jueves, 25 de enero de 2024

Santoral, 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol nos ayuda a considerar tres puntos: la unidad de los cristianos, la evangelización, nuestra conversión

Santoral, 25 de Enero: La Conversión de san Pablo, apóstol nos ayuda a considerar tres puntos: la unidad de los cristianos, la evangelización, nuestra conversión

 

A. Lectura:

  1. Hechos de los apóstoles 22, 3-16. En aquellos días, dijo Pablo al pueblo: -«Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié en esta ciudad; fui alumno de Gamaliel y aprendí hasta el último detalle de la ley de nuestros padres; he servido a Dios con tanto fervor como vosotros mostráis ahora. Yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo en la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres; y son testigos de esto el mismo sumo sacerdote y todos los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y fui allí para traerme presos a Jerusalén a los que encontrase, para que los castigaran. Pero en el viaje, cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente una gran luz del cielo me envolvió con su resplandor, caí por tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Yo pregunté: "¿Quién eres, Señor?" Me respondió: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues." Mis compañeros vieron el resplandor, pero no comprendieron lo que decía la voz. Yo pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me respondió: 'Levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer. " Como yo no veía, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano a Damasco. Un cierto Ananlas, devoto de la Ley, recomendado por todos los judíos de la ciudad, vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: "Saulo, hermano, recobra la vista." Inmediatamente recobré la vista y lo vi. Él me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, para que vieras al Justo y oyeras su voz, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, no pierdas tiempo; levántate, recibe el bautismo que, por la invocación de su nombre, lavará tus pecados."»

   2. Salmo 116,1.2. Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.

   3. Marcos 16,15-18: "En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien»".

 

B. Comentario:

   2. Pablo cuenta su historia, cómo fue formado entre los fariseos por su maestro Gamaliel, y –añade- "yo perseguí a muerte este nuevo camino, metiendo en la cárcel, encadenados, a hombres y mujeres". El evangelista san Lucas describe a Saulo entre aquellos que aprobaron la muerte de Esteban (cf Hch 8,1). Había pactado acabar con los cristianos, y pidió cartas para detener a los sectarios de Damasco, y mientras allí iba, se encuentra con Cristo que siempre sale a nuestro encuentro; y lo hace con Pablo, una luz le envuelve y le tumba, y oye una voz: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo pregunté: ¿quién eres, Señor? Me respondió: soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues… yo pregunté: ¿Qué debo hacer, Señor? El Señor me respondió: 'levántate, sigue hasta Damasco, y allí te dirán lo que tienes que hacer'" Como quedó ciego, Pablo se dejó llevar. Así, continúa el Apóstol, "un cierto Ananías… vino a verme, se puso a mi lado y me dijo: 'Saulo, hermano, recobra la vista… el Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, porque vas a ser testigo ante todos los  hombres, de lo que has visto y oído… Levántate, recibe el bautismo que por la invocación del nombre de Jesús lavará tus pecados". Con agradecimiento, Pablo obedece, como escribe él mismo en su Primera Carta a Timoteo: "Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio; aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad" (1 Tim 1,12-13). Dice que "lo hice por ignorancia". Muchos que hacen cosas malas, son ignorantes. El mismo Jesús pide en la cruz: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen"… la misma ignorancia se convierte en motivo de salvación…

   Cuando tenemos turbia la vista, cuando los ojos se nublan, necesitamos ir a la luz. Y Cristo ha dicho: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12): "el que me sigue no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida". A veces, nos faltan respuestas como un chico que pensando, no encontraba respuesta: "¿es posible que si Dios me quería rápido, me haya creado lento?, ¿por qué no empezó por ahí?" En realidad, quizá no quiere el Señor que perdamos la paz, pues si él quiere ya sabe transformarnos de golpe, como a Pablo.

   Otra veces estas luces son precisamente cambiar la manera de mirar nuestra vida, no pretender una realidad distinta sino ver que Jesús ilumina mi realidad, sólo se trata de mirarla de otro modo. Señalaba uno que pasarse la vida luchando "contra" los propios defectos, es tiempo perdido. "Cuando deje de ser egoísta, podré empezar a amar", así no empezaré a amar nunca. Si me digo: "voy a empezar a amar…" entonces el amor irá pulverizando el egoísmo que me corroe. No es que tengamos muchos defectos; en realidad practicamos pocas virtudes, y así el horno interior está apagado. Y, claro, en un alma semivacía pronto empieza a multiplicarse la hojarasca.

   Pasó Pablo tres días sin ver, sin comer y sin beber… para favorecer esa conversión de corazón, y no se volvió manso sino que siguió apasionado, pero de la verdad y del amor de Jesús. Su amor a la ley judaica se transmutó por unas ansias por la Ley de Cristo. Efectivamente, había cambiado de camino, pero no de alma. Este es el cambio que Dios espera del hombre: que luchemos por el espíritu, como hasta ahora hemos peleado por dominar; que nos empeñemos en ayudar a los demás, como deseábamos que todos nos sirvieran. No que echemos agua al moscatel de nuestro espíritu, sino que se convierta en vino que conforte y no emborrache.

   Muchas personas viven resucitados: una ciega que reparte alegría en un hospital de cancerosos; un pianista ciego que toca para asilos de ancianos; jóvenes que gastan el tiempo que no tienen en despertar minusválidos… Dedícate a repartir resurrección… basta con chapuzarse en el río de tus propias esperanzas para salir de él chorreando amor a los demás.

   Tomó Pablo alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, y en seguida se puso a predicar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios. Todos los que le oían quedaban atónitos y decían: «¿No es éste el que en Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha venido aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes?»

   ¿Qué preparación tenía S. Pablo cuando Cristo lo derriba del caballo, lo deja ciego y le llama al apostolado? No lo sabemos. Jesucristo lo escoge para Apóstol. Luego en su humildad, Pablo dirá que es como un abortivo (1 Cor 15,8). «La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado» (A.A. 2).

   El día de su conversión Pablo entendió que si perseguía a los seguidores de Cristo estaba persiguiendo a Cristo, que está en los cristianos, pues le dice: "Yo soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues". Pablo pasa de perseguidor a convertido. Quizá también nosotros hacemos de "perseguidores": como a san Pablo, tenemos que convertirnos de "perseguidores" a servidores y defensores de Jesucristo.

