domingo, 17 de diciembre de 2023

Domingo 3º de Adviento; ciclo B Nos llenamos de alegría con María, por la proximidad del Señor que viene a salvarnos

Domingo 3º de Adviento; ciclo B

Nos llenamos de alegría con María, por la proximidad del Señor que viene a salvarnos

A. Lecturas:

   1. Isaías 61,1-2a. 10-11: El Espíritu del Señor está sobre mí porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

   Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

   Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.

   2. Salmo Lc 1,46-48. 49-50. 53-54: Proclama mi alma la grandeza del Señor / se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; / porque ha mirado la humillación de su esclava.

   Desde ahora me felicitarán todas las generaciones / porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; / su nombre es santo, / y su misericordia llega a sus fieles / de generación en generación.

   A los hambrientos los colma de bienes / y a los ricos los despide vacíos. / Auxilia a Israel su siervo, / acordándose de la misericordia.

   3. I Tesalonicenses 5,16-24. Hermanos: Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasión tened la Acción de Gracias: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

   4. Juan 1,6-8.19-28: "Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: —¿Tú quién eres? El confesó sin reservas: —Yo no soy el Mesías. Le preguntaron: —Entonces ¿qué? ¿Eres tú Elías? Él dijo: —No lo soy. —¿Eres tú el Profeta? Respondió: —No. Y le dijeron: —¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo? Él contestó: —Yo soy "la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor" (como dijo el Profeta Isaías). Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: —Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: —Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando".

 

B. Comentario:

   1. "El Espíritu del Señor está sobre mí porque el Señor me ha ungido". La lectura nos habla de Jesús, en quien se cumplen esas palabras por ser Mesías (Cristo, en griego), el Ungido de Dios, como él mismo dice en la sinagoga de Nazaret: "Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor". Han vuelto los cautivos de Babilonia a casa, a Jerusalén. Un rayo de esperanza, de "liberación" como en el sabbat o en el año jubilar (Lv 25,10; Ez 46,17), donde teóricamente todos volvían a tener libertad sobre cualquier deuda o esclavitud. Es un momento de alegría, de bodas, de fiesta (Jr 33,11; Ap 21,2), de gozo y de felicidad, que en este Domingo "Gaudete" tiene un sentido especial de todo lo bueno que traerá Jesús, que motiva a ir con más ánimos en el camino de Belén.

   "Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas". Todo será misericordia y benevolencia, júbilo y generosidad. San Ambrosio recuerda que "para cada estado hay preceptos particulares; pero el de la misericordia es común para todos, por tanto a todos se les manda que den al que no tiene. La misericordia es la perfección de las virtudes; sin embargo, la misericordia se mide según la posibilidad de cada uno, para que nadie se prive de todo lo que tiene sino que dé parte de ello al pobre".

   Este texto de Isalías es uno de que inspira el que cantamos hoy el Magnificat: "proclama mi alma la grandeza del Señor se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel su siervo, acordándose de la misericordia". San Basilio señala: "La Santísima Virgen, considerando la inmensidad del misterio, con intención sublime, y con un fin muy alto y como avanzando en sus profundidades, engrandece al Señor. Por esto prosigue: 'Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor'". Contigo, Madre mía, quiero aprender a alabar a Dios por la Navidad, aprender a allanar los caminos y que mi corazón sea un vergel donde Jesús esté a gusto, donde pueda volcar los primeros frutos del Espíritu Santo –a quien ella acogió con amor- que son la paz y la alegría. Y como la Santísima Virgen había reunido en sí toda la gracia del Espíritu Santo, con razón añade: "Y mi espíritu se regocijó". En el mismo sentido dice alma y espíritu. La palabra exaltación (…) insinúa cierto hábito o estado del alma -alegre y feliz- en aquellos que son dignos de él. Por eso la Virgen se regocija en el Señor con inefable latir del corazón y transporte de gozo en la agitación de un afecto honesto. Sigue: 'en Dios mi Salvador'" (S. Basilio). "Porque el espíritu de la Virgen se alegra de la divinidad eterna del mismo Jesús -esto es, del Salvador-, cuya carne es engendrada por una concepción temporal" (S. Beda). Queremos ir de la mano de María estos días, aprendiendo de ella a recibir a Jesús. "Engrandece al Señor aquel que sigue dignamente a Jesucristo, y mientras se llama cristiano, no ofende la dignidad de Cristo, sino que practica obras grandes y celestiales; entonces, se regocijará el espíritu -esto es, el crisma espiritual-, o lo que es lo mismo, adelantará y no será mortificado" (Teofilacto).

   "Manifiesta la Virgen que no será proclamada bienaventurada por su virtud, sino que explica la causa diciendo: 'Porque hizo conmigo cosas grandes el que es poderoso'" (Teofilacto). Y esa transformación en Cristo no es solo para su madre, sino para todos: "Volviéndose desde los dones especiales que ha recibido del Señor hacia las gracias generales, explica la situación de todo el género humano añadiendo: "Y su misericordia de generación en generación a los que le temen". Como diciendo: No sólo me ha dispensado gracias especiales el que es poderoso, sino a todos los que temen a Dios y son aceptos en su presencia" (Beda).

   Vivir con Jesús, allanar caminos, es una tarea espléndida, implicándonos en la construcción de un mundo mejor, en un servicio lleno de alegría: "cada vez estoy más persuadido: la felicidad del cielo es para los que saben ser felices en la tierra" (S. Josemaría, Forja 1005). En ese aprendizaje, una cosa que ayuda mucho es fomentar los motivos de alegría: contemplar las maravillas del universo, las virtudes y cualidades de los demás, la amistad sincera, la satisfacción del trabajo bien hecho, la alegría del deber cumplido. No podemos ir siempre con cara de funeral, dice el papa Francisco. La alegría es el gran secreto del cristiano (decía Chesterton): consecuencia de la filiación divina, de sabernos queridos por nuestro Padre Dios, que nos acoge, nos ayuda, y nos perdona siempre. La misma tristeza de ver nuestros errores no puede degenerar en pereza que lleva a la melancolía e inactividad, la tristeza ante los fallos que lleva al decaimiento puede nacer de la soberbia; pero con humildad puede convertirse esta tristeza en santa y mueve a luchar. A veces el Señor se sirve de ello para purificarnos y hacer profundizar en la vida interior. No hay que confundir la tristeza con el cansancio y encima cargar con la tristeza de que uno no está entregado…

   La tristeza, en cambio, cuando no es por causas ajenas a nosotros (enfermedad o noches oscuras…) trae el mal olor del Enemigo: "la tristeza es un vicio causado por el desordenado amor de sí mismo, que no es un vicio especial, sino la raíz general de todos ellos" (Santo Tomás de A.).

   Si nos sentimos hijos amados de nuestro Padre de los Cielos, ¿cómo no vamos a estar siempre alegres? Sentirse hijo de Dios da plena alegría a pesar de nuestras vulnerabilidades, pues así, todo es para bien, con la fe, como bien recordaba Manzini en su obra "Los novios": es importante saber que todos nuestros problemas y contrariedades, tanto por nuestra culpa como sin ella, si las vemos con fe, las llevamos mejor. Quien sabe que lo que viene de Dios es lo mejor, aunque no le guste algo su oración es siempre: "¿lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!": "Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste siempre obra el mal" (Pastor de Hermas).

   "Sonríe a todos. Pondré gracia en tu sonrisa", le decía el Señor a Gabrielle Bossis. No encontraremos la alegría en el mundo hasta que la llevemos nosotros, hasta que vivamos ese compartir que nos enriquece en primer lugar a quien da.

   3. Insiste san Pablo: "Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. En toda ocasión tened la Acción de Gracias: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros". La clave para este día es ese "¡Alegraos constantemente!", y junto al gozo, la gratitud: "¡Dad gracias por todo!". Y para eso, cultivemos los medios de unión con Dios. "¡No apaguéis el espíritu!", nos dirá. Alegría y amor. La fuente de la alegría es el amor. Se siente alegre cuando se conoce al amor de la vida, cuando se da cuenta de que esa persona nos quiere con locura. El amor rejuvenece y es una fuente espontánea y profunda de alegría. Ese amor es, efectivamente, el principal combustible para estar alegres. Quien no ama, no ríe. Y es por eso que el egoísta sufre, y nunca está alegre. La alegría es propia de los enamorados. Si tienes alegría, esta brillara en tus ojos y en tu aspecto, en tu conversación y en tu contento. No podrás ocultarla porque la alegría se desborda. La alegría es muy contagiosa. Que la Virgen, causa de nuestra alegría, nos ayude a vivir de ese modo humano y divino.

