo la condonación de sus deudas exteriores, mientras en nuestro nivel doméstico no nos decidimos a perdonar esas pequeñas deudas?

   Se cuenta de Ramón Narváez, un primer ministro de la España del siglo diecinueve, que firmó la sentencia de muerte de 35.000 enemigos. Cuando él estaba muriéndose, en 1886, le preguntó el sacerdote si estaba dispuesto a perdonar a todos sus enemigos. Él contestó:

   -"¿Enemigos? Padre, yo no tengo enemigos. Los he fusilado a todos".

   La manera cristiana de no tener enemigos no es fusilarles. Si supiésemos mirar a todos como amigos, no tendríamos enemigos. A las personas, en buena manera, las convertimos en lo que vemos en ellas cuando las miramos. Parafraseando el Evangelio: "Mira a los demás, a cada uno, como quieres que ellos te miren a ti".

   A veces no nos gusta algo de los demás: ¿y qué vamos a hacer, matarlos? No: quererles como son. Fallar y equivocarse es propio de la criatura. Pedir perdón es profundamente humano. Perdonar es lo más divino. Cuando perdonamos, de verdad, es, quizás, cuando más nos parecemos a Dios. Nos cuesta perdonar cualquier cosilla que nos hacen o que creemos nos hacen. Y aún cuando perdonamos, no somos capaces de olvidar. Impresiona que todo un Dios, incluso antes de que le ofendamos, ya está inventando la manera de concedernos su perdón. Y, además, de hacernos saber que estamos perdonados. Quiere perdonarnos y que podamos quedar tranquilos. Eso es la confesión. Un buen hombre desembarca en San Francisco y se va a confesar a la primera iglesia que encuentra. -"¿Cómo tarda usted dos años - le pregunta el cura- en venir a confesarse?"

   -"Mire usted -explica el hombre, buscando una excusa- yo vivo en tal isla, que, como sabe, está perdida en el Pacífico. Este es el puerto más cercano. Cuando puedo, aprovecho para venir al continente con algún  amigo pescador".

   El cura recuerda que en esta isla hace escala semanalmente una mala línea de aviones. Y le dice: -"Comprendo. Pero todos los lunes tiene usted un servicio de avión".

   -"También yo he pensado en eso -replica el buen hombre, buscando otra excusa-. Pero póngase en mi lugar: tomar ese avión por pecados veniales, es demasiado caro. Y tomarlo con pecados mortales, es demasiado peligroso (Agustín Filgueiras Pita).

   Pues no: sabemos que con un acto de contrición tenemos la gracia de Dios, aunque el sacramento nos da seguridad del perdón, es el ofrecimiento del corazón el que Dios quiere.

   Cuaresma es tiempo de perdón, reconciliación con Dios y con el prójimo. No echemos mano de excusas para no perdonar: Dios nos ha perdonado sin tantas distinciones. Como David perdonó a Saúl, y José a sus hermanos, y Esteban a los que lo apedreaban, y Jesús a los que lo clavaban en la cruz. Es como la prueba del nueve que se hace para ver si una división está bien hecha, así el padrenuestro se reza bien si se cumple ese colofón, como condición, o petición para que nos quede bien grabado que si perdonamos, nuestro corazón puede abrirse al perdón divino: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Dios nos ha perdonado mucho, y no debemos guardar rencor a nadie. Hemos de aprender a disculpar con más generosidad, a perdonar con más prontitud. Perdón sincero, profundo, de corazón. A veces nos sentimos heridos sin una razón objetiva; sólo por susceptibilidad o por amor propio lastimado por pequeñeces que carecen de verdadera entidad. Y si alguna vez se tratara de una ofensa real y de importancia, ¿no hemos ofendido nosotros mucho más a Dios? Él no acepta el sacrificio de quienes fomentan la división.

 

 

lunes, 4 de marzo de 2024

Cuaresma 3, lunes: Jesús nos da el agua viva que cura, que sacia la sed, que crece cuando se comunica con el amor

Cuaresma 3, lunes: Jesús nos da el agua viva que cura, que sacia la sed, que crece cuando se comunica con el amor

A. Lecturas:

1. II Reyes (5,1-15a): En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria.
Pero, siendo un gran militar, era leproso.
   Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra».
   Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel».

   Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel». Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía:
«Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».
   Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí».
   Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».
   Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio».
   Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: "Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra". El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio».
   Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: "Lávate y quedarás limpio"!».
   Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.
   Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».
   2. Salmo 41,2.3;42,3.4: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

   Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

   Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría; y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

   3. Lucas 4,24-30: "En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

   Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó".

 

B. Comentario:

   1. Cuenta el Libro de los Reyes que "Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel". Su mujer tenía una esclava judía que le dijo a su patrona: "¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad". Naamán fue y le contó a su señor: "La niña del país de Israel ha dicho esto y esto". El rey de Arám respondió: "Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel". Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, y presentó al rey de Israel la carta que decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad". Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y se puso nervioso: "Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí". Pero Eliseo, el hombre de Dios, dijo al rey: "Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel". Naamán llegó y Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: "Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio". Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: "Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?". Y dando media vuelta, se fue muy enojado. Pero sus servidores se acercaron para decirle: "Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!". Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor".

   Estaba enfermo de lepra, era tozudo, pero al final obedeció y se hizo el milagro. Los sirios tenían fama de poseer secretos mágicos para curar las enfermedades. Los judíos, inferiores en sabiduría y en ciencia profana, tienen el favor divino de curar. Cuando sufro por mis pecados, cuando me siento impuro o egoísta, cuando veo que soy cobarde ante mis responsabilidades... ¿acudo a Dios, a la gracia de mi bautismo? Yo también he sido lavado por el agua que purifica por la Fe. No saldré de mis debilidades con mis esfuerzos sino con tus sacramentos, Señor: penitencia y eucaristía... Tú eres: "el que salva", eres mi salvador" (Noel Quesson).

   Jesús era la roca de donde manaba agua viva. Es desde la Cruz de donde saldrán esos ríos de agua y sangre redentora, los sacramentos, que nos curarán. Su Cruz que explicarán mis cruces. La cruz de Cristo no era sólo el lugar donde murió, el dolor de la soledad, las injusticias que sufrió, los insultos que recibió... Los de aquel momento y los de toda la historia. El dolor que siente por lo que yo he hecho mal hoy contra otra persona, o contra mí mismo o contra Él. Esa es su cruz, Él sufre cuando yo no me porto bien.

   Y mi cruz de cada día, la que tengo que coger para seguirle, no es ponerme piedras en los zapatos, sino el dolor cuando me duele algo, las injusticias que sufro, el cansancio de una clase larga, luchar contra la pereza, el esfuerzo por ser generoso -porque me cuesta dar mis cosas-. Mi cruz es trabajar bien cuando no me apetece. Y saber obedecer cuando no quiero, y luchar contra esas debilidades que me cuestan... todo esto es obedecer y así al hacer la voluntad de Dios, amar a Dios y a los demás, más que mi voluntad. Durante esta cuaresma, Señor, quiero coger mi cruz de cada día porque quiero seguirte. ¡Que sea generoso, Dios mío! Continúa hablándole a Dios con tus palabras.

   Para esto nos ha dado una "poción mágica", un alimento más potente que el de Asterix y la olla donde cayó Obelix, y es la fe y los sacramentos, la santa Misa. Que no la desaprovechemos.

   2. "Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?  Envíame tu luz y tu verdad".

   «Ningún manjar es más sabroso para el alma que el conocimiento de la verdad» (Lactancio); pedir luz para en estos días mirar a Dios, mirarnos a nosotros mismos: considerar la vida del Señor, para conocerle más, para tratarle más, para amarle más, para seguirle más. Son momentos de agradecer esta oportunidad de una nueva conversión, de fomentar la esperanza: Dios se vuelca con gracias muy especiales.  Es el de hoy un salmo de búsqueda… en nuestra vida aparecen preguntas, dificultades: Si Dios existe, ¿por qué tanto mal en el mundo? ¿Por qué el malo triunfa y el justo viene pisoteado? ¿La omnipotencia de Dios no termina con aplastar nuestra libertad y responsabilidad? Este salmo recoge las aspiraciones del alma: "Como anhela la cierva… así te anhela mi alma… Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo iré y veré la faz de Dios?" Esa aspiración es una necesidad del hombre que no se puede ahogar, nos nace en el interior… Cuando no se encuentra a Dios, esas palabras expresan nuestra sed de Él, la unión con Dios: «Tu gracia vale más que la vida» (Salmo 62,4). Esta sed queda saciada en Cristo crucificado y resucitado. Aquel himno de vísperas:

"Esta es la hora para el buen amigo,

llena de intimidad y confidencia,

y en la que, al examinar nuestra conciencia,

igual que siente el rey, siente el mendigo.

