sábado, 10 de agosto de 2024

Domingo de la semana 19 de tiempo ordinario; ciclo B: el alimento que Jesús nos da es el pan vivo que es Él mismo, y nos hace felices.

Domingo de la semana 19 de tiempo ordinario; ciclo B: el alimento que Jesús nos da es el pan vivo que es Él mismo, y nos hace felices.

 

A. Lecturas:

   1. I Reyes 19,4-8. En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: - «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: - «¡Levántate, come!» Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: - «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.» Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

   2. Salmo 33,2-3.4-5.6-7.8-9: Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

   Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

   Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

   El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno, es el Señor, dichoso el que se acoge a él.

   3. Efesios 4,30-5,2. Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

   4.   Juan 6, 44-52: «En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: Yo soy el pan bajado del cielo, y decían: -¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo? 

   Jesús tomó la palabra y les dijo: -No critiquéis.  Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Todo el que ha escuchado al que viene del Padre, y ha aprendido viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino aquél que procede de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo que el que cree tiene vida eterna. 

   Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del Cielo para que si alguien come de él no muera. Yo soy el pan vivo que he bajado del Cielo. Si alguno come de este pan vivirá eterna- mente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.  

   Discutían, pues, los judíos entre ellos diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

 

B. Comentario:

   1. En el libro de los Reyes vemos a Elías que se escapó de la reina que le perseguía por el desierto "y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: - «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: - «¡Levántate, come!» Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: -«¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.» Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios", que es todo un símbolo: fue donde se reveló Dios a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Yahvé; el monte de las confidencias entre Moisés y Yahvé; donde se había sellado la Alianza, por eso Moisés y Elías estarán con Jesús en el monte de la transfiguración.

   Jezabel, una reina casada con el poder, le hace la vida imposible al profeta, que tiene que huir... Pero recibe alimento para ir mucho más allá que sus fuerzas le permitirían, y superar los desánimos que acongojan a tantos que dicen en algún momento "quiero morirme"… Pero el Señor nos manda el pan de ángeles, para que las dificultades se transformen en oportunidades, para que la debilidad se transforme en confianza en Dios, para que el desánimo se transforme en la fuerza de Dios siendo nosotros instrumentos suyos y poder decir con gallardía, como el poeta: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Cuesta seguir la misión, como en "el Señor de los anillos", pero el profeta tiene la fuerza de la vocación, como los Reyes Magos que siguen la estrella, como dice una canción, que podemos aplicar al diálogo con Jesús, con la Virgen: "Siguiendo una estrella he llegado hasta aquí, aunque es largo el camino lo seguiré hasta el fin. Cuando sientas miedo y no puedas seguir, su luz es tu destino y hoy brilla para ti... cógela y aprieta fuerte. Lucha, cueste lo que cueste, contra el viento, contra el fuego llegarás al mismo cielo... Mi estrella será tu luz..., coge mi mano, yo estoy contigo, esto es un sueño, sueña conmigo... tu estrella será tu luz y conseguirlo no es tan difícil si la voz te sale del corazón. Juntas nuestras manos, la estrella brillará, música es la fuerza que nos empujará... juntos… corazones en una sola voz, tantas ilusiones en un corazón..." Y la estrella se esconde, o nos cansamos en el desierto y tenemos hambre…, nos falta la fe y un problema nos parece insoportable.

   2. El Salmo nos hace ver que Dios viene en nuestra ayuda como un Padre: "Gustad y ved qué bueno es el Señor… me respondió, me libró de todas mis ansias… Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege".

   En el desierto de nuestra soledad, de la desolación más grande, podemos escuchar la voz de Dios, y un ángel en forma de alguien que nos ayuda nos despierta y anima a caminar. Pero sobre todo aquí se nos habla de una comida que nos da fuerza, la comunión, el mismo Jesús es el ángel y el pan que nos da energías cuando tenemos miedo, hambre, desesperación, altibajos, conciencia de culpabilidad, y nos ayuda a caminar ilusionados y decididos…

   3. San Pablo a los Efesios  anima a vivir en el amor de Jesús: "Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor". Todo pecado entristece al Espíritu Santo, y como dirá en otros sitios: "No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien". Nadie es perfecto, pero se trata de arreglar las faltas de amor con actos de amor, debemos ser comprensivos y estar dispuestos al perdón. Si Dios nos ha perdonado a todos en Jesucristo, también nosotros debemos perdonarnos los unos a los otros. Así tenemos a Jesús en el corazón.

   Estar sin Jesús es un infierno insoportable, y estar con Jesús es un dulce paraíso. Hemos de ser como la luz que refleja la luz del sol. La comunión es fuente de verdadera alegría y libertad, una amistad que es fuente de amor perfecto. Le pedimos  a la Santísima Virgen que nos enseñe a recibir a Jesús como ella lo hizo.

   4. Gracias, Jesús, por darnos tu Cuerpo como comida de Vida eterna: "el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida". Te quedas como alimento, es un misterio de amor. Un obispo santo, que daba catequesis a unos peques, preguntó por qué comulgar a Jesús. Entonces, un gitano de entre los más traviesos, contestó: "Zeñó, porque pa quererlo hay que rosarlo". Claro, para tener toda la fuerza de Dios, su amor, hay que tratarle… los que lo tocan quedan curados… "quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día", nos dices: "si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros". Así como la comida es necesaria como alimento del cuerpo, el alma necesita la Eucaristía. Gracias, Jesús, porque haces realidad lo que nos anunciaste: "yo estaré con vosotros cada día hasta el fin de los siglos" (Mt 28, 20), y estás con tu presencia viva, con la Eucaristía.

   Y también recuerdo que nos dices: "venid a mí todos los que estéis cansados o agobiados, y yo os aliviaré". Quiero ir a ti cada día, pues necesito tu alimento como dices hoy: "Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera". Estás presente, Jesús, en tu cuerpo, sangre, alma y divinidad; eres en la Eucaristía el mismo que nació en Belén y creció en Nazaret y que hizo milagros: eres el mismo que se nos da en la comunión.

   "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". La comunión es un misterio inmenso, pues no transformamos el cuerpo de Jesús en el nuestro sino que  Jesús nos hace como Él (espirituales, hijos de Dios). La fe nos va llevando a tratar a Jesús como una persona viva, y transformarnos hasta poder decir: "no soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en mí".

   Hay muchos jóvenes y mayores que no van a Misa, cierto, y otros usan esta excusa para tampoco ir, pero no se trata de hacer lo que todos, sino de actuar en conciencia. Podemos recordar la vieja historia de un chico que tenía una novia en el pueblo, y se fue a hacer la mili. Desde ahí escribía a la novia cada día. El cartero llevaba puntualmente las cartas a casa de la novia, pero él, influido por malas compañías, no iba nunca al pueblo a verla, sino que utilizaba los permisos para irse de juergas. Cuando acabó la mili y volvió al pueblo, fue a casa de la novia y se encontró con la sorpresa de que la novia se había casado... ¡con el cartero! Ojos que no ven, corazón que no siente, y al no ver nunca a su novio y ver sólo al cartero, acabó por enamorarse de él. Si dejamos de tratar a una persona, poco a poco podemos quererla menos, y si esto nos pasa con Dios nuestro corazón puede llenarse con las cosas en las que ponemos el corazón. Decía una chica, leyendo el "Cántico espiritual" de San Juan de la Cruz, que "hasta entonces no se me había ocurrido plantearme mi relación con Dios como la de dos amantes... la palabra amor no me sonaba como amor real... esto me abrió una puerta, y pido al Señor cuando comulgo que me haga descubrirle/vivir como mi Amado, y sentirme yo su amada". La misa es un acontecimiento de amor, en el que Jesús, "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". ¿Estamos tratando a Dios como se merece?