   4. Dijo Juan Bautista: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Y cuando le preguntaron: ¿Quién eres?, respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto: `Allanad el camino del Señor'. No era la luz sino su testigo enamorado. ¿Puede haber vocación más bonita? Llevar un rayo de esperanza a los corazones entristecidos. Encontrar el sentido de la vida. Testigo de todas las luces. Testigo del que es todo luz.

   "Allanad el camino del Señor", es la recomendación del Señor en medio de tanto ruido. San Agustín nos lo explica así: "Es como si dijera: Yo grito para introducirlo en vuestro corazón, pero el Señor no se dignará entrar si vosotros no le preparáis los caminos". Te pido hoy, Señor, allanar los caminos de mi interior, para que puedas estar en mi corazón, nacer en mí como en Belén, y así yo vivir en ti, para llenarme de tu luz y tu salvación, para llevarla a los demás.

 

sábado, 16 de diciembre de 2023

Sábado de la 2ª semana de Adviento: San Juan Bautista es el cumplimiento del anuncio de Elías, la llegada de Jesús Salvador

Sábado de la 2ª semana de Adviento: San Juan Bautista es el cumplimiento del anuncio de Elías, la llegada de Jesús Salvador

 

A. Lecturas:

   1. Eclesiástico 48, 1-4.9-11: 1 Después surgió el profeta Elías como fuego, su palabra abrasaba como antorcha. El atrajo sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor cerró los cielos, e hizo también caer fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, en tus portentos! ¿quién puede jactarse de ser igual que tú? En torbellino de fuego fuiste arrebatado en carro de caballos ígneos; fuiste designado en los reproches futuros, para calmar la ira antes que estallara, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y restablecer las tribus de Jacob. Felices aquellos que te vieron y que se durmieron en el amor, que nosotros también viviremos sin duda.

   2. Salmo 80,2-3,15-16,18-19: Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño; tú que estás sentado entre querubes, resplandece / ante Efraím, Benjamín y Manasés; ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio! / ¡Oh Dios Sebaot, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña, / cuídala, a ella, la que plantó tu diestra! / Esté tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo de Adán que para ti fortaleciste. / Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos.

   3. Mateo 17,10-13: Bajando Jesús del monte con ellos, sus discípulos le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Respondió Él: «Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos». Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.

 

B. Comentario:

   1. Los escribas esperaban el retorno de Elías... Jesús dice que Elías ya ha venido... ¡es El, Jesús, el nuevo Elías!... -"El profeta Elías surgió como fuego, su palabra ardía como una antorcha". El fuego es una imagen constante en la Biblia, para simbolizar a Dios. En el Sinaí, Dios se manifestó en el fuego de la tormenta. Es natural que el portador de la voluntad divina tenga un rostro de fuego. El fuego será el instrumento de la purificación última de los últimos tiempos. Esa imagen sugestiva proviene seguramente del hecho que, en los sacrificios primitivos, el fuego era el elemento que unía el hombre a Dios. Se comía luego la víctima para consumar la comunión con Dios.

   -"Elías, por tres veces, hizo caer fuego del cielo. Juan Bautista dirá: "El que viene detrás de mi, os bautizará en el Espíritu Santo y el fuego..." (Mateo 3,11). Y Jesús dirá: «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que estuviera ya encendido...!» (Lc 12, 49). Y, en Pentecostés, "vieron aparecer unas lenguas, como de fuego..." (Hch 2,3). ¡Dios. Ven a abrasarnos, a purificarnos! ¡Ven a alumbrarnos, a guiarnos!

    Elías fue arrebatado en torbellino de fuego, en carro de caballos de fuego. -"Fuiste designado para el fin de los tiempos". Es el anuncio del famoso «retorno de Elías» del que los escribas hablaban en tiempo de Jesús, al preguntarse si no sería Juan Bautista, o Jesús. Esto debe interpretarse, pues, espiritualmente. Para calmar la ira antes que estalle... Para reconducir el corazón de los padres a los hijos... y restablecer las tribus de Jacob... Dichosos los que te verán, dichosos los que se durmieron en el amor del Señor, porque también nosotros poseeremos la verdadera vida. Jesús dijo que había venido a asumir la función de Elías, el profeta.

   2. Pedimos al Señor en el salmo que nos "guíe como un rebaño; tú que estás sentado entre querubes, resplandece (...) ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio!", y nos proponemos: "Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos". Dios no puede olvidarse de la obra de sus manos. Muchas veces nosotros hemos vivido lejos del Señor, pero Él, como un Padre amoroso y compasivo, siempre está dispuesto a perdonarnos si volvemos a Él con un corazón sincero. Dios, por medio de su Hijo Encarnado, ha salido a nuestro encuentro con su amor misericordioso.

   3. En aquel valle de Jericó, junto al Jordán, predicaba el Bautista, cerca del camino de caravanas que de Perea van hacia Jerusalén. Tiene cuerpo robusto, la piel curtida por el sol; cabellos largos. Resistente, parco en comer y hablar. Mirada profunda, exigente. Voz poderosa, que llega. Valiente, cumple su misión: "voz del que clama en el desierto." Sus discípulos preguntan a Jesús sobre la venida de Elías, que debe preceder a la del Mesías. La respuesta de Jesús es clara: "Elías ya ha venido", es Juan Bautista. Cumplió el encargo de Elías: ser el profeta de la última hora y preparar al pueblo para el reino de Dios. San Juan Crisóstomo alaba así su tarea: «Es deber del buen servidor no sólo el de no defraudar a su dueño la gloria que se le debe, sino también el de rechazar los honores que quiera tributarle la multitud... San Juan dijo "quien viene detrás de mí, en realidad me precede", y "no soy digno de desatar la correa de sus sandalias", y "Él os bautizará con el Espíritu Santo y el fuego", y que había visto al Espíritu Santo descender en forma de paloma y posarse sobre Él. Por último atestiguó que era el Hijo de Dios y añadió "he ahí al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"...

   "…Juan, haciendo oficio de amigo, tomó la diestra de la esposa, al conciliarle con sus palabras las almas de los hombres. Y Él, tras haberles acogido, los ligó tan estrechamente a sí mismo que ya no regresaron a aquél que se los había confiado... [Jesús] lo llamó "amigo del esposo", pues sólo él asistió a su boda».

   "El bautismo es el punto final del Antiguo Testamento y el punto de partida del Nuevo. Tenía como promotor a Juan, el Bautista, ´porque entre los hijos de mujer no ha habido uno mayor que Juan el Bautista' (Mt 11,11) Juan era el último de una serie de profetas, porque "todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan" (Mt 11,13) El inaugura la era mesiánica, tal como está escrito: 'Comienza la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios... Apareció Juan el Bautista en el desierto... Juan bautizaba' (cf Mc 1,1.4). (…) Todos los profetas eran admirables, pero ninguno es mayor que Juan el Bautista (…) en el claustro del seno materno saltó de gozo. Sin ver con los ojos de la carne, bajo la acción del Espíritu Santo, reconoció al Maestro. La grandeza del bautismo pedía un guía grande en el inicio de la nueva era" (San Cirilo de Jerusalén).

   El bautismo, la iluminación, es el momento de la conversión, como San Agustín nos cuenta de su experiencia, de ese itinerario largo hasta acabar rendido ante la Verdad: "¡Tarde te amé, hermosura soberana, tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti aquellas cosas que sin Ti no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera, exhalaste tu perfume y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de Ti, y ahora siento hambre y sed de Ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de Ti" (San Agustín).

