miércoles, 2 de octubre de 2024

2 de octubre, Ángeles Custodios: guía espiritual y protección

2 de octubre, Ángeles Custodios: guía espiritual y protección

A. Lecturas:

   1. Éxodo 23,20-23a: Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado.

   Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él.

  Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi Ángel irá delante de ti.

   2. Salmo 90,1-6.10-11: Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío».

   Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa; te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.

   No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol.

   No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos.

   3. Mateo 18,1-5. 10: Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»

   Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

   Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial».

B. Comentario:

   El 2 de octubre, la Iglesia celebra la fiesta de los Santos Ángeles Custodios, una invitación a profundizar en la verdad de la existencia de estos seres espirituales, cuya presencia afecta nuestras vidas diarias de manera práctica.

La existencia de los Ángeles

   La existencia de los ángeles es una tradición reconocida en la doctrina cristiana. Estos seres espirituales, personales y libres, fueron creados por Dios y elevados al orden sobrenatural. Su nombre, que significa "enviado", refleja su función como mensajeros de Dios ante los hombres, tal como se relata en numerosas ocasiones en la Sagrada Escritura. Además de intervenir en momentos importantes de la historia humana, los ángeles también acompañan a cada persona a lo largo de su vida.

   El Catecismo del Concilio de Trento destaca que la Providencia de Dios ha otorgado a los ángeles la misión de guardar y asistir a la humanidad, asignando a cada persona un ángel custodio desde su nacimiento. Estos ángeles no solo intervienen en situaciones excepcionales, sino que velan continuamente por la salvación de cada individuo. Jesucristo mismo habla de la importancia de los ángeles cuando advierte a sus discípulos que no deben menospreciar a los pequeños, pues sus ángeles siempre ven el rostro del Padre en el cielo (Mateo 18:10).

Cooperadores del plan de Dios

   Aunque Dios podría gobernar sin la ayuda de los ángeles, ha decidido que ellos cooperen en su plan de Providencia para la humanidad. Esta asistencia es necesaria debido a la debilidad intrínseca del ser humano, cuya razón se ve oscurecida por el pecado original, lo que dificulta el camino hacia el bien.

   Los ángeles custodios ayudan a cada persona a alcanzar su fin sobrenatural. Dios, en su amor, envía a sus ángeles para guiarnos y protegernos en nuestro viaje hacia el Cielo, similar a cómo un padre encargaría a un protector que acompañe a su hijo en un camino peligroso.

Auxiliadores del ser humano

   Los ángeles custodios tienen la misión de protegernos de las tentaciones y los peligros, inspirando en nuestros corazones buenos pensamientos. La presencia de los ángeles en la vida del hombre también se refleja en algunos de los documentos más antiguos de la Iglesia, como el Pastor de Hermas, que habla de dos ángeles que habitan en el corazón del hombre: uno de justicia y otro de maldad.

   Además de su asistencia espiritual, los ángeles también pueden prestar ayuda material cuando es necesario para la salvación de las almas. Un ejemplo de esto es el relato del ángel Rafael, quien acompañó a Tobías en su viaje y curó la ceguera de su padre.

La protección de los Ángeles Custodios

   La Iglesia enseña que los ángeles custodios están presentes desde el nacimiento de cada persona, y permanecen con nosotros hasta el momento de nuestra muerte. Al final de nuestras vidas, el ángel custodio nos acompaña al tribunal de Dios, una creencia profundamente enraizada en la tradición cristiana.

   Es importante recordar que los ángeles, aunque son poderosos, no tienen el poder de Dios. No pueden leer los corazones ni las mentes de las personas, por lo que es necesario comunicarnos con ellos, compartiendo nuestras preocupaciones y necesidades, aunque sea a través del pensamiento, ya que ellos comprenden nuestras intenciones más profundas.

Ángeles de comunidades y la Sagrada Eucaristía

   La tradición cristiana sostiene que los ángeles no solo cuidan de las personas, sino también de las comunidades, como naciones y corporaciones, velando por el bien común. En la Sagrada Eucaristía, los ángeles se consideran adoradores constantes de Cristo sacramentado. La piedad popular representa a estos ángeles rodeando la custodia con una actitud de reverencia profunda.

   Durante la Santa Misa, la unión entre el cielo y la tierra se hace evidente cuando los fieles cantan el Sanctus, uniéndose a los coros de ángeles en la adoración de la Santísima Trinidad.

La devoción personal a los Ángeles Custodios

   La devoción a los ángeles custodios ha sido siempre parte del patrimonio espiritual de la Iglesia. Los cristianos están llamados a cultivar una relación de amistad con su ángel de la guarda, acudiendo a él en busca de ayuda en los momentos de necesidad. Se nos invita a tratar al ángel como a un amigo cercano, confiando en que él intercederá en los asuntos cotidianos.

   Además, podemos pedir la asistencia de los ángeles custodios de otras personas para que colaboren en la tarea de guiar a sus protegidos hacia el Cielo. Esta complicidad espiritual es un don divino que nos ayuda a llevar a cabo nuestra misión de santificación y apostolado.

Conclusión

Los ángeles custodios son una fuente continua de ayuda y protección para cada cristiano. Su presencia, que forma parte de la enseñanza y tradición de la Iglesia, nos invita a confiar en su guía y a cultivar una devoción personal hacia ellos. Como intercesores ante Dios, los ángeles custodios son compañeros fieles en nuestro viaje hacia la santidad y la vida eterna.

 

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia: el camino del abandono de los niños nos lleva directos a Jesús, a la misericordia de nuestro Padre Dios… así la vida es de rosas, con espinas que luego son gloria

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia: el camino del abandono de los niños nos lleva directos a Jesús, a la misericordia de nuestro Padre Dios… así la vida es de rosas, con espinas que luego son gloria

A. Lecturas:

   1. Isaías 66, 10-14c: ¡Alégrense con Jerusalén y regocíjense a causa de ella, todos los que la aman! ¡Compartan su mismo gozo los que estaban de duelo por ella, para ser amamantados y saciarse en sus pechos consoladores, para gustar las delicias de sus senos gloriosos!

   Porque así habla el Señor: Yo haré correr hacia ella la prosperidad como un río, y la riqueza de las naciones como un torrente que se desborda. Sus niños de pecho serán llevados en brazos y acariciados sobre las rodillas. Como un hombre es consolado por su madre, así Yo los consolaré a ustedes, y ustedes serán consolados en Jerusalén. Al ver esto, se llenarán de gozo, y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores.

   2. Salmo 130,1-3: Mi corazón no se ha ensoberbecido, Señor, ni mis ojos se han vuelto altaneros. No he pretendido grandes cosas ni he tenido aspiraciones desmedidas. 
   Yo aplaco y modero mis deseos: como un niño tranquilo en brazos de su madre,
así está mi alma dentro de mí. Espere Israel en el Señor, desde ahora y para siempre.
   3.
Lucas 9,46-50: "En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado, y les dijo: El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño entre vosotros es el más importante...".

