sábado, 27 de julio de 2024

Domingo17º de Tiempo Ordinario (B): Jesús nos da de su vida para que seamos generososy nos pide que le ayudemos a dar de comer a los demás.

Domingo 17º de Tiempo Ordinario (B): Jesús nos da de su vida para que seamos generosos y nos pide que le ayudemos a dar de comer a los demás.

 

A. Lecturas:

   1. II Reyes 4,42-44. En aquellos días vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias -veinte panes de cebada- y grano reciente para el siervo del Señor. Eliseo dijo a su criado: -Dáselos a la gente para que coman. El criado le respondió: -¿Qué hago yo con esto para cien personas? Eliseo insistió: -Dáselos a la gente para que coman. Porque esto dice el Señor: «Comerán y sobrará.» El criado se los sirvió a la gente; comieron y sobró, como había dicho el Señor

   2. Salmo 144,10-11.15-16.17-18: Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

   3. Efesios 4,1-6. Hermanos: Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo y lo penetra todo, y lo invade todo. Bendito sea por los siglos de los siglos. Amén.

   4. Juan  6, 5-13: «Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman éstos? Lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer. Felipe respondió: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces: pero, ¿qué es esto para tantos? Jesús dijo: Haced sentar a la gente. En aquel lugar había mucha hierba. Se sentaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil Jesús tomó los panes y, habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio de los peces cuanto quisieron. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado para que nada se pierda. Entonces los recogieron y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.»  

 

B. Comentario:

   1. El libro de los Reyes nos cuenta que Eliseo dijo a su criado que repartieran a la gente los panes que habían traído, para que comieran. "El criado le respondió: -¿Qué hago yo con esto para cien personas?" Eliseo insistió: -"Dáselos a la gente para que coman. Porque esto dice el Señor: «Comerán y sobrará.» El criado se los sirvió a la gente; comieron y sobró, como había dicho el Señor". Eliseo había sentido que Dios le pedía continuar con el poder del profeta Elías, y aquí vemos el "traspaso de poderes": al recoger el manto de su maestro, recoge el relevo, y con la multiplicación de los panes, su "poder de hacer milagros", a semejanza del Evangelio de hoy. Para que pueda cumplirse el milagro, hay un hombre que le hace un don de panes y de grano recién recogido que ofrece a Dios. La Iglesia necesita nuestra colaboración para ayudar a tantas necesidades en el mundo, en primer lugar a los que tienen hambre. ¿Qué nos pide Dios a nosotros? ¿A qué nos sentimos predispuestos?

   2. El Salmo nos dice: "Abres Tú la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fielesTú les das la comida a su tiempo". Pero, ¿cómo podemos dar gracias y bendecir a Dios? Siendo generosos. ¿Y qué es generosidad? Cuenta Tagore la historia de un mendigo que iba de puerta en puerta y un día vio aparecer a lo lejos del camino, acercándose, la carroza de un Rey... "Y yo me preguntaba, maravillado, quién sería aquel Rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos habían acabado. La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida me había llegado al fin. Y de pronto tú me tendiste tu diestra diciéndome: ¿Puedes darme alguna cosa? ¡Ah, qué ocurrencia la de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo, y te lo di. Lo guardaste agradecido en tu mano y te retiraste… te vi alejarte… ¿Quién sería aquel rey de reyes? Pero qué sorpresa la mía cuando, al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré  no haber tenido corazón para darle todo!"

   Algunos dicen: "ande yo caliente y ríase la gente", basta no mirar cuando en la tele ponen que en algún sitio mueren de hambre. Pero sabemos que el egoísta es un ser solitario, amargado como Dudley, el mimado primo de Harry Potter. Generosidad es escuchar al amigo que quiere abrir su corazón, es hacer las paces enseguida cuando nos hemos peleado, es salir de uno mismo, dejar de estar "en-si-mismado" (metido en sí mismo) y pasar a estar "en-tu-siasmado", volcado hacia el tú de los demás, descubrir que en el mundo hay algo más que el "yo-mi-me-conmigo", que hay otros: se llaman "personas", "los demás", y salir de uno mismo es ser feliz, basta para ello pensar en los demás. No mirarse tanto al espejo, sino descubrir que lo importante de la vida no es lo que me gusta a mí sino servir a los demás en la amistad, el amor. "Cuando das sin esperar hay un rayo de sol", dice la canción, "hay luz en tu corazón". Eso que no puede comprarse en ningún centro comercial, pero que es la esencia de la vida, lo que de verdad ilumina el mundo. Quizá aparentemente "no sirve de nada", pero cuando falta no queda nada que sirva.

   Generosidad es ser comprensivo; sonreír y hacer la vida agradable a los demás, aunque tengamos un mal día o esa persona nos resulte antipática; adelantarse en los pequeños servicios. Nunca te creas más importante que otra persona, pero nunca te creas menos importante que otra persona. Para quien es generoso no hay nadie arriba ni abajo, a todos podemos servir. Es aceptar a los otros como son, no como nos gustaría que fueran: es no intentar cambiar a los demás, simplemente porque son diferentes o no nos gustan algunas cosas de ellos.

   Generosidad es comunicar la alegría de la fe; más que con palabras es con el ejemplo como se transmite la fe; cuando está vivida: hablando bien de todos, escuchando atentamente, visión positiva, y haciendo favores. Qué bonito es oír a un compañero que nos dice: "gracias, por ti aprobé las matemáticas", "sé jugar al tenis porque me has enseñado"... Es facilitar la amistad a quien le cuesta coger confianza, y acercarse cuando vemos que nos necesita. Sobre todo, cuando tratamos a los demás viendo a Jesús en ellos, oyendo cómo el Señor nos dice "lo que hacéis con estos lo hacéis conmigo". La generosidad lleva así al mejor de los sacrificios, que es la misericordia, sentir que aquel que lo pasa mal podría ser yo, y tratarle como me gustaría que me trataran a mí. Así nos pasará como decía Tagore: "dormía y soñaba que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Y al servir comprobé que el servicio era alegría". Este es el "alimento" de vida del que habla el salmo, generosamente dado a todos los vivientes, el "pan de cada día" que pedimos al Padre, y para ello tenemos la fuerza del "pan de vida" misterioso que se nos da en la Eucaristía.

