domingo, 11 de febrero de 2024

Febrero, 11: Nuestra Señora de Lourdes, jornada mundial del enfermo

Febrero, 11: Nuestra Señora de Lourdes, jornada mundial del enfermo

 

  


Se acercan ya los 200 años de las apariciones de la Virgen a Santa Bernardita, la vidente de Lourdes, donde la Virgen hizo brotar la fuente que ha curado y sigue curando a miles (más de 66 historias clínicas de curaciones milagrosas científicamente documentadas). Celebramos "el día en que María Santísima, revelando a Bernadette Soubirous que era la Inmaculada Concepción, quiso que se erigiese y venerase en Massabielle, cerca de Lourdes, un santuario" (Benedicto XVI) que "evoca la serie innumerable de prodigios, mediante los que la vida sobrenatural de las almas y la salud de los cuerpos se han beneficiado de la bondad omnipotente de Dios". Es el lugar que pisaron los pies de María. En el año 1854 se definió el dogma de la Inmaculada Concepción y sólo 4 años después, en 1858, María Santísima se apareció allí: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

   Como en las Bodas de Caná, María sabe adivinar las necesidades de los demás, y proclama aquel consejo tan sintético y esencial: "haced lo que Él os diga"; ella no sólo nos anima a seguir a Jesús sino también toca nuestro corazón y el de las personas que llevamos a verla. La Eucaristía y el Santo Rosario, resumen del Evangelio, son dos modos de vivir junto a ella. Es el Rosario una agradable conversación con ella, en la que a medida que se desgranan las cuentas con avemarías, se va dejando el corazón calentar al fuego del corazón de la Virgen, y de estas flores que son las palabras de amor que le decimos, ella va transformándolas en frutos de fe, esperanza y amor en nuestros corazones, que nos convierten en personas que dan paz a los parientes, amigos, y obtendremos "una felicidad no pasajera, sino honda, serena, humana y sobrenatural", como la tuvo la más excelsa de las mujeres: "una criatura existe que logró en este tierra esa felicidad, porque es la labor maestra de Dios: Nuestra Madre Santísima"; ella nos hará participar de su felicidad.

   Meditar sobre la Inmaculada Concepción de María es, pues, dejarse atraer por el «sí» que la unió admirablemente a la misión de Cristo, Redentor de la humanidad, y dejarse tomar y guiar de la mano por Ella, para pronunciar también nosotros el "fiat" a la voluntad de Dios con toda nuestra existencia entretejida de gozos y tristezas, de esperanzas y desilusiones, con la convicción de que las pruebas, el dolor y el sufrimiento enriquecen de sentido nuestra peregrinación en la tierra.

   No se puede contemplar a María sin ser atraídos por Cristo y no se puede mirar a Cristo sin advertir de inmediato la presencia de María. Existe un vínculo inseparable entre la Madre y el Hijo generado en su seno por obra del Espíritu Santo, y este vínculo lo advertimos, de modo misterioso, en el Sacramento de la Eucaristía, tal como lo han puesto de relieve los Padres de la Iglesia y los teólogos. "La carne nacida de María, que viene del Espíritu Santo, es el pan que ha descendido del cielo", afirma san Hilario de Poitiers, mientras que en el Sacramentario Bergomense del siglo IX leemos: "Su seno ha hecho florecer un fruto, un pan que nos ha llenado de un don angelical. María ha restituido a la salvación lo que Eva había destruido con su culpa". Del mismo modo, Pier Damiani observa: "El cuerpo que la Beatísima Virgen generó y nutrió en su seno con cuidado materno, ese cuerpo digo, sin duda y no otro, ahora lo recibimos del sagrado altar, y bebemos la sangre como sacramento de nuestra redención. Esto cree la fe católica, esto enseña fielmente la santa Iglesia".

   El vínculo de la Virgen Santa con su Hijo, Cordero inmolado que quita los pecados del mundo, se extiende a la Iglesia Cuerpo místico de Cristo. María es "mujer eucarística" con toda su vida por lo que la Iglesia, contemplándola como su modelo "está llamada a imitarla también en su relación con este Misterio santísimo" (S. Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia, 53). En esta óptica se comprende aún más porqué en Lourdes al culto de la Beata Virgen María se une un fuerte y constante llamado a la Eucaristía mediante celebraciones eucarísticas cotidianas, con la adoración del Santísimo Sacramento y la bendición de los enfermos, que constituye uno de los momentos más fuertes cuando los peregrinos se detienen en la gruta de Massabielles.  

   Hoy se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, y la presencia en Lourdes de numerosos peregrinos enfermos y de voluntarios que los acompañan nos ayuda a reflexionar sobre la solicitud materna y tierna que la Virgen manifiesta hacia el dolor y el sufrimiento del hombre. Asociada al Sacrificio de Cristo, María, Mater Dolorosa, que a los pies de la Cruz sufre con su Hijo divino, es sentida cercana especialmente por la comunidad cristiana que se reúne alrededor de sus miembros que sufren, los mismos que llevan consigo los signos de la pasión del Señor. María sufre con los que están en la prueba, con ellos espera y es su consuelo sosteniéndolos con su ayuda materna. ¿No es quizá verdad que la experiencia espiritual de muchos enfermos anima a comprender cada vez más que "el divino Redentor quiere penetrar en el ánimo de todo paciente a través del corazón de su Madre Santísima, primicia y vértice de todos los redimidos"? (Juan Pablo II, Carta. ap. Salvifici doloris, 26).

   También ese santo Papa nos decía que "cuanto más se siente amenazado por el pecado, cuanto más pesadas son las estructuras del pecado que lleva en sí el mundo de hoy, tanto más grande es la elocuencia que posee en sí el sufrimiento humano. Y tanto más la Iglesia siente la necesidad de recurrir al valor de los sufrimientos humanos para la salvación del mundo (…) El dolor, acogido con fe, se convierte en la puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor de Jesús y para llegar con El a la paz y a la felicidad de su Resurrección".

   La Virgen dijo a Bernardette: "Ve a la fuente a beber y a lavarte", y queremos ir espiritualmente y beber con devoción. Rememoremos esos momentos de la aparición:

   En la abertura de la roca de Massabielle se alza ante su vista una joven, inmóvil y silenciosa "tan bella que cuando se la ha visto una vez se querría morir para volverla a ver". El vestido blanco, un cinturón azul, y el rosario entre los dedos.

