jueves, 27 de junio de 2024

Miércoles de la semana 12 de tiempo ordinario: por nuestros frutos se nos conoce. Pegados a Jesús, podemos conocer la voluntad de Dios, poder cumplirla, y querer cumplirla.

Miércoles de la semana 12 de tiempo ordinario: por nuestros frutos se nos conoce. Pegados a Jesús, podemos conocer la voluntad de Dios, poder cumplirla, y querer cumplirla.

A. Lecturas:

   1. II Reyes (22,8-13;23,1-3): En aquellos días, el sumo sacerdote Helcías dijo al cronista Safán: «He encontrado en el templo el libro de la Ley.» Entregó el libro a Safán y éste lo leyó. Luego fue a dar cuenta al rey Josías: «Tus siervos han juntado el dinero que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de las obras.» Y le comunicó la noticia: «El sacerdote Helcías me ha dado un libro.» Safán lo leyó ante el rey; y, cuando el rey oyó el contenido del libro de la Ley, se rasgó las vestiduras y ordenó al sacerdote Helcías, a Ajicán, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al cronista Safán y a Asalas, funcionario real: «Id a consultar al Señor por mí y por el pueblo y todo Judá, a propósito de este libro que han encontrado; porque el Señor estará enfurecido contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron los mandatos de este libro cumpliendo lo prescrito en él.» Ellos llevaron la respuesta al rey, y el rey ordenó que se presentasen ante él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió al templo, acompañado de todos los judíos y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, chicos y grandes. El rey les leyó el libro de la alianza encontrado en el templo. Después, en pie sobre el estrado, selló ante el Señor la alianza, comprometiéndose a seguirle y cumplir sus preceptos, normas y mandatos, con todo el corazón y con toda el alma, cumpliendo las cláusulas de la alianza escritas en aquel libro. El pueblo entero suscribió la alianza.

   2. Salmo 118,33.34.35.36.37.40: Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente.

   Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.

   Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo.

   Inclina mi corazón a tus preceptos, y no al interés.

   Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra.

   Mira cómo ansío tus decretos: dame vida con tu justicia.

   3. Mateo 7, 15-20: «Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los conoceréis: ¿acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de las zarzas? Así todo árbol bueno da frutos buenos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. Por tanto, por sus frutos los conoceréis.»

B. Comentario:

   1 . -«He hallado el libro de la Ley en el Templo del Señor...» En 622, bajo el reinado del rey Josías, unos obreros, que trabajaban en el Templo, «descubren» un libro -es el Deuteronomio-, que había sido perdido -o «escondido»- en ese lugar unos años antes. Parece a veces «perderse la Palabra de Dios»... y en otros, se «la encuentra de nuevo»... como tantas imágenes de la Virgen, que son "encontradas" después de tiempo, por ejemplo en España después de la invasión mora, durante la cual habían escondido las imágenes. A veces pasan cientos de años, y murieron mientras los que sabían el lugar del escondite.

   El pueblo había olvidado la Ley de Dios. Pero si nosotros nos olvidamos de Dios, Dios no nos olvida jamás. En una película, sale un diálogo entre dos hombres: "no sé si creo en Dios", dice triste uno. Y el otro responde optimista: "-lo importante no es que tú creas en Dios, sino que Dios cree en ti".

   El pueblo de Israel se une para celebrar el encuentro del Libro santo: ¿Me preocupo de hacer partícipes a los demás de mis propios descubrimientos? ¿Tengo que comunicar una «buena nueva» a todos los que amo?

   -"Leyó ante ellos todo el contenido del libro de la alianza, hallado en el templo". Josías organiza pues una especie de gran liturgia, una celebración de la Palabra. El secretario había leído el texto al rey. Ahora el rey lo lee a todo el pueblo.

   -"El rey estaba de pie junto a la columna, y concertó ante el Señor la «alianza» que le obligaba a seguir al Señor, y a guardar sus mandamientos con todo el corazón y toda el alma..." Comienza una reforma, una nueva fase de vida. «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma...» (Noel Quesson).

   2. El salmo (118) nos invita a esta actitud: " Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, / y lo seguiré puntualmente. / Enséñame a cumplir tu voluntad / y a guardarla de todo corazón". Porque con tu gracia, Señor, podré vivir lo que solo no puedo; no basta saber qué hacer, hay que poder hacerlo, querer hacerlo: "Guíame por la senda de tus mandatos, / porque ella es mi gozo. /  Inclina mi corazón a tus preceptos, / y no al interés. / Aparta mis ojos de las vanidades, / dame vida con tu palabra. / Mira cómo ansío tus decretos: / dame vida con tu justicia."

   3. -"Cuidado con los profetas falsos, esos que se os acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces". Parecen predicar la buena doctrina y moral... pero son de hecho, "lobos" rapaces, incluso cuando pretenden hablar en el nombre de Dios. "El falso profeta suele predicar una doctrina más racional, más aceptable, más sentimental, tratando de evitar lo que es cruz o sacrificio, y lo que es sobrenatural. Se presenta como una religión más humana y asequible, una religión a la medida del hombre actual: más consensuada, más democrática, más «humilde»" (Pablo Cardona).

   Jesús, te pido que sepa distinguir esas voces que no llevan verdad, ni amor, que es la prueba de que aquello es tuyo, pues como dice el himno, "donde hay verdad y amor, allí está Dios": «Examina con sinceridad tu modo de seguir al Maestro. Considera si te has entregado de una manera oficial y seca, con una fe que no tiene vibración; si no hay humildad, ni sacrificio, ni obras en tus jornadas; si no hay en ti más que fachada y no estás en el detalle de cada instante..., en una palabra, si te falta Amor.