   Podemos decirle nosotros con san Pedro que no queremos dejarle: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".

 

Llucià Pou Sabaté

9 de agosto, santa Edith Stein, judía y cristiana siguiendo a Jesús, especialmente en la cruz

9 de agosto, santa Edith Stein, judía y cristiana siguiendo a Jesús, especialmente en la cruz

   1. Oseas 2, (16b.17b.21-22): Yo la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón.
Desde allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.

   Yo estableceré para ellos, en aquel día una alianza con los animales del campo, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra; extirparé del país el arco, la espada y la guerra, y haré que descansen seguros.

   Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.

   2. Salmo 44, 11-12.14-17: Señor, tú nos hiciste retroceder ante el enemigo y nuestros adversarios nos saquearon.

   Nos entregaste como ovejas al matadero y nos dispersaste entre las naciones. Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos, a la risa y al escarnio de los que nos rodean; hiciste proverbial nuestra desgracia y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo. 

   Mi oprobio está siempre ante mí y mi rostro se cubre de vergüenza, por los gritos de desprecio y los insultos, por el enemigo sediento de venganza. 

   3. Mateo (25, 1-13): El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.

   Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.

   Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'. Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

B. Comentario:

   Edith Stein, de nombre religioso Teresa Benedicta de la Cruz (Breslavia, 12 de octubre de 1891-Auschwitz, 9 de agosto de 1942), fue una filósofa, mística, religiosa carmelita descalza, mártir y santa alemana de origen judío. Feminista y estudiosa de la mujer. Pasó por una etapa de ateísmo, fue la primera doctora en filosofía en Alemania. Trabajó con Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. Después de una evolución intelectual y espiritual se convirtió al catolicismo en 1921. Enseñó y dio conferencias en Alemania, desarrolló una teología de la mujer y un análisis de la filosofía de santo Tomás de Aquino y de la fenomenología.

   Entró en la Orden de las Carmelitas descalzas, con disgusto de su madre, judía practicante (luego la aceptó). Detenida por la Gestapo, fue deportada el 2 de agosto de 1942 e internada en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en el territorio polaco ocupado, donde sería asesinada siete días después.

   Fue beatificada en 1987 y canonizada en 1998 por el papa Juan Pablo II, que también la nombró copatrona de Europa el 1999, junto con Brígida de Suecia y Catalina de Siena, junto a los tres que ya eran copatronos Benito de Nursia, Cirilo y Metodio.

   Estaba persuadida de que «estamos en la tierra para estar al servicio de la humanidad (...) Para hacerlo de la mejor manera posible debemos hacer aquello por lo que nos inclinamos».

   Su tesis doctoral fue sobre el problema de la empatía, que definía como «una experiencia sui generis, la experiencia de estados de conciencia de otros, en general (...) la experiencia que un yo en general tiene de otro yo semejante a este». Se convirtió enseguida en la asistente de Husserl, estudia su pensamiento como también el de Heidegger, pero no comparte la visión que tienen. Empatía para ella es como el don de la intuición y del rigor que permite captar lo que el otro vive en sí mismo:puede permitir a la persona humana, considerada como un universo en sí misma, enriquecerse y aprender a conocerse mediante el contacto con los demás. Dice: "por la empatía puedo vivir los valores y descubrir los estratos correspondientes a mi persona, que no han tenido todavía la ocasión de ser desvelados por lo que he experimentado de forma original. Quien no haya visto el peligro encerrarse en sí mismo, puede mediante la situación del otro por la empatía, darse cuenta de que él mismo es cobarde o valiente. Sin embargo, esto que contradice mi propia estructura de las experiencias, no lo puedo «llenar», pero puedo representármelo de forma vacía, abstracta". Es la apertura a los demás, que permite de esta forma conocer mejor la realidad, que no está solamente en el "yo", sino abriendo así la puerta a un mayor conocimiento de las cosas, porque si no «nos encerramos en la prisión de nuestras particularidades».

   Su camino a la fe cristiana tuvo elementos intelectuales y vitales como la lectura de las Confesiones de san Agustín, como anécdotas: en la catedral de Fráncfort, una mujer que venía del mercado para hacer una corta oración, como una visita. Stein lo explicaba así: «Para mí fue algo bastante nuevo. En las sinagogas y templos que yo conocía, íbamos allí para la celebración de un oficio. Aquí, en medio de los asuntos diarios, alguien entró en una iglesia como para un intercambio confidencial. Esto no lo podré olvidar jamás». Pauline Reinach, que enviudó por la muerte de su marido en guerra, fue monja benedictina, y encontró consuelo y ánimo en Jesús. y «la causa decisiva de su conversión al cristianismo fue la manera en que su amiga aceptó por la fuerza del misterio de la cruz el sacrificio que se le impuso debido a la muerte de su marido». Leyó luego la autobiografía de santa Teresa de Jesús, como una revelación para ella, y quiso ser carmelita con el nombre de Teresa. Le interesaron también las obras del cardenal Newman: «ponerse en contacto cercano, como el que da la traducción, con un espíritu como el de Newman es maravilloso para mí. Toda su vida ha sido una constante búsqueda de la verdad en la religión». Tradujo también obras de Santo Tomás de Aquino al alemán, que la ayudó a ver que cuando "una persona se siente atraída hacia Dios, más se tiene que salir de sí misma para ir al mundo llevando el amor divino». Y Georges Bernanos se inspiró en unos diálogos suyos para escribir más tarde Diálogos de carmelitas.

   Durante la ceremonia de ingreso a carmelita, Stein afirmó: «cuando llegó mi turno para renovar mis votos, sentí que mi madre estaba cerca de mí, he experimentado claramente que estaba cerca de mí». Edith Stein se enteró unos días más tarde que su madre había muerto en aquel mismo momento, lo que para ella fue un profundo consuelo. Su hermana Rosa —también convertida al catolicismo— llegó al mismo Carmelo de Echt y profesó como terciaria carmelita. Pudo acompañar a Stein casi hasta la muerte.

    Estudió la mística de san Juan de la Cruz, y el Pseudo Dionisio Areopagita, una de las fuentes del pensamiento del santo carmelita, y plasmó eso en su libro Scientia Crucis (La ciencia de la cruz). Hizo una síntesis del pensamiento del Carmelo español con su propio estudio sobre la persona humana, la libertad y la interioridad; síntesis de su trayectoria intelectual y espiritual. Desarrolló una teología de la cruz: «... la verdad enterrada en el alma como un grano de trigo que empuja a sus raíces y crece. Marca el alma con una impronta especial que determina su conducta, hasta tal punto que tanto que el alma irradia a su alrededor y da a conocer mediante su comportamiento». Lo cuenta en su libro La ciencia de la cruz siguiendo la doctrina de san Juan de la Cruz en La noche oscura del alma: para entrar en «la riqueza de la sabiduría de Dios, es necesario entrar por la puerta: esta puerta es la cruz y es estrecha». Esta puerta hace que el alma entre, «si fue purificada previamente por un fuego de sufrimientos internos y externos y de acuerdo con los planes de la sabiduría divina. Nadie puede en esta vida entrar en este conocimiento, siempre limitado, de estos misterios, sin haber sufrido mucho».

