sábado, 30 de noviembre de 2024

Jueves de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par). El final del mundo no es algo malo sino una boda con el Cordero, Jesús, en el mundo pleno y verdadero, el cielo, la Jerusalén celestial

Jueves de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par).

El final del mundo no es algo malo sino una boda con el Cordero, Jesús, en el mundo pleno y verdadero, el cielo, la Jerusalén celestial

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis (18,1-2.21-23;19,1-3.9a): YO, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con gran autoridad, y la tierra se deslumbró con su resplandor. Y gritó con fuerte voz:

   «Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable.

   Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la precipitó al mar diciendo:

   «Así, con este ímpetu será precipitada Babilonia, la gran ciudad, y no quedará rastro de ella. No se escuchará más en ti la voz de citaristas ni músicos, de flautas y trompetas. No habrá más en ti artífices de ningún arte; y ya no se escuchará en ti el ruido del molino; ni brillará más en ti luz de lámpara; ni se escuchará más en ti la voz del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones».

   Después de esto oí en el cielo como el vocerío de una gran muchedumbre, que decía:

   «Aleluya La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía la tierra con sus fornicaciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos».

   Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya!». Y el humo de su incendio sube por los siglos de los siglos. Y me dijo: «Escribe: "Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero"».

   2. Salmo 99,2.3.4.5: Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

   Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

   Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.

   El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.

   3. Lucas 21,20-28: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación»".  

 

B. Comentario:

   1. –"Cayó «la gran Babilonia»"... San Juan se dirige pues personas atribuladas. El Apocalipsis se escribió para dar respuesta a esa trágica situación. Y la respuesta es ésta: el mal dura un tiempo, Dios le pone un límite…

    Estallan gritos de alabanza, con aclamaciones seguramente litúrgicas. Muchedumbres que exultan y cantan «con voz potente». Esto nos anima a cantar con tono festivo. En la humanidad vemos tanta miseria, corrupción… Perdón, Señor, por nuestra pobre humanidad. Ten piedad de nosotros.

   -"Un ángel me dijo entonces: "Escribe: ¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!"" Un banquete será el final de todo, una alianza nupcial: el fin del mundo será la celebración definitiva de las bodas de Cristo con la humanidad. Pero esta boda ya ha comenzado. Estoy invitado a esa boda divina: "¡Dichosos los invitados al banquete de bodas!" Cada una de las misas a las que participo es el anuncio y el comienzo de ese banquete nupcial que celebra "la Alianza nueva y eterna". "Tened vuestras lámparas encendidas, despertaos, ¡he aquí el Esposo que viene!..." "Y las que estaban preparadas entraron, con El, en la sala del banquete de bodas". ¡Ven, Señor, Jesús! Consérvanos vigilantes hasta el día en que Tú aparecerás (Noel Quesson).

    El ángel dice: "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero".

   2. Es lo que el salmo nos ha hecho repetir, intercalando esta bienaventuranza, "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero", entre las estrofas del salmo: "aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores" (J. Aldazábal).

   3. Lucas seguramente escribió su evangelio después de la destrucción de Jerusalén, del 70; se ve que pasó lo que Jesús dijo: -"Cuando veréis Jerusalén sitiada por los ejércitos"... Marcos y Mateo decían: «Cuando veréis la abominación de la desolación» (Mc 13,14; Mt 24,25). Era sin duda lo que, de hecho, había dicho Jesús, repitiendo una profecía de Daniel 11,31. Lucas «traduce» con mayor concreción.

   -"Sabed que está cerca su devastación. Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad". Después de un siglo de ocupación romana la revuelta que se estaba incubando terminó por explosionar, en los alrededores del año 60. Los Zelotes, que habían tratado de arrastrar a Jesús a la insurrección, multiplicaron los atentados contra el ejército de ocupación. El día de Pascua del 66, los Zelotes ocupan el palacio de Agripa y atacan al Legado de Siria. Todo el país se subleva. Vespasiano es el encargado de sofocar la revolución. Va recuperando metódicamente el país, y aísla Jerusalén. El sitio de Jerusalén, fortaleza considerada inexpugnable, dura un año, con setenta mil soldados de infantería y diez mil a caballo. El 17 de julio del 70, por primera vez después del exilio, cesa el sacrificio en el Templo. Desde entonces no lo ha habido nunca más. El historiador judío, Flavio José, habla de un millón cien mil muertos durante esta guerra, y noventa y siete mil prisioneros cautivos (solían hinchar los números, pero serían muchos).

   -"¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! porque habrá una gran calamidad en el país y un castigo para ese pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos"... Tus palabras, Jesús, son de dolor. Es emocionante verte llorar por las pobres madres de ese pueblo que es el tuyo.

   -"Jerusalén será pisoteada por los paganos... hasta que la época de los paganos llegue a su término". Jesús parece anunciar un tiempo para la evangelización de los paganos. A su término, Israel podrá volver a Cristo a quien rechazó entonces. Esta es la plegaria y la esperanza de san Pablo (Rm 11,25-27) compartida con san Lucas (Lc 13,35) ¿Comparto yo esa esperanza?

   -"Aparecerán señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán las naciones por el estruendo del mar y de la tempestad. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, pensando en lo que se le viene encima al mundo, porque hasta los astros se tambalearán". Los tres grandes espacios: cielo, tierra y mar... serán trastornados. El caos se abate sobre el universo (ver Is 13,9-10; 34,3-4).

   -"Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad". Ya no hay culto del Templo... pero sí el culto verdadero en torno al Cuerpo de Cristo, en la Iglesia, nuevo Templo de Dios (Noel Quesson).

   Se mezclan en este Evangelio dos planos: la caída de Jerusalén y el final del mundo, la segunda venida de Cristo, precedida de signos en el sol y las estrellas y el estruendo del mar y el miedo y la ansiedad "ante lo que se le viene encima al mundo". Pero la perspectiva es optimista: "entonces verán al Hijo del Hombre venir con gran poder y gloria". El anuncio no quiere entristecer, sino animar: "cuando suceda todo esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

   Jesús, creo en que tú vienes a salvar. Nos dices: "Levantaos, alzad la cabeza". Hay mucho que trabajar para bien de la humanidad, llevando a cabo la misión que tú iniciaste, Señor, y que luego nos encomiendas a nosotros. Tú ya inauguraste los cielos nuevos y la tierra nueva (J. Aldazábal).

