jueves, 11 de enero de 2024

Tiempo ordinario, I semana, viernes (par): encuentros con Jesús misericordioso

Tiempo ordinario, I semana, viernes (par): encuentros con Jesús misericordioso

 

A. Lecturas:

   1. I Samuel 8,4-7.10-22a. En aquellos días, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. Le dijeron: -«Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones.» A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor. El Señor le respondió: -«Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey.» Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: -«Éstos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. Y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá.» El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: -«No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra.» Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor. El Señor le respondió: -«Hazles caso y nómbrales un rey.»

   2. Salmo 88,16-17.18-19. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.

   Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel nuestro rey.

   3. Marcos 2,1-12: "Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

   Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».   

   Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla y anda" Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"».

   Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».

 

B. Comentario:

 

   1.  -"Se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a ver a Samuel". Y hacen su petición: -«ponnos un rey para que nos juzgue y gobierne, como todas las naciones.» Hay que ejercitar la inteligencia, progresar con el desarrollo de ideas, organización social… aquí sin embargo se subraya la motivación mala que es apartarse de Dios…

   Las cosas políticas son complejas. Pensaban que Dios era quien gobernaba directamente ese pueblo. Pero, por otra parte, la política tiene su campo propio. Si leemos la Biblia en su contexto cultural, podemos sacar muchas cosas sin atarnos a la cultura de otro tiempo… En resumen: libertad en lo político, fidelidad en lo religioso.

   2. Monarquía o república o cualquier otro sistema político: todo puede ser bueno y malo, son herramientas que dependen de su utilización. Actualmente, nos parece que el menos malo es la democracia. Lo importante, en cualquier régimen político, es buscar el bienestar de la comunidad siguiendo fielmente los valores de Dios. Así será verdad lo de que «dichoso el pueblo que camina a la luz de tu rostro», como decimos en el salmo.

   3. Podemos meternos con la imaginación, en la casa junto a Pedro, muy cerca del Señor. Tenemos suerte, porque muchos no caben, se han quedado fuera. Muchos, con la esperanza de tocar su túnica al pasar. Jesús está enseñando.

   No faltan varios fariseos y doctores de la ley. Son los que lo saben todo, escuchan buscando qué censurar. ¡Qué distinta la gente sencilla que nos rodea dentro de la sala!

   Mientras tanto, cuatro hombres audaces, con fe en el Señor, traen a un paralítico para que lo cure. Y no pueden entrar. Pero no se dan por vencidos. Por detrás la casa suben al tejado, escuchamos sus pasos en el techo. Jesús sigue hablando. Demasiado sabe Él lo que está ocurriendo. Después, comienzan a dar golpes. Todos miramos hacia arriba: están perforando el terrado.

   El Señor no se inmuta. Caen trozos de barro seco, a pesar del cuidado de quienes lo hacen. Por fin se ve, por la abertura, el cielo. Jesús sigue hablando. Pero todos miramos las manos afanosas, el boquete descubierto, que se hace más grande. Ya se ven sus rostros. Con cuerdas descuelgan la camilla, un fardo con el cuerpo de aquel hombre paralítico. Y así, lo colocan delante del Señor. Todos guardamos silencio.

   El Señor suspende su enseñanza. Mira al hombre paralítico y le sonríe. Los ojos del hombre, que está ahí, en el suelo, se avivan. Los cuatro audaces se han quedado en el techo. Sus cuatro caras pegadas miran respetuosas y atentas. No dicen nada. El Señor también les mira a ellos. Quisieran esconderse, no pueden. La humildad brota en sus semblantes. Y también les sonríe.

   Con Jesús volvemos nuestra mirada al paralítico. Parece como si toda su vida se agolpara en sus ojos: miran llenos de esperanza. La compasión divina se posa en esa esperanza. Vuelven a avivarse los ojos del hombre. La Misericordia infinita y la miseria ínfima, frente a frente. Y en la sala, un silencio impresionante.

   -"Tus pecados te son perdonados".

   Los escribas y los fariseos se remueven en sus asientos: están pensando mal. Jesús se encarar con ellos, sin corazón, por ignorar la miseria del hombre.

   -"¿Qué es lo que andáis revolviendo en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda...?" Misericordiosa y protectora mirada de Jesús para el humilde caído, desafiante y acusadora para la soberbia engreída.

   Los aludidos bajan los ojos y enmudecen. Sus cabezas se inclinan. El Señor les sigue hablando, pero ellos no oyen ya, turbados de vergüenza... Cuando han sentido alivio, porque los ojos de Jesús han vuelto a posarse sobre los que le miraban con silenciosa esperanza, logran levantar los suyos.

   -"¡Levántate!.. . Carga con tu camilla y vete a tu casa". Jesús al momento mira a los cuatro del tejado, y nosotros con Él. Como que es este milagro un premio a su fe callada y operativa. Y por mirar arriba no observamos cómo fueron los primeros movimientos del hombre curado. Nos sorprende, ya de pie, levantando su camilla. Por el pasmo, todos los ojos se agrandan más y más.

   Es que no nos acostumbramos a los milagros: nos sorprenden siempre. Y el que había sido paralítico obedece, y sale lleno de gozo, dando gloria a Dios. Desde dentro escuchamos el clamor de las gentes en la plaza. Se sorprendieron al ver la obra de Dios, realizada a pesar de ellos.

   Salió el hombre de aquella casa por donde no entró. Y volvió a su hogar por un camino que no había andado, a vista de todo el mundo, de forma que todos estaban pasmados y dando gloria a Dios, decían: Jamás habíamos visto cosa semejante.

   Hoy aprendo que la audacia debe llevarnos a poner por obra lo que nos enseña la fe. A un hombre así, que vive conmigo, le encomendaron una misión dificilísima, llevada ya a cabo felizmente, porque entendía algo de aquella cuestión, y porque era lo suficientemente lanzado como para no darse cuenta que era imposible (J. A. González Lobato).