   La oración colecta de hoy, propia de la fiesta, nos dice: «Oh Dios, que con la predicación del Apóstol san Pablo llevaste a todos los pueblos al conocimiento de la verdad, concédenos, al celebrar hoy su conversión, que, siguiendo su ejemplo, caminemos hacia Ti como testigos de tu verdad». Tu verdad, Jesús, es prenda de salvación, y si la misión de propagarla es grande, no nos falta tu ayuda, pues nos has dicho: "yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos". Con labor de Pablo y otros, el mundo pagano se convirtió a la luz y al amor de Cristo. Te pido, Señor, dejarme tocar por tu amor, responder con la generosidad de Pablo, siendo portador de tu evangelio en mi casa, empresa, escuela… «El verdadero cristiano busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida: "Porque la caridad de Cristo nos urge» (2 Corintios 5,14). En el corazón de todos deben resonar aquellas palabras del Apóstol "Ay de mí si no evangelizara"(1 Corintios 9,16)» (A.A.-3).

   2. Alabemos al Señor con el salmo por todos sus beneficios: "alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos". Todos estamos llamados a convertirnos en una continua alabanza de nuestro Dios y Padre, que "firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre". Nadie puede decir que no ha sido amado por el Señor, pues Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Nuestra vida debe convertirse en una continua alabanza de su Santo Nombre. Cristo es la clave, el centro y el fin de la historia humana, porque sólo Él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre, desvelando la grandeza de su dignidad y vocación (cf. GS 22.24).

   3. Durante esta Semana de oración hemos pedido al Señor la unidad de los cristianos, para que se haga realidad que seamos un solo rebaño y un solo pastor, y podamos vivir la petición de Jesús: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación". Proclamar el Evangelio: no sólo en tierras lejanas sino en nuestros territorios multi-étnicos y plurirreligiosos (cf. Mc 7,31). En diversas ocasiones, S. Pablo nos recuerda, también por experiencia propia, que lo primero es que todos puedan acceder a la predicación. A la escucha divina, a través de signos. Recuerda aquellas palabras del Maestro: "bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica" (Lc 11,28); y a Marta, preocupada por muchas cosas, le dice que "una sola cosa es necesaria" (Lc 10,42). La escucha de la palabra es importante para esa unidad con el Señor y con los demás que es la Iglesia, y la base del ecumenismo, pues "no somos nosotros quienes hacemos u organizamos la unidad de la Iglesia. La Iglesia no se hace a sí misma y no vive de sí misma, sino de la palabra creadora que sale de la boca de Dios. Escuchar juntos la palabra de Dios; practicar la 'lectio' divina de la Biblia, es decir, la lectura unida a la oración; dejarse sorprender por la novedad de la palabra de Dios, que nunca envejece y nunca se agota; superar nuestra sordera para escuchar las palabras que no coinciden con nuestros prejuicios y nuestras opiniones; escuchar y estudiar, en la comunión de los creyentes de todos los tiempos, todo lo que constituye un camino que es preciso recorrer para alcanzar la unidad en la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra. Quien se pone a la escucha de la palabra de Dios, luego puede y debe hablar y transmitirla a los demás, a los que nunca la han escuchado o a los que la han olvidado y ahogado bajo las espinas de las preocupaciones o de los engaños del mundo (cf. Mt 13, 22)" (Benedicto XVI).

   Te pedimos, Jesús, ayuda para vivir esta fuerte exigencia de escuchar la palabra de Dios y de hablar con valentía, para que tu Evangelio ilumine tantas situaciones humanas, y dé paz a una sociedad llena de conflictos.

   "Hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien": son manifestaciones extraordinarias del reino de Dios. Quizá a veces nos quedamos mudos, hemos de hablar. "De este diálogo se obtendrá un conocimiento más claro aún de cuál es el verdadero carácter de la Iglesia católica" (Unitatis redintegratio, 9). La Virgen María es la gran promotora de la realización del ardiente anhelo de unidad de su Hijo divino: "Que todos sean uno..., para que el mundo crea" (Jn 17, 21).

Llucià Pou Sabaté

miércoles, 24 de enero de 2024

Jueves de la 3ª semana, año par: el Señor promete a David un linaje real, perenne: es Jesús, Luz para el mundo. Somos portadores de la luz de Jesús, con una vida de fe y buenas obras

Jueves de la 3ª semana, año par: el Señor promete a David un linaje real, perenne: es Jesús, Luz para el mundo. Somos portadores de la luz de Jesús, con una vida de fe y buenas obras

 

A. Lecturas:

   1. II Samuel 7, 18-19. 24-29. Después que Natán habló a David, el rey fue a presentarse ante el Señor y dijo: -«¿Quién soy yo, mi Señor, y qué es mi familia, para que me hayas hecho llegar hasta aquí? ¡Y, por si fuera poco para ti, mi Señor, has hecho a la casa de tu siervo una promesa para el futuro, mientras existan hombres, mi Señor! Has establecido a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios. Ahora, pues, Señor Dios, mantén siempre la promesa que has hecho a tu siervo y su familia, cumple tu palabra. Que tu nombre sea siempre famoso. Que digan: "¡El Señor de los ejércitos es Dios de Israel!" Y que la casa de tu siervo David permanezca en tu presencia. Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has hecho a tu siervo esta revelación: "Te edificaré una casa"; por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. Ahora, mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo.»

   2. Salmo responsorial 131, 1-2.3-5.11.12.13-14. Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob.

   «No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso, no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.»

   El Señor ha jurado a David una promesa que no retractara: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.»

   «Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.»

   Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo.»

   3. Marcos 4,21-25: "En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga».

   Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará»".

 

B. Comentario:

   1. Escuchamos hoy una hermosa oración de David, llena de humildad y confianza: da gracias a Dios, reconociendo su iniciativa y pidiéndole que le siga bendiciendo a él y a su familia: «que tu nombre sea siempre famoso y que la casa de David permanezca en tu presencia».

   Ojalá tuviéramos nosotros siempre estos sentimientos, reconociendo la actuación salvadora de Dios: «¿quién soy yo, mi Señor, para que me hayas hecho llegar hasta aquí?», «tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar», «dígnate bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia». ¿Son nuestros los éxitos que podamos tener? ¿Son mérito nuestro los talentos que hemos recibido? Como David, deberíamos dar gracias a Dios porque todo nos lo da gratis. Y sentir la preocupación de que su nombre sea conocido en todo el mundo. Que la gloria sea de Dios y no nuestra.

