martes, 27 de agosto de 2024

Jueves de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Dios nos llama a la salvación, que es al final de la vida, pero también en el día a día respondiendo al amor de Dios

Jueves de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Dios nos llama a la salvación, que es al final de la vida, pero también en el día a día respondiendo al amor de Dios

 

A. Lecturas:

   1. I Corintios (1,1-9): Yo Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

   2. Salmo 144,2-3.4-5.6-7: Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.

   Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.

   Encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias.

   3. Mateo 24,42-51: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejarla abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes»".  

 

B. Comentario:  

   1. El mundo pagano de Corinto, lleno de costumbres corrompidas y de las más variadas corrientes ideológicas, alberga una comunidad cristiana, y hoy vemos al Apóstol que les dice:

   -"Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, con Sóstenes, nuestro hermano, me dirijo a vosotros que sois en Corinto la Iglesia de Dios..." Se dice "Apostolos" = apóstol = «enviado» de Jesucristo. Y "Kletós" = «llamado» por voluntad de Dios. ¿Contemplo sólo a los ministros de la Iglesia con una mirada humana? o bien, más allá de sus cualidades o de sus defectos, ¿descubro en ellos un misterio divino?

    -"Vosotros los santificados en Cristo Jesús, vosotros los fieles, los llamados por Dios a ser el pueblo santo, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, su Señor y el nuestro". Estamos siempre en pleno misterio, ya se trate de los fieles o de los ministros. Son fieles que van a su «asamblea» -"eklesia" = iglesia = asamblea-, «convocados» por Dios, por la llamada de Dios. Son «santos». En mi oración trato de ser consciente de mi dignidad.

   Nuestra santidad es la santidad de Dios en nosotros, aunque nosotros somos pecadores. Gracias, Señor. Pablo recuerda a los Corintios que no son una comunidad aislada.

   Ningún grupo de cristianos puede pretender vivir autónomamente, en circuito cerrado. Por pequeño que sea el grupo de fieles está unido a «todos aquellos que en cualquier lugar están en oración con el Señor Jesús.»

   Te ruego, Señor, por todos aquellos que, renunciando a la gran universalidad de la Iglesia, se sienten tentados de encerrarse en las sectas.

   Doy gracias a Dios sin cesar. ¿Sé dar, a menudo, «gracias»? Gracias por... gracias por...

   -"Por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en El habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento de Dios". Sólo Cristo nos hace conocer de veras a Dios.

   -"Esperáis a ver la revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él os fortalecerá hasta el fin". De nuevo la espera escatológica, el día en que Jesús se revelará perfectamente a nosotros. ¡De aquí allá tenemos que mantener nuestra firmeza! Esto parece ser bastante duro para los oyentes de san Pablo, puesto que tan a menudo vuelve a hablarles de estas virtudes de la valentía y de la firmeza.

   -"Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a vivir en comunión con Dios y con su Hijo, Jesucristo". Vivir en comunión con Jesús. Vivir una misma vida con Cristo. La vida de Jesús circula en mí. Que sea yo fiel a esta vida, Señor (Noel Quesson).

   2. Nos miramos ahora al espejo de la Palabra de Dios que hoy leemos, para que nuestros caminos vayan coincidiendo cada vez más con los de Dios, pidiéndote, Jesús, que nos «mantengamos firmes hasta el final», pues tú, Jesús, eres fiel, y nos invita tu Palabra «a participar de Jesucristo, Señor nuestro, y él es fiel».

   En medio de nuestro mundo, a veces pagano, tenemos la salvación de Dios, como pide el salmo de hoy: «una generación pondera tus obras a otra, y le cuenta tus hazañas... difunden la memoria de tu inmensa bondad y aclaman tus victorias».

   3. Comenzamos hoy el discurso «escatológico» de Jesús, el quinto y último de los que Mateo nos ofrece en su evangelio. Se refiere a los acontecimientos finales y, en concreto, a la actitud de vigilancia que debemos tener respecto a la venida última de Jesús. Hoy nos lo dice con dos comparaciones muy expresivas: el ladrón puede venir en cualquier momento, sin avisar previamente; el amo puede regresar a la hora en que los criados menos se lo esperan.

   Jesús, hoy nos dices: -"Velad"... y comenta Newman sobre esta "vigilancia": "Jesús preveía el estado del mundo tal como lo vemos hoy, en el que su ausencia prolongada nos ha inducido a creer que ya no volverá jamás... Ahora bien, muy misericordiosamente nos susurra al oído que no nos fiemos de lo que vemos, que no compartamos esa incredulidad general... sino que estemos alerta y vigilantes". "Debemos no sólo "creer", sino "vigilar"; no sólo "amar", sino "vigilar"; no sólo "obedecer", sino "vigilar"; vigilar, ¿por que? Por ese gran acontecimiento: la venida de Cristo…

   "¿Sabéis qué es estar esperando a un amigo, esperar su llegada y ver que tarda en venir? ¿Sabéis qué es estar con una compañía desagradable, y desear que pase el tiempo y llegue el momento en que podáis recobrar vuestra libertad? ¿Sabéis qué es tener lejos a un amigo, esperar noticias suyas, y preguntarse día tras día qué estará haciendo ahora, en ese momento, si se encontrara bien?... Velar a la espera de Cristo es un sentimiento parecido a estos, en la medida en que los sentimientos de este mundo son capaces de representar los de otro mundo..."

   -"Velad, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela... También vosotros estad preparados: porque en el momento que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre".

   También el Padre Duval ha traducido maravillosamente esta espera en su canción. "El Señor volverá, lo prometió, que no te encuentre dormido aquella noche. "En mi ternura clamo hacia El: Dios mío, ¿será quizá esta noche? "El Señor volverá, espéralo en tu corazón, ¡no sueñes en disfrutar lejos de El tu pequeña felicidad!" ¡Jesús "viene"! Y nos advierte: ¡velad! porque vengo cuando no lo pensáis.

   Podríais malograr esa "venida", esa cita imprevista, esta visita-sorpresa. Y para que nos pongamos en guardia contra nuestras seguridades engañosas, Jesús llega a compararse a un "ladrón nocturno". Podemos tomarlo como una inseguridad fundamental de la condición humana, o bien como Teresita de Jesús veía al "ladrón" amado como quien se espera con impaciencia confiada, en el deseo de encontrarlo. Por eso señalaba que ella le advertiría al "Ladrón": "ven, ¡por aquí!", deseosa del encuentro.

   Así como el ladrón o el amo vienen de improviso, hemos de estar preparados a su llegada. Esto no es solo para el momento de la muerte… la venida del Señor a nuestras vidas sucede cada día, y es esta venida, descubierta con fe vigilante, la que nos hace estar preparados para la otra, la definitiva. Toda la vida está llena de momentos de gracia, únicos e irrepetibles. Los judíos no supieron reconocer la llegada del Enviado: ¿desperdiciamos nosotros otras ocasiones de encuentro con el Señor?