   No había una teología propia para la mujer, y seguramente Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris Dignitatem pudo recibir la influencia por el análisis de Edith Stein, reflejado en su obra La femme, donde dice sobre la mujer: «el objetivo que consiste en el desarrollo de habilidades profesionales, objetivo al que es bueno aspirar con el interés de un saludable desarrollo de la personalidad individual, que también se corresponden con las demandas sociales que requieren la integración de las fuerzas femeninas en la vida del pueblo y del Estado». Promovía que «una auténtica profesión femenina es una profesión que permite que el alma femenina florezca plenamente».

   Su origen judío le llevó a subrayar que Cristo fue un judío practicante, como sus discípulos de los primeros tiempos. Se sentía judía, y decía: «Cristo rezaba a la manera de un judío piadoso, fiel a la Ley». Y hay un rico pasado y presente de la liturgia judía, riqueza que prefigura la riqueza de la liturgia católica. Para Edith Stein, el bautismo cristiano no era una forma de romper con su legado judío, y dijo: "yo había renunciado a la práctica de la religión judía desde la edad de catorce años. Mi regreso a Dios me permitió sentirme judía de nuevo". Murió en los campos de exterminio como hija de Israel y bendecida por la Cruz.

   Su corazón miraba a la eternidad: "No deseo otra cosa sino que se cumpla en mí la voluntad de Dios. De El depende que me quede aquí el tiempo que quiera, y lo que acaecerá después... No tengo por qué preocuparme, sino orar mucho para permanecer fiel en cualquier situación". Su sentido de misión le hacía ver que todo tenía un sentido escondido, para bien de todos: "Estoy segura de que el Señor ha aceptado mi vida por todos.,. Ester había sido escogida de entre su pueblo precisamente para interceder ante el rey por ese mismo pueblo suyo. Yo soy una pequeña Ester pobre e impotente, pero el Rey que me ha escogido es infinitamente grande y misericordioso. Y éste es un gran consuelo".

 

viernes, 9 de agosto de 2024

Jueves de la semana 18 de tiempo ordinario: como a san Pedro, que reconoce a Jesús guiado por el Espíritu Santo, dentro de nosotros podemos seguir la guía del amor de Dios

Jueves de la semana 18 de tiempo ordinario: como a san Pedro, que reconoce a Jesús guiado por el Espíritu Santo, dentro de nosotros podemos seguir la guía del amor de Dios

A. Lecturas:

   1 Jeremías (31,31-34): Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: «Reconoce al Señor.» Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

   2. Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

   Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

   Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

   3. Mateo 16, 13-23: «Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro dijo. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedara atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos. Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo. Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho departe de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día. Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle diciendo: Lejos de ti, Señor; de ningún modo te ocurrirá eso. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro.- ¡Apártate de mi, Satanás! Eres escándalo para mí, pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres.»

B. Comentario:

   1. Jeremías (31,31-34) nos habla de unos días de una nueva alianza. En la historia avanzamos hacia ese «cumplimiento», la obra de Dios va adelante. Solo al final se verá todo bien, mientras hay que esperar. La creación se está haciendo entre todos, también con sus puntos oscuros: el sufrimiento, la muerte, el pecado: -"Vienen días en que yo pactaré una nueva alianza". Jesús, tú hiciste realidad esta profecía, cuando dijiste: «He ahí la sangre de la Alianza, nueva y eterna.» Esta profecía de Jeremías constituye una de las cimas del Antiguo Testamento.

   -"No será como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarlos de Egipto: mi alianza que ellos rompieron... Pero esta es la alianza que yo pactaré, después de aquellos días". Será un pacto más sólido, inquebrantable. Una Alianza que no podrá romperse.

   -"Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón". Lo más íntimo de nosotros llevará este compromiso, se anuncia es una comunión perfecta y como espontánea con Dios.

   -"No tendrán necesidad de adoctrinarse el uno al otro, diciendo cada uno a su hermano: «Conoced al Señor.»" No será ya necesario un código de moral exterior. Dios confía totalmente en el hombre porque su Ley es interiorizada. Entre dos auténticos enamorados no se precisa código alguno, porque cada uno se da espontáneamente a la felicidad del otro. «Ama y haz lo que quieras», dirá san Agustín. Dios sueña en esta perfección del amor. Y si nos escandalizamos de esas fórmulas es que no hemos entendido lo que es el amor. Lejos de provocar un laxismo estas invitaciones a la espontaneidad son una exigencia tanto o más fuerte que los códigos morales. En efecto, al final uno acaba liberándose de una regla precisa -y se cree exento de ella-... pero nunca se acaba de amar, de querer agradar a aquel a quien se ama.

   -"Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo". La fórmula de la Alianza es que somos de Dios, y Él nos cuida como un padre a sus hijos. Jesús, has establecido una unión tan íntima, que nos dices: «permaneced en Mí como Yo permanezco en vosotros» (Juan 15,4). La Alianza no es ante todo un «contrato», es la «comunión» de dos seres. Y es Dios el que toma la iniciativa. ¿Cómo es mi vida de comunión, en alianza de amor con Dios?

   -"Pues todos me conocerán, del más pequeño al más grande". El «conocimiento» del otro es un elemento importante de todo amor. A partir de este elemento, puedo revisar si sé amar de veras: ¿procuro conocer mejor, trato de darme a conocer? Esto es verdad de todos nuestros amores. Es verdad también de nuestro amor por Dios. ¿Qué hago para conocerle mejor?

   -"Perdonaré sus faltas y no me acordaré más de sus pecados". El «perdón» es una dimensión central del amor (Noel Quesson).

   2. En el salmo pedimos al Señor un corazón renovado, humilde y alegre a la vez, un corazón vuelto a Dios: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme... devuélveme la alegría de tu salvación...».

   3. El gran misterio de la Fe de Pedro ante Jesús queda recogido en estos pasajes. Pedro reconoce a Cristo como el "Mesías, Hijo de Dios". Jesús subraya que es un pensamiento que viene de Dios. Jesús, nos preguntas quién eres para mí, para cada uno, y "Te importa mi respuesta personal: ¿quién eres Tú para mí? ¿Me doy cuenta de que eres «el Cristo, el Hijo de Dios vivo?»

   "¿Te pido ayuda, sabiendo que la fe no me la ha revelado «ni la carne ni la sangre,» no es producto de la razón ni del sentimiento, sino que proviene de Dios?

   "Para vivir cristianamente necesito tener fe.

   "Por eso es bueno que te la pida cada día: Jesús, aumenta mi fe; que te vea siempre como quien eres: el Hijo de Dios.

   "No eres Elías, ni Juan el Bautista, ni «alguno de los profetas.»

   "No eres un gran filósofo, que dejó unas enseñanzas maravillosas de amor a los demás" (Pablo Cardona). Eres el Mesías, como ha dicho el Apóstol: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo"

   Gracias, Pedro, por tu declaración, me gusta oír de Jesús: -"Dichoso tú, Simón; porque eso ni la carne ni la sangre te lo han revelado..." Hermosa fórmula gráfica y fuerte para evocar la debilidad natural del hombre dejado a sus solas fuerzas. Sí, la Fe viene de fuera. El hombre entero de carne y hueso es incapaz de acceder a lo que es dominio misterioso de Dios.

