miércoles, 24 de julio de 2024

22 de julio. Santa María Magdalena: historia de un Amor apasionado

22 de julio. Santa María Magdalena: historia de un Amor apasionado

 

A. Lecturas:

   1. Cantar de los Cantares (3,1-4a): Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: «¿Visteis al amor de mi alma?» Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»

   2. Salmo 62,2.3-4.5-6.8-9: Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

   ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

   Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

   Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.

   3. Juan 20,1.11-18: "El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: -«Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les contesta: -«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. » Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: -«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: -«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: -«¡María!» Ella se vuelve y le dice: -«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!» Jesús le dice: -«Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."» María Magdalena fue y anunció a los discípulos: -«He visto al Señor y ha dicho esto».

 

B. Comentario:

   1. El Cantar de los cantares (3,1-4ª) nos muestra la imagen de la esposa enamorada: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: -"¿Visteis al amor de mi alma?" Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.» Éxtasis y calvario… la Magdalena estuvo al pie de la cruz con san Juan Apóstol. La amada busca al amado hasta encontrarlo, habla ella en sus búsquedas fallidas; S. Ambrosio nos dice: "si quieres retener a Cristo, búscalo y no temas el sufrimiento. A veces se encuentra mejor a Cristo en medio de los suplicios corporales y en las propias manos de los perseguidores. Apenas los pasé, dice el Cantar. Pues, pasados breves instantes, te verás libre de los perseguidores y no estarás sometida a los poderes del mundo. Entonces Cristo saldrá a tu encuentro y no permitirá que durante un largo tiempo seas tentada. La que de esta manera busca a Cristo y lo encuentra puede decir: lo abracé, y ya no lo soltaré; hasta meterlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas. ¿Cuál es la casa de tu madre y su alcoba, sino lo más íntimo y secreto de tu ser? Guarda esta casa, limpia sus aposentos más retirados, para que, estando la casa inmaculada (…), el Espíritu Santo habite en ella. La que así busca a Cristo, la que así ruega a Cristo no se verá nunca abandonada por Él; más aún, será visitada por Él con frecuencia, pues está con nosotros hasta el fin del mundo".

   También podemos leer la segunda carta a los Corintios, que pone el acento en la novedad que produce el amor de Cristo. Quien lo experimenta ve las cosas de otra manera, da muerte a su vida vieja y prueba su condición de "criatura nueva" (5,14-17; Gonzalo Fernández): "Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos... El que vive con Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo".

   2. El Salmo 62 es también un canto de amor: "Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua". Vivimos en el amor y del amor. Vivir en desamor es muy triste. Vivir sin amor es estar muriendo.

    "¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios". Es un amor que germina en las entrañas del Padre y en el corazón de Jesús. Dios ama y nos ama. Nosotros, que todavía vivimos en esta tierra y en esta Iglesia, ¿amamos como la Magdalena?

   "Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos". Juan Pablo II comenta: "es el salmo del amor místico, que celebra la adhesión total a Dios, partiendo de un anhelo casi físico y llegando a su plenitud en un abrazo íntimo y perenne. La oración se hace deseo, sed y hambre, porque implica el alma y el cuerpo. Como escribe santa Teresa de Ávila, "sed me parece a mí quiere decir deseo de una cosa que nos hace tan gran falta que, si nos falta, nos mata"". Sed y hambre… Jesús dirá: "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba, el que crea en mí" (Jn 7,37-38). En pleno mediodía de una jornada soleada y silenciosa, promete a la samaritana: "El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna" (Jn 4,14). Dirá otro salmo, el 41: "Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo" (vv. 2-3).

   "Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene". Dirá otro salmo: "A la sombra de tus alas canto con júbilo" (Sal 62,8). El miedo desaparece, el abrazo no encuentra el vacío sino a Dios mismo; nuestra mano se estrecha con la fuerza de su diestra (cf. Sal 62,9).

   3. María Magdalena va al sepulcro del Señor. No se para antes las dificultades de quién le quitaría la losa: va. En esa intuición que la guía, hay algo que nota en el ambiente, y es clara la alusión al Cantar (3,1: "Por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré"). La Magdalena intuye lo que no sabe todavía, y es que cesó la primera caída de Adán con la nueva creación que es la Resurrección, que hace nuevas todas las cosas por la Pascua y la redención: el paso de "la tiniebla" de la muerte, el nuevo día ha comenzado ya que la muerte ha triunfado.

   Fue corriendo a ver a Simón Pedro y también al otro discípulo, el predilecto de Jesús, y les dijo: «Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto». La reacción de María es de alarma. Avisa a los dos discípulos por separado. Se siente perdida sin Jesús. Hay una actitud de búsqueda. Él era su fuerza y su punto de referencia; queda ella misma sin ánimos y sin norte.

   María vuelve junto al sepulcro, fuera, llorando. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había estado puesto el cuerpo de Jesús. Le preguntaron ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les dijo: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». María no se separa del sepulcro, donde puede encontrar a Jesús. Colocados los ángeles a un lado y a otro, como los querubines del arca de la alianza (Éx 25,18), custodian el lugar donde ha brillado la gloria de Dios. Ella había cambiado radicalmente su vida para consagrarse completamente al amor de Jesucristo, y sin embargo, ahora no lo encuentra. Llora desconsolada.

   Jesús, no quieres que pase mucho tiempo con su pena. ¿Te apareces bajo la forma del jardinero? A mí también me parece que te "escondes", en ocasiones no te encuentro con la facilidad de antes, veo personas desconsoladas que no te ven. Quizá nos pasa como a María, que te tiene delante y no te ve. Delante de nosotros en esa situación difícil, en ese fracaso aparente, en las pequeñas cruces de todos los días. Y nos preguntas, ¿por qué lloras? ¿No te has dado cuenta que he resucitado y estoy contigo para siempre? Te pido, Señor, abrir los ojos de la fe. "¡Levántate tú que duermes, y te iluminará Cristo!" nos anuncia la liturgia pascual. Pero podríamos decir también, levántate tú que estás abatido, triste, confundido, y sal al encuentro del Resucitado. Él ha olvidado ya tu pasado, tus traiciones e infidelidades. Él quiere secar hoy tus lágrimas. Es por eso que, como con María Magdalena, quiere iniciar contigo ahora un diálogo de corazón a Corazón...  María Magdalena es modelo de los que buscan a Jesús. "Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas" (S. Gregorio Magno).

   Detrás de cada lágrima, está Jesús que las enjuga. Detrás de cada búsqueda está Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido. Cuando María Magdalena escucha en su conciencia descubre que el Maestro está vivo. En el corazón de María Magdalena todavía hay oscuridad, la invade la tristeza y la angustia y Juan lo expresa diciendo que ella va de madrugada al sepulcro cuando todavía está oscuro. Sin embargo, los obstáculos para reconocer al Resucitado empiezan a desaparecer: Su tristeza se convierte en asombro, la piedra que tapaba la tumba ha dejado la entrada libre, el sepulcro está vacío. Siente la necesidad de compartir esta primera experiencia por eso va a contarla a sus compañeros y se regresa nuevamente al sepulcro y vio que Jesús estaba allí pero no lo reconoció, cuando cae en la cuenta de que el sepulcro está vacío, llora. Jesús viéndola llorar le pregunta: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Pero ella necesita desahogarse, llora a un cadáver, llora un pasado del cual no ha podido desprenderse, ella le responde al que cree que es el encargado del huerto: Dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré, está dispuesta a seguir arrastrando su pasado, pero Jesús la hace reaccionar, con su tono acostumbrado la llama por su nombre y con esa clave ella reconoce al resucitado (Servicio Bíblico Latinoamericano). Ella despierta del sepulcro de un pasado de penas, para abrirse a lo nuevo. "No llores porque las nubes no te dejan ver el sol, que las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" (Tagore), la pena de la ausencia del amado puede estropear la fiesta cuando éste ya ha llegado. Todo ha de tener un límite, y hay que educar las penas, para crear la realidad que es positiva.