   Ciertamente Dios no procede como proceden los hombres. A pesar de las miserias de David, puesto que supo humillarse y pedir perdón, Dios no le retiró su favor; más aún lo bendijo extendiendo sus promesas a sus descendientes. Dios nos conoce hasta lo más profundo de nuestro corazón. Ante Él están patentes nuestras obras y hasta los más recónditos de nuestros pensamientos. Él sabe que somos frágiles; por eso, cuando nos ve caídos espera nuestro retorno como un Padre amoroso, siempre dispuesto a perdonarnos. Pero esto no puede llevarnos a convertirnos en unos malvados pensando que finalmente Dios nos perdonará, sino a vivir vigilantes para no alejarnos de Dios. Manifestemos continuamente nuestro amor a Dios pidiéndole que nos fortalezca para permanecer fieles a su voluntad. Cuando Dios nos contemple siempre dispuestos a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica, derramará su bendición sobre nosotros, nos llenará de su Espíritu y nos contemplará como a sus hijos amados, a quienes bendecirá con la más grande de las gracias que pidiéramos esperar: participar de su vida eternamente unidos a su Hijo que, para conducirnos a la vida eterna, dio su vida por nosotros. ¿Cómo no vivir agradecidos con Dios cuando conociendo nuestra vida Él nos ha amado y nos ha llamado para que seamos sus hijos? ¿Quiénes somos nosotros ante Dios? ¿Qué significamos para Él? Si Él nos amó primero, sea bendito por siempre.

   2. "Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob". Es Jesús de quien habla el profeta: "El Señor ha jurado a David una promesa que no retractara: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.»

   Estamos llamados a permanecer eternamente ante Dios, pues Dios, que nos amó primero, concede la salvación a quienes le aman y le viven fieles: «Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.»

   3. Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para los que entren tengan luz: nos dices, Señor, que quien te sigue tiene un candil encendido, para alumbrar a los demás. No hemos de trabajar por nuestra propia santificación, sino también por la de los demás. Vosotros sois la luz del mundo (Mateo 5, 14), nos dices también, explicándonos el secreto del Reino. La "energía" interna que tiene la Palabra de Dios —tu Palabra, Señor, la que ayer nos hacías ver en la parábola del sembrador—, la fuerza expansiva que debe extenderse por todo el mundo, es como una luz, y esta luz no puede ponerse «debajo del celemín o debajo del lecho».

   Nos das tu luz, Señor, y tu misión: "hijos de Dios. -Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. / -El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna" (S. Josemaría Escrivá, Forja 1). Una postura egoísta sería no usar los dones que Dios nos dio, para iluminar a los demás: "autistas" del espíritu.

   El Evangelio —todo lo contrario— es un santo arrebato de Amor apasionado que quiere comunicarse, que necesita "decirse", que lleva en sí una exigencia de crecimiento personal, de madurez interior, y de servicio a los otros. «Si dices: ¡Basta!, estás muerto», dice san Agustín. Y san Josemaría: «Señor: que tenga peso y medida en todo..., menos en el Amor».

   «'Quien tenga oídos para oír, que oiga'. Les decía también: 'Atended a lo que escucháis'». ¿Qué escuchar, y cómo? Es el acto de sinceridad hacia Dios y nosotros mismos: «Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará». Los intereses acumulados de Dios nuestro Señor son imprevisibles y extraordinarios. Ésta es una manera de excitar nuestra generosidad (Àngel Caldas).

   Consideramos la luz que Jesús ha traído al mundo, y en estas fechas celebramos que Jesús es la "luz para las naciones" (Desde la Navidad, Epifanía, hasta la fiesta de la Presentación de Jesús al Templo, 2 de febrero), y de esta luz para todos los hombres, participamos nosotros. Sin esta luz de Cristo, el mundo está a oscuras, se vuelve difícil y poco habitable. Hemos de llevar esta luz, ser portadores de la luz de la filiación divina, para iluminar el ambiente en el que vivimos. "El trabajo profesional -sea el que sea- se convierte en un candelero que ilumina a vuestros colegas y amigos (…) la santificación del trabajo ordinario constituye como el quicio de la verdadera espiritualidad para los que -inmersos en las realidades temporales- estamos decididos a tratar a Dios" (San Josemaría).

   A ejemplo de Jesús queremos iluminar con nuestro trabajo bien hecho. A la hora de los milagros la multitud exclama: ¡Todo lo hizo bien! Lo grande y lo pequeño. Luz para los demás es tener prestigio profesional, y para ello es necesario cuidar la formación continua de la propia actividad u oficio, y sin apenas darse cuenta el cristiano estará mostrando cómo la doctrina de Cristo se hace realidad en medio del mundo, en una vida corriente. Todos tienen derecho a nuestro buen ejemplo.

   En nuestra actuación, lo que más se valora es el buen corazón, tener buen carácter, así llamamos a ese cúmulo de virtudes. Sobre todo es la gracia divina lo que salva, pero cuenta también con nuestro buen hacer, para ser luceros en medio del mundo. Las normas de convivencia deben ser fruto de la caridad y no solamente por costumbre o conveniencia (Francisco F. Carvajal). Para eso necesitamos lucha, así la fortaleza no puede arraigar en alguien que no se vence en pequeños hábitos de comodidad o de pereza, que siempre está preocupado del calor y del frío. Que se deja llevar por los estados de ánimo siempre cambiantes y que siempre está pendiente de sí mismo y de su comodidad. El Señor nos quiere con una personalidad bien definida, resultado del aprecio que tenemos por todo lo que Él nos ha dado y del empeño que ponemos para cultivar estos dones personales. Por eso queremos contemplarte, Señor, para ver en ti la plenitud de todo lo humano noble y recto, y a ti parecernos. Te pedimos que nos des optimismo, generosidad, orden, alegría, cordialidad, sinceridad, veracidad; que seamos sencillos, leales, diligentes, comprensivos, equilibrados.

   Pienso en la luz que han dado las madres cristianas, que han enseñado en la intimidad a sus hijos con palabras expresivas, pero sobre todo con la "luz" de su buen ejemplo y su amor sobre todo. Pues es el amor el sentido de la moral cristiana. Nuestro examen de conciencia al final del día puede compararse al tendero que repasa la caja para ver el fruto de su trabajo. No empieza preguntando: —¿Cuánto he perdido? Sino que más bien: —¿Qué he ganado? Es decir, ¿qué luces he dado a los demás? Esto es lo que da una vida llena. Quitar mi yo (el humo) y dejar el amor (la luz y calor), en una  total disponibilidad a la voluntad de Dios, como la Virgen.

   La parábola de la medida también es muy rica: la misma medida que utilicemos será usada para nosotros y con creces. Los que acojan en sí mismos la semilla de la Palabra se verán llenos, generosamente llenos, de los dones de Dios. Sobre todo al final de los tiempos experimentarán cómo Dios recompensa con el ciento por uno lo que hayan hecho (J. Aldazábal).