Hora en que el corazón encuentra abrigo

para lograr alivio a su dolencia

y, el evocar la edad de la inocencia,

logra en el llanto bálsamo y castigo.

 

Hora en que arrullas, Cristo, nuestra vida

con tu amor y caricia inmensamente

y que a humildad y a llanto nos convida.

 

Hora en que un ángel roza nuestra frente

y en que el alma, como cierva herida,

sacia su sed en la escondida fuente".

Es además una sed que se quita compartiendo el agua que Dios nos da, como leemos en santa Teresa: el amor crece cuando se sabe comunicar "Jesús dijo a los de Nazaret que «ningún profeta es bien recibido en su patria... muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio». Y se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó".

   Esperaban ver cosas extraordinarias. No tienen fe, y Jesús no hizo allí ningún milagro. Aquellas gentes sólo vieron en Él al hijo de José, el que les hacía mesas y les arreglaba las puertas. No supieron ver más allá. No descubrieron al Mesías que les visitaba. Nosotros, para contemplar al Señor, también debemos purificar nuestra alma. La Cuaresma es buena ocasión para intensificar nuestro amor con obras de penitencia que disponen el alma a recibir las luces de Dios. No te reconocen, Jesús. Tu infancia y juventud habían sido tan normales que ahora no pueden aceptar tu divinidad y necesitan milagros como prueba de que eres el Mesías. ¡Auméntanos la fe! «Señor, purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua» (oración). «Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen» (salmo), y queremos también vivir este deseo: «Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis vuestro corazón» (aclamación).

   Esta apertura hacia la gracia supone ser dócil a las cosas pequeñas que el Señor nos pide, a esa conversión, y si yo cambio se harán realidad las grandes cosas, como señalan aquellas frases que corren por internet: "Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me sentiría sereno.

   Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices.

   Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos.

   Si yo me aceptara tal como soy, quitándome mis defectos, cuánto mejoraría mi familia, mi ambiente.

   Si yo comprendiera plenamente mis errores, sería humilde.

   Si yo encontrara lo positivo en todos, la vida sería digna de ser vivida.

   Si yo amara al mundo, a mi país....lo cambiaría.

   Si yo me diera cuenta de que al lastimar, el primer lastimad@ soy yo! 

   Si yo criticara menos y amara más....

   Si yo cambiara... cambiaría el mundo".

   3. Esperaban ver cosas extraordinarias los de su pueblo, y Jesús es rechazado. No tienen fe, y Jesús no hizo allí ningún milagro. Aquellas gentes sólo vieron en Él al hijo de José, el que les hacía mesas y les arreglaba las puertas. No supieron ver más allá. No descubrieron al Mesías que les visitaba. Nosotros, para contemplar al Señor, hemos de preparar nuestra visión del alma. La Cuaresma es buena ocasión para intensificar nuestro amor con obras de penitencia que disponen el alma a recibir las luces de Dios. No te reconocen, Jesús. Tu infancia y juventud habían sido tan normales que ahora no pueden aceptar tu divinidad y necesitan milagros como prueba de que eres el Mesías. ¡Auméntanos la fe! «Señor, purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua» (oración).

   Veo que tienes contrariedades, Jesús, y sé que éstas me hacen comprender las mías, saber que me ayudan a prepararme para mi misión, como tú la tuya. Lo que me cuesta, me hace crecer. Tu Cruz explicará mis cruces, Señor. El lugar donde sufriste, el dolor de la soledad, las injusticias que has sufrido en momentos como el que leemos hoy, los insultos que recibió... Los de aquel momento y los de toda la historia. El dolor que sientes por lo que yo he hecho mal hoy contra otra persona, o contra mí mismo o contra Ti. Esa es tu cruz, Tú sufres cuando yo no me porto bien.