   Aquel que, mirándola "de otra manera", la ha restituido en su dignidad de mujer, está vivo a su lado, y ella "conoce su voz", y tendrá que transmitir a los demás que ha visto al Señor. Por eso, en la tradición oriental fue llamada isapóstolos, "igual que los apóstoles", y en la latina apostola apostolorum, "apóstol de apóstoles" (Biblia de Navarra). La llaman Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al esposo, pensando haberlo perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.

   "Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»" Es como si le dijera: Mientras sigas mirando al sepulcro, lugar de muerte, no me encontrarás. La esperanza nos lleva a pensar en positivo. En cuanto deja la mirada a lo negativo, y se vuelve al "ahora" divino, lo ve de pie. Ella, todavía consternada emotivamente, pensando que era el hortelano, le dice: «Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré». Tener un cadáver no es mucho… son esas "locuras" de enamorada, disfrutar de la presencia corporal. Jesús, quiero hacer examen sobre el interés con que acudo a ti, a los sacramentos. Que no me acostumbre a tu presencia silenciosa en la Eucaristía y en los hermanos.

   Cuando en nuestra vida nos encontremos enormes dificultades que parecen incluso imposibles, por el amor podemos sentir a Cristo resucitado al lado. Lo del hortelano nos recuerda el huerto-jardín (19,41) del lenguaje del Cantar, el encuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). Jesús la hace la primera "mujer" (esposa) de la nueva creación; ella lo llama "Señor".

   Le dice Jesús: «María». No puede seguir ocultándose y se le descubre (Cristo resucitado puede aparecerse corporalmente, a quien quiere, y le reconoce quien Él quiere, y quien está preparado, por eso va preparando a quienes se aparece…). La Magdalena se postra ante Él, y Él la llena del gozo de su resurrección, como quiere llenarnos a nosotros en este rato de oración. Sólo basta perseverar en la prueba y pedir su gracia, buscar para encontrarlo. La resurrección obra una auténtica transformación en la Magdalena. Ya no llora.

   Volviéndose ella, le dijo en su lengua: «Rabbuni» (que equivale a "Maestro"). Le dijo Jesús: «Suéltame, que aún no he subido con el Padre para quedarme». Jesús la llama por su nombre y ella reconoce su voz (cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pasado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11: "Se oirán la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia"; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías. Rabbuni, "Señor mío", era tratamiento dado a los maestros. Amor y fidelidad.

   Ahora es enviada por Cristo a anunciar el gozo de su triunfo: "Ve y dile a mis hermanos.." ¡Por primera vez en el Evangelio Cristo nos llama hermanos suyos! ¡Se ha realizado la filiación divina: somos verdaderamente hijos de Dios y hermanos de Cristo! Y como tales, participamos de su misma misión... La resurrección no podemos guardarla en el baúl de los recuerdos, sino anunciarla a los cuatro vientos como María Magdalena, de manera que muchos otros hombres y mujeres se conviertan en apóstoles convencidos del Reino de Cristo, dar a conocer el amor de Cristo al mundo.

   Hay un gesto implícito de María respecto a Jesús (Cant 3,4: "Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré"). A ese gesto responde Jesús al decir a María: Suéltame. Da la razón (aún no he subido al Padre para quedarme). No es aún el momento de la subida definitiva de Jesús al Padre (para quedarme) ni de la fiesta nupcial. Tendrá ocasión de verle más veces antes de la ascensión…

   «Ve a decirles a mis hermanos: "Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios"». Subida de Jesús al Padre (Subo a mi Padre), que dará comienzo a la nueva historia. Después volverá con los discípulos (14,18), estará presente con los suyos y seguirá "llegando" a la comunidad.

   María fue anunciando a los discípulos: «He visto al Señor en persona, y me ha dicho esto y esto». Por boca de su representante, la comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús. María, que lo ha visto, se convierte en mensajera. Su anuncio parte de la experiencia personal de Jesús y del mensaje que Él le comunica. Con este mensaje va a comenzar la nueva comunidad de hermanos, cuyo centro será Jesús.

   Magdalena era, según la tradición, mujer inquieta, sumamente afectiva, insaciable en el amor, mujer de contrastes. Pasó de enferma, poseída por siete demonios (Lc 8,2), a gozar de buena salud. Abandonó una vida de placer, alejada de Dios, y se hizo discípula de Jesús. Atesoró perfumes que le atrajeran clientes sedientos de placer, y un día rompió el frasco más valioso para perfumar los pies cansados de Jesús. Demos gracias a Dios por esta obra de la gracia. Él, Dios, abriendo caminos de conversión, hizo de una pública pecadora una santa; de una cortesana que vendía en Magdala sus favores, una celosa servidora de Jesús y del Evangelio; de una codiciosa y licenciosa apasionada, una incondicional discípula del Señor, una heroína presta a acompañar a la Virgen en la cumbre del Calvario donde su Hijo era crucificado. ¿Quién ha visto mayor cambio que el de Magdalena en la dirección del amor? Manteniendo igual su fogosidad y entrega, hizo del vivir para sí un tránsito feliz al vivir para los demás; hizo de una vida pecadora, otra vida en santidad…

   Señor, Dios nuestro: Cristo, tu Unigénito, confió a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por su intercesión y ejemplo, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Amén.

   Para la revisión de vida: Ante mis defectos de carácter, ¿tengo la audacia de María Magdalena de ponerme a los pies de Jesús para pedirle que haga de mí una "nueva creación"? (Miren Elejalde,  Comentarios Servicio Bíblico Latinoamericano).

Llucià Pou Sabaté

sábado, 20 de julio de 2024

Domingo de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: Dios es pastor que nos guía, nos manda a Jesús que da la vida por nosotros, y nos pide que seamos pastores para los demás.

Domingo de la 16ª semana de Tiempo Ordinario: Dios es pastor que nos guía, nos manda a Jesús que da la vida por nosotros, y nos pide que seamos pastores para los demás.

 

A. Lecturas:

   1. Jeremías 23, 1-6: Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño -oráculo del Señor-. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: - «A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones - oráculo del Señor-. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá - oráculo del Señor-. Mirad que llegan días - oráculo del Señor en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.»

   2. Salmo 22, 1-3a, 3b-4.5.6. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

   Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

   Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

   Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

   3. Efesios 2, 13-18. Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en Él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en Él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

   4. Marcos 6,30-34: "En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: -«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma".