   La visión profética trata de descubrir también en el desarrollo de la historia las oportunidades de salvación que se presentan a lo largo del tiempo. Cristo Rey del universo, en su Reino eterno y universal, de la verdad y la vida, de santidad y gracia, de justicia, de amor y de paz (prefacio de la Misa), en su debilidad va avanzando en la historia, desde nuestros primeros padres que quisieron ser como dioses, pero "sin Dios, antes que Dios y no según Dios" (S. Máximo) y siguen repitiendo aquella frase del Evangelio: "No queremos que éste reine sobre nosotros" (Lc 19,14).

   ¿Qué Reino es el que vino Cristo a predicar? Es un Reino que hay que preparar con penitencia, como dijo Juan Bautista: "Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos" (Mt 3). Y "comenzó Jesús a predicar y a decir: Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos" (Mt. 4). Y para entrar en él, hay que cumplir con la Voluntad de Dios: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos" (Mt 7).

   La humildad es la puerta de entrada y condición indispensable para pertenecer a este Reino. "En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos" (Mt 18, 3-4).

 

Llucià Pou Sabaté

Miércoles de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par). El Reino de Dios no es de este mundo, pero vencerá al final: “Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.

Miércoles de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par).

El Reino de Dios no es de este mundo, pero vencerá al final: "Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá".

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis (15,1-4): Yo, Juan, vi en el cielo otro signo, grande y maravilloso: Siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se consuma la ira de Dios.

   Vi una especie de mar de vidrio mezclado con fuego; los vencedores de la bestia, de su imagen y del número de su nombre estaban de pie sobre el mar cristalino; tenían en la mano las cítaras de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo:

   «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos. ¿Quién no temerá y no dará gloria a tu nombre? Porque vendrán todas las naciones y se postrarán ante ti, porque tú solo eres santo y tus justas sentencias han quedado manifiestas».

   2. Salmo 97,1.2-3ab.7-8.9: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

   El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

   Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes.

   Al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.

   3.  Lucas 21,12-19: "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas»"

 

B. Comentario:

   1. Sigue el Apocalipsis: -"Vi también como un mar de cristal mezclado de fuego, y a los que habían triunfado de la Bestia, de pie junto al mar de cristal, llevaban las cítaras de Dios y cantaban..." En Éxodo 14-15, la "primera Pascua" de los hebreos, vemos a los liberados de la esclavitud de Egipto, que atravesado el Mar Rojo, se mantuvieron de pie «a la orilla del mar» y entonaron un cántico de acción de gracias.

   Los cristianos, nuevo pueblo de Dios, vencedores del mal, vencedores de la «Bestia», habiendo salvado el obstáculo -el mar-, después de su largo éxodo en el dolor de la persecución y de las pruebas, entonan alegres un cántico eucarístico; el fin del mundo y de la historia es como la suprema fiesta de Pascua, de la cual la primera a orillas del Mar Rojo, no era más que un pálido anuncio. ¡Al fin libres! ¡Al fin, salvados definitivamente! Quiero contemplar, Señor, a la humanidad llegada al término de su larga marcha... una humanidad que ha vencido a la Bestia... una humanidad que canta...

   Gracias, Señor, por darnos estas perspectivas de esperanza.

   -"Aquellos que han vencido a la «Bestia», su imagen, y la cifra de su nombre..." La «bestia» sería aquí el Imperio Romano, perseguidor e idólatra. Y «las siete cabezas de la Bestia representan siete colinas» (17,18), y Roma está construida sobre siete colinas. Incluso se ha identificado a la «bestia» con el mismo Nerón. La policía imperial no tenía que ver esos símbolos, y sólo los cristianos lo entenderían. Todavía HOY hay persecuciones...

   -"Cantan el cántico de Moisés y el cántico del Cordero: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso... Rey de las naciones...»" Es la acción de gracias de los salvados, de los que han escapado a un gran peligro. El triunfo de los elegidos no es aquí abajo un triunfo aparente. Esa esperanza sólo es posible en una visión de fe. Es una alegría y una acción de gracias conquistadas con gran esfuerzo personal. En apariencia más bien ocurre lo contrario: Dios no parece Todopoderoso, puesto que ha dejado que sus mártires fuesen exterminados... y el rey de las naciones, aparentemente, es Nerón.

   -"Justos y verdaderos son tus caminos... Sólo Tú eres santo. Todas las naciones vendrán y se postrarán ante Ti". ¡Señor, danos esta fe y esta esperanza! A pesar de no ver todavía la realización efectiva de ese gran designio, creemos que Tú, Señor, trabajas en él: ha comenzado para tu pueblo la liberación de toda servidumbre, y avanzamos hacia la meta, nos encaminamos siguiendo «tus caminos»... y todas las naciones están en marcha hacia Ti, Señor (Noel Quesson).

   2. "Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios soberano de todo...", rezamos en un himno del Breviario. En esta línea, el salmo es eufórico: "Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas, el Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia". Con un estribillo del Apocalipsis: "grandes y maravillosas son tus obras".

   La victoria es segura, aunque perdamos alguna batalla. Al final, el Señor sacará bien de todo. Lo mejor siempre está por llegar. Todo es para bien, para los que Dios ama, para los que se abren a su amor.

   Necesitamos esas palabras de ánimo, para poder dirigir en nuestra vida y nuestro mundo una mirada pascual y esperanzada, aunque la lucha continúa. Nos acogemos bajo el amparo de santa María Virgen, nuestro consuelo y auxilio.

   3. –"Os harán comparecer ante Reyes y Gobernadores a causa de mi Nombre". Jesús, eres signo de contradicción. Tu nombre es salvación y también van contra tu nombre, te persiguen… Nunca prometiste que en esta vida seríamos aplaudidos y que nos resultaría fácil el camino. Lo que sí nos aseguras es que salvaremos la vida por la fidelidad, y que tú darás testimonio ante el Padre de los que hayan dado testimonio de ti ante los hombres.

   -"Así tendréis ocasión de dar Testimonio". Tus discípulos irán probando, a lo largo de la historia, lo que dice san Pablo: «Se ha hecho público en todo el Pretorio que me hallo en cadenas a causa de Cristo» (Fil 1,12). Testimoniar. Ser testigo.