   Y mi cruz de cada día, la que tengo que coger para seguirte, no es ponerme piedras en los zapatos. Mi cruz es el dolor cuando algo me cuesta, las injusticias que sufro, el cansancio de una clase o trabajo duros, luchar contra la pereza, el esfuerzo por ser generoso -porque me cuesta dar mis cosas-. Mi cruz es trabajar bien cuando no me apetece. Y saber obedecer cuando no quiero, y luchar contra esas debilidades que me cuestan... todo esto es obedecer y así al hacer la voluntad de Dios, amar a Dios y a los demás, más que mi voluntad. Durante esta cuaresma, Señor, quiero coger mi cruz de cada día porque quiero seguirte. ¡Que sea generoso, Dios mío!

Llucià Pou Sabaté

domingo, 3 de marzo de 2024

Domingo 3 de Cuaresma (Ciclo B). La ley de Dios es ley de amor, de libertad y no de esclavitud...

Domingo 3 de Cuaresma (Ciclo B). La ley de Dios es ley de amor, de libertad y no de esclavitud...

   3. Juan 2,13-25: "En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: -Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: -Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre".

   1. Recuerdo que en un colegio un muchacho de 16 años quiso hacer la primera comunión. Su madre vino extrañada de que su hijo quisiera dar aquel paso cuando no tenían en su casa ningún ambiente religioso. Ella contó de su vida azarosa, con muchas penas y poca educación moral: "cuando me hablaban de mandamientos, yo quería hacer lo contrario… cuánto más me hablaban de ellos, más me los quería saltar: ¡quería saltármelos todos! Después de muchos años de sufrir –había perdido el matrimonio, y tuvo muchos desengaños…- veo que los mandamientos son el camino para ser feliz. Me parece que le llamáis a eso 'ley natural'… tendrían que hablar más de eso, los curas", me dijo. Recordé aquel ejemplo de un libro, en que una madre le habló al hijo de no salir de los límites del jardín, pero el niño salió y un coche que pasaba estuvo a punto de atropellarlo… Sufrió el miedo de pasar los límites… Son límites "no harás tal cosa…" que impiden el mal, como un niño al que su madre le prohíbe que meta los dedos en el fuego o en el enchufe eléctrico… si obedece y se fía evita el mal, pero también si no obedece y se quema, aprende por experiencia  que no es bueno aquello, que mejor no hacerlo: son las dos fuentes de conocimiento, fiarse de la autoridad o vivir las experiencias, aprender a las duras o a las maduras.

   Una madre que le habló al hijo de no salir de los límites del jardín, pero el niño se salió y un coche que pasaba estuvo a punto de atropellarlo… sufrió el miedo de pasar los límites… son límites "no harás tal cosa…" que impiden el mal, como un niño al que su madre le prohíbe que meta los dedos en el fuego o en el enchufe eléctrico… si obedece y se fía, evita el mal, pero también si no obedece y se quema, pega un bote y no volverá a hacerlo: son las dos maneras de aprender, fiarse o escarmentar, aprender a las duras o a las maduras.

   Tenemos nosotros un folleto de instrucciones, que es la lista que hoy leemos de los 10 mandamientos, instrucciones para ser feliz. Por ejemplo, el domingo es un día para pensar en Dios y disfrutar del amor en familia, con amigos… el descanso será libertad de obligaciones (escuela, trabajo…) pero será liberarse del egoísmo y la pereza, y para esto hay que rezar, así vencemos la tristeza del egoísmo con la alegría de la generosidad en detalles de servicio, el aburrimiento de no saber qué hacer, con planes para hacer con los demás…

    En el respeto al nombre de Dios, y santificar las fiestas, resuena aquel "Yo soy" a lo largo de la historia, a la espera de que Jesús pronuncie ese "yo soy" con aquel "os han dicho… yo os digo".

   El respeto a la vida comienza con la honra a los padres. Así se van desgranando las 10 palabras… evitar adulterio y robo, el honor a la verdad, evitar la codicia de personas y bienes. Así vemos el Decálogo, lo que sería la regla de oro desglosada en el respeto a las personas y a Dios presente en ellas.