   El estudiante estudia desde el principio de curso. El deportista se esfuerza desde que empieza la etapa o el campeonato. El campesino piensa en el resultado final ya desde la siembra. Aunque no sean inminentes ni el examen ni la meta definitiva ni la cosecha. No es de insensatos pensar en el futuro. Es de sabios. Día a día se trabaja el éxito final. Día a día se vive el futuro y, si se aprovecha el tiempo, se hace posible la alegría final. «Estad en vela»: buena consigna para la Iglesia, pueblo en marcha, que camina hacia la Venida última de su Señor y Esposo. Buena consigna para unos cristianos despiertos, que saben de dónde vienen y a dónde van, que no se dejan arrastrar sin más por la corriente del tiempo o de los acontecimientos, que no se quedan amodorrados por el camino. Estar en vela no significa vivir con temor, ni menos con angustia, pero sí con seriedad. Porque todos queremos escuchar, al final, las palabras de Jesús: «muy bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor» (J. Aldazábal).

   Jesús "vendrá"... al final de los tiempos en el esplendor del último día. Jesús "vendrá"... a la hora de nuestra muerte en el cara a cara de aquel momento solemne "cuando se rasgará el velo que nos separa del dulce encuentro".

   Pero... Jesús "viene"... cada día, si sabemos "estar en vela". No hay que esperar el último día. Está allí, detrás del velo. Viene en mi trabajo, en mis horas de distensión, de solaz. Viene a través de tal persona con quien me encuentro, de tal libro que estoy leyendo, de tal suceso imprevisto... Es el secreto de una verdadera revisión de vida.

   -"¿Dónde está ese "empleado" fiel y sensato encargado por el amo de dar a su servidumbre la comida a sus horas? Dichoso el tal empleado si el amo, al llegar lo encuentra cumpliendo con su obligación"... Sí, "velar", atisbar "las" venidas de Jesús, ¡no es estar soñando! Es hacer cada uno el trabajo de cada día, es considerarse, de alguna manera, responsable de los demás, es darles, cuando se requiera, su porción de pan, es amar. En verdad eso concierne, muy especialmente, a los "jefes de comunidad", en la Iglesia o en otra parte. Y ¿quién no es jefe de una comunidad? Familia, equipo, grupo, clase, despacho, empresa, sindicato, club, colegas, clientes, etc. Darles, cuando es oportuno, lo que esperan de mí (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús nos pide vivir en la verdad, acomodar la vida a lo que se dice, y vivir honradamente del trabajo

Miércoles de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús nos pide vivir en la verdad, acomodar la vida a lo que se dice, y vivir honradamente del trabajo

 

A. Lecturas:

   1. II Tesalonicenses (3,6-10.16-18): En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

   2. Salmo 127,1-2.4-5: Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

   Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.

   3. Mateo 23,27-32: "En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: -«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

 

B. Comentario:

   1. Pablo acaba su carta saliendo al paso de los que piensan en que si acaba el mundo rápidamente, no hay que trabajar, y les dice que no debe de haber perezosos en la comunidad. La caridad cristiana no puede favorecer a la pereza.

   -"Os mandamos en nombre de nuestro Señor Jesucristo que os apartéis de todo hermano que viva en la ociosidad y no según la tradición que de nosotros recibisteis".

   Tu Reino, Jesús, ha de construirse aquí abajo; no hay que evadirse de la condición terrestre… se construye por medio de la obediencia hasta la muerte en la cruz, una obediencia que restituye al sufrimiento y a la muerte su verdad. Contigo, Jesús, todos los valores humanos cobran su autenticidad. El hombre está en condiciones de trabajar por la verdadera humanización de la tierra (Maertens-Frisque).

   -"Si alguno no quiere trabajar, ¡que tampoco coma!" Esta era la consigna que daba Pablo. Tantos hombres y mujeres que trabajan, sin saberlo quizá, cumplen así la "voluntad de Dios". Te ofrezco, Señor, la vida de todos los trabajadores. Atiende muy particularmente a los que tienen un trabajo penoso... a los que están en paro... a aquellos a quienes no alcanza lo que ganan para cubrir las necesidades cotidianas...

   -"Ya sabéis vosotros cómo debéis imitarnos. Estando entre vosotros no hemos vivido en la ociosidad, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que en la fatiga y el cansancio día y noche trabajamos para no ser una carga a ninguno de vosotros". San Pablo era tejedor. Ganaba su vida con su trabajo.

   -"Ciertamente teníamos derecho a ello pero así os dimos en nosotros un modelo a imitar". Pablo no ignora que Jesús había dicho a los apóstoles que "el obrero merece su salario" (Mateo 10,10), para afirmar que la comunidad debía atender las necesidades de aquellos que ocupaban todo su tiempo en evangelizar. Pero él, Pablo, quiere ser una excepción, para "dar ejemplo del trabajo asalariado normal". Esto subraya toda la dignidad y el valor de ese trabajo.

   -"Que el Señor dé la paz, os conceda la paz, en todo tiempo y en todos los ordenes". Los griegos se saludaban deseándose "la alegría": "regocíjate". Los romanos se deseaban la "salud", ¡salve! Los judíos se saludaban deseándose "la paz": shalom, dicen todavía hoy. Es el saludo que Pablo usa.

   La paz en todo tiempo y en todos los órdenes, de parte de Dios.

   -"Y que el Señor esté con todos vosotros". Este deseo se nos repite en todas las misas. Es una hermosa expresión (Noel Quesson).

   2. Quiero pedirte, Señor, trabajar unido a ti, con el Salmo: "dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien." Sé que el trabajo bien hecho da ese sentido de plenitud que viene de hacer tu voluntad, Señor, tu bendición: "ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida".

   3. Jesús, continúas recriminando la falsedad con duras palabras: Viene a confirmar que la sinceridad, la honradez, la lealtad, la nobleza..., son virtudes queridas por Dios y, también, muy apreciadas por los humanos.

   -"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois semejantes a sepulcros blanqueados!... Se encalaban las tumbas para que fueran muy visibles y no se tocaran por descuido, para quedar "impuro". La buena apariencia no quita que dentro haya podredumbre. Jesús, sigues castigando la mentira y la maldad con apariencia de bien. Quizá yo también estoy demasiado pendiente del qué dirán de mí, o me dejo llevar por la ambición o la violencia o el interés por el poder. O me considero de los «buenos», los mejores, los perfectos (J. Aldazábal), cuando en realidad sólo Dios juzga, y si no juzgo a los demás tampoco yo seré juzgado.

