jueves, 22 de agosto de 2024

Viernes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El corazón de Dios es de amor, y nos pide que vivamos a imagen suya: el principal mandamiento es amar a Dios y a los demás

Viernes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El corazón de Dios es de amor, y nos pide que vivamos a imagen suya: el principal mandamiento es amar a Dios y a los demás

 

A. Lecturas:

     1. Ezequiel (37,1-14): En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.

   Me preguntó: «Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»

   Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.»

   Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: «¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor.»»

   Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

   Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: «Así lo dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»»

   Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

   Y me dijo: «Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: «Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados.» Por eso, profetiza y diles: «Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo 106,2-3.4-5.6-7.8-9: Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente.

   Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida.

   Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a ciudad habitada.

   Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes.

   3. Mateo 22,34-40: "En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: -«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: -«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas»".  

 

B. Comentario:

 

   1. Ezequiel nos muestra hoy la más magistral de las profecías: -"La mano del Señor se posó sobre mí, su espíritu me arrebató y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos completamente secos, que cubrían todo el suelo; la mano del Señor me hizo pasar entre ellos". En Babilonia se echaban al osario los cadáveres de los deportados. Aún no se había inventado el horno crematorio. Los chacales y los buitres se encargaban de despedazar todo lo que era comestible; y el sol acababa de «secar» los huesos restantes. Todo parece terminado.

   Para contemplar este espectáculo, Dios invita a su profeta a «dar una vuelta». Símbolo de la desesperación y de la muerte: «estaban completamente secos...»

   -"El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?» Le contesté: «Señor Dios, Tú lo sabes»". Si algo es posible ante la muerte, ya no está en nuestro poder. Sólo está en tu mano, Señor.

   La muerte es ciertamente la cuestión radical a la que la humanidad no puede responder por sus propios medios...

   El símbolo radical de la finitud del ser creado, de todo lo que no es Dios. Señor, Tú sabes si podemos vivir.

   -"Me dijo entonces: «Profetiza sobre estos huesos... Yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros y viviréis... Sabréis entonces que Yo soy el Señor...». Así dice el Señor Dios: ¡Ven, espíritu de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan! Profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron, se incorporaron sobre sus pies, era un enorme, inmenso ejército".

   Incluso desde el punto de vista literario, se trata de una gran página de la literatura de todos los tiempos.

   Preferentemente hay que aplicarla a la Resurrección de Jesús y a nuestra fe en la resurrección de la carne... incluso si para el propio Ezequiel sólo representaba el renacimiento de su pueblo después del exilio.

   -"Decían: nuestros huesos están secos, nuestra esperanza está destruida, ¡estamos perdidos! Pues bien, les dirás: así habla el Señor: Yo abriré vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo a la tierra de Israel".

   Es pues normal que apliquemos esta promesa a nuestras situaciones humanas desesperadas... a nuestras incapacidades, a nuestros horizontes cerrados, a estos problemas, humanamente sin salida con los que nos enfrentamos...

   Es posible, al límite, que esta profecía no se realice totalmente jamás en este mundo. Pero sí que debemos empezar por dejarnos llevar por su dinamismo, ya desde aquí abajo y desde ahora, para revitalizar, para dar un nuevo arranque pascual a nuestras vidas. Pero es preciso también proyectar esta visión sobre nuestro futuro escatológico, sabiendo que la plenitud de esta promesa sólo se cumplirá en el más allá (Noel Quesson).

   -"Infundiré en vosotros mi espíritu y viviréis... Lo he dicho y lo haré. Palabra del Señor Dios".

   2. Rezamos con el Salmo 106: "Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que él rescató de la mano del enemigo, los que reunión de todos los países: norte y sur, oriente y occidente"… La salvación universal, para los que "erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida". Pero Dios es Padre que nos protege, cuando le pedimos: "pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guió por un camino derecho, para que llegaran a la ciudad habitada". Por eso damos "gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres".

   3. –"Los "fariseos" al enterarse de que Jesús había hecho callar a los "saduceos", se reunieron en grupo y uno de ellos "doctor en la Ley", le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba"... Se refiere al episodio de la resurrección, donde Jesús salió airoso como de otras trampas que le hicieron (el pago de los impuestos por ejemplo).

   -"Maestro, ¿cuál es el Mandamiento mayor de la Ley?" Es una pregunta típicamente farisaica: la fidelidad a la Ley era el gran problema debatido en sus grupos. Tenían múltiples obligaciones, numerosas prácticas a observar y cantidades de interdictos. Pero sabían que era preciso, sin embargo, hacer distinciones, y no ponerlo todo en el mismo plano: hay mandamientos más graves y otros menos graves. Es pues una verdadera cuestión la propuesta por ese doctor en la Ley. ¿Busco, yo también, lo que es esencial en todas mis obligaciones?

   Fue buena idea la de preguntar a Jesús cuál es el mandamiento principal. Porque los judíos contaban hasta 365 leyes negativas y 248 positivas, suficientes para desorientar a las personas de mejor voluntad, a la hora de centrarse en lo esencial. La respuesta de Jesús es clara: el mandamiento principal es amar. Amar a Dios (lo cita del libro del Deuteronomio: Dt 6) y amar al prójimo «como a ti mismo» (estaba ya en el Levítico: Lv 19). Lo que hace Jesús es unir los dos mandamientos y relacionarlos: «estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas».

   Lo principal para un cristiano sigue siendo amar. Tienen sentido cumplir y trabajar y rezar y ofrecer y ser fieles. Pero el amor es lo que da sentido a todo lo demás. Nos interesa, de cuando en cuando, volver a lo esencial. También nosotros tenemos, en el Código de Derecho Canónico, muchas normas, necesarias… y procura también recoger lo que Jesús nos enseña sobre lo principal y la raíz de lo demás; algunos puntos se refieren a que se apliquen las leyes siguiendo la caridad: «guardando la equidad canónica y teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia» (c. 1752). ¿Puedo decir, cuando me examino al final de cada jornada, que mi vida está movida por el amor?, ¿que, entre tantas cosas que hago, lo que me caracteriza más es el amor a Dios y al prójimo, o, al contrario, mi egoísmo y la falta de amor? San Pablo nos recomendó: «con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor, pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley... todos los demás preceptos se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Rm 13,8-9). Y Jesús nos advirtió que, al final de nuestra vida, seremos examinados precisamente de esto: si dimos agua al sediento y visitamos al enfermo... Seremos examinados del amor (S. Juan de la Cruz).

   -"Jesús contestó: Amarás..." Todo se resume en esta palabra. Es tan breve que tenemos el riesgo de pasarla por alto. Debo orar a partir de eso... y mirar mi vida a esa luz. –"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón-alma-mente". Este es el "mayor" y el "primer" Mandamiento: "con todo tu corazón, -con toda tu alma-, con toda tu mente". Los judíos rezan estos versículos con el texto dentro de unas cajitas de cuero, tefilim,  sujetas una de ellas a la frente ("con toda tu mente…") y otra a la parte superior del brazo izquierdo, a la altura del pecho ("con todo tu corazón…")

   -"El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas". Al conectar estos dos mandamientos, Jesús, les das una unidad, una síntesis sencilla a toda la Ley... (Noel Quesson).