 

B. Comentario:

   1. Jeremías profetiza sobre "los pastores que dispersan y dejan morir las ovejas de mi rebaño" y dice el Señor: "Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen". Y habla de un pastor que será rey, hijo de David: "reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.» Eres tú, Jesús, mi Rey, que traes justicia y la salvación. En medio de muchos falsos pastores que me dicen que vaya de acá para allá, profetas de mentiras y que me llevan "al huerto", sólo tú, Jesús, me dices dónde tengo la vida eterna: gracias, Jesús, te diría lo que la canción de Amaral: "Sin ti no soy nada… Los días que pasan,  las luces del alba,  mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada… Porque yo sin ti no soy nada", sin Dios "soy sólo un actor que olvidó su guión, al fin y al cabo son sólo palabras que no dicen nada"… "Qué no daría yo por tener tu mirada".

   2. El Salmo habla de Dios-Pastor que nos acompaña en una excursión que es la vida: "El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas".

   No sólo nos lleva a lugares fantásticos, sino que también nos guía en los peligros: "Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan".

   Con Él no tengo miedo, como el niño que se lanza en el aire y sabe que su padre le recoge en brazos para que no caiga en el suelo. Después viene la fiesta: "Preparas una mesa ante mi, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa".

   Es la Misa, donde nos preparamos para lo que será el cielo, por eso nos llenamos de esperanza: "Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término". Un sacerdote muy bueno hacía excursiones y cantaba este salmo al subir montañas, cuando ya mayor se estaba muriendo, le fallaba la memoria y me pidió también que le recitara este salmo, y lo iba repitiendo estrofa a estrofa, como subrayando ese querer ir al encuentro de Jesús, su "Maestro de excursión" y fuente de esperanza, al cielo, recitando por última vez en la tierra este salmo tan querido.

   Jesús debió recitar este salmo con especial fervor, cuando pasó por el valle de la muerte de cruz, y por amor al Padre y a ti y a mí bebió el cáliz del dolor: "Nada me falta... El Padre me conduce... Aunque tenga que pasar por un valle de muerte, no temo mal alguno... Mi copa desborda... Benevolencia y felicidad sin fin... Porque Tú, Oh Padre, estás conmigo...".

   Jesús, gracias por decirme: "Yo soy el Buen Pastor", por dejar las 99 ovejas e ir a buscarme a mí, la oveja que a veces está perdida o despistada…  por invitarme a tu mesa y servirme: "entraré en su casa para cenar con Él, yo cerca de Él y Él cerca de mí". En la Confirmación, "derramas el perfume sobre mi cabeza"... y en la Eucaristía me das tu "mesa preparada para mí". Jesús, a lo largo de tu vida has hecho muchos milagros: en las bodas de Caná, has transformado el agua de las tinajas en vino del bueno. En la multiplicación de los panes, no ha faltado el pan y en la última Cena, has hecho un milagro mucho mayor: has dicho "Esto es Mi cuerpo; este cáliz es la Nueva Alianza de Mi Sangre" y nos has dado el pan celestial, el milagro de la transubstanciación: parece pan y vino pero ya no son aquello que eran, son algo totalmente distinto: tu Cuerpo y tu Sangre. Te pido hoy más fe, Señor, para creer en esta maravilla de esperanza de tu compañía en el camino de la vida, de amor en la Eucaristía. Cuando Tú tenías que  irte, no te despediste con una fotografía, un recuerdo, una dedicatoria… Como eres Todopoderoso, puedes llegar a hacer aquello que quieres, y así te has quedado para que nunca estemos solos, hasta el final de los tiempos estás con nosotros en la Misa y en el Sagrario.

   3. Dice San Pablo a los Efesios: "Ahora estáis en Cristo Jesús". Antes los pueblos estaban divididos como Babel, la ciudad de las muchas lenguas y se peleaban, pero "ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz". Había un lugar donde no podían traspasar los no judíos en el templo, un muro, pero ya no hay distinción: "Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en Él, un solo hombre nuevo". Jesús ha venido a tirar todos los muros y separaciones: nadie es más que nadie, nadie es menos que nadie, todas las personas de cualquier color son hijas de Dios, hermanas: "Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu".

   Ayúdame, Virgen María, Madre mía, Divina Pastora, a vivir esta unidad con Jesús y con los demás, a ofrecer mis cosas a Jesús el Buen Pastor bien unido a Él en la Misa, todo lo que hago, el trabajo bien hecho, y que sea yo buen pastor para los demás, con un buen comportamiento, capaz de organizarme para aprovechar el tiempo, portarme bien en casa y con los demás. Quiero esta semana cargarme las pilas cada día un rato al rezar y poder llevar ese amor a los demás. Quiero también aprender a ofrecer sacrificios y ser buen pastor para ayudar a muchos; ser Jesús que pasa por el mundo, ahí donde estoy quiero que continúe Jesús haciendo el bien (en el deporte, en casa, con mis amigos y en el cole, o ahora en las vacaciones…). Señor, te pido perdón por cuando soy egoísta. ¡Y ayúdame más para servirte mejor en adelante!

   4. "Volvieron a reunirse con Jesús", comienza el Evangelio de hoy con el retorno de los doce, siguiendo el relato de su envío del domingo pasado: "apóstol" es enviado, para volver luego al calor del Maestro.

   Veo, Jesús, un gesto de tu corazón que me gusta mucho: les invitas a descansar, en la soledad. Sabes lo que es la fatiga y buscas a veces la soledad (en el monte, en el campo, o de noche).  No es bueno el "stress", aunque sea espiritual. "No tenían tiempo ni para comer". Todos los  que trabajan, también por el Reino, necesitan una cierta serenidad, y equilibrio mental y  psíquico. Otra cosa es que se consiga siempre, como fracasó este intento de retiro espiritual en el Evangelio de hoy, porque la  gente les siguió requiriendo con su presencia.

   Leo también que hay mucho trabajo, Señor: "no encontraban tiempo ni para comer". Les hablarías seguramente de la llegada del Reino de Dios, centro de la actividad de Jesús (Mc 1,14-15). Pero hoy te vemos rodeado por "una multitud" que "andaban como ovejas sin pastor", y vuelcas sobre ellos tu corazón lleno de amor. Te refieres a lo que dice la Escritura (1R 22,17): "Estoy viendo a Israel desparramado por los montes, como ovejas sin pastor", imagen repetida en la Biblia cuando se recrimina a los pastores no cuidar de los suyos, como la primera lectura de hoy. Jesús y a sus enviados aparecen ya como pastores del Pueblo de Dios.

   El mundo de hoy sigue estando desorientado, "como ovejas sin pastor". Señor, quiero pedirte para que no falten pastores en la Iglesia, para que sean santos: por el Papa, por nuestro Obispo, por todos los sacerdotes, y por todos los cristianos, para que seamos cada día más fieles, buenos pastores también. Porque Cristo quiere  que ayudemos a la gente a encontrar los caminos de verdad, de paz en medio de las mentiras, que ayudemos a que Jesús el Buen Pastor les dé la felicidad.

   Hoy se nos invita a rezar por los pastores de la Iglesia. Todos somos oveja y pastor, y vemos las hambres de verdad y de ternura que hay en el mundo y la necesidad de una esperanza auténtica; vemos la nobleza de tantos corazones que buscan la luz, buscan a Jesús sin saberlo. Y Jesús, que nos da el alimento del buen trigo, nos invita a trabajar con él para llegar al corazón de muchas personas, requiere nuestra colaboración, que le pidamos a su Corazón, diciéndole: "Hazlo, por favor. Despierta a los hombres. Enciende en ellos el entusiasmo y la alegría por el Evangelio. Haz que comprendan que éste es el tesoro más valioso que cualquier otro, y que quien lo descubre debe transmitirlo" (Benedicto XVI).