   3. San Pablo les dice a los Efesios que anden "como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que lo trasciende todo y lo penetra todo, y lo invade todo. Bendito sea por los siglos de los siglos". No basta que seamos hijos de Dios, hemos de alimentarnos con los sacramentos, como con la poción mágica de Asterix, para tener fuerza y portarnos bien, mejorar día a día en las cosas que nos cuestan para ser mejores…

   4. El Evangelio nos cuenta que muchos van con Jesús, como de campamento, por la montaña al lado del lago, y ve que tienen hambre y "dijo a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Hay  crisis, miles de hambrientos y Jesús no les quiere hablar con el estómago vacío… y no se pueden alimentar con el aire del cielo… "(lo decía para tantearlo, pues bien sabía Él lo que iba a hacer). Felipe le contestó: -Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo". Pero ya están acostumbrados a trabajar con Jesús, a improvisar, y "uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces, pero, ¿qué es eso para tantos?" Siempre hay alguien que provoca el milagro, alguien generoso, que no esconde lo suyo. Jesús, pienso que un ingrediente de este milagro es la generosidad del joven, gracias a él tú hiciste la multiplicación de panes y peces: y se sentaron y comieron. Y sobró…

   Querría entrar en este clima de generosidad… Cuenta una antigua leyenda china, que un discípulo preguntó al Maestro: "¿Cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?". El Maestro le respondió: "Es muy pequeña, sin embargo tiene grandes consecuencias. Ven, te mostraré una imagen de cómo es el infierno". Entraron en una habitación donde un grupo de personas estaba sentado alrededor de un gran recipiente con arroz, todos estaban hambrientos y desesperados, cada uno tenía una cuchara tomada fijamente desde su extremo, que llegaba hasta la olla. Pero cada cuchara tenía un mango tan largo que no podían llevársela a la boca. La desesperación y el sufrimiento eran terribles. "Ven, dijo el Maestro después de un rato, ahora te mostraré una imagen de cómo es el cielo". Entraron en otra habitación, también con una olla de arroz, otro grupo de gente, las mismas cucharas largas... pero, allí, todos estaban felices y alimentados. "¿Por qué están tan felices aquí, mientras son desgraciados en la otra habitación, si todo es lo mismo?" y le dijo el acompañante: "Mira: como las cucharas tienen el mango muy largo, no pueden llevar la comida a su propia boca, así que la llevan a la boca de los otros. En una de las habitaciones están todos desesperados en su egoísmo, y en la otra han aprendido a ayudarse unos a otros".

   Con el tiempo he observado la profundidad de la historia, pues no tenemos un "aparato" para ser felices por nosotros mismos (nuestros "palillos" son demasiado largos) y tantas formas equivocadas de búsqueda de la felicidad nos dejan insatisfechos (placer, dominio, etc.), podemos decir que el bienestar físico o de los bienes de riqueza no es la capa más profunda de felicidad, sino que por encima de ello está lo afectivo-espiritual, que es donde hemos de buscar la felicidad profunda: allí la inteligencia y el amor con su libertad nos muestra que tenemos unos medios para realizarnos, que es hacer felices a los demás, con la capacidad de hacer el bien. Mediante los actos buenos, nos hacemos buenos, y como "de rebote" somos felices, dando amor lo recibimos, según aquello de que "hay más alegría en dar que en recibir" que san Juan de la Cruz explica así: "pon amor donde no hay amor y sacarás amor". Si me doy, recibo. La vida es como el eco de la montaña, me da aquello que doy, o mejor aunque no reciba, ya tengo lo que buscaba: "hay más alegría en dar que en recibir", nos dice el Evangelio.

 

   Llucià Pou Sabaté

Sábado de la semana 16 de tiempo ordinario: junto al trigo, hay cizaña, en el mundo y nuestro corazón, pero con la paciencia y acogiendo el amor de Dios, daremos buen fruto

Sábado de la semana 16 de tiempo ordinario: junto al trigo, hay cizaña, en el mundo y nuestro corazón, pero con la paciencia y acogiendo el amor de Dios, daremos buen fruto

A. Lecturas:

   1. Jeremías (7,1-11): Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: «¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor! Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: 'Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.' Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre. Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: 'Estamos salvos', para seguir cometiendo esas abominaciones? ¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto.»» Oráculo del Señor.

   2. Salmo 83,3.4.5-6a.8a.11: Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

   Hasta el gorrión ha encontrado una casa; y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

   Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte.

   Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.

   3. Mateo 13, 24-30: «Les propuso otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? El les dijo: Algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Pero él les respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Y al tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero».

B. Comentario:

    1. Jeremías se enfrenta al culto formalista del templo de Jerusalén (año 608), y por ello será detenido con la acusación de blasfemia, algo parecido a lo que pasará con Jesús.

   -"Emprended el buen camino, rectificad vuestra conducta, y Yo habitaré con vosotros en este lugar. No fieis en palabras engañosas diciendo: «¡Es el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!»" No valen las excusas ni los ritos sino la conversión de corazón.

   -"Si emprendéis el buen camino, si rectificáis vuestra conducta, si realmente hacéis justicia tanto a unos como a otros y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda, si no corréis en pos de dioses extranjeros..." El formalismo no salva, sino tener un buen corazón, aunque otras cosas «estén de moda». Hoy día se habla poco de la moral, sin embargo todo el Evangelio, y aquí el profeta, nos habla de una vida moral auténtica según la buena conciencia: respetar los bienes del prójimo, respetar la vida, respetar la sexualidad, respetar la verdad... lo que San Pablo llamará «culto espiritual».

   Jesús tomará las palabras de Jeremías: "-¿Esta Casa que lleva mi nombre, se ha convertido, a vuestros ojos, en cueva de ladrones?" Sólo entonces el culto adquiere todo su valor, en el núcleo de la existencia (Noel Quesson).

   2. En el salmo nos abandonamos en manos de Dios: "Mi alma se consume y anhela / los atrios del Señor, / mi corazón y mi carne / retozan por el Dios vivo". Y es que en el Señor encontramos la paz, por ejemplo al hacer oración.

   "Hasta el gorrión ha encontrado una casa; / y la golondrina, un nido / donde colocar sus polluelos: / tus altares, Señor de los ejércitos, / Rey mío y Dios mío". En el trato con Dios, nos sentimos en casa aun en medio de los vaivenes y penalidades de la vida, podemos abandonarnos en Él.

   "Dichosos los que viven en tu casa, / alabándote siempre. / Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; / caminan de baluarte en baluarte.

   Vale más un día en tus atrios / que mil en mi casa, / y prefiero el umbral de la casa de Dios / a vivir con los malvados." Y es que la esperanza nos lleva al cielo, a que esta vida ya sea un cielo por la caridad, por la fe y la esperanza.

   3. "Salió el sembrador a sembrar…" Parece retratarse con esta parábola –actual hoy como nunca– a la perfección la actitud de bastantes en nuestro tiempo, que la simiente de amor que trajo Jesús a la tierra caiga en el camino, o se lo coman los pájaros, o quede ahogado por el egoísmo o el miedo...

   La impaciencia de los hombres es la que nos pierde: -Los obreros agrícolas proponen al propietario arrancar la cizaña. No, les responde: "Dejad crecer juntos la cizaña y el trigo... por si acaso al escardar la cizaña arrancáis con ella el trigo. Dios se ha reservado el "juicio" para el final de los tiempos: hasta la siega. Mientras tanto ¡los hombres no tenemos derecho a juzgar! Sí, es verdad, nos cuesta admitir el estado actual del mundo: tenemos constantemente la tentación de restaurar el orden en el mundo antes del tiempo fijado por Dios.

   Jesús, veo como dices que en el mundo hay trigo y cizaña. Por desgracia, a veces tomamos como normal lo que no es, desde el crimen del aborto a otras muchas visiones de la educación distorsionada por la falta de libertad de unas modas que no dan paz, tirar por la borda tanta cosa buena de la tradición de siglos… Critica Isaías: "se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan". Dejarse seducir por el poder o la riqueza impide que germine la palabra, hace incapaz para ver a los demás. No da igual si no me ocupo de unos padres mayores, si atiendo bien el trabajo, si me ocupo de ser solidario con los que puedo ayudar… cuando hacemos el bien nos hacemos buenos, y somos felices.