B. Comentario:

   El mes de octubre comienza con la memoria de Santa Teresita, apóstol de la Misericordia; ella nos hace ver que "Dios es sólo amor y misericordia", Dios es un Padre que me ama, y por eso lo perdona todo; realmente Dios antes que nada es Amor, y todo ha sido hecho porque nos ama: "Dios creó solo aquellos seres, de los que se enamoró" (Card. Lehman). Cada uno podemos pensar: existo, porque Él se enamoró de mí. Soy aceptado por Dios; me quiere como soy. En mí todo es gracia: nací de un sueño de amor de Dios –que está loco por mí- y me tiene un amor gratuito. Una chica, al descubrir cómo vivir de la gratuidad de Dios, escribía: "Una tarde volvía yo de la reunión de oración y mi abuela me esperaba en la cocina, como siempre. Yo le conté emocionada: '-yaya, ¡no te imaginas! ¡Dios me quiere como soy! No tengo que hacer nada para que me quiera... ¿no es alucinante?' Y a mi abuela se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijo: '-me han estafado. Me han engañado'. Y es que a ella le habían predicado que el amor de Dios hay que merecérselo y ganárselo a base de méritos. Claro, como eso es imposible, nunca se había sentido digna y, por tanto feliz. Ella no conocía el significado de 'dejarse amar por Dios'" (de una revista de la renovación carismática).

   ¿Tiene razón la nieta o la abuela? Realmente el corazón de Dios se vuelca en mí como hijo, más allá de la realidad concreta de mis obras buenas o malas. Cuántas angustias se han causado, por no explicar bien cómo es Dios, mostrándolo como "justiciero"... toda justicia divina hay que entenderla desde esa misericordia, todas las verdades de doctrina, hasta el infierno: que no lo ha hecho Dios para nosotros, sino que es la triste posibilidad de no amar, la autoexclusión de quien no quiere amar a Dios y a los demás. ¿Es al mismo tiempo cierto que las obras son meritorias? Si, y pienso que sólo podemos captar la Misericordia cuando abrimos el corazón, es como un chorro inmenso que está siempre –el Amor que siempre está como cayendo del cielo- pero del que sólo podemos llenarnos según nuestro recipiente, la medida de nuestro corazón. ¿Cómo se ensancha éste? Cuando se da; y es algo cíclico: la grandeza del amor se multiplica cuando se da: eso lleva a fijarse en lo bueno, en lo positivo de los demás, en sus cualidades, virtudes, acciones...

   Hoy es particularmente iluminante este espíritu de Santa Teresita, que nos muestra un  Dios todo amor y misericordia, donde la justicia queda explicada con la ternura.

   Encuentra su vocación al leer un pasaje de S. Pablo sobre la caridad (I Cor, 13). Todo queda claro para ella y puede escribir: "¡ Oh, Jesús, amor mío, he encontrado al fin mi vocación ! ¡Mi vocación es el Amor!… Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia y ese puesto, Dios mío, eres Tú quien me lo ha dado. En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor. Así lo seré todo ¡¡¡Así mi sueño se verá realizado!!!" (Manuscrito B, 3 v).

   Un año después de su muerte se publica un libro a partir de sus escritos: Historia de una Alma, que va a conquistar al mundo y dará a conocer a esta joven religiosa que había amado a Jesús" hasta morir de amor". Una vida escondida iba a iluminar el mundo.

   Diría Juan Pablo II sobre ella: «En una cultura racionalista y demasiado a menudo invadida por un materialismo práctico ella opone con una sencillez que desarma "la pequeña vía" que conduce al secreto de toda existencia: el Amor divino que envuelve y penetra toda la aventura humana... En un tiempo como el nuestro, caracterizado por la cultura de lo efímero y del hedonismo, esta nueva Doctora de la Iglesia se muestra dotada de una singular eficacia para esclarecer el espíritu y el corazón de los que tienen sed de verdad y de amor». Propone también a Teresita como patrona de los jóvenes: «Creo que los jóvenes pueden encontrar efectivamente en ella una auténtica inspiradora para guiarles en la fe y en la vida eclesial, en una época en la que el camino puede estar lleno de pruebas y dudas»: «Teresa experimentó diferentes pruebas, pero recibió la fuerza para permanecer fiel y confiada».

   "El Señor la rodeó cuidando de ella, la guardó como a las niñas de sus ojos, extendió sus alas como el águila, la tomó y la llevó sobre sus plumas; el Señor sólo la condujo" (Dt 32,10).

   Santa Teresa del Niño Jesús nació en Alençon en 1873. Como no se veía en la "perfección" que se predicaba para alcanzar la santidad, no se perdió en disquisiciones teológicas, sino que tuvo la intuición del "ascensor", un camino directo a través del amor: «Siempre he deseado, afirmó en su autobiografía Teresa de Lisieux, ser una santa, pero, por desgracia, siempre he constatado, cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan. En vez de desanimarme, me he dicho: el buen Dios no puede inspirar deseos irrealizables, por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad; llegar a ser más grande me es imposible, he de soportarme tal y como soy, con todas mis imperfecciones; sin embargo, quiero buscar el medio de ir al Cielo por un camino bien derecho, muy breve, un pequeño camino completamente nuevo. Quisiera yo también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección».

   Vivió la cruz, ya desde los cinco años cuando su madre murió. Cuando tenía nueve años, su hermana Paulina, que era para ella «su segunda mamá», entró como carmelita en el monasterio de la ciudad. Cuando tuvo una grave enfermedad, el 13 de mayo de 1883, una imagen de la Virgen María sonríe a Teresa que es curada súbitamente. Al año siguiente, el 8 de junio, su primera Comunión es para ella una "fusión" de amor. Jesús se entrega al fin a ella y ella se entrega a Él. Piensa ya en ser carmelita. La entrada en el Carmelo de su tercera madre, su hermana María, la desestabiliza. Sufre una grave crisis de escrúpulos obsesivos, está hipersensible y "llora en exceso". Desea morir y ser liberada. Al volver de la misa del Gallo el año 1886, la gracia toca su corazón. Es una verdadera conversión que la transforma en una mujer fuerte. El Niño del pesebre, el Verbo de Dios le ha comunicado su fuerza en la Eucaristía.

   Llega hasta el Papa León XIII para pedir su entrada en el monasterio, y a los 14 años y medio entra por fin, en su vocación de "amar a Jesús y hacerlo amar". Comprende que su vocación no consistirá sólo en orar por la conversión de los grandes pecadores, sino también en rezar por los sacerdotes. A los 23 años enfermó de tuberculosis y murió a los pocos meses. Pío XII quiso asociarla, en 1927, a san Francisco Javier como patrona de las misiones (Coro Marín).