            Llucià Pou Sabaté

 

 

Sábado de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: el Señor de la historia nos conduce hacia la liberación por su Primogénito, Jesús, que nos salva en su Sangre redentora

Sábado de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: el Señor de la historia nos conduce hacia la liberación por su Primogénito, Jesús, que nos salva en su Sangre redentora

 

A. Lecturas

   1. Miqueas (2,1-5): ¡Ay de los que meditan maldades, traman iniquidades en sus camas; al amanecer las cumplen, porque tienen el poder! Codician los campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al hombre y a su casa, al varón y a sus posesiones.

   Por eso, dice el Señor: «Mirad, yo medito una desgracia contra esa familia. No lograréis apartar el cuello de ella, no podréis caminar erguidos, porque será un tiempo calamitoso. Aquel día entonarán contra vosotros una sátira, cantarán una elegía: «Han acabado con nosotros, venden la heredad de mi pueblo; nadie lo impedía, reparten a extraños nuestra tierra.» Nadie os sortea los lotes en la asamblea del Señor.»

   2. Salmo 9,22-23.24-25.28-29.35: ¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te escondes en el momento del aprieto? La soberbia del impío oprime al infeliz y lo enreda en las intrigas que ha tramado.

   El malvado se gloría de su ambición, el codicioso blasfema y desprecia al Señor. El malvado dice con insolencia: «No hay Dios que me pida cuentas.»

   Su boca está llena de maldiciones, de engaños y de fraudes; su lengua encubre maldad y opresión; en el zaguán se sienta al acecho para matar a escondidas al inocente.

   Pero tú ves las penas y los trabajos, tú miras y los tomas en tus manos. A ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano.

   3. Mateo 12,14-21: "En aquel tiempo, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones»".  

 

B. Comentario:

   1. Miqueas (2,1-5) es del tiempo de Isaías, y es amenazador cuando se trata de fustigar la injusticia o la idolatría, pero lleno de esperanza para reconfortar.

   -"¡Ay de aquellos que meditan iniquidad, que traman el mal en sus lechos. Al amanecer lo ejecutan porque el poder está en sus manos". Son malvados, que planean el mal…

   -"Codician campos y los roban; casas, y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad". Estamos en plena crisis. Hombres de negocios, poco escrupulosos, lo aprovechaban para acaparar las tierras de labradores en dificultad. El nivel de vida de muchas de nuestras culturas, tan superior al del Tercer Mundo, nos tiene que llevar a la solidaridad, no dejar pasar las injusticias sino preguntarnos: ¿Qué podemos hacer en ello? Por lo menos concienciarnos. Y participar por todos los medios al desarrollo de los demás. No malgastar. Reducir nuestro tren de vida. La oración más espiritual y sincera nos pone ante esas realidades candentes. La Palabra de Dios, si la tomamos en serio, nos conduce a estos interrogantes.

   -"…no andaréis con altivez porque será un tiempo de desgracia". La humildad nos lleva a sentirnos todos peregrinos en el mundo, de paso, inmigrantes. Y no hacer lo que vemos hoy como ayer: «¡Estamos despojados del todo. Se quedan con lo que me pertenece, se reparten nuestros campos!» Y no habrá nadie que en la comunidad del Señor, os restituya una parte. Los acaparadores han despojado a los demás; serán despojados. Y pierden prestigio. Se ríen de ellos.

   Una vez más, los profetas no condenan la injusticia social solamente en nombre del "derecho". Ser justo no es sólo un "deber social", es un "deber religioso", es una falta contra Dios. Y el peor castigo no es "ser despojado" sino no estar ya asociado a Dios y a los hermanos y ser borrado de la «comunidad del Señor» (Noel Quesson).

   2. La justicia social o ahora llamada Doctrina social de la Iglesia, es importante. Juan Pablo II y Benedicto XVI nos hablan de ello, como la vida de tantos misioneros, eclesiásticos o laicos, cristianos o, simplemente, personas honradas, en muchas partes del mundo. No están anticuadas las situaciones que denuncia el salmo: «la soberbia del impío oprime al infeliz y lo enreda en las intrigas que ha tramado... el malvado dice con insolencia: no hay Dios que me pida cuentas».

   El tiempo va poniendo las cosas en su sitio, con la providencia divina: «Pero tú ves las penas y los trabajos... a ti se encomienda el pobre, tú socorres al huérfano».

   La Virgen es modelo de esas virtudes que vemos hoy en Jesús, de dejarnos llevar por la fuerza de Dios con humildad: "¡Qué humildad, la de mi Madre Santa María! -No la veréis entre las palmas de Jerusalén, ni -fuera de las primicias de Cana- a la hora de los grandes milagros. / -Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, «juxta crucem Jesu» -junto a la cruz de Jesús, su Madre»" (J. Escrivá, Camino 508).

   3. He aquí un nuevo incidente de Jesús respecto al sábado: en ese día curó a un paralítico, y ¡en plena sinagoga esta vez!: -"Los fariseos salieron y tuvieron consejo para planear el modo de acabar con El". La discusión que precede a este pasaje muestra la preocupación de Jesús por la evolución de los fariseos... Les habló de la oveja caída en un pozo y de cuán natural era salvarla aun en día del sabbat... con mayor razón, dijo Jesús, tenemos el derecho y el deber de "¡hacer bien a un ser humano incluso en sábado!" Pero son espíritus limitados, permanecen encerrados en sus reglas estrictas de lo "permitido y lo prohibido"... y se imaginan que el dejar hacer supondría la pérdida de la fe. Entonces deciden cortar de raíz esta nueva interpretación de la ley, y planean cómo dar muerte a Jesús.

   -"Jesús se enteró y se marchó de allí. Le siguieron muchos y El los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran". Es el silencio mesiánico. Jesús mandaba callar: insistía en que no se hablase de sus milagros ni del misterio de su persona. La hostilidad llegó a ser tan fuerte a su alrededor que ¡Jesús se vio obligado a esconderse! ¿Sería esto un signo de fracaso, una confesión de impotencia o de resignación derrotista? Mateo contestará a esta cuestión con una larga cita del profeta Isaías -la más larga cita del Antiguo Testamento- que es una de las claves más importantes para comprender la personalidad del Mesías. -"He aquí a mi servidor, mi elegido... Mi Amado, en quien mi alma se complace..." Jesús es el verdadero "siervo" de Dios. ¿Soy yo también servidor o servidora de Dios? Jesús es el "Amado" del Padre. Esta certeza ¿es también mi alegría y mi apoyo?

   -"Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones". La obra de Jesús no va destinada solamente al "pueblo elegido" ni tampoco a los primeros pueblos que tuvieron la suerte de recibir el evangelio: Todas las naciones son amadas de Dios en Cristo, y Jesús ha sido enviado a todas ellas.

   -"No disputará ni gritará; ni oirá nadie su voz en las plazas públicas". Jesús no es un líder, en el sentido usual del término; no es un reformador, o un revolucionario que lo pone todo en completo desorden. Su acción es "interior", es calma, es apacible, va de corazón a corazón. No mete ruido, no busca que hablen de El: pide silencio. Su papel es enderezar las conciencias, curar las llagas, dar de nuevo valor a los pecadores.