   A veces no se hace algo por parálisis mental, por no entender los planes de Dios, podemos ver esos planes como algo arduo y sin libertad, cuando precisamente es dejarse querer por Él, ensanchar nuestro corazón, y al escuchar su voz descubrir que es fuente de libertad, de felicidad, y comunicarla, hacerla realidad en el mundo que nos ha tocado vivir. Cuando hay motivaciones profundas, es más fácil llevar adelante las cosas, y ese núcleo de la respuesta cristiana que es el "hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas" ya no se ve obedecer algo externo y como impuesto, sino que responde a una motivación interior, que conduce a la oración, a frecuentar la Eucaristía. Porque sería una forma de parálisis limitar la vida cristiana a cumplir unos cuantos ritos. Conduce a buscar la formación y alimentación para el alma. Muchas veces la acción social, que hoy vemos en formas de voluntariado, es un primer paso para luego ir a la fuente del amor en Dios, y llevar de esa agua viva a los demás, como vemos en la escena de hoy.

   Sólo Dios puede perdonarnos, como se recuerda hoy en el Evangelio: ante la afirmación llamativa de Jesús, que dice a un paralítico: "hijo, tus pecados te son perdonados", los oyentes sorprendidos pensaron: "¡éste blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?". En el pecado el ofendido es el mismo Dios amor, aunque va unido esto a que el pecado nos hiere y nos daña por dentro. Pues esta herida sólo Dios puede sanarla, ahí está unido el poder infinito y su amor misericordioso. Y es lo que Jesús dice al perdonar: "pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder para perdonar los pecados; miró al paralítico y le dijo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".

 

Llucià Pou Sabaté

miércoles, 10 de enero de 2024

Tiempo ordinario, I semana, jueves (par): lamisericordia de Jesús nos cura de nuestras dolencias

Tiempo ordinario, I semana, jueves (par): la misericordia de Jesús nos cura de nuestras dolencias

 

A. Lecturas

   1. I Samuel 4,1-11. En aquellos días, se reunieron los filisteos para atacar a Israel. Los israelitas salieron a enfrentarse con ellos y acamparon junto a Piedrayuda, mientras que los filisteos acampaban en El Cerco. Los filisteos formaron en orden de batalla frente a Israel. Entablada la lucha, Israel fue derrotado por los filisteos; de sus filas murieron en el campo unos cuatro mil hombres. La tropa volvió al campamento, y los ancianos de Israel deliberaron: -«¿Por qué el Señor nos ha hecho sufrir hoy una derrota a manos de los filisteos? Vamos a Siló, a traer el arca de la alianza del Señor, para que esté entre nosotros y nos salve del poder enemigo.» Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofra y Fineés, fueron con el arca de la alianza de Dios. Cuando el arca de la alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel lanzó a pleno pulmón el alarido de guerra, y la tierra retembló. Al oír los filisteos el estruendo del alarido, se preguntaron: -«¿Qué significa ese alarido que retumba en el campamento hebreo?» Entonces se enteraron de que el arca del Señor había llegado al campamento y, muertos de miedo, decían: -«¡Ha llegado su Dios al campamento! ¡Ay de nosotros! Es la primera vez que nos pasa esto. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos, los dioses que hirieron a Egipto con toda clase de calamidades y epidemias? ¡Valor, filisteos! Sed hombres, y no seréis esclavos de los hebreos, como lo han sido ellos de nosotros. ¡Sed hombres, y al ataque!» Los filisteos se lanzaron a la lucha y derrotaron a los israelitas, que huyeron a la desbandada. Fue una derrota tremenda: cayeron treinta mil de la infantería israelita. El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofril y Fineés, murieron.

   2. Salmo 43,10-11.14-15.24-25. Ahora nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas: nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea.

   Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean; nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones.

   Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión?

   3. Marcos 1,40-45: En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».

   Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

 

B. Comentario:

   1. El Arca de la Alianza tuvo una gran importancia en el Éxodo y más tarde, pero ahora queda en poder de los filisteos… El Templo sustituirá muy pronto al arca y heredará las prerrogativas de esta: la presencia de Dios.

   -"Los filisteos se reunieron para combatir a Israel. Se libró un gran combate y fue batido Israel por los filisteos: cerca de cuatro mil hombres murieron..." La Biblia relata el destino de un pueblo, sus búsquedas, sus luchas, su historia.

   -"Los ancianos de Israel dijeron: «¿por qué nos ha derrotado hoy el Señor delante de los filisteos?»" Revisión de vida. Ante un acontecimiento humano: se analiza, se busca su significado, se mira con ojos nuevos, con miras a la propia conversión, se busca especialmente la parte de Dios en ese acontecimiento y se trata de interpretarlo mirándolo «con los ojos de Dios».

   -"Vamos a buscar en Silo el Arca de nuestro Dios. Quizá tienen los israelitas el «Arca» de Dios algo olvidada: ¡símbolo de la presencia del Dios de los ejércitos! "Que venga en medio de nosotros y que nos salve del poder de nuestros enemigos". Vemos que dan un carácter mágico al Arca.

   -"Trabaron batalla los filisteos. Los israelitas fueron batidos. La mortandad fue muy grande: cayeron treinta mil soldados de Israel. El Arca de Dios fue capturada y murieron los dos hijos de Elí". La captura del Arca prefigura ya la «destrucción del Templo» anunciada por Jesús (Noel Quesson).

   2. Recordamos, con el salmo, el "silencio" de Dios: «Nos rechazas, nos avergüenzas, ya no sales con nuestras tropas, nos haces el escarnio de nuestros vecinos», pero se convierte el lamento en súplica humilde: «Redímenos, Señor, por tu misericordia; despierta, Señor, ¿por qué duermes?, levántate, no nos rechaces más, ¿por qué nos escondes tu rostro?».

   3. ¡Ojalá que nuestra conversión la pidamos con la misma fe y confianza con que el leproso se presentó ante Jesús!: «Puesto de rodillas, le dice: 'Si quieres, puedes limpiarme'». Él es el único que puede hacer posible aquello que por nosotros mismos resultaría imposible. Dejemos que Dios actúe con su gracia en nosotros para que nuestro corazón sea purificado y, dócil a su acción, llegue a ser cada día más un corazón a imagen y semejanza del corazón de Jesús. Él, con confianza, nos dice: «Sí que lo quiero: queda limpio».