   -"Mi Padre es quien te lo ha revelado..." Pedro recibió una "revelación" divina. "Mi Padre"... Dejemos resonar unos momentos esta palabra en la boca de Jesús. Esos dos términos, tan simples nos dejan entrever el abismo infinito de su persona.

   -"Ahora te digo Yo: "Tu eres Piedra y sobre esta roca..." "Kefa" es un término arameo que significa "Roca". Fue traducido en griego por "Petros", luego en latín por "Petrus" y en castellano por "Pedro". Ese nombre de "Roca" como nombre propio no lo usaba nadie en aquella época, ni en el mundo judío, ni en el mundo greco-romano. ¡Fue una idea de Jesús! Para un semita el "nombre" tiene una extraordinaria importancia, es como un talismán, un símbolo, una definición de la persona. Si vemos una "gran roca" que aflora a ras del suelo... podemos pensar: sería un buen fundamento para edificar sobre ella... ¡Jesús dijo que tenía intención de "edificar"!

   -"Edificaré mi Iglesia". Jesús, quieres "edificar" una "comunidad"... "tu" comunidad, hombres y mujeres que tienen algo "en común" y que "se reúnen" para festejar -lo que tienen en común- y para vivirlo. El último Concilio definió la Iglesia como "el Pueblo de Dios". Pedro recibe un papel de responsabilidad en ese Pueblo.

   -"A partir de este momento empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tendría que padecer mucho, ser ejecutado, y resucitar... Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo... Pero Jesús se volvió y dijo a Pedro: "Apártate Satanás, tú eres un obstáculo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres"". Pedro no quiere reconocer el título de  "Siervo a Jesús sufriente".     

   Tenemos que aceptar "toda" la revelación, todas las ideas y pensamientos de Dios y no solamente las ideas que nos gustan. La cruz, el anonadamiento provisorio, el fracaso aparente, el papel del humilde Servidor de Dios y de los hombres, antes de entrar en su gloria (Noel Quesson).

   Quisiera aumentar mi fe, Señor; me consuela ver que también los apóstoles flaquean: "la Fe, poca. El mismo Jesucristo lo dice. Han visto resucitar muertos, curar toda clase de enfermedades, multiplicar el pan y los peces, calmar tempestades, echar demonios. San Pedro, escogido como cabeza, es el único que sabe responder prontamente.- «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Pero es una fe que él interpreta a su manera, por eso se permite encararse con Jesucristo para que no se entregue en redención por los hombres» (Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa 2).

Llucià Pou Sabaté

jueves, 8 de agosto de 2024

Miércoles de la 18ª semana de Tiempo Ordinario: los planes divinos se van cumpliendo a pesar de nuestros pecados, si acudimos a su misericordia; Él atiende nuestros ruegos y nos salva

Miércoles de la 18ª semana de Tiempo Ordinario: los planes divinos se van cumpliendo a pesar de nuestros pecados, si acudimos a su misericordia; Él atiende nuestros ruegos y nos salva

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías (31,1-7): En aquel tiempo –oráculo del Señor–, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongue mi misericordia. Todavía te construiré y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán. «Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: «Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.» Porque así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: «El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.»»

   2. Salmo Jr 31,10-13: Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño.»

   Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

   Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.

   3. Mateo 15,21-28: "En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: -«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: -«Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: -«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: -«Señor, socórreme.» Él le contestó: -«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: -«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: -«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija".

 

B. Comentario:

   1. Jeremías (31,1-7) nos consuela con esas palabras divinas: "Yo seré el Dios de todas las tribus y familias de Israel, y ellas serán mi pueblo", referido a un «pueblo» de Dios, tiene una profunda significación. La Iglesia es también «un pueblo». No somos solo hijos de Dios individualmente, sino en comunión con los demás… La Nueva Alianza tiene siempre un aspecto colectivo. «Todos juntos» llegamos al cielo y «no los unos sin los otros», dirá Péguy. Recemos por tanto por la Iglesia... por el conjunto de la humanidad...

   -"Así habla el Señor: halló gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada. Israel camina hacia su descanso". Es el tema del «pequeño resto» del que nos hablaba Isaías. En el vacío de las horas más sombrías, hay que conservar la esperanza. Cuando todo parece perdido, hay que levantar la cabeza. Israel «camina» hacia su descanso.

   -"De lejos se le apareció el Señor diciendo: con amor eterno te he amado, por eso he reservado gracia para ti". De nuevo te edificaré y serás edificada, doncella de Israel. Fidelidad de Dios, por encima de nuestra respuesta. No es contrato ni regateo de «me das, te doy», «si sois fieles yo seré fiel». ¡Dios se ha comprometido a ser fiel aun cuando nosotros no lo seamos! «He reservado gracia para ti» Esto, lo hemos encontrado ya, de modo inolvidable, en el profeta Oseas. Gracias, Señor, de esta fidelidad a toda prueba. Que sea yo lo menos indigno posible. "¡Con amor eterno te he amado!"

   Hay que dejar resonar en nuestro interior estas palabras ardientes que Dios nos repite hoy también en profética visión de lo que nos dices tú, Jesús: «Habiendo amado a los suyos en el mundo, los amó hasta el fin.» Tu, Señor, eres el rostro concreto de esta declaración de amor de Dios a la humanidad.

   -"Doncella de Israel, de nuevo tomarás tus tamboriles de fiesta y pasearás entre danzas festivas". Ternura del alma de Jeremías: una doncella feliz que baila de alegría. Así imagina Dios a la humanidad salvada, pasado el tiempo de la prueba.

   -"Aún volverás a plantar viñas"... La viña, promesa del vino «que alegra el corazón del hombre» (Salmo 104, 15)

   Todo es un anuncio de la salvación: "Proclamad: ¡el Señor ha salvado a su pueblo, el resto de Israel!»" Pueblo peregrino, pueblo en marcha hacia Dios, hacia el gozo. Un pueblo «eucarístico» que canta la acción de gracias de los que han sido salvados (Noel Quesson).

   2. El profeta nos invita a la esperanza, es un lenguaje optimista: «halló gracia... camina al descanso... te construiré, serás reconstruida... te adornarás y saldrás a bailar... plantarás... cosecharás...». Eso pasó hace dos mil quinientos años. Pero también hoy se hace realidad, como dice el salmo: «el que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño... entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos...». Pienso que no es necesario que tengamos algo para hacer a toda cosa como un proyecto, Señor, sino que nos dejemos llevar por el proyecto que tú has pensado para nosotros, que te sepamos ver en el camino de la vida y te escuchemos en las voces distintas donde nos muestras tu voluntad, como la Virgen hizo, como ella nos enseña para poder vivir ese «Levantaos y marchemos al Señor nuestro Dios... gritad de alegría... el Señor ha salvado a su pueblo».

   3. -Jesús se retiró a esas ciudades fenicias (actual Líbano). "Y una mujer Cananea, de aquella región salió y se puso a gritarle"... Una mujer extranjera consigue de Jesús la curación de su hija. Señor, vemos la fuerza de tu corazón y tu dedicación a "los paganos". Dirá san Pablo que das a "todas las naciones" la Alianza reservada hasta aquí a Israel. Quisiera escuchar el grito de esa mujer, quisiera escuchar la de las personas de mi alrededor que quizá no acierto a oír.

