martes, 14 de abril de 2015

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

Miércoles de la semana 2 de Pascua

Jesús se nos entrega, nos da la luz para iluminar la vida, y fuerza para caminar
«Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. Pero el que obra según la ver- dad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.» (Juan 3, 16-21)
1. -“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único -leemos en el Evangelio-, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna.” No queremos seguir en la noche, sino que se haga de luz en nuestras vidas. Queremos corresponder a tanto amor de Dios: «Que nuestra vida sea manifestación y testimonio de esta verdad que conocemos» (oración de las ofrendas). Como Tomás, a veces nos falta fe, pero el proyecto de Dios no es de condenación, ni de juicio, sino de vida eterna y salvación:
-“Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. El juicio se concreta en la adhesión a Cristo, la luz que vino al mundo, y en el rechazo de las tinieblas, de las obras malas. La motivación y la finalidad del don o del envío por Dios del Hijo único es el amor («tanto amó Dios al mundo»), «para que tengan vida eterna», «para que el mundo se salve por Él».
-“Quien cree en el Hijo no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. Aunque existe la triste posibilidad de escoger las tinieblas:
-“Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras son malas...” Como comenta San Agustín: «Amaron las tinieblas más que la luz... Muchos hay que aman sus pecados y muchos también que los confiesan. Quien confiesa y se acusa de sus pecados hace las paces con Dios. Dios reprueba tus pecados... Deshaz lo que hiciste para que Dios salve lo que hizo. Es preciso que aborrezcas tu obra y que ames en ti la obra de Dios. Cuando empiezas a desterrar lo que hiciste, entonces empiezan tus obras buenas, porque repruebas las tuyas malas. El principio de las obras buenas es la confesión de  las malas. Practicas la verdad y vienes a la luz. ¿Qué es practicar la verdad? No halagarte, ni acariciarte, ni adularte tú a ti mismo, ni decir que eres justo, cuando eres inicuo. Así es como tú empiezas a practicar la verdad, así es como vienes a la Luz». Luz en un mundo entenebrecido por el pecado, quiere dar sentido a nuestro caminar. Obrar en la verdad es la mejor manera de vivir en la luz: vivir en el amor. Dejarnos penetrar por el amor de Dios “que entregó a su Hijo unigénito”, y buscar corresponderle con nuestra entrega.
2. Los apóstoles vuelven hoy a ser encarcelados, ya lo habían sido otra vez, por su predicación. Cada detención va seguida de una liberación providencial, que nos recuerda el paso de la esclavitud a la liberación, que es la Pascua: de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la Cruz a la Resurrección, esa es la gracia que nos da la presencia de Jesús, nuestra unión con Él. Hoy se nos dice: En aquellos días el sumo sacerdote y los de su partido –los saduceos- mandaron prender a los apóstoles y meterlos en la cárcel común. Y así lo hicieron. Pero por la noche un ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: Id al templo y explicad allí al pueblo este modo de vida.
Al amanecer, ellos entraron en el templo y se pusieron a enseñar... El comisario salió con los guardias y se los trajo de nuevo a la cárcel, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease”.
Los Apóstoles necesitan predicar, dejan actuar en sus vidas al Espíritu Santo, y por eso tienen contradicciones. Este paso de la noche a la luz, cuando ya de día van a predicar al Templo, nos recuerda que Jesús en su resurrección es la luz, que rompe las tinieblas de la noche Santa, cuando en la Vigilia Pascual se hace la luz en el mundo con su Resurrección. Pero así como en la Pascua del nacimiento de Belén, también ahora, cuando vino la luz al mundo, muchos hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal aborrece la luz... Nos vienen a la cabeza las palabras de Jesús en la Cruz: “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”, la ignorancia de los que le están matando, los magnates que ordenan su muerte, y esa ignorancia es motivo, como una palanca para la conversión que Jesús pide al Padre para ellos. Esteban también rezará por los que le matan, con las mismas palabras de Jesús: pide perdón para ellos “que no saben lo que hacen”. También san Pedro dirá a los judíos que han matado a Jesús por ignorancia, y les anima a que se conviertan y pasen al conocimiento de Jesús. La ignorancia más grande es la de los que no saben amar, al no conocer el Amor en Persona, y en ese no saber, en el ignorar, hay una base para que se produzca esa transformación que es el pedir perdón, es como la liberación del ángel, que abre la cárcel como vemos hoy, es el “Lázaro, ven fuera” que pronunció Jesús al resucitarlo. Es el “niña, levántate” en otra de las resurrecciones. Dios hace milagros. Los sigue haciendo cuando libera al hombre “del aguijón de la muerte (que) es el pecado”, de su ira, impaciencia, pereza. Estamos prisioneros de nuestro mal genio y de tantas cosas, cuando viene el “ángel” de la gracia de Dios a ayudarnos a que rectifiquemos las cosas, que volvamos a la vida, a la paz, al amor. Así pedimos en las oración de la misa de hoy: «Que el misterio pascual que celebramos se actualice siempre en el amor». Así, no tendremos miedo, por la gracia del Espíritu Santo, como recuerda San Juan Crisóstomo: «Muchas son las olas que nos ponen en peligro y una gran tempestad nos amenaza; sin embargo, no tememos ser sumergidos, porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca; aunque se levanten las olas nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Nada trajimos al mundo, de modo que nada podemos llevarnos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir si no es para vuestro bien espiritual. Por eso os hablo de lo que ahora sucede, exhortando vuestra caridad a la confianza».
3. Demos gracias al Señor, porque en Jesús hemos vencido a todo mal: «Jesucristo, nos amaste y lavaste nuestros pecados con tu sangre» (aleluya). Con la confianza que nos muestran los apóstoles, de que el Señor nos libera de toda ansia y temor malo, rezamos con el Salmo: «Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor, ensalcemos juntos su nombre». Sintiéndonos amados y protegidos por Dios, vivamos con fidelidad en su presencia, de tal forma que toda nuestra vida se convierta en una continua alabanza de su santo Nombre.
“Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias. Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”. Él jamás abandonará a los suyos, pues es nuestro Dios y Padre. Él sabe que somos frágiles e inclinados a la maldad desde muy temprana edad; por eso envió a nuestros corazones su Espíritu Santo, para que nos fortalezca y desde nosotros dé testimonio de la Verdad, del Amor y de la rectitud que se espera de quienes ya no se dejan guiar por los propios caprichos y pasiones, sino por Aquel que habita en nuestros corazones como en un templo (homiliacatolica.com
 
).

-“Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a Él”. Según san Agustín, «el que medita día y noche la Palabra del Señor, es como si rumiase y encontrase deleite en el sabor de esa Palabra divina dentro del que podría llamarse paladar del corazón».
Llucià Pou Sabaté

