viernes, 29 de diciembre de 2023

Navidad, 29 de Diciembre (Día quinto de la octava de Navidad): Quien ama a su hermano permanece en la luz. Simeón proclama a Jesús como la Luz, el Templo vivo de Dios

Navidad, 29 de Diciembre (Día quinto de la octava de Navidad): Quien ama a su hermano permanece en la luz. Simeón proclama a Jesús como la Luz, el Templo vivo de Dios

 

A. Lecturas:

   1. I Juan (2,3-11): En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo –lo cual es verdadero en él y en vosotros–, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

 

   2. Salmo 95,1-2a.2b-3.5b-6: Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.

   Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

   El Señor ha hecho el cielo; honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo.

 

   3. Lucas 2,22-35: "Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

   Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

   Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

 

B. Comentario:

   1. "Lo que es verdadero en Él mismo y en vosotros –dice el Apóstol San Juan en la primera lectura-, porque las tinieblas ya pasaron y la verdadera luz ya luce". La "luz para ser revelada a los gentiles y para gloria de tu pueblo" es la filiación divina y la consiguiente fraternidad, que el Señor nos consigue –como decimos al Señor en la oración sobre las ofrendas- "este glorioso intercambio: que al ofrecerte lo que nos diste, merezcamos recibirte a Ti mismo". Esta es la misericordia que manifiesta las entrañas divinas. Se manifiesta en el amor, con nos dice san Juan: -"QueridosEn esto sabemos que conocemos a Jesucristo: en que guardamos sus mandamientos". El conocimiento de Jesucristo no es un conocimiento intelectual reservado a sabios teóricos, sino que es un conocimiento experimental, vital. El que "guarda" los mandamientos, el que «hace» la voluntad de Dios... ese tal «conoce» a Dios. ¿Corresponde mi vida a Dios?

   -"Quien guarda fielmente su Palabra, ciertamente en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud". Dame, Señor, el amor de tu Palabra. Haz que la medite, que practique tu Palabra. Que todos los actos de mi vida cotidiana sean como una aplicación de tu Palabra: amar, servir, trabajar para guardar tu Palabra. Por tu amor.

   -"En esto conocemos que estamos en El. Quien dice que permanece en El debe vivir como vivió El y seguir el camino que Jesús ha seguido". Me ayudará pensar: ¿cómo reaccionaría si estuviera Jesús en mi lugar junto a las personas con las que vivo? Portarme como Tú, Jesús. Quiero que habiten en mí tu dulzura, tu pureza, tu oración... como una encarnación prolongada.

   -"Lo que os escribo no es un mandamiento nuevo... y sin embargo es «nuevo» en Jesús y en vosotros. Quien declara estar en la luz, mientras odia a su hermano no ha salido de las tinieblas". El que ama a su hermano permanece en la luz. Todo se aclara cuando nos situamos y vivimos en el verdadero amor. Dios se descubre cercano, a los corazones abiertos al amor, al perdón, a la participación; pero es inaccesible a los corazones cerrados en si mismos. Te pido, Señor, ¡enséñame a amar! (Noel Quesson).

   2. A Dios dirigimos el canto nuevo que brota de la presencia del Espíritu Santo en nosotros: "Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre". Él canta desde nosotros, pues nosotros hemos sido unidos a Él como hijos por vivir en comunión con Cristo Jesús, su Hijo, por eso estamos contentos.

   3. -"Cumplido el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús llevaron al niño a Jerusalén, para presentarlo al Señor". La presentación del hijo primogénito se debía a la ofrenda debida del primer hijo a Dios, que con el tiempo se había sustituido con un rescate pues del templo se ocupaban los de la tribu de Leví. Así se hace el sacrificio, entendido como sacri-facere, es decir "hacer sagrado", dedicar a Dios, a los 40 días del nacimiento; y así hizo la Sagrada Familia. Lucas también se refiere a la purificación de la madre, a los 40 días de haber nacido el niño: se hacía una ofrenda y el rezo de unas oraciones.

   -"Iban para presentar la ofrenda de un par de tórtolas, o dos palominos como está ordenado en la ley del Señor". Era la ofrenda de los pobres. María no pudo ofrecer nada más valioso.

   -"Simeón, hombre justo y religioso, esperaba la "consolación de Israel". El Espíritu le había revelado que no había de morir antes de ver el Mesías. Inspirado por el Espíritu Simeón vino al Templo". Se deja guiar. Dios le conduce, como de la mano, hacia el Templo. Señor, quisiera cerrar mis ojos, y tomar tu mano, como el niño que juega a dejarse conducir por su padre.

   Festejamos hoy a Jesús como luz del mundo, y al santo Rey David, pues en la profecía de Simeón, se eclipsan las viejas profecías para dejar paso a la nueva: el que David había anunciado, ¡ha entrado por fin en el Templo, Él es el Templo! Ahí le ponen el nombre de Jesús ("Dios que salva"), al someterse a la ley de la circuncisión ésta queda superada, ante "Dios que salva" Simeón proclama: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos».

   Es la visión del Salvador, que se fomenta con su invocación: de aquí la importancia de decir el nombre dulce de Jesús. Las raíces más importantes no son el pueblo al que pertenecemos, o la familia donde hemos nacido, sino la filiación con quien nos dio vida, el Padre, unidos a su hijo Jesús que es el camino para sentir viva esta filiación divina.

   -"Bendijo a Dios". A lo largo del día, los judíos tenían la costumbre de pronunciar varias bendiciones. Los más piadosos, diestros en este hábito ritual, debían sin cesar elevar hacia Dios breves plegarias: "Bendito seas, Señor". ¿Tengo yo también esta costumbre?

   -"Y dijo a María, su madre: "Este Niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel; y para ser el blanco de las contradicciones. Una espada traspasará tu corazón, para que se descubran los pensamientos secretos en los corazones de muchos..." El anciano y santo Simeón tiene el honor de reconocer a Jesús como el Mesías prometido, el que va a traer "la consolación de Israel". Su cántico sigue la idea del "Benedictus" de Zacarías: la luz que luce en las tinieblas. El "signo de contradicción" se refiere a que los sencillos ven, los presuntuosos están ciegos. La expresión "y una espada atravesará tu propia alma" indica la participación que María tendrá en la pasión de su Hijo, como indica el relato de Juan (19,25) con María al pie de la cruz, donde Jesús aparece como Rey, de un modo nuevo. La salvación, será fruto del sufrimiento. Y María participa en el. ¿Cómo participo en ese mismo misterio de la redención por la cruz?

   -"Mis ojos han visto a su Salvador: luz para alumbrar las naciones paganas y gloria de su pueblo Israel". Salvación universal que desborda las fronteras del pueblo elegido (Noel Quesson).

   En la tradición bizantina se llama precisamente «Encuentro» a esta fiesta. Simeón, movido por el Espíritu, reconoce en el hijo de esta sencilla familia al enviado de Dios, y prorrumpe en el breve y entusiasta cántico del «Nunc dimittis»: «ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz», que nosotros decimos cada noche en la oración de Completas que concluye la vivencia de la Jornada. En su boca es como el punto final del Antiguo Testamento Describe en unos trazos muy densos al Mesías: «mis ojos han visto a tu Salvador», que es «luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Cristo, gloria del pueblo de Israel y luz para los demás pueblos. Pero a la vez esa luz va a ser «crisis», juicio, signo de contradicción. Todos tendrán que tomar partido ante él, no podrán quedar indiferentes. Por eso Simeón anuncia a la joven madre María una misión difícil, porque tendrá que participar en el destino de su Hijo: «será como una bandera discutida... y a ti una espada te traspasará el alma». La presencia de María en este momento, al inicio de la vida de Jesús, se corresponde con la escena final, con María al pie de la Cruz donde muere su Hijo (J. Aldazábal). Presencia y cercanía de la madre a la misión salvadora de Cristo Jesús, que se da por entero: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todos tengan vida eterna» (entrada).