   "Ninguno de estos dos amores puede ser perfecto si le falta el otro, porque no se puede amar de verdad a Dios sin amar al prójimo, ni se puede amar al prójimo sin amar a Dios (…) Sólo ésta es la verdadera y única prueba del amor de Dios, si procuramos estar solícitos del cuidado de nuestros hermanos y les ayudamos" (S. Beda). A veces nos preguntamos por métodos y sistemas… queremos "hacerlo bien"… "tú me preguntas por qué razón y con qué método o medida debe ser amado Dios. Yo contesto: la razón para amar a Dios es Dios; el método y medida es amarle sin método ni medida" (San Bernardo).

Llucià Pou Sabaté

Jueves de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El sacrificio y la fe no son nada, si no van unidos a la caridad, que es lo que de verdad constituye el centro de la religión

Jueves de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. El sacrificio y la fe no son nada, si no van unidos a la caridad, que es lo que de verdad constituye el centro de la religión

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (36,23-28): Así dice el Señor: «Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor –oráculo del Señor–, cuando les haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»

   2. Salmo 50,12-13.14-15.18-19:  Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

   Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

   Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

   3. Mateo 22,1-14: "En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?' El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».  

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel recibe la misión de anunciar la santidad de Dios en medio de Babilonia, la capital del paganismo de entonces. Pensando en nuestra sociedad llena de materialismo, los creyentes hemos de proclamar, con nuestra vida y oración: "¡Santificado sea tu nombre!" El profeta proclama el retorno a la casa madre, al lugar de felicidad: -"Os tomaré de entre las naciones, os recogeré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra". La unidad, la reunión, la catolicidad, tienen que ver con el ecumenismo... con el amor.

   -"Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras impurezas. De todos vuestros ídolos os purificaré". Esta visión anticipada del bautismo nos muestra el revestimiento con Cristo, del que el Evangelio nos habla. «Habéis sido lavados, santificados por el nombre de Jesucristo y por el Espíritu de Dios» (1 Corintios 6,11) ¡Purifícanos, Señor! Renueva en nosotros la gracia vivificante de nuestro bautismo… para el perdón de mis pecados... para la destrucción de todo lo que me impide "vivir" de veras, de todo lo que me impide amar.

   -"Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo. Os quitaré vuestro corazón de piedra y os daré un corazón de carne". En conexión también con el Evangelio, se nos habla del cambio. Operación radical. Renovación total. Recreación de un ser nuevo. El primer día de la humanidad, Dios "insufló" su Espíritu en el rostro de Adán. El día de la resurrección Jesús "infundió" su espíritu en los apóstoles. Señor, yo quisiera ser más consciente de esta gran operación que no cesas de querer realizar en mí: cambiar mi corazón de piedra, mi duro corazón, que no sabe amar bastante... en un corazón de carne, un corazón vulnerable y sensible que sepa amar sin medida  (Noel Quesson).

   -"Os infundiré mi espíritu". Es la profecía de tu "Don", Jesús, cuando nos dices: "Voy a enviaros el Espíritu, Promesa de mi Padre" (Lucas 24, 49). El Espíritu de Dios ha sido derramado en nuestro espíritu (Romanos 5). "El Espíritu de Dios "habita" en vosotros" (Romanos 8,9)

   -"Entonces cumpliréis mis leyes, observaréis fielmente mis mandamientos. Vosotros seréis mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios".

   2. Este deseo de conversión nos lleva a rezar con el salmo «Miserere»: «oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias». Así acogeremos por parte de Dios, el perdón: «os recogeré de entre las naciones... os infundiré mi espíritu... os purificaré de todas vuestras inmundicias». Y, de este modo, se renueva la Alianza: «vosotros seréis mi pueblo y yo será vuestro Dios».

   3. La parábola del "Festín de bodas", en el centro mismo de la ciudad de Jerusalén, semanas antes de la muerte de Jesús, tiene la intención clara de mostrar cómo el pueblo de Israel, el primer invitado, pueblo de la promesa y de la Alianza, dice que no, se resiste a reconocer en Jesús al Mesías, no sabe aprovechar la hora de la gracia.

   -"El Reino de los cielos es comparable a un Rey que celebra el banquete de bodas de su Hijo". Dios sueña en una fiesta universal para la humanidad... una verdadera fiesta de "boda"... con banquete, danzas, música, trajes, cantos, alegría, comunión. Dios casa a su Hijo... Conforme al querer del Padre la desposada a quien ama es: la humanidad, la Iglesia. Y el Padre es feliz de ese amor de su Hijo. Jesús enamorado de la humanidad. Esposo místico.

   -"Envió a sus criados a "llamar" a la boda a los invitados... Venid a la boda". Dios invita, Dios llama, Dios propone. Es una de las mejores imágenes del destino del hombre. Hoy, muchas personas no saben ya cual es el objetivo de su vida: ¿a dónde vamos?, ¿por qué hemos nacido?, ¿qué sentido tiene nuestra vida? Jesús, tú nos dices que estamos hechos para la "unión con Dios" por ti. El objetivo del hombre, su desarrollo total, es la "relación con Dios": ¡amar, y ser amado! Dios os ama. Y cada uno está invitado a responder a ese amor. Y todos los amores verdaderos de la tierra son el anuncio, la imagen, la preparación y el signo de ese amor misterioso y, a la vez, portador de una mayor plenitud.

   -"Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron". ¿Cómo explicar que prefiramos el "trabajo" a la "fiesta"; que vayamos a nuestras tareas en lugar de ir a participar del "manjar de Dios"?, ¿que nos encerremos en nuestros límites, en nuestra condición humana tan pesada -y ¡tan absurda, según algunos intelectuales!- en lugar de ir a dar un paseo por el universo de Dios para respirar a fondo aires puros?

   -"El rey se indignó... dio muerte a aquellos homicidas... y prendió fuego a su ciudad..." Mateo escribía esto en los años en que Jerusalén fue incendiada por los romanos de la Legión de Tito, en el 70. Todo lo que "ocurre", todo lo que nos sucede no se debe al "azar". Conviene buscar y detectar en ello prudentemente el proyecto de Dios... las advertencias que, por la gracia, se encuentran allí escondidas. Como veremos más abajo en la lectura de Ezequiel, la ciudad santa es señal de la Iglesia, que a su vez es la Esposa aquí anunciada de Cristo: «La Iglesia que es llamada también «la Jerusalén de arriba» y «madre nuestra», se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado. Cristo la amó y se entregó por ella para santificaría; se unió a ella en alianza indisoluble, la alimenta y la cuida sin cesar» (Catecismo 757).

   -"Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, buenos y malos, invitadlos a la boda... y la sala de bodas se llenó de comensales". Es la Iglesia, comunidad abigarrada, mezcla de toda clase de razas y de condiciones sociales, pueblo de puros y de santos, pueblo de malos y de pecadores, cizaña y buen grano... ¡Dios quiere salvar a todos los hombres. Dios nos invita a todos!