   «Me saludó, inclinando la cabeza creyendo engañarme, me restregué los ojos; pero alzándolos, vi de nuevo a la joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. Pero yo no me atrevía. Y no es que tuviera miedo, porque cuando una tiene miedo, huye; y yo me hubiera quedado allí, mirándola, toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar, y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la joven se santiguaba... Mientras yo rezaba, ella iba pasando las cuentas de su Rosario, sin decir nada. Y cuando yo dije: Gloria al Padre..., también Ella lo dijo. Terminado el Rosario me sonrió otra vez, se elevó un poco, y desapareció».

   Esta cita de Massabielle se repetiría 18 veces. En la sexta, el 21 de febrero, «dirigió un momento la mirada por encima de mi cabeza, para recorrer el mundo. Después, volviéndola llena de dolor sobre mí, me dijo: "Ruega a Dios por los pecadores".

   Igualmente, varias veces después: Penitencia, penitencia. En la undécima, este encargo: Vete a decir a los sacerdotes que hagan construir aquí una capilla.

   Y dos días más tarde: Deseo que se venga aquí en procesión.

   El 4 de marzo una madre sumerge a su hijo enfermo en el manantial nuevo que se ha abierto al lado de la gruta; y proclama la primera su alegría, al sentir sano a su hijo.

   El 25 de marzo «viéndola tan amable, le pregunté su nombre. Me sonrió. Se lo volví a preguntar, y volvió a sonreírse. Insistí de nuevo, y me dijo: "Soy la Inmaculada Concepción". El 16 de julio, más hermosa que nunca, sonriendo con dulzura inefable, inclinó la cabeza en señal de despedida y desapareció".

   Desde entonces se extendió la devoción y peregrinaciones a Lourdes, como una cita mundial de la plegaria eucarística, ante la Virgen; por los cuerpos, y, sobre todo, por las almas.

   Al aparecérsele la Virgen Inmaculada a Bernadette Soubirous en aquel ambiente del siglo XIX, en el que la incredulidad y el materialismo dominaban en Francia y por todas partes, quiso convertir a Lourdes en un signo evangélico. A los pocos años se iba a ver afluir allá a cuantos andaban en busca de perdón, de la salud de cuerpo y alma y a los pobres que llegaban para escuchar la Buena Nueva. Desde entonces, la Gruta de Massabielle se ha convertido en un lugar privilegiado de reunión para los cristianos de todas las naciones, que gozan allí de la  experiencia del amor vivido entre hermanos y sellan su unidad en la Eucaristía.

   «María es, al mismo tiempo, una madre de misericordia y de ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en su seno materno, pídele que te alcance esta virtud (de la humildad) que Ella tanto apreció; no tengas miedo de no ser atendido. María la pedirá para ti a ese Dios que ensalza a los humildes y reduce a la nada a los soberbios; y como María es omnipotente cerca de su Hijo, será con toda seguridad oída. Recurre a Ella en todas tus cruces, en todas tus necesidades, en todas las tentaciones. Sea María tu sostén, sea María tu consuelo». (León XIII).

 

sábado, 10 de febrero de 2024

Domingo de la semana 6 de tiempo ordinario; ciclo B Cristo viene a curarnos de toda dolencia, y darnos el sentido de la vida como servicio a los demás

Domingo de la semana 6 de tiempo ordinario; ciclo B

Cristo viene a curarnos de toda dolencia, y darnos el sentido de la vida como servicio a los demás

A. Lecturas:

   1. Levítico 13,1-2. 44-46: El Señor dijo a Moisés y a Aarón: Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel y se le produzca la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra, y es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.

   2. Salmo 31,1-2. 5.11:  Dichoso el que está absuelto de su culpa, / a quien le han sepultado su pecado; / dichoso el hombre a quien el Señor / no le apunta el delito.

   Había pecado, lo reconocí, / no te encubrí mi delito; / propuse: «confesaré al Señor mi culpa», / y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

   Alegraos, justos, con el Señor, / aclamadlo, los de corazón sincero.

   3. I Corintios 10,31-11,1. Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.   

   4. Marcos 1,40-45: «Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme. Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. Le conminó y enseguida lo despidió, diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divul­gar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abier­tamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en luga­res apartados. Pero acudían a él de todas partes».

B. Comentario:

    1. La lepra era considerada entonces como una enfermedad incurable. Los miembros del leproso eran invadidos poco a poco, y se producían deformaciones en la cara, en las manos, en los pies, acompañadas de grandes padecimientos. Por temor al contagio, se les apartaba de las ciudades y de los caminos. Se les declaraba legalmente impuros, se les obligaba a llevar la cabeza descubierta y los vestidos desgarrados, y habían de darse a conocer desde lejos cuando pasaban por las cercanías de un lugar habitado. Las gentes huían de ellos, incluso los familiares; y en muchos casos se interpretaba su enfermedad como un castigo de Dios por sus pecados (F. Carvajal). Vemos la marginación de los enfermos, Jesús nos dirá que "no es lo que viene de fuera lo que contamina al hombre, sino lo que sale de la boca y del corazón" (Mt. 15, 10-20): "...porque del corazón salen las malas ideas: los homicidios, los adulterios, inmoralidades, robos, testimonios falsos, calumnias. Eso es lo que mancha al hombre; comer sin lavarse las manos, no" (Dabar 1988).

   2. El salmo relaciona esta enfermedad de la lepra con el pecado: "Dichoso el que está absuelto de su culpa…" Hoy vemos un sentido simbólico en esa relación entre lepra y pecado: interferencias del espíritu y del cuerpo. Los estudios de la biología y de la psique han puesto en evidencia la profunda unidad del compuesto humano: lo mental influye sobre lo corporal y lo corporal sobre lo espiritual. La mentalidad semítica iba aún más lejos al afirmar que el pecado podría ser la causa de la enfermedad: "mientras callé mi pecado, mi cuerpo se agotaba y gemía todo el día. Tu mano pesaba sobre mí, día y noche, me desecaba como la hierba en estío". Jesús reaccionó contra esta concepción demasiado rigurosa que establece relación entre el pecado y el castigo corporal: "Ni él ni sus padres han pecado, para que él sea ciego de nacimiento" (Jn 9,3).

   "Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado", es la confesión, un acto de veracidad. "Quien vive de acuerdo a la verdad, se acerca a la luz", decía Jesús. "La verdad os hará libres" (Jn 3,21; 8,32). Es el sacramento de reconciliación algo festivo. Si el pecado con el cual se "trampea", se oculta en el interior de uno mismo, se descompone y envenena literalmente la conciencia igual que un cadáver... Por el contrario el "perdón" es hoy una celebración festiva. "¡Qué el Señor sea vuestra alegría! cantad vuestro júbilo" (Noel Quesson).