   Rezaremos en la oración: «Tú has disipado las tinieblas del mundo con la venida de Cristo, la luz verdadera», pues «por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto» (comunión). A veces pasamos por la vida pensando que hay algo más, algo a lo que agarrarnos para no estar solos, que algo no iba hasta que no encontramos ese amor esperado. Y, cuando lo encontramos, recuperamos el gusto por las cosas, somos capaces de renuncias por conservar ese amor, estamos contentos en el sacrificio porque hay un motivo por el que luchar. Así estaba Simeón anhelante y esperanzado, y descansó al encontrar a Jesús. Así también nosotros, en quienes el Espíritu quiere habitar, queremos recibir a Jesús en nuestro interior. Como pedimos en la oración colecta de hoy: "Dios todopoderoso e invisible, que ahuyentaste las tinieblas del mundo con la llegada de tu luz, míranos con rostro benigno, para que celebremos con dignas alabanzas la grandeza del Nacimiento de tu Hijo". Las tinieblas son el aislamiento de los demás, la soledad existencial, no sabernos unidos como hermanos, y si nos hacemos niños podremos entrar en ese ambiente de calor de los hijos de Dios.

Llucià Pou Sabaté

miércoles, 27 de diciembre de 2023

28 diciembre, Los Santos Inocentes Los Santos Inocentes, mártires que profesan su fe con su silencio

28 diciembre, Los Santos Inocentes

Los Santos Inocentes, mártires que profesan su fe con su silencio

A. Lecturas:

   1. I Juan (1,5–2,2): Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

   2. Salmo 123,2-3.4-5.7b-8: Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

   Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

   La trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

   3.  Mateo 2,13-18: "Después que los magos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».
Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen»
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B. Comentario:

   1. Nos dice san Juan: -"El anuncio que le oímos a Jesús es éste: Dios es luz... No hay tiniebla alguna en El..." Sin luz, los ojos resultan inútiles. No sirven para nada. «Dios es luz» Él pone de manifiesto todo lo restante. Sin Él todo sería tiniebla...

   -"Si caminamos en las tinieblas, nuestra conducta no es sincera". El tema de la luz en san Juan está ligado al de la verdad. Dios es «verdadero». Dios es transparencia, Dios es sinceridad, Dios es luz. En El no hay ningún desfase entre "lo que dice o muestra"... y «lo que verdaderamente es». Vivir «según la verdad», es «vivir según Dios». Es en primer lugar una exigencia de lucidez, de santidad, de verdad.

   -"Cuando nos movemos en la luz somos solidarios unos de otros". El amor fraterno. ¡Vivir «en la luz» es vivir en «comunión con los demás», en el servicio a los demás, en la apertura unos de otros! -"Y la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado... Si decimos no tener pecado, la verdad no está en nosotros... Si reconocemos abiertamente nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, perdona nuestros pecados y nos purifica de toda injusticia". Pecar... es caminar en las tinieblas. Hay en nosotros algo tenebroso, una parte de nosotros mismos que deseamos esconder. Esa parte egoísta, esas motivaciones interesadas, inconfesables, esas debilidades de nuestra voluntad... esos rechazos a compartir, a la comunicación, al amor. ¡Hay que hacer luz sobre todo ello! Basta con «reconocer que somos pecadores» para que todo eso sea salvado. Si uno de nosotros comete pecado, tenemos un defensor ante el Padre: Jesús, el justo. El es la víctima que expía nuestros pecados.¡Gracias! (Noel Quesson).

   2. "Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte…". Dios está siempre de nuestra parte. "…Nos habrían arrollado las aguas". Dios velará siempre por nosotros y nos librará de la mano de nuestros enemigos. Esa confianza nos da vida…

   3. Volvemos hoy a los "evangelios de la infancia", al episodio de la huida a Egipto donde vemos a Cristo en la situación de Moisés. Cristo es el "nuevo Moisés". El faraón había mandado matar a todas los recién nacidos. Un relato judío habla de que el faraón había conocido que un niño de los judíos sería rey y él, lleno de miedo, quiso matar a los recién nacidos. Moisés se había librado de la matanza –según esa tradición, porque Dios se le había aparecido en sueños y le había avisado- huyendo al extranjero. Moisés había sido llamado para que regresase a su país con las mismas palabras que el ángel utiliza para el retorno de la sagrada familia. Son procedimientos literarios que relaciona la fe del cumplimiento de las palabras en la Palabra encarnada, con la historia así explicada e interpretada.

   El texto del evangelio de san Mateo relata la matanza de los niños inocentes de Belén por obra del rey Herodes el Grande, despechado porque los magos no le avisaron del lugar en el que lo encontraron. Tal es el fundamento histórico de este relato que muchos toman por legendario que nos centra a Jesús como nuevo Moisés, definitivo, ya desde su nacimiento, que ha venido para dar al pueblo de Dios la nueva ley y ser el mediador de una mejor alianza. Jesús es el que vuelve de Egipto a la tierra prometida, pero no para apartarse de Dios como el antiguo Israel, sino para cumplir en todo la voluntad del Padre.

   -"El ángel dijo a José: "Levántate, huye a Egipto..." José se levantó de noche y partió"... Dios puede actuar con José sin la menor dificultad... Hay personas así, cuyo corazón está completamente lleno de Dios. ¡José tenía ese temple! Un hombre vigilante, atento siempre a la menor indicación que le sugiera cuál es la voluntad de Dios. -"Tomó al niño y a su madre"… el niño es el centro de todo, después viene su madre... Será Jesús mismo a los doce años quien nombrará al padre, cuando lo encuentran en el Templo, en Jerusalén. ¡Sí, hay una majestad extraordinaria que emana de los relatos de esta infancia!

   -"Herodes se irritó sobremanera, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en toda su comarca". Este crimen tan horrible, como el que anteriormente había decidido el Faraón de Egipto, no impedirá que Dios cumpla con su obra.

   -"Entonces se cumplió lo que el Señor había dicho por el profeta Jeremías: "En Ramá se oyeron voces, muchos lloros y alaridos... Es Raquel que llora a sus hijos, sin querer consolarse porque ya no existen." Una vez más el evangelista encuentra la clave del suceso en la Escritura. Ha pasado tiempo desde la muerte del profeta, pero los lamentos y los llantos de las madres continúan. Y Dios sigue también siendo sensible a este dolor. Así lo creemos. Hoy rezaré por todas las madres que lloran y sufren (Noel Quesson).

   El camino del seguimiento de Jesús está lleno de dificultades. Al testimonio de Esteban y de Juan el apóstol, se añade hoy el de los niños inocentes de Belén. En el Oriente a esta fiesta la llaman «de los niños ejecutados». Los niños de Belén, sin saberlo ellos, y sin ninguna culpa, son mártires. Dan testimonio «no de palabra sino con su muerte». El mal existe, y el desamor de los hombres ocasiona a lo largo de la historia escenas como ésta y peores. De nuevo la Navidad se vincula con la Pascua. En el Nacimiento ya está incluida la entrega de la Cruz. Y en la Pascua sigue estando presente el misterio de la Encarnación: la carne que Jesús tuvo de la Virgen María es la que se entrega por la salvación del mundo. José y María empiezan a experimentar que los planes de Dios exigen una disponibilidad nada cómoda. La huida y el destierro no son precisamente un adorno poético en la historia de la Navidad. El sacrificio de estos niños inocentes y las lágrimas de sus madres se convierten en símbolo de tantas personas que han sido injustamente tratadas por la maldad humana y han sufrido y siguen sufriendo sin ninguna culpa. Desde el acontecimiento de la Pascua de Cristo, todo dolor es participación en el suyo, y también en el destino salvador de su muerte, la muerte del Inocente por excelencia.

   ¿Aceptamos el esfuerzo y la contradicción en el seguimiento de Cristo?; ¿sabemos apreciar la lección de reciedumbre que nos dan tantos cristianos que siguen fieles a Dios en medio de un mundo que no les ayuda nada? También nosotros, como los niños de Belén, debemos dar testimonio de Dios con las obras y la vida, más que con palabras bonitas. Cristo Jesús nos libera de todo mal, es el éxodo a la tierra prometida, «el que quita el pecado del mundo» (J. Aldazábal).

