sábado, 6 de junio de 2015

Corpus Christi. ciclo B

Corpus Christi; ciclo B

Meditaciones de la semana
en Word y en PDB
En Jesús se cumplen las promesas: la Nueva Alianza de su sangre, que nos libera de todo mal y nos abre las puertas del cielo.
“El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos” (Mc 14,12-16.22-26).

1. San Marcos cuenta que en la última Cena, “mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: -Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo una copa… dijo: -Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos”. Jesús, todavía no haces el sacrificio de derramar tu sangre, lo harías luego, en la Cruz, y de tu costado abierto, herido por la lanza, brotará sangre y agua. Así como del costado del primer Adán dormido nació Eva, tú, nuevo Adán, dormido en al muerte, de tu costado abierto nacerá la Iglesia, los sacramentos, los frutos de tu entrega mediante la cual borras los pecados del mundo. Al celebrar la fiesta del Corpus, contemplamos tu corazón abierto, Jesús, del que manan los Sacramentos: el agua del Bautismo y la Confesión que nos lava, la Sangre de la Eucaristía que nos da vida…
Hoy celebramos el amor de Dios, que Dios es amor y que nos ama sin medida: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida". Ahora sí que podemos entender que Dios es amor. Ahora podemos estar seguros de una cosa: que Dios es sobre todo "el que nos ama de verdad”. En la Ultima Cena, no te has limitado a consagrar el pan y el vino, sino que has dicho que podemos repetir esta maravilla en cada misa -"haced esto en memoria mía"- hasta el fin del mundo. Ahí estás en el altar, en el sagrario, con tu mismo cuerpo, el que nació en Belén, que trabajó en Nazaret, que hizo milagros, que lloró por sus amigos, que murió en la Cruz, que resucitó. Así, me acompañas siempre, y podemos ser amigos para siempre. Te lo diré, cuando comulgue, cuando haga genuflexión ante el sagrario.
Jesús, te das como alimento de los que peregrinan, ¡qué bien, poder oírte decir: "quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día"!, poder comenzar a gustar el cielo en la comunión...
2. Moisés es una figura del Jesús que vendrá, por eso leemos hoy que hizo una alianza, que es figura de que Jesús nos dejó en la Eucaristía: bajó del monte Sinaí “y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: -Haremos todo lo que dice el Señor. Moisés puso por escrito las palabras del Señor. Se levantó temprano e hizo un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel”. Sacrificó animales y tomó “la sangre y roció al pueblo, diciendo: -Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos”. Jesús dirá palabras parecidas, para significar que en él se cumplían las profecías antiguas de salvación, la nueva alianza y el perdón de los pecados. Al leer estas lecturas de la Misa, pienso en lo que tú has hecho por mí, Jesús: te das por entero, no ofreces animales como sacrificio sino a ti mismo; ayúdame a unirme contigo en la entrega de mi vida. Te doy gracias por todo lo que has hecho por mi. Ayúdame a ser mejor, a amarte de verdad. Cuando tú miraste a aquellos jóvenes del jueves santo que te seguían, poniendo en cada uno los ojos, les amaste. Yo también quiero sentir esta mirada de amor tuya, Jesús.  Quiero ser como tú, Jesús. Tanto si estoy contento como si en algún momento estoy triste, quiero hacer todo contigo, así me sentiré bien, y no estaré nunca solo; estaremos juntos en todos los momentos. Quiero estar siempre contigo, Jesús, porque sólo tú tienes palabras de vida eterna, como te dijo Pedro.
3. El Salmo canta esta Alianza eucarística que hoy celebramos: “Alzaré la copa de la salvación… Señor… yo soy tu siervo, / rompiste mis cadenas”. Escapaban de Egipto los de Israel cuando el Faraón se puso a perseguirles… ellos atravesaron el Mar Rojo y los liberó el Señor. Era la pascua (paso de la esclavitud hacia la tierra prometida), así tú también, Jesús, haces tu Pascua, pasas de la muerte a la vida por el nuevo mar Rojo de tu sangre, y nos das la libertad haciéndonos pasar de la esclavitud del pecado a la libertad de hijos de Dios. Jesús, tú leiste este salmo el jueves santo mientras ofrecías tu cuerpo y tu sangre, cantaste la libertad que rompe las cadenas de la muerte, proclamaste tu bautismo que es pasar por el mar que pasaste y nacer a una vida de hijos de Dios.
Ahora, Jesús, quiero hacer una alianza contigo, seguirte más de cerca, y pedirte por mis padres y hermanos, mis parientes y amigos, y todos los que llevo en el corazón, por todos los que necesitan ayuda. Ayúdanos a que seamos generosos y nos formemos en tu corazón, para cambiar el mundo.
Quiero hablarte también de los países que sufren hambre, de los pobres que hemos de ayudar, para que puedan trabajar los mayores y jugar los niños y ser todos felices. Te pido para que en todos los sitios haya cristianos para que puedan darte a conocer a los demás, que haya sacerdotes para que puedan traerte en la Eucaristía.
Te pido también por los enfermos, por todos los que sufren. Si alguna vez yo sufro o estoy triste, quiero ir a la cruz y ponerme en tus brazos y consolarme. Voy a parafrasear alguna oración de adoración para decirte cosas. Imagino que me dices: “¿qué te preocupa? ¿qué tienes en la cabeza, qué ilusiones y sueños tienes?  ¿No tienes alguna alegría que comunicarme?” Sí, Jesús, quiero contarte lo que me pasa, mis aventuras, los miedos que he tenido y dificultades que he superado.
Quiero estar siempre contigo, Jesús, tú me amas tanto... yo quisiera saber amarte.  Quierotenerte siempre en mi corazón, tener tu fuerza y serte fiel en todo.  Tú eres, Señor, mi fortaleza,dame esa fuerza de los mártires pues necesito fuerzas para ir contra corriente, me costará pero sé que sólo venciendo la tentación y malas inclinaciones soy feliz. Ayúdame a no ser egoísta, a no quejarme. Pongo en tus manos todas mis cosas, las buenas y las que no me parecen buenas, mis penas y preocupaciones, ya sé que para quien te ama todo es para bien, todo es bueno.  Que sepa hacer siempre y en todo tu voluntad, que me dé cuenta de que estás siempre pendiente de mí.
Dime, Señor, ¿qué regalos esperas de mi, qué quieres de mi? ¿qué esperas que te dé? ¿en qué no estoy siendo generoso? Estos días quiero hacerte un regalo, darme más a los demás, oír cuando me dices: “Ven y sígueme”, voy a caminar a tu lado en el camino de la vida. Ya veo como tu Iglesia y el mundo necesita santos, gente generosa que se te entregue para ser tus manos y tu boca, para ser apóstoles tuyos, que lo dejen todo y te sigan para ser sembradores de paz y de alegría.Como tu Madre la Virgen, te pido que se haga en mi según tu palabra.
Quiero hacer propósitos, de sinceridad, de no ponerme nervioso y controlar, de no enfadarme y hacer las paces y arreglarlo siempre, ser amigo de todos y amable. Hacer lo que toca en cada momento, venciendo la pereza y la comodidad, esforzarme en estar en lo que hago, concentrado y no pasar. Y en todo momento te quiero tener presente a ti, Jesús, que me acompañas. Ayúdame Jesús, a ser constante en la oración, aprovechar la Misa para viajar en el espacio y situarme en el Cenáculo, viajar a través de este túnel del tiempo ir a tu Santa Cena, aprender de cuando viniste a la tierra por primera vez, quiero ver tu amor y aprender a amar.
Te pido valentía y alegría para afrontar la lucha de cada día. Te pido por el Papa y sus intenciones, por la Iglesia y por todo el mundo, y especialmente por los necesitados, y que el Ángel de la guarda me sople al oído lo que quieres decirme. Madre mía, Virgen Santísima, ayúdame, tú me lo concederás.
4. Tú, Jesús, eres Sumo Sacerdote que entra en el Templo, pero no como los judíos para representar que se ponen los pecados en un animal que matan, sino que –como nos dice la carta a los Hebreos- “la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo”. Te pido, Señor, profundizar en el misterio de salvación de tu alianza, por eso sigues diciéndome: “Por eso él es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna”. Hoy celebramos esta maravilla: Jesús «entró en el santuario» quiere decir «en el mismo cielo» ante Dios, y ahí nos reclama para acogernos, pues en la Cruz se hace «sumo sacerdote de los bienes definitivos»: ahí su amor se hace muy grande, lo más santo que se puede ser, y nos dice que santidad es amor, y que también nosotros estamos llamados a este “asombro” de contemplarle en la Eucaristía, vivir su vida, como María, la “mujer eucarística”.
Llucià Pou Sabaté