   3. Pablo busca el bien de los demás: Que nadie busque su propio interés, sino el ajeno, dirá. Hoy nos dice que la libertad no puede considerarse un valor aislado e independiente de otros valores de la persona, tales como la relación con Dios y con los demás, valores ambos que deben constituir una finalidad a cuyo servicio está la libertad.

   4. "Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme". A las puertas de la ciudad, Jesús hace un milagro de "compasión". La lepra era una enfermedad espantosa, porque excluía de la comunión con el pueblo, o sea, segregaba a un hombre de sus relaciones con el pueblo de Dios. "¡Impuro, impuro!", gritaba el leproso desde lejos, de manera que todos se pudieran parar y evitar así acercarse a él (Lev 13,45). Éste, en vez de gritar "¡impuro, impuro!", le suplica: "Si quieres, puedes limpiarme". Con este gesto, con estas palabras, demuestra "lo que significa creer, esto es, osar en humildad" (G. Dehn)… Los rabinos lo consideraban como si estuviera muerto y pensaban que su curación era tan improbable como una resurrección. ¿Por qué el leproso no duda en acercarse a ti, Jesús? Un viejo documento cristiano, el papiro Egerton, inserta en este texto una insistente oración del leproso cuando descubre a Jesús: "Maestro Jesús, tú que andas con los leprosos y comes con ellos en su mansión: yo también me he puesto leproso; si tú quieres, me volveré a poner puro". Algunos códices muy autorizados, en vez de decir "tuvo compasión", dicen que "se había indignado".

   Los sentimientos de Jesús se traslucen: "Sintiendo lástima". ("Compadecido de él...". El contacto humano de Jesús con quien debía ser echado fuera. Resuena la palabra de Jesús: "Quiero, queda limpio". Probablemente Jesús no ha transgredido la ley, pero según la ley ha incurrido en impureza. Ahora bien, para un judío, y Jesús lo era por nacimiento y por educación, "la ley es santa y el mandamiento es santo, justo y bueno" (Rom. 7, 12). "Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio". Jesús rechazaba enérgicamente la segregación de la que eran víctimas aquellos pobres leprosos. Jesús, en contra de las costumbres, "tocas" al enfermo para demostrar así su desprecio por las inhumanas leyes vigentes. Estamos en un tema que se repetirá como un "leitmotiv" a lo largo del segundo evangelio, como igualmente en el epistolario paulino: las leyes no son soberanas en sí; sólo obligan en cuanto están a favor del hombre. Y el juicio sobre esta condición humana de la ley lo tiene que hacer el súbdito. Por eso, el considerar la ley -civil o eclesial- como un absoluto va contra la enseñanza más elemental del Nuevo Testamento (Edic. Marova).

   "Le conminó y enseguida lo despidió, diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divul­gar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abier­tamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en luga­res apartados. Pero acudían a él de todas partes". Jesús le dice lo que prescribe la ley. Aunque Jesús, sin ser rebelde, está en contra de las leyes injustas, y no quiere innecesariamente adelantar su nueva ley que supera la anterior.

   Jesús rompe uno de los grandes tabúes: el tabú de la lepra, lo que hemos leído en la primera lectura. Jesús no rechaza a un leproso que se le acerca, en contra de lo que la Ley decía.

   ¡Eres bueno, Señor! ¡Líbranos de todo mal! ¿Cuál será el día en que todo mal habrá desaparecido? Señor, desde ahora, quiero trabajar en ello, contigo. Cada vez que puedo ayudar a alguien a salir de la desgracia o del pecado... tú estás allí en mí para continuar tu obra de salvación… (Noel Quesson).

   El puritanismo hoy se puede ver cuando se sustituye lo moral por lo legal, no importa si matar a un niño no nacido sea pecado, no se plantea el tema ("no me pagan para pensar estas cosas", pueden decir los gobernantes). Y hay muchas formas de marginación, ante las nuevas lepras… En nuestra sociedad los marginados ya no son, mayoritariamente, los enfermos de lepra, pero la lista de situación, enfermedades, costumbres, pertenencias..., que marginan es muy larga. Se habla del SIDA como lepra actual (aunque en Occidente ya se trata con medicamentos, en otras partes del mundo sigue siendo letal; por enfermedad también contagiosa -aunque menos de lo que suele pensarse- y también considerada culpa), pero según los ambientes vemos algunos tipos de persona marginados: drogadictos, gitanos, prostitutas, homosexuales, personas en situaciones irregulares, negros y moros.. A Jesús no le importa proclamar la justicia, si hace falta infringiendo la Ley que lo prohibía y le cause marginación a él: "ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo" (si en la 1. lectura se dice que los leprosos debían vivir "fuera del campamento" el fragmento evangélico termina diciendo que Jesús debía quedarse "en descampado").También hoy, fácilmente, acoger a los marginados implica que la sociedad/comunidad margine a quien lo hace. La autentificación evangélica de nuestras comunidades cristianas -y de nuestras celebraciones eucarísticas- está en su capacidad de acoger a los marginados. No tenemos el poder de limpiar de la "lepra", pero tenemos el poder de que un marginado deje de serlo. Porque, para ello, basta con "extender la mano" y acogerle. Esta es la suprema ley cristiana (J. Gomis).

   Cada vez que rezamos el Padrenuestro también le pedimos al Señor que nos limpie, pues imploramos: líbranos del mal.

viernes, 9 de febrero de 2024

Sábado de la semana 5ª. Hoy, como ayer, los hombres construyen ídolos y acaban esclavos dediosecillos. Jesús nos eleva hacia Dios, y nos da alimento: multiplica lospanes y atiende nuestras necesidades espirituales y corporales, cuando nosconfiamos a Él

Sábado de la semana 5ª. Hoy, como ayer, los hombres construyen ídolos y acaban esclavos de diosecillos. Jesús nos eleva hacia Dios, y nos da alimento: multiplica los panes y atiende nuestras necesidades espirituales y corporales, cuando nos confiamos a Él

 

A. Lecturas:

   1. Reyes 12,26-32; 13,33-34. En aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros: «Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su señor, Roboán, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá.» Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: « ¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto! » Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecía a la tribu de Levi. Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar que había levantado en Betel, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido. Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos. Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.

   2. Salmo 105,6.7a.19-20.21-22. Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas.

   En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.

   Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.

   3. Marcos 8,1-10: "Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.» Le replicaron sus discípulos: « ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?» Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos contestaron: «Siete.» Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta".

 

B. Comentario:

   1. El pecado de idolatría de Jeroboán es por motivos políticos. También hoy vemos que el poder político tiene la tentación de servirse de la religión para sus fines. Jeroboán construye en los antiguos santuarios de Betel y Dan dos becerros de oro. Establece fiestas y sacrificios. Y pone sacerdotes tomados del pueblo, sin que pertenecieran a la tribu de Leví. Nosotros podemos tener ídolos, dioses falsos a los que dedicar parte del corazón y de la fe. Estamos avisados de que el pecado nos lleva a la destrucción. Vemos esa tendencia a desviarnos del recto camino, en el fondo del alma está el espíritu de rebeldía al que podemos encauzar.

   2. A lo largo de la historia, las infidelidades han sido múltiples, nos recuerda el salmo con las mismas palabras que la primera lectura. También en nuestro tiempo hay paganismo, como entonces: "Se olvidaron de Dios, su salvador…" Señor, te doy gracias, pues eres misericordioso con tu pueblo a pesar de los continuos desvaríos que tenemos… «Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no le abandonaste al poder de la muerte» (plegaria eucarística IV). Pedimos a la intercesión de santa María estar centrados en la Eucaristía, que hoy vemos como la abundancia de bien, la multiplicación que Cristo nos regala a nosotros: su cercanía y su presencia, su Palabra, su mismo Cuerpo y Sangre como alimento. ¿Qué alimento mejor podemos pensar como premio por seguir a Cristo Jesús? Esa comida eucarística es la que luego nos tiene que impulsar a repartir también nosotros a los demás lo que tenemos: nuestros dones humanos y cristianos, para que todos puedan alimentarse y no queden desmayados por los caminos tan inhóspitos y desesperanzados de este mundo (J. Aldazábal).

    3. –"Por aquellos días, hallándose rodeado de una gran muchedumbre que no tenía qué comer, llamó a los discípulos"... La escena que se contará es una "segunda multiplicación de los panes". Pero aquí todos los detalles son empleados por Marcos para mostrarnos que la "mesa de Jesús" está abierta a todos, incluidos los paganos. Si la primera fue en territorio judío para judíos, ahora estamos en pleno territorio de la Decápolis. En la primera se nos dice que Jesús "bendijo" los panes, término familiar a los judíos ("eu-logein" en griego), aquí Jesús "da gracias", término familiar a los paganos ("eu-caristein" en griego).

   El evangelio de ayer era un anuncio del bautismo. El de hoy nos orienta hacia la Eucaristía. Jesús está siempre presente, con los mismos gestos.

   -"Quedan "doce cestas"" palabra usada sobre todo por los judíos ("Doce" es la cifra de las "doce tribus de Israel"... -La primera comunidad "judeo-cristiana" estaba organizada alrededor de los "doce", como los "doce patriarcas" del primer pueblo de Israel.) Quedan "siete canastas", palabra usada sobre todo por los griegos (Siete" es la cifra de los "siete  diáconos" que organizaron la primera comunidad helenística -suceso extremadamente importante para introducir a los paganos en la Iglesia y darles la impresión de estar a la misma mesa: Hch 6.)

   -"Dando gracias, los partió"... Es una comida "de acción de gracias" -eucaristía en griego- La alusión es muy clara. Esta relación no puede pasar desapercibida a un lector cristiano: allí también, los primeros oyentes de Marcos se reconocían... el rito esencial de su comunidad era la "cena del Señor". ¿Qué es la misa para mí, hoy? (Noel Quesson).

   Jesús, compadecido de la muchedumbre que le sigue para escuchar su palabra sin acordarse ni de comer, provee con un milagro para que coman todos. Con siete panes y unos peces da de comer a cuatro mil personas y sobran siete cestos de fragmentos.

   Había mucha gente, se nos dice en otro sitio que la gente buscaba a Jesús con la intención de hacerlo rey (Jn 6,15). Jesús no quiere un liderazgo, por desgracia había mucho farsante entonces, como Flavio Josefo, por ejemplo, escribe: "Había individuos falaces e impostores que bajo la apariencia de una inspiración divina promovían revueltas y agitaciones, inducían a la gente a realizar actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si Dios tuviera que mostrarles allí los signos de su inminente libertad" (De bello judaico 2, 259). Bajo esta luz adquiere especial importancia la indicación de que Jesús "obligó" a los discípulos a alejarse y de que él, después de haber despedido a la gente, se retiró a rezar a la montaña (6, 46). Jesús no quiere fomentar las esperanzas de la gente (que expresan la misma tentación con que se enfrentó en el desierto), sino que se aleja de ellas, encontrando en la oración la claridad de su camino mesiánico hacia la cruz y el ánimo para recorrerlo (Bruno Maggioni).

   "Me da lástima de esta gente", dice Jesús. Hermanos, nuestro Dios es un Dios compasivo. ¡No nos engañemos! El amor que se hace piedad y compasión tiene una fuerza que no es la de nuestras compasiones humanas, ni tampoco la de esas compasiones impotentes que suscitan el sarcasmo de nuestros contemporáneos. El amor no se define por la lástima, sino por la admiración. Cuando Dios dice: "me da lástima", no hay en él ninguna condescendencia, ninguna afectación intolerable, sino, más bien, esta revelación inaudita: Dios es un enamorado. "¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is 49,15). Dios está apasionado, Dios está loco. Como un enamorado, porque ama, lo deja todo: su tranquilidad, su reputación, su renombre.

   ¿Qué puede ver de bueno en nosotros? ¿Cómo puede hacer de nuestra tierra agotada, ingrata, pervertida o sublevada el objeto de semejante amor? ¿Qué pudo obligar al Hijo a tomar la cruz? "Me da lástima esta gente". Y Dios rompe su propio cuerpo, para saciar con él a esta tierra que ni siquiera conoce el hambre que padece.

   Dios se tiende sobre el leño del Gólgota, para así levantar a una humanidad que aún no ha llegado a ver agotado su deseo. "Me da lástima de esta gente". Sólo Dios puede decir con verdad estas palabras, porque sólo él admira suficientemente a nuestra tierra.

