martes, 22 de enero de 2019

Miércoles semana 2 de tiempo ordinario, año impar


Miércoles de la semana 2 de tiempo ordinario; año impar

Vivir la fe en lo ordinario
En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle” (Mc 3,1-6).
I. El Evangelio nos habla del hombre que tenía una mano seca (Marcos 3, 1-6), a quien Jesús cura; solamente le dijo: extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada. Todo es posible con Jesús. La fe nos permite lograr metas que siempre habíamos creído inalcanzables, resolver viejos problemas personales o de una tarea apostólica que parecían insolubles, echar fuera defectos que estaban arraigados. La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y pequeñas decisiones; y, a la vez, se manifiesta de ordinario en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta con asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación quizá; es necesario vivirla, practicarla, ejercerla, debe generar una “vida de fe” que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo y del alma.
II. El ejercicio de la virtud de la fe en la vida cotidiana se traduce en lo que comúnmente se conoce como “visión sobrenatural”, que consiste en ver las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura en orden a su salvación y a la de otros muchos. La vida cristiana, la santidad, no es un revestimiento externo que recubre al cristiano, ignorando lo propiamente humano. De ahí que las virtudes sobrenaturales influyan en las humanas y hagan del cristiano un hombre honrado, ejemplar en su trabajo y en su familia, lleno de sentido del honor y de la justicia. La fe está continuamente en ejercicio, y la esperanza, y la caridad... Ante problemas y obstáculos, el Señor nos dice: extiende tu mano. Examinemos hoy cómo vamos de “visión sobrenatural” ante los acontecimientos diarios.
III. La fe nos llevará a imitar a Jesucristo, que fue “perfecto Dios y perfecto hombre” (Symbolo Quicumque), a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en los negocios, en la conversación... La vida cristiana se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Por otra parte, lo humano sustenta y hace posibles las virtudes sobrenaturales. En San José encontramos un modelo espléndido de varón justo, vir iustus (Mateo 1, 19), que vivió de fe en todas las circunstancias de su vida. Pidámosle que sepamos ser lo que Cristo espera de cada uno en el propio ambiente y circunstancias.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
San Ildefonso, obispo. Santa Mariana Cope, religiosa

SAN ILDEFONSO, OBISPO

San Ildefonso nació en Toledo, España. Su tío era Eugenio, también de Toledo. Estudió en Sevilla bajo San Isidoro. Entró a la vida monástica y fue elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo.  En el 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Unificó la liturgia en España; escribió muchas obras importantes, particularmente sobre la Virgen María.
San Ildefonso tenía una profunda devoción a la Inmaculada Concepción XII siglos antes de que se proclamara dogmáticamente. Ella le favoreció con grandes milagros.
Milagro del encuentro con la Virgen
Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hízole seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.
Esta aparición y la casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición.
En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.
En el bautismo, Cristo es quien bautiza
Del libro de san Ildefonso, obispo, sobre el conocimiento del bautismo, OFICIO DE LECTURA
Vino el Señor para ser bautizado por el siervo Por humildad, el siervo lo apartaba, diciendo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Pero, por justicia, el Señor se lo ordenó, respondiendo: Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.
Después de esto, declinó el bautismo de Juan, que era bautismo de penitencia y sombra de la verdad, y empezó el bautismo de Cristo, que es la verdad, en el cual se obtiene la remisión de los pecados, aun cuando no bautizase Cristo, sino sus discípulos. En este caso, bautiza Cristo, pero no bautiza. Y las dos cosas son verdaderas bautiza Cristo, porque es él quien purifica, pero no bautiza, porque no es él quien baña. Sus discípulos, en aquel tiempo, ponían las acciones corporales de su ministerio, como hacen también ahora los ministros, pero Cristo ponía el auxilio de su majestad divina. Nunca deja de bautizar el que no cesa de purificar; y, así, hasta el fin de los siglos, Cristo es el que bautiza, porque es siempre él quien purifica.
Por tanto, que el hombre se acerque con fe al humilde ministro, ya que éste está respaldado por tan gran maestro. El maestro es Cristo. Y la eficacia de este sacramento reside no en las acciones del ministro, sino en el poder del maestro, que es Cristo.
Oración
Dios todopoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María, concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo.
ORACIÓN A MARIA
De San Ildefonso de Toledo
(del Libro de la perpetua virginidad de Santa María)
A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro.
Me humillo ante la única que es madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo,
servirte a ti y a tu Señor.
A Él, sin embargo, como a mi Creador y a ti como madre de nuestro Creador;
a Él como Señor de las virtudes y a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios y a ti como a Madre de de Dios.
Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.
Concédeme, por tanto, esto, ¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!: creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnaciòn; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tu llenes en mi con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno en tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.
¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un vínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!
Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificáis a este Dios como Hijo de Ella,  tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor
con la excusa de honrar a Dios su Hijo.
Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mi de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo,
deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.
Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor;
lo que se da a la Madre redunda en el Hijo;
lo que recibe la que nutre termina en el que es nutrido,
y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey.
Por eso me gozo en mi Señora,
canto mi alegría a la Madre del Señor,
exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador
y disfruto con Aquélla en la que el Verbo se ha hecho carne.
Porque gracias a la Virgen yo confio en la muerte de este Hijo de Dios
y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua,
ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad
por los siglos de los siglos.
Amén.