   -"¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija tiene un demonio muy malo." No le contestas palabra, Señor... Y tú habías dicho: "Todo lo que pediréis se os concederá... llamad, y se os abrirá..." No obstante, callas… ¿Por qué, tan a menudo pareces no responder cuando te imploramos que nos liberes?

   -"Concédeselo, que viene gritando detrás..." dicen los apóstoles. ¿Fastidio?; ¿verdadera emoción ante la miseria de esa pobre madre?

   -Jesús respondió: "He sido enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel." Después del silencio, parece que hay rechazo. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué aparentas rechazar? Sabemos, sin embargo, que hay ternura en tu corazón, y que has venido para "salvar a todos los hombres".

   -"Ella se adelantó y se prosternó ante El: "Señor, socórreme"". ¡Oh admirable insistencia! Veo que las dificultades se convierten en oportunidades cuando estoy contigo, Señor: y es una purificación de la Fe, ayúdame a entender esta fuerza que viene de la verdadera oración.

   "Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos". Ante aquel grito de dolor, Cristo va a poner la última prueba. Le dice que no está bien quitarle el pan a los hijos para dárselo a los perritos. Nos cuesta entrar en estas palabras… nos quedamos con el modelo de oración, siguiendo al santo cura de Ars: "vemos muchas veces que el Señor no nos concede enseguida lo que pedimos; esto lo hace para que lo deseemos con más ardor, o para que apreciemos mejor lo que vale. Tal retraso no es una negativa sino una prueba que nos dispone a recibir más abundantemente lo que pedimos".

   La oración de la mujer "pagana" es un modelo de oración, sencilla y honda: «Ten compasión de mí, Señor» (en griego: Kyrie, eleison). Jesús, alabas  varias veces la fe de los extranjeros (el buen samaritano, el otro samaritano curado de la lepra, el centurión romano…), en contraposición a los judíos, los de casa, a los que se les supone fe. Que no olvide, Señor, el valor de la humildad. Que no sea mi oración rutinaria sino sencilla (J. Aldazábal).

   Esta mujer insiste: "Cierto, Señor; pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". No abandonará su plegaria, irá hasta el fin. -Jesús le dijo: "¡Qué grande es tu fe, mujer! Que se cumpla lo que deseas."

   Señor, te pido no sentirme privilegiado por mis méritos, sino por tu amor. Que me sienta invitado a comer el pan de los hijos de Dios (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

6 de agosto: La Transfiguración del Señor: la Cruz es camino de la Gloria, también para nosotros

6 de agosto: La Transfiguración del Señor: la Cruz es camino de la Gloria, también para nosotros

 

1. Daniel (7,9-10.13-14): Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

   2. Salmo 96,1-2.5-6.9: El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

   Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

   Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses.

   3. II Pedro (1,16-19): Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

   4. Marcos 9,1-9: "En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se le aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: -Esté es mi Hijo amado; escuchadlo. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos".

 

B. Comentario:

   1. Daniel en su visión nos muestra cuatro bestias y el "hijo del hombre", la escena del juicio divino. Según la concepción mítica, el océano del que surgen las bestias es morada de potencias hostiles a la divinidad. Y de esta concepción mítica se hace eco la Biblia para presentarnos el mar como algo hostil, caótico... del que surgen las cuatro bestias que representan cuatro imperios. El león alado es Nabucodonosor, monarca de Babilonia: cortadas las alas de su soberbia puede razonar, comportarse como hombre. El oso, medio erguido, representa a Media, animal feroz siempre dispuesto a atacar y nunca satisfecho. El leopardo o pantera, con cuatro cabezas y cuatro alas, simboliza al imperio persa con su gran agilidad para apoderarse de todo el mundo. La cuarta fiera no es identificable, pero es más feroz que las demás. Los dientes de hierro pueden hacer alusión a Alejando Magno y al imperio griego; los diez cuernos aludirían a los sucesores de Alejandro y el cuerno más pequeño sería el perverso Antíoco, quien vence a los otros tres cuernos para hacerse con el poder.

   El Anciano establece un juicio para castigar los malos, y es cuando aparece "como un hombre"; su reino no tendrá fin. (A. Gil Modrego). Representa al "pueblo de los santos del Altísimo" (7,27), el Israel fiel. Hijo del hombre que fue entendido como Mesías persona en el judaísmo en tiempo de Jesús (Libro de las parábolas de Henoc); pero tal título sólo se une a los sufrimientos del Mesías y a su resurrección de entre los muertos cuando Jesús se lo aplica a Sí mismo (Biblia de Navarra): "Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre (cf. Mt 16,23). Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad transcendente del Hijo del Hombre "que ha bajado del cielo" a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: "el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20,28; cf Is 53,10-12). Por esta razón el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz (cf Jn 19,19-22; Lc 23,39-43). Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2,36)" (Catecismo 440). Y la Iglesia cuando proclama que Cristo se sentó a la derecha del Padre confiesa que fue a Cristo a quien se dio el imperio: "Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7,14). A partir de este momento, los apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Nicea-Constantinopla)" (Catecismo 664).

   2. La grandeza de Dios es proclamada en el salmo: "¡Yahveh es rey!"... "¡Señor de la tierra!" "Altísimo sobre toda la tierra!"... "¡Santísimo!" Se canta la teofanía, como en el Sinaí. En el padrenuestro proclamamos "Venga tu Reino, así en la tierra como en el cielo". Jesús no suele proclamar más que el reino interior, pero también dijo: "Veréis venir al Hijo del Hombre sobre las nubes del cielo" (Mt 26,64; Ap 1,7).

   San Pablo dirá que la Encarnación es como una entronización real, pero sobre todo la segunda venida: "Cuando venga glorioso, sobre su trono de gloria, todas las naciones estarán reunidas ante El... Como el relámpago que se ve brillar de Oriente a Occidente, así será la venida del Hijo del Hombre... (Mt 24,27-31). Entonces, los "justos" se asociarán a este triunfo como lo dice el salmo.

   3. La carta de san Pedro recuerda cuando subieron con Jesús el día de hoy: "habíamos sido testigos oculares de su grandeza (...). Esta voz del cielo la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada". "Hemos contemplado su gloria", dirá también san Juan (Jn 1,14); "lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la Vida" (1 Jn 1,1). Que por la intercesión de Santa María el Padre nos conceda el don de descubrir y contemplar la claridad de su rostro glorioso y vivificante en el rostro humilde y tan humano del Hijo del hombre, del hombre de dolores. Que nos conceda el don de escuchar su palabra de vida y seguir su camino, incluso cubiertos por la oscuridad de la nube. "Contempladlo y quedaréis radiantes" (Sal 33, 6).

   La liturgia de la Transfiguración, como sugiere la espiritualidad de la Iglesia de Oriente, presenta en los apóstoles Pedro, Santiago y Juan una «tríada» humana que contempla la Trinidad divina. Como los tres jóvenes del horno de fuego ardiente del libro de Daniel (cf Dn 3,51-90), la liturgia «bendice a Dios Padre creador, canta al Verbo que bajó en su ayuda y cambia el fuego en rocío, y exalta al Espíritu que da a todos la vida por los siglos» («Matutino de la fiesta de la Transfiguración»).