   "Jesús, me pides que dé buen fruto, de modo que los que me rodean puedan conocer la bondad del árbol al que pertenezco, que es la Iglesia, pues «todo árbol bueno da frutos buenos.» Por ser cristiano, estoy obligado a dar buen fruto" (P. Cardona).

   La gente juzga a la Iglesia por sus frutos, y de mí depende esa autenticidad del apostolado: "¿Es mi fe «una fe que no tiene vibración,» que no siente la necesidad de acercarte a los demás? ¿Es mi jornada un «ir tirando», sin sacrificio, sin oración, sin obras? ¿Hago mi trabajo lo mejor que puedo, estando en el detalle de cada instante y ofreciéndotelo por alguna intención? ¿Busco cada día ocasiones para servir a los demás con pequeños servicios que pasen desapercibidos? Si me falta Amor, si no hago las cosas por Ti y por los demás, si mi entrega es «oficial y seca,» haciendo lo mínimo indispensable, entonces también mi fruto será seco y vacío.

   Jesús, nos das la clave para conocer las personas: "por sus frutos los conoceréis". Eres realista. "Mirad y ved cómo actúan..." El verdadero valor de una persona se manifiesta por lo que hace. La persona no es lo que dice ni lo que piensa, sino en primer lugar lo que se define por sus frutos: si sus hechos son buenos, es una buena persona… en cambio, los falsos profetas saben engañar un tiempo, se presentan como la solución a todos los problemas, pero luego se ven sus frutos malos.

   La docilidad al Espíritu y la humildad son los frutos por los que se reconoce al profeta auténtico. –"¿Se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos". ¡Un "buen" fruto! La calidad de una fruta depende de la calidad del árbol. Te pido, Señor, que mi árbol sea bueno porque esté unido a ti, y que dé frutos buenos pues quiero ayudar a los demás.

   -"Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos". Se conocen las instituciones, las personas, por los frutos que dan, pues todo se relaciona y la vida no depende de un momento, sino del conjunto, así los momentos serán fructíferos también.

   -"Todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa al fuego". Esto me hace pensar en la viña que no da fruto, en la higuera seca…. Señor, quiero estar unido a ti como el sarmiento a la vid, para tener vida y dar fruto.

   "La Virgen supo estar en los detalles, vivir pendiente de los demás y sacrificarse por ellos como una buena madre, sin que se note.

   Por eso su fruto es el mejor fruto: «bendito es el fruto de tu vientre» (Lucas 1, 42): Tú mismo, Jesús. Madre, ayúdame a vivir mi vida cristiana con la responsabilidad que tengo de dar buen fruto, de ser santo. De esta manera, los que me rodean conocerán la belleza de la Iglesia, el buen árbol plantado por Cristo para darnos su gracia y hacernos hijos de Dios" (P. Cardona).

Llucià Pou Sabaté

 

Jueves de la semana 12ª del tiempo ordinario: edificar la vida sobre buena base es tener asentado todo en el amor de Dios, abrirnos así a su palabra y hacerla vida

Jueves de la semana 12ª del tiempo ordinario: edificar la vida sobre buena base es tener asentado todo en el amor de Dios, abrirnos así a su palabra y hacerla vida

 

A. Lecturas:

   1. II Reyes (24,8-17): Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre. En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios. El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe. Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

   2. Salmo 78,1-2.3-5.8.9: Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.

   Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?

   No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

   Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

   3. Mateo 7, 21-29: «No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor ¿pues no hemos profetizado en tu nombre, y arrojado los demonios en tu nombre, y hecho prodigios en tu nombre? Entonces yo les diré públicamente: Jamás os he conocido: apartaos de mí, los que habéis obrado la iniquidad. Por tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca. Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, llegaron las nadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, y cayó y fue tremenda su ruina. Y sucedió que, cuando terminó Jesús estos discursos, las multitudes quedaron admiradas de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas.»

 

B. Comentario:

   1. La lectura del libro de los Reyes (2 R 24,8-17) nos muestra el reinado de Joaquín, que "hizo el mal a los ojos del Señor, enteramente como había hecho su padre": injusticias sociales, laxitud moral, culto a los dioses, política únicamente humana, sin referencia a la fe. Busca la fortaleza humana, sin contar con Dios, y por eso edifica sobre arena, y su reino de hunde.

   -"Las gentes de Nabucodonosor subieron contra Jerusalén y cercaron la ciudad". Es la agonía de un reinado que se interpreta en clave teológica. Dios es Señor de la Historia, no quiere el mal pero permite que las cosas pasen, para sacar de ahí un bien más grande, y ahora vemos que "el rey, su madre, sus dignatarios fueron deportados a Babilonia... Nabucodonosor se llevó de allí todos los tesoros del templo y del palacio real, rompió todos los objetos de oro que había hecho fabricar Salomón para el santuario: así se cumplió la palabra del Señor".

   Todo aquello ocurrió el año 597 a. C., unos ciento veinte años después de la del Norte, que había sido el año 721, a manos de los asirios. "Cuando suceden catástrofes, tanto personales como comunitarias, deberíamos sacar consecuencias y reflexionar sobre las causas que las han originado y sobre la parte de culpa que todos tenemos.

   Muchas veces, la ruina de una persona se debe a fallos que, al principio, eran insignificantes, pero se descuidaron y fueron creciendo. La ruina de una comunidad o de una sociedad también suele tener causas diversas: económicas, políticas, personales; y, muchas veces, también de dejadez religiosa y pérdida progresiva de valores que son necesarios para toda convivencia humana.