   Muchos cristianos, a lo largo de la historia, han sido perseguidos, llevados a la muerte. ¡Cuántos mártires, de todos los tiempos, también del nuestro, nos estimulan con su admirable ejemplo! Y no sólo mártires de sangre, sino también los mártires callados de la vida diaria, que están cumpliendo el evangelio de Jesús y viven con admirable energía y constancia tu seguimiento, Jesús, en la lucha de cada día, como nos dijiste: "con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". El amor, la amistad y la fortaleza -y nuestra fe- no se muestran tanto cuando todo va bien, sino cuando se ponen a prueba  (J. Aldazábal). Nos lo avisó: "si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros" (Jn 15,20), pero también nos aseguró: "os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí; en el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo" (Jn 16,33).

   -"Por tanto, meteos en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa: yo mismo os inspiraré palabras tan acertadas que ningún adversario os podrá oponer resistencia ni contradeciros". Los apóstoles hablarán con sabiduría, cosa que extraña a todos «porque se trataba de hombres sin instrucción» (Hch 4,13).

   "Os echarán mano y os perseguirán; os llevarán a las sinagogas y os meterán en la cárcel". Jesús anuncia que sus discípulos serán perseguidos, como efectivamente pasó: «Pedro y Juan hablaban al pueblo... El jefe del Templo y los saduceos fueron hacia ellos. Les echaron mano y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente» (Hechos 4,1-3; 5,18; 8,3; 24). «Los magistrados de la ciudad de Filipos dieron orden de que quitaran la ropa de Pablo y de Silas y los apalearan. Después de molerlos a palos los metieron en la cárcel» (Hch 16,22).

   Los primeros cristianos fueron valientes y no aceptaron el sistema de valores pagano. Fueron criticados por no divinizar el Estado. Valoraron al ser humano por encima de las diferencias étnicas, religiosas y sociales. Constituyeron la comunidad en el centro de interés dejando a un lado el culto por el cuerpo y el placer. Este modo de ver y sentir la vida los llevó a inevitables enfrentamientos.

   Jesús, no prometes el éxito, sino la Verdad. Tú no has mentido. Los cristianos se encuentran con la cruz. Pero esos, vencidos la Bestia, la vencerán (servicio bíblico latinoamericano).

   -"Todos seréis detestados por causa de mi Nombre. Pero ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá". ¡Con vuestro aguante y perseverancia conseguiréis la Vida! Perseverancia. Paciencia. Gozo, a pesar de todo. ¿Estoy yo convencido que yendo hacia mi "fin" voy hacia la "Vida"? (Noel Quesson). Aunque haya quienes no comprendan la vocación cristiana... Aunque lleguen dificultades económicas, familiares... aunque llegue la enfermedad, el desaliento, el cansancio... La paciencia es necesaria para perseverar, para estar alegres por encima de cualquier circunstancia; esto será posible porque tenemos la mirada puesta en Cristo, que nos alienta a seguir adelante, sin fijarnos demasiado en lo que querría quitarnos la paz. Sabemos que, en todas las situaciones, la victoria está de nuestra parte. Tú eres, Señor, mi esperanza, en quien confío, quien sé que no me va a fallar.

   La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, como venidos del amor de Dios. Entonces identificamos nuestra voluntad con la del Señor, y eso nos permite mantener la fidelidad y la alegría en medio de las pruebas. Son diversos los campos en los que debemos ejercitar la paciencia. En primer lugar con nosotros mismos, puesto que es fácil desalentarse ante los propios defectos. Paciencia con quienes nos relacionamos, sobre todo si hemos de ayudarles en su formación o en su enfermedad: la caridad nos ayudará a ser pacientes. Y paciencia con aquellos acontecimientos que nos son contrarios porque ahí nos espera el Señor.

   Para el apostolado, la paciencia es absolutamente imprescindible. El Señor quiere que tengamos la calma del sembrador que echa la semilla sobre el terreno que ha preparado previamente y sigue los ritmos de las estaciones. El Señor nos da ejemplo de una paciencia indecible. La paciencia va de la mano de la humildad y de la caridad, y cuenta con las limitaciones propias y las de los demás. Las almas tienen sus ritmos de tiempo, su hora. La caridad a todo se acomoda, cree todo, todo lo espera y todo lo soporta (1 Cor 13,7). Si tenemos paciencia, seremos fieles, salvaremos nuestra alma y también la de muchos que la Virgen pone constantemente en nuestro camino.

 

Llucià Pou Sabaté

Martes de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par). Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos. No quedará piedra sobre piedra de lo viejo.

Martes de la 34ª semana de Tiempo Ordinario (par). Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos. No quedará piedra sobre piedra de lo viejo.

 

A. Lecturas

   1. Apocalipsis (14,14-19): Yo, Juan, miré, y apareció una nube blanca; y sentado sobre La nube alguien como un Hijo de hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada. Salió otro ángel del santuario clamando con gran voz al que estaba sentado sobre la nube:
   «Mete tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues ya está seca la mies de la tierra».
   El que estaba sentado encima de la nube metió su hoz sobre la tierra y la tierra quedó segada. Otro ángel salió del santuario del cielo, llevando él también una hoz afilada. Y del altar salió otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciendo:
   «Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque los racimos están maduros».
   El ángel metió su hoz en la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.

   2. Salmo 95,10.11-12.13: Decid a los pueblos: «El Señor es rey: él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente».

   Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque.

   Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.

   3. Lucas 21,5-11: "En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: -«Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.» Ellos le preguntaron: -«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: -«Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "el momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.» Luego les dijo: -«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo»".

B. Comentario:

   1. –"Yo, Juan tuve todavía una visión: había una nube blanca, y sobre la nube sentado uno como Hijo de hombre". Este símbolo viene de Daniel, 7-13. También es una alusión directa a las palabras de Jesús: «os lo declaro: desde ahora, veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo» (Mateo 26,64). Quiero contemplarte, Jesús, de ese modo «para siempre».