   -"La caña cascada no la quebrará, el pábilo humeante no lo apagará... Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza". ¡Maravillosa vocación la de Jesús: vocación de amar... de no quebrar lo cascado, no apagar los pequeños destellos de luz que aún subsisten, volver a dar esperanza! Gracias, Señor, de haber querido ser todo esto por nosotros, por mí. Ayúdanos, Señor, a parecernos a ti (Noel Quesson).

   También es una llamada a la esperanza en la lucha ascética, pues el Señor no apaga la luz de nuestro corazón ni siquiera ante nuestros pecados: "¿Qué importa tropezar si en el dolor de la caída hallamos la energía que nos endereza de nuevo y nos impulsa a proseguir con renovado aliento? No me olvidéis que santo no es el que no cae, sino el que siempre se levanta, con humildad y con santa tozudez. Si en el libro de los Proverbios se comenta que el justo cae siete veces al día, tú y yo -pobres criaturas- no debemos extrañarnos ni desalentarnos ante las propias miserias personales, ante nuestros tropiezos, porque continuaremos hacia adelante, si buscamos la fortaleza en Aquel que nos ha prometido: «venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré». Gracias, Señor porque has sido siempre Tú, y sólo Tú, Dios mío, mi fortaleza, mi refugio, mi apoyo.

   "Si de veras deseas progresar en la vida interior, sé humilde» (J. Escriv,a Amigos de Dios 131).

Llucià Pou Sabaté

jueves, 18 de julio de 2024

Viernes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús, Señor del sábado, quiere nuestro bien

Viernes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: Jesús, Señor del sábado, quiere nuestro bien

 

A. Lecturas:

   1. Isaías (38,1-6.21-22.7-8): En aquellos días, Ezequías cayó enfermo de muerte, y vino a visitarlo el profeta Isaías, hijo de Amós, y le dijo: «Así dice el Señor: «Haz testamento, porque vas a morir sin remedio y no vivirás.»» Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor: «Señor, acuérdate que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada.» Y Ezequías lloró con largo llanto.

   Y vino la palabra del Señor a Isaías: «Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de David, tu padre: «He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años. Te libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré.»»

   Isaías dijo: «Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la herida, para que se cure.»

   Ezequías dijo: «¿Cuál es la prueba de que subiré a la casa del Señor?»

   Isaías respondió: «Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada: «En el reloj de sol de Acaz haré que la sombra suba los diez grados que ha bajado.»» Y retrocedió el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.

   2. Salmo Is 38: Yo pensé: «En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años.»

   Yo pensé: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.»

   «Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.»

   Los que Dios protege viven, y entre ellos vivirá mi espíritu; me has curado, me has hecho revivir.

   3. Mateo 12.1-8: "Un sábado de aquéllos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: -«Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.» Les replicó: -«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado»".

 

B. Comentario:

   1. Isaías anuncia la muerte del rey Ezequías, quien reza: «¡Ah, Señor! Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad de corazón. He hecho lo que es recto a tus ojos

   Entonces "la palabra del Señor le fue dirigida a Isaías diciendo: Ve y di a Ezequías, he oído tu plegaria y he visto tus lágrimas. Mira, añadiré quince años a tu vida". Es grande el poder de la oración. Señor, concédenos confiar en la fuerza de la oración. Señor, concédenos seguir confiando aun cuando no haya indicios de curación.

   -Ezequías preguntó: «¿Cuál será la señal de que podré volver a subir al templo del Señor?»

   -Isaías contestó: «Esta será para ti la señal de que el Señor cumplirá su promesa; voy a hacer retroceder diez grados la sombra que había descendido sobre el cuadrante solar...» Y desanduvo el sol los diez grados que había descendido. Son los signos que leemos, pero seguro que más allá de la historia, ¿no nos sugiere Dios con ello toda la importancia que tenemos que dar a los «años que nos quedan de vida»? Hay un desprecio de las realidades de la tierra y de la vida que no es cristiano. El anuncio de la resurrección y de la vida eterna no es una huida hacia lo irreal: lo temporal cuenta para Dios. Haz, Señor que sepamos aprovechar bien cada una de nuestras jornadas (Noel Quesson).

   2. El salmo, que cantamos como responsorial, se suele identificar como esta oración de Ezequías: «yo pensé: en medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo, me privan del resto de mis años». Y consigue de Dios la curación: «me has curado, me has hecho revivir».

   Como le dice el profeta, Dios «atrasa el reloj diez grados»: le concede unos años más de vida. Ezequías es también el que consiguió hacer retroceder al general Senaquerib y sus ejércitos, cuando quería apoderarse de Palestina como paso hacia Egipto.

   Nuestra oración es siempre escuchada, como la de Ezequías. No sabemos en qué dirección, pero siempre es eficaz, si nos pone en sintonía con el Dios que quiere la salvación de todos. Como a él, también a nosotros nos dice: «He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas... Os libraré... os protegeré».

   Ojalá podamos experimentar como el salmista: «los que Dios protege, viven, y entre ellos vivirá mi espíritu; me has curado, me has hecho revivir».

   Y entonces, nada nos hace perder la paz: «Conviene no forjarnos ilusiones. La paz de nuestro espíritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto sería absurdo. La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder superar la cólera no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud». (Casiano).

   3. El diálogo entre Cristo y el fariseo, en torno a la observancia del sábado, es importante. A partir de pequeños acontecimientos de la vida corriente, vas formando a tus apóstoles, Jesús: -"Por aquel entonces, un sábado, iba Jesús por los sembrados; los discípulos sintieron hambre y empezaron a arrancar espigas y a comer". Comer algo que se toma con la mano, está permitido entre los judíos.

   Los apóstoles han violado una de las reglas de la Mischna sobre el Sabbath sobre las actividades prohibidas en ese día. Tú, Jesús, les haces ver que la ley que prohíbe arrancar las espigas en sábado no es más que un documento de comentaristas de la ley; por el contrario, la misma ley autoriza claramente a comer el pan sagrado cuando se tiene hambre (1 Sam 21,2-7).

   -"Tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado". Lo primero que indicas, Señor, es que David viola un día una disposición litúrgica porque tenía hambre. Y lo apruebas, mostrando que conservar la vida tiene, para Dios, más importancia que las leyes cultuales.

   También dices que los sacerdotes encargados del servicio del Templo, hacen toda clase de trabajos corporales el día del sábado, para preparar los sacrificios o limpiar los utensilios del culto.

   Y con el Profeta Oseas, que hemos leído estos días, recuerdas que Dios nos dice: "Quiero amor y no sacrificios" (Os 9,13), mostrando la verdadera jerarquía de valores: ¡lo que Dios quiere es nuestro corazón! «Prefiero las virtudes a las austeridades, dice con otras palabras Yavé al pueblo escogido, que se engaña con ciertas formalidades externas.

   -Por eso, hemos de cultivar la penitencia y la mortificación, como muestras verdaderas de amor a Dios y al prójimo» (J. Escrivá, Surco 992). Podemos concretar algunos sacrificios en el trabajo cuidando las cosas pequeñas, en la cordialidad en el trato o en la comida, etc.