   -"...que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad". Jesús, tú eres el único santo, Dios humanado, el único que puede decir estas cosas. Nos recomiendas purificar lo de dentro de la misma manera que se ha embellecido el exterior. Señor, que para el interior de nuestros corazones tengamos el mismo afán de purificación y de hermosura que tenemos para nuestras apariencias.

   -"¡Ay de vosotros escribas y fariseos que edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos y decís: "Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos colaborado con ellos para derramar la sangre de los profetas."" Una tras la otra, cada generación dice lo mismo: "Si hubiéramos estado allí, lo hubiéramos hecho mejor que vosotros..." "Considerad, vosotros, los adultos, cuán lamentable es la sociedad que nos habéis legado..." "Ah, si nos dierais las responsabilidades, veríais..." ¡Y nos cargamos a nuestros antepasados y nos cargamos a los judíos... y creemos que nosotros no hubiéramos crucificado a Jesús! ¡Resulta una terrible hipocresía creerse mejor que su propio padre, considerarse entre los justos! (Noel Quesson).

   -"Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas ¡Colmad, también vosotros la medida de vuestros padres!" No sabemos cómo dijiste esas palabras, Señor, o si se escribieron bajo la pena de la destrucción de Jerusalén y enemistad declarada de los fariseos con respecto a la primitiva Iglesia… ayúdame a ver ese sentido misterioso que quieres darme con ellas, para aprovecharlas en mi vida.   

   Para no caer, pues, en la hipocresía, tengo que ser muy sincero.

   Primero, con Dios, porque me quiere limpio de corazón y que deteste toda mentira por ser Él totalmente puro, la Verdad absoluta.

   Segundo, conmigo mismo, para no ser yo el primer engañado, exponiéndome a pecar contra el Espíritu Santo al no reconocer los propios pecados ni manifestar-los con claridad en el sacramento de la Penitencia,  o por no confiar suficientemente en Dios, que nunca condena a quien hace de hijo pródigo ni pierde a nadie por el hecho de ser pecador, sino por no reconocerse como tal.

   En tercer lugar, con los otros, ya que también —como Jesús— a todos nos pone fuera de sí la mentira, el engaño, la falta de sinceridad, de honradez, de lealtad, de nobleza..., y, por esto mismo, hemos de aplicarnos el principio: «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie».

   Estas tres actitudes –que podemos considerar de sentido común– las hemos de hacer nuestras para no caer en la hipocresía, y hacernos cargo de que necesitamos la gracia santificante, debido al pecado original oca-sionado por el "padre de la mentira": el demonio. Por esto, haremos caso de la exhortación de san Josemaría: «A la hora del examen ves prevenido contra el demonio mudo»; tendremos también presente a Orígenes, que dice: «Toda santidad fingida yace muerta porque no obra impulsada por Dios», y nos regiremos, siempre, por el principio elemental y simple propuesto por Jesús: «Sea vuestro lenguaje: 'Sí, sí'; 'no, no'» (Mt 5, 37).

   María no se pasa en palabras, pero su al bien, a la gracia, fue único y veraz; su no a mal, al pecado, fue rotundo y sincero.

Llucià Pou Sabaté

 

Martes de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús nos pide vivir en la verdad, atentos a la venida del Señor, cuando lleve todo a plenitud

Martes de la 21ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús nos pide vivir en la verdad, atentos a la venida del Señor, cuando lleve todo a plenitud

 

A. Lecturas:

   1. I Tesalonicenses 2, 1-8. Sabéis muy bien, hermanos, que nuestra visita no fue inútil. A pesar de los sufrimientos e injurias padecidos en Filipos, que ya conocéis, tuvimos valor -apoyados en nuestro Dios- para predicaros el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que Dios nos ha aprobado y nos ha confiado el Evangelio, y así lo predicamos, no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones. Como bien sabéis, nunca hemos tenido palabras de adulación ni codicia disimulada. Dios es testigo. No pretendimos honor de los hombres, ni de vosotros, ni de los demás, aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haberos hablado autoritariamente; por el contrario, os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os temamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

   2. Salmo 138,1-3.4-6. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

   No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco.

   3. Mateo 23,23-26: "En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: -«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera».

 

B. Comentario:

   1. Sigue S. Pablo diciendo a los de Tesalónica: -"Hermanos, queremos haceros una petición respecto a la "Venida" de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con El". Algunos cristianos estaban persuadidos de la inminencia de este retorno de Jesús, y lo esperaban con tal impaciencia que eran negligentes en sus deberes cotidianos. Cuando decimos: «esperamos tu venida gloriosa... Ven, Señor Jesús... esperamos tu retorno...» con fe, en la Misa después de la consagración, nos referimos a este día del Señor.

   -"No os dejéis alterar fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna revelación, palabra o carta presentada como nuestra, que os haga suponer que es inminente el día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera". Jesús, ya nos habías dicho: «nadie sabe ni el día ni la hora... el día del Señor viene como un ladrón... hay que estar siempre a punto...» (Marcos 13; Mateo 24; Lucas 21).

   -"Dios os ha llamado por medio de nuestro Evangelio para que consigáis la gloria de nuestro Señor Jesucristo". La venida escatológica del Señor es, por consiguiente, el gran día de la unión íntima de los creyentes con Cristo, el final del gran proyecto de Dios: hombres radiantes de la Gloria de Jesucristo. Estamos en marcha hacia esta plenitud. Así pues la escatología ya ha comenzado, en la medida en que tratamos de vivir en comunión con Cristo. Aunque esperemos también nosotros la «parusía», la «venida» definitiva de Jesús.

   -"Así pues, hermanos, manteneos firmes; que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones..." El pensamiento del «encuentro» con Jesús es una especie de secreto que «dinamiza» desde el interior a los cristianos que hallan en él un profundo consuelo. Las persecuciones, los padecimientos pasajeros no son nada en comparación de la «gloria que les espera» (Romanos 8,18). Mi rostro, mi manera de actuar, alguna vez mis palabras... ¿dicen que «yo sé en quien he confiado» (2 Timoteo 1,12), que sé adonde voy?

   -"Y os afiance en las tradiciones que os hemos enseñado, sea de viva voz, sea por carta". Esta será la referencia para discernir lo verdadero de lo falso (Noel Quesson).

   2. Queremos contemplar tu salvación, Señor, con las palabras del Salmo: "Decid a los pueblos: "El Señor es rey, / él afianzó el orbe, y no se moverá; / él gobierna a los pueblos rectamente."" Cuando vengas en tu gloria terminará todo lo malo, y llevarás a plenitud tu obra: "Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos".