   Pero no basta con entrar en la fiesta: se requiere una actitud coherente con la invitación. Hay que llevar el "traje de boda" para no ser echado a las tinieblas de fuera. El tema del "traje": para entrar en el Reino, hay que "revestirse de Cristo", dirá San Pablo, "revestirse del hombre nuevo". La salvación no es automática: hay que ir correspondiendo al don de Dios (Noel Quesson).

   Que no nos pase como cuando a cinco de las muchachas, invitadas como damas de honor de la novia, les faltó el aceite y no pudieron entrar. La Iglesia es un banquete de bodas. Jesús la compara con la fiesta y la boda y el banquete.

   Jesús, nos haces ver que el cristianismo es, ante todo, vida, amor, fiesta. El signo central que tú pensaste para la Eucaristía, no fue el ayuno, sino el «comer y beber», y no beber agua, la bebida normal entonces y ahora, sino una más festiva, el vino. También podemos recoger tu aviso sobre el vestido que se necesita para esta fiesta. No basta entrar en la Iglesia, o pertenecer a una familia cristiana o a una comunidad religiosa. Se requiere una conversión y una actitud de fe coherente con la invitación: Jesús, pides a los tuyos, no sólo palabras, sino obras, y una «justicia» mayor que la de los fariseos. Cuando tú alabas a los paganos en el evangelio, como al centurión o a la mujer cananea o al samaritano, es porque ves en ellos una fe mayor que la de los judíos: ése es el vestido para la fiesta. Y es que no hay nada más exigente que la gratuidad y la invitación a una fiesta. Todo don es también un compromiso. Los que somos invitados a la fiesta del banquete -a la hora primera o a la undécima, es igual- debemos «revestirnos de Cristo» (Ga 3,27), «despojarnos del hombre viejo, con sus obras, y revestirnos del hombre nuevo» (Col 3,10; J. Aldazábal).

   El tema del traje nupcial recuerda el del vestido y su significado simbólico en el orden de la salvación. El vestido humaniza el cuerpo, ayuda a situarse entre los semejantes, le saca a uno del anonimato. De ahí que sea con toda normalidad signo de la alianza entre Yahvé e Israel: cual un esposo, Dios extiende el paño de su manto sobre su esposa (Ez 16). Pero hemos visto estos días con los profetas que ésta es infiel. En la cruz, Jesús es despojado de sus vestidos como para asemejarse más a la humanidad pecadora frente a la muerte, que da al traste con todas las falsas seguridades y las apariencias. Pero muy pronto revestirá, en la resurrección, la gloria divina que vive en El. "Revestirse-de-Cristo" o "revestirse del hombre nuevo" (Ga 3, 27-28; Ef 4, 24; Col 3, 10-11), representa, pues, participar en ese orden de la salvación que engloba el desprendimiento y la resurrección de Jesús. Esta participación en plenitud está reservada a la escatología, cuando toda la humanidad se revestirá de la incorruptibilidad y estará engalanada para presentarse ante su Esposo eterno (Ap 21, 2). Pero hay que revestirse del atuendo nupcial antes de participar en el banquete eucarístico. O, dicho de otro modo: esa participación es una fuente de exigencias morales que el invitado debe honrar mediante los desprendimientos que se imponen (Maertens-Frisque).

   Explicaba S. Gregorio Magno: "¿qué debemos entender por el vestido de boda sino la caridad? De modo que entra a las bodas, pero no entra con vestido nupcial, quien, entrando en la Iglesia, tiene fe pero no tiene caridad". Es un amor que se manifiesta en las distintas virtudes, y los distintos personajes que aparecen en la parábola pueden ser imagen de los estados de nuestra alma, más o menos cercanos a ese camino nupcial de la fe, pero la misericordia divina va a buscarnos allí donde estemos.

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús es el buen pastor, que nos guía con su vida, nos busca en las circunstancias de cada día, para llevarnos a la gloria

Miércoles de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús es el buen pastor, que nos guía con su vida, nos busca en las circunstancias de cada día, para llevarnos a la gloria

 

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (34,1-11): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: «¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: '¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.»»

   2. Salmo 22,1-3a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

   Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

   Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

   Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

   3. Mateo (20,1-16): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: -«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿0 vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?' Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

 

B. Comentario:

   1. Jesús, tenías en mente lo            que hoy nos cuenta Ezequiel, cuando hablabas de los «malos pastores» y del «buen pastor» (Juan 10). Meditaste este pasaje…

   -¿No deben los pastores apacentar las ovejas? Los reyes de Israel ejercieron el poder en provecho propio en lugar de ejercerlo como un servicio al bien común. Y nos dices, Jesús: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos. No ha de ser así entre vosotros.» (Marcos 10,42-43)

   ¿Soy servidor de los demás? ¿Me aprovecho egoístamente, poniendo mi interés personal por delante del bien común e incluso en detrimento del bien de los demás? ¿De qué modo ejerzo mis propias responsabilidades?, ¿en mi profesión, en mi familia, en las asociaciones o grupos a los que pertenezco?

   -"No habéis fortalecido a la oveja débil, cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida. No habéis tornado a la descarriada ni buscado a la que estaba perdida". Nos muestras, Señor, la prioridad para con los pobres, los débiles, los que sufren (Lucas 15, Juan 10). No amas al rebaño en general, sino a cada una de nosotros.

   -"Mis ovejas se han dispersado por falta de pastor y son ahora presa de las fieras. Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados y nadie se ocupa de él, nadie sale a buscarlo". Las ovejas perdidas están en peligro, a merced de un accidente o de un animal salvaje... y tú Jesús nos invitas a acogerte como pastor bueno: «Tengo otras ovejas que no son de este redil, a las que tengo que conducir... y no habrá más que un solo rebaño» (Juan 10,16). Tú me guías, Jesús, hasta dar tu vida por mí: «Jesús moría no sólo por la nación, sino también para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Juan 11,52). Me quieres feliz en la Iglesia, en mi realización persona, familia, amistades, trabajo… como una red de relaciones interpersonales satisfactorias. Quieres para todos ese ideal de la empresa, de la familia, de la escuela, de la Iglesia... y de todos los grupos humanos.

   -"Porque los pastores no se ocupan de mi rebaño... Pues bien, les reclamaré mi rebaño... Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y cuidaré de ellas". Eres tú, Señor encarnado, que tomarás de nuevo en tu mano a tu pueblo. Cumplirás esta profecía al decir: «Yo soy el buen Pastor.» Dios se ocupa de mí como se ocupa de cada ser humano.

   Dios va a mi encuentro, como al de cada persona. Dios cuida de mí... como cuida de cada hombre.

   2. Se alegra el salmista: «el Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas». En estas cuatro estrofas breves, vemos el camino de la vida, acompañados cada uno de nosotros por Jesús, buen pastor, que nos guía. En esta primera, veo la tranquilidad de los buenos momentos de la vida…

   Luego, los momentos de dificultad, la cruz, que en la segunda estrofa se ve de maravilla, y cuando estoy contigo, Jesús, todo va bien: "Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan".  

