lunes, 27 de octubre de 2025

Lunes de la 30ª semana (impar). Jesús nos hace alzar la vista que nos impedía antes mirar al cielo en las cosas de cada día

Lunes de la 30ª semana (impar). Jesús nos hace alzar la vista que nos impedía antes mirar al cielo en las cosas de cada día

 

A. Lecturas

1. Romanos 8,12-17. Hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

 

2. Salmo 67,2 y 4.6-7ab.20-21. R. Nuestro Dios es un Dios que salva.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian. En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría.

Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece.

Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación. Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.

 

 3. Lucas 13,10-17: "Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Habla una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: -«Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús habla curado en sábado, dijo a la gente: -«Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.» Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: -«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no habla que soltarla en sábado?» A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía".

 

B. Comentario:

1. –"No somos deudores de la carne. Si vivís según la carne, moriréis; pero si, por el Espíritu, hacéis morir los desórdenes del hombre pecador, viviréis". Pablo nos ha presentado la salvación en Jesucristo como una «liberación» de la muerte, del pecado y de la Ley. Pero es una «liberación» que hay que ir completando sin cesar. Encontramos aquí la comparación habitual en san Pablo, entre la «carne» y el «espíritu». La carne aquí es el «hombre entero cuando se ha apartado de la mirada de Dios», «el hombre sin Dios». El espíritu es precisamente lo contrario, no es el alma solamente, es el hombre entero en cuanto que animado por Dios.

-"Todos aquellos que se dejan conducir por el Espíritu de Dios, éstos son «Hijos de Dios»"... «Dejarse conducir»... no por un instinto como los animales, no por la razón solamente como podemos las personas, sino dejarnos llevar ¡por Dios! He ahí lo que reemplaza totalmente a la Ley. He ahí lo que mata toda actitud demasiado moralizante, incluso la del «hombre sin Dios» para quien el único ideal, y es normal, consiste en evitar el mal y hacer el bien. Para el cristiano ya no hay Ley, basta «dejarse conducir por el Espíritu de Dios». ¡Es una inmensa simplificación de la moral! Pero esto no es nada fácil, en absoluto. Pues no se acaba nunca. Se pasa de una «regla», con la cual se puede «estar en regla» cuando se ha cumplido -y ¡ya está!-... a un amor de Alguien, con el cual siempre se puede avanzar más; es dejarse llevar por Jesús y su Espíritu: "a los que recibieron la Palabra les dio poder de hacerse hijos de Dios" (Jn1,12) y "mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios: pues ¡lo somos!" (1 Jn 3,1).

-"El Espíritu que habéis recibido no hace de vosotros unos "esclavos" llenos de miedo... Es un Espíritu que os hace «hijos»"... sentirme hijo de Dios. ¡Desterrar el miedo! Señor, nos amas como una madre ama a su hijo. Y Tú esperas de nosotros el afecto y no el miedo. Ayúdanos a no considerar jamás nuestra vida cristiana y las renuncias que ésta comporta, como las cadenas que arrastra un esclavo.

-"Empujados por este Espíritu, clamamos al Padre llamándole: Abba: «Padre»": «¡papá!». Palabra tierna que dicen los niños a su padre; no fue nunca usado en la Biblia, ni en el vocabulario religioso del judaísmo, ¡es una invención de Jesús, usarlo para hablar de Dios! Es la palabra usada al comienzo del «Padrenuestro". Tenemos que detenernos sobre esta palabra. Repetirla sin cesar. Sólo este nombre puede «alimentar» toda una oración. Es lo que hacía santa Teresa de Jesús. Ser hijos significa no vivir en el miedo, como los esclavos, sino en la confianza y en el amor. Ser hijos significa poder decir desde el fondo del corazón, y movidos por el Espíritu: "Abbá, Padre". Significa que somos "herederos de Dios y coherederos con Cristo": hijos en el Hijo, hermanos del Hermano mayor, partícipes de sus sufrimientos, pero también de su glorificación.

-"El Espíritu Santo mismo se une a nuestro "espíritu" para decirnos que somos sus hijos, sus herederos". Experiencia de la presencia mística del Espíritu en nuestro espíritu (Noel Quesson; Maertens-Frisque).

2. El salmo nos ofrece una visión optimista: "Nuestro Dios es un Dios que salva... Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios prepara casa a los desvalidos: bendito sea el Señor cada día". En Cristo está la raíz de la dignidad de la persona humana, y del respeto que merece toda persona, también los más alejados y pequeños. Todos somos hijos. Por tanto, hermanos. Todos valemos mucho a los ojos de Dios, que no nos quiere como esclavos, sino como hijos. ¿Sentimos dentro de nosotros el Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesús, que "nos hace gritar: Abbá, Papá"?

3. –"Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu. Andaba muy encorvada sin poderse enderezar del todo". De nuevo se pone de manifiesto la misericordia de Jesús hacia los pobres. Qué desgracia verse reducido a mirar siempre al suelo, sin poder contemplar las caras de sus interlocutores, sin posibilidad de mirar hacia arriba. «La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él» (CEC.-1501). Pero aunque no se pueda mirar hacia arriba en algún caso, el Señor viene… como con esta mujer.