   Su más grande sufrimiento será la enfermedad de su amado padre, internado en El Buen Salvador de Caen, hospital para enfermos mentales. Su Carmelo, marcado por el temor a un Dios a quien se ve sobre todo como un Dios justo, le pesa. Aspira al amor cuando lee la "Llama de amor viva" de S. Juan de la Cruz. En esta época es cuando la joven hermana Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz descubre la gracia de profundizar en la Paternidad de Dios que nos es otra cosa que Misericordia y Amor (expresadas en su Hijo Jesús, hecho hombre, vivida en una confianza absoluta. "Si no volvéis a ser como niños no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 18, 3).

   Pequeñas anécdotas le hacen vivir intensamente el amor de Dios. Cuenta el obispo Guy Gaucher que la vida de sor Teresa fue normal, sin especial fama. Tuvo una noche oscura en sus últimos momentos, y una fuerte enfermedad, y se abandona en el Señor. Escribe poco antes de su muerte: "dice el Evangelio que Dios vendrá como un ladrón. A mí vendrá a robarme con gran delicadeza. ¡Como me gustaría ayudar al Ladrón!... no tengo ningún miedo del Ladrón. Lo veo lejos y en vez de gritar: ¡al ladrón!, lo llamo diciéndole: ¡por aquí, por aquí!" Este espíritu -del Evangelio- es útil para impregnar todos los campos (Derecho, relaciones laborales...) pero pienso que particularmente la educación. Mirando una imagen de Jesús con dos niños, explica con inocencia profunda: "soy yo este pequeñito que ha subido al regazo de Jesús, que alarga tan graciosamente su piernecita, que levanta la cabeza y lo acaricia sin temor. El otro pequeño no me gusta tanto; le han dicho algo..., sabe que debe tratar con respeto a Jesús". Tantas veces la educación –también la religiosa- ha sido cargada de un respeto que da miedo, y lo que más ayuda al ambiente de nuestro tiempo, lleno de miedo e inseguridad, es esa paz y esperanza de sentirnos queridos, pese a nuestras equivocaciones e incertidumbres. Cuando se encuentra vacía de obras buenas de cara al juicio que llega a su muerte, dice la Doctora de la Iglesia que Jesús "no podrá pagarme –según mis obras-... Pues bien, me pagará según las suyas".

   La tuberculosis mina su salud y la debilita. Teresa emplea sus últimas fuerzas en enseñar "su camino de infancia espiritual" a las cinco novicias que tiene a su cargo y por carta a sus hermanos espirituales, sacerdotes y misioneros en Africa y China, y en sus escritos "canta las misericordias del Señor" en su corta vida.

   El seminarista Mauricio Bellière, de veinte años, será su "alma gemela" también en la agonía de una pasión escondida, como se hablaron por carta, con la promesa de que ella le ayudaría desde el cielo. Será Padre Blanco y partirá a Nyassland (hoy Malawo) cuando ella estaba muriendo. Expulsado de su familia religiosa, volverá a Francia y vagará despreciado por todos morirá hospitalizado en el Buen Salvador de Caen en 1907, a los treinta años. En el mismo hospital psiquiátrico donde estuvo el padre de Teresa. Su olvidada tumba ha sido restaurada, al ver que sus desobediencias y faltas de carácter eran debidas a que padecía la enfermedad del sueño, causada por las moscas durante su dedicación misionera. Las once cartas de Teresa son muy importantes para ver que las rosas están llenas de espinas, que «la noche de la fe» comprende dudas, abandono total, la tentación de la desesperación. Juan Pablo II señala que ella ahora «sostiene a sus hermanos y hermanas en todos los caminos del mundo».

   Pidiendo "hacer el bien en la tierra después de su muerte, hasta el fin del mundo", profetizando humildemente que su misión póstuma sería enseñar su caminito a las almas y "pasar su cielo haciendo el bien en la tierra", muere el 30 de septiembre 1897. Murió desconocida en un pequeño Carmelo de Provincias, no había más de treinta personas en su entierro en el cementerio de Lisieux. Sin embargo, a su canonización en S. Pedro de Roma asistirán más de 500.000 el 17 de mayo de 1925. Una vida muy ordinaria y muy escondida. "Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra", dice mostrando un cielo mucho más activo de como se veía. Proclamada "Doctora de la Iglesia" por el Papa Juan Pablo II en 1997 (Coro Marín).

   2. "Acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre", rezamos con el salmo. El abandono en los brazos de Dios resume el camino de Santa Teresa. Leyendo Isaías 66, comprendió que no podía subir sola la escalera de la perfección, pero que Jesús la cogería en sus brazos y la subiría como en un ascensor rápido. Es el descubrimiento de su "caminito": "Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en los brazos de su padre" (Manuscrito B, 1v).

   Su descubrimiento es que Dios es esencialmente Amor Misericordioso. En adelante verá todas las perfecciones divinas, incluida la justicia, partiendo de la Misericordia. Esto conlleva una confianza audaz: "Quiero ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que seas Tú mismo mi santidad" (Acto de ofrenda). Es dejar hacer a Jesús:" Sí, lo sé, cuando soy caritativa , es únicamente Jesús quien actúa en mí. Cuanto más unida estoy a Él, más amo a todas mis hermanas" (Manuscrito C, 13 r).

   Decía la santa, sobre nuestro afán de ser algo o alguien: "Somos una gotita de rocío que se oculta en el cáliz de la flor de los campos. Desconocidas de todos. No debemos envidiar ni siquiera al claro arroyuelo que serpentea por la pradera. Es verdad que su murmullo es muy dulce; pero, además de que por eso mismo no puede permanecer oculto, el arroyuelo no cabe en el cáliz de la Flor de los campos... ¿Es necesario ser tan pequeño para poder acercarse a Jesús...? Es más útil el arroyuelo que la gota de rocío, la cual no sirve más que para refrescar un instante la frágil corola de una flor silvestre. Esto es ignorar la causa del mérito de las obras. Jesús no tiene necesidad de nuestras obras brillantes ni de nuestros pensamientos sublimes; si él quisiera concepciones elevadas, ¿no tiene sus ángeles, cuya ciencia sobrepasa infinitamente la de los más grandes genios de este mundo? No es, pues, ni la grandiosidad de las obras ni los talentos lo que Jesús quiere y aprecia. No pide más que una gotita de rocío que durante la noche de esta vida permanezca oculta en Él, en el cáliz de la Flor de los campos".

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. La vocación se descubre en el tiempo, es un encuentro con el Señor que implica un compromiso… una misión divina

Miércoles de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. La vocación se descubre en el tiempo, es un encuentro con el Señor que implica un compromiso… una misión divina

A. Lecturas:

   1. Job (9,1-12.14-16): Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: «Qué estás haciendo»? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.»