viernes, 5 de junio de 2015

Sábado de la semana 9 de tiempo ordinario

Sábado de la semana 9 de tiempo ordinario; año impar

La generosidad y el abandono en Dios deja actuar a la gracia y obra maravillas en el mundo.
“En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir»  (Mc 12,38-44).
1. Vemos hoy es un contraste entre los letrados y la pobre viuda. A los letrados judíos «les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias», «buscan los asientos de honor y los primeros puestos». Son también avaros, «devoran los bienes de las viudas». Mientras que la viuda pobre se acerca al cepillo del Templo y de un modo discreto, sin imaginar que la están mirando nada menos que el Mesías y sus discípulos, deposita allí dos reales: «Ha echado en el cepillo más que nadie, porque ha echado todo lo que tenía para vivir». La generosidad de esa mujer nos recuerda lo que dijo Jesús en sermón de la Montaña: «el Señor, que ve en lo oculto, te lo recompensará». Dios ve el corazón. Lo mejor de la vida es  el amor, la generosidad. Es lo más frágil en apariencia, el buen corazón. Parece que estas cosas no sirven como el dinero y el poder, pero mientras que lo demás pasa, la entrega queda y da frutos: amistad, felicidad. Al final se demuestra como lo más fuerte, algo que si está, lo demás vendrá luego. Y si hay lo demás pero no está ese amor, la vida no tiene sentido. Por eso el avaro es tan pobre, porque lo único que tiene es dinero. Y el poderoso vive para no bajar del pedestal. En el fondo son egoístas, y así pierden todo.
Hoy, como entonces, podemos sufrir esas actitudes hipócritas, vanidosas, sentirnos mejores que el resto: que formamos parte de los creyentes, los “nuestros”, los practicantes... ¡los puros! Jesús, ayúdame a ver esta escena que viste: «llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas»; quiero aprender de ella, que dio todo lo que tenía para vivirSe abandona totalmente en las manos de la Providencia. Tú lo viste, que ponía todo al servicio de Dios y de la atención de los pobres. Te gusta el olvido de sí misma, el deseo de glorificar a Dios en la atención a las necesidades de los demás, el olvidar nuestros males por darnos a los demás, por consolar… ayúdame a tener esa pureza de la intención, esa generosidad del amor (Enric Prat i Jordana).
Esta viuda representa lo mejor de la piedad del verdadero Israel. No pervierte en letra muerta la Ley auténtica del amor. Honra la “casa de oración”, es auténtico símbolo del Mesías, que ha venido a “dar su vida”. El gesto de gratuidad total, anticipa la muerte de Jesús por la salvación de todos. Es una verdadera encarnación del reino de Dios y un espejo de su gracia, ya que ha ofrecido todo lo que es y todo lo que posee.
Madre Teresa dijo (y vivió, por supuesto) que hay que “dar hasta que nos duela”. Voy por buen camino si también me duele el dar. Ante tantos que buscan el honor, busquemos el servicio generoso. Como tú, Jesús, que en la Eucaristía lo has dado todo por nosotros. Tu cuerpo se entrega por nosotros y tu Sangre se derrama para el perdón de nuestros pecados. ¿Habrá más amor que aquel del que da su vida por los que ama? (www.homiliacatolica.com).
2. Te pido, Jesús, que mi fe sea viva por el amor, que proclame con mi vida el Evangelio, como dice el Apóstol: “-Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos... Proclama la "Palabra"”. Es con la entrega de mi amor, que la presencia de la Palabra de Dios se hace viva.
-“Insiste a tiempo y a destiempo, denuncia el mal, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. Ayúdame, Jesús, a proclamar con el amor tu Buena nueva. Que sepa llevar tu palabra como cada persona necesite en su vida, y no como queriendo imponerla. Que la “refutación de los errores” no me lleve a la intolerancia en una sociedad plural, sino que ayude a partir del bien que hay en cada persona, como decía Juan Pablo II en palabras de san Pablo: vencer el mal con el bien. Que la exhortación alentadora a los que están pasando una prueba, la enseñanza o doctrina, vaya unida al consuelo o simplemente “estar ahí”, hacer compañía.
Que proclame tu palabra, Señor, con el trabajo de cada día con amor y afán de perfección, contribuyendo a la re-creación, tu providencia... con el servicio según tu palabra: «he venido a servir y no a ser servido»... en el educar a los hijos según los valores evangélicos... en visitar a los enfermos o a los que viven en soledad...
-“Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros... apartarán sus oídos de la verdad”. También hoy hay una seducción por «filosofías» e «ideologías», en lugar de la verdad del evangelio. Señor, danos el gusto de la santa doctrina, el amor de la verdad, la docilidad a la Iglesia y al Espíritu Santo.
-“Pero tú, permanece prudente, soporta los sufrimientos, trabaja en la extensión del evangelio, cumple con fidelidad tu ministerio”. La «comunicación», en la expansión de la buena nueva, no es tanto “marketing”, sino sobre todo don de sí, oración (Noel Quesson).
3. "Mi boca contará tu salvación, Señor," te canto hoy con este salmo que alaba la perseverancia y nos da confianza: “Llena estaba mi boca de tu alabanza / y de tu gloria, todo el día. / No me rechaces ahora en la vejez, / me van faltando las fuerzas, no me abandones”. 
Quiero acabar hoy esta meditación con un acto de confianza en ti, Señor: “Seguiré esperando, / redoblaré tus alabanzas; / mi boca contará tu auxilio, / y todo el día tu salvación”. A mi Dios, que me ha acompañado a lo largo de la vida, le canto con agradecimiento: “Dios mío, me instruiste desde mi juventud, / y hasta hoy relato tus maravillas.
Y yo te daré gracias, Dios mío, / con el arpa, por tu lealtad.”
Llucià Pou Sabaté