   Llenos de esperanza, pasamos a lo que para mí es la Eucaristía, la Iglesia, los sacramentos, y el amor de Jesús que continúa con nosotros: "Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa."

   Por último, no eres un pastor que da buenos consejos y sigue su camino, sino que nos acompañas no sólo en esta vida, sino más allá, hasta darnos la gloria: "Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término".

   3. Hoy nos cuentas, Jesús, la parábola de los obreros de la "Undécima hora", que ha recogido solo Mateo. La "parábola" es un género literario en el que hay que buscar una lección central, y los detalles tienen significado en relación con ésta, y por tanto no hay que coger el rábano por las hojas…

   -"El Reino de Dios es semejante a un propietario que salió al amanecer a contratar jornales para "su viña""... No se trata de un propietario ordinario, pues no se va a contratar jornaleros tantas veces al día, incluso cuando sólo falta una hora para terminar la jornada de trabajo. Esta "viña"... ya anunciada por el Antiguo Testamento es la "viña" de Dios, el pueblo escogido, el lugar de la Alianza (Is 5,1-7). Sí, Tú quieres, Señor, introducirnos en tu hacienda, en tu gozo y en tu alegría.

   -"Les contrata... Al amanecer... A media mañana, sobre las nueve... Luego al mediodía... Luego a las tres... y a las cinco de la tarde" -"la hora Undécima"-. Adivinamos que es un patrón que se preocupa profundamente del drama de los sin trabajo: "¿Cómo estáis aquí el día entero sin trabajar?"

   -"Los últimos llegados cobraron "un denario"... como los primeros"... Es sorprendente, el amor del amo "favorece a los más pobres", para quien los "últimos son los primeros"... es Dios.

   -Y ¡se protesta! "Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno." Dios parece preocupado de que nadie se quede sin trabajo, sea cual sea la hora, pero la enseñanza no es solo la cuestión de los salarios ni la justicia social. La actuación de Dios es paradójica: une la justicia con la generosidad con los últimos, aunque hayan trabajado menos. Los primeros cristianos son asimilados a los que se van incorporando a la Iglesia. Vemos el amor gratuito de Dios con las "naciones paganas", las últimas invitadas a la Alianza, que son tratadas al igual con Israel, que se benefició más pronto de la Viña de Dios. Veinte veces, en el evangelio, Jesús valora así a los pobres, a los excluidos, a los "últimos".

   -"Amigo, quiero darle a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no tengo derecho de disponer de mis bienes?, ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso?" No podemos entrar fácilmente en el amor de un Padre que ama a los hombres prioritariamente, y los ama y quiere introducirlos en su propia felicidad..., que reparte sus beneficios a todos y llama sin parar..., cuya generosidad y bondad no está "limitada" por nuestros méritos, sino que da con largueza, sin calcular..., que aparta a cualquiera que pretendiera tener derechos y privilegios impidiendo a los demás a aprovecharse... Esta parábola nos hace una revelación absolutamente esencial: la salvación que Dios nos da es totalmente gratuita y desproporcionada a nuestros pobres méritos humanos. ¿Qué podríamos esperar si contáramos con sólo nuestras fuerzas? Pero, Señor, nos has dicho que lo esperemos todo de tu "bondad". Gracias (Noel Quesson).

   Los caminos de Dios son sorprendentes. No siguen nuestra lógica. Él sigue llamando a su viña a jóvenes y mayores, a fuertes y a débiles, a hombres y mujeres, a religiosos y laicos. ¿Tendremos envidia de que Dios llame a otros «distintos», o que premie de la misma manera a quienes no tienen tantos méritos como creamos tener nosotros?; ¿nos duele que en la vida de la comunidad eclesial, los laicos tengan ahora más protagonismo que antes, o que haya más igualdad entre hombres y mujeres, o que las generaciones jóvenes vengan con ideas nuevas y con su estilo particular de actuación? Abrahán fue llamado a los setenta y cinco años. Samuel, cuando era un jovencito. Mateo, desde su mesa de recaudador. Pedro tuvo que abandonar su barca. Algunos de nosotros hemos sido llamados desde muy niños, porque las condiciones de una familia cristiana lo hicieron posible. Otros han escuchado la voz de Dios más tarde. El ladrón bueno ha sido considerado como el prototipo de quienes han recibido el premio del cielo, habiendo sido llamados en la hora undécima. Si nos sentimos demasiado «de primera hora», mirando por encima del hombro a quienes se han incorporado al trabajo a horas más tardías, estamos adoptando la actitud de los fariseos, que se creían superiores a los demás. Esto no es, naturalmente, una invitación a llegar tarde y trabajar lo menos posible; sino un aviso de que el premio que esperamos de Dios no es cuestión de derechos y méritos, sino de gratuidad libre y amorosa por su parte. La parábola parece una respuesta a la pregunta de Pedro, uno de los de la primera hora, que todavía no estaba purificado en sus intenciones al seguir al Mesías: «a nosotros ¿qué nos va a tocar?». Alabemos a Dios por su insondable generosidad, a la hora de darnos el jornal por nuestro trabajo (J. Aldazábal).

   La "lógica" divina va mucho más allá de la lógica meramente humana. Mientras que los hombres calculamos («Pensaron que cobrarían más»: Mt 20, 10), Dios —que es Padre entrañable—, simplemente, ama («¿Va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?»: Mt 20, 15). Y la medida del Amor es no tener medida.

   Pero esto no hace inútil la justicia: «Os daré lo que sea justo» (Mt 20, 4). Dios no es arbitrario y nos quiere tratar como hijos inteligentes: por esto es lógico que haga "tratos" con nosotros. De hecho, en otros momentos, las enseñanzas de Jesús dejan claro que a quien ha recibido más también se le exigirá más (recordemos la parábola de los talentos). En fin, Dios es justo, pero la caridad no se desentiende de la justicia; más bien la supera (cf. 1Co 13, 5).

   Un dicho popular afirma que «la justicia por la justicia es la peor de las injusticias». Afortunadamente para nosotros, la justicia de Dios —repitámoslo, desbordada por su Amor— supera nuestros esquemas. Si de mera y estricta justicia se tratara, nosotros todavía estaríamos pendientes de redención. Es más, no tendríamos ninguna esperanza de redención.

   En justicia estricta no merecíamos ninguna redención: simplemente, quedaríamos desposeídos de aquello que se nos había regalado en el momento de la creación y que rechazamos en el momento del pecado original. Examinémonos, por tanto, de cómo andamos de juicios, comparaciones y cálculos cuando tratamos con los demás.

Además, si de santidad hablamos, hemos de partir de la base de que todo es gracia. La muestra más clara es el caso de Dimas, el buen ladrón. Incluso, la posibilidad de merecer ante Dios es también una gracia (algo que se nos concede gratuitamente). Dios es el amo, nuestro «propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña» (Mt 20, 1). La viña (es decir, la vida, el cielo...) es de Él; a nosotros se nos invita, y no de cualquier manera: es un honor poder trabajar ahí y podernos "ganar" el cielo.