   Jesús, te veo con tu corazón lleno de misericordia con en el milagro de la multiplicación de los panes, y ahora con las curaciones en tu primera predicación en Galilea. Hoy es un leproso: «Si quieres, puedes limpiarme». Nos sigue diciendo el Evangelio: Jesús, «sintiendo lástima, extendió la mano» y lo curó. La lepra era considerada la peor enfermedad de su tiempo. Se pensaba que tenía que ver con los pecados, como una culpa… y por motivos de higiene nadie podía tocar ni acercarse a los leprosos. Jesús sí lo hace, como protestando contra las leyes de esta marginación.

   Jesús, sientes compasión de todas las personas que sufren. Eres el salvador, vences toda manifestación del mal: enfermedad, posesión diabólica, muerte. La salvación de Dios nos ha llegado por ti.

   Yo quisiera, Señor, fijarme en tus buenos sentimientos, para ser como tú, misericordioso. Veo que tu misión, Señor, es mostrarnos la misericordia divina, la esencia de toda la historia de la salvación es sentirnos amados por Dios, abrirnos a su amor misericordioso.

   Esto se ve cuando tú, Jesús, curas enfermedades, que van más allá del cuerpo, vas a sanar todo, vas hasta el corazón del hombre. La lepra tiene también este sentido simbólico, de estar enfermos del alma; y ésta clama en su interior por la curación, como el paralítico de hoy. Jesús perdonó siempre, y a Pedro, quien le negó tres veces, le dio ser su primer vicario en la tierra; y Pablo, perseguidor de cristianos, participante en la muerte del mártir Esteban, fue apóstol de las gentes, mensajero de la misericordia divina, pues, como él decía, "allí donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia".

   Vemos en este evangelio de hoy como Jesús «manifestó su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores. El nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano» (plegaria eucarística V/c). Nosotros podemos imitarle: «que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación» (ibídem).

   El amor misericordioso es la devoción más importante en este siglo XXI que ha de abrirnos a la esperanza en los umbrales del tercer milenio. "¡Corazón Inmaculado de María, ayúdanos a vencer el mal que con tanta facilidad arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre nuestra época y parece cerrar los caminos del futuro! ¡Que se revele, una vez más, la fuerza infinita del Amor misericordioso! ¡Que se manifieste para todos, en vuestro Corazón Inmaculado, la luz de la Esperanza!": decía Juan Pablo II, qué en su oración pedía "la misericordia". Con su lema "Totus tuus" quiso abandonarse en la Virgen, y fue llevado por ella a Dios un primer sábado, día especialmente dedicado a ella según la devoción de Fátima. En una visita al santuario romano de la divina misericordia, Juan Pablo II animó a "que seáis apóstoles de la divina misericordia", él verdaderamente lo fue con su vida. Una de sus encíclica más bellas fue la de Dios "Rico en misericordia" (1980), el pasaje evangélico de hoy nos recuerda que nosotros también seamos misericordiosos.

Llucià Pou Sabaté

martes, 9 de enero de 2024

Tiempo ordinario, I semana, miércoles (año par): Jesús sigue curando en sábado, dando sentido al “descanso”, y nos enseña a dedicar tiempo a la oración

Tiempo ordinario, I semana, miércoles (año par): Jesús sigue curando en sábado, dando sentido al "descanso", y nos enseña a dedicar tiempo a la oración

 

A. Lecturas:

   1. I Samuel 3,1-10.19-20. En aquellos días, el niño Samuel oficiaba ante el Señor con Elí. La palabra del Señor era rara en aquel tiempo, y no abundaban las visiones. Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos empezaban a apagarse, y no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: -«Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: -«Aqui estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: -«No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: -«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: -«No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocia Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Ell y le dijo: -«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: -«Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: -«¡Samuel, Samuel!» Él respondió: -«Habla, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.

   2. Salmo 39,2 y 5.7-8a.8b-9.10. Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños.

   Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

   «- Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

   He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

   3. Marcos 1,29-39: "En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

   Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

   De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios".

 

 B. Comentario:

   1. El Señor se acercó al joven y lo llamó: «¡Samuel! ¡Samuel!» El momento de una vocación es decisivo. Hasta aquí el niño Samuel vive en el templo, en el ambiente litúrgico. -Tres veces... llamó el Señor, para ser oído, para provocar la toma de conciencia. La escucha de Dios no es fácil, ni absolutamente evidente.

   -"Fue corriendo hacia el sumo sacerdote y dijo: "Heme aquí"". La llamada de Dios pasa por la mediación de un hombre, el sumo-sacerdote. «Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al niño, y le dijo...» ¿Tengo yo la simplicidad de aceptar la mediación de mis hermanos, de la Iglesia para ayudarme a interpretar la palabra de Dios?

   -"Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la Palabra del Señor". Escuchar a Dios. Se establece una cierta familiaridad con el pensamiento habitual de alguien, y esto hace que uno acabe por «conocer», por «adivinar». Ayúdanos, Señor, a frecuentar asiduamente tu Palabra.

   -"Habla, Señor, tu siervo escucha", dijo Samuel. Repetir esta oración.

   -"Samuel crecía. El Señor estaba con él, y todo Israel reconoció la autoridad de Samuel como profeta del Señor". La llamada de Dios, la vocación más personal, es siempre una misión, un servicio a los hombres. El profeta es llamado a realizar una tarea en el seno del pueblo de Dios. "Servidor de Dios", es también «servidor de los hombres». La atención a la Palabra de Dios, la oración, la plegaria, me remiten a mis tareas humanas, «el Señor está conmigo...» para cumplirlas mejor (Noel Quesson).

   2. El salmo responsorial hace eco a esta actitud con otra consigna similar: «aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Consigna que la carta a los Hebreos aplica a Cristo en el momento de su encarnación.

   La del joven Samuel debería ser también nuestra actitud: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Así como la que nos ha propuesto el salmo: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». Como hizo María Virgen, contestando al ángel «hágase en mi según tu palabra» y el joven Pablo, con su disponibilidad total a Cristo: «¿Qué tengo que hacer»? Dios nos sigue hablando: tendríamos que saber escuchar su voz en lo interior, o en los ejemplos y consejos de las personas, o en los acontecimientos de nuestra vida, o en las consignas de la Iglesia. No siempre son claras estas voces: Samuel reconoció a Dios a la tercera.

