sábado, 22 de febrero de 2014


Sábado de la semana 6 de tiempo ordinario: la transfiguración es anuncio de la pasión, que es es camino a la gloria. Hemos de aprender a educar la lengua, para adelantar en ser imagen de Dios 

«Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte a un monte alto, y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes y muy blancos. Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Tomando Pedro la palabra, dice a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor Entonces se formó una nube que los cubrió, y se oyó una voz desde la nube que decía: Este es mi hijo, el Amado, escuchadle a él. Y luego, mirando a su alrededor; ya no vieron a nadie, sino sólo a Jesús con ellos» (Marcos 9,2-10).
 
1. La escena de la Transfiguración pone un contrapunto a la página anterior del evangelio, cuando Jesús tuvo que reñir a Pedro porque no entendía, e invitaba a sus seguidores a cargar con la cruz. A los tres apóstoles predilectos, los mismos que estarán presentes más tarde en la crisis del huerto de los Olivos, Jesús les hace experimentar la misteriosa escena de su epifanía o manifestación divina: acompañado por Moisés y Elías (Jesús es la recapitulación del Antiguo Testamento, de la ley y los profetas), oye la voz de Dios: «Éste es mi Hijo amado». Aparece envuelto en la nube divina, con un blanco deslumbrante, como anticipando el destino de victoria que seguirá después de la cruz, tanto para el Mesías como para sus seguidores. La voz de Dios invita a los discípulos a aceptar a Cristo como el maestro auténtico: «Escuchadlo». El protagonismo de Pedro también aparece resaltado en esta escena. No es muy feliz su petición, después de la negativa anterior a aceptar la cruz: ahora que está en momentos de gloria, quiere hacer tres tiendas. Marcos comenta la no muy brillante intervención de Pedro diciendo que «no sabía lo que decía».
Nosotros escuchamos este episodio ya desde la perspectiva de la Pascua. Creemos en Jesús Resucitado, el que a través de la cruz y la muerte ha llegado a su nueva existencia glorificada y nos ha incorporado también a nosotros a ese mismo movimiento pascual, que incluye las dos cosas: la cruz y la gloria. Sabemos muy bien que, como dice el prefacio de la Transfiguración (el 6 de agosto), «la pasión es el camino de la resurrección». El misterio de la gloria ilumina el sentido último de la cruz. Pero el misterio de la cruz ilumina el camino de la gloria. Es de esperar que nuestra reacción ante este hecho no sea como la de Pedro, espabilado él, que aquí sí que quiere construir tres tiendas y quedarse para siempre. Le gusta el Tabor, con la gloria. No quiere oír hablar del Calvario, con la cruz. Acepta lo fácil. Rehúye lo exigente. De nuevo aparece el mandato de que no propalen todavía su mesianismo. «Hasta que resucite de entre los muertos», porque no veía todavía preparada a la gente. Por cierto que después de la resurrección de Jesús, Marcos nos dirá que las mujeres, temblando de miedo, se callaron y no dijeron nada a nadie de su encuentro con el ángel.
Además, también recibimos la gran consigna de Dios: «Éste es mi Hijo amado: escuchadle». ¿Escuchamos de veras a Jesús como al Maestro, como a la Palabra viviente de Dios?, ¿le prestamos nuestra atención y nuestra obediencia?, ¿comulgamos con Cristo Palabra antes de acudir a comulgar con Cristo Pan?
Hay una diferencia en la teofanía de ahora: en el bautismo, esta voz se dirige a Jesús solo... ahora se dirige a los discípulos con ese detalle suplementario "¡escuchadle!". La Palabra del Padre viene a autentificar las enseñanzas de Jesús. Cuando Él os dice que va a sufrir, y morir y resucitar ¡es verdad! Hay que escucharle. Jesús de Nazaret, con Dios, es como un Hijo con su Padre. San Juan explicitará más este misterio de relación.
-“Bajando del monte, les prohibió contar a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitase de entre los muertos”. Decididamente, nos sentimos turbados por ese secreto constantemente solicitado. La divinidad de Jesús es un misterio muy grande. Jesús nos pone en guardia: si decimos muy a prisa "Jesús es Dios", no decimos nada. Hay que esperar y llenar las palabras de su contenido real. No es una afirmación fácil. Muchos cristianos de hoy se imaginan que, si hubiesen sido contemporáneos de Jesús le hubieran "reconocido". Ahora bien, Jesús era de tal modo hombre que no podía verse que era Dios, desde el primer momento. Dios está "escondido". Dios es un "incógnito". Dios es misterio. Sí, Señor, lo decimos demasiado maquinalmente en el "credo": "Verdadero Dios y verdadero hombre". Leyendo a Marcos, descubrimos el misterio: hubo un hombre ¡que era también Dios! "Dios se hizo hombre", ¡esto significa cosas mucho más inmensas que todo lo que de ellas pueda decirse! A veces es mejor callarse.