   2. Salmo 87: Llegue hasta ti mi súplica, Señor. Todo el día te estoy invocando, tendiendo las manos hacia ti. ¿Harás tú maravillas por los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias?

   ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido?

   Pero yo te pido auxilio, por la mañana irá a tu encuentro mi súplica. ¿Por qué, Señor, me rechazas y me escondes tu rostro?

   3. Lucas 9,57-62: En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos e dijo uno: -«Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: -«Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: -«Sígueme.» Él respondió: -«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: -«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anun-ciar el reino de Dios.» Otro le dijo: -«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi fa- milia.» Jesús le contestó: -«El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

 

B. Comentario:

   1. Job refleja una profunda reflexión sobre la grandeza y el poder de Dios, y la insignificancia del ser humano frente a Él. Responde a sus amigos reconociendo que, por más justo que sea un hombre, nunca podrá compararse con la justicia y el poder de Dios.

   El ser humano tiene una incapacidad frente a Dios: el hombre no puede ser justo frente a Dios, porque no hay manera de debatir con Él. Dios es omnipotente y sabio, y ningún ser humano tiene argumentos suficientes para enfrentarlo.

   El poder soberano de Dios se expresa con imágenes de la creación como el movimiento de montañas, el control sobre los cielos y las estrellas, y el dominio sobre los fenómenos naturales. Estas referencias subrayan el control absoluto de Dios sobre todo lo creado.

   La naturaleza insondable de Dios también es señalada por Job: Dios realiza prodigios y maravillas incomprensibles para el ser humano, y que Su presencia muchas veces pasa desapercibida, aunque esté siempre presente.

   La impotencia ante Dios, finalmente, se expresa en que no podemos replicar a Dios ni tenemos derecho a obtener una respuesta, hemos de confiar en su sabiduría.

   Este pasaje profundiza en el misterio del sufrimiento y la justicia divina. Job, a pesar de su sufrimiento y sus preguntas, reconoce que no puede juzgar ni comprender los designios de Dios. Es una llamada a la humildad frente al poder y sabiduría de Dios, recordando que, como seres humanos, nuestra perspectiva es limitada frente a la inmensidad divina. La lucha de Job con su sufrimiento, en última instancia, es un llamado a confiar en la sabiduría de Dios, incluso cuando no comprendemos por qué nos suceden ciertas cosas.

   2. Es éste uno de los salmos más sombríos y lamentadores; el salmista expresa un profundo sentimiento de abandono por parte de Dios. Se trata de una súplica angustiada de alguien que se siente al borde de la desesperación, rogando a Dios que escuche su clamor. La constante pregunta es: "¿Por qué, Señor, me rechazas y me escondes tu rostro?", reflejando una sensación de distancia y falta de respuesta divina.

   Por una parte, vemos la súplica continua: invocar a Dios "todo el día", extendiendo las manos hacia Él, una imagen de oración persistente y necesidad constante. A pesar de esto, no siente que Dios esté respondiendo, lo que aumenta su dolor.

   La reflexión sobre la muerte es dura: ¿los muertos pueden alabar a Dios, dar gracias desde el sepulcro? Hay allí un cierto miedo, de cuando ya no haya posibilidad de encontrar la misericordia divina.

   El sentimiento de rechazo también forma parte de la angustia de salmista. El sentimiento de abandono, de rechazo.

   Refleja una experiencias que han tenido muchos santos: el sentimiento de desolación y la percepción de que Dios está ausente en momentos de profundo sufrimiento. Pero el amor no cesa, y además en esa noche oscura hay una luz pequeña que fruto de la esperanza de una unión y una visión perfecta: ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. También lleva  a la suprema alabanza, como entendió san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti».  Allí cada uno quedará saciado, según su capacidad de amor, según haya ensanchado su corazón: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante; y también: El sacia de bienes tus anhelos».

   "La vida perdurable consiste, también, en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y, por esto, se alegrarán del bien de los demás como el suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos" (Santo Tomás de Aquino).

   3. En el camino de Jesús se espeja nuestro camino. Hoy leemos tres breves episodios de "vocación" a su seguimiento, con situaciones diferentes y respuestas que parecen paradójicas por parte de Jesús.

   Las respuestas suenan como una manera expresiva de acentuar la radicalidad del seguimiento que pide Jesús, sin "instalarnos" en la comodidad. Jesús está de camino, y nuestro camino nos cruzamos con él. Nos dice también que no podemos dar largas a nuestro seguimiento; la imagen de los muertos que entierren a los muertos es solo para subrayar la respuesta: "dejándolo todo, le siguieron". Y lo mismo lo de "no despedirse de la familia" es también una imagen y es como una alusión a la fiesta de Eliseo cuando siguió a Dios.

   -Jesús respondió: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza". Es lanzarse a la providencia, sin pensar en el confort, seguirle es estar preparado a ser rechazado como El lo estuvo, es no tener seguridad...

   "A veces la voluntad parece resuelta a servir a Cristo, pero buscando al mismo tiempo el aplauso y el favor de los hombres (…). Se empeña en ganar los bienes futuros, pero sin dejar escapar los presentes. Una voluntad así no nos permitirá llegar nunca a la verdadera santidad" (Juan Casiano).

   Es una invitación a reflexionar, con mucha claridad y no menor insistencia, sobre un punto central de nuestra fe: el seguimiento radical de Jesús. «Te seguiré adondequiera que vayas» (Lc 9,57). ¡Con qué simplicidad de expresión se puede proponer algo capaz de cambiar totalmente la vida de una persona!: «Sígueme» (Lc 9,59). Palabras del Señor que no admiten excusas, retrasos, condiciones, ni traiciones... La vida cristiana es este seguimiento radical de Jesús. Y aunque «todo el género humano tenía su lugar, Él no lo tuvo: no encontró lugar entre los hombres (...), sino en un pesebre, entre el ganado y los animales, y entre las personas más simples e inocentes. Por esto dice: 'Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza'» (San Jerónimo).

 

lunes, 30 de septiembre de 2024

Martes 26 del tiempo ordinario (impar): Jesús corrige a sus apóstoles para aceptar con paz las contrariedades, sabiendo que todo será para bien

Martes 26 del tiempo ordinario (impar): Jesús corrige a sus apóstoles para aceptar con paz las contrariedades, sabiendo que todo será para bien

 

A. Lecturas:

   1. Job (3,1-3.11-17.20-23): Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: «Se ha concebido un varón»! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»

   2. Salmo 87: Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor. 

   Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo; ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido. 

   Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano. 

   Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.

   3. Lucas 9,51-56: "Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo".

 

B. Comentario:

   1. –"Así habla el Señor del universo: «He aquí que afluirán los pueblos y habitantes de muchas ciudades". La visión universal de la salvación de Dios forma parte del alma de Israel en Zacarías y otros profetes, y se expresa anunciando que todos los pueblos irían un día, en peregrinación, a Jerusalén.