   Hoy, en tantos sitios hay niños abandonados, inocentes abandonados por sus madres a las horas de nacer porque ellas no pueden hacerse cargo de sus vidas, mueren en las favelas, en las villas, en los campos, en los cordones industriales, en las ciudades. Muchos gobiernos no atienden a las regiones más alejadas de sus capitales porque no son significativas para sus votos, y así desamparan a miles de familias que quedan a merced de enfermedades, de epidemias y de la incomunicación hacia cualquier puesto sanitario. Mueren miles de niños víctimas de la violencia familiar, de la prostitución infantil y de la delincuencia juvenil. Los escuadrones de la muerte los matan en las calles para que no crezcan y no molesten a la "gente buena, de buen nivel". Mueren en las calles, su único hogar, llenos de drogas caseras y con esperanza de haber sido amados por alguien. Mueren en las cárceles y hogares de reformatorios. Mueren con hambre, frío, desnudos, sucios, y analfabetos. Si nos repugna y nos escandaliza la actitud de Herodes, ¿qué pensar de nuestro tiempo, de los actuales "reyes", que aniquilan a nuestros niños, los inocentes de nuestros Pueblos?

   No hay explicación fácil para el sufrimiento, y mucho menos para el de los inocentes. El sufrimiento escandaliza con frecuencia y se levanta ante muchos como un inmenso muro que les impide ver a Dios y su amor infinito por los hombres. ¿Porqué no evita Dios todopoderoso tanto dolor aparentemente inútil? El dolor es un misterio y, sin embargo, el cristiano con fe sabe descubrir en la oscuridad del sufrimiento, propio o ajeno, la mano amorosa y providente de su Padre Dios que sabe más y ve más lejos, y entiende de alguna manera las palabras de San Pablo: para los que aman a Dios, todas las cosas son para bien (Rom 8,28), también aquellas que nos resultan dolorosamente inexplicables o incomprensibles.

   El dolor –pequeño o grande-, aceptado y ofrecido al Señor, produce paz y serenidad; cuando no se acepta, el alma queda desentonada y rebelde, y se manifiesta en forma de tristeza y mal humor. La esperanza del Cielo es una fuente inagotable de paciencia y energía para el momento del sufrimiento fuerte. Dios tiene su imaginación para sacar de lo malo bueno, y es que el amor es imaginativo, nos los dice Juan Pablo II: «En efecto, son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan a la sensibilidad cristiana. Es la hora de una nueva imaginación de la caridad, que se despliegue no sólo en la eficacia de las ayudas prestadas, sino también en la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con el que sufre». Esta imaginación la tiene María, que va con alegría a servir a quien intuye que necesita su ayuda, su prima Isabel. Ella nos llevará a adivinar las necesidades de los demás.

   Llucià Pou Sabaté

martes, 26 de diciembre de 2023

Navidad: 27 de Diciembre: San Juan, apóstol y evangelista. La verdad no la consigue la razón sola, sino aquella inteligencia amorosa que libremente acoge la Verdad de Jesús

 

Navidad: 27 de Diciembre: San Juan, apóstol y evangelista. La verdad no la consigue la razón sola, sino aquella inteligencia amorosa que libremente acoge la Verdad de Jesús

   1. I Juan (1,1-4): Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

   2. Salmo 96,1-2.5-6.11-12: El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. 
   Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
   Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. 

   3. Juan 20,2-8. "El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó".

B. Comentario:

   1. "Este es Juan, el que durante la última cena se recostó sobre el pecho del Señor. Bienaventurado Apóstol, a quien fueron revelados los secretos celestiales" (Of. Lect. Ant.). Juan es testigo de lo que Jesús vivió e hizo, y nos invita a reconocer en Jesús la Palabra del Padre. Y escribe su evangelio "para que creamos y tengamos vida". Vale la pena que valoremos la presencia de Jesús entre nosotros, a través de la Escritura. Y también todas las demás presencias. Y que así tengamos alegría. En sus escritos, nos habla del amor-comunión de Dios con nosotros, y del amor que hemos de tener a los hermanos: Juan hablará así de "nacer con Dios" (2,29; 4,7), de "permanecer en la luz", y esa luz es Dios (2,8-11); de "permanecer en Dios" (3,5-6; 4,16), de "comulgar con Dios" (1,5-7), de "conocer a Dios" (4,7-8). Dios es justicia, amor, luz, etc., y el que actúa según la justicia, el que ama, quien camina en la luz, penetra en una determinada relación existencial con Dios a la que Juan designa aquí con el nombre de comunión. Esa comunión es: una presencia de Dios en el hombre y una presencia del hombre en Dios, por comunicación de vida, esa comunión realizada plenamente en Cristo, pero que está ya en marcha en cada cristiano. Esta comunión es también una alianza mediante la cual Dios concede al hombre un corazón nuevo para conocerle.

   El conocimiento de Dios no es algo intelectual; es una cierta experiencia, al observar sus maravillas y sus intervenciones en el mundo. Nos lo dice él mismo: "él ha oído, él ha visto, él ha contemplado, él ha tocado" a Dios en Cristo. Así nos habla de dar "testimonio", de "anuncio", de "alegría".

   "Lo que existe desde el principio. Lo que hemos oído. Lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Lo que palparon nuestras manos: El verbo eterno de Dios -la Palabra de Vida- pues la vida se hizo visible". Son las ideas del prólogo de su Evangelio, que leímos el día de Navidad. La Encarnación no es un sueño, sino que nació y vivió entre nosotros Jesús de Nazaret. "Esta vida eterna que estaba junto al Padre -esta Palabra de vida- mediante la cual Dios se expresa a sí mismo, de una manera absoluta, perfecta, se manifestó, se hizo visible. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros". Es una invitación a una «vida» de amor, en familia. Haz, Señor, que tu Iglesia sea una familia, que nos sintamos "en casa".

   2. La tierra se alegra porque ha visto al Salvador. Juan lo ha visto, y está centrado en Jesús. Le preguntaron a Chiara Lubich: ¿Qué es para ti Jesucristo? Ella, sin dudarlo un instante, respondió con la decisión con que se dice algo obvio: "¡Es todo!" Ser todo engloba la razón, amor y libertad, sentimiento y cuerpo; ser cristiano es seguir a Jesús; Él es su principio y su meta, su espíritu y su impulso vital, el ideal de su vida, la salvación. Lo testimonia con su vida san Juan, al que hoy celebramos, y que recogió palabras de fuego que Jesús decía y que calaban hondo en su corazón: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me habéis conocido, conoceréis también a mi Padre. (...) El que me ha visto a mí ha visto a mi Padre" (Jn 14,6-11).

   Pedro ha recibido la vocación del "Primado" en el colegio de los Doce. Juan ha recibido la vocación de ser "aquel que Jesús amaba ¿No encontraríamos en estos dos papeles, dos aspectos siempre necesarios en la Iglesia?: -funciones de responsabilidad en las estructuras de Iglesia... -funciones de animación interior en la Iglesia. ¡Señor! que todos sepamos aceptar los "papeles" que Tú quieras asignarnos. Ayúdanos a no hacer comparaciones y a saber valorar toda vocación. La más "vistosa", la más "escondida"... ambas son necesarias.

   3. Mientras contemplamos al Niño de Belén, somos invitados a vivir esta misma fe plena que vivió el apóstol Juan. Vemos hoy el Evangelio del día de Pascua cuando va al sepulcro avisado por María Magdalena que "echó a correr en busca de Simón Pedro y el otro discípulo, aquel que Jesús amaba..." Juan se caracteriza a sí mismo como: "el discípulo amado". Fueron al sepulcro y "Juan corrió más aprisa y llegó primero, pero no entró. Llegó tras el Simón Pedro y entró en el sepulcro". Pedro en primer término. Y luego entró él, y "vio y creyó". ¿Qué vio? ¿Qué lo llevó a creer? "Vio el sudario allí y el lienzo que había cubierto la cabeza no estaba junto al sudario sino plegado aparte en su lugar." Son humildes detalles. Dios nos presenta signos también a nosotros. Ayúdanos, Señor, a interpretarlos.  

   San Juan siguió a Jesús desde muy joven, y tuvo que cambiar mucho pues tenía mal carácter, era impetuoso, impaciente, duro, les llamaban a él y a su hermano Santiago Boanerges, "hijos del trueno". Dios nos quiere como somos, pues nos ha hecho así, nos ha elegido con nuestras miserias y limitaciones. Pero se hizo dulce y con ternura, vemos que se recostó sobre el pecho del Señor, recibió a la Virgen como madre y ella a él como hijo cuando Jesús muere.