SANTA MARIANA COPE, RELIGIOSA
Religiosa de la Tercera Orden de San Francisco de Syracuse (Nueva York, USA), que se trasladó a Estados Unidos al poco de nacer en Alemania. En 1883 marchó a las islas Hawai para trabajar entre los leprosos, continuando la obra del padre Damián, tarea en la que permaneció treinta y cinco años, hasta su muerte en 1918. Fue beatificada el 14 de mayo del 2005, víspera de la solemnidad de Pentecostés, junto con la española Ascensión del Corazón de Jesús, Misionera Dominica del Santísimo Rosario. Benedicto XVI, en su Carta apostólica de beatificación, estableció que la fiesta de la beata Mariana se celebre el 23 de enero.
Nació en Heppenheim, Hessen-Darmstadt (Alemania), el 23 de enero de 1838. Sus padres fueron Peter Kobb, agricultor, y Bárbara Witzenbacher. La bautizaron con el nombre de Bárbara. Al año siguiente, la familia emigró a Estados Unidos y se estableció en Útica, Estado de Nueva York. Su padre obtuvo la ciudadanía americana y la dio a sus hijos. La familia adoptó el apellido Cope.
Bárbara estudió en la escuela parroquial de San José, en Útica; hizo la primera comunión en 1848. Siendo aún adolescente, aceptó un puesto en una fábrica de ropa para ayudar económicamente a la familia. A los 15 años quería entrar en el convento, pero, al ser la hija mayor y tener a su cargo a su madre impedida, a sus tres hermanos menores y a su padre inválido, tuvo que esperar nueve años para cumplir su deseo. Durante esos años de espera se pusieron claramente de manifiesto su paciencia y su espíritu alegre.
En 1860 una rama independiente de las Hermanas de San Francisco de Filadelfia se estableció en Útica y Syracuse, ciudades ubicadas en el área central de Nueva York. Dos años más tarde, a la edad de 24 años, Bárbara ingresó en la congregación y posteriormente emitió la profesión religiosa, tomando el nombre de Mariana. El apostolado de la congregación consistía en la educación de los hijos de inmigrantes alemanes. Aprendió el alemán, la lengua de sus padres, y fue destinada a abrir y dirigir nuevas escuelas.
Dotada de cualidades naturales de gobierno, pronto formó parte del equipo directivo de su comunidad, que en 1860 estableció dos de los primeros cincuenta hospitales generales de Estados Unidos, que alcanzaron gran renombre: el de Santa Isabel de Útica (1866) y el de San José de Syracuse (1869). Los dos siguen siendo en la actualidad florecientes centros médicos. Ambos hospitales, equipados con medios extraordinarios para su tiempo, ofrecían sus servicios a todos los enfermos sin distinción de nacionalidad, credo o color. A menudo criticaban a la madre Mariana por atender a los «excluidos» de la sociedad: los alcohólicos y las madres solteras.
En medio de las dificultades más serias, la madre Mariana logró realizar un servicio apostólico sobresaliente con los más pobres de entre los pobres. Fue elegida provincial de su congregación en 1877 y, de nuevo, por unanimidad, en 1881.
En 1883, cuando las islas Hawai eran una lejana monarquía en el océano Pacífico, sólo la madre Mariana respondió a una petición urgente de los reyes de Hawai: se necesitaban enfermeras para los leprosos del país. «No tengo miedo a la enfermedad -aseguró-. Para mí será la alegría más grande servir a los leprosos desterrados...». Más de cincuenta comunidades religiosas habían declinado la petición de los reyes.
Al llegar al hospital de leprosos de Kakaako, Honolulú, se encontró con problemas muy serios. Su intención era volverse a Syracuse después de establecer la misión en Hawai. Sin embargo, las malas condiciones higiénicas del hospital, la falta de alimentación adecuada y la precaria atención médica, la impulsaron a cambiar sus planes. Las autoridades eclesiásticas y el Gobierno de Hawai pronto se convencieron de la importancia de su presencia para el éxito de la misión.
Fueron numerosos sus logros en favor de los enfermos y de las personas sin hogar en Hawai. En 1884 el Gobierno le pidió que estableciera el primer hospital general en la isla de Maui. En 1885, cuando sólo las Hermanas Franciscanas podían hacerse cargo de los hijos de los pacientes leprosos, abrió un albergue para ellos en los terrenos del hospital de Oahu. El rey la condecoró con una preciada medalla en reconocimiento de su acción en favor del pueblo de Hawai.
En 1888 la madre Mariana respondió una vez más a la solicitud de ayuda del Gobierno. El hospital de Oahu se había cerrado y los pacientes leprosos eran enviados a la aislada colonia de Kalaupapa, en Molokai. El padre Damián de Veuster había contraído la lepra en 1884 y su muerte era ya inminente. En 1889, después de la muerte del padre Damián, aceptó la dirección del hogar para los varones, además del trabajo con las mujeres y las niñas.
La madre Mariana vivió treinta años en una lejana península de la isla de Molokai, exiliada voluntariamente con sus pacientes. Debido a su insistencia, el Gobierno dio leyes para proteger a los niños. La enseñanza, tanto de la religión como de las otras asignaturas, estaba al alcance de todos los residentes capaces de acudir a las clases. Dando ejemplo, promovió en aquella árida tierra la siembra y el cultivo de árboles, arbustos y flores. Conocía por su nombre a cada uno de los residentes en la colonia y cambió la vida de quienes se veían forzados a vivir allí, introduciendo la limpieza, el sentido de la dignidad y un sano esparcimiento. Les daba a conocer que Dios amaba y cuidaba con cariño de los abandonados.
Los historiadores de su tiempo se referían a ella como a «una religiosa ejemplar, de un corazón extraordinario». Era una mujer que no buscaba protagonismo. Su lema, según testificaron las Hermanas, era: «Sólo por Dios».
Murió el 9 de agosto de 1918. Fue beatificada el 14 de mayo de 2005.
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 13-V-05]
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De la homilía del Card. Saraiva en la misa de beatificación (14-V-2005)
La Iglesia naciente se preparó para el primer Pentecostés cristiano recorriendo un itinerario de fe en el Señor resucitado. En efecto, es él quien da su Espíritu al pueblo de la nueva alianza. [...]
Los Apóstoles experimentaron la venida del Espíritu Santo y se transformaron en testigos de Cristo muerto y resucitado, en misioneros por los caminos del mundo. Esa misma experiencia se repite en todos los que, acogiendo a Cristo, se abren a Dios y a la humanidad; se repite sobre todo en los santos, tanto en los anónimos como en los que han sido elevados al honor de los altares. Los santos son las obras maestras del Espíritu, que esculpe el rostro de Cristo e infunde en su corazón la caridad de Dios.
Nuestras dos beatas abrieron de par en par su vida al Espíritu de Dios y se dejaron conducir por él en el servicio a la Iglesia, a los pobres, a los enfermos y a la juventud. [...]
4. La vida de la beata Mariana Cope fue una admirable obra de la gracia divina. Mostró la belleza de la vida de una verdadera franciscana. El encuentro de la madre Mariana con los enfermos de lepra tuvo lugar cuando ya había avanzado bastante en el seguimiento de Cristo. Durante veinte años había sido miembro de la Congregación de las religiosas de la Tercera Orden de San Francisco de Syracuse, en Nueva York. Ya era una mujer de vasta experiencia y madura espiritualmente. Pero de repente Dios la llamó a una entrega más radical, a un servicio misionero más difícil.
La beata Mariana, que en aquel tiempo era superiora general, escuchó la voz de Cristo en la invitación del obispo de Honolulu. Buscaba religiosas que asistieran a los enfermos de lepra en la isla de Molokai. Como Isaías, ella no dudó en responder: «Heme aquí: envíame» (Is 6,8). Lo dejó todo, y se abandonó completamente a la voluntad de Dios, a la llamada de la Iglesia y a las exigencias de sus nuevos hermanos y hermanas. Puso en peligro su salud y su misma vida.
Durante treinta y cinco años vivió en plenitud el mandamiento de amar a Dios y al prójimo. Trabajó de buen grado con el beato Damián de Veuster, que estaba al final de su extraordinario apostolado. La beata Mariana amó a los enfermos de lepra más que a sí misma. Los sirvió, los educó y los guió con sabiduría, amor y fuerza. Veía en ellos el rostro sufriente de Jesús. Como el buen samaritano, se convirtió en su madre. Sacó fuerza de su fe, de la Eucaristía, de su devoción a nuestra santísima Madre y de la oración. No buscó honores terrenos o reconocimientos. Escribió: «No espero un lugar elevado en el cielo. Estaré muy agradecida de tener un rinconcito donde pueda amar a Dios por toda la eternidad».
5. «Ríos de agua viva brotarán del seno» de quien cree en Cristo. La carta a los Gálatas nos indica sumariamente los signos de su presencia. Son: «Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Ga 5,22).
Nuestras dos beatas llevaron al mundo los frutos y los signos de la presencia del Espíritu Santo, hablaron el lenguaje de la verdad y del amor, el único capaz de derribar las barreras de la cultura y de la raza y de restablecer la unidad de la familia humana, dispersa por el orgullo, por la voluntad de poder y por el rechazo de la soberanía de Dios, como nos ha dado a entender el relato bíblico de la torre de Babel (cf. primera lectura de Pentecostés).
El Santo Padre Benedicto XVI, al inaugurar su ministerio petrino, reafirmó que «no es el poder lo que redime, sino el amor. (...) Este es el distintivo de Dios: él mismo es amor. (...) Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo es salvado por el Crucificado y no por los crucificadores» (Homilía del 24-IV-2005: L'Oss. Rom., ed. esp,, 29-IV-2005).
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, de 20-V-05]
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Del discurso de Benedicto XVI a los peregrinos que fueron a Roma para la beatificación (16-V-2005)
Queridos hermanos y hermanas:
Con alegría os acojo hoy a todos vosotros, que habéis venido para participar en el rito de beatificación de la madre Ascensión del Corazón de Jesús Nicol Goñi y de la madre Mariana Cope, que tuvo lugar el sábado por la tarde en la basílica vaticana. Estas dos nuevas beatas, testigos ejemplares de la caridad de Cristo, nos ayudan a comprender mejor el sentido y el valor de nuestra vocación cristiana. [...]
Con gran alegría os doy la bienvenida a Roma, queridos hermanos y hermanas, con ocasión de la beatificación de la madre Mariana Cope. Sé que vuestra participación en la solemne liturgia del sábado, tan significativa para la Iglesia universal, será una fuente de gracia y de compromiso renovados con vistas al ejercicio de la caridad, que caracteriza la vida de todo cristiano.
Mariana Cope vivió una vida de profunda fe y amor, que dio fruto en un espíritu misionero de inmensa esperanza y confianza. En 1862 ingresó en la Congregación de las Religiosas Franciscanas de Syracuse, donde se impregnó de la particular espiritualidad de san Francisco de Asís, consagrándose sin reservas a las obras de misericordia espirituales y corporales. Con su experiencia de vida consagrada desarrolló un extraordinario apostolado, adornado con virtudes heroicas.
Como es bien sabido, mientras la madre Mariana era superiora general de su congregación, el entonces obispo de Honolulu invitó a la orden a ir a Hawai para trabajar entre los leprosos. La lepra estaba extendiéndose rápidamente y causaba sufrimientos y miseria indecibles entre los afectados. Otras cincuenta congregaciones habían recibido antes la misma petición, pero sólo la madre Mariana, en nombre de sus hermanas, respondió positivamente. Fiel al carisma de la congregación, y a imitación de san Francisco, que abrazó a los leprosos, la madre Mariana se ofreció para la misión con un «sí» confiado. Durante treinta y cinco años, hasta su muerte en 1918, nuestra nueva beata dedicó su vida a amar y servir a los leprosos en las islas de Maui y Molokai.
Sin duda, la generosidad de la madre Mariana, humanamente hablando, fue ejemplar. Pero las buenas intenciones y el altruismo por sí solos no bastan para explicar su vocación. Sólo la perspectiva de la fe nos permite comprender su testimonio, como cristiana y como religiosa, del amor sacrificial que alcanza su plenitud en Jesucristo. Todo lo que realizó estaba inspirado por su amor personal al Señor, que expresaba a su vez a través de su amor a las personas abandonadas y rechazadas por la sociedad de un modo lamentable.
Queridos hermanos y hermanas, inspirémonos hoy en la beata Mariana Cope para renovar nuestro compromiso de caminar por la senda de la santidad.
Pidiendo a Dios que vuestra peregrinación a Roma sea un tiempo de enriquecimiento espiritual, os imparto de corazón a vosotros mi bendición apostólica, que extiendo de buen grado a los miembros de vuestras familias que han permanecido en casa, especialmente a los que están enfermos o sufren de cualquier modo.
La Virgen María nos obtenga el don de una fidelidad constante al Evangelio, nos ayude a seguir el ejemplo de las nuevas beatas y a tender incansablemente a la santidad. A todos vosotros, aquí presentes, y a vuestros seres queridos, mi bendición.