   3. Uno de los defectos de los fariseos era el dar importancia a cosas insignificantes, poco importantes ante Dios, y descuidar las que verdaderamente valen la pena. Jesús se lo echa en cara:

   -"¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la Justicia, la Misericordia, la Lealtad!" La Ley preveía que cada agricultor debía ofrecer al Templo el "décimo" -el diezmo- de la cosecha. Los fariseos lo habían encarecido al aplicar esta regla incluso a las hierbas que se emplean como condimento: la menta, el hinojo, el comino... Si los fariseos eran minuciosos en algunas bagatelas, tenían en cambio la manga muy ancha para otros asuntos más importantes. Y Jesús nos recuerda las grandes exigencias de todos los tiempos: la justicia, la misericordia, la fidelidad. Hoy diríamos: la ayuda a los más pobres, la defensa de los débiles y de los oprimidos, la pureza de la vida conyugal, la honestidad profesional, la justicia social, etc...

   De un modo muy expresivo les dice: «filtráis el mosquito y os tragáis el camello». El diezmo lo pagaban los judíos de los productos del campo (cf Dt 14,22-29), pero pagar el diezmo de esos condimentos tan poco importantes (la menta, el anís y el comino) no tiene relevancia, comparado con las actitudes de justicia y caridad que debemos mantener en nuestra vida. Otra de las acusaciones contra los fariseos es que «limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están rebosando de robo y desenfreno». Cuidan la apariencia exterior, la fachada. Pero no se preocupan de lo interior.

   Estos defectos no eran exclusivos de los fariseos de hace dos mil años. También los podemos tener nosotros. En la vida hay cosas de poca importancia, a las que, coherentemente, hay que dar poca importancia. Y otras mucho más trascendentes, a las que vale la pena que les prestemos más atención.

   ¿De qué nos examinamos al final de la jornada, o cuando preparamos una confesión, o en unos días de retiro: sólo de actos concretos, más o menos pequeños, olvidando las actitudes interiores que están en su raíz: la caridad, la honradez o la misericordia?

   Ahora bien, la consigna de Jesús es que no se descuiden tampoco las cosas pequeñas: «esto es lo que habría que practicar (lo del derecho y la compasión y la sinceridad), aunque sin descuidar aquello (el pago de los diezmos que haya que pagar)».

   A cada cosa hay que darle la importancia que tiene, ni más ni menos. En los detalles de las cosas pequeñas también puede haber amor y fidelidad. Aunque haya que dar más importancia a las grandes.

   También el otro punto nos lo podemos aplicar: si cuidamos la apariencia exterior, cuando por dentro estamos llenos de «robo y desenfreno». Si limpiamos la copa por fuera y, por dentro, el corazón lo tenemos impresentable. Somos como los fariseos cuando hacemos las cosas para que nos vean y nos alaben, si damos más importancia al parecer que al ser. Si reducimos nuestra vida de fe a meros ritos externos, sin coherencia en nuestra conducta.

   En el sermón de la montaña nos enseñó Jesús que, cuando ayunamos, oramos y hacemos limosna, no busquemos el aplauso de los hombres, sino el de Dios. Esto le puede pasar a un niño de escuela y a un joven y a unos padres y a un religioso y a un sacerdote. Nos va bien a todos examinarnos de estas denuncias de Jesús (J. Aldazábal).

   -"Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos que coláis el mosquito y os tragáis el camello!, ¡que purificáis por fuera la copa y el plato mientras que por dentro estáis llenos de codicia y de intemperancia! ¡Fariseo ciego, limpia primero por dentro la copa, para que también por fuera quede limpia!" Entre los judíos, la preocupación por la pureza legal les requería abluciones numerosas para cualquier propósito. Un mosquitillo que cayera en la sopa la hacía "impura". En otro momento, Jesús, nos dices también: "No mancha al hombre lo que entra por la boca; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre" (Mt 15,11). Ayúdanos, Señor, a superar nuestras oposiciones y encontrarte a ti, a la Verdad (Noel Quesson).

   S. León Magno comenta: "Dice el Señor: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Esta superioridad de nuestra virtud ha de consistir en que la misericordia triunfe sobre el juicio. Y, en verdad, lo más justo y adecuado es que la criatura, hecha a imagen y semejanza de Dios, imite a su Creador, que ha establecido la reparación y santificación de los creyentes en el perdón de los pecados, prescindiendo de la severidad del castigo y de cualquier suplicio, y haciendo así que de reos nos convirtiéramos en inocentes y que la abolición del pecado en nosotros fuera el origen de las virtudes.

   La virtud cristiana puede superar a la de los escribas y fariseos no por la supresión de la ley, sino por no entenderla en un sentido material. Por esto, el Señor, al enseñar a sus discípulos la manera de ayunar, les dice: Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. ¿Qué paga sino la paga de la alabanza de los hombres? Por el deseo de esta alabanza se exhibe muchas veces una apariencia de virtud y se ambiciona una fama engañosa, sin ningún interés por la rectitud interior; así, lo que no es más que maldad escondida se complace en la falsa apreciación de los hombres.

   El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor. El alma piadosa e íntegra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite. Porque es una gran verdad aquello que dice el Señor: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno, tal será su ganancia; y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como sea que hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y, si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha.

   En cambio, los que ponen su corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra, y su atención en las cosas eternas, no en las perecederas, alcanzarán una riqueza incorruptible y escondida, aquella a la que se refiere el profeta cuando dice: La sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el temor del Señor será su tesoro. Esta sabiduría divina hace que, con la ayuda de Dios, los mismos bienes terrenales se conviertan en celestiales, cuando muchos convierten sus riquezas, ya sea legalmente heredadas o adquiridas de otro modo, en instrumentos de bondad. Los que reparten lo que les sobra para sustento de los pobres se ganan con ello una riqueza imperecedera; lo que dieron en limosnas no es en modo alguno un derroche; éstos pueden en justicia tener su corazón donde está su tesoro, ya que han tenido el acierto de negociar con sus riquezas sin temor a perderlas".

 

            Llucià Pou Sabaté

jueves, 22 de agosto de 2024

Lunes 21 semana, par: Jesús nos enseña a dar testimonio de la verdad, vivir a fondo el Evangelio

Lunes 21 semana, par: Jesús nos enseña a dar testimonio de la verdad, vivir a fondo el Evangelio

A. Lecturas

   1. II Tesalonicenses (1,1-5.11b-12): Pablo, Silvano y Timoteo a los tesalonicenses que forman la Iglesia de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Es deber nuestro dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos; y es justo, pues vuestra fe crece vigorosamente, y vuestro amor, de cada uno por todos y de todos por cada uno, sigue aumentando. Esto hace que nos mostremos orgullosos de vosotros ante las Iglesias de Dios, viendo que vuestra fe permanece constante en medio de todas las persecuciones y luchas que sostenéis. Así se pone a la vista la justa sentencia de Dios, que pretende concederos su reino, por el cual bien que padecéis. Nuestro Dios os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo.