   Es también el apóstol que desarrolla mejor el mandamiento nuevo del amor, nos hace ver que "el que tiene miedo no es perfecto aún en el amor", el que tiene miedo, no sabe querer. Algunos se preguntan: ¿es más esencial amar o sentirse amado? Son las dos alas de un pájaro, las dos son esenciales, si nos sentimos amados podemos amar con libertad, por eso nos dice que nos fijemos en que hemos sido amados: "amemos, pues, a Dios, ya que Dios nos amó primero". Y decía a sus seguidores: "Hijitos míos, no amemos con la palabra o con la lengua, sino con obras y de verdad". Por eso, nos decía: "si alguno dice: sí, yo amo a Dios, al paso que aborrece a su hermano, es un mentiroso". Le fueron revelados los secretos celestiales, y ha querido transmitírnoslos. 

26 de diciembre, San Esteban protomártir. Nuestro modelo para vivir mirando a Cristo, según las bienaventuranzas

26 de diciembre, San Esteban protomártir. Nuestro modelo para vivir mirando a Cristo, según las bienaventuranzas

A. Lecturas:

   1. Hechos de los apóstoles (6,8-10;7,54-60): En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
   Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
   Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
   Y, con estas palabras, expiró.

   2. Salmo 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17: Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirigeme y guíame. 
   A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción.
   Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. 

 

   3. Mateo (10,17-22):  "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Más cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará»" (Mateo 10,17-22).

B. Comentario:

   1. Esteban es aquel que los adversarios «no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba», como hemos leído en la primera lectura. Mártir significa "testimonio". ¿Cómo hemos de ser testimonios de Jesús? Mirando al cielo, como el joven que hoy celebramos: «mirando al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios». De esa "mirada interior" de Esteban sacó su fuerza y nadie pudo doblegarle. Con fe, mirando Jesús, sin miedo de nada pues somos hijos de Dios. Los salmos ya nos dicen: «Dichoso el hombre que confía en el Señor...». Son palabras de promesa que sirven al mismo tiempo como discernimiento de espíritus y que se convierten así en palabras orientadoras (Ratzinger). Son los amigos de Jesús. Promesa al mirarlas con la luz que viene del Padre. Son una paradoja: "se invierten los criterios del mundo apenas se ven las cosas en la perspectiva correcta, esto es, desde la escala de valores de Dios, que es distinta de la del mundo. Precisamente los que según los criterios del mundo son considerados pobres y perdidos son los realmente felices, los bendecidos, y pueden alegrarse y regocijarse, no obstante todos sus sufrimientos. Las Bienaventuranzas son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura, y en las que «se invierten los valores»" (Ratzinger). Con Jesús, todo está bien.  

   San Pablo explica que en su vida ha encontrado estas dificultades (2 Co 6, 8-10; 4, 8-10). Él es «el último», como un condenado a muerte y convertido en espectáculo para el mundo, sin patria, insultado, denostado (cf. 1 Co 4, 9-13). Nos habla de esa relación entre cruz y resurrección: estamos expuestos a la muerte «para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Co 4,11). En la cruz podemos sentir la «felicidad», la auténtica «bienaventuranza», y al mismo tiempo vemos lo mísero que era lo que, según los criterios habituales, se considera satisfacción y felicidad. Precisamente Pablo contempló ese martirio de Esteban el diácono, el que estaba al servicio de los más pobres. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Saulo cambiará pronto su nombre por el de Pablo; conservó toda su vida un recuerdo vivo de las persecuciones en las que había participado. Aquel día estaba allí. Miraba cómo mataban a un hombre a pedradas. Estaba de acuerdo con esa tortura: guardaba los vestidos de los verdugos que se habían puesto más cómodo para su tarea. Desde aquel día, Saulo debió de hacerse una pregunta: "¿De dónde le viene ese valor y entereza? Hoy, todavía, la mayoría de las conversiones, vienen de un testimonio... de alguien cuyo modo de vivir suscita una pregunta.

   Pío XII decía: "Que tu conducta y tu palabra puedan significar un llamamiento de Dios a la mente y al corazón de los que de El están alejados". Esteban rezaba palabras similares a las de Jesús ante sus verdugos: "Señor, no les tengas en cuenta esta pecado". La más pura joya del evangelio: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, rogad por los que os persiguen.» La víctima que "ama" a los que la dañan. Jesús fue el primero en hacerlo. Es la actitud evangélica por excelencia, el amor universal, sin condición y sin frontera... La novedad del evangelio, capaz de suscitar una pregunta al hombre. ¿A quién debo perdonar? ¿A quién he de ofrecer ese amor que va más allá de las concesiones humanas? No pasar ligeramente sobre esas dos preguntas, propias para ese tiempo de Navidad (Noel Quesson). Esta es la novedad del Evangelio, capaz de suscitar una pregunta, pues hace al hombre capaz de orar y amar a quien los destruye. Y después añadió las palabras del salmo que recitó Jesús antes de morir: -«Señor Jesús, recibe mi espíritu... » Para la Iglesia el día de la muerte de un santo es el «dies natalis», el día de su verdadero nacimiento. No andamos lejos de la fiesta de ayer. Ahora se trata del nacimiento de Esteban a su vida gloriosa, ya en comunión perfecta con Cristo Jesús.

   Esteban es el primero que ha dado testimonio hasta la muerte. A lo largo de la historia, cuántos cristianos han seguido a Cristo en medio de la persecución y las dificultades. Su respuesta ante las dificultades ha sido perseverar dando testimonio de Jesús y de su evangelio hasta la muerte. Que es el testimonio más creíble. Hay martirios breves e intensos, como el de Esteban. Hay martirios largos: el testimonio y las dificultades de cada día, a lo largo de años. Tal vez éste es el nuestro. Y hoy se nos invita a no cansarnos de este amor y de esta fidelidad. ¿Damos nosotros, en nuestra vida, un testimonio así de creíble para los que nos rodean?, ¿o nos echamos atrás por cualquier esfuerzo que nos suponga la fe en Cristo? Cuando surgen estas dificultades en nuestro camino de seguimiento de Cristo, ¿hacemos nuestras las palabras de confianza del salmo: «A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu», que Esteban hizo propias? La oración del día reza: «concédenos la gracia de imitar a tu mártir san Esteban, que oró por los verdugos que le daban tormento, para que nosotros aprendamos a amar a nuestros enemigos». Decía De Lubac: "Si la vida del cristiano transcurre sin persecución, es porque en ella no está presente la vida de su Maestro; el cristiano siempre será un hombre contestado".

   Santa Edith Stein consideraba este binomio luz-tinieblas y decía que "la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la han podido apagar". Jesús es la luz, quien nos da paz aún en la dificultad: "El Niño del pesebre extiende sus bracitos, y su sonrisa parece decir ya lo que más tarde pronunciarán los labio del hombre: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré." (Mt 11,28)... ¡Sígueme! así dicen las manos del Niño, como más tarde lo harán los labios del hombre. "¡Sígueme!- esto sintió también el joven Esteban. Siguió al Señor en la lucha contra el poder de las tinieblas, contra la ceguera de la obstinada incredulidad, dio testimonio de El con su palabra y con su sangre, lo siguió también en su espíritu, espíritu de Amor que lucha contra el pecado, pero que ama al pecador y que, incluso estando muriendo, intercede ante Dios por sus asesinos.

   "Son figuras luminosas que se arrodillan en torno al pesebre: los tiernos niños inocentes, los confiados pastores, los humildes reyes, Esteban, el discípulo entusiasta, y Juan, el discípulo predilecto. Todos ellos siguieron la llamada del Señor. Frente a ellos se alza la noche de la incomprensible dureza y de la ceguera: los escribas, que podían señalar el momento y el lugar donde el Salvador del mundo habría de nacer, pero que fueron incapaces de deducir de ahí el "Venid a Belén"; el rey Herodes que quiso quitar la vida al Señor de la Vida. Ante el Niño en el pesebre se dividen los espíritus. El es el Rey de los Reyes y Señor sobre la vida y la muerte. El pronuncia su ¡sígueme!, y el que no está con El está contra El. El nos habla también a nosotros y nos coloca frente a la decisión entre la luz y las tinieblas" (El misterio de Navidad, Obras completas IV, 232).