   3. Jesús, te veo salir de la sinagoga donde has curado a uno, y vas a casa de Pedro y curas a su suegra: la tomas de la mano y la "levantas", usando el mismo verbo que se usa para tu resurrección, «levantar» (en griego, «egueiro»). Veo ahí que comunicas tu victoria contra el mal y la muerte, curando enfermos y liberando a los poseídos por el demonio. Es tu misión de Mesías y Salvador: curar enfermos, consolar a los tristes, expulsar demonios, predicar.

   Luego, "al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados". Todos quieren ser curados por ti, Señor. "La ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían".

    "De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración". Tienes tiempo para ponerte a rezar a solas con tu Padre. Nosotros decimos frecuentemente: —¡No tengo tiempo de rezar! Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras. San Francisco nos lo plantea así: «Hay que trabajar fiel y devotamente, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, al cual han de servir las otras cosas temporales».

   El Catecismo, al frente de las tentaciones en la oración, pone ésta: "La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra falta de fe. Esta se expresa menos en una incredulidad declarada que en unas preferencias de hecho. Se empieza a orar y se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes" (2732).

   Es muy eficaz la oración, lleva a la audacia: "En San Pablo, esta confianza es audaz, basada en la oración del Espíritu en nosotros y en el amor fiel del Padre que nos ha dado a su Hijo único. La transformación del corazón que ora es la primera respuesta a nuestra petición" (2739).

   Y Jesús nos enseña a rezar, con su vida: "La oración de Jesús hace de la oración cristiana una petición eficaz. Él es su modelo. Él ora en nosotros y con nosotros" (2740). "Jesús ora también por nosotros, en nuestro lugar y favor nuestro. Todas nuestras peticiones han sido recogidas una vez por todas en sus Palabras en la Cruz; y escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso no deja de interceder por nosotros ante el Padre. Si nuestra oración está resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y la audacia filial, obtenemos todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo que pedimos: recibimos al Espíritu Santo, que contiene todos los dones" (2741).

    "Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan»". Quieren escucharte, Señor, que los cures. "Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios". San Pedro resumía la vida de Jesús haciendo referencia a esta dimensión taumatúrgica propia de la vida pública del Señor; así lo dice ante los judíos: ..."Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis" (Act 2,22); y ante el centurión Cornelio: ..."Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él" (Act 10,37-38).

   Te doy gracias, Señor, por tus milagros, para ayudar a los pobres, para ayudarnos a creer:

   -Milagros sobre los espíritus, pues ángeles como demonios se sometían públicamente a ti;

   -milagros cósmicos sobre las cosas (como la conversión del agua en vino, la primera pesca milagrosa, el apaciguamiento de la tempestad; las multiplicaciones de los panes, caminar sobre las aguas, moneda extraída del pez, se seca la higuera maldita). También los portentos en algunos momentos, desde la estrella de Belén hasta el cosmos que llora a su muerte;

   - milagros sobre personas, de orden moral, y curaciones: resurrecciones (tres), curaciones (16 aparecen) y milagros de majestad (de su potestad, autoridad).

   Sólo Dios puede hacer milagros, y Jesucristo los ejecutaba con su propio poder, sin recurrir a la oración, como los otros taumaturgos. Por eso dice San Lucas que salía de Él un poder que sanaba a todos (Lc 6,19). Con esto se muestra, dice San Cirilo, que "no obrara con poder prestado". El mismo Jesús declara el origen divino de su poder cuando dice: "Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ...lo que hace [el Padre], eso también lo hace igualmente el Hijo... Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere" (Juan 5,19.21).

   Tiempo especialmente importante es la juventud, para ayudar en la educación integral, haciendo ver que necesitamos este tiempo de silencio creador, que es la oración, esos tiempos de reflexión: "No basta ser cristianos por el Bautismo recibido o por las condiciones histórico-sociales en que se ha nacido o se vive. Poco a poco se crece en años y en cultura, se asoman a la conciencia problemas nuevos y exigencias nuevas de claridad y certeza. Es necesario, pues, buscar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana. Si no llegamos a ser personalmente conscientes y no tenemos una comprensión adecuada de lo que se debe creer y de los motivos de la fe, en cualquier momento todo puede hundirse faltalmente y ser echados fuera, a pesar de la buena voluntad de los padres y educadores. Por eso, hoy especialmente es tiempo de estudio, de meditación, de reflexión. Por eso os digo: emplead bien vuestra inteligencia, esforzaos por lograr convicciones concretas y personales, no perdáis el tiempo, profundizad en los motivos y fundamentos de vuestra fe en Cristo y en la Iglesia, para ser fieles ahora y en vuestro futuro" (Juan Pablo II).

   Lo que agobia y cansa es lo que se teme. Se teme lo que se deja para más tarde y como se deja para más tarde sabiendo que se debe hacer agobia, es como una losa que se lleva encima, pesa. Jesús nos enseña a poder atender a la gente, porque atendemos a nuestra alma, donde habita el principal que hemos de atender, el Señor.

Llucià Pou Sabaté

 

lunes, 8 de enero de 2024

Tiempo ordinario, I semana, martes (par): Jesús tiene “autoridad” e impacta

Tiempo ordinario, I semana, martes (par): Jesús tiene "autoridad" e impacta

 

A. Lecturas:

   1. I Samuel 1,9-20. En aquellos días, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo, Ana se levantó y, con el alma llena de amargura, se puso a rezar al Señor, llorando a todo llorar. Y añadió esta promesa: -«Señor de los ejércitos, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mi, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón, se lo entrego al Señor de por vida, y no pasará la navaja por su cabeza. » Mientras ella rezaba y rezaba al Señor, Elí observaba sus labios. Y, como Ana hablaba para sí, y no se ola su voz aunque movía los labios, Elí la creyó borracha y le dijo: -«¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino.» Ana respondió: -«No es así, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor, estaba desahogándome ante el Señor no creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción.» Entonces Elí le dijo: -«Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.» Ana respondió: -«Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya.» Luego se fue por su camino, comió, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: -«Al Señor se lo pedí.»