   Saber escarmentar es una buena sabiduría. Nos hace humildes. Nos predispone a reconocer el protagonismo de Dios y nuestra infidelidad a su amor" (J. Aldazábal).

   Jesús, tú anunciaste una nueva destrucción del Templo, y al ver ésta de cuando la deportación, vemos que tú no estás atado a «iglesias», «santuarios», «instituciones»... que tu Iglesia es más grande que todo eso. Al contemplar el gran «Exilio» que marcará tanto la historia del pueblo de Israel, y que se verá repetido en otros momentos de la historia, también de nuestro pasado reciente, vemos que nuestros "exilios", tanto a nivel personal como de nuestro pueblo, serán tiempo de purificación y de profundización.

   Purificación: porque en el exilio, se sufre. Los antiguos prisioneros y deportados lo saben muy bien. Supresión de la libertad. Atentados a la dignidad. Pesados trabajos de esclavitud. Y todos esos sufrimientos hacen reflexionar.

   Profundización: porque la fe queda despojada de todas sus formas exteriores, ya no hay ni sacerdote ni profetas, ni sacrificios, ni culto... es la ocasión de acentuar una relación con Dios en la fe desnuda.

   2. El salmo expresa bien la catástrofe que todo esto supuso, con la profanación y el pillaje del Templo: «los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo... fuimos el escarnio de nuestros vecinos».

   Además de lamentarse de la desgracia del pueblo, es también una oración que reconoce la culpa y pide a Dios su protección: «¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar siempre enojado?... Líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu nombre».

   Dios saca bien incluso de nuestras miserias: nos purifica, nos hace recapacitar, nos ayuda a aprender las lecciones de la vida para no volver a caer en las mismas infidelidades y fallos. Señor, ayúdanos a vivir también cualquier acontecimiento, feliz o desgraciado, a la luz de la Fe. Que la casa esté edificada sobre tú, la Roca firme (Noel Quesson).

   3. "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos...". Leemos hoy las últimas recomendaciones del sermón de la montaña. Si ayer se nos decía que un árbol tiene que dar buenos frutos, y si no, es mejor talarlo y echarlo al fuego, hoy se aplica la misma consigna a nuestra vida: «no todo el que me dice, Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre». No se trata de decir palabras piadosas, sino de cumplir lo que esas palabras prometen.

   A veces cambia mi estado de ánimo, Jesús, ocurre que las circunstancias cambian: aquellas prácticas de piedad que antes me llenaban, ahora no me dicen nada: o cambio de lugar y encuentro a faltar aquellos amigos y ese desarraigo influye en mi modo de sentirme; o los estudios o el trabajo me absorben más que en otras épocas: o simplemente, me canso de luchar. Y entonces, mi vida interior sufre como un descalabro, como un terremoto.

   Jesús, ayúdame a reforzar los cimientos de mi vida cristiana a base de una vida de piedad más profunda, de una oración más constante, de un esfuerzo más serio por mejorar en las virtudes y en el estudio o trabajo profesional, de una mayor generosidad en el servicio a los demás (Pablo Cardona).

   Te pido, Señor, que no haya divorcio entre mis palabras y mis hechos. Porque pienso que tú, Jesús, nos recuerdas que la santidad y la vida no se construye a base de palabras, sino de buenas obras: de amor, que se demuestra en hechos de generosidad, servicio, trabajo… Ayúdame, Señor, ayúdanos a todos, para no dejarnos llevar por un estado de ánimo, engaños como los que dicen: "hemos profetizado en tu nombre, hemos arrojado los demonios, hemos hecho milagros". Pero algo les falta, o es mentira o cumplieron pero por otros motivos, no por amor, pues les dices: "nunca os conocí; apartaos de mí". Quizá les pasan las dos cosas, y también que eran gente que les gusta escuchar, programar; pero que luego no hace, olvida obrar, aplicar los programas, y esta disociación es mala.

   Jesús, pones también el ejemplo de la casa sobre roca. Dejarme llevar por mis fuerzas y cambios de ánimo, es como una casa construida sin cimientos. Se construye de prisa, pero está destinada a hundirse. Es el peligro de una oración ("Señor, Señor") que no se traduzca en vida y en compromiso ("la voluntad de Dios"), que no se convierte en nada práctico y operante. Lo esencial de la vida cristiana no es decir, ni tampoco confesar a Cristo de palabra, sino practicar el amor concreto a los pobres, a los oprimidos. Acuden a la mente las palabras de la escena grandiosa del juicio: "Venid, tomad posesión del reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis" (25,34ss). Más aquí no podemos evitar una pregunta: ¿Por qué a veces la oración se cierra en sí misma, la escucha de la palabra no se traduce en vida y el encuentro con los hermanos no se abre al mundo?

   Como final de todo el discurso, Jesús, propones esta imagen. ¿Sobre qué estoy edificando yo mi vida: sobre roca, sobre arena? ¿Sobre qué construyo mis amistades, o mi vida de familia, o mi apostolado: sobre engaños y falsedades? ¿Y me extrañaré de que los derrumbamientos que veo en otras personas o en otras instituciones me puedan pasar también a mi? (J. Aldazábal).

   La roca eres tú, Señor, y tu palabra, y la tempestad rompe la casa frágil si no está basada mi fuerza en ti, sino en mis fuerzas. En la fuerza de Dios es donde el hombre encuentra su consistencia.

   También me hablas aquí de la necesidad de un compromiso concreto, de un esfuerzo continuo para pasar de las palabras a los hechos. No existe verdadera fe sin empeño moral. La oración y la acción, la escucha y la práctica, son igualmente importantes. Como dirás en la parábola del sembrador, hay gente que recibe la semilla con entusiasmo pero luego la deja secar, no tiene constancia o se deja llevar por los vientos del momento, por el afán de tener, de poder, la comodidad...