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, de 20-V-05]
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BEATA MARIANA COPE
[Entrevista de la Agencia Fides a Sor Mary Laurence Hanley, vice-postuladora de la Causa de beatificación de la Madre Mariana Cope, durante 35 años madre de los leprosos en la isla de Molokai, con motivo de su beatificación, que iba a celebrarse el 14 de mayo del 2005]
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides).- Junto a la Madre Ascensión Nicol Goñi, cofundadora de las Dominicas Misioneras del Rosario, el sábado 14 de mayo del 2005 será también beatificada en San Pedro del Vaticano la Madre Mariana Cope (1838-1918), de las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Syracuse (Nueva York), que continuó el trabajo del padre Damián entre los leprosos de la isla de Molokai en las islas Hawai.
«Vivimos la beatificación de la Madre Mariana como una gran bendición para nuestras hermanas y para toda la Comunidad -dice a la Agencia Fides sor Mary Laurence Hanley-. Este gran evento tiene lugar poco después de haber realizado la unión de tres Congregaciones en una como Hermanas de San Francisco y, por tanto, vemos también este acontecimiento como una bendición para esta unión. Nuestra comunidad religiosa ha recibido a lo largo de los años numerosas vocaciones religiosas gracias a nuestra misión de Molokai en Hawai, donde trabajó durante muchos años la Madre Mariana. Actualmente este trabajo se está agotando, sólo quedan unos treinta enfermos. Pero sentimos que ahora tenemos otros lugares con necesidades desesperantes que constituyen un llamamiento al corazón generoso que desea servir a Dios y al prójimo de una manera directa».
Nacida en 1838 de una familia de emigrantes alemanes, Bárbara Cope, en religión Mariana, trabaja en Nueva York algunos años en una fábrica para ayudar a su numerosa familia antes de entrar en la Congregación de las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco en Syracuse. Luego cuida de los enfermos en el hospital de Syracuse y también asume cargos de responsabilidad en su Congregación. En 1883 se traslada a Honolulu, en las islas Hawai, para organizar la asistencia a los leprosos. Diez años antes, el 10 de mayo de 1873, había desembarcado en la isla de Molokai, donde el gobierno había mandado a todos los enfermos infecciosos, el padre Damián de Veuster, de la Congregación de los Sagrados Corazones, proclamado beato por Juan Pablo II el 4 de junio de 1995, y universalmente conocido como el apóstol de los leprosos. En 1888 la Madre Mariana llega a los lugares donde trabajaba el padre Damián, y en 1889, cuando muere el misionero, continúa su obra de asistencia y reinserción social de los leprosos, hasta su muerte, que tuvo lugar en 1918.
«La Madre Mariana encarnó el mandato del Evangelio: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" -continúa Sor Mary Laurence Hanley-. Ha dejado una herencia extraordinaria en el campo de la educación y la salud, especialmente poniéndose al servicio de aquellos que sufren y están atemorizados o asilados debido a su enfermedad. La Madre Mariana puso a Dios en el centro de su vida y hacer su voluntad fue todo su deseo. Tenía un profundo respeto hacia todo el pueblo de Dios, demostró gran compasión hacia los enfermos, fue una innovadora y lograba mantener y transmitir su alegría incluso en las situaciones más difíciles. Fue una mujer valiente, que no sólo se sacrificó por los otros sino que lo hizo con alegría. La vida de la Madre Mariana nos impulsa a amar más Dios y a servirlo mejor».
Las hermanas de la Tercera Orden de San Francisco viven el Evangelio siguiendo el ejemplo de San Francisco y de Santa Clara, comprometidas en la construcción del Reino de Dios con la oración, la contemplación, el testimonio, con una atención particular para los pobres. Actualmente son unas 450 religiosas, presentes en diversos estados de América del Norte y del Sur, y en África. «Trabajamos en el campo de la educación a todos los niveles -explica sor Mary Laurence Hanley-: educación religiosa, atención de la salud, servicios sociales, clínicas para los que carecen de seguridad social, comedores, atención pastoral en hospitales y atención a domicilio, trabajo en parroquias, acogida de los sin hogar, casas para enfermos crónicos y terminales, acogida de refugiados. Algunas hermanas también se dedican a los servicios de orientación pastoral para jóvenes y adultos, y a la organización de retiros espirituales».
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Mariana Cope, religiosa de las Hermanas de San Francisco de Siracusa
LA HEROÍNA DE MOLOKAI
por Ernesto Piacentini, OFMConv, postulador
Mariana Cope nació en Heppenheim (Alemania) el 23 de enero de 1838. La bautizaron con el nombre de Bárbara. Al año siguiente, la familia emigró a Estados Unidos. A los 24 años ingresó en la congregación de las Hermanas de San Francisco de Siracusa tomando el nombre de Mariana. En 1883 marchó a Hawai como enfermera para los leprosos. En 1889, tras la muerte del padre Damián de Veuster, aceptó la dirección del hogar para los varones en Molokai, isla en la que vivió durante treinta años. Murió en Kalaupapa el 9 de agosto de 1918. Fue beatificada el 14 de mayo de 2005 y canonizada el 21 de octubre de 2012.
Definida como «la heroína de Molokai», Mariana, junto a seis hermanas religiosas, atendiendo la llamada del padre Damián de Veuster, vivió más de 30 años misionando en el hospital de los leprosos. A los 24 años tomó el hábito religioso trabajando en la escuela parroquial de la Asunción en Siracusa (USA). Por sus dotes intelectuales y generoso espíritu de dedicación ocupó importantes encargos en su congregación. Elegida madre general, recibió la petición de asistir a los leprosos en la isla de Molokai.
En aquellos años la situación de los leprosos empeoraba. No había ningún médico y el mal se convertía en «epidemia». El padre Damián vio que sin las religiosas no sería posible establecer un hospital, y por ello, a través del obispo de Honolulú, apeló a la madre Mariana, quien a su vez llamó a sus hermanas: de ellas sólo seis fueron destinadas para la misión.
La situación fue difícil debido a la falta de medicamentos, de comida y de todo tipo de subsidios. Madre Mariana, junto a su grupo de religiosas, devolvió la esperanza a aquellos hombres a menudo esclavos del alcohol, del vicio y presas del dolor físico. Para impedir el contagio en los hijos, establecieron dos casas separadas de modo que una vez llegados a la edad adulta pudieran incorporarse a la sociedad. Madre Mariana alentaba a las otras hermanas, asegurándoles: «No contraerán jamás la lepra aún sabiendo que estamos expuestas, Dios nos ha llamado para este trabajo...».
Fue grande la admiración en todos aquellos que conocieron el gesto generoso de la madre Mariana en dedicar su vida a la salud de los leprosos. En vida fue celebrada en artículos y en poesías; después de su muerte con biografías. Un himno fue compuesto en su honor para exaltar su papel de «protectora de la mujer». Muchas almas abrazaron la vida religiosa para imitar el ejemplo de dedicación a los hermanos más necesitados.
La vida y la actividad en favor de los leprosos es muy significativa para el hombre moderno. La vida de la madre Mariana se muestra con dos características fundamentales que el Concilio pide a los candidatos a la canonización en la actualidad. En primer lugar, el aspecto social de la santidad. En nuestro caso se trata de una persona que gastó su vida al servicio del más necesitado. En segundo lugar, que los candidatos sean hombres y mujeres de nuestro tiempo para que el mensaje sea más fácil de comprender.
Madre Mariana muestra concretamente cómo emplear la vida en coherencia con el bautismo, comprometiéndose con el Evangelio y con las palabras de Cristo: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis».
De cara a las necesidades de los hermanos, es necesario responder con la generosidad de la madre Mariana. Ella, junto al padre Damián, héroes de la caridad, encarnan los grandes ideales y estimulan a los hombres, particularmente a los jóvenes, a imitar su coraje y dar una respuesta de autenticidad para la construcción de un mundo más humano y cristiano.
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, de 21-X-2012]
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De la homilía de Benedicto XVI en la misa de canonización (21-X-2012)
El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud (cf. Mc 10,45).
Venerados Hermanos, queridos hermanos y hermanas.
Hoy la Iglesia escucha una vez más estas palabras de Jesús, pronunciadas durante el camino hacia Jerusalén, donde tenía que cumplirse su misterio de pasión, muerte y resurrección. Son palabras que manifiestan el sentido de la misión de Cristo en la tierra, caracterizada por su inmolación, por su donación total. En este tercer domingo de octubre, en el que se celebra la Jornada mundial de las misiones, la Iglesia las escucha con particular intensidad y reaviva la conciencia de vivir completamente en perenne actitud de servicio al hombre y al Evangelio, como Aquel que se ofreció a sí mismo hasta el sacrificio de la vida.
Saludo cordialmente a todos vosotros, que llenáis la Plaza de San Pedro, en particular a las delegaciones oficiales y a los peregrinos venidos para festejar a los siete nuevos santos. Saludo con afecto a los cardenales y obispos que en estos días están participando en la Asamblea sinodal sobre la nueva evangelización. Se da una feliz coincidencia entre la celebración de esta Asamblea y la Jornada misionera; y la Palabra de Dios que hemos escuchado resulta iluminadora para ambas. Ella nos muestra el estilo del evangelizador, llamado a dar testimonio y a anunciar el mensaje cristiano conformándose a Jesucristo, llevando su misma vida. Esto vale tanto para la misión ad gentes como para la nueva evangelización en las regiones de antigua tradición cristiana.
El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud (cf. Mc 10,45).
Estas palabras han constituido el programa de vida de los siete beatos que hoy la Iglesia inscribe solemnemente en el glorioso coro de los santos. Con valentía heroica gastaron su existencia en una total consagración a Dios y en un generoso servicio a los hermanos. Son hijos e hijas de la Iglesia, que escogieron una vida de servicio siguiendo al Señor. La santidad en la Iglesia tiene siempre su fuente en el misterio de la Redención, que ya el profeta Isaías prefigura en la primera lectura: el Siervo del Señor es el Justo que «justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos» (53,11); este Siervo es Jesucristo, crucificado, resucitado y vivo en la gloria. La canonización que estamos celebrando constituye una elocuente confirmación de esta misteriosa realidad salvadora. La tenaz profesión de fe de estos siete generosos discípulos de Cristo, su configuración al Hijo del hombre, resplandece hoy en toda la Iglesia.
[...]
Paso hablar ahora de Mariana Cope, nacida en 1838 en Heppenheim, Alemania. Con apenas un año de edad fue llevada a los Estados Unidos y en 1862 entró en la Tercera Orden Regular de san Francisco, en Siracusa, Nueva York. Más tarde, y como superiora general de su congregación, madre Mariana acogió gustosamente la llamada a cuidar a los leprosos de Hawai, después de que muchos se hubieran negado a ello. Con seis de sus hermanas de congregación, fue personalmente a dirigir el hospital en Oahu, fundando más tarde el hospital de Malulani en Maui y abriendo una casa para niñas de padres leprosos. Cinco años después aceptó la invitación a abrir una casa para mujeres y niñas en la isla de Molokai, encaminándose allí con valor y poniendo fin de hecho a su contacto con el mundo exterior. Allí cuidó al padre Damián, entonces ya famoso por su heroico trabajo entre los leprosos, atendiéndolo mientras moría y continuando su trabajo entre los leprosos. En un tiempo en el que poco se podía hacer por aquellos que sufrían esta terrible enfermedad, Mariana Cope mostró un amor, valor y entusiasmo inmenso. Ella es un ejemplo luminoso y valioso de la mejor tradición de las hermanas enfermeras católicas y del espíritu de su amado san Francisco.
[...]
Queridos hermanos y hermanas, estos nuevos santos, diferentes por origen, lengua, nación y condición social, están unidos con todo el Pueblo de Dios en el misterio de la salvación de Cristo, el Redentor. Junto a ellos, también nosotros reunidos aquí con los padres sinodales, procedentes de todas las partes del mundo, proclamamos con las palabras del salmo que el Señor «es nuestro auxilio y nuestro escudo», y le pedimos: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti» (Sal 32,20-22). Que el testimonio de los nuevos santos, de su vida generosamente ofrecida por amor de Cristo, hable hoy a toda la Iglesia, y su intercesión la fortalezca y la sostenga en su misión de anunciar el Evangelio al mundo entero.
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, de 28-X-2012]