   2. Puestos en manos de Dios sabemos que Él vela por nosotros como lo hace un Padre amoroso sobre sus hijos, es "la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve". Y con Esteban decimos: "A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción".

   3. Tres festividades de santos siguen inmediatamente a la de Navidad: San Esteban, San Juan, los santos Inocentes. La fiesta de Navidad es toda dulzura, pero está el hecho de que un rústico pesebre fue la cuna de Jesús. La cruz se perfila ya. San Esteban fue el primer mártir. El primero en seguir verdaderamente a su maestro llevando la cruz, como otro Cristo.

   -Jesús decía a sus discípulos: "No os fiéis de estos hombres. Pues os delatarán a los tribunales y os azotarán... y por mi causa seréis conducidos ante los gobernadores y los reyes..." Cuando Mateo escribe esto, la persecución es el lote cotidiano de los cristianos, en la Iglesia primitiva. Jesús había anunciado las dificultades de la misión que confiaba a sus discípulos: todo hombre que proclama el Reino de Dios debe estar dispuesto a afrontar la oposición, la contestación. ¡Qué misterio, Señor! ¿Por qué el mundo rehúsa a Dios? ¿Por qué el mundo rehúsa a los que hablan de ti? ¿Por qué los hombres persiguen a los que no desean otra cosa sino comunicarles una buena noticia? El discípulo de Jesús, el misionero sólo tiene por misión hacer el bien y decir cosas buenas. Y sin embargo, suscita la oposición. El caso es que Dios aparece siempre, desde el exterior, como un intruso: como alguien que viene para ocupar todo el espacio, como un inoportuno. El egoísmo del hombre, su deseo de independencia son la causa del rechazo. Se rechaza al amor. Es el rechazo a dejarse tomar por Dios. Rechazo a someterse a Dios. Cuando Dios verdaderamente "reina" se acaban las pretensiones orgullosas del hombre. Ayúdame, Señor, a someterme totalmente a ti. Ayúdame a soportar las dificultades y las oposiciones. Ayúdame a interpretarlas a la luz de tu presencia.

   -"No os atormentéis pensando lo que vais a decir... Puesto que no seréis vosotros quienes hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros". Jesús nos pide pues que renunciemos a las preocupaciones. "No os atormentéis". Tú, Señor, no quieres que tengamos miedo. Ello sería signo de que aún contamos demasiado con nuestras propias fuerzas, con nuestros recursos humanos. Se trata por lo contrario, de abrirnos a la acción de Dios: "el Espíritu hablará por vosotros". "No seréis vosotros los que hablaréis". ¡Señor! Quisiera, siguiendo tu invitación, dejarme desposeer totalmente por ti!

   -"El que se mantendrá firme hasta el fin, será salvado". ¡Es esto justamente lo mas difícil! Uno aguanta un momento, pero, a la larga, la cosa falla. ¡Oh, Señor, puesto que Tú me lo pides..., ayúdame también a "aguantar firme"! Que tu Espíritu venga realmente a mi espíritu (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

 

sábado, 23 de diciembre de 2023

Navidad, Misa del día. Hemos de hacernos sencillos para acoger a Jesús y ser hijos de Dios, entrar en el Portal es hacerse humilde

Navidad, Misa del día. Hemos de hacernos sencillos para acoger a Jesús y ser hijos de Dios, entrar en el Portal es hacerse humilde
A. Lecturas:
1. Isaías (52,7-10): ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!». Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. Ha descubierto el Señor su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.
2. Salmo 97,1.2-3ab.3cd-4.5-6. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.
   El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia. Se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.
   Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.
   Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.
3. Hebreos (1,1-6): En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»? Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».
4.  Juan 1,1-18. "En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al inundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad".
B. Comentario:
   1. Isaías nos habla de un pueblo que sufre y será liberado, pero en el fondo nos dice cómo será hermoso Jesús: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es Rey»!"
   2. El Salmo proclama "un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas". Es la alegría por la Resurrección del Señor, el Reino de Dios,  que comienza en la humildad más grande: "No rechaza el pesebre, ni dormir sobre unas pajas; tan solo se conforma con un poco de leche, el mismo que, en su providencia, impide que los pájaros sientan hambre." Venidos desde los confines de la tierra, los Magos conocieron al Niño Dios. Ellos son los primeros, de entre todas las naciones, a quienes se les revela la misericordia divina: la primera epifanía del Unigénito a los gentiles, que nace de una madre Virgen para salvar al mundo. El Amor-fidelidad de Dios llena la tierra.
   Nos dice la tradición que Jesús nació en estas fechas, ya san Hipólito de Roma en su comentario al libro de Daniel, escrito aproximadamente en el año 204 habla de que Jesús nació este día del sol (se celebraba por los judíos la fiesta del templo). Así, la fecha del nacimiento de Jesús significaría al mismo tiempo que, con él, que amaneció como la luz de Dios en la noche invernal (es la fiesta que se celebra cuando el sol empieza a alargar sus horas de día), aconteció verdaderamente una consagración del templo: él es el nuevo Templo, y el nuevo Sol.
   Desde que hace 800 años san Francisco comenzó la costumbre del pesebre, en la misa de medianoche que inventó en el bosque con un pesebre viviente, esta costumbre nos ha servido para hacernos niños, acercarnos a Jesús niños con «el buey y el asno»: los pastores, los magos, María y José. ¿Es que acaso podía ser de otro modo? En el establo donde está el Niño Jesús no vive la gente fina: allí viven, justamente, el buey y el asno.
   3. Hebreos nos cuenta que Dios dice a Jesús: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado»? Y ¿«Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo»? Y también: «Adórenlo todos los ángeles de Dios»". La palabra hecha carne se convierte en voz que suplica al Padre, en boca de nuestra naturaleza, para gritar a Dios la necesidad que el hombre tiene de salvación Jesús, la suprema y definitiva Palabra que Dios pronuncia, su "plan" para salvarnos, viene hoy al mundo, es nuestro hermano.
   4. El Evangelio de Juan nos dice: "en el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios". Es un himno solemne que se va elevando en círculos y va bajando, del cielo a la tierra, del principio del mundo hasta el día a día y el final de los tiempos. Luz-tinieblas; Dios-mundo; fe-incredulidad. Juan Bautista-nosotros. -Dios no es un ser lejano. Es un Dios que habla, y su Palabra es entrañablemente cercana. Se ha hecho un niño y ha nacido en Belén. Antes, durante siglos, había hablado por medio de profetas y había enviado Ángeles como mensajeros. Pero ahora nos ha hablado de otra manera: nos ha enviado a su Hijo.
   "La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió". Navidad es algo más que un estado de ánimo de fiesta. En este día, en esta santa  noche, se trata del Niño, del único Niño. Del Hijo de Dios que se hizo hombre, de su  nacimiento. Todo lo demás o vive de ello o bien muere y se convierte en ilusión. Navidad  quiere decir: Él ha llegado, ha hecho clara la noche. Ha hecho de la noche de nuestra  oscuridad, de nuestra ignorancia, de la noche de nuestra angustia y desesperación una  noche de Dios, una santa noche.
   "La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al inundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios".
   Eso quiere decir Navidad. El momento en que esto  sucedió, realmente y por todos los tiempos, debe seguir siendo realidad, a través de esta  fiesta, en nuestro corazón y en nuestro espíritu. "Aunque Cristo nazca mil veces en Belén,  mientras no nazca en tu corazón, estarás perdido para el más allá: habrás nacido en vano" (Angelus Silesius). "Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad".
   Llucià Pou Sabaté

Navidad, Misa de medianoche: hemos visto una gran luz, Jesús nos ilumina. Dejemos nacer a Jesús en nuestro corazón A. Lecturas: 1. Isaías 9, 1-3. 5-6: El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siem