   Pero vas más lejos, afirmando que tú eres "Señor del sábado" y "más importante que el templo". Tienes plenos poderes. Eres "Hijo del hombre" y el "Señor del sábado", Dios legislador que nos muestra la auténtica Ley, el Mesías esperado que modificase la legislación (Maertens-Frisque).

   -"Hay aquí alguien que es mayor que el templo". En el Templo no habita Dios, pero en ti, Jesús, Dios se hace carne. No derogas la Ley del Sábado, sino que la interpretas desde el interior, y le insuflas un soplo nuevo (Noel Quesson). El día de la creación, con la nueva creación que es tu Resurrección, Jesús, pasará a ser el día del Señor –"diez dominus", domingo- aunque en algunas lenguas sigue llamándose el "día del Sol", pues tú eres la luz que nos iluminas. Así, el "primer día de la semana", el domingo, pasa a ser el día de la Eucaristía.

   El sábado, que estaba pensado para liberar al hombre, lo convertían algunos maestros en una imposición agobiante. Lo mismo podría pasar con nuestra interpretación del descanso dominical, por ejemplo, que ahora el Código de Derecho Canónico interpreta bastante más ampliamente que antes: «se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso («relaxationem») de la mente y del cuerpo» (CIC 1247).

   Jesús, nos enseñas a ser humanos y comprensivos, y nos das tu consigna: no es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. Pones ahí el acento de que el bien del hombre es el camino de la Ley, y en el fondo, "el pecado ofende a Dios lo que perjudica al hombre" (Santo Tomás de Aquino); si algo es bueno para el hombre, no es pecado pues la Ley va dirigida a nuestro bien. Esto significa que las leyes han de estar puestas para bien de las personas, y no poner en nombre de Dios cosas que perjudican la persona. Serán en todo caso apreciaciones humanas, que han de ir dirigidas a ese fin y si no se pueden cambiar.

   Todo rito, como la asistencia a la santa Misa, debe ir acompañados por la unión interior contigo, Jesús: «El sacrificio exterior para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual. "Mi sacrificio es un espíritu contrito...". Los profetas de la Antigua Alianza denunciaron con frecuencia los sacrificios hechos sin participación interior o sin relación con el amor al prójimo. Jesús recuerda las palabras del profeta Oseas: "Misericordia quiero, que no sacrificio". El único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación. Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios» (CEC 2100).

   Llucià Pou Sabaté

 

Jueves de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: hemos de confiar en Jesús que nos libera de toda pena, pues unidos a él todo tiene sentido de salvación

Jueves de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: hemos de confiar en Jesús que nos libera de toda pena, pues unidos a él todo tiene sentido de salvación

 

A. Lecturas:

   1. Isaías (26,7-9.12.16-19): La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe. Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz… viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo. ¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá.

   2. Salmo 101: Tú permaneces para siempre, y tu nombre de generación en generación. Levántate y ten misericordia de Sión, que ya es hora y tiempo de misericordia. Tus siervos aman sus piedras, se compadecen de sus ruinas.

   Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

   Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

    3. Mateo 11,28-30: "En aquel tiempo, exclamó Jesús: -«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

B. Comentario:

   1. Isaías (26) nos habla del alma que busca a Dios: -"La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo". Señor, haz que camine rectamente por tu senda. Haz que avance...

   -"Tu nombre y tu recuerdo son el «anhelo de nuestra alma». Te deseo durante la noche". Desde la mañana te busca mi espíritu.

   Oración de deseo, de esperanza. Día y noche, sin cesar. Lo que el profeta desea es al mismo Dios: su Nombre, su Recuerdo.

   -"Señor, concédenos la paz, porque tú actúas con nosotros según nuestras obras. Señor, en el desamparo de tu castigo te buscamos; tu castigo es la angustia y la opresión". Es la oración de un hombre «en el desamparo» que ora en nombre de un pueblo que sufre colectivamente: las derrotas eran entonces interpretadas como un «castigo» de los pecados cometidos.

    -"Como la mujer encinta, próxima al parto, sufre y se queja en su trance, así estamos nosotros delante de Ti, Señor. Hemos concebido, tenemos trabajos, pero hemos dado a luz el viento, no hemos traído salvación a la tierra, no han nacido hombres al mundo"… Sin el auxilio de la gracia de Dios, nuestras vidas nada son, sino vacío.

   "-Tus muertos resucitarán, los cadáveres revivirán. Despertaos y cantad, habitantes del polvo, porque rocío luminoso es tu rocío, y del país de los muertos la vida renacerá". Es la fe, la esperanza en lo profundo del más radical fracaso. La resurrección. El sufrimiento resulta fecundo, el esfuerzo humano no es nunca "la nada"... cuando se los considera a ese nivel, el más profundo. Señor, danos la esperanza. Señor, da esa esperanza a los que se encuentran más hundidos por la prueba (Noel Quesson).

   Queremos rezar con estas palabras del alma que se confía en Dios: «Mi alma te ansía de noche / y mi espíritu te busca dentro de mí / porque tus juicios son luz de la tierra / y aprenden justicia los habitantes del orbe».

   2. Con nuestras solas fuerzas, sólo damos a luz viento. Vamos escarmentando sólo a base de golpes: «en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento». Orientemos nuestra esperanza según las palabras de Isaías: «mi espíritu madruga por ti... tú nos darás la paz... todas nuestras empresas nos las realizas tú». Entonces sí, «vivirán tus muertos, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo».

   El salmo sigue con esta oración: «Tú permaneces para siempre... levántate y ten misericordia de Sión... Que el Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte».

   3. Es muy breve el evangelio de hoy, pero rico en contenido y consolador. Los doctores de la ley solían cargar fardos pesados en los hombros de los creyentes. Tú, Jesús, el Maestro verdadero, no. Nos aseguras que tu «carga es ligera», y que en ti «encontraremos descanso».

   Tu estilo de vida, Jesús, es exigente. Incluye renuncias y nos pides cargar con la cruz. Pero, a la vez, nos prometes tu ayuda. Cargamos con la cruz, si, pero en tu compañía, y  nos dices: «Yo os aliviaré». Como el Cireneo te ayudó a llevar la cruz camino del Calvario, tú nos ayudas a nosotros a superar nuestras luchas y dificultades. Cuando nos sentimos «cansados y agobiados», iré a ti, Señor, que conoces muy bien nuestro camino (J. Aldazábal).

    -"Venid a mi todos los que estáis rendidos y agobiados". Tu corazón está abierto, Señor, a los pequeños o humildes, los pobres, los que sufren, los hambrientos, los enfermos o desgraciados... todos los que están rendidos y agobiados. En primer lugar quiero contemplar ese sentimiento de tu corazón.

   -"Y Yo os aliviaré". Descanso en ti, Señor, en ti confío. Recuerdo un sacerdote mayor, que estaba en un hospital en coma, y al hablarle repetía: "in manus tuas, Domine, commendo spiritum meum" (en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu). Luego al reponerse no recordaba esa oración suya, que me edificó.

   -"Cargad con mi yugo, sed mis discípulos: aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis vuestro respiro". Tu "yugo", Jesús es soportable. No es una carga que aplaste y lastime. Te doy gracias, Señor, porque a lo largo de la vida veo que hay una mano invisible que me guía, especialmente en las dificultades, como se suele decir: "cuando más negra es la noche, amanece Dios".