lunes, 13 de abril de 2015

Martes de la 2ª semana de Pascua

Martes de la semana 2 de Pascua

El amor es lo que une la familia de hijos de Dios.
«No te sorprendas de que te haya dicho que os es preciso nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? Contestó Jesús: ¿Tú eres maestro en Israel y lo ignoras? En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él» (Juan 3, 7-15)
1. Sigue el diálogo de ayer de Jesús con Nicodemo, sobre el don de la vida eterna para todo el que cree en Jesús como enviado e Hijo de Dios. Nicodemo le preguntó algo parecido a lo que pregunta la Virgen, y que es señal de estar atentos a lo que Dios quiere, para obedecer: -«¿Cómo puede suceder eso?» Le contestó Jesús: - «…nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.»” Estas palabra adquieren nueva perspectiva desde la Pasión y Resurrección: Jesús sube al monte de la cruz, para atraernos hacia arriba, hacia el cielo. Cuentan de hace muchos años, cuando un voluntario del Hospital de Stanford, conoció a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatirla. El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Dudó por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: Si, lo hare, si eso salva a Liz. Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Él miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: ¿A qué hora empezare a morirme? Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aún así, se la daba. Es lo que ha venido a hacer Jesús. Nos ha dado toda su vida, su sangre redentora, para que nosotros tuviéramos vida en Él.
Es esa vida nueva como hijos de Dios, lo que Jesús nos da en el Evangelio; es la vida de la Nueva Alianza del Amor, que se puede resumir en tres cosas, que expresan toda su esencia:
a) todo lo que necesitamos y rezamos está en la oración que Jesús rezó, que nos enseñó: el “Padre nuestro”. Es lo que expresa nuestra FE. Jesús como Verdad; es nuestra filiación divina;
b) todo lo que enseñó con esta vida como Camino para vivir auténticamente está en las Bienaventuranzas, es la ESPERANZA; y
c) todo lo que es Jesús, Él mismo, vivo, nos lo da en la Eucaristía, que es la Vida, la CARIDAD; así vemos estas tres formas en que es Camino (Bienaventuranzas), Verdad (Padrenuestro, somos hijos de Dios) y Vida (Eucaristía, nos da la Vida allí); y también las tres virtudes teologales: Fe (en que somos hijos de Dios Padre), Esperanza (en el camino de la Cruz, las Bienaventuranzas, encontramos la felicidad, el Cielo), y Caridad (el Amor hecho Eucaristía, que nos enseña a amar).
Es entrar en el misterio de sentirnos hijos de un Padre que nos quiere con locura. Es entrar en el misterio del amor de Jesús con su Padre. Hace poco en el colegio un niño pequeño me pidió un caramelo y le dije que se lo daría si me respondía una pregunta; y le dije: “-Explícame el misterio de la santísima Trinidad”. Cuál fue mi sorpresa cuando el niño contestó: “Esto lo sabrás en el cielo”. Se ganó el caramelo.
En Jesús tenemos la plenitud de la vida, que no está tanto en hacer cosas sino en amar, pues no consiste tanto en hacer todo perfecto sino en dejarse amar por ese Dios encarnado que ha muerto y resucitado por nosotros. Así, también nosotros tenemos esa Vida cuando hacemos vida la suya, pues no consiste tanto esa nueva vida en cumplir todas las leyes, sino que “al caer la tarde, seremos juzgados en el amor” (S. Juan de la Cruz); al atardecer de la vida, no se nos mirará como al niño que va a cenar “a ver si tienes las manos limpias”, sino sobre todo “a ver si tienes las manos llenas” de amor, ahí está la auténtica ley. Pues la salvación es un don abierto a todos a manos llenas, que Dios nos envía, y todo depende de que queramos dilatar el corazón, por el amor que damos, para que quepa el Amor que Dios nos quiere dar. Pedimos a la Santísima Virgen que con ella estemos todos unidos, como los primeros cristianos en el Cenáculo (en la Eucaristía): con “un solo corazón y una sola alma”.
2. Leemos hoy un nuevo resumen de la vida de la primera Iglesia, la familia de Jesús, y vemos cómo se busca la concordia entre los hermanos, el perdón y la armonía: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles”. Ese amor entre los hermanos hace ver la unidad de la Iglesia. Es el “mirad cómo se aman” que se decía de los primeros cristianos, o como cantamos en el Ubi caritas: “cesen las disputas malvadas y los conflictos, para que viva entre nosotros Cristo Dios”, y también dirá san Pablo: “un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo” (Ef 4,5), así como Dios es uno en la Iglesia hemos de estar todos unidos en el Amor, tal como pidió Jesús al Padre en la última Cena: “que todos sean uno, como Tú Padre en mí, y yo en ti, que así ellos estén en nosotros” (Jn 17,21), así nos quería Jesús bien metidos en la relación de Jesús y el Padre.
La renuncia de las riquezas de Bernabé y otros hablan del desprendimiento y sencillez de corazón, y se intuye ahí un sistema organizado de ayuda a los necesitados: amor y desprendimiento van unidos. Jesús decía que no se puede amar a Dios y a las riquezas, y podríamos añadir que si uno pone el corazón en las cosas, éstas ejercen un poder de atracción como el anillo de “El Señor de los anillos”, que va tomando nuestra voluntad hasta ser esclavo de esa idolatría, el “dios don dinero”, que es como un cáncer, y entonces no cabe el amor en el corazón pues el cáncer se ha hecho con todo el espacio. Jesús nos habló de esto en el «monte de las Bienaventuranzas», este monte está en realidad en el corazón de los que tienen a Jesús, que nos trae la paz y belleza, la libertad para servir, para la misión, la confianza total en Dios, que se ocupa de las flores del campo, pero sobre todo de sus hijos. Estas crisis actuales son de egoísmo, y se vencen con la generosidad, con la solidaridad, y así “el hermano ayudado por el hermano es una ciudad amurallada” (Prov 18,19), estamos todos seguros.
3. El Salmo canta la realeza de Dios, que reina sobre todo y su trono es firme y eterno:“El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder. / Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno. / Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término”.
Llucià Pou Sabaté

domingo, 12 de abril de 2015

Lunes de la semana 2ª de Pascua

Lunes de la semana 2 de Pascua

Jesús nos invita a nacer de nuevo, a una vida de la gracia, de hijos de Dios.
Había entre los fariseos un hombre importante, llamado Nicodemo. Una noche fue a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no está Dios con él». Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo? ¿Es que puede volver al seno de su madre y nacer de nuevo?». Jesús respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañe que te diga: Es necesario nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere; oyes su voz, pero no sabes de dónde viene y a dónde va; así es todo el que nace del Espíritu»” (Juan 3,1-8).
1. A partir de hoy, durante todo el Tiempo Pascual, leeremos el evangelio de Juan. Empezando durante cuatro días por el capítulo tercero, el diálogo entre Jesús y Nicodemo, fariseo y doctor de la ley. Los diálogos que recoge Juan dan viveza a la escena. El de hoy no tiene desperdicio: se trata del nacimiento a ser hijos de Dios, al misterio del Reino: “fue a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces si no está Dios con él». Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios»”. Jesús no impone: propone, conduce, se pone a la altura de Nicodemo y le ayuda paso a paso, a profundizar más en la fe, en el bautismo, que es un nacimiento en el Espíritu, y nos viene muy bien recordar las promesas bautismales que renovamos en la Vigilia Pascual para comprometernos en la dignidad que hemos adquirido y vivir esa nueva vida