 

 

Llucià Pou Sabaté

Martes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. La llamada de Dios da fuerza para ser instrumentos suyos para grandes empresas, y Él es buen pagador para los que tienen esa libertad interior de seguirle

Martes de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. La llamada de Dios da fuerza para ser instrumentos suyos para grandes empresas, y Él es buen pagador para los que tienen esa libertad interior de seguirle

A. Lecturas:

   1. Ezequiel (28,1-10): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, di al príncipe de Tiro: «Así dice el Señor: Se hinchó tu corazón, y dijiste: 'Soy Dios, entronizado en solio de dioses en el corazón del mar', tú que eres hombre y no dios; te creías listo como los dioses. ¡Si eres más sabio que Daniel!; ningún enigma se te resiste. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna; acumulaste oro y plata en tus tesoros. Con agudo talento de mercader ibas acrecentando tu fortuna, y tu fortuna te llenó de presunción. Por eso, así dice el Señor: Por haberte creído sabio como los dioses, por eso traigo contra ti bárbaros pueblos feroces; desenvainarán la espada contra tu belleza y tu sabiduría, profanando tu esplendor. Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar. Tú, que eres hombre y no dios, ¿osarás decir: 'Soy Dios', delante de tus asesinos, en poder de los que te apuñalen? Morirás con muerte de incircunciso, a manos de bárbaros. Yo lo he dicho.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo Dt 32,26-27ab.27cd-28.30.35cd-36ab: Yo pensaba: «Voy a dispersarlos y a borrar su memoria entre los hombres.» Pero no; que temo la jactancia del enemigo y la mala interpretación del adversario.

   Que diría: «Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien lo ha hecho.» Porque son una nación que ha perdido el juicio.

   ¿Cómo es que uno persigue a mil, y dos ponen en fuga a diez mil? ¿No es porque su Roca los ha vendido, porque el Señor los ha entregado?

   El día de su perdición se acerca, y su suerte se apresura. Porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos.

   3. Mateo 19,23-30: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.» Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: -«Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: -«Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.» Entonces le dijo Pedro: -«Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? » Jesús les dijo: -«Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mi deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros»".

 

B. Comentario:

   1. Ezequiel (28,1-10) nos cuenta: -"La palabra del Señor me fue dirigida: «Hijo de hombre, dirás al príncipe de Tiro...»"

   Tiro es una ciudad de la costa mediterránea, que con Sidón y Biblos fue uno de los grandes puertos fenicios de donde éstos partieron para conquistar la cuenca del Mediterráneo. Al dirigirse al «príncipe de Tiro» la Palabra de Dios, se nos abre ya la mentalidad universal del mensaje de salvación.

   En el evangelio, Tiro es también el símbolo de la ciudad pagana. Jesús, nos cuentas tu milagro en favor de una mujer siro-fenicia (Marcos 7,24). Esta «ciudad que no ha oído el anuncio del evangelio», nos dices, es también amada por Dios: "habrá menos rigor para Tiro y para Sidón que para ti, Cafarnaúm" (Lc 10,13-15). Quiero rezarte hoy, Señor, por tantas personas, tantos pueblos que no te conocen, para que entren en este conocimiento de la salvación, para que sean más felices…

   Tiro era una isla, próxima a la costa. Su posición estratégica, «en medio del mar» le confería una situación de fuerza por lo que pensaba que era invencible hasta el día que Alejandro Magno mandó construir un dique que la unió al continente. El profeta se alza contra la pretensión orgullosa de esta ciudad. Nos parece oír, por adelantado, las invectivas de Jesús contra todas las ciudades -todos los poderes, y todos los hombres...- que se pasan de listos ante Dios: «Tú, Cafarnaúm, ¿crees que llegarás hasta el cielo? Serás precipitada a los infiernos.» (Mt 11,23).

   Quiero sentir esas palabras, Señor, como una advertencia, para que sea humilde.

   -"Con tu sabiduría y tu inteligencia has adquirido una fortuna, has amontonado oro y plata en tus tesoros. Por tu habilidad en el comercio has multiplicado tu fortuna y por tu fortuna se ha engreído tu corazón..." Quiero vivir la pobreza, Señor, como nos dices hoy, como nos dices tantas veces: «No amontonéis tesoros en la tierra» (Mateo 7,19). No quiero hacer como aquel inconsciente: «Recogeré mi cosecha en mis graneros» -"¡Insensato!, esta misma noche te reclamarán el alma" (Lucas 12,16-21). Palabras siempre actuales (Noel Quesson). Al rey de Tiro le reprocha Ezequiel: «te hiciste una fortuna, acumulaste oro y plata en sus tesoros»; pero ¿de qué le va a servir?

   Vemos que muchos personajes de la historia se quedan engreídos, llenos de poder, de riqueza o de sabiduría; a uno le parece que no necesita ya de nada, que nada le falta y entonces la tentación de prescindir no sólo de los demás hombres, sino incluso de Dios (J. Pedrós).

     2. Son lecciones que nunca acabamos de aprender, por más que la historia sea maestra de la vida. El salmo nos dice que la última palabra la tiene siempre Dios: «yo doy la muerte y la vida... el día de su perdición se acerca y su suerte se apresura, porque el Señor defenderá a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos». El Señor «enaltece a los humildes», como dijo la Virgen. Y Jesús lo reafirmó en el evangelio: «porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla, será ensalzado» (Lc 14,11; 18,14).

   3. Jesús, nos hablas del uso de riquezas. –"Luego que se marchó el joven, Jesús dijo a sus discípulos: "Os aseguro que con dificultad entrará un rico en el Reino de Dios."" Jesús está apenado. Propuso a un joven que lo siguiera, pero ¡este prefirió su "bolsa"! ¿Cómo podemos sentir tales preferencias? Entre Tú, Señor, y el "dinero"... ¿Cómo es posible preferir el dinero?

   "Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja, que no que entre un rico en el Reino de Dios." Lo del camello se ve que era un proverbio popular para indicar algo imposible. También se llamaba aguja a la puerta pequeña de la ciudad, abierta todo el día, donde pasaban las personas pero no los camellos, para los que había que abrir las puertas grandes. Las riquezas son buenas en sí, a no ser que se hayan acumulado injustamente. Las «posesiones» son para que las poseamos a fin de bien, no para que nos posean y nos quiten la capacidad del cielo: No se puede servir a Dios y a Mammón, al dinero, como nos dijo Jesús en el sermón de la montaña (Mt 6,24). Este aviso nos debe hacer pensar. Vale la pena estar libres de apegamientos, confiando en Dios, que nos ganará en generosidad (J. Aldazábal).

   -"Al oír aquello, los discípulos se quedaron enormemente desorientados y decían: "¿quién puede salvarse?" Jesús se los quedo mirando y les dijo: "Humanamente eso es imposible, pero para Dios todo es posible"". ¿Me salvaré? Es la pregunta de las cosas importantes... Ayúdame, Señor, a meterme en tu corazón y tu salvación.

