lunes, 9 de junio de 2025

Lunes de la semana 10ª del tiempo ordinario (impar): las bienaventuranzas, el retrato de Jesús en el que nos podemos mirar para vivir como Él y ser felices

Lunes de la semana 10ª del tiempo ordinario (impar): las bienaventuranzas, el retrato de Jesús en el que nos podemos mirar para vivir como Él y ser felices

 

A. Lecturas

1. II Corintios (1,1-7): Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los santos que residen en toda Acaya: os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. ¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo. Si nos toca luchar, es para vuestro aliento y salvación; si recibimos aliento, es para comunicaros un aliento con el que podáis aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros. Nos dais firmes motivos de esperanza, pues sabemos que si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.

2. Salmo 33,2-3.4-5.6-7.8-9

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. 

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. 

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. 

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. 

3. Mateo 5,1-12.

            "Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

            -Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

            -Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros".

 

B. Comentario:

1. Corinto era una ciudad rica, activa, de fuerte comercio, inquieta y con todos los vicios -pequeños y grandes- que su misma situación social comportaba. Pero, además, llegaron allí «falsos misioneros» (10,1-12,3) que atacaron a Pablo, quien les escribe una primera carta de reprensión, para que se conviertan, como así hicieron. La segunda Epístola que comenzamos hoy a leer es muy "personal": Pablo «abre» su corazón, vemos su personalidad prodigiosa: tierno y duro; audaz y tímido; débil y con la misma fuerza de Dios.

Encabeza el saludo llamándose: «apóstol de Jesucristo por designio de Dios». Escogido y enviado, a pesar de sus limitaciones y debilidades, servidor de la Palabra de Dios, sin partidos, hace Iglesia: une y reúne a todos.

-"Yo, Pablo, que por voluntad de Dios soy apóstol de Cristo Jesús, os deseo gracia y paz de parte de Dios". Su misión es «lo que le hace vivir», lleno de Dios que, a cada instante y a propósito de las mil naderías de la vida cotidiana, ese Dios-a-quien-ha-entregado-su- vida aparece en todo lo que hace: en las veinte primeras líneas de su epístola, contamos ya seis veces la palabra "Dios"... y cinco veces la palabra "Cristo "... Señor, que no haga yo nada artificioso en mi propia vida: te pido humildemente que me ayudes a vivir de Ti de ese modo.

-"Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo... Padre de las misericordias... y Dios de toda consolación"... He ahí ya cuatro maneras de nombrar a Dios. Esto nos recuerda al enamorado que halla diversos nombres para hablar de su amada. ¿Qué es Dios para mí? ¿Qué letanía de nombres podría yo aplicar de veras a Dios? Nadie puede ocupar mi lugar para ello, para dirigirme así a Dios. Puedo intentarlo, en el secreto de mi oración de HOY. Mi Dios... Mi Amor... Mi Padre... El que me levanta... El que me perdona... El que me da vida...

-"Que nos consuela en todas nuestras pruebas... Los sufrimientos de Cristo abundan para nosotros"... Es duro lo que dice de sus "tribulaciones" -seis veces el término "prueba" o "sufrimiento", aparece en esas líneas-. Pablo sufre. Su oración no debió de ser muy fácil todos los días. Señor, ayúdame a valerme de todo incluso del sufrimiento, para unirme a ti. Que incluso el vacío y la sequedad que siento, lleguen a ser como una oración: la espera, el deseo... "Como una tierra seca, sedienta, falta de agua... mi alma tiene sed de ti".

"La consolación", nueve veces dicho en estas líneas, es "alegría", podemos pedir el consuelo y ese "gozo después de una pena" para todos los que sufren... (Noel Quesson). Imitando a Pablo, ¿sabemos encontrar en Cristo Jesús la fuerza para seguir adelante? En los momentos buenos y en los malos, nos deberíamos sentir, como Pablo, unidos a Cristo: «si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo».

2. "Los ojos del Señor velan sobre los justos… gustad y ved qué bueno es el Señor". ¿Podemos rezar nosotros con el salmo: «me libró de todas mis ansias... gustad y ved qué bueno es el Señor»? Podríamos rezar hoy, serenamente, como oración personal, este hermoso salmo 33. Pero hay otro aspecto: ¿sabemos ser animadores, repartidores de aliento, como Pablo? Ojalá podamos decir que vivimos «repartiendo con los demás el ánimo que nosotros recibimos de Dios»: confortados por la cercanía de Dios, confortar a los demás, en nuestra familia o en nuestra comunidad, porque seguramente están igual o peor que nosotros.

1. San Mateo guiará nuestro encuentro con Jesús este tiempo, a partir de donde lo dejamos en tiempo de Navidad y Cuaresma. Si san Marcos relata los "hechos" de Jesús, san Mateo relata muchas de sus "palabras", agrupadas en cinco grandes discursos: 1. Sermón de la montaña (5 a 7). 2. Consignas para la "misión" (10). 3. Parábolas del Reino (13). 4. Lecciones de vida comunitaria (18). 5. Discurso escatológico (24 y 25).

Jesús, hoy comenzamos este primer discurso con tu "retrato", que es nuestro modelo de vida: "Dichosos... Dichosos... Dichosos... Dichosos... Dichosos... Dichosos... Dichosos"... quieres que seamos felices, bienaventurados. Por eso comienzas así, cada bienaventuranza. Dios nos ha creado para la felicidad. Para un Padre, es lo lógico: el amor puesto en acto. Nos dices que el "paraíso" es nuestra meta, ¡la felicidad es la gran aspiración del hombre! Participar de ti, Señor: ¡Tú eres dichoso, feliz! Dios está en la alegría. Dios vive en el gozo. Y la humanidad va hacia ti… y yo voy hacia ti.

-"Los pobres... Los no violentos... Los afligidos... Los que tienen hambre y sed de justicia... Los misericordiosos... Los sinceros y limpios de corazón... Los que trabajan por la paz... Los perseguidos"... no nos das unas frases relamidas, de alegrías fáciles ni falsas dichas. Nos hablas de lucha, de crecer por el dolor, de no dejarse abatir: ¡las bienaventuranzas son la máxima expresión de la fortaleza! Ayúdame, Señor, porque me da miedo la "pobreza", la "aflicción", la "persecución", y que me llamen loco... además, sé que no soy "limpio", que puedo ser más "sincero", y más "pacífico", y más "misericordioso". Quiero seguir en tu camino, Señor, adelantar y crecer en ti, tener paz, ser feliz.