Navidad, Misa de medianoche: hemos visto una gran luz, Jesús nos ilumina. Dejemos nacer a Jesús en nuestro corazón
A. Lecturas:
1. Isaías 9, 1-3. 5-6: El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz.» Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
2. Salmo 95, 1-2a. 2b-3.11-12.13: Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre.
   Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos.
   Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque.
   Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
3. Tito 2, 11-14: La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
4.  Lucas 2,1-14: "En aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria, y todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba en cinta. Y sucedió que estando allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.
   En la misma región había pastores que estaban en el campo, cuidando sus rebaños durante las vigilias de la noche.  Y un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
   Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace.
   Y aconteció que cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber.  Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y cuando lo vieron, dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores. Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón. Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho".
B. Comentario:
   1. -"El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande": Las tinieblas, signo del caos y de la muerte, nos indican la situación de opresión y también de infidelidad del pueblo. La luz, signo de nueva creación y de vida, nos indica la liberación y la restauración. Este paso es motivo del gozo, comparable al de una buena cosecha o al de una victoria sobre los enemigos. La posesión de la tierra y su fecundidad están siempre en el centro de atención del pueblo de Israel. La liberación y la iluminación es una acción de Dios: en medio de la noche, los israelitas con antorchas encendidas y tocando los cuernos ahuyentan a los enemigos. La luz y la palabra liberan en medio de la noche.
   -"Porque un niño nos ha nacido...": ¿En qué consiste esta acción de Dios? Aparentemente las palabras del profeta se mueven a nivel de una historia concreta: la continuidad de la dinastía de David. Pero los mismos términos de la profecía se abren en un sentido que va más allá de la historia menuda. Cuatro nombres de uso cortesano definen, en principio, al niño: consejero, guerrero, padre, príncipe. Pero cada uno de ellos va acompañado de un calificativo que lo sitúa en un ámbito y en una amplitud que va más allá de las realidades humanas: "Maravilla de Consejero, Dios guerrero. Padre perpetuo, Príncipe de la paz".
   -"... con una paz sin límites sobre el trono de David...": la profecía de Isaías reasume la profecía de Natán, con una insistencia en su perpetuidad que desborda las posibilidades históricas: "por siempre". Su fundamento es el mismo Dios: el celo de Dios, que se puede manifestar en el castigo, se manifestará "desde ahora y por siempre" en el amor por su pueblo a través del Mesías (J. Naspleda).
   2. El salmo nos invita a cantar con los "ángeles de Navidad" que "cantaron aquella noche": "Gloria a Dios, paz a los hombres". Nosotros junto con ellos cantemos también "alegría en el cielo, fiesta en la tierra"... "¡El cielo se alegra, la tierra exulta!" "¡Gloria a Dios!" "¡Adorad a Dios!" "¡El Señor es rey! Que nuestra oración jamás olvide esta actitud. La adoración, el sentimiento de anonadamiento, es el fundamento de todo primer descubrimiento de Dios. Dios es el "totalmente Otro", el trascendente, aquel que supera toda imaginación. Y la revelación de la proximidad de Dios que se hizo "uno de nosotros", que se hizo "niño" en Navidad "no disminuye en nada este sentimiento de adoración: paradójicamente la infinidad de Dios brilla hasta en el exceso de amor que lo hizo nacer en un pesebre de animales" (Noel Quesson).
   "Cantad al Señor un cántico nuevo, (...) cantad (...), cantad (...), bendecid (...), proclamad su victoria (...), contad su gloria, sus maravillas (...), aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas, postraos". Así pues, el gesto fundamental ante el Señor rey, que manifiesta su gloria en la historia de la salvación, es el canto de adoración, alabanza y bendición. Estas actitudes deberían estar presentes también en nuestra liturgia diaria y en nuestra oración personal…
   3. -"Ha aparecido la gracia de Dios...": La gracia de Dios se ha manifestado ya en Jesús, pero se manifestará en plenitud cuando vuelva glorioso al fin del mundo. Esta revelación histórica del plan de Dios en la persona de Jesús tiene siempre en el pensamiento de Pablo una finalidad: la salvación de todos los hombres. Por eso congrega a un pueblo que renuncia "a la impiedad y a los deseos mundanos" y vive en la expectativa del cumplimiento de esta salvación universal.
   -"Él se entregó por nosotros para rescatarnos...": Dios realiza su plan salvador en la persona de Jesús, "gran Dios y Salvador nuestro". Así como en la antigua alianza, Dios congregó a un pueblo suyo, ahora Cristo con su muerte sacrificial reúne un nuevo pueblo, liberado del pecado y dedicado a las buenas obras.
   4. El Pregón de Navidad anuncia la gran noticia, "una gran alegría para todo el pueblo"; habla del discurrir del tiempo, "miles y miles de años, desde el momento en que Dios quiso que apareciera en la tierra el hombre, hecho a su imagen y semejanza, para que dominara las maravillas del mundo y, al contemplar la grandeza de la creación, alabara en todo momento al Creador". Sigue con Abraham (2000 a.C.), Moisés (1250 a.C.), David (1000 a.C.)deportación Babilonia... hasta que "durante la olimpíada 94, el año 752 de la fundación de Roma, el año 14 del reinado del emperador Augusto... en Belén de Judá... en un pesebre, porque no tenía sitio en la posada, de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del Eterno Padre, y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban. Él es la Palabra que ilumina a todo hombre; por él fueron creadas al principio todas las cosas; él, que es el camino, la verdad y la vida, ha acampado, pues, entre nosotros". Y concluye: "Hermanos, alegraos, haced fiesta y celebrad la mejor NOTICIA de toda la historia de la humanidad". Es como un resumen de la historia.
   "De mis entrañas te engendré antes  que el lucero de la mañana" (Ant. entrada). Es la noche santa, como la otra Pascua, de la resurrección. La fiesta de Navidad es para los que se complace el Señor, como hemos leído en la voz de los ángeles. Y podemos oír la voz del Padre dirigida a Cristo y a mí: "Tú eres mi hijo, yo te  engendré hoy… en ti me he complacido".
   Recordemos las palabras del poeta místico: "Aunque Cristo nazca mil veces en Belén,  mientras no nazca en tu corazón, estarás perdido para el más allá: habrás nacido en vano" (Angelus Silesius).
   San Josemaría Escrivá cuenta: "Se ha promulgado un edicto de César Augusto, y manda empadronar a todo el mundo. Cada cual ha de ir, para esto, al pueblo de donde arranca su estirpe. —Como es José de la casa y familia de David, va con la Virgen María desde Nazaret a la ciudad llamada Belén, en Judea (Lc 2,1-5). Y en Belén nace nuestro Dios: ¡Jesucristo! —No hay lugar en la posada: en un establo. —Y su Madre le envuelve en pañales y le recuesta en el pesebre. (Lc 2,7).
   Frío. —Pobreza. —Soy un esclavito de José. —¡Qué bueno es José! —Me trata como un padre a su hijo. —¡Hasta me perdona, si cojo en mis brazos al Niño y me quedo, horas y horas, diciéndole cosas dulces y encendidas!...Y le beso —bésale tú—, y le bailo, y le canto, y le llamo Rey, Amor, mi Dios, mi Unico, mi Todo!... ¡Qué hermoso es el Niño...! (…) Los diversos hechos y circunstancias que rodearon el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?
   "Entre las muchas consideraciones que podríamos hacer, una sobre todo quiero comentar ahora. El nacimiento de Jesús significa, como refiere la Escritura, la inauguración de la plenitud de los tiempos (Gal 4,4), el momento escogido por Dios para manifestar por entero su amor a los hombres, entregándonos a su propio Hijo. Esa voluntad divina se cumple en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer que da a luz, una familia, una casa. La Omnipotencia divina, el esplendor de Dios, pasan a través de lo humano, se unen a lo humano. Desde entonces los cristianos sabemos que, con la gracia del Señor, podemos y debemos santificar todas las realidades limpias de nuestra vida. No hay situación terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar hacia el Reino de los cielos".
   En su cátedra de Belén, Jesús nos ofrece la luz de ver como hijos de Dios; además se nos muestra en la Eucaristía pues Belén significa "casa de pan". A él vamos a llenarnos de vida con la comida de vida eterna.