lunes, 21 de enero de 2019

Martes semana 2 de tiempo ordinario, año impar


Martes de la semana 2 de tiempo ordinario; año impar

Dignidad de la persona
“Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado»” (Marcos 2,23-28).
I. El Concilio Vaticano II subraya el valor de la persona por encima del desarrollo económico y social (Gaudium et Spes). Después de Dios, el hombre es lo primero. La Humanidad Santísima de Cristo arroja una luz que ilumina nuestro ser y nuestra vida, pues sólo en Cristo conocemos verdaderamente el valor inconmensurable de un hombre. No podemos definir al hombre a partir de las realidades inferiores creadas, y menos por su producción laboral, por el resultado material de su esfuerzo. La grandeza de la persona humana se deriva de la realidad espiritual del alma, de la filiación divina, de su destino eterno recibido por Dios. Su dignidad le es otorgada en el momento de su concepción, y fundamenta el derecho a la inviolabilidad de la vida y la veneración a la maternidad. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y lo elevó al orden de la gracia. Además el hombre adquirió un valor nuevo cuando el Hijo de Dios, mediante su Encarnación, asumiera nuestra naturaleza y diera Su vida por todos los hombres. Por esta razón nos interesan todas las almas porque no hay ninguna que quede fuera del Amor de Cristo.
II. La dignidad de la criatura humana –imagen de Dios- es el criterio adecuado para juzgar los verdaderos progresos de la sociedad, y no al revés (JUAN PABLO II, En el Madison Square Garden). Su dignidad se expresa en todo su quehacer personal y social, especialmente en el trabajo, en donde se realiza y cumple el mandato de su Creador, ut operatur, para que trabajara (Génesis 2, 15), y así le diera gloria. La dignidad del trabajo viene expresada en un salario justo, base de toda justicia social: incluso en el caso de un contrato libre. Otra ”consecuencia lógica es que todos tenemos el deber de hacer bien nuestro trabajo... No podemos rehuir nuestro deber, ni conformarnos con trabajar medianamente” (JUAN PABLO II, Discurso). La pereza y el trabajo mal hecho también atentan contra la justicia social.
III. Es largo el camino hasta llegar a una sociedad justa en la que la dignidad de la persona, hija de Dios, sea plenamente reconocida y respetada. Pero ese cometido es nuestro, de los cristianos, junto a todos los hombres de buena voluntad. Porque “no se ama la justicia, si no se ama verla cumplida con relación a los demás” (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa). También hemos de reconocer esa dignidad de la persona en las relaciones normales de la vida, considerando a quien tratamos –por encima de sus posibles defectos- como hijos de Dios, evitando hasta la más pequeña murmuración y lo que pueda dañarles. Será fácil si recordamos que Cristo se inmoló en el Calvario por cada uno de los hombres.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
San Vicente, diácono y mártir