-"Porque suyo es el Reino de los cielos. .. Heredarán la tierra... Serán consolados... Serán saciados... Alcanzarán misericordia... Verán a Dios... Se llamarán hijos de Dios... Suyo es el Reino de los cielos"... Jesús no promete a los pobres una revancha sobre los ricos; tampoco habla de la revolución social: está a otro nivel: el nivel del "corazón", que es la más grande revolución, sin excluir las otras, que no valen nada sin ésta: ver a Dios... poseer el Reino de los cielos... ser hijos de Dios (Noel Quesson).

Jesús, nos enseñas un camino en verdad paradójico: llamas felices a los pobres, a los humildes, a los de corazón misericordioso, a los que trabajan por la paz, a los que lloran y son perseguidos, a los limpios de corazón. Sé que la felicidad no está en la misma pobreza o en las lágrimas o en la persecución, sino en lo que esta actitud ante ellas, ante la cruz. Llamas bienaventurados a los «pobres de Yahvé» del Antiguo Testamento, los no se apoyan en nada humano, sino en Dios.

Nos prometes otro tipo de éxito distinto al del mundo: humildad, sencillez de corazón. Sé que nadie puede vivir eso en plenitud, sino que es tu retrato el que muestras para que sigamos: Tú eres el pobre, el que crea paz, el misericordioso, el limpio de corazón, el perseguido. Este programa nos lo das para tener felicidad verdadera y cambiar la situación del mundo. No son tanto unos mandamientos, sino el anuncio del tesoro escondido por el que vale la pena renunciar a todo (J. Aldazábal).

Jesús: quiero renovar mi "determinada determinación", como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembrador de paz y alegría en mi ambiente. Sembrar con tus Bienaventuranzas tu perfume participado en la historia humana. Quiero también aprender de cuando llegan las horas malas; me dices: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Àngel Caldas i Bosch).

El pensamiento antiguo coincidía en que el fin del hombre es la búsqueda de la felicidad. Diversas escuelas filosóficas lo ponían en la serenidad y quietud del alma frente a los reveses de la vida; en un equilibrado placer; en la razón al vivir según la naturaleza. Las religiones han buscado dar respuesta a este profundo deseo del ser humano conjugando cierta felicidad en la tierra con la paz completa en el más allá.

Tú, Señor, nos muestras que ese deseo del hombre lo ha puesto Dios, "y sólo en Él encontrará la verdad y la dicha que no cesa de buscar" (Catecismo, 27). Conoces  perfectamente el corazón del hombre, sus ansias y anhelos de eternidad, y nos das la clave para que lleguemos a ser felices. A diferencia de los filósofos, no sólo das pistas para caminar, sino que tú eres el Camino y la meta.

Pablo VI decía: "quien no ha escuchado las bienaventuranzas, no conoce el Evangelio; y quien no las ha meditado, no conoce a Cristo". El Sermón del monte es como la "Carta magna del Reino", el núcleo más esencial del mensaje de Jesucristo.

Son dichosos no son los que no tienen nada, sino los que no tienen su corazón apegado a nada, a ningún bien de esta tierra. Por eso gozan de una total libertad interior y pueden abrirse sin barreras a Dios y a las necesidades de sus semejantes. Los mansos son los hombres y mujeres llenos de bondad, de paciencia y de dulzura, que saben perdonar, comprender y ayudar a todos sin excepción. Por eso pueden poseer la tierra. El que es dueño de sí mismo es capaz de conquistar más fácilmente el corazón de los demás para llevarlo hacia Dios. Y vive feliz y en paz. En su corazón no hay lugar para la amargura. Y por eso, porque vive en paz, puede repartir la paz en torno suyo. Como Francisco de Asís, que podía dialogar, sin armas en la mano, con el terrible sultán de los sarracenos, que hacía la guerra a los cristianos. Los pacíficos son también pacificadores. Porque son misericordiosos y rectos de corazón. Y los que aceptan de buen grado la persecución por amor a Cristo y a su Reino son personas que viven en otra dimensión, que tienen ya el alma en el cielo. Y nadie es capaz de quitarles jamás esa felicidad de la que ya gozan. Han entrado ya en la eternidad sin partir de este mundo. Nada ni nadie puede perturbar su paz. ¡Ésos son los santos! El que sigue a Jesús: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mt 11,29) (Sergio Córdova).

Llucià Pou Sabaté

sábado, 7 de junio de 2025

Solemnidad del Domingo de Pentecostés; ciclo C. Jesús se queda con nosotros, por el Espíritu Santo que nos envía el Padre

Solemnidad del  Domingo de Pentecostés; ciclo C. Jesús se queda con nosotros, por el Espíritu Santo que nos envía el Padre  

A. Lecturas

1. Hechos de los Apóstoles (2,1-11):

AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
 Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
 «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

2. Salmo 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. 

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. 

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. 

3. I Corintios (12,3b-7.12-13): HERMANOS:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Secuencia

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

4. Juan 20, 19-23: "Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los  discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y  en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y  diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se  llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el  Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su  aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les  perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,  les quedan retenidos.»"   

B. Comentario:

1. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que "todos los discípulos estaban juntos el  día de Pentecostés", el día de la fiesta judía de la siega. Los judíos celebraban esta  fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua, y esto  significa Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley (la Antigua Alianza): cuando subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de  la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos: vivir según sus  mandamientos, y Dios se comprometió a estar con ellos siempre. La gente venía de  muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés. A los  50 días de que Jesús, grano de trigo caído en tierra, muriera y fuera sepultado, ha  dado mucho fruto y este fruto es el Espíritu Santo: "De repente un ruido del cielo,  como de un fuerte viento, resonó en toda la casa donde se encontraban".  Queremos tratarte, Espíritu Santo, pues eres mucho más que la zarza ardiente de  Moisés, o la columna de fuego en el desierto o la tempestad que mostraba la  cercanía de Dios. Queremos aprender a tratarte, y contemplar hoy como fuego, así  como en el Sinaí te manifestaste, y como los Apóstoles "vieron aparecer unas  lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno". 