   Sólo él puede conocer lo que esa frase significa, porque sólo él conoce al hombre tal y como lo soñaba él al atardecer del día sexto. Sólo Dios puede repetirla sin condescendencia, porque sólo él puede hacer lo necesario para que se convierta en realidad aquel sueño olvidado. "Me da lástima de esta gente". Sólo Dios tiene derecho a pronunciar estas palabras, por haber pagado un alto precio para que la lástima se trocara en purificación. "Tomad y comed: esto es mi cuerpo entregado por vosotros y por todos los hombres" (Dios cada día, Sal terrae).

   -"Recogieron siete canastas de los mendrugos sobrantes". En las dos multiplicaciones de panes hay abundancia, y de sobra. La principal abundancia no es la de bienes materiales sino la del corazón, como nos dice san Gregorio de Nisa: «el que parte su pan con los pobres se constituye en parte de aquél que, por nosotros, quiso ser pobre. Pobre fue el Señor, no temas la pobreza».

 

Llucià Pou Sabaté

 

jueves, 8 de febrero de 2024

Viernes de la semana 5ª: Se independizó Israel de la casa de David, por no escuchar a Dios y perderse en idolatrías. Jesús, que hace oír a los sordos y hablar a los mudos, nos trae el amor del Padre y su misericordia

Viernes de la semana 5ª: Se independizó Israel de la casa de David, por no escuchar a Dios y perderse en idolatrías. Jesús, que hace oír a los sordos y hablar a los mudos, nos trae el amor del Padre y su misericordia

 

A. Lecturas:

   1. I Reyes 11, 29-32;12.9: "Un día, salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado. Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán: «Cógete diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: "Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel."» Así fue como se independizó Israel de la casa de David hasta hoy.

   2. Salmo 80,10.11ab.12-13.14-15. No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.

   Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

   ¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: en un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios.

   3. Marcos 7,31-37: En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 

B. Comentario:

   1. David y Salomón consiguieron un reino a costa de grandes sacrificios, y todo eso no duró mucho: muy pronto diez de las tribus del Norte se separan y se van con Jeroboán, uno de los arquitectos más brillantes del Templo, a quien Salomón había nombrado ministro. Es bien expresivo el gesto simbólico del profeta Ajías con el manto rasgado en doce trozos. Probablemente los motivos concretos de la desgraciada separación entre Israel (Norte) y Judá (Sur) fueron de índole política y económica, junto con la falta de habilidad en el trato con las tribus del Norte, que en el fondo seguían fieles a la memoria de Saúl y se sentían marginadas en relación con las de Judá. Pero en este libro de los Reyes todo se interpreta como castigo por el mal que había llegado a hacer al final Salomón.

   2. "No tendrás un dios extraño… yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto". El salmo nos pide fidelidad a Dios, aunque muchas veces Israel no ha correspondido: "Pero mi pueblo no escuchó mi voz…" Aunque haya traiciones por nuestra parte, la última palabra en el contraste entre Dios y el pueblo pecador nunca es el juicio y el castigo, sino el amor y el perdón. Dios no quiere juzgar y condenar, sino salvar y librar a la humanidad del mal.

   Pronto o tarde se pagan las consecuencias del pecado. Salomón había faltado gravemente nada menos que al primer mandamiento, adorando a dioses extraños. Pero Dios siempre está dispuesto a perdonarnos. Él nos ama, y nos sigue contemplando amorosamente cuando nos alejamos de su presencia, sin embargo jamás nos retira su amor.

   3. Jesús está en tierra extranjera, y –"le presentan a un sordomudo". El texto griego pone la palabra "tartamudo": un sordo que hablaba con dificultad. En toda la Biblia esta palabra se encuentra sólo dos veces; aquí y en Is 35,6, donde precisamente citan las gentes del pueblo: "Es admirable todo lo que hace, los sordos oyen y hablan bien los tartamudos". Marcos subraya pues que Jesús cumple la gran esperanza prometida por Isaías. Es como una nueva creación, un hombre nuevo, ¡con oídos bien abiertos para oír y con la lengua bien suelta para hablar! La salvación que Dios había prometido por los profetas es como un perfeccionamiento del hombre, una mejora de sus facultades: por la fe la humanidad adquiere como unos "sentidos" nuevos, más afinados.

   -"Y tomándole aparte de la muchedumbre"... después del milagro les recomendó que no lo dijesen a nadie... hay una consigna de silencio, para evitar que la muchedumbre saque enseguida la conclusión: es el Mesías. Pues este título es demasiado ambiguo. Debe ser purificado, desmitologizado por la muerte en la cruz. Escogerá la expresión "hijo del Hombre", a la que irá cargando de contenido mesiánico…

   -"Le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua". Todos los sacramentos, son también gestos sensibles, humanos, corporales. Inmensa dignidad del cuerpo, instrumento de comunicación, de expresión. La gracia más divina, más espiritual, pasa por esos humildes y modestos "signos": al sordo-tartamudo no le estorbaron nuestras teorías desencarnadas... y pudo experimentar, como extremadamente reveladores de la ternura de Jesús, estos gestos de contacto tan sencillos y naturales.

   -"Y mirando al cielo, suspiró y dijo: "¡Efeta!"... "Abrete"". Mirar al cielo: otro gesto, de la omnipotencia divina, que hará el milagro. Gesto familiar en Jesús, observado ya en la multiplicación de los panes (Mc 6, 41). Luego Jesús "¡suspira!" ¡Un gemido de Jesús! ¿Participación en el sufrimiento del enfermo? quizá... Pero sobre todo ¡una profunda llamada a Dios! Jesús reza y en su oración participa su cuerpo, su respiración.

   -"Y se abrieron sus oídos. Se le soltó la lengua. Y hablaba correctamente". Los primeros lectores de Marcos han asistido a "bautizos", en los que el rito del "Efeta" se practicaba concretamente. Yo, por mi bautismo, ¿tengo los oídos abiertos o tapados?... la lengua ¿muda o suelta? ¿Me "comunico" correctamente con Dios y con mis hermanos? (Noel Quesson).

   Jesús curó al enfermo con unos gestos característicos, imponiéndole las manos, tocándole con sus dedos y poniéndole un poco de saliva. Y con una palabra que pronunció mirando al cielo: «effetá», «ábrete». Jesús está mostrando que ha llegado el tiempo mesiánico de la salvación y de la victoria contra todo mal.