   -"Y los de una ciudad irán a otra diciendo: «Ea, vamos a implorar al Señor; vamos a buscar el rostro del Señor del universo". El verdadero Dios es atrayente. Nuestra luz debería hace también reflexionar a nuestros contemporáneos, que nos pregunten el secreto que nos anima, la alegría, el amor universal.

   -"Pueblos numerosos y naciones poderosas vendrán a Jerusalén a implorar al Señor del universo y a buscar su rostro". La nueva Jerusalén es la Iglesia de Jesús. Si de los judíos se podía decir: "Dios está con vosotros", mucho más de nosotros, porque él nos ha enviado al que se llama en verdad "Dios-con-nosotros". S. Cirilo de Alejandría señala: "diciendo que serán de toda lengua aquellos que agarrarán al manto, ha puesto además de relieve claramente que aquel día la llamada a la bienaventuranza no estará reservada sólo a los israelitas, sino a todas las gentes dispersas por todo el mundo". Pidamos a la Virgen esa radiante alegria que desprendamos, que atraiga a los demás.

   -"En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Vamos con vosotros porque hemos sabido que Dios está con vosotros»". Jesús proclamará un amor de Dios universal sin fronteras. La verdadera entrada de los paganos en el pueblo de Dios será la Iglesia de Pentecostés. Eso me hace pensar en mi dinamismo misionero, con un corazón abierto a todos (Noel Quesson).

   2. El salmo decía poéticamente de Sión: "contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles", hasta el punto de sentirse todos orgullosos, porque "uno por uno todos han nacido en ella". Esa salvación no se limita a las naciones que, por lo menos, no hayan sido totalmente hostiles a Dios y a su Pueblo, sino que está abierta incluso a quienes les hicieron daño y les persiguieron como Egipto y Babilonia. Por medio de la Iglesia el Señor ha hecho realidad este plan de salvación por el que quiere manifestar su amor misericordioso a todas las naciones. La salvación viene solo de Dios;  pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre. El concilio Vaticano II ve en la Iglesia universal el lugar en donde se reúnen "todos los justos, desde Adán, desde el justo Abel hasta el último elegido". Esa Iglesia "llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos" (Lumen gentium, 2). Confiamos nuestra petición a santa María: "Al refugiarnos bajo tu dignísima y poderosa intercesión, encontramos amparo, oh santa Madre de Dios, consuelo y descanso bajo la sombra de tu protección, como al abrigo de una muralla bien fortificada (…) inexpugnable a los asaltos de los ladrones (…) inalcanzable para los crueles traidores (…) donde acogiste a todos como habitantes, porque, mediante el nacimiento corporal de Dios, hiciste hijos de la Jerusalén de arriba a los hijos de la Jerusalén terrena. Por eso, sus labios bendicen tu seno virginal y todos te proclaman morada y templo de Aquel que es de la misma naturaleza del Padre. Así pues, con razón se te aplican las palabras del profeta: "Fuiste nuestro refugio y nuestro defensor frente a los torrentes en los días de angustia" (Sal 45,2)" (Gregorio de Narek).

   3. Jesús "envió mensajeros por delante; yendo de camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento, pero se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalén". Empieza una larga sección en Lucas, sobre "el viaje a Jerusalén" (Lc 9-12), ya que el Evangelio está orientado hacia la subida de Jesús a la Ciudad santa, desde Galilea.

   Jesús va hacia Jerusalén, cumpliendo las profecías de Elías, pues el término griego empleado por Lucas (literalmente "Cuando se iban a cumplir los días de su arrebatamiento") nos recuerda el arrebatamiento al cielo de Elías (4Re 2,9.10.11) que será realidad plena con la ascensión de Jesús al cielo (Hch 1,2.11.22). El Señor afronta su misión, literalmente dice que "también él (Jesús evidentemente) plantó cara a la situación encaminándose hacia Jerusalén". Ezequiel también lo profetizó por ejemplo en el texto que hoy leemos. Contemplo ese instante decisivo en tu corazón, Señor: ayúdanos en las decisiones valientes que a veces hemos de tomar. "La Cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria (...) También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo" (S. Andrés de Creta).

   «Santiago y Juan, dijeron: 'Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?'. Pero volviéndose, les reprendió». Pasan por Samaria, donde no pueden ver a los judíos, sobre todo si van a Jerusalén. La reacción de Santiago y Juan es drástica. Se repite la reacción del profeta Elías, que hace bajar fuego del cielo contra los sacerdotes del dios Baal. Jesús, una vez más, les tiene que corregir, y duramente (algunos manuscritos griegos, que fueron seguidos por la Vulgata, añaden que Jesús reprendió): "diciendo: no sabéis a qué espíritu pertenecéis. El Hijo del hombre no ha venido a perder a los hombres sino a salvarlos".

   Cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien: ¿somos tan violentos como los "hijos del trueno", Santiago y Juan, que nada menos que quieren que baje un rayo del cielo y fulmine a los que no les han querido dar hospedaje?, ¿reaccionamos así cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra? La violencia no puede ser nuestra respuesta al mal. Jesús es mucho más tolerante. No quiere -según la parábola que él mismo les contó- arrancar ya la cizaña porque se haya atrevido a mezclarse con el trigo. El juicio lo deja para más tarde. "El Señor hace admirablemente las cosas (...) Actúa así con el fin de enseñarnos que la virtud perfecta no guarda ningún deseo de venganza, y que donde está presente la verdadera caridad no tiene lugar la ira y, en fin, que la debilidad no debe ser tratada con dureza, sino que debe ser ayudada" (S. Ambrosio).

   Son defectos de los Apóstoles, que el Señor corrige. Cuenta la historia de un aguador de la India que, en los extremos de un palo que colgaba en sus espaldas, llevaba dos vasijas: una era perfecta y la otra estaba agrietada, y perdía agua. Ésta —triste— miraba a la otra tan perfecta, y avergonzada un día dijo al amo que se sentía miserable porque a causa de sus grietas le daba sólo la mitad del agua que podía ganar con su venta. El trajinante le contestó: —Cuando volvamos a casa mira las flores que crecen a lo largo del camino. Y se fijó: eran flores bellísimas, pero viendo que volvía a perder la mitad del agua, repitió: —No sirvo, lo hago todo mal. El cargador le respondió: —¿Te has fijado en que las flores sólo crecen a tu lado del camino? Yo ya conocía tus fisuras y quise sacar a relucir el lado positivo de ellas, sembrando semilla de flores por donde pasas y regándolas puedo recoger estas flores para el altar de la Virgen María. Si no fueses como eres, no habría sido posible crear esta belleza.