Pentecostés es lo contrario de lo que pasó en Babel, donde los hombres que  intentaron escalar el cielo terminaron sin entenderse los unos a los otros. ¡Ayúdanos, Santo Espíritu, porque los hombres sólo podemos entendernos entre sí  cuando cada uno nos abrimos a tu gracia y no cuando luchamos para alzarnos  sobre las nubes!   

2. El otro día un niño me preguntó: así como para recibir la comunión tenemos la  comunión espiritual, para recibir al Espíritu Santo, ¿qué podemos rezar? Le invité a leer el  Salmo de hoy: "Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra: Bendice,  alma mía, al Señor. / ¡Dios mío, qué grande eres! / Cuántas son tus obras, Señor; /  la tierra está llena de tus criaturas. / Les retiras el aliento, y expiran, / y vuelven a  ser polvo; / envías tu aliento y los creas, / y repueblas la faz de la tierra". Llénanos  de tu amor, oh Espíritu Santo, para que tengamos el don de lenguas, para poder  llegar al corazón de las personas a las que tratamos. ¡Ven, oh Espíritu Santo, llena  los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu  Espíritu y serán recreadas todas las cosas, para llenar de tu amor la faz de la tierra!(oración litúrgica).

La vida parece débil como un soplo, como el amor que depende de la voluntad del  amante al que se pregunta: "me quieres, sí o no?" Pero estas cosas importantes  de la vida no son tan débiles cuando el protagonista es el Espíritu Santo, fuerza de  Dios, el Amor en persona, que nos une a Cristo como a su cuerpo que es su familia  (Iglesia). Jesús nos dijo: "morará con vosotros y estará dentro de vosotros". Así lo  explicaba S. Pablo: El amor de Dios se ha difundido en nuestros corazones por el  Espíritu Santo que se nos ha dado. Vamos a rezar con san Josemaría rezaba: "Ven  ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído  tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc  coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte. / ¡Oh, Espíritu de verdad y  de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!:  quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando  quieras…"  De joven preguntó a un sacerdote: -¿cómo hacer para aprender a tratar  al Espíritu Santo? Y este le contestó: -no hables, escúchalo dentro de ti. Y así fue  sintiendo ese Amor dentro. Santo Espíritu, ayúdame a saber tratarte más, ser tu  amigo, facilitarte el trabajo dentro de mí, de pulir, de arrancar, de encender...: "Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa agasajarte, y escuchar tus  lecciones, y encenderme, y seguirte y amarte"… "quémame con el fuego de tu  Espíritu!", ayúdame a "que cuanto antes empiece de nuevo mi pobre alma el  vuelo..., y que no deje de volar" hasta descansar en Ti. Que presidas y des tono  sobrenatural a todas mis "acciones, palabras, pensamientos y afanes"... Que no  olvide que soy "templo de Dios", que estás en el centro de mi alma: que te oiga y  atienda dócilmente tus inspiraciones: "Ven, Espíritu Santo, a morar en mi alma!",  como dice S. Pablo: somos templos del Espíritu Santo. "¿No sabéis que sois templo  de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?". Pero para oírle hemos de  silenciar nuestro "bullicio interior" y mantener un diálogo con el Señor. Escuchar,  porque Dios habla bajito, sugiere, invita, nunca coacciona. Santo Espíritu, que sepa  decir que sí a tus mociones, para crecer en la vida de la gracia, corresponder a tu  Amor. Que no diga nunca que no, que no me enfríe, que me comporte como buen  hijo de Dios.

3. Nos habla san Pablo de la acción del Espíritu Santo, que es causa de todo lo bueno que tenemos. Tenemos un solo Espíritu..., un solo Señor..., un solo Dios. Dios está en nosotros como el alma en nuestro cuerpo, y nos da vida junto a lo más íntimo de nuestro yo. Todos somos un solo cuerpo en Cristo, la Iglesia se compone de miembros de un cuerpo, cada uno, enriquecidos con el don del Espíritu por el que podemos llamar a Dios Padre, y a Jesús el Señor. El mismo Espíritu Santo nos da los "carismas" o gracias que recibimos cada uno para edificar la comunidad.

Hemos visto estos días cómo Jesús envió su Espíritu, y esta venida solemne que celebramos hoy "no fue un hecho aislado. Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana", decía san Josemaría, que concretaba el trato con el divino Espíritu en tres palabras: docilidad a sus divinas inspiraciones, para eso vivir una vida de oración, unión con Jesús en la Cruz para participar del don de su Espíritu.

Jesús, que por tu Espíritu te sienta dentro de mí, guíame, como  cuando un niño aprende a ir en bici y necesita que le guíen. Tu fuerza, divino Espíritu, es como un GPS que no sólo nos ayuda a llegar a destino, sino que también nos da la fuerza para llegar. Te pedimos, Virgen María, Madre mía, así como sobre ti  descendió el Espíritu Santo en la concepción de Jesús, ayúdame para que también  yo sepa acoger hoy, en esta fiesta, al Espíritu Santo, como lo acogiste tú en ese día  que nació la Iglesia, ahí en el Cenáculo, donde Jesús se nos dio en la Eucaristía. Virgen Santísima, si tú  guías mi bicicleta, aunque pase por un sitio difícil contigo no caeré porque contigo  voy seguro. Tú eres mi esperanza, y con esta confianza tengo paz…  Los apóstoles  reunidos contigo recibieron al Espíritu, te pido que sepa yo también seguir sus inspiraciones para llevar el amor de Dios a este mundo tan  necesitado de la ternura de Dios. 