   También nosotros oremos ahora al Cristo transfigurado con las palabras del «Canon de san Juan Damasceno»: «Me has seducido con el deseo de ti, oh Cristo, y me has transformado con tu divino amor. Quema mis pecados con el fuego inmaterial y dígnate colmarme de tu dulzura, para que, lleno de alegría, exalte tus manifestaciones»" ("Eucaristía 1978").

   4. La fiesta de hoy con la nube y la voz celestial, la presencia de Moisés y de Elías, evoca la presencia de Dios en el Sinaí. Jesús, te vemos como el "nuevo Moisés", en ti llegan a su cumplimiento las esperanzas, la alianza y la ley, y nos preparas la nueva alianza, la del amor infinito. En ti, Cristo, se nos revela el rostro divino de Dios, del mismo Dios que salva a Israel de Egipto por medio de Moisés (Ex 19), Elías de la muerte (1R 19) y el pueblo de los Santos de la persecución helenística (cf Dn 7).

   La transfiguración de tu rostro, Jesús, las vestiduras blancas, evocan al Hijo del Hombre del profeta Daniel, glorioso y vencedor, y parecen ser un anticipo de tu resurrección, como leemos en la primera lectura. La cruz esconde la gloria. En la vida de fe de cada uno hay ciertas transfiguraciones... Hay personas que notan estas pistas que nos da Dios a lo largo de la vida. Pero es necesario estar atento para descubrirlas.

   "En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo". Es muy bonito el detalle del blanco de los vestidos… queremos entrar en este misterio, que nos habla de lo que será el cuerpo glorioso, para que nos sirva de estímulo y esperanza, para morir a nosotros mismos y vivir hacia Dios y hacia los hermanos.

   "Se le aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús". El encuentro de Jesús con los profetas muestra la unión de la Antigua y nueva alianza, que "toda la Escritura divina forma un solo libro, y ese único libro es Cristo, ya que toda la Escritura divina habla de Cristo y toda ella se realiza en Cristo" (Hugo de San Víctor). Un encuentro milagroso, que enlaza con los dos Testamentos escritos, por tanto no podemos olvidarnos de los antiguos libros. Pues, "si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo" (S. Jerónimo).

   "Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: -Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía". Señor, querría poder decirte «Maestro, ¡qué bien estamos aquí!» sobre todo después de ir a comulgar. El prefacio de la misa de hoy nos dice: «Porque Cristo, Señor, habiendo anunciado su muerte a los discípulos, reveló su gloria en la montaña sagrada y, teniendo también la Ley y los profetas como testigos, les hizo comprender que la pasión es necesaria para llegar a la gloria de la resurrección».

   Esta revelación nos muestra, como decía san Juan de la Cruz, que en la Biblia nos habla el Señor de una sola palabra, Cristo. Atanasio el Sinaíta escribe que «Él se había revestido con nuestra miserable túnica de piel, hoy se ha puesto el vestido divino, y la luz le ha envuelto como un manto».

    "Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: -Esté es mi Hijo amado; escuchadlo". Escuchar significa hacer su voluntad, contemplar su persona, imitarlo, poner en práctica sus consejos, tomar nuestra cruz y seguirlo.

   "De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos". Jesús, ¿por qué no quieres que lo difundan hasta después de tu resurrección?,

   Queremos nosotros también, como Pedro, verte, Señor, y llevar tu amor a los demás. Te pido que te muestres en mi camino, que hagas luz ante tanta tiniebla que hay en el mundo, que tu poder vaya en defensa del pobre y oprimido. Bienaventurado el que se sabe en tus manos, Señor, dormirá tranquilo y vivirá en paz, seguro.  

Llucià Pou Sabaté

domingo, 4 de agosto de 2024

Lunes de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. El pan vivo de la Eucaristía es alimento para nuestra conciencia, para hacer la voluntad de Dios, por encima de partidismos y modas…

Lunes de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. El pan vivo de la Eucaristía es alimento para nuestra conciencia, para hacer la voluntad de Dios, por encima de partidismos y modas…

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías (28,1-17): Al principio del reinado de Sedecías en Judá, el mes quinto, Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente: «Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: «Rompo el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar todo el ajuar del templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, cogió y se llevó a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos desterrados en Babilonia yo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor–, porque romperé el yugo del rey de Babilonia.»»
   El profeta Jeremías respondió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo; el profeta Jeremías dijo: «Amén, así lo haga el Señor. Que el Señor cumpla tu profecía, trayendo de Babilonia a este lugar todo el ajuar del templo y a todos los desterrados. Pero escucha lo que yo te digo a ti y a todo el pueblo: «Los profetas que nos precedieron, a ti y a mi, desde tiempo inmemorial, profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y a reinos dilatados. Cuando un profeta predecía prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor.»

   Entonces Ananías le quitó el yugo del cuello al profeta Jeremías y lo rompió, diciendo en presencia de todo el pueblo: «Así dice el Señor: «Así es como romperé el yugo del rey de Babilonia, que llevan al cuello tantas naciones, antes de dos años.»»
El profeta Jeremías se marchó por su camino. Después que el profeta Ananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino la palabra del Señor a Jeremías: «Ve y dile a Ananías: «Así dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, yo haré un yugo de hierro. Porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Pondré yugo de hierro al cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y se le someterán, y hasta las bestias del campo le entregaré.»

   El profeta Jeremías dijo a Ananías profeta: «Escúchame, Ananías; el Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por eso, así dice el Señor: «Mira: yo te echaré de la superficie de la tierra; este año morirás, porque has predicado rebelión contra el Señor.»

   Y el profeta Ananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

   2. Salmo 118,29.43.79.80.95.102: No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. 

   Vuelvan a mi tus fieles que hacen caso de tus preceptos. 

   Sea mi corazón perfecto en tus leyes, así no quedaré avergonzado. 

   Los malvados me esperaban para perderme, pero yo meditaba tus preceptos. 

   No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido. 

   3. Mateo 14,13-21: "En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: -«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: -«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: -«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: -«Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños".

 

B. Comentario:

   1. –"Al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto, el profeta Ananías habló así a Jeremías: «Palabra del Señor del universo: He quebrado el yugo del rey de Babilonia... Haré devolver a este lugar todo el mobiliario del templo... Conduciré de nuevo a este lugar al rey de Judá y a todos los deportados...»

   Jeremías anuncia la desgracia, el castigo de Jerusalén. El otro, Ananías, anuncia la felicidad, el éxito de Jerusalén. Uno y otro pretenden hablar en nombre del Señor, sus fórmulas parecidas: "Palabra del Señor del universo", dijo Ananías. Ambigüedad de la «Palabra» de Dios, siempre envuelta en una «palabra» humana, y que hay que interpretar. ¿Se puede estar seguro, alguna vez, de poseer la verdad? Como Ananías ¿no estamos también tentados de retener, de los acontecimientos o de la Escritura, solamente aquello que nos va bien, que nos gusta? Señor, concédenos aceptarlo todo como recibido de Ti.

   Jeremías nos sorprende hoy con una cierta vacilación. ¿Puede uno estar seguro de poseer la verdad? Cuando lo que hace la mayoría no es lo que nos dice nuestra conciencia, ¿cómo estar seguros de que tenemos la luz auténtica? Y es una imagen de Jesús, que irá contra los falsos profetas y autoridades de su época, que son los que toleran una inadecuación entre sus palabras y las de Dios.