   -"Intervino entonces Pedro: "Nosotros ya lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿qué nos va a tocar?" Nos gusta la seguridad, sobre todo la felicidad. Jesús, respondes a los apóstoles:

   -"Vosotros, los que me habéis seguido, cuando llegue el mundo nuevo, os sentaréis con el Hijo del hombre... Recibiréis el céntuplo de lo que habéis dejado... Y heredaréis vida eterna..." El porvenir que prometes a los tuyos, a los que te han seguido, venciendo todos los obstáculos... es un porvenir alegre, es una abundancia de vida, una plenitud, es una expansión, un crecimiento divino. Gracias, Señor. Condúceme hacia ese día (Noel Quesson).

   Nos dices también, Señor, que todo aquel que practique la renuncia de todo para seguir a Jesús obtiene la vida eterna. En los pasajes paralelos vemos que Jesús asegura a sus seguidores una bendición de Dios "en este mundo" (cf Mc 10,30) y relaciona el "céntuplo" con la vida eterna.

   Los apóstoles se sentarán sobre los doce tronos que se alzarán a la entrada del Reino y llevarán a cabo, con el Mesías, el juicio que permitirá o prohibirá el acceso a él (cf Is 3,14; Maertens-Frisque).

   Concede, Señor, a todos los apóstoles que no piensen ante todo en las cosas que hay que hacer, ni en las empresas apostólicas que conviene activar... sino en ti, y en seguirte.

Llucià Pou Sabaté

Lunes de la 20º semana: Dios nos llama, su misericordia se vuelca en la historia, y se encarna en Jesús, que nos ofrece continuamente dejarlo todo y seguirle

Lunes de la 20º semana: Dios nos llama, su misericordia se vuelca en la historia, y se encarna en Jesús, que nos ofrece continuamente dejarlo todo y seguirle

A. Lecturas

   1. Ezequiel (24,15-24): Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; no llores ni hagas duelo ni derrames lágrimas; aflígete en silencio como un muerto, sin hacer duelo; líate el turbante y cálzate las sandalias; no te emboces la cara ni comas el pan del duelo.»

   Por la mañana, yo hablaba a la gente; por la tarde, se murió mi mujer; y, a la mañana siguiente, hice lo que se me había mandado.

   Entonces me dijo la gente: «¿Quieres explicarnos qué nos anuncia lo que estás haciendo?»

   Les respondí: «Me vino esta palabra del Señor: «Dile a la casa de Israel: 'Así dice el Señor: Mira, voy a profanar mi santuario, vuestro soberbio baluarte, el encanto de vuestros ojos, el tesoro de vuestras almas. Los hijos e hijas que dejasteis caerán a espada. Entonces haréis lo que yo he hecho: no os embozaréis la cara ni comeréis el pan del duelo; seguiréis con el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no lloraréis ni haréis luto; os consumiréis por vuestra culpa y os lamentaréis unos con otros. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho. Y, cuando suceda, sabréis que yo soy el Señor.»

   2. Salmo Dt 32,18-19.20.21: Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz. Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas.

   Pensando: «Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales.»

   «Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo, ilusorio los irritaré con una nación fatua.»

   3. Mateo 19,16-22: "En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.» «¿Cuáles?» - le dice él. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?» Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme.» Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes".

 

B. Comentario:

   1. La mujer de Ezequiel muere el mismo día de la caída de Jerusalén; lo que es para él, ocasión de vivir, de algún modo, el drama de Dios: -"Mira, voy a quitarte súbitamente tu mujer, el encanto de tus ojos". La experiencia de la separación de un ser amado: Dios sabe lo que esto supone y nos lo revela en esta página.

   -"Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no derramarás ni una lágrima. Suspira en silencio, no hagas ostentación de luto". Ezequiel tendrá que explicar a la gente este comportamiento insólito. El día que caerá Jerusalén, nadie tendrá ni siquiera tiempo de llorar, tal será la prisa por subir a los carros de los deportados que partirán hacia Babilonia. Además, aquel día, todo será ya inútil y demasiado tarde para lamentarse: Se tendría que haberlo hecho mucho antes.

   -"Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer. Al día siguiente obedecí la orden recibida". Señor, danos el valor de asumir todas nuestras pruebas, descubriendo en ellas, si es posible una significación. Cuando circunstancias dolorosas de nuestra vida nos conducen al reconocimiento de nuestras culpas, hay que dar gracias a Dios de esta luz, que nos permitirá reemprender el camino (Noel Quesson).

   2. "Abandonaron a Dios, que les dio la vida", recordamos en el Salmo; y muchas veces esto crea un "silencio de Dios", pues no podemos verlo en esas condiciones interiores: "me les voy a esconder, y voy a ver en qué acaban"… pero aunque seamos "unos hijos infieles", Dios es nuestro Padre y nos cuida por encima de esos desvaríos, de buscar "un dios que no es Dios", y nos reconduce a su amor.

   3. Antes se distinguían dos estados: el de cumplir los mandamientos y un "estado de perfección" o vocación religiosa (siguiendo las palabras de Jesús de la llamada a una pobreza total). Ahora decimos que no hay "estados de perfección" como el que se sube a un coche y "ya es perfecto" (por el hecho de ingresar en una institución religiosa). Hablamos de "la perfección en el propio estado", sea cual sea el modo concreto de vocación cristiana que se ha escogido en la vida, discerniendo lo que intuimos que Dios nos pide: casados muchos, célibes otros… no hay dos categorías sino una única vocación cristiana: la elección divina que podemos sentir cada uno en nuestra existencia humana, es igualmente cierta…

   Joven, quizá de unos 25 a 30 años, porvenir por delante. Todavía no se ha casado, por eso está reflexionando sobre sí mismo, tiene ambiciones, aun de carácter filantrópico y moral, un hombre que sabe que la vida no se juega con poco, sino que hay que gastarla en cosas grandes. Pregunta a Jesús qué hacer para tener la vida eterna.

   Jesús, nos has dicho estos días: "El que no se haga como estos pequeños no entrará en el reino". Ahora vemos este joven que quiere "poseer", "haciendo" cosas: ¿qué tengo que hacer para poseer la vida eterna? Las palabras revelan el mundo interior de cada persona. Hombre muy preocupado del "hacer"… acostumbrado a comprar, sabe que todo tiene un precio, que el hombre rico puede hacer muchas cosas. Es la eficiencia de un hombre práctico. "Para poseer la vida". Aquí también el verbo significa: para que yo la tenga en mano, esté seguro de tenerla. Es un hombre acostumbrado a comprar y a poseer mediante el dinero, por tanto hasta la vida eterna la quiere con seguridad.

   Jesús "lo amó", y le dice: "¿Qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno sólo es el bueno". ¿Qué quiere decir? Se entiende Marcos, en donde el joven pregunta: "Maestro bueno" y Jesús contesta: "Uno sólo es bueno: Dios". Jesús, le vienes a decir: cuidado, el bien no es una cosa, sino una persona. No le respondes "si quieres poseer la vida", sino "si quieres entrar en la vida". La verdad del Reino no se puede poseer, sino dejarse poseer por ella, "entrar" en ella. Dios te ofrece la vida, por tanto, no es que tú puedas poseerla; sino, si quieres participar en ella, observa los mandamientos.