-“Guardaron aquella orden y se preguntaban qué era aquello de: "cuando resucitase de entre los muertos"”. Ellos, los tres que han visto... no se hacen los listos. Continúan preguntándose. Son muy modestos. San Pedro, san Jaime, san Juan, rogad por nosotros.
-“Le preguntaron: ¿Cómo dicen los escribas que primero ha de venir Elías?"” Y bien, responde Jesús, Elías ha venido, le han hecho sufrir y llevado a la muerte: es Juan Bautista. Todos los verdaderos amigos de Dios pasan por ello (Noel Quesson).
Santo Tomás de Aquino dice: «Con el fin de que una persona camine rectamente por un camino es necesario que conozca antes, de alguna manera, el lugar al cual se dirige». Jesús, has querido probar ese callejón que se ve muchas veces como sin salida, has querido pasar por eso, para darnos tu amor de comprensión.
Contemplar es seguir al Transfigurado: Cristo llama sin cesar nuevos discípulos, hombres y mujeres para comunicarles, gracias a la efusión del Espíritu Santo (cf Rm 5,5) el amor divino, el ágape, su manera de amar, y para exhortarlos a servir a los prójimos en el humilde don de sí mismos, lejos de todo cálculo interesado. Pedro que se extasía ante la luz de la transfiguración exclama: “¡Señor, qué bien estamos aquí!” (Mt 17,4) es invitado por Jesús a volver a los caminos de la vida, para continuar en el servicio del Reino de Dios (Juan Pablo II).
“¡Pedro, baja! Tú querías descansar en la montaña; baja y proclama la Palabra, amonesta a tiempo y a destiempo, reprocha, exhorta, anima con gran bondad y con toda clase de doctrina. Trabaja, esfuérzate, soporta las torturas para poseer lo que está significado en las vestiduras blancas del Señor, también en la blancura y la belleza de tu recto obrar, inspirado por la caridad.” (S. Agustín).
2. “Hermanos, que no haya muchos entre ustedes que pretendan ser maestros, sabiendo que los que enseñamos seremos juzgados más severamente, porque todos faltamos de muchas maneras”.  Santiago invita a la modestia. Desea que los cristianos no reivindiquen demasiado las tareas doctrinales en la medida que esto podría denotar una cierta suficiencia: «Yo poseo la verdad, vengo a enseñaros.» En nuestra época de pluralismo hemos de vivir el mensaje evangélico de no querer arrancar la cizaña pues nos llevaríamos el trigo también. Tiene que haber las dos cosas y al final se verá, así nos aproximarnos a la verdad respetando los demás en su evolución. No nos apresuremos, pues a acusar a los que expresan su fe con palabras distintas a las nuestras.
-“Todos caemos en muchas faltas. Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto”. Si supiéramos reconocer esto, seríamos sin duda menos intolerantes con los demás. Yo también me equivoco. Mi lenguaje es aproximativo. Y sin embargo sé que tengo buena fe. Entonces, ¿por qué acusaría de mala fe a los demás?
-La importancia de la «lengua». Santiago la compara al freno del caballo, al timón del navío... La lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. El lenguaje. La comunicación. La palabra. Instrumento principal del diálogo entre dos personas.
Importancia de la palabra, ligada a la persona, expresión del alma, medio de influencia. Invitación para mí a verificar la calidad de mis conversaciones o de mis silencios. ¿Hablo demasiado? ¿Hablo poco? ¿Digo la verdad? ¿Hablo por hablar?
-“La lengua es también un fuego, un pequeño fuego que puede abrasar todo un bosque”. ¿Somos suficientemente conscientes del daño que podemos hacer a los demás simplemente con una palabra? Cuántos matrimonios, familias, grupos de amigos... se han visto verdaderamente envenenados por unas palabras o unos silencios inoportunos.
Y, desde un punto de vista más colectivo, la sociedad se ve a menudo envenenada por la publicidad, la propaganda, las ideologías: temible poder de la prensa, del cine, de los anuncios, de las revistas.
-“Ningún hombre ha podido domar la lengua”. Nada es más difícil de controlar.
-“Con ella bendecimos al Señor, nuestro Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios”. «Bendición» y «maldición» salen de la misma boca. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. Da, Señor, a mi palabra el tono y la dirección de la «bendición». Ayúdame a ser fuente de diálogo, de consuelo, de gozo y de alegría. Ayúdame a encontrar las palabras adecuadas (Noel Quesson).
3. "En la lengua está nuestra fuerza; nuestros labios no defienden, ¿quién nos dominará?". La lengua puede matar la fama, o hacer el bien y aumentar la esperanza a nuestro alrededor. Según cómo la usemos.
Y aunque muchos se portan mal -«desaparece la lealtad entre los hombres, no hacen más que mentir a su prójimo, hablan con labios embusteros»-, las promesas del Señor son sinceras como plata purificada en el crisol, depurada siete veces”. 

Llucià Pou Sabaté

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