   El Resucitado sigue curando hoy a la humanidad a través de su Iglesia. Los gestos sacramentales -imposición de manos, contacto con la mano, unción con óleo y crisma- son el signo eficaz de cómo sigue actuando Jesús. «Una celebración sacramental está tejida de signos y de símbolos». Son gestos que están tomados de la cultura humana y de ellos se sirve Dios para transmitir su salvación: son «signos de la alianza, símbolos de las grandes acciones de Dios en favor de su pueblo», sobre todo desde que «han sido asumidos por Cristo, que realizaba sus curaciones y subrayaba su predicación por medio de signos materiales o gestos simbólicos» (Catecismo 1145-1152).

   Así, dice el Cardenal Newman, «cuando asistís al Santo Sacrificio del Altar y os arrodilláis en la elevación, y cada vez que hacéis un acto de fe en Dios, meditando cuidadosamente todo lo que el Evangelio nos dice que Él ha hecho por nosotros, recordad que Dios es omnipotente, y ello os ayudará y os animará a hacerlo. Decid: yo creo esto y aquello, porque Dios es omnipotente. No adoro una criatura. No soy siervo de un Dios de poder restringido. Puesto que Dios puede «hacer» todas las cosas, yo puedo «creer» todas las cosas. Nada es demasiado difícil para que Él lo haga, y nada es demasiado difícil para que yo lo crea».

   El episodio de hoy nos recuerda de modo especial el Bautismo, porque uno de los signos complementarios con que se expresa el efecto espiritual de este sacramento es precisamente el rito del «effetá», en el que el ministro toca con el dedo los oídos y la boca del bautizado y dice: «El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre».

   Un cristiano ha de tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar tanto a Dios como a los demás, sin hacerse el sordo ni a la Palabra salvadora ni a la comunicación con el prójimo. Para hablar tanto a Dios como a los demás, sin callar en la oración ni en el diálogo con los hermanos ni en el testimonio de nuestra fe.

   Pensemos un momento si también nosotros somos sordos cuando deberíamos oír. Y mudos cuando tendríamos que dirigir nuestra palabra, a Dios o al prójimo. Pidamos a Cristo Jesús que una vez más haga con nosotros el milagro del sordomudo (J. Aldazábal).

   Hoy, Jesús, haces volver la escucha y el habla a un sordo, y provocas que la gente admirada te alabe como el profeta Isaías: «Todo lo ha hecho bien». «Las obras de Dios son perfectas» (Dt 32,4). Y Moisés manifiesta al Pueblo de Israel: «No ofrezcáis nada defectuoso, pues no os sería aceptado» (Lev 22,20). Pide la ayuda maternal de la Virgen María. Ella, como Jesús, también lo hizo todo bien. Si hacemos por amor el pequeño deber de cada instante, si tocamos esa música interior que da sentido a todo, la canción que descubrimos que está en nuestro interior… nos realizamos como personas, somos felices pues se podrá decir en verdad lo que dijeron de Jesús: ¡Qué bien lo hace todo!, haciendo el bien a todos.

 

Llucià Pou Sabaté

 

miércoles, 7 de febrero de 2024

Jueves de la semana 5ª: la fe puede corromperse con el orgullo egoísta, y en cambio se vuelve grande por la humildad y la caridad, en un culto auténtico a Dios

Jueves de la semana 5ª: la fe puede corromperse con el orgullo egoísta, y en cambio se vuelve grande por la humildad y la caridad, en un culto auténtico a Dios

A. Lecturas:

1. I Reyes 11,4-13. Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el de su padre David. Salomón fue detrás de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de los amonitas. El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como lo había hecho su padre David. Fue entonces cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el ídolo de los amonitas. Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. El Señor se indignó contra Salomón, porque su corazón se había apartado de él, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces y le había prohibido ir detrás de otros dioses. Pero Salomón no observó lo que le había mandado el Señor. Entonces el Señor dijo a Salomón: "Porque has obrado así y no has observado mi alianza ni los preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se lo daré a uno de tus servidores. Sin embargo, no lo haré mientras tú vivas, por consideración a tu padre David: se lo arrancaré de las manos a tu hijo. Pero no le arrancaré todo el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí".

   2. Salmo 106,3-4.35-37.40. ¡Felices los que proceden con rectitud, los que practican la justicia en todo tiempo! Acuérdate de mi, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo; visítame con tu salvación, se mezclaron con los paganos e imitaron sus costumbres; rindieron culto a sus ídolos, que fueron para ellos una trampa. Sacrificaron en honor de los demonios a sus hijos y a sus hijas; por eso el Señor se indignó contra su pueblo y abominó de su herencia.

   3.  Marcos 7,24-30: «Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. Al punto, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, entró y se echó a sus pies. La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Y le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. Ella respondió diciendo: Señor también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. Y le dijo: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija. Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido».

 

B. Comentario:

   1. Salomón peca de idolatría: "en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses". También nosotros podemos tener nuestros ídolos: dinero, poder, éxito… Siguiendo el modo de pensar de entonces, se aplica al castigo divino la disgregación del Reino de David. Dios actúa en la historia, en el curso de los grandes y pequeños acontecimientos… pero muchas veces no nos es dado ver el modo de su presencia y acción misteriosa…

   2. "¡Felices los que proceden con rectitud… visítame con tu salvación" Es una petición a la ayuda divina, para ser fieles. Pedimos a la Santísima Virgen, modelo de fidelidad: ayúdanos a ser como tú, a decir que sí al Señor, a no cansarnos y tú, Esperanza nuestra, llévanos de la mano hacia el cumplimiento de la voluntad de Dios, aquí en la tierra, hasta el cielo.

   3.  El episodio de la mujer extranjera, en territorio de Tiro y Sidón, en Fenicia, tiene forma de paradoja, pues Jesús pone a prueba esta fe, con palabras que a nosotros nos pueden parecer duras: "le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos" (los judíos serían los hijos, mientras que los paganos son comparados a los perritos), pero que a la mujer no parecen desanimarla, y respondió: "Señor también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos." A Jesús le gusta. Lo que puede la súplica de una madre. La de esta mujer la podemos considerar un modelo de oración humilde y confiada. Le dice: "por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija. Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido».

   Vemos que la salvación no es exclusiva del pueblo judío, sino que también los extranjeros pueden ser admitidos a ella, si tienen fe. No es la raza lo que cuenta, sino la disposición de cada persona ante la salvación que Dios ofrece.