   -"Prestad atención a lo que oís: Con la medida con que midiereis se os medirá y se os dará por añadidura. Pues al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado". Jesús, ha observado también en eso a los comerciantes de su tiempo cuando están midiendo el trigo, o la sal, con un celemín o un recipiente: se tasa más o menos... se llena hasta el borde o se procura dejar un pequeño margen a fin de mejorar la economía. Y Jesús nos revela su temperamento: "lanzaos plenamente, tasad, colmad". Es la incondicionalidad, el dar el 100% de nosotros mismos en todo lo que hacemos. Y aplica este símbolo al hecho de escuchar la Palabra de Dios. No olvidemos que estamos al principio del evangelio. Jesús desea que sus oyentes se llenen de esta Palabra, sin perder nada de ella. ¿Qué avidez siento? ¿Soy de los que enseguida dicen: "basta"... o de los que dicen: "¡más!"... La medida de amar, es amar sin medida... (Noel Quesson).

Llucià Pou Sabaté

martes, 23 de enero de 2024

Martes 3º (año par): Jesús inaugura la nueva Alianza, la familia de los hijos de Dios. Jerusalén, la ciudad de paz, se llena de fiesta en torno al Arca de la Alianza, imagen de Jesús, nuestro templo, y la alianza nueva del amor.

Martes 3º (año par): Jesús inaugura la nueva Alianza, la familia de los hijos de Dios. Jerusalén, la ciudad de paz, se llena de fiesta en torno al Arca de la Alianza, imagen de Jesús, nuestro templo, y la alianza nueva del amor.

 

A. Lecturas:

   1. II Samuel 6,12-15,17-19. Cuando informaron a David: "El Señor ha bendecido a la familia de Obededóm y todos sus bienes a causa del Arca de Dios", David partió e hizo subir el Arca de Dios desde la casa de Obededóm a la Ciudad de David, con gran alegría. Los que transportaban el Arca del Señor avanzaron seis pasos, y él sacrificó un buey y un ternero cebado. David, que sólo llevaba ceñido un efod de lino, iba danzando con todas sus fuerzas delante del Señor. Así, David y toda la casa de Israel subieron el Arca del Señor en medio de aclamaciones y al sonido de trompetas. Luego introdujeron el Arca del Señor y la instalaron en su sitio, en medio de la carpa que David había levantado para ella, y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión delante del Señor. Cuando David terminó de ofrecer el holocausto y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. Después repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, hombres y mujeres, una hogaza de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva por persona. Luego todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.

   2. Salmo 24: 7–10 7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria! ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh, valiente en la batalla. ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria! ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sabaot, él es el rey de gloria.

   3. Marcos 3,31-35: "En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»".

 

B. Comentario:

   1. La fiesta que organiza con ocasión del traslado del Arca a la que se llamará Ciudad de David, danzando él mismo ante el Arca, es muy simpática y de alguna manera significa el fin de la época nómada del pueblo. El Arca, en la Tienda del encuentro, había sido el símbolo de la cercanía de Dios para con su pueblo en el periodo de su larga travesía por el desierto. Ahora se estabiliza tanto el pueblo como la presencia de Dios con ellos. A pesar de que Dios está presente en todas partes y podemos rezarle también fuera de nuestras iglesias, necesitamos lugares de oración, y si el Arca era una imagen de presencia de Dios, nosotros tenemos a Dios en los sagrarios. Después de ofrecer sacrificios, se comparte comida: "una hogaza de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva por persona. Luego todo el pueblo se fue, cada uno a su casa".

   Dios nos ha consagrado por medio del Bautismo. Tratemos de ser una digna morada del Señor, de tal forma que manifestemos con nuestras buenas obras que realmente el Señor está con nosotros. No nos conformemos con disfrutar de la presencia del Señor en nuestro interior. Procuremos ser un signo de su amor para cuantos nos traten sabiendo compartir con ellos los dones que Dios nos ha dado; y no sólo los bienes materiales, sino el Don de la Vida y del Espíritu, que Dios quiere que llegue a todos para que todos seamos hijos suyos y nos convirtamos en una digna morada de su Espíritu.

   2. "¡Puertas, levantad vuestros dinteles… para que entre el rey de la gloria!" Queremos abrirte, Señor, las puertas de nuestros templos, para que tú seas nuestro Templo; quiero abrirte sobre todo las puertas de mi corazón, de mi vida, escuchar tu Palabra y vivir conforme a tus enseñanzas. "¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte… es el rey de gloria".

   3. Le dicen a Jesús: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Ya sabemos que los «hermanos» en el lenguaje hebreo son también los primos y tíos y demás familiares. En el Nuevo Testamento se inaugura un nuevo concepto de familia, los que creen en Jesús, como Hijo de Dios vivo: estos forman la familia de Jesús: los doce Apóstoles y muchos otros discípulos como Marta, María y Lázaro… lo que leemos hoy vamos a ponerlo en relación con el gran amor que Jesús tiene a su madre, a José y a su gente. Porque no podemos ver un texto en solitario, y mucho más cuando "golpea" sobre un aspecto, cuando lo subraya con contundencia; el contexto –es decir, el tono general de los otros textos- y sobretodo la tradición apostólica, dan "el espíritu" que late tras estos sentimientos de Jesús, que toma distancia sobre su ligazón con su familia de sangre, queriéndolos mucho, para establecer una intimidad nueva en su familia digamos "apostólica". Esto nos sitúa en un contexto de Iglesia como familia, donde las comunidades, instituciones por así decir, pueden tener vida en familia, sentirse en Jesús familia. Es un sentido de "injertarse" en la persona y en la conciencia de Jesús, una vocación en vistas al Reino de Dios, y razona con motivos estrictamente sobrenaturales. Establece una libertad para estar con "el Cordero dondequiera que vaya". El sentido esponsal de todo cristiano con Jesús se ve aquí reforzado en un sentido de familia, esas personas forman una familia, a imagen de la que está formando Jesús.

  

Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». Sorprende la distancia que toma Jesús con respecto a su familia. En la respuesta de Jesús no hay ningún rechazo hacia sus familiares. Jesús ha renunciado a una dependencia de ellos: porque pertenece completamente a Dios Padre. Jesucristo ha realizado personalmente en Él mismo aquello que justamente pide a sus discípulos.

   Nosotros, como personas que creemos y seguimos a Cristo, pertenecemos a su familia. Esto nos llena de alegría. Por eso podemos decir con confianza la oración que Jesús nos enseñó: «Padre nuestro». Somos hijos y somos hermanos. Hemos entrado en la comunidad nueva del Reino.

   Jesús, tienes un corazón universal... grande como el mundo: abierto a toda la humanidad. Has renunciado a una dependencia de tu familia de sangre para acogerla en tu familia más amplia, de hijos de Dios, donde te sientes hermano de todo aquel que "hace la voluntad de Dios".