   Hoy se extiende la idea de que el egoísmo no es malo, que es una opción, que la libertad es hacer lo que quiera. Sí, pero es una pobre libertad esclava del egoísmo, y lleva a la tristeza. Y según como sea nuestro corazón podremos o no acoger la simiente divina y dar fruto. Queremos controlar, y al no poder tenemos miedo al sufrimiento, a darnos, nos vienen ganas de reservarnos y de reservar dinero y cosas, queremos una hegemonía sobre los demás. Es como si quisiéramos ser dioses, en lugar de fiarnos de Dios.

   Jesús, quiero entrar en tu lógica de amor, pues no hay cosa más bonita, arte más grande, que colaborar en esta siembra divina: "No perdamos nunca de vista que no hay fruto, si antes no hay siembra: es preciso -por tanto- esparcir generosamente la Palabra de Dios, hacer que los hombres conozcan a Cristo y que, conociéndole, tengan hambre de él. El labriego sabe esperar meses tras meses hasta ver despuntar la simiente, hasta la recolección" (S. Josemaría Escrivá). Y es esta paciencia la que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo. Hemos de ayudar a cada alma pero sin forzarla, respetando su libertad, pues cada uno es dueño de su destino. En cualquier caso, no somos la simiente sino el brazo que se convierte en instrumento del Sembrador, como decía  S. Agustín: "Nosotros somos simples braceros, porque Dios es quien siembra", o también S. Pio X: "Debemos recordar siempre que los hombres no son más que instrumentos, de los que Dios se sirve para la salvación de las almas, y hay que procurar que estos instrumentos estén en buen estado para que Dios pueda utilizarlos".

   De algún modo, Señor, nos dices que la condición, para el sembrador-apóstol, es: "convencernos de que, para fructificar, la semilla  ha de enterrarse y morir. Luego se levanta el tallo y surge la espiga. De la espiga, el pan, que será convertido por Dios en Cuerpo de Cristo. De esa forma nos volvemos a reunir en Jesús, que fue nuestro sembrador. Porque el pan es uno, y aunque seamos muchos, somos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan (...). La gracia de Dios no te falta. Por lo tanto, si correspondes, debes estar seguro. / El triunfo depende de ti: tu fortaleza y tu empuje unidos a esa gracia  son razón más que suficiente para darte el optimismo de quien tiene segura la victoria" (S. Josemaría).

   Sigue este santo: «El Señor sembró en tu alma buena simiente. Y se valió -para esa siembra de vida eterna- del medio poderoso de la oración", y luego de comentar la ayuda que presta el acompañamiento espiritual en descobrir la voluntad de Dios que en la oración nos habla, sigue: "-Pero, con ingenua sorpresa, has descubierto que el enemigo ha sembrado cizaña en tu alma. Y que la continúa sembrando, mientras tú duermes cómodamente y aflojas en tu vida interior", y todo lo malo quiere "ahogar el grano de trigo bueno que recibiste...

   "-Arráncalas de una vez! Te basta la gracia de Dios. No temas que dejen un hueco, una herida... El Señor pondrá ahí nueva semilla suya: amor de Dios, caridad fraterna, ansias de apostolado... Y, pasado el tiempo, no permanecerá ni el mínimo rastro de la cizaña: si ahora, que estás a tiempo, la extirpas de raíz; y mejor si no duermes y vigilas de noche tu campo» (Surco 677).

   Ante el mal que veo en el mundo, en mi alma, quiero aprender a tener tu paciencia, Señor. Y el secreto de tu paciencia está en tu amor, que invita al diálogo (Maertens-Frisque).

   Dios es más paciente: soporta la cizaña y soporta el daño que la cizaña causa al buen grano. Revelación de la infinita misericordia de Dios para con todos nosotros. Destruir la cizaña hubiera hecho daño también a una parte de la cosecha:

   -Al tiempo de la siega diré a los segadores: Quemad la cizaña... el trigo almacenadlo en mi granero. El lento trabajo de Dios lo tiene todo previsto, todo se dirige hacia un bien, y quiero creer, Señor, otorgarte mi confianza. Te pido una sólida, bondad y paciencia: respetar el modo de ser de los demás, querer a los pecadores como también lo soy yo, y aun a los mismos malos, por la parte de bien que hay en ellos y que Dios ve mejor que nosotros.

   Habituarse a ver lo "bueno" que existe en la humanidad, y no ver la cizaña en el campo. Los pecadores, todos disponen del tiempo necesario para convertirse. ¡Gracias, Señor! Y nadie tiene el derecho de atribuirse una prerrogativa divina juzgando a los demás. El Reino de Dios crece lentamente, y hasta el final no veremos los frutos que habremos dado en el campo del Padre (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

jueves, 25 de julio de 2024

Viernes de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: la palabra de Dios es viva y eficaz, camino para la felicidad, y germina en nosotros hasta darnos la vida eterna

Viernes de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: la palabra de Dios es viva y eficaz, camino para la felicidad, y germina en nosotros hasta darnos la vida eterna

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías (3,14-17): Volved, hijos apóstatas –oráculo del Señor–, que yo soy vuestro dueño; cogeré a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu, y os traeré a Sión; os daré pastores a mi gusto que os apacienten con saber y acierto; entonces, cuando crezcáis y os multipliquéis en el país –oráculo del Señor–, ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor, no se recordará ni mencionará, no se echará de menos ni se hará otra. En aquel tiempo, llamarán a Jerusalén «Trono del Señor», acudirán a ella todos los paganos, porque Jerusalén llevará el nombre del Señor, y ya no seguirán la maldad de su corazón obstinado.

   2. Salmo Jr 31: Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.»

   «Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte.» Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

   Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.

   3. Mateo 13,18-23: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno»".

 

B. Comentario:

    1. Jeremías transmite hoy: -"Volved, hijos rebeldes, porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad y por parejas de cada familia y os reconduciré a Sión". Es la esperanza del «reencuentro» que desea la humanidad: estar juntos, volver a encontrarse cuando se ha estado separados. En ese sentido «Babel» es el símbolo de la dispersión de los hombres que no logran vivir reunidos. Jerusalén será el símbolo de una concentración universal.

   -"Os daré pastores según mi corazón, que os conducirán con prudencia e inteligencia". Es la oración por los pastores, la que  nos sostiene unos a otros…

   -"Cuando seáis más y fructifiquéis en el país, Palabra de Dios, no se hablará más del arca de la alianza, ni vendrá en mientes, ni se acordarán de ella, ni la echarán en falta, ni será reconstruida". No será necesaria el Arca, pues es imagen de Dios que viene con su Espíritu.