1. La misma tarde del domingo de Resurrección, Jesús apareció ante los Apóstoles  y les mandó el Espíritu Santo, con el perdón que la Iglesia puede administrar en su  nombre. Fue el regalo pascual del Espíritu Santo y la reconciliación como  Sacramento. Para ayudar a esta acción del Espíritu Santo en nuestra alma, que es el camino de  santificación, podemos dirigirnos a Él con la secuencia que hoy nos trae la Iglesia,  así aprendemos a tratar al que han llamado "El gran Desconocido", y lo  conoceremos mejor al tratarlo: "Ven, Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo.  / Padre amoroso del pobre; / don, en tus dones, espléndido; / luz que penetra las  almas; / fuente del mayor consuelo. / Ven, dulce huésped del alma, / descanso de  nuestro esfuerzo, / tregua en el duro trabajo, / brisa en las horas de fuego, / gozo  que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos. / Entra hasta el fondo del  alma, / divina luz, y enriquécenos. / Mira el vacío del hombre, / si Tú le faltas por  dentro; / mira el poder del pecado, / cuando no envías tu aliento. / Riega la tierra  en sequía, / sana el corazón enfermo, / lava las manchas, / infunde calor de vida en  el hielo, / doma el espíritu indómito, / guía al que tuerce el sendero. / Reparte tus  siete dones, / según la fe de tus siervos; / por tu bondad y tu gracia, / dale al  esfuerzo su mérito; / salva al que busca salvarse / y danos tu gozo eterno. Amén."   

Los dones que los Padres de la Iglesia han explicado a partir de las palabras de Isaías que Jesús leyó en la sinagoga son: inteligencia que nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe; ciencia que nos lleva a juzgar con rectitud de las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él; sabiduría que nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones; el consejo nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás; la piedad nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre; fortaleza que nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios; y temor que nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.

Llucià Pou Sabaté

Sábado de la 7ª semana de Pascua: Confiar en Jesús y seguirle, proclamar su Reino, es el camino de la felicidad: el Espíritu Santo viene a darnos esta alegría y abandono en el amor de Dios

Sábado de la 7ª semana de Pascua: Confiar en Jesús y seguirle, proclamar su Reino, es el camino de la felicidad: el Espíritu Santo viene a darnos esta alegría y abandono en el amor de Dios

A. Lecturas:

   1. Hechos 28, 16-20. 30-31: 16Cuando llegamos a Roma le fue permitido a Pablo vivir en casa particular con un soldado que le custodiara.

   17Tres días después convocó a los principales judíos, y una vez reunidos les dijo: Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de los padres fui apresado en Jerusalén y entregado en manos de los romanos, 18que después de interrogarme querían ponerme en libertad por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19Pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al César, no para acusar de nada a los de mi nación. 20Por esta razón os he pedido veros y hablaros, pues llevo estas cadenas por la esperanza de Israel.   

   30Pablo permaneció dos años completos en el lugar que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él. 31Predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo relativo al Señor Jesucristo con toda libertad y sin ningún estorbo

   2. Salmo: 10,5-7: El Señor examina al justo y al impío, / y aborrece al que ama la violencia. / Hará llover ascuas y azufre sobre los impíos; / un viento abrasador será la porción de su copa. / El Señor es justo / y ama la justicia; / los rectos verán su rostro.

   3. Juan (21,20-25): Volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo que Jesús amaba, el que en la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te entregará? Viéndole Pedro dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué? Jesús le respondió: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme. Por eso surgió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Hay, además,  otras muchas cosas que hizo Jesús, y que si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir" (Jn 21,20-25).

B. Comentario:

   1. Pablo estará con Pedro en Roma. Los Hechos terminan hoy con esta llegada de Pablo a Roma acompañado por los hermanos de la ciudad, que habían salido a su encuentro; su situación es arresto domiciliario, y durante dos años puede enseñar libremente, "con un soldado que le custodiara". Sin pérdida de tiempo, emprende la evangelización de Roma.  Convoca a los judíos, les habla primero a ellos, como siempre: "precisamente por la esperanza de Israel, llevo yo esas cadenas". Les abre el sentido del Antiguo Testamento, portador de una "esperanza", que Jesús ha realizado.

   Te pido, Jesús, que sepa leer las Escrituras cada día, para verte en ellas, para verme, para poder llevarte a los demás: "Pablo permaneció dos años completos en el lugar que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él. Predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo relativo al Señor Jesucristo con toda libertad y sin ningún estorbo" (Hch 28,16-20.30-31).

   Hoy quedan las ruinas de los Foros y de Templos romanos. El apostolado de Pablo y los primeros cristianos será una levadura que fermentará toda la pasta. Señor, que yo sepa proclamar tu «reino», y para esto te pido que yo te deje «reinar» en mí, para poder hacer realidad el "hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". Hemos visto la conversión de muchos apóstoles de la fe cristiana: Pedro, Esteban, Felipe, Bernabé, Marcos, y luego hemos seguido a Pablo por sus correrías. Señor, sé que la historia continúa con otros protagonistas, que ya no salen en las Escrituras… que continúa con mi vida, con la vida de los que hoy formamos parte de tu Iglesia, que hoy sigue tu Espíritu Santo actuando en el mundo. Dame la fe de sentir tu presencia, tu acción en mí y en los demás.

   2. Dios es mi Padre, y me quiere con locura. Me quiere como soy, con mis pecados y por eso envió a su Hijo, para perdonarme, para invitarme a vivir como hijo suyo: "El Señor es justo / y ama la justicia; / los rectos verán su rostro" (Salmo 10,7). Jesús, tú eres el Buen Pastor que me buscas como a la oveja descarriada, hasta que me tomas en tus brazos para llevarme al redil. Que me deje guiar, encontrar, salvar y amar por ti, Señor. "La alabanza conclusiva refleja la esperanza del justo. Ver el 'rostro' de Dios significa aquí tener libre y confiado acceso a Dios en el Templo, de modo parecido a como la expresión 'ver el rostro del rey' indica en otros pasajes del Antiguo  Testamento poder acceder a él libre y confiadamente. Jesús en las Bienaventuranzas promete asimismo a los limpios de corazón que verán a Dios" (Biblia de Navarra). Esta "promesa supera toda felicidad… en la Escritura, ver es poseer… el que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir" (S. Gregorio de Nisa).

   3. Pedro acaba de saber por boca de Jesús que será mártir. Morirá por los años 64-67 en los jardines de Nerón. En el Evangelio de hoy vemos que pregunta al Señor qué pasará con Juan. Con lo que dice Jesús hoy, Juan tendrá fama de "inmortal", y llegará de hecho a muy anciano… Dice S. Ireneo que Juan vivió mucho tiempo, alcanzando el imperio de Trajano (98-117).