«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, cautos como las serpientes y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en sus sinagogas, y seréis llevados ante los gobernadores y reyes por causa mía, para que deis testimonio ante ellos y los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar; porque en aquel momento os será dado lo que habéis de decir. Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino el Espíritu de vuestro Padre quien hablará en vosotros. Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ése será salvo. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; en verdad os digo que no acabaréis las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre.» (Mateo 10, 16-23)                                     
1º. Jesús, las advertencias que das a los apóstoles son válidas para tus discípulos de todos los tiempos.
Porque siempre habrá oposición entre el cristiano, que ve el mundo como medio de santificación, y el mundano, para quien el mundo es únicamente un medio de satisfacción.
Estas dos visiones antagónicas del mundo hacen que el cristiano sea necesariamente un inconformista ante los abusos del materialismo en materia de fe y de moral, y se encuentre, en ocasiones, incomprendido, despreciado, y hasta amenazado por sus mismos familiares y compañeros.
A veces, la incomprensión más dolorosa y el desprecio más inhumano provienen de los «moderados»: de los que piensan que son buenos porque no son malos.
Son cristianos, pero sin «pasarse»: saben «disfrutar» de la vida, que para eso está.
Esos familiares o amigos no entienden que se pueda ser más feliz siendo cristiano de verdad a través de una vida de oración, trabajo y entrega a los demás por amor a Ti.
Y como no entienden, se sienten en la obligación de llevar a los demás por el «buen» camino, usando todo tipo de medios físicos y psicológicos a su alcance.
«Y porque sé de no pocas jóvenes que, deseosas de consagrar a Dios su virginidad, no lo consiguieron por estorbárselo sus madres (...), a tales madres dirijo ahora mi discurso y pregunto: ¿no son libres vuestras hijas para amar a los hombres y elegir marido entre ellos, amparándolas la ley en su derecho aun contra vuestra voluntad? Y las que pueden libremente desposarse con un hombre, ¿no han de ser libres para desposarse con Dios?» (San Ambrosio).
2º. « ¡Acabar!, ¡acabar! -Hijo, «qui perseveraverit usque in finem, hic salvus erit» -se salvará el que persevere hasta el fin.
-Y los hijos de Dios disponemos de los medios, ¡tú también!: cubriremos aguas, porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta.
-Con el Señor no hay imposibles: se superan siempre». (Forja.-656).
Jesús, aunque a veces tenga contradicciones -que no serán tan grandes como las que pasaron los primeros cristianos, y tantos otros a lo largo de la historia, también de la historia reciente- sé que tengo tu ayuda para seguir adelante en mi camino de cristiano.
Los hijos de Dios disponemos de los medios para perseverar: la oración, los sacramentos, y el ejemplo y la ayuda de los demás cristianos.
Jesús, contigo no hay imposibles: se superan siempre.                                                               
Incomprensiones, presiones de todo tipo, dificultades económicas, o el rechazo de algunas amistades -que al fin y al cabo no eran tan profundas-, no me hacen ninguna mella, cuando te contemplo azotado, escupido, coronado de espinas, clavado en una cruz, traspasado por una lanza..., por amor a mi.
Y si alguna vez tengo que hablar en público para defender mi fe o mi vocación  en clase, en mi familia, en mi trabajo-, me acordaré de tu promesa: «en aquel momento os será dado lo que habéis de decir. Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino el Espíritu de vuestro Padre quien hablará en vosotros».

Lunes semana 2 de tiempo ordinario, año impar


Lunes de la semana 2 de tiempo ordinario; año impar

Santidad de la Iglesia
 “Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?". Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!"” (Marcos 2,18-22).
I. La Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, continúa la acción santificadora de Jesús, principalmente a través de sus sacramentos. Su doctrina ilumina nuestra inteligencia, nos da a conocer al Señor, nos permite tratarlo y amarlo. Nuestra Madre la Iglesia nunca ha transigido con el error en la doctrina de la fe, con la verdad parcial o deformada; ha permanecido siempre vigilante para mantener la fe en toda su pureza, y la ha enseñado por el mundo entero. Gracias a su indefectible fidelidad, por la asistencia del Espíritu Santo, podemos nosotros conocer la doctrina que enseñó Jesucristo, en su mismo sentido, sin cambio o variación alguna. Todo árbol bueno produce buenos frutos (Mateo 7, 17), y la Iglesia da frutos de santidad. La santidad no está de ordinario en cosas llamativas, no hace ruido, es sobrenatural; pero trasciende enseguida, porque la caridad, que es la esencia de la santidad, tiene manifestaciones externas: en el modo de vivir todas las virtudes, en la forma de realizar el trabajo, en el afán apostólico...
II. La Iglesia es santa: santidad en su Cabeza, Cristo, y santidad en muchos de sus miembros. Son innumerables los fieles que han vivido su fe heroicamente: todos están en el Cielo, aunque la Iglesia haya canonizado sólo a unos pocos. Son también incontables, aquí en la tierra, las personas que viven santamente: madres de familia generosas, trabajadores que santifican su trabajo; estudiantes que saben ir con alegría contra corriente; enfermos que ofrecen su vida por sus hermanos en la fe, con gozo y paz. Esta santidad radiante de la Iglesia queda velada en ocasiones por las miserias personales de los hombres que la componen, pero la presencia santificadora del Espíritu Santo, la sostiene limpia en medio de tantas debilidades. Nosotros, con fe y amor, entendemos que la Iglesia es santa y que sus miembros tengan defectos, sean pecadores. Esto nos moverá a portarnos siempre como buenos hijos de la iglesia, a amarla más y más, a rezar por aquellos hermanos nuestros que más lo necesitan.
III. La Iglesia es Madre de todos nosotros, y nos proporciona todos los medios para adquirir la santidad. Nadie puede llegar a ser buen hijo de Dios si no vive con amor y piedad estos medios de santificación, porque “no se puede tener a Dios como Padre, quien no tiene a la Iglesia como Madre” (SAN CIPRIANO, Sobre la unidad de la iglesia Católica) Seamos buenos hijos, “amor con amor se paga”, un amor con obras. Terminamos nuestra oración invocando a María, Mater Ecclesiae, Madre de la iglesia, para que nos enseñe a amarla más.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
Santa Inés, virgen y mártir

Santa Inés es una de las santas más populares del calendario. Una de las figuras más graciosas, una de las heroínas más cantadas por los poetas y los Santos Padres. Luego, de la poesía y la leyenda pasó al arte, desde Bernini hasta Alonso Cano.

Cada época la reproduce a su estilo, pero todos compitiendo en ensalzarla. Como la Inés de Carlos Dolci, cuya dulce hermosura y blancura de lirio nos atrae con su encanto inefable.
La devoción a Santa Inés se ha mantenido viva a través de los tiempos. La Iglesia introdujo su nombre en el canon de la Misa. Es el prototipo de la virgen fiel consagrada a Cristo, desde su más tierna edad. Su mismo nombre, pura en griego y cordera en latín, es ya un presagio.