Domingo 4º de Adviento; ciclo B: Por el sí de María viene el hijo de Dios al mundo, el Mesías anunciado por los profetas, él es el Templo de Dios

Domingo 4º de Adviento; ciclo B: Por el sí de María viene el hijo de Dios al mundo, el Mesías anunciado por los profetas, él es el Templo de Dios
A. Lecturas
1. II Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda». Natán dijo al rey: «Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo». Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre"».
2.  Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29: Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dijiste: «Tu misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad.
«Sellé una alianza con mí elegido, jurando a David, mi siervo: Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades».
«Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora". Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.
3. Romanos 16, 25-27: Hermanos: Al que puede consolidaros según mi Evangelio y el mensaje de Jesucristo que proclamo, conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas, dado a conocer según disposición del Dios eterno para que todas las gentes llegaran a la obediencia de la fe; a Dios, único Sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
«En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel departe de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María. Y habiendo entrado donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba que significaría esta salutación. Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin.
María dijo al ángel: ¿De que modo se hará esto, pues no conozco varón? Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá será llamado Santo, Hijo de Dios (...). Dijo entonces Maria: He aquí la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia».
B. Comentario:
   1. Sólo a la luz de la Anunciación se ilumina la oscuridad de la profecía de Natán: "Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre". David quiere una casa para Dios, y la casa será Jesús que vendrá de su descendencia; por él, Dios será como un padre para los descendientes en el trono de David, y Dios promete vincular su presencia no ya a un lugar sino a una estirpe y a una historia. Jesucristo, será el descendiente de David y, a la vez, su casa y su destino, será también el verdadero templo de Dios no construido por manos de hombre ("Eucaristía 1983").
   2. El salmo canta también esta Alianza: "Bienaventurado el pueblo que sabe aclamar, que camina a la luz de Tu rostro... Danza de alegría todo el día. Tú eres nuestra fuerza, Tú acrecientas nuestro vigor". Sí, Dios está con nosotros, como un padre con sus hijos: tenemos conciencia de ser amados, elegidos, mimados, por Dios. Es el amor y la fidelidad que repite el salmo.
   3. Nos dice san Pablo que Dios se ha "manifestado ahora": Jesús es, en adelante, la clave de la historia universal y del destino de todo hombre.
   4. Leemos hoy la Anunciación a María. El ángel Gabriel la llama "llena de gracia" y le dice: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios:» y ella, viendo la misión inmensa, pero confiando en la gracia divina, responde: «¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?»  Ella, consagrada a Dios por entero, de acuerdo con su esposo José, pregunta cómo va a ser madre siendo virgen.
   «El Espíritu Santo descenderá sobre ti», es la respuesta: Dios te quiere, María, a la vez, Madre y Virgen. «Virgen antes del parto, en el parto y por siempre después del parto» (Pablo IV).
    "He aquí la esclava del Señor". Es tu respuesta, María, y el centro de este domingo antes de Navidad. Hemos visto los domingos anteriores a Juan Bautista, ejemplo de espera. Y hoy vemos la figura de imponente de María. Tantos pintores han intentado plasmar ese momento de su "sí" incondicional: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
   Nos podemos entretener un momento en ver como en Jesús –hasta en los números- se cumplen todas las profecías: desde el libro del profeta Daniel (8,16; 9,21; 24-26), Gabriel era considerado como el ángel que anuncia el reino definitivo, que en la profecía de las 70 semanas será el fin de toda maldad. Hemos visto a Gabriel en el anuncio del nacimiento de Juan Bautista (que leímos el día 19); a los seis meses el anuncio a María, a los nueve meses nace Cristo, y 40 días más tarde hace su entrada en el templo: estas cifras hacen un total de 490 días, es decir, las setenta semanas (las de la venida del Reino), y cada una de esas etapas es señalada con la expresión "cuando se cumplieron los días..." (Lc 1,23; 2,6; 2,22). Es la profecía del cumplimiento: de la llegada de Cristo como Mesías, a la vez humano y también misterioso Hijo del hombre de origen divino (Dn 7,13). Estos anuncios son preparativos de la entrada de la gloria de Yahvé, personificada en Jesús, en su templo definitivo.
   Las dos naturalezas -divina y humana- se unirán en la persona del Hijo de María con un lazo mucho más fuerte que el de los cuerpos y las almas en el abrazo conyugal. El cielo y la tierra se unen, en el tálamo nupcial de María Virgen. Dios desposa ahí la carne, se hace uno de nosotros.
   María responde con su sí de servicio. Está "aquí" para servir, con una actitud activa; aunque toda su actividad, como la nuestra, sea siempre provocada por la acción de Dios y la palabra que la anuncia. La respuesta de María: "Hágase en mí según tu palabra", es la manifestación de la más alta actividad del hombre, que es la acogida de Dios por la fe. Por eso lo que nazca de ella nacerá de Dios, no de la carne y de la sangre y por obra de varón, será el Hijo del Altísimo ("Eucaristía 1972").
   Por su belleza literaria y por la hondura de su teología este texto constituye uno de los pasajes centrales del Evangelio. Dios actúa en la historia. Son muchos los detalles como la aparición de la nube que manifiesta la presencia de Dios. Dios nos acompaña en nuestra historia y que ahora actúa de una forma decisiva por María: "el Señor está contigo", "has encontrado gracia ante Dios". María se convierte en la figura del adviento, en signo de la presencia de Dios entre los hombres.
   Ella, la que es "mujer" por excelencia, porque está abierta a lo que Dios quiere, porque comunica la verdad a los demás, es la obra maestra de Dios, "ensayada" en cada mujer de la historia hasta que llegó a su perfección, en cada noche y en los mil luceros que la llenan, en los ríos y cordilleras y puestas de sol. Es modelo para nosotros, a su lado aprenderemos a vivir para acoger ese amor que nos da vida, y transmitirlo hecho vida a los demás.
   El cielo se acerca a la tierra. Y la tierra escogida para levantar este santuario es María, una joven desconocida de Nazaret, un pueblo insignificante. Esta es la página que divide la historia. Todo rezuma encanto, sencillez, profundidad. Por parte de Dios, el amor más grande, que nos entrega a su Hijo, pero respetando siempre la libertad humana, esperando la respuesta de María para la decisión final. Por parte de María, la fe más grande, docilidad ilimitada, entrega total. Por su palabra se encarnó en su vientre la Palabra. Su afirmación anuló y superó todas las antiguas negaciones. Ahora las promesas hechas a David se cumplen: "El Señor Dios le dará el trono de David, su padre... y su reino no tendrá fin" ("Caritas").
   Y además "para Dios nada hay imposible"; al contrario, con su gracia se pueden realizar "cosas grandes", como cantó la Virgen misma en el Magnificat. Terminamos con un saludo afectuoso a María: "¡Salve María!,¡Salve María!, criatura la más preciosa de la creación, salve, María, purísima paloma; salve, María, antorcha inextinguible; salve, porque de ti nació el Sol de justicia. Salve, María, morada de la inmensidad, que encerraste en tu seno al Dios inmenso, al Verbo unigénito, produciendo sin arado y sin semilla la espiga inmarcesible..." (San Cirilo de Alejandría, Disc. en Conc. de Efeso).
Llucià Pou Sabaté

Feria del 22-XII

Adviento, 24 de Diciembre, Misa de la mañana: el Canto de Zacarías, anuncio de Jesús que viene a salvarnos

Adviento, 24 de Diciembre, Misa de la mañana: el Canto de Zacarías, anuncio de Jesús que viene a salvarnos

 

A. Lecturas

   1. II Samuel: 7,1-5.8b-12.14a.16: Cuando el rey David se asentó en su casa y el Señor le hubo dado reposo de todos sus enemigos de alrededor, dijo al profeta Natán: «Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios habita en una tienda». Natán dijo al rey: «Ve y haz lo que desea tu corazón, pues el Señor está contigo». Aquella noche vino esta palabra del Señor a Natán: «Ve y habla a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Tú me va a construir una casa para morada mía? Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho tan famoso como los grandes de la tierra. Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel. A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa. En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino. Yo seré para él un padre, y él será para mi un hijo. Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mi; tu trono durará para siempre"».

   2. Salmo 88. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno», más que el cielo has afianzado tu fidelidad.

   «Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades».

   «Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora"; Le mantendré eternamente mi favor, y mí alianza con él será estable».