   Para nosotros también es una lección. No tenemos monopolio de Dios, ni de la gracia, ni de la salvación. También los que nos parecen alejados o marginados pueden tener fe y recibir el don de Dios: tenemos que saber acoger a los extraños, a los que no piensan como nosotros, a los que no pertenecen a nuestro círculo. Señor, te pido nos encerrarnos en nuestros puntos de vista, cuando no en nuestros privilegios y tradiciones, para negar a otros el pan y la sal, para no reconocer que también otros pueden tener una parte de razón y sabiduría (J. Aldazábal), como tú, de quien se dice: «Anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo» (Plegaria eucarística IV)

   La expresión "espíritu impuro" se encuentra 23 veces en el Nuevo Testamento. ¡Cuántas madres en el mundo entero, tienen preocupaciones acerca de sus hijos, rezan y confían su preocupación a Jesús!

   San Juan Crisóstomo habla de la "La oración humilde e insistente" y dice: "Una mujer cananea se acerca a Jesús suplicándole a grandes gritos que curase a su hija, poseída de un demonio... Esta mujer, una extranjera, una bárbara, sin relación alguna con el pueblo judío ¿no era como una perra, indigna de alcanzar lo que ella pedía? "No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perrillos." Sin embargo, la perseverancia de la mujer le ha valido ser escuchada. Aquella, que no era sino una perrilla, Jesús la levanta a la nobleza de los hijos de la casa. Más aún, la colma de alabanzas. Le dice al despedirla: "¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides." (Mt 15,28) Cuando se oye a Cristo decir: "Tu fe es grande" no hace falta buscar otras pruebas para ver la grandeza de alma de esta mujer. Ha salido de su indignidad por la perseverancia en la petición. Observa también que alcanzamos del Señor más por nuestra propia oración que por la de los otros" (Homilía "Que Cristo sea anunciado" 12-13; PG 51, 319-320).

   Muchas veces parece que Dios calla, vemos a muchos decir: "Dios no me ha escuchado"; pero Dios siempre está ahí, y hemos de animar a continuar clamando sin cesar, pues la oración nos hace mejores, predispone nuestro corazón para que Dios se nos dé, y luego siempre nos atiende aunque no sabemos muchas veces de qué modo.

   "La Cananea" nos va a enseñar cómo la fe es capaz de ganarle a Dios ese pulso que Dios le echa. Es un relato tan hermoso que parece casi un cuento de hadas. Sin embargo, aquella mujer se llevó en el corazón aquello que tanto quería: la curación de su hija.

   Cuando no entendamos nada, nos parezca que todo va mal y que no somos atendidos… Entonces, tengo que hacerme pequeño y decirle a Dios: "No te entiendo, pero me fío de ti", como tuvo que hacer María al comprobar que duros eran los planes de Dios sobre el modo y el cómo del Nacimiento de su Hijo, o al ignorar cómo se iba a resolver el tema de su embarazo con José, o al escuchar que una espada iba a atravesar su corazón por culpa de aquel niño que llevaba a presentar ante el Señor.

   ¿Es mi fe tan grande que, incluso no entendiendo nada de nada de los planes de Dios sobre mí o sobre los demás, pongo por delante siempre mi fe absoluta en Él? ¡Cómo nos gustaría escuchar de los labios del mismo Dios: "Qué grande es tu fe. Que se haga como quieres"! Hay que apostar en la vida por Dios y aceptar que Dios nos sobrepasa y nos supera. No somos nada a su lado. Todo lo que de Él venga será bienvenido. No dejemos nunca que el orgullo nos someta y dejemos de curarnos porque se nos hace humillante bañarnos en el río que nos ha aconsejado Dios cuando tenemos ríos tan bellos en nuestra tierra (2 Re 5, 1-15).

   Nos dirá Jesús muchas veces: «Pedid y recibiréis...»: lo repite para recomendar a justos y pecadores la confianza en la misericordia de Dios, y por eso añade: «todo el que pide recibe»; es decir ya sea justo, ya sea pecador no dude al pedir para que conste que no desprecia a nadie» (San Juan Crisóstomo).

Llucià Pou Sabaté

 

martes, 6 de febrero de 2024

Miércoles de la semana 5 de tiempo ordinario (par): la maldad sale del corazón, y nada de lo de fuera hace daño… cuidemos nuestro mundo interior

Miércoles de la semana 5 de tiempo ordinario (par): la maldad sale del corazón, y nada de lo de fuera hace daño… cuidemos nuestro mundo interior

 

A. Lecturas:

   1. I Reyes 10,1-10. La reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón, y fue a ponerlo a prueba, proponiéndole unos enigmas. Llegó a Jerusalén con un séquito imponente, con camellos cargados de perfumes, de muchísimo oro y de piedras preciosas. Cuando se presentó ante Salomón, le expuso todo lo que tenía pensado decirle. Salomón respondió a todas sus preguntas: no hubo para el rey ninguna cuestión tan oscura que no se la pudiera explicar. Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, los aposentos de sus servidores, el porte y las libreas de sus camareros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en la Casa del Señor, se quedó sin aliento y dijo al rey: "¡Realmente era verdad lo que había oído decir en mi país acerca de ti y de tu sabiduría! Yo no lo quería creer, sin venir antes a verlo con mis propios ojos. Pero ahora compruebo que no me habían contado ni siquiera la mitad: tu sabiduría y tus riquezas superan la fama que llegó a mis oídos. ¡Felices tus mujeres, felices también estos servidores tuyos, que están constantemente delante de ti, escuchando tu sabiduría! ¡Y bendito sea el Señor, tu Dios, que te ha mostrado su favor poniéndote sobre el trono de Israel! Sí, por su amor eterno a Israel, el Señor te estableció como rey para que ejercieras el derecho y la justicia". La reina regaló al rey ciento veinte talentos de oro, una enorme cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca más se recibieron tantos perfumes como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón.

   2 Salmo 37,5-6.30-31.39-40. Encomienda tu suerte al Señor, confía en él, y él hará su obra; hará brillar tu justicia como el sol y tu derecho, como la luz del mediodía. La boca del justo expresa sabiduría y su lengua dice lo que es recto: la ley de Dios está en su corazón y sus pasos no vacilan. La salvación de los justos viene del Señor, él es su refugio en el momento del peligro; el Señor los ayuda y los libera, los salva porque confiaron en él.

   3. Marcos 7,14-23: «Llamando de nuevo a la muchedumbre, les decía: Escuchadme todos y entended: nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro; las cosas que salen del hombre, ésas son las que hacen impuro al hombre.