La tierna corderita tiñó su candor virginal con la sangre del martirio a principios del siglo IV, en la persecución de Diocleciano. Inés, patricia romana, niña tan pura como su nombre, frisaba en los trece años. Su devoción, dice San Ambrosio, era superior a su edad. Su energía superaba a su naturaleza. No había en aquel cuerpecito lugar para el golpe de la espada. Pero quien no tenía dónde recibir la herida del hierro, tuvo fortaleza para vencer al mismo hierro y a los que querían dominarla.

Rehusó la mano del hijo del Prefecto de Roma, por lo que fue acusada de cristiana y juzgada. La doncellita, canta Prudencio en sus versos, caldeada ya en el amor a Cristo, resistía firmemente las seducciones de los impíos para que abandonase la fe, y ofrecía de grado su cuerpo a la tortura. San Dámaso cantó también la fidelidad de la virgen. Holló bajo sus pies las amenazas del tirano y superó, siendo niña, un inmenso terror.

¡Cuántos terrores, insiste San Ambrosio, ensayó el verdugo para asustarla! ¡Cuántos halagos y promesas para rendirla! Pero ella respondía con firmeza superior a su edad: "Injuria sería para mi Esposo el pretender agradar a otro. Me entregaré sólo a aquél que primero me eligió. ¿Qué esperas, verdugo? Perezca un cuerpo que puede ser amado por ojos que detesto".

Anuncia luego el juez un lugar más terrible para una virgen. "Haz lo que quieras, responde Inés, impávida y confiada. Cristo no olvida a los suyos. Teñirás, si quieres, la espada con mi sangre. Pero no mancillarás mis miembros con la lujuria". Despechados sus jueces, fue conducida a un lupanar público, expuesta al fuego criminal de la lujuria. Pero le crece milagrosamente la cabellera, que se derrama sobre el lirio desnudo de su cuerpo, para que ningún rostro humano profanara el templo del Señor.

Para recordar este hecho, en aquel mismo lugar, en la actual plaza Navona, se alza hasta nuestros días la iglesia de Santa Inés. Se venera aún allí una reliquia insigne de la virgen de Cristo.
Aún pasó Inés el tormento del fuego. Pero el fuego respetó el cuerpo virginal. Llegó entonces el verdugo armado con la espada. Tiembla el brazo del verdugo, recuerda San Ambrosio, su rostro palidece. Inés, entretanto, aguarda valerosa.

La Corderita lo recibió gozosa, oró brevemente, inclinó la cabeza y quedó consumado el martirio. La descripción de esta última escena es una de las más bellas páginas de Fabiola, la ejemplar novela del cardenal Wiseman. Los restos virginales fueron enterrados en la Vía Nomentana, en las llamadas catacumbas de Santa Inés. Todavía hoy, el 21 de enero de cada año, se bendicen en este lugar dos corderillos con cuya lana se teje al pallium del papa y de los arzobispos. Santa Inés sigue siendo hoy ejemplo de las jóvenes cristianas.

domingo, 20 de enero de 2019

Charla de mañana sobre el libro de Gonzalo Rodríguez-Fraile


Hola! 
   Mañana 21 de enero tenemos una CHARLA-COLOQUIO a la que te invitamos. Como esperamos organizar una conferencia con Gonzalo el próximo mes, puede servir de preparación al encuentro:

DIA: LUNES 21 de ENERO de  2019  a  las 7,30 de la TARDE.

DIÁLOGOS ENTRE  ORIENTE  Y OCCIDENTE:

"EL NUEVO PARADIGMA DE  LA REALIDAD"

 

Introducción al libro de  Gonzalo Rodríguez  Fraile.

Presenta: Eduardo ORTEGA.

 

Ponente: Llucià Pou Sabaté.

 

EN LOTO AZUL(antigua librería Metro)
calle Gracia 31 
Granada capital.
  (Centro).

 

Adjuntamos invitación. Entrada libre hasta completar el aforo

sábado, 19 de enero de 2019

Domingo semana 2 de tiempo ordinario; ciclo C

Domingo de la semana 2 de tiempo ordinario; ciclo C

El primer milagro de Jesús
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino."Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora."Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él diga."Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua."Y las llenaron hasta arriba.Entonces les mandó: "Sacad ahora y llevádselo al mayordomo."Ellos se lo llevaron.El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora."Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él” (Juan 2, 1-11).
I. En Caná tiene lugar una boda. Esta ciudad está a poca distancia de Nazaret, donde vive la Virgen. Por amistad o relaciones familiares se encuentra Ella presente en la pequeña fiesta. También Jesús ha sido invitado a la boda con sus primeros discípulos.
Era costumbre que las mujeres amigas de la familia preparasen todo lo necesario. Comenzó la fiesta y, por falta de previsión o por una inesperada afluencia de invitados, faltó el vino. La Virgen, que presta su ayuda, se da cuenta de que el vino escasea. Allí está Jesús, su Hijo y su Dios; acaba de inaugurarse públicamente la predicación y el ministerio del Mesías. Ella lo sabe mejor que ninguna otra persona. Y tiene lugar este diálogo lleno de ternura y sencillez entre la Madre y el Hijo, que nos presenta el Evangelio de la Misa de hoy: La Madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Pide sin pedir, expone una necesidad: no tienen vino. Nos enseña a rogar.
Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.
Parece como si Jesús fuera a negarle a María lo que le pide: no ha llegado mi hora, le dice. Pero la Virgen, que conoce bien el corazón de su Hijo, actúa como si hubiera accedido a su petición inmediatamente: haced lo que Él os diga, dice a los sirvientes.
María es la Madre atentísima a todas nuestras necesidades, como no lo ha estado ni lo estará ninguna madre sobre la tierra. El milagro tendrá lugar porque la Virgen ha intercedido; sólo por esa petición.
«¿Por qué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios? Las oraciones de los santos son oraciones de siervos, en tanto que las de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede rogar sin ser atendida (...). Nadie pide a la Santísima Virgen que interceda ante su Hijo en favor de los consternados esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos que compadecer a los desgraciados (...), la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera (...). Si la Señora obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaran?». ¿Qué no hará cuando -¡tantas veces a lo largo del día!- le decimos «ruega por nosotros»? ¿Qué no conseguiremos si nos empeñamos en acudir a Ella una y otra vez?
Omnipotencia suplicante. Así ha llamado la piedad cristiana a nuestra Madre Santa María, porque su Hijo es Dios y nada puede negarle. Ella está siempre pendiente de nuestras necesidades espirituales y materiales; desea, incluso más que nosotros mismos, que no cesemos de implorar su intervención ante Dios en favor nuestro. Y nosotros, ¡tan necesitados y tan remisos en pedir!, ¡tan desconfiados y tan poco pacientes cuando lo que pedimos parece que tarda en llegar!
¿No tendríamos que acudir con más frecuencia a Nuestra Señora? ¿No deberíamos poner más confianza en la petición, sabiendo que Ella nos alcanzará lo que nos es más necesario? Si consiguió de su Hijo el vino, que no era absolutamente necesario, ¿no va a remediar tantas necesidades urgentes como tenemos? «Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre -¡tu Madre!- a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos».
II. Dos veces llama San Juan Madre de Jesús a la Virgen. La siguiente ocasión será en el Calvario. Entre los dos acontecimientos -Caná y el Calvario- hay diversas analogías. Uno está situado al comienzo y el otro al final de la vida pública de Jesús, como para indicar que toda la obra del Señor está acompañada por la presencia de María. Ambos episodios señalan la especial solicitud de Santa María hacia los hombres; en Caná intercede cuando todavía no ha llegado la hora; en el Calvario ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo, y acepta la misión que Jesús le confiere de ser Madre de todos los creyentes.
«En Caná de Galilea se muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia: "No tienen vino. Pero esto tiene un valor simbólico. El ir al encuentro de las necesidades del hombre significa, al mismo tiempo, su introducción en el radio de acción de la misión mesiánica y del poder salvífico de Cristo. Por consiguiente, se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone "en medio", o sea, hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede -más bien "tiene el derecho de"- hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres».
Dijo su Madre a los sirvientes: Haced lo que Él os diga. Y los sirvientes obedecieron con prontitud y eficacia: llenaron seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones, como les dijo el Señor. San Juan indica que las llenaron hasta arriba.
Sacad ahora, les dice el Señor, y llevádselo al mayordomo. Y el vino es el mejor que cualquiera de los que han bebido los hombres.
Como el agua, también nuestras vidas eran insípidas y sin sentido, hasta que Jesús ha llegado a nosotros. Él transforma nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas; hasta la muerte es distinta junto a Cristo. El Señor sólo espera que realicemos nuestros deberes usque ad summum, hasta arriba, acabadamente, para que Él realice el milagro. Si quienes trabajan en la Universidad, y en los hospitales, y en las tareas del hogar, y en las finanzas, y en las fábricas..., lo hicieran con perfección humana y con espíritu cristiano, mañana nos levantaríamos en un mundo distinto. El Señor convierte en vino riquísimo nuestras labores y trabajos, que de otra manera permanecen sobrenaturalmente estériles. El mundo sería entonces una fiesta de bodas, un lugar más habitable y digno del hombre, en el que la presencia de Jesús y de María imprimen un gozo especial.
Llenad de agua las tinajas, nos dice el Señor. No dejemos que la rutina, la impaciencia, la pereza, dejen a medio realizar nuestros deberes diarios. Lo nuestro es poca cosa; pero el Señor quiere disponer de ello. Pudo Jesús realizar igualmente el milagro con las tinajas vacías, pero quiso que los hombres cooperaran con su esfuerzo y con los medios a su alcance. Luego Él hizo el prodigio, por petición de su Madre.
¡Qué alegría la de aquellos servidores obedientes y eficaces cuando vieron el agua transformada en vino! Son testigos silenciosos del milagro, como los discípulos del Maestro, cuya fe en Jesús quedó confirmada. ¡Qué alegría la nuestra cuando, por la misericordia divina, contemplemos en el Cielo todos nuestros quehaceres convertidos en gloria!
III. Jesús no nos niega nada; y de modo particular nos concede lo que solicitemos a través de su Madre. Ella se encarga de enderezar nuestros ruegos si iban algo torcidos, como hacen las madres. Siempre nos concede más, mucho más de lo que pedimos, como ocurre en aquella boda de Caná de Galilea. Hubiera bastado un vino normal, incluso peor del que se había ya servido, y muy probablemente hubiera sido suficiente una cantidad mucho menor.
San Juan tiene especial interés en subrayar que se trataba de seis tinajas de piedra con capacidad de dos o tres metretas cada una, para poner de manifiesto la abundancia del don, como hará igualmente cuando narre el milagro de la multiplicación de los panes, pues una de las señales de la llegada del Mesías era la abundancia.
Los comentaristas calculan que el Señor convirtió en vino una cantidad que oscila entre 480 y 720 litros, según la capacidad de estas grandes vasijas judías. ¡Y del mejor vino! Así también en nuestra vida. El Señor nos da más de lo que merecemos y mejor.
También concurren aquí dos imágenes fundamentales, con las que había sido descrito el tiempo del Mesías: el banquete y los desposorios. Serás como corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios, nos dice el profeta Isaías en una imagen bellísima, recogida en la Primera lectura de la Misa. Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; a ti te llamarán «mi favorita», y a tu tierra «desposada»; porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. Es la alegría y la intimidad que Dios desea tener con todos nosotros.
Aquellos primeros discípulos, entre los que se encuentra San Juan, están asombrados. El milagro sirvió para que dieran un paso adelante en su fe primeriza. Jesús los confirmó en la fe, como hace con quienes le han seguido.
Haced lo que Él os diga. Son las últimas palabras de Nuestra Señora en el Evangelio. No podían haber sido mejores.
Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.
San Fabián, papa y mártir. San Sebastián, mártir