   Siguiendo el hilo de esta exigente llamada del Maestro, podemos revisar nuestra vida con un examen de conciencia, hacer ese repaso al corazón, cada día es una página en blanco para escribir. "Y estas páginas blancas que empezamos a garabatear cada día, a mí me gusta encabezarlas con una sola palabra: ¡Serviam!, ¡serviré!, que es un deseo y una esperanza.... Y digo al Señor que vuelvo a empezar, Nunc coepi!, que vuelvo a empezar con la voluntad recta de servicio y de dedicarle mi vida, momento por momento, minuto por minuto" (S. Canals). La finalidad de ese examen es un conocimiento más profundo del estado de nuestra alma, y del conocimiento de la voluntad de Dios y de cómo vamos en cumplirla. Ahí nos preguntamos: "¿Dónde está mi corazón?" Ahí reconocemos detalles de vanidad, el buscar aplausos; quizás resentimientos y antipatías; sensualidad o rutina… pero todo ello no importa, si acaba con un acto de amor, de no dejarse llevar por el desánimo sino "arreglar" las faltas de amor con un acto de amor, recomenzar, volver a empezar… y por eso va bien terminar con un propósito. El examen nos predispone a tener un corazón nuevo, para preparar esos caminos del Señor como San Juan, del que decían: "¿Quién pensáis ha de ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él" (Lc 1, 57-66). Señala la presencia de Jesús y proclama: "ése es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo".

      Juan Bautista "desde el seno de la madre había sido consagrado por el Espíritu Santo. Jeremías había sido consagrado, pero no había profetizado en el seno de la madre. Sólo Juan Bautista, en el claustro del seno materno saltó de gozo. Sin ver con los ojos de la carne, bajo la acción del Espíritu Santo, reconoció al Maestro. La grandeza del bautismo pedía un guía grande en el inicio de la nueva era" (San Cirilo de Jerusalén, 313-350). Y con humildad no quiso brillo propio sino mostrar la luz del Señor. Tuvo la fortaleza de dar la vida. De él podemos aprender a quitar lo que nos aparta de Dios, pues la debilidad se transforma en fortaleza cuando se aparta la ocasión. Apartar significa con frecuencia huir de las ocasiones de enfriamiento, con pequeños sacrificios en el cumplimiento del deber, ofrecer esos actos de entregamiento por las intenciones que llevamos en el corazón. Rezamos en la oración colecta: «Oh Dios, restáuranos», «que amanezca en nuestros corazones tu Unigénito, y su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos transforme en hijos de la luz».

 

Llucià Pou Sabaté

viernes, 15 de diciembre de 2023

Viernes de la 2ª semana de Adviento. Jesús es nuestro salvador, que nos toca una música divina… que hemos de aprender a bailar

Viernes de la 2ª semana de Adviento. Jesús es nuestro salvador, que nos toca una música divina… que hemos de aprender a bailar

 

A. Lecturas:

   1. Isaías (48,17-19): ESTO dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir. Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar, tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».

   2. Salmo 1,1-2.3.4.6: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

   Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

   No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.

  3. Mateo 11,16-19: "En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios»"

 

B. Comentario:

   1. El destierro es duro pero motivo de manifestar el Señor su salvación en Jesús:

   -"Así habla el Señor, tu Redentor". «Rescate» es pagar la deuda de otro, y Jesús se puso en nuestro lugar y pagó nuestra justificación. En hebreo tiene otro matiz: «Yo, el Señor, soy tu redentor, tu 'goel'». En el derecho tribal primitivo había un «goel»: era el hombre encargado de «vengar la sangre», el responsable del honor de la tribu. De hecho la idea es pues la de «un amor de Dios que se ha comprometido en el destino de los hombres». La idea principal no es la de un Dios que requiere sangre para aplacarse. Es la idea de un Dios que ama «apasionadamente la humanidad y se compromete totalmente para salvarla». «¡Yo, el Señor, vengo a auxiliarte!» «Yo, el Señor, soy tu «goel», tu redentor!» ¡Qué misterio! Contemplo en Belén a Jesús encarnado, compartiendo totalmente nuestra condición humana, y muriendo en la cruz.

   -"Yo, el Señor tu Dios, te instruyo en lo que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir". Dios se ha comprometido en nuestra salvación. Pero no nos reemplaza. Nos invita a "caminar", a aceptar la instrucción "provechosa", la que salva. La enseñanza de Jesús, el Evangelio. "Te doy una instrucción, una enseñanza" dice Jesús también. ¿Cómo es mi fidelidad en recibir y meditar esa enseñanza? ¿Cómo me esfuerzo en aumentar mi cultura religiosa? ¿Y en ser fiel a la oración?

   -"Si hubieras estado atento a mis mandatos..." «Atento»... Es una cualidad esencial a la oración... y a toda la vida del hombre. Haznos atentos, Señor. Jesús hablaba a menudo de vigilancia: «velad y orad» -..."Tu paz sería como un río". El que se deja "guiar" por Dios, el que escucha la «enseñanza provechosa», el que está «atento a amar», ¡está lleno de paz! ¡Un río! Evoco esa imagen...

   -..".Tu dicha y tu justicia serían como las olas del mar. ...Tu posteridad sería como la arena del mar, y tus hijos tantos como los granos de arena". Repetición de la promesa hecha a Abraham. A pesar de todos nuestros rechazos, de todas nuestras faltas de amor, Dios quiere nuestra felicidad, nuestra «justicia» nuestra «rectitud», nuestra «santidad»... ¡vasta y potente como las olas del mar! Y Dios quiere que nuestra vida sea fecunda, que «nuestros talentos rindan el céntuplo»... ¡como los granos de arena de las riberas! Una sola condición: estar atento a tus mandatos, Señor (Noel Quesson).

   2. Vienes como la luz, Señor: «Dichoso el hombre que… su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto…». Vida y muerte aparecen como dos caminos, bendición y maldición, a fin de que tomemos el camino recto que lleva a la felicidad. Dios no nos creó para la muerte, sino para la vida.

   3. -"Jesús declara a las gentes: "¿a quién compararé esta raza de hombres? es semejante a los muchachos sentados en la plaza que interpelando a otros..."" Jesús, ves a los niños sentados en plaza… gente de tu tiempo y también nos ves a nosotros, que como niños no saben lo que quieren.

   -"Os hemos entonado cantares alegres y no habéis bailado; cantares lúgubres y no habéis llorado." Eran juegos que hacían los críos, y nos indica esa inconstancia que nosotros podemos también ser como a veces la opinión pública, que se deja llevar por la moda y no por la verdad…

   -"Porque vino Juan que casi no come, ni bebe, y dicen: Es un loco. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "¡Es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y de pecadores!" Te duele que al Bautista con su austeridad fuera acusado de extraño endemoniado; y que a ti con tu sencillez de compartir la comida de los hombres, digan que eres comilón. Gracias, Señor Jesús, por permitir que te hicieran esta acusación. Gracias de haber venido a inaugurar el tiempo de la alegría, de habernos venido a ofrecer tu amistad a nosotros, que somos pecadores. Amigo de los pecadores... Amigo de los pecadores... Gracias.

   -"Pero, la sabiduría de Dios se revela "justa" a través de lo que hace". La austeridad de Juan con su penitencia, la alegría de Jesús y su Reino... El tiempo de Adviento y de Navidad comporta esos dos aspectos (Noel Quesson).

   Esperamos con ganas la Navidad, y por eso rezamos: "¡Ven Señor Jesús!". Ven, Jesús, a mi mundo de las cosa pequeñas, pues la Navidad es sobre todo de los sencillos, y nos propone que nos hagamos pequeños como niños. Es un camino de sencillez, descomplicación, quitar los laberintos del corazón, máscaras o gafas negras. Es un camino de apertura a Jesús. Hay un famoso cuadro en la iglesia de Sant Paul, en Londres, que muestra Jesús, abriendo una puerta, que representa el corazón de una persona. Alguien le dijo al pintor: "falta el picaporte de esa puerta, para que Jesús pueda entrar en la casa", y el pintor contestó: "no se me olvidó pintarla, es que esta puerta, la del corazón de cada persona, sólo puede abrirse desde dentro". Vamos a procurar abrir esa puerta para que entre Jesús, y con él el Cielo, en nuestro corazón. Vamos a colaborar con el Señor ayudando a que todos los hombres le abran la puerta a Jesús. Jesús es el que llama a la puerta del corazón del hombre, toca la música para consolar al triste, acompañar al enfermo, ayudar al necesitado, visitar al que esté solo. Llama y toca la música ahí donde nos encontramos: en la familia, con los amigos, vecinos…

   "En vísperas de la Navidad —cuenta la Madre Teresa de Calcuta— yo abrí un hogar para enfermos de SIDA en Nueva York como regalo de nacimiento para Jesús. Lo empezamos con quince lechos para otros tantos pacientes y con cuatro jóvenes a quienes conseguí sacar de la cárcel porque no querían morir allí. Ellos fueron los primeros huéspedes de nuestro hogar. Les había preparado una capilla, de modo que tales jóvenes de veinte o veinticinco años, que no habían estado cerca o se habían alejado de Jesús, de la oración o de la confesión, pudiesen, si lo deseaban, acercarse de nuevo a Él. Gracias a la bendición de Dios y a su amor, sus corazones se transformaron por completo. Los trece o catorce han fallecido ya en nuestro hogar, porque se trata [por aquel entonces] de una enfermedad mortal, incurable. La última vez que estuve allí, recientemente todavía, uno de ellos hubo de ser trasladado al hospital. Antes de ir me dijo:

   —Madre Teresa, usted es amiga mía. Quiero hablar a solas con usted.