   3. Lc 1,67-79:  En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,67-79).

 

B. Comentario:

   1. –"Cuando el rey David se estableció en su casa, en Jerusalén, el Señor le concedió días de paz". Después de un largo periodo de guerrillas contra los filisteos, David se encontraba, por fin, en paz. Se había hecho construir un palacio real, sobre la colina de Sión, en Jerusalén, su nueva capital; pero se sentía algo avergonzado porque Dios no tenía todavía una Casa. El arca de la Alianza continuaba estando en Silo. Tuvo pues intención de construir un Templo para Dios.

   -"Mira, ¡yo habito en una casa de cedro, mientras que el arca de Dios habita en una tienda!"Pero el profeta Natán fue a ver al rey y le hizo esta sorprendente promesa:

   -"¿Eres tú quien vas a edificarme una casa para que la habite? Yo te he tomado del pastizal, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo". David, un muchacho, pastor de un rebaño cuando Dios lo escogió, no era descendiente de familia real. Todo ello fue una elección gratuita de Dios.

   -"Voy a hacerte un nombre grande como el de los más grandes de la tierra. El Señor te anuncia que te edificará una casa. Tu reino y tu casa permanecerán para siempre ante mí, tu trono estará firme eternamente". David quería ofrecer una "casa" a Dios. ¡Y es Dios el que le promete darle una! La casa de David, es en primer lugar Salomón, su primer hijo -que construirá el Templo-... y es sobre todo Jesús, el Mesías. Es pues Dios el que conserva la iniciativa. ¡Hay que permanecer humilde delante de Dios... incluso cuando se es el rey David! No somos nosotros quienes damos a Dios, ¡Dios es el que nos da! Jesús a su vez, rechazará el Templo. ¡Destruid ese Templo y dentro de tres días lo reconstruiré! El Cuerpo de Cristo pasa a ser el único templo, el único lugar de culto a Dios. La verdadera «casa de Dios» es Jesús, Presencia de Dios (Noel Quesson).

    "El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo todo lo humano, excepto el pecado. Fue concebido en el seno de la Virgen, previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu (ya que convenía honrar el hecho de la generación, destacando al mismo tiempo la preeminencia de la virginidad); y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber, la carne y el espíritu, de las cuales una confirió la divinidad, otra la recibió" (Gregorio Nacianceno).

   2. El salmo nos hace cantar nuestro agradecimiento a la fidelidad de Dios: «cantaré eternamente las misericordias del Señor». Y recuerda expresamente: «sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: te fundaré un linaje perpetuo. Le mantendré eternamente mi favor y mi alianza con él será estable». Pedimos hoy: "Señor, acuérdate, acuérdate de David, acúerdate de tu promesa, acuérdate (…) Tú le dijiste: el fruto de tu seno, / asentaré en el trono que te he preparado".

   Te pido que nos muestres tu misericordia, Señor, según tus palabras: "Bendeciré a los justos en su júbilo, a los pobres, hartaré de pan".

   Que sepa, Señor, llevar tu misericordia a los demás: "Secaré las lágrimas de todos los que lloran, todos mis amigos darán gritos de júbilo".

   Lléname, Señor, de esperanza en tu venida como Salvador: "David, te lo prometo, glorificaré tu raza, el Mesías será luz de las naciones... entre vosotros".

   3. "Hermanos, a vosotros, como a los niños, Dios revela lo que ha ocultado a los sabios y entendidos: los auténticos caminos de la salvación. Meditad en ellos con suma atención. Profundizad en el sentido de este Adviento. Y, sobre todo, fijaos quién es el que viene, de dónde viene, y a dónde viene; para qué viene, cuándo y por dónde viene. Tal curiosidad es buena. La Iglesia universal no celebraría con tanta devoción este Adviento si no contuviera algún gran misterio" (S. Bernardo, Serm. sobre los 6 asp. del Adv., 1)

   «Harán que os visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas», proclama Zacarías en el "Benedictus", el canto que recitamos cada día en la liturgia de las horas. Es un cántico de acción de gracias por las misericordias que Dios ha derramado sobre la tierra, con motivo del nacimiento de su hijo Juan. Como dice el comentario a la Biblia de Navarra, se divide en dos partes: en la primera, da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza al reconocer la acción salvadora de Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada por el hijo de Zacarías.

   «Bendito sea el Señor, Dios de Israel...» (Lc 1,68). Como muy bien se ha dicho, Zacarías está hablando proféticamente de lo que va a empezar a suceder a partir de esta noche, la Nochebuena: Dios va a visitarme y a redimirme; Dios va a nacer, va a vivir como uno más entre los hombres, va a predicar y a hacer milagros, y morirá en una cruz para salvarme. "Cumpliendo tu promesa hecha a Abrahán, te haces hombre, descendiente de David, para concedernos que, libres de las manos de los enemigos, te sirvamos sin temor, con santidad y justicia en tu presencia todos los días de nuestra vida", que es como decirle a Jesús: "has bajado para que pueda yo subir, y me pides que te sirva sin temor y que busque la santidad y la justicia, viviendo en presencia de Dios cada día".

   Sigue diciendo el texto: "El Sol naciente ha venido a visitarnos desde lo alto, para iluminar a los que yacen en tinieblas, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz". Jesús es el Sol naciente, que ha venido a visitarnos, que esta noche nacerá, en el día que ya comienza a alargarse la noche, por eso es el día del Sol naciente. Él, la luz del mundo, con su luz de sus ojos nos da la luz a los nuestros para que podamos ver. Leía una oración que le hablaba así en su oración: "Jesús, yo quiero también nacer de nuevo... Sé que no es sencillo; sé que a veces me canso porque parece que no avanzo nada. Pero también sé que al nacer, me has dado la mayor prueba de que no me abandonas. Y si Tú has hecho esto por mí, ¿qué no voy a hacer yo por Ti?" Al contemplar la fiesta más entrañable, cuando Dios ha querido vivir con los hombres, sentimos dentro nacer la alegría y esperanza.

   Jesús se nos aparece ahí como el "Señor", y "Salvador". También el Ángel esta Nochebuena llamará a Jesús con estos dos títulos en su anuncio a los pastores. Vamos a prepararnos con deseos de corresponder al amor de Dios encarnado.

   Ayer el cántico del Magnificat, en boca de María, resumía la historia de salvación conducida por Dios. Hoy es el cántico del Benedictus, que probablemente era también de la comunidad, pero que Lucas pone en labios de Zacarías, el que nos ayuda a comprender el sentido que tiene la venida del Mesías. Los nombres de la familia del Precursor son todo un programa: Isabel significa «Dios juró», Zacarías, «Dios se ha acordado», y Juan, «Dios hace misericordia». En el Benedictus cantamos que todo lo anunciado por los profetas se ha cumplido «en la casa de David, su siervo», con la llegada de Jesús. Que Dios, acordándose de sus promesas y su alianza, «ha visitado y redimido a su pueblo», nos libera de nuestros enemigos y de todo temor, y que por su entrañable misericordia «nos visitará el sol que nace de lo alto».

   Beda el Venerable comentaba: "El Señor (...) nos ha visitado como un médico a los enfermos, porque para sanar la arraigada enfermedad de nuestra soberbia, nos ha dado el nuevo ejemplo de su humildad; ha redimido a su pueblo, porque nos ha liberado al precio de su sangre a nosotros, que nos habíamos convertido en siervos del pecado y en esclavos del antiguo enemigo. (...) Cristo nos ha encontrado mientras yacíamos "en tinieblas y sombras de muerte", es decir, oprimidos por la larga ceguera del pecado y de la ignorancia (...)

   Nos ha traído la verdadera luz de su conocimiento y, habiendo disipado las tinieblas del error, nos ha mostrado el camino seguro hacia la patria celestial. Ha dirigido los pasos de nuestras obras para hacernos caminar por la senda de la verdad, que nos ha mostrado, y para hacernos entrar en la morada de la paz eterna, que nos ha prometido" (…). Dado  que  poseemos estos dones de la bondad eterna, amadísimos hermanos, (...) bendigamos también nosotros al Señor en todo tiempo, porque "ha visitado y redimido a su pueblo". Que en nuestros labios esté siempre su alabanza, conservemos su recuerdo y, por nuestra parte, proclamemos la virtud de aquel que "nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable" (1 P 2, 9). Pidamos continuamente su ayuda, para que conserve en nosotros la luz del conocimiento que nos ha traído, y nos guíe hasta el día de la perfección".

   Llucià Pou Sabaté