   Hoy la verdad de la conciencia no coincide con el aparato de la ley. En una insinceridad general, se prefiere muchas veces eliminar la conciencia, y muchos políticos y eclesiásticos se contentan con defender la verdad de la institución aunque no encuentren la verdad de la conciencia, la de ellos o la de los otros. ¿Dónde está la sinceridad, la autenticidad? Lo legal o correcto son las cosas que dominan. La sociedad designa como desobedientes a aquellos que se apartan de esa regla. La "verdad del sistema" ahoga la sinceridad. Y también está el fanatismo, los que están ingenuamente convencidos de poseer la verdad en exclusiva, los que se aíslan en su búsqueda cuando la verdad es buscada y encontrada en común, los que no quieren escuchar, sino que se les escuche (Maertens-Frisque).

   -"El profeta Jeremías contestó: «¡Amén! ¡hágalo así el Señor! Que el Señor confirme lo que acabas de profetizar... Pero escucha, ahora: los profetas que nos han precedido a ti y a mí, han profetizado la guerra, el hambre, la peste... En cuanto al profeta que profetiza la paz, no se le reconoce por un profeta enviado por el Señor, mas que si su palabra se cumple»". Jeremías no halla ningún placer en anunciar la prueba y el sufrimiento. También él desea la felicidad y está presto a desear que Ananías tenga razón. Pero reconoce que es muy fácil suavizar un mensaje, atenuar la exigencia y el rigor, aceptar compromisos para ser más fácilmente escuchado. Señor, ayúdanos a recibir las alegrías sin que nos hagan perder la cabeza ni el corazón. Señor, ayúdanos a recibir las pruebas sin que nos dejen en el abatimiento (Noel Quesson).

   Una nueva palabra de Yahvé descubrirá la mentira de Ananías y confirma a Jeremías en su misión. Ananías queda como represente de los que hacen decir a Dios lo que les conviene. Jeremías sabe que Yahvé quiere nuestra salvación pero su designio es misterioso y el profeta ha de seguir su Palabra.

    2. Tendremos que pedir con el salmo discernimiento: «instrúyeme, Señor, en tus leyes, apártame del camino falso, no quites de mi boca las palabras sinceras... sea mi corazón perfecto en tus leyes».

   3. Jesús, al saber de la muerte de Juan Bautista te marchas de allí en barca a un sitio tranquilo y solitario. ¿Cuáles fueron tus sentimientos, Señor, cuando supiste la muerte de tu precursor, tu primo? Era la muerte de aquel que llamabas "el más grande de los profetas"... de aquél que te había preparado tus primeros discípulos: Andrés, Simón, Juan, pues habían sido discípulos del Bautista antes de que te siguieran... ¿Piensas en tu propia muerte de la que aquella es presagio? Como no ha llegado el momento de afrontar la Pasión, te escondes. Quizá también, sencillamente, porque en tu dolor sientes necesidad de llorar el duelo, pensando también en el dolor de tu madre, y rezar...

   -"Pero la gente lo supo y lo siguió por tierra... Al desembarcar vio Jesús una gran muchedumbre, le dio lástima y se puso a curar los enfermos". No lograste aislarte, Señor, salvo durante la travesía del lago. Obediencia y servicio de tu ministerio. ¿Cómo reacciono yo cuando algo trastorna mis planes?... Esta enfermedad inesperada, esta nueva preocupación, esta responsabilidad que acaban de imponernos. Esta visita, esta llamada por teléfono, este servicio que esperan de nosotros, esta presencia bochornosa de los demás, estas gentes de las que se quisiera huir por unos momentos… quisiera ser como tú, Señor…

   -"Por la tarde se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y ya ha pasado la hora; despide a la multitud, que vayan a las aldeas y se compren comida". Jesús les contestó: "No necesitan ir, dadles vosotros de comer"". Jesús, les pides que actúen. Tú sigues haciendo milagros, cuando encuentras personas que como los apóstoles, se sienten instrumentos que se dejan llevar, porque tienen fe.

   -"¡Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces!" Es tan poca cosa...

   -"Traédmelos". Mandó al gentío que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces... Poner mis pobres medios humanos en tus manos, Señor. Contemplo esos cinco pobres panecillos y esos dos simples peces en tus manos.

   -"Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos a su vez los dieron a la gente". Jesús, estás pensando en saciar de hambre a los necesitados. Pero son los mismos gestos y las mismas palabras que en la Cena (Mt 26,26). Aquí quieres decirnos también que no sólo de pan material vive el hombre. Es la Misa. Quieres alimentar espiritualmente a los hombres, responder a su hambre de absoluto: alimentarse de Dios... palabra de vida, pan de vida eterna (Noel Quesson).

   Por eso los evangelios cuentan hasta seis veces la multiplicación de los panes. Moisés, Elías y Eliseo dieron de comer a la multitud en el desierto o en períodos de sequía y hambre. Pero tú, Jesús, cumples todas esas figuras cuando muestras tu corazón lleno de misericordia y tu poder divino como Enviado e Hijo de Dios. Cuando te nos das en la Pascua.

   Son las dos cosas: la solidaridad del pan material («dadles vosotros de comer»). Y la misa, con el Padrenuestro que nos hace pedir el pan nuestro de cada día, el pan de la subsistencia y, luego, pasamos a ser invitados al Pan que es el mismo Señor Resucitado que se ha hecho nuestro alimento sobrenatural. Hay un doble pan porque el hambre también es doble: de lo humano y de lo trascendente. De la luz de los ojos a la luz interior de la fe, en el caso del ciego. Del agua del pozo al agua que sacia la sed para siempre, a la mujer samaritana. Lo mismo tendremos que hacer nosotros, los cristianos. El lenguaje de la caridad es el que mejor prepara los ánimos para que acepten también nuestro testimonio sobre los valores sobrenaturales (J. Aldazábal).

   Quisiera seguir ese camino, Señor, en la oración de cada día, en la Eucaristía. "Diría que la adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, que Jesús me señala el camino que debo tomar, me hace comprender que sólo vivo bien si conozco el camino indicado por él, sólo si sigo el camino que él me señala. Así pues, adorar es decir: "Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo". También podría decir que la adoración es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: "Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo"" (Benedicto XVI). Para esto, quiero cuidar también la confesión: aunque sólo es necesario confesarse en caso de pecado grave, es muy útil confesarse regularmente para mantener la limpieza, la belleza del alma, y madurar poco a poco en la vida.

Llucià Pou Sabaté

Domingo de la 18ª semana de Tiempo Ordinario, B. Jesús nos da el pan de su misma Vida, fuerza para luchar y acoger su amor, para ir al cielo

Domingo de la 18ª semana de Tiempo Ordinario, B. Jesús nos da el pan de su misma Vida, fuerza para luchar y acoger su amor, para ir al cielo

A. Lecturas:

   1. Lectura del libro del Éxodo 16,2-4.12-15. En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: -«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.» El Señor dijo a Moisés: - «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."» Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: - «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: - «Es el pan que el Señor os da de comer.»

   2. Salmo 77: Lo que oímos y aprendimos, lo que nuestros padres nos contaron, lo contaremos a la futura generación: las alabanzas del Señor, su poder.

   Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo: hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste.

   Y el hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura. Los hizo entrar por las santas fronteras, hasta el monte que su diestra había adquirido.