 Es el gozo en el Espíritu, que nos recuerda el Ofertorio de hoy: «Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo, y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo de tanta alegría, concédenos participar de este gozo eterno». Comenta San Juan Crisóstomo: «En adelante nuestra naturaleza es concebida en el cielo con Espíritu Santo y agua. Ha sido elegida el agua y cumple funciones de generación para el fiel... Desde que el Señor entró en las aguas del Jordán, el agua no produce ya el bullir de animales vivientes, sino de almas dotadas de razón, en las que habita el Espíritu Santo». Y San Agustín: «No conoce Nicodemo otro nacimiento que el de Adán y Eva, e ignora el que se origina de Cristo y de la Iglesia. Sólo entiende de la paternidad que engendra para la muerte, no de paternidad que engendra para la vida. Existen dos nacimientos; mas él sólo de uno tiene noticia. Uno es de la tierra y otro es del cielo; uno de la carne y otro del Espíritu; uno de la mortalidad, otro de la eternidad... Los dos son únicos. Ni uno ni otro se pueden repetir».
“Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo viejo? ¿Es que puede volver al seno de su madre y nacer de nuevo?». Jesús respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañe que te diga: Es necesario nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere; oyes su voz, pero no sabes de dónde viene y a dónde va; así es todo el que nace del Espíritu»” Ser bautizado, es renacer. Jesús, hijo de Dios se ha hecho hombre para que nosotros, hombres, nos hagamos hijos de Dios. Esto es todo lo que hoy pedimos, de la mano de María Santísima: Señor, haz que yo oiga cada día ese "viento" del "Espíritu" del que habla el Evangelio de hoy, ayúdame a hacerme pequeño para ver, pues "lo esencial es invisible para los ojos" (Saint-Exupery).
2. Los Hechos (4,23-31) nos cuentan este tiempo de Pascua la acción de la primitiva Iglesia, y la acción del Espíritu Santo que la guía continuando la misión de Jesús. Hoy nos cuenta que Pedro y Juan, después que fueran apresados y liberados, volvieron junto a sus hermanos. Sí. Después del milagro de la curación del tullido, Pedro y Juan pasaron una noche en la cárcel. ¡El primer Papa en la cárcel! por haber curado a un enfermo y haber anunciado la resurrección de Jesús. Hace poco, Benedicto XVI viajó a Gran Bretaña, y también algunos querrían denunciarlo y meterlo en la cárcel… Podemos rezar ahora por la libertad de la Iglesia: Te ruego Señor, por todos los que están «encarcelados» por haber dado testimonio de su fe... por todos los que tienen dificultad en ser testigos, porque el ambiente en que viven es opresivo y constituye a su alrededor algo así como una cárcel que les impide vivir y anunciar a Jesucristo.
Así dice hoy la lectura: “Puestos en libertad, fueron a reunirse con los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Después de escucharlos, hicieron todos juntos, en voz alta, esta oración a Dios: «Soberano Señor, tú eres el Dios que has hecho el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; el que por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen proyectos vanos? Se levantan los reyes de la tierra y los príncipes conspiran a una contra el Señor y su Mesías (del Salmo 2). Así ha sido. En esta ciudad, Herodes y Poncio Pilato se confabularon con los paganos y gentes de Israel contra tu santo siervo Jesús, tu Mesías, para hacer lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado que se hiciera”. Rezaron con confianza de hijos de Dios. Con paz. Ante la “agitación de las naciones?", lo primero, orar. Se sitúan delante de Dios. La vida con todas sus penas (encarcelamiento de dos Apóstoles) ha de confrontarse con la Palabra: eso es orar... ver nuestras cosas con ojos de Dios: “¿Por qué esas naciones en tumulto, y esos vanos proyectos de los pueblos?” Se pueden levantar los poderes de la tierra contra el Señor, pero Dios, desde el cielo nos dice que tengamos confianza, pues sigue ese salmo diciendo: "Os anuncio el decreto del Señor: Tú eres mi Hijo... te doy en herencia las naciones!" ¡Qué valentía y audacia debieron sacar de tales plegarias! Los vemos que se atreven a enfrentarse al Poder político y religioso de su época. Pedro, el que temblaba de miedo ante unas criadas del sumo sacerdote, ahora se halla lleno de audacia y valentía. Ser apóstol no depende de nuestras fuerzas, sino de dejar actuar a Dios; pues las cualidades que tenemos también son don de Dios, y Le pedimos ahora: Señor, que sea yo con mi vida testimonio de tu amor para todos los que me rodean. Así sigue la lectura: “Ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra, y extiende tu mano para curar y obrar señales y prodigios en el nombre de tu santo siervo Jesús». Acabada su oración,“tembló el lugar en que estaban reunidos, y quedaron todos llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con absoluta libertad la palabra de Dios”. Quedan “llenos del Espíritu Santo”… esto se repite continuamente la primitiva Iglesia. Es el tiempo del Espíritu Santo, que “es fruto de la Cruz” (san Josemaría), de la resurrección. ¡Envíanos, Señor, el soplo de tu Espíritu sobre nuestro tiempo! ¡Señor, llénanos de tu Espíritu, danos la gracia de serte fieles! Como acabamos de leer, viene el Espíritu después de rezar. También te pedimos, Señor, la constancia en la oración. Y como consecuencia, “predicaron la Palabra de Dios”, el apostolado. Es la compenetración entre «oración» y «acción». Pasan sin interrumpir de la oración a la proclamación del Evangelio (Noel Quesson).
Esta primera oración comunitaria de la Iglesia, que en medio de la persecución está muy unida, nos hace pensar que las dificultades en nuestras vidas hacen que nos unamos más, en la familia y en la Iglesia. Nos unimos en la oración, pero a veces parece que algo no sale bien, y entonces tenemos idea de que tenemos la culpa nosotros. Muchas veces no es así, sino que llega la cruz. Pero si ese pensamiento nos da paz,  y nos anima a mejorar, puede servirnos lo que San Agustín nos dice: «Cuando nuestra oración no es escuchada es porque pedimos mal, porque somos malos y no estamos bien dispuestos para la petición. Mal, con poca fe y sin perseverancia, o con poca humildad. Mal, porque pedimos cosas malas, o van a resultar, por alguna razón, no convenientes para nosotros».
3. Hemos visto también el temblor del lugar de la reunión, que se interpreta en la Escritura como asentimiento de Dios: Dios escuchó la oración de aquella comunidad. Los llenó de su Espíritu, en una renovada Pentecostés. La persecución, es decir cualquier pena, no ha de hundirnos sino unirnos con Dios y los demás. Los salmos nos ayudan a entender, no con la cabeza, sino con el corazón, esos planes ocultos de Dios. Los salmos se hacen vida en nuestras vidas. El salmo 2 ya citado en la primera lectura, por ejemplo, nos habla de que Dios ha constituido a su Hijo en Señor y Mesías de todo lo creado, y por eso nadie podrá oponerse al Plan de salvación divino. Y esa filiación del Hijo, ese anuncio de salvación, pasa por nosotros que somos hijos, a quien Dios dice “tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. Esto nos llena de esperanza.
Llucià Pou Sabaté