Veo también en esa mujer un símbolo de la humanidad "cautiva". Es esa mujer símbolo de todas las mujeres, excesivamente vejadas, en la historia Es un símbolo de todos los que soportan pesos intolerables, de cualquier tipo que sean. Puede que sean más de lo que nos parece, aunque sus espaldas no se curven materialmente. He ahí a hombres y mujeres curvados por el peso del hambre y de la pobreza. Hombres y mujeres curvados por el peso de los hijos y las preocupaciones familiares. Hombres y mujeres curvados por el peso de los trabajos y los desvelos. Hombres y mujeres curvados por el esfuerzo y la lucha de la vida. Hombres y mujeres curvados por la incomprensión y la soledad. Hombres y mujeres curvados por el vicio y los apegos. Hombres y mujeres curvados por los recuerdos y los remordimientos, por los fracasos y las tristezas. Hombres y mujeres curvados por la falta de salud y por los años.

-"Al verla la llamó Jesús y le dijo "Mujer, quedas libre de tu enfermedad". Le impuso las manos, y en el acto la mujer se enderezó". Contemplo esa escena: Jesús "de pie" junto a esa mujer "enferma". Antes de que ella le hiciera petición alguna, Jesús toma la iniciativa: pone las manos sobre la espalda encorvada, y al instante le queda enderezada ¡Señor, enderézanos! ¡Señor endereza a todos los que van siempre inclinados hacia el suelo!

-"Y empezó a alabar a Dios." A lo largo de toda esa narración se descubre un nuevo sentido del sábado: pasa a ser el día del Señor Jesús, el día de la nueva dignidad de los hijos e hijas de Dios. Es el día de la alabanza, de la "eucaristía", de la acción de gracias a Dios. La misa, ¿es para mí, una acción de gracias? ¿Cuáles son mis motivos de alabar a Dios?

-"Intervino el jefe de la sinagoga indignado porque Jesús había curado en sábado: "¡Hay seis días de trabajo! ¡Venid esos días a que os curen, y no los sábados!" El Señor replicó: "¡Hipócritas! Cualquiera de vosotros, aunque sea sábado, desata del pesebre el buey o el asno, y lo lleva a abrevar..." Jesús no sigue los protocolos del sábado, apela al buen sentido. La Ley ha de ser siempre humana. "No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre", dijiste, Señor, para no divinizar ni siquiera las leyes más santas. "El hombre es el camino para la Iglesia", dijo Juan Pablo II. La ley proponía el "descanso del sábado" precisamente por consideraciones de orden absolutamente humanitario y social, teniendo en cuenta a los empleados de la casa y aun al ganado: "El séptimo día descansarás, para que reposen tu buey y tu asno y tengan un respiro el hijo de tu sierva y el forastero" (Dt 5,14; Ex 23,12). Efectivamente, Señor, nuestro mundo de hoy tiene mucha necesidad de "respirar", de tomarse un descanso. Ayúdanos a restituir ese sentido a cada uno de nuestros domingos. Día de alegría. Día en el que se acaba la Creación, el "séptimo día", el día del gran reposo de Dios (Gn 2,14) Y ¿sabemos procurar para los demás, a nuestro alrededor, ese espacio de "respiro" y de libertad? Domingo, día de liberación, día de la redención de Jesús, día de "salvación".

-"Y a ésta, que es hija de Abraham, y que Satán ató hace ya dieciocho años, ¿no había que soltarla de sus cadenas...?" Líbranos, Señor, de todas nuestras cadenas, de todas nuestras esclavitudes.

-"Según iba diciendo esto se abochornaban sus adversarios, mientras toda la gente se alegraba de tantos portentos como hacía". Haz que seamos sencillos, como la gente que sabe "maravillarse". ¡Que jamás no falle una ocasión de maravillarme de ti! (Noel Quesson). Si hay alguna fuerza que te oprime y de la que no eres capaz de liberarte, di a Cristo que extienda su mano sobre ti y diga con fuerza su palabra: "KUM, levántate" (Caritas). Lucas siempre muestra esa predilección de Jesús por los pobres, los que están oprimidos, y concretamente por la condición femenina de aquellos tiempos. Para levantar la mirada de toda esclavitud o discriminación, y poder mirar al cielo.

"Así encontró el Señor a esta mujer que había estado encorvada durante dieciocho años: no se podía erguir. Como ella -comenta San Agustín- son los que tienen su corazón en la tierra". Muchos pasan la vida entera mirando a la tierra, atados por la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Juan 2, 16). La concupiscencia de la carne impide ver a Dios, pues sólo lo verán los limpios de corazón (Mt 5,8). La concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, nos lleva a no valorar sino lo que se puede tocar: los ojos se quedan pegados a las cosas terrenas, y por lo tanto, no pueden descubrir las realidades sobrenaturales y llevan a juzgar todas las circunstancias sólo con visión humana. Ninguno de estos enemigos podrá con nosotros si continuamente suplicamos al Señor que siempre nos ayude a levantar nuestra mirada hacia Él. Cuando, mediante la fe, tenemos la capacidad de mirar a Dios, comprendemos la verdad de la existencia: el sentido de los acontecimientos, la razón de la cruz, el valor sobrenatural de nuestro trabajo, y cualquier circunstancia que, en Dios y por Dios, recibe una eficacia sobrenatural. El cristiano adquiere una particular grandeza de alma cuando tiene el hábito de referir a Dios las realidades humanas y los sucesos, grandes o pequeños, de su vida corriente. Acudamos a la misericordia del Señor para que nos conceda ese don vivir de fe, para andar por la tierra con los ojos puestos en el Cielo, en Él, en Jesús (Francisco Fernández Carvajal).