   La «nube» me recuerda la columna de nube del desierto, y en la Transfiguración, una nube luminosa envolvía a Jesús. El color «blanco» es el símbolo de la victoria. La posición «sentado» es símbolo de solidez, de poder. Llevaba en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Es «rey» y «segador» a la vez.

   -"Arrima tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, la mies de la tierra está madura". Me recuerda aquel: «Dejad que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta la siega... la siega es el fin del mundo...» (Mateo 13,30;39). «Cuando el fruto lo admite, se le mete la hoz porque la siega está a punto» (Marcos 4,2-9). La mies está madurando, Señor: «envía obreros a tu mies».

   -"Otro ángel, el que cuidaba del fuego... gritó al ángel que tenía otra hoz: arrima tu hoz y vendimia los racimos de la viña... Y vendimió la viña de la tierra y lo echó todo en el gran lagar del furor de Dios". «Fuego», «lagar», vendimia, para el fuego eterno la gloria y alegría. El «furor de Dios» lo vemos en Isaías 63,1 (Noel Quesson).

   2. Jesús, Juez de la historia, con la corona de Rey ceñida sobre la cabeza. Con una hoz afilada para la siega. Y otra hoz afilada para la vendimia. Ha llegado el momento del juicio de Dios, la hora de la verdad. Ahora se verá quién vence y quién es derrotado (J. Aldazábal). El salmo lo había anunciado: "delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra, regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad".

   3. –"Algunos discípulos de Jesús comentaban la belleza del Templo por la calidad de la piedra y de las donaciones de los fieles". En tiempos de Jesús, el Templo estaba recién edificado; incluso no terminado del todo. Se comenzó su construcción diecinueve años antes de Jesucristo: era considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Sus mármoles, su oro, sus tapices, sus artesonados esculpidos, eran la admiración de los peregrinos. Se decía: "¡Quien no ha visto el santuario, ése no ha visto una ciudad verdaderamente hermosa!"  

   Jesús les dijo: "Eso que contempláis llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido". Símbolo de la fragilidad, de la caducidad de las más hermosas obras humanas. Los más bellos edificios del hombre se construyen sobre las ruinas de otros edificios destruidos. En ese mismo lugar ya había estado en otro tiempo otra maravilla: el Templo construido por Salomón, hacia el año 1.000 antes de Jesucristo, y destruido por Nabuconosor en 586... El Templo contemporáneo de Jesús, el Segundo Templo del que hablan aún los judíos, contraído por Herodes, será destruido unos años más tarde por Tito, en 70 d. de J.C..., para ser reemplazado en 687 por la Mezquita de Omar, que continúa en el mismo sitio. Existe en la actualidad, junto al Muro de las Lamentaciones (resto del Segundo Templo),  una exposición de lo que los judíos quieren que sea el Tercer Templo, incluso exhiben ya las vestiduras de los sacerdotes. Pero para ello tendrían que echar a los musulmanes de la Explanada de las Mezquitas, y saben muy bien que ello desencadenaría la peor guerra de que podamos imaginar…

   Jesús hace una predicción de desgracia, en el más tradicional estilo de los profetas. Medito sobre la gran fragilidad de todas las cosas... sobre «mi» fragilidad... sobre la brevedad de la belleza, de la vida... Hay que saber mirar de frente esa realidad, siguiendo la invitación de Jesús: «todo será destruido».

   -"Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿cuando va a ocurrir esto y cuál será la señal de que va a suceder?" Los discípulos nos representan muy bien, junto a Jesús. Ellos le proponen la pregunta que nos hacemos hoy. Querríamos también saber el día y la señal... Creemos que sería más conveniente saber la «fecha»... Jesús respondió: "Cuidado con dejarse extraviar... porque muchos dirán-: «Ha llegado el momento» No los sigáis... No tengáis pánico..." Todas las doctrinas de tipo "adventistas" fundadas sobre una susodicha profecía precisa del retorno de Cristo, quedan destruidas por esa palabra de Jesús. Hay que vivir, día tras día, sin saber la fecha... sin dejarse seducir por los falsos mesías, sin dejarse amedrentar por los hechos aterradores de la historia (Noel Quesson).

   Jesús, nos hablas de los acontecimientos futuros y del fin del mundo. No sé qué es de ahora y qué del final de los tiempos. Nos dices que "cuidado con que nadie os engañe: el final no vendrá en seguida". Esta semana, y durante el Adviento, escuchamos repetidamente la invitación a mantenernos vigilantes. Que es la verdadera sabiduría. Cada día es volver a empezar la historia. Cada día es tiempo de salvación, si estamos atentos a la cercanía y a la venida de Dios a nuestras vidas (J. Aldazábal).

   En la imitación de Cristo (1,15,2) se lee: "Mucho hace quien mucho ama". El amor es el mejor de los maestros. Tanto haremos cuanto en verdad amemos aquello-Aquel por quien nos afanamos. Los últimos días del año litúrgico ponen al descubierto la verdad de nuestro amor. Si es verdad que el amor es el mejor de los maestros, las palabras de Jesús del evangelio de hoy las podemos meditar en esta clave: Lo importante no es la decoración externa sino la calidez de nuestro amor, esa Verdad sostén de nuestra alma y de nuestras convicciones que sobrevive a los cambios de decorado. "Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida… Mirad no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis… Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo". ¿Hay mejor señal en el cielo que las provocadas por el amor?

   La presencia de Dios sólo puede ser ligada a una vida que está dispuesta a aceptar su Palabra y a obrar en consecuencia. La destrucción de las falsas seguridades –el Templo- no debe llevarnos a un alarmismo nacido de un miedo que ve en todos los acontecimientos que nos rodean la intervención de Dios al final de los tiempos. Es necesario que sepamos interpretar los acontecimientos de la historia en su justa dimensión y no tomar a cada uno de ellos como un anuncio infalible del fin del mundo (Josep Rius-Camps).

 

Llucià Pou Sabaté

 

Lunes de la semana 34 de tiempo ordinario También Jesús vio una viuda pobre que echaba todo lo que tenía: tenía fe y se daba del todo

 Lunes de la semana 34 de tiempo ordinario

También Jesús vio una viuda pobre que echaba todo lo que tenía: tenía fe y se daba del todo

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis (14,1-3.4b-5): YO, Juan, miré y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabados en la frente su nombre y el nombre de su Padre. Oí también como una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un trueno poderoso; y la voz que escuché era como de citaristas que tañían sus citaras.
Estos siguen al Cordero adondequiera que vaya. Estos fueron rescatados como primicias de los hombres para Dios y el Cordero. En su boca no se halló mentira: son intachables.