Domingo de la 2ª semana de Pascua. Ciclo B

Domingo de la semana 2 de Pascua; ciclo B

Con la Resurrección, Jesús nos entrega el Espíritu Santo con el que se derrama sobre nosotros la divina misericordia del Padre
 “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído»” (Jn 20,19-31).
1. “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Nos encontramos al final del día de Pascua, cuando han pasado muchas cosas. Primero Pedro y Juan fueron solos al sepulcro, avisados por las santas mujeres que no encontraron el cuerpo del Señor; María Magdalena volvió allí sola, y se le apareció Jesús Resucitado, fue a la primera a quien se apareció, se dirigió por encargo suyo a los discípulos para decirles que el Señor había resucitado. A su Madre debió presentarse dándola a conocer su estado glorioso y que ya no viviría como antes en la tierra; quizá le volvió a recordar que ya en la Cruz le había entregado a Juan como su hijo.... parece razonable pensar que María mantuvo contacto personal con su Hijo resucitado, para gozar también Ella de la plenitud de la alegría pascual. Los primeros testigos de la Resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres. Luego se apareció a aquellos dos que iban a Emaús. La tercera aparición fue a los apóstoles en el Cenáculo a puertas cerradas; y luego a los ocho días, que son las que leemos en el Evangelio de hoy; leeremos también dos apariciones más: la segunda pesca milagrosa y la sexta y última sería a los quinientos discípulos de Galilea en la montaña, a su Ascensión... Quizás habría más apariciones, pero no las relata el Evangelio.
“Paz a vosotros”… Jesús trae la paz, en su aparición la misma tarde del «primer día de la semana», cuando muestra a los Apóstoles las heridas de las manos y del costado. Tu paz, Jesús,  es la paz del corazón, la paz interior que has conseguido con tu muerte, y que me ofreces si me abro a tu amor.
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». La confesión sacramental es así un regalo pascual: “Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico”(Catecismo, 1442). Jesús, nos hablas del perdón de los pecados en conexión con la paz que nos ofreces. ¡Qué medio más impresionante es la Confesión para recuperar la paz! Gracias, Jesús, por habérmelo dado.
Jesús «sopla» sobre ellos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo». Jesús «recibe» el Espíritu Santo en la Cruz, y Él, junto con el Padre, se lo entrega a los Apóstoles, a la Iglesia. Jesús lo «envía» hoy, el día de Pascua (y según Lucas también a los 50 días). "Les dijo: Recibid el Espíritu Santo". San Pablo nos dirá que Cristo, que era ya el Hijo de Dios en el momento de su concepción -en el seno de María- por obra del Espíritu Santo, en la Resurrección es «constituido» fuente de vida y de santidad -«lleno de poder de santificación»- por obra del mismo Espíritu Santo. La nueva vida en Cristo es vida en el Espíritu.
Sopló sobre ellos”… Así como Adán fue hecho «alma viviente», gracias al «aliento de vida» que Dios «insufló en sus narices», Jesucristo, nuevo Adán, y Dios verdadero al mismo tiempo, envía el Espíritu con un soplo, es «espíritu que da vida», la fuente de la nueva vida de los cuerpos resucitados, como dirá san Pablo: «se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual». Nuestra espiritualización a semejanza de Cristo, hará que nuestro cuerpo regido por la mente se transforme en dejarnos llevar por el Espíritu.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Jesús irá a curar su incredulidad: Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído». Es hoy el domingo in Albis (blanco), de los que “no han visto y han creído”, pues los que fueron bautizados el domingo de Pascua iban con su vestido blanco a participar ya como cristianos en la Misa. Santo Tomás, que antes no quería creer, expresa su fe con las palabras más bonitas que nadie dedicó a Jesús: “Señor mío y Dios mío”. Y Jesús responde para los que creerán a lo largo del tiempo: “Porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron”. Y decía Juan Pablo II: “¡Y la bendición que el Resucitado pronunció en el coloquio con Tomás, dichosos los que han creído, permanezca con todos nosotros!”
Sobre todo ante el escepticismo actual, esa conversión de Tomás –junto a las dudas, incredulidad y terquedad con que hemos visto que reaccionan los apóstoles ante la noticia de la resurrección- nos ayuda a creer -llevar la inteligencia más allá de sus límites basándonos en la confianza- que es un modo de amar, como afirmaba Newman: “creemos porque amamos”. En la vida partimos de la fe –confianza en lo que nos han dicho- que conforma en nosotros unas creencias que en muchos casos podemos verificar. Por ejemplo, si vamos a Francia, ya conocemos por verificación la verdad de ese país, que conocíamos por creencia de lo que nos dijeron los libros y personas… Lo mismo nos pasa con las cosas de Dios: tenemos creencias hasta que conocemos la verdad, aquí o más allá, en el cielo. Por eso, es importante que cuando se participa mejor de la Verdad (por ejemplo, la libertad religiosa, o la salvación ofrecida a todos si siguen la voz de su conciencia…) no nos quedemos con nuestras creencias (por ejemplo la idea del limbo o de hacer Cruzadas) sino que hemos de dejar lo caduco y abrirnos a la Verdad. Jesús es la Verdad, y podemos ya dejar de lado aquellas creencias que eran muletas para llegar a la Verdad mientras no había esa evidencia. También, en nuestro corazón, podemos hablar de una cierta verificación de la fe, que es la paz que tenemos, y una cierta experiencia de Dios. Por tanto, la fe es en cierto modo también –a veces- experiencial, como dice el salmo: “gustad y ved qué bueno es el Señor”. Y esto, además, es el mejor apostolado para acercar a los que no creen aún en Jesús: Bienaventurados los que tengan oportunidad de ver los signos en los creyentes, porque ellos también lo serán.
2. Los Hechos narran hoy la vida de los primeros cristianos… "Todos pensaban y sentían lo mismo". En este segundo domingo de Pascua se celebra la fiesta de la Divina Misericordia, que Juan Pablo II instauró en el comienzo del milenio en este día en que acabamos la octava de Pascua. Misericordia quiere decir que Dios se pone en mi lugar, sufre por mis pecados en Jesús (Jn 3,16) y me salva. El sacramento de la confesión nos ayuda a participar de esta misericordia divina –la Iglesia nos lo recuerda con el precepto pascual de confesar y comulgar por lo menos una vez al año en estas fechas-. Los dos rayos de la imagen de la fiesta, Jesús resucitado con rayos de plata y sangre, agua del bautismo el plata y la Eucaristía el rojo... estos sacramentos son la esencia de la devoción a la Misericordia Divina, que entendió Santa Faustina Kowalska. El centro de la vida de la religiosa fue el anuncio de la misericordia de Dios con cada ser humano. Su legado espiritual a la Iglesia es la devoción a la Divina Misericordia, inspirada por una visión en la que Jesús mismo le pedía que se pintara una imagen suya con la invocación «Jesús, en ti confío» y de ahí surgió la fiesta de este domingo, como institución de la «Fiesta de la Misericordia», así dice haber oído del Señor: «Esta Fiesta surge de Mi piedad más entrañable... Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección... Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores». Jesús pidió que Sor Faustina se preparara para la celebración de la Fiesta de la Misericordia con una novena que debía comenzar el Viernes Santo, que acudamos –le decía Jesús- “a la fuente de Mi misericordia, a fin de que por ella adquieran fortaleza y consuelo en las penalidades, y aquella gracia que necesiten para salir adelante, especialmente en la hora de la muerte».
Juan Pablo II dijo: «Desde el principio de mi ministerio en la Sede Romana, hice de este mensaje mi tarea primordial. La Providencia me lo ha encargado ante la presente situación del hombre, de la Iglesia y del mundo. Podría también decirse que, precisamente esta situación, me ha llevado a hacerme cargo de este mensaje, como mi tarea ante Dios...», y la jaculatoria "Jesús, en ti confío" -dijo- «es un sencillo pero profundo acto de confianza y de abandono al amor de Dios. Constituye un punto de fuerza fundamental para el hombre, pues es capaz de transformar la vida». «En las inevitables pruebas y dificultades de la existencia, como en los momentos de alegría y entusiasmo, confiarse al Señor infunde paz en el ánimo, induce a reconocer el primado de la iniciativa divina y abre el espíritu a la humildad y a la verdad». «En el corazón de Cristo encuentra paz quien está angustiado por las penas de la existencia; encuentra alivio quien se ve afligido por el sufrimiento y la enfermedad; siente alegría quien se ve oprimido por la incertidumbre y la angustia, porque el corazón de Cristo es abismo de consuelo y de amor para quien recurre a Él con confianza». El papa Francisco también ha hecho de la ternura y la misericordia el centro de su programa.
Los primeros discípulos compartían lo que tenían, sin preocuparse demasiado por el día de mañana, y todos disfrutaban como hermanos de una misma propiedad. "Los creyentes tenían un solo corazón…" y dice san Agustín: “¿Acaso perdieron lo que poseían personalmente? Si lo hubieran poseído ellos solos y cada uno hubiese tenido lo suyo, hubiese poseído solamente eso; pero al hacer común lo que era particular pasaron a ser suyos también los bienes de los demás... De las cosas que cada uno posee en particular dimanan las riñas, las enemistades, las discordias, las guerras entre los hombres, los alborotos, las mutuas disensiones, los escándalos, los pecados, las iniquidades y los homicidios. ¿De dónde nacen estas cosas? De lo que cada uno posee en particular. ¿Acaso litigamos por lo que poseemos en común? Usamos del aire en común; al sol lo vemos todos. Dichosos, pues, quienes preparan la morada al Señor de tal modo que no encuentran gozo en lo particular y privado”.
Cristo cantó al finalizar la Última Cena el salmo que hoy leemos -así consta en las anotaciones de los salterios más antiguos- y con estos sentimientos nuestro Salvador se encaminó hacia la vía dolorosa. Hay una referencia a la pasión… El designio de su Padre era permanecer en la Cruz hasta el final. "Si no hubiera existido esa agonía en la Cruz, la verdad de que Dios es Amor estaría por demostrar" (Juan Pablo II).
También se profetiza la resurrección. “No he de morir, viviré”: "en realidad, es como decir: la muerte ya no será más la muerte. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte: Es Cristo quien da gracias al Padre no sólo por haber sido liberado, sino incluso por haber sufrido la Pasión" (S. Juan Crisóstomo). Jesús se aplicó explícitamente este salmo para concluir la parábola de los "viñadores homicidas": "la piedra que desecharon los constructores, se convirtió en la ¡piedra angular!". Jesús es esta "piedra" rechazada por los jefes de su pueblo (anuncio de su muerte), y que llegaría a ser la base misma del edificio espiritual del pueblo de Dios. Es el inicio de una nueva era y la Iglesia, en la noche de la Vigilia pascual y a lo largo de toda la Octava, saluda el nacimiento de ese día glorioso con el canto solemne de este salmo. ¡Este es el día que ha hecho el Señor! Y el día de los ramos, los mismos evangelistas señalan cuidadosamente que la muchedumbre aclamó a Jesús con las palabras del salmo: "¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!". Jesús cantó este salmo después de la comida de Pascua, cada año de su vida terrena, y particularmente la tarde del Jueves Santo, ya que formaba parte del Hallel al finalizar la comida Pascual.
3.Se ha escrito mucho sobre la posibilidad de que alguien descendiera de Jesús según la carne. Pero sabemos que la familia que Jesús inaugura no es según la carne, sino que son nacidos de Dios por la fe. Todos los que creen en Jesucristo son hermanos. Su familia es la Iglesia. Esencialmente todos en la Iglesia somos iguales, la misión o función es secundaria. El que cree que Jesús es el Cristo, nace de Dios. El amor es la prueba de que se pertenece a esa familia, pues sin amor el bautismo no tiene valor: “Quien no ama al hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?” La Virgen, nuestra madre, nos ayude a amar así.
Llucià Pou Sabaté