   Salmo IS 2,1.4-5.6-7.8abcd. Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.

   Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.

   El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.

   El levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.

   3. Marcos 1,21-28: "Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

   Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea".

 

B. Comentario:

   1. La buena mujer que ayer veíamos desamparada, "llena de amargura, oró al Señor y lloró mucho"... Yo, señor, a menudo me instalo en mi amargura y no pienso que podría desahogarla en Ti. Ayúdame, Señor, a descubrir más y más esa doble reacción: -esforzarme en resolver humanamente las cuestiones que me atañen... con toda mi energía, y toda mi inteligencia, y mi perseverancia; -llevar a la oración esas mismas realidades... con toda mi fe, toda mi confianza en Ti, Señor.

   -"¡Oh Señor del universo! Si te dignas mirar la aflicción de tu sierva y darle un hijo varón... lo consagraré al Señor por todos los días de su vida". La verdadera plegaria transforma al que la pronuncia. No cambia a Dios, nosotros cambiamos en cuanto ella nos prepara a ser más disponibles. Nos sitúa en actitud de mejor buscar, mejor trabajar, de mejor hallar soluciones... nos alcanza la gracia que Dios quiere hacernos. ¡Hágase tu voluntad!

   -"Ana se marchó, comió y su rostro no parecía ser el mismo... Volvieron a su casa... Elkana se unió a su mujer y ésta concibió"... Los procesos humanos más naturales se van desarrollando, pero ya de otro modo. El niño Samuel será "dado" por Dios y a la vez «concebido» por sus padres. Sabemos que es ésta una de las leyes habituales del actuar de Dios. Su acción divina no es ruidosa, más bien se esconde tras múltiples «actos humanos» en apariencia.

   -"Dio a luz un niño, a quien llamó «Samuel», porque dijo «se lo he pedido al Señor»". El acontecimiento humano, que podría no ser interpretado más que desde un punto de vista natural por unos ojos no creyentes... esta mujer lo ha descifrado en su profundidad de Fe.

   2. "Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación". ¿Sabré yo reconocer así la parte de Dios en mi vida? ¿Tengo el hábito de «descifrar» lo que me acontece? ¿Interpreto los acontecimientos a su doble nivel: natural y sobrenatural? (Noel Quesson). "La mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. El Señor (…) levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria".

   3. –"Jesús. acompañado de sus discípulos, llega a Cafarnaúm". Vemos hoy la "primera jornada de Cafarnaúm": -"Enseguida, el día de sábado, entrando en la sinagoga, enseñaba". Jesús enseñando en la sinagoga... el contexto de este comienzo de la predicación nos lo dan otros pasajes: «Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio (la Buena Noticia)"». Ayer leímos estas palabras del comienzo de la vida pública de Jesús que recoger, el contenido fundamental de su mensaje (1,4s), como también narra Mateo: «Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y las dolencias del pueblo» (4, 23; cf. 9, 35). Y señala Benedicto XVI: "Ambos evangelistas definen el anuncio de Jesús como «Evangelio». Pero, ¿qué es realmente el Evangelio?

   -"Se maravillaban de su doctrina pues hablaba como hombre que tiene autoridad y no como los escribas"... Hoy vemos el impacto que causa la proclamación del Evangelio, de la palabra que salva. Esta observación inicial es impresionante. Nos encuadra el estupor que tienen los que escuchan.

   Son los demonios los primeros en descubrir "quién" es Jesús. Por su naturaleza espiritual ¿serían ellos más sutiles que los hombres? Mientras los hombres se preguntan y se asombran solamente... los demonios saben. –"Jesús les mandó callar". El evangelio según san Marcos nos habla de proteger el secreto mesiánico. Jesús hace callar a los que se apresuran a afirmar que Él es el "Hijo de Dios"; quiere revelar este misterio progresivamente, a fin de evitar un entusiasmo popular que falsearía el sentido de su misión. Una revelación demasiado rápida hubiera sido el mejor medio de hacer desviar esta misión: "si tú eres el Hijo de Dios, haz esto... haz aquello..." ¿Qué hubiéramos hecho en su lugar?" (Noel Quesson). No le interesa esta publicidad ruidosa. Todos se preguntaban: "¿Qué significa todo esto? ¡He aquí una enseñanza nueva, proclamada con autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus impuros y le obedecen!"

   Jesús comienza a curar en sábado; no se ha despertado aún la polémica de las curaciones en sábado, pero sí que quedan pasmados por el modo en que enseña con autoridad, tiene potestad, núcleo esencial del mensaje que luego se irá explicitando: que Jesús está por encima del sábado, de la observancia escrupulosa y del ritualismo: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27), hacer el bien está por encima de las normas, como decía Juan Pablo II: el hombre, la familia, es el camino de la Iglesia. Jesús enseñaba «con autoridad»: «No lo hacía como los escribas». La curación del hombre lleva a decir: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!» (Mc 1,27). La doctrina es «nueva». Jesús comunica algo inaudito (nunca como aquí este calificativo tiene sentido), con tal autoridad que «hasta a los espíritus inmundos le obedecen». Además de la autoridad, veo en ti, Señor, la fuerza contra los espíritus del mal. Jesús, ayúdame a tener conciencia de que ningún otro hombre ha hablado jamás como tú, la Palabra de Dios Padre. ¿Me siento rico de un mensaje que tampoco tiene parangón? ¿Me doy cuenta de la fuerza liberadora que Jesús y su enseñanza tienen en la vida humana y, más concretamente, en mi vida? Movidos por el Espíritu Santo, digamos a nuestro Redentor: Jesús-vida, Jesús-doctrina, Jesús-victoria, haz que, como le complacía decir al gran Ramon Llull, ¡vivamos en la continua "maravilla" de Ti! (A. Oriol).

   Después de considerar que somos hijos de Dios, nos hace ver Jesús que esto nos permite actuar con libertad, pues si soy hijo de Dios, haré el bien y mi día se llenará de paz, de serenidad y de alegría.