   ¿Qué creéis que me dijo aquel hombre que veinticinco años atrás se había confesado y comulgado por última vez y que desde entonces había interrumpido sus contactos con Jesús? Me dijo esto:

   —¿Sabe, Madre Teresa? Cuando siento un tremendo mal de cabeza, lo comparto con el dolor de Jesús al ser coronado de espinas. Cuando experimento un dolor insoportable (y es que el dolor que produce esa enfermedad es insoportable de verdad), cuando el dolor resulta insoportable en mi espalda, lo comparto con el dolor de Jesús al ser azotado. Cuando el dolor se hace insoportable en mis manos y mis pies, lo comparto con el dolor experimentado por Jesús al ser crucificado. Le pido que me lleve de nuevo al hogar. Quiero morir cerca de ustedes.

   Conseguí permiso del médico para llevármelo a casa. Lo acompañé a la capilla. Jamás he visto a nadie hablar con Dios como lo hizo aquel hombre, con un amor de comprensión tan grande entre él y Jesús. Después de tres días murió. Difícil de comprender el cambio experimentado por aquel hombre."

   Hoy vemos a Jesús triste y decepcionado de la respuesta del hombre desagradecido. En su vida no hizo otra cosa que pasar "haciendo el bien"... y todo este despliegue de compasión, de amor y misericordia ¿dio fruto?, ¿cuál fue la respuesta recibida a cambio? Sabemos que la semilla dio fruto después de su muerte. En nuestro caso, tenemos que reconocer que "todo" podría estar a nuestro favor. Tenemos su presencia en la eucaristía, su gracia sacramental, su acción a través de su Espíritu Santo... tenemos a María, Madre nuestra.

Llucià Pou Sabaté

 

jueves, 14 de diciembre de 2023

envío rectificada la primera lectura de hoy, que por error la repetí

Lectura del libro de Isaías (41,13-20):

YO, el Señor, tu Dios,
te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob,
oruga de Israel,
yo mismo te auxilio
-oráculo del Señor-,
tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes
buscan agua, y no la encuentran;
su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas,
en medio de los valles, manantiales;
transformaré el desierto en marisma
y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos, y olivares;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces,
para que vean y sepan,
reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho,
que el Santo de Israel lo ha creado.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,1.9.10-11.12-13ab

R/.
 El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad.


V/. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

V/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

V/. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Jueves de la 2ª semana de Adviento: Jesús viene a salvarnos, como anuncia el profeta: “Yo soy tu redentor, el Santo de Israel”, y Juan Bautista es modelo de cómo hemos de prepararnos estos días de Adviento

Jueves de la 2ª semana de Adviento: Jesús viene a salvarnos, como anuncia el profeta: "Yo soy tu redentor, el Santo de Israel", y Juan Bautista es modelo de cómo hemos de prepararnos estos días de Adviento

 

A. Lecturas:

1. Isaías (40,25-31): «¿CON quién podréis compararme, quién es semejante a mi?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿quién creó esto? Es él, que despliega su ejército al completo y a cada uno convoca por su nombre. Ante su grandioso poder, y su robusta fuerza, ninguno falta a su llamada. ¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel: «Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto. Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.

   2. Salmo 102,1-2.3-4.8.10: Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

   Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura.

   El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestro pecados ni nos paga según nuestras culpas.    

   3. Mateo 11,11-15: "En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga»". 

 

   B. Comentario:

   1. La historia tiene un sentido porque hay Alguien que sabe adónde va, que marca un ritmo y deja libertad, pero a veces dice "basta" al mal, pone un límite, y reencamina todo hacia bien: un Dios que llena de su misericordia el mundo, es su huella: -"No temas, gusanito de Yavhé". Israel ha sido en su destierro como un gusano pisoteado por las naciones. Pero tú, Señor, lo llevas de la mano, "te agarro de la diestra". Es bueno que gustemos esta maravillosa expresión de amor de Dios muchas veces al día: "Yo te llevo de la mano". Así estaremos mucho más tranquilos, con ocupaciones, pero sin preocupaciones…

   -"Los pobres buscan..." Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia. Fórmula que expresa le espera, el deseo. –"Yo, el señor, les responderé: No temas, Yo te ayudo. No temas, Jacob, débil gusanillo; Israel, miserable mortal". Esta es ya una bienaventuranza: la de los pobres. Pequeñez de ese pueblo de deportados, despreciados, explotados, perdidos en la gran Babilonia pagana. Pequeñez de María, portadora, sin embargo, del Misterio de Dios, «débil criatura» que vivía en una pobre aldea, casi desconocida. ¡No en Roma, la triunfante... No en Atenas, la sabia... Ni en Babilonia, la soberbia... Ni siquiera en Jerusalén, la santa... Ni en ninguna de las grandes capitales de la época! Sino en Nazaret poblado desconocido, en medio de gente humilde y sencilla. El verdadero valor no procede de la situación humana sino de la mirada de Dios. ¿Qué es lo que esto cuestiona mi vida?

   -"Yo soy el Señor, tu Dios. Te tengo asido por la diestra". Es preciso saborear, en el silencio, esas declaraciones de amor... Basta con dejarse llevar por esa imagen: ¡Toma mi diestra, Señor! ¡Quédate de veras «conmigo»! Escucho... Escucho esas palabras que me diriges. ¿Qué podría dañarme, en mi pequeñez, si, de verdad, conservo tu mano en la mía?

   -"Triturarás los montes... Y tú te regocijarás en el Señor". Es una réplica contra los opresores babilonios. Es, ante todo, el anuncio de un gran gozo después de la pena.

   -"Los pequeños y los pobres buscan agua... pero no hay nada. Su lengua se les secó de sed. La boca de Dios lo testifica". Nos recuerda aquel «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia.» Ser amados y considerados... ganar regularmente un salario justo... ir adquiriendo algo más de responsabilidad, de confort... ser como todo el mundo, no ser humillados... ser atendidos en las necesidades, con una visita oportuna... y que los sufrimientos y la mala suerte no sea algo normal en sus vidas... Ante esos deseos tan humanos, ante esa «sed», debemos también, como Dios, testificar «y no hay nada» ¿Es una espera frustrada, un deseo inútil, la Nada?

   -"Yo, el Señor, los atenderé... No los abandonaré"... Señor, realiza tu promesa, hoy. Señor, ayúdanos también a atender a los pobres en todo lo que esté de nuestra parte.

   -"Abriré en los montes, ríos y fuentes... De modo que todos vean y sepan que la mano del Señor ha hecho eso". Imágenes de lozanía, de fecundidad y de abundancia. En nuestro mundo tan «árido», tan duro... ¡haz que mane el «agua viva»! (Noel Quesson).

   2. «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad». Demos gracias a Dios que se acerca en Jesús esta Navidad, pues «de su plenitud todos hemos recibido, gracia por gracia» (Jn 1,12.16). Por él «sabemos que hemos sido trasplantados de la muerte a la vida» (1 Jn 3,14). «Vivamos, pues, la novedad de esta vida» (Rom 6,4), como verdaderos hijos de Dios, participando de su naturaleza divina.