viernes, 10 de abril de 2015

Sábado de Pascua. Ciclo B

Sábado de Pascua; ciclo B

Jesús ha vencido la muerte, es nuestra fortaleza
«Habiendo resucitado, al amanecer el primer día de la semana se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos. Pero ellos, al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron. Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; también ellos regresaron y lo comunicaron a los demás; pero tampoco les creyeron. Por último, se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura»” (Marcos 16,9-15).
1.Los relatos de las apariciones parecen un puzle en distintas versiones. Aquí se nos hace un resumen ordenado: primero la Magdalena; la segunda aparición fue a los discípulos de Emaús. En tercer lugar los apóstoles.
María, que en la tradición latina es la "pecadora",  era ahora la favorecida. En casa de Simón el fariseo, Jesús ya lo había dejado entrever: "aquél a quien poco se le perdona, poco ama." Así, el pecado puede llegar a ser el inicio de una gran aventura espiritual. "Feliz falta, que nos ha valido un tal Redentor" canta la liturgia de la noche pascual, a propósito del pecado de Adán. Esto puede ser también verdad de nuestras faltas. Ella va a avisar a los demás según lo que le pide Jesús:
-“Pero ellos, oyendo que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron”. Luego son fuertes, como vemos en la primera lectura: Al poco tiempo se les encuentra formando una comunidad ferviente, que proclama con valentía en Jerusalén e incluso delante del sanedrín que le condenó, que Jesús vive. Evidentemente no han exagerado. Necesariamente algo ha de haber pasado.
-“Después de esto se mostró en otra forma a dos de ellos que iban de camino y se dirigían al campo. Estos, vueltos, dieron la noticia a los demás; ni aun a estos creyeron”. Decididamente eran duros de mollera. Al fin se manifestó a los once, estando recostados a la mesa, y les reprendió su incredulidad y su terquedad por cuanto no habían creído a los que le habían visto resucitado.
Feliz duda que nos proporciona una mayor certeza. No se trata pues de personas ingenuas o de iluminados... sino de gentes concretas, de inteligencia normal. Ayúdanos, Señor, en nuestras búsquedas y nuestras dudas, a conservar en nosotros una disponibilidad, una abertura...
Los evangelistas no nos dejan saciar nuestra curiosidad cuando sentimos la tentación de hacerles preguntas indiscretas: ¿Cómo se realizó la resurrección? ¿Qué fue de su cadáver? ¿Qué es un cuerpo resucitado? Solamente nos han dicho "lo que ellos han visto". Modestia admirable de los apóstoles que no hacen sino balbucear ese algo que sucedió, y que les constriñe a "cambiar de opinión”... como humildemente reconocen.
Después les dijo: "Id por todo el mundo y predicad la buena nueva a toda criatura". El envío a la misión. Hay que dar crédito a las maravillas de Dios... mientras esperamos verlas con toda claridad, al final (Noel Quesson).
El Señor nos ha enviado al mundo entero a predicar la Buena Nueva de salvación a todas las persones, y también toda la creación. No podemos continuar destruyéndonos unos a otros; no podemos mal utilizar ni malbaratar la creación, los recursos naturales.
2. Si somos conscientes de que Jesús es el único camino que nos conduce al Padre, ¿podremos guardar silencio y no proclamarlo ante todos? Vemos a los apóstoles obedecer al Señor en el mandato de anunciar el Evangelio, ser como auténticos profetas del Señor, sin dejarnos intimidar por los poderosos. También nosotros tenemos esta misión, que nos confías tú, Jesús resucitado. -Los miembros del gran consejo estaban maravillados, viendo la valentía de Pedro y Juan y enterados de que eran hombres sin instrucción ni cultura. Hacía solamente tres años que Pedro y Juan estaban reparando sus redes a la orilla del lago, puesto que eran pescadores. Efectivamente son gente «sin instrucción». Pero esos tres años los han pasado en la familiaridad de Jesús y, sobre todo, ellos han visto a Cristo resucitado. “La fe y el contacto cotidiano con la Palabra de Dios son capaces de transformar a los más humildes en hombres valientes y seguros de sí mismos. ¡Ayuda, Señor, a todos los bautizados a adquirir esa "seguridad"!”
Muchas personas sienten el peso de su soledad, se cierran en su mundo, quizá estaban tristes y abatidos esos apóstoles que vuelven a su ambiente, a su pesca, cuando Jesús les “repesca” y les da esta fuerza que hoy vemos… sentirse querido, que somos importantes para alguien, que estamos en la verdad, llenarnos de esperanza… son las fuentes de la fuerza para emprender cualquier cosa con entusiasmo. Han pasado apenas tres meses desde que ese mismo Pedro soslayaba las preguntas indiscretas que le hacía una criada en el patio del gran sacerdote, por miedo de dar a conocer su fe. Hoy, por su audacia apostólica deja maravillado a ese mismo gran sacerdote. ¿Qué ha pasado entre tanto? Pedro ha recibido el Espíritu. ¡Pentecostés ha intervenido aquí! Es la fuerza de Dios en el débil Pedro, es la inteligencia de Dios en la escasa instrucción de Pedro.
-“Los reconocieron, como «aquellos que habían estado con Jesús»”. Señor, hoy no puedo dejar de pensar en el sucesor de Pedro, en el Papa, que es hoy el encargado de «hablar» ante el tribunal del mundo entero, y no sólo ante el tribunal de Jerusalén. Da tu fuerza y tu luz al sucesor de Pedro. He aquí una definición de los apóstoles: «los que han estado con Jesús». Debería ser también la definición de todo cristiano: «los que están con Jesús» ¡Esto es lo que les ha transformado! Señor, quédate hoy conmigo. Señor, quédate hoy con todos los hombres. "El Señor esté con nosotros -Y con vuestro espíritu". Anhelo esencial, nunca suficientemente repetido. Que yo lo diga de veras en cada misa. ¿Se me tiene también como alguien que está contigo, Señor? ¿En qué se nota? En el anuncio de la resurrección. En la vida que emana de un ser. En el amor que emana de un ser.
-“¿Qué haremos con estos hombres? ¿Para que esto no se divulgue más?” El clima de la Iglesia primitiva nunca fue la «facilidad». La expansión de la fe no se hizo sin dolor y sin dificultades. Los hechos de los apóstoles son un largo relato de esfuerzos y de martirios.
-“¡Juzgad si es justo delante de Dios, obedeceros a vosotros más que a Dios!” En cuanto a nosotros, no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído. Se les comprende en parte. ¿Cómo guardar para sí esas cosas? ¿Cómo callarse, cuando se han visto tales cosas? ¿Cómo se puede vivir una vida cristiana individualista, cada uno para sí? ¿Cómo se puede ser cristiano, sin ser apóstol? Pero para ello, hay que haber hecho la experiencia, haber comprobado hasta qué punto Dios es una «buena nueva» para el hombre” (Noel Quesson). La “buena nueva”, es el mismo Cristo, el hijo de Dios, Emmanuel Dios, con nosotros. Es el nombre que se nos da para salvarnos, y queremos propagarlo por todo el mundo. San Juan Crisóstomo dice: «El mensaje que se os comunica no va destinado a vosotros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mundo. Porque no os envío a  dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envío a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas; sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo, por cierto muy mal dispuesto. Porque al decir: “Vosotros sois la sal de la tierra”, enseña que los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado. Por ello exige a todos sus discípulos aquellas virtudes que son más necesarias y útiles para el cuidado de los demás».
Cristo ha de ser anunciado, conocido y amado. Él es el que actúa por medio de los apóstoles de entonces y de ahora. Así lo expresa San Agustín: «Podemos amonestar con el sonido de nuestra voz, pero si dentro no está el que se enseña, vano es nuestro sonido... Os hable Él, pues, interiormente, ya que ningún hombre está allí de maestro».
3.“¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!” El paso del mar Rojo está también referido: “El Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación”. Ahí está el fundamento de toda fortaleza cristiana pues Jesús ha vencido al mundo. Nace un nuevo orden establecido con la victoria del rey: “Un grito de alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos: "La mano del Señor hace proezas, / la mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas"” Es un canto a la protección divina.
No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. / El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte. / "Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor". / "Esta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella". / Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación”. Somos salvados, y el Señor es nuestra victoria. El Señor nos ha liberado del pecado y de la muerte, nos llama a su gloria. Nos ayuda a ser fieles y dejarnos conducir por su Espíritu, que habita en nuestro corazón. Es lo que pide hoy la Colecta: «Oh Dios, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos, mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que, quienes han renacido por el Bautismo, obtengan también la resurrección gloriosa».
Llucià Pou Sabaté