   -"En aquel tiempo, llamarán a Jerusalén: el "Trono del Señor"". El Arca representaba como una imagen a Dios; pero vendrá una presencia del mismo Dios, como dirá Jesús: «Destruid ese Templo y lo reconstruiré en tres días... hablaba del templo de su cuerpo.» (Juan 2, 19-21)

   -"Todas las naciones se incorporarán a Jerusalén, en el nombre del Señor, y abandonarán la obstinación de sus perversos corazones". Señor, haz que todos los hombres vivamos como hermanos (Noel Quesson).

   2. La presencia de Dios mismo será la sustitución del Arca: «llamarán a Jerusalén Trono del Señor, por el nombre del Señor que está en Jerusalén». El salmo prolonga esta perspectiva esperanzadora: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño».

   Jesús, antes de despedirse, nos aseguró: «yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». No le vemos, pero sabemos que el Señor Resucitado está con nosotros a lo largo del camino. Señor, te pido más fe, para vivir esta fiesta: «Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas».

   3. Jesús, nos haces tu explicación de la parábola del sembrador: las diversas clases de terreno que suele encontrar la Palabra.

   1º El que oye la palabra del reino y no la comprende... Las palabras materiales del evangelio han sido oídas o leídas; pero a la manera de una "lectura ordinaria". El evangelio es una palabra viva: el autor del evangelio, el que nos habla a través de las palabras, está vivo HOY... Se dirige a mí. No es pues ante todo una colección de ideas o de bonitos pensamientos, es el "encuentro con alguien". En una meditación sobre el evangelio, hay que hacerse siempre esta pregunta: ¿qué descubro de ti, Señor, a través de este pasaje evangélico? Quisiera saber abrir mi corazón a tu palabra, no hacer como los discípulos que en el sermón eucarístico, asustados de lo que exigías (Jn 6,60), se fueron. La Palabra que Dios nos dirige es siempre eficaz, salvadora, llena de vida. Pero, si no encuentra terreno bueno en nosotros, no le dejamos producir su fruto. ¿Se nos nota durante la jornada que hemos recibido la semilla de la Palabra y hemos recibido a Cristo mismo como alimento? (J. Aldazábal).

   Hoy vemos la interpretación espiritual de la parábola del sembrador. Compara Jesús a los hombres con cuatro clases de terreno: la misma simiente, la misma Palabra divina, dan resultados más o menos profundos según la respuesta subjetiva que acordamos a la Palabra.

   2º El que recibe el mensaje con alegría; pero no tiene raíces, es el hombre inconstante: cuando surge la dificultad o persecución, falla. Algunos empiezan a meditar con entusiasmo, pues es verdad que al principio se suele encontrar mucha consolación en la oración. Pero es necesario perseverar. No basta seguir a Dios, cuando esto resulta agradable y fácil... también en la prueba y en la noche del espíritu es necesario perseverar. Hay un conocimiento profundo de Dios que no se adquiere más que con una larga e incansable frecuencia con el evangelio, leído, meditado y vuelto a meditar. Jesús se nos revela en esta frase como un hombre perseverante, que no se contenta con nuestros fervores pasajeros: espera nuestras fidelidades.

   3º El que escucha la palabra, pero el agobio de esta vida, y la seducción de la riqueza la ahogan y se queda estéril. Hay que saber elegir. "No podéis servir a la vez a Dios y al dinero" (Mt 6,24) El descubrimiento de Dios es una maravillosa aventura que implica nuestra entrega y compromiso total: las preocupaciones mundanas, el agrado del placer, el afán de riqueza ¡pueden ahogar la Palabra de Dios! Hemos sido advertidos suficientemente y además tenemos de ello experiencia. Sobre la riqueza, Jesús tiene una palabra reveladora: habla de la "ilusión de la riqueza"... "del engaño de la riqueza"... La riqueza es un falso amigo: promete mucho y decepciona también mucho.

   4º El que escucha el mensaje y lo entiende; ése sí da fruto y produce en un caso ciento, en otro sesenta, en otro treinta. El Reino de Dios es una invitación a la esperanza y al optimismo: ¡un solo grano de trigo puede producir cien granos! Es una invitación al trabajo y a la oración y esto depende de nosotros (Noel Quesson).

   Quisiera conocer, Jesús, cómo dejar germinar la semilla de tu palabra en mi vida. Te pido entender tu doctrina, captar tu mensaje, no quedándome en lo superficial. Pienso que puedo hacer propósitos en estos campos, que aseguran mi buena disposición:

   a) rezar cada día, pues para acoger tu palabra tengo que estar a la escucha

   b) lectura espiritual, y si puedo asisto regularmente a algún medio de formación cristiana;

   c) hablar de las cosas de mi alma, por ejemplo en un acompañamiento espiritual que me ayude a percibir tu palabra, a resolver dudas que en la oración voy viendo que necesito también pedir consejo: «Dios ha dispuesto que, de forma ordinaria, los hombres se salven con la ayuda de otros hombres; y así a los que El llama a un grado más alto de santidad les proporciona también a unos que les guíen hacia esta meta» (León XIII).

   d) frecuentar ambientes donde vea encarnada esa Palabra tuya, donde me estimule el ejemplo de los demás a ir a buen paso hacia ti, Señor, en la lucha por no dejarme dominar por la riqueza, egoísmo, sensualidad, comodidad, etc...

    "Jesús, quiero que mi tierra sea buena tierra. Para ello necesito los medios de formación, la constancia en mi plan de vida, y la guarda de mi corazón de modo que no se llene de frivolidad. Cuando dejo de luchar en estos puntos, qué rápido me ahoga el ambiente, qué pronto se marchita esa vida interior que estaba empezando a brotar en mi corazón. Y me quedo, Jesús, como atontado: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia. Jesús, es hora de decir: ¡basta! Quiero de verdad ser santo, corresponder a tu amor, hacer fructificar la semilla de la gracia que has puesto en mi alma. Es hora de volver a empezar" (Pablo Cardona).

 

Llucià Pou Sabaté

25 de julio: Santiago,apóstol, Patrón de España: dar la vida por Cristo es recobrarla de un modopleno, beber su cáliz es participar en su gloria

25 de julio: Santiago, apóstol, Patrón de España: dar la vida por Cristo es recobrarla de un modo pleno, beber su cáliz es participar en su gloria

 

A. Lecturas:

   1. Hechos (4,33;5,12.27-33;12,2): En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»

   Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

   2. Salmo 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

   Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

   La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.

   3. II Corintios (4,7-15): Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

   4. Mateo 20,20-28: "En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: -¿«Qué deseas?» Ella contestó: -«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? » Contestaron: -«Lo somos.» Él les dijo: -«Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.» Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: -«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos»".

B. Comentario:

   1. Los Hechos de los apóstoles (4-5) nos dicen que los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: -«¿No os hablamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» Pedro y los apóstoles replicaron: -«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. "Sin obrar milagros ni prodigios, los discípulos de Jesús no habrían movido a sus oyentes a abandonar, por nuevas doctrinas y verdades, su religión tradicional y a abrazar con peligro de la vida las enseñanzas que les anunciaban" (Orígenes). Van unidos a la Revelación de Dios esos milagros, acompañan a la gracia, esos carismas, al servicio de la caridad que edifica la Iglesia (Catecismo 2003). El sanedrín ataca a los apóstoles, quieren su muerte. La presencia de los testigos resulta molesta cuando pone a los hombres ante el espejo de la verdad. "Dios ha permitido –comenta S. Juan Crisóstomo- que los Apóstoles fueran llevados a juicio para que sus perseguidores fueran instruidos, si lo deseaban (…). Los apóstoles no se irritan ante los jueces sino que les ruegan compasivamente, vierten lágrimas, y sólo buscan el modo de librarles del error y de la cólera divina".