 

Llucià Pou Sabaté

domingo, 26 de octubre de 2025

22 de octubre, día de san Juan Pablo II



22 de octubre, día de san Juan Pablo II

Karol Wojtyla, el papa polaco (el primer papa no italiano en medio milenio), tuvo un papel relevante en muchos temas candentes de nuestro tiempo. La Iglesia se había renovado en el Concilio Vaticano II, momento en que oficialmente entraba en la modernidad esta institución que llevaba peso de dos milenios con una carga de relación entre poder temporal y espiritual. Justo hoy el Evangelio nos habla de los dos órdenes que han de respetarse: "dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

Siendo obispo, tuvo Karol un papel importante en la libertad en Polonia, ocupada por Rusia, y luego siendo papa tuvo también un papel en la aparición de «Solidarnosc», el primer sindicato libre en un país del Este, y luego con la caída del imperio de la URSS, acogiendo esa transición que por desgracia ahora se quiere reactivar. Pero el liberalismo despiadado fue otro frente en el que luchó con la doctrina social, como también la re-evangelización de Occidente, necesitada de ella por un ambiente secularizado y relativista, donde la ética era relegada. En aquellos años, se intentó configurar una identidad de Europa que no aceptaba sus raíces cristianas, con una constitución que no avanzó y quedó en que siguiera siendo Comunidad "solamente" Económica Europea.

Junto a la apertura de Juan XIII, quiso continuar también con la defensa doctrinal de Pablo VI en un tiempo de pluralismo y aggiornamento que ponían en duda muchos modos de hacer eclesiales. Se dice que fue un papa abierto en lo social, y cerrado en lo moral (moral sexual, etc.)… él procuró seguir lo que veía que le dirigía, el "dedo de Dios", y procuró defender la familia como "santuario de la vida y del amor" en el mundo.  Sin duda, su contexto cultural y social de su Polonia nativa, marcó su pontificado, elección de colaboradores, y redacción de escritos doctrinales. Por ejemplo, no parece que conociera bien el movimiento de liberación de América latina, por otra parte situación nada fácil, pues la intervención de clérigos en la política era una intromisión en la relación de poder civil-espiritual que antes hemos apuntado. En Nicaragua reprendió a un sacerdote que formaba parte del gobierno, diciéndole: "este no es tu sitio".

Su lema era siempre esperanzador: "¡No tengáis miedo!", repetía con palabras del Evangelio, y se identificaba con aquella canción que aprendió en España, de dejar todo y seguir al Pescador de hombres con una visión esperanzada. Salió con vida del atentado de 1981, y sintió que el sufrimiento estaba unido a la misión, a dar fruto. Su devoción a Jesús y a su madre María fueron inseparables de su peregrinar hacia el Tercer Milenio (sintiendo como proféticas las palabras que en este sentido le dijo el Cardenal primado polaco).

La novioencia fue parte integral de la misión de la iglesia; lo vivió en Polonia y en su orientación diplomática en las dictaduras, pero no era buenismo pues promovió una injerencia humanitaria cuando Kósovo podía ser víctima de un genocidio. Se opuso a las guerras -como la de Irak- de manera contundente.

El afán de libertad y de verdad guiaron su vida, le gustaba mucho la frase evangélica: "la verdad os hará libres". En nuestro mundo lleno de miedo, aunque promovía una moral exigente, su motivación no fue inculcar el miedo sino la divina misericordia, que surgió en Polonia, en cierto modo siguiendo la línea de las devociones del Sagrado Corazón y de la infancia espiritual de santa Teresita: "Desde el comienzo de mi pontificado he considerado este mensaje como mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado". La principal manifestación de ser libre es no tener miedo, abrirse al amor que echa fuera el temor: "El Amor es más fuerte que el temor".

Karol había estado desde joven sacerdote en contacto con los jóvenes, y siguió esa relación a través de muchos encuentros, cuando era obispo, y a lo largo de los 27 años de ser elegido papa. Sobre todo con ellos, habló siempre del encuentro con Cristo: "Jesús tiene la respuesta a estos interrogantes nuestros; Él puede resolver la «cuestión del sentido» de la vida y de la historia del hombre", siempre decía.

Tuvo amistades que duraron toda la vida, también entre los judíos. Hace poco se ha publicado el epistolario con su "Dusia", Wanda Poltawska, a quien confiaba los secretos de su corazón, así le escribe cuando le eligen papa: «Quiero seguir caminando contigo, día tras día… Dios te entregó a mí y me asignó la tarea de equilibrar todo lo que sufriste». Fue un papa con capacidades comunicativas, pero su empatía y cercanía se debía sobre todo a un gran corazón.