   Todos, de alguna manera, somos vasijas agrietadas, pero Dios conoce bien a sus hijos y nos da la posibilidad de aprovechar las fisuras-defectos para alguna cosa buena. Y así el apóstol Juan —que hoy quiere destruir—, con la corrección del Señor se convierte en el apóstol del amor en sus cartas. No se desanimó con las correcciones, sino que aprovechó el lado positivo de su carácter fogoso —el apasionamiento— para ponerlo al servicio del amor. Que nosotros también sepamos aprovechar las correcciones, las contrariedades —sufrimiento, fracaso, limitaciones— para "comenzar y recomenzar", tal como san Josemaría definía la santidad: dóciles al Espíritu Santo para convertirnos a Dios y ser instrumentos suyos.

   La actitud de Santiago y Juan sigue estando presente en muchas falsas concepciones de la religión hoy en el mundo, y a lo largo de la historia, porque no se puede matar en nombre de Dios (como hemos visto en la historia). El espíritu de Jesús es un espíritu de no violencia, de misericordia. Jesús pide a sus discípulos que respeten los plazos de la conversión: el descubrimiento de la verdad es lento, muy lento, en el corazón del hombre. Jesús nos da aquí la verdadera imagen de Dios. El, que siendo Todopoderoso, no interviene como potentado para doblegar a los que le están sujetos o a sus enemigos, sino que, humildemente, pobremente, espera la conversión, a la manera de un padre o de una madre.

   -"Y se marcharon a otra aldea." Como hacen los pobres cuando se les despide. Contemplo a Jesús marchándose hacia otra aldea... Señor, me interrogo sobre mis impaciencias... Ante mis propios pecados, mis propios fracasos, ante los rechazos de los demás, ante las lentitudes o los retrasos de la Iglesia... Danos, Señor, tu divina paciencia (Noel Quesson). Pablo irá a otro sitio cuando le rechazaban. Si aquí no nos escuchan, vamos a otra parte y seguiremos evangelizando, allá donde podamos. Sin impaciencias. Sin ánimo justiciero ni fiscalizador. Sin dejarnos hundir por un fracaso. Evangelizando, no condenando: "porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder, sino a salvar" (J. Aldazábal).

Llucià Pou Sabaté

Lunes de la 26ª semana. Jesús nos libera del orgullo, y de las cosas materiales, pues el camino de la humildad y del amor nos abre a un mundo mejor

Lunes de la 26ª semana. Jesús nos libera del orgullo, y de las cosas materiales, pues el camino de la humildad y del amor nos abre a un mundo mejor

 

A. Lecturas:

   1. Job (1,6-22): Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.

   El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»

   Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»

   El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»

   Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»

   El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»

   Y Satanás se marchó.

   Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

   No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

   No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

   No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

   Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»

   A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

   2. Salmo 16,1.2-3.6-7: Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.

   Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí.

   Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios

a quien se refugia a tu derecha.

   3. Lucas 9,46-50: "En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: -«El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.» Juan tomó la palabra y dijo: -«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.» Jesús le respondió: -«No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro»".  

 

B. Comentario:

   1. El libro de Job al parecer tiene fuentes del segundo milenio a. C. Pone en escena a un rico propietario del sudeste del mar Muerto, un hombre íntegro, atacado en su persona y en sus bienes más queridos y que, en esa situación, muestra una paciencia ejemplar. Un poeta tomó la obra antigua para adaptarla a las cuestiones planteadas por su época. Judío de la segunda generación del destierro, atento al profundo malestar de sus compatriotas, se sirvió del cuento como de un trampolín para intentar dar una respuesta. Entre los «Libros Sapienciales», el Libro de Job es merecidamente célebre. Escrito hacia el s. V a. de J.C., plantea el «problema del mal» de manera inolvidable.

   -¿Por qué existen el sufrimiento y la muerte? Los amigos de Job tratarán de decirle: «a causa del pecado...» El mal es un castigo. Esta es una de las respuestas que a menudo se han dado. Pero Job modifica la pregunta haciéndola más radical:

   -¿Por qué el sufrimiento de los inocentes? Y es una de las preguntas más graves de todos los tiempos. La respuesta de Job, misteriosa, como veremos, es una aproximación, todavía imperfecta... Habrá que esperar la «cruz» de Jesús y su resurrección, para tener una respuesta más definitiva.

   -"El Señor dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? es un hombre cabal y recto, que teme a Dios y se aparta del mal. ¡No hay nadie como él en la tierra!»  El sufrimiento, la prueba, no son un «castigo». Job es un «justo», un «santo»... y será terriblemente probado. Jesús también, «a fortiori», era "justo" y «santo», sin pecado... y se le crucificó, y murió en la cruz. Señor, ¡qué grande es el misterio en que nos introduces! Todo hombre, cuando sufre, siente la tentación de decir: ¿qué hemos hecho para que Dios nos trate de ese modo?» Para nosotros, pecadores, la pregunta puede tener, en parte, un sentido. Pero sería peligroso dar únicamente esta respuesta.

   -"Satán respondió: «¿Es que Job teme a Dios de balde? Tócale sus bienes y juro que te maldice a la cara.»" Asistimos a una escena inspirada en el viejo folklore sirofenicio. Job feliz y rico lo perderá todo: sus rebaños sus propiedades, sus servidores, sus hijos, su salud... Y todo ello debido a la proposición de "Satán".

   En el Antiguo Testamento, Satán es el "adversario" por excelencia -tradición del término "satan" en hebreo... que el griego tradujo por «diábolos», el «calumniador», el que pone zancadillas al que anda-. Satán es el adversario al designio de Dios, el que lanza un reto a Dios: no cree que el hombre sea capaz de «justicia» ni de «santidad»... No cree que el hombre sea capaz de servir a Dios «gratuitamente». La señal de Satán es el «interés», el egoísmo: doy para que me des. ¿Soy capaz de gratuidad? ¿Sirvo a Dios y a mis hermanos en vistas al premio, al mérito? o por amor, ¿sin esperar nada en retorno?

   -"Job, postrado en tierra, dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo retornaré allá. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Sea bendito el nombre del Señor!»" Aceptar dicha desnudez puede ser la mejor conformidad a la voluntad de Dios. En vez de maldecir, como lo había deseado el Tentador, Job, despojado de todo, acepta su sufrimiento y continúa «bendiciendo a Dios». Satán ha perdido el primer envite pero volverá al ataque (Noel Quesson). Satanás acusa a Dios: si los hombres te aman, es por los beneficios que les concedes. La fe no sería, pues, más que un amor interesado. Se plantea si existe una piedad desinteresada, y vemos que Job mantiene una serenidad total y confianza en el Señor. Otra cuestión es la de la retribución personal; todavía no se conoce la resurrección de la carne, y el epílogo describe la reintegración del fiel en sus bienes anteriores.