jueves, 9 de abril de 2015

Viernes de Pascua. Ciclo B

Viernes de Pascua; ciclo B

Jesús resucitado está en nuestro trabajo y toda nuestra vida, para orientarnos hacia la salvación
Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así: estaban juntos Simón Pedro y Tomas, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús. Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces. Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces” (Juan 21,1-14).
1. El lago de Genesaret es un lugar privilegiado de la naturaleza: aguas dulces que bajan del Hermón hacia el Jordán. Vegetación arbolada y entorno de prados, en primavera todo lleno de hermosas florecillas. Temperatura deliciosa. Sembrado de puertos de pescadores. El Sermón del monte tuvo ese escenario. Nazaret está cercana, también Betsaida -lugar de nacimiento de Pedro, Juan, Felipe, Andrés y Santiago- Cafarnaúm -donde vivían Pedro y Andrés cuando Jesús les llamó definitivamente-, Magdala -lugar de la conversión de la mujer pecadora, Tiberíades -localidad romana de mala fama entre los judíos-, otras junto a pequeños puertos de pescadores, como Tesbhita, marco del texto de hoy:
Hallábanse juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado Dídimo, y Natanael, que era de Caná de Galilea, y los hijos del Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Díceles Simón Pedro: voy a pescar. Ellos respondieron: vamos también nosotros contigo. Fueron, pues, y entraron en la barca; y aquella noche no cogieron nada. Venida la mañana, se apareció Jesús en la ribera”. Pasa al lado de sus Apóstoles, junto a esas almas que se han entregado a Él: y ellos no se dan cuenta. ¡Cuántas veces está Cristo, no cerca de nosotros, sino en nosotros; y vivimos una vida tan humana!
-“Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no cogieron nada”. El fracaso. El trabajo inútil aparentemente. A cualquier hombre le suele pasar esto alguna vez: se ha estado intentando y probando alguna cosa... y después, nada. Pensemos en las propias experiencias, decepciones. No para entretenernos en ellas morbosamente, sino para ofrecértelas, Señor. Creo que Tú conoces todas mis decepciones... como Tú les habías visto afanarse penosamente en el lago, durante la noche, y como les habías visto volver sin "nada"...
Cristo está vecino, y no se lleva una mirada de cariño, una palabra de amor de sus hijos. San Josemaría Escrivá decía esto hablando del apostolado y especialmente de la actividad sacerdotal, que como Jesús a la orilla espera las almas que llevan los pescadores, metidos en su trabajo, en su acercar amigos a Jesús, en el “apostolado en la vida ordinaria”. Los apóstoles ejercen su profesión,     como el nuestro, que puede ser convertido en ocasión de un encuentro personal con Cristo, que nos espera en la orilla del lago: “Antes de ser apóstol, pescador. Después de apóstol, pescador. La misma profesión que antes, después.
”¿Qué cambia entonces? Cambia que en el alma -porque en ella ha entrado Cristo, como subió a la barca de Pedro- se presentan horizontes más amplios, más ambición de servicio, y un deseo irreprimible de anunciar a todas las criaturas las magnalia Dei, las cosas maravillosas que hace el Señor, si le dejamos hacer […].
Los discípulos -escribe San Juan- no conocieron que fuese Él. Y Jesús les preguntó: muchachos, ¿tenéis algo que comer? Esta escena familiar de Cristo, a mí, me hace gozar. ¡Que diga esto Jesucristo, Dios! ¡Él, que ya tiene cuerpo glorioso! Echad la red a la derecha y encontraréis. Echaron la red, y ya no podían sacarla por la multitud de peces que había. Ahora entienden. Vuelve a la cabeza de aquellos discípulos lo que, en tantas ocasiones, han escuchado de los labios del Maestro: pescadores de hombres, apóstoles. Y comprenden que todo es posible, porque Él es quien dirige la pesca.
Entonces, el discípulo aquel que Jesús amaba se dirige a Pedro: es el Señor. El amor, el amor lo ve de lejos. El amor es el primero que capta esas delicadezas. Aquel Apóstol adolescente, con el firme cariño que siente hacia Jesús, porque quería a Cristo con toda la pureza y toda la ternura de un corazón que no ha estado corrompido nunca, exclamó: ¡es el Señor!
Simón Pedro apenas oyó es el Señor, vistióse la túnica y se echó al mar. Pedro es la fe. Y se lanza al mar, lleno de una audacia de maravilla. Con el amor de Juan y la fe de Pedro, ¿hasta dónde llegaremos nosotros?
Los demás discípulos vinieron en la barca, tirando de la red llena de peces, pues no estaban lejos de tierra, sino como a unos doscientos codos. Enseguida ponen la pesca a los pies del Señor, porque es suya. Para que aprendamos que las almas son de Dios, que nadie en esta tierra puede atribuirse esa propiedad, que el apostolado de la Iglesia -su anuncio y su realidad de salvación- no se basa en el prestigio de unas personas, sino en la gracia divina. No hacemos nuestro apostolado. En ese caso, ¿qué podríamos decir? Hacemos -porque Dios lo quiere, porque así nos lo ha mandado: id por todo el mundo y predicad el Evangelio- el apostolado de Cristo. Los errores son nuestros; los frutos, del Señor”.
-"¡Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis!", les había dicho poco antes: dejarse llevar por el Espíritu de Dios, en eso consiste el ser hijos de Dios. Con la obediencia, “echaron pues la red y no podían arrastrarla tan grande era la cantidad de peces”. Como tantas otras veces, Señor, has pedido un gesto humano, una participación. Habitualmente no nos reemplazas; quieres nuestro esfuerzo libre; pero terminas el gesto que hemos comenzado para hacerlo más eficaz. Cuando llegan a la playa, “Jesús les dijo: "¡Venid y comed!" Jesús había preparado pan –quizá tostado- y pescado seguramente hecho al fuego. Siempre este "signo" misterioso de "dar el pan"..., de la comida en común, de la que Jesús toma la iniciativa, la que Jesús sirve... La vida cotidiana, en lo sucesivo, va tomando para ellos una nueva dimensión. Tareas profesionales. Comidas. Encuentros con los demás. En todas ellas está Jesús "escondido". ¿Sabré yo reconocer tu presencia?” (Noel Quesson).
«El Señor condujo a su pueblo seguro, sin alarmas, mientras el mar cubría a sus enemigos. Aleluya» (Sal 77,53), comenzamos diciendo en la Misa de hoy, y rezamos en la Colecta: «Dios Todopoderoso y eterno, que por el misterio pascual has restaurado tu alianza con los hombres; concédenos realizar en la vida cuanto celebramos en la fe». Celebramos el gran medio para la santificación, la misa, la Comunión: «Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos, comed”. Y tomó el pan y se lo dio. Aleluya» (cf. Jn 21,12-13) y pedimos en la Postcomunión: «Dios Todopoderoso, no ceses de proteger con amor a los que has salvado, para que así, quienes hemos sido redimidos por la Pasión de tu Hijo, podamos alegrarnos en su Resurrección».
Ahí vamos a enraizarnos para llevar savia a todo lo que hacemos. San Hipólito decía: «Antes que los astros, inmortal e inmenso, Cristo brilla más que el sol sobre todos los seres. Por ello, para nosotros que nacemos en Él, se instaura un día de Luz largo, eterno, que no se acaba: la Pascua maravillosa, prodigio de la virtud divina y obra del poder divino, fiesta verdadera y memorial eterno, impasibilidad que dimana de la Pasión e inmortalidad que fluye de la muerte. Vida que nace de la tumba y curación que brota de la llaga, resurrección que se origina de la caída y ascensión que surge del descanso... Este árbol es para mí una planta de salvación eterna, de él me alimento, de él me sacio. Por sus raíces me enraízo y por sus ramas me extiendo, su rocío me regocija y su espíritu como viento delicioso me fertiliza. A su sombra he alzado mi tienda y huyendo de los grandes calores allí encuentro un abrigo lleno de rocío... Él es en el hambre mi alimento, en la sed mi fuente... Cuando temo a Dios, Él es mi protección; cuando vacilo, mi apoyo; cuando combato, mi premio; y cuando triunfo, mi trofeo...». Es lo que pedimos en el Ofertorio: «Realiza, Señor, en nosotros el intercambio que significa esta ofrenda pascual, para que el amor a las cosas de la tierra se transfigure en amor a los bienes del cielo».
“La llamada de Pedro a ser pastor […] viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, "aunque eran tantos, no se rompió la red".
Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: "Maestro, por tu palabra echaré las redes". Se le confió entonces la misión: "No temas, desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5,1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera.
”Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios.
”Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar a Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él […]. Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada -absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera […] ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida " (Benedicto XVI).
Es deliciosa la escena del desayuno con pescado y pan preparado por Jesús al amanecer de aquel día. Después de que casi todos le abandonaran en su momento crítico de la cruz, y Pedro además le negara tan cobardemente, Jesús tiene con ellos detalles de amistad y perdón que llenaron de alegría a los discípulos. San Agustín hará una alegoría: “El pez asado es Cristo sacrificado. Él mismo es el pan bajado del cielo. A este pan se incorpora la Iglesia para participar de la eterna bienaventuranza […] Esta es la comida del Señor con sus discípulos, con lo cual el Evangelista San Juan, aun teniendo muchas cosas que decir de Cristo, y absorto según mi parecer en alta contemplación de cosas excelsas, concluye su Evangelio».
2. Vemos a los discípulos encarcelados «por haber anunciado la resurrección», y su defensa. El sanedrín los intimida. Pedro -portavoz de los demás apóstoles- aprovecha para dar testimonio del Mesías delante de las autoridades, como lo había hecho delante del pueblo. Ya no tiene miedo. Respondió «lleno de Espíritu Santo». Al ver a Anás, Caifás… pensarían que esos mataron a Jesús. El proceso continúa: filósofos, historiadores, cineastas…
3. “Este es el día en que actuó el Señor”. Cristo rechazado ha resucitado y es el centro de todo: “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Pues «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Así, Jesús «es la piedra que vosotros los constructores habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hechos 4,11-12)”.
Llucià Pou Sabaté