   Las palabras de Jesús quiero que resuenen hoy y siempre en mi corazón: "Tú sígueme". Señor, quiero que esto sea lo importante en mi vida: seguirte. Que me convenza de que todo lo demás es secundario. Quiero seguir tu vida, Jesús: el plan que me das, mi vocación.

 

viernes, 6 de junio de 2025

VIERNES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Pedro, pescador y pecador, por la misericordia divina es ahora pastor, su vida es ayudar a los demás. También la nuestra.

VIERNES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Pedro, pescador y pecador, por la misericordia divina es ahora pastor, su vida es ayudar a los demás. También la nuestra.

 

A. Lecturas

   1. Hechos 25, 13-21: Pasados algunos días llegaron a Cesarea el rey Agripa y Berenice y fueron a saludar a Festo. 14Como se detuvieron allí unos días, Festo mencionó al rey el asunto de Pablo, diciendo: Hay aquí un hombre que Félix dejó en prisión, 15contra quien presentaron acusación los Sumos Sacerdotes y los ancianos de los judíos, cuando estuve en Jerusalén, pidiendo sentencia condenatoria. 16Yo les contesté que no es costumbre entre romanos entregar a un hombre antes de que el acusado tenga delante de él a sus acusadores y la oportunidad de defenderse de la acusación. 17Cuando llegaron amí, me senté al día siguiente en el tribunal, sin ninguna dilación, y ordené que trajeran a aquel hombre. 18Los acusadores se presentaron ante él, pero no alegaban ninguna acusación de los delitos que yo sospechaba. 19Tenían contra él ciertas cuestiones de su religión y de un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive. 20Perplejo por estas cuestiones, le propuse si deseaba ir a Jerusalén para ser juzgado allí de estas cosas. 21Pero como Pablo apeló para que su causa sea reservada a la decisión del César, mandé custodiarlo hasta que lo pueda enviar al César.

   2. Salmo: 103/102, 1-2.11-12.19-20: Bendice, alma mía, al Señor, / y con todo mi ser a su Nombre santo. / Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de tus beneficios. / Pues cuando se elevan los cielos sobre la tierra, / Así prevalece su misericordia con los que le temen. / Cuando dista el oriente del occidente, / así aleja de nosotros nuestras iniquidades. / El Señor estableció su trono en los cielos, / su reino domina todas las cosas. / Bendecid al Señor, ángeles suyos, / fuertes guerreros, que ejecutáis sus mandatos, prestos a obedecer a la voz de su palabra.

   3. Juan (21,15-19): Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.» Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Él le dice: «Pastorea mis ovejas.» Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.» 
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. 
Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

 

B. Comentario:

   1. Pablo dice en la lectura de hoy que Jesús está vivo: no se ha ido de entre nosotros; sólo se ha hecho invisible. Jesús, sé que continúan conmigo, que habitas en mi interior, por tu Espíritu. En preparación a la fiesta de Pentecostés, podemos rezarle esta Secuencia: "Ven, Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo. / Padre amoroso del pobre; / don, en tus dones espléndido; / luz que penetra las almas; / fuente del mayor consuelo.

   Ven, dulce huésped del alma, / descanso de nuestro esfuerzo, / tregua en el duro trabajo, / brisa en las horas de fuego, / gozo que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos.

   Entra hasta el fondo del alma, / divina luz, y enriquécenos. / Mira el vacío del hombre / si tu le faltas por dentro; / mira el poder del pecado / cuando no envías tu aliento.

   Riega la tierra en sequía, / sana el corazón enfermo, / lava las manchas, infunde / calor de vida en el hielo, / doma el espíritu indómito, / guía al que tuerce el sendero.

   Reparte tus siete dones / según la fe de tus siervos. / Por tu bondad y tu gracia / dale al esfuerzo su mérito; / salva al que busca salvarse / y danos tu gozo eterno. / Amén".

   2. En espera de la venida del Espíritu Santo, en el Salmo damos gracias a Dios por tantos dones: ser hijos suyos, la redención: "Bendice, alma mía, al Señor, no olvides ninguno de tus beneficios". No es Dios un juez, sino un Padre lleno de amor y de ternura por sus hijos.

   3. Hoy y mañana leemos las dos últimas páginas del evangelio de san Juan. Después de esta segunda pesca milagrosa y el desayuno que Jesús les preparó, viene un diálogo con Pedro, con las tres preguntas de Jesús y las tres respuestas del apóstol que le había negado. -"Simón, ¿me amas más que éstos?" Ante las tres negaciones antes del gallo, tres preguntas para confiarle su misión de Papa.

   Señor, tres fueron las negaciones de Pedro, y para que no esté triste tres son las veces que preguntaste a Pedro si te quería. Jesús, quiero decirte no 3 sino 33 veces cada día que te quiero. Procuraré que no me agobien más mis faltas de amor, te pido que sepa arreglarlas con actos de amor. Que sepa acudir al sacramento del perdón, el sacramento de la alegría.

   Jesús, a ti también me preguntas: "¿Me amas, Tú?" Noto que no puedo excusarme con lo que dicen los demás; te digo de corazón: -"Sí, Señor, Tú sabes..." y me respondes que haga apostolado: -"Apacienta mis corderos". He de ser buen pastor para los demás, dar la vida por ellos.

   Tres veces Jesús le pregunta a Pedro: "¿Me amas, tú?" Recuerdan a Pedro las tres negaciones a su Maestro. Responde ´Yo te amo´, sin decir ´más que estos´. Con su fracaso, aprendió humildad. Señor, que yo también confíe más en Ti y menos en mí, y, que no me compare con nadie.

   Jesús usa dos veces el verbo amar (amor de agapé: agapás me) y Pedro contesta siempre con otro verbo: te quiero (amor de amistad, filia: filo se), no se atreve a decir que ama con un amor tan grande como el que Jesús nos ama. La tercera vez Jesús toma el verbo de Pedro: me quieres (filéis me), se pone a su altura, y Pedro le contesta ya con humildad: "tú lo sabes todo… me conoces". Señor, que también yo sea consciente de la debilidad de mi amor, y te ame con el Tuyo. Recuerdo la historia de una niña, a la que cuando su madre le apaga la luz de noche, ella le dice "mamá, te amo con todo tu corazón". La madre responde: "se dice con todo mi corazón" pero la niña insiste: "no, con tu corazón, que es más grande".