   Te reconozco, Señor, que me llevas en el camino de la vida, y veo que es verdad lo que dices: "-Sí, mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Sin embargo, a veces, lo encuentro pesado y lo soporto mal. Pero, Señor quiero hacerte caso y abandonarme a ti. Es muy cierto que si uno se abandona verdaderamente a Dios, queda realmente reconfortado, colmado de serenidad y de alegría. Nuestra Fe, nuestras vocaciones, nuestras obligaciones religiosas... no deberían ser nunca "cargas" para nosotros. El amor no puede ser más que liberador y radiante. Por esta alegría se reconocen los verdaderos discípulos de Jesús (Noel Quesson).

   La carga es liviana… Escuchando este Evangelio, pienso en los judíos muertos en las cámaras de gas durante la segunda guerra mundial, en los millones de esclavos a quienes no se les ha permitido ser libres, en tantos obreros de la industria moderna que son explotados injustamente, en los indígenas maltratados y marginados en sus propios países, en las gentes que llenan tantos campos de refugiados a lo largo y ancho del mundo, en los que sufren y mueren en soledad en los hospitales, en los niños y niñas que son explotados sexualmente, en los drogadictos que han encontrado su infierno particular huyendo posiblemente de otros infiernos. Todos estos y muchos más, tienen el derecho de sentir estas palabras de Jesús como dirigidas a ellos. Ellos son los últimos de nuestro mundo. Ellos son aquellos a los que ha tocado la peor parte en la herencia. Ellos realmente merecen encontrar consuelo y descanso en el Reino de Dios. Ellos tienen que ser los primeros en entrar en la casa del Padre. ¿Qué podría hacer para que estas palabras llegasen a sus destinatarios? (Servicio Biblico Latinoamericano).

   Ayer estaba en la calle con dos hombres de ideología más bien anticatólica, que me pararon para hablar de temas sociales en relación con la Iglesia, y mientras una gitana se me acercó –como suelen hacer al ver un sacerdote- para pedir dinero, para dar de comer a sus niños. Le contesté que no daba dinero, pero que si querían los que me acompañaban mientras hablábamos íbamos a una tienda y allí le compraba comida. Así lo hicimos, yendo a un supermercado, y ella se fue feliz con su comida. Luego, me dijo uno de los contertulios: "nosotros hablamos mucho pero no hacemos estas cosas", les contesté que podíamos imaginarnos ser la persona necesitada, y así estar en la piel de esa mujer, y si fuéramos ella, nos gustaría que nos ayudaran, y que a nosotros no nos costaba casi esfuerzo ayudar un poco, y que a ella le suponía mucho bien… estuvimos de acuerdo en tantas cosas de labor social que hace la Iglesia.

   Otro día me decía otra persona, en un autobús, que le daba mucha paz dar dinero a caritas porque el 100% de lo que daba iba a ayudar a la gente, que no se quedaba un tanto por ciento alto en gastos de organización, como pasa en muchas otras instituciones…

   También el otro día vimos un video de "la Iglesia y el sida" y nos quedamos impresionados. Y ante la crítica que hacen de por qué no participa la Iglesia más en prevención, contestaba un cardenal: al ver a los enfermos los curamos, es como si viéramos un herido de tráfico en carretera, no nos paramos a leerle el código de circulación, lo queremos curar en primer lugar… Señor, providencia de los pueblos y luz de las naciones, haznos comprender a todos que la vida es un don tuyo y que, aún en medio de las adversidades, eres Tú quien nos diriges atentamente con mociones, impulsos sobre nuestra conciencia, abierta a tu inspiración y gracia. Amén.

   El Evangelio donde el Hijo nos da a conocer las maravillas del Eterno Padre, es un mensaje de amor, y no un simple código penal. El que lo conozca lo amará, es decir, no lo mirará ya como una obligación sino como un tesoro, y entonces sí que le será suave el yugo de Cristo, así como el avaro se sacrifica gustosamente por su oro, o como la esposa lo deja todo por seguir a aquel que ama. Todo precepto es ligero para el que ama, dice S. Agustín; amando, nada cuesta el trabajo: "Ubi amatur, non laboratur".

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: el encuentro con el Señor se realiza en la sencillez, vuelca su misericordia y ternura en el alma que abre su miseria a la grandeza de Dios; en cambio caen los orgullosos

Miércoles de la 15ª semana de Tiempo Ordinario: el encuentro con el Señor se realiza en la sencillez, vuelca su misericordia y ternura en el alma que abre su miseria a la grandeza de Dios; en cambio caen los orgullosos

 

A. Lecturas

   1. Isaías (10,5-7.13-16): Así dice el Señor: «¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrarle a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Él decía: «Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra, y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño. Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.»

   2. Salmo 93: Trituran, Señor, a tu pueblo, oprimen a tu heredad; asesinan a viudas y forasteros, degüellan a los huérfanos.

   Y comentan: «Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera.» Enteraos, los más necios del pueblo, ignorantes, ¿cuándo discurriréis?

   El que plantó el oído ¿no va a oír?; el que formó el ojo ¿no va a ver?; el que educa a los pueblos ¿no va a castigar?; el que instruye al hombre ¿no va a saber?

   Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ni abandona su heredad: el justo obtendrá su derecho, y un porvenir los rectos de corazón.

   3. Mateo 11,25-27: "En aquel tiempo, exclamó Jesús: -«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».  

 

B. Comentario:

   1. Isaías proclama la "Palabra de Dios" que se muestra como Señor de la historia: "¡Ay del asirio! instrumento de mi ira, vara que mi furor maneja".

   Puede haber victorias coyunturales en el mar de la historia, pero también hay una providencia que guía los acontecimientos, que pone unos límites al mal: "-Dijo: «Con el poder de mi mano lo hice y con mi habilidad, porque soy inteligente. He borrado las fronteras de los pueblos, he saqueado sus tesoros, he abatido a los poderosos.

   Como se toma un pájaro en su nido, mi mano ha robado la riqueza de los pueblos. Como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra. Y no hubo quien aleteara, ni abriera el pico, ni piara.» No conocemos estos planes pues Dios los combina con una real libertad humana…

   -"Soy Yo quien lo ha enviado contra una nación perversa... Pero él no lo entiende así, no es éste el juicio de su corazón: lo único que quiere es destruir. ¿Acaso se jacta el hacha frente al que la tiene asida? ¿Y la sierra frente al que la maneja? Como si la vara quisiera dirigir al que la levanta, la varilla o batuta, mover el brazo que la agita".

   Una «lectura» simplemente humana de la historia es pobre, y una «lectura en la fe» nos da más perspectivas, las sobrenaturales. Desde luego, no quedamos dispensados de hacer primero el análisis humano de las situaciones. Es, incluso, necesario. Es el primer tiempo de una re-visión de vida. Pero hay que tratar de ir más lejos... hay que hacer una re-visión con esta visión de la fe, ¡hasta reconocer la acción de Dios en las acciones de la historia! (Noel Quesson).