miércoles, 8 de abril de 2015

Jueves de Pascua. Ciclo B

Jueves de Pascua; ciclo B

Jesús nos ofrece la paz, participar en su familia de hijos de Dios, por su Resurrección
En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy Yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas»” (Lucas 24,35-48).
1. Estaban los discípulos de Emaús hablando de lo que les había pasado, cuando encontraron a Jesús, y “Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros»”. El saludo de paz es importante para que lo digamos muchas veces. San Gregorio Nacianceno nos exhorta: «Debiéramos avergonzarnos al prescindir del saludo de la paz, que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el Apóstol a los filipenses: ‘La paz de Dios’; y que es de Dios lo muestra también cuando dice a los efesios: ‘Él es nuestra paz’». Al leer este Evangelio en Misa, en el colegio, los niños al oír las palabras: “la paz sea con vosotros” responden “y con tu espíritu”, y es cierto que con el espíritu de Jesús podemos tener paz. Disipa los temores que los Apóstoles han acumulado durante los días de pasión y de soledad. Pienso que las preguntas que angustian a las personas de hoy son: “¿de verdad hay Dios, o estaré solo cuando sufra, sobre todo cuando llegue la muerte?” “¿me salvaré, si hay un más allá?”
“Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?” Es el "¡no temáis!" que suele decir Jesús. Nos dice también hoy el Señor: En mi vida personal, en la vida del mundo, de la Iglesia, evoco, hoy, una situación en la que falta la esperanza. Pero Tú estás aquí, Señor, "en medio de nosotros".
 “Mirad mis manos y mis pies; soy Yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies”.  Él no es un fantasma, es totalmente real, pero, a veces, el miedo nos paraliza.
“Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos”. Los discípulos, en su alegría, no se atrevían a creer que es Jesús, por eso la comida: para esos semitas que ni siquiera tienen idea de una distinción del "cuerpo y del alma", si Jesús vive, ha de ser con toda su persona: no es un fantasma si es un cuerpo que come... Será un cuerpo sin materia corpórea, fuera del espacio y del tiempo podrá aparecerse a quien quiere y como quiere, como un disco duro del ordenador alberga todos los momentos de la vida, o una película puede presentarse en cualquiera de sus secuencias, así la resurrección transforma y quedaremos transfigurados, para poder salir del universo material, y penetrados por el Espíritu de Dios, como Cristo, aparecer en cualquiera forma. "Nosotros esperamos como salvador al Señor Jesucristo, que transfigurará el cuerpo de nuestra vileza conforme a su Cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas", dirá san Pablo (Flp 3, 21).
“Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas»”. Esta catequesis de la Pascua es similar a la que había hecho con los discípulos de Emaús, sobre los sufrimientos del Mesías, la resurrección de los muertos, la conversión proclamada en su nombre para el perdón de los pecados... A todas las naciones, empezando por Jerusalén. Vosotros daréis testimonio de esto. “Jesucristo es ahora realmente el Señor, que tiene poder sobre todo el universo, sobre todos los hombres, y que da a los hombres la misión de ir a todo el mundo. En cierto sentido, todo está hecho en Cristo. Pero todo está por hacer. ¿Trabajo yo en esto? ¿Doy testimonio de esto?” (Noel Quesson).
Es la Pascua la que ilumina las sagradas Escrituras, como habla San Ireneo: “Si uno lee con atención las Escrituras, encontrará que hablan de Cristo y que prefiguran la nueva vocación. Porque Él es el tesoro escondido en el campo, es decir, en el mundo, ya que el campo es el mundo; tesoro escondido en las Escrituras, ya que era indicado por medio de figuras y parábolas, que no podían entender según la capacidad humana antes de que llegara el cumplimiento de lo que estaba profetizado, que es el advenimiento de Cristo”. Y cita al profeta Daniel: “Cierra estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del cumplimiento, hasta que muchos lleguen a comprender y abunde el conocimiento” (Dan 12,4).
2. Leemos que después de la curación del mendigo cojo, Pedro habla nuevamente al pueblo, a los fieles que, como él, han subido al templo a orar, y les anuncia a Jesús, el Señor, en cuyo nombre ha obrado el milagro. Sus palabras pueden ser ejemplo de lo que fue la predicación de la Iglesia de Jerusalén en su período inicial:
-“Habéis dado muerte al "Príncipe de la vida"... Pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos”... «Príncipe de la vida»... Un título poco habitual para hablar de Jesús: el Victorioso, el Viviente por excelencia ¡Danos, Señor, esta Vida! Comulgando el Cuerpo de Cristo, entramos en comunión con la Vida.
-“Es por la fe en su nombre que este hombre está aquí y todos vosotros le veis completamente restablecido”. Es el símbolo de la humanidad salvada. ¡Que cada vez que salga de un pecado, Señor, sea con esa alegría! El pecado es lo que daña a la humanidad. La verdadera parálisis es la de la voluntad encogida, incapaz de reaccionar-. Danos, Señor, plena salud de alma y cuerpo... de alma sobre todo.
-“Sin embargo, hermanos, sé que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes”. Es la ignorancia que tienen los que hacen el mal, siguiendo lo que decía Jesús: "Padre, perdónalos, no saben lo que se hacen..." También podemos relacionar ese perdón con el poder de atar y desatar, con el perdón que en nombre del Señor administra la Iglesia.
-“Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados; así vendrá la consolación por parte del Señor”. El perdón es el "tiempo de la consolación". ¡Admirable fórmula! ¿Concibo mis confesiones, como una participación en la resurrección? No cuento con apoyarme en la fuerza de mi voluntad, sino en la fuerza de «Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos» (Noel Quesson).
3. “¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!  Quiero adorar tu majestad sobre el cielo: / ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? / Lo hiciste poco inferior a los ángeles”. Se puede traducir como que ha sido «rebajados» a los ángeles, y lógicamente no habla de los hombres, pues nunca han estado por encima de ellos, y sigue con la majestad de Jesús y lo que le es destinado.
«Lo coronaste de gloria y dignidad». En esa gloria, él vislumbra el premio que el Señor nos reserva cuando hemos superado la prueba de la tentación, y dice san Ambrosio: «El Señor ha coronado también de gloria y magnificencia a su amado. Ese Dios que desea distribuir las coronas, permite las tentaciones: por ello, cuando seas tentado, recuerda que te está preparando la corona. Si descartas el combate de los mártires, descartarás también sus coronas; si descartas sus suplicios, descartarás también su dicha». “Le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies: / todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; / las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas”. Dios prepara para nosotros esa «corona de justicia» (2 Tim 4,8) con la que recompensará nuestra fidelidad que le demostramos incluso en los momentos de tempestad que sacuden nuestro corazón y nuestra mente.
Llucià Pou Sabaté