SAN FABIÁN, PAPA Y MÁRTIR
Fue el vigésimo Papa de la Iglesia católica, ejerciendo entre los años 236 y 250.
Elegido papa durante las persecuciones que contra los cristianos había ordenado el emperador Decio, las extraordinarias circunstancias de la misma fueron relatadas por el historiador Eusebio de Cesarea quien en el tomo sexto de su obra Historia de la Iglesia relata cómo estando reunidos los electores para seleccionar al sucesor del papa Antero, una paloma se posó sobre Fabián, un granjero laico que se encontraba en Roma accidentalmente y como simple espectador. El pueblo tomó esto como una señal milagrosa de Dios que escogía a Fabián como su candidato e inmediatamente procedieron a ordenarlo sacerdote y obispo.
Debido al crecimiento de Roma dividió la ciudad en siete distritos poniendo a cargo de cada uno de ellos a un diácono para su gobierno y administración. Consagró a varios obispos, entre ellos a San Denis de París al que envió a misionar las Galias, y según la tradición, Fabián instituyó las cuatro órdenes menores. Estableció que todos los años el Jueves Santo fuese renovado el Santo Crisma y que se quemara el del año anterior. También reguló que el Santo Crisma debería prepararse con aceite mezclado con bálsamo.
San Fabián murió mártir el 20 de enero de 250, bajo la persecución de Decio y fue enterrado en la catacumba de San Calixto.
El culto de San Fabián ha estado siempre unido al de San Sebastián, ambos se celebran el 20 de enero, en la festividad de los Santos Mártires.
Es patrón de la aldea de Peñaullán perteneciente al concejo de Pravia en Asturias y co-patrón de Valsinni, una localidad de Italia situada en la provincia de Matera.
SAN SEBASTIÁN, MÁRTIR
Sebastián, hijo de familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.

El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.

Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor. Se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal. Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.

El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión, y además es llamado además el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general.

Congreso "A la justicia por la no violencia", Granada, 4-5 de abril 2019

I CONGRESO INTERNACIONAL DE NOVIOLENCIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A LA JUSTICIA POR LA NOVIOLENCIA

 

 

 

 

Granada, 4 y 5 de abril de 2019

 

 

 

La noviolencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su disposición. Y su primera exigencia consiste en respetar la justicia alrededor de nosotros y en todos los terrenos.

M. Gandhi

 

Mientras que la compasión del hombre no abarque a todas las criaturas, el ser humano no encontrará la paz.

  1. Schweitzer

 

 

PRESENTACIÓN

           

Vivimos en un mundo de conflictos, consecuencia de un conjunto de intereses que abarcan desde los círculos más cercanos hasta el planeta entero, y cuya manifestación más evidente es la dolorosa brecha entre los países ricos y los que se han empobrecido como resultado de la codicia de aquéllos. Las relaciones con la naturaleza no se han quedado al margen, manteniendo desencuentros frecuentes entre quienes basan el desarrollo en la explotación y el despilfarro, y los que pretenden una relación cuidadosa, evitando abusos y manteniéndose en los límites del planeta. Asimismo, los animales, utilizados en muchas ocasiones como objetos y piezas de diversión, han sufrido la violencia callada de una civilización arrogante.

            No negamos el conflicto, mas entendemos que puede ser resuelto por vías noviolentas en un espíritu de colaboración y encuentro, yendo a las raíces de su génesis. Y creemos que no existe incompatibilidad entre la exigencia decidida de derechos y una práctica pacífica, como tantos hombres y mujeres han mostrado con éxito. Los fines deben estar en los medios como el árbol en la semilla, afirmaba Gandhi, lo que nos recuerda que no podemos reivindicar justicia y sostenibilidad por caminos que no estén en concordancia con los objetivos anhelados.

            Para reflexionar y animar a la acción noviolenta desde una dimensión ética y transformadora, se ha organizado este Congreso, que confiamos nos ayude a continuar trabajando hacia un mundo mejor, integrando humanidad y naturaleza en un mismo destino.

 

OBJETIVOS

1.     Diagnosticar y reflexionar sobre las causas de la violencia, tanto estructurales como psicológicas.

2.     Destacar la importancia de los principios éticos, convicciones y valores como referentes del compromiso personal por la justicia  y la sostenibilidad

3.     Fomentar valores como la asertividad, el encuentro, la compasión y el respeto, a través de la educación para la paz y la noviolencia, así como entender la actitud de no-colaboración con las situaciones injustas..

4.     Afirmar los principios noviolentos en la defensa de la naturaleza, extendiendo la mirada protectora hacia todos los seres vivos.