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la semana 3 de tiempo ordinario David y su reino es imagen de Jesús que nos muestra el Reino de Dios con su siembra de palabra divina, también hoy

Miércoles de la semana 3 de tiempo ordinario

David y su reino es imagen de Jesús que nos muestra el Reino de Dios con su siembra de palabra divina, también hoy

 

A. Lecturas:

1. II Samuel 7, 4-17. En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?" Pues bien, di esto a mi siervo David: "Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mi hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."» Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

   2. Salmo responsorial 88, 4-5. 27-28. 29-30.  Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

   «Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora"; y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra»

   Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una prosperidad perpetua y un trono duradero como el cielo»

   3.  Marcos 4,1-20: "En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: «Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga».

   Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. El les dijo: «A vosotros se os ha dado comprender el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone».

   Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la Palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben enseguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento»".

 

B. Comentario:

    1. David quería construir a Dios un Templo, y así se lo hizo saber al profeta Natán. La respuesta es que no, lo hará su hijo Salomón. Pero vemos un canto magnifico sobre cuáles son los planes de Dios para con David y sobre el futuro del pueblo de Israel. La «casa-edificio» que el rey quería levantar es sustituida por la «casa-dinastía» que Dios tiene programada, la «casa de David». Cristo se nos manifestará él mismo como el verdadero Templo del encuentro con Dios: -"Cuando tus días se hayan cumplido, te daré un sucesor en tu descendencia, que será nacido de ti... y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí, hijo..." Es una referencia a Jesús, hijo de David, y a cada uno de nosotros, hijos de Dios.

   2. "Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades»". Dios es siempre fiel a su Palabra y a sus promesas. Dios nos ha llamado para que seamos sus hijos y jamás se arrepiente de habernos aceptado como tales.

   "«Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora"; y yo lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra». Es una oración preciosa, como muchos otros salmos, en la que nos unimos a David, a Jesús, a los santos, y sobre todo nos abandonamos a la filiación divina, confiados en vivir con Él eternamente: "Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una prosperidad perpetua y un trono duradero como el cielo»

    3. Comienza hoy la Iglesia a proponernos las grandes "parábolas" de Jesús.   La palabra hebrea mashal abarca los más diversos géneros: la parábola, el dicho enigmático, la comparación, la alegoría, la fábula, el proverbio, el discurso apocalíptico, el enigma… Son el corazón de la predicación de Jesús, que con el paso del tiempo no pierden su frescura y humanidad, y llegan al corazón. Tu estilo, Jesús, está ahí presente, y con ellas siento tu cercanía. Ayúdame a ver lo que querías decirnos, lo que nos dices "hoy" en ese lenguaje de imágenes, metáforas. Hoy, veo tus interpretaciones alegóricas, la semilla que cae parte en el camino, parte en terreno pedregoso, parte entre espinas y parte en suelo fértil. Siento que me hablan, pero nunca agotamos su significado, siguen siempre abiertas… Nos hablan de tu Reino, Señor, de tu venida. Quiero aprender cuando les cuentas a los discípulos el significado de la parábola: «A vosotros os ha concedido Dios el secreto del Reino de Dios: pero para los de fuera todo resulta misterioso, para que (como está escrito) "miren y no vean, oigan y no entiendan, a no ser que se conviertan y Dios los perdone"».

   La siembra de la semilla está presente en tu predicación, y es el «Reino de Dios» que crece, como el grano de mostaza. La semilla es presencia del futuro. En ella está escondido lo que va a venir: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Tú mismo eres el grano, Señor, y por tu «fracaso» vendrá la salvación: «Y cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32).

   Es un fracaso como camino para lograr «que se conviertan y Dios los perdone». Es el modo de conseguir, por fin, que todos los ojos y oídos se abran. En la cruz se descifran las parábolas. En los sermones de despedida dice el Señor: «Os he hablado de esto en comparaciones: viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente» (Jn 16,25). Ahora se entienden como estaciones de la vía hacia la cruz. En las parábolas, Jesús no es sólo el sembrador que siembra la semilla de la palabra de Dios, sino que es semilla que cae en la tierra para morir y así poder dar fruto (Ratzinger).

   La parábola no obliga, señala el camino… "Salió el sembrador a sembrar…" Parte de la semilla cae en el camino, o se lo comen los pájaros, o queda ahogado por el egoísmo o el miedo... Finalmente, vamos a la semilla que cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta: la fertilidad de la buena tierra compensó con creces a la simiente que dejó de dar el fruto debido. Nada quedó sin fruto. El gran error del sembrador sería no echar la simiente por temor a que una parte cayera en lugar poco propicio para fructificar, o por temor a que nos malinterpreten, etc.

   "Jesús, os decía al comienzo, es el sembrador. Y, por medio de los cristianos, prosigue su siembra divina. Cristo aprieta el trigo en sus manos llagadas, lo empapa con su sangre, lo limpia, lo purifica y lo arroja en el surco, que es el mundo" (S. Josemaría). Su sangre vivifica a todo el mundo, a cada uno. Y así también, de formas muchas veces insospechada, hace fructificar nuestros esfuerzos: "Mis elegidos no trabajarán en vano" (Is. 65, 23), no se pierde nada de lo que se hace cuando estamos con el Señor. El apostolado es así tarea alegre y, a la vez, sacrificada: en la siembra y en la recolección.

 

Llucià Pou Sabaté

 

domingo, 21 de enero de 2024

Lunes 3º semana (año par): Jesús realiza milagros por su poder divino, y manifiesta qué es el Reino de Dios

Lunes 3º semana (año par): Jesús realiza milagros por su poder divino, y manifiesta qué es el Reino de Dios

A. Lecturas:

   1. II Samuel (5,1-7.10): En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos: ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tu serás el jefe de Israel."»

   Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Tenía treinta años cuando empezó a reinar, y reinó cuarenta años; en Hebrón reinó sobre Judá siete años y medio, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá. El rey y sus hombres marcharon sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban el país.

   Los jebuseos dijeron a David: «No entrarás aquí. Te rechazarán los ciegos y los cojos.»

   Era una manera de decir que David no entraría. Pero David conquistó el alcázar de Sión, o sea, la llamada Ciudad de David. David iba creciendo en poderío, y el Señor de los ejércitos estaba con él.

   2. Salmo 88,20.21-22.25-26: Un día hablaste en visión a tus amigos: «He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado sobre el pueblo.»

   «Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso.»

   «Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder: extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río.»