   Las cosas indispensables son tres: escucha atenta, práctica y perseverancia. La muchedumbre se llenaba de estupor ante tus palabras, Jesús, porque enseñabas "con autoridad". Tus palabras tienen verdad, comprometen, exigen plena disponibilidad (Bruno Maggioni).

Llucià Pou Sabaté

Lunes de la XII semana (par): no juzguemos, ni las personas ni las desgracias, sabiendo que si llevamos todo con Dios, nos servirá para obtener por la misericordia divina una vida mejor

Lunes de la XII semana (par): no juzguemos, ni las personas ni las desgracias, sabiendo que si llevamos todo con Dios, nos servirá para obtener por la misericordia divina una vida mejor

A. Lecturas:

   1. Génesis 12,1-9: 1 Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. 2        De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. 3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.» 4 Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y con él marchó Lot. Tenía Abram 75 años cuando salió de Jarán. 5 Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán, 6 y Abram atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Por entonces estaban los cananeos en el país. 7 Yahveh se apareció a Abram y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra.» Entonces él edificó allí un altar a Yahveh que se le había aparecido. 8 De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí edificó un altar a Yahveh e invocó su nombre. 9 Luego Abram fue desplazándose por acampadas hacia el Négueb.

   2. Salmo 33,12-13,18-20,22: 12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh, el pueblo que se escogió por heredad! 13 Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán; 18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor, 19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria. 20 Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; 22 Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

   3. Mateo 7,1-5: "En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "No juzguéis y no os juzgarán. Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano"".

B. Comentario:

    1. Vemos hoy el final del reino del Norte, Samaria (que se separó del Sur después del reinado de Salomón) cuando el año 721 a. C. (estamos en la época de la fundación de Roma) fue vencido y deportadas sus gentes a Asiria. El Libro de los Reyes lo interpreta como castigo de Dios. Dios ha sido fiel a su Alianza, pero el reino de Samaria, cada vez más deteriorado en su vida social y religiosa, ha caminado hacia la ruina. Abandonaron la religión verdadera, adoraron a dioses falsos, no hicieron ningún caso de los profetas que Dios les enviaba y procedieron según las costumbres de los paganos. Por eso ha venido el cataclismo: «el Señor se irritó contra Israel».

   Aprendamos la lección. La infidelidad, el pecado, la flojedad en nuestra alianza con Dios, nos llevan a desastres más o menos calamitosos, a la ruina personal y a la comunitaria. La culpa no es de Dios, sino nuestra. No es que él sea rencoroso o vengativo.  Nosotros mismos elegimos, a veces, el camino más cómodo y ancho, pero que lleva a la ruina. Un camino torcido nunca lleva a la felicidad duradera. Esto les pasa a los pueblos, cuando se dejan llevar por la corrupción y las ambiciones injustas. Y a las comunidades cristianas, cuando aflojan en la fidelidad a sus ideales. Y a las personas, cuando eligen el camino de lo superficial (J. Aldazábal).

   Cuando veamos los bajorrelieves que se encuentran en museos de todo el mundo con el terror que siembran los guerreros de Asiria (todo tipo de tormentos y muertes), pensemos que también hoy las «grandes potencias» se reparten las bombas atómicas, fabrican ingenios perfeccionados para matar, ¡ellos los usan y los venden a los demás! Y pensemos en la interpretación del libro que leemos: -"Esto sucedió porque los israelitas habían pecado contra su Dios... Habían adorado a otros dioses"... Jesús dirá que la desgracia no es un castigo (Juan 9,3; Lucas 13, 4). Pero no hay que olvidar lo que añade Jesús: «si no hacéis penitencia, pereceréis de modo semejante». Es difícil interpretar la historia con prudencia y fe… (Noel Quesson).

   2. De manera que no podemos juzgar ni siquiera las desgracias, que no son por nuestra culpa muchas veces, pero a partir de ellas podemos sacar una enseñanza de penitencia, de mejorar espiritualmente, de que salga de aquel mal un bien más alto. El salmo nos da la clave para la interpretación religiosa de este triste final: «Oh Dios, nos rechazaste, estabas airado... hiciste sufrir un desastre a tu pueblo... tú nos has rechazado y no sales ya con nuestras tropas». Se cumple lo de los dos caminos del salmo. Si seguimos los caminos de Dios, tendremos vida; si preferimos los más cómodos de este mundo, nosotros mismos nos estamos condenando a la esterilidad y al fracaso. Y no se podrá decir que no hayamos tenido avisos. Los israelitas desoyeron a los profetas. Nosotros tenemos a Cristo mismo y a la Iglesia que nos recuerda sus palabras: que el que edifica sobre arena se expone a derrumbes estrepitosos. El salmo nos hace reconocer la culpa y pedir clemencia a Dios: «que tu mano salvadora, Señor, nos responda... restáuranos... auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil».

   3. Hoy, Jesús, nos hablas de no juzgar al hermano, pues puedo medir mis cosas de una forma y de una forma distinta las de los demás: «¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?». Cuando hago un examen, si apruebo soy "yo, mis méritos: he aprobado", pero si suspendo son los demás: "me han suspendido". Esta forma de deformar la realidad que tenemos es tan clara a veces… Un padre de familia se quejaba del gasto de agua caliente, y él era el que más la gastaba en la ducha. No tenía dinero para la familia y se quejaba que su mujer gastaba mucho en comida buena, cuando él se gastaba cada día dinero en bares, tomando vinos con sus amigos. Por eso, Jesús, tú fomentas la comprensión y la tolerancia con las personas, siendo al mismo tiempo intransigente con la doctrina.