Llucià Pou Sabaté

domingo, 7 de enero de 2024

Tiempo ordinario, I semana, lunes (año II): Jesús llama a la conversión y a seguirle

Tiempo ordinario, I semana, lunes (año II): Jesús llama a la conversión y a seguirle

 

"Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él" (Marcos 1,14-20).

   1. Durante las próximas cinco semanas meditaremos la historia de Israel comenzando por Samuel, un personaje que vivió unos mil años antes de Cristo, y será el último de los jueces e instaurador de la monarquía. Su madre, Ana, es estéril, y eso la hace infeliz. La rival Penina, con sus afrentas diarias, mantiene el clima de angustia, apenas sostenible. En un tal contexto, ¿cómo no dudaría una mujer del amor de su marido hacia ella? El hogar mismo está herido.

   -«Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué estás triste? ¿Es que no soy para ti mejor que diez hijos?» Ana descubrirá la maravilla del amor de Dios para con ella, que se manifiesta a veces en las situaciones más desesperadas... Va al templo donde la bendicen por su fe. Señor, como la madre de Samuel, me remito a tu amor.

   2. "Creí, por eso hablé", y san Pablo repite: "también nosotros creemos, y por eso hablamos" (2 Cor 4,13). Es la serena confianza y en el sincero testimonio, a pesar de los sufrimientos y de las debilidades humanas. Este canto es celebración del martirio (dice Orígenes) por la mención de «la muerte de sus fieles». Y un texto eucarístico, por hablar de «la copa de la salvación» como imagen de la «copa de la Nueva Alianza».

   Se trata de una acción de gracias unitaria, dirigida al Señor que libera de la pesadilla de la muerte: «"¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación". El salmista ha comprendido los muchos dones recibidos de Dios: "Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor".

   3. Hoy comienza el "tiempo ordinario" que abarca 34 semanas, ocupa el año litúrgico cuando no es tiempo de Adviento, Navidad, Cuaresma o Pascua. Fue la primera manera de organizar las misas que tuvo la Iglesia desde el comienzo.

   Señor, lo primero que nos dices es: «Convertíos y creed en la Buena Nueva». Convertirse, ¿a qué?; mejor sería decir, ¿a quién? ¡A Cristo! Pues solo él es digno de una entrega total, como la que hizo por nosotros en Navidad al encarnarse. Y nuestra felicidad está en corresponder a ese amor. Así lo expresó: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37).

   Convertirse significa acoger agradecidos el don de la fe y hacerlo operativo por la caridad.

   Convertirse quiere decir reconocer a Cristo como único señor y rey de nuestros corazones, de los que puede disponer.

   Convertirse implica descubrir a Cristo en todos los acontecimientos de la historia humana, también de la nuestra personal, a sabiendas de que Él es el origen, el centro y el fin de toda la historia, y que por Él todo ha sido redimido y en Él alcanza su plenitud.

   Convertirse supone vivir de esperanza, porque Él ha vencido el pecado, al maligno y la muerte, y la Eucaristía es la garantía.

   Convertirse comporta amar a Nuestro Señor por encima de todo aquí en la tierra, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas.

   Convertirse presupone entregarle nuestro entendimiento y nuestra voluntad, de tal manera que nuestro comportamiento haga realidad el lema episcopal de Juan Pablo II, Totus tuus, es decir, Todo tuyo, Dios mío; y todo es: tiempo, cualidades, bienes, ilusiones, proyectos, salud, familia, trabajo, descanso, todo.

   Convertirse requiere, entonces, amar la voluntad de Dios en Cristo por encima de todo y gozar, agradecidos, de todo lo que acontece de parte de Dios, incluso contradicciones, humillaciones, enfermedades, y descubrirlas como tesoros que nos permiten manifestar más plenamente nuestro amor a Dios: ¡si Tú lo quieres así, yo también lo quiero!      Convertirse pide, así, como los apóstoles Simón, Andrés, Jaime y Juan, dejar «inmediatamente las redes» e irse con Él, una vez oída su voz. Convertirse es que Cristo lo sea todo en nosotros (Joan Costa).

   Caridad, oración y ayuno, son las armas espirituales para combatir el mal, que se nos recuerdan en Cuaresma, pero quiere la Iglesia proponernos ya en la primera semana del tiempo ordinario este Evangelio de llamada a la conversión, para que empecemos con buen pie. Es fácil de intuir que hay algo dentro de nosotros que lo necesita, y nos anima a creer siguiendo la revelación. El pecado existe, es un mal: ofensa a Dios y destrucción de la vocación del hombre. ¿Es capaz de hacer daño a Dios lo que nosotros hacemos de malo? Parece que no, porque Dios es omnipotente, pero ama, y la gloria de Dios es la felicidad del hombre, y Dios "sufre" cuando nos hacemos daño, cuando estamos tristes porque le hemos abandonado, es vulnerable. Estamos hechos para el amor de Dios, y no encontramos la plenitud fuera del amor, que es caer en el pecado, que es egoísmo. El pecado es ofensa a Dios, nos desvía de Él y por tanto nos "pierde", maltrata nuestra dignidad y perturba la convivencia.

   Después de alzar el puño contra Dios con la soberbia del primer pecado de Adán, la rebelión contra Dios, el segundo pecado del mundo es Caín que mata a Abel: cuando no hay padre, los hermanos se matan (Catecismo, 1849-1850). Pero después del primer pecado (Gen 3, 15) Dios promete la salvación. Más tarde, el Señor suscita en Abraham un paso más en su plan redentor, luego la liberación de la esclavitud de Egipto, elección de Israel y alianzas, cuidado amoroso y envío de los Patriarcas y Profetas, hasta Jesús, pues el hombre no puede salvarse solo, y la situación de pecado personal genera el pecado social con sus estructuras de pecado como vemos en la historia.