jueves, 4 de junio de 2015

Viernes de la semana 9 de tiempo ordinario

Viernes de la semana 9 de tiempo ordinario; año impar

Jesús, el Señor y Salvador, es nuestro mediador para volver a Dios, en nuestra unión con él.
“En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». La muchedumbre le oía con agrado” (Mc 12,35-37).
1. Jesús, te veo enseñar en el templo. Enseñas. Eres maestro. El Maestro. Te veo preguntar, como experto en Escritura: -"¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?" Pues le dice David al Mesías que ocupe el lugar más destacado: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra" (salmo 110).
-“Si el mismo David le llama Señor: "Entonces, ¿cómo puede ser Hijo suyo?"” Si es Señor, ¿cómo puede ser hijo? Jesús, quiero verte como hijo de David y como hijo de Dios, y decirte yo también: -“Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”, palabras (salmo 110) aplicadas a tu resurrección, pues reinas en tu subida al cielo, cuando vences la muerte con tu muerte y resurrección.
En Oriente no se puede pensar en un padre de familia que llame Señor a un hijo. David, inspirado por el Espíritu, profetizó sobre tú, Jesús, al mismo tiempo hijo de David y Señor (hijo de Dios), es decir simultáneamente hombre y Dios (Rom 1,3-4), el Mediador. Como nos recordaba Juan Pablo II, Cristo se ha unido de alguna manera a cada persona, en su grandeza, en su pecaminosidad… en todo nuestro modo de ser.
Jesús, quiero proclamarte como camino, verdad y vida. Como luz, maestro y pastor. Quiero ser como tú, seguirte, vivir en ti. Como el Señor, Hijo de Dios: «El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la estirpe de Jacob por siempre» (Lc 1,32-33).
Los pobres te clamaban: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (Mc 10,48).
En tu entrada del domingo de Ramos en Jerusalén, te aclamaron: «¡Bendito el reino que viene, el de nuestro padre David!» (Mc 11,10).
La Didakhé agradece a Dios «la viña santa de David, tu siervo, que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo».
Y también decían los primeros: «David murió y fue sepultado, y su sepulcro aún se conserva entre nosotros (…). A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros» (Ac 2,14).
Y san Pablo dirá de ti: Jesucristo, «nacido, en cuanto hombre, de la estirpe de David y constituido por su resurrección de entre los muertos Hijo poderoso de Dios» (Rm 1,3-4; he tomado esta selección de citas de Josep Laplana). Señor, eres foco de atracción de nuestros corazones, y te pido que reines en todos y en mi corazón. Que reines por el servicio que doy a los demás, a ejemplo tuyo, recordando tu enseñanza a los apóstoles: ¿Quién es el más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo, que soy vuestro Maestro y Señor, he estado en medio de vosotros como el que sirve. Nos has dado ejemplo, para que hagamos lo mismo. El camino de la Iglesia es el servicio a las personas.
2.Tras la despedida de los padres empieza la narración del viaje de Tobías y el ángel, en la cual resplandece nuevamente la fe y la obediencia del hijo de Tobit.Llegados a la orilla del Tigris, Tobías baja a bañarse. Allí tiene lugar el episodio del pez, que, por designio divino, será el instrumento que sanará a Tobit y Sara. El hígado, el corazón y la hiel de determinados peces poseen virtudes curativas. Concretamente, Plinio habla del poder curativo de la hiel respecto a enfermedades de los ojos. Se devuelve la luz a los ojos enfermos, dirá el Ap 3,18. Luz es felicidad, don de Dios. Lo esencial está situado a un nivel más interno: lo que tiene que iluminarse es el corazón del hombre para que pueda estructurarse la felicidad requerida, y es él el que debe rechazar el pecado. Pero no lo consigue sino en la medida en que Dios le ofrece su claridad. El Padre ha hecho ya que Jesús pasara de las tinieblas a la gloria y todos cuantos sigan las huellas de Cristo conseguirán esa misma iluminación (Jn 8,12: Maertens-Frisque).
El proceso de la misma narración confirmará posteriormente la utilidad del acto de obediencia que hace Tobías sin ver su inmediato provecho. Porque el ángel dice a Tobías que el corazón y el hígado obrarán como exorcismos liberadores. Se inicia luego el desarrollo del plan divino respecto a la boda de Tobías y Sara, hija de Raguel. En Nm 36,6-8 se habla de la obligación que tenían las hijas de Salfajad: «Se casarán dentro de los clanes de la tribu paterna». Así, pues, Tobías, como miembro de la misma tribu y familia, era el primero que tenía derecho a casarse con la hija de Raguel. El ángel, verdadero instrumento del beneplácito divino, insiste en este sentido.Sin embargo, Tobías conoce las desgracias de Sara con los siete maridos que se acercaron a ella en la cámara nupcial. El ángel tranquiliza a Tobías: el hígado y el corazón del pez alejarán de Sara el espíritu maligno, el cual, después de oler el humo producido por la quema de las mencionadas vísceras, jamás volverá a ella.La plegaria al Dios omnipotente da su fruto. Por encima de todo remedio humano están la misericordia y la salvación, que sólo pueden venir de aquel Señor que siempre se compadece de los hombres. Más aún: Sara estaba reservada a Tobías desde la eternidad. Este pensamiento encierra una realidad profundísima: la providencia eterna de Dios para con sus escogidos. Tal pensamiento debe infundir siempre gran confianza a todos los que viven en paz con Dios (J. O`Callaghan).
-“Ana iba a sentarse todos los días al borde del camino, sobre una altura desde donde podía ver a lo lejos. En cuanto lo divisó corrió a anunciarlo a su marido”. Participa con Tobit de la espera febril del hijo. ¡Todo está bien si acaba bien! ¡El tiempo arregla muchas cosas! En este libro optimista, todo se arregla al final. «Vale más así», podríamos decir. ¡Si fuera siempre verdad! Pero, de hecho, esa convicción positiva ¿no deberían adoptarla más a menudo, sobre todo las personas propensas a angustiarse?: es uno de los aspectos de la esperanza... después de todo y no el menor y ¡a menudo verdadero! ¡Confesémoslo!
-“Rafael dijo al joven Tobías: «En cuanto entres en tu casa adora al Señor tu Dios»; y después de darle gracias acércate a tu padre y abrázalo”. Lejos de tratarse de una serie de prácticas formalistas esta oración es una maravillosa disposición permanente que hace que la «acción de gracias" surja a propósito de todo: "¡gracias, Dios mío!"... Bendito seas. Voy donde alguien, toco el timbre: ¡una plegaria mientras espero! Voy de compras, camino por la calle: ¡una plegaria! Alguien ha llamado a la puerta. Voy a abrir: ¡una plegaria mientras voy!
-“Entonces el perro que los había acompañado en el viaje se adelantó corriendo, llegó como mensajero meneando la cola en señal de alegría”. El padre ciego se levantó, echó a correr, tropezó, tomó la mano de un niño para alcanzar a su hijo, lo abrazó, lo besó lo mismo que a su mujer y todos lloraron de alegría. El texto pertenece al gran arte narrativo, con su sentido del detalle concreto bien observado. Es, sencillamente, muy humano. La Encarnación del Hijo de Dios en una verdadera familia, en situaciones humanas reales, nos dirá pronto que la aventura divina se realiza en el corazón de las realidades más humildes, más cotidianas.
-“Cuando hubieron adorado a Dios y dado gracias, se sentaron. Entonces Tobías tomó la hiel del pez y frotó con ella los ojos de su padre... Este recobró la vista”. La curación del ciego de nacimiento es interpretada explícitamente por Jesús como símbolo de esta "luz que proviene de Dios y que permite mirar los acontecimientos a la manera de Dios" (Jn 9,40-41). En efecto, la luz es «ver como Dios", esto es la fe y la felicidad. Por el contrario, el pecado es tinieblas y desgracia. Abre nuestros ojos, Señor... haznos lúcidos y clarividentes... ilumina nuestras vidas.
Dios no abandona a los justos. La prueba se transforma en bendición. De hecho ahora Tobit recupera mucho más de lo que había perdido. La lectura acaba con la gozosa bendición de Tobit tras haber recobrado la vista: alaba al Señor de la misma forma que en los pasajes anteriores. Tobit tiene muchos motivos para alabar a Dios. Todas las páginas del libro están impregnadas de la convicción de que la providencia del Señor gobierna todo. El Señor nunca abandona a los justos. Por eso Tobit puede decir: “Bendito sea Dios, bendito su gran nombre..., porque si antes me castigó, ahora veo a mi hijo Tobías”. Es un final que, con mucha más razón que las purificaciones exigidas por los cánones de la tragedia griega, deja al alma convencida de que Dios es, sobre todo, un padre que ama. La historia se acerca a su fin. Naturalmente, no la escuchamos entera, y no estaría mal que aprovecháramos para leerla íntegra en la Biblia, porque tiene otros muchos matices interesantes.
-“Todos glorificaban a Dios: él, su mujer y todos sus conocidos. El viejo Tobit decía: «Yo te bendigo, Señor, porque me has afligido y me has salvado."” ¿Es la "bendición", el dar gracias a Dios, el clima habitual de mi vida? Acaso en mi felicidad, mis alegrías, mis éxitos ¿me olvido de Dios? (Noel Quesson/J. O`Callaghan).
Lo que parece desastroso en nuestra historia, muchas veces resulta para bien. Dios lo conduce todo para nuestro provecho. Cuántas veces tenemos la experiencia de que una enfermedad, o la falta de suerte, o un accidente, o un fracaso que nos hicieron sufrir, luego han resultado beneficiosos para nuestra vida. ¿Sabemos reaccionar con una cierta serenidad y con actitud de fe ante las pruebas de la vida?, ¿nos hundimos fácilmente, o somos capaces de bendecir a Dios incluso en la desgracia?, ¿sabemos, luego, en el momento de la felicidad, dar gracias a Dios?
3. El salmo de hoy nos inspira los sentimientos idóneos: «alaba, alma mía, al Señor, que mantiene su fidelidad perpetuamente», «el Señor liberta a los oprimidos, abre los ojos al ciego, endereza a los que ya se doblan», «el Señor ama a los justos y trastorna el camino de los malvados». “La contemplación del profeta, le empuja a situarse, por así decir, en el final de los tiempos. Entonces, viendo la fragilidad de todo lo que, por ser terreno, resulta caduco, no piensa más que en alabar a Dios. Este fin del mundo vendrá presto para cada uno de nosotros: vendrá en el momento en que muramos y nos desliguemos de cuanto nos rodea. Enderecemos, pues, nuestros afanes hacia lo que constituirá, al fin, nuestra ocupación perenne” (Casiodoro).
Las acciones que cuenta el salmo con las que Dios manifiesta su poder y bondad (poder del Dios de Jacob, que además realiza su misericordia hacia los necesitados en distintas situaciones, por eso se puede confiar en Él en cualquier momento), las ha realizado Jesús: sus milagros son signos de su obra redentora, cumpliendo las palabras del salmo (cf también Is 61,1-2; Lc 4,17-21).
Llucià Pou Sabaté