Llucià Pou Sabaté

 

 

 

 

viernes, 24 de octubre de 2025

Domingo de la semana 30 de tiempo ordinario; ciclo C: la oración humilde nos abre el corazón a la misericordia divina



Domingo de la semana 30 de tiempo ordinario; ciclo C: la oración humilde nos abre el corazón a la misericordia divina

A. Lecturas

1. Eclesiástico (35,12-14.16-18):

EL Señor es juez,
y para él no cuenta el prestigio de las personas.
Para él no hay acepción de personas en perjuicio del pobre,
sino que escucha la oración del oprimido.
No desdeña la súplica del huérfano,
ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento.
Quien sirve de buena gana, es bien aceptado,
y su plegaria sube hasta las nubes.
La oración del humilde atraviesa las nubes,
y no se detiene hasta que alcanza su destino.
No desiste hasta que el Altísimo lo atiende,
juzga a los justos y les hace justicia.
El Señor no tardará.

2. Salmo 33,2-3.17-18.19.23

R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó

V/. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren R/.

V/. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

V/. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

3. II Timoteo (4,6-8.16-18):

Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.
Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!
Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial.
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

4. Lucas 18,9-14: «Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás : Dos hombres subieron al Templo para orar : uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros : oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador. Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado».

B. Comentario.

1. «El Señor escucha las súplicas del pobre y del oprimido..., sus penas consiguen su favor». La primera lectura confirma esta confianza: al pobre Dios le hará «justicia» como «juez justo» que es, y rezamos en el salmo: "El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia".

2. Todo esto es así, y nos hace alabar a Dios: "Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca, mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él".

3. -"Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida". Su vida es vista como ofrenda, donación, devolver a Dios lo que él le ha dado. Para él morir es como una partida para ir el encuentro definitivo de Cristo. La vida es un combate y él se ha mantenido fiel, esperando la venida de Jesús, con una corona que es signo de vencedores junto con "todos los que tienen amor a su venida", es decir, los que viven según los caminos del único juez. Pobres de nosotros, si tuviéramos que acogernos a su justicia… menos mal que nos da su benevolencia.

"El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal,
me salvará y me llevará a su reino del cielo.
¡A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén!"
Pablo está en prisión y ante los tribunales. Él es el pobre que no tiene ya ninguna perspectiva terrena, porque su muerte es inminente, y que sin embargo «ha combatido bien su combate», no sólo cuando era libre, sino también ahora, en su pobreza actual, pues todos le han abandonado. Pero su autodefensa ante el tribunal se convierte precisamente en su último y decisivo «anuncio», el mensaje que oirán «todos los gentiles». Al dar gloria sólo a Dios (como el publicano del templo), el Señor le «salvará y le llevará a su reino del cielo». El publicano que sube al templo a orar queda «justificado», Pablo recibe la «corona de la justicia», y ciertamente, como él mismo repitió incansablemente, no de su propia justicia, sino de la justicia de Dios (von Balthasar).

4. Algunos que se creían buenos, que estaban seguros de sí mismos (de lo que pensaban y de lo que hacían) y que despreciaban a los demás, son el motivo de que Jesús nos contara esta parábola:

Dos hombres subieron al Templo de Jerusalén a rezar. Uno era fariseo y el otro publicano. A ambos  después de verlos en el Templo, Jesús les da sendos calificativos que los definen perfectamente: al primero le llama: el que se exalta y enaltece; al segundo: el que se humilla y abaja.

*) El que se exalta a sí mismo es «el hombre orgullosos».. La meta de su plegaria no es Dios sino él. Quizá hablaba consigo mismo y no con Dios. Ésa es la dirección de la plegaria: él mismo: «Oh Dios, te doy gracias», en lugar de Dios podría poner su propio nombre y decir: «Me felicito porque no soy como los demás hombres: injustos, ladrones... » y no lo ve como don de Dios sino como logro personal. Y en su soberbia, se iba ensalzando, exaltándose sobre los demás: ¡no soy como el resto de los hombres!: soy el mejor de todos, estoy más alto que todos…, se eleva a sí mismo. Este fariseo es todo un símbolo... que todos llevamos dentro. La soberbia es el más corriente de todos los pecados.

El fariseo soy yo cuando pienso: "cumplo los preceptos. Soy una persona honrada. No miento. No critico (salvo al árbitro y a los políticos). No extorsiono a nadie ni me quedo con lo que no es mío… no mato a nadie... Yo tengo mi moral. La conciencia no me acusa de nada. Soy fiel a mí mismo".

**) El que se abaja es «el retrato de un hombre humilde». Y la humildad del publicano -su oración, su vida- se encuadra en estos cuatro sentimientos:

"Estando lejos..., es decir, en el último puesto.  "No quería levantar los ojos al cielo"... humildad del cuerpo que va con la humildad profunda del alma. "Se golpeaba el pecho"... Es una manifestación de dolor y de arrepentimiento. Decía: "séme propicio, Señor". Pues Jesús es nuestro abogado (Pablo Cardona). Acudir al templo y ponerse en la presencia de Dios con la conciencia dolorida por nuestras ofensas y olvidos, es lo que nos justifica ante Dios, "porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".Nos dices, Señor, cómo hemos de orar: confiados en Dios, con humildad, una fe viva y perseverante, una audacia filial. Humildad "es andar en verdad; que lo es muy grande no tener nada bueno de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira" (Santa Teresa. VI Moradas 10,8).