   2. Salmo 95,1-2a.2b-3.4-5: Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

   Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

   Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo.

   3.  Mateo 23,13-22: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el Reino de los Cielos a los hombres! Porque ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que entrarían. ¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: El jurar por el Templo no es nada; pero si uno jura por el oro del Templo, queda obligado. ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más: el oro o el Templo que santifica el oro? Y el jurar por el altar no es nada; pero si uno jura por la ofrenda que está sobre él queda obligado. ¡Ciegos! ¿Qué es más: la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? Por tanto, quien ha jurado por el altar; jura por él y por lo que hay sobre él. Y quien ha jurado por el Templo, jura por él y por Aquel que en él habita. Y quien ha jurado por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que en él está sentado.»

B. Comentario:

1. Hacia el año 51 escribe san Pablo las cartas a los de Tesalónica. Son los primeros textos del Nuevo Testamento, a unos veinte años después de la muerte de Jesús, cuando los Evangelios eran predicados sobre todo oralmente, aún no eran redactados tal como las tenemos actualmente.

–"Nosotros, Pablo, Silvano y Timoteo nos dirigimos a vosotros... Gracia y paz de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo". Pablo no está solo. Vive "en equipo apostólico", como decimos hoy. Da, Señor, a los cristianos y en particular a los sacerdotes este espíritu de cooperación. Pablo y sus compañeros desean a sus fieles la "gracia y la paz"... ¡de parte de Dios Padre y de Jesús! He ahí pues una comunidad que vive a un muy alto nivel de relaciones.

-"A vosotros, Iglesia de Tesalónica que está en Dios y en Jesucristo el Señor". Esta comunidad vive «en Dios»... Contigo, Jesús, nuestra vida. Viven ellos en la capital de la provincia de Macedonia, en la Vía Egnatia que unía el mar Egeo al Adriático, lugar de tránsito donde se mezclaban numerosas razas; floreciente ciudad comercial. Han pasado sólo unos meses desde que recibieron a Pablo por vez primera (Hechos 17,2). Sin duda no son más que un puñado de cristianos: pero Pablo los ve como "la Iglesia que está en Dios y en Jesucristo", la Iglesia inmersa en el Imperio romano pagano.

Te ruego, Señor, por los cristianos de hoy, a menudo, tan minoritarios en un mundo hostil o indiferente, para que tengan en medio del mundo esta misma conciencia del misterio divino que se halla en ellos.

-"Tenemos que dar en todo tiempo gracias a Dios por vosotros, hermanos... Porque vuestra fe progresa y se acrecienta la mutua caridad de todos y cada uno de vosotros". La alegría viene de ahí: la caridad y acción de gracias, tonalidad dominante de las primeras comunidades cristianas. ¡Gentes que «continuamente» dan gracias a Dios!, gentes «eucarísticas» (de eukaristein = dar gracias).

No son perfectos, son gente que continúa avanzando, son una comunidad dinámica, no por sus realizaciones externas, sino por su progreso interior.

-"Por todo ello nos gloriamos de vosotros por la constancia y la fe en medio de todas las persecuciones y tribulaciones que estáis soportando".Y esta es la dimensión de la esperanza, la tercera gran virtud cristiana. Dice también el apóstol que son, en su fe en medio de persecuciones, un orgullo, testimonios de Jesús, dignos de ser alabados…

-"Esto es señal del justo juicio de Dios: en el que seréis declarados dignos del Reino de Dios por cuya causa padecéis. Que Dios os conceda cumplir todo el bien que deseáis hacer y, a la vez, active vuestra fe". El hecho de ser perseguidos: lejos de abatir a estos hombres, por el contrario los anima y excita... los lleva a pensar en ese Reino escatológico que va viniendo. Saben a donde van (Noel Quesson).

2. Una comunidad podrá ser misionera y desarrollar su tarea de evangelización, cuando vivimos unidos a ti, Señor, y damos testimonio de la fe verdadera, no como hicieron los hipócritas (leemos en el Evangelio) sino como vivieron los primeros cristianos cambiando el ambiente de su época, y dejando que la verdad fuera sustituyendo la vida pagana, como pide el salmo: «contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones... porque los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo». Señor, te pido ser signo vivientes de tu Buena Noticia de salvación.

3. Siete veces dijo Jesús: "¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas!"  -"¡Ay de vosotros!...", en arameo, expresa un profundo dolor, una indignación, una amenaza profética. -"Vosotros que cerráis a los hombres el Reino de los cielos. Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar".Es la pena que tienes, Jesús, ante los malos pastores. 

-"Vosotros que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, le hacéis hijo de perdición, dos veces peor que vosotros". El proselitismo puede ser bueno, cuando respeta la libertad, y responde entonces al amor que se tiene por la verdad, por el bien. Quererlo también para los demás. Pero el fanatismo puede llevar a buscar gente para cosas sectarias, y por eso te pido, Señor, ¡haz que seamos testigos de los apóstoles! ¡Guárdanos para no ser hipócritas ni sectarios!

-"¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es nada: mas, si jura por el oro del Santuario, queda obligado!" ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro?Una de las aberraciones que muestras, Señor, es hacer el mal con excusa de hacer el bien. La casuística formal y jurídica puede ahogar la religión cuando no se tiene buen corazón...  es poner toda la importancia de "su religión" en detalles insignificantes. Los formalismos renacen sin cesar, bajo nuevas formas. Las invectivas de Cristo no pasan de moda.

Es importante no dejarse engañar por un ambiente corrupto, perverso. Vemos hoy que el aborto se comete con engaño, sin decir los traumas que se sienten en la madre, sin decir que es la muerte de un inocente. ¿Cómo lograr estar en la verdad, sin dejarse llevar por el ambiente, a veces engañoso? Podemos seguir esa voz interior que nos guía, y también pedir consejo, pues no es cierto que la intuición interior acierte siempre, sin esos guías que podemos buscarnos para aprender a discernir, en caso de necesidad: «Dicen que los hombres se convierten en simples máquinas y pierden la dignidad de la naturaleza humana cuando se guían por la palabra de otro. Y me gustaría saber lo que llegarían a ser siguiendo su propia voluntad. Por cada persona que ha sido perjudicada por seguir la dirección de otro, cientos de personas se han arruinado guiándose por su propia voluntad» (Card. J.H. Newman).