   Recuerdo dos profesores que fueron a dar clase a un colegio: uno lo pasó muy mal por la poca educación de los alumnos y mal ambiente de los colegas. El otro se lo pasaba muy bien porque empatizaba con todos, y lo escogieron los otros profesores como jefe de estudios. Cuentan de dos vendedores de zapatos que se encuentran en un pueblo de África. Uno es optimista y el otro es pesimista. El pesimista dice: -"Aquí no hay nada que hacer. Todo el mundo va descalzo". El optimista dice: -"Aquí hay un negocio seguro, nadie tiene zapatos". Un cristiano tiene que se realista, objetivo. Pero ser objetivo es contar, no sólo con mis posibilidades, sino con las posibilidades de Dios. Y las posibilidades de Dios son infinitas. El realismo para el cristiano es que ante la marcha de nuestro mundo, ante el panorama que vemos a nuestro alrededor, piensa: "-Esto está más o menos mal. Pero con Dios todo es posible. Aquí hay mucho que hacer. No hay nada imposible para Dios".

   2. A lo largo de la historia, vemos cómo van cayendo los poderosos, y los que se creían omnipotentes son aniquilados. Es, una vez más, lo que dijo la Virgen en el Magníficat: «derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos».

   Vivimos en unos tiempos en que se suceden los cambios políticos y se derrumban ideologías e imperios que parecían indestructibles. Siguen teniendo vigencia las exclamaciones del salmista: «trituran a tu pueblo, oprimen a tu heredad, y comentan: Dios no lo ve... Enteraos, los más necios del pueblo, ignorantes, ¿cuándo discurriréis?».

   Es evidente también cómo Dios saca bien del mal y, a través de las vicisitudes de la historia, purifica a su pueblo y le ayuda a recapacitar y a madurar. A Atila le llamaron «el azote de Dios», como Asiria lo había sido en la época que estamos leyendo. Pero el emperador Ciro será instrumento de Dios para la vuelta del "resto de Israel", será llamado Cristo. La fidelidad a Dios es una salvaguarda de los valores que están en la base de todo progreso (J. Aldazábal).

   Es la misión de los sencillos llenos de fe, que abren al mundo el Evangelio: "aquí tienen todos a Cristo, sumo y perfecto ejemplar de justicia, caridad y misericordia, y están abiertas para el género humano, herido y tembloroso, las fuentes de aquella divina gracia, postergada la cual y dejada a un lado, ni los pueblos ni sus gobernantes pueden iniciar ni consolidar la tranquilidad social y la concordia" (Pío XII, Divino Afflante Spiritu).

   3. Te veo rezar, Jesús, y quiero aprender de ti: "-Padre, Señor del cielo y de la tierra..." Es el único pasaje del evangelio donde usas estas palabras solemnes, pues sueles hablar del Padre con términos de intimidad y familiaridad. Lo dices en continuidad con toda la Escritura: No hay otro Dios más que El. Y es quien dirige todo ese gran universo con sus millones de seres desde los átomos hasta las estrellas. Todo cuanto existe le está sometido. Es el "Señor del cielo y tierra". Te adoro, Padre, cada fiesta en la Misa: "Gloria a Dios en las alturas..."

   –"Bendito seas"... Rezas, Señor, dirigiéndote al Padre en acción de gracias, alabanza, un "te lo agradezco". Veo tu corazón lleno de agradecimiento hacia el Padre. "¡Bendito seas, Padre!". Contigo, Jesús, yo repito esa sencilla y breve oración.

   -"Porque lo que has escondido a los sabios y entendidos, lo has revelado a la gente sencilla". ¡Este es el objeto de su agradecimiento! Porque Dios se "esconde" a los orgullosos... y se "revela" a los humildes. El gran Dios del Universo es desconocido de los que se creen ser más inteligentes y más sabios que los demás. Es a los pobres a quienes se da a conocer. Es entre los sencillos que naciste, Jesús; y los que escogiste como apóstoles eran también sencillos. ¿Tienes preferencia por los que no son nada en el mundo, los que son insignificantes a los ojos de los hombres?... los sencillos ¡éstos son valiosos a los ojos de Dios! Señor, ayúdame a ser "uno de esos pequeños a quien Tú te revelas.

   Las personas sencillas, las de corazón humilde, son las que saben entender los signos de la cercanía de Dios. Lo afirma Jesús, por una parte, dolorido, y por otra, lleno de alegría. Cuántas veces aparece en la Biblia esta convicción. A Dios no lo descubren los sabios y los poderosos, porque están demasiado llenos de sí mismos. Sino los débiles, los que tienen un corazón sin demasiadas complicaciones. Entre «estas cosas» que no entienden los sabios está, sobre todo, quién es Jesús y quién es el Padre. Pero la presencia de Jesús en nuestra historia sólo la alcanzan a conocer los sencillos, aquellos a los que Dios se lo revela.

   Los «sabios y entendidos», las autoridades civiles y religiosas, no te recibieron, Señor, en su "ignorancia". Los letrados y los fariseos buscan mil excusas para no creer. La pregunta vale para nosotros: ¿somos humildes, sencillos, conscientes de que necesitamos la salvación de Dios?, ¿o, más bien, retorcidos y pagados de nosotros mismos, «sabios y entendidos», que no necesitamos preguntar porque lo sabemos todo, que no necesitamos pedir, porque lo tenemos todo? Cuántas veces la gente sencilla ha llegado a comprender con serenidad gozosa los planes de Dios y los aceptan en su vida, mientras que nosotros podemos perdernos en teologías y razonamientos. La oración de los sencillos es más entrañable y, seguramente, llega más al corazón de Dios que nuestros discursos eruditos de especialistas. Nos convendría a todos tener unos ojos de niño, un corazón más humilde, unos caminos menos retorcidos, en nuestro trato con las personas y, sobre todo, con Dios. Y saberles agradecer, a Dios y los demás, tantos dones como nos hacen. Siguiendo el estilo de Jesús y el de María, su Madre, que alabó a Dios porque había puesto los ojos en la humildad de su sierva (J. Aldazábal).

   -"Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido eso bien". Me gustaría oírte decir "¡Padre!", Jesús, para aprender de ti que Dios es ante todo "la bondad". Dios es bueno, ¿Dudo, quizá alguna vez, de la bondad de Dios? Ayúdame, Señor, a rezar, como tú, esta oración de alabanza: "Gracias, oh Padre, por esto... por aquello..."

   -"Mi Padre me lo ha confiado todo. Al Hijo lo conoce sólo el Padre, y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar". Sí, lo sabemos: Dios es difícil de alcanzar. Nadie lo ha visto nunca, excepto tú, Jesús: "conoces a Dios"... ¡y lo das a conocer a los que aceptan seguirte y ser de tu escuela! Jesús, ayúdame, todos y cada día de mi vida, a conocer mejor al Padre. ¡Que tu evangelio sea mi meditación cotidiana! Que trate de penetrar mejor en tu misterio... hasta el día que, por fin, te veré cara a cara (Noel Quesson).

   Los pobres en el espíritu y humildes de corazón son los queridos por Dios: «De la misma manera que los padres y las madres ven con gran gusto a sus hijos, también el Padre del universo recibe gustosamente a los que se acogen a él. Cuando los ha regenerado por su Espíritu y adoptado como hijos, aprecia su dulzura, los ama, la ayuda, combate por ellos y por eso, los llama sus «hijos pequeños» (San Clemente de Alejandría).

 

Llucià Pou Sabaté