miércoles, 3 de junio de 2015

Jueves de la semana 9 de tiempo ordinario

Jueves de la semana 9 de tiempo ordinario; año impar

El camino del amor a Dios y a los demás, es la senda auténtica de la vida feliz
“En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas” (Mc 12,28-34).
1. La pregunta que hacen a Jesús es sobre un tema importante: ¿qué es lo principal en la moral? «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» La hace un maestro de la Ley. Jesús le dio la respuesta, siguiendo la Escritura: "Escucha Israel, el primero es: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas." Amar… con "corazón, alma, mente, fuerza" que son nuestras facultades para amar.
Sigue Jesús: -“El segundo es éste: "Amaras a tu prójimo como a ti mismo"”.
San Agustín dirá: «Ama y haz lo que quieras».
Jesús ha respondido con el texto sagrado, como solían hacer los expertos en Escritura. Y el maestro de la ley se abre a la Verdad, explicada con la interpretación correcta de la Palabra (Jesús, que es la misma Palabra, da el sentido correcto); y proclama con otro texto bíblico: amar a Dios con todo el corazón y a los otros como a uno mismo «vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Ante tantas obligaciones como tenían los judíos, ha podido por fin establecer qué es lo esencial.
Se habían multiplicado las leyes, que pueden agobiar si se toman como obligaciones. Pasaba esto con los judíos y nos puede pasar a nosotros. Tiene que haber leyes, pero necesitamos buscar la esencia para no perdernos con tantos preceptos. Para los judíos, 248 preceptos positivos y 365 negativos, que se complicaban con las diversas controversias según las escuelas de rabinos. También el Código de Derecho Canónico contiene 1752 cánones, aunque quieren regularse por el bien de las almas. Así, no hay ley que nos aprisione, si hay amor a Dios «con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» y así participamos de ese amor a Dios, y podemos amar a los demás.
En una conversación hablaron de una persona ausente diciendo con dureza que había hecho algo mal, y alguien añadió además: “¡porque hay que hacer las cosas como Dios manda!” San Josemaría, que estaba presente, dijo: “lo que Dios manda es que vivamos la caridad”. Lo otro, la “perfección”, podrá ser más o menos interesante, pero en este sentido secundario. Quizá utilizamos tantos “pequeños mandamientos” como son «los sacrificios y las ofrendas» para recriminar a los demás, como nuevos fariseos… Te pido, Señor, buscar la verdad con lealtad. Que como hace Jesús, la verdad se abra paso no a fuerza de imposiciones, sino por la misma fuerza de la verdad.
El amor es el resumen de toda la ley. Amar a Dios (escucharle, adorarle, rezarle, amar lo que ama él) y amar al prójimo (a los simpáticos y a los menos simpáticos, ayudarles, acogerles, perdonarles). Por la noche, podemos hacer un poco de examen de conciencia y preguntarnos: ¿cómo hay ido hoy mi amor a Dios, a los demás?, ¿me he buscado a mí mismo? Hemos de llegar a mejorar el tercer mundo, pero comenzar por la familia y nuestro pequeño mundo, quienes nos rodean. En la misa, en el momento de darnos la paz con los más cercanos, podemos recordar cómo vamos en nuestro amor (J. Aldazábal).
2. La oración de Tobías, el anciano ciego y la de Sarra, la joven injuriada... han sido escuchadas. Ahora es Tobías hijo (creyente como su padre) el que aparece como protagonista. Acompañado de Rafael, el hijo de Tobías va a casa de Sarra. Acompañado por el personaje misterioso, que ellos no saben que es el arcángel Rafael, emprende viaje hasta la casa del pariente Ragüel, a cobrar una deuda pendiente de hacía años.
-“Hay aquí un hombre llamado Ragüel, tu pariente, miembro de tu tribu y que tiene una hija llamada Sarra”. El autor insiste, evidentemente en esos vínculos raciales. En aquel tiempo las bodas se concertaban «entre personas del mismo clan». No olvidemos que el problema capital de los exiliados y emigrados fue siempre conservar su identidad y su fe. La familia es la célula esencial donde se transmiten las tradiciones, las convicciones profundas. Y el momento decisivo es el del matrimonio. De él depende todo el porvenir. Porque los exiliados tienen el gran riesgo de ser progresivamente asimilados a las naciones paganas por el hecho natural de casarse. Ruego por los jóvenes que se preparan al matrimonio: que sean muy conscientes de lo que en él está en juego y de las consecuencias en el porvenir que pueden vislumbrarse a través de sus relaciones. Señor haz que crezca en nosotros el sentido de nuestras responsabilidades.
-“Entraron en casa de Ragüel que lo recibió muy contento. Hablaron y Ragüel ordenó que mataran un cabrito y prepararan la mesa”. No será una comida ordinaria sino festiva: preparan un cabrito. ¡Sentido de la hospitalidad! ¿Sabemos también nosotros, en el ajetreo de nuestras vidas, encontrar el tiempo de acoger?
Al llegar a casa de Ragüel, el amor a primera vista entre el joven Tobías y Sara crea una situación penosa (la muerte de los anteriores 7 pretendientes, la noche de bodas), hasta que el ángel les asegura que no se va a repetir el caso de los siete novios anteriores: -“Rafael dijo: No temas dar tu hija a Tobías: es fiel a Dios y con él debe casarse; he ahí por qué nadie la ha tenido por esposa”. Más allá del simplismo aparente de ese razonamiento, admiro la "lectura de fe" que hace Rafael del "acontecimiento": la fatalidad de la muerte de los prometidos podría dejarse solamente al nivel de la «mala suerte» o de la mala magia... pero se puede también acceder a ese nivel más profundo de la fe. Sí, todo acontecimiento puede interpretarse en una síntesis más vasta, la de proyecto de Dios. En todo lo que me sucede ¿procuro ver más allá de las apariencias inmediatas? En particular el «encuentro de dos seres» que van a casarse ¿es solamente un juego del azar, una simple pulsión hormonal, una costumbre sociológica, una ocasión de placer...? o bien ¿hay algo más en el interior de esos condicionamientos tan reales? Dios está ahí, activo, en todo acto humano decisivo. La actitud de FE es procurar descubrir el proyecto de Dios y corresponder a él. Eso no dispensa de los análisis humanos lúcidos.
El matrimonio tiene lugar según las costumbres sociales del tiempo, en familia, con la bendición del padre y la escritura matrimonial y el banquete. Todo ello en un clima de fe y de acción de gracias a Dios, incluidas las tres noches de oración intensa.
-“Ragüel dijo entonces: «Veo ahora que Dios ha atendido mi oración y comprendo que Él os ha conducido a los dos hasta mí, para que mi hija se case con un hombre de su tribu, según la ley de Moisés... ¡Yo te la doy!» Luego tomó la mano derecha de su hija y la puso en la de Tobías diciendo: «Que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob sea con vosotros. Que El mismo os una y os colme de su bendición." Mandó traer una hoja de papiro y escribió el contrato matrimonial. Acabado esto empezaron el banquete bendiciendo a Dios...” Esta escena es muy relevante. No hay «sacerdote», ni «santuario», ese matrimonio aparentemente es un matrimonio civil, profano, todo pasa en el plan humano ordinario. Vemos «la aprobación de los padres»... «la evocación de la Ley»... «la mano en la mano»... «el contrato en buena y debida forma»... «el banquete de boda»... Sin embargo nada hay exclusivamente profano: Dios se encuentra en el hondón de las realidades humanas. La teología HOY también como en aquel tiempo nos dice que son los mismos esposos, los «ministros» de su sacramento: ¡felices los esposos que, a lo largo de su vida conyugal, acceden a la conciencia de darse recíprocamente la gracia de Dios! (Noel Quesson).
El amor viene de Dios. Ha sido Dios el que, ya desde Adán y Eva, como muy bien recuerda Tobías, ha pensado en esta admirable complementariedad entre hombre y mujer y ha instituido el matrimonio. Leyendo esta página edificante, uno no puede por menos de pensar en la diferencia con los modos en que ahora se lleva a cabo en muchos casos el noviazgo y el matrimonio de los jóvenes. Ciertamente no con esta fe, esta actitud de oración y esta madurez que demuestran Tobías y Sara. ¿Les falta alguien que haga de ángel y les ayude a discernir, preparar, profundizar y enfocarlo todo, no sólo desde las perspectivas humanas, sino desde la fe en Dios? Así es como se pondría la mejor base para una vida matrimonial más estable y feliz.
La redacción de un documento para confirmar la validez de la boda data de tiempo muy antiguo; consta ya en el art. 128 del código de Hammurabi. La bellísima plegaria de Tobías, que comienza con una triple invocación, continúa con la explicación del motivo y termina implorando una vejez feliz. La preparación de la tumba y el recuerdo de Raguel contrastan con la inesperada y agradable sorpresa de encontrarlos durmiendo a los dos, Tobías y Sara. Realmente esta vez no era como las anteriores. El auxilio del Señor no falta allí donde la plegaria es constante y sincera: precedida de toda una vida «por las sendas de la verdad y de la justicia» (J. O'Callaghan).
3. Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos”. Ya nos dice S. Hilario de Poitiers: “para nosotros, el temor de Dios reside sobre todo el en el amor, y su contenido es el ejercicio de la perfecta caridad: obedecer los consejos de Dios, atenderse a sus mandatos y confiar en sus promesas”. El premio de quien tal hace es la felicidad, también para la familia, que según la costumbre de la época: “del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien! Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así será bendito el hombre que teme a Yahveh”. Cumplir los mandamientos es camino de la felicidad: “en verdad es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos y no sólo aquel mandamiento, el primero y el más grande, es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios perfeccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz. Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado” (S. Roberto Belarmino).
¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida!”. Es la acogida a los peregrinos. Todo ello adquiere nueva perspectiva en la bendición de Dios por Jesucristo (cf Ef 1,3-10).
Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la semana 9 de tiempo ordinario