En el campo de cultivo que es el mundo, y el campo de nuestra alma, junto al trigo está también la cizaña: nuestras dudas y pecados, pero la cosecha cuenta con la condición de que Dios nos ama. Como dice el Papa Francisco, soy un pecador al que Dios ha mirado y ha amado, esto es más importante que mis pecados. No me siento "como suspendiendo exámenes toda la vida" por mis pecados, pues "la conciencia que tenemos de nuestra condición de esclavos nos haría meternos bajo tierra, nuestra condición terrena se desharía en polvo, si la autoridad de nuestro mismo Padre y el Espíritu de su Hijo no nos empujase a proferir este grito: ¡Abba, Padre!" (S. Pedro Crisólogo). Pecadores, pues, pero portadores de esencias divinas, que nos hablan de paz, de dejar hacer a Dios…

Jesús nos muestra como rezar, y siguiendo con el domingo pasado vemos la oración. J. Jeremías señala que Jesús conocía los tres ratos de oración al día, típicos de los judíos, y afirma que podemos concluir con suma probabilidad que "no hubo día en la vida de Jesús en el que él no hubiera observado los tres ratos de oración; que no hubo comida en la que él no hubiera recitado la oración de la mesa, antes y después de comer". Pero la oración, vemos hoy, puede ir mejorando para que realmente nos alcance a Dios porque mejora nuestra alma y podemos albergarle.

Llucià Pou Sabaté

sábado, 18 de octubre de 2025

18 de octubre, San Lucas,evangelista: "La mies es abundante y los obreros pocos", nos dice elSeñor, y desea que le ayudemos a corredimir.

18 de octubre, San Lucas, evangelista: "La mies es abundante y los obreros pocos", nos dice el Señor, y desea que le ayudemos a corredimir.

 

A. Lecturas:

   1. 2 Timoteo (4,9-17a): Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso. El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone. Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.

   2. Salmo 144,10-11.12-13ab.17-18: Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, / que te bendigan tus fieles; / que proclamen la gloria de tu reinado, / que hablen de tus hazañas.

   Explicando tus hazañas a los hombres, / la gloria y majestad de tu reinado. / Tu reinado es un reinado perpetuo, / tu gobierno va de edad en edad.

   El Señor es justo en todos sus caminos, / es bondadoso en todas sus acciones; / cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente.    

   3. Lucas 10,1-9: "En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: "La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 
   Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz en esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el Reino de Dios".

 

B. Comentario:

1. En la carta a Timoteo, nos dice san Pablo que el anuncio del Evangelio debe hacerse a tiempo y a destiempo. Y ha de realizarse con gran paciencia y conforme a la enseñanza, dedicados plenamente al Ministerio que Dios nos ha confiado. A pesar de que tengamos que sufrir oposición de muchos, no hemos de dar marcha atrás en aquello que Dios nos ha confiado: proclamar su Nombre salvador a toda la humanidad. El Señor siempre estará a nuestro lado animándonos y fortaleciéndonos para que su Mensaje de salvación llegue a todos los pueblos. La Iglesia de Cristo no sólo ha de evangelizarse continuamente a sí misma, para vivir más conforme a las enseñanzas del Señor y llegar a la madurez en Él; además ha de evangelizar a todos los pueblos, pues esa es la Misión que el Señor le confió al enviarla a todas las gentes de todos los tiempos y lugares. Al final, libres del pecado y de la muerte, a pesar de que hayamos sufrido por anunciar y vivir el Evangelio en ambientes hostiles al mismo, el Señor nos dará la salvación en su Reino celestial de un modo definitivo a quienes, ya desde ahora, lo tuvimos como Señor y Salvador de nuestra vida.

2. En el salmo vemos que el Señor, Creador y Rey soberano de todo, se manifiesta para con nosotros como un Padre cercano, siempre atento a las necesidades de los suyos. Él no está lejos de quien lo invoca:

"Que todas tus obras te den gracias, Señor, / y que tus fieles te bendigan; / que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder". Juan Pablo II ha presentado al mundo la Eucaristía como "una gran escuela de paz que puede formar a hombres y mujeres para ser tejedores de diálogo y de comunión. Es escuela de la paz para vivir esta proclamación de tu gloria, Señor, en un camino hacia una sociedad más justa y fraterna. No puede producir otros frutos.

"Así manifestarán a los hombres tu fuerza / y el glorioso esplendor de tu reino: / tu reino es un reino eterno, / y tu dominio permanece para siempre.

El Señor es justo en todos sus caminos / y bondadoso en todas sus acciones; / está cerca de aquellos que lo invocan,  / de aquellos que lo invocan de verdad". El mundo necesita experimentar que el Señor está cerca, que su destino no va a la deriva, sin rumbo… Dios se imbrica en la historia de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, haciendo, con ellos, historia de Salvación.

3. Hoy es el tercero de los grandes santos que hemos celebrado estos días: Teresa de Jesús, Ignacio de Antioquia y Lucas, autor del tercer evangelio de Jesús, y los Hechos de los Apóstoles. Las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo son alguno de los pasajes más bonitos. Junto a estas páginas sublimes sobre la misericordia, también sólo Lucas nos transmite algunos rasgos de santa María, la madre de Jesús. Al "pintar" tan bien esas escenas, tomó la tradición de que era pintor, y así la leyenda nos dice que es suya una imagen romana de la Virgen.