   "Mártir" es "testigo", y Santiago el Mayor da testimonio con su muerte hacia los años 42-43, es el primer mártir de los Doce y el único cuya muerte se menciona en el Nuevo Testamento. Era un hombre con espíritu cándido, fiel, sincero, de buen corazón, sin falsedad, algo iracundo que irá dulcificando volviéndose cada vez más tierno al hablar del amor. Hoy rezamos: "Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que Santiago fuera el primero de entre los apóstoles en derramar su sangre por el Evangelio, fortalece a tu Iglesia con el testimonio de su martirio y defiéndela con su valiosa protección". Y en el prefacio proclamamos: "no abandonas a tu rebaño, sino que lo cuidas continuamente por medio de los santos Apóstoles, para que sea gobernado por aquellos mismos pastores que le diste como vicarios de tu Hijo"...

   2. El Salmo 66 nos habla de la bendición de Dios que se consuma en su Hijo Jesucristo. "El Señor tenga piedad y nos bendiga… Que Dios nos bendiga. Ilumine su rostro sobre nosotros". Agustín desarrolla su plegaria "cristiana" con estas palabras: "Ya que nos grabaste tu imagen, ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza, tu moneda, ilumina tu imagen en nosotros, de manera que no quede oscurecida. Envía un rayo de tu sabiduría para que disipe nuestras tinieblas y brille tu imagen en nosotros... Aparezca tu Rostro, y si -por mi culpa-, estuviese un tanto deformado, sea reformado por ti, aquello que Tú has formado."

   La tierra ha dado su fruto: Son varios los Padres que, en el comentario a este versículo, nos ofrecen una interpretación concorde. ¡La Tierra! La Virgen María, es de nuestra tierra, de nuestra raza, de esta arcilla, de este lodo, de la descendencia de Adán. La tierra ha dado su fruto; el fruto perdido en el Paraíso y ahora reencontrado.

   Primeramente ha dado la flor: «Yo soy el narciso de Sarón y el lirio de los valles» (Cant 2,1). Y esta flor se ha convertido en fruto: fruto porque lo comemos, fruto porque comemos su misma Carne. Fruto virgen nacido de una Virgen, Señor nacido del esclavo, Dios nacido del hombre, Hijo nacido de una Mujer, Fruto nacido de la tierra" (S. Jerónimo). "Nuestro Creador, encarnado en favor nuestro, se ha hecho, también por nosotros, fruto de la tierra; pero es un fruto sublime, porque este Hombre, nacido sobre la tierra, reina en los cielos por encima de los Ángeles" (S. Gregorio Magno; cf. F. Arocena).

   3. "Llevamos un tesoro en vasijas de barro", dice san Pablo (1Co 4,7-15): el conocimiento y experiencia de Jesús resucitado. Él tiene en cuenta su propia debilidad personal, la del hombre salido del barro según la tradición. Sin la gracia de Jesús todo sería un fracaso. Con Él, la debilidad es lugar de la manifestación de Dios; se manifiesta en "nuestra carne". Cuando la esperanza humana parece extinguirse, entonces brilla el actuar de Dios. La fuerza se realiza en la debilidad y el poder de Dios triunfa a pesar de nuestra inutilidad. El sufrimiento es una asociación a la muerte de Cristo; y así como toda vida lleva consigo un germen de vida. "Si ambicionas la estima de los hombres, y ansías ser considerado o apreciado, y no buscas más que una vida placentera, te has desviado del camino. (…) En la ciudad de los santos, solo se permite la entrada y descansar y reinar con el Rey por los siglos eternos a los que pasan por la vía áspera, angosta y estrecha de las tribulaciones" (Pseudo Macario). La imagen del Dios alfarero está siempre presente… y en medio de ese actuar –reciclaje divino que saca bien del mal que con nuestra libertad vamos a veces haciendo-… "lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios" (S. Josemaría Escrivá).

   ¿Cómo se desarrolla la renovación del hombre «interior»? "¿Y de qué manera? Por la fe, por la esperanza, por la caridad ardiente. Por tanto hemos de ver los peligros con mirada intrépida. Cuanto mayores sean los males que consuman nuestro cuerpo, más lisonjeras esperanzas deberá concebir nuestra alma, más esplendor y brillo sacará de allí, como el oro toma un brillo más deslumbrante cuando está en el crisol encendido" (S. Juan Crisóstomo). Así, sigue el texto de hoy, «nuestras penalidades momentáneas y ligeras nos producen una riqueza eterna, una gloria que les sobrepasa desmesuradamente». El deseo de Dios lleva al mártir a una entrega donde la condición mortal es absorbida finalmente por la Vida. Aman la vida, pero más el Amor y la Vida en Dios (M. Gallart), deseando siempre «el destierro lejos del cuerpo y vivir con el Señor».

3. La madre de los hijos del Zebedeo aspira no sólo a un mejor puesto para sus hijos, sino a lo máximo, al todo del reino. Jesús, te pido realizar esa aspiración a lo más alto que has puesto en mi corazón. Veo cómo calmas el ardor de tus discípulos, sin humillarlos. Ellos no entienden el verdadero significado de este cáliz sacrificial, que beberás como el Siervo de Yavéh (Isaías 52). Tú nos das la fuerza necesaria para no tener miedo a la muerte por saber que hay algo mejor.

   Queremos hoy celebrar a Santiago, Señor, verlo como a uno de tus predilectos junto a Pedro y a Juan su hermano: te acompañaron en la glorificación del Tabor, la resurrección de la hija de Jairo, en tu oración de Getsemaní. Por su celo impetuoso, le diste a estos dos hermanos el sobrenombre de Boanerges, los hijos del trueno.

   Con el tiempo le irás hacer viendo que la única ambición que vale la pena es la gloria de Dios. Cuenta Clemente de Alejandría que cuando el Apóstol era llevado al tribunal donde iba a ser juzgado fue tal su entereza que su acusador se acercó a él para pedirle perdón. Santiago... lo pensó. Después lo abrazó diciendo: "la paz sea contigo"; y recibieron los dos la palma del martirio. En el diálogo hay una pedagogía divina: "Fijémonos -escribe San Juan Crisóstomo- en cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: "¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?", sino que sus palabras son: ¿Podéis beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo tengo que beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su Pasión le da el nombre de bautismo, para significar con ello que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo". Y «Santiago vivió poco tiempo, pues ya en un principio le movía un gran ardor: despreció todas las cosas humanas y ascendió a una cima tan inefable que murió inmediatamente» (San Juan Crisóstomo).

   Jesús, luego les hablas del servicio. Como tú nos das ejemplo. La ambición religiosa es lo más opuesto al evangelio. Solamente una iglesia servidora es una iglesia creyente ("Eucaristía 1978").