   2. Salmo 23,1-2.3-4ab.5-6 Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

   ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

   Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob.

   3. Lucas 21,1-4: "En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: -«Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir»"    

B. Comentario:

   1. El Apocalipsis nos ilumina nuestras dificultades, tanto si son importantes como pasajeras. "-Vi al Cordero, de pie sobre el monte de Sión".

   Jesús, gracias por tu sacrificio redentor, como "Cordero conducido al matadero, mudo ante aquellos que le atormentaban"... y ya ¡feliz, victorioso, de pie! Eres el "Cordero Pascual" la víctima voluntaria que se hace presente en cada misa en el signo del sacrificio que hiciste de tí mismo, por nosotros, porque nos amas.

    -"Y he visto, con El, ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente, "su nombre y el de su Padre"". Cifra simbólica. Doce es la cifra de Israel. Ciento cuarenta y cuatro mil es el cuadrado de doce: doce multiplicado por doce. Mil representa una cantidad muy grande. Es el nuevo Israel, el pueblo de Dios, innumerable". Hoy diríamos: "He visto millones y millones de cristianos".

   "Y oí un ruido como de grandes aguas... Como el fragor de un trueno... Como muchos citaristas que tocaban sus cítaras". Es la alegría, los cristianos exultan como una avalancha de las aguas del torrente imposible de contener, de ello resalta el potente fragor del trueno y ¡la dulce armonía de una orquesta de cítaras! Quiero contemplar la «alegría» de la humanidad en su plenitud.

   "Nadie podía aprender aquel cántico, salvo los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron rescatados". La historia de la humanidad es incomprensible, inaudible para los que no tienen Fe... Hay hombres cuyos oídos son sordos a la música que Dios ejecuta con la humanidad rescatada. Abre sus oídos, Señor (Noel Quesson).

   2. "La salvación y la gloria" la celebramos en Misa con el "Santo, Santo, Santo" en honor del Dios Trino: la voz de la Esposa del Cordero, la comunidad de los ángeles y los bienaventurados, que participan en la gloria del Vencedor de la muerte. El camino nos lo dice ya el salmo: "el hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos, ese recibirá la bendición del Señor: éste es el grupo que busca al Señor".

   3. Estamos ya en la «última» semana del año litúrgico, y leeremos cosas que se refieren a los últimos días de la vida de Jesús, antes de la Pasión. -"Jesús enseñaba en el Templo". Señor, te veo que hablas y enseñas, ahora «en el Templo», después de hacerlo por tantos sitios. En la explanada del templo o bajo una de sus columnatas; eres sacerdotes, pero no de los "oficiales".

   -"Alzando los ojos vio a los que depositaban sus ofrendas en el arca del Tesoro". Ante el vestíbulo de la «Tesorería», trece grandes arcas, cuya cubierta formaba un embudo o buzón de amplia ranura, recoge (con ruido) el metal de las monedas. Un sacerdote de servicio se ocupaba de anotar el valor total de la ofrenda y la «intención» que le comunicaba el donante. Jesús lo está observando.

   -"Vio a los ricos que depositaban sus donativos. Vio también a una viuda necesitada que echaba unos cuartos". Dos «lepta»... dos «cuartos»... Las monedas más pequeñas de entonces. Abre mis ojos, Señor, que sepa «mirar» mejor y en profundidad. Escucho el ruidito, modesto y humilde, de las dos moneditas al caer en el arcón, en medio de las voluminosas ofrendas ya depositadas.

   -"Jesús dijo: «En verdad os digo: Esa pobre viuda ha echado más que nadie. Porque todos esos han echado de lo que les sobra, mientras que ella, de lo que le hace falta. Ha dado todo lo que tenía." La mirada de Dios, la apreciación de Dios... ¡Cuán diferente es de la mirada habitual de los hombres! Dios ve de un modo distinto. Los ricos parecen poderosos, y hacen ofrendas aparentemente mayores. Pero, para Jesús, la pobre mujer ha dado «más». ¡Cuánta necesidad tenemos de cambiar nuestro modo de «ver», para ir adoptando, cada vez más, la manera de ver de Dios! «Ella dio todo lo que tenía para vivir... dio de su indigencia». ¡Que la admiración de los que son discípulos de Jesús no se dirija nunca hacia los gestos aparentes, ostentosos sino hacia los pobres, los humildes, los pequeños! ¡Cuánta necesidad tenemos de un cambio en nuestros corazones! (Noel Quesson).

   ¿Qué damos nosotros: lo que nos sobra o lo que necesitamos?; ¿lo damos con sencillez o con ostentación, gratuitamente o pasando factura?; ¿ponemos, por ejemplo, nuestras cualidades y talentos a disposición de la comunidad, de la familia, de la sociedad, o nos reservamos por pereza o interés? Jesús, tú conoces y aplaudes el amor de esa mujer. Te pido ayuda para poder dar también lo mejor de mí mismo. No importa tanto si tenemos mucho o poco, sino la generosidad con que damos y nos damos (J. Aldazábal).

   Esas dos monedas diarias serán el servicio a Dios y el servicio a los demás. Jesús, en las cosas pequeñas, que si se hacen con amor tienen mucho valor. Levantarse con puntualidad por la mañana, ordenar la habitación, arreglar un desperfecto, acabar la tarea con la mayor perfección posible, escuchar con paciencia a un familiar o a un amigo, ayudar al hermano pequeño, y muchas otras pequeñas exigencias de la vida cristiana: son esas dos pequeñas monedas que, por el amor a Ti que demuestran, tiene un gran valor a tus ojos. Haz todas las cosas, por pequeñas que sean, con mucha atención y con el máximo esmero y diligencia; porque el hacer las cosas con ligereza y precipitación es señal de presunción; el verdadero humilde está siempre en guardia para no fallar aun en las cosas más insignificantes. Por la misma razón, practica siempre los ejercicios de piedad más corrientes y huye de las cosas extraordinarias que te sugiere tu naturaleza; porque así como el orgulloso quiere singularizarse siempre, el humilde se complace en las cosas corrientes y ordinarias (León XIII).