«Después de esto, el Señor designó a otros Setenta». Mientras que el envío de los Doce representan el nuevo Israel (las doce tribus), los setenta tenían que representar la nueva humanidad (según el cómputo judío, las naciones paganas eran en número de setenta). «Setenta y dos», dicen numerosos manuscritos, intento de reconducir la apertura a la universalidad (esbozada en el número «siete/setenta», al recinto de Israel, delimitado por un múltiplo de «doce» [6 x 12 = 72].)

El éxito de la misión es grande. Jesús les anima a evangelizar: «La mies es abundante y los braceros pocos». La cosecha se prevé abundante, el reinado de Dios empieza a producir frutos para los demás. Cuando se comparte lo que se tiene, hay de sobra. No hacen falta explicaciones ni estadísticas: la presencia de la comunidad se ha de notar por los frutos abundantes que produce. Todos estamos llamados al apostolado, tanto clérigos como laicos, religiosos como seglares… «¡Id! Mirad que os envío como corderos entre lobos». Toda comunidad debe ser esencialmente misionera. La misión, si se hace bien, encontrará la oposición sistemática de la sociedad. Esta, al ver que se tambalea su escala de valores, usará toda clase de insidias para silenciar a los enviados, empleando todo tipo de procedimientos legales. Los enviados están indefensos. La defensa la asumirá Jesús a través del Espíritu Santo, el Abogado de los pobres. «No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias». Como en la misión de los Doce, Jesús insiste en que los enviados no confíen en los medios humanos. "Y no saludéis a nadie en el camino". Ellos han de dejar en sus manos aquello que es más esencial para vivir: el Señor, que viste los lirios de los campos y da alimento a los pájaros, quiere que su discípulo busque, en primer lugar, el Reino del cielo y no, en cambio, «qué comer ni qué beber, y [que] no estéis inquietos. [Porque] por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso» (Lc 12,29-30).

Han de compartir techo y mesa con aquellos que los acogen, curando a los enfermos que haya, liberando a la gente de todo aquello que los atormente. La buena noticia ha de consistir en el anuncio de que «Ya ha llegado a vosotros el reinado de Dios». Empieza un orden nuevo, cuyo estallido tendrá lugar en otra situación. El proceso, empero, es irreversible. La comunidad ya tiene experiencia de ello (Josep Rius-Camps).

Lucas fue de esos apóstoles más allá de "los Doce", y en su honor decimos hoy en el himno de Laudes:

Vosotros que escuchasteis la llamada / de viva voz que Cristo os dirigía, / abrid nuestro vivir y nuestra alma  / al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros que invitados al banquete / gustasteis el sabor del nuevo vino, / llenad el vaso, del amor que ofrece, / al sediento de Dios en su camino.

Vosotros que lo visteis ya glorioso, / hecho Señor de gloria sempiterna, / haced que nuestro amor conozca el gozo  / de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

Llucià Pou Sabaté




 

 

viernes, 17 de octubre de 2025

Domingo de la semana 29 de tiempo ordinario; ciclo C La oración de petición siempre es atendida por Dios, que nos da lo mejor, pero quiere que mejoremos con nuestra perseverancia

Domingo de la semana 29 de tiempo ordinario; ciclo C

La oración de petición siempre es atendida por Dios, que nos da lo mejor, pero quiere que mejoremos con nuestra perseverancia

A. Lecturas

1. Éxodo (17,8-13):

En aquellos días, Amalec vino y atacó a Israel en Refidín. Moises dijo a Josue:
«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón de Dios en la mano».
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; entretanto, Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec. Y, como le pesaban los brazos, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.
Así resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo, a filo de espada.

2. Salmo 120,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

V/. Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

V/. No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R/.

V/. El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R/.

V/. El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R/.

3. II Timoteo (3,14–4,2):

QUERIDO hermano:
Permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino:
proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.

4.   Lucas 18, 1-8: «Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: «En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: "Hazme justicia ante mi adversario". Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo, al final se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme"». Concluyó el Señor: «Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿acaso encontrará fe sobre la tierra?».

B. Comentario:

 1. La oración ha de vivirse en la Iglesia, en comunidad, como hemos escuchado en la 1ª lectura. Ante la batalla que se avecina, Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte, para orar por su pueblo. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel, y cuando le llega el cansancio (le pesaban las manos), no se siente solo, tiene a Aarón y Jur, que le sostenían los brazos, uno a cada lado. También nosotros debemos sostenernos unos a otros en la oración para no desanimarnos. Como dice un himno de la Liturgia de las Horas: No ven-go a la soledad cuando vengo a la oración, pues sé que estando contigo, con mis hermanos estoy (Laudes Sábado Semana II). Nos debemos ayudar unos a otros a orar con fe, en esa oración insistente, con la certeza de que Dios no nos dará largas.

La Eucaristía es el gran momento en el que, como Moisés, en medio de las "batallas y luchas" de la vida, como comunidad alzamos nuestras manos hacia el Padre para presentarle nuestras peticiones. En Cristo Eucaristía Él acoge nuestra oración, y por eso nosotros debemos continuar orando juntos sin desanimarnos, sabiendo que, por Cristo, el Padre no nos va a dar largas, de modo que cuando venga el Hijo del Hombre encuentre esta fe en la tierra.

Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel»: «La oración de Moisés es la figura cautivadora de la oración de intercesión que tiene su cumplimiento en el único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo-Jesús» (1 Tm 2, 5). La imagen de las manos levantadas de Moisés durante la batalla con Amalec es sumamente elocuente en la primera lectura. Mientras Josué ataca, Moisés reza y al mismo tiempo hace penitencia, pues es ciertamente pesado y doloroso tener durante tantas horas las manos levantadas hacia Dios. Así está hecha la cristiandad: unos combaten fuera mientras otros -en el convento o en la soledad de su «cuarto»- rezan por los que luchan. Pero la imagen va aún más lejos: como a Moisés le pesaban las manos, Aarón y Jur tuvieron que sostener sus brazos hasta la puesta del sol, hasta que Israel venció finalmente en la batalla. Las manos levantadas de los orantes y contemplativos en la Iglesia deben ser sostenidas al igual que las de Moisés, porque sin oración la Iglesia no puede vencer, no en los combates del siglo, sino en las luchas espirituales que se le exigen. Todos nosotros debemos orar y ayudar a los demás a perseverar en la oración, y a no poner su confianza en la actividad externa, si es que queremos que la Iglesia no sea derrotada en los duros combates de nuestro tiempo (von Balthasar).

2. La santidad es ese "levantar los ojos hacia los montes", de que habla el Salmo responsorial: es la intimidad con el padre que está en los cielos; la intimidad con el Espíritu Santo mediante Cristo. Es sentirnos "custodiados" por Dios. El Santo conoce muy bien su fragilidad, la precariedad de su existencia, de sus capacidades. Pero no se asusta. Se siente igualmente seguro. Confía en el hecho de que Dios "no permitirá que resbale su pie, que lo guardará a su sombra, que lo guardará de todo mal".

No obstante los santos sienten muchas tinieblas en sí mismos, sienten que están hechos para la Verdad. Para Dios-Verdad. Y ciertamente, en su vida dan cada día más espacio a esta Verdad. De aquí nace esta seguridad que los distingue: donde los otros vacilan, ellos resisten. Donde los otros dudan, ellos ven claro. La santidad quiere decir también tener las manos alzadas en plegaria a Dios, mientras alrededor se desarrolla un combate, mientras continúa la lucha entre el bien y el mal. A primera vista puede parecer que el compromiso de la contemplación y de la oración nos aleja de las luchas de la vida, como si fuese una renuncia a combatir. Pero quien piensa así no conoce el poder de la oración (Juan Pablo II).

3. «Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo». Esta palabra no es la pura acción, sino la palabra de la oración de petición, de las manos en alto de Moisés. «Permanece en lo que has aprendido», es decir, en lo que conoces de la «Sagrada Escritura». Sólo cuando «el hombre de Dios» es instruido por la «Escritura inspirada por Dios», está «perfectamente equipado para toda obra buena», y la primera "obra buena" es la oración, que debe recomendarse a los cristianos «con toda comprensión y pedagogía» (von Balthasar).

En este mes de octubre, acudamos a la Virgen especialmente con el Rosario: «No dejéis de inculcar con todo cuidado la práctica del Rosario, la oración tan querida de la Virgen y tan recomendada por los Sumos Pontífices, por medio del cual los fieles pueden cumplir de la manera más suave y eficaz el mandato del Divino Maestro: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá» (Pablo VI, Carta Encíclica Mense Maio, 29-IV-1965).

4. Jesús, buscas una parábola para enseñar a tus discípulos de una manera gráfica que es necesario «orar siempre y no desfallecer.» Ya antes, y después, les has enseñado este punto con tu ejemplo: te han visto rezar a tu Padre en silencio y en alta voz: en días de calma, y en días de gran ajetreo en los que no tenias tiempo ni para comer. Está claro que, si quiero imitarte, debo hacer oración cada día.

Hoy nos hablas de pedir. Pedir es propio de hijos, especialmente cuando los padres son generosos y pueden conseguir lo que sus hijos necesitan. Por eso, ¿cómo no voy a pedirte todo lo que me haga falta?

Nos hablas de un juez al que va una viuda pobre, pero él en lugar de ser protector de los desvalidos está pervertido, y no quiere escucharla. Pero ella, de tanto insistir, consigue que la atienda. También nosotros vemos que la justicia no existe en los tribunales, que quien tiene dinero o engaña puede ganar un juicio de manera injusta. Que no se atienden en nuestro mundo peticiones justas. Pero: "¿no sirve de nada?"

¡Nunca estamos solos! Nunca hago nada solo. Necesito la familia, los amigos, y necesito sobre todo la certeza de que Dios también me acompaña. Y aunque los jueces y otros me fallen, Él no me falla. Y aunque vea que falte justicia en este mundo, lucharé por ella, sabedor de que luego habrá justicia plena en el cielo. Por eso me propongo hoy luchar, no encerrarme en mí mismo nunca, no contar solo con mis fuerzas, acogerme a los amigos, acogerme a la amistad de Dios. A pesar de los tropiezos de la vida, a pesar de las desgracias que sufra, aprenderé a confiar en los otros, aprenderé a confiar en Dios. La comunidad puede fallar, los amigos y vecinos pueden fallar, pero Dios estará por mí con todo su amor y su poder (M. Regal).