Miércoles de la semana 9 de tiempo ordinario; año impar

Dios escucha nuestras peticiones, y lo que hoy es pena mañana es gloria
“En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer».Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error»” (Mc 12,18-27).
1. Los saduceos no creen en la resurrección y plantean el dilema de la mujer que enviuda siete veces, para criticar la doctrina de Jesús. Tú, Señor, nos haces ver que la vida eterna te pertenece a ti y no podemos entenderlo bien: «cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos». No llega mi cabeza, Señor, pero me fío de tus palabras, porque me llenan, mi corazón me dice que dicen la Verdad. También pienso que con lo que alabas el amor, que es para siempre, no indicas que en el cielo los lazos de amor de la tierra no existirán, sino que allí en "servir y alabar" a Dios (Mt 18,10) lo tendremos todo, también los amores que nos acompañarán en el cielo. Nos dices: «Yo soy la resurrección y la vida: el que crea en mí no morirá para siempre».
No me imagino esa vida eterna pero seguro que tú sabes bien cómo hacernos felices, como señalaba San Agustín: «No padecerás allí límites ni estrecheces al poseer todo; tendrás todo, y tu hermano tendrá también todo; porque vosotros dos, tú y él, os convertiréis en uno, y este único todo también tendrá a Aquel que os posea a ambos». Imagino que puedo entenderlo a través del amor de una madre, que ama a varios hijos como si fuera el único, que así será el amor del cielo, con el que amaremos de un modo angelical, no con el exclusivismo humano que hay por ejemplo tiene que haber en la tierra con el amor conyugal, de “sólo tú”, que es un camino para la unión con Dios. Por eso, cuando una persona sufre en su matrimonio y dice: “¿tendré que estar con él/ella toda la eternidad?” me parece que se le puede responder: “no, sólo ‘hasta que la muerte os separe’”, pues nada malo de la tierra permanece en el cielo. Y en cambio cuando alguien pregunta: “será este amor que tenemos sólo hasta que la muerte nos separe?” se le puede responder: “tranquilo/a, que ningún amor de la tierra deja de continuar en el cielo: estaréis juntos por toda la eternidad”. Parece una contradicción una cosa con la otra, Jesús, pero sé que si no es de esta manera será de otra mejor, y que tú harás que seamos felices sin que no nos falte nadie ni nada en el cielo.
También nos dices las palabras de la zarza ardiente: «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob», y agregas: «No es un Dios de muertos, sino de vivos». Señor, veo que te pones a la altura de los que te preguntan, con tu ciencia sagrada: te pedimos que amemos las Escrituras, que abras nuestra inteligencia a una comprensión más plena.
2.-“Tobías se puso a orar con gemidos y lágrimas”... Este hombre recto y que permanece fiel en la desgracia, no es un hombre insensible. Sabe lo que es sufrir, llorar, gemir. Pero todo esto en él se transforma en oración. No olvidemos el inmenso desconcierto de ese hombre: es ahora viejo, pasó toda su vida en la justicia y la piedad... y como recompensa a sus desvelos con los desgraciados, queda accidentalmente ciego... hace frente con valentía a su situación y continúa en la rectitud de su vida. Ahora bien, he ahí el colmo de su desventura: ¡su propia mujer lo abandona, lo injuria y le reprocha su «virtud»!
Sucedió aquel mismo día que también Sarra, hija de Raguel, en Ragués, ciudad de Media, fue injuriada por una de sus sirvientas... Al oír esos gritos, Sarra subió a la cámara alta, y permaneció allí tres días y tres noches sin comer ni beber, prolongando su oración, implorando a Dios con lágrimas”. Lejos del anciano que sufre y ora, he ahí otra oración dolorosa que se eleva hacia Dios. Se trata de otra desventura, la de una joven que bien quisiera casarse, pero está literalmente "embrujada". Todos los sueños de su porvenir son rotos por un demonio maléfico que mata sucesivamente a siete de sus prometidos, la noche misma de su boda. Por esta razón, la injuria su sirvienta: "¡Qué nunca veamos hijo o hija tuyos, asesina de tus maridos". Como Tobit, también Sara se ve afligida por la crítica y la burla del prójimo. La tristeza inunda su alma hasta el punto de que Sara quiere suicidarse. Sin embargo, la piedad filial contiene esta actitud y empuja su espíritu hacia Dios, de quien proviene todo consuelo. Esa es la razón de la plegaria que dirige a Dios desde la ventana, probablemente mirando hacia Jerusalén. En la oración encuentra Sara, como antes Tobit, su consuelo espiritual. Desde lo íntimo de su corazón afligido, Sara empieza su oración bendiciendo al Señor y sus obras. Vuelve hacia Dios el rostro y los ojos en señal de súplica. Como Tobit, pide a Dios que la libere del destierro y de los ultrajes que la afligen. Después acumula razones para mover la misericordia del Señor. Y como culminación de su plegaria resplandece un rayo de confianza total.
El autor nos transmite una conmovedora certidumbre sobre la eficacia de la oración. El mismo día en que Tobit oyó las injurias de su mujer, Sarra tiene las injurias de su sirvienta y los dos rezan con lágrimas. Más que de una coincidencia temporal, se trata del cumplimiento del plan de Dios. Este nuevo acontecimiento está localizado en Ecbatana, ciudad situada unos 350 kilómetros al nordeste de Bagdad. El Señor escuchó la oración de ambos. Resume todo el infortunio humano, con sus aspectos de accidentes absurdos, de fatalidad incomprensible, de malas intenciones que se suman a las cualidades. Recordando otros infortunios pasados me imagino los sufrimientos de los que HOY mismo en la tierra están pasando grandes tribulaciones.
-“En aquel tiempo, las plegarias de ambos fueron oídas en la gloria de Dios soberano”. Así, los sufrimientos de los hombres no parecen quedar sin salida. El autor del libro de Tobías nos lo sugiere al mostrarnos de qué modo sorprendente esas dos oraciones «convergen» en el corazón de Dios. Y la continuación del relato nos dirá que esos dos destinos lograrán encontrarse: el hijo de Tobías hará un viaje de 300 kilómetros y ¡tomará a Sarra por esposa! San Rafael fue enviado para curar a uno y a otro, porque sus oraciones habían sido presentadas a la vez ante la faz de Dios. Lo artificioso de la situación viene subrayada por los dos nombres propios que simbolizan todo el relato: - «Asmodeo", el demonio malhechor, significa «El que mata»... Según la creencia popular, Asmodeo era el demonio de la lujuria. Su nombre no parece provenir del judaísmo; tal vez tiene un origen persa. En todo caso, Asmodeo, el destructor, aparece claramente como el antagonista de Rafael, el salvador. - «Rafael", el ángel enviado por Dios, significa “El que sana”, para sacar las escamas de los ojos de Tobit y dar a Tobías por esposa a Sara, la hija de Raguel. La narración termina de modo semejante a como había comenzado. El artificio literario del libro de Tobías recalca la compasión del Señor, que siempre escucha la oración del justo entre los terribles dolores de la prueba. El Señor es eternamente compasivo, y sus caminos son caminos de justicia y de piedad.
-“¡Tú eres justo, Señor! Todos tus caminos son misericordia y verdad. No te acuerdes de mis faltas... No hemos obedecido tus mandatos; por ello nos has llevado a la cautividad... Ordena que mi espíritu sea recibido en la paz, porque más me vale morir que vivir...” Tal fue la emocionante oración de Tobías. En la antigua perspectiva habitual cree que sus pruebas son un castigo. Y pide perdón (Noel Quesson/J. O`Callaghan).
Esta historia es una invitación para que también nosotros sigamos teniendo fe y confianza en Dios, pase lo que pase en nuestra vida. También a nosotros nos pasa que nuestra oración no siempre es poética, gustosa y llena de aleluyas. A veces, como la de Jesús en el huerto de Getsemaní, es angustiada, desgarrada, entre lágrimas, gritada, aunque sea con gritos por dentro. A veces creemos que lo que sucede -a nosotros mismos o a la comunidad- es catastrófico y no tiene salida. Pero Dios saca bien del mal. El relato de Tobías y Sara nos asegura que Dios escucha, que está cerca, que no se desentiende de nuestra historia. Nuestros antepasados nos enseñaron unas oraciones breves que haríamos bien en no olvidar: «bendito sea Dios», «que se haga la voluntad de Dios». Esta fue la actitud de Tobías, de Sara, y sobre todo la de Jesús: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». Y en todos los casos, al dolor siguió el gozo y a la muerte la resurrección.
Nuestro mundo occidental ve en él al "primer motor" y al "relojero" de nuestro mundo, al cual se hace responsable directo de todo desorden real o aparente en el mecanismo del universo… sufrimiento, catástrofes, guerra, pecado… Esta concepción nos aleja totalmente del Dios revelado en Jesucristo. Es un misterio, debido en parte al papel más o menos inmediato que el hombre desempeña en ellas. ¿Cabe la posibilidad de confundir, por ejemplo, la enfermedad que aflige, el imperialismo que aplasta, el egoísmo que separa, la indiferencia que hiere? Y, a pesar de todo, el mal existe. La existencia del hombre vive dentro de una salvación que es historia y acontecer.El hombre no cree ya que el universo esté constituido por unas fuerzas que le dominan al modo de un destino fatal; sabe más bien que tiene que reducirle a su servicio y para que pueda desarrollarse… "los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que ha de revelarse en nosotros" (Rom 8,18-21). No estamos solos.A pesar de todo, el mal, el sufrimiento y la muerte existen. Por supuesto que existen, pero la fe nos insta a echar una ojeada de ojos nuevos sobre una situación a veces intolerable, pero que ahora ya se apoya en una visión de esperanza posible en Jesucristo. Lo que esa visión esperanzadora nos presenta de cara al futuro hemos de vivirlo dentro de una oscuridad parcial que lleva consigo el riesgo de toda nuestra existencia en aras de una promesa de salvación que ya ha comenzado, pero que todavía necesita ser actualizada en su totalidad (Maertens-Frisque).
3. Deberíamos asimilar el salmo de hoy: «Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado... los que esperan en ti no quedan defraudados. Señor, enséñame tus caminos, haz que camine con lealtad». El Señor enseña su camino a los pecadores y humildes, al hacer deponer la soberbia y acogerse a la misericordia divina, “porque ha experimentado la clemencia del que vino en su ayuda” (S. Agustín). Cuando rezamos así, Dios se nos da, y el Donante es el “tesoro” que recibimos, más importante que los dones que nos da “por añadidura”, es decir que se nos da el mismo Dios y con él lo tenemos todo, y como Jesús nos unimos así al Padre y llevamos compasión a los demás.
Llucià Pou Sabaté