   "Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por amor, es heroísmo" (J. Escrivá). Jesús, Tú llamas a todos a la santidad; es decir, a la práctica heroica de las virtudes cristianas por Amor a Dios. Nos animas: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro padre celestial es perfecto" (Mt 5,48). A veces, al mirar mi vida llena de defectos, me puedo desanimar y pensar que el ideal de la santidad no es para mí, sino sólo para algunos escogidos a quienes no les cuesta luchar contra sus flaquezas. O pienso que, para llegar a ser santo, necesito hacer cosas grandes y espectaculares. Jesús, la viuda del Evangelio me muestra el valor de las cosas aparentemente pequeñas, cuando se hacen por amor. La santidad está al alcance de la mano, porque cuando trato de hacerlo todo por Ti no hay cosas pequeñas: todo es grande. Por eso, es importante que cada mañana te ofrezca todo lo que voy a hacer ese día: Mis pensamientos, palabras y obras, y mi vida entera, te ofrezco a Ti con amor. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor es heroísmo. Jesús, me pides que sea santo, que viva heroicamente las virtudes cristianas. En definitiva, me pides que persevere en esos pequeños vencimientos diarios hechos por Amor: puntualidad, orden, servicio (Pablo Cardona). Ayúdame a vivir así, con la generosidad de la pobre viuda que supo dar lo poco que tenía para vivir. Y al final de mi vida me podrás decir: "Siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu Señor" (Mt 25,20).

            Llucià Pou Sabaté

 

viernes, 22 de noviembre de 2024

Domingo 34, último del Año litúrgico: Jesucristo, Rey del universo. Su dominio es eterno y no pasa. Jesús nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios. Su reinado no es de este mundo… pero nos hace estar de un modo nuevo en el mundo

Domingo 34, último del Año litúrgico: Jesucristo, Rey del universo.  Su dominio es eterno y no pasa. Jesús nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios. Su reinado no es de este mundo… pero nos hace estar de un modo nuevo en el mundo

 

A. Lecturas:

   1. Daniel (7,13-14): Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

   2. Salmo 92: El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.

   Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.

   Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

   3. Apocalipsis (1,5-8): Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

   Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén.

   Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

   4. Juan 18,33b-37: "En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: - «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: - «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? » Pilato replicó: -«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» Jesús le contestó: - «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: - «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: - «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». 

 

B. Comentario:

1. El profeta Daniel nos habla de que vendrá "en las nubes del cielo como un hijo del hombre", es decir que es Dios y hombre, Jesús: "le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su domino es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin".

En el Salmo vemos al Señor como Rey, vestido de majestad, con poder. Pero nos gusta verlo como buen pastor que nos cuida: "el Señor es mi pastor, nada me falta". Recuerdo que un sacerdote que se preparaba para morir, me pidió que le leyera este salmo: "en verdes praderas me hace reposar; hacia aguas tranquilas me guía…", era un buen excursionista, y pensaba en las veces que subiendo por los prados iba cantando el salmo, y ahora subía al cielo entonándolo también... "reconforta mi alma, me conduce por sendas rectas…" sin miedo, pues con Él vamos seguros: "aunque camine por valles oscuros, no temo ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan". Y claro, él que había celebrado como sacerdote la Misa cada día se imaginaba estar con Jesús: "preparas una mesa para mí…" y después de haber sido ungido con el bautismo y el sacramento del orden, ahora era ungido con la unción de los enfermos: "unges con óleo mi cabeza", pero –sigue diciendo el salmo- ya iba a pasar de la mesa de la Misa terrena a la del cielo: "mi copa rebosa", para tener con Dios un sitio: "tu bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida" –una vida que ya no se acaba nunca- "y habitaré en la Casa del Señor por años sin fin".

3. San Juan nos habla de que Jesús nos ha hecho libres de todos los pecados y así como él resucitó de entre los muertos: el primero de todos, también nos resucitará a nosotros, nos ha convertido en su reino. "Él viene en las nubes", para reinar sobre todos, y al final no habrá nada malo, todo será bueno. Nos dice que hemos de ser "sacerdotes" por el bautismo, decía san Josemaría que hemos de tener alma sacerdotal, pues en la Misa ofrecemos nuestra vida con Jesús a Dios. Un día hablaba con dos personas sobre decoración y al fijarse en una lámpara con pantalla de pergamino con letras de canciones, dijo: "¡qué cosa más bonita!: pone Jesús, música maravillosa para el oído que te escucha, miel dulcísima, para los labios que te nombran, delicia para el corazón que te ama!". Se fijaba en las cosas y todo le ayudaba a rezar. Alma sacerdotal significa tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que nos ayude a hacer las paces enseguida, a sonreír y luchar otra vez para mejorar en aquello que no ha salido bien, sin rabietas ni orgullo. Hacer las cosas con Jesús, dejando que reine en nuestro corazón. Cuando le preguntaban a san Josemaría qué oratorio le gustaba… a veces decía: "¡la calle!… me gustan los oratorios, para rezar, pero me gusta más la calle… ahí donde estudiamos y hacemos los deberes sin retrasos y con atención, ahí está Jesús en los juegos sin trampas y sin enfados si perdemos, esto es saber ofrecer todo. Pero para funcionar bien necesitamos rezar cada día, pues así será Jesús nuestro Rey, si le tratamos, nos podrá orientar.

4. El Evangelio nos cuenta que Pilato preguntó a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Con que, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».

La palabra "Rey", aplicada a Dios y a Jesucristo, no tiene las connotaciones de la monarquía política tal como la conocemos. Pero, en cambio, sí que hay una cierta relación entre el lenguaje popular y el lenguaje bíblico respecto a la palabra "rey". Por ejemplo, cuando una madre cuida a su bebé de pocos meses y le dice: —Tú eres el rey de la casa. ¿Qué está diciendo? Algo muy sencillo: que para ella este niñito ocupa el primer lugar, que lo es todo para ella.