 

JUEVES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús ruega por la unidad de los cristianos, en Él recibimos la felicidad: aquí la vida de la gracia y luego la gloria.

JUEVES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús ruega por la unidad de los cristianos, en Él recibimos la felicidad: aquí la vida de la gracia y luego la gloria.

 

A. Lecturas:

   1. Hechos 22, 30; 23, 6-11: 30Al día siguiente, deseando saber con exactitud de qué le acusaban los judíos, le quitó las cadenas, mandó reunir a los príncipes de los sacerdotes y a todo el Sanedrín, llevó a Pablo y le puso ante ellos.

   23, 6Sabiendo Pablo que unos eran saduceos y otros fariseos, gritó en medio del Sanedrín: Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y se me juzga por la esperanza en la resurrección de los muertos. 7Al decir esto se produjo un enfrentamiento entre fariseos y saduceos, y se dividió la multitud. 8Porque los saduceos dicen que no hay resurrección ni ángel ni espíritu; los fariseos en cambio confiesan una y otra cosa. 9Se produjo un enorme griterío y puestos en pie algunos escribas del grupo de los fariseos discutían diciendo: Nada malo hallamos en este hombre; ¿y si le ha hablado algún espíritu o ángel? 10Como creciera gran alboroto, temeroso el tribuno de que despedazaran a Pablo, ordenó a los soldados bajar, arrancarles a Pablo y conducirlo al cuartel. 11En esa noche se le apareció el Señor y le dijo: Mantén el ánimo, pues igual que has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma.

   2. Salmo: 16/15,1-2a.5.7-8.9-10.11: 1 Canto de David. Guárdame, Dios mío, pues me refugio en ti. 2 Yo digo al Señor: «Tú eres mi Señor, mi bien sólo está en ti». 5 Señor, Tú eres mi copa y mi porción de herencia, Tú eres quien mi suerte garantiza. 7 Yo bendigo al Señor, que me aconseja, hasta de noche mi conciencia me advierte; 8 tengo siempre al Señor en mi presencia, lo tengo a mi derecha y así nunca tropiezo. 9 Por eso se alegra mi corazón, se gozan mis entrañas, todo mi ser descansa bien seguro, 10 pues Tú no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo fiel baje a la tumba. 11 Me enseñarás el camino de la vida, plenitud de gozo en tu presencia, alegría perpetua a tu derecha.

   3. Juan 17,20-26: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

   »Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

 

B. Comentario:

   1. Interrogan en la primera lectura de hoy a San Pablo, que comenzará su vida en cautividad. Y "en esa noche se le apareció el Señor y le dijo: Mantén el ánimo, pues igual que has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma". Dios se sirve de la historia para ir llevando hacia Roma su semilla y a los apóstoles Pedro y Pablo. También vemos hoy su fe en la resurrección, que es lo que hoy está en la discusión de sectas judías. También en nuestro tiempo, como entonces, muchos judíos han perdido la fe en la resurrección, por eso la madre de Edith Stein se enfada mucho con su hija cuando entra al Carmelo, pues piensa que sólo hay esta vida y no se puede malbaratar recluyéndose (luego, cercana su muerte, hubo una reconciliación); también esta santa dio su vida, en el holocausto judío. La resurrección de Jesús es el centro de nuestra fe y esperanza. El Espíritu Santo nos ayuda para ir en el camino del Señor, en fidelidad, no es camino de rosas. Supone sacrificios, pisar sobre espinas. La oración de Jesús al Padre es fundamento para caminar con la Cruz de Jesús.

   2. Es lo que rezamos con el Salmo: "Guárdame, Dios mío, pues me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Señor, mi bien sólo está en ti». Señor, Tú eres mi copa y mi porción de herencia, Tú eres quien mi suerte garantiza. Yo bendigo al Señor, que me aconseja, hasta de noche mi conciencia me advierte; tengo siempre al Señor en mi presencia, lo tengo a mi derecha y así nunca tropiezo. Por eso se alegra mi corazón, se gozan mis entrañas, todo mi ser descansa bien seguro, pues Tú no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo fiel baje a la tumba. Me enseñarás el camino de la vida, plenitud de gozo en tu presencia, alegría perpetua a tu derecha". Dios, nuestro Padre, es la parte que nos ha tocado en herencia. Señor, me abandono en ti, mi vida está en tus manos.

   3. Son las últimas palabras de la oración de Jesús en el Cenáculo el jueves santo, y pide por la unidad... vemos hoy que la Iglesia da pasos importantes hacia la unidad, con el acercamiento de muchos anglicanos, y los ortodoxos de varios países de oriente. Este movimiento ecuménico ha sido realzado por el Concilio Vaticano II; unidad de: "los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesús como Señor y Salvador; y no sólo individualmente, sino también reunidos en grupos, en los que han oído el Evangelio y a los que consideran como su Iglesia y de Dios. No obstante, casi todos, aunque de manera diferente, aspiran a una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así se salve para gloria de Dios». Hoy pedimos al Espíritu Santo esta unidad de la fe, de los sacramentos y de la comunión jerárquica.

   San Juan Crisóstomo insiste: no te separes de la Iglesia. Nada es más fuerte que la Iglesia. Tu esperanza es la Iglesia; tu salud es la Iglesia; tu refugio es la Iglesia. Es más alta que el cielo y más ancha que la tierra; no envejece jamás, su vigor es eterno. 

MIÉRCOLES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús nos santifica para quesantifiquemos el mundo, amándolo apasionadamente

MIÉRCOLES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús nos santifica para que santifiquemos el mundo, amándolo apasionadamente

 

A. Lecturas:

   1. Hechos 20, 28-38: "Pablo siguió hablando a los principales de Éfeso a los que había llamado, y les dijo: tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió por la sangre de su Hijo. Ya sé que cuando yo os deje se meterán entre vosotros lobos feroces que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de entre vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra, que es gracia. Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificar y conceder la herencia a todos los santificados. No he codiciado de nadie plata, oro o vestidos. Sabéis bien que las cosas necesarias para mí y los que están conmigo las proveyeron estas manos. Os he enseñado en todo que trabajando así es como debemos socorrer a los necesitados, y que hay que recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.