 

PROGRAMA

DÍA 4 DE ABRIL

9,00 – Recepción y entrega de documentación

9,30 – Inauguración de las Jornadas

10,00 – Los fundamentos ético - políticos de la noviolencia

            Dr. Mario López Martínez. Catedrático de la Universidad de Granada.

11,30 - Descanso

12,00  - Raíces neurobiológicas de la violencia.

            Dª Fátima Velázquez de Castro. Psicóloga, especialista en Psicología Clínica.

13,15 – Proyección del video: César Chaves ¡Viva la Causa!

14,00 – Descanso

16,00 – Violencia estructural. La espiral de la violencia.

            D. José Márquez García. Pedagogo. Máster en Cooperación al Desarrollo

17,15 – Las posibilidades de la noviolencia en España

D. Moisés Mato. Actor y director teatral. Coordinador Campaña noviolencia     2018.

18,30 – Educación y valores por la paz y la noviolencia

            D. Carlos Darío Palma. Coordinador General de Living Peace International.

19,45 – Presentación de comunicaciones

20,15 – Concierto: Por la música a la noviolencia

            Suhail Serghini. Premio Andalucia Migraciones. Nominación al Goya (2009).

 

DÍA 5 DE ABRIL

 

9,30 – Meditación.

10,00 – Lenguaje y discurso del odio

            Dr. José Ferrer Sánchez

            Centro UNESCO de Andalucía. Profesor investigador del IPAZ

11,30 - Descanso

12,00 – Movimientos sociales y noviolencia

            Dr. Carlos Eduardo Martínez. Profesor Universidad Minuto de Dios (Colombia)

13,30 – Presentación de comunicaciones

14,00 – Descanso

16,00 – Ética animal, cultura de paz y activismo académico: los estudios veganos

            Dra. Margarita Carretero González. Profesora Universidad de Granada

17,15 – Reflexiones sobre guerra y noviolencia desde mi experiencia en la guerra de El Salvador.

D. Esteban Velázquez. Jesuita. Presidente Fundación Centro Persona y Justicia.

18,15 – Hacia una espiritualidad de la paz y la noviolencia

            Dª Esperanza Santos

20,00 – Actuación en el Palacio de Congresos de Granada: Gen Rosso.    Representarán: Streetlights. Fuertes sin violencia

            Entrada gratuita para los inscritos al Congreso. Precio entrada para acompañantes: 10 €.

 

 

ORGANIZAN:

Centro UNESCO de Andalucía

Fundación para el Desarrollo de la Conciencia

Foro de Ecología y Espiritualidad

Asociación Española de Educación Ambiental

 

COLABORAN

Instituto de la Paz y los Conflictos

Departamento de Historia Contemporánea

Fundación Euroárabe

 

LUGAR DE CELEBRACIÓN

                  Instituto de la Paz y los Conflictos – Centro de Documentación Científica. Universidad de Granada. C/ Rector López Argüeta

 

COMITÉ CIENTÍFICO

-        Dr. Mario López Martínez. Universidad de Granada

-        Dr. José Ferrer Sánchez. Foro de Ecología y Espiritualidad

-        Dra. Margarita Carretero González. Universidad de Granada

-        Dr. LLucià Pou. Fundación para el desarrollo de la Conciencia

-        Dr. Federico Velázquez de Castro. Asociación Española de Educación Ambiental

 

 

COMUNICACIONES

                  En el Congreso pueden presentarse Comunicaciones orales que versen sobre sus contenidos. En ambos casos se enviarán resúmenes a la Secretaría Técnica del Congreso antes del 15 de Marzo de 2019, desde donde se confirmará su aceptación. Los resúmenes deben tener una extensión máxima de un folio por una sola cara, en Times New Roman y cuerpo 12 y deben enviarse a la dirección   congresoforoeer2019@gmail.com

           En su inicio figurará el Título, Autor/es, Centro de estudio/trabajo y dirección de correo electrónico. Una vez aceptados y realizada la inscripción de, al menos, uno de sus autores, la comunicación completa podrá entregarse en el momento de las Jornadas. Se dará certificado acreditativo sólo a las personas inscritas al Congreso. Las comunicaciones se publicarán en versión electrónica con número de ISBN.

 

CUOTA DE INSCRIPCIÓN:

-       Ordinaria: 75 euros (50 € si se realiza antes del 15 de marzo)

-       Estudiantes y desempleados: 35 euros

 

 

La inscripción se realizará a través del correo electrónico

Y el pago será efectuado mediante transferencia a nombre del Foro de Ecología y Espiritualidad en la Cuenta corriente del Banco ético Triodos:

ES80 1491  0001  2010  0909  2527, indicando nombre y apellidos, y como concepto Congreso Noviolencia.

 

INFORMACIÓN Y SECRETARÍA TÉCNICA

 foroEEr@gmail.com    info@ae-ea.es

 

 

 

                 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 18 de enero de 2019

CONGRESO NO VIOLENCIA EN GRANADA

   Hola! 

   Este es el programa del Congreso A la justicia por la no violencia, cito unas palabras de Federico, organizador principal: "pienso que es un proyecto importante, tanto por su valor en sí (dados los tiempos que corren) y la calidad de los ponentes, como por el interés que representa para la ciudad de Granada.

 

   En todo caso, creemos que es muy importante la difusión que podamos realizar en nuestros medios desde ahora. Contamos para esta tarea con vuestro apoyo, con objeto que llegue, al menos, a todos los puntos del Estado.

 

   Quedamos abiertos a vuestras sugerencias y comentarios. Con nuestro agradecimiento, recibid un saludo muy cordial,

 

   Federico Velázquez de Castro"

Sábado semana 1 de tiempo ordinario; año impar


Sábado de la semana 1 de tiempo ordinario; año impar


Convivir con todos
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?». Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores»” (Marcos 2,13-17).
I. Los fariseos se sorprenden al ver a Jesús sentarse a comer con toda clase de personas: ¿Porqué come con publicanos y pecadores? (Marcos 2, 13-17). Jesús se siente bien con todo el mundo, porque ha venido a salvar a todos. No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. En esta escena contemplamos cómo el Señor no rehuye el trato social; más bien lo busca. Su afán salvador se extiende a todas las criaturas de cualquier clase y condición. Jesús mostró un gran aprecio a la familia, donde se ha de ejercer en primer término la convivencia, con las virtudes que ésta requiere, y donde tiene lugar el primero y principal trato social. Jesús es un ejemplo vivo para nosotros porque debemos aprender a convivir con todos, por encima de sus defectos, ideas y modos de ser. Debemos aprender de Él a ser personas abiertas, con capacidad de amistad, dispuestos siempre a comprender y a disculpar. Un cristiano que sigue a Cristo no puede estar encerrado en sí mismo, y despreocupado de lo que sucede a su alrededor.
II. Nosotros tenemos a lo largo del día muchos encuentros esporádicos y fugaces con diversas personas. Para un cristiano son importantes, pues es una ocasión de mostrarles aprecio porque son hijos de Dios. Y lo hacemos normalmente a través de esas muestras de educación y cortesía. La virtud de la afabilidad -que encierra en sí a muchas otras, según enseña Santo Tomás-, ordena “las relaciones de los hombres con sus semejantes, tanto en los hechos como en las palabras” (Suma Teológica), nos lleva a hacer la vida más grata a quienes vemos todos los días. El cristiano sabrá convertir los múltiples detalles de la virtud humana de la afabilidad en otros actos de la virtud de la caridad, al hacerlos también por amor a Dios.
III. Son muchas las virtudes que facilitan y hacen posible la convivencia: la benignidad y la indulgencia, la gratitud, la cordialidad y la amistad, la alegría y el respeto mutuo. El ejemplo de Jesús nos inclina a vivir amablemente abiertos hacia los demás; a comprenderlos, a mirarlos con simpatía inicial y siempre, con una mirada que alcanza las profundidades del corazón y sabe encontrar la parte de bondad que existe en todos. Y muy cercana a la comprensión está la capacidad de disculpar con prontitud. Hoy sábado, hacemos el propósito, en honor de la Virgen, el cuidar con esmero todos los detalles de fina caridad con el prójimo.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.