   Nos dices que no lo juzguemos: «os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros». Si juzgo con dureza, seré así juzgado; y si tengo misericordia, mi corazón estará dispuesto a la misericordia divina. San Pablo aprendió la lección, cuando nos decía: "Nada juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor, que iluminará los escondrijos de las tinieblas y declarará los propósitos de los corazones" (1 Co 4,5). Es lo que pedimos en el Padrenuestro: «perdónanos como nosotros perdonamos». Ayúdame, Señor, a no juzgar, para quedar también yo libre de juicio… «No juzguéis y no os juzgarán».

   No es malo tener capacidad de observación y un sano espíritu crítico, pero una interpretación de ello que nos lleve a la "cólera" será malo, pues "todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal" (Mt 5, 22). Se dice hay que juzgar, el "juicio" ha de ser justo y sin juzgar las intenciones, pues sólo Dios las conoce totalmente. «No queramos juzgar -Cada uno ve las cosas desde su punto de vista... y con su entendimiento, bien limitado casi siempre, y oscuros o nebulosos, con tinieblas de apasionamiento, sus ojos, muchas veces.

   Una cosa importante que te pido, Señor, es una escucha activa, con empatía: que no me deje llevar por mis ideas preconcebidas al oír alguien, sino que me meta en sus necesidades, para desde ahí poder ayudarle.

   "Quita primero la viga de tu ojo y entonces verás claro para quitar la paja del ojo de tu hermano". Comenzar por ordenar nuestra casa nos permite ver mejor las cosas de los demás, como dicen: "el que trabaja su campo no hace mal a nadie", en cambio el perezoso se queja de que no tiene suerte pues el campo del vecino es siempre mejor, y esparce habladurías contra él.

   Nos dice la mitología que Júpiter puso sobre nuestros hombros unas alforjas con dos aberturas: en la delantera están los defectos ajenos y las virtudes propias; en la de la espalda, las virtudes de los otros y los defectos propios. Vemos primero lo de delante de la vista, que no tiene capacidad para ver la alforja de delante. Vemos primero los defectos de los demás.

   Además, lo mismo que la de esos pintores modernistas, es la visión de ciertas personas tan subjetiva y tan enfermiza, que trazan unos rasgos arbitrarios, asegurándonos que son nuestro retrato, nuestra conducta...

   Veo que si tengo que juzgar por necesidad, ha de ser con ese "tamizar mi juicio en la oración", para poder decir las cosas con tu dulzura y misericordia, Señor, pensando no tanto en mi necesidad ("¡es que si no lo digo reviento!") sino en el modo y las palabras y afecto que lo harías tú, Jesús. Pero quisiera entenderte cuando vas más allá, y dices: "¡no juzguéis!" en lugar de "no juzguéis severamente..." o "no juzguéis injustamente..." o "no juzguéis calumniosamente..." Dices: "no juzguéis..."; y añades:  -"Porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis la usarán con vosotros".

    Veo que mis juicios tienen que considerar que yo tengo necesidad del perdón y del juicio indulgente de Dios.

   Veo que no soy objetivo pues calibro distinto las cosas de las demás y las mías: -"¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?"

   Veo que soy incapaz de ver verdaderamente en el corazón de los demás, y por eso me pides que no me meta en juzgar (Noel Quesson). Que tengo que luchar en mi alma primero: -"Hipócrita, sácate primero la viga de tu ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano".

   Veo que nos pides ver más lo "positivo" que lo negativo. Señor, concédeme lucidez para que me dé cuenta de seré bueno si sé ver las cosas buena de los demás.

Llucià Pou Sabaté

 

viernes, 21 de junio de 2024

Domingo12º del tiempo ordinario ciclo B: Ante los miedos y tempestades en el mar denuestra vida, podemos estar seguros si sabemos que Jesús es el hombre invisible que va en nuestra barca, ya quees Dios y aunque nos quedemos dormimos, con Él no nos hundimos.

Domingo 12º del tiempo ordinario ciclo B: Ante los miedos y tempestades en el mar de nuestra vida, podemos estar seguros si  sabemos que Jesús es el hombre invisible que va en nuestra barca, ya que es Dios y aunque nos quedemos dormimos, con Él no nos hundimos.

A. Lecturas:

   1. Job (38,1.8-11): El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: «Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas»?»

   2. Salmo 106,23-24.25-26.28-29.30-31: Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas. Contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano.

   Él habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto; subían al cielo, bajaban al abismo, el estómago revuelto por el marco.

   Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar.

   Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto. en gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

   3. II Corintios (5,14-17): Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

   4. Marcos 4,35-40: «Aquel día, llegada la tarde, les dice: Crucemos al otro lado. Y despidiendo a la muchedumbre le llevaron en la barca tal como se encontraba, y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, de manera que se inundaba la barca. Él estaba en la papa durmiendo sobre un cabezal; entonces lo despiertan, y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe? Y se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

B. Comentario:

   1. Job  era un personaje de la  historia de un hombre bueno que lo pasa mal, pero "el Señor habló a Job desde la tormenta" y le dijo que Él dominaba  el mar y las nubes y las olas. El sufrimiento en el mundo es como el mar con olas altas, y Dios parece que  no responde,  pero habla en la tempestad.

   2. En el Salmo  se habla de que cuando rezamos nos ayuda, nos oye siempre y aparecen entre las olas "las obras de Dios, sus maravillas en el océano. El habló y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto; subían al cielo, bajaban al abismo, el estómago revuelto por el mareo. Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar. Se alegraron de aquella bonanza, y Él  los condujo al ansiado puerto. Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres". Hoy las lecturas nos hablan del miedo y el mar.