-"Si uno jura "por el altar", eso no es nada... Mas, si jura "por la ofrenda que está sobre el altar", queda obligado". Eran los "casos" sobre los que discutían los rabinos de la época. La esencia de la verdad es lo importante, y no esas estrategias para mentir con excusas más o menos maquilladas… Señor, danos la virtud de la humildad, te lo pedimos con la intercesión de tu madre Santa María, quien es grande porque Dios «ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lucas 1,48).. Sana nuestros formalismos. Ayúdanos a estar atentos a lo que es esencial en lugar de perdernos en bagatelas y en controversias estériles (Noel Quesson).

 

Domingo 21º Tiempo Ordinario (B), Nosotros serviremos al Señor en la Iglesia, esposa de Jesús, porque sabemos que sólo Él tiene palabras de vida eterna.

Domingo 21º Tiempo Ordinario (B), Nosotros serviremos al Señor en la Iglesia, esposa de Jesús, porque sabemos que sólo Él tiene palabras de vida eterna.

A. Lecturas:

   1. Josué 24,1-2a.15-17.18b. En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: - «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.» El pueblo respondió: - «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; Él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; Él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

   2. Salmo 33,2-3.16-17.18-19.20-21.22-23. Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

   Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria.

   Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias; el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos.

   Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor; Él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará.

   La maldad da muerte al malvado, y los que odian al justo serán castigados. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a Él.

   3. Efesios 5,21-32. Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; Él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

   4. Juan 6, 60-69: «Entonces, oyéndole muchos de sus discípulos, dijeron: Dura es esta enseñanza, ¿quién puede escucharla? Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? Pues, ¿si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es el que da la vida, la carne e de nada sirve: las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Sin embargo, hay algunos de vosotros que no creen. En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que le iba a entregar. Y decía: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mi si no le fuera dado por el Padre. Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.

   Entonces Jesús dijo a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que tu eres el Santo de Dios.»

 

B. Comentario:

   1. Josué era un juez de Israel y "dijo a todo el pueblo" que no sirvieran a otros dioses: "Yo y mi casa serviremos al Señor". El pueblo respondió: "¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; Él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; Él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre los pueblos por donde cruzamos. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios". Esto fue en Siquén, donde se renueva la Alianza del Sinaí con Yahvé Dios, pues era un pueblo que se despistaba y se iba tras dioses de otros pueblos, como ahora se inventan también otras religiones.

   2. El Salmo nos dice: "Gustad y ved qué bueno es el Señor". No es sólo escuchar, sino comerle, ver la maravilla de llevar el cielo en el corazón:   "Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca;  / mi alma se gloría en el Señor: / que los humildes lo escuchen y se alegren" (Es que los soberbios sólo piensan en amarse a sí mismos, y no se enteran de estas cosas importantes…). "Los ojos del Señor miran a los justos, / sus oídos escuchan sus gritos…" Y cuando lo pasamos mal: "Cuando uno grita, el Señor lo escucha  / y lo libra de sus angustias; / el Señor está cerca de los atribulados, / salva a los abatidos".

   3. Luego San Pablo cuenta a los Efesios que así como el hombre se casa con una mujer y la cuida, "así Cristo es cabeza de la Iglesia; Él, que es el salvador del cuerpo… Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia,  sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son". O sea que Jesús se ha casado con la Iglesia que es como su mujer, y todos somos su familia, la familia de Jesús. Cedamos todos, los unos ante los otros, con verdadero espíritu de servicio, como Él nos ha enseñado con su vida entre nosotros.

   4. Cuenta San Juan que muchos no entendieron cuando Jesús hablaba de la Misa y de la comunión, y se fueron: "La carne de nada sirve: las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen…" Te pido, Señor, dejarme llevar por tu Espíritu, escogerte a ti, dejar lo malo, seguirte…

   Pero muchos te abandonan: "Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él". Por eso le preguntas a los apóstoles: «¿También vosotros queréis marcharos?»

   Hoy me preguntas a mí: tú, ¿quieres seguirme?, ¿quieres, de verdad, ser cristiano?

   Jesús, ayúdame a responder siempre como Pedro y los demás apóstoles: «¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.» Sin ti nada explica esta sed de verdad y amor y belleza que hay en mi corazón. Tú, Señor, das un sentido pleno a mi vida… Esta es la gran razón  la única razón  de mi obediencia a la Iglesia y a tus preceptos: Tú eres el Hijo de Dios, Dios mismo; tu palabra es la Palabra de Dios. ¿A quién voy a hacer más caso: a mi pobre entendimiento lleno de dudas, o a Ti, que me llenas de esperanza y eres mi Dios? (Pablo Cardona).

     A ti te gusta la entrega plena, Señor, no a medias tintas, y por eso te das del todo, y también me pides aquello que es lo más íntimo y personal: la libertad. Que no haga, Señor, como el que hemos leído ahora: «Al suplicarle al Señor que me haga «apóstol», no se esfuerce en pedirle que me exija la entrega de mi libertad.»

   La libertad es una potencia, que se ha de activar para poder tener sentido. Si no escojo, estoy con un cartucho que no uso, y entonces me quedo como sin poder escoger por guardármela para mí. En cambio, cuando te escojo a ti, el Amor, alcanza su máxima plenitud mi libertad, pues en la esclavitud del amor es cuando me hago libre de verdad.

   «Ya en esta vida servir a Dios es reinar. Cuando Dios libra al hombre del pecado que lo hace esclavo, lo desembaraza de toda servidumbre y lo establece en la verdadera libertad. De otro modo el hombre va siempre de deseo en deseo sin calmarse jamás. Cuanto más tiene más querrá; tratando de buscar satisfacción nunca está contento. En efecto, el que tiene un deseo está poseído por él; se vende a lo que ama; buscando la libertad, siguiendo sus apetitos con ofensa de Dios, se hace esclavo del demonio para siempre» (Santa Catalina de Génova).

    "-Señor; ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios". Nosotros también queremos decirle que estamos muy bien con Él, que sin Él la vida nos trae soledad… que no lo dejaremos solo en la Misa. No vamos a "divertirnos", sino a "convertirnos" de corazón... son necesidades íntimas que notamos en nuestro interior: ser agradecidos, hacer penitencia por lo que hacemos mal... Recuerdo al Venerable Álvaro del Portillo que rezaba una jaculatoria: "Señor, gracias, perdón y ayúdame más". Con el tiempo, he visto que ahí unía los cuatro fines de la Misa: adoración (en la invocación "¡Señor!"), acción de gracias, petición de perdón y de ayuda. Es la gran síntesis de toda oración. La Misa del domingo es un acontecimiento de fraternidad que nos lleva a experimentar nuestra unión con Jesús y también con nuestros hermanos. No podemos salir de la iglesia al acabar la Misa ignorándonos unos a otros, los que hace unos momentos hemos recibido a Jesús en nuestros corazones. Sin esa unión de todos los hermanos, en Jesús, la Misa sería un ritual mágico, estaríamos viviendo una mentira.  El pan y el vino, que son Cuerpo y Sangre de Jesús, tienen que estar amasados no sólo en el hogar sino "con" el amor del hogar. Vivir la Eucaristía es recordar el mandamiento del amor, lavarse unos a otros los pies (servir a los demás, descubrir las necesidades de los que nos rodean).