   El discípulo no tiene que preocuparse del sitio que ha de ocupar aquí o en el cielo, sino de "beber el cáliz" de Jesús, es decir, estar en comunión con Él. Nos dices, Señor, que "los pueblos" o "las naciones" dominan y tú nos propones ser "servidor" (diakonos) y "esclavo" de los demás. Comienzas por decir que el acceso a los tronos del juicio pasa por el sufrimiento: beber un cáliz y sumergirse en las pruebas. Y que, de todas maneras, sólo Dios fija la hora del juicio y la composición del tribunal. El misterio pascual será también quien ayudará a iluminar ese misterio...

   En el Antiguo Testamento, la copa designa el juicio de Dios sobre los pecadores: esta copa debe ser bebida hasta las heces. Ahora bien: la copa tiene también valor sacrificial. Jesús, piensas sufrir el juicio de los pecadores y hacerlo de manera sacrificial. Los apóstoles podrán ser asociados a esa misión. Beberán la copa del sufrimiento, así como la copa sacramental, mediante la cual el cristiano se asocia a la pasión y a la resurrección de Jesús. Luego abres, Señor, esa misión de servicio a los demás, siendo tú primero el Siervo paciente que se inmola por la multitud. Es tu cruz, Jesús, la que nos salva, y lo celebramos en la Eucaristía (Maertens-Frisque).

   En la década que va desde la primera predicación hasta la muerte martirial de Santiago,  según una piadosa tradición de los pueblos de España, el Apóstol se desplazó a la península ibérica como primer anunciador del evangelio. Él y sus discípulos plantaron las primeras  Iglesias en las provincias de Celtiberia ya romanizadas. Dentro de esa misma tradición, con  leves soportes documentales, pero con honda belleza y ternura, se nos muestra al Apóstol  cansado y exhausto, junto a la orilla del Ebro, al pie de un pequeño pedestal de piedra,  donde acude la Virgen María, todavía viviente en este mundo, para darle ánimos al pobre  Santiago y nuevos impulsos a su empeño evangelizador. Tradiciones de corte parecido y de origen tardío se dan en otras naciones de la Europa  cristiana y con distintos Apóstoles de Jesús, fenómeno muy común en los siglos  comprendidos entre la invasión de los Bárbaros y la baja Edad Media. En nuestro caso esos  relatos se revisten con datos históricos de probada autenticidad, como son en su conjunto la  presencia del cristianismo en la Hispania romana y la plétora posterior de mártires, santos  padres, monasterios y santuarios, desde el siglo III hasta la Iglesia visigótica. Sin unas raíces  tan recias, tan extendidas, tan profundas, el árbol frondoso de la fe de España, abatido  brutalmente durante más de siete siglos de dominio musulmán, no habría podido resistir a  tan tremendos desafíos.

   Compostela se convirtió en peregrinación de gran importancia en la cristiandad, los Años jubilares desde las postrimerías del siglo XII hasta hoy hacen que Compostela, con Jerusalén y Roma constituirán los puntos focales de la cristiandad medieval, con claras ventajas para la primera por su accesibilidad viaria, el valor espiritual de sus  perdonanzas, la literatura circulante de sus peregrinos más famosos. En Centro-Europa se  llegará a llamar a España el Jacobland, el país de Santiago. Peregrinar a su sepulcro será  una llamada de conversión y purificación con fuerza singular. Fluyen los peregrinos de  Inglaterra y de Dinamarca, de Flandes, de Italia y arrolladoramente de Francia. Compostela  hará méritos, en el segundo milenio cristiano, para ser considerada como uno de los ejes  espirituales más profundos de la Europa de ayer y de hoy (Antonio Montero).

Llucià Pou Sabaté

miércoles, 24 de julio de 2024

Miércoles de la semana 16 de tiempo ordinario (año par): la Palabra de Dios sigue fecundando el mundo, en una siembra que continúa con nuestra colaboración

Miércoles de la semana 16 de tiempo ordinario (año par): la Palabra de Dios sigue fecundando el mundo, en una siembra que continúa con nuestra colaboración

A. Lecturas:

1. Jeremías (1,1.4-10): Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, de los sacerdotes residentes en Anatot, territorio de Benjamín. Recibí esta palabra del Señor: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.»

   Yo repuse: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.»

   El Señor me contestó: «No digas: «Soy un muchacho», que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte.» Oráculo del Señor.

   El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: «Mira: yo pongo mis palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar.»

   2. Salmo 70: A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame.

   Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa.

   Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías.

   Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.

   3. Mateo 13,1-9: «Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a él tal multitud que hubo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga».

B. Comentario:

   1. Jeremías (1,1.4-10) será el profeta que leeremos durante unas tres semanas. Vivió algo más de un siglo después de los tres profetas precedentes -Amós, Isaias, Miqueas-. Vivió el drama de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, precedida de varias deportaciones. Sin embargo, más fuerte es la llamada de Dios:

   -"El Señor me dirigió la palabra y me dijo: «Antes de haberte formado en el seno materno, te conocía. Antes que nacieses, te consagré.»" Una palabra íntima, una convicción secreta: Dios se me ha adelantado, y ha sido el primero en amarme, ¡desde el seno de mi madre... y antes! Cuando se nos habla de las partículas de la vida, sabemos que no somos fruto del azar, que éstas, como las demás partículas, las ha puesto Dios en su creación, que hay un encuentro entre la razón creadora, y la mente humana que descubre algo de esa creación. Creo, Señor, que he sido querido por Ti... y que Tú tienes un proyecto sobre mí. No me has suscitado a la existencia porque sí, sino para una tarea precisa que nadie más que yo puede cumplir.

   -"Te constituyo profeta de las naciones". La misión de Jeremías es "universal", internacional. De hecho, sabemos por la historia que la misión de Jeremías fracasó viviendo él. Pero después, su influencia fue creciendo sin cesar: es el padre del judaísmo más puro, que florecerá pasada la prueba del Exilio. Al poner en evidencia las relaciones íntimas del alma con Dios, preparó la nueva Alianza en Jesús.

   -"Y dije: «¡Ah, Señor! No sé expresarme. No soy más que un muchacho.» Jeremías es un tímido. A diferencia de Isaías que se ofrecía de entrada, él, en cambio, duda, confiesa su debilidad, su incapacidad.

   -"El Señor contestó: «No digas: soy un muchacho. Irás adondequiera que Yo te envíe, dirás todo lo que te ordenaré. No les tengas miedo, que estoy contigo para salvarte, palabra del Señor.» Entonces alargó el Señor su mano, me tocó la boca y me dijo: "De tal modo, ¡he puesto mis palabras en tu boca!"" Jeremías será, verdaderamente, el hombre de la «palabra». Ninguna debilidad cuenta ante esa llamada: necesitará «recibirlo todo» de Dios para poder decir algo válido. Señor, toca mis labios, toca mi inteligencia y mi corazón, para que llegue a saber decir algunas palabras de Ti, a pesar de mi debilidad.

   -"Recuerda que hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos, para extirpar y destruir, para abatir y derrocar, para reconstruir y plantar". Señor, danos la valentía de arriesgar nuestra vida por la verdad, por el amor, por una gran causa a la que dedicamos nuestra vida porque creemos que nos viene de Ti (Noel Quesson).