Cuando pedimos algo y no se nos concede, y hay situaciones y problemas que se prolongan en el tiempo, pensamos: "Dios no me hace caso, todo sigue igual… Es que me canso de pedir siempre lo mismo para nada". Hemos de esperar, que todo saldrá. Pensemos en que si esa mujer consigue que hasta un juez injusto haga justicia: Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿O les dará largas? A veces tenemos miedo de la justicia divina, o de la injusticia de los hombres, y hemos de mirar a Jesús que nos invita a pensar que Dios es un Padre amoroso, que las oraciones que elevamos a Dios no caen en el vacío. Que puede parecer que "no sirve de nada orar", pero para empezar Él se nos entrega, y luego nos hacemos mejores con la oración, que es la puerta de la fe. Y luego nos da lo que nos conviene, de la forma que sea mejor para nosotros, la forma que Dios disponga. La confianza en Dios se prueba justamente en la constancia a la hora de rezar. Hay quien deja de orar porque piensa que su petición no es escuchada. Pero, ¿qué pedimos nosotros tantas veces sino la solución que juzgamos mejor para nuestros problemas o, incluso, piedras en lugar de pan? "Nosotros no sabemos pedir como conviene", asegura S. Pablo (Rm 8,26). En cambio, nuestro Padre Dios sabe bien lo que nos hace falta antes de que se lo pidamos (Cf Mt 6,8). "No te aflijas, dice S. Agustín, si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia con Él en oración. Él quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que Él está dispuesto a darnos".

«La primera condición de la oración es la perseverancia; la segunda, la humildad.

-Sé santamente tozudo, con confianza. Piensa que el Señor, cuando le pedimos algo importante, quizá quiere la súplica de muchos años. ¡Insiste!..., pero insiste siempre con más confianza» (J. Escrivá, Forja 535).El propio Jesús nos da la respuesta: Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero nos cuesta aceptar que hay que dejar a Dios ser Dios, y sus tiempos no son los nuestros, y debemos aprender a esperar que "a su tiempo", llegará la acción de Dios. Por eso Jesús vuelve a provocarnos y a cuestionarnos: Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Porque nuestro pecado es la impaciencia, y lo que salva es la paciencia de Dios. Necesitamos orar sin desanimarnos, con esa fe de la viuda de la parábola, con esa fe insistente y casi haciéndonos "pesados" ante Dios.

"Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" La oración se fundamenta en la Palabra de Dios, que es "viva, eficaz y escruta los sentimientos y los pensamientos del corazón" (cfr. Hb 4,12). Que es la Verdad. Que es la Santidad.

«Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criatura, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno a El» (Catecismo 2629).

«La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición» (2631)... «La petición cristiana está centrada en el deseo de Dios y en la búsqueda del reino que viene...» (2632) «...Toda necesidad puede convertirse en objeto de petición» (2633).

«A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, El les promete darles todo por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: el que posee a Dios, nada le falta, si él mismo no falta a Dios» (S. Cipriano) (2830).

Pero esta fe no es fácil. "Las palabras del Señor: ¿Creéis que cuando venga el Hijo del hombre encontrará fe en la tierra? se refieren a la fe perfecta. Ésta apenas se encuentra en la tierra. La Iglesia de Dios está llena de fe; pues, si no existiese ninguna, ¿quién se acercaría a ella? ¿Quién no trasladaría los montes si esa fe fuese plena? Pon tu atención en los mismos apóstoles. No hubiesen seguido al Señor tras haber abandonado todo y pisoteado toda esperanza mundana, si no hubiesen poseído una gran fe. Por otra parte, si hubiesen tenido una fe plena, no hubiesen dicho al Señor: Auméntanos la fe (Lc 17,5). Pensad también en aquel otro que confesaba una y otra cosa refiriéndose a si mismo. Habiendo presentado a su hijo al Señor para que lo sanase, al ser interrogado si creía contestó afirmativamente: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad (Mc 9,23). Creo, -dijo-;creo, Señor: luego existe la fe. Pero ayuda mi incredulidad: luego no es plena la fe" (S. Agustín, Sermón 115,1).

Si los malos llegan a portarse bien por esa insistencia..., ¿qué no hará el Dios bueno? Es un mensaje sencillo pro el que Jesús quiere hacérnoslo comprender claramente: Dios quiere hacerse de rogar, quiere incluso dejarse importunar por el hombre. Si Dios da libertad al hombre y hace incluso un pacto con él, entonces no solamente respeta su libertad, sino que incluso se ha unido a su partner en la alianza, sin perder por ello su libertad divina: dará siempre al que pide lo que sea mejor para él: «Cosas buenas» (Mt 7,11), el «Espíritu Santo» (Lc 11,12). El que pide algo a Dios en el Espíritu de Cristo es infaliblemente escuchado (Jn 14,13-14). Y el evangelio añade: «sin tardar»; Dios no escucha luego, más tarde, sino que escucha y corresponde en seguida con lo que mejor corresponde a la demanda. Pero la oración de petición presupone la fe, y aquí el evangelio termina con unas palabras que dan que pensar: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» Esta pregunta va dirigida a nosotros, que escuchamos aquí y ahora, y no a otros (von Balthasar).

Llucià Pou Sabaté