   3. Juan Bautista fue fiel a su misión. "Dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista". Su vida era servicio a los demás: predica la conversión y penitencia y bautiza con agua anunciando que vendrá quien bautiza con el Espíritu Santo. Proclama la verdad sin ningún respeto humano por quedar bien, o por miedo a perder la vida. Le siguieron como discípulos los que luego fueron primeros discípulos de Jesús: por lo menos Juan y Andrés, que luego llevaron a los demás. Estuvo  firme ante las dificultades, hasta la muerte: "El Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan."

   "…sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan". En la lucha espiritual, no cuentan tanto los resultados sino la lucha en las cosas pequeñas de cada día: transformando la envidia en detalles de servicio, el mal genio en comprensión, la "memoria histórica" en perdón, la comodidad en pensar en los demás, el estar "en Babia" por prestar atención a lo que toca, el pesimismo por el volver a empezar.

   "Hoy, decía san Josemaría Escrivá, que empieza un tiempo lleno de afecto hacia el Redentor, es un buen día para que nosotros recomencemos. ¿Recomenzar? Sí, recomenzar. Yo -me imagino que tú también- recomienzo cada jornada, cada hora; cada vez que hago un acto de contrición, recomienzo". Y esto significa luchar "de tal manera que, detrás de cada pelea y de cada batalla, haya una pequeña victoria, con la gracia de Dios; y de este modo contribuimos a la paz de la humanidad". En el mundo, tan lleno de agresividad, falta paz. En un pueblo me contaron de niños violentos que se peleaban en la calle, aparentemente los padres eran educados, pero los niños captan lo que hay en el interior de los mayores, más allá de estas capas de educación con que a veces nos revestimos. Y viendo una tensión de violencia contenida, ellos salían violentos sin ninguna careta. Por esto, si de verdad queremos que haya paz en el ambiente, hemos de llevarla en nuestro corazón.

   Para ello, es importante no encerrarse en pequeños traumas e insatisfacciones, no conformarse con los fracasos, sino convertirlos en experiencia para recomenzar: luchar con perseverancia, convertir lo bueno en una ocasión de agradecimiento, y lo malo en ocasión de rectificar, con un poco más de amor. El tiempo litúrgico va clamando: ¡ven, Señor Jesús!, ¡ven! Estas son llamadas para ahondar en la fuerza y el amor que vienen de esta búsqueda sincera de Jesús, deseando que nazca en nosotros, que nos transforme en Él.

   El examen de conciencia es una buena arma para luchar con este espíritu de victoria. Podemos hacerlo estos días pensando cómo ha ido el año que termina, y hasta el día 17 iremos de la mano de Juan Bautista en las lecturas, para llegar al Mesías, como rezamos en la Plegaria Eucarística IV: «cuando por desobediencia perdió tu amistad, no le abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca». Nos dice: «yo te cojo de la mano y te digo: no temas». Son dos manos que se unen: la nuestra que se eleva hacia Dios pidiendo salvación, y la de Dios, que nos ofrece mucho más de lo que podemos imaginar. Te pedimos, Señor, abrir los ojos para ver tu mano tendida hacia nosotros, para que «veamos y conozcamos, reflexionemos y aprendamos de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho» (J. Aldazábal).

   "El Reino de Dios padece violencia, y quienes se esfuerzan lo conquistan": los poderes del mal en el exterior, nuestras malas inclinaciones en el alma, muestra el mapa de esa violencia, y con lucha llena de paciencia y humildad, pidiendo más ayuda al Señor, podremos ir adelante llenos de esperanza. No importa si somos débiles, si nos acogemos a la fuerza de ti, Señor: "Detesta con todas tus fuerzas la ofensa que has hecho a Dios y, con valor y confianza en su misericordia, prosigue el camino de la virtud que habías abandonado" (San Francisco de Sales).

   En este examen de conciencia podemos preguntarnos: ¿Me esfuerzo para creerme que el Señor me ama? ¿Me sacrifico para ser "pequeño"? ¿Me esfuerzo para ser consciente y vivir como un hijo del Padre? Santa Teresita de Lisieux se refiere también a estas palabras de Jesús diciendo algo que nos puede ayudar en nuestra conversación personal e íntima con Jesús: «Eres tú, ¡oh Pobreza!, mi primer sacrificio, te acompañaré hasta que me muera. Sé que el atleta, una vez en el estadio, de desprende de todo para correr. ¡Saboread, mundanos, vuestra angustia y pena, y los frutos amargos de vuestra vanidad; yo, feliz, obtendré de la pobreza las palmas del triunfo». Y yo, ¿por qué me quejo enseguida cuando noto que me falta alguna cosa que considero necesaria? ¡Ojalá que en todos los aspectos de mi vida lo viera todo tan claro como ella! (Ignasi Fabregat).

Llucià Pou Sabaté

13 de Diciembre, Santa Lucía, virgen y mártir, patrona de la vista

13 de Diciembre, Santa Lucía, virgen y mártir, patrona de la vista
   Se celebra su fiesta ya entre los primeros cristianos, según consta en una inscripción de las catacumbas de San Juan, en Siracusa (Italia, sobre el año 400). También una
iglesia en su honor en Siracusa, lugar donde, según la Tradición, sufrió el
martirio durante la persecución de Diocleciano.

   Quedan 11 días para Nochebuena, y esta santa cuyo nombre viene de "Lux", luz, nos prepara para la llegada de Jesús, la Luz del mundo. Esa niña cristiana, de 15 ó 16 años, profundamente enamorada de Jesús, que antepuso a todo lo demás, por encima de su propia vida. Ella no sabía cómo hablar de su amor a Jesús a su madre, mujer de familia acomodada, que había pensado prometer a su hija con un buen partido. Lucía convenció a su madre para retrasar el matrimonio; fueron a peregrinar a la tumba de Santa Águeda en Catania, y allí Lucía le confesó su madre que su verdadero deseo era ser solamente de Cristo. Esto fue conmovedor y la madre le pareció muy bien. Pero  el novio se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser cristiana. Diocleciano estaba persiguiendo a los cristianos, y en el juicio el juez y la presionó para convencerla de que apostatara, pero ella perseveró hasta la muerte.

   En el Canon romano figura su nombre entre otras mujeres mártires más veneradas de la Iglesia primitiva: "y nosotros pecadores siervos tuyos que confiamos en tu infinita misericordia admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires:… Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia"...

   Desde la Edad Media es invocada como la patrona de la vista, ya sea para males de los ojos, o para curar la ceguera espiritual. En 1894 se excavó bajo el lugar donde estaba el sepulcro y apareció –efectivamente- una descripción del siglo cuarto con su nombre Santa Lucía.

   El testimonio que nos ha llegado de su juicio cuenta entre otras cosas que el juez le decía: "¿y si te sometemos a torturas serás capaz de resistir?" Y ella contestaba: "pues sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura, tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor". La martirizaron cruelmente, muriendo posteriormente decapitada. Era el 13 de diciembre del año 300.

   Quedan 11 días para la Nochebuena y queremos aprender de Santa Lucía a ponerte a ti, Jesús, por encima de todas las cosas. Es verdad que a nosotros no nos amenazan con la muerte, pero si es cierto que a veces el ambiente, el entorno y también nuestras propias pasiones, amenazan con quitarnos la vida; con quitarnos esa vida espiritual que nos hace hijos tuyos y que nos eleva por encima de las circunstancias, de las dificultades de las pandemias, en los viajes, de las reuniones, de los jaleos, y de las luces, hasta a ese lugar donde estás Tú, al lugar al que no llamas, el lugar en el que quieres que vivamos la contemplación, la vida de fe.

 

martes, 12 de diciembre de 2023

Miércoles de la 2ª semana de Adviento. El Señor da seguridad en su salvación: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y hallaréis descanso»

Miércoles de la 2ª semana de Adviento. El Señor da seguridad en su salvación: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y hallaréis descanso»

 

A. Lecturas:

1. Isaías (40,25-31): «¿CON quién podréis compararme, quién es semejante a mi?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿quién creó esto? Es él, que despliega su ejército al completo y a cada uno convoca por su nombre. Ante su grandioso poder, y su robusta fuerza, ninguno falta a su llamada.

   ¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel: «Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?

   El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto.

   Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan.

   2. Salmo 102,1-2.3-4.8.10: Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

   Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura.

   El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestro pecados ni nos paga según nuestras culpas.