   Dichas estas cosas se puso de rodillas y oró con todos ellos. Se produjo entonces un gran llanto de todos y abrazándose al cuello de Pablo le besaban, afligidos sobre todo por lo que había dicho de que no volverían a ver su rostro. Y le acompañaron hasta la nave.

   2. Salmo: 67, 29-30.33-36: Tú, Dios mío, ordena tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. A tu templo de Jerusalén traigan los reyes su tributo. Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos, que lanza su voz, su voz poderosa: "Reconoced el poder de Dios". Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder sobre las nubes. Desde el santuario, Dios impone reverencia: es el Dios de Israel  quien da fuerza y poder a su pueblo. ¡Dios sea bendito!

   3. Juan 17,11b-19: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 
   »Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

 

B. Comentario:

   1. Se despide Pablo de la comunidad de Éfeso, de modo emotivo, les da últimos consejos. Los discípulos "abrazándose al cuello de Pablo le besaban, afligidos sobre todo por lo que había dicho de que no volverían a ver su rostro. Y le acompañaron hasta la nave". La Iglesia, que somos todos, está compuesta de pecadores. Pero no hay problema: «os dejo en manos de Dios», y ahí estamos seguros. Con ese consejo de dar a los demás, que es fuente de alegría: Señor, ¡que sepa darme!

   2. Por eso el Salmo nos anima: "Reconoced el poder de Dios. ¡Dios sea bendito!"

   En esta preparación a su fiesta acabamos con esta oración al Espíritu Santo: lléname, poséeme, dame tu luz y fuerza para ser a fondo cristiano, otro Cristo. Que me deje llevar por ti, para ser como los primeros portador de paz, de fuego de amor, que quema toda violencia, que da sabor a la vida, que arrastra a Jesús a los demás con la experiencia viva de su entrega. Que sea acogedor en una escucha activa, que tenga empatía con cada persona como la tuvo Jesús, con todo lo que esto resume: que sea solidario, alegre, trabajador, leal, libre, generoso, valiente para testimoniar mi fe, sin miedo de aparecer como un loco ante los demás. Pongo esta oración bajo tu protección, Santa María, madre mía.

   3. Jesús los llama y parece que se va: pero se queda, para ayudarnos a estar en el mundo sin ser del mundo. Señor, te pido que no escape de mis responsabilidades en el mundo, sino que me guardes del "mal". Estar en el mundo. Todos, también los sacerdotes, y dice el último concilio siguiendo esta oración sacerdotal de Jesús: "Situados aparte en el seno del pueblo de Dios no para estar separados de este pueblo, ni de cualquier hombre, sea el que sea. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida, distinta a la terrena; pero tampoco serían capaces de servir a los hombres si permanecieran extraños a su existencia y a sus condiciones de vida". Y sobre los laicos dice: "Lo propio y peculiar del estado laico es vivir en medio del mundo y de los asuntos profanos: han sido llamados por Dios a ejercer su apostolado en el mundo -a la manera de la levadura en la masa-, gracias al vigor de su espíritu cristiano." Señor, ayúdame a concretar algún punto de mejora en mis presencias en el mundo, en algún lugar donde sea más necesario en el campo de la cultura, de la labor social, de mi profesión… de las obras de misericordia. Que, santificado en la verdad, con tu palabra, que es la verdad, sepa vivir tu mandato: "como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo..." Ser otros Cristos, unido a los demás («para que sean uno, como nosotros»), con alegría («para que ellos tengan mi alegría cumplida»).

   San Juan de la Cruz quería estar "…en toda desnudez y pobreza y vacío"… y reza Ernestina de Chambourcin: "porque en toda pobreza / me quisiste, Señor, / toda pobre me tienes. / En pobreza de amor, / en pobreza de espíritu, / sin fuerzas y sin voz. // Que anduviste en vacío / me pediste y ya voy / hacia Ti por la nada / que de mi ser quedó / la noche en que me abriste / -¡qué aurora!- el corazón. // Desnuda de mí misma / en tus manos estoy. / En pobreza y vacío / ¡renaceré, Señor! // Porque lo quiero todo / ya apenas quiero nada. / Voluntad de no ir / donde lo fácil llama, / de evitar la ribera / donde el sentido basta. / ¡Qué hondo no querer, / qué absolutoa desgana, / qué desviar lo inútil / arrancándole al alma / el último asidero / y hasta esa luz prestada / que le roba a lo oscuro / su claridad intacta! // Porque lo quiero todo / ya apenas quiero nada", cuando el Señor nos da un nombre, es decir nos ama y nos llama, en Él lo tenemos todo".

 

MARTES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús nos da lo que recibe de Dios Padre y se nos da; y nos confía la misión de darnos también nosotros

MARTES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA: Jesús nos da lo que recibe de Dios Padre y se nos da; y nos confía la misión de darnos también nosotros

 

A. Lecturas:

   1. Hechos 16, 22-34: 22La multitud se alborotó contra ellos y los pretores les hicieron quitar sus vestidos y mandaron azotarles. 23Después de haberles dado numerosos azotes, los arrojaron en la cárcel y ordenaron al carcelero custodiarlos con todo cuidado. 24Este, recibida la orden, los metió en el calabozo interior y aseguró sus pies al cepo.

   25Hacia la medianoche Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios, y los presos les escuchaban. 26De repente se produjo un terremoto tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel e inmediatamente se abrieron todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. 27Despertado el jefe de la prisión, al ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y quería matarse pensando que los presos se habían fugado. 28Pero Pablo le gritó con fuerte voz: No te hagas ningún daño, que todos estamos aquí. 29El jefe de la prisión pidió una luz, entró precipitadamente y se arrojó temblorosamente ante Pablo y Silas. 30Los sacó fuera y les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? 31Ellos le contestaron: Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa. 32Le predicaron entonces la palabra del Señor a él y a todos los de su casa. 33En aquella hora de la noche los tomó consigo, les lavó las heridas y acto seguido se bautizó él y todos los suyos. 34Les hizo subir a su casa, les preparó la mesa y se regocijó con toda su familia por haber creído en Dios.