Cuando los jóvenes dicen que fulano es el rey del Rock quieren decir que no hay nadie igual, lo mismo cuando hablan del rey del baloncesto. Entrad en el cuarto de un adolescente y veréis en la pared quiénes son sus "reyes". Creo que estas expresiones populares se parecen más a lo que queremos decir cuando aclamamos a Dios como nuestro Rey y nos ayudan a entender la afirmación de Jesús sobre su realeza: «Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18,36).

Para los cristianos nuestro Rey es el Señor, es decir, el centro hacia el que se dirige el sentido más profundo de nuestra vida (Frederic Ràfols). Al pedir en el Padrenuestro que venga a nosotros su reino, expresamos nuestro deseo de que crezca el número de personas que encuentren en Dios la fuente de la felicidad y se esfuercen por seguir el camino que Él nos ha enseñado, el camino de las bienaventuranzas. Pidámoslo de todo corazón, pues «donde quiera que esté Jesucristo, allí estará nuestra vida y nuestro reino» (San Ambrosio).

   Los judíos pensaban en el Mesías como un Rey que los libraría del Yugo Romano y en cambio el Señor vino a librarnos  de una forma más profunda: nos libra del pecado y de la muerte y de aquí surge nuestra alegría.

 

Sábado de la 33ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús Rey de la historia nos abre la fe a la vida eterna, a un Dios que “no es Dios de muertos, sino de vivos”.

Sábado de la 33ª semana de Tiempo Ordinario. Jesús Rey de la historia nos abre la fe a la vida eterna, a un Dios que "no es Dios de muertos, sino de vivos".

 

A. Lecturas:

   1. Apocalipsis (11,4-12): Me fue dicho a mí, Juan: «Aquí están dos testigos míos, estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera. Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.

   Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro. Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra».

   Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: «Subid aquí». Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

   2. Salmo 143,1.2.9-10: Bendito el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea.

   Mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y refugio, que me somete los pueblos.

   Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: para ti que das la victoria a los reyes, y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.

   3. Lucas 20,27-40: "En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: -«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó: -«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.» Intervinieron unos escribas: -«Bien dicho, Maestro.» Y no se atrevían a hacerle más preguntas".

 

B. Comentario

   1. –"Mis dos testigos... La Bestia que surja del Abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará". "Testigo" en griego se escribe "martyr" de donde procede nuestra palabra "mártir". Son los que han tenido una experiencia, como en un juicio, el que dice "toda la verdad y sólo la verdad", y que es fiel: no inventa nada. Los que me miran vivir, al verme, ¿tienen ante sus ojos a un testigo fiel de Jesucristo? A través de mi modo de vivir, ¿se trasluce algo del rostro de Jesús?

   Pero mártir también es quien en la persecución da el testimonio radical: prefiere la muerte antes que hacer traición a la verdad. La época de san Juan, entre Nerón y Domiciano, era una época de persecuciones. Todo cristiano, al pedir el bautismo, sabía que podía llegar a tener que testimoniar con su sangre la elección de Cristo, que hacía al entrar en la Iglesia.

   "La Bestia que surge del Abismo" es el Mal, personificado en Satán: ¡que lucha contra Dios! El Imperio Romano se oponía a la Iglesia, y luego vinieron otros sistemas políticos y culturales... el drama durará hasta el fin del mundo.

   -"Sus cadáveres yacerán en la plaza de la Gran Ciudad... Y los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan felicitándose..." La opinión pública con frecuencia va contra la exigencia del cristiano. Porque va contra corriente, entonces al no querer dar culto a los dioses oficiales, en particular a los emperadores, ¡eran acusados de ateos!

   -"Pero, pasados los tres días y medio, un soplo de vida, procedente de Dios, los penetró y se pusieron de pie, y un gran espanto se apoderó de todos los que lo contemplaban". Resucitan contigo, Jesús, los que son tuyos. En el gran sufrimiento, en los días de "noche oscura" vamos a pensar esto. Señor, ayúdanos a creer. Que el misterio de Pascua esté constantemente presente a nuestra mente, para darnos la certeza de la victoria final de Dios.

   -"Y subieron al cielo en la nube". Resurrección, y ascensión. Señor Jesús, ayúdanos a vivir de tu vida (Noel Quesson).

   2. A veces parece que prevalece el mal, pero es por poco tiempo. Van pasando los enemigos de Cristo y él sigue. Nosotros, en nuestra vida personal, experimentamos esa misma historia dinámica, hecha de cruz y de vida, de fracasos y éxitos. A veces nos puede el mal. Pero el triunfador, Jesús, nos tiende su mano para volvernos a llenar de su fuerza vital con su Palabra, sus Sacramentos, su Iglesia, su Gracia, su Espíritu. Para que nunca demos por pérdida la guerra, sino que sigamos luchando para vencer al mal en nosotros y en torno nuestro.

   La mejor fuerza y las mejores armas las tenemos en la Eucaristía que recibimos, en la que comulgamos con "el que quita el pecado del mundo". Ahí está "el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo".

   3. –"Unos saduceos, -los que negaban la resurrección- se acercaron a Jesús". Los saduceos formaban una especie de movimiento o asociación, de la que formaban parte las familias de la nobleza sacerdotal. Desde el punto de vista teológico eran conservadores... rechazaban toda evolución del judaísmo. Por ejemplo permanecían anclados en las viejas concepciones de los patriarcas que no creían en la resurrección... y no admitían algunos libros recientes de la Biblia que hablan de ella, como el libro de Daniel. De los libros del Antiguo Testamento sólo aceptaban los libros del Pentateuco (la Torá), y no las tradiciones de los rabinos. Tampoco creían en la existencia de los ángeles y los demonios. Al contrario de los fariseos, que sí creían en todo esto y se oponían a la ocupación romana.

   -"Maestro, Moisés nos dio esta Ley: Si un hombre tiene un hermano casado que muere dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano... Resultó que eran siete hermanos... Pues bien, a la resurrección esa mujer ¿de quién será la esposa...?" Para atacar la creencia en la resurrección, los Saduceos tratan de ridiculizarla ¡aportando una cuestión doctrinal que las Escuelas discutían! Quieren demostrar con ello que la resurrección no tiene ningún sentido. Análogamente nosotros nos entretenemos también a veces en cuestiones insignificantes o insólitas que no tienen salida.