   Este hombre añade: "¿Qué mandamientos?". Jesús, le das la respuesta: "No matar, no robar, no fornicar, no decir falsos testimonios, honrar al padre y a la madre, amar al prójimo como a sí mismo". Las relaciones con el prójimo: ten buenas relaciones con el prójimo, dice Jesús, no lo engañes en nada, da a cada uno lo que le pertenece: las cosas, la esposa, el honor al padre y a la madre, la verdad a todos.

   Jesús, tú le vuelves a invitar: "Si quieres ser perfecto"… es la invitación a "algo más". Así lo decía Juan Pablo II: "Ven, y sígueme". El camino y, a la vez, el contenido de esta perfección consiste en la sequela Christi, en el seguimiento de Jesús, después de haber renunciado a los propios bienes y a sí mismos. Precisamente ésta es la conclusión del coloquio de Jesús con el joven: "luego ven, y sígueme". Es una invitación cuya profundidad maravillosa será entendida plenamente por los discípulos después de la resurrección de Cristo cuando el Espíritu Santo los guiará hasta la verdad completa.

   Seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana: como el pueblo de Israel seguía a Dios, que lo guiaba por el desierto hacia la tierra prometida, así el discípulo debe seguir a Jesús, hacia el cual lo atrae el mismo Padre. No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre. Jesús es la luz del mundo, la luz de la vida; es el pastor; que guía y alimenta a las ovejas, es el camino, la verdad y la vida, es aquel que lleva hacia el Padre, de tal manera que verle a él, el Hijo, es ver al Padre. Imitar al Hijo, "imagen de Dios invisible", significa imitar al Padre. Es seguir el camino del amor, de un amor que se da totalmente a los hermanos por amor de Dios. El modo de actuar de Jesús y sus palabras, sus acciones y sus preceptos constituyen la regla moral de la vida cristiana.

   El joven dice: "Todo esto lo he observado": ha dado limosnas, ha sido generoso con los pobres, se ha preocupado de los enfermos... E insiste: "¿Qué me falta todavía?". Queremos muchas veces algo más: no nos basta con "ir tirando". Tenemos un deseo infinito, de profundidad, de relaciones sin límites, una existencia superficial y vana no nos llena.

   -"Le dijo Jesús: "Si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres; y tendrás un tesoro en los cielos; después, ven y sígueme". Habrá dificultades si uno hace esto: "¡Se ha vuelto loco!", dirán… por eso añades, Jesús: "Tendrás un tesoro en los cielos". Llegarás a ser libre, si pones tu punto de equilibrio fuera de ti, en los cielos, es decir, en Dios: verás cómo llegarás a una relación con Dios.

   Hasta ahora era una relación de comodidad, y así te colocas en una relación de enemistad con la sociedad que te rodea, no te comprenderán; te pones en una situación de dependencia total delante de Dios. El equilibrio, será ser lo que verdaderamente debes ser, tendrás la plenitud de la vida y la autenticidad a la que aspiras secretamente, habrás vencido ese sutil descontento que te corroe, que está presente en todas las cosas que haces bien, en todas las alabanzas que recibes, en todos los honores que te brinda la gente a quien sirves. Entonces serás auténtico. Esta es la propuesta de verdad.

   Pero vemos en el joven la imposibilidad de salir de la propia esclavitud: "Al oír esto, el joven se fue entristecido". Se dio cuenta de que era esclavo, "porque tenía muchas riquezas", o mejor muchas cosas que lo poseían. Está ya triste porque se da cuenta de que no es auténtico, no es verdadero. Quería algo más, pero no se atreve a dejar todo. Debió de pensar: "quiero otra vez hablar con Jesús, no me basta con la primera vez, no me doy por vencido. Lo busca, se informa y decide, porque no puede ya vivir sin ir a buscarlo". Al final, como es honesto, elegirá el camino justo. Es decir, probablemente se acerca a Jesús en un momento en el que estaba un poco solo y le dirá: "Señor, sólo tú me llenas con la verdad. Mis riquezas no  me sirven. Dime qué puedo hacer ahora, me apunto a lo que sea, como el último de la fila"...

   Y Jesús le dirá: "mira, tú entonces no podías menos de comportarte así: no podías obrar de otro modo, porque tu tesoro estaba allá y tú no podías cambiar el lugar de tu tesoro, ahora estás preparado, ven y sígueme" (Carlo M. Martini).

   Hay una conexión entre el bien moral y el pleno cumplimiento del propio destino. No es solamente legítimo el preguntarse acerca del más allá, sobre el sentido de la vida, sino que... ¡es necesario hacerlo! El joven le ha preguntado qué tiene que hacer para alcanzar la vida eterna, y Cristo le responde que tiene que ser bueno. ¿Cómo se mide la bondad? Se ha hablado de moral de "mínimos" y también de "perfección", pero en la vida estamos en camino, siempre en camino… «Jesús muestra que los mandamientos no deben ser entendidos como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor» (Juan Pablo II).

Llucià Pou Sabaté

viernes, 16 de agosto de 2024

Domingo 20, ciclo B: Dios nos ofrece gustar de las delicias celestiales a través de la Eucaristía, el pan vivo, Jesús en su cuerpo que se ofrece para darnos la vida eterna

Domingo 20, ciclo B: Dios nos ofrece gustar de las delicias celestiales a través de la Eucaristía, el pan vivo, Jesús en su cuerpo que se ofrece para darnos la vida eterna

 

A. Lecturas:

   1. Lectura del libro de los Proverbios 9,1-6. La Sabiduría se ha construido su casa plantando siete columnas; ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa;  ha despachado sus criados para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los inexpertos, que vengan aquí, voy a hablar a los faltos de juicio: Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia.»

   2. Salmo 33,2-3.10-11.12-13.14-I5: Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: Que los humildes lo escuchen y se alegren.

   Todos sus santos, temed al Señor, porque nada les falta a los que temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada.

   Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?

   Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.

   3. Efesios 5,15-20. Hermanos: Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos. Sabed comprar la ocasión, porque vienen días malos. Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje; sino dejaos llenar del Espíritu. Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor. Celebrad constantemente la Acción de Gracias a Dios Padre, por todos, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

   4. Juan 6,51-59. En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: -Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: -¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: -Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.

 

B. Comentario:

   1. El libro de los Proverbios habla de un "banquete, mezclado el vino y puesto la mesa;  ha despachado sus criados para que lo anuncien…: Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia", un banquete de fiesta suculento donde no falte nada, que anuncia el que Jesús nos dará…

   2. El Salmo nos anima a probar las cosas de Dios: "Gustad y ved qué bueno es el Señor". No es saber sino probar. Es como si nos dicen: -"¿cómo es el sabor de las cerezas?" No sabemos explicar, sino que decimos: "-toma, come, prueba" porque solo comiendo se sabe explicar. Pues las cosas de Dios hay que probarlas para explicar qué es rezar, cómo se hace… las cosas de amistad se han de probar también, hay que gustarlas, y así se ve que Dios es muy bueno.