   3. Mateo 11,28-30: "En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera»".

 

B. Comentario:

   1. El Dios grande y trascendente, creador de los astros y del cosmos, es también el Dios cercano, que comunica su fuerza a los que se abren a El... a "los que ponen en El su confianza": «El da la fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido (...) los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse".

   2. "Bendice, alma mía, al Señor… y no olvides sus beneficios", decimos en el salmo con confianza de que todo irá bien: "Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura". Nada debe alejarnos de tratarle, pues "el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestro pecados ni nos paga según nuestras culpas".

   3. –"Venid a Mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas"... Gracias, Señor, por esta invitación, que nos trae la paz: "Que yo os aliviaré". ¡Ayúdame a ver las "cargas" que pesan sobre los hombros de mis hermanos!

   -"Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". Pocas veces pienso que tu yugo, Jesús, ponerme bajo tu mismo yugo, es trabajar contigo. Imagino los dos "bueyes atados al mismo yugo y tirando del mismo arado", sus cabezas juntas, que humilde y tenazmente tiran en la misma dirección. "Tomad mi yugo", me dices..., tú que eres "manso y humilde", para animarme a que no me impaciente ante los demás o ante mis defectos...

   -Sí, "mi yugo es suave y mi carga ligera". Algunos yugos eran toscos y lastimaban el cuello de los animales, pero Jesús nos habla de una religión sin miedo, sin cosas insoportables, sino basada en el amor.

   Seguimos con el tema de ayer, pues muchas veces tenemos la tentación de la preocupación, que nos agobia, nos quita la paz. Nos sentimos inquietos al fallar, nuestro afán de ser "perfectos" es tan grande que nos cuesta reconocernos pecadores, y por eso somos capaces incluso de decir que los mandamientos están caducados, antes de reconocer que fallamos, sin que esto nos agobie. Hay una reacción psicológica de volvernos agresivos cuando nos sentimos mal en la conciencia. Así como cuando tenemos una piedra en el zapato nos duele, también en el corazón hay "piedras" que nos hacen sufrir, y por eso discutimos y estamos de mal humor, al menos es una de las causas de nuestro malestar. Y hemos de quitar la piedra que causa la desazón. Pero estas piedras muchas veces nos inquietan… Jesús anima a la adúltera: "vete en paz, y no vuelvas a pecar". Jesús no tiene memoria de ciertas reglas y regala el perdón: «En la Cruz, durante su agonía, el ladrón le pide que se recuerde de él cuando llegara a su Reino. Si hubiera sido yo -reconoce monseñor Van Thuân- le hubiera respondido: "no te olvidaré, pero tienes que expiar tus crímenes en el purgatorio". Sin embargo, Jesús, le respondió: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Había olvidado los pecados de aquel hombre. Lo mismo sucedió con Magdalena, y con el hijo pródigo. Jesús no tiene memoria, perdona a todo el mundo».

   Jesús es príncipe de la paz, y los pensamientos que no son de paz no son de Dios, por mucha apariencia que tengan de santos como son los remordimientos por pecados, o que no somos bastante santos. Jesús muestra su misericordia, de modo especial, en su actitud con los pecadores. "Yo tengo pensamientos de paz y no de aflicción, declaró Dios por boca del profeta Jeremías. La liturgia aplica esas palabras a Jesús, porque en Él se nos manifiesta con toda claridad que Dios nos quiere de este modo. No viene a condenarnos, a echarnos en cara nuestra indigencia o nuestra mezquindad: viene a salvarnos, a perdonarnos, a disculparnos, a traernos la paz y la alegría. Si reconocemos esta maravillosa relación del Señor con sus hijos, se cambiarán necesariamente nuestros corazones, y nos haremos cargo de que ante nuestros ojos se abre un panorama absolutamente nuevo, lleno de relieve, de hondura y de luz" (San Josemaría Escrivá).

   En realidad, si Dios me quiere como soy, si permite algo malo, por la libertad de la que gozamos todos y de aquello sacará un bien, ¿de qué he de preocuparme? Hay un solo mal, y es el pecado, pero este no ha de motivarnos más que a la conversión, transformar el remordimiento en arrepentimiento. Lo importante así ni es "estar en regla" sino estar con Él: "Porque Dios, aun ofendido, sigue siendo Padre nuestro; aun irritado, nos sigue amando como a hijos. Sólo una cosa busca: no tener que castigarnos por nuestras ofensas, ver que nos convertimos y le pedimos perdón" (San Juan Crisóstomo). Hoy entendemos que el pecado no es el castigo divino, sino la falta de acogida al amor de Dios, y por tanto la soledad por rechazo de esa mano amorosa que Él siempre nos tiende: "La omnipotencia de Dios -dice Santo Tomás- se manifiesta, sobre todo, en el hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera de demostrar que Dios tiene el poder supremo es perdonar libremente".

   No nos merecemos el amor de Dios ni su gracia con nuestras buenas obras, pero es necesaria nuestra conversión para acoger el amor en un buen recipiente, si nuestro corazón está cerrado ahí no puede entrar esa divina esencia, la Vida: "Imagina que Dios te quiere hacer rebosar de miel: si estás lleno de vinagre, ¿dónde va a depositar la miel?, pregunta San Agustín. Primero hay que vaciar lo que contenía el recipiente (...): hay que limpiarlo aunque sea con esfuerzo, a fuerza de frotarlo, para que sea capaz de recibir esta realidad misteriosa".

   La paz es mucho más palpable con "el sacramento de la alegría" (en palabras de Pablo VI), la confesión. Pues aún en lo más alto que hay en la tierra, la Eucaristía, no sentimos nada emotivo muchas veces, pero la confesión siempre deja paz y alegría, algo casi físico de bienestar. Es como eliminar materia de un examen, el del juicio definitivo.

   Jesús es manso y humilde porque tiene paz, por eso da paz. A veces nos engañamos y ponemos nombre cristiano a esa cerrazón del remordimiento que en lugar de abrirse al arrepentimiento fosiliza en resentimiento, acritud. En cambio, los mansos siembran alrededor el buen aroma de Cristo, manifestado en la sonrisa, calma y serenidad, buen humor y capacidad de broma, comprensión y tolerancia… Así nos animaba Juan Pablo II: "Nadie es capaz de lograr que lo pasado no haya ocurrido; ni el mejor psicólogo puede liberar a la persona del peso del pasado. Sólo lo puede lograr Dios, quien, con amor creador, marca en nosotros un nuevo comienzo: esto es lo grande del sacramento del perdón: que nos colocamos cara a cara ante Dios, y cada uno es escuchado personalmente para ser renovado por Él.

   "Quizá algunos de vosotros habéis conocido la duda y la confusión; quizá habéis experimentado la tristeza y el fracaso cometiendo pecados graves. Éste es un tiempo de decisión. Ésta es la ocasión para aceptar a Cristo: aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra y creer en sus promesas.

   "Y si, a pesar de vuestro esfuerzo personal por seguir a Cristo, alguna vez sois débiles no viviendo conforme a su ley de amor, a sus mandamientos, no os desaniméis! Cristo os sigue esperando! Él, Jesús, es el Buen Pastor que carga la oveja perdida sobre sus hombros y la cuida con cariño para que sane.

   "Gracias al amor y misericordia de Cristo, no hay pecado por grande que sea que no pueda ser perdonado; no hay pecador que sea rechazado. Toda persona que se arrepiente será recibida por Jesucristo con perdón y amor inmenso.

   "Sólo Cristo puede salvar al hombre, porque toma sobre sí su pecado y le ofrece la posibilidad de cambiar.

   "Siempre, pero especialmente en los momentos de desaliento y de angustia, cuando la vida y el mundo mismo parecen desplomarse, no olvidéis las palabras de Jesús: «Venid a Mí todos los que estáis fatigados y oprimidos, que Yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera

   "No nos debemos mirar tanto a nosotros mismos cuanto a Dios, y en Él debemos encontrar ese «suplemento» de energía que nos falta. ¿Acaso no es ésta la invitación que hemos escuchado de labios de Cristo: «Venid a Mí todos los que estáis fatigados y oprimidos, que Yo os aliviaré»? Es Él la luz capaz de iluminar las tinieblas en que se debate nuestra inteligencia limitada; Él es la fuerza que puede dar vigor a nuestras flacas voluntades; Él es el calor capaz de derretir el hielo de nuestros egoísmos y devolver el ardor a nuestros corazones cansados.