   2. A nosotros nos ha tocado ser cristianos en unos tiempos también difíciles (¿hay alguno que no lo haya sido?). En muchas regiones, estamos en medio de una sociedad secularizada y pluralista. No tendremos la misión de influir en las opciones militares o políticas de nuestro país. Pero sí, la de dar testimonio de los valores de Dios y del mensaje de Cristo en el ámbito de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra parroquia, de nuestra sociedad.

   Nuestra voz profética -hecha más de testimonio vivencial que de palabras- debería ser valiente, comprometida. Si tenemos dificultades, sentiremos un gozo especial en recitar el salmo de hoy: «A ti, Señor, me acojo... sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve... / Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud» (J. Aldazábal).

   3. Empezamos hoy (hasta el viernes de la semana que viene) el capítulo de las parábolas de Jesús: el sembrador y su semilla, el grano de mostaza, la levadura, el tesoro y la perla escondidos, la red que recoge peces buenos y malos. Las parábolas son relatos que en labios de Jesús contienen una lección para enseñar las líneas-fuerza del Reino, con comparaciones llenas de expresividad.

   Jesús, no es la primera vez que enseñas desde la barca, para que puedan oírte bien desde la orilla, de manera que puedan también verte, comienzas hoy diciendo: "-He aquí que salió el sembrador a sembrar"...

   La siembra divina continúa hoy, como también en época de san Pablo incluso cuando estaba desanimado, porque los habitantes de Corinto, la ciudad pagana, no le hacían mucho caso, y escucha la voz de Cristo que le dice: «No tengas miedo, sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo... yo tengo un pueblo numeroso en esta ciudad» (Hch l 8,9- l 0). Y, en efecto, Pablo se quedó en Corinto año y medio, «enseñando entre ellos la Palabra de Dios» o sea, sembrando en abundancia.

   La comunidad cristiana -los pastores y todos los demás fieles- hemos recibido el encargo de que el mensaje de Cristo llegue a todos, «siembra» divina en el lenguaje de hoy, como recientemente se ha preparado el Catecismo para jóvenes, así lo importante es sembrar, porque la Palabra de Dios tiene una fuerza interior que germina y da fruto también en terrenos hostiles.

   Con esperanza y confianza en Dios, somos instrumentos de la iniciativa de Dios, que es  quien hace fructificar nuestros esfuerzos. Nosotros tenemos que sembrar sin tacañería y sin desanimarnos fácilmente por la aparente falta de frutos (J. Aldazábal).

   El pobre "sembrador" de la parábola de hoy no tiene buena suerte, en apariencia: los pájaros comen las semillas, antes de que germinen..., luego la plantita es quemada por el sol, antes que pudiera crecer..., por fin la planta que había logrado desarrollarse es sofocada por las malas hierbas... ¿Por qué nos cuentas, Jesús, esta serie de fracasos? Podría pensarse, cuando se llega a este punto de la parábola, que el trabajo del sembrador ha sido completamente inútil. Pues bien, todo ello es imagen del "Reino de Dios"...

   A menudo tenemos nosotros la impresión de estar perdiendo el tiempo al tratar de vivir y proclamar el evangelio, y no ver ningún resultado. ¡Señor, contéstanos! ¡Señor, ilumínanos!

   -"Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto; unos ciento; otros, sesenta; otros treinta". He aquí un éxito sorprendente. El fracaso anterior es muy ampliamente compensado. Sí, a pesar de las apariencias contrarias, la cosecha divina será un hecho. Al fin de cuentas el Sembrador no quedará decepcionado: el Reino de Dios tiene asegurado el éxito final... ¡la Palabra de Dios no puede fallar porque Dios es Dios!

   «La tierra era buena, el sembrador el mismo, y las simientes las mismas; y sin embargo, ¿cómo es que una dio ciento, otra sesenta y otra treinta? Aquí la diferencia depende también del que recibe, pues aun donde la tierra es buena, hay mucha diferencia de una parcela a otra. Ya veis que no tiene la culpa el labrador ni la semilla, sino la tierra que la recibe; y no es por causa de la naturaleza, sino de la disposición de la voluntad» (San Juan Crisóstomo).

   «La escena es actual. El sembrador divino arroja también ahora su semilla. La obra de la salvación sigue cumpliéndose, y el Señor quiere servirse de nosotros: desea que los cristianos abramos a su amor todos los senderos de la tierra; nos invita a que propaguemos el divino mensaje, con la doctrina y con el ejemplo, hasta los últimos rincones del mundo. Nos pide que, siendo ciudadanos de la sociedad eclesial y de la civil, al desempeñar con fidelidad nuestros deberes, cada uno sea otro Cristo, santificando el trabajo profesional y las obligaciones del propio estado» (J. Escrivá, Es Cristo que pasa 150).

   -"¡Quien tenga oídos, que oiga!" A menudo, sí, somos sordos y nuestros corazones están cerrados; no sabemos percibir suficientemente los signos del Reino de Dios, los signos que Dios trabaja en su obra, que la "mies crece" y que "la cosecha 100 por 1" está preparándose... a pesar de las apariencias contrarias. Señor, danos tu modo de ver. Señor, llévanos contigo para sembrar el buen grano (Noel Quesson).

 

Llucià Pou Sabaté

Martes de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: la relación de Dios con su pueblo es de fe, y crea un vínculo, que irá haciéndose fuerte hasta formar una familia, la de los hijos de Dios, en la fidelidad

Martes de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: la relación de Dios con su pueblo es de fe, y crea un vínculo, que irá haciéndose fuerte hasta formar una familia, la de los hijos de Dios, en la fidelidad

 

A. Lecturas:

   1. Miqueas (7,14-15.18-20): Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

   2. Salmo 84,2-4.5-6.7-8: Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados, has reprimido tu cólera, has frenado el incendio de tu ira.

   Restáuranos, Dios salvador nuestro; cesa en tu rencor contra nosotros. ¿Vas a estar siempre enojado, o a prolongar tu ira de edad en edad?

   ¿No vas a devolvernos la vida, para que tu pueblo se alegre contigo? Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

   3. Mateo 12,46-50: "En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con Él. Uno se lo avisó: -«Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. » Pero Él contestó al que le avisaba: -«¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?» Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: -«Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre»".

 

B. Comentario:

   1. El libro de Miqueas termina con una serie de párrafos que datan probablemente del retorno del exilio (7,8-20). Dios es misericordioso, pero también manifestará su ira contra el pecador y castiga a la esposa infiel. Dios no es indiferente al pecado, pero no por ello deja de ser fiel a la alianza; Dios no deja de amar a su pueblo. El descubrimiento más importante de los hebreos en el exilio es que Dios les sigue siendo fiel y fundamentalmente benévolo. La fidelidad de Dios se convierte de esta forma en misericordia, en perdón y en gracia: -"Conduce, Señor, a tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solitario entre malezas... Como en los días de tu salida de Egipto, ¡haznos ver maravillas!" Yo también te evoco, Señor,  lo que has hecho por mí en el pasado.