   La llamada primera es a la conversión. La santidad no es una cuestión mágica, sin implicarnos en el amor y correspondencia, como dándole a un botón, mirar hacia oriente y decir una formulita… Jesús nos dice que ha venido a salvar a los pecadores, y que prefiere un corazón contrito y humillado. Esto significa reconocer nuestra situación de pecado, y dejarnos conquistar por el divino alfarero que para hacer su obra maestra necesita que seamos dúctiles, que nos dejemos transformar, convertir. Y para esto, necesitamos oración: «En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón» (San Agustín). Te pido, Señor, ir descubriendo las cosas que he de mejorar en el campo de mi alma: defectos que arrancar, virtudes que sembrar… Jesús, en la oración te has metido en mi vida casi sin darme cuenta, desde el bautismo (que ayer hemos recordado). Ahora quiero verte en la oración, y así sentir cómo me invitas a seguirte:

   -"Caminando a orillas del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés"... se irá formando el grupo de los que siguen a Jesús.

   -"Venid... Seguidme... Yo os haré pescadores de hombres. Es la segunda llamada de Jesús a los discípulos (la primera, la leímos la semana pasada, cuando estaban con Juan Bautista Juan y Andrés, que luego irán a buscar a sus respectivos hermanos), esta es quizá más personal, para ser de los discípulos que le siguen más de cerca. Habrá también una tercera, la llamada a los que formarán el colegio apostólico. Toda la vida es una continua llamada, donde hay momentos especiales, más relevantes.

   -«Lo dejaron todo y le siguieron». Jesús, no eres un maestro que enseña sentado en su cátedra y manda a la gente a misiones. Vas por delante. Tus discípulos son los que te siguen, los que caminan contigo. Es más importante la persona que la doctrina o moral. Ser cristiano no es seguir una doctrina principalmente, sino seguirte, Jesús.

Llucià Pou Sabaté

 

El Bautismo del Señor, ciclo B: También nosotros podemos sentir que el Padre nos dice: “tú eres mi hijo… te he engendrado hoy”.

El Bautismo del Señor, ciclo B: También nosotros podemos sentir que el Padre nos dice: "tú eres mi hijo… te he engendrado hoy".

 

A. Lecturas

   1. Isaías 42,1-4. 6-7. Esto dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.

   2. Salmo 28,1a.2.3ac-4.3b.9b-10: Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

   La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.

   El Dios de la gloria ha tronado. El Señor descorteza las selvas. En su templo, un grito unánime: ¡Gloria! El Señor se sienta por encima del aguacero, el señor se sienta como rey eterno.

   3. Hechos de los Apóstoles 10,34-38: En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: —Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

   4. Marcos 1,6b-11. En aquel tiempo proclamaba Juan: —Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

   Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: —Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

 

B. Comentario:

   1. Isaías cuenta que Dios habla de un "siervo", el elegido, el preferido, que no tendrá miedo para hacer justicia, el guía, el nuevo Moisés para llevar al nuevo pueblo, con más poder que todos los héroes que hemos nunca soñado, "luz de las naciones" con misión universal, el gran libertador, personaje misterioso, como si tuviera antifaz. Podemos hacer nuestra oración dirigiéndonos a Jesús: sé que tú eres creador de cielos y tierra, Redentor, sacerdote y Amigo, del que habla el profeta que nos salvas, creo en ti y quiero pedirte una cosa: que me enseñes a estar siempre contigo, a no dejarte. Que sepa decir a Dios que sí, como tu madre, como tú.

   Miraré a la Virgen a los ojos, en su cuadro o imagen, y le diré: Mamá, Madre, Madre mía Inmaculada, Ave María, Purísima, sin pecado concebida, que no me separe de Jesús ni de ti. Todo tuyo soy María y mis cosas tuyas son; Tú, mi Madre. Tú, mi Reina. Todo tuyo soy, María, por amor a Ti me doy, para ser siervo tuyo, y por Ti serlo de Dios. Quiero aprender a dirigir miradas de cariño a las imágenes de la Virgen y de Jesús para saberme mirado por ellos, saber que soy de la familia de Dios.

  Y le hablaré a María: Eres la más hermosa de las mujeres. Quiero mirarme en ti para ser mejor hijo de Dios, pues tú eres más pura que el sol, más bella que la luna, más limpia y más hermosa que la nieve recién caída, que un cielo azul, sin nubes. Eres el espejo más limpio, donde mejor se refleja la Hermosura de Dios. Más que tú sólo Dios. Si Dios quiso tu pureza inmaculada para preparar a su Hijo Jesús una morada digna, quiero parecerme a ti para vivir mi alma en el Bautismo que hoy celebramos, hacer limpieza, ahí se lavó el pecado original y ahora quiero estar también limpio de todo pecado. Como la ropa limpia es más bonita, y el cuerpo limpio, no sólo la cara, quiero tener el alma limpia: es lo más importante, el vaso limpio por dentro.

   Y rezaré la comunión espiritual: yo quisiera Jesús recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió tu Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los Santos.

   Así como tú Madre mía estuviste fuerte en la lucha contra el demonio, quiero estar fuerte contigo, y rezaré cada día las Tres Avemarías y me protegeré con tu manto, con el Santo Escapulario: Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha de pecado original. Bendita eres Tú, Virgen Inmaculada, sobre todas las mujeres de la tierra. Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Madre de Dios, intercede por nosotros.

   2. El Salmo nos habla de tormentas, pero Dios nos dice que no tengamos miedo, que quiere mucho a las aves del cielo y a nosotros más. Que miremos las flores del campo y los pájaros que no necesitan hacerse vestidos, y Dios los viste de colores tan preciosos que ni un rey o una reina pueden vestirse así. Pues a nosotros nos quiere y nos cuida mucho más. ¿Sabes por qué? Por nosotros somos hijos suyos. Dios nos ha dado la vida y nos ha hecho así, como somos: con ojos que pueden ver, una lengua que puede hablar, manos que pueden coger las cosas, pies que pueden andar; y, por dentro, algo maravilloso, que nos hace parecidos a Dios, con la que podemos pensar, rezar, y querer a Dios y a nuestros padres, hermanos, amigos... ¿y es?... El espíritu, de hijos de Dios. Eso es lo que nos distingue de las demás criaturas.