   3. Efesios 4,17.20-24. Hermanos: Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre vicio corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

   4. Juan 6,24-35. En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: - «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: - «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: - «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: - «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: - «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

B. Comentario:

   1. El libro del Éxodo nos habla de cómo protestan los israelitas en el desierto contra Moisés y Aarón, añoran las comidas y tienen miedo de morir de hambre. "El Señor dijo a Moisés: - «Yo haré llover pan del cielo… hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."" Se posaron muchas codornices, y se cubrió el suelo de algo blanco, y al verlo, los israelitas se dijeron: - «maná? ¿Qué es esto?», y Moisés les dijo: -«Es el pan que el Señor os da de comer»". Están en el desierto que es lucha, prueba, cerca del Sinaí, y hay murmuraciones y protestas contra Moisés y contra Dios. A veces cuando tenemos contradicciones nos ponemos nerviosos, y nos pasa como a ellos que protestamos. En lugar de seguir andando en esta excursión que es la vida, y llegar a un lugar precioso, nos desanimamos y volvemos, porque nos cuesta esforzarnos. En lugar de la libertad los israelitas prefieren la esclavitud que tenían en Egipto. La libertad es riesgo, y es más cómodo no ponerse a caminar. Para hacer una excursión necesitamos llenar la mochila de comida, para alimento espiritual necesitamos el pan del cielo, y nos lo dará Jesús en la Eucaristía, pan de los ángeles. Para el combate contra los romanos Astérix y los suyos tienen la poción mágica que les da energía, y nosotros tenemos los sacramentos que es algo mucho más mágico que para darnos fuerza (es sobrenatural) y la comunión sobre todo, el pan del cielo. La gracia nos alimenta a medida que tenemos fe, cuanta más fe tengamos más nos aprovecha… por eso si somos muy amigos de Jesús nos dará más fuerza, para ir por los desiertos que nos encontremos: del mal carácter-mal genio, de enfados o de pereza, y otras cosas que cuesten como cansarnos de portarnos bien, de esforzarnos en cumplir lo que tenemos que hacer, de escoger entre la comodidad y la libertad, y no ceder al encanto de las sirenas de lo fácil.

   2. El Salmo nos dice: "El Señor les dio un trigo celeste... Y el hombre comió pan de ángeles", que es la comunión, con lo que "los hizo entrar por las santas fronteras", que es casi entrar en el cielo. Tú Señor hiciste sacar agua de la roca, y ahora baja pan del cielo, y codornices… esto significa que he de fiarme de ti siempre, y no ser rebelde, pues has demostrado hasta la saciedad que eres mi amigo, mi protector, mi padre y mi Dios. Y, sin embargo, yo dudo. Me olvido, me enfado, me quejo, me desespero. Si le confiamos nuestros problemas, Él nos ayudará, nos guiará como si nos llevara de la mano, como si nos llevara el manillar en la bici por lugares difíciles y con Él no nos caemos.

   3. San Pablo escribe a los Efesios que no andemos como los que no creen en Jesús sino como habéis aprendido de Cristo: en "justicia y santidad verdaderas". Es como vestirse de Jesús: que es un vestido salvador, como el que se viste de Superman o bien otro héroe, nuestro héroe es Cristo, con él ganamos todas las batallas… los antiguos cuando hacían teatro se vestían de animales o de máscaras de los personajes, pues eso, hay que vestirse de Jesús, de su modo de ser, de su fuerza salvadora… con la oración y la comunión.

   A propósito de Jesús Vida nuestra, que nos da fuerza para luchar, quiero recordar el diálogo de un sacerdote, Maurice, alma gemela de Santa Teresita, ya próxima a morir. Él le escribía: -"ahora mi sueño es compartir con usted 'el maná escondido' que el Todopoderoso prometió dar 'al vencedor'… si, mi alma es demasiado grande para apegarse a ningún consuelo de aquí abajo. Tiene que vivir por anticipado en el cielo, pues Jesús nos dijo: 'donde está tu tesoro, allí está tu corazón'".

   Santa Teresita le contesta: -"Hace mucho tiempo que (Jesús) tiene olvidadas sus infidelidades, y sólo tiene presentes sus deseos de perfección para alegrar su corazón" (con todo ello se prueba al justo: para que aprenda a obedecer). Le va diciendo que Jesús nos acoge y que tengamos confianza con Él, que no vaya a los pies de Jesús con demasiado "respeto", como el "niño educado" que no se atreve, demasiado formal, sino que "siga ese 'primer impulso' que lo lleva a sus brazos", y le habla de esas llagas de Jesús, que nos dice: "fui herido en casa de mis amigos"; por eso, al recibirle en la Eucaristía, junto a pedir perdón, nos anima: "pedid sólo que se haga la voluntad de Dios".

   4. Veo, Jesús, que la gente ansía verte. Pero tú ves su interior, y les dices: «me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.» Yo también muchas veces te busco para que las cosas me vayan bien, "para algo". Me gustaría tu ayuda, Señor, para buscarte "por ti", sin más interés. Por eso hoy quieres mostrarnos el alimento «que perdura hasta la vida eterna,» que es tu propio cuerpo y sangre en la Eucaristía.

   Quiero preguntarte, como ellos, "qué hacer", y entender bien lo que les respondes: creed en Mí. «Esta es la obra de Dios, que creáis en quien Él ha enviado.»

    Jesús, eres Vida para nosotros, como nos dices hoy: "es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Qué bien, poder comulgar, tenerte dentro como vida y fuerza, para vivir esta aventura que es la vida, y no tener hambre ni sed, de nada, porque él está con nosotros hasta el cielo; pues entonces te dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Y yú les contestaste: -«"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed

   Contaba Benedicto XVI: "Recuerdo bien el día de mi primera Comunión (…) en el centro de mis recuerdos alegres y hermosos, está este pensamiento (…): comprendí que Jesús entraba en mi corazón, que me visitaba precisamente a mí. Y, junto con Jesús, Dios mismo estaba conmigo.

   "Y que era un don de amor que realmente valía mucho más que todo lo que se podía recibir en la vida; así me sentí realmente feliz, porque Jesús había venido a mí.

   "Y comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida —tenía 9 años— y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa Comunión. Prometí al Señor: "Quisiera estar siempre contigo" en la medida de lo posible, y le pedí: "Pero, sobre todo, está tú siempre conmigo". Y así he ido adelante por la vida. Gracias a Dios, el Señor me ha llevado siempre de la mano y me ha guiado incluso en situaciones difíciles. Así, esa alegría de la primera Comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros (…) sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida. El inicio de un camino juntos, porque yendo con Jesús vamos bien, y nuestra vida es buena (...)

   Si Jesús dice "yo soy el pan de vida", quiere decir que Jesús mismo es este alimento de nuestra alma, del hombre interior, que necesitamos, porque también el alma debe alimentarse (…) Jesús nos alimenta para llegar a ser realmente personas maduras y para que nuestra vida sea buena".

   ¡Qué bonito, Señor, poder comulgar, tenerte, y contigo tener el cielo dentro! ¡Tener tu vida, Jesús: quiero ser como tú, hacer las cosas contigo, que me vayas haciendo santo…!

   Quiero hacer ahora mi comunión espiritual: "Yo quisiera, Jesús, recibirte, con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos…"

 

Llucià Pou Sabaté