   Es una "trampa saducea" la que te preparan, Jesús: una pregunta no hecha con sincera voluntad de saber, sino para tender una "emboscada" para que tú quedes mal, respondas lo que respondas. A los saduceos no les interesa en absoluto que se hable de una retribución en la otra vida, puesto que ya se la han asegurado en la presente. Es la casuística típica de una religión de muertos. En Mt 22,29 tú Jesús pones el dedo en la llaga cuando dices de ellos: "Están en un error por no entender las Escrituras y el Poder de Dios".

   -"Jesús responde: En esta vida los hombres y las mujeres se casan; en cambio los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección, no se casarán porque ya no pueden morir: Son como ángeles y son hijos de Dios siendo hijos de la resurrección". Los judíos del tiempo de Jesús -los Fariseos en particular en oposición a los Saduceos- se representaban la vida de los resucitados como simple continuación de su vida terrestre. Jesús, por una fórmula, de otra parte, bastante enigmática, habla de que hay un cambio radical entre «este mundo» y «el mundo futuro»... «serán como ángeles» quiere decir que dejarán de tener vigencia las limitaciones inherentes a la creación presente. Por ejemplo, suelen preguntar los matrimonios que se quieren: "¿Será que sólo estaremos juntos hasta que la muerte nos separe"? y hay que decirles: "no os preocupéis, que en el cielo los amores continúan por toda la eternidad, estaréis siempre unidos, también en el cielo, como marido y mujer". Pero algún matrimonio, que lo pasa muy mal en su cruz, preguntan: "¿esta cruz que llevo en el matrimonio, será por toda la eternidad, o sólo hasta que la muerte nos separe?" "-no te preocupes, hay que contestarles, será sólo hasta que la muerte os separe, pues ninguna pena de este mundo pasa al otro, allí solo quedan los amores auténticos, sólo éstos perduran". No se trata, por tanto, de un estado parecido a seres extraterrestres o galácticos, sino a una condición nueva, la del Espíritu, imposible de enmarcar dentro de las coordenadas de espacio y de tiempo: «por haber nacido de la resurrección, serán hijos de Dios».

   -"En cuanto a decir que los muertos deben resucitar, lo indicó el mismo Moisés... cuando llama al Señor: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob». No es un Dios de muertos sino de vivos, porque para El todos viven". Para contestar a los Saduceos, Jesús se vale de uno de los libros de la Biblia más antiguos, cuya autenticidad reconocían (Éxodo 3, 6).

   Si Abraham, Isaac y Jacob estuviesen muertos definitivamente, esas palabras serían irrisorias. Hay algo precioso en esa frase de Jesús: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos tienen la vida por El». Nuestros difuntos son «vivientes», viven «por Dios». Gracias, Dios mío, por haber inventado la maravilla de la «vida».

   La fe en la resurrección se abrió paso en medio de los mártires en tiempos de los Macabeos. Es interesante observar que esta revelación divina ha sido reservada a través de los hombres y mujeres que perdían la vida por el compromiso de Dios y de su fe, que en su intuición abrían la doctrina… Nuestra fe se expresa en lo que rezamos, y estos días vemos en los mártires (los Macabeos, la profecía de Daniel, el Apocalipsis), lo que Jesús luego enseña, también con su vida y su doctrina: la resurrección de la carne.

   Una gran prueba de la resurrección, de la vida eterna, es ver cómo gente da la vida, consciente de que hay algo más importante que la vida, ver que creen, esta esperanza viva es fuente viva de esperanza para todos, de la participación de los bienes de Dios al final de los tiempos.

   -"Intervinieron algunos escribas: «Bien dicho, Maestro». Porque no se atrevían a hacerle más preguntas. Los doctores de la ley te llaman Maestor, Señor. Quisiera conocer bien tu pensamiento, Jesús, pues tú eres el gran doctor. Quiero creerte, Señor (Noel Quesson).

   Los pobres saduceos solo sabían pensar en quien se quedaba el dinero y con el problema de la mujer que le preguntan. Jesús, tú les dices que la vida eterna es algo abierto al futuro y no sólo atado al presente. Va más allá de tener posesiones. Por eso el vínculo de amor no será ya de posesión ("¿de quién será mujer?", le preguntan) sino una vida nueva transformada por Dios. No se trata de una prolongación de esta vida. No una prórroga para remediar entuertos. La resurrección abre las puertas de una vida distinta. De una plenitud difícil de comprender, pero que intuimos.

   En esta vida a veces podemos sentir que "no hay salida", que la paz es muy difícil. Que hay mucha violencia y agresividad en las personas. Que no hay justicia. Que es difícil influir en hacer un mundo mejor, que es fácil desanimarse ante tanta corrupción política y de tantos sitios, y problemas como el hambre, que se mira con hipocresía.

   Señor, tú nos haces ver que "sí hay salida". Tu Iglesia es un lugar de vivos. Al final, la última palabra es del Dios de la vida. Y su palabra siempre es palabra de vida. Sí hay salida (Luis Ángel de las Heras).

   Hoy, en ciertos sectores se ha ido abriendo camino la idea budista de la rencarnación, según como nos portáramos aquí se llegaría a vivir una nueva existencia más noble o más humilde, así repetidamente hasta lograr la purificación plena. Es señal de que no aceptamos a una muerte irrevocable, pero "la revelación cristiana excluye la rencarnación, y habla de un cumplimiento que la persona está llamada a realizarse en el curso de una única existencia sobre la tierra" (Juan Pablo II).

   Jesús nos ha enseñado a ver a Dios como un "Dios de vivos". Él quiere que disfrutemos del don de la vida. Ya en el siglo II, San Ireneo afirmaba que "la gloria de Dios es que el ser humano viva". Sobre cada ser humano que viene a este mundo, Dios pronuncia una palabra de amor irrevocable: "Yo quiero que tú vivas". La vida eterna es la culminación de este proyecto de Dios que ya disfrutamos en el presente. Por eso, todas las formas de muerte (la violencia, la tortura, la persecución, el hambre) son desfiguraciones de la voluntad de Dios.

   Al final, no reviviremos; seremos resucitados, elevados y quedaremos libres del sufrimiento, del llanto, del dolor, de la muerte, y de todo lo que nos angustiaba aquí en la tierra.

 

Llucià Pou Sabaté