   3. San Pablo  nos habla del amor de Cristo, que "murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos… El que vive con Cristo, es una creatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo".

   Me hago nuevo con la comunión, que me transforma, cuando dice Jesús: "si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros". Así como la comida es necesaria como alimento del cuerpo, mi alma necesita la Eucaristía, para amar, para sentir como San Pablo: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí".

   Decía S. Josemaría: «Tu barca -tus talentos, tus aspiraciones, tus logros- no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo, que permitas que El pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente hablando, marchas derecho al naufragio. Únicamente si admites, si buscas, la presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se irán a pique con tu egoísmo» (Amigos de Dios 21).

   Virgen María, quiero pedirte, Madre mía, para que se haga día a día más realidad este vivir en Cristo, y que sepa poner en él las cosas que tengo en la cabeza, que al estar con él en la barca, seguro, nunca me dejes estar triste. Que vea que todo será bueno si estoy contigo en la barca con Jesús, no quiero dejar nunca las tres avemarías de la noche, el escapulario. Tú has sido generosa con Dios, has dicho: "hágase en mí según tu palabra". Ayúdame a que yo también sea generoso, diga a Jesús que sí, ayúdame a estar cerca de Jesús, a no dejarle, a volver si me voy lejos de su barca. A dejarme guiar por tu corazón Inmaculado, por los sentimientos del Corazón de tu Hijo. Entonces estaré a salvo de las tempestades y reveses de la vida.

   4. En el  Evangelio  Jesús  va con  sus discípulos a la otra orilla y "se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" "Jesús, yo estoy contigo en la barca de mi vida. Como en la travesía del Evangelio, a veces se levantan olas de todo tipo que ponen en peligro mi barca: exámenes o presiones profesionales que me agobian; sufrimientos o roces familiares que me hunden en la tristeza; la ola de la pereza, que no me deja avanzar; la ola de la sensualidad, que llena de agua mi barca...

   «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Jesús, ¿dónde estás mientras yo estoy peleando por sobrevivir en mi vida cristiana? Parece que estás dormido, que estás ausente. Pero estás: «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28,20). Estás esperando que a la vez que pongo todos los medios humanos  te despierte, te pida ayuda" (Pablo Cardona). «Cristiano, en tu nave duerme Cristo; despiértale, que Él increpará a la tempestad y se hará la calma» (San Agustín).

    "Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?  Se quedaron espantados y se decían unos a otros: — ¿Pero, quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!" "Jesús, mientras permanezca en la barca contigo, no tengo nada que temer. Ayúdame a trabajar con fuerza, con ahínco, para llevar tu barca a buen puerto. Y si, alguna vez, me agobio o pierdo la esperanza de mejorar, que sepa acudir a Ti, a tus sacramentos, a la comunión especialmente, y te despierte: en el fondo era yo el que estaba dormido espiritualmente, porque no me daba cuenta de que seguías estando junto a mí" (Pablo Cardona).

   Navegamos por un mar donde los vientos y tempestades no faltan, dice san Agustín: parece que  Jesús está dormido porque muchos no creen en Dios, pensamos que si  Él estuviera vivo y despierto, no  nos  sacudirían estas tempestades,  no matarían misioneros o no habría tantas guerras, la gente viviría el mandamiento del amor, si Jesús vigilara despierto... ¿Y qué significa Jesús dormido? Quizá es que soy yo el que duermo y por eso Jesús no puede hacer mucho y prosperan los malos. Despierta a Jesús, diciéndole: ¡Maestro, que perecemos!, para que Jesús nos despierte y Él viva en nosotros para cambiar el mundo: por la fe habita Cristo en nuestros corazones. Por la fe habita Cristo en ti. La fe presente es Cristo, la fe despierta es Cristo despierto, la fe olvidada es Cristo durmiente. Despiértalo, pues; sacúdete, di: ¡Maestro, que perecemos! Cuando le decimos: Levántate, Señor, ¿por qué duermes?, somos nosotros quienes dormimos, y cuando se dice que se levanta Él, somos nosotros quienes nos levantamos. Tu nave es tu corazón. Jesús estaba en la nave: la fe habita en tu corazón. Dile: «Despierta, Señor, que perecemos», para que dé órdenes a los vientos y se produzca la  calma  en tu corazón (que sepamos hacer las paces, arreglar las cosas que hemos hecho mal, perdonar y pedir perdón, saber amar, vencer la pereza…). Cuando Cristo, es decir, cuando tu fe está despierta en tu corazón, se alejan todas las tentaciones o, al menos, pierden toda su fuerza. Por tanto, ¿qué significa  "levántate"? Muéstrate, manifiéstate, hazte notar. Levántate, Señor, y ven en mi auxilio. Es el milagro de la tempestad calmada…

   Te pido, Jesús, que cuando vaya a comulgar  rece el "Padrenuestro", la oración de los hermanos,  para prepararme bien como hijo de Dios,  que sepa amar y perdonar, y me prepararé para comulgar sin  miedo, sin  estar distraído, para verte mejor, porque depende de cómo me preparo que  te  vea mejor,  puedo imaginarme también con los ojos del alma a los ángeles adorándote en la Hostia. Puedo imaginarme que estoy con los discípulos de Emaús, que  te  reconocieron en la fracción del pan, que pasaron de estar desanimados a felices. A veces estoy como Tomás, que le cuesta creer: "si no lo veo no lo creo", y  me hundo en las tempestades hasta que Tú te apareces después resucitado y le dices: "Tomás, no seas incrédulo, sino creyente… bienaventurados (felices) los que sin haber visto creerán". Buen momento para decir yo también: "¡Señor mío y Dios mío!" y pedirte más fe cuando te recibo: "creo firmemente que estás aquí con tu Cuerpo, con tu Sangre, con tu Alma y tu Divinidad. Auméntame la fe, la esperanza y la caridad... te adoro con devoción, Dios escondido".