   Los discípulos discutían sobre la precedencia en el reino, olvidando que el ser discípulo supone un desafío. Satanás y Dios luchan por la posesión del corazón del hombre. Job es aquel que, sin saberlo, acepta el desafío. El verdadero discípulo conocerá la Pascua, pero será al final de la prueba (Sal Terrae).

   2. El salmo refleja esta fidelidad de Job: "en mis labios no hay engaño; aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí; yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío".

   3. Los apóstoles tienen ganas de figurar, como nosotros, y por eso les dices, Señor, que tu actitud es de Siervo: "no he venido a ser servido sino a servir". ¿Quién es el mayor? El que sirve. Y tomas un niño para decirnos que es "el más importante". El niño era, en la sociedad de su tiempo, el miembro más débil, indefenso y poco representativo. Pues a ése le pone Jesús como modelo.

   -"¿Cuál de ellos sería el más grande?" Después de que les hablas de la cruz y del servicio, se les ocurre hablar de quien manda… El deseo de dominar, de ser "más" que los demás, nos puede. Veo en mi vida las huellas de ese mismo deseo y me pregunto: ¿Qué formas, aparentes o escondidas, toma mi deseo de dominar, de ser más grande...?

   -"Jesús, adivinando lo que pensaban..." Un debate interior, mental -según san Lucas-, mientras que Marcos dice que hay una disputa entre ellos… "Jesús, de nuevo el Evangelio me recuerda que conoces hasta los más profundos pensamientos de mi corazón.

   Nada se te oculta a tu conocimiento divino.

   Pero esto no debe producirme una sensación de inquietud, como si estuviera acorralado, sino un sentimiento de paz y de seguridad, porque Tú   -que eres mi Padre- estás conmigo, porque me acompañas siempre, y me ayudas con tu gracia.

   Jesús, ante la conducta soberbia de los apóstoles, no les reprimes -como si fueras un inspector que ha cogido a alguien en falso-, sino que les ayudas a entender el valor de la humildad tomando el ejemplo de un niño.

   Así haces conmigo, si yo procuro mantenerme en tu presencia a lo largo del día; me enseñas, me guías, me animas, me das una mayor visión sobrenatural" (Pablo Cardona).

   -"Tomó de la mano a un chiquillo, lo puso a su lado y les dijo. "El que toma a un niño en mi nombre, me acepta a mí, y el que me acepta, acepta también al que me ha enviado."" Señor, ayúdame a que no me agraden las acciones deslumbrantes, sino a encontrar mi alegría en lo "cotidiano" en las pequeñas cosas ordinarias. «El humilde se mantiene alejado de los honores terrenos, y se tiene por el último de los hombres; aunque exteriormente parezca poca cosa, es de gran valor ante Dios. Y cuando ha hecho todo lo que el Señor le ha mandado, afirma no haber hecho nada, y anda solícito por esconder todas las virtudes de su alma. Pero el Señor divulga y descubre sus obras, da a conocer sus maravillosos hechos, le exalta y le concede todo lo que pide en su oración» (San Basilio).

   -"Pues el más pequeño entre todos vosotros, ¡ese es el mayor!" Lo grande no es reinar, sino servir. Sí, para Jesús el servir es cosa grande: porque servir al más despreciado de los hombres, es servir a Dios... y es imitar a Jesús. "Jesucristo, sin bienes y sin sabidurías, está en el orden de la santidad. No ha inventado nada, no ha reinado, pero ha sido humilde, paciente, santo, santo ante Dios, terrible ante los demonios, sin pecado alguno. Es sencillamente ridículo escandalizarse de la humildad de Jesucristo... Pero los hay que no admiran más que las grandezas carnales, como si no las hubiera espirituales... Todos los cuerpos juntos, y todos los espíritus juntos y todas sus producciones, no valen lo que el menor gesto de caridad..." (B. Pascal).

   -"Intervino Juan y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y hemos intentado impedírselo, porque no anda con nosotros siguiéndote". Jesús le respondió: "No se lo impidáis; porque el que no está contra vosotros está a favor vuestro" El espíritu del poder es difícil de vencer. Juan mismo, no entendió nada. Quiere tener la exclusiva. Tiene envidia del éxito ajeno. Considera su vocación, su elección, como un privilegio (Noel Quesson). El servicio da una nueva dimensión a nuestro ser.

   Josué, el fiel lugarteniente de Moisés, quiso castigar a los que "profetizaban" sin haber estado en la reunión constituyente, y Moisés, de corazón mucho más amplio, le tuvo que calmar, afirmando que ojalá todos profetizaran (Nm 11). Los celos, el creer que dentro de la Iglesia mi "grupo" es el mejor, es una tentación común en la historia. No tenemos la exclusiva. Lo importante es que se haga el bien, que la evangelización vaya adelante: no que se hable de nosotros. No se trata de "quedar bien", sino de "hacer el bien". También "los otros", los que "no son de los nuestros", sea cual sea el nivel de esta distinción (clero y laicos, religiosos y casados, mayores y jóvenes, católicos y otros cristianos, practicantes y alejados), nos pueden dar lecciones. Y en todo caso "el que no está contra nosotros, está a favor nuestro", sobre todo si expulsan demonios en nombre de Jesús. Si seguimos buscando los primeros lugares y sintiendo celos de los demás en nuestro trabajo por el Reino, todavía tenemos mucho que aprender de Jesús y madurar en su seguimiento (J. Aldazábal).

   Hemos visto dos temas en el Evangelio de hoy: las disputas internas sobre el poder -quien es más-; y el rechazo hacia otros que no sean "de los nuestros". Ante esto, Jesús nos habla de la sencillez del niño sin ambiciones, y que la Iglesia es abierta, no podemos controlar…

   Un proverbio que se había hecho corriente desde la guerra civil de los romanos es parecido a lo que tú nos dices, Jesús: "Te hemos oído decir que nosotros (los hombres de Pompeyo) tenemos por adversarios nuestros a todos los que no están con nosotros, y que tú (César) tienes por tuyos a todos los que no están contra ti".

   Llucià Pou Sabaté

 

29 de septiembre, Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Son espíritus enviados para cuidarnos. Jesús nos dice: “Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”

29 de septiembre, Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Son espíritus enviados para cuidarnos. Jesús nos dice: "Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre"

A. Lecturas:

   1. Daniel 7, 9-10.13-14: Daniel continuó el relato de sus visiones diciendo: "Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de Él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros.

    Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; Él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta Él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido".

 

O bien: Apocalipsis 12, 7-12a: Se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo.

    Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles.

    Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios.

    Ellos mismos lo han vencido, gracias a la sangre del Cordero y al testimonio que dieron de Él, porque despreciaron su vida hasta la muerte. ¡Que se alegren entonces el cielo y sus habitantes!»

   2. Salmo 137,1-5: Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque has oído las palabras de mi boca. Te cantaré en presencia de los ángeles. Me postraré ante tu santo Templo.

   Daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma.

   Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

   3. Juan 1,47-51: "En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: -«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: -«¿De qué me conoces?» Jesús le responde: -«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: -«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: -«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: -«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».  

 

B. Comentario:

   1. La liturgia de hoy nos ofrece como posible primera lectura dos textos alternativos. El primero está tomado del libro de Daniel, y en él se describe una visión fantástica que tiene el profeta contemplando el trono y la corte angélica de Dios, con miles y miles de ángeles a su servicio. Fantaseada imagen del mundo divino descrito al modo de una corte humana oriental. En nuestra pobreza mental, no sabemos hablar de Dios sino rebajándolo. El segundo, tomado del Apocalipsis, describe una terrible guerra entre Miguel y sus ángeles del cielo contra el dragón o serpiente primordial, arrojada del cielo. Este dragón, Satanás, queda derribado por el poder del Cordero triunfador.

   El himno de Laudes es bien expresivo: "Miguel, Gabriel, Rafael. / ¡Oh espíritus señeros / arcángeles mensajeros  de Dios, que estáis junto a él! / A vuestro lado se sienten  / alas de fiel protección, / el incienso de oración  y el corazón obediente. / '¿Quién como Dios?' / es la enseña; es el grito de Miguel... / Gabriel trae la embajada..., /  al 'Sí' de la Virgen Madre... / Rafael /  nos encamina  por la ruta verdadera... // ¡Oh Dios!, Tú  que nos diste a los ángeles por guías y mensajeros, concédenos ser también sus compañeros del cielo. Amén.

   San Gregorio el Grande nos dice que esos ángeles llevan las comunicaciones, mediante su presencia y sus mismas acciones, que cambian decisivamente nuestras vidas. Se llaman, precisamente, "arcángeles", es decir, príncipes de los ángeles, porque son enviados para las más grandes misiones (Jorge Mejía).

   Miguel significa: "¿Quien como Dios?" La humildad es condición fundamental para ser fieles. Serviam! La paz, consecuencia de la lucha… Hubo una batalla en el cielo, y él encabezó la victoria. Pax in bello. Hemos de tener moral de victoria (Ap 12,7 ss.). En algunas oraciones litúrgicas le pedimos que nos proteja en el peligro (Defende nos in proelio…); que proteja a la Iglesia de sus enemigos y que los humille (ut inimímicos Sanctae Ecclesiae humiliare digneris). Nos anuncia, así, el misterio de la justicia divina, que también se ejerció en sus ángeles cuando se rebelaron, y nos da la seguridad de su victoria y la nuestra sobre el mal. Quizá las alas con que pintamos a los ángeles proceden de descripciones simbólicas de los profetas Daniel, Ezequiel e Isaías.

   En aquellos primeros momentos de la creación, algún espíritu creado por Dios se reveló en un pecado consciente, y la corrupción de lo mejor se convirtió en lo peor (corruptio optimi pessima). Su castigo no permite una redención, pues no quiere ser redimido, permanece en su odio, aunque sufra. Por ello odia a los hombres y trata de seducirlos. Su presencia en la historia es importantísima, pero por contraste se hace más luminosa la misericordia divina y la luminosa presencia de los ángeles fieles, Miguel el primero. San Gregorio Magno dice que "siempre que se debe realizar algo que requiere un poder extraordinario es enviado Miguel para que quede claro que nadie es más fuerte que Dios." Hacen falta migueles: fuertes, valientes, generosos en esa guerra de amor y de paz que es la vida. El nombre del enviado Gabriel es Poder de Dios, Fortaleza de Dios, ya que necesitamos fortaleza para decir que sí a lo que Dios nos dice por sus emisarios.

   Gabriel fue enviado para anunciar a María Santísima la concepción virginal del Hijo de Dios, que es el principio de nuestra redención (Lc 1).

   Rafael acompaña a Tobías "junior", lo defiende y lo aconseja, socorre a Sara de la que murieron los anteriores 7 maridos, cura finalmente al padre Tobit (Tob). Nos ayuda a buscar la vocación, ayuda en el camino. Su nombre es "medicina de Dios". Importa mucho no equivocar la ruta. San Rafael es el guía especial de los que aún han de conocer lo que Dios espera de ellos.

   2. En el salmo rezamos: Te doy gracias, Señor, de todo corazón. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor. Con la inocencia de Natanael, la de los niños sencillos, queremos cantarte, Señor, con todos los ángeles, como dice S. Bernardo: "A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Dad gracias al Señor por su misericordia por las maravillas que hace con los hombres. Dad gracias y decid entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

   "A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes Junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

   "Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.

   "En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

   "Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente".

   Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.

   Entre muchos otros piropos, dedicamos a nuestra Madre del Cielo el de Reina de los Ángeles. A Ella suplicamos confiadamente que nos recuerde, siempre que sea preciso, que contamos para nuestro bien con la poderosa y amable asistencia de nuestro ángel.

   3. Gabriel, Rafael y Miguel son ángeles y además símbolos de la comunicación entre Dios y los hombres. Comunicación que en ti, Señor, se hace plena realidad. Tú anuncias a Natanael un tiempo en el que el cielo quedará abierto y los ángeles, mensajeros de Dios, subir y bajar del cielo a la tierra, como el sueño de Jacob en Betel (Gn 28,11-27). Este sueño se hace realidad en ti, Señor, pues unes cielo y tierra con tu vida. Eres tú, Jesús, el auténtico Enviado, "ángel" de Dios, te has convertido para nosotros en la Scala Sancta (Escalera Santa) como nos dirigimos a Dios Padre en el Canon de la misa: "Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel [Jesús, el único que puede hacer ese acto], para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición".

   Describes a Natanael como a modelo de israelita. La mención de la higuera alude a Os 9, 10 (LXX): «Como racimo en el desierto encontré a Israel, como en breva en la higuera me fijé en sus padres». El profeta describía la elección del pueblo; Natanael representa precisamente al Israel elegido que ha conservado la fidelidad a Dios. Ahora, Jesús, renueva la elección.

   Nos hablas de los ángeles cuando te refieres al fin del mundo ("Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles"), aparecen con ocasión de tu nacimiento (anunciándolo a los pastores de Belén); te sirvieron en el desierto después de su ayuno y de haber sido tentado por el diablo; un ángel te confortará en la agonía de Getsemaní; están presentes junto a tu sepulcro cuando resucitas; cuando vas a los cielos, animan a tus discípulos a la extensión del Evangelio. En las prisiones de Pedro, lo liberan unos ángeles.

   Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y que sirven a sus designios salvíficos con las otras criaturas (Catecismo). Los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos (santo Tomás de Aquino). La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y protegen a todo ser humano. Los ángeles custodios están junto cada uno para asistirnos en nuestro camino hasta la casa del Cielo.

 

Llucià Pou Sabaté