   3. Marcos 3,22-30:  "En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo»".

 

B. Comentario:

   1. David ya era reconocido como rey por los del Sur, la tribu de Judá, que era la suya, y eso en seguida después de la muerte de Saúl. Ahora lo es también por las del Norte, o sea, Israel, que hasta ahora habían permanecido fieles a los descendientes naturales de Saúl. David ha sabido, con habilidad política y por sus buenas cualidades, aunar las voluntades de todos. Se unen, pues, Judá e Israel. Durarán poco: después de su hijo y sucesor Salomón se volverán a dividir.

   David conquista la ciudad de Jerusalén, hasta entonces en poder de los jebuseos, y la hace capital de su reino. Antes había residido en Hebrón. Así consigue una unidad política que será la base de la prosperidad de su reinado y del de su hijo Salomón.

   «El Señor estaba con David». Y también está con nosotros, para conseguir la paz del mundo, la unidad de la Iglesia según la oración de Jesús: «que sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea que tú me has enviado».

   2. "De edad en edad he erigido tu trono»: David es imagen de Jesús, y el linaje de los hijos de Dios será la Iglesia. «El me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación! Y yo haré de él el primogénito, el Altísimo entre los reyes de la tierra". Será así Jesús primogénito entre muchos hermanos. «Le guardaré mi amor por siempre, y mi alianza será leal con él; estableceré su estirpe para siempre, y su trono como los días de los cielos".

   3. "Esta fuera de sí", decían de Jesús sus parientes el sábado... "Está poseído del demonio", dicen hoy los escribas... vemos a Jesús rechazado... contestado...

   Jesús "llamóles a sí y les dijo en parábolas: "¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido no puede durar. Si una casa está dividida no puede subsistir. Si Satanás se levanta contra sí mismo... ha llegado su fin..."" Señor, pones en evidencia el lógico ridículo de los escribas: son ellos los que han perdido la cabeza proponiendo tales argumentos, tú tienes muy sana la razón. Tu demostración es sencilla, pero rigurosa.

   -"Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquearla, si primero no ata al fuerte..." Es la primera y corta parábola relatada por Marcos: ¡La imagen de un combate rápido y decisivo! Para dominar a un "hombre fuerte", se precisa a uno "más fuerte" que él. Jesús presenta su misión como un combate, el combate contra Satán, la lucha contra el "adversario de Dios" (es el sentido de la palabra "Satán" en hebreo).

   Contemplo este misterio siempre actual: tú Jesús combatiendo... luchador... entablando batalla contra todo mal... "más fuerte" que cualquier mal...

   La mayoría de los grandes sistemas de pensamiento, en todas las civilizaciones, han personificado el "mal": El hombre se siente a veces "dominado" como por "espíritus". El hombre occidental moderno se cree totalmente liberado de estas representaciones; pero, nunca tanto como hoy el hombre se ha sentido "dominado" por "fuerzas alienantes": espíritu de poder, de egoísmo, etc.

   Jesús, has puesto fin a este dominio; pero a condición de ¡que se te siga!

   -"En verdad os digo que todo les será perdonado a los hombres, los pecados y aun las blasfemias; pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo... no tendrá perdón jamás..." "Jesús habla así porque ellos decían: Tiene espíritu impuro". Para participar en tu victoria sobre las "fuerzas que nos dominan", Señor, veo que hay que ser dóciles al Espíritu Santo... Hay que reconocer el poder que actúa en ti. Desconfiar de tu palabra bloquea todo progreso en el futuro (Noel Quesson).

   Jesús «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre» (Juan Pablo II). Y la malicia es interpretar los milagros y la bondad como un poder del demonio.

   Jesús, veo que haces milagros, y tienes un amor de compasión, y van unidos en ti predicar el Evangelio y curar a los enfermos. Y nos enseñas que ese don divino "funciona" con ayuno y oración, no como esos magos que están de moda en todos los tiempos, que buscan vaciar el bolsillo de la gente.

   Benedicto XVI nos señala que "el contenido central del «Evangelio» es que el Reino de Dios está cerca" (es el centro de las palabras y la actividad de Jesús; los Sinópticos ponen 90 veces en boca de Jesús esa expresión). El reino es Jesús mismo en persona, nos dice ya Orígenes; y añade que se encuentra esencialmente en el interior de los hombres, y si le dejamos sitio quitando lo malo, Dios, "junto con su Cristo, será el único que reinará en nosotros", estará dentro de nosotros como en un paraíso. Y el Reino de Dios continúa en la Iglesia.

   Algunos dicen que hay que buscar la justicia en el mundo, cada uno a su modo, pero el peligro de no respetar la Verdad que está en Dios es que acaban algunos buscando su ego, pues la verdad en matemáticas es muy fácil (2+2 = 4), pero cuando me siento implicado en una acción moral, la pereza o mi orgullo pueden influir en el modo de pensar, si no hay normas objetivas. La Iglesia tiene la misión de "anunciar el Reino de Cristo y establecerlo en medio de las gentes" (LG 5), y nos enseña a vivir la vida de Jesús, y mostrar a Jesús a los demás, con la vida de los santos, con nuestra vida; así es "el Reino de Cristo presente ya en el misterio" (LG 3), pero solamente en germen e inicio, apuntando a su realización definitiva que llegará con el fin y el cumplimiento de la historia.

   Estamos invitados a mejorar el mundo, y la mejor forma es el apostolado. El Reino de Dios no puede ser separado ni de Cristo ni de la Iglesia, para tener su identidad.

Llucià Pou Sabaté

 

sábado, 20 de enero de 2024

Domingo de la semana 3 de tiempo ordinario; ciclo B Jesús anuncia el Reino de Dios y nos llama a seguirle, a través de una conversión del corazón, una apertura a la Buena Nueva

Domingo de la semana 3 de tiempo ordinario; ciclo B

Jesús anuncia el Reino de Dios y nos llama a seguirle, a través de una conversión del corazón, una apertura a la Buena Nueva 

   A. Lecturas: 

   1. Jonás 3,1-5. 10. En aquellos días, vino de nuevo la Palabra del Señor a Jonás: -Levántate y vete a Nínive, la gran capital, y pregona allí el pregón que te diré. Se levantó Jonás y fue a Nínive, como le había mandado el Señor. (Nínive era una ciudad enorme; tres días hacían falta para atravesarla.) Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día pregonando: -Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada. Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno, y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Cuando vio Dios sus obras y cómo se convertían de su mala vida, tuvo piedad de su pueblo el Señor, Dios nuestro.    

   2. Salmo 24,4bc-5ab.6-7bc. 8.9: Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas. / Haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.  Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor.  El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes.    

   3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 7,29-31. Hermanos: Os digo esto: el momento es apremiante. Queda como solución: que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la presentación de este mundo se termina.   