   "Como cristianos que somos, debemos ofrecer nuestros recuerdos al Señor. Pensar en el pasado no modificará la realidad de vuestros sufrimientos o desengaños, pero puede cambiar el modo de valorarlos. Los jóvenes no llegan a comprender completamente la razón por la que los ancianos vuelven frecuentemente a pensar en el pasado ya lejano, pero esa reflexión tiene su sentido. Y cuando se realiza dentro de la oración puede resultar una fuente de reparación.

   "En el camino de vuestra vida, no abandonéis la compañía del Señor. Si la debilidad de la condición humana os llevase alguna vez a no cumplir los mandamientos de Dios, volved vuestra mirada a Jesús y gritadle: «Quédate con nosotros, vuelve, no te alejes.» Recuperad la luz de la gracia por el sacramento de la Penitencia.

   "Con El podemos encontrarnos siempre, por mucho que hayamos pecado, por muy alejados que nos sintamos, porque Él está saliendo siempre a nuestro encuentro.

   "Dios es infinitamente grande en el amor. Tal amor es capaz de inclinarse hacia todo hijo pródigo, toda miseria humana y singularmente hacia toda miseria moral o pecado. Cuando esto ocurre, el que es objeto de misericordia no se siente humillado, sino como hallado de nuevo y revalorizado.

   "No hay quien no necesite de esta liberación de Cristo, porque no hay quien, en forma más o menos grave, no haya sido y sea aún, en cierta medida, prisionero de sí mismo y de sus pasiones. Todos tenemos necesidad de conversión y de arrepentimiento; todos tenemos necesidad de la gracia salvadora de Cristo, que Él ofrece gratuitamente, a manos llenas. Él espera sólo que, como el hijo pródigo, digamos «me levantaré y volveré a la casa de mi Padre»."

   Jesús, eres bálsamo para la presión psicológica del mundo de hoy, sus miedos, agresividad, soledad profunda, falta de sentido de la vida... Cargados de normas, compromisos, objetivos, estamos expuestos a una tendencia casi depresiva. Nos vertemos en el exterior y perdemos nuestra esencia, interioridad, como decía uno: "Quizá hemos luchado para ser perfectos y en el fondo lo único que queremos es sentirnos amados". Cuesta no dejarse llevar por el dinero, por el prestigio o por el poder, pero contigo, Jesús, todo es posible.

   "Venid a mí..." Ayúdame, Jesús, a ir a ti en el esfuerzo amoroso en el trabajo diario, con el cuidado de las cosas pequeñas, con la sonrisa, en la pobreza, el olvido de mi yo… que se tomar esta dulce carga: "Cualquier otra carga te oprime y te abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de las alas y verás como vuela." (S. Agustín). Jesús quería liberarnos del insoportable peso de los numerosos preceptos y prohibiciones que rodeaban la ley de Moisés (Mt 23, 4) y que hoy nos rodean de otras formas, y quiere darnos este "descanso" que es paz: «Venid a mí, yo os aliviaré»

   Ante tanto dolor, perplejidad en los que buscan la verdad de verdad, no podemos ir con legalismos sino con comprensión. Ayúdame, Jesús Maestro, a no ser maestro exigente que agobia y desconcierta a sus alumnos con su moral rígida, que culpabiliza. Tú acoges a los agobiados, a los cansados. Les das paz, descanso. Te pido que seamos los cristianos portadores de esperanza como tú, y no querer resolver tantos misterios sino mostrarles el Misterio que eres tú, Jesús, en quien todo encuentra su sitio.

   Esto no implica no luchar, sino al revés: «Las cargas propias que cada uno lleva son los pecados. A los hombres que llevan cargas tan pesadas y detestables, y que bajo ellas sudan en vano, les dice el Señor: "Venid a Mí todos"… ¿Cómo alivia a los cargados de pecado, sino mediante el perdón de los mismos? (...) Llevad mi yugo. Ya que para tu mal te había subyugado la ambición, que para tu salud te subyugue la caridad… Esos pesos son alas para volar. Si quitas a las aves el peso de las alas, no pueden volar… Toma, pues, las alas de la paz; recibe las alas de la caridad. Ésta es la carga; así se cumple la ley de Cristo» (San Agustín).

Llucià Pou Sabaté 

Adviento, 2ª semana, martes. Dios nos ayuda siempre a la conversión: «No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños»

Adviento, 2ª semana, martes. Dios nos ayuda siempre a la conversión: «No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños»

 

  1. Lecturas:

   1. Isaías 40, 1-11: «Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».

   Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y verán todos juntos —ha hablado la boca del Señor». Dice una voz: «Grita». Respondo: «¿Qué debo gritar?». «Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre».

   Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder y con su brazo manda. Mirad, viene con él su salario y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».

   2. Salmo 95, 1-2. 3 y 10ac. 11-12. 13-14: Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria.

   Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente».

   Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque.

   Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.

   3. Mateo 18,12-14:  "En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños»".

 

B. Comentario:

   1. –"Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén". Palabras de Isaías que vienen de Dios, tan humanas, todas llenas de emoción. Se está preparando la Encarnación de Dios: «Navidad» se acerca... un Dios que viene a consolar, un Dios que «habla al corazón». Pero, ¿qué quiere decirnos Dios? ¿Qué tiene que decirnos tan importante y tan dulce?

   -"Proclamad que ya ha cumplido su servicio, que su culpa ya está perdonada, que Jerusalén, de la mano del Señor, ha recibido doble castigo por todas sus faltas..." Sí, quiere hablarnos de la misericordia de su Corazón. Los deportados a Babilonia han terminado ahora su duro exilio, han pagado bastante caro su redención. Pronto serán liberados y volverán a su país. Dios está conmovido. Su corazón no quiere el castigo del pecador, sino sólo su arrepentimiento. Los profetas siempre interpretaron el destierro a Babilonia como un castigo por los pecados del pueblo de Israel. Pero ahora todo está perdonado, nos encontramos ante la experiencia muy humana de un padre o de una madre que sufre por tener que hacer o permitir un daño a su hijo por su propio bien. Contemplo en silencio los sentimientos de Dios... la misericordia de Dios hacia mí...

   -"Una voz clama: «Preparad en el desierto el camino del Señor... Trazad en la estepa una calzada recta para nuestro Dios. Que todo valle sea elevado y todo monte y cerro, rebajado»". Los deportados habían sido obligados a duros trabajos y aquí vemos que todo forma parte de un «camino para Dios». ¡Dios viene! Juan Bautista repitió exactamente esta palabra. ¡Dios viene! HOY se me invita a "preparar" a «abrir» un camino para El... en las «tierras áridas» de la estepa... con grandes esfuerzos, ¡«desplazando los montes» si es preciso!

   -"Súbete a un alto monte, portador de la buena nueva para Sión". Clama con voz poderosa, mensajero de la buena nueva para Jerusalén. Di a las ciudades de Judá: «Ahí está nuestro Dios...

   "¡Ahí viene el Señor!" Evangelizar, dar la buena nueva, es decir: «Ahí está vuestro Dios, el Señor viene». Ahora bien, es preciso que ésta sea la fe del mensajero para poder proclamarla a los demás. Ejercitarme en ver "la venida" de Dios a través de los signos imperceptibles. Dios «está viniendo». El verbo es usado en presente: viene... y no en futuro: vendrá.

   -"Como un pastor pastorea su rebaño, recoge en brazos sus corderos, los lleva junto a su pecho, y trata con cuidado a las que amamantan sus crías". Así hablas de mí... y de todos los hombres... Señor (Noel Quesson).

   2. No es extraño que el salmo nos haga cantar sentimientos de alegría por la cercanía mostrada en todo tiempo por Dios a su pueblo: «cantad al Señor, bendecid su nombre, delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra». El amor de Dios nos debe llevar a ser constructores de un mundo más justo, más fraterno y más en paz, pues la rectitud y la justicia, con las que el Señor rige a las naciones, han de ser el esfuerzo de la actividad evangelizadora y pastoral de todos los que nos gloriamos en formar la Iglesia de Cristo.