viernes, 29 de mayo de 2015

Física Cuántica "El Experimento de la Doble Rendija"

Sábado de la semana 8 de tiempo ordinario

Sábado de la semana 8 de tiempo ordinario; año impar

Jesús tiene una coherencia entre su vida y sus palabras, es la Verdad; y podemos participar de su vida con nuestra unión con Él, siguiendo el impulso interior que Dios ha puesto en nuestro corazón.
“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme».Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?». Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: «No sabemos». Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto»” (Mc 11,27-33).
1.Después de la expulsión de los mercaderes en el templo (que leímos ayer) se le acercaron a Jesús los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: -“¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?” Cuando alguien no quiere más que discusión, y no puede haber diálogo, no vale la pena hablar con él. Ante Caifás, Pilatos o Herodes, Jesús calla. Ahora, al preguntarle sobre su autoridad, Jesús les responde con una pregunta: “y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres?” Sabe que a ellos no les interesa conocer la verdad, están seguros de sí mismos, creen poseer la verdad. Jesús, tú eres la Verdad, y quiero dejarme "interrogar" por Ti. Sin el miedo que sienten esos judíos, de cambiar sus criterios, de comprometerse, sin el miedo que tenían a lo que dirán los demás: -«Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?" Pero como digamos que es de los hombres...» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.) Y respondieron a Jesús: -«No sabemos.»” ¡Qué hipocresía! Jesús, quiero comprometerme contigo, saborear la Verdad que nos das a conocer.
Tú, Jesús, no respondes a estos intrigantes: sacerdotes-escribas-ancianos, los responsables del orden sagrado, los representantes de la ciudad y el templo. No respondes a las provocaciones, ni siquiera cuando te tentarán: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz"... ¡No bajará! ¿Por qué te ganas ahora, Jesús, la enemistad de los que viven del Templo y de sus ritos? Esto te llevará a la muerte, y Tú lo sabes. Pero es precisamente lo que te hace grande en lo humano: Te acompaña el testimonio de tu vida, la coherencia entre lo que dices y lo que haces. Quiero seguir tu ejemplo, Jesús, pues también hoy quizá irías contra tantas injusticias; somos muchos los que no creemos ni seguimos a las instituciones, sino a Ti, y a las personas que nos dan confianza, por su coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, los testimonios (“mártires”, se dice en griego).
Jesús, también en nuestra época sentimos desconfianza con los que mandan en los gobiernos, en la economía, pues en lugar de la solidaridad se promueven los egoísmos. Te pido que sea capaz de llevar tu mensaje, aunque me enfrente a los poderes de mi tiempo; que sepa buscar, en unión con otros, nuevas alternativas, sobre todo una nueva sociedad que ponga sus bases en la defensa de la vida y de la justicia, en la que se te escuche, en la que quepas tú, Señor de la historia.
2. Termina nuestra lectura del Sirácida con un cántico de alabanza a la sabiduría. El autor muestra una legítima satisfacción porque desde joven la ha seguido y gozado de sus frutos. Da envidia pensar que este buen hombre, Jesús hijo de Sira, desde joven sólo consideró como riqueza apetecible poseer la sabiduría de Dios, ver las cosas y los acontecimientos desde los ojos de Dios: «Deseé la sabiduría con toda mi alma, la busqué desde mi juventud... mi corazón gozaba con ella... presté oído para recibirla... mi alma saboreó sus frutos».
-“Quiero darte gracias, Señor, te alabaré, bendeciré tu nombre. Siendo joven aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en la oración. La pedí delante del Templo y hasta el último día la andaré buscando”.Es pues un hombre colmado, feliz, no le pesa haberse entregado ardientemente a la búsqueda de Dios.El clima de su alma es «la acción de gracias».Notemos que la «sabiduría» se busca «en la oración»... y desde la juventud. Y que esta búsqueda no acaba nunca...
-“En su flor, como racimo en ciernes se recreó mi corazón”. Compara la sabiduría a la fina y delicada flor de la viña, promesa del racimo de uva y del vino, promesa de alegría.Me detengo un instante ante esta hermosa imagen: «una flor que alegra el corazón». Dios es así. María cantaba: «¡Mi alma magnifica al Señor, exalta mi espíritu en Dios, mi salvador!». Dios como alegría. Dios como belleza. Dios como apertura y expansión. Dios como fecundidad.
-“Mi pie avanzó por el camino recto; desde mi juventud he seguido sus huellas. Incliné un poco mi oído y la recibí, y encontré una gran enseñanza”.La sabiduría es pues, a la vez:-una actitud concreta, una conducta vital y moral...«Avanzar por el camino recto... seguir sus huellas...»-una fineza intelectual, un estar a la escucha de la verdad... «inclinar el oído... adquirir enseñanza»...
Así pues, la Fe es siempre indisolublemente «adhesión de la mente y del corazón»... y un «estilo de vida» que atañe a todo el ser.
-“Gracias a ella he progresado; a quien me dio sabiduría daré gloria, porque decidí ponerla en práctica, tuve celo ardiente por el bien”...Idea de «progreso».La sabiduría no es algo adquirido de una vez para siempre.Es una realidad viva que se desarrolla o vegeta. «Caminando se hace camino».Practicando la sabiduría, ejerciéndola, se la hace crecer.Mi alma ha luchado por ella...No parece pues cosa fácil. Requiere mucho esfuerzo.
-“He prestado atención a practicar la "Ley"”.Para un judío la Ley era la estructura misma de la vida: la voluntad de Dios, expresada en los detalles concretos de cada día, es fuente de sabiduría.
-“He tendido mis manos hacia el cielo y he llorado por no haberla conocido”.Sí, las cosas no han ido siempre bien. Larga plegaria con "las manos tendidas hacia el cielo".
-“Logré con ella dominar mi corazón, por eso no quedaré abandonado”.Admirable fórmula: “he logrado dominar mi corazón”. ¡Si fuera esto verdad, Señor! (Noel Quesson).
3. El Salmo subraya: “La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo”. Ojalá pudiéramos también nosotros afirmar, al final de una jornada, o de un año, o de la vida, que nos hemos dejado guiar por la verdadera sabiduría, la de Dios, sin hacer mucho caso a otras palabras y otras propagandas que nos bombardean continuamente. Escuchamos muchas veces la Palabra de Dios, la que nos dirige el Maestro que Dios nos ha enviado, Cristo Jesús: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle». Pero ¿podemos decir que se nos pega su sabiduría, su visión de las cosas?; ¿que se nos va comunicando poco a poco la mentalidad de Dios, la que aparece en las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, sobre todo en el evangelio de Jesús?
“Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos. El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos, apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales”. La Palabra de Dios no es una doctrina que hay que saber como recuerdo histórico: es palabra viva dicha para nosotros hoy y aquí. Una palabra y una sabiduría que tiene fuerza para iluminar y transformar todos los posibles vericuetos de nuestra vida. Seguimos a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Tenemos, por tanto, más motivos que el Sirácida para alegrarnos de tener la sabiduría de Dios muy cerca. En nuestro estilo de conducta y en las decisiones que vamos tomando, se tendría que notar que Jesús, el Maestro, nos va enseñando sus caminos (J. Aldazábal).
Llucià Pou Sabaté