Llucià Pou Sabaté

Sábado de la XI semana (par): Dios nos cuida con su misericordia, por encima de nuestros pecados y de todos los problemas

Sábado de la XI semana (par): Dios nos cuida con su misericordia, por encima de nuestros pecados y de todos los problemas

A. Lecturas:

   1. II Crónicas (24,17-25): Cuando murió Yehoyadá, las autoridades de Judá fueron a rendir homenaje al rey, y éste siguió sus consejos; olvidando el templo del Señor, Dios de sus padres, dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado desencadenó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.

   Entonces el espíritu de Dios se apoderó de Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué quebrantáis los preceptos del Señor? Vais a la ruina. Habéis abandonado al Señor, y él os abandona.»

   Pero conspiraron contra él y lo lapidaron en el atrio del templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta los beneficios recibidos de Yehoyadá, mató a su hijo, que murió diciendo: «¡Que el Señor juzgue y sentencie!»

   Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, penetró en Judá, hasta Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria era reducido, pero el Señor le entregó un ejército enorme, porque el pueblo había abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se vengaron de Joás. Al retirarse los sirios, dejándolo gravemente herido, sus cortesanos conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Yehoyadá. Lo asesinaron en la cama y murió. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no le dieron sepultura en las tumbas de los reyes.

   2. Salmo 88,4-5.29-30.31-32.33-34: Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

   «Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo.»

   «Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos.»

   «Castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas; pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad.»

   3. Mateo 6, 24-34: «Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas. Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Acaso no vale la vida más que el alimento y el cuerpo que el vestido? Fijaos en las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? Y acerca del vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿ Qué vamos a comer; qué vamos a beber; con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre Celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad.»

B. Comentario:

   1. En el 2 libro de Crónias (24,17-25) se nos cuenta que Joas ha sido un rey fiel, durante un cierto tiempo... De temperamento inestable, al final de su vida se deja llevar a los cultos de Baal, el poder de atracción de lo placentero le pudo. -"Después de la muerte del sacerdote Yeodada, vinieron los jefes de Judá a postrarse delante del rey... Y Joas les escuchó... Abandonaron el «templo» del Señor y adoraron los árboles sagrados y los ídolos". Toda la historia del mundo está llena de este conflicto entre «el verdadero Dios» y «los ídolos» que el hombre se fabrica.

   También nosotros tendemos a poner la atención en preocupaciones materiales como confort, dinero, placer, salud, belleza... pero Dios nos ayuda mandándonos santos: -"La cólera de Dios estalló sobre Jerusalén... y les envió profetas para que los hombres volvieran a Él". Los profetas son la voz de Dios, para que sea venerado y servido. Podemos decir que un profeta de nuestro tiempo ha sido Juan Pablo II. Señor, ¡envíanos tus profetas! Señor, ¡purifica nuestras actitudes religiosas! Sánanos de ese egoísmo sutil que nos haría utilizar nuestra fe y nuestra oración en provecho propio solamente.

   Señor, ayúdame a no transgredir tu voluntad. Sé que tu voluntad es mi «salvación»... y que mi transgresión es mi «perdición». El hombre está perdido cuando olvida al verdadero Dios: se esclaviza entonces a ídolos vacuos, que no tienen ningún valor (Noel Quesson).

   2. En el Salmo 88, Señor, nos dices que tu providencia está siempre cuidándonos: "Sellé una alianza con mi elegido, / jurando a David, mi siervo: / "Te fundaré un linaje perpetuo, / edificaré tu trono para todas las edades.""

   Te pido, Señor, escucharte siempre, para poder acoger tu misericordia: "Le mantendré eternamente mi favor, / y mi alianza con él será estable; / le daré una posteridad perpetua / y un trono duradero como el cielo."

   Y te pido acoger tu perdón, Señor, pues me dices que aunque seamos pecadores tú sigues siendo fiel, "no les retiraré mi favor / ni desmentiré mi fidelidad."

   3. Jesús, nos previenes hoy con las preocupaciones materiales: -"Nadie puede estar al servicio de dos amos... ¡No podéis servir a Dios y al Dinero!" Es otro modo de decir la necesidad de escoger entre los "tesoros de la tierra"... y los "tesoros del cielo"... (se dice ahí "mamón", como dios del dinero, que esclaviza).

   –"No andéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir"... Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros... no nos pides, Jesús, que seamos egoístas despreocupados de los demás. Al revés, que nos ocupemos de ellos. No andar "preocupados" sino "ocupados", no tener "preocupaciones" sino "ocupaciones", que con fe se viven con paz.

   -"¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?" Tomad el lado bueno de la vida, parece decirnos Jesús. Vivid. Sí, vivid. Pasáis el tiempo corriendo, ganando dinero, trabajando para vivir: ¡tomaos, de vez en cuando, el tiempo de vivir!

   -"Daos cuenta de cómo crecen los lirios del campo..." De vez en cuando, ¡contemplad una flor! ¡Mirad crecer una planta! No hay que ir al Japón ni a la India para satisfacer esta necesidad fundamental del hombre: la calma, la contemplación de la naturaleza.

   -"Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo esto. Buscad primero el reino de Dios y su justicia y todo eso ¡se os dará por añadidura!" ¡Jerarquía de valores! Asegurar primero lo que es esencial en cada jornada... Jesús no intenta apartarnos de nuestras tareas y responsabilidades terrestres... nos recuerda lo esencial.