lunes, 6 de abril de 2015

Martes de Pascua: Ciclo B

Martes de Pascua; ciclo B

La primera aparición de Jesús a María Magdalena, la mujer de fe y de amor
 “María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Jesús le dijo: "¡María!" Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras” (Juan 20,11-18).
1. El relato de la resurrección de hoy es de Juan, ayer de Mateo. Vemos a María delante del sepulcro, llorando. La razón de su llanto es la ausencia total de Jesús, que no sólo ha muerto, sino que tampoco está su cadáver. Es la tristeza que había anunciado Jesús a sus discípulos (16,20): "vosotros lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo". Mientras lloraba se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies donde había estado el cuerpo de Jesús. María es la comunidad-esposa que busca y llora al esposo, amor de su alma. En el Cantar se describe así la escena (3,2): "me levanté y recorrí la ciudad... buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: ¿visteis al amor de mi alma?". La primera aparición (Mc 16, 9) estuvo reservada para María Magdalena. El primer anuncio del acontecimiento se hizo a las mujeres. Fueron ellas, fueron unas mujeres las enviadas por Dios a predicar a los apóstoles. Hay muchas interpretaciones alegóricas, sobre esa predilección del Señor, como Eva la que lo perdió… pero otras son reales, pues ellas no le abandonaron, y Jesús mostró su predilección.
Hay como un instinto divino que mueve (cf. Rom 8,14) en una docilidad que es la esencia de la vida en Cristo. Cuando María Magdalena lloraba fuera del sepulcro, se inclina y mira adentro donde están los ángeles (cf. Jn 20,11-13) movida por la caridad de Cristo (cf 2 Cor 5,14), por el divino instinto que le empuja hacia realidades más altas, recordaba S. Tomás, siguiendo a S. Agustín y otros como San Gregorio Magno: «Llorando, pues, María se inclinó y miró en el sepulcro. Ciertamente había visto ya vacío el sepulcro, ya había publicado que se habían llevado al Señor. ¿Por qué, pues, vuelve a inclinarse y renovar el deseo de verle? Porque al que ama, no le basta haber mirado una sola vez, porque la fuerza del amor aumenta los deseos de buscar. Y, efectivamente, primero le buscó, y no le encontró; perseveró en buscarle y le encontró. Sucedió que, con la dilación, crecieron sus deseos, y creciendo, consiguió encontrarle».
Los ángeles se dirigen a ella con el apelativo "Mujer" que Jesús había usado con su Madre en Caná (2, 4) y en la cruz (19, 26) y con la samaritana (4, 21), la esposa fiel y la esposa infiel de la antigua alianza. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca al esposo desolada, pensando que lo ha perdido. María, de hecho, llama a Jesús mi Señor, como mujer al marido, según el uso de entonces.
"Dicho esto da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero no sabía que era JesúsJesús le dice: mujer ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime donde lo has puesto y yo lo recogeré”. El tema del huerto-jardín se relaciona con el Cantar. Se prepara el encuentro de la esposa con el esposo. María no lo reconoce aún, pero ya está presente la primera pareja del mundo nuevo, el comienzo de la nueva humanidad. Es el nuevo Paraíso. Jesús, como los ángeles, la ha llamado "Mujer" (esposa, el alma). Ella expresando sin saberlo la realidad de Jesús, lo llama "Señor" (esposo, Dios).
"Jesús le dice ¡María! Ella se vuelve y le dice ¡Rabboni! (que significa Maestro)". Jesús le llama por su nombre y ella lo reconoce por la voz. Este tema también aparece en el Cantar: "Estaba durmiendo, mi corazón en vela, cuando oigo la voz de mi amado que me llama: ¡ábreme, amada mía!" (5, 2; 2,8, LXX). Al oír la voz de Jesús y reconocerlo, María se vuelve del todo, no mira más al sepulcro, que es el pasado, se abre para ella su horizonte propio: la nueva creación que comienza. Jeremías (33,11) dice: "se escuchará la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia". Se consuma la Nueva Alianza por medio del Mesías. La respuesta de María: Rabboni, Señor mío, tratamiento que se usaba para los maestros, pone este momento en relación con la escena donde Marta dice a su hermana: El Maestro está ahí y te llama".
"Le dijo Jesús: suéltame que todavía no he subido al Padre". El giro «no me abraces» o "no me toques" o -de forma positiva- "Suéltame" sólo puede significar que la existencia del Resucitado no ha de comprobarse de esa manera mundana. El encuentro y contacto con Jesús resucitado se realiza en un terreno distinto, a saber: en la fe, por la palabra o «en espíritu». Realmente al resucitado no se le puede retener en este mundo. Con el deseo de palpar el hombre conecta frecuentemente la otra tendencia de querer convertir algo en posesión suya, de poder disponer de ello. Ahora bien el resucitado ni puede ni quiere ser abrazado así; mostrando con ello que escapa a cualquier forma de ser manejado por el hombre.
Vete a mis hermanos y diles: Voy a subir a mi Padre y a vuestro Padre; a mi Dios y a vuestro Dios." La renuncia a la forma de comunicación material y sensible no significa en modo alguno la imposibilidad de comunicarse con Jesús. Precisamente su ida al Padre creará la base para la comunión permanente de la comunidad de discípulos con Jesús, según ha quedado expuesto de múltiples formas en los discursos de despedida. Esta expresión, «a mis hermanos», resulta sorprendente; pero en este pasaje describe las nuevas relaciones que Jesús establece con los suyos, por cuanto que ahora los introduce de forma explícita en su propia relación con Dios. El alegre mensaje pascual, que María ha de comunicar a los hermanos de Jesús, consiste en la fundación de una nueva comunidad escatológica de Dios mediante el retorno de Jesús al Padre (cf. también 1Jn 1,1-4). Vista así, la escena indica desde qué ángulo hay que entender el cuarto evangelio, que tiene su fundamento en la comunión divina permanente abierta por Jesús con la pascua” (El Nuevo Testamento y su mensaje, Herder).
 “El amor auténtico pide eternidad. Amar a otra persona es decirle «tú no morirás nunca» – como decía Gabriel Marcel. De ahí el temor a perder el ser amado. María Magdalena no podía creer en la muerte del Maestro. Invadida por una profunda pena se acerca al sepulcro. Ante la pregunta de los dos ángeles, no es capaz de admirarse. Sí, la muerte es dramática. Nos toca fuertemente. Sin Jesús Resucitado, carecería de sentido. «Mujer: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?» Cuántas veces, Cristo se nos pone delante y nos repite las mismas preguntas. María no entendió. No era capaz de reconocerlo. Así son nuestros momentos de lucha, de oscuridad y de dificultad. «¡María!» Es entonces cuando, al oír su nombre, se le abren los ojos y descubre al maestro: «Rabboni»... Nos hemos acostumbrado a pensar que la resurrección es sólo una cosa que nos espera al otro lado de la muerte. Y nadie piensa que la resurrección es también, entrar «más» en la vida. Que la resurrección es algo que Dios da a todo el que la pide, siempre que, después de pedirla, sigan luchando por resucitar cada día” (Xavier Caballero).
La Iglesia aplica hoy el introito no sólo a sus hijos recién bautizados, sino también a todos nosotros, "iluminados" por los santos misterios: "Les da a beber el agua de la sabiduría. Con ella los hace fuertes y los ensalzará para siempre". Y en esta Octava cantamos: «Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo» (aleluya). Y en la oración Colecta pedimos: «Tu, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo que ya ha empezado a gustar en la tierra».
2.Pedro declara que Dios ha constituido «Señor y Cristo» a “este Jesús a quien vosotros habéis crucificado...” Aborda de frente la verdad, no teme la muerte, y habla de la responsabilidad que todos –él también- tienen. Muchos sintieron remordimiento de corazón, y dijeron a Pedro y a los Apóstoles: «Hermanos ¿qué hemos de hacer?». Es la metánoia, la conversión de corazón. La Pasión sigue siendo hoy medio esencial para convertirnos, tomar conciencia de nuestros pecados.
-Pedro contestó: «Arrepentíos, y que cada uno de vosotros se haga bautizar...» ¿Hay que «cambiar de vida» primero? o bien ¿lo primero es «recibir los sacramentos? Pedro, espontáneamente, dice que hay que hacer ambas cosas. Arrepentirse: cambiar de vida, esforzarse. Recibir el bautismo: recibir el sacramento, reconocer la gracia de Dios (Noel Quesson).
-Aquel día, fueron tres mil los que acogieron la Palabra y se hicieron bautizar. La familia de Jesús, inicialmente compuesta por María y José, luego los Apóstoles y santas mujeres, se amplía ahora por la fe y el bautismo… Esta conversión ha de ser continua, como Rabano Mauro dice: «Todo pensamiento que nos quita la esperanza de la conversión proviene de la falta de piedad; como una pesada piedra atada a nuestro cuello, nos obliga a  estar siempre con la mirada baja, hacia la tierra, y no nos permite alzar los ojos hacia el Señor». Y Juan Pablo II ha escrito: «El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo ven así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a Él. Viven, pues, en un estado de conversión, es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo el hombre por la tierra en estado de viador». Así lo hizo S. Agustín en su última etapa, como recordaba Benedicto XVI.
3. Gracias, Señor… “Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; / él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor”. Dejarse amar por Dios, abrirle nuestro corazón es aceptar que Él nos salve del pecado y de la muerte y nos conduzca hacia la posesión de los bienes eternos. “Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia”. La confianza filial es audacia (en griego “parresia”) de un niño pequeño que tiene total abandono en su padre. “Nuestra alma espera en el Señor; él es nuestra ayuda y nuestro escudo. / Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti”. “-Dejó mi amor la orilla y en la corriente canta. –No volvió a la ribera que su amor era el agua” (Bartolomé Llorens).
Llucià Pou Sabaté