Viernes de la semana 8 de tiempo ordinario

Viernes de la semana 8 de tiempo ordinario; año impar

El episodio de la “higuera seca” es un estimulo para dar fruto, con la oración y el amor manifestado en las buenas obras.
«Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. Al ver de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó por si encontraba algo en ella, y cuando llegó no encontró más que hojas, pues no era tiempo de higos. E increpándola, dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y sus discípulos lo estaban escuchando.Por la mañana, al pasar vieron que la higuera se había secado de raíz. Y acordándose Pedro, le dijo. “Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.” Jesús les contestó: “Tened fe en Dios. En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Arráncate y échate al mar sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá. Y cuando os pongáis de pie para orar perdonad si tenéis algo contra alguno, a fin de que también vuestro Padre que está en los Cielos os perdone vuestros pecados” (Marcos 11, 12-14, 20-26).
1. Jesús “sintió hambre”. ¡Qué humano eres, Señor! Tienes también hambre de nuestro amor, y quiero corresponder mejor a partir de hoy. Aquel día, al no encontrar más que hojas en aquella higuera, le dijiste: -«Nunca jamás coma nadie de ti.»” Jesús, esta maldición es un enigma para mí, la explicarás más tarde, con la "purificación" del Templo, cuando entraste en él y echaste a los cambistas. Quizá quieres decirme que el culto del templo era falaz, y que en nombre de Dios oprimían al extranjero, al huérfano y a la viuda, pues citaste al profeta: “Robáis, matáis y venís luego a poneros delante de mí... ¿Es este Templo una cueva de bandidos?” Y citas también: "Ya no habrá más mercaderes en el templo del Señor, en ese día".
Y los instruías, diciendo: -“¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos?” Entiendo que lo de la higuera va unido a que demos fruto de oración auténtica, y no seamos como ellos una «cueva de bandidos» y de ajetreo de cosas y comercio. Señor, te pido que me ayudes a cuidar mi vida de oración, para tener más fe. Así les dijiste al día siguiente, al ver la higuera seca: -«Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tírate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá”. Ahora entiendo que estás hablando de oración, pues sigues diciendo: “Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis”.
Veo también que la oración va unida al amor y su fruto más alto, el perdón: “Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas» (Mc 11,11-26).
Fe es esperar de Dios, no de nosotros mismos ni de nuestras obras. La fe lleva a los frutos de amor, cito a continuación algún párrafo de San Josemaría: “Jesús maldice este árbol, porque ha hallado solamente apariencia de fecundidad, follaje. Así aprendemos que no hay excusa para la ineficacia. Quizá dicen: no tengo conocimientos suficientes… ¡No hay excusa! O afirman: es que la enfermedad, es que mi talento no es grande, es que no son favorables las condiciones, es que el ambiente… ¡No valen tampoco esas excusas! ¡Ay del que se adorna con la hojarasca de un falso apostolado, del que ostenta la frondosidad de una aparente vida fecunda, sin intentos sinceros de lograr fruto! Parece que aprovecha el tiempo, que se mueve, que organiza, que inventa un modo nuevo de resolver todo… Pero es improductivo. Nadie se alimentará con sus obras sin jugo sobrenatural”.
Te pedimos, Señor, “que seamos almas dispuestas a trabajar con heroísmo feraz. Porque no faltan en la tierra muchos, en los que, cuando se acercan las criaturas, descubren sólo hojas: grandes, relucientes, lustrosas. Sólo follaje, exclusivamente eso, y nada más. Y las almas nos miran con la esperanza de saciar su hambre, que es hambre de Dios. No es posible olvidar que contamos con todos los medios: con la doctrina suficiente y con la gracia del Señor, a pesar de nuestras miserias”.
Te pedimos, Señor, aprovechar las ocasiones que nos concedes. “No existen fechas malas o inoportunas: todos los días son buenos, para servir a Dios. Sólo surgen las malas jornadas cuando el hombre las malogra con su ausencia de fe, con su pereza, con su desidia que le inclina a no trabajar con Dios, por Dios. ¡Alabaré al Señor, en cualquier ocasión! El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!”
Recuerdo un amigo que quedó impactado por estas palabras, decía que hacía mucho tiempo que no veía un cura y no se confesaba, que se dejaba ir por la poltronería y la dejadez, lo más placentero… no estaba contento de sí mismo. Al leer esas palabras del comentario de la escena de la higuera que no daba frutos y que quedaba seca, fue a confesarse y se quedó en paz. “No nos servirá ninguna disculpa. El Señor se ha prodigado con nosotros: nos ha instruido pacientemente; nos ha explicado sus preceptos con parábolas, y nos ha insistido sin descanso. Como a Felipe, puede preguntarnos:hace años que estoy con vosotros, ¿y aún no me habéis conocido? Ha llegado el momento de trabajar de verdad, de ocupar todos los instantes de la jornada, de soportar -gustosamente y con alegría- el peso del día y del calor”.
2. Vemos una galería de personajes desde Henoc y Noé hasta Nehemías y el sumo sacerdote Simón. Es como un álbum de fotos familiar, en que se recuerdan con su correspondiente elogio muchos nombres que han dejado huella en la historia del pueblo: «los hombres de bien, porque sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos». El recuerdo es la memoria,re-cordar es revivir-en-el-corazón. Algunos son anónimos: “de otros no ha quedado recuerdo, desaparecieron como si no hubieran existido, así como sus hijos”. En efecto, al lado de los hombres ilustres que marcaron la evolución de la historia se encuentran los humildes, los desconocidos. En mi propia familia pienso en mis abuelos, en mis bisabuelos más alejados... en todos aquellos cuya sangre tengo. Algo de sus pecados y de sus virtudes debió sin duda pasar a mí. Ruego por ellos. Si HOY tengo fe, la debo sin duda a tales o cuales de sus búsquedas, de sus generosidades. En la genealogía de Jesús había también santos y pecadores, creyentes y no-creyentes. Decía un buen obispo (Tihamer Toth, en El joven creyente) a un chico que alegaba que sus problemas de carácter le venían por la herencia recibida, por genética: “conforme, esas tendencias (de genio, de desorden, o castidad…) pueden no ser pecado, puedes llevarlas de serie, pero si luchas todo irá mejor, para ti y los demás, y transmitirás, a tus hijos una tradición mejorada con tu lucha, un mundo mejor”. Y lo mismo pasa con las virtudes, con las tendencias asentadas en esa herencia cultivada por gente santa… Esta idea me hace pensar en mi propia responsabilidad: mis luchas actuales se inscriben en un linaje, en una solidaridad. ¿Qué transmitiré, humildemente, a las futuras generaciones?
-“No sucede lo mismo con los hombres misericordiosos, cuyas acciones justas no han pasado al olvido”. Ben Sirac valora la «misericordia» como uno de esos valores seguros y de sólida duración. Hacer el bien = Beneficios. Cosas bien hechas. ¿Qué «beneficios» dejaré a los demás? No esperar a mañana. ¿Soy bueno, misericordioso? Es una exigencia esencial del evangelio, que Jesús creyó buena y conveniente para repetirla en cada oración: «así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.» Me detengo a examinar mi vida concreta y mis relaciones sobre este asunto.
-“Con su linaje esos tales permanecen, su descendencia es pues una rica herencia”. Nos extraña ver, a través de frases como éstas, cuán imperfecta era todavía la esperanza de esos hombres piadosos del Antiguo Testamento. No tenían todavía la revelación de Jesucristo que con su resurrección nos aportó. Por lo tanto, ¡sólo podían asirse a esa frágil esperanza de «sobrevivir» en su posteridad... y en el recuerdo de los que vendrán después! Es muy poco. No olvidemos que ésta es también HOY, la única esperanza de muchos hermanos nuestros que no creen en la resurrección. Concédenos, Señor, la Esperanza verdadera. Concédenos la gracia de vivir realmente nuestra Fe en el misterio Pascual. Haz de nosotros unos testimonios fieles de este misterio, entre nuestros hermanos sin esperanza.
-“Su linaje se mantuvo fiel a las alianzas, y sus hijos gracias a ellos”. La transmisión de la Fe. Hoy sabemos mejor que no es automática. Y muchos padres sufren por no haber podido, aparentemente, transmitir a sus hijos «aquello que más hondamente llevan en el corazón». Pero esto no dispensa de procurarlo y de ser, por lo menos, unos "testigos de la Fe" para sus hijos: el resto es el secreto de Dios. ¿Qué oración me sugiere este pensamiento? (Noel Quesson).
3. Sumergidos en «la comunión de los Santos», cantamos bien acompañados con todos los que nos han precedido: “¡Aleluya! ¡Cantad a Yahveh un cantar nuevo: su  alabanza en la asamblea de sus amigos!”, cantemos al Señor nuestro Rey, todos “alaben su nombre con la  danza, con tamboril y cítara salmodien para él! Porque Yahveh en su  pueblo se complace, adorna de salvación a los humildes. Exalten de  gloria sus amigos, desde su lecho griten de alegría: los elogios de Dios en  su garganta, y en su mano la espada de dos filos; para aplicarles la  sentencia escrita: ¡será un honor para todos sus amigos!”
Llucià Pou Sabaté