   2. Salmo: 137, 1-2a.2bc-3.7c-8: «Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para Ti. Me postraré hacia tu santuario. Daré gracias a tu nombre: Por tu misericordia y lealtad, porque tu promesa supera a tu fama. Cuando te invoqué me escuchaste; acreciste el valor en mi alma. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos».

   3. Juan 17,1-11a: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. 

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. 

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

 

B. Comentario:

  1. Hoy y mañana vemos a Pablo que se despide de los de Éfeso. Acosado en persecuciones, hace un viaje interior donde tiene premoniciones de que le "esperan cadenas y tribulaciones". Se dirige a Jerusalén, «forzado por el Espíritu». Señor, que yo también me deje llevar por tu Espíritu, con la confianza de Pablo: «no me importa la vida: lo que me importa es completar mi carrera y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios». Con la fuerza de tu Espíritu, recibiré tu Fortaleza – Valentía, Seguridad, Audacia- y podré decir con él: -"Yo nunca me acobardé, cuando era necesario anunciar la palabra de Dios". Sentiría en su carne la tentación de huir, de callarse, de renunciar. Perdón, Señor por todas mis cobardías, por todos mis silencios. San Pablo no se encoge en las dificultades, dirá: siento satisfacción en mis enfermedades, en los ultrajes, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por amor de Cristo; pues cuando estoy débil, entonces soy más fuerte".

   Señor, que como Pablo sepa yo dar mi vida. Ya no me pertenezco. Que Viva para Jesús. Que anuncie, por entero, la voluntad de Dios. Tal es el contenido de la liturgia de hoy: el don gratuito. Que tenga generosidad y espíritu creativo, siempre a tu servicio, porque me deje llevar en todo momento por tu Espíritu. Que sea más y más totalmente de Cristo, con la fuerza del Espíritu, como reza aquella poesía de Ernestina de Champourcin: "Espíritu que limpias, santificas y creas. / Espíritu que abrasas y consumes la escoria, / Tú que aniquilas todo lo inútil y lo impuro / y puedes convertirnos en antorchas vivientes, // ciéganos con tu luz, ven y arrasa este mundo, ven y arrasa este mundo / sucio de tantos siglos que lo surcan y agobian… / Se nos derrumba el suelo maltrecho y abrumado / bajo la carga inmensa del tiempo y del dolor.

   "Sana esta pobre tierra enferma de nosotros, / de nuestro andar confuso que no sabe abrir rastros, / de nuestra eterna duda con su temblor constante, / de las vacilaciones que ahogan la semilla.

   "Desgaja, rompe, azota… Seremos leño dócil / si quieres inflamarnos para prender tu hoguera. / Visítanos, al fin, con un viento de gracia / que aniquile y destruya para sembrar de nuevo.

   "Espíritu de Dios, quémanos las entrañas / con ese fuego oculto que corroe y devora. / Cuando sólo seamos unos huesos ardientes / se iniciará en nosotros la gloria de tu reino".

   2. Es lo que clama el Salmo de hoy: "Derramaste una lluvia copiosa, oh Dios… es el Dios de nuestra salvación. / Dios es para nosotros el Dios que salva, / y al Señor, nuestro Dios, / debemos el escapar de la muerte". Padre, te pido que yo no te abandone jamás; sepa sentirte como Padre lleno de amor, que me da fortaleza, protección. Te lo pido por intercesión de Santa María, mi amparo y auxilio.

   3. Leemos hoy y en los dos próximos días, toda la oración-testamento de Jesús, oración sacerdotal, oración por la unión de los cristianos: cuando "elevó sus ojos al cielo", sus "ojos" expresan la actitud de todo su ser. Nosotros, por la fe, querríamos participar de este anhelo divino, de esta "presencia a oscuras" que decía Ernestina de Champourcin: "Estrella que viste a Dios, / dame un rayo de su luz. / ¡Oh nube que me lo ocultas, / desgarra un poco tu velo! / Águila que lo rozaste, / inclina hacia mí tus alas. / Sol que estuviste a sus pies, / ¡abrásame con tu fuego": querríamos entrar en esta conversación íntima de Jesús en él Cenáculo, "en silencio": "Quiero cerrar los ojos y mirar hacia dentro / para verte, Señor, / quiero cerrar los ojos y volver la mirada / al faro de tu amor; / quiero cerrar mis ojos y olvidar los paisajes / de tan lánguido ardor, / que en el alma despiertan morbosas inquietudes / de escondido dulzor; / quiero olvidar pupilas que en las mías clavaron / su hechizo tentador, / dejando para siempre temblando en mi recuerdo / su místico dolor. / Quiero cerrar los ojos y sentir de tu fuerza / el terrible vigor, / quiero cerrar los ojos y mirar hacia dentro / ¡para verte, Señor!" Es el deseo de ver al Señor, que llevamos dentro…

   "Padre... Glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique". Este "glorificar" se repetirá cuatro veces en unas pocas frases: la "gloria", para toda la tradición bíblica, es el resplandor y honor de Dios. Pero no pensemos que la gloria de Dios es una autocomplacencia suya: es la salvación del hombre, y la salvación del hombre, es el conocimiento de Dios. Por eso sigue Jesús: "ya que le diste poder sobre toda carne [al Hijo], que él dé vida eterna a todos los que Tú le has dado". Señor, que entre en esta "Vida" que es "conocerte", en el amor a Ti y a los demás. ¡Danos, Señor, este conocimiento vital de ti!: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado".

   La segunda palabra importante, después de la de glorificar es la de "dar: en el evangelio de hoy, Jesús la pronuncia diez veces... El Padre ha "dado" poder al Hijo... ha "dado" la Gloria al Hijo... ha "dado" palabras al Hijo... Y Jesús "da" la vida eterna a los hombres... "da" las palabras del Padre a los hombres... La obra de Jesús es darnos lo que ha recibido del Padre. Darse es la actitud esencial del amor, junto a la unión: Jesús unido al Padre… Señor, úneme a ti, úneme a los demás pensando en Ti para darme con un amor más lleno. ¡Enséñame a amar de verdad! (Noel Quesson).