   3. La Carta a los Efesios nos anima a portarnos bien: "Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos... no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere… dejaos llenar del Espíritu". La alegría de vivir no la trae la publicidad, aunque compremos muchas cosas, sino la generosidad, el amor, el Espíritu del Señor, la fe, el gozo y alabanza al Dios bueno, la esperanza de sentirse hijos de Dios, hacer la voluntad de Dios, y como nos dice el Evangelio estar con Jesús en su Eucaristía que es su Cuerpo.

   4. Hoy nos dices, Jesús: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre". En la Misa te encontramos, Señor, a ti que nos quieres con locura, que eres Dios y te fundes con nosotros. "¡Te comería a besos!", dice la madre mientras estrecha en sus brazos a su hijo. Esto es lo que has hecho tú con nosotros, que te podamos comer en correspondencia a tu amor total. Así, tomar tu cuerpo y tu sangre, es entrar en comunión de amor contigo.

   A veces tenemos pegas: "La Misa es aburrida", "no me dice nada", "siempre se hace lo mismo", "no siento la necesidad, y para hacer una cosa que no siento mejor no hacerla..." "¿qué pasa en la Misa, que sea tan importante?" Preguntemos al enamorado que lleva la rosa a la chica que ama, si encuentra aburrido este gesto; o a los que se aman si se cansan de verse con las mismas caras.

   En la Misa disfrutamos saboreando una y otra vez antiguas palabras con las que han rezado tantos cristianos que se encuentran con Jesús como a través del túnel del tiempo. No hay rutina si hay amor. Nuestra vida es como una canción, que tiene letra y música. La letra consiste en todo lo que hacemos, nuestras acciones, y la música es la voz del corazón, el amor que ponemos en todo. De manera que la vida es aburrida o entusiasmante, dependiendo del amor que ponemos. ¿Aburrido?: te falta amor. ¿Procuras entusiasmarte haciendo las cosas porque te da la gana (aunque en algún momento no tengas ganas)? Entonces lo quieres de verdad, hay amor.

   La Misa es sumergirse en una corriente de vida y de amor. Si hay aburrimiento puede que no hayamos conseguido aún una conexión con Él: si conectamos siempre "pasa algo", Jesús nos dice de alguna manera: "Ven conmigo", y nos pide más, y estamos más contentos.

   Jesús viene a nosotros, y se realiza lo que hizo con su cruz y resurrección, que tiene un valor infinito. Pero depende de nuestra fe, pues es como un océano de agua, que podemos ir a recoger con un vasito pequeño (distraídos, sin prepararnos, sin comulgar) o bien con una gran tinaja (devotamente, con amor, comulgando bien confesados); es decir que la eficacia depende de las disposiciones que llevemos, y por eso se dice sacramentos de la fe, pues producen la gracia que significan, pero al mismo tiempo se expresa y enriquece nuestra fe. Hemos procurado hacer actos de fe, mientras el sacerdote hacía la fracción del pan y recordábamos las palabras del centurión, y por dentro pensábamos que si una sola palabra de Jesús es capaz de curar cualquier dolencia, ¡cuanto más tenerle, bien dispuestos, dentro de nosotros! Lo deseamos, como la mujer que padecía flujos de sangre quedó curada al tocar el manto de Jesús, pero nosotros tenemos más, podemos comulgar.

   Vemos junto a la Eucaristía, con los ojos del alma, los ángeles adorando la Hostia. Pensemos si lo reconocemos por la fe, nosotros también en la fracción del pan. Buen momento para decirle también nosotros: "¡Señor mío y Dios mío!" y pedirle más fe: "creo firmemente que estás aquí con tu Cuerpo, con tu Sangre, con tu Alma y tu Divinidad. Auméntame la fe, la esperanza y la caridad... te adoro con devoción, Dios escondido".

   Jesús, te nos das como alimento de los que peregrinan: "Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo". Aunque disputaban los judíos entre sí sobre el "comer su carne", y tú les dijiste: "-Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". Así como la comida es necesaria como alimento del cuerpo, el alma necesita la Eucaristía; es necesaria en cualquier circunstancia de cansancio o agobio, hambre y sed de salvación, en salud y enfermedad, en juventud y vejez, fortalece a todos mucho más que la poción de Astérix pues no es mágica sino sobrenatural.

   Jesús, sigues diciéndonos: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día". Te doy gracias, Señor, por esta seguridad, por tu misericordia… Estás presente, Señor, el mismo que nació en Belén y creció en Nazaret y que hizo milagros y murió en el calvario, el mismo que está en el cielo es el que se nos da en la comunión. En tu sermón de Cafarnaum, nos abriste este sentido: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él". Nos dices también: "Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera más sino que vivirá para siempre".

   La comunión es un misterio inmenso, pues no transformamos el cuerpo de Jesús en el nuestro sino que  Jesús nos hace como él (espirituales, hijos de Dios). La fe nos va llevando a tratar a Jesús como una persona viva, y transformarnos hasta poder decir: "no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí". Esta acción de gracias después de comulgar -tiempo de recogimiento en el que agradecemos a Dios que haya venido a nosotros-, puede continuar aún después del saludo final del sacerdote: "Podéis ir en paz": así acaba la Misa. Como decía Teresa de Jesús: "si después de comulgar / no recogen las miradas  / y van de acá para allá / desmemoriándose vanas, / olvidan Al que está en ellas; / no digan que Él no les habla. / Desvívanse recibiéndolo; / Dios no suele, cuando viaja, / si les dan buen hospedaje, / pagar tan mal la posada".

   Decía el santo cura de Ars: "Cuando se comulga, se siente algo extraordinario… un gozo… una suavidad… un bienestar que corre por todo el cuerpo… y lo conmueve. No podemos menos de decir  con san Juan: ¡es el Señor!... ¡Oh Dios mío! ¡Qué alegría para un cristiano, cuando al levantarse de la sagrada mesa se lleva consigo todo el cielo en el corazón!" Somos enviados a llevar la paz, llevando a Jesús con nosotros: vemos a Jesús en los demás, y pensamos que dar un vaso de agua fresca a quien lo necesite es también ayudar a Jesús que está en aquel hermano. Ir en paz es una misión que cumplir, es comprender y perdonar (condición que pone Dios para podernos perdonar).

   Jesús, sigues diciéndonos: "El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí". Te pido, Señor, que me concedas siempre este pan, del que dijiste: "Este es el pan que ha bajado del cielo".

   Juan Casiano exhortaba a sus monjes diciéndoles: «'Acercaos a Dios, y Dios se acercará a vosotros', porque 'nadie puede ir a Jesús si el Padre que lo ha enviado no lo atrae' (...). En el Evangelio escuchamos al Señor que nos invita para que vayamos hacia Él: 'Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré reposar'». Es la invitación que nos hacía también Orígenes: «éste es el verdadero alimento, la carne de Cristo, el cual, siendo la Palabra, se ha hecho carne para nosotros».

 

 

            Llucià Pou Sabaté