   Sabiendo que es un acto festivo, una invitación, no se puede asistir a Misa con la actitud propia de ir a un restaurante, donde se llega a la hora que se quiere, y vamos solos o en grupo, y cada uno va a su aire... podemos imaginarnos esta historia. Jordi llega a su casa: "hola cariño -saluda a su mujer-... voy a jugar a tenis, Manuel y yo hemos quedado, lo siento porque no podré quedarme a cenar..."

   -"Pero Jordi -contesta la mujer-: es ya tarde, y quería estar contigo el día de tu cumpleaños... y te tenía preparada la comida que te gusta…"

   -"Lo siento cariño, ya tomaremos algo por ahí..." y mientras sale por la puerta dice unas últimas palabras: -"tómatelo tú".

   Ella cae sentada allí mismo donde estaba, y llora con fuerza mientras no sabe repetir otra cosa que "-¡no me quiere!".

   Pues esta falta de consideración es la que tenemos con Jesús no valorando -despreciando- este amor que ha tenido con nosotros, cuando no vamos a Misa, o no queremos comulgar bien preparados, o no hacemos la acción de gracias... abandonando la celebración antes de que haya acabado…

   Jesús, tú preparaste cuidadosamente la Eucaristía durante toda tu vida y en la última Pascua anticipaste tu entrega total, y nos invitas, junto con los Apóstoles, a participar en tu fiesta de salvación, a esa cena que va más allá del momento que la celebraste, abarca todo el espacio y traspasa el tiempo... este signo que empezaste se renovará día a día a lo largo de la historia, durará hasta que Tú vuelvas.

   No es lo mismo comulgar o no hacerlo, como decía una monitora que trabajaba en Navidad en un campamento de chicos  y pidió al director ir a la Misa del gallo. Le contestó "¿por qué no la miráis por la tele?" y ella contestó: "escuche, cuando le inviten a un buen banquete, yo también le diré que por qué no lo mira por la tele" (el director les dejó ir). Una persona decía que a veces se asustaba al pensar en aquellos que, por las razones que sean, han decidido dejar de comulgar y han empezado así una especie de "huelga de hambre" espiritual que les llevará a no poder resucitar. Anorexia del alma… Después de que se nos ha ofrecido la eternidad en forma de banquete, procuramos dar gracias a Dios, sabiendo que somos un auténtico sagrario. Un niño que tenía que ir al mar a hacer submarinismo, le decía a Jesús en esos momentos: "ahora irás conmigo al mar, como si fueras en un submarino".

   A veces con la ayuda de un misal o un devocionario encontraremos textos apropiados para facilitarnos estos momentos tan preciosos, para pedir por nuestras necesidades y nuestra conversión a Dios, cuando lo tenemos dentro: Gracias,  Jesús,  porque te puedo recibir. ¡Qué ganas tenía de que llegara este momento! Te quiero mucho, enséñame a quererte más. Tengo muchas cosas que pedirte: por mis parientes (cónyuge, padres, hermanos y familiares), por el papa, por los obispos y todos los sacerdotes. Y para mí también, enséñame a trabajar bien, y… (seguimos con lo que tengamos en el corazón).

 

 

Llucià Pou Sabaté

24 de agosto, fiesta de San Bartolomé, apóstol: descubre en Jesús la respuesta a las inquietudes de su corazón, la Verdad que buscaba.

24 de agosto, fiesta de San Bartolomé, apóstol: descubre en Jesús la respuesta a las inquietudes de su corazón, la Verdad que buscaba.

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis 21,9b-14. El ángel me habló así: -«Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.» Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

   2. Salmo 144,10-11.12-13ab.17-18: Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

   Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

   El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

   3. Juan 1,45-51: En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: -«Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: -«¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: -«Ven y verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: -«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: -«¿De qué me conoces?» Jesús le responde: -«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: -«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: -« ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: -«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

 

B. Comentario:

   1. El Apocalipsis nos muestra la Jerusalén futura, escatológica, ciudad-virgen-esposa, que baja del cielo para celebrar sus bodas divinas con el Cordero. Es un anticipo de la victoria definitiva de Cristo, resucitado y glorioso, sobre todas las potencias del mal. Las doce puertas en la muralla, los doce nombres sobre ellas, los doce basamentos de la muralla, los doce nombres de los basamentos, nos están hablando del pueblo de Israel, por una parte, y del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia de Cristo, edificada "sobre el cimiento de los apóstoles". Doce puertas, doce ángeles, doce tribus, doce apóstoles.

   En honor al apóstol Bartolomé, leemos las maravillosas características de esta ciudad divina, donde no habrá templo alguno: "porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su santuario". Se realizará plenamente aquello de que "en Dios vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17,28), sin necesidad de ningún intermediario. Y la luz que es símbolo de la verdad, la justicia y la paz, no provendrá de otra fuente distinta del mismo Dios y del Cordero.

   La memoria de los apóstoles nos habla de nuestra propia vocación. También nosotros fuimos llamados por Cristo, alguien nos lo presentó o nos introdujo en su presencia, o simplemente fuimos llamados: "sígueme". Y a nosotros también, como a cada uno de los apóstoles, nos ha sido confiada una misión en la Iglesia. Según nuestras capacidades, según nuestras responsabilidades. No podemos dejar que nuestra vocación se duerma inactiva en cualquier rincón de nuestra vida. Confesemos a Jesús como lo hizo el apóstol Natanael-Bartolomé, y abracémonos a nuestra responsabilidad de testimoniar y anunciar el mensaje cristiano (Juan Mateos).

   Cuando sea la consumación entonces se llevará a efecto el Matrimonio eterno del Cordero con la Novia, la Ciudad Santa que descenderá del cielo, resplandeciente con la Gloria de Dios. Será algo totalmente nuevo; hacia esa ciudad, de sólidos cimientos, se encamina la Iglesia como peregrina por este mundo.

   La Gaudium et spes 39 dice, al hablar de la Tierra nueva y el Cielo nuevo: "Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

   Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección".

   2. El Salmo canta que quien ha experimentado el amor de Dios no puede sino convertirse en testigo alegre del mismo para toda la humanidad. La Iglesia de Cristo proclama las maravillas de su Señor porque Él la amó y se entregó por ella para purificarla de todos sus pecados. Aun cuando a veces nos sucedan algunos acontecimientos incomprensibles, tal vez incluso dolorosos, el Señor jamás nos abandonará, sino que estará siempre a nuestro lado como poderoso protector, pues Él es nuestro Padre, lleno de amor y de ternura por nosotros: "Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas".