   4.
 "Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: -Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia. Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: -Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con El" (Marcos 1,14-20).

 

B. Comentario:

   1. La lectura nos habla de cómo Dios anuncia por medio de Jonás un plazo de cuarenta días para que los ninivitas se arrepientan: ellos aprovechan ese tiempo y alcanzan misericordia. Jonás tendrá la misión de ir a un pueblo pagano para pedir el perdón de Dios, que está a disposición de todos, ampliando la visión del pueblo judío y profetizando la redención universal de Jesús. Si el libro de Jonás es un relato fantástico en cuanto al pez que se lo traga y devuelve a la costa, es histórico-didáctico. Este personaje, Jonás, del que habla 2 Reyes 14,25 (s. VIII a. C.), después del destierro es reinterpreteado con esta narración que nos habla de la misericordia divina. La arqueología ha confirmado que Nínive era una gran metrópoli de unos 4 kms. de ancho, y aquí es imagen de Babilonia (relato de la torre de Babel: Gn 11, 1-9). Se habla de 40 días, que es tiempo de espera, de preparación (40 días dura el diluvio, 40 años es la etapa de prueba del desierto, etc.). Las escrituras cuneiformes nos informan también de la penitencia pública de los asirios, que se extendía incluso a los animales domésticos; ésta era también la costumbre de los persas. Pero los signos de penitencia no valen nada sin la conversión interior, sin el cambio del corazón y de la vida. El autor nos dice que los ninivitas se convirtieron de su mala conducta.

   El tema fundamental de la lectura de Jonás es la conversión. El vocablo griego tiene una fuerza metafórica y realista. Metanoia quiere decir literalmente: cambio de mente. La conversión es, por tanto, un tema de pellejo para adentro, un tema tan serio y grave como puede ser cambiarse uno de cabeza; es decir, dejar las viejas categorías de enjuiciar y pensar para tomar nuevos criterios y cánones nuevos para ver la vida y sus problemas. También la palabra latina tiene fuerza etimológica: conversión, convertirse, quiere decir volverse. (En esto sigue el término hebreo): Es decir: desandar el camino, dar la vuelta a todo como un calcetín.

   Hay un paralelismo con Elías (1 Re 19,4), que también está triste y desengañado de la actitud del rey y del pueblo hacia Dios, aunque Jonás se aflige por su fracaso, quizá se parece a Natanael rumiando debajo de la higuera, cuando Dios le llama. Porque Dios no se fija en nuestros méritos, es más, nos da las cualidades apropiadas a la misión que nos pide. «Por segunda vez fue dirigida la palabra del Señor a Jonás en estos términos: 'Vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama lo que yo te diga'» Dios vuelve a llamarle, como si no hubiera pasado nada, como si fuera la primera vez... Y Jonás se fue a Nínive y predicó allí. Y dice Jonás a Dios: "bien sabía yo que tú eres un Dios entrañable y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal..." Jonás tenía que dejar atrás todas sus ideas sobre Dios y vincularse a alguien que le llevaba más allá de sus fronteras y le dejaba en una intemperie amenazadora y vacía de seguridades. Dios no tuvo en cuenta sus anteriores cobardías… de Tarsis a Nínive lo fue llevando, ampliando su manera de pensar. Hoy vemos que hay divisiones, también en la Iglesia, y en la sociedad.

   Además, hay un afán de tener la razón, dicen que esa sensación da una química de adrenalina, un bienestar. Pero si ya tenemos la alegría de seguir al Señor, no necesitamos esa química…

2. Es un salmo que en hebreo va siguiendo las letras del abecedario. En él pedimos que la luz divina nos ilumine: "Señor, indícame tus caminos, enséñame tus sendas. Pedimos al Señor que nos guíe, que nos muestre sus pisadas, para que podamos dirigirnos a la plenitud de sus mandamientos, que es la caridad" (San Josemaría).

3. La imagen del matrimonio sirve a san Pablo para representar el encuentro personal de cada uno con el Señor. Una primera idea es que el "tiempo se hace corto" y "pasa la figura de este mundo". Mientras que el pueblo judío priorizaba tener descendencia y por tanto el matrimonio, Jesús incorpora otro sentido de la familia de los hijos de Dios sin procreación sino por la fe, tanto si alguien está casado como si no lo está. El tiempo es la medida de duración de las cosas creadas, mientras que la eternidad es atributo de la esencia divina: "Mis días son como la sombra que declina..., pero tú, Señor, reinas eternamente" (Sal 101, 12s). El hombre vive en el tiempo; Dios, en la eternidad. La relación que tenemos tiempo-quehacer produce tensiones, y es frecuente que el hombre se queje de falta de tiempo. Pero el tiempo en realidad es el que Dios quiere que permanezcamos en el mundo, para una misión. Por eso podemos decir con el salmista: "Señor, instrúyeme en tus sendas".

   "Poned la mirada en el último día, en el de la venida del Hijo del Hombre, porque ha de encontrar viviendo mal a los que ahora están seguros, aunque con una falsa seguridad; se hallan seguros en los placeres del mundo, cuando deberían estarlo por haberlos sometido. El Apóstol nos preparó para aquella vida... El que pone todo su gozo y toda su felicidad en comer, en beber, en estar casado, en comprar, en vender, en disfrutar de este mundo, está ciertamente sin preocupaciones, pero se halla fuera del arca. ¡Ay de él cuando llegue el diluvio! Por el contrario, el que come y bebe o hace otra cosa, y la ejecuta para gloria de Dios; y, si tiene que soportar alguna tristeza debida a las cosas humanas, llora de tal modo que interiormente se goza con la esperanza; y, si le sobreviene algún gozo originado por las cosas terrenas, de tal modo se goza que teme espiritualmente en su interior, y, por lo tanto, no se entrega de lleno a la felicidad para no ser pervertido, ni a la adversidad para no quedar quebrantado, lo cual es llorar como si no llorase y gozarse como si no se gozase;  el que, teniendo esposa, compadeciéndose de la flaqueza de ella, da pero no exige el débito; o si por su propia debilidad se casa, pero más bien se lamenta por no poder pasar sin la mujer que se goza por haberse casado; el que vende lo que sabe que, si lo retuviese, no le haría feliz; el que conoce que pasa todo lo que compra, y, por lo tanto, no presume de los bienes en que abunda y le rodean, y emplea lo que tiene en obras de misericordia con quien nada tiene, para recibir también él mismo lo que no tiene de manos de quien tiene todas las cosas; todos estos esperan confiados el último día, porque no están fuera del arca. Ya son contados entre las maderas incorruptibles con las que se fabrica. No teman, pues, al Señor que ha de venir; antes bien, espérenlo y deséenlo, pues su venida no le aportará el castigo, sino la eliminación de las fatigas. Todo esto se consigue en el deseo de aquella ciudad. Luego lo que encarece el evangelio se logra con el deseo de esta ciudad a la que canta el salmo" (S. Agustín).  Es una vida en el espíritu, en esa nueva arca de salvación que es la unión con Jesús.