   Dios nos ha dado todas las cosas que ha hecho: Los animales, las aves y los peces para que nos alimentemos; las plantas con sus flores y frutos, el sol, el mar, las montañas... Dios nos quiere más que a todas las criaturas de la tierra, porque somos hijos suyos. Por todo debemos darle gracias, y ser también muy generosos, y querer a todas las criaturas, ser amigo de todos:  ¡gracias, muchas gracias, Jesús. Por las aves del cielo, los peces del mar y los animales todos de la tierra. Por las flores y frutos y todos los árboles que adornan la tierra. Por el sol que ilumina los días y la luna y estrellas que lucen en la noche. Por el agua llovida del cielo, por las fuentes, los ríos y el inmenso mar. Por la familia que me has dado, por los amigos. Porque me has dado la vida y me has hecho hijo de Dios!

   ¿Y cuando el cielo se oscurece? A veces las fuerzas del mal parecen hacerme daño… pues entonces iré a ti, Jesús, a protegerme en tu corazón para que los rayos malos no me hagan daño, para no tener miedo de la oscuridad. Porque Tú Jesús eres el Señor de la tempestad, tú reinas sobre las nubes como lo haces sobre el cielo azul. Contigo estoy seguro. Quiero verte también en las dificultades y problemas, en las cosas que salen mal, en los pecados y suspensos, en los fracasos y en mis tonterías, en los rechazos de los demás y en mis modos de ser que a veces me parecen estúpidos, en los modos de ser de los demás cuando me parecen pesados, y me gustaría incluso que alguien no existiera o se fuera lejos...

   3. Los Hechos nos recuerdan que Jesús fue "ungido" (tocado, señalado, escogido) por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él". Pedro se encuentra en casa de Cornelio, extranjero y descubre que no debe distinguir ya entre inmigrantes y judíos, entre gente de razas y ricos y pobres: todos somos hijos de Dios. Como los reyes magos representan las razas de la tierra, ahora vemos que el bautismo es para blancos, amarillos, negros… todos somos hermanos, hijos de Dios. Nadie es más que otro, nadie es menos que otro. Es igual que sea musulmán o cristiano, indio o asiático. Cristo es de todos. Todos los hombres son iguales, todos estamos llamados a la salvación de Dios. Pedro confiesa abiertamente que ahora comprende lo que dicen las Escrituras, que Dios no hace distinciones y que el Evangelio no puede detenerse ante las fronteras de ningún pueblo, raza o nación.

   Todavía hay mucho racismo, todavía nos cuesta mirar a los ojos a aquel vecino extranjero, o a aquel inmigrante que trabaja en casa, o a aquella dependienta de la panadería, que no habla bien nuestro idioma, como si nuestro idioma fuese El Idioma: Jesús es de todos y todos somos hijos de Dios, también los que no son como yo (muchas veces, añadiría afortunadamente…).

   4. Proclamaba Juan: "—Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo". Es el anuncio de nuestra filiación divina.  

   Y aparece Jesús a que Juan lo bautizara en el Jordán. "Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: —Tú eres mi Hijo amado, mi preferido".

   El agua tiene un sentido mágico: convierte la tierra en fértil, y así el bautismo en nuestra vida. Por eso situamos la muerte en el desierto, y la vida en el agua:

   "Hoy que sé que mi vida es un desierto, en el que nunca nacerá una flor, vengo a pedirte, Cristo jardinero, por el desierto de mi corazón para que nunca la amargura sea en mi vida más fuerte que el amor; pon, Señor, una fuente de esperanza en el desierto de mi corazón.

   Para que nunca ahoguen los fracasos mis ansias de seguir siempre tu voz, pon, Señor, una fuente de esperanza en el desierto de mi corazón.

   Para que nunca busque recompensa al dar mi mano o pedir perdón, pon, Señor, una fuente de amor puro en el desierto de mi corazón.

   Para que no busque a mí cuando te busco y no sea egoísta mi oración, pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra en el desierto de mi corazón" (Himno de Laudes).

   Hoy acaba el tiempo de Navidad, y es que no pasa, no se fue en una nave a los espacios dejándonos otra vez solos: la fiesta continúa, Jesús se queda, con el bautismo y los sacramentos. Incluso para los que no pueden recibir el bautismo, Dios ofrece su salvación: «En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (Cf. 1 Tm 2, 4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10, 14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo bautismo» (Catecismo, 1261)… Y decía Cantalamessa, predicador del Papa: "Debo confesar que la mera idea de un Dios que prive eternamente a una criatura inocente de Su visión sencillamente porque otra persona ha pecado…, me hace estremecer... y estoy seguro de que haría a cualquier no creyente feliz de mantenerse apartado de la fe cristiana. Si el infierno consiste esencialmente en la privación de Dios, ¡el Limbo es infierno!"

   La voz del cielo —«Este es mi Hijo amado»— es una referencia anticipada a la resurrección. Así se entiende también por qué en las palabras de Jesús el término bautismo designa su muerte. Nosotros también por el bautismo oímos (en el alma, sin palabras) que Dios nos llama así: "hijo amado". Pero esto nos compromete, como Jesús: a hacer caso a Dios: «Escuchadle». El cielo que se abre: sobre Jesús el cielo está abierto. Su comunión con la voluntad del Padre, la «toda justicia» que cumple, abre el cielo, que por su propia esencia es precisamente allí donde se cumple la voluntad de Dios. A ello se añade la proclamación por parte de Dios, el Padre, de la misión de Cristo, pero que no supone un hacer, sino su ser: Él es el Hijo predilecto, sobre el cual descansa el beneplácito de Dios. Finalmente, quisiera señalar que aquí encontramos, junto con el Hijo, también al Padre y al Espíritu Santo: se preanuncia el misterio del Dios trino, que naturalmente sólo se puede manifestar en profundidad en el transcurso del camino completo de Jesús.

   En este sentido, se perfila un arco que enlaza este comienzo del camino de Jesús con las palabras con las que el Resucitado enviará a sus discípulos a recorrer el «mundo»: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). El bautismo que desde entonces administran los discípulos de Jesús es el ingreso en el bautismo de Jesús, el ingreso en la realidad que El ha anticipado con su bautismo.

   Llucià Pou Sabaté