   "Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

   El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente".

   El tema central de este salmo es la providencia amorosa de Dios sobre los que sufren y sobre todas las criaturas y la universalidad del reinado de Dios mediante su bondad, que recoge especialmente la liturgia de hoy y que se realiza especialmente en la persona de Jesús y la Parusía, como hemos leído en el Ap. Comenta S. Juan de la Cruz: "para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque entonces no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que Él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos, según lo da bien a entender David en un salmo (144, 18), diciendo: Cerca está el Señor de los que le llaman en la verdad, que le piden las cosas que son de más altas veras, como son las de la salvación; porque de éstos dice luego (Ps 144,19): La voluntad de los que le temen cumplirá, y sus ruegos oirá, y salvarlos ha. Porque es Dios guarda de los que bien le quieren. Y así, este estar tan cerca que aquí dice David, no es otra cosa que estar a satisfacerlos y concederlos aun lo que no les pasa por pensamiento pedir".

   3. Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. El evangelista san Juan relata su primer encuentro con el Señor con tanta viveza que nos resulta fácil meternos en la escena. Son diálogos de corazones jóvenes, directos, francos... ¡divinos!

   Jesús encuentra a Felipe casualmente y le dice «sígueme». Poco después, Felipe, entusiasmado por el encuentro con Jesucristo, busca a su amigo Natanael para comunicarle que —por fin— han encontrado a quien Moisés y los profetas esperaban: «Jesús el hijo de José, el de Nazaret». La contestación que recibe no es entusiasta, sino escéptica: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». En casi todo el mundo ocurre algo parecido. Es corriente que en cada ciudad, en cada pueblo se piense que de la ciudad, del pueblo vecino no puede salir nada que valga la pena... allí son casi todos ineptos...

   Pero Felipe no se desanima. Y, como son amigos, no da más explicaciones, sino dice: «Ven y lo verás». Va, y su primer encuentro con Jesús es el momento de su vocación. Lo que aparentemente es una casualidad, en los planes de Dios estaba largamente preparado. Para Jesús, Natanael no es un desconocido: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¿De qué higuera? Quizá era un lugar preferido de Natanael a donde solía dirigirse cuando quería descansar, pensar, estar solo... Aunque siempre bajo la amorosa mirada de Dios. Como todos los hombres, en todo momento. Pero para darse cuenta de este amor infinito de Dios a cada uno, para ser consciente de que está a mi puerta y llama necesito una voz externa, un amigo, un "Felipe" que me diga: «Ven y verás». Alguien que me lleve al camino que san Josemaría describe así: Buscar a Cristo; encontrar a Cristo; amar a Cristo (Christoph Bockamp).

   Jesús retrata a la perfección su personalidad atractiva en muy pocas palabras ante todos: Aquí tenéis a un verdadero israelita en quien no hay doblez. Y, a continuación, en respuesta a la natural extrañeza del futuro apóstol, dice Jesús de modo implícito el motivo de su infinita sabiduría. Manifiesta abiertamente que sus capacidades son sobrenaturales: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. A partir de ese momento, y para el resto de su vida, no hubo ya para Bartolomé otro interés que servir a la causa de Jesús. La condición divina, de quien había podido conocerle por dentro y también su quehacer de unos momentos antes, debía ser, en justicia, confesada. Su hombría de bien le impulsa a no callar: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Lo demás, en la vida de san Bartolomé, fue una consecuencia lógica de quien, en efecto, no tiene doblez. Este apóstol procuró ser coherente en lo sucesivo con lo que tuvo ocasión de comprobar, con la asistencia eficaz de Felipe: que Jesús de Nazaret era el Cristo prometido por Dios como Salvador del mundo. Y ese mismo Hijo Dios lo admitía entre los suyos. Dios encarnado contaba con su colaboración y le prometía contemplar y participar en su gloria sobrenatural.

   Ante la figura sencilla, franca y recia de Natanael, consecuente con sus convicciones por mucho que se deba rectificar: humilde, ¿qué conclusiones, que propósitos nos brotan en el silencio sincero de nuestra meditación? Posiblemente debemos aprender también de este apóstol su fe. Una fe en la divinidad de Jesucristo que se desborda en confesión pública y en conducta de vida leal a Quien se le ha manifestado de modo tan gratuito y le ha enriquecido para siempre. La promesa de Jesús: "veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo de el Hombre", es, desde luego, un animante estímulo para siempre, capaz de hacer reemprender el trabajo apostólico en momentos de aridez, o cuando una pesada soledad parece agostar las joviales energías de otro tiempo (Paco Artime).

   Pienso que la meditación de Natanael en la higuera está en relación con la pregunta sobre la felicidad: quería saber qué hacer con su vida, qué era lo que llena de verdad. Quizá pensaba: "si hay algo, Dios mío, mándame un signo. Y Jesús le hace referencia a esas preguntas, "ya te vi…" Entonces, exclama con ilusión y fuera de sí: "Rabbi, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel", y todo porque el Maestro le había dicho que lo había visto debajo de la higuera.

   La desilusión y la desconfianza se han instalado en ese corazón ya un poco seco y pasota del hombre moderno. Él estaba harto de respuestas falsas, quizá hastiado de no encontrar sentido a la vida había hecho una petición al cielo, desesperado, había pedido una señal: "si hay algo serio, si hay un sentido a todo esto, que alguien me diga algo y haga referencia a este momento de la higuera"… Y tú, Jesús, le dices: "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi".

   "Has de ver cosas mayores" (Jn 1,50). Jesús le anuncia que aquella primera experiencia se va a multiplicar. Es como si le dijese: si dejas a Dios de veras entrar en tu corazón, todo lo que anhelabas, esperabas, deseabas, se convertirá en realidad. Y es que Dios es mucho más de lo que el hombre puede imaginarse. Queremos nosotros también proclamar como el apóstol: "Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios".

   Te pido, Señor, tener contigo una relación mucho más personal, cercana e íntima. Que mi oración sea más viva. Que mi fe sea fruto de esta experiencia personal contigo. Te pido ser verdaderos hombres de fe, en quienes no haya doblez. Eso es lo que espera Dios de nosotros, que decimos haber depositado en Él nuestra fe y nuestra confianza. Jesús conoce hasta lo más profundo de nuestro ser. Ante sus ojos nada hay oculto. Pero el que Él nos conozca y nos ame no tendrá para nosotros ningún significado si no aceptamos ese amor que nos tiene, y si no nos dejamos conducir por Él.

   Llucià Pou Sabaté