Jesucristo. Sumo y Eterno sacerdote

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

En la santa Cena nos da el sacrificio de su entrega, que nos salva: “Esto es mi cuerpo. Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre”
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo:–“He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios.” Y tomando una copa, dio gracias y dijo:–“Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.”Y tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo:–“Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.”Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:–“Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros” (Lucas 22,14-20).
1.  Hoy, Señor, nos invitas a adentrarnos en tu maravilloso corazón sacerdotal. Admiramos tu corazón de pastor y salvador, que se desvive por tu rebaño, al que no abandonarás nunca. Un corazón el tuyo, que manifiesta “ansia” por los suyos, por nosotros: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22,15). Jesús, con corazón de sacerdote y pastor manifiestas tus sentimientos, especialmente, en la institución de la Eucaristía, en la Última Cena, donde vas a instituir el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, misterio de fe y de amor.
Por lo mismo que Dios ama, creó el mundo: ¡Cuánta maravilla, cuánta belleza!: "¡Oh montes y espesuras, / plantados por la mano del Amado!, / ¡oh, prado de verduras de flores esmaltado!, / decid si por vosotros ha pasado" (San Juan de la Cruz). Creó los hombres. Los hombres desobedecieron y pecaron (Gén 3,9). El pecado es un desequilibrio, un desorden, como un ojo monstruoso fuera de su órbita, como un hueso desplazado de su sitio, buscando el placer, la satisfacción del egoísmo, de la soberbia. Como un sol que se sale del camino buscando su independencia. Frustraron el camino y la meta de la felicidad. De ahí nace la necesidad de la expiación, del sufrimiento, del dolor, por amor, para restablecer el equilibrio y el orden. Dios envía una Persona divina, su Hijo, a "aplastar la cabeza de la serpiente", haciéndose hombre para que ame como Dios, hasta la muerte de cruz, con el Corazón abierto.
Tú, Jesús, eres nuestro salvador, sacerdote para siempre, perfecto mediador por ser Hombre Dios, el Siervo de Yavé, que, "desfigurado no parecía hombre, como raiz en tierra árida, si figura, sin belleza, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, considerado leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes, como cordero llevado al matadero", inicias la redención de los hombres, sus hermanos. Tú eres la Cabeza, a la que quieres unir a todos los hombres, que convertidos en sacerdotes, darán gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu, e incorporados a la Cabeza, serán corredentores con El de toda la humanidad. El Padre, cuya voluntad has venido a cumplir, te ha constituido Pontífice de la Alianza Nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinando, en su designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio. Para eso, antes de morir, eliges a unos hombres para que, en virtud del sacerdocio ministerial, bauticen, proclamen tu palabra, perdonen los pecados y renueven tu propio sacrificio, en beneficio y servicio de sus hermanos.
"Él no sólo ha conferido el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Ellos renuevan en su nombre el sacrificio de la redención, y preparan a sus hijos el banquete pascual, donde el pueblo santo se reúne en su amor, se alimenta con su palabra y se fortalece con sus sacramentos. Sus sacerdotes, al entregar su vida por él y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y así dan testimonio constante de fidelidad y amor" (Prefacio).
El sacerdote intercede ante Dios, le hace propicio, le da gracias, da a Dios el culto debido. Impetra sus dones. El sacerdote ama. Ha reservado su corazón para ser para todos. El sacerdote es antorcha que sólo tiene sentido cuando arde e ilumina. El sacerdote hace presente a Cristo. En los sacramentos y en su vida. Es el alma del mundo. Donde falta Dios y su Espíritu él es la sal y la vida. No hace cosas sino santos. Todos hemos de ser santos, pero sin sacerdotes difícilmente lo seremos. Es grano de trigo que si muere da mucho fruto. Hemos de pedir al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies.
2.  El canto de Isaías habla de ti, Jesús; está maravillosamente explicado como tomas nuestros pecados y los hace tuyos, al tomar la cruz cargas con ellos: “Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito”.
Este “evangelio” de la Pasión, escrito siglos antes de tu llegada, Jesús, explica paso a paso lo que te pasó en cada uno de tus sufrimientos… “como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron”…
Al contemplar este sacrificio que nos salva, que te costó tu sangre, quisiera, Jesús, pedirte que graves en mi alma tus sentimientos, para poder participar de tu misión, ser corredentor contigo: “Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores”. Con estas últimas palabras abiertas a la esperanza, se ve tu obra, Señor, y que nos abres las puertas del cielo cuando te das por amor hasta la muerte.
Hebreos explica que por medio del Sacrificio expiatorio de Cristo hemos sido santificados de tal forma que, perdonados nuestros pecados, hemos sido consagrados para poder acercarnos al Dios vivo y poder, así, participar de la ciudad celeste. Así se ha cumplido lo que el Espíritu Santo prometió en las Sagradas Escrituras: Que nos perdonaría nuestras culpas y olvidaría para siempre nuestros pecados. Los que por medio de la fe aceptamos a Cristo y su oferta de salvación, junto con Él participamos ya desde ahora de la Vida que Él nos ofrece, y que llegará a su plenitud en nosotros cuando junto con Él, mediante su Sangre derramada por nosotros, estemos eternamente con Dios, santos como Él es Santo.
3. Es lo que hoy celebramos en tu fiesta, Cristo Sacerdote perfecto, y hoy nos cantas con el Salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número”. Quisiera participar de tu corazón, Señor, y hacer también yo la voluntad de Dios.
Luego nos cuentas que tu alma estaba preparada para realizar este nuevo sacrificio que viene de tu obediencia: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. Entonces yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”.
Son las maravillas que Dios ha hecho a favor nuestro. No te has reservado nada, Señor, y por eso tu entrega ha dado fruto, el que tú como Hijo te ofrezcas consciente de ser instrumento de nuestra redención: “He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea”.
Virgen Santísima, tú eres Madre del Sumo y eterno sacerdote, a ti nos acogemos para que se haga en nosotros la salvación que tu hijo nos ofrece.
Llucià Pou Sabaté