   -"¿Qué Dios hay como Tú que quite la culpa... que perdone el delito... que no mantenga su ira por siempre... puesto que se complace en el amor..." Se trata de un descubrimiento que hay que ir repitiendo sin cesar. ¡Este Dios! y no otro.

   ¿Qué Dios hay como Tú? Un Dios que es, ante todo, «bueno», misericordioso, benévolo. Un Dios tenaz que continúa amando a su pueblo a pesar de su infidelidad.

   ¡Un Dios «que se complace haciendo beneficios»! Es una de las definiciones más conmovedoras de Dios. Toda la historia de la salvación nos lo prueba. Dios es así.

   Todo el evangelio nos confirma en esta certidumbre… Más que mirar mis pecados, contemplo a Dios... el que perdona, el que borra la falta, el que se complace en perdonar...

   -"Una vez más, ten piedad de nosotros". Me gusta este «una vez más». ¡Es verdad! A pesar de las más hermosas resoluciones, uno vuelve a encontrarse con sus pecados. Una sola solución: «una vez más, ten piedad de mí.» Señor, concédeme la gracia de no dudar nunca de la repetición incansable de tu perdón. Ayúdame a no desanimarme nunca ante mis recaídas, porque yo creo en tu constancia… «sin Ti no podemos hacer nada» (Juan 15,5), y no quiero confiar en mis fuerzas, sino dejarme llevar por ti, corresponder a tu amor según lo que yo pueda.

   -"¡Pisotearás nuestras culpas, arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados!" Dos imágenes muy penetrantes: pisotear, arrojar al fondo del océano. Desde el abismo de nuestra miseria, bajo el peso de nuestros hábitos difíciles de vencer, cuán bueno es pensar que así trata Dios nuestros pecados. Un olvido total. Como el objeto arrojado por la borda y que desaparece para siempre, en el fondo del abismo.

   -"Otorga fidelidad a Jacob, tu amor y gracia a Abraham, como juraste a nuestros padres desde antaño".

   Al hombre moderno, habitualmente, no le agrada depender del perdón de otro. Y el término «misericordia» es rechazado (es muy importante la encíclica "Dives in Misericordia", de Juan Pablo Il): prefiere construirse cada uno su vida. Además la misericordia de Dios suscita la cooperación, el esfuerzo de conversión... y nos invita a ser nosotros misericordiosos para con los demás (Noel Quesson).

   2. El salmo refleja bien la idea del profeta y nuestros sentimientos de confianza: «Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo, has sepultado todos sus pecados... muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación».

   La última palabra de la historia no es nuestro pecado, sino, como nos dice Miqueas, el amor perdonador de Dios (J. Aldazábal). Esta permanencia del amor de Dios hacia su pueblo, a pesar de la infidelidad de este, no varía la gracia de Dios ni su fidelidad, su piedad y perdón son intercambiables (Maertens-Frisque).

   3. –"Todavía estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con Él". Jesús, gracias por ser uno de los nuestros, con una madre, María; primos -llamados aquí "hermanos" según la costumbre de algunos pueblos-; con tu lengua aramea.

   Cuando se lo dicen, Jesús responde: "¿Quién es mi madre?, ¿quiénes son mis hermanos?"" Jesús, quisiste revelarnos algo muy importante: -"Señalando con la mano a sus discípulos dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos". ¡Extraordinaria revelación! El discípulo es de la familia, pariente de Jesús. Genera un intercambio de corazón a corazón entre "hermanos y hermanas de Jesús". Es un gran mensaje y una verdadera revolución para la humanidad. Me hace pensar:¿qué debo cambiar en mis relaciones con mis hermanos?

   La madre y los parientes de Jesús quieren saludarle, y alguien se lo viene a decir. Jesús, que luego les atendería con toda amabilidad, ahora aprovecha para anunciarnos el nuevo concepto de familia que se va a establecer en torno a Él. No van a ser decisivos los vínculos de la sangre: «el que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre». No niegas, Señor, los valores de la familia humana, sino que fundas la Iglesia, por encima de razas y con vocación universal, no limitada a un pueblo, como el antiguo Israel. No fundada en criterios de sangre o de raza, son los que creen en ti y cumplen la voluntad de su Padre, tu nueva familia que empezó con Santa María y San José, los primeros creyentes. No basta con estar bautizado, con "estar" en la Iglesia: hay que "ser", pues la fe tiene consecuencias en la vida.

   -"El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo. Ese es hermano mío y hermana y madre". «Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir: «El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre» (CEC 2233). La característica esencial del discípulo de Jesús: es "hacer la voluntad de Dios". El que actúa así es un verdadero pariente de Jesús. Entrar en comunión con Dios, haciendo su Voluntad... Es, al mismo tiempo, entrar en comunión con innumerables hermanos y hermanas que tratan, ellos también, de hacer esa misma voluntad (Noel Quesson).

   Los sacramentos, y en particular la Eucaristía, piden coherencia en la conducta de cada día, para que podamos ser reconocidos como verdaderos seguidores y familiares de Jesús. Santa María sí supo decir -y luego cumplir- aquello de «hágase en mí según tu palabra». Aceptó la voluntad de Dios en su vida. Los Padres decían que fue madre antes por la fe que por la maternidad biológica. Es el mejor modelo para los creyentes. Cuando acudimos a la Eucaristía, a veces no conocemos a las personas que tenemos al lado. Pero también ellas son creyentes y han venido, lo mismo que nosotros, a escuchar lo que Dios nos va a decir, a rezar y cantar, a celebrar el gesto sacramental de la comunión con el Resucitado. Ahí es donde podemos acordarnos de que la familia a la que pertenecemos como cristianos es la de los creyentes en Jesús, que intentan cumplir en sus vidas la voluntad de Dios. Por eso, todos con el mismo derecho podremos elevar a Dios la oración que Jesús nos enseñó: «Padre nuestro, que estás en el cielo...» (J. Aldazábal).

   Esta filiación divina adoptiva tiene alguna semejanza con algunos ejemplos de la historia, como los emperadores romanos elegían hijos adoptivos para sus sucesores, prefiriéndolos a sus hijos naturales, para escogerlos bien en sus cualidades… Jesús edifica su religión no sobre las relaciones familiares de sangre, sino que forma una familia sobre una comunidad de fe y de amor. Libremente, quienes aceptan a Jesús y hacen la voluntad de Dios Padre son considerados por Él como de su propia familia. Así, "mi Padre que está en los cielos" se amplía al "Padre nuestro", y "hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir" (Catecismo 2233).

   Las palabras de Jesús son un elogio para su madre: "ella hizo la voluntad de mi Padre. Esto es lo que en ella ensalza el Señor: que hizo la voluntad de su Padre, no que su carne engendró la carne (…). Mi Madre a quien proclamáis dichosa, lo es precisamente por su observancia de la Palabra de Dios, no porque se haya hecho en Ella carne el Verbo de Dios y haya habitado entre nosotros, sino más bien porque fue fiel custodio del mismo Verbo de Dios, que la creó a Ella y en Ella se hizo carne" (S. Agustín).

 

Llucià Pou Sabaté