   "... porque la presentación de este mundo se termina". Todo cuanto nos rodea no es otra cosa que un decorado, más o menos bello, que adorna el escenario de nuestro vivir. Desde el momento de nacer comienza el primer acto de nuestra representación. Luego las escenas se irán sucediendo sin cesar, una tras otra, con risas unas veces y con lágrimas otras. En ocasiones la representación se convierte en comedia, otras cambia el tema para dar paso al drama, o incluso a la tragedia. La vida es un teatro… Los personajes que nos acompañan van pasando, a veces para no volver jamás. Cuando uno se va, termina su papel, pero la representación continúa: Después del último mutis, comienza la otra realidad. Entonces ya no hay máscaras, estamos ante Dios tal como somos, sin más recomendación que la de nuestra propia vida... El gran teatro del mundo. Es una realidad que ha de urgirnos a vivir de cara a la eternidad, empeñados siempre en rectificar y en mejorar nuestra conducta, y creer en el deseo de amar sinceramente a Dios.

   Jesús empieza predicando claramente: "se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed la Buena Noticia". Es un momento especial, único, que la obediencia al Padre no le permite a Cristo anticipar (Jn 2,4; 17,1), ni a nosotros desconocer. «Vigilen, pues, todos para ordenar rectamente sus afectos -advierte el Concilio Vaticano II-, no sea que, en el uso de las cosas de este mundo y en el apego a las riquezas, encuentren un obstáculo que les aparte, contra el espíritu de pobreza evangélica, de la búsqueda de la perfecta caridad, según el aviso del Apóstol: Los que usan de este mundo, no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)». Es la tendencia a una vida más fácil, al aburguesamiento, al afán de dominio, a la preocupación por el futuro... la carrera desenfrenada por la posesión y el disfrute de medios materiales como si fuera lo más importante de la vida, tendencia al lujo, a no privarse de nada placentero… y cuando se prioriza esa tendencia, el corazón queda entonces triste e insatisfecho; se adentra por caminos de un eterno descontento y acaba esclavizado ya en la tierra, víctima de esos mismos bienes que quizá se han logrado a base de esfuerzos y renuncias sin cuento. El fin de un cristiano no es tener cada vez más, sino amar más y más a Cristo, a través de sus trabajo, de su familia, también a través de los bienes. La generosa preocupación por las necesidades ajenas que vivían los primeros cristianos y que San Pablo enseñó a vivir también a los fieles de las comunidades que iba fundando, será siempre un ejemplo de permanente vigencia: un cristiano jamás podrá contemplar con indiferencia las necesidades espirituales o materiales de los demás, y debe poner los medios para contribuir generosamente a solucionar esas necesidades. La limosna brota también de un corazón misericordioso, y es más útil para quien la ejerce que para aquel que la recibe. Porque quien la ejerce saca de allí un provecho espiritual, mientras quien la recibe sólo temporal (F. Fernández Carvajal).

   4. El Evangelio de la Misa nos narra la llamada de Cristo a cuatro de sus discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan, pescadores que se encuentran trabajando, echando las redes o arreglándolas, cuando Jesús pasa y les llama. Estos apóstoles ya conocían al Señor y se habían sentido profundamente atraídos por su Persona y por su doctrina. Es por tanto una segunda llamada, como la de Jonás, como la que nos va haciendo el Señor a nosotros. El llamamiento que ahora reciben es el definitivo: Seguidme y os haré pescadores de hombres. Jesús, que les ha buscado en medio de su trabajo, emplea un símil sacado de su profesión, la pesca, para señalarles su nueva misión. Jesús, empiezas tu vida pública escogiendo a los primeros apóstoles: Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Habían empezado acercándose a Ti, pero ahora eres Tú el que les llamas: «Seguidme». Y ellos, «dejando las redes»te siguieron.

   Jesús, Tú también me llamas. No soy yo el que te elijo, sino Tú. Si me acerco a Ti, si te escucho en la oración, me daré cuenta de qué es lo que esperas de mí. Y entonces, he de saber responder con generosidad y prontitud, dejando las redes que me atan a una vida cómoda y egoísta.

   No le debió ser fácil a Zebedeo prescindir de sus hijos, tan necesarios para su trabajo de pesca. Podría haber protestado: ¿por qué te llevas a mis hijos?, ¿es que no hay otros? Jesús, qué alegría da ver a padres generosos que saben prescindir, con dolor, de sus hijos cuando así se lo pides.

   Jesús, ¿quieres que también yo sea «pescador de hombres»apóstol? Pero no necesariamente he de dejar mi trabajo. Precisamente ahí donde estoy, puedo  -y debo- ser apóstol: haciendo el trabajo con seriedad; ofreciéndolo; sirviendo a los demás que están a mi alrededor; siendo optimista, con la alegría del que ve tu mano, amorosa de Padre y todopoderosa de Dios, en todas las cosas (Pablo Cardona, "Una cita con Dios").

   Dios quiere que el reino de Dios se haga realidad como fruto de la "conversión" anunciada por el profeta Jonás. Reino que será de justicia, de verdad, de paz y de gracia, que es posible si el hombre es capaz de volver los ojos hacia Dios para tener vida, una vida plena, total. Es la Salvación. Este Reino no viene con nuestro esfuerzo, no lo ganamos nosotros con nuestra lucha, como tendremos ya experiencia. Tampoco es algo que nos ofrece mágicamente. Se trata de cambiar nuestro interior, y así experimentar ya esta vida nueva. Estos son los "convertidos que creen en el evangelio". Por eso lo dejan todo: las redes, el padre en la barca con los jornaleros... y se van a predicar. Ya vimos estos días que debían estar con él, pues la misión sólo podrá realizarse a partir de una profunda comunión con Jesús, quien entrando en el dinamismo de nuestra historia, se hace solidario de nuestra humanidad para que nosotros aprendamos a hacer lo mismo. La iniciativa de la llamada es de Jesús, y nos muestra el tiempo favorable (el "kairós"), el tiempo de la salvación, y esa llamada no es un tren que pasa y no se puede tomar más, si se pierde: es, como vemos en Jonás, un seguimiento que Dios nos hace, pidiéndonos ese seguimiento por medio de Jesús.