   Y cuando entró en casa, alejado ya de la muchedumbre, sus discípulos le preguntaban el sentido de la parábola. Y les dice: ¿así que también vosotros sois incapaces de entender? ¿No sabéis que todo lo que entra en el hombre no puede hacerlo impuro, porque no entra en su corazón sino en su vientre, y va a la cloaca? De este modo declaraba puros todos los alimentos. Pues decía: Lo que sale del hombre, eso hace impuro al hombre. Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, adulterios, codicias, maldades, fraude, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre».

 

B. Comentario:

    1. La reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón, y fue verle con un séquito imponente, con perfumes, oro y piedras preciosas. Salomón respondió de manera sabia a todas sus preguntas. Cuando la reina de Sabá vio toda su sabiduría, riqueza y organización, se quedó sin aliento y lo elogió con grandes palabras. Y la reina le hizo muchos regalos a Salomón.

    2. El salmo se recrea en la sabiduría de Salomón y su origen divino: «la boca del justo expresa sabiduría…". 

   3. Jesús nos dice que nada de fuera hace daño al hombre, "lo que sale del corazón... esto es lo que mancha al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga". Los discípulos le preguntaron en privado por el significado de la parábola. Y me planteo: ¿me pregunto sobre el "sentido" de sus palabras?

   -"¿Tan faltos estáis de inteligencia?" La falta de inteligencia de los discípulos hace sufrir a Jesús, pues incluso entre sus mejores amigos es incomprendido; Jesús, por la profundidad misma de su personalidad misteriosa, estaba solo. Paso unos instantes contemplando este sufrimiento del corazón de Jesús.

   -"¿No comprendéis que...?" Y Jesús, pacientemente, reemprende en la intimidad con sus discípulos, la explicación de lo que ya ha tratado de hacer comprender a la muchedumbre y a los fariseos. Tenían el problema de la carne de los animales llamados "impuros".

   -"Así Jesús declaraba puros todos los alimentos". Cuando se sabe la importancia que para cada nación, o para cada provincia tienen las costumbres culinarias... se adivina que Jesús tenía sobre ello una visión amplia, universal, liberadora. La fe y la verdadera religión hacia Dios no están ligadas a estas costumbres. Como nos recuerda el último Concilio: "Los misioneros deben familiarizarse con las tradiciones nacionales y religiosas de los pueblos a evangelizar..., descubrir con alegría y respeto las simientes que el Verbo depositó y están escondidas en las diversas culturas..." Descubrir los valores de culturas que no son las nuestras. Al declarar que todos los alimentos son puros, Jesús contravenía gravemente una tradición de su pueblo... pero lo hacía para abrir la Iglesia a todos los que no tenían esas tradiciones judías. Jesús pensaba en los paganos.

   -"De dentro del corazón del hombre proceden los pensamientos perversos: las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, el orgullo. Todas estas maldades proceden del interior del hombre y lo manchan". Jesús pensaba también en los judíos y en todos los hombres. Todos tenemos necesidad de re-descubrir lo esencial desde el interior. Y es la simple conciencia universal, la moral más natural, lo que Jesús revalora.

   Ninguna costumbre nacional, ninguna tradición de los antiguos, de los antepasados, puede ir en contra de esas leyes esenciales que todo hombre recto reconoce en el fondo de su conciencia.

   Lo que realmente me daña son todas esas cosas: ¿Cómo cuido el corazón? ¿De qué lo tengo lleno? ¿Cuáles son mis intereses más profundos? Jesús, debo cuidar más mis afectos, para que sean limpios, puros, generosos. Quiero querer a los demás como los quieres Tú, y para eso he de luchar un poco: no consentir malos pensamientos; no ponerme en ocasión; saber perdonar los errores de los demás, también las injusticias; saber escuchar y comprender, no queriendo imponer siempre mi punto de vista; buscar la paz y no el odio; cortar los deseos de tener por tener; alegrarme si los demás son mejores que yo; etc. (P. Cardona): "sólo quien sabe conservar el corazón «intacto» sustrayéndole a las sugestiones de los entusiasmos pasajeros y dispersos, puede expresar en su vida una auténtica capacidad de donación" (Juan Pablo II).

   Jesús, si quiero estar cerca tuyo debo tener el corazón pegado a Ti, en la Cruz. Esto es lo que se llama mortificación interior: sujetar la imaginación, la memoria, el deseo de quedar bien por encima de todo. Y poner mi corazón en el suelo para que los demás pisen blando: fomentar esos deseos de servir a los demás sin pensar en mí.

   Y dice san Gregorio de Nisa: "Oh Dios crea en mí un corazón puro" (Sal 50,12). Si tú purifica tu corazón de toda escoria por el esfuerzo de una vida perfecta, la belleza divina volverá a brillar en ti. Es lo que pasa con un trozo de metal cuando la lima lo limpia de toda herrumbre. Antes estaba ennegrecido y ahora es radiante y brilla a la luz del sol. Asimismo, el hombre interior, lo que el Señor llama "el corazón", recobrará la bondad a semejanza de su modelo, una vez quitadas las manchas de herrumbre que alteraban y afeaban su belleza (cf Gn 1,27) Porque lo que se asemeja a la bondad, necesariamente se vuelve bueno.

   El que tiene un corazón puro es feliz (Mt 5,8) porque recobra su pureza que le hace descubrir su origen a través de esta imagen. Aquel que ve el sol en un espejo no necesita fijar la mirada en el cielo para ver al sol; lo ve en el reflejo del espejo tal cual está en el cielo. Así vosotros que sois demasiado frágiles para captar la luz, si os volvéis hacia la gracia de la imagen que tenéis esculpida en vuestro interior desde el principio, encontraréis en vosotros mismos lo que buscáis. En efecto, la pureza, la paz del alma, la distancia de todo mal, es la divinidad. Si posees todo esto posees ciertamente a Dios. Si tu corazón se aparta de toda maldad, libre de toda pasión, limpia de toda mancha, eres feliz porque tu mirada es transparente" (Homilía 6 sobre las Bienaventuranzas; PG 44,1269-1272).

   Jesús nos enseña que todo lo que Dios ha hecho es bueno. Es cuestión de tener pura nuestra intención, y san Gregorio Magno señala: «No nos seduzca ninguna prosperidad halagüeña, porque es un viajero necio el que se para en el camino a contemplar los paisajes amenos y se olvida del punto al que se dirige». Convendrá mantener la presencia de Dios y considerar frecuentemente la filiación divina, de manera que todo nuestro día —con oración y trabajo— tome su fuerza y empiece en el Señor, y que todo lo que hemos comenzado por Él llegue a su fin.

 

Llucià Pou Sabaté