   3. –"¿Qué pensáis de esto? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se descarría, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte, e irá en busca de la descarriada?" Jesús, tú habías visto a los pastores abandonar la guarda del conjunto del rebaño para ir por los riscos a buscar la oveja perdida. Y pensaste que Dios es así. Por su parte no hay nunca ruptura. Cuando una sola alma se aleja de El, esto no le deja indiferente. Procuro contemplar, en el mundo de hoy y para con los hombres y mujeres que conozco, este anhelo del corazón de Dios. Un Dios a la búsqueda... del hombre. Un Dios que mantiene el contacto.

   Es preciosa la imagen del buen pastor que va a por la oveja perdida dejando las 99. «Jesús no sabe matemáticas –decía Van Thuân en el retiro que dio ante Juan Pablo II, al hablar de los «defectos» de Jesús-. Lo demuestra la parábola del Buen Pastor. Tenía cien ovejas, se pierde una de ellas y sin dudarlo se fue a buscarla dejando a las 99 en el redil. Para Jesús, uno vale lo mismo que 99 o incluso más».

   -"Y si por dicha la encuentra -en verdad os digo- que más se alegra por causa de ésta, que por las noventa y nueve que no se le han perdido". El centro de esta parábola es: ¡la alegría de Dios! Su alegría es encontrar de nuevo, es perdonar, es salvar, es devolver la felicidad. La "misericordia" de Dios es la principal de las maravillas de Dios al mundo. Un Dios que no condena. Un Dios que no riñe al descarriado. Un Dios que va en su búsqueda, y que es feliz al encontrarle. Quiere a todas las otras ovejas; pero ésta le ha dado una particular alegría; y desde ahora se sentirá más vinculado a ella: porque le ha salvado la vida. Habría muerto desgraciada, lejos del rebaño. Y he ahí que trota alegremente entre sus compañeras.

   -"Así que no es la voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, el que perezca uno solo de estos pequeñuelos". Es esta una frase absolutamente capital. Es la culminación del evangelio, o un corazón, un centro, del evangelio. Es lo que explica el resto: la encarnación, la pasión de Jesús. ¡"Dios quiere" la salvación de todos! ¡Dios "no quiere" que uno solo se pierda! ¡Aquí está la "voluntad de Dios! ¡Aquí está su querer! He ahí por lo que se afana cada día: salvar... salvar... salvar...

   -"Uno solo de estos "pequeños"" El más "pequeño", el más insignificante en apariencia... ¡es importante a los ojos de Dios! (Noel Quesson).

   Jesús con las parábolas nos prepara para la aventura de la vida, para no caer en los lazos de la visión exclusivamente racional, "las matemáticas"; y proclama esa llamada universal para todos: la meta es ser santos. Para ello nos llama el Señor: "Yo te he escogido! Tu eres mío!" Nos ha llamado por amor, no por nuestros méritos, y nos busca siempre para recordarnos nuestra condición (estar en el redil: tener una vida llena, de amor). Dios se nos da, y nos recuerda que sin donación no hay vida, ésta se quema sin sentido. "Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.

   "Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. —Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón" (J. Escrivá). Es Dios quien nos pone esos ideales grandes, quien con su Resurrección nos invita a ir "¡mar adentro!" Mar adentro significa hacerlo todo por amor (estudio o trabajo, deporte o un paseo…). También significa que Dios me espera con los brazos abiertos siempre, como vemos en la parábola del hijo pródigo o la que comentamos hoy, de la oveja perdida. Hay una significación profunda en todo ello, y es que Dios nos trata a cada uno como a su hijo. Lo ponía de relieve de manera muy bonita san Josemaría Escrivá: "Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.

   "Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo... y perdonando.

   "Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo haré más!

   "-Quizá aquel mismo día volvimos a caer de nuevo... -Y nuestro padre, con fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende..., a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico, ¡qué esfuerzos hace para portarse bien!

   "Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos».

   La santidad consiste en amar a Dios con todas tus fuerzas, hacerlo todo por Él, y para ello apartar lo que nos aparta de Él, quitarlo, tirarlo. Pero si sólo fuera esto, podríamos desanimarnos, perdernos. En cambio, el Evangelio de hoy nos recuerda que todo tiene remedio, que nunca hay motivos para la desesperación, que por más defectos no hemos de descorazonarnos, que este sentirnos amados por Dios siempre nos anima luchar mucho más que el miedo al castigo. Recuerdo lo que le pasó en la guerra de la antigua Yugoeslavia a un Capitán llamado O'Grady, que cayó en terreno enemigo y se escondió muy bien en la selva, estuvo una semana hasta que lo rescataron –de modo espectacular, en helicóptero-, aprendiendo a sobrevivir en condiciones penosas. Aludiendo a la suerte que tuvo, luego diría: "ha sido el entrenamiento y Dios". La certeza de que Dios nos ama es un acicate para recomenzar cada día, cada momento. Son ejemplo de no cumplir con las normas, pero no por ello desesperar, muchos personajes de la Escritura Sagrada, comenzando por el rey David, continuando con san Pedro, y tantos santos nos lo recuerdan con sus vidas. Precisamente un signo grandioso que demuestra la autenticidad de la Historia Sagrada es que no se han mitificado las cosas malas del pueblo, sino que aparecen con toda su crudeza. Todo ello nos habla de que lo importante no es la perfección en todos los actos sino el amor que siempre resulta, al final de recomenzar. La Magdalena llora su pecado y es santa. El pecado nos da la sensación subjetiva de que aquello ya no tiene arreglo: dicen que es la gran tentación del demonio, que aprovecha estos momentos, y nos hace pensar que "de perdidos al río" con una tristeza que lleva a pecar ya sin medida. Pero es una concepción individualista del pecado, de trauma encubierto o de un resentimiento mal curado. Sería como haberse manchado, una falta de ortografía, un jarrón precioso que se ha roto. Pero la relación personal nunca es así, si el pecado es ofensa a Dios, es a una Persona a la que hemos de pedir perdón cuanto antes, sin caer en razonamientos que sería como decir "pues le he dado una bofetada a esta persona, pues ya le doy cien".

   Lo mejor para huir del pecado es pensar en cuestión de amor: "¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El amor. Enamórate, y no le dejarás" (J. Escrivá), y saber recomenzar. Para ello, hay que evitar las ocasiones, aquellos lugares o ciertas actividades en momentos de ocio, la valentía de huir de las ocasiones, de las tentaciones, no enfrentarse a ellas sino huir… la mejor muestra de arrepentimiento es levantarse enseguida, ir a curarse, no morir desangrado, dejar el alma sensible sin caer en la dureza del alma.

   Nunca es tan grande el hombre como cuando arrodillado pide perdón. Reconocer que somos pecadores para poder acoger el perdón, como el publicano y no como el fariseo, es algo muy bonito, que lleva a una sana comprensión o aceptación de uno mismo que lleva a no escandalizarse, y por eso también ser más comprensivos con los demás. Cuentan que Aníbal en sus barcos de guerra llevaba vasos con víboras que había mandado prender a sus soldados, que cuando llegaron a luchar contra el enemigo, las lanzaron y picaron a muerte a los que se reían de aquella extravagancia del general, sin pensar en sus mortíferas mordeduras. Cuando fueron cayendo por ellas, esto causó el pánico y consiguió Aníbal la victoria. Esto lleva a pensar en una cierta "estrategia" del demonio, que es reírse del peligro y luego en cambio caer en el pánico. No hay que caer en la soberbia, que hace despreciar el peligro y por imprudencia caer en el él, para luego justificarnos, no reconocer nuestros fallos, y acabar con el desánimo. Por tanto, vasos sí somos, y portadores de Dios, pero vasos deleznables. Fallamos, pues tenemos pasiones, errores, flaquezas, y el buen pastor siempre nos va a ayudar, a decirnos aquel "¡levantaos, vamos!" que proclamó Jesús en aquella oración del huerto. (Son muchas las ocasiones que la liturgia comenta esta imagen del buen pastor, que aquí hemos visto en la perspectiva de ir a buscar la perdida, sobre todo cuando Jesús asume esta imagen, pues él es el buen pastor que da la vida por las ovejas, es decir por nosotros. Habrá ocasión de volver sobre el tema).

Llucià Pou Sabaté