   2. Es lo que canta el salmo: "La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma.. e instruye al ignorante. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos… los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila".

   3. Nos habla san Pablo de la "fuerza de Dios y sabiduría de Dios". Juan de la Cruz decía: "Entreme donde no supe / y quedeme no sabiendo / toda ciencia trascendiendo. // Yo no supe dónde entraba, / pero cuando allí me vi, / sin saber dónde me estaba, / grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí, / que me quedé no sabiendo / toda ciencia trascendiendo. // Este saber no sabiendo / es de tan alto poder, / que los sabios arguyendo / jamás lo pueden vencer; / que no llega su saber / a no entender entendiendo, / toda ciencia trascendiendo"…

   4. El Templo de Jerusalén era el corazón del pueblo de Israel. Su joya reconstruida. Su lugar de oración. Toda la liturgia se desarrollaba allí, todos peregrinaban al santo lugar por lo menos una vez al año. Cuidar del templo era cuidar de Israel. Jurar por el Templo era casi el juramento más solemne. Allí también se condensaba el poder político, limitado en ese momento por la ocupación romana.

   Y una mañana entra Jesús en él. Llega Jesús a la casa de su Padre. Entra el Señor del Templo, el que le da razón de ser. El que ha hecho todas las cosas. ¡Señor, qué desazón, qué desconsuelo, qué decepción sobre todo! ¡Qué triste espectáculo contemplaste! En tu casa, que es lugar de oración, se dan cita los pensamientos más nobles, las decisiones de entrega, de responder al amor de Dios,.... y los engaños, el comercio, el fraude, el egoísmo... Y tu respuesta es clara. Purificar el templo de los abusos en los que se incurría era fundamental para que los israelitas volvieran de nuevo a dirigir su corazón hacia a Dios.

   El templo de Jerusalén, desde el día de la Resurrección perdió su valor. El templo que ahora cuenta, el templo en el que le gusta estar el Señor, el único templo verdadero es tu corazón: allí inhabita la Santísima Trinidad. "Sois templos del Espíritu Santo" nos recuerda S. Pablo.

   Por eso, quizás en estas semanas en que con insistencia y con toda la Iglesia le pedimos al Señor que cree en nosotros un corazón puro, tenemos que facilitarle el trabajo quitando de este lugar todo lo que estorbe. Quizás nos cueste esfuerzo y tenemos que hacer un látigo de cuerdas y golpear duro, pero vale la pena. Echemos del corazón el egoísmo, le rencor sobre todo, los juicios de las personas, la excusas para ocultar nuestras faltas de cariño, la pereza para terminar bien el trabajo, la cobardía para no hablar de Dios. Contamos con la gracia de Dios: podemos. Hoy en el fondo se contrapone la adoración externa y vana frente a la adoración sincera, interior. No dejemos de hacer examen para arrancar del corazón todo lo que nos aleja de Dios: cosas grandes y pequeñas.

 

   La energía de Jesús en su enfado del templo contrasta con su enseñanza habitual, cuando habla en parábolas casi todas tomadas de la "naturaleza". ¡Todo lo bello le "hablaba", le hablaba del Padre!, el domingo es bonito para salir de la ciudad y gozar de la vida "al sol", o por la noche ver las estrellas: "¡La obra de las manos de Dios!", ¡y el silencio!: ahí parece escucharse el susurrar de Dios: ¡Dios "no levanta la voz!" A veces decimos que Él se calla, porque no sabemos escucharlo… habla en el silencio… en el amor, cuando nos esforzamos por hacer las cosas bien.

   Como niños pequeños, que pueden jugar solos, con su imaginación, pero les gusta sentirse mirados por los mayores, así nosotros podemos sentirnos mirados por Dios; y como los niños, que en sus juegos necesitan ciertas reglas, alguien mayor que les dirija, para que no se peleen y vayan hacia el caos… así ciertas normas religiosas nos ayudan en nuestro actuar con los demás. Y así como el templo era una imagen de la religión judía, nosotros tenemos nuestro corazón como templo que no esté apegados a la codicia y otros males, sino que libres de ellos podamos albergar a Dios en pureza de intención de amor.