   -"No os agobiéis por el mañana, porque "el mañana" traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos". Hay que vivir HOY. No acumular las preocupaciones del mañana: vivir solamente las del día que pasa... ¡mañana, ya se verá! Gracias, Jesús (Noel Quesson).

   "Si viviéramos más confiados en la Providencia divina, seguros -¡con fe recia!- de esta protección diaria que nunca nos falta, cuántas preocupaciones o inquietudes no ahorraríamos. Desaparecerían tantos desasosiegos que, con frase de Jesús, son propios de los paganos, 'de los hombres mundanos', de las personas que carecen de sentido sobrenatural" y después de considerar que somos hijos de Dios, continúa: "caminar con optimismo por esta tierra, con el alma bien desasida de esas cosas que parecen imprescindibles, ya que bien sabe ese Padre vuestro qué necesitáis!', y Él proveerá» (san Josemaría, Amigos de Dios 116).

   Cuentan de un chino que tenía un caballo. Le dijeron "hay que ver qué suerte tienes", y él siempre decía: "no todo es como parece..." El caballo se le escapo y los vecinos fueron a consolarle "por la desgracia": "¿Quien dice que sea una desgracia?", comentaba. A la semana siguiente el caballo volvió, trayendo detrás una manada preciosa de caballos. Los vecinos le felicitaron por "la suerte"... "¿quien dice que sea una fortuna?" A los dos días su hijo iba a caballo y cayendo quedó cojo. Volvieron para "consolarle": "¿quien dice que sea una desgracia?", les dijo también. Al cabo de poco hubo una guerra y el primogénito por estar cojo se libró de tener que ir a pelear...

   Tenemos idea de lo que es bueno y lo malo, pero no tenemos la perspectiva, visión de conjunto de la historia del mundo y cada uno de nosotros. Nos parece muchas veces que la vida es una carrera de obstáculos, que hay una serie de problemas ante nosotros, cada día, y que se trata de irlos superando. En cierto modo es así, pero no podemos agobiarnos con lo que está más adelante, pues el mucho mirar los obstáculos del mañana, el obsesionarse por lo que está aún lejos, puede hacer que caigamos en el obstáculo que tenemos delante, el único que existe y en el que nos hemos de fijar, para no caer: sólo existe el "aquí y ahora", el presente, y hemos de aprovechar la memoria del pasado como experiencia, y la previsión del futuro como deseo o esperanza. Una de las causas de inquietud que tenemos en nuestro mundo es ésta: que la vida es ir solucionando problemas, a veces agobiantes porque no está en nuestra mano el resolverlos, ir con la lengua fuera corriendo hacia una paz que nunca se alcanza... En realidad, no es ésta la finalidad de nuestra existencia, sino ver en lo de cada día una oportunidad para desarrollar nuestra vocación al amor, al encuentro con Dios. Entonces, en lugar de estar inquietos, veremos la cruz de cada día, como dice el Evangelio: "No os preocupéis…" Mirar los lirios y los pájaros quiere decir saber contemplar, tener fe en las palabras de Jesús, que es nuestro modelo, Camino, Verdad y Vida, que lo que de veras cuenta es participar en esta aventura divina que es la vida. No podemos perdernos en amarguras de pasados y miedos del futuro. La vida es un regalo de Dios continuo, y hay que vivirla en presente, disfrutarla. Pero esto es duro para quien se deja llevar por dos peligros o tentaciones, el remordimiento del pasado y el miedo por el futuro. El pasado, con sus remordimientos de "hubieras debido actuar de manera distinta a como actuaste, hubieras debido decir otra cosa de lo que dijiste": en determinados momentos de la vida, el casado piensa si debería haber hecho otra elección o haber escogido otra persona... y así en todo; es el sentimiento de culpabilidad de "hubiera debido"; pero aún peor que nuestras culpas son nuestras preocupaciones por el futuro, esos miedos que llenan nuestra vida de "¿qué pasaría si?"... "¿y si perdiera mi trabajo?, ¿y si mi padre muriera?, ¿y si faltara dinero? ¿y si la economía se hundiera? ¿y si estallara una guerra?"... Son los "si" que junto con los "hubiera debido" perturban nuestra vida, como decía Henri J. M. Nouwen: "ellos son los que nos tienen atados a un pasado inalterable y hacen que un futuro impredecible nos arrastre. Pero la vida real tiene lugar aquí y ahora. Dios es Dios del presente...": no existe ni el pasado (queda sólo en la memoria, es la experiencia de la vida) ni el futuro (que forjaremos con lo de ahora), sólo existe una realidad, la presente, y ésta es la que hemos de afrontar. El stress famoso no viene con la abundancia de trabajo, sino con el estado psicológico de agobio ante el trabajo: es decir no es causado por la materialidad de tener muchas cosas que hacer sino por la sensación subjetiva de no llegar: lo que agobian son las cosas "pendientes". Pienso que algunas personas, más bien perfeccionistas, tienden a esta "saturación"... una búsqueda de la perfección enfermiza, que genera inquietud; un compararse con los demás, hacer siempre más... Más bien deberíamos pensar que no importa ser perfecto, que la vida no es un circo en el que hay que hacer el más difícil todavía!" sino que se trata de hacer las cosas lo mejor que podamos. No competir con los demás, en la búsqueda del éxito, sino sacar lo mejor de nosotros mismos. Hacer lo mejor que podamos esto que traigo entre manos, sabiendo que "lo mejor es enemigo de lo bueno".

Llucià Pou Sabaté